Que Podemos haya abarrotado el pabellón del Valle Hebrón
en su primer mitin en Cataluña puede ser interpretado como cosa normal habida
cuenta de la curiosidad de un sector de la ciudadanía por conocer a esta nueva
formación política. Pero que Podemos sea, según algunas encuestas, el primer
partido en intención de voto en Cataluña, indica algo más relevante. Y también
insólito porque, con lo tiquismiquis que somos quienes vivimos en estos pagos,
dicha orientación de voto se dirige a una formación que no ha nacido en
Cataluña. Más todavía, el grupo coordinador de Podemos en Cataluña –según nos
informan analistas que están al tanto— es prácticamente desconocido por eso que
se llama quién es quién. Ahora bien, tal como está lloviendo, todo
indica que esa virginidad no parece ser un impedimento, porque “lo conocido”
tiene un precario predicamento. Así es que el problema será de qué manera la
formación de Pablo Iglesias el Joven
gobernará dicha virginidad de aquí a las próximas elecciones.
No hace
falta ser un politógo para intuir que Podemos no será bien recibido por las
fuerzas políticas catalanas que cuentan con posibilidad de tener representación
parlamentaria. Todas ellas saben que, en una u otra proporción, van a conocer
una merma electoral. Por lo que, a buen seguro, coincidirán parcialmente en un
socorrido mensaje: Podemos es la reencarnación del lerrouxismo. Que el
lerrouxismo no es un espantajo, lo sabemos perfectamente. Pero en este caso
concreto será el trampantojo que, con mayor o menor saña, utilizarán los que se
sientan damnificados por Podemos.
1 comentario:
"Que el lerrouxismo no es un espantajo lo sabemos perfectamente".
Me parece estar oyendo una canción que podía colar a principios de los ochenta pero ahora ya no cuela.
El núcleo del secesionismo - o soberanismo - catalán es una versión políticamente correcta - gracias a Franco- de lo que en Italia es la Liga Norte, con muchísimo más narcisismo y lengua propia, of course.
O la izquierda catalana seria empieza por aquí y sigue explicando que la unión hace la fuerza, que el tamaño de la balsa importa y que el resto de los españoles no tienen la culpa de que los castellanohablantes catalanes transmitan el castellano a sus hijos o todos saldremos perdiendo.
Pero con el autogobierno realmente existente en Cataluña no se puede decir que el principal problema sea el nacionalismo español.
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