«Cuando en
Trento quisieron testimoniar su fidelidad a Italia erigieron un monumento a
Dante», habla el maestro Norberto Bobbio en su diálogo con Maurizio Viroli (Dialogo intorno alla Repubblica, Laterza
2001). Una estatua a Dante que simultáneamente fue el más italiano y el menos
italiano de los grandes intelectuales que en aquel país han sido. Una estatua a
Dante que, como es sabido, siempre fue a contracorriente. Después recuperaremos a este gran florentino. Ahora
vamos a ciertas cosas de «los agobios diarios que sufrimos», según ha dicho
Caballero Bonald, otro poeta, a quien veo cada vez más joven.
Verán
ustedes: setenta y siete claustrales de la Universidad de Girona
(de un total de 250) han presentado un escrito para que le sea retirada la
distinción Honoris causa a Encarna Roca. Esta señora, según estos claustrales, «no
ha discrepado [en el Tribunal Constitucional] en la admisión al recurso del
Gobierno español contra la ley de consultas y el decreto inicial de
convocatoria del 9 – N…] A continuación
el mentado grupo tilda a la señora Roca de «poco patriota». La eminente jurista
puede estar parcialmente satisfecha porque no se le ha negado totalmente su patriotismo. Es solamente
poco patriota. Este es un
concepto tan chocante como el empleado por cierto caballero que, recientemente pillado
con las manos en la masa de la corrupción, ha declarado que es «muy inocente». La
magia de la palabra permite estos juegos malabares.
En esas
estamos cuando se me vienen al magín estas inquietudes: ¿cual es el itinerario
del patriotismo, esto es, cuándo el «poco» se transforma en totalmente patriota?
¿a través de qué categorías se puede medir lo que, en estos asuntos, es «poco»,
y en relación a qué? ¿dónde está el negociado administrativo que certifica cabalmente
el tránsito del poco o el mucho patriotismo? ¿quién es el jefe de ese
negociado? ¿dónde está la fuente doctrinal que justifica todo lo anterior?
No le den más
vueltas a la cabeza: estamos ante el sectarismo –en tanto que expresión de una
secta-- más viejuno, que recuerda la
artificiosa división entre creyentes y no creyentes en aquellos tiempos de
antañazo. Pero si la palabra tiene un sentido, hablar de creyentes y no
creyentes –en este caso, hablar de patriotas, poco o mucho, y los que no somos
patriotas-- significa acoger de hecho el
viejuno prejuicio de que quien no tiene fe religiosa (o de patriotismo) carece
de sólidos principios morales. Comoquiera que hoy no existe la Inquisición ahora se
recurre al linchamiento dogmático contra quienes aquellos que discrepan de lo
que yo discrepo. Mi discrepancia se convierte en un acto de patriotismo; la tuya
se transforma en traición a los principios que yo he creado en mi cabeza. Y, así
las cosas, el otro sólo es tolerado siempre
que se acerque a lo que yo imagino y no dé por saco en demasía, entendiendo esa
inconcreta «demasía» en el sentido que los patriotas quieran certificar.
De manera
chocante, el señor de las tijeras –también contra las universidades
catalanas-- es un patriota. El señor que
reivindicaba «estructuras de Estado» era un patriota mientras iba desmontando
lo público, y ahora más todavía porque exige ser un «nuevo Estado» para mayor
gloria de los negocios privados. Más todavía, el señor de las tijeras niega en el
Parlament de Catalunya, junto a las franquicias del Partido Popular, la
adutodeterminación de saharauis, palestinos y kurdos: en casa del herrero,
cuchillo de palo. Algún interés económico o de otra guisa, digo yo, habrá por
medio.
Mi señor
Dante: no les tenga usted en cuenta estas cosillas. Ni siquiera la actitud de
estos claustrales, tampoco del fracaso
escolar en la parte –poca o mucha-- que
les pueda corresponder. Mi señora doña Encarna Roca: tampoco se preocupe usted,
nada se puede hacer para evitar que las moscas y moscardones revoloteen
alrededor de la mierda. Haya poca o mucha.
Radio Parapanda.-- CADORNISMO
Radio Parapanda.-- CADORNISMO
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2 comentarios:
Totalmente de acuerdo, en mi blog hable de los "creyentes" haciendo mencion a estos temas y totalmente de acuerdo, que no se puede llamar patriota a quien deja servicios esenciales publicos en manos de cuatro caciques con animo de lucro. Excelente articulo.
Patria es el nombre que tapa al de estado, cuando el que gobierna quiere quedar impune.
salut
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