sábado, 30 de enero de 2021

Campaña electoral y via crucis


 

 

Ayer empezó lo que para algunos será la campaña electoral y para otros un via crucis con catorce estaciones. Los políticos presos independentistas están en la calle reclamando libertad y la extrema derecha –una novedad en Cataluña--  quejándose de que los barrios se han convertido en un «estercolero multiculturalista». De momento una actitud recorre lo que llevamos de campaña: todos contra Illa. Todos contra ese buen señor hasta que las antenas demoscópicas informen que eso proporciona más consensos a don Salvador. 

De momento la larga precampaña ha contado con una novedad con relación a la de las anteriores elecciones: en aquella ocasión el independentismo guardaba las formas unitarias y se apuntaba clara y contundentemente «contra España»; en aquellos tiempos, Waterloo era el único señor de los post post post convergentes; hoy, el viejo árbol pujoliano está quebrado en dos partes, que compiten entre sí. Y, más todavía, de un tiempo a esta parte, el independentismo político es una zahúrda que se ha olvidado de España y gasta el grosor de su munición contra ellos mismos. Con dos elementos: a) la bronca persistente en do mayor entre los de Junqueras y los de Waterloo que se manifiesta con igual virulencia en Barcelona y en el Parlamento español; b) la aparición de innumerables maquetas de grupúsculos semiclandestinos que, azuzados por arriba («apreteu, apreteu»), rivalizan entre ellos por ser alguien cerca de las covachuelas del poder.

Si la campaña es una bronca descomunal, me temo que quienes sacarán tajada serán Waterloo y los de Vox. Y si desde la izquierda se empeñan en crucificar a Illa, quien lo haga puede salir descalabrado. Y toda la izquierda también. 

Por lo demás, si quieren una lección de política lean a Lluís Rabell, pero no en diagonal (1). Así entre nosotros, ¿por qué misteriosa razón la izquierda sedicentemente alternativa no ha contado con este caballero? Yo leo a Rabell y lo tengo en favoritos.

   

Post scriptum.--- Don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

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