domingo, 21 de julio de 2019

Ministros catalanes en gobierno de coalición


Ya falta menos para la sesión de investidura. El gesto de Pablo Iglesias está facilitando las cosas. Mientras tanto, el triángulo escaleno de las derechas se ve aquejado de unos fuertes cólicos misereres. En política se está para eso: para lo bueno y para su contrario.

No será fácil la composición del gobierno. Hay demasiadas variables que lo dificultan. Por ejemplo, una vez más Cataluña. Me explico: Pedro Sánchez volverá a situar ministros catalanes.  Pablo Iglesias, de igual manera, intentará lo mismo. Los puntos de referencia son obligados para unos y otros, dados los matices, contrastes y desencuentros en la cuestión catalana.

Vamos a decir las cosas con claridad: no sería acertado que Podemos propusiera a Jaume Asens o Gerardo Pisarello como ministros. A lo largo de los últimos años se han significado por la confusión más inescrupulosa con unas posiciones políticas procesistas que han provocado un profundo malestar en sectores de los Comunes. El problema, pues, no es que el PSOE los ve con desagrado, sino que en sectores de su propia formación concitan desconfianza. En los Comunes hay, en todo caso, dónde escoger.

Señalo el nombre de Joan Coscubiela.  Díganme los dirigentes de Comunes qué impedimento habría para proponer ese nombre. Cuestión distinta es que Coscubiela dijera que él está tranquilico en su actual puesto de combate.  Ahora bien, vale la pena insistir en el nombre y argumentar su por qué. Las relaciones entre el Gobierno y los sindicatos no serán fáciles. Los temas pendientes son peliagudos y de complicada digestión. De ahí la necesidad de recurrir a una persona que, en su biografía, hay importantes logros sindicales y un meritorio quehacer político.

sábado, 20 de julio de 2019

Rumbo a la investidura




Pablo sale ganando. Pedro sale ganando. La izquierda sale ganando. De acuerdo, todavía no se pueden lanzar las campanas al vuelo. Pero el gesto de Iglesias es una condición necesaria, aunque no suficiente, para avanzar en la investidura de Sánchez. De momento, el alma chusquera de las derechas finge, siguiendo la prédica del pintoresco Villegas, que todo es «teatro».  Es la derecha española siempre reacia a admitir que toda circunferencia es tres catorce dieciséis veces mayor que su diámetro.

Cierto, ahora viene una fase complicada: programa, composición del gobierno y nombres. Comoquiera que el papel lo aguanta todo –o casi todo--   las complicaciones vendrán por quiénes se sientan en la mesa ovalada de cortar el bacalao. Estoy por presumir que no se hace un gesto de la importancia de lo que ha hecho Iglesias para encallar las cosas, por lo que no habrá grandes dificultades a la hora de formar el gobierno. Así pues, no me imagino a Podemos proponiendo a Monedero como ministro. Y es posible que Iglesias sea extremadamente cuidadoso proponiendo nombres de ministrables, sean o no pata negra, tan prestigiosos como Julio Rodríguez o Juan Pedro Yllanes.

P/s.  Le comento estas ideas a un militante local de Podemos. Me dice que no entiende que Iglesias se haya tragado el sapo del veto, un atentado al honor. Le respondo que, desde la paz de Brest Litovsk, el honor se escribe en prosa. El militante no sabía que esa paz fue el sapo más grande que Lenin se tragó. 

viernes, 19 de julio de 2019

El gesto que debería hacer Pablo Iglesias, el Joven


Comillos retorcíos en La Rioja. Una niña  bitonga impide con su voto la formación de un gobierno de izquierdas en la Comunidad. La joven diputada ha tenido sus minutos de dudosa gloria. ¿Va por libre? En todo caso sabemos que una parte importante de Podemos—Rioja la ha desautorizado. Y también sabemos que Izquierda Unida ha censurado  la decisión de esta doña. En todo caso malas lenguas, pero no desinformadas, indican que la joven diputada riojana ha actuado como la obediente terminal del grupo dirigente de Podemos. Ella, pasada la gloria mundana de su decisión, no será recordada. Será Pablo Iglesias el Joven quien apechugará con las consecuencias. Iglesias, que corre el riesgo de llevar a su organización a un descalabro y dejarla en la irrelevancia política. Más todavía, que puede tener el dudoso honor de demediar con su inverecundia a toda la izquierda.

Recomendamos a Iglesias que estudie el gesto político de Manuel Valls y sus consecuencias en Barcelona. De un lado, su gesto se traduce en impedir que el independentismo se haga con el bastón de mando del ayuntamiento barcelonés; de otro lado, su decisión hace que Colau se haga con la alcaldía.   Ha sido uno de los gestos políticos más audaces  importantes de los últimos años. Iglesias puede superarlo.

Iglesias aceptar la última oferta de Pedro Sánchez: la incorporación de dos personalidades de Podemos  en el futuro gobierno. (Una oferta que  no figuraba en la consulta interna de Podemos). Puede –y, sobre todo, debe--  aceptarla para impedir una nueva convocatoria de elecciones. Los riesgos de dicha convocatoria (también para Podemos, que lleva tiempo con su parábola descendente) deberían ser un toque de atención para que Iglesias dé su brazo a torcer.

Me dirán ustedes que cómo quedaría el honor personal de Pablo Iglesias aceptando que no se le admite en el gobierno. El honor personal quedaría en todo lo alto si dadas las circunstancias apoyara la investidura. Ese gesto de consecuencias colectivas sería la honrosa actitud de Pablo Iglesias.  Que además le sería más beneficioso que pasarse la vida recitando el «¡Ay de mi Alhama!».



jueves, 18 de julio de 2019

El gobierno de los mejores



La expresión «gobierno de los mejores» está siendo demasiado sobada. La han utilizado los dirigentes más dispares y todavía está sin demostrar que haya sido acertada en la práctica. El gobierno de los mejores es una chuchería multiusos del lenguaje de la política. Ayer, Pedro Sánchez, que es de Ciencias, tiró del dicho en pleno zafarrancho de palabras con Pablo Iglesias el Joven, que es de Letras.

Cada vez que oigo lo del gobierno de los mejores me llevo la mano a la cartera. Debo protegerla de la voracidad de los mejores. Comoquiera que mi memoria tiene ya ciertas porosidades sólo recuerdo a Artur Mas que, en la campaña de las autonómicas,  prometió el gobierno de los mejores. Mas ganó a Montilla y recuperó la presidencia de la Generalitat. Con dicho equipo empezaron las privatizaciones y los recortes en Cataluña, antes incluso de que Rajoy le tomara gusto a lo mismo. El gobierno de los que mejor han utilizado la motosierra a destajo y las tijeras al por mayor. «Gobierno de los mejores»: lagarto, lagarto.

No tiene sentido alguno que Pedro Sánchez use ropa de segunda mano en sus declaraciones. Más todavía, un partido serio como el PSOE debería caer en la cuenta de que es mucho más austero y creíble hablar de gobierno de los más idóneos. En todo caso, sea de los mejores o de los idóneos, para que haya gobierno un día de éstos  es necesario cometer el pecado mortal de pactar.

miércoles, 17 de julio de 2019

Manuela Carmena: «No hay presos políticos»




Buena la ha armado Manuela Carmena afirmando que en España no hay presos políticos. Carmena ha sido invitada a pronunciar el Pregón de las Fiestas de la Mercé. Ya han empezado las consignas del independentismo para montarle a Carmena la intemerata.

La afirmación de Manuela ha sido contestada con premura por sus amigos, los Comunes de Ada Colau. En España, afirman, hay presos políticos.  Les aseguro yo a ustedes que si un servidor dirigiera un partido y pensara que hay presos políticos no estaría mendigando formar parte del gobierno de la nación. Pues no parece concordante con la ética mantener la existencia de esos presos y, simultáneamente, desear sentarse en el Consejo de Ministros. (Afortunadamente para la sociedad española ni yo dirijo partido alguno, ni mucho menos aspiro a gobernar).

Así las cosas, algo falla en los Comunes. Algo falla, además, en Podemos. Por lo demás, esbozo esta insinuación poco prudente: los Comunes son el eslabón más confuso de Podemos.

p/s.  Andrea Camilleri nos ha dejado. Gloria y flagelo de la izquierda.  

martes, 16 de julio de 2019

La altivez de Pedro, el egotismo de Pablo




Pedro y Pablo están coqueteando en el precipicio. Para mí que están practicando la técnica patria del órdago: la política, en ciertos casos, es la prolongación del mus por otros medios. Pablo y Pedro, así las cosas, van del coro al caño y del caño al coro. Los seguidores de cada cual son los recios figurantes de este singular melodrama.

Entiendo que haya gente  que quiera saber quién es el responsable de este calcorreo político, y comprendo que también haya personal que responsabilice a uno o al otro de tantas vueltas y revueltas. Sin embargo, en mi opinión, lo más importante no es quién es el responsable y, ni siquiera, quién lo es en mayor medida. Eso es, en efecto, lo ortodoxamente académico. Para mi paladar ambos –Pedro y Pablo— serán los responsables, caso de no llegar a acuerdos, de que no haya un gobierno de izquierdas en España. Me da igual que el gobierno sea de coalición o de cooperación o de consolación. En resumidas cuentas, que se empiece a abordar los problemas, viejos y nuevos, de la gente de carne y hueso es para un servidor más importante que si Pedro mea más largo que Pablo, o al revés.  ¿Por qué? Porque el objeto de los políticos no es la política sino la ciudadanía. Que lo sepan Pedro en su altivez y Pablo en su egotismo.



domingo, 14 de julio de 2019

Ciudadanos, ¿partido liberal?




Los medios de comunicación tienen, según parece, una patológica necesidad  de etiquetar a todo bicho viviente y, en especial, a los partidos políticos. En algunos casos la enfermiza manía ha llegado a denominarlos según el color de sus logos. Por ejemplo, Podemos serían los morados y Ciudadanos los naranjas. Sin embargo, todavía no se le ha ocurrido a nadie llamar los rojos a Izquierda Unida, porque ese color  infunde pavor en ciertos sectores bienestantes.

Pues bien, nada que objetar a esta toponomástica política. Lo que ya está fuera de todo sentido es la reciente insistencia de algunos medios en calificar como ´liberal´  a Ciudadanos. La explicación  es que los de Rivera, de un tiempo a esta parte, justamente en paralelo a sus relaciones por lo bajini con Vox,  están usando y abusando de ese término, liberal, como auto definición. Los medios tienen galbana para comprobar si lo que algunos dicen se corresponde con la realidad.

Francamente, sería un trabajo de Hércules buscar las semejanzas entre Ciudadanos y los liberales. Desafío al más pintado a encontrar una aproximación entre Ralph Dahrendorf y Albert Rivera. No sólo en capacidad política sino también en potencia intelectual y coherencia ética.

Ciudadanos no es un partido liberal. Es un conjunto de tapas variadas (algunas con salmonelosis) de taberna cutre, donde la caspa se junta con la brillantina. En todo caso, estaríamos dispuestos a admitir el caco liberalismo de Ciudadanos. 


sábado, 13 de julio de 2019

¿Quién se bajará los pantalones? Los dos




No hace ni cuarenta y ocho horas que los augures pronosticaban nuevas elecciones generales en otoño. El nuevo desencuentro entre Sánchez e Iglesias conducía, según los mentideros mejor informados, a dicha repetición. Ahora, los mismos mentideros apuntan un rayo de esperanza: Sánchez aceptaría en el gobierno a miembros de Podemos, pero no a Pablo Iglesias. Es un caramelo envenenado que sitúa al dirigente podemita ante una difícil opción. Si dice que no, y hay repetición de elecciones, aparece como responsable; si acepta la oferta admite la humillación política que se le hace como dirigente político, cosa que le perseguirá toda la vida.

Pero también Sánchez tiene un problema: si finalmente admite --a regañadientes o no-- la presencia de Iglesias en el gobierno es de cajón que se ha bajado los leotardos. En resumen, si es verdad lo que chamuyan los mentideros –mejor o peor informados— o  Pablo Iglesias sienta sus reales en el Consejo de Ministros o no hay investidura. Y si tiene cartera ministerial o uno u otro han cedido.

Llámenme ingenuo pero tiendo a estimar (al menos en este momento) en que primará el sentido común. Que todo indica que habrá investidura próximamente y que los equipos de ambos dirigentes usarán la magia de la palabra y convertirán el agua de carabaña de lo que han dicho en vino de Jerez o en vinillo de Rioja. La política en su versión cuántica puede hacer esos milagros.

Y si no hay investidura, ¿qué? Ya se verá.

viernes, 12 de julio de 2019

La traición es cosa de días




Tayllerand elevó la traición a la categoría de bellas artes. Nunca dejó de llamarla con ese nombre, traición, sin fingimiento de ninguna clase. En cierta ocasión, en puertas de otro de sus cambios de chaqueta, escribió en su diario: «La traición es cosa de días». Efectivamente, fue cosa de días el puntillazo que le dio nada menos que a Napoleón.

Hoy han cambiado algunas cosas. La traición  (ya sea el famoso engaño de Sinigaglia de César Borgia o la referida de Tayllerand)  ha pasado de ser orfebrería pura a quincallería de pacotilla. El taller de Benvenuto Cellini se ha convertido en una vieja hojalatería. Como se demostró ayer cuando los hojalateros post neo convergentes (para entendernos el taller de Puigdemont) dejó tirada en la cuneta a la candidatura de Esquerra Republicana de Catalunya en la Diputación de Barcelona. Los de can Waterloo votaron, tras pacto solemne, a Nuria Marín, alcaldesa socialista de L´Hospitalet y una de las cabezas mejor amuebladas del municipalismo español. Waterloo renegó tres veces como lo hizo Pedro, el famoso pescador, en cierta ocasión famosa. Tres veces renegaron los post neo convergentes del mandato canónico de no votarás a nadie del 155 y sus circunstancias. Una decisión lógica que imitaba el cambio de chaqueta de Esquerra, que había hecho lo mismo en ciertos ayuntamientos emblemáticos de los de Waterloo, tales como sant Cugat, Figueres y otras.

Como era de esperar el sector más aguerrido del independentismo convocó a sus parciales ante la diputación de Barcelona para protestar por la entrega de las armas y bagajes a la candidata socialista. Independentistas contra independentistas, Kramer contra Kramer. La convocatoria de la Assemblea Nacional Catalana congregó a cerca de doscientos feligreses. Poca artillería para tan descomunal chaqueteo. Lo que indicaría que, a pesar de todos los pesares, hay una mayoría de independentistas que prefieren dejar las movilizaciones para cuando refresque, y a la espera de lo que indiquen las cabañuelas.

Conclusión de todo ello: Puigdemont y Junqueras cada vez se parecen más a Ben Hur y Mesala. El independentismo que se ha ganado la vida llamando traidores a media humanidad de sus contrarios se ha transformado en un pedregal donde moran sus propios traidores y se incuban los huevos de las traiciones futuras.    



miércoles, 10 de julio de 2019

OJO con doña Correlación de Fuerzas


«Ganaremos las segundas elecciones más y mejor», afirman algunos dirigentes socialistas de alto copete, según informa La Vanguardia. Lo que parece indicar que en la sala de máquinas se da por sentado que: a) la investidura del próximo día 23 no saldrá adelante, y b) se abre el camino para unas nuevas elecciones generales.

Resulta chocante que algunos todavía no hayan caído en la cuenta de que ganar las nuevas elecciones puede servir tanto como haberlas ganado en mayo. De un tiempo a esta parte la cuestión ya no es ganar las elecciones sino quién gobierna. Por lo que esta novedad exige mayor comedimiento que nunca. Porque podría darse el caso de que ganando el PSOE la izquierda en su conjunto saliera más debilitada. O que se repitiera, sobre chispa más o menos, la misma relación de fuerzas de la actualidad. Doña Correlación de Fuerzas suele ser un tantico veleidosa. Y, en ocasiones, con razón  o sin ella acostumbra a ser vengativa.  Así que ¡ojo! Con sus curvas elípticas.

martes, 9 de julio de 2019

El independentismo: sólo, fané y descangayado



La musa del independentismo onírico, Pilar Rahola, certifica que la división ha sido la regla del procés. Ahora, afirma la veterana periodista, se ha llegado a su momento culminante. Rahola, dolorida hasta el colodrillo, sitúa con una fenomenal primicia informativa, el origen de la división del procés: la investidura de Carles Puigdemont, que no fue bien recibido por los de Esquerra Republicana de Catalunya.  Esta primera discrepancia es, según la doña, el «pecado original». Una apreciación certera dado el carácter religioso de las diversas cofradías que han procesionado en estos años de procés. Que lo pueden ver –siento no poder darles el link--  en su artículo, División, en La Vanguardia de hoy.  

En resumidas cuentas, la historia del movimiento independentista es la historia de su división, que hoy alcanza cotas de áspera confrontación entre los neo convergentes y los de Junqueras. Una confrontación confusa y simultáneamente cómica: los post pujolistas acusan a los republicanos  de hacer lo mismo que ellos hacen: pactar con los del 155 para llevarse el bastón de mando de la alcaldía de tal o cual campanario. Lo dijimos hace días y algunos comentaristas de garrafón me pusieron a caldo: gracias. Pero dos independentistas pata negra, cada uno en su particular bandería (Francesc Marc-Alvaro y Pilar Rahola) lo ponen de manifiesto.

El independentismo no tiene ni siquiera unas humildes maracas para acompañar al bolero de lo que pudo haber sido y no fue. Ahora va fané y descangayado. La gran paradoja es que se está derrotando a sí mismo. 



lunes, 8 de julio de 2019

Derecha e izquierda en el siglo XXI


"El tiempo pervertido” es el sugerente título de un libro de Esteban Hernández. El subtítulo es no menos desafiante: “Derecha e izquierda en el siglo XXI”. Lo ha edipublicado la siempre inquietante editorial  Akal.

El viernes pasado se presentaron en casa mis sobrinos Javier Aristu y Javier Tébar. Me trajeron un regalo, concretamente el libro de Hernández, que les venía recomendado por amigos comunes. Escritura ágil. No hay lugares comunes ni tópicos. De momento, muy buenas impresiones. Ya veremos más adelante. De repente me topo en el capítulo segundo con lo siguiente: «La diferencia respecto del pasado, el gran desafío, consiste en que no resulta posible leer de forma predecible ni la dirección ni la intensidad de esas transformaciones. La biotecnología, el blockchain, la geoingeniería, a realidad virtual aumentada, la inteligencia artificial en sus múltiples expresiones, la nanotecnología, la ciencia de materiales, la computación cuántica o las impresoras 3d someterán a la sociedad a shocks profundos, que serán imposibles de asimilar pautadamente. Cada cambio llevará a nuevos terrenos distintos por completo de los anteriores».

Cierro el libro, tomo notas y le doy vueltas a la cabeza. Posiblemente mis amigos me han regalado el libro para olvidarme de las calores caniculares. Desde luego, lo han conseguido. Les quedo agradecido.

No es la primera vez que leemos algo así. Ocurre, no obstante, que en este texto hay una enorme contundencia que nos pone en guardia. Me asalta una inquietud: qué piensan los sindicalistas europeos de todo ello. Lo digo porque no he visto nada sobre el particular en el reciente (y casi secreto) congreso de la Confederación Europea de Sindicatos. Un congreso que, en todo caso, ha seguido una máxima sabia: «Si no vas a decir nada nuevo procura ser discreto».



domingo, 7 de julio de 2019

Don Carnal y doña Cuaresma, independentistas




Los socialistas y los post convergentes pactan el reparto de la túnica sagrada de la Diputación de Barcelona: 1.000 millones de euros es su Presupuesto. Los de Esquerra Republicana de Catalunya se rasgan las vestiduras y sin disimulo acusan al hombre de Waterloo de favorecer dicho apaño.  En otras ciudades de ringorrango los socialistas y los de Esquerra se ponen de acuerdo dejando a los post convergentes a la intemperie: es el caso de Sant Cugat  del Vallés, provocando una considerable rebelión de los divertículos intestinales de can Waterloo. Feroz esta pugna entre los de Puigdemont y los de Junqueras, entre don Carnal y doña Cuaresma.

De lo que hemos dicho se infiere que han fracasado estrepitosamente quienes trazaron la orden taxativa de negar el pan y la sal a los socialistas, también fautores del artículo 155; igualmente podemos hablar del fracaso del diseño que hicieron algunas covachuelas de convertir el municipalismo en el peón de brega del independentismo. Un fracaso colectivo que en el segundo Maragall alcanza la más significativa concreción. Más todavía, han sido los de Iceta quienes han elaborado el machiembrado de una versátil política de pactos, que le permiten recuperar una cierta parte del territorio perdido.


Así las cosas, digamos que sigue existiendo un fuerte potencial de sentido común en Cataluña.  En todo caso el panorama está cambiando: el independentismo y la Brigada de Brancaleone se asemejan cada vez más.




viernes, 5 de julio de 2019

Pablo Iglesias debe recapacitar




Algo se va moviendo de cara a la investidura. Algo que no parece irrelevante. Pedro Sánchez ha propuesto que en el próximo gobierno figuren ministros independientes bien considerados por Podemos. Entiendo que Pablo Iglesias debería ser receptivo a dicha propuesta. Mantenerse en que él sea vicepresidente o ministro sería una equivocación.

Vamos a especular: imaginemos que Sánchez propone como ministros a Cristina Almeida, Luis García Montero y Joaquín Nieto (director general de la OIT en España), ¿qué valoración haría Iglesias de ello? Y, sobre todo, ¿qué actitud tomaría Podemos? Repito, son ejemplos de lo que podría ser. Pues parece claro que Sánchez propondría unas personalidades que Iglesias difícilmente podría rechazar. Sólo le quedaría hablar a cascoporro.



jueves, 4 de julio de 2019

La romería a Estrasburgo





La peregrinación independentista llegó a Estrasburgo procedente de los diversos campanarios catalanes. El hombre de Waterloo –un atolondrado para las cosas de los demás, menos para las suyas propias--  no se presentó. El caballero tiene fama de imprudente pero sabe cuidarse; cruzar el río hubiera significado, tal vez, entrar en la cangrí.

Los peregrinos exhibieron músculo anti europeísta. De la Europa que iba a ser su santa matrona protectora han pasado a convertirla en la gran adversaria. A los peregrinos parece que sólo les va a quedar las amistades peligrosas de Polonia y Hungría. Meapilas los de allí y los de aquí.

Tiene interés la observación del siguiente correlato: a medida que el independentismo se va degradando en diversas sacristías, que ya empiezan a odiarse más entre sí que al «país vecino», se va incrementando el anti europeísmo.

Para más inri el ministro Borell –de los Borrell de La Pobla de Segur de toda la vida--, el catalán más odiado por los peregrinos, es designado para la máxima responsabilidad de las relaciones exteriores de la Unión Europea. Para la que en otros tiempos se le llamaba Míster PESC.

Las cosas claras: cada vez lo tienen peor los independentistas. Excepto para quienes organizan las romerías a las ermitas de Waterloo y Estrasburgo. Una burda imitación del INSERSO.



martes, 2 de julio de 2019

La cobardía del Nuncio Fratini


Sabemos que la diplomacia vaticana es una de las más sofisticadas del mundo. Veinte siglos la contemplan para lo poco bueno y lo mucho malo. Por eso, somos del parecer que el ex abrupto de Renzo Fratini, alto funcionario de la Iglesia y Nuncio en España, no es un pronto, un calentón de boca. Lo que no quita que sea un acto extremadamente cobarde por parte del funcionario que horas más tarde su jubilaba.

Efectivamente, sorprende que las declaraciones de Fratini («No ayuda a vivir mejor recordar algo que ha provocado una guerra civil») con motivo de la exhumación de Franco, hayan sido pronunciadas por un diplomático en el ejercicio de su cargo, rompiendo todas las normas de las relaciones entre Estados. Una injerencia  en las decisiones españolas, y más concretamente del Parlamento español. Una injerencia que, como hemos dicho anteriormente, es cobarde pues se pronuncian horas antes de la jubilación del funcionario.

Aquí hay gato escondido. Esto no es sólo, con ser grave, una intromisión en los asuntos de un país soberano. Aquí huele a cuerno quemado. Concretamente, ese rejón se dirige contra el papa Francisco y, con toda seguridad, forma parte de la conspiración de una parte muy influyente de la Curia y sus terminales en los estados nacionales con la ayuda de algunas cancillerías europeas. Sin ir más lejos, la italiana.


La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, le ha llamado la atención al caballero ensotanado. No obstante, su reacción merece un comentario. Cuando Calvo plantea, como reacción a la incontinencia de Fratini, que estudiará la eliminación de los privilegios fiscales de la Iglesia no nos parece un argumento lógico, porque los privilegios deben eliminarse tanto si Fratini dice pitos como si dice flautas. En resumen, la igualdad ante la ley nada tiene que ver con el nivel de ultrancismo del Nuncio. Y tres cuartos de lo mismo podríamos decir en torno a la eliminación de esa antigualla que es el Concordato. 

lunes, 1 de julio de 2019

¿Cuándo se jodió Italia?




La reciente detención en el puerto de Lampedusa de Carola Rakete, capitán de la nave Sea Wacht 3, es la penúltima tropelía del gobierno italiano, que nosotros personificamos en su ministro Salvini. Una oleada de solidaridad se ha levantado por la joven marina en toda Europa.

Hace ya demasiado tiempo que nos vienen demasiados disgustos de Italia, de una Italia que ha cambiado radicalmente su paisaje político y social. Las grandes personalidades de la política y del sindicalismo, de la cultura y del arte que fueron grandes símbolos de la izquierda y del progreso en toda Europa están encerrados bajo siete llaves en el Panteón de las Siete Colinas. Italia ha entrado en la Noche.

Hace años que le doy vueltas a la cabeza: ¿cómo es posible que a la chita callando, durante años, haya ido desapareciendo la potente cultura de izquierdas del país de Togliatti y Sandro Pertini, de Lama y Trentin, de Visconti y Ermanno Olmi, de Rita Levi Montalcini y Anna Magnani …?  Llevo tiempo –ya digo--  dándole vueltas a la sesera. Confieso que no soy capaz de encontrar una explicación convincente. Esta noche pasada, pensando en Carola Rakete, tampoco he sabido encontrar el ovillo. 

La cosa se complica porque el problema de fondo no está solamente  en las élites. Ni es un problema italiano: ahí vemos a la flemática sociedad inglesa, que parece preferir a ese botarate de Boris Johnson; o a esos centenares de miles de catalanes que adoran al santo de Waterloo. Bueno, seguiremos dándole vueltas al magín. Pero lo más urgente es la presión porque Carola salga en libertad. 



domingo, 30 de junio de 2019

Solidaridad urgente con Carlota



Todo el mundo en pie exigiendo la libertad de Carola Rackete, capitana de la nave Sea Watch.  


sábado, 29 de junio de 2019

Los guardaespaldas del ex banquero


Lo esperpéntico se resiste con tesón a abandonar España. Especialmente cuando tiene una naturaleza cutre. Es el caso de Francisco González, que fuera presidente del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria.

Cuando don Paco dejó la entidad le llovieron millones y millones de euros como liquidación y otros más le quedaron como jubilación. La banca es asaz generosa con sus capitanes de industria. Pero no todo lo sabíamos. Ahora ha salido al público conocimiento que el BBVA corre con los gastos de dieciséis guardaespaldas del ilustre banquero. No lo han leído mal: 16 guardaespaldas. Que, además, nadie sabe a qué obedece, ni quiénes amenazan a este don Paco para que cuente con una legión de escoltas como nunca tuvo nadie en España ya fuera político, militar, archipámpano o talabartero diplomado. Desde luego, el numeroso grupo de consejeros de la entidad que fueron espiados por don Paco, a través del comisario Villarejo, han manifestado que ellos no han amenazado al antiguo presidente.

Calla el Banco de España, al menos hasta la presente. Sus responsables están para otros menesteres, vale decir, para exigir que no suban los salarios, ni las pensiones, excepto para don Paco y sus galifardeus. Calla el Banco de España como disfrazando la Etica de Tabla de Logaritmos. Las cosas claras: todavía no lo hemos visto todo.

P/s.  Dos carocas de este Corpus en Granada.

viernes, 28 de junio de 2019

El independentismo: la única religión verdadera




«Cuando la política se convierte en religión, la discrepancia se convierte en blasfemia». Es una frase de aquel Kissinger de triste memoria, que ha recordado el letrado Melero, un defensor heterodoxo de varios dirigentes independentistas en el juicio que se ha celebrado recientemente. Kissinger  sabía de qué estaba hablando, pues convirtió el vino de la política exterior norteamericana en el agua de una religión. Melero, a su vez, ha podido darse cuenta de los contenidos teológicos del independentismo, como la única religión verdadera, a pesar de las protestas de los Testigos de Jehová.

1.-- Ahora bien, como toda religión verdadera, el independentismo tiene sus heterodoxias de mayor o menor enjundia. La cuestión es, con todo, que la amplitud de tales heterodoxias ha llegado a un punto que: primero, los conflictos entre clanes han llegado a tales  extremos que amenazan la estabilidad de la razón teologal antes compartida; segundo, el deshilachamiento de las relaciones entre las diversas cofradías. Ahora, se ha trasladado a que la única religión verdadera es la del independentismo   particular del grupo A frente y contra al del grupo B. Para entendernos: en un rincón de la sacristía está Esquerra Republicana de Catalunya  y en el resto de los recovecos las diferentes confesiones del gen post convergente. Cada grupo con su Sumo Pontífice, sus ritos y sus costaleros. Más todavía, las terminales locales de cada cofradía se pasan por la cruz de los leotardos las orientaciones que, en forma de bulas, se envían para aplicar la política de alianzas municipales. El califato de Waterloo no ha podido impedir la aparición de taifatos municipales.

2.--  Y comoquiera que se acerca el 11 de Setiembre, significativos cardenales de las diversas creencias han diseñado que tan significativa efemérides debe celebrarse bajo el signo de la «unitat estratégica». Esto es, que todo el cuerpo místico tenga una sóla fe, una sola espada frente y contra España. Unidad estratégica, pues, frente a los que pactan heterodoxamente; unidad estratégica contra  quienes, desde la cárcel, piden que se facilite la investidura de Pedro Sánchez; unidad estratégica frente y contra los que defienden que la hipotenusa al cuadrado es igual a la suma de los cuadrados de los catetos en un triángulo rectángulo. 



miércoles, 26 de junio de 2019

Sánchez e Iglesias: ¿gatillazo a la vista?


El complejo tipo de relaciones entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias puede acabar en un gatillazo. Mala cosa para los tiempos que corren.

He dicho en otras ocasiones que se han cambiado los papeles en estos asuntos de la investidura. Tradicionalmente, y según mandan los cánones de ese particular, el aspirante tiene que trabajarse la investidura, esto es, buscar los apoyos, negociar el precio de tales compromisos. Es lo que se enseña en primero de Miterrand. Ahora, sin embargo, ha aparecido una variante: el aspirante debe adoptar la figura de don Tancredo y esperar que le lleguen los apoyos. Si todo es gratuito, mejor. Miel sobre hojuelas.

Las cosas entre Sánchez e Iglesias no van bien. Es más, parece que empeoran. De un lado la negativa del primero a que Podemos entre en el gobierno; de otra, la exigencia de un exagerado número de carteras ministeriales. A esto último habrá que añadir el fuerte matiz entre las fuerzas que componen Unidas Podemos: la postura de Alberto Garzón resta fuerza compacta a la exigencia de Iglesias.   «No se trata de puestos o de ministerios, sino de alcanzar un acuerdo de izquierdas con las garantías suficientes de que el PSOE vaya a cumplirlo en lugar de acabar gobernando con el apoyo de la derecha».

Tal vez Pedro Sánchez entiende que, llegado al caso, Podemos no se atreverá a desentenderse de la investidura. Yo no me arriesgaría. Si Iglesias se enfrenta a la investidura podría recibir un determinado castigo por parte de sectores de la izquierda. Pero si apoya la investidura sin llevarse nada a la boca podría ocurrir que, en la votación en el Parlamento, algún sector de sus diputados tiraran por la calle de en medio.

Sería deseable que se diera un salto adelante. Es imprescindible que el hipotético gatillazo que se vislumbra en el ambiente se transforme en un acto gratificante. En un sobrio acuerdo de gobierno.

Oído cocina: ir a una repetición de elecciones no garantiza nada. Es más, tengo para mí que las encuestas de la Sexta son un arsenal de trolas al por mayor y destajo. A mayor gloria de Roures y sus costaleros.

(1)


martes, 25 de junio de 2019

Ciudadanos y las hogueras de San Juan




Albert Rivera no levanta cabeza desde hace meses. No es que tenga mal fario, se trata de su empecinamiento en mantenerse en una línea que está provocando  hondo malestar en su partido, Ciudadanos.  El último problema lo ha tenido con las hogueras de San Juan. Son los casos, ya suficientemente conocidos, de tres importantes representantes públicos: Toni Roldán, que abandona el partido y deja el acta de diputado; Javier Nart, eurodiputado, que dimite de la dirección, y Juan Vázquez, portavoz en el parlamento asturiano, que dice adiós a todos sus cargos y a la vida pública. Las tres hogueras de San Juan. Hasta la presente Albert Rivera no ha dicho ni oxte ni moxte. Lo ha puesto en las manos de Juana de Arco, martillo de herejes que vino a la política a ponerse el mundo por montera y se ha quedado en pura azafata de asuntos internos.

No es un problema –insistimos--  de mal fario. Es el resultado de una singular paradoja: aunque Ciudadanos consigue unos resultados buenos en las pasadas elecciones generales, no se cumple el desiderátum del grupo dirigente, a saber, pasar por delante (sorpasso) del Partido Popular, en el que creían (e hicieron creer) a pies juntillas. Así pues, Casado seguirá gobernando el latifundio de la derecha, mientras Rivera continuará como mayoral. Más todavía, en los lugares donde Ciudadanos toca pelo lo hace como consecuencia de un brusco golpe de timón a través de lo que siempre negaron: los pactos con la ultraderecha española. El pretendido regeneracionismo de los de Rivera es pura farfolla de quita y pon.

Ciudadanos, con tantas vueltas y revueltas,  ha hecho evidente su doble crisis: de proyecto y de dirección.

Crisis de proyecto, que viene de los primeros momentos de su fundación: un partido que se atribuye un barniz de socialdemócrata y cuatro duros de liberalismo. Es, evidentemente, la chapuza de intentar aunar en una misma posada a personalidades de una y otra corriente. Pasa el tiempo. Las esperanzas fundacionales no se cumplen y se apuesta a la brava por substituir al Partido Popular, herido de muerte según Rivera. La apuesta de Rivera es chocante: hay que competir, primero con Rajoy, y, después con Casado, con la misma política de éstos. La misma receta para hacer el baldeo de cubierta a base de jabón lagarto. 

Crisis de dirección. Estudiando las biografías y los códigos de comportamiento del grupo dirigente de Ciudadanos se observa que la mayoría tiene toda la pinta de ser ayudantes de jefes de negociado, subalternos de categorías intermedias, acostumbrados a la obediencia y al movimiento versátil de la espalda. Eso sí, duchos en la maniobra artera que se practica en las covachuelas de la administración.  

domingo, 23 de junio de 2019

Otro partido en Cataluña





El presidente destronado Artur Mas ha ido a Waterloo. Conversaciones y tanteos con Puigdemont: dos personas que aspiran a lo mismo por medios diversos. El primero quiere caminar calmosamente y en prosa a la independencia de Cataluña; el segundo también, pero en versos alejandrinos y salga el Sol por Antequera. Artur Mas ya no es santo de la devoción del inquilino de Waterloo. Y viceversa. En todo caso, Cataluña es demasiado pequeña para que quepan estos dos personajes. Ambos son la expresión de aquel singular  zarzuelero: aquel rey moro «que lo tiene tó y no tiene ná».

Sabemos que Mas ha planteado en Waterloo que no sería procedente una convocatoria de elecciones autonómicas en este año. Un zorro al que se le ve el plumero, ya que está inhabilitado hasta el mes de marzo del año que viene. A Waterloo, según parece, tampoco le conviene que sean ahora dado que los vientos soplan a favor de las velas de Esquerra. Naturalmente la sartén está en la mano de Puigdemont. La tizne de esta sartén decidirá cuándo se convocan las elecciones. Paréntsis: se sigue sin saber oficialmente quién o quiénes financian la casona de Waterloo y los gastillos de su inquilino.

Paralelamente a estas vicisitudes ciertos cenáculos políticos barceloneses están intentando organizar un nuevo partido. Se trata de agrupar todos los pecios que por ahora están en el fondo del mar precedentes de los naufragios de fuerzas políticas diversas: Convergència, Unió, Partido Popular, disidentes de Ciudadanos. Se trata de una singular agrupación de agraviados, cuyo objetivo es representar lo que en su día fue el pujolismo más moderado; para entendernos:  más made in Cambó. De momento el nombre que más suena es el de Eva Parera –de los Parera de Barcelona de toda la vida pasada, presente y futura— cuyo nombre habrá que retener, pues tal vez podría ser la síntesis entre los diversos in péctore que optan a liderar la nueva formación, cuyo nombre –nos dicen— sería   Lliga Democrática.  ¿Ave Fénix? Ya se verá.

De momento, la patronal orgánica catalana apoya la operación Lliga. Sabemos además, que las relaciones entre el presidente del empresariado, Sánchez Llibre,  con Parera son excelentes, ambos militaron activamente en la formación demócrata-cristiana de Duran i Lleida. Esta  operación política se ha acelerado tras el abordaje del independentismo onírico a la Cámara de Comercio que ha puesto en guardia a las adormecidas mesnadas del empresariado catalán.

viernes, 21 de junio de 2019

El torpe engaño de Rivera



Albert Rivera es un embustero  patológico. De hecho su biografía política es una carrera de mentiras al por mayor y detall. Se diría que, a medida que avanzaba su cursus honorum, las iniciales mentirijillas iban ampliando su diapasón hasta convertirse en farsas caballunas. Ahora, este «adolescente caprichoso», según fue calificado por su mentor, entiende que sus trolas no pueden circunscribirse al solar patrio, necesitan un marco europeo. Rivera no es un embustero de campanario, es un trapacero de amplios horizontes.

El rifirrafe con Manuel Valls –la foto de la plaza de Colón, acuerdos de Rivera con los de Vox,  la investidura de Colau como alcaldesa de Barcelona--  lleva a la ruptura, con repercusiones en la escena europea. Hasta tal punto que, desde Francia, le llegan al  «adolescente» un aluvión de críticas tanto de los medios políticos liberales como del influyente diario Le Monde. La respuesta de Rivera tiene la misma dimensión que las que ofrece para el consumo patrio: la mentira. Pero no seamos quisquillosos: Rivera no ha sido el primer político que ha mentido. Su problema es que le han pillado con las manos en la masa. Peor todavía, ha sido desautorizado enérgicamente por el Elíseo. Entendámonos, el problema es que Rivera no sabe ni siquiera mentir. Es un mentiroso chusquero. Tal vez sea debido a que sus lecturas son precarias. Si hubiera leído, por ejemplo, “Cesar o nada” (Manuel Vázquez Montalbán) estaría al tanto del bellísimo inganno en Senigaglia  donde César Borgia engañó cum laude a sus enemigos y no dejó títere con cabeza. Mis disculpas por relacionar a un genio del Renacimiento con un niñato atolondrado.


Construir la política sobre la base de la mentira no es lo mismo que decir algunas mentiras haciendo política. Rivera es de los que edifican su circunferencia sobre un radio radicalmente falso. La circunferencia de este caballerete nada tiene que ver con el famoso  π. Así pues, Rivera tiene un problema: es un embustero estajanovista, pero se le pilla ipso facto, al vuelo. Su problema es que, cuando intente decir algo certero, nadie le creerá. 


jueves, 20 de junio de 2019

«Los socios prioritarios»




Hasta hace bien poco se iba a las investiduras del presidente del Gobierno con las cosas atadas o razonablemente atadas. Sin embargo, ha aparecido una novedad: ahora se va a la investidura con las cosas no sólo desatadas sino experimentalmente desatadas a ver qué pasa. La voz pejiguera de Eugenio d´Ors –también llamado Xenius--  aconsejaba que los experimentos debían hacerse en casa y sólo con gaseosa. (Un camarero destapó una botella de champán con tan poca pericia que puso pingando la elegante vestimenta del escritor). Conclusión provisional: ir a una investidura a ver qué pasaba podría ser irrazonablemente arriesgado.

Unai Sordo viene insistiendo en que  Pedro Sánchez forme un gobierno de coalición con Podemos, apoyado por una suficiente mayoría parlamentaria. Plena coincidencia con UGT.  O sea, el sindicalismo confederal español, que es independiente pero no indiferente, está reclamando dicho gobierno de coalición.

Tengo la sensación de que algo se está moviendo. Las recientes palabras de Pedro Sánchez afirmando que Podemos es «socio prioritario» no sólo, en mi opinión, intentan calmar los nervios en can Iglesias y parecen indiciar que, más pronto que tarde, se concretará esa sociedad.  No seremos los únicos en celebrarlo. 


miércoles, 19 de junio de 2019

Simplemente Corbacho





Primer tranco

Es de Hospitalet y se llama Celestino. Celestino Corbacho. Que lo fue casi todo en el socialismo patrio: alcalde de la segunda ciudad más poblada de Cataluña, presidente de la Diputación de Barcelona. Ministro de Trabajo. Un cursus honorum envidiable. Celestino: mitad vertical, mitad campechano. Que últimamente paseaba su soledad hasta que fue llamado por Manuel Valls para formar parte de la candidatura a las elecciones municipales de Barcelona, inspirada por Ciudadanos. Celestino se cobijó en ese rincón de chichinabo que la jerga política llama independientes. De donde se supone que, así las cosas, nuestro hombre había abandonado la fe en Pablo Iglesias el Viejo y abrazado la causa contraria. Celestino pasó desparpajadamente del caño al coro.

Segundo tranco

Ya conocen ustedes la historia. Manuel Valls, Corbacho y Parera –la mitad del grupo municipal de Ciudadanos--  favorecen sin condiciones la investidura de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona. Es el «mal menor», que según Valls, evita que el segundo Maragall se haga con el bastón de mando. Al grupo dirigente de Ciudadanos le sienta peor que un cólico nefrítico. El dedo acusador de Valls se ha hecho insoportable a la derecha, que ha perdido ya el desodorante. O sea, Ciudadanos. Y se produce el desenlace: Los de Rivera rompen con Valls. ¿Qué hará Celestino?

Tercer tranco

Celestino es hombre de decisiones rápidas, especialmente en los asuntos de intendencia. Él, que votó con Valls –posiblemente con regusto vengativo contra su antiguo conmilitón, el segundo Maragall--  no es inquietado por los de Rivera. Ciudadanos puede soportar a Celestino, pero no a Valls. Celestino que se salió del coro vuelve grupas. Solo hay un Dios y Rivera es su Profeta. Él es simplemente Corbacho.

Algo más que una hipótesis

Rivera observa que, tal vez, se le haya ido la mano vaciando Cataluña de dirigentes rumbo a Madrid. Entiende que el grupo dirigente catalán está en precario y sus miembros sin reconocimiento de la sociedad catalana. … Y se avecinan elecciones autonómicas. Rivera no hace ascos al palmarés de Celestino. Sabe, además, que no le negará por segunda vez. Así pues, le propone encabezar la lista de Ciudadanos a las autonómicas. Eso sí, hay que simular que quien tuvo, retuvo. Lo hará como independiente. Con una vela a Pablo Iglesias el Viejo y la otra vela a Ana Patricia Botín.

Simplemente Corbacho.

martes, 18 de junio de 2019

Rivera le pide a Valls que le devuelva el rosario de su madre




Antes de que se me olvide, pregunto: ¿de quién está más cerca Rivera, de Vox o de Valls? Meditemos, y al final hablamos.

Albert Rivera ha roto con Manuel Valls. El primero, un eterno principiante; el segundo, un veterano con el colmillo retorcío.  Rivera, «un adolescente caprichoso», según su mentor, Francesc de Carreras; Valls, que en su día –como Eugenia de Montijo--  «dejó las aguas del Darro por las del Sena». Bueno, en su caso fueron las del Besós. La ruptura tendrá repercusiones, nacionales e internacionales, para Ciudadanos, «la derecha con desodorante», según ha dejado dicho Paco Rodríguez de Lecea.

Manuel Valls decidió por su cuenta y riesgo dar sin condiciones los votos que precisara Colau para ser elegida alcaldesa de Barcelona frente al segundo Maragall. Rivera había dado órdenes taxativas: no había que votar a Colau. Con lo que la decisión de Rivera llevaba al joven Maragall directamente a la alcaldía. La impericia de Rivera es directamente proporcional a su atolondramiento.

Las relaciones de Valls con Ciudadanos nunca fueron muy muy católicas que digamos. Rivera anunció el fichaje de la estrella a bombo y platillo. Pero, fuera por la torpeza de Rivera o por la versatilidad de Valls, la cosa acaba así: Valls monta una coalición con una serie de tapas variadas de la política catalana que es «autónoma» de Ciudadanos, pero que cuenta con su apoyo logístico y de intendencia. Valls invita, pero la consumición la paga Rivera. Es obvio que Rivera tragó, encandilado como estaba de que darían la campanada en el ayuntamiento barcelonés.

La situación acabó agriándose  con motivo de las relaciones de Ciudadanos con Vox, siempre negadas y siempre confirmadas por los hechos. La verbena en la madrileña plaza de Colón terminó por aumentar la tensión entre Rivera y Valls. Y finalmente lo sucedido en el ayuntamiento de Barcelona.

La ruptura de Ciudadanos con Valls es un acto de mayúscula torpeza política. Primero, porque Rivera aparece todavía más escorado a la derecha; y, segundo, porque tensa las relaciones de Ciudadanos con sus amistades –cada vez más frías--  europeas. Más todavía, Rivera se aleja de sus propios europarlamentarios, que son los que directamente sufren el bochorno. Estas son las consecuencias –o algunas de ellas--  de las decisiones de un grupo dirigente que confunde hacer política con jugar a pizpirigañas n un jardín de infancia.

Conclusión provisional: ¿de quién está más cerca Rivera, de Vox o de Valls? Se trata de una pregunta retórica, claro está.