lunes, 28 de noviembre de 2022

Feministas contra feministas


 

Ciertamente, la gran novedad sociopolítica de los últimos decenios es la emergencia del protagonismo de la mujer. Ha sido en todos los terrenos: en el mundo de la cultura, de los medios, de la ciencia, del deporte y de la política. Que todavía no sea suficiente, no empece la cantidad y cualidad de ese nuevo poder –el de las mujeres— que ha ido conformando el salto de cualidad de un feminismo minoritario, a veces grupuscular, a un movimiento de masas de proporciones nunca vistas. En esa dirección hay que captar lo novísimo: las luchas de masas en algunos países de Oriente Medio, sin tradición de feminismo. Y que, además, ha concitado una solidaridad de masas que ha impresionado al mundo entero, es el caso de Irán.

Ese nuevo poder de la mujer colectivamente ha tomado  la esencia, presencia y potencia del feminismo. Y, en parte, es el miedo que tiene el macho tóxico hacia la mujer, que le lleva a la violencia más descarnada. Miedo al nuevo poder y, sobre todo, pavor ante la pérdida de poder del macho. La noticia de que aproximadamente un 10 por ciento de la juventud no crea en la violencia de género es algo muy preocupante.

Permítanme un salto aparente: cuando el movimiento obrero se aproximaba a ser un sujeto adulto Karl Marx y Mihail Bakunin se tiran los platos a la cabeza y son incapaces de llegar a una síntesis constructiva. Justamente al revés: el esfuerzo que hacen es para destruir al contrario, vita mea mors tua. La clase obrera mundial dividida en dos grandes bloques que, en más de una ocasión, practican la violencia mutua. Todo ello acompañado de condenas y anatemas, que eran el rescoldo de las luchas entre los padres fundadores de socialismo y del anarquismo. Por ejemplo, en el congreso de Zaragoza, la CNT declara que «UGT es un sindicato amarillo». Esta división apoyada por la violencia física y oral ha sido la gran tragedia del movimiento obrero y sindical desde mediados del siglo XIX hasta el siglo XX. Pregunta: ¿ha ganado el conjunto asalariado con esta tragedia sofoclea? 

De te fabula narratur, feminismos. Hemos oído vuestras disputas, primero, susurrando como quien tiene miedo de que se sepa de qué se habla, después a grito pelado en los medios, tertulias y demás camaranchones. Pero eso era poco: había que trasladar organizadamente la división a la calle, y aquella tarde fatídica se convocaron dos manifestaciones feministas, cuyo objetivo –seamos un poco toscos--  era contarse, esto es, quién había llevado más gente a pisar el asfalto.

Mala cosa. ¿Por qué no estudiáis las vicisitudes de las broncas entre Marx y Bakunin y los incendios que provocaron? 

lunes, 14 de noviembre de 2022

Qué pasó ayer en Madrid, Zavalita?

 

Manifestación oceánica en Madrid: de un lado, en las calles y plazas, la gente exigiendo una sanidad pública, gratuita y eficaz; de otro lado, en el búnker, los covachuelos de alta graduación, corriendo las cortinas para paliar el sofoco de sus jefes. Madrid, capital de la Gloria, que dijo aquel Rafael que tenía buena mano para la poesía y la pintura.

Fueron momentos de pacífico voltaje esos centenares de miles de personas que no es la primera vez que se tiran a la calle. Toda una gran lección de unidad social de masas, que transmite el valor y la agregación de fuerzas de las personas juntas entre—sí. En la calle as personas que «no votan bien» –docet Vargas Llosa—plantean, a cielo raso, una censura en toda regla a esa buharda do vive Ayuso. Zavalita, experto consejero de Vargas, en cuestiones de jodienda de países e instituciones está como ido.

Solo él parece ignorar que la gran manifestación oceánica tiene una enseñanza potente: si es unidad social de masas se ha construido en torno a un objetivo importantísimo, ¿por qué en eso que se llama  retóricamente la izquierda de la izquierda no toman nota y rompen las raíces profundas de su cainismo abrazando el camino de algo que se acerque a la unidad?

Disculpen que empiece a chochear: si la izquierda de la izquierda mantiene su quilombo contra ellos mismos, las próximas elecciones las ganará Vargas Llosa, esto es una certeza. Ahora bien, si corrige el timón puede que continúe el gobierno progresista, pero esto es sólo una hipótesis.  Y ya saben, hay diferencia entre certeza e hipótesis.

Don Quintín El Amargao tiene la palabra    


lunes, 7 de noviembre de 2022

La izquierda desnortada? No, la izquierda suicida


 

«Podemos no está muerto» fue el grito más coreado por los militantes en la asamblea de la Universidad de Otoño. Toco madera porque depende qué se grita es como si se estuviera intentado retrasar la venida de la Parca. Recuerdo que muchas veces he gritado –hemos gritado, no se sabe a quién--  aquello de «¡Unidad, unidad»! Pero, también es sabido que, como ateos, agnósticos o increyentes, nunca tuvimos presente esa cosa del propósito de enmienda, que viene a ser lo siguiente: tener voluntad para no repetir nuestros pecados.

´Podemos no ha muerto´ y el coscorrón a Yolanda Díaz en dicha asamblea es el Syllabus que se dirige a la militancia ya sea para evitar dudas o para levantar la moral. Con todo, mi sorpresa ha sido está: ¿cómo es posible que Pablo Iglesias el Joven haya tardado tanto en soltar esa filípica más bien yolándica?  No tengo respuestas cocinadas, pero –tras sacar ese discurso del microondas— llego a esta hipótesis: la directiva de Podemos, en un reciente momento dado, llega a la conclusión que el ´fenómeno Yolanda´  se les está yendo de las manos. No se sabe lo que va sumando, pero es perceptible que allá por donde va concita  el afecto, el aplauso entusiasta de sus parciales. Y así pues, es percibida no como un propulsor de Podemos sino como una interferencia. Se la ve, además, como la correctora de toda una serie de tartamudeos del dialecto podemos a la par que intenta construir un idioma nuevo para la izquierda. Pablo Iglesias Turón lanza, tonante, el tremendo regüeldo de «Anatema sit».

Esta es la enésima trifulca dentro de la izquierda. Eso sin contar la ojeriza de Marx contra Bakunin (y viceversa), de donde –a mi pobre entender--  vendrían todas estas bataholas. (No puede dejar de recordar una anécdota singular: Otoño 1990 en Santa Fe, capital de la Vega de Granada; Juan de Dios Calero le preguntó a mi padre: «Oye, Pepelópez, tú te acuerdas por qué pollas en vinagre nos peleamos hace veinte años?».

Para justificar lo uno o su contrario, la izquierda tiene una tendencia patológica a teorizarlo todo. Desde la prima de riesgo hasta si la tortilla de patatas debe llevar cebolla. Teorizarlo a golpe cristazos, porque cada uno interpreta que su verdad nos hará libres. Ahora, en esta pamplina de Iglesias contra Yolanda, la excusa ha sido: «Podemos merece respeto». Con lo que el máximo arconte de Podemos está insinuando a las almas de cántaro de la organización que Yolanda se ha cagado en los muertos de los dirigentes del partido. Iglesias, así pues, ha olvidado lo que tal vez leyó en primero de Luciano Lama: «la unidad no se teoriza, se construye».

Para destrozar a alguien conviene echarle encima un atracón de pipirrana tóxica: Yolanda no respeta a Podemos; y, a continuación, la puesta en marcha del ventilador de radio Macuto: «Yolanda es como Felipe González».

En suma, Podemos y su nuevo—viejo jefe reasumen el estribillo de aquella copla: «Antes muerta que sencilla».

martes, 1 de noviembre de 2022

Feijóo no es el problema


 

La caótica línea política del Partido Popular está, como es lógico, ligada a la extraña personalidad de su primer dirigente formal. El tantas veces deseado y esperado, Feijóo, ha venido a recordarnos la incompetencia de aquel rey felón, el séptimo Fernando, que en un abrir y cerrar de ojos mudó la esperanza  puesta en él por una de las mayores tirrias colectivas que se ha tenido contra un gobernante.

Feijóo, el esperado, el deseado hasta el punto de que los medios borraron algunas de sus fotos de juventud con personas poco recomendables, ha sido –está siendo— un fiasco de padre y muy señor mío. Su actuación política –especialmente en torno a la cuestión de la renovación del Consejo General del Poder Judicial— es el obstruccionismo más sangrante que se ha hecho contra la Constitución. Ahora bien, un dirigente que llega a un acuerdo con otro de distinta formación y, a continuación, le flaquean las piernas tras una llamada de la Ayuso no es de fiar: en primer lugar para su propio partido y, definitivamente, para la guía del país.

Pero el problema del PP no es Feijóo. Feijóo fue aclamado porque la dirección submergida del partido le consideraba un chisgarabís, un veleta que no tendría empacho de afirmar García Márquez, en completa soledad tardó cien años en escribir una novela. El problema es el PP en tanto que tal: en su viraje hacia la confusión, en su constitucionalismo de mercadillo, en la substitución de los fines de la política por la ocupación de las poltronas: desde las togas y puñeras hasta la emisión de almojarifazgos. Y con esas características no puede haber mirlo blanco alguno.

En conclusión Feijóo es un pobre cabo furriel que estará ahí hasta que la  dirección sumergida lo aguante.

 

Post scriptum.--- Felicidades, Lula.

miércoles, 26 de octubre de 2022

Vagos e indolentes mis primos hermanos


 

Mi desordenada cabeza olvidó en anterior ejercicio de redacción los chicoleos que se traen los alemanes y los chinos. Desde luego es mejor que uno y otro gobierno se lleven bien a que, por el contrario, se tiren los platos a la cabeza. De donde infiero que la declaración europea, de hace meses, de declarar a China como «enemigo estratégico» fue una intencionada estupidez. Una más que podría añadirse a la ´Sistematización de la estupidez´ del sabio famoso.

Los chicoleos alemanes --política a la remanguillé-- en esta ocasión son el tubo de escape de la inexistente diplomacia europea en torno a esta desgraciada invasión de Ucrania por parte de Putín, cuyos daños –dice el Banco Mundial— se elevan a 345.000 millones de dólares. ¿Calderilla? Pues bien, en esas estamos cuando ayer se recordó  en LV que en breve «se procederá a la venta a China de una de las tres terminales del puerto de Hamburgo». (Recuerdo que el puerto de Hamburgo es más grande que el de Motril). La cuestión es que nadie dice nada como anteriormente tampoco han dicho no oxte ni moxte con las ventas de otros puertos no menos importantes de Europa.

Pues bien? La Unión Europea exhibe su elegante mutismo para no infundir sospechas. Pero, ¿a qué se dedican las organizaciones de parte? ¿Qué está diciendo la Confederación Europea de Sindicatos en las homilías que publican? «Silencio en la noche / ya todo está en calma / el músculo duerme / la ambición descansa», que cantara Carlos Gardel. ¿A qué  juega el Partido socialista europea y la Internacional Socialista? A decir verdad, ambas estructuras se han convertido en indolentes zaquizamíes o del retiro de quienes tienen faltas de ortografía.

¿Vagos o indolentes?

lunes, 24 de octubre de 2022

A contracorriente


 

Europa se está convirtiendo, de un tiempo a esta parte, en un conjunto de tapas variadas que no tienen nada que ver las unas con las otras y, encima, no conforman un menú coherente. Depende qué países parece un comistrajo, según otros lugares tiene la pinta de las zahúrdas de Plutón y, no se olvide tampoco, hay terrenos que dan la impresión de ser un socarral. Para decirlo con palabras santaferinas, privadas de toda malsonancia, se diría que Europa es un follaero. Follaero es, según la académica definición del maestro Juan de Dios Calero «el superlativo estado de confusión en el que están las cosas».

Europa azotada en algunos lugares por el populismo y la reaparición de movimientos fascistas, nazis y xenófobos. Inglaterra, sumida en un quilombo político, que provoca más que hilaridad una profunda y angustiosa perplejidad; Italia, a la que han vuelto aquellos que huyeron de la ´citta aperta´, protagonizando una transferencia de poderes mezclada por el blanqueo de la ceniza y el añil, que nos ha dejado estupefactos.

Todo ello en el contexto de una guerra, provocada por la invasión de Rusia a Ucrania. Un terrible conflicto del que hoy por hoy nadie sabe cómo y cuándo salir. Que está provocando –además de la destrucción, en algunos casos masiva— el aniquilamiento de regiones ucranias y el empobrecimiento muy generalizado de los sectores más modestos de Europa.  

Europa es el gráfico de una parábola descendente, que parcialmente está frenada por los mecanismos de contención de la todavía importante fuerza política y económica de Europa. Lo que no sabemos es si la capacidad de freno es igual o inferior a los efectos de corrosión. Dejo esto para los expertos en la materia, ya sean centrocampistas, falsos nueve o talabarteros diplomados.

Pues bien, en este orfelinato que es Europa hace tiempo que se está radicalizando un conflicto entre fuerzas diversas de la sociedad civil de unos países contra otros. Que están azuzados, o no, por la clase política gobernante: recuerden aquella lacerante expresión de los países pigs. Ahora, la confusión británica –un auténtico galimatías de solemnidad— ha dado pie a algo que me parece estúpidamente  desestabilizador: las portadas de The Economist, comparando gráficamente los problemas de Inglaterra con los de Italia. Brytaly. O la portada del Der Spiegel indicando que Inglaterra es una república bananera.  Cuando los grandes medios se explayan en estos comportamientos, las conclusiones son los enfrentamientos en las opiniones públicas y la consolidación del nacionalismo de barra de chigre.

A ese estado de cosas se ha llegado (el follaero) porque la política ha dejado de ser el sujeto guía del país, la argamasa de la convivencia y los mimbres de la solidaridad. El follaero es la consecuencia de la derrota del capitalismo industrial por los poderes financieros, el deslizamiento de las derechas hacia las zonas calientes de lo no ilustrado y la sistemática desatención de las diversas izquierdas, fatigadas de los éxitos de antaño y de desconocer qué nuevas paradojas arrastran tales conquistas, qué nuevas patologías sociales aparecen cuando por la puerta de los derechos se han conquistado nuevas tutelas y mecanismos de protección. No, las izquierdas no acudieron a clase cuando el profesor explicaba el famoso principio de acción y reacción.

Es cierto que, matiz arriba y matiz abajo, este modesto e incompleto recuento de problemas es real, si algún rasgo aparece excesivamente negro es porque tengo la intención de que no se deje al pairo. Más todavía, los problemas son ásperos, pero en Europa quiero creer –me cuesta lo mismo decir lo contrario— que hay mimbres para la reorientación de nuestro viejo continente. Si creyera lo contrario me dedicaría a demostrar que la serie de los números primos no es infinita.    

martes, 18 de octubre de 2022

Aré lo que pude


 

Algunos compañeros, y a pesar de ello amigos, me aturrullan con correos, guasap y eso del messenger preguntándome por qué no escribo, a qué se debe mi silencio en las redes.  Mi respuesta es directa: porque no tengo nada útil, algo que valga la pena de comentar. No es pereza, ni cansancio de la rutina diaria de sentarse ante el ordenador. Es simplemente seguir la norma de Wittgenstein que podríamos vulgarizar como «en boca cerrada no entran moscas». Hablando en plata: mejor, siempre en mi caso, estar callado que llenar la página de gilipollescencias. Por lo que cuando tenga algo útil que decir sobre la guerra de Ucrania, la corrosión de la flema británica, la naturaleza del Alzamiento de las togas carpetovetónicas, las nuevas perplejidades catalanas o la pedagogía de papá Laporta a Laporta Júnior, entonces –y sólo entonces—estableceré un duelo a primera sangre con la página en blanco del ordenador. Y si eso ya no es posible porque las ruedas de mi carreta ya chirrían, siempre podrá presumir moderadamente de que yo aré lo que pudo.

Sin embargo, estoy en condiciones de hablar del próximo día 27 de este mes. Al grano: en el salón de actos de CC.OO. de Catalunya se presentará el libro ´Señoritos, viajeros y periodistas, Miradas sobre la Andalucía del siglo XX´. El libro está prologado por el maestro Antonio Muñoz Molina.

Aunque realmente dicho acto es un homenaje a su autor, Javier Aristu. Se trata de un intelectual que bien pudo haber ejemplarizado la famosa relación de alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura.

La importancia del ensayo de Aristu queda clara cuando sitúa los jaramagos que ha producido la labor de intelectuales, como José María de Pemán, y otros  en ese estrambótico constructo del «alma andaluza». Pero no interesa ahora ofrecer un adelanto –eso que píjamente diríamos hou como spoiler— porque entiendo que el libro debe leerse con atención, los codos encima de la mesa, y el lápiz para tomar apuntes.

Con todo, a pesar de mi mala memoria no me olvido del gran testimonio de Aristu: puso en marcha un movimiento, junto a Javier Tébar, de lo que se dio en llamar los Diálogos catalano—andaluces, que hoy en condiciones diversas podrían reanudarse.    

De esto hablaremos el día 27 de octubre. Me cabe el honor de intervenir en dicho acontecimiento. Les prometo a todos ustedes, amigos, conocidos y saludados,  que procuraré estar en forma ese día. Procuraré que Wittgenstein no me llamará la atención.

lunes, 10 de octubre de 2022

Nuevos tiempos para Esquerra?


Cuando se supo que los post post post convergentes de Junts dieron el portazo a co—gobernar la Generalitat con sus íntimos adversarios, Jordi Sánchez, figura destacada del partido, declaró que «el procés se ha acabado». No comparto esta opinión; a mi entender, las cosas se explican al revés: la muerte lenta del procés es la que llevado a la división interna, casi al cincuenta por ciento, de Junts, abandonando el govern. Junts, sin aquellos viejos leones que todavía eran pujolistas, pasa a la oposición sin tienda de campaña, fusilería y demás paramenta de combate. Nuevos tiempos para Junts donde se procederá a una reconversión del oficinista de negociado a agitador de barricada de pexiglás.

Los post post post convergentes no o tendrán fácil: se supone que las cortesías con el presidente—fugado se convertirán en agua de carabaña  y el reino del eufemismo dará paso a un dialecto tabernario.

Mientras tanto, ERC sofisticará su lifting camino de un peix al cove (republicano, naturalmente) intentando rebañar hasta la última pringue de la cazuela. En todo caso, hay que reconocer que ha trabajado brillantemente esta crisis: ha dejado que Junts enronqueciera con sus particulares berreas y ha guardado compostura en este campo de Bramante. Y para colmo ha logrado que se conformara nuevo gobierno en tiempo record y más de una sorpresa. Intuyo que los nuevos –algunos de ellos con bulimia de mando— serán una interferencia para que las cosas no se desvíen demasiado.

Demasiadas sutilezas para las derechas de secano y pedregal.   

viernes, 7 de octubre de 2022

Cataluña ¿política o calisay?


 

El tiempo que el gobierno independentista  de Cataluña –Esquerra en la sala de máquinas y Junts (o sea, Puigdemont) en la intendencia está valiendo para algo que se ha vuelto en contra de dichos partidos: no es sólo que unos y otros se lleven como los perros y los gatos, tampoco la cultura institucional esté a la altura de una aljofifa. La cuestión de fondo es que son contundentemente inútiles. Cada conseller con su correspondiente  certificado de inanidad política. Tardará mucho tiempo en descubrirse qué ejemplo, de tiempos pretéritos o no tanto, pueda venir al caso. Y como los grandes retos de civilización son de tanta envergadura, se nota todavía más el analfabetismo político del gobierno catalán.

Con todo, sobresale en ese pedregal un pintoresco partido –más bien, una partida—que ha celebrado recientemente su congreso, que ha estrenado a un eterno sufridor, Jordi Turull, como secretario general. Se trata del partido de los post post post convergentes, de antiguos sesentayochistas, de milenaristas que siguen esperando la parusía y de quienes se angustiaron porque el Régimen del 78 no acabó con los guardias civiles ahorcados con las tripas de los frailes: Junts, que como indica su peculiar nombre están dividits.  Lógico, porque todo lo que ha tocado el procés ha quedado desencuadernado.

Jordi Turull, un dirigente rodeado de adversarios de su propio partido por todas las partes, menos por una que nadie sabe ubicar. Así que la habilidad que se supone a este Turull a la hora de hacer albaranes no se compadece con su ineficacia política. Ni esencia, presencia y potencia en el partido. La sombra de Puigdemont le tapona.

Curioso primer dirigente: en el interior de Junts se está votando si continuar en el gobierno catalán o marcharse a Babia. Cada quídam opina. Turull –el primer espada--  no ha declarado qué votará. En suma, la política catalana es una mezcla de kumbayás, monjes templarios y asiduos del calisay.

 

miércoles, 5 de octubre de 2022

Echenique, baturro de adopción


 

Pablo Echenique es un político singular. Es un dirigente que cuadra en los distingos de la oposición; las tareas de gobierno le sofocan. La oposición vendría a ser, según nuestro hombre, el reino de su mundo; estar en el gobierno no sería ya estar en este mundo. Ya lo era de esta guisa cuando actuaba de espolique de Pablo Iglesias, aunque siendo segundón obedecía los cánones de donde manda patrón, no manda marinero.

Echenique puede estar simultáneamente de acuerdo consigo  mismo y al revés, puede coincidir con su partido cuando le pueda interesar y, desde luego, aparenta su acuerdo con el gobierno en los momentos menos trascendentes. Comoquiera que estamos en tiempos de presupuestos generales parece el momento para que Echenique eleve el diapasón de su jota--himno preferido para los momentos de oposición: «Chúpame la minga, Dominga».

Sabes ustedes a qué me refiero: Podemos designa un grupo negociador para consensuar con el PSOE algunos flecos importantes de los Presupuestos generales del Estado. Acuerdo. Los problemas de España y los españoles son de este mundo, los presupuestos también. El contexto es conocido: las derechas de colmillo retorcío y los pijos de bidonville, el complejo mediático de Madrid y sus merindades, que ni siquiera han leído ni la primera página de los PGE, regüeldan y hacen la pedorreta. Los socios, a su vez, afilan la calculadora para mendigar un «jéchame argo», que les lave la cara en su encomienda. Es la cofradía de los lloricas.

Es en ese contexto –y no en otro--  donde Echenique critica los presupuestos  pasadas unas horas del acuerdo de su partido con el PSOE. Una voz caritativa diría: «Son la cosas de Echenique». También en el preciso momento en que se libra una tensa disputa demoscópica que siempre penalizó los episodios de división y bronca personal.

En fin, Echenique y sus ostrogodos sólo han cogido de la izquierda tradicional las disputas por vaciar la vejiga y ver quien mea más largo. Pablo Iglesias lo vio venir y, aparentando una generosidad corsa, colgó los trastos de matar y se cortó la coleta.  

viernes, 30 de septiembre de 2022

La casa de tócame Roque


 

El govern català, desde hace demasiado tiempo, se ha convertido en una olla de grillos del independentismo político que, se nos dijo, había venido a este mundo a proclamar la república catalana. Es una casa de tócame Roque que podría darnos una idea aproximada de la forma de gobernar si se hubiera alcanzado la meta. La cuestión, si queremos dejarnos de perifollos, es la siguiente: unos, que están en lo de «jécheme osté argo»; y otros, que van dejando pasar el tiempo de irse de esta casa de la Troya –o sea, los de Junts post post post convergentes— porque se quedarían en la calle, unos 250 cargos, que, hablando en plata, son 20 millones de euros en sueldos. 

Yendo por lo derecho: la chansón de geste de aquel 1 de Octubre se ha convertido en algo chirigotero. Con todo, personajes tan pintorescos como aquel Quim Torra siguen con los brazos en jarras y afirman que «La partida no se ha jugado todavía». Que no sabemos interpretar si como amenaza de niño chico o quejío postmoderno. Aunque, a decir verdad, lo estrambótico no es esta frase (La Vanguardia, de hoy) sino que en su día llegara a ser presidente de la Generalitat.

Consecuencias de todo ese cómico itinerario del pomposamente llamado procés: el independentismo ha dejado de ser un sujeto intimidante en España; pérdida en España y Europa de la autoridad y prestigio de Cataluña; una pueblerinarización (dispensen el palabro) de la sociedad catalana y, definitivamente, una crisis de identidad bien visible.

Vale decir que todo ello ocurre en unos momentos de extremada importancia en Europa y de movimientos convulsivos en las autonomías españolas en relación al parné, al puto parné.

sábado, 24 de septiembre de 2022

Qué sólos se quedan los vivos


 

Gustavo Adolfo Bécquer en uno de sus muchos arrebatos exclamó «Qué solos se quedan los muertos». Así lo aprendimos de carrerilla leyendo al excelso poeta sevillano. Bécquer, seguramente por pudor, no quiso decir lo contrario: qué solos se quedan los vivos. Pongamos que hablo de esas personas que viven en las residencias de ancianos, aproximadamente más de ocho millones y medio, mayores de 65 años. No todos, afortunadamente. Pero sí una inmensa mayoría. En un microcosmos donde la opacidad es ley de hierro y el autoritarismo su acompañante. Es el Oliver Twist posmoderno.

El otro día vi un reportaje en televisión: Mariano Turégano, residente en uno de esos zaquizamíes junto a su esposa (con alzheimer), explicaba pormenorizadamente las condiciones de vida de los internos: habitaciones con temperaturas de 40 grados, comidas infectas y un largo etcétera cuyo recuerdo  --y el hecho de escribirlo--  me angustia  y se me atraganta la campanilla. No es un caso nuevo; durante la pandemia hemos visto situaciones similares.

Estas personas viven extra portas de la Democracia. Los bienes democráticos a los que tienen derecho engrosan las papeleras del staff de las residencias y de las autoridades. (Entre paréntesis: sólo el 40 por ciento de los residentes recibe visitas con mayor o menor regularidad).

Lo que sí parece claro que los partidos políticos están distraídos en esta cuestión y las administraciones no se acuerdan de este personal. Porque no tienen voz, porque no cuentan con representación sufren estos desmanes. Así pues, quiero ir al grano: debería procederse a que en cada centro hubiera un comité de residentes con poderes de negociación y representación.  Y debería arbitrarse que los ayuntamientos pudieran inspeccionar las residencias de cuando en cuando.

martes, 20 de septiembre de 2022

Esta autonomía gótica, fase de degradación de la autonomía


 

El estilo gótico de la arquitectura de la España de las autonomías –o sea, su práctica política--  está llevando al país a lo que en la Vega de Granada llamamos follaero. O sea, lío, desbarajuste. Es una palabra expresiva y tan plástica que mi tío, don Gaspar Quevedo, cura santaferino, aunque bilbaíno dese el primer botón de la sotana hasta el tejo, la usaba con frecuencia. Pues bien, España se está convirtiendo en un follaero de mucha consideración. Vamos camino del autonomiaje y no parece que haya autoridad para achicar esa agua sucia que corre de norte a sur y de levante a poniente.

Madrid que no es una parte de España sino España de parte coloca los impuestos que le salen de los sobacos a doña Isabel III de Castilla, nacida plebeyamente  Díaz Ayuso. La situación es tal que la brecha entre Madrid y la autonomía que más paga crece hasta un 21 por ciento. Se trata de una política fiscal depredadora de otras autonomías, que se pone en marcha y se desarrolla sin ningún freno que lo impida. No es la autonomía, es el autonomiaje. A su vez, Andalucía suprime el impuesto de patrimonio y rebaja el IPRF en un intento de aprender a agredir fiscalmente a otras autonomías.

Se trata de un desorden fiscal, que favorece a los altos capitales y a la mesocracia—cohíba al tiempo que arruina el conjunto de regiones de España. Así pues, las desigualdades se incrementan sin que ni siquiera lleguen virutas a las clases menos favorecidas.

Atención: este follaero autonomista destartala la economía española, lesiona a la inmensa mayoría de la sociedad y es el camino inverso para consolidar una arquitectura consistente. Por lo que esta autonomía gótica no puede conducir al federalismo, de una parte; y, de otra parte, estas prácticas de prestidigitación fiscal me llevan a no tener entusiasmo por el federalismo. Porque entonces la cosa puede ser peor que la casa de la Troya.  Sobra decir que este quilombo lo ha organizado la derecha, que es tan gótica como don Rodrigo. El de Guadalete.    

viernes, 16 de septiembre de 2022

¿Guerra y paz? Tregua


 

A medida que uno se va haciendo provecto el lenguaje va dando un giro, deslizándose la sintaxis del imperativo al condicional. Madurez o rutina, quién sabe. O más bien, hartazgo de tanto imperativo tan rutinario como inútil. Lo digo por la frase –rotunda donde las haya--  de Josep Borrell: «Es el momento de resistir, no podemos arrugarnos ahora». Me suena a aires de sospecha, como si alguien de los aliados quisiera rajarse. No comparto la opinión de Borrell.

Pues bien, ¿de qué es el momento? Lo mejor es decirlo sin rodeos: es el momento de proponer una tregua y por quien corresponda ponerse a negociar. La posición de China es de la mayor importancia. De un lado, acuden a la cita de Samarkanda con los rusos; y, de otro lado, intenta mantener un equilibrio sofisticado: critica a Occidente, pero no quiere que sus palabras y, sobre todo, sus actos perjudiquen sus intereses. De ahí –nos dicen las corresponsalías--  el premier Xi le ha dicho a Putin que está preocupado por lo de la guerra. Porque, en realidad, los chinos están preocupados por estas razones: el enemigo principal debe ser superado con creces en la economía y el enemigo secundario debe estar tan lejos que no tenga capacidad de incordio. Son razonamientos disparatados de ese sentido común de gran potencia. Pero –tal vez, digo que tal vez— esos diseños no acaben siendo tan exactos pudiendo afectar a China más de lo que ella sospecha.

Es el momento de una tregua. Debe suspenderse durante un cierto tiempo la lógica de la guerra por el logos diplomático. Y mientras tanto, Occidente debería saber qué pasa exactamente en sus adarves. O, lo que es lo mismo, ¿hay por nuestra barriada alguien que quiera arrugarse?  

P/S Nos ha dejado Fausto Miguélez. Cambió el curso de los estudios sociológicos sobre la empresa. En la foto.  

lunes, 12 de septiembre de 2022

11 de setiembre: papá contra mamá


 

11 de septiembre, así en minúsculas: no fue la sombra de cuando las nieves de antaño; ni el pálido reflejo de lo que quisieron que fuera y no fue.  11 de setiembre que ha quedado reducido a una mera fecha del almanaque. Los dogmatismos y voluntarismos han provocado destrozos como este. No es el primero a lo largo de la historia, pero el independentismo catalán se ha ido diluyendo como un azucarillo en el agua. El consuelo del dirigentillo comarcal: este año hubo más gente que el anterior. Elemental, mandó la pandemia. Aclarando: de una manifestación de una parte del independentismo contra la otra parte; de un mogollón de gente manifestándose contra el govern català y el President de la Generalitat.

Le dijimos mil veces al independentista de la esquina y a la nómina de los estados mayores que aquello acabaría mal. Eran tiempos de sonrisas y kumbayás, que escribieron que Cataluña lograría la independencia en menos que canta un gallo, proclamaría –con el apoyo de los europeos, los pobladores de la Patagonia, los indios misquitos, el Estado de Israel y del mismísimo Putin— la República catalana. Parodiando al mismísimo Mao afirmaron que «El Estado español era un tigre con los pies de barro». Intentaron disfrazar sus cantares de gesta con las músicas dodecafónicas de compositores de mercadillo.

Con todo sería aproximadamente obligado que los estados mayores del independentismo hicieran un balance de esta chanson de geste. Y, es un poner, nos hablaran de cómo se hace el tránsito de la unidad férrea de los primeros tiempos a la olla de grillos de un tiempo a esta parte, tanto en la política como en los movimientos de ANC y el Omnium. Que nos indicaran por qué se desplaza el punto de mira del independentismo contra España de antaño a la áspera bronca entre ellos mismos. O por qué ha ido menguando la capacidad de intimidación que tenían otrora para ser hogaño un mosquito tigre. Más todavía, está pendiente una explicación de por qué no han vuelto a Cataluña las miles de empresas que se marcharon con su música a otra parte. Y dejo para la Escuela de Viena el análisis del por qué miles de personas bienestantes, pacíficos adinerados, almas de cántaro et alia, en plena madurez aparente se lían la manta a la cabeza y, como aquel Adamo de sus juventudes, se ponen el corazón a la bandolera.

Derrotados, pero todavía hay un barbecho de ilusos.

jueves, 8 de septiembre de 2022

Yolanda, Unai y Alvarez: trigonometría esférica


 

En mi modesto parecer Yolanda Díaz es una gran ministra de Trabajo. Sabe su quehacer porque lo ha mamado en la práctica de su profesión, la de iuslaboralista. No es la primera  vez que hablo –ni, espero, sea la última— del buen hacer de esta dama de la izquierda. Contemporáneamente ha coincidido con la madurez de dos sindicalistas de alto coturno –Unai Sordo o el carisma tranquilo y Pepe Álvarez o la veteranía hecha un grado--  que son tan corresponsables como Yolanda de los recientes logros sociales de la presente legislatura. Nunca el sindicalismo confederal había alcanzado, desde su propia independencia, tan buenas relaciones con el Gobierno, también con su propia autonomía. La argamasa que se ha utilizado ha sido la práctica de la negociación con sus síntesis sucesivas. De  momento, y visto con perspectiva, el papel de la patronal no ha sido tan incordiante como en tiempos pasados.

Estamos ante una nueva situación: ha aumentado significativamente el número de afiliados a la Seguridad Social y, además, se está contratando mucho más empleo por tiempo indeterminado o fijo que de eventuales. Nueva situación, pues. Que nada tiene que ver con lo visto y sufrido hasta la presente. Sigue habiendo problemas, justo hay que decirlo. Pero las novedades positivas no conviene que pasen desapercibidas. Es más, en este nuevo marco qué se sabe de la evolución de la afiliación a los sindicatos. Tras las nuevas conquistas, ¿cómo se implican, y de qué manera, los no afiliados? ¿dan el salto a organizarse o siguen ´gorroneando´ y aprovechándose de lo que logran los afiliados?

Estamos en el tiempo de una trigonometría esférica con tres sujetos: Yolanda, Unai y Alvarez. No obstante, hay que decir que Yolanda está opacando a los dirigentes sindicales. Tiene su explicación: es una ministra, es muy celosa de su perfil propio tanto en el universo en que se mueve (Unidas Podemos) y, por lo general, tiene buenas relaciones con el resto del Gobierno. Lo que la convierte en una pieza mediática de primer orden. Así pues, con sólo su presencia obscurece a sus acompañantes. De ello, en primer lugar, los sindicatos  salen favorecidos; pero, en segundo lugar, éstos aparecen como acompañantes de la ministra. Yendo por lo derecho: no son vistos como coprotagonistas, sino –ya se ha dicho—meros acompañantes. Con lo que los beneficios de los logros los recibe el Gobierno y los garbanzos menos apetitosos de todo pacto o acuerdo se lo comen los sindicatos.

Sin lugar a dudas, el amplísimo activo sindical miles de personas está al tanto  y sabe valorar las conquistas sociales, pero la población asalariada española mira las cosas desde otro enfoque menos sofisticado. Por ejemplo, de esos nuevos centenares de miles de asalariados con contrato indefinido ¿qué saben del protagonismo de Unai y Pepe?

Ya me gustaría dar una solución al problema que veo, aunque quizá no haya tal problema y lo mío son cuestiones de viejo tiquismiquis. Lo que sí puedo decir es que en mis cercanías nadie ha explicado que a estas conquistas, de las que los sindicatos son coprotagonistas y no acompañantes, corresponde mayor fuerza afiliativa. Y si nadie ha aparecido por aquí, no hay que echarle en cara al gorrón que es un aprovechao porque no se afilia.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Personas indecentes


 

«París bien vale una misa», dice la prensa rosa de la Historia, que Enrique cambió el percal de Navarra por la seda de Francia. Y además abandonó el protestantismo abrazando la doctrina católica, apostólica y romana. Era la exigencia francesa para que Enrique fuera coronado como rey francés: fue el primer Borbón. La frase, del mejor cuño jesuítico, tal vez fuera un fake o un sofisticado dicharacho, pero ahí ha quedado. Así pues, el cuarto Enrique francés inauguró una nueva estirpe en París y –se dice--  que ha sido uno de los grandes reyes de Francia. De sus descendientes se puede decir que ha habido de todo: reformadores, fantasmones, cleptómanos y gentes de poco fiar.

Viene a cuento este inútil recordatorio de las cosas francesas porque el Partido Popular Europeo ha revisitado el «Paris bien vaut une messe». Su presidente Manfred Weber ha bendecido en Roma la entente de las fuerzas de la derecha italiana (Berlusconi, Salvini et alia) con la Meloni, ultra desde el astrágalo al colodrillo. En concreto, no hay reparo alguno en que Meloni, compañera de arreos, armas y bagajes, de la ultraderecha carpetovetónica, sea primera ministra del país que tiene forma de bota. A cambio, se supone, cuando llegara la hora Berlusconi podría ser lo que siempre ha soñado: sentarse en el sillón del Quirinal.

La novedad es que la ruptura del burladero que defendía la democracia ha sido impuesta desde la cúpula europea del Partido Popular. Roma bien vale romper el cordón sanitario. De esta manera queda blanqueada la santa alianza de la caspa y la caverna y, además, se allana el camino a los aparentes escrúpulos de los Feijóo y cía para pactar amigablemente con los ultras de ayer, hoy y mañana. No es el olvido de la memoria, sino su derrota. Que, aunque no es definitiva, es asaz preocupante.

De acuerdo, se trataría de un potente pescozón a la izquierda –a la izquierda desnortada, que cita Lluis Rabell— pero, no carguen tanta responsabilidad a las izquierdas y estudien las patologías, viejas y nuevas, de las sociedades contemporáneas: las patologías que están en la base de esos cambios políticos.

No sean, pues, tan sangrantes con las izquierdas y, a cambio, esfuércense en saber cuáles y dónde están esas patologías. Yo, ya lo habrán notado, no doy para más. Hagan como Leonardo Padura que, también en su última novela, Personas decentes,  que abre las entrañas de la ciudad de La Habana.

martes, 30 de agosto de 2022

Las últimas voluntades de IU y Podemos


 

No son buenas las noticias que nos vienen de los lavaderos y mentideros de la política que dice estar a la izquierda del PSOE. Son más que rumores: Izquierda Unida y Podemos se preparan, cada uno desde su domicilio, para las próximas elecciones: esto es, cada uno en su casa y Dios en la de todos. Con lo que IU será el principal competidor de Podemos y viceversa. Y de la competencia, velis nolis, corren el riesgo de alzarse la voz, levantar la mano y tirarse los platos los unos a los otros. Es cosa que saben los dirigentes y, sin embargo, repiten hogaño los errores de antaño. Pero no, no se trata de unas izquierdas incorregibles, porque tan repetido error es una consecuencia de un travieso genoma que rebosa confrontación. Una confrontación de unos contra otros y en el mismísimo interior de cada fuerza política. Así pues, todo indicaría que el lema de ambos –lo único compartido--  es «más vale cabeza de ratón que cola de león».

Para los que nos hemos educado en la acción colectiva unitaria, el sindicalismo, estas prácticas no solo son incomprensibles sino, especialmente, indeseables.  Francamente, no habríamos podido generar un nuevo movimiento obrero, construir una organización sindical como Comisiones Obreras y mantener ese artefacto contra viento y marea sin el armazón de la unidad y la argamasa de las síntesis sucesivas. Esta es una lección que nunca entendieron esas izquierdas que más se asemejan a órdenes menores conventuales que a formaciones políticas.

Cada uno por su lado es el anticipo de una nueva derrota, precisamente en unos tiempos de unas crisis superpuestas  (la guerra europea, la económica, el cambio climático) en la que avanzan desparpajadamente organizaciones iliberales que contestan ásperamente esta envejecida democracia nuestra.

No voy a hacer un  llamamiento a la cordura. Permitid la boutade –o, mejor dicho, la malafoyá granaína: respeto profundamente vuestro derecho a la eutanasia que, con vuestras últimas voluntades –ir cada cual por el camino, camino verde, que va a la ermita, como cantó Angelillo--  habéis demostrado que «la fuente se ha secado y lloran de pena las margaritas». Lúcido este cantante, Angelillo, republicano de pura cepa.

Pero quiero que se sepa: que esta propuesta –ir cada uno con su propia bandera— es perjudicial para IU y Podemos, para la izquierda en su conjunto, lo que significa lo que es fundamental: para las personas de carne y hueso de este gran país que con cierta frecuencia hace obras maestras de extravagancia.

Hasta aquí hemos llegado.   

domingo, 28 de agosto de 2022

Ese cretino Ministro de Cultura


El inculto Ministro de Cultura de Ucrania está metiendo el remo en el corvejón, vale decir que está meando fuera de tiesto. Se llama Oleksandr Tkachencko, periodista de profesión. Este caballero, queriendo o sin querer está creando problemas –lo sepa o no lo sepa su gobierno— a la justa causa ucraniana de respuesta a la invasión de los hijos de Putin. El ministro es, además, reincidente. Primero abogó por unas listas negras que impidieran que los turistas rusos viajaran por el mundo; después, viene insistiendo en un boicot mundial a la cultura rusa en los cuatro puntos cardinales de la rosa de los vientos: se trata de cancelar a literatos como Puskin, los dos Tolstoi y Chejov, a los músicos  Tchaikosky y Rimsy Korsakov, y todos ellos acompañados de centenares de figuras gloriosas de la cultura rusa. No podría citarlos a todos.

La pregunta es: ¿de dónde ha sacado el pintoresco ministro tan estúpida, necia y contraproducente propuesta? ¿Quiénes en el gobierno ucranio comparten esta mayúscula esperpencia? Antecedentes hay, desde luego, de esta idiotez: Beethoven y Wagner fueron prohibidos en algún que otro país por su lugar de nacimiento.

La idea, en cualquier caso, sugiere que la mentalidad del ministro es aproximadamente iliberal. Pero, a la vez, es contraria a los intereses del pueblo ucranio. Porque aleja de la solidaridad con Ucrania a la oposición rusa, durísimamente represaliada por Putin; abriga sospechas de xenofobia por parte del gobierno de Zelensky en la opinión pública de Occidente; y es una interferencia para que se mantenga la ayuda y solidaridad con la causa ucraniana. Por último, este ministro está dando argumentos a ese sector de la «izquierda desnortada» (la expresión es de Lluis Rabell, siempre dispuesta a confundir el culo con las cabañuelas.

Y, ya puestos, busco entre mis discos un Boris Godunov, toda cantada en ruso, la lengua del excelso poeta Maiakovsky que tradujo primorosamente al catalán mi amigo Quim Horta, también poeta. O sea, que no decaiga la solidaridad con Ucrania. 


(En la foto, mi amigo Joaquim Horta, poeta).  

viernes, 26 de agosto de 2022

¿Internacionalismo? Anda ya!


 

¿Sirven para algo las organizaciones supranacionales ya sean políticas como sindicales? Yendo por lo derecho: qué hacen los grupos parlamentarios europeos o la misma Confederación Europea de Sindicatos? No quiero ser más gruñón de lo debido, pero tengo para mí que tales organismos, precisamente en estos momentos tan críticos, son –dispensen ustedes el malhumor-- pura filfa.

Desde la fundación, cada una a su tiempo, de las estructuras mencionadas Europa ha pasado momentos complicados. Pues bien, con la excepción de Emilio Gabaglio, al frente de la Confederación Europea de Sindicatos, nunca se supo qué utilidad tenían tales organismos supracionales, hecha la excepción de servir como cementerio de elefantes o poblar tales ínsulas baratarias.

Vivimos momentos terribles en la vieja Europa. Por ejemplo, ¿qué nos dice la CES a las estructuras sindicales nacionales? O bien, el Partido Popular, a través de su permanente incordio a Pedro Sánchez, se enfrenta a las políticas europeas de ahorro energético. Ni unos ni otros dicen ni pio. Cada sindicato de cada Estado nacional se las compondrá como buenamente pueda y sepa, y el Partido Popular tampoco recibirá un coscorrón en su colodrillo por parte de su euro grupo parlamentario.

Así las cosas, quien tiene más que perder son las izquierdas. Unas izquierdas  que siempre tuvieron en su denominación de origen un déficit de internacionalismo. De todo ello ya nos advirtió hace años aquel león del  comunismo italiano, Palmiro Togliatti, en su famoso testamento, El Memorial de Yalta. Al menos, mi generación podrá decir: «Aré lo que pude».

martes, 23 de agosto de 2022

El principio de acción y reacción


 

El minúsculo grupo centrista del Partido Popular, caso de existir, debe estar decepcionado de su nuevo dirigente. Feijóo, nos dijeron ellos y plumillas alquiladas, era la personalidad que centraría definitivamente el partido y lo situaría a la altura de los partidos de centroderecha europea. Puede que, en efecto, Feijóo, sea ese deseado o puede que la curia no le deje respirar. En todo caso, lo que cuenta son los hechos: «facta non verba», decían los clásicos romanos. Díganse las cosas como son: no ha habido cambio en el Partido Popular con la nueva dirección. Sin novedad, señora Baronesa.

Así pues, los sedicentes populares han decidido votar en el Parlamento contra todo. De ese voto negativo no se escapa ni la ley de la gravedad ni el teorema Euclides sobre la infinitud de los números primos. Ahora hablan de que «por frívolo» se opondrán al Plan de ahorro energético. Y, como de costumbre, brilla por su ausencia ningún proyecto propio sobre el particular. Feijóo apunta no sólo contra Pedro Sánchez sino contra la Unión Europea, que lógicamente hace suyas las medidas del gobierno español.

Esta estajanovista oposición contra todo no es un fenómeno exclusivamente carpetovetónico. Es, ante todo, la confluencia de agrupaciones de agraviados por las crisis del capitalismo, de  numerosas cohortes de negacionistas, de fundamentalistas con o sin carné, de resentidos de que sus expectativas de juventud se hayan puesto, como las viejas fotografías, de color amarillo. El lema que más conviene a este tropel es el legendario «A por ellos, que son de regadío. Me cago en tó».

Todo eso estaba en barbecho esperando su momentum. Y de las catacumbas saltó, tan desparpajado como desinhibido, al foro público: las universidades, los currinches mediáticos, las tabernas de moyate peleón hasta servir de pasto de los partidos de las derechas varias que transformaron su acción política, conservadora o reaccionaria, en antipolítica.

Este movimiento de movimientos ultras ha conseguido una polarización de masas no irrelevante. También en España, aunque no llega a los extremos que hay en Norteamérica. El estilo (estilo viene de estilete) es el negacionismo, el nihilismo, el bulo, la insidia, la calumnia, el ataque ad hominem y demás figuras que, también hasta hace poco, estaban en barbecho. El PP es el aprendiz, si mantiene esa singladura, del nuevo americanismo (o trumpismo). Dato que leemos hoy en LV: «el 78% de los encuestados [en los Estados Unidos] justificó la violencia política en algún caso y, de ellos, un 7% dijeron estar listos para matar».

Esta situación se caracteriza –algo de ese nos dijo Riccardo Terzi en uno de los ensayos, que ahora mismo no tengo a mano--  porque, simultáneamente, se produce un aumento de los derechos civiles y sociales y una formidable reacción contraria contra ello. Algo así como la tercera ley de Newton: el principio de acción y reacción.

Lo que estaba en barbecho ha salido a la superficie cuando se iba agotando la ´racionalidad´ --sea esto lo que fuere— del sistema, que tanto ha influido en la política. De esta ´racionalidad´ taylo-fordista se ha pasado a unas derechas  anómicas y unas izquierdas que cambiaron el rojo de sus banderas por el color calabaza.

Sospecho que mientras la izquierda no recupere su sentido socialista las cosas podrían empeorar. Pero una sospecha no es una demostración, ni una formulación relativamente seria; es simplemente el barrunto de un anciano.   

jueves, 18 de agosto de 2022

Cataluña, ¿pero cómo es posible?


 

 

«¿Cómo es posible que en la patria de Bach y Goethe, Beethoven y Schiller, Thomas Mann  y Albert Einstein surgiera aquel nazismo?», se preguntaba mi padre genitor Pepelópez, pensando que en esa cuestión no había caído antes nadie. Mi padre adoptivo, el maestro confitero Ferino Isla, añadía que él se hacía cruces y no entendía cómo en la patria de Dante y Petrarca, Miguel Ángel y Rafael, Rossini y Verdi, había cuajado el fascismo. Y un servidor, con quince años a la espalda, les acompañaba diciendo que tres cuartos de lo mismo nos pasaba a nosotros: en las tierras de Garcilaso y Cervantes, Albéniz y Falla, Federico y Juan Ramón, surgió y mató aquella pipirrana tóxica entre Hitler y Mussolini haciendo estragos en media España. Nosotros tres no teníamos respuesta a una pregunta que tal vez estaba mal planteada. Pero no sabíamos más.

Ahora podría añadir que en la patria de Mosén Cinto Verdaguer y Gaudí, Pau Casals y Espríu ha habido y algunos colean ad nauseam movimientos parafascistas, fascistas, totalitarios. ¿Cómo es posible, me pregunto? La vejez no me proporciona mejor información sobre por qué han sucedido estas cosas, Cataluña incluida.

El martes pasado un grupo, posiblemente la vanguardia más aguerrida de la filoxera independentista, reventó literalmente un acto de homenaje a las víctimas del cruel atentado yihadista en Barcelona hace cinco años: son los agentes in rebus, que sigue en barbecho, del fracaso del procés.  Esperaron al minuto de silencio para proferir gritos que nada tenían que ver con la solidaridad con las víctimas de aquel atentado, a los que incluso afearon que estaban blanqueando las responsabilidades del Estado español. ¿Gente descerebrada? Tal vez, pero esta hipótesis no lo explica todo. Sobre todo porque, en un momento dado, aparece Laura Borràs, recientemente desposeída de la presidencia del Parlament de Catalunya, repartiendo besos y abrazos entre sus correligionarios vocingleros. Así pues, ¿de dónde sale esa infracultura, esa gente de malicia? Seguramente de los establos de Augiás. Pero decir esto no completa la respuesta.

Por cierto, en lo último que hubieran pensado Pepelópez y el maestro Ferino es que eso pudiera pasar en Cataluña. Menos todavía lo hubiera entendido el pintor paisajista Yebra, de granadinísima memoria, que siempre me decía que ´los catalanes eran muy formales´. La mayoría maestro Yebra, solo la mayoría.  

 

P/S.--- En la foto el pintor granadino Enrique Villar Yebra, el último bohemio.