sábado, 16 de enero de 2021

Elecciones catalanas suspendidas: un dislate


 

Javier Aristu, José Luis López Bulla y Javier Tébar Hurtado.

 

La decisión que tomó ayer el vicepresidente en funciones de presidente (y candidato de los republicanos) de la Generalitat de aplazar (mejor, suspender) las elecciones previstas en Catalunya para el 14 de febrero significa traspasar una línea roja que, así lo creemos, tendrá consecuencias muy dañinas para nuestro sistema democrático. Fijándonos solo en el ámbito catalán, a lo largo de los últimos años se han venido adoptando por Presidencia de la Generalitat, instancias gubernamentales, Parlament y otras como el Sindic de Greuges, una serie de decisiones y tomas de postura trasladables a documentos administrativos e institucionales que solo nos llevan a creer que el estado de derecho en Cataluña ha sufrido daños esperemos que reparables en el futuro y que el marco general de la política, política entendida como marco de convivencia de la polis, de los ciudadanos que conviven en un territorio, está en una situación de profundo deterioro.

La decisión – que creemos improcedente desde el punto de vista político– de aplazar/suspender la convocatoria del 14F es el final de todo un proceso de disparates y dislates jurídico-políticos que han llevado a la comunidad política catalana a uno de los peores momentos de su dilatada historia.

Desde el punto de vista jurídico o constitucional no tenemos autoridad para dar una opinión técnica; por eso nos remitimos a la del catedrático Javier Pérez Royo que en Eldiario.es afirmaba: «La celebración de elecciones una vez que han sido convocadas no es susceptible siquiera de ser sometida a discusión. El Estado, y las Comunidades Autónomas son Estado, tiene que hacer uso de todos los recursos de que dispone para garantizar de una manera ordenada y segura el ejercicio del derecho de sufragio. La regularidad en el ejercicio de tal derecho forma parte del núcleo esencial de la democracia como forma política. No se pueden abrir paréntesis. Ni cortos ni largos».

¿Imaginamos que Donald Trump, escudándose en la expansión de la pandemia en los Estados Unidos, hubiera amenazado con “suspender” o “aplazar” las elecciones del pasado 3 de noviembre? ¿No hubiéramos hablado de un intento de golpe anticonstitucional? ¿No es acaso similar que en Cataluña, un “vicepresidente en funciones de presidente”, con un gobierno en funciones, con un Parlament decaído (ya que solo existe una Diputación permanente según ley) decida por decreto “suspender” o “aplazar” (sin fecha) las elecciones convocadas según ley? Llamémoslo de la forma que queramos pero desde el plano político es una forma de subvertir la ley y de evitar “el mandato de las urnas”, esas urnas tan deseadas en otros tiempos por los que ahora las retiran de circulación.

Hoy se “aplazan” o “suspenden” unas elecciones autonómicas a partir de la percepción de un gobierno de que la pandemia afectará a la salud y vida de los electores (por lo visto no afectan los transportes colectivos, los comercios, la vida callejera, el ocio en común); mañana se pueden aplazar o suspender unas elecciones por las razones que un gobierno en funciones crea convenientes. El golpe que se ha dado a la política democrática es imponente y no sabemos qué consecuencias tendrá en el futuro. Graves, de cualquier forma.

Desde hace años se viene denunciando el descenso de calidad en la vida democrática. Las instituciones democráticas, sus  normas y  pautas que las hacen funcionar, vienen siendo trastocadas y a veces subvertidas por maniobras y acciones cuyos resultados nunca suponen el incremento de la virtud democrática sino, al contrario, el aumento de los comportamientos antidemocráticos. Cataluña, sin duda no es la única comunidad política, es un ejemplo de ese deterioro creciente durante los últimos tiempos.

Esta decisión tomada por el vicepresidente en funciones, con el apoyo del Govern en funciones y de una mayoría de partidos que conforman su sistema parlamentario hasta ahora actuante pero ya decaído, supone el paso de un Rubicón del que no tenemos hoy en día conciencia de sus consecuencias. Ese Rubicón ya fue traspasado hace unos meses con en el caso de las elecciones vascas y gallegas. El paso y la forma de hacerlo fue criticado por juristas y constitucionalistas. Algunos afirmaron: «La pretensión de enmascarar la excepcionalidad creada por la nueva amenaza de la covid-19 que se está produciendo bajo la apariencia de esa “nueva normalidad” en la que se ha instalado nuestro ordenamiento jurídico produce una grave erosión sobre las bases del Estado de derecho» (Ana Carmona, El fin no justifica los medios, El País, 16 julio 2020). Estamos ante un problema básico en la conformación de la democracia: ¿Se admiten estados de excepción, situaciones de anormalidad, promovidos o resueltos al margen de los mecanismos que la propia ley establece? Este es el nudo gordiano: con la decisión tomada por los “gobernantes en funciones” de Catalunya se instaura una nueva anormalidad que viene a subvertir la normalidad democrática. Se ha quebrado el funcionamiento normal de la democracia, ésta ha quedado en suspenso a partir de la decisión del Govern en funciones (J. Pérez Royo). No solo se han suspendido las elecciones, se ha suspendido la democracia misma: ¿cómo llamaríamos a este fenómeno?

En el momento catalán  Imaginamos que van a actuar otras instituciones: ¿qué piensa hacer la Junta Electoral? ¿Actuará de oficio o por denuncia algún Tribunal de Cataluña? ¿Tiene algo que opinar la Diputación Permanente? ¿Qué opinión tienen los comentaristas más influyentes del país? Aparte de entrar en los juegos palaciegos sobre si “el efecto Illa” aumenta o se desvanece con esta decisión, sobre si los partidos independentistas –o socialistas o de la derecha, da igual– ganarían o perderían con el aplazamiento, sobre las correlaciones de un sistema parlamentario en completo descrédito…¿no es verdad que hasta este momento pocos han sacado a la superficie el inmenso error y gravedad que la decisión en sí, la de atreverse a “aplazar” o “suspender” las elecciones,  supone para el crédito de nuestro sistema político democrático en Catalunya (y como derivación en España)? Destacamos la intervención escrita que el mismo día 16 de enero hacía el curtido periodista Lluis Foix en su Foixblog: «Se va a votar teniendo en cuenta los intereses de una de las partes y no del todo. Es un paso en falso muy peligroso que pone en entredicho la misma democracia en Catalunya. La incertidumbre es incompatible con la tranquilidad que necesita el país que no puede plantear una nueva crisis institucional con el Parlament disuelto y sin capacidad de control al gobierno. Los servicios jurídicos del Parlament y de la Generalitat supongo que tendrán algo que decir. Un país que no observa sus propias leyes está encaminado a la decadencia». Poco más podemos añadir.

Estos días de enero, como en otras circunstancias fueron los 6 y 7 de octubre de 2017, pueden formar parte de una historia siniestra de deterioro y vaciamiento de la democracia catalana. Trastocar el estado de derecho, sortear por los propios ejecutivos las leyes de las que nos hemos dotado los ciudadanos, poner en solfa las normas y procedimientos estrictos y cerrados que sostienen un sistema democrático son pasos que van en la vía de derribar el propio edificio democrático por dentro. No hace falta irse a Budapest o a Washington para hablar de deterioro institucional. En la Plaça de Sant Jaume también habita el peligro.

 

La martingala del retraso electoral catalán


 

 

El maestro Lluís Foix alertaba ayer en su columna de La Vanguardia: «Lo más probable es que las elecciones se celebren cuando convenga a quienes tengan la capacidad de desconvocarlas» (1). Magistral retruécano el del veterano periodista.

Así ha sido, se convocan las elecciones para el día 30 de Mayo por aquellos que las habían hecho para el 14 de Febrero. Elecciones  prêt—à—porter. Tras la re-convocatoria, un tal Pere Martí, Jefe de Comunicación de Waterloo, se dirigía desde la ciudad a los campanarios con este mensaje: «Ara tenin més temps per a guanyar bé». Blanco y en botella. Hemos entendido: no se trataba de autodefensa ante el coronavirus sino de ganar tiempo.

También nosotros dijimos, desde la molesta irrelevancia de este blog, lo siguiente: «Ojo, esa evolución de la pandemia se puede gestionar al servicio del retraso electoral. No sería la primera vez que el poder usa las calamidades pro domo sua». Elecciones a la carta. «Ahora –dice ese Martí— tenemos más tiempo para ganar cómodamente». El mismo desparpajo del que fuera ayudante de campo del pío Fernández Díaz: «Si gobernamos, la jodienda de los fiscales puede cambiar».

Así pues, la agrupación de agraviados por la aparición de Salvador Illa en el escenario electoral ha agachado, aliviada, la cabeza. En primer lugar, los partidos que están en el governet: ninguno de los dos, Waterloo y ERC, querían correr el riesgo de la humillación de verse sobrepasados por los socialistas; también el mustio Carrizosa (Ciudadanos) se siente agradecido porque piensa que podría remontar el vuelo gallináceo que le atribuyen las encuestas; los de Casado –piensan sin saber exactamente por qué-- cualquier retraso les favorece. Así pues, los constitucionalistas de papel de estraza pueden estar agradecidos al apaño de Waterloo y ERC. Un apaño que, tal vez, abra complicaciones en el interior del priorato de Oriol Junqueras. Hemos escrito hace unos días lo siguiente: «hay quien se malicia que Oriol Junqueras esté más interesado en ser el candidato a presidente de la Generalitat a que la opción actual (Aragonès) sea la que prevalezca» (2). Vayamos al grano: si el joven Aragonès es el candidato a la presidencia y gana las elecciones, el viejo Junqueras puede ir despidiéndose de llegar a lo alto de la cucaña. Ahora podría ser su oportunidad, porque –con o sin fundamento— cree que el indulto le llegará antes de la nueva fecha de las elecciones catalanas. 

En todo caso, el retraso de las elecciones es otra conclusión del fracaso del procés; muestra la incapacidad de quienes han estado desorganizando y agravando los asuntos públicos; y finalmente expresa el carácter iliberal de los dos cacicazgos del independentismo catalán. Pero, ya lo hemos dicho antes: enseña el miedo a verse superado otra vez por quienes no están en los establos de Augiás. Canguelo al por mayor y detall.

Se trata de una decisión extremadamente grave. Sin embargo, los principales agraviados, los socialistas, no recurrirán la martingala. No creo que sea prudencia, sino más bien otro de esos momentos en que los socialistas catalanes se empeñan en perder oportunidades. En esta ocasión, además, con el agravante de que la falta de respuesta a la martingala es un elemento que induce a desbaratar la necesaria participación. Lo digo sólo con la voz queda, pues podría ser que el PSC tuviera razones que a un servidor se le escapan, lo que no sería nuevo.

 

Post scriptum.---  El Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, insiste en que «el cuerpo no está hecho para la fornicación, sino para el Señor». Oiga, mosén: ¿por qué hay que meter al Señor en estas quisicosas? Eso le pasa al mitrado por no atenerse a la regla propedéutica que afirma: «Lo primero es antes». La enseñaba don Venancio Sacristán

viernes, 15 de enero de 2021

¿La jodienda tiene enmienda?


 

El famoso y castizo ideolecto responde que no: la jodienda no tiene enmienda. Pero, dígase la verdad, esta es una conjetura que todavía no se ha probado científicamente. Ahora bien, mientras tanto ha aparecido una nueva tesis: la jodienda puede cambiar, siempre y cuando tenga relación con: los fiscales, la corrupción política y el Partido Popular. Lo que es igualmente otra conjetura.

Francisco Paco Martínez --ex Secretario de Estado de Seguridad, en tiempos del pío Fernández Díaz y estrella de la galaxia Kitchen--  se guasapeaba con otro comisario de policía afirmando que «Si gobernamos, la jodienda de los fiscales puede cambiar». Primera observación: es sintomático el lenguaje soez de los miembros de Adoración Nocturna tanto si ejercen en las cañerías del Estado como si militan en las sacristías de secano. El caso Kitchen, como sabemos, es la consecuencia de una venganza política de este Paco Martínez que antes fue la prolongación de Fernández Díaz por otros medios. Lo diremos sin melindres: estos asuntos son los asuntos más peligrosos para la democracia. Quiere ser la carcoma de la democracia.

Dentro de unos días volveremos a la matraca de aquel tristemente célebre 23 F. (Nosotros también lo haremos a través de un artículo de nuestro Mano de Mortero). Voces habrán afirmando que por esas vías golpistas vienen los peligros más contundentes de la democracia. Nosotros no participamos de esa idea. Creemos, no obstante, que el peligro viene de la corrosión del carácter de la democracia, como parcial alusión a Richard Sennett. Y, en especial, de los niveles de tolerancia de los diversos  gobiernos que –unos más, otros menos--  parecen necesitar  estas pocilgas para que sus manos izquierdas no sepan qué hacen las derechas.

Naturalmente Casado no sabía nada sobre ese particular. Él estaba tan ocupado pensando en la yugular de Pedro Sánchez que aquello se le pasó por alto. Es más, si le preguntan a Casaseno por Montesquieu creerá que es el representante de Fidecaya en el barrio. En primero de Tertulianidad no aparece ese personaje.

 

Post scriptum.---  Todavía está por demostrarse la conjetura de Goldbach.  También algunos no han entendido aún que «Lo primero es antes». Don Venancio Sacristán deberá repetirlo más a menudo.     

 

jueves, 14 de enero de 2021

¿Para cuándo las elecciones catalanas? El virus como excusa aparente


 

No eran rumores. Se trataba de fuertes indicaciones que venían de Waterloo, mientras Esquerra Republicana de Catalunya –dicen algunos aproximadamente bien informados--  asumía en el reclinatorio la idea (lo tomas o lo dejas) de que las elecciones autonómicas catalanas tenían que retrasarse. No eran rumores sino el resultado de una constatación: Carles Puigdemont no las tiene todas consigo, de manera que –esta vez, sí— los de Junqueras podían levantarle el gallo a los post post post convergentes, que ahora son una conjunción libertariano—nihilista. Más todavía, los rumores del retraso arreciaron, simultáneamente tras la sentencia de la Junta Electoral Central de no reconocer a Waterloo toda una serie de derechos electorales y con la aparición de Salvador Illa en las candilejas.  De manera que nada de rumores.

En breve el governet de la Cataluña Tócame Roque decidirá si se mantiene la fecha electoral, 14 de Febrero, o se pospone para cuando Waterloo entienda que puede ganar los comicios. Todo dependerá –advierten para los pobres de espíritu— de la evolución de la pandemia. Ojo, esa evolución se puede gestionar al servicio del retraso electoral. No sería la primera vez que el poder usa las calamidades pro domo sua.  

ERC sigue en su reclinatorio y –formulo esta comparación a cosica hecha— parece remedar a Ciudadanos: los de Rivera y Arrimadas ganaron, contra pronóstico, las anteriores elecciones, pero no supieron qué hacer con los resultados: Dios le da nueces a quien no puede roerlas. Por lo que se limitaron a cantar que «el patio de mi casa es particular / cuando llueve se moja como los demás». Tres cuartos de lo mismo: ERC, tras el destronamiento de Quim Torra, tampoco sabe qué pensar, decir y hacer. Ni siquiera se aposentan en la cámara presidencial: el señorico se podía molestar.  ERC sabe estar como nadie en el reclinatorio. Pero hay quien se malicia de que Oriol Junqueras esté más interesado en ser el candidato a presidente de la Generalitat a que la opción actual (Aragonès) sea la que prevalezca. Intrigas florentinas de arte menor, ciertamente. Pero es una hipótesis no descabellada. Lo que querría decir esto: Junqueras piensa que el indulto es inminente y, por tanto, todavía tendría tiempo de encabezar la lista.

Waterloo tiene en estas historias –auténticos pucheros de garbanzos mediceos--  un valedor: el exhibicionista patológico Rafael Ribó. Tan caducado como Lesmes y Cía viene insistiendo desde hace semanas en que se pospongan los comicios, y ha puesto en marcha una tramoya: la creación de un Consejo asesor ad hoc. Fuegos artificiales para que su código de barras, agotado, no levante sospechas. O bien para ocultar su desidia en abordar los temas que afectan verdaderamente a sus competencias.

De momento las organizaciones sindicales y las patronales han exigido que se celebren las elecciones el día previsto. Nadie podrá achacarles que no tienen sentido de la responsabilidad. Ni tampoco nadie podrá acusarlos de partidismo.

 

Post scriptum.---  No importa mucho que se ignore el valor del número e; pero tiene poco perdón que se desconozca que «Lo primero es antes». No lo dijo Polibio en su Historia Pragmática, sino con frecuencia don Venancio Sacristán.

 


miércoles, 13 de enero de 2021

La oposición temible


 

Benjamín Disraeli (1804 – 1881) tenía en la cabeza todo el Imperio británico y a la reina Victoria en el bolsillo. En cierta ocasión, se dice, afirmó: «Ningún gobierno puede mantenerse sólido mucho tiempo sin una oposición temible». Por favor, lea la sentencia dos veces y considere que no hay ninguna errata. Mi admirado Lluis Foix la recoge hoy en su artículo en La Vanguardia ´Patriotas y traidores´.

Dos consideraciones no relevantes: 1) ¿cuánto es «mucho tiempo», según el destacado líder tory, para medir las relaciones gobierno – oposición?; y 2) ¿qué debe entenderse por una «oposición temible»? Disraelí, considerado el mejor orador de su tiempo, no lo aclaró o si lo hizo no ha llegado a nosotros. Dio cane.

Antes de meterme en harina me aventuro a improvisar lo siguiente: entiendo que, durante los años que llevamos de alternancia democrática, nunca la oposición ha estado a la altura. Lo hago extensivo a todas las oposiciones que han sido. Es más, los opositores mediocres no lo fueron tanto como gobernantes. Posiblemente la oposición más temperada fue la de Rubalcaba. Dicho lo cual volvemos al baúl de los recuerdos, la frase de Benjamín Disraelí.

Si el que fuera premier del Reino Unido tuviera razón, el gobierno de Pedro Sánchez tiene o bien una larguísima vida, porque la oposición es temible, o bien está al cabo de la calle porque la oposición es farfolla. Tertium non datur, a menos que el viejo inglés no tuviera razón.

Con todo, sí estamos en condiciones de proponer lo siguiente: la actual oposición española no es ´temible´. Aunque, a decir verdad, no sabemos qué relación existe entre no ser temible y la duración del gobierno. La oposición es solamente vociferante y gesticuladora. Pero debajo de ese rebozo, naíca de ná. De ahí que su naturaleza, vista con detenimiento, no es intimidante sino provocadora de hilaridad. Hasta el grotesco extremo de haber recurrido a la gélida Filomena para intentar exhibir musculatura linguïstica. Hilaridad, pues. Eso es así, me parece, una vez pasado el Ebro famoso. Aquí en la Marca Hispánica la oposición tampoco es intimidante sino holgazana y dispersa.

De todas formas, Disraelí fue un tipo un tantico misterioso. Otra frase suya nos provoca una cierta extrañeza: ««Cuando necesito leer un libro, lo escribo». Con lo que caigo en deliquio porque, habiendo leído La Divina Comedia, en realidad era yo mismo el autor.

 

Post scriptum.---  Don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes». Apúntate esa, Disraelí.

martes, 12 de enero de 2021

El «día a día» del maestro Gabilondo


 

Blanco White, Larra, Carmen de Burgos Colombine, Chaves Nogales, Julio Camba, Haro Tecglen, Margarita Landi,  María Antonia Iglesias, Vázquez Montalbán, Enric Juliana. Con Iñaki Gabilondo. Este no es el equipo titular del Alcoyano CF; es una selección de grandes periodistas españoles –una antología subjetiva, ciertamente--  de tiempos, estilos y pensamientos diversos. En ese equipo, como pueden ver, está el maestro Iñaki Gabilondo.

Ayer nos dijo el maestro que dejaba sus charlas del «Día a día» en la radio.  A continuación se desataron los comentarios en las llamadas redes sociales, los mostradores de las tabernas antiguas y las barberías unisex. Cada cual con su dogma sobrevenido intentaba pontificar las razones de una decisión de ese calibre. Que si el peso de los años, que si el nuevo giro de El País hacia el secano, que si la abuela fuma… Todos simulan tener algo así como un hilo directo con Gabilondo para aparentar estar en el ajo de los motivos del medio adiós del maestro. Medio adiós: Gabilondo continuará sus colaboraciones, ahora ya semanales.

Gabilondo –no hace falta decirlo— es un profesional respetado. Incluso quienes cuentan con una lengua revoltosamente vacua le tienen en alta consideración por su palabra temperada con punto de vista fundamentado. Gabilondo o «el conceto es el conceto», que nos dejó dicho Manquiña.  

Y, como cada vez que un grande cuelga o parece que cuelga los hábitos, han salido los vocacionalmente huérfanos a exhibir su sobrevenida soledad.  Es como si dijeran «qué será de nosotros», como si todo dependiera de quien nos ha dejado.  (Que no es el caso de Gabilondo). Son los huérfanos que necesitan que alguien piense por ellos; los huérfanos del abandono voluntario que es el primer paso de la servidumbre voluntaria. Son los huérfanos que, de luto permanente, no ven que a quienes nos han dejado (no es el caso, repito, de Gabilondo) le sigue otra generación u otra alineación del Alcoyano CF.

Cierto, Gabilondo se ha ido parcialmente, pero sigue en la brecha una nueva leva de brillantes periodistas que se va forjando en estos tiempos convulsos que, en cualquier caso, son nuestros tiempos.  Me dirán que también hay farfolla; también la hubo en todos los tiempos.

 

Post scriptum.---  Don Venancio Sacristán, mecánico y filósofo de alto coturno, enseñaba, cuando encartaba, que «Lo primero es último».


lunes, 11 de enero de 2021

Un apunte sobre la participación política


 

Un sector de la izquierda se ha pasado media vida en la Tierra y la otra media en el Cielo reclamando la participación de la gente en las grandes solemnidades de los momentos electorales. Así debía ser y así se hizo. Lo cierto es que los resultados de tales llamamientos no siempre fueron los deseados. Es más, salvo en ocasiones de mucho relieve, sería apropiado hablar de la parábola descendente de la participación.

En las recientes elecciones presidenciales de los Estados Unidos se ha dado, como nunca había ocurrido antes, un índice de participación de masas muy elevado. A mi juicio la novedad de esa participación ha sido la siguiente: de un lado, los setenta millones de votos a Trump eran una alternativa en negativo a lo existente; de otro lado, una parte consistente de la enorme cantidad de sufragios que han dado la victoria a Biden Harris se dirigía fundamentalmente a impedir la reelección del Hombre bronca y no tanto a apoyar a la pareja elegida. Es decir, setenta millones de votos a una alternativa indeseable o participación en negativo, y más de setenta y cinco millones de sufragios a una opción de resistencia.

El problema ahora es dar con la tecla para que la «alternativa indeseable» se diluya gradualmente, al tiempo que la opción de resistencia se va transformando en un proceso de consolidación y desarrollo de la democracia.  Todo podría depender de, primero, el camino que va a escoger el Partido Republicano y, segundo, de la lectura que haga el Partido Demócrata de todo lo que ha ocurrido.

Los republicanos pueden decir, y no se equivocarían demasiado, que ha sido precisamente la atracción por la terrible ideología de Trump, y su mendaz campaña, la que le ha llevado a estar a punto de ganar las elecciones. Pero las conclusiones de esa manera de leer las cosas podría tener unas consecuencias devastadoras sobre el país y el mismo partido. Por otra parte, los demócratas podrían pensar que siempre habrá en aquel gran país los suficientes anticuerpos para impedir cualquier disparate de Trump o su porquero. Harían mal. Nada está asegurado en los Estados Unidos en una u otra dirección. Entre otras cosas, porque  –me juego lo que quieran— todavía sabemos muy poco de lo que ha ocurrido allí tanto en los últimos cuatro años como en la noche del Siete de Enero. Y todo eso deja un rescoldo. Habrá que seguir mirando con el rabillo del ojo lo que pase en aquellas latitudes.

En todo caso, queda pendiente una aproximación al fenómeno de las masas cautivadas que, también aquí en la Marca Hispánica, salvadas las distancias, cual muchedumbres medievales, siguen al Líder con la misma fe de aquellos cruzados del «Dios lo quiere». He intentado comprender la cosa y he vuelto a estudiar Los orígenes del fundamentalismo, de Karen Armstrong (Tusquets, 2004). De momento poco he sacado en claro.

Post scriptum.--- «Lo primero es antes». Les recuerdo que así hablaba también don Venancio Sacristán.

domingo, 10 de enero de 2021

Revisitando a Pérez Galdós


 

No diría que sin la pandemia hubiéramos tenido un «año Galdós» más lucido. Eso ya forma parte de un contra--inventario, aunque tenemos la experiencia de algunos aniversarios no menos importantes que han pasado sin pena ni gloria. Sea como fuere, el caso es que Pérez Galdós ha caminado de puntillas por el año 2020. Ni siquiera el gremio del periodismo le ha recordado, habida cuenta de que don Benito es una de las glorias de la profesión.

Desearía recomendar a mis amigos, conocidos y saludados la lectura de las obras del autor de los Episodios Nacionales. Y, al mismo tiempo, subrayar con brocha gorda alguno de los rasgos más relevantes del escritor.

Primero.— Es portentosa la coralidad del conjunto de la obra galdosiana: miles de personajes, claramente identificados, que forman tramas diversas que, en ocasiones, encuentran continuidad en otras novelas.

Segundo.— Me parece que Galdós, junto a don Juan Valera y Leopoldo Alas,  tienen el léxico más rico y preciso de la literatura en lengua castellana. De hecho, soy del parecer que los novelistas del siglo Diecinueve –incluso los considerados menores— han manejado la lengua mejor que todos los que vinieron después, incluidos los patológicamente sufridores del Noventa y Ocho, entre cuyas virtudes estuvo ver lo que se caía, pero nunca lo que iba emergiendo.  Mi padre me dejó en herencia muy poca simpatía por los noventayochistas, a los que llamó la Generación Chuchurría.

Tercero.— Galdós indicia un estilo que es utilizado en estos tiempos por novelistas como Éric Vuillard,  Laurent Binet, Antonio Scurati y nuestra Almudena Grandes.  Es decir, rigor histórico en lo esencial, rodeado de una trama plausible, cuya intención no es el adorno sino describir el contexto de una época. Galdós, sobre todo, contagia a estos escritores con un enorme respeto al lector, que sabe diferenciar lo que es verídico de aquello que le rodea.  De ahí que, de un lado, los Episodios Nacionales sean una enciclopedia que enseña una parte importantísima de la historia de España del Diecinueve y, de otro lado, el resto de su novelística sea un potente libro de texto de antropología de cómo éramos en aquellos tiempos.

Ya lo dijo, tiempo hace, Paco Rodríguez: «Para entender los vaivenes y los remolinos de la sociedad y de la política española a lo largo del siglo XIX, es posible seguir dos caminos: el primero es estudiar las síntesis históricas escritas por profesionales competentes en el periodo; el segundo, seguramente más largo pero también mucho más ameno, leer las novelas de Benito Pérez Galdós, de cuya desaparición se cumple este año un siglo» (1).  

Punto final. Nuestro autor comparte la gloria, junto a Leon Tolstoy, de no haber recibido el Premio Nobel de Literatura. Ignoro por qué la Academia se hizo el sueco con el autor ruso. Pero sí sabemos que, desde lo más bajo de los casinos de la ciudad y el campo hasta las estancias más altas de los palacios, hubo un movimiento para impedir que don Benito recibiera el Nobel. Los abuelos de las zafias derechas españolas ya iban señalando el camino. Al final la cosa se saldó con la concesión de ese  galardón a un mediocre –diré mejor, mediocrérrimo— autor teatral, un tal José Echegaray que era ministro. De este caballero nadie se acuerda, así en la Tierra como en el Cielo.

Lean, lean a don Benito. Y luego me cuentan.

 

1)           http://vamosapollas.blogspot.com/2020/01/un-amor-de-galdos.html

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», enseñaba don Venancio Sacristán.

sábado, 9 de enero de 2021

14 de Febrero, una campaña electoral chusca


 

Dos novedades: Salvador Illa provoca un significativo brinco que recogen las encuestas con solo una validez coyuntural y expresan los humores en un momento dado; la Junta Electoral Central envía a Waterloo al cesto de los extraparlamentarios y reconocer los derechos de la marca Junts al PDECat. Poco le importa a Puigdemont: tiene sus escribas agachados en Tv3.

Por lo demás, en Cataluña asistimos a dos situaciones chuscamente paralelas: de un lado, las elecciones autonómicas están anunciadas para el día 14 de Febrero; de otro lado, desde las covachuelas de un sector del independentismo se lanzan globos sonda insinuando que, dada la gravedad de la pandemia, no estaría de más que los comicios se retrasasen sine die. (Rafael Ribó tuvo que ver en esta historia). Los movimientos para retrasar las elecciones son insistentes hasta el punto que el presidente de la patronal catalana Foment, Sánchez Llibre, ha pedido que se celebren en la fecha convenida.

Es un secreto a voces que Waterloo no las tiene todas consigo e intenta retrasar la fecha hasta el momento que entienda que le conviene más. Ya veremos, aunque la voz autorizada de Jordi Pedret Grenzer nos dice: «Demasiado globo sonda en los últimos días. No existe amparo constitucional ni estatutario posible para un aplazamiento, a mi entender».

Sea como fuere el caso es que nos encontramos ya en plena contienda, tras las constatación de la inexistencia de facto de periodos institucionales de campaña electoral. Vivimos, así pues, en permanente campaña. Y en esta ocasión con unos contenidos realmente chuscos, que la irrupción de Salvador Illa ha potenciado. Es una candidatura inquietante para el resto de las fuerzas políticas tanto de babor como de estribor, independentistas y asimilados, y ese bloque que morigeradamente se llama constitucionalista. Jugada maestra en todo caso. De hecho, Illa ha seguido el alegato de Miquel Iceta: «Hic salta hic Illa». Iceta, antiguamente considerado perejil de todas las salsas, se ha configurado como un master chef de alto coturno.

Lo chusco del tifón Illa es que ha puesto a Waterloo y a Esquerra Republicana de Catalunya en función suya. Waterloo afirma que «las elecciones son cosa de dos: de ellos mismos y de Illa. ERC responde: de ninguna de las maneras, la cosa está entre Aragonès e Illa. Don Salvador calla, y sobre ese particular no dice ni oxte ni moxte. Nosotros, llevándole la contraria a los todólogos diplomados, decimos que, de momento, sólo sabemos que puede pasar cualquier cosa. Primera consideración: Illa ha hecho que los socialistas catalanes se levanten de la chaise longue y, además, sus más directos rivales giren a su alrededor.

Campaña chusca, decimos. Que es la conclusión de todo el itinerario de confrontación en el seno del independentismo, un Ok Corral de la máxima intensidad. El lema de ambas fuerzas independentistas, sin embargo, es el mismo: «Mors tua vita mea», que don Luis el Dormío, del curato santaferino de los años cincuenta, habría traducido así: «Ciego tú, tuerto yo». (El mote le vino porque cuando oficiaba una misa podía durar el doble ante la desesperación de los parroquianos). 

Campaña chusca, insistimos. Después de un truculento juego de martingalas, el hombre de Waterloo encabeza la lista de los post post post convergentes, el llamado partido Junts. Quien, no obstante, rehúsa aspirar a ser candidato a la presidencia de la Generalitat. El testigo lo ha pasado a doña Laura Borràs, que tiene sus problemillas con la Justicia.  Por lo que se ve, esto es una inexcusable seña de identidad de los descendientes del Patriarca. Ahora bien, lo chusco en este caso alcanza un sofisticado encaje de bolillos de Camariñas, sede pontificial española de esos miriñaques. El siguiente de la lista es el gasolinero Canadell, durante un cierto tiempo el obediente eco de Trump en Cataluña. Que chuscamente ha hablado así: Yo puedo ser el próximo presidente de la Generalitat, porque la Borràs tiene sus problemas con la Justicia. Es una lista que, en todo caso, es el refugio de los practicantes de esa retórica circular: atosigan a la ciudadanía con mentiras a granel y cuando sus feligreses las creen, todo eso es considerado como una prueba irrefutable de la veracidad de lo propalado. Lo mismo que el Hombre bronca norteamericano.

Una última sugerencia: Illa no hace milagros, sino política. La mejor manera de celebrar una encuesta es tomar nota, sólo tomar nota; y, a continuación, seguir con lo puesto. Mejorando cada paso, ciertamente.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», podría haber dicho don Venancio Sacristán tras leer la encuesta que hemos comentado. Pero solo es un suponer.


viernes, 8 de enero de 2021

Sin teléfono móvil: su drama global


 

Donald Trump le ha abandonado hasta el desodorante. Su móvil ya no le servirá de mucho. Sus cuentas en los diversos chirimbolos tecnológicos –con unos noventa millones de ´audiencia´--  han sido bloqueadas. Han tardado demasiado.

Si Quevedo dijo de Góngora que «era un hombre a una nariz pegado», Trump ha sido un tipo a un móvil adosado. No parece que a lo largo de la historia haya habido un personaje con la mano tan ocupada como el que ya no es presidente de los Estados Unidos. Tal vez el único, don Bartolo de Sassoferrato del que se dice que siempre aguantaba sus bártulos con ambas manos. Por supuesto, no tiene nada que ver el ilustre jurista de las Marcas con el hombre bronca. Diríamos que, de momento, Trump –ese hombre--  está aislado del continente. Por descontado, alguien le prestará su chisme para comunicarse, pero las recientes experiencias indican que no pocos de sus paniaguados le han ido dejando. Es decir, cuando se está de capa caída, nadie tiene cubiertos la cabeza, el tronco y las extremidades. Es lo que ocurre cuando se está, como es el caso, «solo, fané y descangayado». Primera consideración: las grandes compañías han creado un precedente de gran importancia al cerrar las cuentas del que todavía es el presidente de los Estados Unidos. Es una manera contundente de acusarle de propalar mentiras a destajo. Segunda consideración: cuando en estos y otros casos similares se abre la veda, más de un trapacero estajanovista puede verse afectado.

De momento –sólo de momento--  se ha roto el canal más importante del subversivismo, cuyo epicentro estaba en la mismísima Casa Blanca. Tendrán que renovar el Estado mayor. Pero la experiencia indica que, por lo general, tras la derrota la parábola empieza a decaer. Y lo que tal vez sea más concluyente: las compañías multinacionales y los grandes capitales norteamericanos ya han tenido bastante con la grotesca comedia de este Trump. Por lo que más de uno de ellos hará exclamado «Delenda est Trump».

Y todo eso ¿qué tiene que ver con nosotros? Fácil, el día 14 de febrero –a pesar de las prescindibles exigencias de don Rafael Ribó— se celebrarán elecciones autonómicas.

Un trumpismo de espardenya se ha instalado en las candidaturas del hombre de Waterloo. La mentira subvencionada y el subversivismo de campanario son sus notas predominantes. Los dos primeros de la lista son la Borràs y el Canadell. O sea, la Trotaconventos y Monipodio. El segundo, en un alarde (in)solidario con su cabeza de lista, ha declarado: ´Yo puedo ser presidente de la Generalitat si procesan a la Borràs´. (Mi padre llamaría a eso ´No me ayudes, compadre´). Este caballerete no se ha recatado durante un  largo tiempo de loar al hombre bronca norteamericano. De tal palo, tal astilla. Una curiosidad: las fuerzas centrífugas que Waterloo ha propiciado en la política catalana han llegado al extremo de instalarse, también, en su propia candidatura: la mayoría de sus miembros van cada uno a lo suyo y contra los demás. Refrán: ´de lo que se come se cría´.

Si el fenómeno Trump llama a investigar qué ha pasado en su país para que se haya dado esa situación que conocemos, el resultado de las elecciones del 14 de febrero nos obligará a buscar por todos los recovecos e intersticios de la sociedad catalana los movimientos de nuestras placas tectónicas. Todólogos de alto copete tenemos para acometer dicha tarea.

De interés: mire, estudie y saque conclusiones del Manifiesto que le indicamos https://isidorboix.wordpress.com/2021/01/06/las-elecciones-al-parlament-de-catalunya-y-el-gobierno-de-coalicion-progresista-de-espana/

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes». Enseña don Venancio Sacristán.  Y no olviden que, en sus comentarios, reza también la máxima de «Lo bueno, si breve, dos veces bueno», aunque Gracián no lo dijera así exactamente.      

 


jueves, 7 de enero de 2021

Meditaciones desde mi ambulancia (y 39)


 

«Finis coronat opus» que, traducido por el viejo sacristán del curato santaferino, vendría a decir ´se acabó lo que se daba´. Es decir, se han acabado los viajes diarios tras haber agotado las sesiones de tratamiento radioterápico. Los profesionales sanitarios y los conductores de la ambulancia se han portado de maravilla. Cum laude.

La alegría de ser el último viaje queda oscurecida por los acontecimientos de Washington. El Hombre—bronca desde el arengario incita a sus seguidores a asaltar el Capitolio. Ya han visto ustedes las imágenes y sus consecuencias. Finalmente, Biden y Harris han sido proclamados presidente y vicepresidente de los Estados Unidos. Sospechamos, en todo caso, que Trump --ese hombre—no ha dicho todavía la última palabra.

Con todo, las imágenes de ayer son la quintaesencia  de lo que antaño se conocía como la «propaganda por el hecho», de profundas resonancias terroristas. Digamos, pues, que las imágenes son el mensaje global que Trump envía al mundo entero. Son la síntesis de su itinerario político: la mentira y la negación violenta de la legitimidad democrática. Son los dos ejes del subversivismo que se ha enviado desde la Casa Blanca. En España ha tenido sus seguidores bien aposentados en la política doméstica. Me imagino que han visto en esas escenas sólo un contratiempo, no una insurrección contra la democracia; sólo una chapuza que debería haber estado en mejores manos. A Mola eso no le hubiera pasado.

Finalmente, una leve insinuación: aquellos politólogos de oídas –también los hay diplomados-- que hablan de populismos de izquierdas y populismos de derechas deberían hacérselo mirar. Populismo sólo hay uno, y a tí te encontré en la calle.

Séame permitida la malafoyá santaferina: algunos comentaristas deberían hacer un esfuerzo por no repetir lo que se ha escrito. Sean originales, leñe.

La ambulancia me deja en casa. He hecho un cálculo a ojo: por lo menos he recorrido entre pitos y flautas cerca de cuatro mil quilómetros. Mi último pensamiento se dirige a los pacientes de La Seu y lugares similares que, diariamente, tienen que soportar muchas horas de viaje. Aprovechen que vienen elecciones y vuelvan a sacar el problema al cielo abierto.

 

Post scriptum.---  Don Venancio Sacristán tiene en los labios, cuando conviene, esta máxima: «Lo primero es antes».

miércoles, 6 de enero de 2021

Yo acuso


 

Me avergüenzo de no haber tratado nunca sobre las muy precarias condiciones de los miles y miles y miles de ancianos que están aparcados en lo que impropiamente llamamos residencias. Ni siquiera cuando leí que la mitad de los fallecidos por el coronavirus han sido, hasta ahora, esas personas aparcadas. Mea culpa. Tuvo que ser la repetida experiencia de mis viajes en ambulancia al hospital de can Ruti, que expliqué ayer, cuando tomé conciencia real del problema (1). Real, no retórica.

Hoy el principal problema que tenemos es la malísima situación de las condiciones de vida de nuestros ancianos en esos establecimientos, algunos de ellos auténticos camaranchones. Es, además, un problema moral.

Me niego a creer que el gobierno de la Generalitat no tiene suficiente información sobre el particular; es imposible que nuestros alcaldes no sepan qué está ocurriendo en su municipio. Y, sin embargo, todo ello está sumergido como la parte oculta del iceberg. Sólo salta la cosa a la intemperie cuando  ocurre alguna estridencia que los medios consideran significativa. Pero una cosa se puede dar por sentado: nadie es responsable de la cosa. Se pone en marcha el ventilador burocrático de la des responsabilización para echarle la culpa a otra administración. Los hunos siempre le echan la culpa a los hotros.

No recuerdo que en ningún programa electoral apareciera la cuestión de las residencias de ancianos. Tampoco recuerdo que el Parlament de Catalunya abordara el problema y tomara cartas en el asunto. A pesar de lo mucho que este país debe a nuestros ancianos.

Ellos, en sus días mozos, fueron la pieza angular de la reconstrucción económica y social. Fueron los brazos del Plan de Estabilización de 1959, que levantaron la industria y los servicios. Ellos quitaron el fortísimo olor a zotal que recorría el territorio de punta a punta. No pocos de ellos se organizaron en los movimientos sociales y democráticos construyendo islas de libertad camino del archipiélago democrático de 1977.

Precisamente porque son los invisibles, porque no tienen voz (ni siquiera alquilada), porque carecen de representación –social y política— no son tenidos en cuenta. Lloran, eso sí, pero no maman.

Tenemos una cuestión moral que está pendiente de resolver. De empezar a resolver, quiero decir.

Se precisa un plan global, algo así como una operación de rastreo para que las autoridades competentes tengan los datos reales de cómo está el problema. Un plan minucioso, casi de acupuntura, con objetivos in itínere. Con sus plazos de verificación.

Señores del governet catalán: si todo el tiempo que han tenido en plan OK Corral entre ustedes lo hubieran dedicado a la cosa, no estaríamos hablando de tanta tragedia.

Me digo eso que no sólo ocurre en Cataluña. Peor todavía, pues.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», decía alguna que otra vez cuando venía a cuento, don Venancio Sacristán.

 

1)            Meditaciones desde mi ambulancia (38)