viernes, 30 de septiembre de 2022

La casa de tócame Roque


 

El govern català, desde hace demasiado tiempo, se ha convertido en una olla de grillos del independentismo político que, se nos dijo, había venido a este mundo a proclamar la república catalana. Es una casa de tócame Roque que podría darnos una idea aproximada de la forma de gobernar si se hubiera alcanzado la meta. La cuestión, si queremos dejarnos de perifollos, es la siguiente: unos, que están en lo de «jécheme osté argo»; y otros, que van dejando pasar el tiempo de irse de esta casa de la Troya –o sea, los de Junts post post post convergentes— porque se quedarían en la calle, unos 250 cargos, que, hablando en plata, son 20 millones de euros en sueldos. 

Yendo por lo derecho: la chansón de geste de aquel 1 de Octubre se ha convertido en algo chirigotero. Con todo, personajes tan pintorescos como aquel Quim Torra siguen con los brazos en jarras y afirman que «La partida no se ha jugado todavía». Que no sabemos interpretar si como amenaza de niño chico o quejío postmoderno. Aunque, a decir verdad, lo estrambótico no es esta frase (La Vanguardia, de hoy) sino que en su día llegara a ser presidente de la Generalitat.

Consecuencias de todo ese cómico itinerario del pomposamente llamado procés: el independentismo ha dejado de ser un sujeto intimidante en España; pérdida en España y Europa de la autoridad y prestigio de Cataluña; una pueblerinarización (dispensen el palabro) de la sociedad catalana y, definitivamente, una crisis de identidad bien visible.

Vale decir que todo ello ocurre en unos momentos de extremada importancia en Europa y de movimientos convulsivos en las autonomías españolas en relación al parné, al puto parné.

sábado, 24 de septiembre de 2022

Qué sólos se quedan los vivos


 

Gustavo Adolfo Bécquer en uno de sus muchos arrebatos exclamó «Qué solos se quedan los muertos». Así lo aprendimos de carrerilla leyendo al excelso poeta sevillano. Bécquer, seguramente por pudor, no quiso decir lo contrario: qué solos se quedan los vivos. Pongamos que hablo de esas personas que viven en las residencias de ancianos, aproximadamente más de ocho millones y medio, mayores de 65 años. No todos, afortunadamente. Pero sí una inmensa mayoría. En un microcosmos donde la opacidad es ley de hierro y el autoritarismo su acompañante. Es el Oliver Twist posmoderno.

El otro día vi un reportaje en televisión: Mariano Turégano, residente en uno de esos zaquizamíes junto a su esposa (con alzheimer), explicaba pormenorizadamente las condiciones de vida de los internos: habitaciones con temperaturas de 40 grados, comidas infectas y un largo etcétera cuyo recuerdo  --y el hecho de escribirlo--  me angustia  y se me atraganta la campanilla. No es un caso nuevo; durante la pandemia hemos visto situaciones similares.

Estas personas viven extra portas de la Democracia. Los bienes democráticos a los que tienen derecho engrosan las papeleras del staff de las residencias y de las autoridades. (Entre paréntesis: sólo el 40 por ciento de los residentes recibe visitas con mayor o menor regularidad).

Lo que sí parece claro que los partidos políticos están distraídos en esta cuestión y las administraciones no se acuerdan de este personal. Porque no tienen voz, porque no cuentan con representación sufren estos desmanes. Así pues, quiero ir al grano: debería procederse a que en cada centro hubiera un comité de residentes con poderes de negociación y representación.  Y debería arbitrarse que los ayuntamientos pudieran inspeccionar las residencias de cuando en cuando.

martes, 20 de septiembre de 2022

Esta autonomía gótica, fase de degradación de la autonomía


 

El estilo gótico de la arquitectura de la España de las autonomías –o sea, su práctica política--  está llevando al país a lo que en la Vega de Granada llamamos follaero. O sea, lío, desbarajuste. Es una palabra expresiva y tan plástica que mi tío, don Gaspar Quevedo, cura santaferino, aunque bilbaíno dese el primer botón de la sotana hasta el tejo, la usaba con frecuencia. Pues bien, España se está convirtiendo en un follaero de mucha consideración. Vamos camino del autonomiaje y no parece que haya autoridad para achicar esa agua sucia que corre de norte a sur y de levante a poniente.

Madrid que no es una parte de España sino España de parte coloca los impuestos que le salen de los sobacos a doña Isabel III de Castilla, nacida plebeyamente  Díaz Ayuso. La situación es tal que la brecha entre Madrid y la autonomía que más paga crece hasta un 21 por ciento. Se trata de una política fiscal depredadora de otras autonomías, que se pone en marcha y se desarrolla sin ningún freno que lo impida. No es la autonomía, es el autonomiaje. A su vez, Andalucía suprime el impuesto de patrimonio y rebaja el IPRF en un intento de aprender a agredir fiscalmente a otras autonomías.

Se trata de un desorden fiscal, que favorece a los altos capitales y a la mesocracia—cohíba al tiempo que arruina el conjunto de regiones de España. Así pues, las desigualdades se incrementan sin que ni siquiera lleguen virutas a las clases menos favorecidas.

Atención: este follaero autonomista destartala la economía española, lesiona a la inmensa mayoría de la sociedad y es el camino inverso para consolidar una arquitectura consistente. Por lo que esta autonomía gótica no puede conducir al federalismo, de una parte; y, de otra parte, estas prácticas de prestidigitación fiscal me llevan a no tener entusiasmo por el federalismo. Porque entonces la cosa puede ser peor que la casa de la Troya.  Sobra decir que este quilombo lo ha organizado la derecha, que es tan gótica como don Rodrigo. El de Guadalete.    

viernes, 16 de septiembre de 2022

¿Guerra y paz? Tregua


 

A medida que uno se va haciendo provecto el lenguaje va dando un giro, deslizándose la sintaxis del imperativo al condicional. Madurez o rutina, quién sabe. O más bien, hartazgo de tanto imperativo tan rutinario como inútil. Lo digo por la frase –rotunda donde las haya--  de Josep Borrell: «Es el momento de resistir, no podemos arrugarnos ahora». Me suena a aires de sospecha, como si alguien de los aliados quisiera rajarse. No comparto la opinión de Borrell.

Pues bien, ¿de qué es el momento? Lo mejor es decirlo sin rodeos: es el momento de proponer una tregua y por quien corresponda ponerse a negociar. La posición de China es de la mayor importancia. De un lado, acuden a la cita de Samarkanda con los rusos; y, de otro lado, intenta mantener un equilibrio sofisticado: critica a Occidente, pero no quiere que sus palabras y, sobre todo, sus actos perjudiquen sus intereses. De ahí –nos dicen las corresponsalías--  el premier Xi le ha dicho a Putin que está preocupado por lo de la guerra. Porque, en realidad, los chinos están preocupados por estas razones: el enemigo principal debe ser superado con creces en la economía y el enemigo secundario debe estar tan lejos que no tenga capacidad de incordio. Son razonamientos disparatados de ese sentido común de gran potencia. Pero –tal vez, digo que tal vez— esos diseños no acaben siendo tan exactos pudiendo afectar a China más de lo que ella sospecha.

Es el momento de una tregua. Debe suspenderse durante un cierto tiempo la lógica de la guerra por el logos diplomático. Y mientras tanto, Occidente debería saber qué pasa exactamente en sus adarves. O, lo que es lo mismo, ¿hay por nuestra barriada alguien que quiera arrugarse?  

P/S Nos ha dejado Fausto Miguélez. Cambió el curso de los estudios sociológicos sobre la empresa. En la foto.  

lunes, 12 de septiembre de 2022

11 de setiembre: papá contra mamá


 

11 de septiembre, así en minúsculas: no fue la sombra de cuando las nieves de antaño; ni el pálido reflejo de lo que quisieron que fuera y no fue.  11 de setiembre que ha quedado reducido a una mera fecha del almanaque. Los dogmatismos y voluntarismos han provocado destrozos como este. No es el primero a lo largo de la historia, pero el independentismo catalán se ha ido diluyendo como un azucarillo en el agua. El consuelo del dirigentillo comarcal: este año hubo más gente que el anterior. Elemental, mandó la pandemia. Aclarando: de una manifestación de una parte del independentismo contra la otra parte; de un mogollón de gente manifestándose contra el govern català y el President de la Generalitat.

Le dijimos mil veces al independentista de la esquina y a la nómina de los estados mayores que aquello acabaría mal. Eran tiempos de sonrisas y kumbayás, que escribieron que Cataluña lograría la independencia en menos que canta un gallo, proclamaría –con el apoyo de los europeos, los pobladores de la Patagonia, los indios misquitos, el Estado de Israel y del mismísimo Putin— la República catalana. Parodiando al mismísimo Mao afirmaron que «El Estado español era un tigre con los pies de barro». Intentaron disfrazar sus cantares de gesta con las músicas dodecafónicas de compositores de mercadillo.

Con todo sería aproximadamente obligado que los estados mayores del independentismo hicieran un balance de esta chanson de geste. Y, es un poner, nos hablaran de cómo se hace el tránsito de la unidad férrea de los primeros tiempos a la olla de grillos de un tiempo a esta parte, tanto en la política como en los movimientos de ANC y el Omnium. Que nos indicaran por qué se desplaza el punto de mira del independentismo contra España de antaño a la áspera bronca entre ellos mismos. O por qué ha ido menguando la capacidad de intimidación que tenían otrora para ser hogaño un mosquito tigre. Más todavía, está pendiente una explicación de por qué no han vuelto a Cataluña las miles de empresas que se marcharon con su música a otra parte. Y dejo para la Escuela de Viena el análisis del por qué miles de personas bienestantes, pacíficos adinerados, almas de cántaro et alia, en plena madurez aparente se lían la manta a la cabeza y, como aquel Adamo de sus juventudes, se ponen el corazón a la bandolera.

Derrotados, pero todavía hay un barbecho de ilusos.

jueves, 8 de septiembre de 2022

Yolanda, Unai y Alvarez: trigonometría esférica


 

En mi modesto parecer Yolanda Díaz es una gran ministra de Trabajo. Sabe su quehacer porque lo ha mamado en la práctica de su profesión, la de iuslaboralista. No es la primera  vez que hablo –ni, espero, sea la última— del buen hacer de esta dama de la izquierda. Contemporáneamente ha coincidido con la madurez de dos sindicalistas de alto coturno –Unai Sordo o el carisma tranquilo y Pepe Álvarez o la veteranía hecha un grado--  que son tan corresponsables como Yolanda de los recientes logros sociales de la presente legislatura. Nunca el sindicalismo confederal había alcanzado, desde su propia independencia, tan buenas relaciones con el Gobierno, también con su propia autonomía. La argamasa que se ha utilizado ha sido la práctica de la negociación con sus síntesis sucesivas. De  momento, y visto con perspectiva, el papel de la patronal no ha sido tan incordiante como en tiempos pasados.

Estamos ante una nueva situación: ha aumentado significativamente el número de afiliados a la Seguridad Social y, además, se está contratando mucho más empleo por tiempo indeterminado o fijo que de eventuales. Nueva situación, pues. Que nada tiene que ver con lo visto y sufrido hasta la presente. Sigue habiendo problemas, justo hay que decirlo. Pero las novedades positivas no conviene que pasen desapercibidas. Es más, en este nuevo marco qué se sabe de la evolución de la afiliación a los sindicatos. Tras las nuevas conquistas, ¿cómo se implican, y de qué manera, los no afiliados? ¿dan el salto a organizarse o siguen ´gorroneando´ y aprovechándose de lo que logran los afiliados?

Estamos en el tiempo de una trigonometría esférica con tres sujetos: Yolanda, Unai y Alvarez. No obstante, hay que decir que Yolanda está opacando a los dirigentes sindicales. Tiene su explicación: es una ministra, es muy celosa de su perfil propio tanto en el universo en que se mueve (Unidas Podemos) y, por lo general, tiene buenas relaciones con el resto del Gobierno. Lo que la convierte en una pieza mediática de primer orden. Así pues, con sólo su presencia obscurece a sus acompañantes. De ello, en primer lugar, los sindicatos  salen favorecidos; pero, en segundo lugar, éstos aparecen como acompañantes de la ministra. Yendo por lo derecho: no son vistos como coprotagonistas, sino –ya se ha dicho—meros acompañantes. Con lo que los beneficios de los logros los recibe el Gobierno y los garbanzos menos apetitosos de todo pacto o acuerdo se lo comen los sindicatos.

Sin lugar a dudas, el amplísimo activo sindical miles de personas está al tanto  y sabe valorar las conquistas sociales, pero la población asalariada española mira las cosas desde otro enfoque menos sofisticado. Por ejemplo, de esos nuevos centenares de miles de asalariados con contrato indefinido ¿qué saben del protagonismo de Unai y Pepe?

Ya me gustaría dar una solución al problema que veo, aunque quizá no haya tal problema y lo mío son cuestiones de viejo tiquismiquis. Lo que sí puedo decir es que en mis cercanías nadie ha explicado que a estas conquistas, de las que los sindicatos son coprotagonistas y no acompañantes, corresponde mayor fuerza afiliativa. Y si nadie ha aparecido por aquí, no hay que echarle en cara al gorrón que es un aprovechao porque no se afilia.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Personas indecentes


 

«París bien vale una misa», dice la prensa rosa de la Historia, que Enrique cambió el percal de Navarra por la seda de Francia. Y además abandonó el protestantismo abrazando la doctrina católica, apostólica y romana. Era la exigencia francesa para que Enrique fuera coronado como rey francés: fue el primer Borbón. La frase, del mejor cuño jesuítico, tal vez fuera un fake o un sofisticado dicharacho, pero ahí ha quedado. Así pues, el cuarto Enrique francés inauguró una nueva estirpe en París y –se dice--  que ha sido uno de los grandes reyes de Francia. De sus descendientes se puede decir que ha habido de todo: reformadores, fantasmones, cleptómanos y gentes de poco fiar.

Viene a cuento este inútil recordatorio de las cosas francesas porque el Partido Popular Europeo ha revisitado el «Paris bien vaut une messe». Su presidente Manfred Weber ha bendecido en Roma la entente de las fuerzas de la derecha italiana (Berlusconi, Salvini et alia) con la Meloni, ultra desde el astrágalo al colodrillo. En concreto, no hay reparo alguno en que Meloni, compañera de arreos, armas y bagajes, de la ultraderecha carpetovetónica, sea primera ministra del país que tiene forma de bota. A cambio, se supone, cuando llegara la hora Berlusconi podría ser lo que siempre ha soñado: sentarse en el sillón del Quirinal.

La novedad es que la ruptura del burladero que defendía la democracia ha sido impuesta desde la cúpula europea del Partido Popular. Roma bien vale romper el cordón sanitario. De esta manera queda blanqueada la santa alianza de la caspa y la caverna y, además, se allana el camino a los aparentes escrúpulos de los Feijóo y cía para pactar amigablemente con los ultras de ayer, hoy y mañana. No es el olvido de la memoria, sino su derrota. Que, aunque no es definitiva, es asaz preocupante.

De acuerdo, se trataría de un potente pescozón a la izquierda –a la izquierda desnortada, que cita Lluis Rabell— pero, no carguen tanta responsabilidad a las izquierdas y estudien las patologías, viejas y nuevas, de las sociedades contemporáneas: las patologías que están en la base de esos cambios políticos.

No sean, pues, tan sangrantes con las izquierdas y, a cambio, esfuércense en saber cuáles y dónde están esas patologías. Yo, ya lo habrán notado, no doy para más. Hagan como Leonardo Padura que, también en su última novela, Personas decentes,  que abre las entrañas de la ciudad de La Habana.

martes, 30 de agosto de 2022

Las últimas voluntades de IU y Podemos


 

No son buenas las noticias que nos vienen de los lavaderos y mentideros de la política que dice estar a la izquierda del PSOE. Son más que rumores: Izquierda Unida y Podemos se preparan, cada uno desde su domicilio, para las próximas elecciones: esto es, cada uno en su casa y Dios en la de todos. Con lo que IU será el principal competidor de Podemos y viceversa. Y de la competencia, velis nolis, corren el riesgo de alzarse la voz, levantar la mano y tirarse los platos los unos a los otros. Es cosa que saben los dirigentes y, sin embargo, repiten hogaño los errores de antaño. Pero no, no se trata de unas izquierdas incorregibles, porque tan repetido error es una consecuencia de un travieso genoma que rebosa confrontación. Una confrontación de unos contra otros y en el mismísimo interior de cada fuerza política. Así pues, todo indicaría que el lema de ambos –lo único compartido--  es «más vale cabeza de ratón que cola de león».

Para los que nos hemos educado en la acción colectiva unitaria, el sindicalismo, estas prácticas no solo son incomprensibles sino, especialmente, indeseables.  Francamente, no habríamos podido generar un nuevo movimiento obrero, construir una organización sindical como Comisiones Obreras y mantener ese artefacto contra viento y marea sin el armazón de la unidad y la argamasa de las síntesis sucesivas. Esta es una lección que nunca entendieron esas izquierdas que más se asemejan a órdenes menores conventuales que a formaciones políticas.

Cada uno por su lado es el anticipo de una nueva derrota, precisamente en unos tiempos de unas crisis superpuestas  (la guerra europea, la económica, el cambio climático) en la que avanzan desparpajadamente organizaciones iliberales que contestan ásperamente esta envejecida democracia nuestra.

No voy a hacer un  llamamiento a la cordura. Permitid la boutade –o, mejor dicho, la malafoyá granaína: respeto profundamente vuestro derecho a la eutanasia que, con vuestras últimas voluntades –ir cada cual por el camino, camino verde, que va a la ermita, como cantó Angelillo--  habéis demostrado que «la fuente se ha secado y lloran de pena las margaritas». Lúcido este cantante, Angelillo, republicano de pura cepa.

Pero quiero que se sepa: que esta propuesta –ir cada uno con su propia bandera— es perjudicial para IU y Podemos, para la izquierda en su conjunto, lo que significa lo que es fundamental: para las personas de carne y hueso de este gran país que con cierta frecuencia hace obras maestras de extravagancia.

Hasta aquí hemos llegado.   

domingo, 28 de agosto de 2022

Ese cretino Ministro de Cultura


El inculto Ministro de Cultura de Ucrania está metiendo el remo en el corvejón, vale decir que está meando fuera de tiesto. Se llama Oleksandr Tkachencko, periodista de profesión. Este caballero, queriendo o sin querer está creando problemas –lo sepa o no lo sepa su gobierno— a la justa causa ucraniana de respuesta a la invasión de los hijos de Putin. El ministro es, además, reincidente. Primero abogó por unas listas negras que impidieran que los turistas rusos viajaran por el mundo; después, viene insistiendo en un boicot mundial a la cultura rusa en los cuatro puntos cardinales de la rosa de los vientos: se trata de cancelar a literatos como Puskin, los dos Tolstoi y Chejov, a los músicos  Tchaikosky y Rimsy Korsakov, y todos ellos acompañados de centenares de figuras gloriosas de la cultura rusa. No podría citarlos a todos.

La pregunta es: ¿de dónde ha sacado el pintoresco ministro tan estúpida, necia y contraproducente propuesta? ¿Quiénes en el gobierno ucranio comparten esta mayúscula esperpencia? Antecedentes hay, desde luego, de esta idiotez: Beethoven y Wagner fueron prohibidos en algún que otro país por su lugar de nacimiento.

La idea, en cualquier caso, sugiere que la mentalidad del ministro es aproximadamente iliberal. Pero, a la vez, es contraria a los intereses del pueblo ucranio. Porque aleja de la solidaridad con Ucrania a la oposición rusa, durísimamente represaliada por Putin; abriga sospechas de xenofobia por parte del gobierno de Zelensky en la opinión pública de Occidente; y es una interferencia para que se mantenga la ayuda y solidaridad con la causa ucraniana. Por último, este ministro está dando argumentos a ese sector de la «izquierda desnortada» (la expresión es de Lluis Rabell, siempre dispuesta a confundir el culo con las cabañuelas.

Y, ya puestos, busco entre mis discos un Boris Godunov, toda cantada en ruso, la lengua del excelso poeta Maiakovsky que tradujo primorosamente al catalán mi amigo Quim Horta, también poeta. O sea, que no decaiga la solidaridad con Ucrania. 


(En la foto, mi amigo Joaquim Horta, poeta).  

viernes, 26 de agosto de 2022

¿Internacionalismo? Anda ya!


 

¿Sirven para algo las organizaciones supranacionales ya sean políticas como sindicales? Yendo por lo derecho: qué hacen los grupos parlamentarios europeos o la misma Confederación Europea de Sindicatos? No quiero ser más gruñón de lo debido, pero tengo para mí que tales organismos, precisamente en estos momentos tan críticos, son –dispensen ustedes el malhumor-- pura filfa.

Desde la fundación, cada una a su tiempo, de las estructuras mencionadas Europa ha pasado momentos complicados. Pues bien, con la excepción de Emilio Gabaglio, al frente de la Confederación Europea de Sindicatos, nunca se supo qué utilidad tenían tales organismos supracionales, hecha la excepción de servir como cementerio de elefantes o poblar tales ínsulas baratarias.

Vivimos momentos terribles en la vieja Europa. Por ejemplo, ¿qué nos dice la CES a las estructuras sindicales nacionales? O bien, el Partido Popular, a través de su permanente incordio a Pedro Sánchez, se enfrenta a las políticas europeas de ahorro energético. Ni unos ni otros dicen ni pio. Cada sindicato de cada Estado nacional se las compondrá como buenamente pueda y sepa, y el Partido Popular tampoco recibirá un coscorrón en su colodrillo por parte de su euro grupo parlamentario.

Así las cosas, quien tiene más que perder son las izquierdas. Unas izquierdas  que siempre tuvieron en su denominación de origen un déficit de internacionalismo. De todo ello ya nos advirtió hace años aquel león del  comunismo italiano, Palmiro Togliatti, en su famoso testamento, El Memorial de Yalta. Al menos, mi generación podrá decir: «Aré lo que pude».

martes, 23 de agosto de 2022

El principio de acción y reacción


 

El minúsculo grupo centrista del Partido Popular, caso de existir, debe estar decepcionado de su nuevo dirigente. Feijóo, nos dijeron ellos y plumillas alquiladas, era la personalidad que centraría definitivamente el partido y lo situaría a la altura de los partidos de centroderecha europea. Puede que, en efecto, Feijóo, sea ese deseado o puede que la curia no le deje respirar. En todo caso, lo que cuenta son los hechos: «facta non verba», decían los clásicos romanos. Díganse las cosas como son: no ha habido cambio en el Partido Popular con la nueva dirección. Sin novedad, señora Baronesa.

Así pues, los sedicentes populares han decidido votar en el Parlamento contra todo. De ese voto negativo no se escapa ni la ley de la gravedad ni el teorema Euclides sobre la infinitud de los números primos. Ahora hablan de que «por frívolo» se opondrán al Plan de ahorro energético. Y, como de costumbre, brilla por su ausencia ningún proyecto propio sobre el particular. Feijóo apunta no sólo contra Pedro Sánchez sino contra la Unión Europea, que lógicamente hace suyas las medidas del gobierno español.

Esta estajanovista oposición contra todo no es un fenómeno exclusivamente carpetovetónico. Es, ante todo, la confluencia de agrupaciones de agraviados por las crisis del capitalismo, de  numerosas cohortes de negacionistas, de fundamentalistas con o sin carné, de resentidos de que sus expectativas de juventud se hayan puesto, como las viejas fotografías, de color amarillo. El lema que más conviene a este tropel es el legendario «A por ellos, que son de regadío. Me cago en tó».

Todo eso estaba en barbecho esperando su momentum. Y de las catacumbas saltó, tan desparpajado como desinhibido, al foro público: las universidades, los currinches mediáticos, las tabernas de moyate peleón hasta servir de pasto de los partidos de las derechas varias que transformaron su acción política, conservadora o reaccionaria, en antipolítica.

Este movimiento de movimientos ultras ha conseguido una polarización de masas no irrelevante. También en España, aunque no llega a los extremos que hay en Norteamérica. El estilo (estilo viene de estilete) es el negacionismo, el nihilismo, el bulo, la insidia, la calumnia, el ataque ad hominem y demás figuras que, también hasta hace poco, estaban en barbecho. El PP es el aprendiz, si mantiene esa singladura, del nuevo americanismo (o trumpismo). Dato que leemos hoy en LV: «el 78% de los encuestados [en los Estados Unidos] justificó la violencia política en algún caso y, de ellos, un 7% dijeron estar listos para matar».

Esta situación se caracteriza –algo de ese nos dijo Riccardo Terzi en uno de los ensayos, que ahora mismo no tengo a mano--  porque, simultáneamente, se produce un aumento de los derechos civiles y sociales y una formidable reacción contraria contra ello. Algo así como la tercera ley de Newton: el principio de acción y reacción.

Lo que estaba en barbecho ha salido a la superficie cuando se iba agotando la ´racionalidad´ --sea esto lo que fuere— del sistema, que tanto ha influido en la política. De esta ´racionalidad´ taylo-fordista se ha pasado a unas derechas  anómicas y unas izquierdas que cambiaron el rojo de sus banderas por el color calabaza.

Sospecho que mientras la izquierda no recupere su sentido socialista las cosas podrían empeorar. Pero una sospecha no es una demostración, ni una formulación relativamente seria; es simplemente el barrunto de un anciano.   

jueves, 18 de agosto de 2022

Cataluña, ¿pero cómo es posible?


 

 

«¿Cómo es posible que en la patria de Bach y Goethe, Beethoven y Schiller, Thomas Mann  y Albert Einstein surgiera aquel nazismo?», se preguntaba mi padre genitor Pepelópez, pensando que en esa cuestión no había caído antes nadie. Mi padre adoptivo, el maestro confitero Ferino Isla, añadía que él se hacía cruces y no entendía cómo en la patria de Dante y Petrarca, Miguel Ángel y Rafael, Rossini y Verdi, había cuajado el fascismo. Y un servidor, con quince años a la espalda, les acompañaba diciendo que tres cuartos de lo mismo nos pasaba a nosotros: en las tierras de Garcilaso y Cervantes, Albéniz y Falla, Federico y Juan Ramón, surgió y mató aquella pipirrana tóxica entre Hitler y Mussolini haciendo estragos en media España. Nosotros tres no teníamos respuesta a una pregunta que tal vez estaba mal planteada. Pero no sabíamos más.

Ahora podría añadir que en la patria de Mosén Cinto Verdaguer y Gaudí, Pau Casals y Espríu ha habido y algunos colean ad nauseam movimientos parafascistas, fascistas, totalitarios. ¿Cómo es posible, me pregunto? La vejez no me proporciona mejor información sobre por qué han sucedido estas cosas, Cataluña incluida.

El martes pasado un grupo, posiblemente la vanguardia más aguerrida de la filoxera independentista, reventó literalmente un acto de homenaje a las víctimas del cruel atentado yihadista en Barcelona hace cinco años: son los agentes in rebus, que sigue en barbecho, del fracaso del procés.  Esperaron al minuto de silencio para proferir gritos que nada tenían que ver con la solidaridad con las víctimas de aquel atentado, a los que incluso afearon que estaban blanqueando las responsabilidades del Estado español. ¿Gente descerebrada? Tal vez, pero esta hipótesis no lo explica todo. Sobre todo porque, en un momento dado, aparece Laura Borràs, recientemente desposeída de la presidencia del Parlament de Catalunya, repartiendo besos y abrazos entre sus correligionarios vocingleros. Así pues, ¿de dónde sale esa infracultura, esa gente de malicia? Seguramente de los establos de Augiás. Pero decir esto no completa la respuesta.

Por cierto, en lo último que hubieran pensado Pepelópez y el maestro Ferino es que eso pudiera pasar en Cataluña. Menos todavía lo hubiera entendido el pintor paisajista Yebra, de granadinísima memoria, que siempre me decía que ´los catalanes eran muy formales´. La mayoría maestro Yebra, solo la mayoría.  

 

P/S.--- En la foto el pintor granadino Enrique Villar Yebra, el último bohemio.   

martes, 16 de agosto de 2022

Fu Manchú ataca


 

La visita de Nancy Pelosi a Taiwan fue, a mi entender, contraproducente. Ahora, la presidenta de la Cámara de Representantes de los EE.UU. debería explicar la utilidad de su viaje y los beneficios que ha traído a las hostilidades, que vienen de antiguo, entre China y Taiwan, que antes llamábamos Formosa.

Cuesta trabajo pensar que Pelosi visitó la isla por libre o por un pronto. Estas son interpretaciones subvencionadas con una clara intencionalidad política. Especialmente en estos momentos de extremada polarización política en Norteamérica; de un estremecedor pulso entre los demócratas y Trump. De un partido demócrata donde algunas de sus personalidades más relevantes tienen un interés político no coincidente con el Presidente Biden y su diplomacia.

Ahora ha vuelto a suceder tres cuartos de lo mismo: un grupo de congresistas demócratas ha visitado  Taiwan y se ha entrevistado con sus más altas autoridades. Cuesta trabajo pensar que sean versos libres, pues en esos asuntos la lírica no pinta absolutamente nada. Eso sí, nos informan, que todo ha sido de bajo nivel, de manera discreta y sin altavoces. Un encuentro recatado que --de forma querida, naturalmente--  ha salido en los medios de todo el mundo. Cierto, para eso se ha hecho.

Puede ser una diplomacia de doble personalidad. Imprudente porque atiza más las hostilidades entre China y Taiwan y entre los clientes de los hunos y los hotros. Y, por descontado, distorsiona las relaciones de la Unión Europea y los Estados Unidos.

Permitan una chispa de guasa: ¿no hay en la Unión Europea nadie que le cante la gallina a los Estados Unidos?  Porque, en caso contrario, empiezo ya a tener un cierto hartazgo de solidaridades cuando empiezan a ser equívocas.

 

domingo, 14 de agosto de 2022

Un libro refrescante

Lluis Rabell ha escrito un libro al que, en mi opinión, no se le está prestando la debida atención. Estoy por decir que ello se debe en parte a una cicatera visión de un sector de la «izquierda desnortada» que no sabe cómo justificar el no reconocimiento político del autor. El libro se llama precisamente así: La izquierda desnortada. Entre parias y brahmanes, editada por El Viejo Topo.

Lluis Rabell, una personalidad de la izquierda refrescante, alejada del cartón piedra de la literatura zocata, ha recopilado sus  artículos de su blog, ofreciéndonos un cuadro sinóptico y cómo para leer, estudiar y aprender de su sencillez expositiva maridada con una brillante sutileza. Es por ello un libro refrescante. He terminado de leerlo y me ha llegado un aire de más esperanza. Y tengo para mí que el libro podría ser unas plausibles cabañuelas políticas.

 

Blog - Lluís Rabell

 

 

miércoles, 10 de agosto de 2022

Tiempos raros, gentes raras


 

Nunca imaginé que tendría una vejez tan rara. Porque, la verdad sea dicha, vivimos tiempos raros, muy raros. Ahora mismo no tengo la suficiente preparación para establecer una analogía o comparación entre este hoy y la de tiempos lueñes. Y, más todavía, tampoco sabría intuir qué predicen las cabañuelas de la meteorología política.

Tiempos raros: después de acreditarse la derrota electoral de Trump, tras el asalto violento al Congreso de los EE.UU., después del registro del FBI a la residencia del antiguo mandatario y la amplísima repulsa mundial… después de toda esa rareza el ex presidente Trump sigue contando con millones y millones de seguidores--militantes en su país. Una enorme masa con una extraordinaria capacidad intimidante. Esto es lo más significativo del caso Trump.  De ahí que me pregunte, desde hace tiempo, ¿qué es exactamente lo que promueve ese seguimiento espectacular a las locuras de un personaje único en la historia de Norteamérica? Sigo sin saberlo, ni siquiera por aproximación. Naturalmente sus incontables seguidores no son una especie zoológica  similar: los hay de todos los gustos y colores, empresarios y obreros, agricultores y barberos de barriada. Aunque todos ellos tienen un hilo conductor: el gobierno federal y ahora el FBI con un sentimiento patriochiquero que hace que los EE.UU. sea considerado por ellos como un tropel de campanarios. Vale, pero sigo sin explicarme por qué ese acompañamiento de turbas, organizado a la postmoderna.

Podría ser que una parte de la explicación, tal vez la menos relevante, fuera esta: el deshilachamiento de las grandes religiones del cristianismo y su pérdida de autoridad y auctoritas, está siendo suplido por un cierto miedo al laicismo. Son masas que se han sentido huérfanas de un liderazgo espiritual, cultural y político que pusiera en orden la precariedad intelectual de cada cual. Vale, pero tiene que haber algo más, porque la historia de los EEUU, incluso antes de su nacimiento, está trufada de movimientos extraños, dirigentes de extremada confusión. Hasta tal punto que, cada cual a su manera, recuerdan las aglomeraciones de seguidores de los fraticelli y otros milenaristas.  

Seguiremos reflexionando con más sosiego cuando pase la canícula.  

lunes, 8 de agosto de 2022

Un ciego guiando a un pelotón de locos


 

Mi impresión es que Feijóo, en vez de afianzarse como líder del Partido Popular, está haciendo justamente lo contrario. Empieza a dar una cierta sensación cangrejil. Se le atribuía una determinada capacidad política –moderación y un talante centrista— que gradualmente se ha podido ver que eran exageraciones. Subió a la dirección de los populares quizá porque las distintas facciones del partido pensaron que era la baza más presentable en la escena política y, además, el más impresionable ante cualquiera que le levantara la voz y la vara. Todo el mundo, sin embargo, reconocía que lindaba más con Rajoy que con, perdonen la exageración, Leopoldo Calvo Sotelo. Feijóo sin carisma ni voz de mando. En este mundo de la globalización el caballero habla dos lenguas importantes: el castellano y el gallego.

Le caracteriza una falta de liderazgo: cambia de opinión cuando es corregido por una o varias tendencias de su partido. Por ejemplo, en Cataluña es capaz de hablar de  ´nacionalidades´ y, ante la polvareda que se organizó, es capaz de rectificar a la media hora diciendo lo contrario. Autoridad precaria: su primera reacción fue de a las recientes medidas del Gobierno para fomentar el ahorro de energía. Tras las bravatas de Lady Macbeth hizo mutis por el foro, dejando que la guilda madrileña  se le subiera a los faldones.

Y, en su día, lo advirtió el Bardo: «Cuando los locos guían el partido de los ciegos».

miércoles, 3 de agosto de 2022

Nancy Pelosi, en casa se está mejor.


 

Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, es una mujer bravía. Joven ochentona ha sido, y continúa en ello, una persona independiente. Genio y figura. No obstante, el problema de estas grandes personalidades es que, cuando se equivocan, se puede armar la de dios es cristo. Pelosi no se ha escapado de esa tendencia.

La situación geopolítica no está para virguerías de francotiradores. La invasión de Rusia a Ucrania no es el único conflicto del inquieto panorama global, pero sí es el  más representativo, y el que –de momento, durante un tiempo que  no sabemos prever--  está perjudicando enormemente a los contendientes y a la par al mundo entero. Los aliados de Ucrania son potentes, pero no lo son menos los de Putin. Por otra parte, a medida que la guerra continúe, es de prever que las disensiones de ciertos países –hoy todavía sumergidas— salgan a la superficie.  Más todavía, podría darse, si el conflicto empeora, un hartazgo de solidaridad en amplios sectores de la ciudadanía europea. «Prever es dirigir», insistía Marcelino Camacho cada dos por tres. Recuerde, pues, señora Pelosi la enseñanza del viejo sindicalista.

Así pues, el momento es: solidaridad con Ucrania y, simultáneamente, el trabajo de la diplomacia. De la diplomacia, no de los francotiradores, aunque a su intención se atribuyan las mejores intenciones.

La brava  Pelosi ha metido el remo hasta el corvejón. O sea, que ha hecho un pan como unas hostias. La joven ochentona, con muchos quinquenios de diputada, se ha metido en un jardín, a pesar de los consejos y sugerencias de sus colaboradores, de sus compañeros demócratas y de las malas caras del anciano presidente Biden.

Cosecuencias: ha echado más gasolina al bidón global, siempre expuesto –y ahora más— a fogonazos mil; ha agudizado gratuitamente la confrontación de los americanos y los chinos; pérdida de simpatía de los europeos; y ha dado oxígeno al Partido Republicano para seguir abroncando al Partido demócrata.

Ciertamente, a los chinos le ha sentado fatal este viaje de Pelosi. No tienen razón, por supuesto. Pelosi puede ir libremente, si le place, a Taiwán y a Santa Fe, capital de la Vega de Granada, pero si por fas o por nefas dicha excursión puede provocar un empeoramiento de la situación internacional, un estorbo para la diplomacia o una excusa para los hunos y los hotros, lo mejor que puede hacer doña Nancy es quedarse en casita. Como en casa no se está en ningún lugar.

Señora Presidenta: recuerde el apotegma del padre de don Pepe Sacristán: «Lo primero es antes».  

lunes, 1 de agosto de 2022

¿Yolanda es compatible con Podemos?


 

El otro día empezó a andar el proyecto de Yolanda Díaz. Madrid fue la pila bautismal y, se supone, que tan ambicioso ánimo se reanudará en septiembre. De momento, sólo sabemos que «esto no va de partidos», una insistencia que la brava ferrolana repite hasta la extenuación. Es, por así decirlo, la seña de identidad principal de la señora Díaz.

Ese no ir de partidos propone, en principio, un cierto atractivo y, a continuación, nos hace ver que la cosa es harto complicada. Sin ir más lejos, hoy la prensa nos brinda un ejemplo de la complejidad de la operación: «Podemos plantea una coalición con Díaz sin entrar en su plataforma», cosa que no equivale precisamente a lo que Yolanda tiene en la cabeza, al menos por ahora. Más bien, está en las antípodas. De esta forma, Podemos mantiene la estructura, el aparato y el logo y reconoce como la prima inter pares a Yolanda porque no tiene ninguna figura con la personalidad y envergadura de la ferrolana. Pero –parece decir— cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Con todo, se debería partir en toda esta historia que Yolanda no nos ha explicado por qué considera que es necesario un nuevo proyecto en la izquierda. Pero, por pasiva, está dando a entender que Podemos ya no es la propuesta más idónea y que su ciclo está agotado. Seguramente este punto de vista –a mi juicio realista— es lo que la separa del partido que creara Pablo Iglesias el Joven. Una organización que se ha convertido en macro cefálica porque su cuerpo y extremidades están en precario.

Pocos éramos y parió abuela. A partir de ahora, con más o menos claridad, irán danzando por esas carreteras algo así como dos ofertas: la de Yolanda, que «no va de partidos», y la de Podemos, que es una coalición de partidos, partidillos y agrupaciones de agraviados. La lógica hará que, tras muchos kilómetros de carretera, cada cual adorne su proyecto y –con limón y mostaza--  vaya haciendo dos recetas no solo diversas sino, peor aún, contrapuestas. Ahora bien, será necesaria mucha capacidad de síntesis sucesivas y no poca inteligencia para compaginar un proyecto que no va de partidos con otro que sí va de partidos.

En Granada siempre hubo gentes pasteleras que ponían de acuerdo el círculo con el cuadrado, desde aquella famosa Doña Rosita hasta el niño de Pepelópez. Pero ahí quisiera yo verlos en esta relación Yolanda --- Podemos.

sábado, 30 de julio de 2022

La burra patronal vuelve al trigo.

Los escribas sentados (o en cuclillas) de las derechas económicas y políticas parece que han perdido, tal vez definitivamente, la inspiración. En realidad nunca la necesitaron porque disponían de vara alta y, en ocasiones, cambiaron el palo por la zanahoria. Un ejemplo que se repite con tanta insistencia y vehemencia es el siguiente: cada vez que un gobierno progresista pone en marcha reformas, dignas de ese nombre, los amanuenses patronales insisten en los efectos negativos que vendrán con tales medidas. Estos arúspices de hoy hablan en el mismo dialecto que sus antepasados durante los dos últimos siglos. No es el miedo a lo desconocido, es una cuestión de poder. Lo singular del caso es que tales vaticinios han sido permanentemente refutados por los hechos. Cosa que ya sabían, intuyo.

Ahora, la burra vuelve al trigo. La subida del salario mínimo –atruenan jupiterinamente— no solo destruirá puestos de trabajo, sino que impedirá la creación de empleo. La subida de las pensiones será perniciosa para la economía y la sostenibilidad del sistema. Más de lo mismo. La reforma laboral es un torpedo contra el crecimiento, regoldaban dichos escribas y las derechas de secano. Tan falso como los antiguos duros llamados sevillanos.

Ahora, tras haber fallado estrepitosamente en sus predicciones, insisten en el estribillo fúnebre: las nuevas medidas fiscales hacia la banca y los sectores energéticos –propalan banqueros y otros usuarios del cohíba— serán la intemerata.  Discos rayados e intencionadamente erróneos, porque solo buscan miedo y la sombra del terror. Con todo, sorprende que gente con tanto lustre –imaginamos-- sea tan tosca en sus intentos de argumentar reiteradamente lo que no es, ni ha sido.

 

P/S.---  Hace tanto calor y bochorno que ni las agrupaciones locales y comarcales organizan actos o cosas similares para explicar la idoneidad de las recientes medidas del gobierno progresista.  

 

viernes, 29 de julio de 2022

El guateque de la izquierda catalana


 

Una considerable parte de la izquierda catalana está de fiesta por dos asuntos de interés: la Mesa de diálogo se ha puesto en marcha y, por otra parte, doña Laura Borràs ha sido suspendida en sus funciones de presidenta del Parlament. Lo primero abre una modesta vereda cuyos resultados iremos viendo; lo segundo confirma que, tras el insuceso del procés,  el independentismo ha salido derrotado y  y dividido, se ha cambiado la primera fuerza política en la guía del país: del post post post pujolismo se ha pasado a Esquerra y, a partir de ahora, el conflicto principal no será contra ´España´  sino entre las fuerzas soberanistas. Paréntesis: de momento, se está celebrando la defenestración de la Borràs como el que con alivio quita la mosca del plato de sopa.

Me pare bien que haya alegría. Demasiado tiempo con caras largas, confusión, desestabilización y movimientaje, que no hay que confundirlo con el movimiento. Cierto, queda todavía mucho rescoldo, pero algo se va avanzando. Ahora bien, estoy un poco perplejo porque a esa alegría no se acompaña con los datos de la evolución del empleo en los últimos meses. Ni siquiera las fuerzas políticas que apoyan al gobierno progresista de coalición han levantado su copa tras los antedichos datos. O sea, una vez más, la cuestión social en decúbito supino ante la política de Palacio.

La derecha calla, porque en su día pronosticó el diluvio universal si se aprobara la reforma laboral de olor bolchevique, sector rías baixas; la División Acorazada Mont Saint Pelerine juró que se perderían millones de puestos de trabajo. Hechos, no palabras: todas esas cofradías han sido derrotadas en sus pronósticos. Por primera vez el número de contratos indefinidos supera al archipiélago de contratos—morralla. Y en concreto, 383.000 contratos más. Esta es la fisicidad del pacto de la reforma laboral. Y ante esa situación, la izquierda catalana ni siquiera ha dicho mú. Ni siquiera las agrupaciones locales y comarcales explican coram populo estas realidades. Tal vez sea razonable la excusa de que las temperaturas nos tienen abotargados. Puede ser, pero para celebrar la caída de la señora Basilisco sí tienen tiempo y botellas de cava.  Siempre de guateque, oiga.

jueves, 28 de julio de 2022

Antes muerta que sencilla: Laura Borràs


 

No quiero entrar en esa discusión de cantina de cuartel acerca de si existen o no las casualidades: esta es una cuestión tan peliaguda cuyos elementos atraviesan los campos de la física, las matemáticas y la talabartería fina. Pero, en todo caso, se ha de señalar que, casualidad o no, se han producido dos acontecimientos no irrelevantes en nuestra piel de toro casi simultáneamente. De un lado, la ´caída´  de Laura Borràs, presidenta del Parlament de Catalunya; y, de otro lado, la reunión de la Mesa de diálogo entre el gobierno central y el de la Generalitat.

Borràs se ha resistido numantinamente a dimitir tras sus líos con la Justicia; ayer mismo –las casualidades  existan o no existan— la Mesa de diálogo sacaba oportunas conclusiones y ERC, PSC y la CUP pedían la cabeza de la hiperbólica presidenta. Su reacción fue antológica: toda una mezcla de ajilismójilis de la niña María Isabel cantando aquello de «Antes muerta que sencilla» y un cacho de pipirrana de tragedia sofoclea. Madonna Laura declaró al conocer la petición de su dimisión: «Los que me quieren muerta, me tendrán que matar y mancharse las manos». O sea, antes muerta que no independentista. Paréntesis: un sector influyente de su partido está diciendo por los rincones que debe dejar el cargo.

La ira de la señora Borràs se entiende: en la mencionada mesa de diálogo ERC aparca la vía unilateral; el confuso legado de Puigdemont se disuelve como el antiguo azucarillo en el agua y el testamento de aquel Torra ya no se encuentra en ninguna notaría.  Los nuevos dirigentes del post post post pujolismo se quedan sin la cabeza, sin el cuerpo y sus extremidades.

Ahora empieza una nueva situación en Catalunya: el combate indisimulado y sin eufemismos entre Junts y los de ERC.  De momento hay un vencedor, Esquerra, pero Junts todavía tiene recursos para que el combate dure. Pero una cosa está clara: ahora el independentismo ya no tiene poder de intimidación en España, ni en el gobierno de España; ahora sólo inquieta el papel de ERC en el Parlamento español en determinadas votaciones, que poco o nada tienen que ver con las cosas de Cataluña.

También Paco Rodríguez de Lecea ha tratado el tema en  https://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2022/07/vemos-muertos.html

 

domingo, 24 de julio de 2022

¿Se ha ablandecido Putin?


 

La tinta no se había secado todavía. Nacía un protocolo, gracias a la mediación del turco Erdovan,  mitad fraile de Putin, mitad soldado de la OTAN, que permitía a los ucranianos exportar cereales a través del Mar Negro. Ni veinticuatro horas pasaron tras la firma: Putin ordena bombardear el puerto de Odesa. La ONU, principal valedora del pacto, pone el grito en el cielo; Europa protesta igualmente, cuidando no herir las sensibilidades contrapuestas en torno a la guerra. La Unión Europea, ese tropel de países, cada uno con sus razones de estado, cada uno con sus cerones llenos de pejiguerías.

¿Hay contradicción entre la firma del protocolo y el bombardeo a Odesa? Creo que no. Porque las razones y motivos del protocolo son una variable dependiente de la función, que es la invasión de Ucrania por parte de Putin. Me explico: el protocolo ha sido un intento publicitario del gobierno ruso para aparentar conciencia humanitaria con los países, especialmente africanos, que necesitan el grano, unos países que –de ser desatendidos--  consolidarían, todavía más, sus servidumbres, supeditaciones y vínculos con los chinos. A su vez, han ´concedido´ un protagonismo a Erdogán, que sale fortalecido en estos momentos. Erdogán que buscaría desesperadamente el Premio Nobel de la Paz.

Una cosa es clara: si Putin no ha conseguido todavía sus objetivos, sepan que Europa tampoco ha logrado los suyos. Unos objetivos que, hoy por hoy, nadie sabe con exactitud  cuáles son, y –peor todavía--  con las recientes crisis de gobierno en Italia y el Reino Unido, la cosa se embrolla y complica cada vez más.

Más todavía, tengan en cuenta la evolución de la opinión pública europea, que publica hoy La Vanguardia. Desgraciadamente, se está dando un giro que va de la exaltación solidaria a principios de la invasión al hartazgo de solidaridad. Malos tiempos para la lírica.

En fin, todo esto tiene su origen en un famoso episodio: el rapto de Europa, princesa fenicia,  por parte del incombustible Zeus.

1)           https://www.lavanguardia.com/internacional/20220615/8339838/crece-apoyo-paz-ucrania-suponga-derrota-rusia.html

jueves, 21 de julio de 2022

Aquella Italia que tanto amamos


 

En los últimos tiempos Italia se ha ido convirtiendo en un comistrajo. Se ennegrecieron las nieves de antaño, ahora aquello es un remedo de OK Corral. Ubi sunt? ¿Dónde están el General della Rovere y Rita Levi--Montalcini, Anna Magnani y Jimmy Fontana, Carlo Bergonzi y Renata Tebaldi, Palmiro Togliatti y Enrico Berlinguer, Lama y Trentin? Enterrados, no en la tierra sino en el olvido organizado. Lo peor del caso es que aquella Italia no tiene ni siquiera herederos. Casi todos se han disfrazado de noviembre para no infundir sospechas. En Italia no existen partidos, hay partidas. Son las partidas de Cómodo tras suceder a su padre, el gran Marco Aurelio.

Cada una de esas partidas, divididas molecularmente en banderías y facciones siempre a la busca de autor. Siempre expuestas a la epifanía de un gañán endomingado para dirigir el ganado. Aquella nave, en definitiva, se convirtió en un chinchorro. Viene a cuento todo esto por las martingalas que han utilizado patricios de salón y plebeyos pijopana para defenestrar a Mario Draghi. Precisamente por ese movimiento que nació –dijeron equívocamente— para reformar la vida política italiana. Y que en menos de lo que canta un gallo, ese M5S se quitó la máscara y decidió ser como «los demás»: alborotadores, inconscientes, aventureros.  En el fondo, esta crisis de burdel de carretera va orientada a impedir que Draghi le metiera mano a esa Italia aparentemente irreformable. Y para mayor irritación lo han hecho en un momento de extrema gravedad: guerra en Europa, crisis económica, atroz sequía en la llanura padana, donde el Po está más seco que el esparto. 

¿A quién beneficia este putiferio así en el plano nacional como en el internacional? Es una pregunta retórica. Pero, en todo caso, algunos ya se preparan para llamar a Cincinatus para que les saque las castañas del fuero.