jueves, 25 de febrero de 2021

La parábola descendente de Waterloo


 

La candidatura independentista que patrocinaba Waterloo, a través de la ANC,  para presidir la organización empresarial catalana PYMEC ha sido derrotada ampliamente. Si hubiera ganado, todos los campanarios independentistas estarían de celebración por todo lo alto. Duro revés de Waterloo a una semana de ser sobrepasado en las elecciones autonómicas por sus cuñados de Esquerra Republicana de Catalunya; es revés que se produce unos días antes de que el Europarlamento levantase la inmunidad a Puigdemont.  

La fe –parece ser— ya no mueve ciertas montañas. O, como dice un personaje galdosiano, «¿de qué sirve la fe si no es para hacer prodigios?» (1).

La derrota del independentismo se ha producido gracias a que los pequeños empresarios y las capas menestrales –la sedicente carpintería sociológica de Waterloo--  le ha vuelto la espalda. Una primera e incompleta explicación: hay hartazgo de líderes mesiánicos, ha señalado un viejo dirigente de ERC, Joan Puigcercós. Pero también esa derrota se ha producido porque el grupo dirigente de dicha patronal no se ha dejado sorprender como fue el caso de los cándidos dirigentes de la Cámara de Comercio de Barcelona, que pensaron que disponían del sillón por los siglos de los siglos. Derrota, además, amplia, incontestable, debido a una elevada participación electoral. A más participación, menos éxito de las cabezas podridas del talento independentista.

Los matuteros de Waterloo correrán un tupido velo sobre este fracaso. No es sólo su segundo fracaso en una semana, ni es la constatación de la pérdida de consenso de un segmento sociológico significativo, es –ante todo y sobre todo--  la evidente correlación entre su disparatada política y la pérdida de consenso de masas. Es la casquería de Waterloo  que ya embelesa mucho menos. Y cuya fe ya no hace prodigios. Es, a fin de cuentas, la parábola descendente de Waterloo. Cierto, todavía hay feligresía militante que le sigue, pero ya no es un león rampante, empieza a encorvársele la espalda.  En las manos de la rectoral de ERC está acelerar el descenso de Waterloo o remontar su vuelo. No sería de extrañar que, sumida históricamente en el síndrome de Estocolmo, ERC le dé un empujoncito para arriba. Solidaridad gremial.

 

Post sscriptum.--- «Lo primero es antes», afirmaba don Venancio Sacristán.

 

1)           Benito Pérez Galdós. Memorias de un cortesano de 1815. Episodios Nacionales.

miércoles, 24 de febrero de 2021

23 F, sin pelos en la lengua


 

Dispensen ustedes la escasa cortesía, la poca elegancia de este escrito; disculpen el aire de ajuste de cuentas que verán a continuación. Ayer se conmemoró el cuarenta aniversario del golpe de Estado fallido del 23 F. Es un aniversario de «números redondos», decíamos el profesor Javier Tébar y un servidor (1).

Ayer se reunieron los grupos parlamentarios independentistas y acordaron solemnemente «romper con el régimen del 78». Tanto si es independista el Partido Nacionalista Vasco como si no, su firma no está al  pie del documento. El PNV tiene una diferencia con relación a los demás: es un partido, los otros son partidas. Están, eso sí, todos los grupos independentistas catalanes. Los firmantes son gentes del caos y, en principio, de empanada mental. Afirman que la transición se basó en «pilares y valores antidemocráticos, que se mantienen hasta el día de hoy». (Más forraje alimenticio de coartada para los «antifascistas» que defienden solamente su libertad de expresión y atacan violentamente, es sólo un ejemplo, la de El Periódico.

He tardado en darme cuenta de algo de gran relevancia: algunos de los más linajudos independentistas no sólo no defendieron la democracia aquella noche, sino que huyeron despavorida y atolondradamente, porque –como vulgar excusa a posteriori--  el régimen del 78 no era democrático. Por eso, algunos líderes mesiánicos catalanes y vascos tomaron las de Villadiego aquella noche, mientras en las sedes sindicales estábamos ´de guardia´ para lo que fuera menester y repartiendo octavillas en las bocas de los metros.

Huir es una constante de los líderes mesiánicos cuando vienen mal dadas. Saben que sus correligionarios entenderán que no era cobardía sino prudencia, retirada inteligente. Saben, en definitiva, que toda la casquería argumental será recibida por el apostolado de la Adoración Nocturna independentista como «palabra de Dios; te alabamos, Señor». Huyeron aquellos mesías de mercadillo, teniendo a dos pasos Hendaya  y Perpiñán.   

Permítanme esta reflexión oblicua: todos estos independentistas estarán de acuerdo en que Pablo Casado recibe la herencia de corrupción de sus antepasados; yo opino lo mismo. Ahora bien,  o todos moros o todos cristianos: los de Esquerra, los post post post convergentes y los de BIldu de hoy día también reciben las hipotecas de aquella fuga en la noche del 23 F. Algunos de aquellos líderes mesiánicos de aquella noche volvieron cuando les salvamos la libertad los que aguantamos el tipo aquí.

En resumidas cuentas, este documento que comentamos es pura y simplemente una cancamurria por su comportamiento aquella noche de los tres valientes: Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo. Me permito añadir el nombre de Manuel Fajula y Pepita Soriano, dueños de aquella pollería de la calle Washington, Barcelona, donde aquella noche durmieron los archivos de CC.OO. de Catalunya. Los llevaron Roser Martínez Saborit Pedro Iglesias y Pepe Tablada, que en paz descanse.

Los valientes de hoy, tras cagarse por la pata abajo, huyeron.  Dispensen mi poca cortesanía. 

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», según don Venancio Sacristán.

martes, 23 de febrero de 2021

Política y teatro del absurdo


La situación política es un comistrajo que tiene como ingredientes tropezones de Valle—Inclán, pipirrana de Jardiel Poncela y patatas bravas de Ionesco. Esperpento y absurdo al por mayor y detall.

Esquerra Republicana de Catalunya sigue comportándose como si hubiera perdido las elecciones autonónicas, sin tomar decisiones firmes para atajar el quilombo barcelonés; Waterloo, sin embargo, actúa como si las hubiese ganado, dejar hacer para esparcir más desaguisados. Aragonès García ha tardado en hablar de la violencia en las calles barcelonesas y, cuando lo ha hecho, parecía que regañaba paternalmente a los llamados «antifascistas». Laura Borràs, la sombra de Quim Torra es alargada --«apreteu, apreteu»-- miraba encantada, tal vez pensando que esto fue lo que les faltó aquel 1 de Octubre.

Teatro de Ionesco: la rectoral de ERC no denuncia tajantemente la violencia de los «antifascistas», que ha destruido las vidrieras del Palau de la Música, patrimonio mundial de la humanidad. (Espero que nadie los compare con los milicianos republicanos que custodiaron el Museo del Prado en aquellos trágicos días. Porque hay cantamañanas que proponen comparaciones arriesgadas). Teatro de Jardiel Poncela: la Borràs encuentra patriótico que sus mesnaderos entren al abordaje en las tiendas del Paseo de Gracia. Curiosa alianza entre los antifascistas y los asaltadores de caminos, digo, de tiendas.

Esta confusión –lo intuyo con esta pituitaria ochentona— podría ser el discurso de investidura de Aragonès García, a menos que se conforme un gobierno con cara y ojos. Si la conjunción se hace con Waterloo, las cosas empeorarán. Si se conforma con los Comunes, estos deberían prevenirse de los contagios.

«Es el momento –exige Jordi Juan— de los moderados». Por supuesto, pero tal como están las cosas, eso es lo mismo que decir «por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas». En realidad, los moderados han sido substituidos por un abigarrado enjambre de intransigentes y confusos con tropezones gastronómicos de kumbayás y boys scouts. Los hunos porque el post procés sigue tan gaseosamente flatulento como su antecesor; los hotros, porque creyeron y dijeron que, tras la investidura de Pedro Sánchez, el gobierno de coalición caería antes de la verbena de la Paloma. Pero los hechos desmintieron rotundamente los agüeros de Casado y Waterloo. Y, en cambio, han acabado alguacilados como aquel famoso alguacil: Casado, nuevamente aturdido por las grietas jurídicas de la calle Génova y su partido embalsamado en el grupo mixto del Parlament de Catalunya; Waterloo, que ya no cuenta con su condición de caudillo institucional, sobrepasado electoralmente por sus hermanastros, los de Aragonès García. A Casado le ha perdido su teología de ventorrillo; a Waterloo, su empanada mental.

Es la hora de los moderados. O, por mejor decir, es el momento de imponer –no es una errata, he dicho imponer--  el sentido común. Pero ¿dónde está esa manderecha para solventar el problema? Está –o podría estar--  en inspirarse en quienes han creado una nueva situación en el País Valencià. Aquello era un putiferio, el corazón de las tienieblas, los establos de Augiás. Tras el cambio político, derrotada la derecha apostólica, las cosas cambiaron. Fíjense lo que estoy leyendo: «El proyecto "Element València" y la "gigafactoría" buscarán movilizar hasta 2.000 millones de euros de inversión público-privada. El resultado será la fabricación de un ecosistema industrial para producir a gran escala baterías para coches eléctricos y tener un impacto en la región de hasta 2.500 millones de euros anuales. Esta gigafactoría se engloba dentro de los proyectos que optarán a recibir parte de los fondos europeos de recuperación Next Generation. Una cantidad que, según el Gobierno, hasta 10.000 millones de euros durante los próximos tres años irán a parar al sector de la automoción». Lo que se dice para general conocimiento, especialmente como enseñanza de la utilidad de los gobiernos de coalición cuando todos reman unidos y al compás.  Es la utilidad que depara la máxima de don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

 

lunes, 22 de febrero de 2021

El que avisa no es traidor


El govern catalá en funciones no sólo no quiere atajar los desmanes de los manifestantes que se solidarizan con el rapero fascista, sino que desalienta la actitud de la policía autonómica que quiere garantizar el orden democrático. El rapero ha amenazado –verbalmente, amparado en la argucia del tropo--  a demócratas de izquierda y derecha, ha ridiculizado a los dirigentes de Podemos y ensalzado a las bandas terroristas de cuyo nombre me repugnaría acordarme. Es la libertad de esta expresión que, aunque amparada (se dice) jurídicamente, merece el más contundente reproche social. El govern catalá, sin embargo, no ha dicho ni oxte ni moxte. Un independentista pata negra como Francesc--Marc Álvaro pone el dedo en la llaga de esta zahúrda: «El independentismo que gobierna hace ver que no manda estos días para poder gobernar los próximos cuatro años».

Waterloo se viste con los hábitos, que le caracterizan --anorak ultra izquierdista y ropa interior libertariana—, desfila, impasible el ademán, con la impedimenta de la CUP; ERC vive sin vivir en ella y con los ojos estrábicos de Marujita Diaz.  Inoperancia: mitad por no saber qué hacer, mitad pensando que esta confusión organizada perjudica al gobierno de Pedro Sánchez.

Esta inoperancia de los dos partidos que están en el gobierno catalán en funciones, Waterloo y ERC; esta solidaridad oblicua con el rapero de los partidos independentistas; esta agresión a los Mossos de l´Esquadra es –lo apunto ya, desde ahora-- el (anticipado) discurso de investidura, si ambos partidos forman el nuevo-viejo gobierno. Lo dicho: hacen ver que no mandan para poder hacer ver que gobernarán los próximos cuatro años. El que avisa no es traidor. Es algo que avisamos al licenciado Doctrinas. Estamos a la espera de la «impaciencia de su opinión».

Mientras tanto, la deuda está al 117,1% del producto interior bruto, el retorno de la inflación y la subida de los tipos de interés.

 

2.--- Y precisamente cuando la oposición está hecha unos zorros –el Partido Popular con las grietas jurídicas de la calle Génova y ubicado en el sótano del Parlament de Catalunya, con Ciudadanos sufriendo su auto inmolación— el gobierno central sumido en una querella acerca de si son galgos o podencos los problemas que tiene que abordar.  

Antoni Puigverd escribe hoy en La Vanguardia un artículo de gran interés, Paternalismo impúdico. Tomen nota de lo que dice: «La ley mordaza se subsanará cuando el gobierno sea fuerte». Exacto. Atinada conclusión de la vieja máxima «Lo primero es antes». Pues bien, la primera reivindicación –de ahora, de ahora mismo--  no es esto o lo otro o lo de más allá, sino ayudar a que el gobierno se fortalezca; sin eso –deben oírlo el licenciado Doctrinas, el doctor Rabanillo y los siete niños de Écija— no se solucionará lo de la reforma laboral, ni se solventará la ley Mordaza, ni sabremos aproximadamente cuántos decimales tiene el número π.  

No me acuerdo si he dicho que, mientras tanto, la deuda está al 117,1% del producto interior bruto, el retorno de la inflación y la subida de los tipos de interés.

  

domingo, 21 de febrero de 2021

Legitimar la violencia


 

 

1.--- Los cabos furrieles de las manifestaciones de estos días en solidaridad con el cacofónico rapero defienden la libertad de expresión de ellos mismos y están radicalmente en contra de la de los demás. No hay nada nuevo bajo el Sol; esta es la enésima versión del carácter de estos conflictos y de las creencias de sus capataces a lo largo de la historia.

Son manifestaciones que se disfrazan ahora de democráticas para que piquen los desorientados, aquellos que apoyan todo lo que se mueve en no importa qué dirección y sentido. Son los que han llamado «antifascistas» a la avanzadilla dirigente que --segunda desubicación-- hace pensar en que, por los motivos y razones que sean no se trata ya de un error sino de una opción, sospechosamente a cosica hecha. Que sea una pirueta de aprendiz de brujo es, con todo, algo que intuimos. A veces un olfato casi ochentón puede oler indicios nunca tratados en los post modernos tratados de politología.

Pero, como estamos en un almacén abigarrado de paradojas, hemos de anotar una verdaderamente chocante: cuando se llama «antifascistas» a estas manifestaciones se está legitimando no tanto a los que se sienten convocados como a los que las dirigen: cabos furrieles y capataces, porque todavía está por saberse, aunque se intuye, quiénes están detrás del mostrador. Detrás están quienes son los enemigos de aquellos que el rapero amenaza y pone a caldo. 

 

2.--- Lo entiendo. Pablo Iglesias el Joven también está desorientado. Quien intentó incorporar a la juventud indignada a la acción política «para asaltar los cielos», mediante una lucha de los de abajo contra «la casta», ve que una cierta juventud –nueva de ropajes, de ortografía y atalajes— se mueve en una dirección que él, en su infinita sabiduría, no había previsto. Hay, por tanto, que engatusarles; y, en vez de hablarles con autoridad, les acaramela con el piropo de antifascistas. Del que se apropian, empero, los que orientan dónde hay que tirar el petardo y en qué calle hay que zambullirse.

Sí, claro que sí: hay que buscar a fondo las raíces de este malestar juvenil. Hay que exigir que se remuevan todos los obstáculos que obliteran la igualdad de oportunidades. Sin embargo –siempre sale ese fastidioso pero que matiza las cosas—justificar esos movimientos (y, mucho peor, legitimarlos) va en dirección contraria. «Lo primero es antes»; de manera que, para remover todos esos obstáculos, se debe denunciar el carácter violento de esas algaradas, cuyos cabos furrieles y senescales son radicalmente contrarios a la libertad, la democracia como palancas indispensables para solventar los problemas de la juventud.

sábado, 20 de febrero de 2021

Violencia y confusión


 

 

Violencia en las calles y confusión en la política. Son dos elementos simultáneos que posiblemente se retroalimentan. Todo ello en un momento en que todavía no se vislumbra la salida de la pandemia y de agudización de la crisis económica con la deuda pública más elevada de la historia de España.

Cataluña, la región europea más confusa, está pendiente de que ERC, el partido europeo más confuso, forme gobierno. Que Aragonés García presida la Generalitat, con los Comunes de acompañamiento y el PSC apoyando desde fuera, es lo que plantean el sensato post convergente Andreu Mas—Colell y el inextricable Jaume Asens.

Movimientos de sístole y diástole en el abigarrado equipo de ERC: «Mantenemos la mesa de negociación en Madrid», afirma Aragonés; «esta es una legislatura  de preparación del referéndum y el fin de la represión», sostiene la portavoz del partido Marta Vilalta. Lucha de contrarios que, por ahora, todo se reduce a «palabras, palabras, palabras». Por supuesto, palabras que, engarzadas entre sí, son de acreditada confusión. Confusión con amenazas surrealistas. Aragonès amenaza: «La paciencia de los catalanes no es eterna». Cierto, sólo Dios, Nuestro Señor, es eterno. Pero, considerando que llevan tres siglos así, podemos afirmar que su paciencia tiene los siglos contados.

Falta de temple también en los reincidentes de la confusión: primero, equiparando los de Waterloo con los exiliados; segundo, llamando «antifascistas» a quienes atacan –piedra en mano derecha, fuego en la izquierda— a oficinas o, por ejemplo El Peridóico, en nombre de la libertad de expresión. Son las cosas del Licenciado Doctrinas.

Confusión al ajo arriero: Casado afirma querer negociar la renovación del Consejo General del Poder Judicial, pero sostiene que Unidas Podemos no debe participar en ello. Las cosas claras: no es de recibo. Sin embargo, me viene a la memoria algo que me impactó en mis años mozos: la sabiduría de Álvaro Cunhal, el primer dirigente del Partido Comunista Portugués.

Tomen nota. Tras la revolución de los claveles, gobernando ya Vasco Gonçalves, la OTAN le hizo saber que Portugal que los comunistas no podían estar presentes en las deliberaciones del gobierno cuando se tratasen los temas de la alianza. Cunhal respondió: «No hay problema; nosotros nos salimos de la reunión. Por encima de eso está la continuidad de las conquistas sociales que debemos poner en marcha». Cunhal, genio y figura. Comunista hasta el colodrillo. Aplicó sin tener noticia de la máxima de don Venancio Sacristán aquello de «Lo primero es antes». Algo ininteligible para el  licenciado Doctrinas*.

 

·         Proféticos, milenaristas y abanderados

viernes, 19 de febrero de 2021

Proféticos, milenaristas y abanderados


 

Escribe Mano de Mortero

 

El doctor Doctrinas emerge desde el origen de los tiempos. Los epidemiólogos lo conocen bien. Vuelve dicharachero, con su carromato far west, a difundir sus recetas milagrosas, aciagas, de palo, garrote e incendio para inflamar los síntomas de una justicia definitiva, casi divina y terrenal. Dos mundos conectados por la ciencia infusa del doctor inhabilitado por la historia. El galeno vuelve a ejercer bajo diversos nombres, todos con el apellido “libertad”. En nombre de esa extraña libertad que necesita aniquilar al contrario y que pervierte la idea luminosa de Rosa Luxemburgo: «La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente».

Vuelve la fe una y única. La larga tradición española del doctrinarismo. ¿Y catalana? También. La iconoclastia posmoderna, con mucho arcaísmo, toma las calles y circula en la boca de los parlamentos. La expresión libertariana de una derecha afásica encuentra una Marianica en la presidenta de Madrid región, quien oye la música y riega con hidroalcohol las calles incendiadas. La dirigencia de Unidas Podemos lanza desde el gallinero flores secas a los apedreamientos callejeros para no infundir sospechas, incapaces de mirarse al espejo ante la aparición de los primeros pelos en lugares insospechados hasta ahora, se niega a dejar atrás la pubertad política.

Los altavoces mediáticos dedicados a la fontanería disponen de carne fresca que lanzar al mercado público de banalidades. Una extraña mezcla de malestar, y razones no faltan, se ha puesto en marcha. Estemos, pues, a la expectativa. Aquellos que meses atrás hablaban de la desafección democrática de treintañeros y cuarentones, sugiriendo que los jóvenes y las muchachas en flor estaban por la fiesta despreocupada del carpe diem deberán darle una vuelta a los datos que manejaban, o los datos que manejaban han dado una vuelta en estos momentos. En todo caso, no cabría menospreciar el potencial volcánico de la rebeldía, sin causa y con causas, que está ocupando esta meseta del desierto pandémico que venimos atravesando.

Mientras tanto, los cuadernos para dialogar siguen abiertos, todavía en blanco. Las líneas caligráficas con sospechosa ortografía se mueven entre los gritos proféticos, el largo suspiro de la trompeta milenarista del «ara sí» y el abanderado, el Licenciado Lebrillo, se magrea la bragueta en el “photo cool” para arreglar los cuernos de Osborne, que amenazan con decir «esta es la mía».

Es la confusión al por mayor

 

Cataluña se ha convertido en la región europea más confusa. Los partidos que la gobiernan han contribuido poderosamente a esa caracterización. Cuando aquel estrambótico presidente, Quim Torra, les decía a los jovenzuelos alborotadores que apretasen («apreteu, apreteu») estaba dando las más altas señales de la confusión de papeles: el de un agitador que, a su vez, parecía dirigir las instituciones autonómicas. Fue la versión grotesca de aquel Mao cuando exigía a los jóvenes guardias rojos que bombardeasen el Comité Central.

Es la confusión a granel: Waterloo está negociando con la CUP el reparto de la túnica sagrada tras las elecciones del pasado domingo. Las relaciones son excelentes entre el partido balumba de Laura Borràs (adinerados libertarianos, funcionarios de alto coturno, menestrales de mandil astroso, curas trabucaires y otras islas adyacentes, contrarios o indiferentes a la cuestión social) y los fraticelli de la CUP. Los hunos y los hotros están jugando a las apariencias: la balumba, extraña caja de Pandora, haciendo contorsiones hacia la extrema izquierda para no infundir sospechas; los milenaristas, disfrazados de anticapitalistas, como el  Arlequín de Goldoni que se ufanaba de estar al servicio de  dos señores. Es la reedición de aquel besuqueo entre David Fernández, uno de los padres de la CUP, y Artur Mas.  

«Bombardead el Comité central» exige Waterloo, con la aquiescencia de la CUP que traducido a la lengua vulgar quiere decir: al ataque contra los Mossos de l´ Esquadra. Entre el rapero Hasél y el orden democrático, Waterloo –el partido balumba--  se orienta al apoyo de la violencia. Una extraña paradoja: los violentos –sean pocos o muchos— defienden la libertad de expresión del rapero mediante la violencia, atacando físicamente la libertad de expresión de quienes no comulgan con ellos. Momentos de confusión: es libertad de expresión –dicen algunos partidos que ejercen responsabilidades gubernamentales así en Madrid como en Barcelona—elogiar y llamar al tiro en la nuca. Una consideración que, en boca de esos mismos partidos, es un tejeringo para que unos (Waterloo) se enfrente al Estado y otros (Echenique et alia) puedan elevar el listón del desacuerdo con el Gobierno del que los suyos forman parte. Es la confusión condensada. En todo caso, ambos ejercen –habrá que empezar a insinuarlo— la «retórica reaccionaria», de la que hablaba Albert O. Hirschman. O la retórica de boy scout: ante un incendio lo primero y más urgente es abrir una comisión de investigación para conocer sus causas y, después una vez acabadas las investigaciones, llamar a los bomberos.

De la confusión líquida se ha pasado a la confusión sólida: tv3 agitando a la parroquia en solidaridad con el cacofónico rapero del tiro en la nuca, pues todo vale para erosionar al Estado, esparciendo la tinta del calamar para disimular la derrota electoral de Waterloo.

Cataluña la región europea más confusa que –fiel a sus más nobles tradiciones--  recupera la egregia figura del cura trabucaire. Mosén Galí, cura de olla gerundense, clama desde su Hoja Parroquial y el púlpito que «no se vote a los traidores, solo a los independentistas». Igualico que aquel Mosén Antón, el cura guerrillero de la partida del Empecinado, que después se pasó al ejército invasor, según relata don Benito Pérez Galdós.  Es la confusión de los fanáticos con o sin sotana.

Oído cocina: se está fraguando una sonada protesta de los Mossos por la actitud del Govern de la Generalitat y, más en concreto, por el cabildeo que contra ellos se llevan entre manos Waterloo y la CUP.

Confusión de confusiones:  Pablo Iglesias está tensando la cuerda al máximo. Las influencias de Mao («bombardead el Comité central») pueden llegar a un punto de no retorno.   

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», decía don Venancio Sacristán. Echenique lo ignora. 

 

jueves, 18 de febrero de 2021

Pedro y Pablo otra vez a la greña


 

La situación del gobierno empieza a ser preocupante. No conviene disimular que no pasa nada. En los últimos meses se han producido una serie de desencuentros entre las dos fuerzas políticas que conforman el Ejecutivo de Pedro Sánchez. No es sólo un problema de sacar pecho ante las elecciones catalanas. La cosa es más honda. Esta es, pues, una crisis que va de menos a más sin que se sepa, al menos por el momento, cuánto va a durar y cuál es su diapasón.

Esta crisis, además, se da en un momento confuso: el Partido Popular se encuentra lamiéndose las llagas por el juicio sobre los «papeles de Bárcenas» y su desastre electoral en Cataluña que le ha comportado la condición de partido extra parlamentario; Pablo Casado está en boca de importantes dirigentes de la organización, unos, esperando la ocasión para afilar las albaceteñas, otros, cansados de ir mejorando a peor. Momento confuso, también, en Ciudadanos, cuya hecatombe en Cataluña ha hecho época. Arrimadas está siendo fuertemente cuestionada, aunque resiste –como Casado--  en las casamatas de la dirección.

Estos rifirrafes internos de populares y ciudadanos conllevan un enorme nerviosismo en sus grupos dirigentes, que intentan esconder armando gigantescas zahúrdas en el Congreso de los Diputados. Es decir, los desconchados y las grietas de sus edificios se camuflan armando gresca en el Parlamento.

Este es –lo repetimos con desagrado-- un momento confuso, precisamente cuando va a empezar la comisión interministerial que trata de los fondos europeos. De un lado, dimes y diretes en el gobierno; de otro, inestabilidad parlamentaria. «Lo primero es antes», es decir, temple y altura de miras. Tienen razón si me dicen que eso es retórica. Cierto, pero lo contrario a ´temple´ y ´altura de miras´ conduce al fracaso del gobierno progresista de coalición. Lo que equivaldría al cierre del nuevo ciclo de derechos de ciudadanía, dentro y fuera del ecocentro de trabajo, que se abrió tras la investidura de Pedro Sánchez. Si, por desgracia, se llegara a la ruptura, las consecuencias serían tremendas y, entonces, lo de menos sería quién es el responsable de esa catástrofe. Por lo demás, también importaría una higa si el electorado censurara a uno o a otro –o a los dos— porque lo importante serían las consecuencias: la paralización del nuevo ciclo de derechos.

Sugiero la siguiente propuesta: que el sindicalismo confederal tome cartas en el asunto y, discretamente, medie para reparar el desaguisado gubernamental. Me parece que, dado que sería el principal perjudicado de esa indeseable ruptura, debe ser quien le cante las cuarenta a Pinto y Valdemoro.

 

Nota bene.---  Ruego al público que clique en este link; tendrá una cierta sorpresa: https://cat.elpais.com/cat/2021/02/18/cultura/1613638040_449531.html. CC.OO. de Catalunya ante el tristemente célebre 23 F de 1981.

 

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

La voz de Jéssica Albiach


Suena insistentemente por los mentideros que tanto los de Aragonès García como la que vive de allegado en Waterloo, Laura Borràs, están presionando a los Comunes para que entren a formar parte del nuevo—viejo gobierno catalán.  Por lo que se ve, el veto de Waterloo a la Albiach tenía una caducidad señalada de dos días; y, por lo que se ve también, Aragonès pretende hacer un pastel agrio intentando un triángulo escaleno: Anás por una banda, Caifás en la otra.

Acuérdense ustedes de la famosa definición que Romanones dio sobre el término ´nunca´: «Cuando yo digo nunca me refiero hasta esta misma tarde». Politiquería, pero al menos es (cínicamente) ingeniosa.

El interés de ERC es claro: no aparecer solamente con la derecha de Puigdemont y compañía, llamando a esta intención «gobierno de base amplia»; el interés de Waterloo también es diáfano: impedir una relación de los comunes con los socialistas que podría cristalizar en una unidad de acción de ambos o a tres con Esquerra.

Las presiones son fuertes e insistentes. Algunos piensan que hay posibilidades de que se forme ese extraño triángulo: el poder –afirman— es un imán muy atrayente. Por lo que el imán y las ansias de poder, combinadas entre sí, pueden hacer algo tan antiguo y manido como extraños compañeros de catre. No es esta la opinión del equipo de Jéssica Albiach, que ha dejado claro durante toda la campaña su opción por un tripartito con el PSC y ERC. La cuestión es hasta qué punto la pundonorosa diputada tiene vara alta en los Comunes o a media altura.

Los Comunes han aguantado el tipo en estas elecciones con unos resultados extraños: de un lado, mantienen el número de diputados, 8; pero, de otro lado, han perdido 130.000 votos, una cantidad no irrelevante. En concreto, el resultado les permite estar en la liza parlamentaria con la misma representación de la anterior legislatura, pero la representatividad social ha disminuido sensiblemente.

No es mi interés sugerir ninguna opción a los Comunes. Doctores tiene la organización. No obstante, una meditación serena me lleva a pensar –sin indicar nada a nadie— que el caramelo envenenado del triángulo escaleno  sería perjudicial para los Comunes y no aportaría beneficio alguno a los sectores populares. De ahí que entienda que el planteamiento de Albiach es lo más útil a fuer de sensatez.

De ahí que es a los Comunes a quienes ahora les corresponde aplicar la piedra de toque de don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

 

Nota.--- Entradas anteriores sobre este particular asunto:  

Elecciones: gacetilla de urgencia (1)

Golpe al legitimismo de Waterloo (2)

      Elecciones: excusas de mal pagador (3)

La importancia de Salvador Illa (4) 


 

La importancia de Salvador Illa

Los independentistas temen que Salvador Illa se presente a la investidura. De ahí que tal vez el próximo presidente del Parlament le niegue esa posibilidad. Algunos medios ya lo han advertido.  El interés de Illa es claro: jugar el papel institucional, que le corresponde como representante de la lista más votada en las elecciones del domingo pasado.  Tanto Aragonès García como Laura Borràs –segunda y tercera-- se opondrán a ello con las argucias de la talabartería parlamentaria que permite simultáneamente un cosido y un barrido, un estofado y una pepitoria

Illa aprovechará desde el primer momento las posibilidades que, aunque son pocas a primera vista, le pueden dar mucho juego en esta legislatura que todavía no ha empezado.  Dispensen la obviedad: Illa no es Arrimadas, que se dejó la bolsa y la vida cuando decidió hacer mutis por el foro tras haber ganado las elecciones autonómicas. De ahí le vienen los problemas más gordos que ha generado la reciente hecatombe de Ciudadanos

Esta es una legislatura un tantico chocante: los socialistas ganan las elecciones, pero Esquerra republicana de Catalunya tiene la llave para formar un gobierno con Illa y la pundonorosa Albiach o con Waterloo. En todo caso ya sabemos que Aragonès optará por Waterloo.  Ahora bien, este gobierno  independentista estará fuertemente condicionado por dos elementos: primero, hereda la incompetencia política y de gestión del anterior; segundo, que constantemente se verá amenazado por la posibilidad de conformarse un gobierno tripartito. Más todavía, tanto en uno como en otro caso, Salvador Illa tiene detrás a Pedro Sánchez que –digámoslo sin florituras— tiene en sus manos la hipótesis del indulto a los políticos presos y, sobre todo, la llave de los fondos europeos. Más claro, el agua.

Primera conclusión: Illa puede jugar un papel relevante, porque –aunque esté en la oposición—puede ´ejercer´ de gobierno de España. Es como si dijera: tengo la llave de la  Mesa de negociaciones, tengo la llave de ir «¡a las cosas, a las cosas!», como ha reclamado recientemente el profesor Antón Costas.  Esta es la condición anfibia de Illa.

En pocas palabras: esta legislatura puede dar mucho juego. Quien entienda que «la vida sigue igual» necesitaría unas antiparras y un babero. Por otra parte, la ocasión la pintan calva al sindicalismo confederal: es el momento de que sepa jugar las cartas.  

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes», enseña don Venancio Sacristán.

Nota.--- Entradas anteriores sobre este particular asunto:  

Elecciones: gacetilla de urgencia (1)

Golpe al legitimismo de Waterloo (2)

Elecciones: excusas de mal pagador (3)

 


martes, 16 de febrero de 2021

Elecciones: excusas de mal pagador

Más de setecientos mil votos (700.000) ha perdido el independentismo, repartidos casi a la mitad entre Esquerra Republicana de Catalunya y los post post post convergentes de Waterloo. El maestro Enric Juliana entiende que tan abultada pérdida (debido a la abstención  propia del independentismo) se debe o bien a la pandemia del covid o al hastío de la política. Juliana sabe de lo que habla. Con todo, me atrevería a sacar una conclusión –provisional, por supuesto—acerca de tan caballuna abstención propia, esto es, de las dos fuerzas independentistas: sea una u otra explicación (la pandemia o el hastío) han podido más que la fe mística de los seguidores de Waterloo o de Oriol Junqueras.

La pérdida es tan significativa, y la victoria de Salvador Illa tan relevante, que en la misma noche electoral, desde las covachuelas del independentismo la factoría de tejeringos informativos empezó a propalar que el independentismo había superado el 51 por ciento. (El País ya sea estando en la inopia o a cosica hecha lo ha dado por bueno). En realidad, la abstención ha dejado a la independencia en el 27 por ciento del censo. Es, según Carles Castro, «la fantasía secesionista», en La Vanguardia de hoy. Es una fantasía radicalmente reñida con las matemáticas.

Independentistas: excusas de mal pagador.

 

2.--- La abstención gigantesca sirve, además, para que magreándola desconsideradamente, la derecha carpetovetónica explique (es un poner) sus catástrofes o, por mejor decir, su enjambre sísmico. Por ejemplo, doña Inés Arrimadas (todavía jefa de Ciudadanos) afirma que sus raquíticos resultados se deben a la abstención. Y aquí empieza y acaba la aparente explicación de su hecatombe. No habrá cambios –afirman sus más íntimos parciales— porque en tiempos de dificultad no conviene hacer mudanza. A menos que el grupo de  «padres fundadores» del partido, aquellos intelectuales de filosofía oxidada, aporten ideas de salvación.  

Tres cuartos de lo mismo ocurrirá en el Partido Popular, aunque aquí sin ningún intelectual que llevarse a la boca.  En todo caso, habrá cambios en una u otra cortijada cuando ya no queden candidatos a substituir al capataz.  

De momento, unos y otros con excusas de mal pagador.  

 

3.--- Paco Rodríguez de Lecea con exquisita elegancia ha afirmado que «las urnas se han mostrado severas con los Comunes». Esta es la cariñosa observación hacia un partido que ha sido sobrepasado por Vox. Por Vox que ha conseguido representación territorial en las cuatro provincias catalanas, mientras que los Comunes sólo lo han podido alcanzar en Barcelona y Tarragona.

Jéssica Albiach ha hecho una campaña tesonera. Con pundonor. Pero ha tenido que apechar con las inercias de la ambigüedad: ni independentismo, ni federalismo, aunque sacándose de la manga la «España confederal». Y, sobre todo, ha aguantado estoicamente las embestidas estéticas de Pablo Iglesias agasajando a Waterloo, precisamente en la recta final de la campaña.  

Algunos de los colaboradores de la Albiach, sin embargo, achacan lo que Rodriguez de Lecea llama la ´severidad´ de las urnas a la «polarización» de la campaña. Excusas de mal pagador.

 

4.--- Algunos efectos colaterales, con cierta relevancia, de estas elecciones. Pedro Sánchez puede atribuirse que fue él quien propuso que Illa se presentase como candidato por el PSC; de manera que, por la parte que le pueda tocar, Sánchez sale fortalecido por partida doble: a) sitúa a su partido catalán como vencedor de los comicios y acalla a los viejos galápagos, que nunca mueren, de su partido; , y b) le levanta el gallo de manera inmisericorde a Casado casaseno.

El segundo beneficiado es Pablo Iglesias el Joven. De un lado, observa con fruición que el hundimiento de Ciudadanos aleja las posibilidades que él atribuía al PSOE de querer formar gobierno con Arrimadas; de otro lado, que Aragonès García corte el bacalao en la Generalitat sabe que le fortalece y sirve de contrapeso en su sus permanentes litigios con Pedro Sánchez. ¿Juego de Tronos? No, política de socarral, de vuelo gallináceo.  

 

Nota.--- Entradas anteriores sobre este particular asunto:  

Elecciones: gacetilla de urgencia (1)

Golpe al legitimismo de Waterloo (2)

 

 

Post scriptum.--- No fue Maquiavelo quien dijo que «Lo primero es antes». Fue don Venancio Sacristán

 

lunes, 15 de febrero de 2021

Golpe al legitimismo de Waterloo


 

La ocasión la pintan calva para que Esquerra Republicana de Catalunya se desembarace de su subalternidad al independentismo de derechas. Por primera vez ha sobrepasado a los post post post convergentes: el sueño húmedo de los republicanos de Aragonès García.  Las novedades que ello comporta no son irrelevantes.

La derrota de Waterloo no es sólo un varapalo considerable al caudillismo de Puigdemont (1). Es, ante todo y sobre todo, la desaparición del ficticio legitimismo que ostentaba Puigdemont, cultivado ad nauseam desde el 1 de Octubre de 2017. El presidente fugado exhibía su legitimidad con los mismos miriñaques del carlismo.  Eso se acabó: Salvador Illa le ha ganado y los de ERC le han pasado de largo. Por poco, cierto, pero lo suficiente para situarlo como profeta averiado. Ahora sólo podrá dedicarse –con muchas dificultades, porque el bolero asegura que «la distancia es el olvido»--  a cuidar que las ascuas retoricas de la república catalana no desaparezcan definitivamente. Waterloo tendrá que remover constantemente el badil para que no se apague el cisco picón del brasero.

Si el tándem Aragonès – Junqueras opta por la combinación gubernamental con los post post post convergentes estamos en condiciones de establecer la siguiente hipótesis: el sorpasso no le servirá de nada, se mantendrá la subalternidad hacia los post post post convergentes y continuará el desgobierno. Así las cosas, ERC continuaría con su tópico itinerario: meandros guadianescos al por mayor y detall. Eso sí, Aragonès García ejercería de presidente de la Generalitat. Pero de un gobierno con gente de probado energumenismo y demostrada inutilidad en la gestión de los problemas. Con lo que esa presidencia –y dicho gobierno—sería el sueño de una noche de verano, una ocasión perdida.

Ahora bien, los números salen para otra opción: un gobierno PSC, ERC y Comunes. Con pragmatismo vasco. La ventaja para ERC sería su puesta de largo, esto es, de un lado, se desembarazaría del gen convergente y, de otro lado, podría estar en las mejores condiciones en Madrid para una renovada política de conseguir cosas.  Pero esto tiene un inconveniente en ERC: la actitud miedica a sus propias bases y a ese sector iracundo de la mesocracia catalana, perro del hortelano, que ya ha entrado en la fase de que le da lo mismo ocho que ochenta. En suma, a Aragonès – Junqueras todavía le da jindama el juego de simulaciones que se mantiene en Cataluña: un partido de la derecha independentista que juega a montar barricadas, una maqueta de la sedicente izquierda de la CUP que bendice a los dirigentes de la derecha independentista, tras un atracón ideológico de empiriocriticismo nacionalista y su relación torticera con la cuestión social. Diarreas de marxismo de mercadillo.  Juego de simulaciones: la reedición del Cosí fan tutte sin pelucas ni casacas.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», dice pacientemente don Venancio Sacristán.

Elecciones: gacetilla de urgencia


 


Ya conocen ustedes los resultados (1). No sabemos si el educado Aragonès García, el segundo, y la cortés Borrás, la tercera, han felicitado a Salvador Illa, ganador de estos comicios autonómicos. Sería chocante que en un país de tan acendrada finura se repitiera el gesto grosero de Trump que nunca felicitó al vencedor de las elecciones norteamericanas. Es posible que Aragonès y Borrás no hayan tenido todavía la ocasión de presentarle sus respetos a don Salvador.

Tiempo habrá de ir rebañando datos para sacar conclusiones que puedan explicar in extenso esta victoria socialista. En esta noche electoral sólo estamos en condiciones de hacer trazos con brocha gorda; los pinceles los dejamos para otra ocasión.

Fue verdad que el «efecto Illa» no era un cuento chino. Hasta tal punto que provocó el canguelo en la gran mayoría de sus adversarios. Era realmente una pavura que llegó a límites tan insólitos como la firma de un tan insólito como grotesco documento en el que todas las fuerzas independentistas se comprometían a no pactar con los socialistas «fuera cual fuera la relación de fuerzas que saliera de las urnas». La europeísta Cataluña ha creado un cordón sanitario contra un partido socialdemócrata.

Noche de sorpasos sucesivos. El primero ha sido el de los socialistas que dejan atrás a Esquerra Republicana de Catalunya y a los post post post convergentes de Waterloo; el segundo ha sido el de Aragonès García sobre Carles Puigdemont; y el tercero ha sido el de la ultraderecha, no sólo sobre sus rivales más directos –Ciudadanos, que sufre una descomunal hecatombe y el Partido Popular que pierde hasta sus gallumbos— sino también a la CUP y a los Comunes. Una humillación sin precedentes en el Parlament de Catalunya.

Noche, en todo caso, que invita a enhebrar una discusión sobre un fenómeno que merece detenimiento: los caudillismos han salido trasquilados. Waterloo, que siempre ejerció de gran timonel, ha sido el caso más llamativo. Pero no el único.

Posiblemente no serán rutinarias las reuniones en las salas de máquinas de los partidos que no han ganado. De un lado, necesitarán una gran capacidad de fantasía para disfrazar la gallina como pavo real; y, de otro lado, en algunos sitios habrá subasta de muebles y baterías de cocina. No se espera que se abran las albaceteñas: el palo ha sido tan caballuno que, con navajas o sin ellas, la cosa no tiene solución. Veremos más de un camión de la mudanza.

Seguimos sin saber si Aragonès García y Madame Loewe han felicitado a don Salvador.

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes», dijo don Venancio Sacristán. (Corro a llamar por teléfono a Roser)

 

1)           https://www.lavanguardia.com/politica/20210214/6247467/elecciones-catalanas-cataluna-resultados-votacion-participacion-en-directo.html