miércoles, 26 de junio de 2019

Sánchez e Iglesias: ¿gatillazo a la vista?


El complejo tipo de relaciones entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias puede acabar en un gatillazo. Mala cosa para los tiempos que corren.

He dicho en otras ocasiones que se han cambiado los papeles en estos asuntos de la investidura. Tradicionalmente, y según mandan los cánones de ese particular, el aspirante tiene que trabajarse la investidura, esto es, buscar los apoyos, negociar el precio de tales compromisos. Es lo que se enseña en primero de Miterrand. Ahora, sin embargo, ha aparecido una variante: el aspirante debe adoptar la figura de don Tancredo y esperar que le lleguen los apoyos. Si todo es gratuito, mejor. Miel sobre hojuelas.

Las cosas entre Sánchez e Iglesias no van bien. Es más, parece que empeoran. De un lado la negativa del primero a que Podemos entre en el gobierno; de otra, la exigencia de un exagerado número de carteras ministeriales. A esto último habrá que añadir el fuerte matiz entre las fuerzas que componen Unidas Podemos: la postura de Alberto Garzón resta fuerza compacta a la exigencia de Iglesias.   «No se trata de puestos o de ministerios, sino de alcanzar un acuerdo de izquierdas con las garantías suficientes de que el PSOE vaya a cumplirlo en lugar de acabar gobernando con el apoyo de la derecha».

Tal vez Pedro Sánchez entiende que, llegado al caso, Podemos no se atreverá a desentenderse de la investidura. Yo no me arriesgaría. Si Iglesias se enfrenta a la investidura podría recibir un determinado castigo por parte de sectores de la izquierda. Pero si apoya la investidura sin llevarse nada a la boca podría ocurrir que, en la votación en el Parlamento, algún sector de sus diputados tiraran por la calle de en medio.

Sería deseable que se diera un salto adelante. Es imprescindible que el hipotético gatillazo que se vislumbra en el ambiente se transforme en un acto gratificante. En un sobrio acuerdo de gobierno.

Oído cocina: ir a una repetición de elecciones no garantiza nada. Es más, tengo para mí que las encuestas de la Sexta son un arsenal de trolas al por mayor y destajo. A mayor gloria de Roures y sus costaleros.

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martes, 25 de junio de 2019

Ciudadanos y las hogueras de San Juan




Albert Rivera no levanta cabeza desde hace meses. No es que tenga mal fario, se trata de su empecinamiento en mantenerse en una línea que está provocando  hondo malestar en su partido, Ciudadanos.  El último problema lo ha tenido con las hogueras de San Juan. Son los casos, ya suficientemente conocidos, de tres importantes representantes públicos: Toni Roldán, que abandona el partido y deja el acta de diputado; Javier Nart, eurodiputado, que dimite de la dirección, y Juan Vázquez, portavoz en el parlamento asturiano, que dice adiós a todos sus cargos y a la vida pública. Las tres hogueras de San Juan. Hasta la presente Albert Rivera no ha dicho ni oxte ni moxte. Lo ha puesto en las manos de Juana de Arco, martillo de herejes que vino a la política a ponerse el mundo por montera y se ha quedado en pura azafata de asuntos internos.

No es un problema –insistimos--  de mal fario. Es el resultado de una singular paradoja: aunque Ciudadanos consigue unos resultados buenos en las pasadas elecciones generales, no se cumple el desiderátum del grupo dirigente, a saber, pasar por delante (sorpasso) del Partido Popular, en el que creían (e hicieron creer) a pies juntillas. Así pues, Casado seguirá gobernando el latifundio de la derecha, mientras Rivera continuará como mayoral. Más todavía, en los lugares donde Ciudadanos toca pelo lo hace como consecuencia de un brusco golpe de timón a través de lo que siempre negaron: los pactos con la ultraderecha española. El pretendido regeneracionismo de los de Rivera es pura farfolla de quita y pon.

Ciudadanos, con tantas vueltas y revueltas,  ha hecho evidente su doble crisis: de proyecto y de dirección.

Crisis de proyecto, que viene de los primeros momentos de su fundación: un partido que se atribuye un barniz de socialdemócrata y cuatro duros de liberalismo. Es, evidentemente, la chapuza de intentar aunar en una misma posada a personalidades de una y otra corriente. Pasa el tiempo. Las esperanzas fundacionales no se cumplen y se apuesta a la brava por substituir al Partido Popular, herido de muerte según Rivera. La apuesta de Rivera es chocante: hay que competir, primero con Rajoy, y, después con Casado, con la misma política de éstos. La misma receta para hacer el baldeo de cubierta a base de jabón lagarto. 

Crisis de dirección. Estudiando las biografías y los códigos de comportamiento del grupo dirigente de Ciudadanos se observa que la mayoría tiene toda la pinta de ser ayudantes de jefes de negociado, subalternos de categorías intermedias, acostumbrados a la obediencia y al movimiento versátil de la espalda. Eso sí, duchos en la maniobra artera que se practica en las covachuelas de la administración.  

domingo, 23 de junio de 2019

Otro partido en Cataluña





El presidente destronado Artur Mas ha ido a Waterloo. Conversaciones y tanteos con Puigdemont: dos personas que aspiran a lo mismo por medios diversos. El primero quiere caminar calmosamente y en prosa a la independencia de Cataluña; el segundo también, pero en versos alejandrinos y salga el Sol por Antequera. Artur Mas ya no es santo de la devoción del inquilino de Waterloo. Y viceversa. En todo caso, Cataluña es demasiado pequeña para que quepan estos dos personajes. Ambos son la expresión de aquel singular  zarzuelero: aquel rey moro «que lo tiene tó y no tiene ná».

Sabemos que Mas ha planteado en Waterloo que no sería procedente una convocatoria de elecciones autonómicas en este año. Un zorro al que se le ve el plumero, ya que está inhabilitado hasta el mes de marzo del año que viene. A Waterloo, según parece, tampoco le conviene que sean ahora dado que los vientos soplan a favor de las velas de Esquerra. Naturalmente la sartén está en la mano de Puigdemont. La tizne de esta sartén decidirá cuándo se convocan las elecciones. Paréntsis: se sigue sin saber oficialmente quién o quiénes financian la casona de Waterloo y los gastillos de su inquilino.

Paralelamente a estas vicisitudes ciertos cenáculos políticos barceloneses están intentando organizar un nuevo partido. Se trata de agrupar todos los pecios que por ahora están en el fondo del mar precedentes de los naufragios de fuerzas políticas diversas: Convergència, Unió, Partido Popular, disidentes de Ciudadanos. Se trata de una singular agrupación de agraviados, cuyo objetivo es representar lo que en su día fue el pujolismo más moderado; para entendernos:  más made in Cambó. De momento el nombre que más suena es el de Eva Parera –de los Parera de Barcelona de toda la vida pasada, presente y futura— cuyo nombre habrá que retener, pues tal vez podría ser la síntesis entre los diversos in péctore que optan a liderar la nueva formación, cuyo nombre –nos dicen— sería   Lliga Democrática.  ¿Ave Fénix? Ya se verá.

De momento, la patronal orgánica catalana apoya la operación Lliga. Sabemos además, que las relaciones entre el presidente del empresariado, Sánchez Llibre,  con Parera son excelentes, ambos militaron activamente en la formación demócrata-cristiana de Duran i Lleida. Esta  operación política se ha acelerado tras el abordaje del independentismo onírico a la Cámara de Comercio que ha puesto en guardia a las adormecidas mesnadas del empresariado catalán.

viernes, 21 de junio de 2019

El torpe engaño de Rivera



Albert Rivera es un embustero  patológico. De hecho su biografía política es una carrera de mentiras al por mayor y detall. Se diría que, a medida que avanzaba su cursus honorum, las iniciales mentirijillas iban ampliando su diapasón hasta convertirse en farsas caballunas. Ahora, este «adolescente caprichoso», según fue calificado por su mentor, entiende que sus trolas no pueden circunscribirse al solar patrio, necesitan un marco europeo. Rivera no es un embustero de campanario, es un trapacero de amplios horizontes.

El rifirrafe con Manuel Valls –la foto de la plaza de Colón, acuerdos de Rivera con los de Vox,  la investidura de Colau como alcaldesa de Barcelona--  lleva a la ruptura, con repercusiones en la escena europea. Hasta tal punto que, desde Francia, le llegan al  «adolescente» un aluvión de críticas tanto de los medios políticos liberales como del influyente diario Le Monde. La respuesta de Rivera tiene la misma dimensión que las que ofrece para el consumo patrio: la mentira. Pero no seamos quisquillosos: Rivera no ha sido el primer político que ha mentido. Su problema es que le han pillado con las manos en la masa. Peor todavía, ha sido desautorizado enérgicamente por el Elíseo. Entendámonos, el problema es que Rivera no sabe ni siquiera mentir. Es un mentiroso chusquero. Tal vez sea debido a que sus lecturas son precarias. Si hubiera leído, por ejemplo, “Cesar o nada” (Manuel Vázquez Montalbán) estaría al tanto del bellísimo inganno en Senigaglia  donde César Borgia engañó cum laude a sus enemigos y no dejó títere con cabeza. Mis disculpas por relacionar a un genio del Renacimiento con un niñato atolondrado.


Construir la política sobre la base de la mentira no es lo mismo que decir algunas mentiras haciendo política. Rivera es de los que edifican su circunferencia sobre un radio radicalmente falso. La circunferencia de este caballerete nada tiene que ver con el famoso  π. Así pues, Rivera tiene un problema: es un embustero estajanovista, pero se le pilla ipso facto, al vuelo. Su problema es que, cuando intente decir algo certero, nadie le creerá. 


jueves, 20 de junio de 2019

«Los socios prioritarios»




Hasta hace bien poco se iba a las investiduras del presidente del Gobierno con las cosas atadas o razonablemente atadas. Sin embargo, ha aparecido una novedad: ahora se va a la investidura con las cosas no sólo desatadas sino experimentalmente desatadas a ver qué pasa. La voz pejiguera de Eugenio d´Ors –también llamado Xenius--  aconsejaba que los experimentos debían hacerse en casa y sólo con gaseosa. (Un camarero destapó una botella de champán con tan poca pericia que puso pingando la elegante vestimenta del escritor). Conclusión provisional: ir a una investidura a ver qué pasaba podría ser irrazonablemente arriesgado.

Unai Sordo viene insistiendo en que  Pedro Sánchez forme un gobierno de coalición con Podemos, apoyado por una suficiente mayoría parlamentaria. Plena coincidencia con UGT.  O sea, el sindicalismo confederal español, que es independiente pero no indiferente, está reclamando dicho gobierno de coalición.

Tengo la sensación de que algo se está moviendo. Las recientes palabras de Pedro Sánchez afirmando que Podemos es «socio prioritario» no sólo, en mi opinión, intentan calmar los nervios en can Iglesias y parecen indiciar que, más pronto que tarde, se concretará esa sociedad.  No seremos los únicos en celebrarlo. 


miércoles, 19 de junio de 2019

Simplemente Corbacho





Primer tranco

Es de Hospitalet y se llama Celestino. Celestino Corbacho. Que lo fue casi todo en el socialismo patrio: alcalde de la segunda ciudad más poblada de Cataluña, presidente de la Diputación de Barcelona. Ministro de Trabajo. Un cursus honorum envidiable. Celestino: mitad vertical, mitad campechano. Que últimamente paseaba su soledad hasta que fue llamado por Manuel Valls para formar parte de la candidatura a las elecciones municipales de Barcelona, inspirada por Ciudadanos. Celestino se cobijó en ese rincón de chichinabo que la jerga política llama independientes. De donde se supone que, así las cosas, nuestro hombre había abandonado la fe en Pablo Iglesias el Viejo y abrazado la causa contraria. Celestino pasó desparpajadamente del caño al coro.

Segundo tranco

Ya conocen ustedes la historia. Manuel Valls, Corbacho y Parera –la mitad del grupo municipal de Ciudadanos--  favorecen sin condiciones la investidura de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona. Es el «mal menor», que según Valls, evita que el segundo Maragall se haga con el bastón de mando. Al grupo dirigente de Ciudadanos le sienta peor que un cólico nefrítico. El dedo acusador de Valls se ha hecho insoportable a la derecha, que ha perdido ya el desodorante. O sea, Ciudadanos. Y se produce el desenlace: Los de Rivera rompen con Valls. ¿Qué hará Celestino?

Tercer tranco

Celestino es hombre de decisiones rápidas, especialmente en los asuntos de intendencia. Él, que votó con Valls –posiblemente con regusto vengativo contra su antiguo conmilitón, el segundo Maragall--  no es inquietado por los de Rivera. Ciudadanos puede soportar a Celestino, pero no a Valls. Celestino que se salió del coro vuelve grupas. Solo hay un Dios y Rivera es su Profeta. Él es simplemente Corbacho.

Algo más que una hipótesis

Rivera observa que, tal vez, se le haya ido la mano vaciando Cataluña de dirigentes rumbo a Madrid. Entiende que el grupo dirigente catalán está en precario y sus miembros sin reconocimiento de la sociedad catalana. … Y se avecinan elecciones autonómicas. Rivera no hace ascos al palmarés de Celestino. Sabe, además, que no le negará por segunda vez. Así pues, le propone encabezar la lista de Ciudadanos a las autonómicas. Eso sí, hay que simular que quien tuvo, retuvo. Lo hará como independiente. Con una vela a Pablo Iglesias el Viejo y la otra vela a Ana Patricia Botín.

Simplemente Corbacho.

martes, 18 de junio de 2019

Rivera le pide a Valls que le devuelva el rosario de su madre




Antes de que se me olvide, pregunto: ¿de quién está más cerca Rivera, de Vox o de Valls? Meditemos, y al final hablamos.

Albert Rivera ha roto con Manuel Valls. El primero, un eterno principiante; el segundo, un veterano con el colmillo retorcío.  Rivera, «un adolescente caprichoso», según su mentor, Francesc de Carreras; Valls, que en su día –como Eugenia de Montijo--  «dejó las aguas del Darro por las del Sena». Bueno, en su caso fueron las del Besós. La ruptura tendrá repercusiones, nacionales e internacionales, para Ciudadanos, «la derecha con desodorante», según ha dejado dicho Paco Rodríguez de Lecea.

Manuel Valls decidió por su cuenta y riesgo dar sin condiciones los votos que precisara Colau para ser elegida alcaldesa de Barcelona frente al segundo Maragall. Rivera había dado órdenes taxativas: no había que votar a Colau. Con lo que la decisión de Rivera llevaba al joven Maragall directamente a la alcaldía. La impericia de Rivera es directamente proporcional a su atolondramiento.

Las relaciones de Valls con Ciudadanos nunca fueron muy muy católicas que digamos. Rivera anunció el fichaje de la estrella a bombo y platillo. Pero, fuera por la torpeza de Rivera o por la versatilidad de Valls, la cosa acaba así: Valls monta una coalición con una serie de tapas variadas de la política catalana que es «autónoma» de Ciudadanos, pero que cuenta con su apoyo logístico y de intendencia. Valls invita, pero la consumición la paga Rivera. Es obvio que Rivera tragó, encandilado como estaba de que darían la campanada en el ayuntamiento barcelonés.

La situación acabó agriándose  con motivo de las relaciones de Ciudadanos con Vox, siempre negadas y siempre confirmadas por los hechos. La verbena en la madrileña plaza de Colón terminó por aumentar la tensión entre Rivera y Valls. Y finalmente lo sucedido en el ayuntamiento de Barcelona.

La ruptura de Ciudadanos con Valls es un acto de mayúscula torpeza política. Primero, porque Rivera aparece todavía más escorado a la derecha; y, segundo, porque tensa las relaciones de Ciudadanos con sus amistades –cada vez más frías--  europeas. Más todavía, Rivera se aleja de sus propios europarlamentarios, que son los que directamente sufren el bochorno. Estas son las consecuencias –o algunas de ellas--  de las decisiones de un grupo dirigente que confunde hacer política con jugar a pizpirigañas n un jardín de infancia.

Conclusión provisional: ¿de quién está más cerca Rivera, de Vox o de Valls? Se trata de una pregunta retórica, claro está.    



lunes, 17 de junio de 2019

Los amantes de Santa Coloma: episodio electoral


Primer acto


En Santa Coloma de Farnés, ilustre villa de la comarca de La Selva, se ha vivido una pasión amorosa a la altura de Verona y Teruel. Santa Coloma tiene ya sus amantes. Joan Martí y Bea Ventura son los amantes de estos dulcemente tristes episodios municipales. Se prometieron un amor eterno durante toda la legislatura. Joan, güelfo blanco, republicano; Bea, güelfa negra, socialista. Los padres de Joan querían, sin embargo, que la alianza fuera con la jefa local de los gibelinos, Susagna Riera, representante de Waterloo, por más señas perdedora de las elecciones.

Segundo acto

Día del casamiento entre Joan y Bea. Tensión. Los gibelinos están de uñas y arman la marimorena. No se puede admitir que en el campanario se arríe la bandera del Tres por Ciento. Y desde la distancia interviene Quim Torra, el nativo menos ilustre de la villa, que manda suspender  la ceremonia nupcial hasta que Joan pacte con Susagna. Alboroto descomunal. De repente, la hermanísima de Torra asalta la mesa presidencial y descuelga el retrato de su hermano en claro simbolismo de que, bajo su cara, no puede perpetrarse la fechoría del casamiento de los amantes Joan y Bea.  Ya quedó señalado por Jordi Pujol que «cuando hay problemas sólo se puede contar con la familia».

Tercer acto

Pero Bea y Joan no tienen el fuste de Romeo y Julieta, ni son de Teruel. Ceden como corresponde a la corrosión del carácter de los amores post modernos, amores de chichinabo.  En realidad, piensa Joan –guelfo blanco--  que no es para tanto, que sólo es política. Y deja plantada a Bea al pie del altar.

Desenlace

No consta intervención alguna (al menos por ahora) de la dirección de Esquerra Republicana de Catalunya, güelfos blancos muchos de ellos, ante el desmán de Torra.  Un Torra injustamente acusado de gandul, cuando en realidad trabaja a destajo pro domo sua. Un Torra que puede presumir ahora ante el segundo Maragall de cómo se pueden impedir algunos casamientos.



domingo, 16 de junio de 2019

La derrota barcelonesa del independentismo



El independentismo está que trina: la pretendida joya de su corona les salió rana. Barcelona seguirá en manos de Ada Colau. El segundo Maragall tendrá que esperar cuatro años para aspirar al bastón de mando.

Don Ernest tiene malas pulgas. Sabedor de que no sería alcalde organizó un descomunal quilombo. Sus irascibles parciales acudieron a la plaza de Sant Jaume a chillar a Colau, Collboni y Valls. Gentes de los barrios altos barceloneses con caras de pocos amigos, recién bien comidos y bien bebidos, llamando fachas a veteranos trabajadores --antiguos inquilinos forzados de comisarías  y cárceles franquistas--  que celebraban el triunfo de Colau. Son las sonrisas del independentismo. Es, ante todo, la reacción del segundo Maragall, cuyo rencor es directamente proporcional a su incompetencia política y profesional. Ahora bien, la ira del independentismo por la pérdida de «su Alhama»  es consecuencia directa de su fuerte creencia de que las instituciones catalanas son de su propiedad. Lo que no es independentismo es un tumor.

No obstante, las cosas se complican en el independentismo cuando, entre ellos, dirimen quién es el propietario de la institución en cuestión.  Es, por ejemplo, el caso del campanario taifal de Sant Cugat. Pugna entre los seguidores de Waterloo y los de Junqueras. Vencen estos últimos tras su pacto con el PSC. La bronca es mayúscula: los waterlorianos gritan a pleno pulmón «155»; los junquerianos responden con precisión matemática: «3 por ciento». O sea, entre independentistas no reza el mandamiento del Nuevo Testamento: «amaos los unos a los otros».



sábado, 15 de junio de 2019

Rivera, la derecha con desodorante


Con el paso del tiempo Ciudadanos se ha convertido en el gran camelo de la política española. Su primer espada, Albert Rivera, ha pasado de ser una persona madura a «un adolescente caprichoso», según ha afirmado Francesc de Carreras, principal ideólogo del grupo fundacional del partido y mentor del primer Rivera. No sería descabellado que lo uno (el camelo) y lo otro (adolescente caprichoso) formasen un todo inseparable.

Cs apareció en tromba, como las viejas tabernas en Santa Fe, capital de la Vega de Granada. Cuando aparecía un bar nuevo durante unos días estaba atestado de gente. Curiosos que iban a ver la calidad del morapio y de las tapas. Pasados esos días los parroquianos abandonaban la nueva taberna y volvían a los grandes bares santaferinos «de toda la vida». Retornaban al Bar Chiquilín, La Gloria  y el Bar Rosas, calidad garantizada. Cs va camino de ello.

Ciudadanos nace con la propuesta de un barniz socialdemócrata, aunque siempre fue trabajoso encontrarlo. Era solo una peca. Más tarde renace y afirma que su genoma es liberal. Progresivamente el partido fue dejando el plumaje de la nueva política para actuar de manera tan senil como cualquier otro partido del teatro nacional. Las confusas señas de identidad fueron desapareciendo, tales como la regeneración, la reforma de la política y otras chucherías del espíritu. Y, a la par de ese abandono, Ciudadanos se hizo cada vez más inútil. Por ejemplo, en el año 2017 los de Rivera ganan las elecciones en Cataluña con un sorprendente e inédito resultado. Ciudadanos empieza a convertirse en el «gran camelo», porque no supo qué hacer con tales resultados. Su joven estrella, Inés Arrimadas, es un espejismo: torpeza a granel.

Hubo comentaristas que, en su día, hablaron del fin del bipartidismo, y añadieron que las fuerzas emergentes que lo habían roto –entre ellas Ciudadanos—eran las exponentes de la nueva política. De donde intentaron hacernos creer que el fin del bipartidismo sería protagonizado por la nueva política.

No es el caso de los de Rivera. Giro a la derecha. Competición con el Partido Popular a ver quién le da al timón más grados a estribor. Amores a hurtadillas con Vox. Es el gran camelo. Como aquella taberna santaferina, que era un auténtico camelo.  O si lo preferís, «Rivera es ya la ultraderecha con desodorante», según un inspiradísimo Paco Rodríguez de Lecea, Rector Magnífico de la Universidad de Parapanda.

viernes, 14 de junio de 2019

Estado de derecho y democracia




«La democracia está por encima del Estado de Derecho» es una idea—fuerza del independentismo onírico. Jordi Cuixart, uno de los líderes que han sido juzgados recientemente, la ha repetido en incontables ocasiones. La aparición de esta inquietante máxima en el libro de recetas del independentismo hay que situarla ya en los primeros pasos del hombre de Waterloo y que con sumo provecho heredó su Enviado en la Tierra, Quim Torra.

En unos primeros momentos pensé que quienes manoseaban dicho constructo («la democracia está por encima del Estado de Derecho») eran unos auténticos analfabetos, gentes indoctas, cuyas únicas lecturas habían sido Marcial Lafuente Estefanía y la prolífica Corín Tellado. Algunos habrá de esa estirpe. Pero sus dirigentes –los que están en el puente de mando--  usan la máxima a sabiendas y queriendas de que es tan falsa como falsos fueron los viejos duros sevillanos, que circularon impunemente en España a finales del siglo XIX.

El independentismo catalán ha querido auto legitimarse contraponiendo Estado de Derecho a democracia. La democracia, en esa ciencia ficción, sería: los independentistas, o sea, Cataluña, somos la democracia; España es el Estado, y depende de qué cofradía independentista será Estado de Derecho o –en palabras de Waterloo--  Estado fallido (sic).

Democracia y Estado de Derecho son inseparables. Lo que comporta que la democracia tenga obligatoriamente sus normas y procedimientos. En caso contrario estaremos en la turba o conjunto de turbas sin orden ni concierto. Sería la oclocracia. De este han hablado largo y tendido juristas de la talla de Hans Kelsen y Norberto Bobbio, y más recientemente Boaventura de Sousa.

La oclocracia, decimos. Es decir, la turba no juiciosa dirigida irracionalmente por un cabecilla, que sabe bien lo que se trae entre manos. En concreto, la corrosión del carácter de la política.

Nota.--  El caballero de la foto es Norberto Bobbio.

miércoles, 12 de junio de 2019

¿La Confederación Europea de Sindicatos es un convento de clausura?


Recientemente se ha celebrado en Viena el Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos. Pregunto: ¿alguna estructura sindical española ha difundido, discutido y enmendado  sus materiales? No sé, pero me ha parecido que ha habido demasiado silencio, precisamente cuando la «cuestión europea» está al rejo vivo, en unos momentos que Europa se está descosiendo. ¿Este silencio español es el único?

¿Qué ganamos, en qué nos favorece que un congreso sindical pase desapercibido para las organizaciones nacionales? ¿qué responsabilidades tienen los dirigentes de los sindicatos nacionales en este silencio conventual?

Mientras tanto, me pongo a leer aquellos versos, Estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora, del casi olvidado Rodrigo Caro.



martes, 11 de junio de 2019

Pedro y Pablo



Conviene no ponerse nervioso. Pedro Sánchez está mejor en estado de flema que intranquilo. Es lógico que Pablo Iglesias apriete porque  necesita oxígeno. Sus resultados electorales no le han acompañado como quería y esperaba. Por lo que parece de cajón que, dado que el PSOE necesita una serie de votos para la investidura de Pedro Sánchez, Podemos se haga valer y pida alguna cartera ministerial en el próximo gobierno. Esto es política y el reparto de la túnica sagrada no es una cuestión baladí. Ximo Puig lo ha entendido a las primeras de cambio.

Veamos: Pablo Iglesias necesita recuperarse de su traspiés y cree que, desde un ministerio, está en mejores condiciones; Pedro Sánchez, a su vez, precisa de los votos de Podemos y de algunos más. Digamos, pues, que ambos –los apóstoles Pedro y Pablo--  se necesitan para gobernar el reino, que es de este mundo. Por lo que no parece muy sensato que, ante las reiteradas peticiones  de Pablo, Pedro responda que podrían convocarse nuevas elecciones. Temple, oigan.

Digámoslo con crudeza: nadie tiene la certeza de los resultados que dispondrían unas nuevas elecciones. Más todavía, la frase –inútilmente brillante--  de Ábalos “las urnas tienen memoria” es poesía en octosílabos. Ni las urnas tienen memoria ni la memoria está en las urnas. Una repetición de las elecciones es un disparate caballuno.


El temple también es exigible a Pablo Iglesias. Recuerde usted el viejo refrán de “tanto tienes, tanto vales”.




lunes, 10 de junio de 2019

CHina y los independentistas catalanes




El independentismo onírico tiene entre sus dirigentes políticos algunos personajes que o bien están idos del colodrillo o son rematadamente ingenuos. Es el sector liderado por el hombre de Waterloo y, vicariamente, por su Enviado en la Tierra. Hace tiempo supimos que alguien, convenientemente autorizado, se había dirigido a Israel en demanda de financiación. Waterloo pensaba que sería coser y cantar.  Y así se hizo constar en los corrillos del independentismo onírico. De Tel Aviv no llegó ni un duro. De la comunidad judía tampoco. Es como si hubieran recuperado el famoso cartel de las tabernas de antaño, que diariamente anunciaba: “Hoy no se fía”.

El independentismo onírico es, en cualquier caso, tozudo. Paralelamente a las gestiones con Tel Aviv se hicieron otras tantas con China. En un documento secreto –al final en manos de la Guardia Civil, que ya no es caminera--  el independentismo solicita 11.000 millones de euros a los herederos de Mao para crear un banco central en Cataluña. Sorprende que oníricamente hayan ignorado las relaciones de Pekin con los nepalíes. Y, más todavía, ¿a santo de qué las autoridades chinas iban a echarle un cable a los independentistas catalanes, ya sean del sector onírico o del sector carne de membrillo? ¿Qué sacarían a cambio las autoridades chinas de esta operación? Algo chocante, desde luego. Unos mentecatos intentando convencer a una de las diplomacias más eficaces del mundo.

Waterloo sigue esperando. Ni viene parné de Israel ni de China. Ni de los Macabeos, ni de Fu Manchú. En todo caso, sí parece conveniente que preguntemos: “¿de dónde saca Waterloo pa tanto como destaca?”


domingo, 9 de junio de 2019

Pedro Sánchez y Ada Colau


Posiblemente Pedro Sánchez está esperando el desenlace del proceso electoral de los últimos comicios para dar el carpetazo definitivo a la sesión de su investidura.   Es decir, quiere tener el cuadro meteorológico al completo de las tendencias de doña Correlación de Fuerzas. De ahí que se tome al asunto con flema inglesa. No conviene atropellarse en los asuntos importantes. Esta es una nueva faceta  del otrora fogoso secretario general del PSOE. Sánchez certifica la bondad del viejo refrán  que señala que “se aprende a capar capando”. Sea, pues: flema, despacito y buena letra.

Pedro Sánchez tiene cierto tiempo para la investidura, y de esa guisa saber a ciencia cierta con qué apoyos cuenta. Como es natural, todos ellos pondrán por delante  la sinfonía ¿Qué hay de lo mío?  Que nadie se escandalice: esto es política, no unos ejercicios espirituales. La ley de la oferta y la demanda indica que el petitorio global será caro. Tampoco importa: la Moncloa bien vale una misa cantada.

Conviene recordar que una cosa es la investidura y otra es la legislatura. Los aperos de una y otra suelen ser diferentes. Y vale la pena recordarlo porque Sánchez no va muy sobrado de sostenedores. Los números, cierto, le son favorables, pero no son generosamente favorables. Más todavía, cuatro años es un periodo donde pueden ocurrir   muchas cosas así en el teatrillo  español como en el melodrama europeo.

Conserve, pues, Pedro Sánchez su flema. Pero vaya tejiendo un proyecto consistente que le permita navegar durante la legislatura con razonable comodidad. Los diputados que tiene ni siquiera son suficientes. Hable con Pablo Iglesias, pues no es conveniente que se ponga más nervioso. Por lo demás, si el otrora fogoso Pedro Sánchez  ha conseguido templar los nervios, en teoría nada parece impedir que Iglesias también aprenda a capar capando.

Oído, cocina: los socialistas barceloneses avisan a la señora Colau  que si no hay pacto no la apoyarán para alcaldesa. Lógico, esto es política, no el rezo del santo rosario. Pues bien, Sánchez: de te fabula narratur.

(Estas reflexiones las sostuvimos Doménec Benet y un servidor en la planta tercera del Hospital Comarcal. Al fondo, la mar mediterránea). 



sábado, 8 de junio de 2019

Esquerra está triste: ¿qué tendrá ERC?




Vivimos tiempos frenéticos: ayer se estaba en la cresta de la ola, hoy en bajamar. Se supone que tanta indeterminación produce vértigo y angustia. Aproximadamente –me lo comentan voces aproximadamente bien informadas--  es lo que le ocurre a Esquerra Republicana de Catalunya. Y también al independentismo onírico de las diversas franquicias post convergentes. E una inquietud que viene del resultado de las recientes elecciones, que han fortalecido a Pedro Sánchez. Los de Junqueras observan con preocupación que ya no cuentan tanto en el juego de las carambolas para la investidura de Sánchez. O, por mejor decir: apenas si cuentan. En estas operaciones, el orden de los factores altera, a la baja, el producto de Esquerra. Con lo que la capacidad del independentismo en la arena española sufre un notable quebranto. Difícil papeleta para que la gobierne el pintoresco Rufián, que todavía no pasa de la retórica de bidonville.  

Para colmo, las expectativas dinásticas de ERC para hacer del segundo Maragall el nuevo alcalde de Barcelona sufrieron ayer un sonoro revés cuando los Comunes dejaron por fin de bostezar y afortunadamente aprobaran que Colau optara nuevamente por el bastón de mando. Celebramos, pues, la derrota del segundo Maragall. Una derrota que no solo tiene repercusiones municipales o estrictamente barcelonesas. De momento, sólo de momento el mercurio político del termómetro de Esquerra ha bajado. Y, sensu contrario, el insuceso de los Comunes en los recientes comicios quedaría relativizado si finalmente Colau se pone el fajín de alcaldesa. Con todo habrá que esperar unos días, porque en estos casos nunca se sabe... 

Post scriptum.--   Esta mañana me ha despertado el voceador de periódicos. Gritaba: «Ha salido Pasos a la Izquierda». «El número 16», aclaraba.  

Está disponible en la red el número 16 de Pasos a la Izquierda (clicar en el título para acceder). Un instrumento de reflexión y de debate hacia el cambio que necesitamos.



viernes, 7 de junio de 2019

Gobierno catalán, olla de grillos




Ha pasado un año desde que Torra fue investido presidente de la Generalitat de Catalunya. Un año de inacción institucional, que se ha caracterizado por reacciones espasmódicas ante y contra España. Un año de artificios retóricos y palabrería huera. Un año perdido que ha servido solamente para acumular ridículos al por mayor. Fracaso, pues, en tierra, mar y aire.

Francesc—Marc Álvaro, hombre de letras, independentista pata negra, nos cuenta en La Vanguardia que todo el mundo habla mal del gobierno de Torra y especialmente los propios miembros del gabinete. Un gobierno que, según el periodista, no tiene cohesión. Nosotros diríamos que es un conjunto de tapas variadas que no conforma un menú. Cada cual va a la suya, compitiendo en molicie y desbarajuste. Una olla de grillos. Pura lógica: el carácter vicario de Torra y sus quídams con relación al hombre de Waterloo hace que haya correspondencia, vale decir, que a un inepto Puigdemont se corresponde con la zahúrda de Torra.

Por cierto, me informan de la última decisión de Waterloo. Todos los pactos municipales donde esté presente cualquier franquicia post convergente deberá ser aprobada por Puigdemont. Poca faena tendrá.



jueves, 6 de junio de 2019

La respuesta de un sabio





A don Marcelino Menéndez y Pelayo se presentó en cierta ocasión un quídam que deseaba conocer ciertos detalles de la Biblioteca Nacional que don Marcelino no pudo suministrarle.
El impertinente se atrevió a decir al ilustre sabio:

-    Pues debería saberlo. El Estado os paga para que lo sepáis.

-   Disculpe usted -dijo, afable, Menéndez y Pelayo-. El Estado me paga por lo que sé. Si fuera a pagarme por lo que no sé, no bastarían todos los tesoros de España.


miércoles, 5 de junio de 2019

Los amores platónicos de Ada Colau



No sé a qué obedece la machacona insistencia de Ada Colau en que los socialistas formen parte, junto a Esquerra Republicana de Catalunya y los Comunes, del equipo de gobierno de la ciudad de Barcelona. Más todavía, tampoco entiendo el intencionado vacío de la propuesta Colau en torno a quién sería el alcalde. Colau insiste en la sobada fórmula tripartita, que –como se ha dicho--  no la quieren ver ni en pintura los socialistas.

¿Por qué defiendo la opción de un equipo de gobierno Comunes y socialistas presidido por Colau? En principio vale la pena recordar que es viable, ya que Colau tendría los votos de Manuel Valls sin ninguna contrapartida. Valls lo ha dejado suficientemente claro: es la opción del mal menor entre un independentista como el segundo Maragall y Colau.

Maragall no tiene un proyecto de ciudad para Barcelona. No ha aparecido, además, en su atolondrada campaña. Don Ernesto tiene una idea instrumental de Barcelona: que sea el banderín de enganche del independentismo en Cataluña y su fulcro en la arena internacional. Con lo que los problemas de la ciudad –viejos y nuevos--  serían de orden menor, no relevantes para el ayuntamiento maragalliano. De donde se infiere que si Colau aceptara la oferta del segundo Maragall, que no contaría con el apoyo de los socialistas,  el consistorio sería una olla de grillos, un conjunto de retales sin relación entre sí, incapaces de confeccionar un traje.

Con todo, me malicio que este juego del escondite tiene alguna relación con las elecciones autonómicas catalanas que, dada la velocidad del tiempo, están a la vuelta de la esquina.

martes, 4 de junio de 2019

Los pretorianos de ese Quim Torra




O pretorianos o jenízaros. O sea, grupos de élite entre las élites para custodiar y defender al de más arriba. Pretorianos en la Roma clásica; jenízaros en el imperio otomano. La guardia mora de Franco era otra cosa, una nota pintoresca para recordar al general su actividad africanista. Pretorianos y jenízaros eran en parte la constatación de que se temía por la vida del César y del Sultán. De ahí que nos preguntemos si la vida de Quim Torra corre peligro y de dónde viene dicha amenaza. Veamos.

Está a punto de crearse un cuerpo de élite, al margen de la estructura de los Mossos de l´Esquadra, con su propio estatuto, y elegidos a través del dedo incorrupto de Torra, cuyo objetivo es proteger al presidente de la Generalitat de sus enemigos, ya sean íntimos o no. Se dice que la idea partió del mismísimo Torra. Y, nada más hacerse pública, el cuerpo de Mossos, con sus jerarquías al frente, se mostró radicalmente en contra. No ha sido un conflicto entre bastidores, sino público entre el gobierno catalán y el cuerpo de la policía autonómica. Un cuerpo que, ahora, está bajo sospecha de no ser suficientemente patriota. Total, que el máximo responsable de los Mossos ha sido substituido por otro, al que han tenido que ascender a marchas forzadas, para lucir en la pechera la hojalatería de los galardones. Pata negra, dicen que es. 

Torra o la ostentación del nuevo rico. Pero en realidad se trata que la policía esté al servicio de las ensoñaciones de un personaje funesto.  

lunes, 3 de junio de 2019

¿Ha fracasado el proyecto de Podemos?



Es más fácil romper que pensar. Esta es la tentación de Podemos: romper (involuntariamente) la organización o pensar cómo salir de las aguas pantanosas. Las recientes elecciones han representado un grave quebranto para los de Pablo Iglesias. Ahora podría empezar el gran calvario para la organización. Exageradamente o no los rumores insisten en que vuelven a brillar las navajas de Albacete en la mitad del barranco. Y aparecen brotes de desmembración, que podrían dejar sin plumas al gallo.

En ciertas ocasiones, cuando se pierden estrepitosamente unas elecciones hay quienes buscan la solución en el rompe y rasga, no en la razonada meditación del «qué ha pasado y por qué». Y, a lo loco, se agita como solución el propio campanario, ya sea trostkysta, socialdemócrata o anarco sin fronteras. Y, mutatis mutandi, se ensayan experimentos con o sin gaseosa. En el fondo, podría ser que los patrocinadores de estas nuevas quisicosas políticas considerasen que el proyecto de Podemos ha fracasado. Yo no lo entiendo así.

Podemos ha tenido un gravísimo tropiezo. Pero su proyecto, como tal, no ha fracasado. Es más, yo diría que la ópera podemita tiene una partitura que suena francamente bien, pero que su libreto necesita un baldeo. Esta ópera, corregido el libreto, debe seguir sonando en los escenarios de la política española. Calma, pues. Porque no es lo mismo un sonoro tropezón que el fracaso de un proyecto político.


domingo, 2 de junio de 2019

Jordi Evole, persona non grata al independentismo




Hace tiempo que el independentismo onírico se las tiene juradas a Jordi Évole. El de Cornellá es persona ingratísima a dicha cofradía. Ahora, durante estos días, lo están poniendo a chupa de dómine. El motivo: su artículo, publicado en La Vanguardia, sosteniendo  que Ada Colau, tras el apoyo sin condiciones de Manuel Valls, haga coalición con Collboni (socialista) y pueda optar nuevamente a la alcaldía de Barcelona. El artículo se titula Pressing Colau (1).

Ya lo ven ustedes: el periodista ofrece sus argumentos, no hay una palabra más alta que otra, es un razonamiento sosegado en favor de una opción partidaria. Como corresponde en democracia. El independentismo onírico ha dictado sentencia inapelable contra Jordi Évole. Mejor dicho, vuelve a la carga. No hay que dar respiro, el no independentista debe saber que los oníricos lo tienen presente en sus oraciones y melopeas. Pero no es sólo un aviso en singular; es una advertencia sostenida en el espacio y tiempo contra los adversarios. Que, en este caso concreto (el artículo de Évole sobre Colau), quiere decir: O el segundo Maragall como alcalde o aquí se forma. La gran contradicción del independentismo onírico es que ha creado tantos agraviados que su fuerza contra ellos es pura filfa.   Y más filfa sería si Colau acepta el apoyo que le viene desde muchos horizontes.

A ella, Colau, le recordamos el consejo de Epaminondas a Pelópidas: «No te marches del ágora antes de haber sumado un nuevo amigo a los que ya tenías».



sábado, 1 de junio de 2019

Zamora, piedra de toque de Izquierda Unida




Se llama «piedra de toque» a la piedra que sirve para conocer la pureza del material con el que está hecha la pieza, generalmente se utiliza para oro, pero también para la plata. Nosotros, en nuestros años mozos, tomamos prestada esa expresión para nuestros afanes revolucionarios. Por ejemplo, decíamos que la piedra de toque de la revolución era la actitud ante el Vietnam. Piedra de toque o, lo que es lo mismo, la referencia ideal para la acción política concreta.

Hoy nadie la utiliza. Voy a permitirme usarla, no como añoranza de aquellos tiempos sino como  elemento que me parece clarificador de lo que deseo exponer en este ejercicio de redacción.

Partimos de esta premisa: Izquierda Unida está en crisis, sus cuadros y militantes  quieren sacarla de esa charca. Propuesta: busquen cuál es la piedra de toque, la referencia. Recurran a los datos y rehúyan la chapuza que se desprende de la fe del carbonero. Los datos indican que la piedra de toque de IU está en Zamora. Su alcalde,  Francisco Guarido, ha ganado por mayoría absoluta. IU a palo seco. De donde me sospecho que quien desee la recuperación de IU debería mirar hacia Zamora. Tenerla como piedra de toque. Esto es, ¿qué características tiene esta organización y cuál es su composición social? ¿cómo se relaciona con la población? ¿cómo elabora su discurso político? En fin, todas esas cosillas… 

En Zamora, pues. No en Madrid, que "en tan grande polvareda perdimos a don Beltrán". 





viernes, 31 de mayo de 2019

Según el independentismo 15 es mayor que 18



Grothendieck es uno de los matemáticos más importantes de finales del siglo XX.  Pues bien, en cierta ocasión le pidieron que dijera, a bote pronto, un número primo. El genio no se lo pensó dos veces y dijo: «el 57». Estupor en la sala. ¿Cómo era posible que el gran matemático hubiera dicho tan solemne disparate? Nadie ha podido dar una explicación, aunque desde entonces el número 57 es conocido como el primo de Grothendieck. Se rumorea en círculos académicos que dicha retranca (malafoyá) salió de algún santaferino ilustre.

Meritxell Budó, consejera de Presidencia del Govern de la Generalitat, ha intentado rivalizar con Grothendieck, afirmando que 15 es superior a 18. La Budó es licenciada en Farmacia. Pues bien, si nos inquieta como política más nos preocupa como boticaria. Podría vender quince dosis pensando que es superior a 18. Vayamos al grano.

La Budó ofrece una rueda de prensa y, desparpajadamente, afirma que «el independentismo ha ganado las elecciones municipales en la ciudad de Barcelona». Una periodista, Blanca Basiano, que es de Letras, pero está informada que 15 < 18, incluso en Waterloo, le recuerda a la Budó que los independentistas consiguieron 15 concejales, mientras que los no independentistas son 18. Se forma el rifirrafe. Finalmente, la Budó cierra la discusión con estas palabras: «He dicho que han ganado porque 15 concejales independentistas digamos que es más de lo que suman los otros, no juntos, sino mayoritariamente». Ni siquiera Antonio Ozores dijo algo tan descacharrante. 

La técnica de la comunicación de ciertos políticos es la siguiente: mentir a destajo sabiendo que es frecuente que nadie te lleve la contraria. Ahora bien, en esta ocasión, casi al instante, se supo que la Budó no miente de manera convincente. La escuela de Waterloo, matriz del independentismo atolondrado, tiene ciertas deficiencias en las disciplinas matemáticas. Y, simultáneamente, está en precario en lo atinente a la retórica como arte de la persuasión. 

Nota bene. Sobre este particular se ruega al avezado lector que lea lo que dice Paco Rodríguez de Lecea en http://vamosapollas.blogspot.com/2019/05/tomar-el-te-con-el-sombrerero-loco.html