viernes, 29 de mayo de 2020

Revisitando a Berlinguer




Voces amigas de los granadinos Montes Orientales me avisan que El desierto de los tártaros, la revista amiga durante la pandemia, baja sus persianas, no sabemos si definitivamente o qué.  Su cometido se ha cumplido: ser el carpe diem en estos meses de confinamiento. Se van de la misma manera que vinieron: de forma abrupta, de un día para otro; sin, por así decirlo, fases intermedias. Se van por todo lo alto: con un número monográfico dedicado a Enrico Berlinguer. Voces amigas de Santa Fe, capital de la Vega, están en el secreto de quiénes son los escribidores tártaros y son ellos los que me tienen al tanto de las entretelas de tal revista. Juan de Dios Calero, maestro alarife, me dice a través de guasap.

«Sí, cierran con un monográfico sobre Enrico Berlinguer. Las razones que dan los tres tristes tártaros es que, tras la pandemia, el proceso de reconstrucción europea deberá tener inevitablemente una fuerte componente de austeridad. Sus motivos también tienen una componente española: frente a la degradación de la política conviene volver la mirada a la «cuestión moral» y, definitivamente, la falta de un horizonte –esto es, el desenganche entre las luces cortas del ahora mismo y los faros de largo alcance del proyecto mediato--  exigiría ir de visita a la casa de Berlinguer. Porque hay quienes no tienen ningún Bad Godesberg que llevarse a la boca, ni el comunismo de los sueños que rompió con el de las pesadillas está sin levantar cabeza.

» Por lo demás, me parece haber oído a los tres tártaros –no te diré sus nombres reales, porque les di palabrita del Niño Jesús de tener la lengua quieta— que, en cierta medida, revisitan a Berlinguer como diciéndoles a las personalidades que han fundado la llamada Internacional Progresista (ya sabes Varoufakis, Chomsky, Colau et alla) que no cometan el error de echar en saco roto las enseñanzas de nuestro amigo italiano.

» Por lo demás, mientras corrijo las galeradas del último número de El desierto, me pongo a considerar sobre el alcance de dicho grupo de intelectuales. Tuyo en Anselmo Lorenzo,  Juan de Dios». 

jueves, 28 de mayo de 2020

La irredenta estrategia de la tensión




Los sociólogos de las más variadas cepas coinciden en que el zafarrancho político no se está traduciendo en desgaste electoral del PSOE ni del gobierno. De hecho la reciente encuesta de Metroscopia, que dirige Juan José Toharia, mantiene a los socialistas en primer lugar en torno al 30 por ciento; lejos –a diez puntos--  está Casado casaseno y sus encolerizados parciales.  Es decir, caen chuzos en punta con un temporal cada vez más turbulento y el PSOE y Unidas Podemos mantienen las distancias. Es el fracaso de la tensión que se diseñó en las covachuelas de la FAES.

El irascible hombre de Marbella comparte con el de Waterloo un rasgo: no cambies de planteamiento aunque eso se traduzca en una ristra de reveses; hay más días que longanizas, de manera que sigue apretando ad nauseam. En estos colodrillos asilvestrados el método «error y acierto» brilla por su ausencia. Si el clima de tensión no da resultando –parecen creer--  es porque no hay suficiente tensión. Más madera, pues. Sépanlo, si Casado estuviera más cerca se pondría la pelliza de centrista.

Ahora bien, este clima de tensión del PP se caracteriza porque en el palo del gallinero hay dos tábanos que se disputan el título de macho alfa: Casado casaseno y la Señora marquesa. Esta pugna inter pares tiene dos efectos muy dispares: uno, aumenta el berenjenal político; dos, pero ese ruido es, a veces, una disputa entre los dos gallos que se pisan la manguera el uno a la otra y viceversa. Sin embargo, ambos se empecinan en –al igual que Waterloo y sus paniaguados--  prodigarse en el error.

Aviso: calma, ponderación. Todo indica que el tiro les saldrá por la culata.

miércoles, 27 de mayo de 2020

La reaparición de Carles Puigdemont


En el palacete de Waterloo los nervios estaban a punto de estallar: la sombra de su aparente titular, Carles Puigdemont, se iba disolviendo como un azucarillo en al agua. Algunos de los palafreneros intentaban ocultar su inquietud porque nadie –vicario, correveidile o paniaguado de la plaza de Sant Jaume--  requería para uno u otros asuntos al hombre de Waterloo. Y lo peor de todo: el Parlament de Catalunya se aviene a censurar al viejo partido del Patriarca como corrupto, amén de exigirle que devuelva el dinero robado, y nadie de los herederos de aquella partida ha llamado a Waterloo en demanda de socorro.

Laura Borrás, primera dama del PDeCAT en Madrid, entiende el mensaje que viene de allende los Pirineos. Ella está también en coplas judiciales. Laura Dedos Ligeros sabe que es necesario que el calamar suelte toda su tinta como elemento de distracción. Y es cuando se organiza la gran boutade: el grupo parlamentario de los post  post post convergentes propone que Carles Puigemont forme parte, en su calidad de reputado experto –no importa en qué--   en la comisión parlamentaria del Congreso de los Diputados.

Como mínimo estos son los motivos de tan chocante planteamiento: 1) sacar a Puigdemont del ostracismo en que se encuentra, 2) tapar los ecos de la corrupción de Convergéncia que ha vuelto a sancionar la justicia, y 3) sabedores de que nadie aceptará a Puigdemont como experto de esa manera tendremos un nuevo agravio acumulado. Nuevamente un agravio caballuno pues las tietes y los tiets de Cataluña dan por sentado que el hombre de Waterloo es un experto en todo en general y en coronavirus en particular.  

P/S.--- Curiosidades blogísticas: El desierto de los tártaros.  


martes, 26 de mayo de 2020

Esos barones levantiscos





Importantes barones del PSOE, en su calidad de presidentes de comunidades autónomas, dan su opinión –generalmente crítica--  sobre la política de alianzas del gobierno progresista de coalición.  Son  los de siempre. Nada que objetar, este es un país libre. Sin embargo, si algún miembro del gobierno –o el mismísimo presidente--  hiciese lo mismo, esto es, qué tipo de gobierno es de desear en tal o cual comunidad, le caerían los chuzos de punta. Serían violentamente motejados de intrusión. Con lo que las comunidades autónomas se han convertido en un tabardillo cuyos aguijones tienen barra libre pero que, a su vez, no pueden verse observados por nadie desde fuera. Se están convirtiendo en una máquina de amenazas –en unos casos inamistosas, en otros de áspera hostilidad--  contra no sólo el Gobierno central sino incluso contra el Estado. Ignorando que ellas mismas sin también Estado.

Las comunidades autónomas, así las cosas, se están convirtiendo en un conjunto de retales diversos y dispersos que, adrede o no, están provocando la caquexia del Estado.

¿Nombres de esos barones? El castellano manchego, el aragonés y, de cuando en vez, el extremeño. Que ahora vuelven a poner su pica en salva sea la parte de Pedro Sánchez.  Exigiéndole que la política de alianzas sea con Ciudadanos. Lo que en realidad se quiere decir es: «Rompe ya con Podemos, leche, mira que te la liamos». Barones levantiscos, que ni siquiera han percibido algo nuevo: el hilo entre la «división Yolanda» y Nadia Calviño, la Enviada de Bruselas en Madrid.  

Barones con espíritu de gobernar merinazgos compitiendo con los hunos y los hotros quién es el dueño de las siete llaves del sepulcro del Cid.

lunes, 25 de mayo de 2020

Manos a la obra: el nuevo Estatuto de los trabajadores




Son muchas las razones que fuerzan a construir un nuevo Estatuto de los Trabajadores. No sólo como elemento de substitución de la llamada reforma laboral sino como marco progresista que regule las relaciones laborales en España. Urge, por tanto, organizar una despedida poco solemne del Estatuto de los trabajadores de Marzo de 1980, sazonado diversas veces con sucesivos aliños. 

1.--  La elaboración por los grupos parlamentarios del Estatuto de los trabajadores (en 1979) provocó una fuerte división en el movimiento sindical: Comisiones Obreras lo rechazó de plano; UGT lo veía positivamente. En el verano de 1979 empezaron las movilizaciones que organizó CC.OO., prolongándose hasta el invierno con una serie de paros generales (de diversa duración: en Cataluña y Granada, unitarios con UGT, fueron de 24 horas) precedidos por la primera gran asamblea en Madrid en la Casa de Campo.

Llovía a mares aquel día: un petulante eslogan nos consoló, «Aunque se moje, Comisiones no se encoge». Mientras tanto en el grupo parlamentario del PCE las posiciones con relación al qué hacer no eran coincidentes. Santiago Carrillo planteaba una postura que conducía a la abstención, mientras que Marcelino Camacho era partidario de un no rotundo. La cosa se saldó, como es sabido, con una discreta dimisión de Marcelino, disfrazada de la plena dedicación al sindicato. A partir de ese momento, las relaciones entre los dos fueron enfriándose paulatinamente.

2.--  El Estatuto de 1980 ha ido envejeciendo a marchas forzadas. Es la cosa más normal del mundo. Fue elaborado y aprobado en un contexto radicalmente diverso del actual: con unos centros de trabajo todavía tradicionales, aunque ya se apuntaban signos de modernización; con una escasa innovación tecnológica, salvo raras excepciones; en una economía no institucionalmente integrada en la Unión Europea. La geografía económica, la morfología de las empresas y los cambios en los centros de trabajo han erosionado profundamente el viejo texto y sus diversas novaciones legislativas. El Estatuto de 1980 nos habla en el día de hoy con la misma semántica y prosodia que el Cantar del Mío Cid. (Pedimos disculpas a don Ramón Menéndez Pidal). Así pues, el viejo Estatuto tiempo ha inició su lenta agonía. Demasiados factores y condicionantes lo han puesto en crisis. ¡Que empiece la marcha fúnebre! Con la de Thalberg ya tiene suficiente.

3.--  Yolanda Díaz tiene un equipo formidable y los sindicatos marchan unidos. Son dos condiciones necesarias, aunque claramente insuficientes, para pensar en el nuevo Estatuto. Falta la CEOE que no puede enrocarse numantinamente en su propia salsa. Se incorporará a la agenda social cuando entienda que le ha dado un sonoro coscorrón al gobierno de coalición. Y –como ha sido tradicional en la historia de la CEOE--  cuando rentabilice dicho coscorrón se pondrá manos a la obra. Con dureza, pero no necesariamente como espoliques de Casado y sus hologramas. Las empresas no comen de los sepulcros del Cid y don Juan de Austria. Su dureza será ´de clase´  no con los perfumes del brazo incorrupto de santa Teresa. Más todavía, cuando la CEOE entre a negociar algo se habrá orillado en el PP, aunque no hace falta sospechar que la patronal buscará el refugio parlamentario de las derechas.  

4.--  A la «división Yolanda» con el comodoro Pérez Rey no le será difícil negociar con los sindicatos. En las alacenas de unos y otros hay suficiente documentación para los primeros pasos. Cuestión diferente será con la CEOE. Tiempo al tiempo.

En resumidas cuentas,  la «división Yolanda» está en condiciones de enhebrar un texto radicalmente nuevo, hijo de esta fase de reestructuración e innovación de los aparatos productivos y de servicios:  un moderno y eficaz iuslaboralismo.


domingo, 24 de mayo de 2020

Así habló Yolanda Díaz




«Los dogmas y apriorismos económicos se han truncado (…). La gravedad de la crisis ha cambiado a todos». Posiblemente es el discurso más importante en lo que llevamos de año. Yolanda Díaz, de la escuela de esa izquierda que quiere construir futuros lo menos imperfectos posibles. Es un mensaje que tiene mucha miga. Y, que en mi opinión, se dirige a quienes están empeñados en sacar a este país de la brutal crisis en la que estamos. Es, sobre todo, una llamada de atención a cómo enfocar en lo concreto los grandes asuntos que están pendientes: el Pacto por la Reconstrucción y todo el importante itinerario de la agenda social. Yolanda Díaz viene a decirnos que, como todo está patas arriba, se hace necesario mirar de otra manera, huir de las rutinas de antaño.  

Entre paréntesis: está claro que la Ministra no incluye en ese genérico todos a las derechas del desasosiego y la subversión, sean éstas carpetovetónicas o independentistas; las mesnadas de «Santiago y cierra España» y los boixos nois de Waterloo no se sienten concernidas. Lo suyo es la subversión; su instrumento es la tenaza. Cerramos el paréntesis.

Se ha dicho con razón que «en el equipo titular hay ciertamente virtuosos y tuercebotas, pero todos ellos están ahí, y quien gana o pierde la competición no son ni las individualidades ni las distintas partes componentes. Gana o pierde el equipo, el bloque, y la primera condición para la victoria es la de juntar las líneas». Muy de acuerdo. Pero en esta ocasión –y sólo ahora--  me permito esta penúltima licencia: no hablaré de los tuercebotas, pero a cambio aplaudo a dos mujeres –dos ministras de tradiciones diversas— que son  la ya mencionada Yolanda Díaz y Nadia Calviño. La primera que tiene la tarea de reorientar el desperfecto de los tuercebotas (esta será la última vez) en la última sesión del Congreso de los Diputados; la segunda que tiene la difícil brega de nuestros intereses en Bruselas. Yolanda que tiene en la mente un trabajo de Hércules: dirigir el proceso conducente a un nuevo Estatuto de los Trabajadores. Nadia que, en palabras de Lluis Rabell, «quizá encarne el alma social—liberal del gobierno.  Pero nadie sabe mejor que ella cómo se las gasta la nomenclatura de Bruselas» (1).  Otro paréntesis: me hago cruces con el despilfarro con que los Comunes han tratado a Rabell. Por lo que se ve la lucidez ciega los ojos de no pocos mediocres. Cierro el paréntesis.

En resumidas cuentas, entiendo que las palabras de Yolanda Díaz son una sintética declaración de intenciones. Sugiero que sus colegas de gobierno no se lo tomen a mal.  


sábado, 23 de mayo de 2020

Del acojone a la irresponsabilidad y la filosofía de mercadillo




Mi viejo amigo Daniel Martín tiene en su cabeza todas las técnicas de la albañilería civil. El que fuera consumado alarife, ya jubilado, es una persona activísima en las llamadas redes sociales. Hace unos días Daniel nos alertaba de que amplios sectores ciudadanos se estaban comportando de manera imprudente. Me corroboraba lo mismo que yo estaba observando. Diré más, cada día que pasa veo que esa manga ancha se va ampliando y, en estos últimos días, se ha pasado de la relajación a la imprudencia. Más todavía del acojonamiento de las primeras semanas (no confundir miedo con prudencia) se ha pasado a una alegría irresponsable.

Me he quedado impresionado por las imágenes televisivas de mucha gente aglomerada en paseos y playas de la geografía española. Pero más indignación he acumulado cuando, de las siete a las ocho de la tarde, la hora de los viejos paseantes, he visto tres cuartos de lo mismo: gentes en grupos sin respetar las distancias, personas jóvenes haciendo ejercicios a esa hora ´de los viejos´, bañistas de barrigones cerveceros y, molestando a Dios y su madre, un pelotón de patinetes, patines y bicicletas. O sea, todo el ejército de termitas de cuando los tiempos eran normales.

Cabe suponer que todo ese personal es gente que ha sido avisada. De esas que estadísticamente cuentan entre los que consumen de cinco a seis horas diarias de televisión. Personas en cuyas cabezas son más familiares las caras de Belén Esteban que la de sus hijos. Ahora bien, que hayan sido avisadas no quiere decir necesariamente que sea gente informada. Con todo, podría decirse que entiende el mensaje de las autoridades y de los expertos, pero exactamente ¿qué les lleva a olvidarse de las normas que dictan las autoridades? Decir que son irresponsables –no pocos de ellos lo son, ciertamente--  es demasiado sencillo. Alguna explicación debe haber sobre ese particular. 

Josep Ramoneda, el príncipe de los filósofos, prefiere mirar las cosas desde otro ángulo (1). El problema está en que «no deja de ser irritante que cada día los ciudadanos tengan que estar pendientes de un montón de páginas del BOE que definen milimétricamente qué podemos y qué no podemos hacer». Excelsa filosofía. Lo de ´milimétricamente´ se refiere a los dos metros de distancia, que según Ramoneda es una collonada o delirio adeministrativo. Excelsa filosofía de mercadillo que, cuando no dice nada, ni pretende decir nada aconsejable, es preferible seguir las orientaciones de don Fernando Simón.   

1)     Liberar a la ciudadanía    Josep Ramoneda.  El  País 21.05.20


viernes, 22 de mayo de 2020

CEOE, piensa con tu propia cabeza


El controvertido acuerdo de los grupos parlamentarios del PSOE, Unidas Podemos y Bildu está creando muchas complicaciones. Ayer las comentábamos en Pedro Sánchez: una de cal, otra de arena. Una de estas complicaciones ha sido la espantá  de la patronal de la Mesa del diálogo social. Es decir, la CEOE ha abandonado la negociación dando un sonoro portazo. Es seguramente un gesto dirigido a sus socios como demostración del enfado del grupo dirigente de la organización empresarial. Ahora bien, no estamos en tiempos normales para estos gestos estéticos. Ayer decíamos que estamos ante «la mayor recesión económica desde la guerra civil con una posible caída del 10 por ciento del producto interior bruto». Tres cuartos de lo mismo sucede en Europa. Así pues, es recomendable que los enfados duren lo menos posible. Enfados breves en tiempos de anormalidad. Así lo ha entendido el sindicalismo confederal: hizo llegar a quien correspondía su mosqueo, lo insinuó públicamente y, a continuación, vuelta al trabajo. Es lo propio de unas organizaciones maduras. De manera que la CEOE debe demostrar que quiere ser una organización madura. Y especialmente prudente, esto es, que no se deje arrastrar por la cacofonía de las cacerolas. Cada vez que las organizaciones empresariales se han dejado arrastrar, por unas u otras razones,  a juegos políticos mezquinos se han complicado las cosas para sus propios intereses y para los generales del país. 

Sugiero a la CEOE dos alternativas tras el gesto estético de la espantá: 1) considerar que ya ha demostrado su enfado y volver a la Mesa; o 2) incorporarse sólo a las negociaciones con los sindicatos para ir desbrozando el camino de los futuros acuerdos. 

Es claro que consideramos la primera propuesta como la más positiva para estos tiempos del cólera y de la cólera. Al tiempo que demostraría que por encima de cualquier otra consideración la responsabilidad siempre –y ahora más que nunca--   está por encima de todo.



jueves, 21 de mayo de 2020

Pedro Sánchez: una de cal, otra de arena




1.--- El Gobierno acudió ayer al debate parlamentario en unas condiciones no desfavorables a pesar del mal de ojo que le habían echado ciertos medios empeñados en que su opinión publicada sea la opinión pública. A su vez, el PSOE se mantenía en cabeza con un ligero ascenso que le pone por encima del 30 por ciento de intención de voto; el PP sigue sin despegar –a diez puntos por debajo de aquel--  al tiempo que observan cómo Ciudadanos incrementa su espacio electoral. De ahí la irascibilidad de Casado casaseno que no da una a derechas. Una derecha que, perpleja, no entiende lo que está sucediendo: la mayor recesión económica desde la guerra civil con una posible caída del 10 por ciento del producto interior bruto. Y como no entiende nada está desoyendo la opinión del 75 por ciento de la sociedad que pide a los partidos de la oposición que apoyen al gobierno en estos tiempos tan terribles.

2.--- La obsesión de Casado es romperle el espinazo al gobierno. Pero, en las actuales circunstancias, necesita tapar su poquedad ante la opinión pública; que el calamar suelte toda la tinta posible para que la opinión publicada discurra por la toxicidad que emiten las covachuelas de  la calle Génova. Dicho y hecho. Mi amigo Orentino Alonso nos informa de la documentada opinión de un amigo suyo: « Sorpresa, la CCAA de Madrid pone recurso contra el gobierno, ante en TS por no pasar a la fase 1. Pero no pide medidas cautelarísimas. Con ellas el alto tribunal debería pronunciarse en el plazo de 48 horas ¿Entonces qué se persigue pasando a la fase 1?, parece que no, pues el asunto se alargará en el tiempo al no solicitarlas, nada nuevo, ya lo imaginábamos. Y añado yo, Orentino: Porque de pedirlas y no ser aceptadas o resuelto en cuarenta y ocho horas no serviría para la estrategia de derribo». Reitero, tan drástica e insólita medida (el recurso al Tribunal Supremo) lo que se busca principalmente es distraer a la opinión pública con el reincidente fracaso de Casado y su espolique, la minimalista presidenta de la comunidad de Madrid.

El gobierno entra en buenas condiciones al debate de la prórroga de la alerta. Casado lo hace desde su bien trabajada desventaja. Otra vez vuelve a escapársele Ciudadanos que, depende cómo, puede soplarle en el cogote. Y otra vez tiene la gloria de compartir posturas y postureos con sus diversos enemigos íntimos: las hachas de los almogávares y los arcabuces de los Tercios de Flandes. A los que, en esta ocasión, se les ha sumado el beato Joan Baldoví,  que tal vez ha entendido que la responsabilidad tiene sus límites.

3.---  El gobierno gana la votación. Pero dicho resultado queda empañado por un mar de confusión: el acuerdo entre los grupos parlamentarios del PSOE y Bildu sobre la reforma laboral ha provocado un fenomenal disgusto en los sindicatos; una airada respuesta de la CEOE rayana en la ruptura del diálogo social; el estupor del PNV que se percata del regalo del gobierno a Bildu en pleno proceso electoral en el País Vasco; y el desconcierto de la mitad del partido. Y lo peor de todo: la sensación –tal vez exagerada--  de que Pedro Sánchez intenta pactar con los romanos aquello que odian los cartagineses; y con los cartagineses lo que no pueden ver ni en pintura los romanos. ¿Maestría? No, se trata de sublimes pasteleos que en dos minutos se agrían  y se convierten en bodrios.

4.---  Ha sido un traspiés de Pedro Sánchez. Winston Churchill también metió la pata en ocasiones más importantes. Y en no menos celebrados acontecimientos los dirigentes de las izquierdas también metieron el remo hasta el corvejón.  

miércoles, 20 de mayo de 2020

Castells y Duque, digan alguna cosa




«Estoy mordiéndome la lengua para reprimirme. ¿Quién es el garrulo que propone en la nueva ley de enseñanza la supresión del carácter obligatorio de las Matemáticas?  ¿De verdad cree alguien que debo esforzarme en demostrar tamaño disparate?».  Lo he escrito hace unos días. Y sigo inquieto, hasta tal punto que me siento obligado a demostrar que estamos ante un disparate caballuno.

1.---  Algo ha pasado en España a lo largo de la historia que nos ha dificultado tener una relación medianamente positiva con las Matemáticas. A decir verdad  nunca he podido explicarme el motivo de ello. Tampoco sé si hay estudios sobre ese particular. Estoy en cueros vivos, completamente ignorante, quiero decir. Sin embargo, retengo un dato, cuya importancia tampoco alcanzo a calibrar: en mis años de estudiante nunca tuve un matemático como profesor de esa disciplina; fueron un cura de olla, un químico y un físico. Nunca nos trasmitieron erotismo alguno por las Matemáticas. Según he podido saber, en aquellos años –hablo de los cincuenta del siglo pasado--  esta era la tónica general en los Institutos de Enseñanza Media. El mayor matemático del siglo XX, don Julio Rey Pastor, exiliado, enseñaba en Buenos Aires.

2.---  De un tiempo a esta parte se está corrigiendo este déficit en España. Por regla general los profesores de Matemáticas son licenciados en Ciencias Exactas. Y cuando parecía que se empezaba a remontar el vuelo, alguien plantea desde las covachuelas ministeriales que las Matemáticas no sean asignatura obligatoria. Ni siquiera se dan razones. No quisiera ser maleducado, pero esa cancamurria burocrática quiere conducirnos a la normalidad histórica española: a la ignorancia de las Matemáticas.

3.---  España o Jano bifronte. Media cara que mira a la innovación y la investigación; la otra media cara que prepara el papeleo para desdibujar las Matemáticas de los planes de estudios. La voz de Manuel Castells y Pedro Duque no se oye.

No tiene relación apostar por la España del I + D + i si se desfigura las Matemáticas que es, simultáneamente, la dueña y señora del pensamiento abstracto y la contramaestre de las ciencias aplicadas. Hasta el mismísimo Ferran Adrià sabe el potente vínculo entre la alta cocina y la ciencia de Euler.  

Corrijan, pues. Y como penitencia deberán ustedes escribir cien veces con letra gótica lo siguiente: «La diferencia entre el poeta y el matemática es que el poeta intenta meter su cabeza en los cielos, mientras que el matemático intenta meter los cielos en su cabeza». Lo dijo  G.K. Chesterton.  

martes, 19 de mayo de 2020

El apareamiento Torra -- Ayuso


En los últimos tiempos se están acentuando las similitudes entre las derechas extremistas independentistas y las carpetovetónicas. Similitudes, también, de retórica subversiva. De un lado, el apareamiento entre el diligente Torra y la minimalista Ayuso; de otro lado, aquellos grupúsculos armando la marimorena en las calles de Barcelona y el cayetanismo del barrio de Salamanca. Es la homologación de las formas de perturbación política contra el gobierno progresista de coalición.

Primero fue Torra cuando, hace meses, arengó a sus parciales de los    ´comités de defensa de la república´  a que apretaran. «Apreteu, apreteu», les ordenó. Fue una orden que buscaba dar legitimidad subversiva al escuadrismo de esos grupúsculos.  En estos días se ha reeditado dicho estilo. Ayuso copia gustosamente a su colega. Madriz, Madriz, Madriz no puede ser menos. También tiene su propio ´comité de defensa de la libertad´, esto es, los cayetanos. Los cayetanos de la Álvarez de Toledo que se han percatado de las transformaciones que puede hacer el gobierno de Pedro Sánchez; los cayetanos de Rivera Ordóñez que perciben el ocaso definitivo del mundillo de los toros. Es la España cañí con chanel número 5 y puros Partagás. «Cánticos: Libertad, libertad… Coreografía de bates de béisbol, gorras deportivas con lemas antichavistas, emulador del Cojo Manteca buscando apagar las farolas a bastonazos, señora con abrigo de pieles, empleado de portería disfrazado de manifestante… Retrato de grupo rojo y gualda. Barullo… El Circo de don Pepito» (1)

En todo caso, el apareamiento Torra – Ayuso tiene una característica: sus partidos silenciaron las arengas del uno y de la otra. Seguían el mandato de Mateo: que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda.            

lunes, 18 de mayo de 2020

Esas derechas subversivas




ORGULLO Y PASIÓN

Por Robert Deglané


Voy a someter a vuestro esmerado juicio, queridos tártaros, una declaración solemne pero provocativa: las reacciones de nuestra derecha salmantina –léase del barrio de Salamanca de Madrid– no responden tanto a la tradicional simbología e ideología de nuestra derecha carpetovetónica como al impacto globalizador. Y como esto va de pedagogía, trataré de hacerme explicar.
Las cohortes salmantinas salen a la calle con sus banderas –esta vez constitucionales, curiosamente, y no con el aguilucho–, sus plumíferos sin mangas, sus mascarillas con la banderita…y con sus cacerolas, no sabemos si estas son para hornilla de gas o para cocinas de inducción, algo más sofisticadas. El hecho es que salen a la calle de su barrio para protestar contra el confinamiento y las leyes del estado de alarma, profiriendo ese magnífico grito de ¡libertad!, que puesto en su boca es como si le pusieras un micrófono a un mono. Los chicos y chicas de acento gangoso, los maduros rentistas de esas calles madrileñas que dan su nombre a un marqués urbanizador y especulador, han decidido comunicarnos a gritos que ya no aguantan más y que están dispuestos a gritar y salir a la calle hasta que don Pedro Sánchez se marche. Estas manifestaciones de nuestra extrema y descerebrada derecha sociológica tienen un marchamo muy nuestro, muy de «España cañí», pero a la vez coincide con un amplísimo seísmo social que se está produciendo en todo el mundo y que responde a unas claves sustanciales y nucleares.
Dichas claves van por la vía de la globalización; mejor dicho, del rechazo a esta globalización que está sustrayendo poder, influencia, capacidad de generar negocios y sentido existencial de vida a una buena parte de las clases medias acomodadas y no tan acomodadas de todo el orbe. Trato de decir que los procesos globalizadores que comenzaron hace ya dos décadas o más están afectando de forma particular, aunque no única, a esas capas tradicionales sostenedoras de unas derechas nacionales que antes estaban de acuerdo en los consensos sociales y los acuerdos democráticos y hoy están dispuestas a derribar todo eso para recuperar no se sabe qué.
Alguno me dirá: ¿son acaso de clase media esos campesinos y trabajadores de las zonas agrarias del medio oeste que votan a Trump? Ya les contesto: obviamente no, son clases trabajadoras que, como en otras muchas ocasiones, trasladan a un discurso conservador, patriota, nacionalista, las expectativas frustradas de sus ingresos y sus influencias perdidas. Ante la ausencia de un discurso desde la izquierda americana, capaz de atraer la frustración de esas clases marginadas por la globalización –discurso que por otra parte fue posible durante los años que van desde 1930 a la década de los sesenta como bien nos recordaba Richard Rorty en un librito de hace unos años, Forjar nuestro país–, esas capas trabajadoras han puesto su confianza en los discursos demagógicos, ultranacionalistas y falsamente proteccionistas de la nueva derecha que lidera Trump.
Veamos el caso de Francia, similar pero diferente, en este caleidoscopio de proyectos neoconservadores, más o menos libertaristas, más o menos parafascistas, más o menos ultranacionalistas. Le Pen es Juana de Arco, no una figura nacional de otro país. Su identificación con la figura heroica francesa es necesaria para recoger el consenso de una sociedad estructurada entre campo y ciudad, ganadores y perdedores de la globalización, capas altas urbanas y capas trabajadoras marginadas. Esta nueva derecha nacionalista francesa cataliza bajo un prisma francés y proteccionista lo que es resultado de un proceso de relocalización industrial y de globalización comercial.
Quiero decir con todo lo dicho que ante la globalización homogeneizadora la respuesta que se da es a partir de unos discursos identitarios y nacionalistas. Pero ese discurso particularista lo único que hace es esconder la frustración generalizada de capas muy diversas e incluso contradictorias entre sí, dándoles una pátina de unidad que nos recuerda, solo nos recuerda, a aquellos procesos del fascismo italiano y el nazismo iniciales de los años veinte del siglo pasado.
El sociólogo Colin Crouch describe de forma precisa este fenómeno: «La globalización es, para muchos, un atentado a su deseo de sentirse orgullosos en los diversos ámbitos de vida: en el trabajo, en su identidad cultural, en su comunidad, en las ciudades y países en los que viven, en el amplio abanico de ideas que constituye la noción alemana de Heimat, la patria» (Colin Crouch, Identità perdute Globalizzazione e nacionalismo, Laterza, 2019).
Lo que se está produciendo, así lo entiendo yo, es una ruptura en el tradicional proyecto de la derecha neoliberal que, desde los años 70 y prosiguiendo en la primera década de este nuevo siglo, montó un aparato ideológico, cultural, hegemónico y de reparto de beneficios que llegó hasta los sectores más relacionados con lo que llamaríamos “clases subalternas”: el piso hipotecado pero al fin y al cabo piso en propiedad e incluso segunda residencia en la playa, el 4×4 renovado cada cinco o pocos años más, las vacaciones en Oriente o en el Caribe, la universidad para los hijos, la sanidad doble (una pública financiada con los impuestos y otra particular de cuota privada) para evitar las colas en urgencias, el colegio privado porque el público está lleno de inmigrantes, la posibilidad de hurtar parte de las ganancias en una economía tributaria oscura y de tipo B, etc.
Las gentes que salieron por la tarde a la calle a golpear cacerolas y gritar ¡libertad! son los herederos de aquellos fachas del bigote paso de hormiga y gafas oscuras…pero también son los apartados de una rueda de la fortuna que a otros les ha dado mejores resultados. Son pocos pero ruidosos, no saben expresar de otro modo su descontento y siempre lo adornan de una música al estilo del novio de la muerte, pero fuera de su barrio se difuminan en un Madrid más complejo y diverso.
Y aquí es a donde quería llegar. La cuestión primordial no es lo que hacen los pijos de ese barrio del centro-norte capitalino; el auténtico y verdadero “problema” va a ser cómo van a reaccionar ante esta crisis las clases subalternas, las inmensas masas que habitan en las periferias madrileñas, barcelonesas, sevillanas, valencianas, etc. y a las que esta crisis puede hacer mucho daño. En ese verdadero caldo de cultivo que son las ciudades populosas, centradas en economías de servicios e industria, es donde se juega el destino de nuestra democracia.
Según Crouch, lo que está en juego desde hace unos años en este proceso globalizador es una nueva fase del conflicto que surgió ya en el siglo XVIII entre valores del antiguo régimen y los de la Ilustración. Un conflicto en el que por un lado se sitúan los representantes de la autoridad conservadora y de la tradición familiar y, por el otro, la libertad de la razón, de la innovación y del cambio. Es difícil, seguramente, sintetizar todo en esa forma histórica de guerra de ideas y modelos de vida. No es que globalización sea igual a modernidad, ni defensa de lo conquistado se identifique con la tradición conservadora. Es algo más complejo, sin duda, pero tiene mucho de ese enfrentamiento que no es ya solo de clase sino también de concepciones amplias sobre la vida y la convivencia «en un mundo grande y terrible», como dejó escrito el sardo.
Apostilla: el título de esta entrada, Orgullo y Pasión, corresponde a una película de 1957, dirigida por Stanley Kramer y cuyo argumento es el siguiente: Guerra de la Independencia (1808-1814). En 1810, durante la invasión de España por las tropas napoleónicas, un grupo de guerrilleros, con la colaboración de sus aliados ingleses, intenta evitar que un cañón de gran calibre caiga en manos de los franceses. No digo ná. 


domingo, 17 de mayo de 2020

Estimado Pedro Sánchez, disiento por partida doble




No me entusiasma el método que se ha adoptado para elaborar el Plan de Reconstrucción. No creo que sea el más operativo ni el más eficiente.  Dicho plan será la obra esencialmente de una comisión parlamentaria por lo que su estilo formalista y protocolario al uso no parece el más idóneo para sus primeros pasos que necesariamente deben ser de investigación. Para decirlo con toda franqueza: el gobierno no ha estado afortunado en este planteamiento.

Dije hace semanas que lo ideal sería que un comité de sabios se pusiera manos a la obra para proponer los planos generales del edificio. Un comité de sabios con los suficientes conocimientos científicos y técnicos para el caso. Añado un elemento para mayor precisión: sabios tipo Antón Costas, personalidad respetadísima por la gran mayoría de las fuerzas políticas españolas. Reputado académico, urdidor de consensos y persona capacitada para enhebrar síntesis sucesivas. Que me perdona el profesor Costas si le propongo para ese enredo sin haberle dicho ni oxte ni moxte.  Estoy seguro que un comité de sabios presidido por el profesor Costas haría un buen trabajo.

Terminadas las labores de este grupo de trabajo, la mesa (o mesas de negociaciones) entraría a concretar las propuestas de los sabios.

P/S.---  Estoy mordiéndome la lengua para reprimirme. ¿Quién es el garrulo que propone en la nueva ley de enseñanza la supresión del carácter obligatorio de las Matemáticas?  ¿De verdad cree alguien que debo esforzarme en demostrar tamaño disparate?

sábado, 16 de mayo de 2020

Genovés contra Pinochet



La muerte de Genovés, el pintor de El Abrazo, me puso de muy mal humor que todavía me dura y me ha llenado de profunda melancolía. Conocí a Genovés en el verano de 1988. Un grupo de la oposición chilena –Chile vive, que dirigía el también pintor José Balmes, catalán afincado en el país andino desde los nueve años— organizó una serie de actos contra el dictador Pinochet preparatorios al referéndum de octubre del mismo año. El grupo de españoles, que acudió a Chile, era muy numeroso: los escritores Vázquez Montalbán e Ignasi Riera; los cantantes Raimon y Quico Pi de la Serra; los pintores Genovés, Canogar y Guinovart y, entre toda esa fauna y flora, se encontraba un servidor y diversas autoridades universitarias. Participamos en todo tipo de actos de protesta, incluidas manifestaciones y asambleas. A mí me tocó en todo aquel periplo ir con Genovés de pareja.

Genovés y un servidor dimos un mitin—relámpago en las puertas de la empresa Good Years en Santiago a las 6 de la mañana cuando los trabajadores hacían el primer turno. Rodeados de milicos y acompañados de centenares de trabajadores pudimos hablar cinco minutos con altavoz en mano. Fue necesaria una tensa negociación con el mando militar que prefirió no tener complicaciones. Mientras un servidor hablaba, Genovés me aguantaba el altavoz. Que no paraba de decir «¡quins collons, quins collons!».

La última noche de nuestra estancia en Santiago fue de traca. Fuimos a cenar toda la delegación española a un chiringuito. Por cierto, a nuestro grupo se añadió Gigliola Cinquetti, que todavía tenía edad para amar. Primer plato, segundo plato, vino a discreción. Y en un momento dado entran en la taberna un numeroso grupo de milicos armados más allá de los dientes. Silencio. De repente se levanta Ignasi Riera, con sus ciento y pico de kilos, y anuncia: «A continuación Juan Genovés interpretará para ustedes la copla que lleva por título La bien Pagá». Se levanta, ceremonioso, el maestro: «Ná te pío, ná te debo / me voy de tu vera, olvídame ya …»  Y la cantó enterita.   No hubo ningún incidente. 

Juan Genovés: més collons que en Wamba. 

Meses más tarde Pinochet perdió el referéndum. 




viernes, 15 de mayo de 2020

¿Qué pasa en Nissan?





Ayer corrió como la pólvora que Nissan dejaba tirados en la cuneta a sus 3.200 trabajadores de sus plantas de Cataluña. Más tarde la cosa se fue concretando: el próximo día 28 de este mes sabremos a qué atenernos. Hay, pues, un respiro –remotísimo, desde luego--  que debería aprovechar el sindicalismo confederal y la política para frenar el cierre de Nissan. Posibilidad remotísima, pero posibilidad.

Estamos hablando de Nissan, Renault y Mitsubishi. Con lo que, en el fondo, el sindicalismo se enfrenta no sólo a una empresa sino a la Alianza de las tres más grandes del sector. Con lo que, por estas y otras razones, es obligatoria –lo apuntaba recientemente Isidor Boix--  la acción del sindicalismo global (1).  

Nissan se plantea retirarse de Europa en favor de Renault y centrar su actividad en Japón, China y Estados Unidos. Por lo que el sindicato global tiene una papeleta que no puede ignorar. De momento, ha dicho que «trabajaremos estrechamente con nuestras organizaciones miembros representadas en la empresa fuera de España, así como con el Comité de Empresa Europeo». Nunca pensé que llegaría a decir lo que diré a continuación: «No seáis crédulos, eso es pura retórica». Hará, todo lo más, una nota de solidaridad retórica y a otra cosa, mariposa.

La única posibilidad de corregir la decisión de la Alianza está aquí, en nuestro país. En la capacidad de explicar a la población la alternativa de los sindicatos en Nissan, en la movilización general que ello genere y en la relación que el sindicalismo se procure con las fuerzas políticas y las instituciones. Amén de la unidad interna de todos los trabajadores de Nissan.
  
Hay alternativa en Nissan como lo demuestra el planteamiento de Javier Pacheco hoy en La Vanguardia:



miércoles, 13 de mayo de 2020

Necesitamos un sindicato más fuerte




1.--- En el verano de 1995, en puertas del Sexto Congreso de CC.OO. de Catalunya publiqué un largo trabajo que llamé El contrato moral en Comisiones Obreras (1).  Se trataba de «un contrato (mutuo, claro está) de los trabajadores-entre-sí con el sindicato; moral, como expresión de generar una nueva costumbre, esto es, una relación distinta de los trabajadores-entre-sí con el sujeto sindicato. Por trabajadores-entre-sí entiendo la unidad social que expresa esa fuerza colectiva, ese valor del hecho de estar organizados; de estar organizados "entre-si" como expresión de solidaridad fuerte, con el ánimo de organizar importantes momentos de identidad colectiva.

Las líneas que vienen a continuación intentan recuperar el espíritu de dicho trabajo y su interés en estos complicados tiempos de crisis sanitaria, económica y social que van a dejar una huella de mucha envergadura. De ahí que retome la idea de un «contrato moral» en Comisiones Obreras, que partiría del pilar que dejó sentado en su día aquel legendario sindicalista italiano que fue Vittorio Foa: «para que los trabajadores tengan confianza en el sindicato, el sindicato debe tener confianza en los trabajadores».

2.---  Estos son tiempos ásperos. Y probablemente estamos en puertas de mayores asperezas y dificultades. El sindicato está dando el callo en la defensa de la condición asalariada, tutelando a los trabajadores en todos los aspectos de la lucha contra el coronavirus y negociando con sus contrapartes la defensa del empleo y el ejercicio de los derechos laborales. Pero la fuerza estable del sindicato, esto es, la afiliación, está muy por debajo de las necesidades sindicales para una mejor  defensa de los intereses de los asalariados. Cosa que, todavía se pondrá más de manifiesto, cuando se empiece la compleja tarea de la reconstrucción económica. De ahí que necesariamente tengamos que abordar la cuestión por partida doble: de un lado, mantener los actuales niveles de afiliación; y, de otro lado, resituar el trabajo de captar más y más y más afiliación.

3.---  El contrato moral, aquí y ahora, sería el siguiente: para que la fuerza colectiva de los asalariados, organizada en el sindicato, pueda ser eficaz en estos tiempos tan difíciles es preciso que aumente considerablemente la afiliación. Ser más fuertes no es una cuestión administrativa, sino de utilidad y eficiencia. Salvando las distancias –han pasado 25 años de aquel escrito--  entiendo que aquel trabajo propone pistas que podrían ser útiles en estos tiempos. Ahí lo tienes.