sábado, 4 de julio de 2015

¿Política sin partidos?




Joaquim González Muntadas
Director Ética Organizaciones SL


Es una evidencia irrefutable que España está viviendo un shock emocional, estético y, sobre todo, mediático, que anuncia un profundo cambio en las formas de hacer política. Sólo hay que observar la convulsa vida de los partidos políticos para comprobar que casi todos ellos disimulan sus siglas y difuminan su historia, usando en sus debates la reflexión común de reinventarse, refundarse, repensarse o incluso, en algunos casos, disolverse. 

Asistimos a la paradoja de que la no militancia política, ‘el independiente’, es exhibida por los propios partidos y candidatos como un mérito a la hora de presentarse a las elecciones políticas y formar parte de candidaturas, frente al afiliado y al militante. El súmmum de esta paradoja es la reciente propuesta del Oriol Junqueras (ERC) que propone ‘una candidatura sin políticos para las elecciones políticas catalanas del 27 Septiembre’ lo que, de concretarse, bien merecería entrar en el Libro Guinness. De igual forma, nos hemos acostumbrado a oír la primera persona del singular en los discursos de los dirigentes políticos en sus compromisos electorales, proyectos y decisiones de gestión,  como si no hubiera nada detrás de ellos y todo dependiera de la opinión y voluntad del cabeza de lista o del líder de la organización.

Mucho han cambiado las formas de hacer política desde las fuerzas políticas. Hasta ayer, sus militantes y simpatizantes vivían la política con un arraigado sentido colectivo y orgánico, desde la visión de transcendencia que proporciona trabajar y militar, para ‘anticipar el futuro’ para un modelo social. Hoy se impone el personalismo frente al colectivo y su organización. Se entiende que el éxito o fracaso de una candidatura responde esencialmente a la popularidad, la capacidad de identificación y la empatía que puede generar el candidato o candidata famoso, aunque sea improvisado (una monja, un catedrático, un torero etc.), más que la coherencia del programa que representa y más allá de la solvencia del partido que la sustenta. Algo así hemos visto con mucha fuerza en las elecciones del pasado 24 de mayo y mucho más lo estamos viendo en el trajín de la preparación de las elecciones catalanas del 27 de septiembre, o en las futuras elecciones generales.

La coherencia de los programas electorales y la credibilidad de sus propuestas no han sido, ni es previsible que lo sean en las futuras elecciones, los protagonistas en las campañas electorales, ni el eje de la discusión entre las candidaturas. El protagonismo ha girado esencialmente sobre comportamientos, emociones y pasiones. Por esto, por poner un ejemplo, se ha asumido y  no ha sido traumático para los votantes de la candidatura de Ahora Madrid que, en menos de quince días de tomar posesión del cargo Manuela Carmena, anunciara con nobleza y sin falsas excusas que  ‘renuncia a crear un banco público como iba en el programa de Ahora Madrid porque no era viable’, afirmando sin complejos y con absoluta claridad, que entiende el programa electoral como un conjunto de sugerencias englobadas en torno a grandes objetivos como son la igualdad, la lucha contra la corrupción y la transparencia.

Es una evidencia que una parte muy importante de la sociedad y sus electores ha depositado su voto respondiendo a la emoción y buscando una referencia y un ejemplo de ética social, valorando y juzgando los comportamientos personales más que el contenido y el cumplimiento del programa electoral. Por ello es tan determinante para su credibilidad viajar en metro, reducir el número de asesores y el criterio a la hora de contratarlos, la bajada de los salarios, y todo aquello que exprese otras formas de hacer y vivir la política.   

El discurso emocional, la simbología, la ambigüedad, los grandes conceptos abstractos que han generado energía social y  que alimentan sentimientos, priman sobre la definición programática. Y la batalla política actual  trata más sobre comportamientos y emociones que sobre programas, por lo que podríamos afirmar: ‘El combate no es por el centro, es por el corazón, el auténtico centro de la política’ (A. Gutiérrez Rubí). 

Lo importante es que los beneficios de este cambio que responde al ajuste de cuentas a décadas de política burocrática, de partidos cerrados y aislados de sus votantes, aporten renovación, oxígeno y participación de nuevos sectores en el compromiso por la cosa pública no sea a costa de destruir o debilitar a los partidos políticos y menos aún sea cruel e injusto con los miles de personas honradas que han trabajado en la política dando lo mejor de sí con profesionalidad durante décadas–. Esta positiva pasión por la política, además de beneficios, aporta el riesgo de que se trate sólo de formas, gestos y maneras, porque de ser así, sólo nos quedaría la política pasional dirigida por personalidades, que no es precisamente lo mejor para afrontar los grandes retos que debemos resolver como sociedad y país. 



viernes, 3 de julio de 2015

¿Grecia es Europa?

Hasta ahora lo mejor que he leído sobre la situación griega es obra de Paco Rodríguez de Lecea. Se trata de una serie de crónicas escritas desde el mismísimo corazón de Atenas, sin duda redactadas después de una discusión con sus allegados, una familia de intelectuales sobradamente conocida en los medios sindicales catalanes desde aquellos lejanos tiempos de la lucha antifranquista. Como muestra un botón: INTRUSOS EN LA CASA. No sólo desvela toda una serie de intríngulis en este proceso de negociación –o como diría Carlos Arenas Posadas, de la mesa de imposiciones--  sino que sitúa el territorio griego en un contexto determinado de gran importancia geoestratégica.

En ese sentido, no parece que los principales mandatarios europeos estén muy avisados de que todo intento de desestabilizar social, económica y políticamente, a Grecia es una superlativa temeridad. Es más, parecen haber echado en olvido, una vez más,  que se sabe cómo empiezan las cosas y se ignora de qué manera acaban. Que Rajoy no esté al tanto de ello parece cosa normal, pero que sus colegas europeos jueguen con fuego dice muy poco de ellos. Digámoslo claramente: ¿esta lidershipe europea ha previsto las consecuencias de una gran parte de la sociedad griega sintiéndose humillada –derrotada y dividida--  por los prebostes de la Unión Europea?

Vamos a hablar con desparpajo: ¿qué son unos milloncejos de euros comparados con las consecuencias de la inestabilidad, de un más que probable todos contra todos en Grecia que puede durar varias generaciones? Y de todos ellos contra Europa que también puede durar varias generaciones.

Lo insólito del caso es las declaraciones que Merkel ha hecho hace unas horas escasas: «Europa es ahora más fuerte».  Leamos bien: la canciller alemana, de esta guisa, ha enviado a Grecia fuera de Europa. Lo que probablemente siempre ha estado presente en su imaginario. Así las cosas, si Grecia no es Europa ¿qué sentido tendría echarle un cable? Pero, como sabemos, la premisa mayor es tan falsa como que el río Guadalquivir pasa por Granada. Pero quede a beneficio de inventario esa postura es intencionadamente excluyente. Más todavía, ¿tiene base esa afirmación de que «Europa está ahora más fuerte»? Si lo cree así es una redomada irresponsable; en caso contrario, no está haciendo política sino publicidad de baratillo.




jueves, 2 de julio de 2015

¿”LAUDATO SI “, una Encíclica revolucionaria?

Manuel Gómez Acosta (Ingeniero Industrial)

La primera encíclica del papa Francisco “LAUDATO SI”, titulada  “Sobre el cuidado de la casa común”, puede considerarse como un contundente alegato contra las grandes compañías transnacionales y los gobernantes de los países más ricos que, “con el uso desproporcionado de los recursos naturales”, han contribuido al cambio climático y a la pobreza de una parte del planeta. De los seis capítulos que consta la “Carta Encíclica”, el primero es de una contundencia inusitada, sobre todo al denunciar la pasividad de los responsables políticos ante el expolio del planeta.

La encíclica del Papa al situarse contra el cambio climático apoya y da vigor a un escenario nuevo y revolucionario, se sitúa inequívocamente al lado de ONG’s como la WWF  (World Wildlife Fund for Nature)  organización muy combativa que han dedicado su existencia durante años a la defensa del medio ambiente, a la conservación de la diversidad biológica y al uso sostenible de los recursos naturales.

WWF es el verdadero azote de los medios de opinión más vinculados a la derecha más reaccionaria a nivel mundial representada por los llamados “negacionistas del cambio climático”. Personajes tan siniestros como Dick Cheney vicepresidente de George W.Bush, lobista de empresas petroleras como Exxon, ConocoPhillips,   BP, Royal Dutch Shell… el reaccionario Instituto Heartland financiado por compañías vinculadas al petróleo como Koch Industries, a las que Greenpeace acusa de haber gastado más de 20 Millones de dólares para atacar a quienes advierten de la emergencia del cambio climático. Uno de los “amigos” de dicho instituto es el ex presidente Aznar a sueldo de los “negacionistas”, o personajes como Jeb Bush es gobernador de Florida y previsible candidato del Partido Republicano a la presidencia de los EE.UU.

El Papa atribuye gran parte del problema a la voracidad de las grandes compañías y a determinados responsables políticos a los que acusa de enmascarar los problemas ambientales y subestimar el riesgo. Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos.

“Llama la atención”, escribe Jorge Mario Bergoglio, “la debilidad de la reacción política internacional”. “El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente”.  “Esperamos que el incremento de la atención hacia el cambio climático y el desarrollo sostenible, este año se materialice en compromisos reales por parte de los gobiernos en la COP21 de París. El 2015 debe ser un año de decisiones concretas, justas y de largo alcance, el año en el que nadie pueda evadir la acción”.

El Papa, que pide una “revolución cultural” para afrontar la creciente destrucción del planeta, aclara que no es partidario de regresar a las cavernas, pero sí de reflexionar sobre el inmenso poder que, a través de la ciencia y la tecnología, los más poderosos tienen entre sus manos: “No podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos dan un tremendo poder. Mejor dicho, dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien”

En su “Carta Encíclica” plantea “un nuevo modelo de crecimiento” basado en la eficiencia energética, en las energías renovables, en la economía sin carbono, en la democracia energética. Lo que el mejor Jeremy Rifkin ha llamado la «III Revolución Industrial» que supone un cambio de jerarquía, lateralidad en el uso del poder y un nuevo modelo de capitalismo “distribuido”. Plantea un nuevo modelo de consumo y producción  basado en la sostenibilidad y no en la depredación de los recursos del planeta

Al criticar la crueldad del capitalismo y su espíritu depredador, la voracidad de las grandes compañías, el sometimiento a los intereses de los grandes grupos de presión económica, la pasividad ante el expolio del planeta, Bergoglio llega a poner la propiedad y el interés económico subordinado al bien común.

Bergoglio advierte que la propiedad privada no puede estar por encima del bien común, “el primer principio de todo el ordenamiento ético-social” es el “principio de subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes”…y a continuación comenta que  “La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada”.

¿Serán capaces las fuerzas de progreso que combaten por la igualdad, la fraternidad y la sostenibilidad del planeta,  de construir una nueva alianza, un nuevo bloque histórico? ¿Han encontrado en el camino un nuevo aliado? ¿Será capaz Jorge Mario Bergoglio de cambiar la inercia de la organización más reaccionaria y antigua del planeta? ¿Sobrevivirá al intento de cambio? Estas son algunas de las preguntas que el tiempo se encargara de despejar, confieso mi escepticismo esperanzado
Texto de la Encíclica: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

miércoles, 1 de julio de 2015

Los peligros de las urnas y los jueces




La ministra de Agricultura –su nombre debe aparecer en google--  ha hablado en televisión española de la situación griega. Quien, dichosa la rama que al tronco de Cañete sale, ha dicho: «Ojo, las urnas son peligrosas». Que no es una improvisación lo demuestra el toque de atención que representa ese «ojo», como indicándonos que va a decir algo con enjundia. Deséchese, pues, la idea de que se trata de un pronto de alguien que ha sido pillado de improviso en plena entrevista. Ese ojo es el aviso de algo que es considerado de primer orden por quien, de antemano, nos está avisando.

No es la primera vez que un ministro dice algo que atenta gravemente contra la democracia. Recuerden ustedes cuando esa extraña ministra de Trabajo –o como se llame en la actualidad--  leyó un texto escrito afirmando que «prefiero a los hombres de negro antes que a los jueces». Tampoco fue improvisado, ni un pronto.  Era la constatación de que la Judicatura, y su independencia, estaban impidiendo que la reforma laboral, reclamada por los mismos extremistas que quieren ahogar a los griegos, tuviera rasgos más exasperantes.

La razón democrática está siendo puesta en entredicho. Y no por un alcalde o concejalucho de secano sino por la cima del poder político, el gobierno. Que no haya sido desautorizada por ningún colega es, si cabe, todavía más preocupante. En realidad, tan tosco lenguaje es la consecuencia del carácter contingente que tiene la democracia en ciertas instancias del Partido Popular. La democracia vale cuando conviene a sus intereses: comoquiera que en importantes comunidades autónomas y grandes ciudades han perdido poder, efectivamente, las urnas les son peligrosas. Y ya que las urnas barrieron a la derecha corrupta griega –apoyada personal y tesoneramente por Rajoy--  las urnas, dando el triunfo a Tsipras, fueron peligrosas.

¿De dónde viene este radicalismo tan paroxísticamente extremista? Digamos que viene de lo más profundo y negro de nuestra historia, reciente y pasada. Que, en determinados sectores, estaba en estado de latencia. Lo nuevo ahora es que el apoyo oblícuo a estas ideas viene desde la cumbre de las instituciones europeas que se pasan por el arco de los pantalones la Constitución Europea, la Carta Social y todo aquello que les parezca una chuchería del espíritu. Estas dos ministras, pues, no necesitan la inspiración de los neocons norteamericanos. Tienen el virus en su propia casa. Es el mismo que ha engendrado la llamada Ley Mordaza.  

Visto lo visto, ¿sería mucho pedir que las izquierdas entendieran las consecuencias que se desprenden de esta relectura de la democracia y se pusieran manos a la obra para proceder a un duradero desalojo del Partido Apostólico? Sabemos que estáis por la labor, pero tan lentamente –tempus fugit--  que casi no se nota.

Radio Parapanda.-- 
Il contagio del referendum
(Antonio Lettieri).

martes, 30 de junio de 2015

¿Vais a dejar que ahoguen a los griegos?

Un primer ministro inglés llevaba demasiado tiempo en viaje oficial por el extranjero. En un momento dado, el jefe de la oposición clamó tonante en el parlamento: «¿Se puede saber cuándo vuelve el primer ministro, y para qué?». Sin duda se trató de una pregunta con tanta mala uva como plena de elegancia.

Pues bien, con relación a la dramática situación de los griegos no tengo más remedio que preguntar: ¿se puede saber cuándo se reúne el Partido socialista europeo, y para qué? Y otra: ¿se puede saber cuándo se reúne la Confederación Europea de Sindicatos, y para qué? Hasta la presente poco sabemos de la actividad de ambas organizaciones supraestatales en torno al problemón de Grecia. De manera que podemos barruntar que han seguido su rutinario quehacer adobado con alguna declaración al uso. Ambas organizaciones, así las cosas, expresan el nivel de inanidad al que han llegado. Oído cocina: no estoy poniendo a la misma altura a los socialistas europeos y al sindicalismo europeo con aquellos que están apretando la soga en el cuello de Grecia. Lo que afirmo es que no están haciendo nada que, por lo menos, abra una perspectiva de mejorar la situación.

Estoy por decir, tal vez imprudentemente, que ni el Partido socialista europeo, ni la CES ven que en Grecia se juega un potente banco de pruebas para el futuro de la Unión. Así es que la solidaridad con Grecia es la defensa del llamado modelo social europeo. Y hablando en plata: la quintaesencia de la democracia en nuestro viejo continente.

Es cierto que el modelo griego no se corresponde con el que tienen en la cabeza los socialistas europeos pero ¿desde cuándo la solidaridad se hace desde la exacta coincidencia de los solidarios con los que necesitan el apoyo? Si fuera de esa manera nunca se habría dado el noble ejercicio de la solidaridad. Que esto es así lo muestra el hecho de que personalidades de gran relevancia (Stiglitz, Paul Krugman, Piketty y ex primer ministro italiano Massimo d´Alema) se han dirigido a las autoridades de la Unión y al FMI en claro desacuerdo con las medidas contra Grecia, a la par que hacen una serie de propuestas muy razonables.

Sobre el sindicalismo europeo sólo me queda añadir que posiblemente hay más paradojas que las enumeradas en Releer a Trentin, Releer a Gramsci. O sea que el comentarista se quedó un tantico corto en su análisis.

 

Posdata: lean lo que, sobre el particular, ha escrito Joaquín Aparicio en http://japariciotovar.blogspot.com.es/2015/06/el-no-de-grecia-es-un-si-europa-pero-no.html

 



lunes, 29 de junio de 2015

RELEER A TRENTIN, RELEER A GRAMSCI

Nota editorial.-- El 21 de noviembre de 1997 Bruno Trentin dio en el Istituto Gramsci de Torino la conferencia que ponemos ahora al alcance del lector, traducida al castellano por Javier Aristu. Habló como invitado en un “Convegno” (seminario) dedicado a «El joven Gramsci y el Turín de principios de siglo». Su intervención fue recogida en Quale Stato, n. 3/4, septiembre-diciembre 1997, pp. 41-60.
“La ciudad del trabajo”, la obra principal de Trentin, estaba ya concluida en esa fecha, a falta tan solo de unas semanas para su publicación. Trentin invirtió tres años intensos (prácticamente desde que dejó el cargo de secretario general de la CGIL) en la escritura del libro. El 20 de mayo de ese mismo año de 1997 había escrito en su diario: «El esfuerzo ha acabado.» Sin embargo, siguió corrigiendo el original a lo largo de todo el verano. «Un trabajo de Sísifo», escribió en otro momento.
El “convegno” turinés de noviembre fue para Bruno Trentin una ocasión inmejorable de poner a prueba las tesis, flagrantemente heterodoxas para una cierta izquierda, sostenidas en el libro. En un texto denso, bien trabado y de un enfoque tan original que puede llegar a aturdir, el autor resume los temas principales de la “Ciudad…” a través del desarrollo argumental de tres paradojas: las dos primeras, relacionadas con el hecho de que las dos transformaciones más sensacionales del sistema productivo en las sociedades industriales avanzadas del siglo XX, el fordismo-taylorismo y el estado del bienestar, apareciesen con un marchamo de origen exterior a las concepciones y las tradiciones del movimiento obrero; la tercera, el hecho de que la adhesión a tales novedades llevara al movimiento socialista en su conjunto y a la teoría marxista oficial en particular, a una nueva concepción del Estado «como sujeto de la historia y como momento creador de la sociedad civil.»
Como acompañamiento del texto de Trentin, que se irá presentando capítulo a capítulo a medida que la traducción esté lista, se incluirán en  Metiendo Bulla las notas, ya habituales en este medio, de José Luis López Bulla y Paco Rodríguez de Lecea, sin perjuicio de que el propio traductor Javier Aristu y otras personas se asomen también al debate, o a la cháchara, con sus propios comentarios y puntos de vista.

Cuál lectura de Gramsci, hoy


1.

La reflexión sobre la crisis, muy avanzada ya, de lo que se suele definir como el «modelo fordista de economía y sociedad», y sobre la crisis, mucho más lenta y tortuosa, de la «organización científica del trabajo» (el sistema de Taylor) que había sido, en cierta manera, su partera, me ha llevado en varias ocasiones a plantearme dos grandes interrogantes; o, si se quiere, dos grandes paradojas que han marcado la historia de los movimientos sociales en el siglo XX. Y, a partir de ahí, a medirme, una vez más, con la  búsqueda que Antonio Gramsci llevó a cabo en el Turín obrero, después de la primera guerra mundial.

Dos grandes paradojas. Por un lado, y en primer lugar, el hecho de que, un siglo después de la aparición de las grandes asociaciones políticas y sindicales que asumieron la emancipación del trabajo —sobre todo a través de la redistribución de los recursos en favor de los débiles y de los excluidos— como su objetivo estratégico, dichas organizaciones no hayan alcanzado en este terreno (con o sin ruptura revolucionaria) más que unos resultados relativamente modestos en términos de mayor igualdad y de una más equitativa distribución de rentas. Y que en esos resultados haya influido más el crecimiento impresionante de los recursos globales, que el impacto duradero de la acción reivindicativa de los sindicatos y de la iniciativa legislativa de la izquierda. De hecho, incluso una gran conquista política y social como fue el Estado del bienestar ha estado más marcada, en Europa, por los nombres de un  conservador autoritario como el canciller Bismarck y de un liberal reformador como Lord Beveridge, que por el recuerdo de una gran lucha reivindicativa de los trabajadores destinada a conseguir ese objetivo. Y las normas por las que se rige el Estado del bienestar llevan aún la impronta de las dos personalidades citadas, y no la de los ideólogos del movimiento obrero.

Por otro lado, choca el hecho de que las conquistas más duraderas arrancadas a lo largo de un siglo de luchas obreras y de legislaciones sociales, antes y después del trágico fracaso de los regímenes del «socialismo real», se refieren a algo que la “vulgata” marxista consideraba medios, instrumentos (inevitablemente contingentes e incluso ocasionales), susceptibles de hacer más eficaz la lucha por la redistribución de los recursos y por la reducción de las desigualdades. Me refiero a los derechos fundamentales, individuales y colectivos; a la ampliación progresiva del ámbito de la ciudadanía. Con la circunstancia añadida de que tales derechos de ciudadanía se han detenido por lo general a las puertas del lugar «privado» donde se produce materialmente la prestación de trabajo de las personas contratadas al efecto.

La segunda paradoja para la “vulgata” marxista y socialista consiste en el hecho de que, una vez más, ha cambiado en la sociedad civil, antes incluso que en la esfera de la política (entendida esta como el ámbito de actuación de una categoría separada de personas, que ejercitan una profesión especializada sirviéndose de la maquinaria del Estado), el escenario económico y cultural que había presidido el siglo. El desarrollo de las fuerzas productivas ha cambiado el rumbo al que parecía predestinado, y lo ha hecho antes de «haber agotado todos sus efectos» (lo que contradice uno de los cánones fundamentales de cierta teoría marxista). El «progreso», en definitiva, está una vez más cambiando de curso, sin que por otra parte las «relaciones de producción» —no solo y no tanto las relaciones de propiedad sino, sobre todo, las relaciones de poder— hayan sufrido una transformación de igual importancia, en primer lugar en los lugares donde se producen bienes y servicios.

Resulta difícil (aunque muchos, sobre todo los «neopositivistas» de «derecha» y de «izquierda», lo intentan todavía) dejar de plantearse la pregunta siguiente: ¿cuáles son las raíces de estas paradojas? Y, ya de paso, ¿cuáles son las raíces de esta crisis errática del fordismo y del taylorismo? ¿Solo se debe a la aparición y la difusión de las «nuevas tecnologías» basadas en la informática y en los sistemas digitales de las comunicaciones, en la medida en que estas tecnologías facilitan y demandan una organización más flexible y menos fragmentada de las personas que trabajan? ¿No se deberá también —así lo asumimos nosotros— a una «compresión» y una desarticulación, insostenibles a la larga, del crecimiento cultural y civil de los recursos humanos y de las potencialidades creativas que todavía siguen inscritas en los genes de las fuerzas productivas cuyo desarrollo habría tenido que conducirnos a los umbrales del socialismo?

Pero si admitimos como cierta, aunque sea solo parcialmente, la segunda de las respuestas posibles, ¿no deberíamos entonces pensar que también antes, en años más lejanos, fueron posibles otras vías para la valorización del trabajo y de su papel creativo? ¿Acaso no se dieron, antes del inicio de la decadencia del sistema taylorista y fordista —esa gran «racionalización» del trabajo, de la sociedad y del Estado—posibilidades, descartadas y sin embargo siempre abiertas, de situar el trabajo concreto en todas sus formas (tanto la prestación del trabajo y los derechos de la persona en la prestación del trabajo, como las relaciones que se definen entre los hombres y las mujeres cuando organizan y dividen el trabajo) como una de las grandes cuestiones centrales de la polis, de la política y de la ciudad, entendida esta como el lugar sin límites donde se definen las relaciones que tutelan y vinculan a tantos seres diferentes que viven en comunidad?

Responder esta pregunta y explicar las causas profundas que han llevado a los movimientos reformadores de occidente a evitar plantearse ese interrogante, nos lleva inevitablemente a  tratar de entender las razones de la extraordinaria influencia hegemónica (sobre todo en el plano cultural, pero desde luego también con la ayuda del endurecimiento de las características opresivas de la relación de trabajo subordinado) que grandes revoluciones sociales, como lo han sido el taylorismo y el fordismo, han ejercido no solo en el mundo de la empresa, en las clases dominantes y en su personal político, sino también (y en un momento determinado de forma muy especial) en el movimiento socialista y en los movimientos sindicales de todos los países industrializados.

Ha sido una gran «revolución pasiva», según término acuñado por Gramsci, y sin duda ha tenido como objetivo fundamental las clases sociales subalternas, pero ha encontrado además sus «pífanos» y sus apologetas en numerosos intelectuales que en diversos momentos ligaron sus destinos y sus suertes a la «misión histórica» de la clase obrera.

En la pista de esos interrogantes investigaremos, precisamente a través de Gramsci —que representó sin duda, por lo menos en Italia, el testimonio más elevado, más complejo y más sufrido y consciente de esa «revolución pasiva»—, alguna explicación posible (que será, ciertamente, “a toro pasado”) de otra paradoja aun, la tercera que provoca esta investigación: la representada por el hecho de que una revolución social y cultural madurada por «intelectuales del capital» en el corazón de la sociedad civil («desde abajo» se decía entonces), como fue el taylorismo, vino a marcar el tránsito, ante todo en la cultura del movimiento socialista, hacia un redescubrimiento del papel taumatúrgico del Estado, como fuente de legitimación de la organización de la sociedad, y como «motor» de la historia. Y, finalmente, el tránsito al redescubrimiento de la «política en el Estado», como momento creador de la misma sociedad civil.



domingo, 28 de junio de 2015

EL RECIENTE DISCURSO DE A. TSIPRAS

Compatriotas:
Durante los últimos seis meses este gobierno ha estado luchando en condiciones de asfixia económica sin precedentes para cumplir lo prometido. Nuestra promesa consistía en negociar con nuestros socios europeos el fin de la austeridad y el retorno de la justicia social a nuestro país.
El mandato que nos disteis tenía como fin lograr un acuerdo que respetase la democracia, los valores europeos y que acabase definitivamente con esta crisis económica.
Durante este periodo de negociaciones nos pidieron adoptar medidas de gobiernos anteriores, gobiernos que habían sido condenados en las elecciones.
Nunca, ni por un momento, contemplamos rendirnos. Eso hubiese sido traicionar vuestra confianza.
Tras cinco meses de negociaciones, nuestros socios europeos nos presentaron un ultimatum. Un ultimatum que contraviene los principios y valores de Europa.
Las medidas de las instituciones contemplaban medidas como la desregulación del mercado laboral, recortes en las pensiones, recortes en salarios públicos, incremento del IVA en alimentos.
Estas propuestas violan las reglas europeas y los derechos fundamentales del trabajo, la igualdad y la dignidad. El objetivo de algunos de nuestros socios no era más que la humillación de todo el pueblo griego.
[…]
Compatriotas,
Tenemos una responsabilidad histórica para dignificar la democracia y nuestra soberanía.
Es una responsabilidad con el futuro de nuestro país. Y esta responsabilidad nos lleva a responder al ultimátum según la voluntad del pueblo griego.
Hace unos instantes he convocado a mi gobierno y he propuesto que el pueblo griego elija en ejercicio de su soberanía. Mi propuesta ha sido aceptada unánimemente.
Mañana una sesión plenaria del Parlamento Griego aprobará la propuesta del gobierno para celebrar un referéndum el próximo domingo, 5 de julio, donde se preguntará si aceptamos o rechazamos las medidas propuestas por Europa.
[…]
Compatriotas,
Ante esta austeridad descarnada y autocrática debemos responder con democracia, compostura y decisión.
Grecia, la cuna de la democracia, debe enviar un mensaje fuerte y democrático a Europa y a la comunidad internacional.
Me comprometo a respetar el resultado democrático de este referéndum, sea cual sea el resultado.
Estoy seguro que vuestra elección honrará la historia de nuestro país y enviará un mensaje de dignidad al mundo entero.
En estas horas cruciales, debemos recordar que Europa es la casa común de sus gentes. En Europa no hay dueños ni esclavos.
Grecia es una parte indispensable de Europa y Europa una parte indispensable de Grecia. Pero Grecia sin democracia es una Europa sin dignidad ni dirección.
Os llamo a tomar una decisión a la altura de nuestra digna de nosotros.
Por nosotros, por las generaciones futuras, por la historia de Grecia.
Por la soberanía y la dignidad de nuestro pueblo.


sábado, 27 de junio de 2015

SOPLONES DE ALTO COPETE EN BARCELONA


«El escritor y enigmista Màrius Serra estaba sentado el otro día en una terraza de la Rambla, y escuchó casualmente cómo otro escritor, Ferran Toutain, hablaba en la mesa vecina con una editora, en contra de la independencia. Serra se hizo un selfie en el que aparece al fondo la pareja que conversa, y tuiteó las opiniones expresadas por Toutain, la foto y algún comentario de condena de las posiciones “anticatalanas”». La noticia nos la da Paco Rodríguez de Lecea con otros adobos más en   OTRA CATALUÑA.


Pasado un ratico alguien debió decirle a ese fifiriche que justificara su selfi o algo por el estilo. Y como es normal en estos casos, el asunto se cierra pidiendo perdón. Algo que ya es irritantemente reiterativo.

Alguien podrá justificar la actitud de ese Serra como la consecuencia de un acto espasmódico, irreprimible de poner en circulación lo que ve y oye a su alrededor. Sin embargo, mucho me temo, que este selfi no es otra cosa que la denuncia y la advertencia de que un tal Ferran Toutain «no es de los nuestros». Y, siguiendo la peculiar doctrina Romeva, «no es un demócrata».


¿Qué les lleva a Serra y Romeva a ser dos soplones? ¿Acabarán esos acusicas formando un somatén? ¿Acabará siendo legal esta actitud de los acusadores populares?   

viernes, 26 de junio de 2015

Podemos e Izquierda Unida

Pablo Iglesias el Joven ha vuelto a decir que no a Izquierda Unida. Esta vez ha sido de forma taxativamente áspera. Sin la más mínima cortesía. La respuesta es indudablemente definitiva.

La formación de Cayo Lara se caracteriza por la búsqueda de alianzas y de entendimiento con las fuerzas políticas que cree le son más cercanas.  Hasta tal punto se ha distinguido que apostó por Alberto Garzón como líder social y cabeza de cartel de las próximas elecciones generales en tanto que  elemento de relación con las organizaciones emergentes. Sin embargo, hay que convenir con realismo que ni IU ni Garzón han conseguido sus objetivos. De ahí que si IU continúa rondando a Podemos corre el peligro de ser vista como una orden mendicante. Debe apechugar, pues, con la rotunda negativa de Pablo Iglesias y prepararse sin más dilación a concurrir casi en solitario. Y llamando a la ciudadanía para que esta le evite el naufragio.

Alberto Garzón ha afirmado que «no está en entredicho que IU tenga grupo parlamentario en las próximas elecciones». Mejor que sea así, por supuesto. Pero, tal vez, no ha tenido en cuenta que en las próximas Cortes es posible que no puedan disponer de los parlamentarios de ICV –EUiA.  Precisamente mientras Pablo Iglesias iba acumulando negativas a IU estaba en negociaciones con Iniciativa, sin ir más lejos esta noche pasada. Este es un cuadro que puede llevar a IU a una situación todavía más difícil, aunque –todo sea dicho--  puede ser una tabla de salvación para Iniciativa.

Conclusión: Izquierda Unida no debería perder el tiempo. Y, si me apuran, deberían tomar una urgente decisión: dejar sin efecto la sanción colectiva a la Federación madrileña y su militancia.  Porque seguir existiendo bien vale una misa.



jueves, 25 de junio de 2015

Las chuminadas del Banco de España

A Miguel Ángel Fernández Ordóñez le sucedió Luís María Linde en la dirección del Banco de España, esa institución que tiene el encargo oficioso de preocuparse de aquello que no debe y desatender las obligaciones formalmente oficiales. Diremos que, así las cosas, la ejemplaridad de MAFO fue notable, y camino de ello va aceleradamente este Linde. Lo que ocurre es que MAFO provocaba irascibilidad mientras que Linde nos propone hilaridad.

El máximo responsable del Banco de España planteó en su comparecencia en el Congreso de los Diputados dos cojonadas o, según se mire, dos chuminadas que hasta la presente nunca se habían dicho en ningún foro político, académico o patio de vecindonas.

La primera chuminada: los jóvenes deben comprarse su propia vivienda. Lo que podría significar que este caballero no sabe en qué país está viviendo, cosa que no debería extrañar a nadie. Pero que es imperdonable en un covachuelista que se precie: un profundo desconocimiento de las estadísticas. Si este hombre estuviera al tanto sabría que sólo cuatro y el cabo más la niña Leonor son las únicas personas que pueden seguir su consejo.

La segunda chuminada: Linde añade a su propuesta que los jóvenes deben tomar nota de que la mayoría de los pensionistas españoles tienen una vivienda en propiedad y de ahí extrae la siguiente chuchería del espíritu: «la pensión de jubilación es un pago en especie». Yo lo oí con estos oídos que se comerán la tierra en televisión. Dicho lo cual debió poner sus párpados como acentos circunflejos buscando posiblemente la complicidad de la sala.


Ustedes comprenderán que, al menos contra MAFO, se podía polemizar tirando de razonamientos. Pero contra este Mafo Chico lo único que cabe es llamarle al orden para que no compita con los Morancos. Ahora bien, ello no excluye una muy seria reflexión: que al frente del Banco de España esté dicho caballero es motivo de honda preocupación. En todo caso, --como diría la Aguirre--  este Linde «tiene estudios». De donde podemos inferir que siendo una persona estudiada, puede decir las mismas cojonadas que cualquier mortal que confunda el tanto por ciento con el tonto por ciento.   

martes, 23 de junio de 2015

Demócratas y antidemócratas en Cataluña

Raül Romeva, ex europarlamentario, ha afirmado que «el país ya está dividido entre los que están por la democracia y los que no» (1).  Primera consideración: habló este Romeva, punto redondo, que sería la versión castiza de un viejo apotegma: Roma locuta causa finita.

Un servidor ya estaba acostumbrado a que en ciertos bazares se expendieran carnets de buenos y malos catalanes; que en determinados camaranchones se revendieran diplomas de patriotas y anti patriotas. Ahora, tal vez por cosas de la competencia, ha aparecido un nuevo concesionario de títulos: los que son demócratas y los que no lo son. Son demócratas quienes están por la independencia de Cataluña; no lo son quienes no lo están. Esta nueva expendeduría está dirigida por este ex europarlamentario. Que se ha atribuido una legitimación particular para decidir quiénes son una cosa y quiénes su contraria.

Esto puede contemplarse en claves diversas: o bien es cosa de un botarate o bien es la expresión de un sectarismo acumulado desde tiempos antiguos. O tal vez se trata de un desesperado intento de desmarcarse de su antigua formación política. Sean unas u otras las razones, todo indica un chocante y enfermizo modo de pensar. Ahí quedaría la cosa sin más problema si no fuera porque esos diversos concesionarios de titularidades están generando conscientemente un clima inédito en Cataluña, unas nuevas «guerras de barretinas».

Me importa una higa que se me considere buen o mal catalán, y todavía me importa menos que ciertos hijos de papá crean que soy un antipatriota. Más aún, viniendo de quien viene me es irrelevante que me considere que no soy demócrata. Pero, a buen seguro, estoy convencido que no pocos amigos y conocidos de mi cofradía democrática se han sentido vilipendiados por ese caballerete. A ellos les digo: no se lo tomen en serio, este Romeva tiene que hacer méritos. Y, como todos los viejos marranos, necesita eructar para dar la impresión de que come cerdo.




lunes, 22 de junio de 2015

Grecia y las izquierdas parroquianas españolas

Las izquierdas españolas, también las llamadas de nueva estampa, están atrapadas en el interminable paisaje electoral. Yo no tendría el atrevimiento de afirmar que están distraídas, pero sí un tantico al margen de los acontecimientos griegos. Mientras tanto, en Roma, París, Londres y otras capitales de fuste europeo llevan un proceso de movilización en solidaridad con el pueblo y el gobierno griego y explícitamente contrario a los zarracatines de la troika. Son movilizaciones populares en exigencia de una solución razonable y justa para el pueblo griego. Han entendido que no hay tiempo que perder porque se acerca el vencimiento, concretamente a final de mes. Si no hay una solución la cosa para los griegos tiene muy mala pinta. Mientras tanto, nosotros estamos aquí rutinariamente lanzándonos dardos a destajo: «con esos no vamos a las elecciones, porque somos el palo del pajar, alrededor del cual se acuesta el grano y la paja», «nosotros somos el cambio seguro, los otros nos llevan a la incertidumbre», se achacan los unos a los otros. Así están esas órdenes mendicantes, mientras en Grecia sobrevuelan grajos y otras alimañas.

Si no hay una salida razonable y no humillante para Grecia la cosa tiene muy mala pinta. Y su gobierno, queriendo o sin querer, se echará en brazos de quien le ofrezca coyunturalmente un cierto respiro, aunque ello provoque estupor en Europa: Primum vivere. Mientras tanto la diplomacia española –Margallo luciendo posturas, De Guindos chicoleando por las covachuelas buscando apoyos para presidir el Eurogrupo— atizando el fuego de la leña contra los griegos. Cosa que podría incrementarse si las izquierdas siguen en sus laberintos parroquianos. Sí, olvidando que si Grecia sucumbe las izquierdas serán objeto de mayores ataques de las derechas económicas y sus franquicias políticas. «¿Veís lo que les pasa a esos destripaterrones de los griegos que no saben hacer la o con un canuto? ¿Veís a esos que no tienen un Bussines plan que echarse a la boca? No voten en España a quienes son las hijuelas de los griegos». Y nosotros responderemos a golpe de propaganda, aunque precarios en política solidaria con los griegos.

Dispensen la metáfora, tal vez heterodoxa: el acto electoral más útil ahora –ahora mismo, se entiende--  es la movilización de masas (de masas, no de cuatro y el cabo) en solidaridad con los griegos y su gobierno. Frente a eso, permítanme el desahogo, incluso la ruptura entre Convergencia y Unió son aguas menores.


Por último, alzo desesperadamente la voz y grito a las izquierdas: «Oigan, no jodan la marrana». 

domingo, 21 de junio de 2015

El De Gaulle Chico de Cataluña




«El ´si, se puede´ de la Plaça de Sant Jaume tiene poco que ver con la libertad de Catalunya», ha clamado con vanilocuencia Artur Mas. Lo ha hecho en Molins de Rei en lo que se ha calificado como la apertura informal de las próximas elecciones catalanas. Como el lector de más allá del Ebro habrá bien interpretado, el orador se refería a los concentrados frente al nuevo Ayuntamiento barcelonés en apoyo de Ada Colau. La primera consideración que propongo es la siguiente: es posible que las relaciones entre el ayuntamiento barcelonés y el gobierno catalán entren en una fase de aspereza después de la subalternidad del anterior alcalde, Xavier Trias, ante el presidente Mas.

La segunda consideración es la reincidencia de Artur Mas en calificar como democrático y «la libertad de  Cataluña» en base a los planteamientos del soberanismo  que él mismo preconiza: son demócratas, están por la libertad de Cataluña sólo y solamente sus parciales. El resto o son españolistas o apátridas. Lo ha fijado como un teologúmeno de obligada obediencia para el buen catalán.  

Digamos que Artur Mas ha fracasado estrepitosamente: de un lado, ante la imposibilidad de crear la lista única que promoviera plebiscitariamente su gloria personal; de otro lado, porque afortunadamente ha sido incapaz de desviar el eje izquierda / derecha en el panorama político de Cataluña. En concreto, le ha salido rana su machacona insistencia de poner en barbecho la cuestión social. Digámoslo sin más rodeos: este caballero se está comportando con todos los defectos de De Gaulle y sin ninguna de sus virtudes.

En todo caso, algo de gran importancia hay que reconocerle a este caballero: sus palabras en Molins de Rei denotan que reconoce la existencia de un potente adversario de larga duración, a saber, la emergencia de ese movimiento del “sí, se puede”.




viernes, 19 de junio de 2015

Un aviso a las nuevas autoridades

El presidente de la CEOE es una persona temerariamente facunda. Habla por los cuatro costados como aquel personaje del teatro que «en todas partes dejó memoria amarga de mí», quiero decir de él. 

El bueno de Joan Rosell se ha unido a la zahúrda de quienes están arremetiendo contra aquellas fuerzas que presiden las instituciones –locales y autonómicas— tras las recientes elecciones. Tampoco ha tenido el detalle de la cortesía de los cien días de gracia. Por lo que debería entenderse así: los primeros cien días hay que practicarlos cuando gobierna su particular parentela. Primera consideración: tome bicarbonato el caballero cuando tenga ardores de estómago y actúe de manera pragmática.

Lo más sorprendente ha sido que en su paroleo ha criticado a los nuevos inquilinos de no tener un Business plan. Que, dicho en román paladino, no es otra cosa que un Plan de Negocios. Algunos dirán que sobran los comentarios. De ninguna manera. Hay que hablar de ello.

El dirigente empresarial concibe las instituciones democráticas como hijuelas de la economía, de manera que está proponiendo la técnica de cierto antepasado suyo en el cargo y de otros colegas que establecieron provechosos business plan, de compadreo económico, con los dirigentes políticos. No importa que algunos de ellos estén ahora en la cangrí o imputados o señalados públicamente. La culpa no es de ellos sino de ciertos jueces picajosos que no entienden la subalternidad de la política hacia el plan de negocios.

Y, en realidad, lo que no entiende Joan Rosell es que el cambio operado en ciertos ayuntamientos y comunidades autónomas es, también, el resultado de un hartazgo indigesto de tanto business plan de tierra quemada, excepto para unos pocos. Muy concretamente a ese 40 por ciento de nuevos ricachones que ha crecido en estos tiempos de aguda y exasperante crisis. Así pues, no se trata del uso de un lenguaje pijo –business plan— sino de un concepto hondamente asimilado por este caballero y sus parciales. Es, además, un lenguaje que expresa el temor de que –dispensen el lenguaje barriobajero— se les haya acabado el mamoneo.


Cosas veremos: incluso que las mesnadas de Rosell y sus franquicias diversas azucen a quienes se impacienten porque todavía no se les ha resuelto lo suyo: aquello que estropearon al máximo los business plan.    

jueves, 18 de junio de 2015

Cataluña o la guerra de las barretinas



Ya lo saben ustedes: el viejo matrimonio se ha roto. En todo caso, falta el formalismo de que Artur Mas devuelva el rosario de la madre de Duran i Lleida. La pareja se ha roto formalmente por arriba que es como acostumbran a partirse las formaciones políticas. Digo formalmente porque desde hace lustros las costuras renqueaban por arriba, por abajo y por en medio. Se ha roto porque este matrimonio de conveniencia –a saber, Convergencia i Unió--  nunca tuvo un proyecto: era el resultado de un zurcido de retales diversos que, gradualmente, se fueron haciendo antagónicos. Primera consideración: las dos principales fuerzas políticas del panorama catalán (CiU y los socialistas) hace tiempo que entraron en una convulsión espasmódica.

La crisis de CiU es un dato importante. Pero hay algo que tiene todavía más envergadura: la crisis del sistema de partidos de Cataluña que ha venido aumentando tras la puesta en marcha del famoso procés  hacia la independencia que en apariencia lidera Artur Mas. Que ha llevado a Cataluña a un tremendo descosido social y político. La mayoría de las fuerzas políticas han entrado en crisis: unas, abruptamente; otras, por goteo; y el resto en estado de latencia. Y en lo atinente a un proyecto de país cada una por su lado y, cual nueva guerra de barretinas, todos contra todos. Entre paréntesis: ciertos abrazos del oso no dejan de ser chicoleos para simular una inexistente unidad.

Segunda consideración: Artur Mas ha fracasado estrepitosamente. Porque hoy Cataluña está desjarretada en su propio seno y sin ninguna influencia en el resto de España.  Ha perdido cohesión social e influencia más allá del Ebro. El gran argumento es la sistemática agresión desde Madrit. Pero, desde Giuseppe Di Vittorio sabemos que nuestro tanto por ciento de responsabilidad en las cosas (el genuinamente propio)  se convierte en nuestro cien por cien.


En definitiva, todo esto sucede cuando no se hace política sino propaganda.  De manera que no estamos, a mi entender, ante un equilibrio inestable sino ante un desequilibrio estable.   

martes, 16 de junio de 2015

Nuevos ayuntamientos, sindicatos y movimientos sociales



Años después de las primeras elecciones municipales en democracia volví a Santa Fe, capital de la Vega de Granada. No daba crédito a mis ojos: limpia como los chorros del oro, sus placetas llenas de flores, todo un cambio espectacular. Voces amigas me dijeron: «Es cosa del ayuntamiento de la democracia». Así fue, en efecto, en la ciudad de los Cuatro Arcos y en un sin fin de lugares. Los primeros ayuntamientos dignificaron sus ciudades y les dieron un toque de modernidad que hacía tiempo estaban necesitando: pasaron del gris al technicolor. Después, vino lo que vino, y no pocas cosas se torcieron en demasía.

Nuevos sujetos colectivos han irrumpido, tras las recientes elecciones, en los ayuntamientos junto a las izquierdas tradicionales. Mi primer deseo: bon vent i barca nova, como dicen los pescadores catalanes. Lo primero: limpiar la pocilga. Tras lo cual cabe la posibilidad de abrir un nuevo itinerario en las ciudades corrigiendo los desperfectos de los últimos años. Y proyectando una amplia reforma del territorio, recabando el protagonismo, activo e inteligente, de los movimientos sociales. Mi segundo deseo: no repitan las fuerzas que han protagonizado los cambios el error caballuno de aquellos tiempos que se caracterizaron por el ninguneo de los movimientos vecinales. Ni que éstos pierdan su autonomía y voz constructivamente propositiva. El asociacionismo fuerte en todos los sentidos es –o puede ser--  una garantía más del necesario éxito de los nuevos ayuntamientos.  Por supuesto, también el sindicalismo en el territorio.

Acierta Antonio Baylos cuando habla [de la necesidad] del «cambio cultural que conduce a una nueva concepción del espacio urbano, pero también del tiempo en este mismo espacio, flexibilizándolo y adaptando su uso a las necesidades personales y cambiantes de diferentes estratos y grupos sociales». Se  trata de un proyecto de gran enjundia que ya no es unas reformas cuantitativas como lo fueron las realizadas en el primer ciclo de los ayuntamientos democráticos sino cualitativa. Ahí es nada esa nueva concepción del espacio urbano. Los consistorios si no están capilarmente conectados con los movimientos sociales no podrán llevarla a cabo. Parece, pues, de cajón que sea preciso una alianza ciudadana del omnia sunt comunia. Se trataría de una alianza que pusiera en marcha un gran trabajo de mediación reconstruyendo pacientemente los hilos de una comunicación entre la esfera social en todas sus diversidades y su insuprimible pluralismo y la esfera institucional.

El sindicalismo, en tanto que sujeto urbano, deberá también decir la suya. Entre otras cosas, porque en el territorio se defiende (y puede ampliarse) el poder adquisitivo de los salarios que se consiguen en sede federativa. Y puede hacerlo porque ha acumulado ciertas experiencias de contractualidad en el territorio. Sería conveniente un análisis crítico de los acuerdos que alcanzó hasta mediados de la primera década. De un lado, con realizaciones en políticas de vivienda; de otro lado, con planes territoriales. De una parte, con logros muy positivos; de otra parte, con acuerdos donde los contenidos eran ni fu ni fa, auténticos perifollos fruto de un pactismo banal. Pero que, en gran medida, todo ello implicó al sindicalismo en la cuestión territorial y le dotó de experiencias.  

El sindicalismo –lo decíamos ayer--  puede ser un sujeto que proponga un cacho muy notable de esa nueva relación del espacio / tiempo urbano (1). Una relación más amable y útil, más racional y eficiente entre los horarios de trabajo y los tiempos de vida puede hacer más vivible y habitable la ciudad.  Sería, por otra parte, una plasmación de que el sindicalismo, como sujeto reformador, cumple con sus funciones al tiempo que renueva su personalidad.    

A todos: bon vent i barca nova.

(1)                            http://lopezbulla.blogspot.com.es/2015/06/quien-teme-la-participacion-propuestas.html