miércoles, 4 de marzo de 2015

¿Por qué nos estamos haciendo todos “contratistas independientes?”



Por Robert REICH*

General Motors (GM) tiene un valor de cerca de 60.000 millones de dólares, con cerca de 200.000 trabajadores. Sus trabajadores de primera línea ganan entre 19 y 28,5 dólares a la hora, con beneficios.
Uber se estima que tiene un valor de unos 40.000 millones de dólares, con unos 850 empleados. Uber cuenta también con más de 163.000 conductores (en diciembre, esperándose que en junio doble ese número), con una media de 17 dólares a la hora en Los Angeles y Washington DC, y 23 dólares en San Francisco y Nueva York. Pero Uber no cuenta con estos conductores de plantilla; Uber dice que son “contratistas independientes”.
¿Cuál es la diferencia?
Por un lado, los trabajadores de GM no tienen que pagar por las máquinas que utilizan mientras que los conductores de Uber lo tienen que hacer por sus coches: no solo la compra sino también su mantenimiento, el seguro, la gasolina, los cambios de aceite, los neumáticos, la limpieza. Si resta estos costos el ingreso por hora de los conductores de Uber disminuye considerablemente. Por otra parte, los empleados de GM disfrutan de las protecciones laborales legales en el país, que incluyen la Seguridad social, la semana laboral de 40 horas, el derecho a recibir una remuneración correspondiente a una hora y media por hora trabajada, seguridad y salud de los trabajadores, la remuneración por baja por enfermedad, permiso por enfermedad, salario mínimo, derecho a pensión, seguro de desempleo, protección contra la discriminación racial o de género y el derecho a la negociación colectiva. Y no podemos olvidar la obligación de la atención médica a cargo del empleador de acuerdo con el mandato Obamacare. Los trabajadores de Uber no reciben ninguno de estos beneficios. Simplemente están fuera de la ley.

Los trabajadores de Uber no son los únicos. Hay millones como ellos, también fuera de las leyes laborales, y están creciendo. La mayoría ni siquiera forma parte de la nueva “economía compartida uberizada”. Son franquicias, consultores y profesionales independientes. Son también trabajadores de la construcción, de hostelería, conductores de camiones, técnicos de oficina, incluso trabajadores de peluquería. Lo que todos tienen en común es que las empresas para las que trabajan no los consideran “empleados”. Son “contratistas independientes”, que los coloca a todos ellos fuera de la ley.
El aumento de los “contratistas independientes” es la tendencia legal más significativa en la fuerza de trabajo estadounidense —lo cual contribuye directamente a los bajos salarios, a los horarios irregulares y a la inseguridad laboral. Lo que los hace “contratistas independientes” es que así lo manifiestan las empresas para las que trabajan. De este modo, estas empresas no tienen que pagar los costos de tener empleados a tiempo completo. Ahora bien, ¿son realmente “independientes”? Las empresas pueden manipular sus horas y sus gastos para parecer que lo son.
Todo se ha convertido en una carrera hacia el fondo. Una vez que una empresa reduce costes haciendo a sus trabajadores “contratistas independientes”, todas las otras empresas se ven obligadas a hacer lo mismo si no quieren enfrentarse a una reducción de beneficios y a una cuota cada vez menor de mercado. Algunos trabajadores prefieren ser contratistas independientes porque de esa manera se les paga en efectivo. O les gusta decidir a qué hora van a trabajar. Pero principalmente se aceptan estos puestos de trabajo porque no pueden encontrar otro mejor y  conforme la carrera hacia el fondo se acelera tienen estos trabajadores cada vez menos alternativas.
Afortunadamente existen leyes contra todo esto. Pero son demasiado vagas y no son muy escrupulosas. Por ejemplo, la compañía Fedex llama a sus conductores contratistas independientes aunque Fedex les obliga a pagar por los camiones con la marca Fedex que conducen, igual que los uniformes de Fedex que llevan y los escáneres de Fedex que utilizan, además del seguro, el combustible, los neumáticos, los cambios de aceite, las comidas en ruta, el mantenimiento y el seguro de compensación del trabajador. Si enferman o se van de vacaciones están obligados a a contratar a sus sustitutos. Es más, están obligados a asearse de acuerdo con las normas Fedex. Fedex no le dice a sus conductores las horas que deben trabajar pero sí les comunica los paquetes que tienen que entregar y organiza sus cargas de trabajo a fin de que funcionen entre 9,5 y 11 horas cada día de trabajo. Si esto no es “empleo” no sé entonces qué significa esa palabra.

¿Qué pasa con los conductores de Fedex y los de Uber en otros estados? ¿Y con los otros conductores de camiones? ¿Y con los trabajadores de la construcción? ¿Y los de peluquería? La lista es interminable. La ley está todavía en el aire, lo cual significa que la carrera hacia el fondo sigue en pie. Es absurdo confiar en que los tribunales decidirán caso por caso. Necesitamos una simple prueba para determinar quién es el empleador y quién el empleado. Y yo sugiero ésta: cualquier empresa que contabilice al menos el 80% o más de los ingresos de alguien, o que reciba de ese mismo trabajador al menos el 20% de sus ganancias, debe deducirse que es “empleador” de esa persona.
El Congreso no tiene por qué aprobar una nueva ley sobre esta prueba de empleo. Las agencias federales como el departamento de Trabajo o el IRS [Internal Revenue Service, agencia federal del Gobierno de los Estados Unidos, encargada de la recaudación fiscal y de los cumplimientos de las leyes tributarias] tienen poder para hacer esto por sí mismos, a través de su facultad decisoria. Deben hacerlo, y ya.

***
Robert Reich es profesor de Políticas Públicas en la Universidad de California, en Berkeley. Ha trabajado en tres administraciones nacionales y fue Secretario de Trabajo en el gobierno de Bill Clinton.


Adaptación del texto al español por Javier Aristu. Publicado en En campo abierto:  https://encampoabierto.wordpress.com/

martes, 3 de marzo de 2015

¿Se ha acabado el bipartidismo?




Escribe Tito Ferino


Como es lógico, los medios están siguiendo las evoluciones de las encuestas que, con mayor o menor precisión, radiografían las tendencias del electorado en este año. Huelga decir que las novedades son: por un lado, un espectacular ascenso de Podemos y, de momento, un goteo significativo de Ciudadanos; por otro lado, una caída llamativa del Partido apostólico y del PSOE. El resto de las formaciones –electoralmente hablando--  no es relevante. Ahora bien, nadie ha parecido caer en la cuenta que si se produjera algún acontecimiento singular la ruleta podría cambiar el signo de lo que demoscópicamente tenemos encima de la mesa.

La segunda cuestión es: una cosa es ganar las elecciones y, otra, es formar gobierno. Ustedes me van a disculpar que recuerde esta obviedad, pero el caso es que nunca como hasta la presente se había dado un panorama electoral tan complejo y, en relación a otras ocasiones, tan desvertebrado. Así pues, dígase con claridad: ni todo el pescado está vendido, ni nada está cantado de antemano. Ni siquiera que las fuerzas consideradas irrelevantes lo sean en el momento de la verdad. Con lo cual, el fin definitivo del bipartidismo tampoco es una certeza. Es más, no se puede descartar la posibilidad de que aparezca un bipartidismo con nuevos sujetos y de nuevo estilo. De manera que quien (o quienes) confunda los deseos con realidades se podría llevar un chasco caballuno. Sépase  que, en todo caso, doña Correlación de Fuerzas –una vieja dama profundamente desconocida— ignora todavía lo que ocurrirá en las grandes solemnidades. Es más, hay tantos partidos-bisagra como fauma hermafrodita en la naturaleza.

Radio Parapanda.-- TARDOMARIANISMO

lunes, 2 de marzo de 2015

LO QUE NO HA SALIDO EN LOS PERIÓDICOS




Mi Homenaje a José Antonio Canillas


Mi amigo Jose Antonio Canillas informa en su cuenta de facebook lo siguiente: «En Colliure han participado hoy 65 personas gitanas; gentes de Nimes y Badalona; hombres y mujeres de origen africano, americano, ruso, andaluz, francés, español; niños, jóvenes, adultos y viejos. Todos ellos unidos en homenaje a Antonio Machado y su legado poético, social y humanista. Por la 3ª República Federal Española».


José Antonio es un líder gitano y me honra con su amistad. José Antonio fue un líder de Comisiones Obreras, ahora está jubilado. José Antonio, como Machado, es «un hombre bueno». Choca esos cinco, compañero. 

Al habla con Gerardo Iglesias (2ª parte)



Nota.-- Esta entrevista conversación es la continuidad de   http://lopezbulla.blogspot.com.es/2015/02/una-exclusiva-de-gerardo-iglesias-para.html.  Con esta segunda entrega se da por finalizada la intervención de Gerardo Iglesias. El buen porte y los buenos modales de la cibercortesía expresan que debe citarse, en el caso de que se publiquen (cosa que deseamos) en otros blogs y revistas, la procedencia de esta exclusiva. 

López Bulla.— Salvando las distancias de época te pregunto a ti, que fuiste el inspirador principal de la emergencia que supuso en su día Izquierda Unida ¿qué diferencia el surgimiento de esa organización y la emergencia de las nuevas organizaciones como Podemos, Gaunyem y otras de nuevo estilo?

Gerardo Iglesias.-- La principal diferencia es que estas nuevas organizaciones emergen al calor de potentes movimientos sociales rupturistas, sin estar condicionadas por la cultura de los partidos tradicionales,  mientras que Izquierda Unida llegaba de la mano del PCE, y ese vínculo cultural se convertía en una rémora que no le permitió despegarse de la práctica política tradicional y ajustar el discurso a una nueva realidad que presentaba ya entonces imponentes novedades. Como ejemplo de lo que digo tenemos lo que está ocurriendo en Izquierda Unida-Madrid, casi treinta años después: la cultura tradicional se resiste a la renovación, incluso cuando el Partido como organización está a favor de ella. 

Es cierto que Izquierda Unida tuvo como impulsor un gran movimiento social que se oponía a la entrada de España en la OTAN, pero a diferencia de los movimientos recientes que cuestionan el sistema político, aquel movimiento cuestionaba básicamente una decisión del gobierno de Felipe González. En todo caso, Izquierda Unida no se nutría sustancialmente de los activistas sin vinculación política que fueron protagonistas del movimiento anti-OTAN; Izquierda Unida integraba algunos independientes, miembros procedentes del PSOE y a otros pequeños grupos políticos, pero en su conjunto no eran expresión de lo nuevo que estaba surgiendo. 

López Bulla.— De todas formas, no pocas cosas que se están diciendo ahora por esas fuerzas emergentes tú las dejaste indicadas en la declaración de intenciones de Izquierda Unida y en tus discursos. Lo recuerdo perfectamente.  

Gerardo Iglesias.--  A pesar de que el nacimiento de Izquierda Unida se remonta casi treinta años atrás, en los análisis que fundamentaban su creación -y que pueden leerse, porque  están escritos-, se constataba el agotamiento de los partidos políticos tradicionales, y la emergencia de nuevas fuerzas determinadas por la revolución científico-técnica, llamadas a irrumpir en la vida política con sus nuevas ideas. Se subrayaba que en unas sociedades que se habían vuelto muy complejas, los partidos políticos ya no podían pretender totalizar la acción política, que había que compartirla con otros sujetos sociales, respetando su autonomía y no intentando instrumentalizarlos.  Se veía ya el importantísimo papel que estaban llamados a jugar los imparables avances de la informática en el ensanchamiento de la participación democrática y, por ende, en el mejoramiento de la calidad de la democracia. Naturalmente, se cuestionaba el sistema bipartidista. Se planteaba la necesidad de reformular un nuevo discurso político de la izquierda, acorde con las nuevas realidades, entre ellas, que las fronteras ideológicas ya no estaban tan delimitadas como en el pasado, debido a las transformaciones que se estaban produciendo en una base social potencialmente progresista y de izquierdas, por lo que la confrontación ideológica con las fuerzas conservadoras  y los intereses que representan, había que librarla tomando como arma principal las propuestas programáticas y la organización y movilización de la sociedad civil, y no respondiendo con verdades filosóficas supuestamente "imperecederas". De esa manera se facilitaría la "política de convergencia", a la que invitábamos, con  diversas fuerzas, como única vía para articular una alternativa de cambio. Planteábamos la imperiosa necesidad de no permanecer encerrados en las instituciones y volcar la mayor parte de nuestras energías al trabajo con la sociedad. 

Entiendo que estos planteamientos, a pesar del tiempo que pasó de aquello, no difieren sustancialmente de lo que ahora plantean las nuevas organizaciones que irrumpen a la vida política. La cuestión es que éstas los están llevando a la práctica de manera exitosa, con todas las contradicciones y ambigüedades que se quiera, pero, por el momento, con sorprendente éxito. Izquierda Unida no pudo tirar entonces de aquel proyecto por lo que he dicho, y por lo que digo ahora de otra manera: Lo que quiso ser un proyecto estratégico, los más lo entendieron como una fórmula instrumental para sacar al PCE de la crisis en la que estaba inmerso. Y si bien es cierto que Izquierda Unida despertó ilusiones y experimentó un ascenso, principalmente en el periodo en el que estuvo al frente Julio Anguita, la ilusión se apagaba y del ascenso se pasó al retroceso, seguramente porque los nuevos potenciales apoyos  percibieron que el proyecto renovador se había esfumado y que Izquierda Unida dejaba de ser atractiva para nuevas fuerzas y nuevas ideas.

Me gustaría mucho que el nuevo discurso de Alberto Garzón llegue a tiempo para que Izquierda Unida pueda ofrecer una aportación importante a la articulación del proyecto alternativo que se va perfilando en la izquierda.

López Bulla.— Querido Gerardo, ha sido un placer conversar contigo. Te saludo, emocionado, desde Pineda de Marx donde tienes tu casa.





domingo, 1 de marzo de 2015

UNA EXCLUSIVA DE GERARDO IGLESIAS PARA METIENDO BULLA (1)



Gerardo Iglesias ha accedido a mantener una entrevista—conversación en este blog. Le agradecemos vivamente esta deferencia. Gerardo no necesita presentación alguna. Como se decía antiguamente la fama le precede. La buena fama, añadimos nosotros.
No queremos dejar pasar la ocasión de recordar la faceta de escritor de nuestro hombre, tanto como articulista como de autor de un libro magnífico: Por qué estorba la memoria, editado por Madera Noruega Editores.  Importa resaltar que Gerardo Iglesias, autodidacta, exhibe una prosa potente a la par que austera y elegante. Muy alejada del muermo de escritos políticos de la mayoría de los dirigentes de nuestro país.  

Este es un avance de la conversación que hacemos pública para atizar la curiosidad de quienes la lean. Iremos, pues, editando las sucesivas entregas y, tras la última, la volveremos a publicar in totoMetiendo bulla.  



López Bulla.--  Te agradezco, querido Gerardo, que hayas querido compartir unas cuantas horas para conversar sobre asuntos de gran envergadura. Estoy seguro que muchos de los lectores de Metiendo bulla tienen interés en conocer tus puntos de vista sobre una serie de cuestiones desde tu observatorio privilegiado de estar fuera del ring exasperado de la política. Permíteme la primera pregunta: ¿qué características nuevas observas en esta crisis que venimos padeciendo desde 2008 y qué relación ves entre ella y los acontecimientos políticos de estos últimos años?

Gerardo Iglesias.— Si hablamos de la crisis económica, que convive con otros factores de crisis del sistema político democrático (en nuestro país, crisis de régimen), resulta evidente que fue causada por las políticas especulativas del capitalismo financiero, a falta de una regulación que  pusiera freno a su insaciable apetencia por amasar dinero, desentendiéndose de las actividades productivas y de cualquier compromiso como servicio público, y ahondando en las prácticas más corruptas, tal como la utilización de los paraísos fiscales.

Los costes de las crisis económicas siempre los pagaron las clases populares más desfavorecidas. Lo característico de esta crisis, refiriéndose sobre todo a los países del Sur de la Eurozona, es que no sólo  la están pagando los de siempre a un precio altísimo, con medidas tan escarnecedoras como la inyección masiva de dinero público a los bancos ladrones, sino que los causantes de la crisis se han adueñado del poder político y de la soberanía de los pueblos, siendo ellos mismos los que prescriben las recetas para “salir” de la crisis, unas recetas que les siguen aportando pingües beneficios, mientras las desigualdades crecen escandalosamente. Así como suena.  ¿Para quienes si no trabaja “la troika”?. El Banco Central Europeo, que no es un banco central, sino un lobby de los grandes poderes  económico-financieros, al amparo de la moneda única maniobra para que los países más afectados por la crisis se traguen la amarga medicina. Ejemplo más reciente, lo que hace con Grecia y el Gobierno de Syriza. Esos poderes, que no se someten al veredicto de las urnas, han llegado a imponer ministros de economía de su cuerda en varios países de la Unión, caso de Italia, Grecia ¡y España!, pregúntense de dónde viene si no y a quién representa el ministro Guindos.

La evidencia misma y la gran mayoría de los expertos confirman que las recetas impuestas por la “troika” son lo más contraproducente para salir de la crisis. ¿Por qué entonces persisten en ellas?. Porque aprovechando la crisis que provocaron ellos pretenden, y lo están consiguiendo, llevar a cabo el proyecto de desmantelamiento de lo que se dio en llamar “estado del bienestar”, que en su día inició la Thatcher. En nuestro país no hace falta poner ejemplos al respecto, todo el mundo conoce en qué se están quedando los servicios sociales. Es más, en España asistimos a una catarata de contra-reformas, promovidas por el PP, que afectan gravemente a las libertades y a la calidad de la democracia. Se trata de un proceso de involución en toda regla.

¿Qué relación existe entre la crisis económica y los acontecimientos políticos de los últimos años, me preguntas?. Supongo que te refieres a los cambios que se están produciendo en el mapa electoral en varios países de Europa. Es verdad que no en todos los casos los cambios son del mismo signo, aunque todos tienen alguna relación con la crisis, no toda. Lo más sobresaliente y esperanzador es lo ocurrido en Grecia con el triunfo de Syriza, y la profunda recomposición de fuerzas que ya ha comenzado en España, promovida  por la emergencia de nuevos y potentes movimientos sociales, que son la base de la espectacular irrupción de Podemos a la vida política. Por el momento, la aparición de Podemos ya ha puesto en solfa el sistema político bipartidista diseñado en la Transición, y ha roto en cierta medida la impunidad sobre la que se asentaba la gran corrupción, generalizada e institucionalizada.

Es evidente que existe relación entre la crisis económica, sus efectos, y la aparición de estos fenómenos. Pero nos quedaríamos en una visión muy superficial si creyéramos que la irrupción de estas fuerzas sólo viene determinada por el cabreo social existente a causa de la política de recortes. Estas fuerzas emergentes tienen raíces más profundas, si bien los recortes han acelerado su eclosión. Supongo que para explicar las raíces profundas de estas fuerzas habrá otras preguntas.

López Bulla.--  Supones bien, Gerardo. Hay una idea muy extendida que entiende que «la irrupción de esas fuerzas sólo viene determinada por el cabreo social existente a causa de la política de recortes». Tú, por el contrario, entiendes que ello «tiene raíces más profundas». Cosa que comparto plenamente. Pues bien, ¿entiendes que entre tales raíces se encuentra la inadecuación de los partidos, de izquierda y derecha, a la hora de representar a la ciudadanía?  ¿esta inadecuación –si es este el caso— está referido al cambio de paradigma: crisis definitiva del modelo de producción fordista, crisis del Estado nacional, crisis de la democracia?

Gerardo Iglesias.-- Las nuevas fuerzas emergentes son, en parte, una respuesta a los partidos tradicionales que  ya no cumplen la función de canalizar las demandas sociales a los ámbitos donde se toman las decisiones políticas que afectan a los ciudadanos. Paradójicamente, mientras los grandes avances tecnológicos y particularmente la informática facilitan una mayor participación democrática y una mayor calidad de la democracia, los partidos tradicionales se han ido convirtiendo cada vez más en aparatos de propaganda, recluidos en las instituciones, distanciándose  de las gentes a las que dicen representar. En vez de utilizar los nuevos medios para facilitar una mayor participación social en las decisiones políticas, son utilizados para todo lo contrario: lanzar campañas publicitarias tendentes a subvertir y cercenar lo que piensa y demanda la gente. Las encuestas se han convertido en un arma importantísima para la vieja política. De ellas toman información sobre los estados de opinión, pero no para dar una respuesta positiva a los mismos, sino para desactivarlos con contracampañas publicitarias. Creen que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad para la gente. Pero esa técnica ya no cuela en las nuevas generaciones, que están más formadas e informadas; a pesar de la manipulación de  los grandes medios de comunicación, cuentan con nuevas herramientas, internet, las redes sociales, viajan por un mundo más interconectado... Y detestan esa trapacería de la vieja política. Ya no pueden soportar que Rajoy diga que casi no conoce a Bárcenas o que los Pujol se presenten como unas víctimas que poco menos que viven de la caridad. Presentan programas a las elecciones sabiendo que no van a cumplirlos, y cuando se acerca la siguiente consulta electoral reiteran promesas que nunca cumplieron, ni van a cumplir. ¡Y la gran corrupción!, de la que supongo hablaremos en otro momento. Particularmente en España, actualmente, la farsa del bipartidismo es insoportable; en lo fundamental, tanto monta, monta tanto..., lo demás, puro teatro. 

Se ha dicho hasta fechas recientes que a la juventud no le interesaba la política. ¡Vaya si le interesa!. El problema es que los jóvenes no tienen cabida en los viejos partidos, porque piensan con su propia cabeza, son portadores de nuevas ideas, no fabrican una realidad que no existe, la conocen porque nacieron y crecieron con ella, y no están dispuestos a dejarse manejar por los aparatos de los partidos que deciden todo. Los jóvenes de hoy son hijos de los cambios espectaculares que se han producido en nuestras sociedades, principalmente con la introducción de las nuevas tecnologías, y pugnan por cambiar la vieja manera de entender la política, como ha ocurrido en otros momentos de la historia. El movimiento obrero organizado, que irrumpe al calor de la revolución industrial, cambiaba el modo de ejercer la política, hasta entonces en manos de una oligarquía (grandes propietarios, curas y militares). El mundo de hoy es mucho más complejo, y está por ver cómo evolucionan las nuevas fuerzas que irrumpen a la vida política, para cambiarla. Pero, si hablamos de España, su presencia es bien visible, y la decadencia de los partidos tradicionales también. 

Tú mismo lo dices en la segunda pregunta; la aparición de esas nuevas fuerzas responde a un cambio de paradigma, de crisis de un modelo de producción capitalista, de desbordamiento de los proyectos enmarcados en los Estados nacionales, con globalización de los mercados y no de los derechos sociales, al contrario, su enorme poder viene a triturar las conquistas sociales que sucedieron en Europa a la II Guerra mundial, dejando en poco menos que papel mojado la democracia liberal. Los mercados, o sea las grandes corporaciones capitalistas, han provocado la enorme crisis que golpea bárbaramente a amplios sectores de la población, y ellos mismos están imponiendo su propio modelo de salida de la crisis. ¿De qué modelo se trata?. De un modelo de bajos salarios, de contratos basura, de desprotección social, de altas tasas de desempleo estructural, de gran crecimiento de las desigualdades, cargándose a las clases medias y arrojando al hambre y a la miseria a amplios sectores sociales, de vaciamiento del poder sindical... Y, paralelamente, se acude a la criminalización de las protestas sociales pacíficas, a partir de reformas regresivas de la legislación penal y de la promulgación de otras normas como la "ley mordaza" del Partido Popular. Todo esto y más ya lo tenemos en España.

López Bulla.--  Que, en parte, ha tenido su expresión en el debte sobre el “estado de la nación”.

Gerardo Iglesias.-- Exacto, en el reciente debate sobre el "estado de la nación", el presidente del Gobierno, en un ejercicio de trapacería parlamentaria al peor estilo, y con un triunfalismo que produce bochorno, ha afirmado una y ora vez que España estaba saliendo de la crisis sobre bases muy sólidas,  queriendo hacer creer que volveremos a la situación de 2007, ocultando que todas sus políticas regresivas llegaron para quedarse; ocultando que no estamos ante una crisis coyuntural, como otras, sino sistémica, como se dice ahora. Y haciendo oídos sordos al hecho de que el sistema político nacido en la Transición vive una crisis que afecta a todas las instituciones del Estado, incluida la propia democracia.

Solo se podrá revertir la situación a la que hemos llegado con un cambio del sistema político, que emane de un proceso constituyente. Y así y todo las cosas se presentan complicadas, dado el poder de los mercados, de los medios de comunicación a su servicio, y si no se logran cambios en la Unión Europea que la sustraigan de la subordinación a la Troika y a la apisonadora alemana.

Continuará…


Ángel Gabilondo y García Montero: dos candidatos filósofos


El rey filósofo, como metáfora del político filósofo, siempre ha tenido mala prensa en el gremio de la cosa pública. Y el político a secas siempre ha estado en coplas en los cuatro puntos cardinales del vecindario.  Lo que viene a cuento por la nominación de dos “reyes filósofos” como candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid: Ángel Gabilondo, catedrático de Metafísica, por el PSOE, y Luis García Montero (catedrático de Literatura y celebrado poeta) por Izquierda Unida. Esta anomalía se ha producido en un contexto de fuertes convulsiones en el interior de ambas organizaciones y de movimientos tectónicos de gran envergadura en la vida política española.

Esta nominación de ambas personalidades es, ciertamente, el fracaso de la vieja política, con sus conocidos cabilderos y compadrazgos. La solución a ese fracaso –o, mejor dicho el intento, de solución--  es ese acierto al proponer y aprobarse las candidaturas de Gabilondo y García Montero. Este blog, y su cuadro de redacción, aplaude sin reserva mental ambas candidaturas.

Ambos se han declarado amigos y admiradores mutuos, cosa infrecuente en la política, incluida la del pequeño campanario. Así pues, se puede establecer la  siguiente hipótesis: al menos una parte de la campaña transcurrirá con más seriedad y las relaciones entre las formaciones que ellos representan tal vez se vean una miaja contagiadas por la personalidad de sus candidatos. Que se traslade ello a sus mastines es cosa que ya iremos viendo.


La vieja política no sólo no ha muerto sino que ofrece fuertes resistencias a irse a la tumba; la nueva política es, por otra parte, un deseo o, más bien, un quiero y no puedo. Por supuesto, ni Gabilondo ni García Montero resolverán esa papeleta, pero sin ellos –y gentes como ellos-- la cosa de la renovación política parece más difícil. Definitivamente, con ambos van de la mano la ética y la estética. Porque ambos comparten la vieja máxima de Platón: «La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo» Vale. 

sábado, 28 de febrero de 2015

La Religión en las escuelas y otros asuntos



Primer tranco

 

 

«Dios no existe, Enver Hoxha sí», afirmaba el Boletín Oficial del Estado de Albania.  Nuestro BOE, por el contrario, se marca un desplante castizo: «afirma la incapacidad de la persona de alcanzar la felicidad sin ayuda de Dios».  Parece, pues, evidente la relación teologal entre los padres jesuitas Ripalda y Astete con el seglar Wert. Ripalda es Dios padre; Astete es Dios Hijo; Wert es Dios Espíritu Santo. Luego, hay tres dioses. Pues, no. Hay un solo Dios. Todo un triángulo del que no sabemos si es equilátero, isósceles o escaleno. Sin embargo, desde tiempos antiguos tenemos por cierto que una cosa es cada lado del triángulo, en cualquiera de sus formas, y otra bien distinta es el conjunto del triángulo. De ello habló largo y tendido el profesor Puig Adam en su celebrada Geometría Métrica.

 

En mi infancia tuve que aprenderme de memoria el Catecismo de Ripalda. Mi tita Ángela Bulla, monja de la Compañía de María (según se decía en Santa Fe), o de las Jesuitinas (al decir de la granadina gente) o de L´Estonac (como prefieren llamar en Cataluña)  --excelente matemática, todo hay que decirlo--  nos obligaba a sabernos al dedillo el famoso catecismo de Ripalda. Estoy seguro que mi tita era atea, porque en cierta ocasión la sorprendí diciendo que «el número era una construcción social» contra la tesis de don Matías López, catedrático de Análisis Matemático en Granada, que postulaba que «el número era una creación de Dios».  Eran unas discusiones alrededor de la mesa camilla, siempre al margen de extraños, donde no faltaban la cajica de piononos y la botella de Anis La Castellana. Mi tita Ángela siempre ganaba porque, para contrariar a la familia, era abstemia.     


¿Por qué una monja nos obligaba a sabernos de corrido el Ripalda y, por el contrario, aunque siempre en la intimidad, defendía el carácter laico y el origen social del número? Respuesta: porque en Santa Fe hacía mucho frío en la calle. Bueno, esta es una interpretación tosca que hacía correr mi padre genitor, Pepelópez, despechado porque Ángela antes de meterse a monja, le había dado calabazas y tuvo que conformarse con casarse con Pilica Bulla, la hermana mayor de la tita Ángela. Cuando Pilica dejó este mundo, Angela ya estaba desposada con Dios Hijo. Era todo un carácter y presumía de cartearse con don Julio Rey Pastor, padre noble de la matemática moderna patria y exiliado en Buenos Aires, aunque no hay constancia de ese epistolario.    


Segundo tranco


Lo que propone Wert y el Partido apostólico no tiene como objetivo volver a las épocas de antañazo, las del Padre Ripalda. Se orienta a vincular un paradigma autoritario cuyos ejes serían: la enseñanza religiosa en clave fundamentalista, la economía leída y aplicada tecnocráticamente y el bonapartismo político. Son las tres grandes variables del nuevo estadio. Para ello se precisa la recuperación de los puntales más rocosos de antaño, adobados con aspectos de democracia formal.
Se trata de que la religión –no el sentimiento religioso— sea el único fundamento de la comunidad, el único depósito de la moral frente a lo que entienden por disgregación y relativismo. Tan relevante como lo anterior está la práctica tecnocrática, esto es, la presunta objetividad de las leyes económicas para las que hay solamente una única y definitiva solución: la del pensamiento económico dominante. Y para cerrar el círculo se sitúa la despotenciación de la democracia con un perímetro cada vez más reducido.  

Así pues, se trata de un proyecto que tiene la vocación de recorrido largo para una democracia demediada. En esa dirección apunta la ruptura del «ciclo largo» de derechos sociales, económicos y políticos que se han ido conquistando y acumulando en Europa tras la segunda postguerra y en España con la recuperación de las libertades.

A mi juicio, este arsenal de medidas no apunta tanto a la política institucionalizada de nuestros días sino a las emergencias de radicalidad democrática que van surgiendo así en nuestro país como en Europa. Pero hay algo más: se trata de enviarle cariños –en forma de sinecuras— a las franquicias religiosas (católicas, por supuesto) del agua bendita y del hisopo de que con el Papa Francisco se les hundirá el chamizo. De que ese caballero es un peligro. Concretamente: extra Rouco nulla salus [Fuera de Rouco no hay salvación].  Que es la idea central de los altos funcionarios de la Iglesia –nada que ver con el sentimiento religioso, repito--  para recuperar al tiempo perdido y reapropiarse de la «servidumbre voluntaria».  O de la servidumbre forzada.

Para mayor abundamiento léase el trabajo de Paco Rodríguez de Lecea sobre el particular en http://vamosapollas.blogspot.com.es/2015/02/dios-padre-y-el-problema-de-la-felicidad.html


Radio Parapanda.-- http://japariciotovar.blogspot.com.es/2015/02/lo-que-no-vale-para-alemania-tampoco.html  Lo que no vale para Alemania no vale para Grecia. Escribe Joaquín Aparicio.


jueves, 26 de febrero de 2015

La petulancia dogmática de Pablo Iglesias El Joven




Pablo Iglesias  ha pronunciado un discurso de marcado carácter económico para responder al que ayer dio el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el debate sobre el estado de la nación en el Teatro Bellas Artes de Madrid.  “Hacía falta que la oposición respondiera al Gobierno. Por eso estamos aquí”, afirmó bombásticamente el líder de Podemos (1).

Repetimos para quienes leen en diagonal: «Hacía falta que la oposición respondiera al Gobierno. Por eso estamos aquí».

Los niveles de narcisismo de Pablo Iglesias El Joven están llegando a la petulancia. La cosa no sería tan grave si no es por la densidad de dogmatismo que progresivamente va acumulando en su zurrón. Curiosamente petulancia y dogmatismo son dos características de lo que, con razón, Podemos critica a la clase política española y, en sus palabras, «la casta». Sin embargo, este Iglesias sólo ve la viga en el ojo ajeno y nunca el tablón en el suyo propio. Digámoslo claramente: Iglesias utiliza la misma técnica de la vieja política, esto es, la auto referencialidad. Él y sólo él es el cristiano viejo; el resto son los marranos. Es el yoísmo de los dirigentes a quienes critica. Y de la misma manera que el rey Sol afirmó que el Estado era él, Iglesias brama engoladamente que la oposición es él, y nada más que él.

Entiendo que a Pablo Iglesias no le gusten Alberto Garzón, Joan Coscubiela y Pedro Sánchez. Pero negarles la potencia de sus discursos opositores es, por este orden: 1) un disparate esperpéntico; 2) una ceguera de primer orden; y 3) una actitud, en este caso, de niñato consentido. Así es que dejemos las cosas en una mezquina toponomástica electoral.

Sin embargo, la desventaja del dirigente de Podemos estriba en que ya no es el intermediario entre lo que ocurrió en el  debate del Estado de la nación y la ciudadanía; fueron las cadenas de televisión quienes dieron buena cuenta de los planteamientos de un sector de la oposición.  Que sin pelos en la lengua acorraló y dejó en cueros vivos el discurso del Presidente del Gobierno.

Quienes oímos determinados discursos en el Parlamento sólo podemos decir que Iglesias se acerca a la estafa afirmando que él –y sólo  él--  es la oposición. ¿Se trata de un error? Tal vez, pero desde hace demasiado tiempo sabemos que cuando un error se repite demasiadas veces, se trata ya de otra cosa.  En todo caso, lo que demuestra es, a mi entender, que Pablo Iglesias no acierta a ver la (concreta) relación de fuerzas y sólo se atiene a la que, de manera abstracta, establece su propio caletre. Que es algo que se le puede perdonar, con un cierto esfuerzo de bondad, a un politólogo, pero no a un dirigente político. 

En resumidas cuentas,  Pablo Iglesias El Joven aprende aceleradamente los peores vicios de la vieja política. Lo peor es que este aprendizaje acaba contaminando la hipotética esperanza de renovación de la política. Aunque, quizá, la cosa sea más sencilla: las esperanzas de novedad de Podemos tal vez sean exageradas.

«Niño, ¡Que te vas a caer al río!», le dijo García Lorca a Narciso 






miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Debe el sindicato seguir en los Consejos de administración? ¿O no?



(Recordando a Valerià Pujol i Bosch, miembro fundador de CC.OO. de Enseñanza de Catalunya)



Hay que felicitar al grupo dirigente de Comisiones Obreras por su rápida reacción, que especialmente ha mirado al interior del sindicato. Entre otras medidas destaca la decisión tomada de que los dirigentes tendrán que hacer pública la declaración de sus bienes personales antes de tomar posesión del cargo y cuando cesan en el mismo. Por otra parte, se estipula en palabras de Fernando Lezcano una «reconsideración fuerte» de la política de remuneraciones y otras cuestiones de la necesaria intendencia. En ese sentido, todo indica que se quiere establecer un vínculo virtuoso entre la ética de los medios y la ética de los fines.

En paralelo a todo ello parece colear tangencialmente el debate en torno a la participación del sindicato en aquellos consejos de administración de las empresas y entidades financieras donde está representado el sindicato. Lezcano no tiene empacho, cosa que le honra, en explicarnos que el secretario general no ve, en principio, con buenos ojos esa situación. Cosa que comparto desde siempre, como saben los cofrades de mi quinta. Sin embargo, no parece ser una posición mayoritaria, al menos en determinadas estructuras del sindicato.

Ahora bien, ¿la posición de estas estructuras del sindicato es mayoritaria en la organización? Todavía no lo sabe nadie. Por otra parte, sería de desear conocer los argumentos de Toxo sobre el particular. Es decir, el por qué tiene suspicacia o está en contra de la representación del sindicato en tales consejos de administración. Lo que debería propiciar un debate circular en el interior del sindicato.

Propiciar un debate que no fuera el reflejo de abstracciones o suspicacias, de principios abstractos ni de intuiciones sobre el particular. Se trataría de una discusión que partiera de la verificación concreta de cada ámbito. Esto es, qué se ha hecho y en dónde. Qué ventajas concretas ha tenido esa representación tanto para los trabajadores como para el propio sindicato. Qué zonas grises, si es que las ha habido, han aparecido. Qué equívocos se han ido generando, si es que se han dado. En resumidas cuentas, hay que analizar molecularmente la biografía de esa actividad sindical. Con pelos y señales. Entiendo que, tras esa radiografía, se puede tomar una decisión con punto de vista fundamentado.


Radio Parapanda.--  SI AYUDAS A TSIPRAS



domingo, 22 de febrero de 2015

Cuatro meses por y con Grecia



En Can Vallerià Pujol también se habló ayer de la solidaridad con Grecia.


El gobierno griego ha conseguido, de momento,  un respiro de cuatro meses. En todo ese tiempo continuará el tira y afloja entre Tsipras – Varoufakis y el Eurogrupo, más exactamente Alemania. Digamos las cosas con claridad: lo que verdaderamente se juega en estos próximos meses es la suerte del pueblo griego e inseparablemente el carácter de la Unión Europea. Políticamente lo que está sobre el tablero es si el resultado de unas elecciones libres va a ser respetado hasta las últimas consecuencias o va a ser estrangulado. Y, por extensión, si Europa será democrática o va a ser gestionada (que no gobernada) por los poderes ocultos del dinero y sus lógicas de poder. Esto último nos lleva a la siguiente consideración: toda la sociedad europea está concernida por el problema griego, por la extremista intransigencia del Eurogrupo y sus franquicias. Por supuesto, esto nos incluye a nosotros, españoles.

Cuatro meses es poco tiempo, ciertamente. Pero también a la sociedad organizada le da un respiro para movilizarse con urgencia. Especialmente para evitar uno de nuestros consolidados defectos: reaccionar cuando todo el pescado está vendido. Esta es una solidaridad irredenta. Que solo sirve para tranquilizar las conciencias.  Si cuando acabe el plazo la Unión europea ahoga a Grecia cualquier reacción en su contra habrá servido de poco. Eso es tan obvio que ni siquiera nos molestamos en razonarlo.

Hasta donde yo sé las movilizaciones españolas en solidaridad con el pueblo griego y su gobierno han sido testimoniales. Grupos muy reducidos se han manifestado en solidaridad. Lo que ha predominado por lo general ha sido el silencio, el silencio precavido. Es, sobre todo, un silencio que parece estar vinculado a esa manera de hacer política escindida entre la cosa nacional y la europea. La clave la da Javier Aristu:

«Por eso es necesario ver la cuestión de Grecia como algo que nos compete a todos. No es solo solidaridad con la víctima, es también decidir si queremos una Europa de los pueblos libres o un conglomerado de intereses corporativos y financieros. De ahí la importancia de que las fuerzas sociales progresistas, partidos de izquierda y personalidades referentes se unan hoy en torno a la defensa de Grecia. Eso es hoy defender Europa.» (1) O lo que es lo mismo: el agua clara y el chocolate espeso. 





sábado, 21 de febrero de 2015

El «contrato único» de Ciudadanos y el «rebanar el derecho de huelga» de doña Rosa



Escribe Publícola


Empieza una guerra sorda entre Ciudadanos y UPyD por los hipotéticos caladeros electorales de las capas medias. Los primeros desempolvan el «contrato único» de aquellos Cien economistas; los segundos proponen que se rebane el derecho de huelga. La operación tiene algunas variables: la pugna entre ambas formaciones, la distinción de ambas con relación al Partido Popular y otra cosilla más que pasamos a puntualizar.

Comoquiera que también las llamadas capas medias están siendo ahogadas por las políticas neoliberales rompiéndoles es espinazo de su tradicional condición de vida se corre el riesgo de que aquellas se orienten hacia posiciones «extremistas», al menos coyunturalmente. Por ejemplo, engordando a Podemos con sus planteamientos transversales y la equivocidad del «ni derechas ni izquierdas». Así pues, Rivera y la Díaz se proponen –cada uno por su lado y enfrentaros entre sí--  ser los elementos de corrección de la deriva de esas capas medias. Pero también compiten con el Partido apostólico por ese (aparente) centro que, en algunas grandes ocasiones le entra una jindama colosal ante lo que consideran los extremos.  Lo que les lleva –unas veces gradual y otras aceleradamente--  a configurar actitudes colectivas de extremismo de derechas.


No hace falta ser un lumbreras para intuir que, suceda lo que suceda en las próximas elecciones, Rivera y Díaz irán de bracete con el Partido Apostólico en las políticas económicas, aunque de cuando en cuando se propinen entre los tres algún que otro marramiau, y siguiendo la metáfora lorquiana, «disfrazarse de  noviembre para no infundir sospechas». Con lo que parece conveniente recordar el verso manriqueño: Avive el seso dormido…  que las izquierdas deberían retener. 

EL TRABAJO INHUMANO: CONVERSANDO CON VÍCTOR GÓMEZ PIN



Esta es mi intervención en el Museu d´Història de Catalunya el 18 de febrero en el contexto del cincuentenario de Comissions Obreres de Catalunya



Es importante que el sindicato –como sujeto cultural que es--  converse con un filósofo y, en este caso particular, con el profesor Víctor Gómez Pin. Más todavía si el motivo de este diálogo versa sobre el trabajo a propósito de su último libro Reducción y combate  del animal humano, que recientemente ha publicado Ariel. Entiendo que Comisiones Obreras es perfectamente consciente de la importancia de esta reflexión, que indica que la gran cuestión del trabajo requiere la aportación de los saberes y conocimientos de las más diversas disciplinas  y, entre ellas, de la filosofía. Lo que, en el fondo, implica una indudable y necesaria tensión intelectual: la que se desprende de la autonomía e independencia de métodos de análisis y soluciones de la reina del pensamiento y la del sujeto reformador.

El profesor Gómez Pin ya nos había adelantado en un importante artículo (El País, 27 de Marzo de 2012) que «Por eso es tan urgente denunciar las teorías pragmáticas que presentan como único bien al que colectivamente podamos aspirar la posibilidad de que alguna disminución de la amenaza laboral alivie un tanto el ofensivo terror al que los trabajadores se ven sometidos. Es simplemente insoportable que la polaridad entre trabajo embrutecedor y pavor a perder tal vínculo esclavo se haya convertido en el problema subjetivo esencial, en el problema mayor de la existencia. El tiránico orden social que posibilita tal cosa no es in-humano (sólo los humanos son susceptibles de forjar prisiones físicas o espirituales) sino literalmente des-humanizador, una máquina para impedir que los humanos seamos cabalmente tales». Me atrevo a decir que hace falta ser un tarugo para estar en desacuerdo con lo dicho.

Ecos similares a lo que expresa Gómez Pin aparecen en la obra de una pensadora, que siempre fue inquietante para la izquierda oficial y el sindicalismo tradicional, concretamente Simone Weil. Sobre ella pontificó, en este caso, un desvergonzado Trotsky afirmando «que estaba loca de atar», negándole su condición de revolucionaria y, por lo tanto, condenándola al Limbo. Y, al mismo tiempo, enviaba una recomendación oblicua a las gentes de izquierda como si dijera: no lean a esta señorita que tiene la cabeza llena de pájaros. Menos mal que posteriormente nuestro amigo Bruno Trentin vino a poner las cosas en su punto en su obra canónica La ciudad del trabajo, izquierda y crisis del fordismo, que editó la Fundación Primero de Mayo (1). Más todavía, cuando nuestro amigo italiano nos incitó a estudiar aquella izquierda que nunca había vencido y, de paso, desintoxicándonos de la izquierda institucional, que él llamó «sinistra vincente».  

Vale la pena advertir que la reflexión del profesor Gómez Pin sigue teniendo ahora plena vigencia: las nuevas tecnologías, gobernadas discrecional y unilateralmente, están reproduciendo la inhumanidad de los sistemas de organización del trabajo fordista y taylorista. Ahora bien, para superar esa «inhumanidad» es preciso que nos propongamos un discurso radicalmente nuevo, acorde con el diverso paradigma en que nos encontramos, de un lado; y, de otro lado, para superar definitivamente el discurso tradicional de una buena parte de la izquierda con relación al trabajo. Empecemos por aquí.

De una manera desacomplejada Bruno Trentin refiere en el citado libro el gran dilema que tuvo la izquierda en torno a qué es lo primero si transformar la sociedad, y especialmente el trabajo, o la conquista del poder. Y, comoquiera que optaba por que lo primero fuera la conquista del poder, dejaba como variable dependiente de ello la transformación del trabajo. Sin embargo, una vez instalados en el poder los bolcheviques asumieron el taylorismo que, desde sus inicios lo aplicaron con un férreo voluntarismo jacobino al que Trotsky, empeñado en su caprichoso intento de militarizar el trabajo, exacerbó todavía más. La síntesis de todo ello está expresada por Trotsky: «El obrero no hace mercantilismo con el gobierno soviético, está subordinado al Estado, le está sometido en todos los aspectos por el hecho de que es su Estado» (en su obra Terrorismo y comunismo). 

La conclusión de ello fue dramática: en el llamado socialismo real, el trabajo acabó deshumanizado no sólo por la asunción del taylorismo como sistema definitivamente dado sino por la aparición de una paraesclavitud de masas. Vale la pena traer a colación el caso del ingeniero Palchinsky y sus compañeros del llamado partido industrial, opositor férreo de la implantación del taylorismo cuartelario en la URSS, y por ello fue ejecutado por Stalin en 1928. Sépase que Palchinsky había sido un luchador antizarista y consecuente revolucionario (2). Y, durante toda su vida profesional, destacó por su preocupación por la humanización del trabajo. 

La visión de Antonio Gramsci sobre el trabajo tiene otro enfoque. Me apresuro a decir que no nos vale tampoco. En los Cuadernos de la Cárcel, Gramsci hace una exaltación del taylorismo, que en buena medida ha contaminado a la izquierda del siglo XX. La diferencia con Lenin y, todavía más con Trotsky, radica que --a diferencia de éstos-- no considera que el taylorismo sea un sistema de organización del trabajo definitivamente dado, sino “mientras tanto” no somos capaces de elaborar uno propia. No obstante, esta concepción viene acompañada por un planteamiento inquietante: Gramsci, que no niega la humanización del trabajo y que no la traspone a la toma del poder, plantea que, en el socialismo, el trabajo debe significar una «coerción» libremente asumida por el trabajador, configurando una forma de accesis, «increíblemente próxima a la mortificación de la carne que aprisiona la fe.» (3).

Doy por sentado que estos referentes son inaceptables. Y partiendo de las observaciones del profesor Gómez Pin es preciso que nos arremanguemos las mangas para elaborar un discurso –radicalmente nuevo, decía un servidor--  en torno al trabajo. Voces hubo en la izquierda que lo intentaron. Por ejemplo, Karl Korsch que habló de la «autoliberación» de la clase obrera, que le permitiera la autodeterminación de las condiciones de trabajo, combinado con la praxis del control en los centros de trabajo. O las propuestas del Guild socialism   en torno al control de la organización del trabajo. Entiendo, pues, que el diseño de un proyecto –sabiendo que un proyecto no es un zurcido--  en torno al trabajo debería empezar por el conocimiento de las experiencias heterodoxas de esas izquierdas que no triunfaron.

Una cosa es cierta: para enhebrar dicho proyecto, esto es, la humanización del trabajo, no nos valen la mayoría de los contenidos de la negociación colectiva. Lamento recordar que más de un setenta por ciento de la negociación colectiva, en lo atinente a los temas de la organización del trabajo, son mera repetición de las cláusulas de las viejas (y ya desaparecidas) Ordenanzas Laborales. Repetidas al pie de la letra.  Con ese material de ropavejero no vamos a ninguna parte que valga la pena.

El sindicalismo es un sujeto imprescindible para proceder a ese proyecto. Pero no es el único. Así es que sería de lo más necesario que estableciera un diálogo permanente, tal vez mediante un foro estable, entre sindicalistas e investigadores sociales y con todo un importante batallón del conocimiento. En caso contrario, se corre el peligro de quedarnos en la reserva de los últimos mohicanos. 
    
     (1) En formato digital:    http://metiendobulla.blogspot.com.es/
(2) Loren R. Graham, El fantasma del ingeniero,,  que murió ejecutado (Crítica, 2001)

     (3) Bruno Trentin. La ciudad del trabajo. Página 191