martes, 2 de septiembre de 2014

RSC, Sindicatos y Acuerdos Marco Globales



Joaquim González Muntadas 
Director de Ética Organizaciones SL


El sindicalismo empezó desconfiando de las iniciativas empresariales de “responsabilidad social” por su percepción, y muchas veces realidad, de que constituyen tan sólo operaciones de marketing como respuesta a la por lo general difusa exigencia de la sociedad en relación con los problemas medioambientales o sobre las condiciones de trabajo en las empresas de los países emergentes proveedoras de las multinacionales del mundo más desarrollado. Pero una vez más la vida se encargó de demostrarle también al sindicalismo que sólo con cautelas y denuncia de las malas intenciones del otro no se construye ningún proyecto ni es posible la iniciativa social.

Pronto una parte del sindicalismo entendió que esos compromisos unilaterales de algunas empresas, “voluntarios” los llamaban (como si los pactados no lo fueran), son también exigibles socialmente. Y se empezó a construir una nueva práctica sindical propositiva que ha culminado a fecha de hoy en unos 100 “Acuerdos Marco Globales” (AMG), suscritos por otras tantas multinacionales en el mundo, la mitad en el sector industrial. Acuerdos promovidos y firmados con las empresas por Federaciones Sindicales Internacionales, por las organizaciones sindicales de sus casas matrices, o por ambas. Unos acuerdos que suelen incluir en su ámbito de aplicación la empresa matriz y sus filiales y, en las mejores prácticas, también toda la cadena de valor. En su contenido recogen la revisión sindical de los compromisos empresariales de RSC, los sistemas de auditoría de los derechos en toda o parte de su cadena de valor y los órganos paritarios de seguimiento.

Unos 100 Acuerdos Marco, pero que sólo corresponden a un 1% de las multinacionales del mundo. En España tenemos el privilegio de contar con una experiencia que es hoy referencia en el sindicalismo mundial, me refiero al Acuerdo Marco con Inditex, firmado con la multinacional gallega creada por Amancio Ortega, y hoy presidida por Pablo Isla, con La Federación Sindical Internacional “IndustriALL Global Union” dirigida hoy por Jyrki Raina.

El paso de los compromisos empresariales unilaterales a los AMG no significa solamente ponerle la firma sindical al Código de Conducta. Supone también conferir al sindicato una posición, y una responsabilidad, distinta. Se ha pasado del necesario grito, de la denuncia, ante violaciones de derechos básicos cuando se producen, y se conocen, a asumir por parte sindical la responsabilidad de participar en la prevención de tales violaciones, a tener una activa intervención en el seguimiento de las condiciones de trabajo en las cadenas de producción de las multinacionales. Ello exige instrumentos pactados con éstas para que el sindicalismo organizado pueda acercarse a su cadena de valor, se le abran puertas para que sean los propios trabajadores de esta cadena los que se organicen solidaria y coordinadamente, y puedan contribuir a tales objetivos. Si hiciera falta algún ejemplo de ello, de nuevo Bangladesh viene a dárnoslo. En el sector textil-confección la puesta en práctica del ACCORD suscrito con IndustriALL y UNI por parte de 160 multinacionales ha significado ya multiplicar por 5 la afiliación sindical en este sector de este país tan martirizado por la irresponsabilidad y la codicia de sus instituciones y de muchos de sus empresarios. 

¿Pero, por qué sólo un 1% de las multinacionales? Cuando los contenidos, compromisos de RSC, y la implicación sindical que pueden representar los AMG, parece que deberían interesar a todas las multinacionales y a todos los implicados, pero en realidad no es aún así. En mi opinión ello no se debe tanto a que algunas multinacionales consideren la política de RSC solamente como una operación de marketing, que aún las hay, sino que no han entendido o no participan del sentido de la corresponsabilidad sindical, probablemente lo mismo que seguramente debe suceder en otros ámbitos más inmediatos en la propia empresa y en el día a día en su relación con las organizaciones representativas de los trabajadores. O, también se da el caso, porque las estructuras sindicales, empezando por las de la casa matriz, no han entendido, aún, cuánto les interesa la defensa de los derechos del trabajo en el mundo, y no sólo por solidaridad, sino también para proteger sus propios derechos. 


En un mundo cada día más globalizado, con estructuras de producción y comercio cada día más internacionalizadas, es evidente la carencia de un ordenamiento jurídico internacional eficaz, es decir con instrumentos coercitivos capaces de hacer frente a las violaciones de los derechos humanos. Existen ciertamente los Convenios de la OIT, pero ésta es impotente para hacer frente a sus violaciones. Sólo la Organización Mundial del Comercio podría intervenir eficazmente para bloquear el comercio de productos sin garantías laborales o medioambientales en su fabricación. Pero hasta ahora no quiere. 

Radio Parapanda.-- PLEBEÍSMO


domingo, 31 de agosto de 2014

MÁS SOBRE LOS EXÁMENES DE LOS SINDICALISTAS



Mi querido amigo Paco Rodríguez de Lecea ha comentado en OLOR A OVEJA mi planteamiento sobre ¿Deben los sindicalistas examinarse antes de ser elegidos para un puesto de responsabilidad?. Dice Paco: «Quizás me equivoco, pero interpreto que de la propuesta conscientemente provocativa de López Bulla trasciende de alguna forma la urgencia de contar con más “olor de oveja”, y menos tufo a pasillos, en los puentes de mando de las instituciones; menos trincheras y más batallas en campo abierto. Los pastores verán lo que hacen, pero en mi opinión ese anhelo de José Luis coincide en buena medida con lo que precisamente está reclamando un “rebaño” civil cada vez menos dócil y más indignado».

 

No, no van por ahí los motivos. Las únicas razones son las que dije en el artículo citado más arriba. Se trata de incrementar los saberes y conocimientos, científicos, técnicos y humanistas, de los sindicalistas. No se trata de formar eruditos o letraheridos, sino dirigentes capacitados para el ejercicio de una tarea cada vez más compleja. En concreto, se insiste en la idea de que «el conflicto social es –también y sobre todo--  un conflicto de saberes».

 

Quede claro: no me refería a los riesgos de burocratización, ni aludía a evitar el «tufo a pasillos, menos trincheras y más batallas a campo abierto». A los que siempre está expuesta toda gran organización. Para «oler a oveja» --es decir, la cercanía a la que alude metafóricamente el papa Francisco--  están las condiciones, estilos y normas del sindicato, que en otras ocasiones hemos referido, concretamente al sindicato-de-los-trabajadores, no el sindicato-para-los-trabajadores.  

 

Es más, unos grupos dirigentes con más saberes y conocimientos, contrastados diariamente con la realidad efectiva, establece la hipótesis –una hipótesis no equivale a certeza--  de que la organización no vaya de prestado a la hora de formular su proyecto y las características de su trayecto. Cuya relación con la independencia y autonomía del sindicato parece evidente. Y ya hemos visto, también, el vínculo que se ha ido estableciendo, a lo largo de la historia, entre «independencia» y «democracia».

 

Por cierto, será conveniente recordar que cuando antiguamente se ponía el énfasis en el «olfato de clase» era sólo (y solamente) una pícara metáfora. Nada más que una metáfora que, en no pocas ocasiones, tenía gato encerrado: los trabajadores deben tener olfato de clase; mientras tanto, desde el exterior a la clase tendremos las cosas más fáciles para que nos sigan clientelarmente. Como conclusión: el sindicato debe ser la fiel infantería de un estado mayor externo que lo utiliza para sus contingencias diarias. Lo que no queremos, naturalmente.  

 


     

viernes, 29 de agosto de 2014

¿DEBEN LOS SINDICALISTAS EXAMINARSE ANTES DE SER ELEGIDOS PARA UN PUESTO DE RESPONSABILIDAD?



Una de las joyas de mi biblioteca es Historia del sindicalismo, 1666 – 1920; sus autores son Sydney y Beatrice Webb,  editado en castellano el año 1990 por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, traducido por Antonio Gimeno. No hace falta insistir en la solvencia de este famoso matrimonio  y en la seriedad de sus investigaciones. Antes de que se me olvide: repito por enésima vez que tan importante volumen no debería faltar en las bibliotecas de las casas sindicales, especialmente en los departamentos de formación sindical.

Pues bien, una de las cosas que más me llamó la atención de esta investigación fue lo siguiente: durante un tiempo relativamente largo, las Unions inglesas, en sus primeros andares, establecieron una condición para elegir a los dirigentes sindicales: consistía en una especie de examen al candidato a un cargo concreto. Lo hacían con todos los requisitos: un temario previamente conocido por los aspirantes y un tribunal ad hoc.  Los Webb no aclaran si ello figuraba en los estatutos o era una costumbre que se había ido generalizando; es más, no nos informan de cómo y quiénes componían el Tribunal de los exámenes, ni tampoco nos informan si aprobar el examen era una cuestión que determinaba el acceso al cargo. Tampoco refieren los Webb en qué momento se perdió tan sana costumbre y qué motivos llevaron a ello.  Siento, pues, no dar más formación al respecto, ni siquiera decir en qué página del libro se encuentra esta cosa. Pero fíense de mi memoria o, mejor dicho, accedan, lean y comprueben la veracidad de esta experiencia de nuestros taratabuelos ingleses de la primera mitad del siglo XIX.

La pregunta es: ¿tiene sentido que hoy se recupere aquella costumbre? ¿Y en qué condiciones? La respuesta a esta pregunta requiere una investigación previa. A saber, ¿cómo se forman los grupos dirigentes  sindicales a todos los niveles? ¿qué grado de movilidad tienen? ¿qué biografía sindical concreta en cada nivel de responsabilidad: negociación de convenio o expediente de crisis y demás? Un trabajo de campo de estas características nos daría una aproximación de la calidad de los grupos dirigentes sindicales, de cada dirigente sindical en concreto. Ciertamente, no sería extraño que hubiera fuertes resistencias. Pero, entonces estaríamos sin saber si los grupos dirigentes se adecuan o no al conjunto asalariado realmente existente, el más formado e informado de la historia.

Por supuesto, no se trata de sacrificar la representatividad de los dirigentes en aras de unos conocimientos académicos o no. Lo que se plantea con el hecho de “examinar” a los candidatos antes de que accedan a los puestos de responsabilidad es tener conocimiento individualizado de la virtù  (en los  términos que Maquiavelo daba al concepto virtù) de cada cual. Es más, para mayor tranquilidad de los timoratos, podría establecerse que el “examen” no conllevaría nota (aprobado o suspenso) que impidiera ser elegido. Dejo abierta esta posibilidad: el “examen” podría caracterizarse porque el candidato hiciera una tesina sobre su experiencia personal como sindicalista u otros temas a considerar; por ejemplo, el examinando podría disertar en su tesina sobre las propuesttas innovadoras que ha planteado él mismo en tal o cual convenio o negociación, aunque no hayan salido adelante. De igual manera, tranquilizo al personal: no se trataría de abrir esta experiencia de golpe y porrazo sino haciendo alguna experimentación piloto. Dejo, por el momento, de lado cuestiones tan relevantes como el plan de estudios, las características de quienes componen el Tribunal y otras cosas de no menor importancia.

¿En qué me baso para hacer esa propuesta? En algo tan elemental, como poco estudiado: el conflicto social es, sobre todo, un conflicto de saberes. Sabiendo solamente la regla de tres simple no llegamos a ninguna parte; a ninguna parte que valga la pena. Y también es cierto que siendo solamente un letraherido tampoco gobernaremos el timón de la nave.

Sea como fuere, téngase en cuenta o no la propuesta, al menos esta entradilla le habrá picado la curiosidad a algunos para saber qué escribieron los Webb y qué desarrollo tuvo el itinerario sindical de nuestros antepasados: a ellos les debemos conquistas sociales, bienes democráticos y una organización estable, el sindicalismo.  

Radio Parapanda. OLOR A OVEJA


EL ALIJO DE DROGA DEL J.S. ELCANO EN EL PARLAMENTO ESPAÑOL



Nota. Perdón, algún "duendecillo" ha convertido en gamberras mayúsculas lo que ha sido escrito en humildes minúsculas. Tal vez para realzar a la parejita que posa en Amsterdam. 




El grupo parlamentario de Convergència i Unió entendió que era oportuno que el alijo de contrabando de droga que se encontró en el buque escuela de la Armada Juan Sebastián Elcano debía debatirse en el Parlamento español. Desde luego, el asunto se lo merece. A tal efecto, el diputado Jordi Jané presenta la debida documentación. Y, como es natural, el asunto pasa a figurar en el orden del día. Mientras tanto, el ministerio de Defensa remueve Roma con Santiago y empieza la presión a CiU. De los entresijos nada se sabe. Sin embargo, en menos que canta un gallo, el diputado Jané retira su propuesta y nos brinda una explicación que sólo amablemente podemos calificar de esperpéntica: «Es para aligerar el orden del día» (1).

 

Pues bien, conociendo mínimamente los vericuetos de estas cosas no es desacertado considerar que Artur Mas, consultado o no, diera la orden de retirar la propuesta de su grupo parlamentario en Madrid. La pregunta es, pues, ¿a cambio de qué?  Lo que engarzaría con otra: ¿Se planteó esta iniciativa para provocar una ulterior negociación? Desde luego, no sería ni el primer ni el último cambalache de la historia del parlamentarismo. 

 

Sea como fuere, todo este obsceno asunto tiene otras lecturas no menos relevantes. A saber, la corrupción en el Ejército, perdón, en la Armada. Ahora bien, en este caso concreto ¿qué miembros de la dotación del Juan Sebastián Elcano están implicados? ¿quiénes hicieron la vista gorda del cargamento de droga? A un servidor no le interesan nombres sino las categorías profesionales: marinería, suboficiales, oficiales y mandos. Porque si el Ministerio de Defensa ha corrido las cortinas algo habrá de oscuro en todo esto. Algo que no puede substraerse, quedando en la jurisdicción militar, al conocimiento del parlamento. En este caso nos encontraríamos ante una nueva «zona gris» de la democracia en el sentido que le daba Alain Minc a esta expresión. Con el agravante de que, en lo que nos ocupa, es el parlamento español –para mayor precisión, la mayoría absoluta--  quien se inhibe activamente. O, por mejor decir, es el parlamento quien protege esa zona gris. Eso sí, con CiU que tira la piedra y, posteriormente, esconde la mano: una actitud en la que ha demostrado desenvolverse.

 

A ver, ¿quién dijo que no se entendían Mariano y Artur?  ¿Quién ha dicho que uno y otro no comparten un buen cacho de propiedades. Estúdiese el  teorema de las proporciones definidas que diseñó en su día el profesor Maffeo Pantaleoni y que tanto le sirvió a Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la Cárcel.  Lo que me viene al pelo para recordarles que tiene no poca utilidad ese conjunto de libros. Hay traducciones de gente solvente en la materia: Manuel Sacristán y Jordi Solé Tura.  Valete.

    



jueves, 28 de agosto de 2014

TRASCENDER LA REFORMA LABORAL



Antonio Gramsci dejó dicho que «El movimiento histórico nunca vuelve atrás y no existen restauraciones in toto» [El cesarismo en Política y sociedad. Ediciones Península, 1977]. Este escrito forma parte de los Cuadernos de la Cárcel, concretamente de los importantes capítulos de Notas sobre la política de Maquiavelo que antecede al famoso El Príncipe.  De esta idea gramsciana deducimos que, tras la salida de la crisis, sea cual fuere la forma que adopte dicha salida, no se volverá a la situación anterior a la reforma laboral, porque ésta no se concibió ni se puso en marcha en función de la crisis económica. El sindicalismo, pues, tendrá que reconstruir no restaurar. Una reconstrucción que será gradual y, posiblemente, de una gran complejidad. O sea, las cosas no serán tan fáciles como se desprende de una lectura cándida de la promesa del PSOE de abolir la reforma laboral cuando gobierne.

Esta promesa, ya anunciada por Rubalcaba, ha sido retomada por el nuevo secretario general de dicho partido. Y a ello deberá atenerse; y ello deberá serle recordado de manera continua. Ahora bien, lo que nos ha dicho todavía Pedro Sánchez es la (aparente, sólo aparente) letra menuda. Es decir, si abolirá de golpe y porrazo todas las disposiciones normativas de la reforma laboral o lo hará de otra manera. Tal vez sea prematuro pedirle aclaraciones, pero no está de mal este recordatorio de ese juramento de santa Gadea.

Ahora bien, la promesa del PSOE está condicionada a gobernar. Lo que, a estas alturas nadie está en condiciones de prever. Más todavía, nadie sabe si, en el caso que gobierne, cómo estará el panorama; y menos, todavía, sabemos qué novaciones legislativas, substitutorias de la reforma laboral, se pondrán en marcha. En suma, que tras el prometido borrón y cuenta nueva  hay muchas incógnitas que no pueden ser minusvaloradas. Eso sí, ahí está la advertencia de Gramsci: «El movimiento histórico nunca vuelve atrás y no existen restauraciones in toto». Y, por lo que sabemos de este hombre de gran formato, Gramsci nunca hizo concesiones a la galería, ni escribía al tuntún. Tenía todo el tiempo del mundo en la soledad de su celda carcelaria.

El sindicalismo confederal no puede estar a la espera de que se cumpla la promesa del PSOE. Quede claro: no digo que lo esté. Ahora bien, todavía no se ha definido un proyecto y un trayecto de largo recorrido que indique de qué manera se va a trascender la reforma laboral y sus nefastas consecuencias. Quiero decir que no existe un planteamiento orgánico que nos indique de qué manera, en la práctica, se va a superar ese entramado legislativo. Que no sea fácil, es cosa sabida. Pero eso no es un punto de llegada sino de salida.

Pues bien, acentuando la idea de que el sindicalismo confederal no puede estar en una posición atentista, queremos recalcar lo siguiente: precisamos un proyecto propio, autónomo. Que pueda servir para trascender la reforma laboral y recolocar al sindicalismo como eficaz sujeto reformador en el nuevo eje de coordenadas de esta fase de innovación-reestructuración de los aparatos productivos, de servicios (públicos y privados), de toda la economía; un proyecto factible y convincente para reconstruir un Estado de bienestar inclusivo de nueva planta: con nuevos derechos de ciudadanía social, dentro y fuera del ecocentro de trabajo.  Todo ello con las oportunas medidas legislativas de soporte y apoyo. Un proyecto que, en definitiva, sea un banderín de enganche. En síntesis apretada: la propuesta del PSOE es un estímulo, pero no es un modelo o, más precisamente, no puede ser nuestro modelo. Lo que, a decir verdad, no le quita importancia a aquella sino que la sitúa en su justo valor.  


El lector exigente tendrá que esperar a mayores concreciones de lo que se quiere decir a las próximas semanas. Será cuando la revista digital www.espacio-publico.com me publique un trabajo que, provisionalmente, he titulado “La parábola sindical”. Que, como se sabe, ha propiciado un debate de hondo calado sobre el sindicalismo en tiempos de globalización. La ponencia original la ha presentado Joan Coscubiela con una serie de “provocaciones” necesarias y sin pelos en la lengua, que dan pie a no dejarnos nada (o pocas cosas) en el tintero.   Así, pues, dispensen la picardía: esta entradilla es un intento de picar la curiosidad sobre el trabajo de “La parábola sindical”. Una picardía propia de una persona ochentona.    

Radio Parapanda.  LA SOLUCIÓN FEDERAL

miércoles, 27 de agosto de 2014

RAJOY Y FRAU MERKEL




Hemos visto que en amigable compaña Frau Merkel y Mariano departían animadamente. Sin embargo, las cámaras televisivas ni las fotos han recogido a los intérpretes. Sin ellos los dos mandatarios ni siquiera hubieran podido entenderse, ni siquiera por señas. Es decir, que ni Frau Merkel habla castellano, y no  sabemos si otra lengua que pueda entender Mariano. Mariano, a su vez, tampoco chamulla tudesco ni otro idioma que, en la intimidad o fuera de ella, pueda comprender Frau Merkel.  Posiblemente Mariano hable francés con acento de primero de bachillerato, pero si ese es el caso, pocas galanterías podría decirle a la dama teutona.  De ahí que ambos tengan que ir de prestado en sus pláticas. Entiendo que es otra muestra de la pobretería de conocimientos de un sector muy representativo de la capa política europea en general y de la española en particular. Más todavía, entiendo que se trata además de un desfase entre el paradigma europeo –y, por supuesto, de la globalización--  y los saberes de esta pareja que, según dicen algunos, puede sustituir los arrumacos entre la frau y Monsieur Hollande.

En el caso de Mariano se puede aplicar la técnica de un político que, durante más de treinta años, no ha tenido tiempo ni encontrado el momento de arreglar su particular estado de la intendencia doméstica. Mariano, salvando las distancias, tampoco ha encontrado, en el mismo tiempo, una hora al día para (al menos) farfullar la lengua de Shakespeare.

Ustedes, en todo caso, me dirán –y tendrán sobrada razón--  que en el encuentro compostelano hay cosas más importantes. Verbigracia,  las políticas que dicta la frau, la actitud mendicante de Mariano para que coloquen a Guindos y la agresión de las fuerzas de orden público contra unos manifestantes pacíficos que censuraban a los dos mandatarios. Muy cierto, pero esto es el pan nuestro de cada día. 


Radio Parapanda. CORTÁZAR


  

martes, 26 de agosto de 2014

Goldman Sachs y la Copa del Mundo de Fútbol: las previsiones erróneas de los economistas



Los economistas de la Goldman Sachs aplicaron a la Copa del Mundo de Fútbol las metodologías “científicas” que utilizaron para hacer sus previsiones. Y, tal como sucede incluso para las previsiones de la Comisión Europea, se han equivocado estrepitosamente.


Puede parecer un juego que los economistas se dediquen a prever los resultados –con el vencedor incluido--  de la Copa del Mundo de Fútbol; tal vez se trataba tan sólo de un juego. Pero de ello se puede sacar conclusiones no banales que van más allá del mundo del fútbol. Goldman Sachs se ha dedicado a ello.  Lo de esta empresa merecen atención porque es el banco de negocios más importante del mundo y sus operaciones y decisiones tienen con frecuencia  un efecto sobre millares –si no millones--  de personas que pueden perder el trabajo o también hacerse ricos.

Pues bien, Goldman Sanchs ha hecho un espantoso ridículo. En un primer informe analizaba catorce mil partidos desde 1960 hasta hoy. La conclusión para el Mundial que hicieron fue: victoria de Brasil contra Argentina; Italia llegaría a cuartos y España estaría en la semifinal. Vista la desastrosa performance sentenciaron que Brasil habría vencido a Holanda. Nueva metedura de pata. Incluso en Italia hay quienes lo ha intentado: Luciano Canova y Andrea De Capitani –en http://www.lavoce.info/vincera-mondiale-in-brasile/-- explican la metodología que han usado:
«La técnica de análisis que hemos utilizado utiliza un instrumento típico de la estadística multivariante: el análisis factorial. Se procede, de hecho, a la agregación de datos multidimensionales para la construcción de un indicador sintético.  Se trata de lo siguiente: un conjunto de variables que se refieren a las performances  futbolísticas  comparten un factor latente que es la fuerza y la potencialidad de un equipo. El análisis factorial permite calcular el peso de cada una de las variables agregadas en su contribución al factor latente. En este caso, el indicador que emerge del análisis e un número único (para cada equipo) con valores crecientes del equipo menos fuerte al más fuerte». Sin embargo, no han tenido más éxito que los de Goldman Sachs.

No nos pondremos a recapitular las previsiones –quien esté interesado debe leer el artículo--  pero nos importa decir que se han equivocado.  Brasil debía jugar la final (pero, como se sabe, no fue así) y habría perdido. ¿Contra quién? ¡Contra España!  Pero los presuntos campeones del mundo fueron eliminados en la primera tanda.  ¿Qué conclusión sacamos? ¿Nos partimos de risa sobre la incapacidad de los economistas de prever un campeonato de fútbol? Claro que no, hay muy poco para reír.

Los economistas de la Goldman Sachs y los italianos aplicaron a la Copa del Mundo las metodologías “científicas” que utilizan en su oficio. Por lo demás, examinaron un solo sector, casi un pequeño universo cerrado con un número de actores muy limitado. Teóricamente las condiciones ideales para que una previsión tenga éxito. Sin embargo, erraron clamorosamente; la Goldman incluso cuando los actores eran un número muy restringido como los partidos pendientes.

Llamarles ignorantes o incapaces sería desacertado. De hecho, no creen haber cometido errores metodológicos o que hay aplicado mal sus fórmulas: ahí está el detalle. Las metodologías y las fórmulas (junto a otras del mismo género) son las que se usan para sentenciar cómo va la economía, cómo debería ir y, sobre todo, qué políticas deben ponerse en marcha. Aplicándolas no a un pequeño grupo de equipos de fútbol, sino a Estados, a un conjunto de Estados (como la Unión europea) y al mundo entero. ¿Cuántos actores y cuántas variables deberían tener en cuenta para tener alguna probabilidad de adivinarla?

Naturalmente se puede objetar que una cosa es intentar prever un concreto resultado y otra cosa es señalar los factores que, incluso en grandes líneas, pueden influenciar una tendencia de un modo o de otro. Lo que a veces puede ser cierto (incluso sobre factores determinantes se pueden dar enormes errores) otras veces podría ser al contrario. Pensemos en los datos de la Comisión Europea en su cálculo del “PIB potencial” y en el método de que, tras las cuentas públicas, el resultado de sus fórmulas se corresponde hasta el céntimo. Pero ¿y si se descarta un decimal, como en el caso italiano, y salta sobre Finlandia y se les reclama a estos que hagan otro Presupuesto y más recortes? … ¿Nos hemos vueltos locos? Albert Einstein escribió: «Aunque las leyes de las Matemáticas se refieran a la realidad, no tienen una veracidad absoluta, y en el caso de que la tuvieran no se referirían a la realidad». ¿Verdad que es una cosa sabia?.

¿Qué debemos hacer, entonces, tirar todas las fórmulas y los modelos econométricos por el retrete?  Claro que no, aunque en algunos casos sería de lo más oportuno.   Hay que restituirles su justo valor: una ayuda para formular hipótesis y políticas, no como si fuesen el Evangelio.  Si voy caminando por un terreno abrupto puede serme útil un bastón. Pero aquí todos parecen haberse olvidado de que son las piernas las que me sostienen.  Si no tuviera el bastón me sería más cansado, pero sin las piernas el bastón sólo es bueno para hacer fuego. Las piernas, en este caso, son la observación de la realidad y teorías que no son falsificadas por la experiencia, como muchas de las que hoy se pretende aplicar.

En conclusión, las previsiones sobre los mundiales de fútbol no son una broma, sino que nos dicen cosas muy importantes. Que no existe fórmula –o modelo— que pueda hacerse cargo de la complejidad de la realidad. Que la economía no se gobierna con fórmulas. Que los técnicos pueden equivocarse tanto y quizá más que los políticos, sobre todo si creen ciegamente en sus metodologías. Que el «juicio de los mercados» --del que tanto se habla--  puede ser equivocado, como ha demostrado clamorosamente Goldman Sachs, la reina de los mercados. Que es un craso error dejar que los mercados tengan más poder que las instituciones democráticas, no porque estas últimas tomen siempre decisiones justas sino porque sin ellas se acaba la democracia. Sí, las previsiones sobre los campeonatos hay que tomarlas en serio.


Traducción, Tito Ferino (Parapanda) 

Radio Parapanda. RENOVANDO LAS RELACIONES LABORALES

lunes, 25 de agosto de 2014

SINDICATO RENOVADO, RENOVACIÓN DE LAS RELACIONES LABORALES



  Las relaciones laborales, tanto en la empresa privada como en el sector público, están en crisis definitiva. Esto, en mi opinión, no es una hipótesis sino una realidad. De ello hemos hablado en  Relaciones laborales e industriales: «Crisis de eficiencia» hace unos días. ¿Por qué están en crisis, qué consecuencias tiene y cómo superarlas?

 

    Están en crisis porque se corresponden con un paradigma que hoy es inexistente; dicha crisis –insistimos que ya es definitiva--  no reporta utilidades a la condición de vida y trabajo del conjunto asalariado, ni a la eficiencia de la empresa, al tiempo que provoca una deficiente capacidad de representación por parte del sindicato en relación a los trabajadores y a los empresarios con sus representados. Más todavía, el mantenimiento de este modelo hace improbable que se pueda trascender o superar la reforma laboral y sus consecuencias, amén de que en esas condiciones no parece posible una renovación profunda del sindicato (en la que están empeñados sus dirigentes), ni tampoco del empresariado, del que no se sabe si quieren quitarse de encima la ropa vieja. Yendo por lo derecho: así las cosas, la parábola del sindicato seguirá declinando si no se le da la vuelta a la tortilla. Sobre la renovación de las organizaciones patronales cabe decir que apuestan por el mantenimiento y extensión del discrecional poder privado empresarial, dentro y fuera del centro de trabajo, aunque ello repercuta negativamente en la eficiencia del centro de trabajo.   

 

    Dos son los problemas que dificultan la renovación de las relaciones laborales.

 

    De un lado, la inexistencia de espacios de innovación en las prácticas negociales en los centros de trabajo, salvo casos aislados aunque importantes. En efecto, hay señales que indican la posibilidad de cambiar las cosas, pero el caso es que no se publicitan, ni siquiera en la más que notable red de webs de las organizaciones sindicales. Tampoco hay reflexiones sobre esas cláusulas innovadoras por parte de sus protagonistas ni, menos aún, de los grupos dirigentes de ámbito supraempresa. De otro lado, la CEOE mantiene una línea que ha sido desvelada por uno de los especialistas más serios de dicha organización, Fabián Márquez. Un amable comunicante, Gonzalo Elices,  informa  que […]
Fabián Márquez Sánchez, que tiene una amplía experiencia negociando en representación de CEOE, en el último número publicado de la Revista Relaciones Laborales, señalaba en su artículo titulado "Gobernar la política exige vender esperanza":

"En materia de negociación colectiva sorprende la apuesta de la CEOE por el modelo de convenio colectivo provincial estimando que aporta la flexibilidad que la empresa necesita. No es esa conclusión que se alcanza examinando en profundidad el contenido de dichos convenios colectivos provinciales, por lo que estimamos que la propuesta patronal tiene su justificación en la necesidad organizativa de defender una estructura negocial que afecta a más del 60% de los trabajadores y empresas de nuestro país, en la que se hallan implicadas la inmensa mayoría de las organizaciones territoriales miembros de la CEOE, y ante el temor de que desaparecida o minimizada la negociación de ámbito provincial peligre, en consecuencia, la existencia misma de la organización empresarial que la respalda".


      El interés de lo dicho por Gonzalo Élices (y la cortesía debida) justifica de sobras esta cita larga, aunque suculenta. En definitiva, el interés de la patronal –según Fabián Márquez, que no es un activista sindical, sino un brillante intelectual orgánico empresarial— no es otro que el de  gestionar  la «flexibilidad» sin interferencias y que el modelo de relaciones laborales se acomode a la estructura de su entramado asociativo. En palabras de Grmasci esto es un comportamiento «económico corporativo».


      Se me dirá –y tendrán razón los que lo digan--  que las responsabilidades de unos (sindicato) y (otros) no son simétricas. Por supuesto. Pero, una vez constatada esa verdad del barquero ¿qué proyecto y qué trayecto ponemos en marcha? Porque, de mantenerse en este modelo el coste de oportunidad será cada vez más dilatado tanto para los romanos como para los cartagineses.  

 

       La cuestión que, sin embargo, provoca una cierta perplejidad es la siguiente: ¿por qué al menos el sindicato no cuestiona en la práctica –en la práctica quiere decir no retóricamente--  un modelo que, siendo pura herrumbre, no le reporta utilidad alguna? Peor todavía, que le acarrea estropicios mil.


  

             Radio Parapanda. LA ILUSIÓN DE DECIDIR










sábado, 23 de agosto de 2014

RELACIONES LABORALES E INDUSTRIALES: «CRISIS DE EFICIENCIA»



Ayer mismo, Joaquim González daba ayer en la tecla hablando de la patronal española. El hilo de su razonamiento es tan claro como atinado: empieza a circular por diversos medios una serie de reflexiones de sindicalistas que fatigosamente buscan una puesta al día de la praxis sindical; sin embargo, no vemos por ningún sitio nada parecido por parte de los empresarios. Esa literatura sindical es, de momento, un tanteo o aproximación, mientras que, desde la acera de enfrente, hay un silencio bastante preocupante acerca del papel del empresariado.  

 

Digo que es preocupante porque no puede haber un aggiornamento de las relaciones laborales e industriales en ningún lugar si los empresarios no se ajustan las cuentas también a sí mismos.  Vale, el sindicalismo confederal puede renovarse profundamente (y con ciertos titubeos está en ello), pero si no existe además un repensamiento, intelectual y práctico, de la acción empresarial todo podría quedar en agua de borrajas. O, lo que es lo mismo: la modernización de los sindicatos es una condición necesaria, pero no suficiente para unas relaciones laborales e industriales de nuestro tiempo, del nuevo paradigma de la innovación y reestructuración en el escenario global. En ese sentido, es preocupante la sequía intelectual del empresariado orgánico, que mayoritariamente está instalado en una cultura chusquera. Lo que no impide, todo hay que decirlo, que en ciertas empresas haya ejecutivos ilustrados y técnicamente solventes. De donde podemos sacar una primera conclusión: allá donde hay ese saber, académico y científico, la posibilidad de innovación es mayor. Son, como digo, una excepción. La inmensa mayoría está más preocupada por cortar las alas al sindicalismo que por la eficiencia y competitividad de sus propias empresas sin querer aprender que eso es una contradicción en los términos. En todo caso, son necesarios más saberes en los protagonistas de las relaciones laborales e industriales.  

 


Ahora bien, el hecho de «saber» es tan sólo un prerrequisito. La cuestión, entiendo yo, es de qué manera dicho saber se traduce en investigación.   Ahora bien, ¿qué se trata de saber? Primero, que las relaciones laborales e industriales actuales están crisis definitiva porque responden a un paradigma ya inexistente; segundo, de esa obsolescencia surge la «crisis de eficiencia» de dichas relaciones; y, tercero, está cantada la «crisis de representación» de los sujetos que intervienen en las relaciones laborales e industriales.  Y desde ese «saber» hay que investigar. Me atrevo a decir que no entenderlo tendría desagradables consecuencias: no remontaría la parábola sindical. Hay, pues, motivos de preocupación, pero no de pesimismo. Cierto, no todo depende de nosotros, pero mucho puede depender de nosotros mismos.    

Radio Parapanda. REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

jueves, 21 de agosto de 2014

PUJOL Y EL SILENCIO DE LOS CORDEROS



Durante muchísimo tiempo se ha dicho desde fuera del río Ebro que nadie en Cataluña había reprochado absolutamente  nada a Jordi Pujol y sus franquicias. La conclusión, pues, era que toda Cataluña era una behetría pujolista y sus ciudadanos eran, paniaguadamente, una expresión de la servidumbre voluntaria que retrató magistralmente Etienne de La Boétie. (Por cierto, les sugiero que lean ese libro, La servidumbre voluntaria, simultáneamente a lo que Gramsci escribió acerca de la «revolución pasiva», lo que les será de utilidad para entender aproximadamente no pocos fenómenos del mundo contemporáneo).

¿Todo el pueblo de Cataluña calló o siguió acríticamente la vida y milagros de Jordi Pujol? No, padre. Más todavía, ¿más allá del Ebro todo el mundo era vehementemente crítico de Jordi Pujol? No, padre.

¿Recuerdan ustedes la famosa portada de ABC con un monumental retrato del president con la leyenda «el español del año»? Pues bien, ahora todo es un pelillos a la mar y, para adobarlo, se desempolva la idea de que en Cataluña había un clamoroso silencio de los corderos. O sea, las críticas políticas que hicieron en su día tanto Rafael Ribó como Ramon Espasa (y muchos más) forman parte de una intencionada organización de la amnesia política y periodística. Olvidan, además, que las grandes huelgas generales de los ochenta tuvieron también, de manera explícita, el reproche de masas a la política de Jordi Pujol.

Este caballero dominó el arte del «do ut des»: a cambio de mi apoyo has de frenar a esa pareja de torracollons fundamentalistas que son los fiscales Villarejo y Mena. Así pues, la línea de mando –primero González, después Aznar--  impuso siete llaves a las aguas pantanosas del pujolismo. Por eso, esa línea de mando hoy, con lo que ya se sabe, sigue callada. Más todavía, dicha línea de mando hará todo lo que pueda para que el agua no se salga de madre. En todo caso, el problema es que no hay suficiente arena en el mundo para tapar tanta zahúrda.


Apostilla. Cuando yo hablé de la “Cantimpalo connection” en el Parlament la prensa seria no dijo ni mú. Debieron pensar que no era elegante.      

miércoles, 20 de agosto de 2014

«COMO ALCALDE VUESTRO QUE SOY…» O LA ELECCIÓN DIRECTA DE ALCALDES



El pensamiento griego a través de la escritura activa un proceso de control y coherencia sobre la tradición introduciendo orden y racionalidad en el mito. Tan altisonante párrafo puede venir a cuento de la propuesta del Partido popular acerca de la una nueva ley de elecciones municipales. Yendo por lo derecho: sabemos, gracias a la escritura –almacenada en este caso en las hemerotecas-- que el PSOE, tiempo hace, propuso una ley similar que, por hache o por be, finalmente quedó archivada en los sótanos de algún ministerio. Ahora, un covachuelo la desempolva y la pone en circulación.

Fíjense ustedes qué cosas están ocurriendo: en esta democracia envejecida con una serie de institutos obsoletos –una crisis que reclama reformas de hondo calado--  la respuesta que algunos (no pocos) proponen es el autoritarismo. Pongamos estos ejemplos: el centro de trabajo innovado requiere, para su eficiencia y racionalidad, la participación de los saberes de la comunidad social (los trabajadores); sin embargo, la respuesta del management es incrementar la discrecionalidad cesarista del poder privado empresarial, legislado pro domo por la llamada reforma laboral; cuando los partidos políticos necesitan algo más que un baldeo de cubierta y un zafarrancho general de policía (en jerga marinera, “policía” es sinónimo de limpieza), la solución es el encumbramiento del líder, elegido plebeísticamente por el público. Y, ya más directamente cuando de lo que se trata es de remover las gangas y los yerbajos de los municipios, la solución es la elección directa de los alcaldes. En definitiva, nada de reformas de estructura para oxigenar el colodrillo de la democracia, sólo y solamente unas gotitas de colirio con la idea de que el libertinaje de la democracia sea frenado con las bridas del autoritarismo.

Así pues, parece resurgir la voz asmática de don Pepe Isbert en Bienvenido Mr. Marshall: «Como manager vuestro que soy…», «Como secretario general vuestro que soy…», «Como alcalde vuestro que soy…».  

En conclusión se abre la puerta a la institucionalización de la «alcaldada», es decir, a la acción imprudente de un alcalde que abusa de su autoridad y, por extensión, a otra persona, que puede ser para otros menesteres un manager o un secretario general y lo que encarte. 

Radio Parapanda. LOS NUEVOS JENÍZAROS


martes, 19 de agosto de 2014

SINDICATO Y CONTROL DEL SALARIO




Sugiero a los amigos, conocidos y saludados que hagan una lectura atenta del artículo que ayer mismo publicaba Antonio Baylos: Desigualdades salariales en http://baylos.blogspot.com.es/2014/08/desigualdades-salariales.html.  Me importa decir que comparto la música y la letra de lo dicho por el maestro. En todo caso, quiero hacer patente algunas consideraciones que se desprenden de dicho trabajo. En él hace referencia a una reciente declaración de Comisiones Obreras donde se valora el resultado de la negociación colectiva  y, para el caso que nos ocupa, de la cuestión salarial.

Habla la mencionada declaración de que los resultados en torno al salario han significado una «devaluación» y que «los recortes salariales se han generalizado en todas las ramas y empresas junto con el empeoramiento de las condiciones de trabajo». En efecto, así ha sido; y así continúa. Estamos, dicho en plata, ante un ataque de nuevas proporciones al salario y a las condiciones de trabajo. Ahora bien, deduzco que todo ello tiene una consecuencia muy directa, de la que no habla la declaración confederal: la pérdida de control por parte del sindicato tanto de los salarios como de las condiciones de trabajo. Quiero poner especial énfasis en esta cuestión (la pérdida de control) porque este es el objetivo de la reforma laboral: que el sindicato no ejerza su función independiente y autónoma de controlar los salarios y las condiciones de trabajo. Porque, como debería ser bien sabido y relatado, dicho ataque es la consecuencia de la agresión al poder controlar, tal vez la tarea fundamental que define la acción colectiva y personal de todo sindicato. Más todavía, si el acento descriptivo se pone sólo en la agresión al salario y las condiciones de trabajo es de cajón que ello conduce a una batalla defensista. Pero si colocamos el control como eje del problema estamos yendo a las causas de la cuestión, y desde ahí es posible reconducir la presión sindical. Esta reflexión es ahora, si cabe, más pertinente tras el repunte de la siniestralidad laboral y su relación con la pérdida de control de las condiciones de trabajo. 

Lejos están, pues, los tiempos en los que un alto directivo de Volskwagen, a finales de los noventa, afirmaba: «Ahora entramos en una fase de transición y de turbulencias que durará diez años  y que lo cambiará todo. ¿Cómo es posible gobernar este cambio sin una clase trabajadora y su saber hacer y con el  patrimonio profesional  que se ha acumulado en todos estos años? Yo no puedo arrojar a la cesta de los papeles un patrimonio de este género. Con él debo intentar cambiar y transformar la empresa». Lástima que tan sabias palabras se quedaran en agua de borrajas, incluso en la misma empresa. Y lástima que se insista en esta fase de «turbulencias» en que la solución sea que los controles sindicales –bienes democráticos, que conste— vayan desapareciendo.


Por lo demás, léase sin prejuicios lo que el mismo Baylos indica acerca de la «crisis de representación del sindicato». Ya hablaremos de ello cuando pasen las calores.  Entonces, volveremos a tratar de la extraña longevidad de la representación sindical y su relación con la representatividad sindical.  De momento: ojo con las evoluciones de la parábola sindical.  

Radio Parapanda.  EL POLICIACO COMO LABERINTO


lunes, 18 de agosto de 2014

LAUREN BACALL EN LA VEGA DE GRANADA





… y de pronto una joven alta, con los ojos más impresionantes que he visto en mi vida, se bajó del haiga, creo recordar un studebaker negro. Se nos acercó y haciendo, tarín barín, un par de mohines pregunta con un acento que a nosotros nos pareció de Chauchina: «Chaveas, queremos ir a comer al bar Mau Mau. ¿Por dónde se va?». Mi amigo Pepe Ollas que no se perdía ninguna película en el Cine Benítez, llamado pomposamente Coliseo Fernando e Isabel, se rasca la cabeza y exclama: «Me cago en la vística, pero si es Lauren Bacall». Y ella respondió con deje chauchinero: «Pos sí, y este es mi marío Janfri Bogart. ¿Ande está el Mau Mau?».

-- Mire usted, buenamujer: el Mau Mau es pollas en vinagre. Donde mejor se come en Santa Fe es en el Bar Chiquilín, que está ahí enfrentico. Oigasté, ¡qué vermú!, ¡las mejores mirindas de la Vega!, ¡los higos chumbos con jamón de Trevélez! ¡el chotillo a la campera! Y todas esas cosas…  Al Mau Mau van a comer los que sólo tienen dinero.

Y ella, después de silbar a Bogart, dijo: «Oquei». Y allí nos dirigimos Pepe Ollas y un servidor como acompañamiento. Por si caía algo, naturalmente.

Chiquilín padre, muy profesional, les dijo: «¿Qué van a tomar los señores?». Chiquilín hijo dejó de calcular una ecuación diofántica, puso los ojos como acentos circunflejos y gritó: «Me cago en la mar salá, pero si es Lauren Bacall, la Flaca». Y les explicó que en el pueblo todos éramos admiradores suyos, menos el alcalde, el señor cura y el cabo comandante de puesto de la guardia civil.  Dicho lo cual el niño Chiquilín siguió con su problema: «Una botella de Machaquito cuesta 19 duros, pero el comprador no tiene más que billetes de tres duros y la cajera, sólo de cinco. ¿Puede en estas condiciones abonarse el importe de la compra, y cómo hacerlo?».

Mientras tanto,  Bogart repartia entre los parroquianos unos luki estriquis y pagó una convidá de vino abocao de Albondón. Doña Lauren hizo algo mejor: una caída de pestañas que no se había visto desde los tiempos de nuestra Consuelo Tamayo, La Tortajada, que bailó en cueros vivos ante los zares de Rusia, exhibiendo las virtudes de la santaferinidad patria.

La noticia se propagó por las esquinas de la ciudad de los Cuatro Arcos. Y  el bar Chiquilín estuvo de fiesta: Santiago El Pajarito (violín), Pepe López (bandurria), el Jerraor (guitarra) y Juan de Dios Calero (armónica) interpretaron un selecto repertorio (María de la O, el Sitio de Zaragoza y el tanguillo Angelitas, del maestro Barrios), mientras Lauren hacía palmas sordas y Bogart se puso a considerar que eso era música y no la que tocaba Cole Porter. ¡Qué nivel!

Más tarde supimos que en el cuartelillo de la guardia civil hubo una reunión de lo que hoy se llamaría un gabinete de crisis: el alcalde, el señor cura y el cabo comandante de puesto eran partidarios de entrar a saco en el Bar Chiquilín porque estaban hasta el colodrillo de aquellos desafectos al régimen; el hidrópico jefe de Adoración Nocturna aconsejó lo contrario: «No vayamos a pollas, que puede haber un escándalo diplomático. Pero, sobre todo, porque ese Bogart tiene muchos cutes y se puede formar un follaero internacional», dijo. El gabinete de crisis se tragó la bilis.

Y como vinieron Lauren y su marido se fueron en el haiga.  Cuando entraron en el haiga, Calero gritó con voz campera: “Viva Dalton Trumbo y los Diez de Jólivu”. “Viva, viva”, dijimos todos. 


Al día siguiente Juan de Dios Calero lucía el sombrero que le había regalado Bogart; yo todavía guardo la pluma estilográfica que me regaló doña Lauren, una Montegrappa.  

¿Qué todo esto es una ficción? Ni hablar, el retratista Tolosio lo inmortalizó con unas fotos hermosas que guarda celosamente Rafael Rodríguez Alconchel, el niño que calculaba y resolvía la ecuación diofántica. 


Ah, señores míos, sépase que el Bar Chiquilín –regentado por don José Rodríguez en el mostrador y doña Carmen Alconchel en los fogones--  fue La Meca de la cocina española. Doña Carmen le dictó las mil recetas  a Simona Ortega; enseñó a cocinar a Ferran Adrià; e hizo las delicias de don Manuel Vázquez Montalbán. Todo ello ad magiorem gloriam nationis santaferinae.