sábado, 24 de junio de 2017

El Pacto Nacional por la Industria

Manuel Gómez Acosta
Ingeniero Industrial

El próximo 5 de julio se procederá a la presentación y firma del Pacto Nacional por la Industria (PNI), consecuencia del acuerdo aprobado por unanimidad por el Parlament de Cataluña el 13 de julio de 2016. El Pacto reconocía la necesidad de recuperar la industria como actividad motriz de nuestra economía. Actividad que representa cerca del 20% de nuestro PIB, da empleo a más del 50% de nuestra población ocupada y representa a los sectores más innovadores, con más capacidad exportadora, que generan ocupación más estable y de mayor calidad.

La elaboración y presentación del PNI es una excelente noticia. Cataluña necesitaba activar, desde la colaboración y el consenso de todos los agentes implicados, una respuesta a la situación de declive industrial de su economía. La ausencia durante décadas de una estrategia industrial del Govern de la Generalitat, la falta de ambición y espíritu emprendedor de una parte de nuestra burguesía industrial, la baja inversión en I+D+i, muy por debajo de la media europea y de otras comunidades autónomas, el deterioro del sistema educativo y nuestra baja competitividad entre las regiones europeas (The EU Regional Competitiveness Index 2016).

Durante el proceso de elaboración del PNI quedaba muy claro que se estaba diseñando una estrategia industrial "autonómica", sus referencias estaban siempre vinculadas a políticas del Estado.

Independientemente de poder analizar sus contenidos, una vez que el texto sea oficial, me preocupa que el PNI solo sea un elemento de agit-prop al que se sumen con entusiasmo las habituales fuerzas vivas del país --sindicatos, patronales, colegios profesionales, universidades...-- de forma obediente y disciplinada. Me preocuparía que el plan solo recogiera actuaciones que ya están en marcha y que se acompañe de previsiones presupuestarias y dotaciones correspondientes para 2017 ya programadas y empaquetadas en ámbitos como la formación, infraestructuras, industria 4.0... Sin duda, una vez más podríamos asistir a una nueva escenificación teatral pues, como dijo Unamuno, "a los levantinos les pierde la estética".

Durante el proceso de elaboración del mismo, iniciado en octubre de 2016, y en el que tuve la posibilidad de participar como asesor de los sindicatos, quedaba muy claro que se estaba diseñando una estrategia industrial "autonómica", sus referencias estaban siempre vinculadas a políticas del Estado (reforma energética, infraestructuras de Fomento, marco industrial español...), en ningún lugar aparecía una estrategia industrial para un "Estado nuevo", que no se sabe si será república socialista o modelo liberal convergente. Posiblemente también los últimos cambios habidos en el Departamento de Empresa y Conocimiento indican que, más que discrepancias en los contenidos estratégicos del PNI, se está produciendo una lucha soterrada por ocupar espacios de influencia entre los distintos sectores del PDeCAT y ERC en el nuevo Govern autonómico.

Es evidente que el futuro de Cataluña pasa por seguir liderando el proyecto común de una España moderna e innovadora, que no es la que nos cuenta TV3, ni tampoco la de la corrupción del Gobierno del PP

Cataluña necesita seguir conectada con una realidad industrial de la que forma parte, una España con un tejido industrial e innovador muy diversificado. La segunda potencia exportadora europea en el campo de la automoción, con una potente industria aeronáutica concentrada en Madrid y Sevilla, un polo tecnológico de renovables en el País Vasco (Gamesa e Iberdrola), logística avanzada en Madrid y Aragón e incluso territorios como Castilla y León tradicionalmente agrarios que han pasado a tener un actividad industrial muy significativa, como es el caso de Burgos con una industria que representa el 30% de su PIB provincial (con empresas muy potentes como Gestamp y Grupo Antolín que son verdaderas multinacionales del sector de la automoción).

Es evidente que el futuro de Cataluña está en rentabilizar nuestra privilegiada posición estratégica y logística, en el espíritu innovador y emprendedor de la sociedad catalana, para seguir liderando el proyecto común de una España moderna e innovadora, que no es la que nos cuenta TV3, ni tampoco la de la corrupción del Gobierno del PP.


Noche de San Juan



Noche de San Juan. Una zahúrda de mil demonios. Daba la impresión de que nos despedíamos de algo, de algo que irremisiblemente dejábamos atrás. Juan, el discípulo más pacato y modosito del Nazareno nos ha dejado una noche de armas tomar.

Me siento en la puerta de casa porque corre un airecillo gratificante, sólo enturbiado por un enorme pestazo de pólvora. Grupos de cuarentones y cincuentones, pertrechados de petardos  y diversa munición pirotécnica, se paran en las esquinas y arman la Intemerata. Un caso chusco: veo a un tipo fornido, barrigón cervecero que se le desparrama por encima de los calzones, con las dos manos ocupadas. Con una lanza la artillería; en la otra lleva un teléfono móvil. Y canta a lo Jorge Negrete: «¡Ay, Jalisco, no te rajes!»


Sin saber por qué me pregunto qué estarán haciendo en Reikiavik.   


viernes, 23 de junio de 2017

Una meditación necesaria para el sindicato



Miquel A. Falguera Baró
Magistrado especialista del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña

1. Las sabias palabras de Eleuterio Quintanilla

En todos y cada uno de los ramos de trabajo se operan de continuo transmutaciones decisivas en vista del objetivo final que las distingue respectivamente. El movimiento obrero sigue como la sombra al cuerpo, a través de la historia, estos cambios de los modos de producción. El medio económico aparece así determinando inflexiblemente las características de la organización proletaria.

Las anteriores frases pueden parecer hoy desfasadas en su estilo. Pero situémoslas en su contexto: las dijo Eleuterio Quintanilla, uno de los personajes más fascinantes del movimiento obrero español; un anarquista “de toda la vida” (de cuando los anarquistas eran anarquistas) y un ejemplar pedagogo. Fueron pronunciadas en el Congreso de La Comedia en Madrid en 1919, abogando por las federaciones de industria –y no, los sindicatos de oficios-, como había ya hecho la CNT de Cataluña en el Congreso de Sants.

Y cabe recordar que sin este último es imposible explicar el éxito de la huelga de la Canadenca, una huelga general en Barcelona de varias semanas de duración y que finalizó con una asamblea en la plaza de toros de Las Arenas con más de veinte mil asistentes (porque, si alguien lo ha olvidado, la democracia participativa desde abajo tiene una larga tradición en nuestro país) y la fugaz consecución de la jornada de ocho horas diarias.  En el congreso de La Comedia Quintanilla propugnó también la unión orgánica con la UGT (y fue un firme defensor de la no integración en la III Internacional).

Hace casi cien años nuestro antiguo sindicalista abogaba, en unos momentos en los que el taylor-fordismo empezaba a implementarse en nuestro país en las grandes empresas –especialmente, textiles- por adaptar el sindicato a la nueva realidad productiva. Su argumento era simple y lógico (aunque cabe decir que también fue derrotado): es el sindicato quien se adecúa a la realidad de la empresa, y no al revés.

2. Cien años después… un libro

Pasado un siglo desde que nuestro viejo militante anarquista pronunciara la sentencia con que se inician estas reflexiones, José Luis López Bulla en el libro recientemente publicado “No tengáis miedo a lo nuevo” (Plataforma Editorial) se dirige al sindicato y le reclama con reiteración que “abandone el contagio del taylorismo”, que dé un salto adelante y sepa reorientarse ante el nuevo paradigma del trabajo, tanto en su discurso como en su organización.  Y lo hace acompañado de dos buenos amigos: Antonio Baylos, como prologuista, y Javier Tébar. Un jurista y un historiador del movimiento obrero. Obviamente no se trata de una coincidencia. Aunque a veces el sindicalismo no sea consciente de ello, su papel central en las sociedades modernas comporta una relación simbiótica con el mundo de los saberes. Y entre las disciplinas más cercanas se cuentan obviamente el iuslaboralismo y la historia del movimiento obrero

Antonio Baylos en su prólogo no se limita a glosar la figura de José Luís López Bulla y su relación personal, avanza los posteriores contenidos y, especialmente, propone una serie de reflexiones personales sobre la más reciente evolución del Derecho del Trabajo en un interesante diálogo con los autores. Por su parte, Javier Tébar plasma en la segunda parte del libro una profunda reflexión sobre el desarrollo de las sociedades capitalistas en los últimos decenios, tras el fin del “ciclo largo” (que en occidente se extendió desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta bien entrada la década de los setenta, aunque en España su duración ha sido mucha más corta), en una tendencia muy similar a la que recientemente ha venido siguiendo el maestro Josep Fontana (porque, como señala Javier, la finalidad del historiador es ayudar a leer el presente desde el pasado y no, como está tan de boga actualmente, reescribir el pasado en base al presente). El elemento más novedoso desde mi punto de vista de esta segunda parte del libro son las reflexiones que se contiene sobre la evolución del trabajo y el sindicato en el marco de la denominada “Tercera Revolución Industrial”, poniendo en evidencia el error conceptual de buena parte de los mantras neoliberales sobre el fin del trabajo y el de las organizaciones obreras.

3. Las reflexiones de José Luis López Bulla

Estoy seguro que no me indispondré con mis buenos amigos Antonio Baylos y Javier Tébar si dedico buena parte del análisis del libro recientemente publicado a la parte escrita por el ex secretario general de Comisiones Obreras de Cataluña. En todo caso, me parece evidente que es algo trascendente que quien tuvo altas responsabilidades en un sindicato se dirija a los sindicalistas actuales haciéndoles propuestas de futuro. Una propuestas que no son en puridad las de un outsider, sino de alguien que, estando medio fuera/medio dentro, intenta aconsejar como un amigo; y cabe recordar que un buen amigo no es aquel que cuando hacemos mal las cosas nos da la razón, sino quien intenta hacernos ver nuestro error. No se trata de sentencias de “jarrones chinos”, ni tampoco de admoniciones amargas de la vieja guardia (algo lamentablemente muy común en la izquierda de este país). Bien al contrario, desde su “retiro” físico en Pineda “de Marx” –o desde su residencia virtual en Parapanda- José Luis se dirige en una relación cuasi filial a los sindicalistas actuales, limitándose a hacer reflexiones personales. Sin imponer nada. Y, lo que es más importe: sin críticas de tipo alguno. Su consejo último da título al libro: no hay que temer a lo nuevo, sino adaptarse a ello desde los valores alternativos del sindicato. El espectro de Eleuterio Quintanilla ronda por ahí. Nada extraño, si se tienen en cuenta las conocidas influencias que sobre el autor del libro aquí glosado tuvieron en su momento los viejos militantes anarquistas.
Las reflexiones de José Luis sobre el futuro del sindicalismo–en buena parte, una especie de resumen de las que efectúa periódicamente en su blog Metiendo bulla– pivotan sobre varios ejes.  Así, después de revindicar –con lógico orgullo- el papel del sindicalismo en la conquista de la civilidad democrática moderna y caracterizar el nuevo paradigma, el autor fija su atención sobre una serie de hilos argumentales muy definidos.

En primer lugar, se parte de la evidencia de la nueva realidad del mundo del trabajo, donde el fordismo se está convirtiendo en herrumbre; aunque no así, el taylorismo que, según el autor, sigue muy vivo (en una afirmación reiterada que prometo discutir con él en el futuro, en tanto que creo debería ser matizada: el taylorismo está mutando). En ese marco se sitúa un cambio del modelo productivo en curso que va acompañado de otros fenómenos, como la globalización y la interdependencia de la economía, así como la eliminación de progresivos controles internos y externos, como ponen en evidencia las más recientes reformas laborales. Y en esa tesitura se constata que aunque el sindicato (y la izquierda) se ha opuesto al cambio de paradigma, ha sido incapaz de construir un discurso alternativo, más allá de la literatura congresual, sin plasmación efectiva en la negociación colectiva.
Tras dicha reflexión se formula la gran propuesta: el “pacto social por la innovación tecnológica”, lo que se plantea no tanto desde la perspectiva de la concertación social “cupular”, sino abierto a la sociedad. En consecuencia, un itinerario para el sindicato que le permita superar su mera posición de “receptor/moderador” de la organización del trabajo en la empresa, para pasar a construir una alternativa propia. Y ello a efectos de una posible codeterminación –que no, cogestión- en la empresa, con una relación permanente con los saberes, tanto en la esfera colectiva de la organización como en el ámbito individual de cada persona asalariada. Se trata, en definitiva, de “humanizar” el trabajo (por tanto, convertirlo en aquello que debe ser: la forma privilegiada de autoemancipación de los ciudadanos), en una idea con clara matriz “trentiniana”.

Esa propuesta se vincula con la propia estructura del sindicato y su forma de representación. Aquí el autor constata   que el modelo “interno” del sindicato sigue siendo básicamente el mismo del que se auto dotó en los inicios de la Transición, lo que genera problemas de conexión con una población asalariada que ha mutado a lo largo del tiempo, afectando sensiblemente a la representatividad. Y al hilo de esa reflexión se aboga, además de reiterarse la vieja idea “lopezbulliana” de reforzar el sindicato en detrimento de los organismos unitarios, por una nueva forma de participación de los afiliados (caracterizándose como el “sindicato de los trabajadores”, en lugar del “sindicato para los trabajadores”) en el día, a través de las nuevas tecnologías.  Y, en el último tranco expositivo: se contienen las imprescindibles reflexiones sobre el ejercicio del conflicto en el nuevo paradigma tecnológico –otra de las grandes preocupaciones añejas del autor-.



jueves, 22 de junio de 2017

¿Sabe usted cómo arrancar votos?

 “Aunque a estas alturas de la vida, uno no sabe muy bien cómo coño conseguir votos“. Una frase rotunda y de desparpajada sinceridad. La ha pronunciado Lambán, presidente del Gobierno de Aragón (1).  Por lo que se ve, no le acompañan a este caballero los dioses menores del socialismo. Ahora bien, tanto desparpajo y tanta sinceridad no oculta su trágica impotencia. Hasta donde yo recuerdo no le la había oído decir a nadie. En todo caso, esta frase bien podría competir con la que nos recuerda Paco Rodríguez de Lecea, que pone en boca de Madame de Sévigné: «Racine pasará, como ha pasado el café.» Véase en Profecías descafeinadas en su blog de culto Punto y Contrapunto.

 

La de Lambán es una frase maciza. Que con ese «coño» intercalado le da, sobre todo, una contundencia castiza, muy apropiada para acompañar a los caldos de Cariñena.  Pero que también sugiere reflexiones. En primer lugar, Lambán se auto inhabilita para representar más a la ciudadanía aragonesa. Y, a continuación, en clara concordancia con lo anterior, debe sacar sus propias conclusiones. O lo que es lo mismo, la auto exigencia que acompañe a su dificultad manifiesta. Si no lo hace así, no puede ser exigente con los demás.   

 

Tengo para mí que Lambán --y unos cuantos más--  se encuentra paralizado, quizás inerme, ante tanto cambio sin saber no sólo qué hacer, sino con una serie de miedos encadenados para saber intervenir ante lo nuevo. De ahí que se enclaustre en lo definitivamente viejo esperando que escampe. Bruno Trentin solía decir educadamente que la izquierda está distraída ante los cambios y transformaciones. En el caso de Lambán –y también de otros muchos--  ya no es distracción sino desgraciadamente impotencia.

 

En esas circunstancias quizá sea útil leer el diálogo entre Fausto y Wagner en las Puertas de la ciudad. Goethe puso en boca del primero: «Lo que se necesita no se sabe, / lo que se sabe, no se puede usar», en la primorosa traducción de José María Valverde (RBA Editores). Pues bien, Lambán debería llevarle la contraria usando lo que «se sabe». O, por lo menos, lo que saben los que necesitan mayor representación, más votos.

 

 



Post scriptum. Veo que ha salido la revista Pasos a la Izquierda. Está en este kiosko: http://pasosalaizquierda.com/ El presidente Lambán podría echarle algo más que un vistazo. 

miércoles, 21 de junio de 2017

Sindicalistas, no tengáis miedo de lo nuevo

Joaquim González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL


“No tengáis miedo de lo nuevo”, este es el título del libro, dirigido al mundo sindical, escrito por José Luis López Bulla y Javier Tebar Hurtado, que acaba de editar Plataforma Editorial, prologado por el siempre brillante profesor Antonio Baylos. Es un hecho excepcional, y también una buena noticia para el mundo del trabajo, que se publique un libro sobre sindicalismo, en un país donde no hay prácticamente literatura  que vaya más allá de la historia de las organizaciones o de relatos de algunos conflictos, luchas, o biografías heroicas de sus líderes históricos.

En España se escribe poco, por no decir prácticamente nada, sobre las experiencias de la acción sindical en las empresas. Debido a lo mucho que cotidianamente produce con su acción, negociación y acuerdos en los centros de trabajo, como sucede en la mayoría de los países de nuestro entorno, nuestro sindicalismo merecería más estudio y publicación que ayude a  profundizar en la realidad del mundo del trabajo que es, por suerte, mucho más rico y va más allá de las leyes y sentencias de los tribunales. 

Con este libro, directo y provocador como es su dialéctica, José Luis López Bulla hace una útil aportación al debate sindical, tan necesario en estos tiempos llenos desafíos, cambios y transformaciones profundas en el trabajo y  las empresas. Un libro dirigido a las decenas de miles de personas comprometidas con representar el mundo del trabajo, y con la lucha diaria por su humanización.  En palabras del autor, el sindicalismo precisa una “profunda autoreforma” tanto en sus formas de organización y representación, como en sus formas de comunicar y movilizar. Sobre todo, una profunda actualización en sus propuestas y reivindicaciones para que respondan de verdad a la nueva realidad que se vive en la empresa global, flexible, digital, y al nuevo mercado de trabajo tan distinto al de hace escasos años.

Sobre todo, José Luis López Bulla, insiste en lo que ha sido una constante diaria  en su discurso desde su Blog Metiendo Bulla: “ el problema ….. no es el envejecimiento en las formas de representación del sindicato, especialmente en el centro de trabajo. La cuestión está en la afasia, de un  lado, entre los cambios en el centro de trabajo y el mantenimiento de las mismas formas de representación anteriores a tales mutaciones…… mientras las formas organizativas del sindicato - especialmente la representación - mantienen el carácter típico de los tiempos del fordismo en el Estado nacional”.

Advierte de  que más allá de los papeles aprobados en los congresos,  el sindicalismo confederal debe comprender que la victoria en el conflicto social depende tanto de la justicia de sus reivindicaciones, como de la capacidad de  afiliar y organizar a los trabajadores y trabajadoras que aspira a representar en los centros de trabajo, una condición que no es sustituible con la acción sociopolítica, también necesaria, en las calles y plazas.

Y por otra, este veterano, culto e impertinente sindicalista reitera lo que ha sido en su larga y rica historia de militancia sindical y política, su constante obsesión, la exigencia a todas las personas con responsabilidades sindicales, a todos los niveles, para que se formen y estudien permanentemente. Y que esta necesidad la entiendan como una obligación inexcusable, propia del ejercicio de su responsabilidad, que debería enterrar la vagancia intelectual aún presente en algunos rincones del sindicalismo. Es un buen libro, ameno y útil para la defensa de la utilidad del sindicalismo desde una reflexión sobre sus importantes desafíos.

La segunda parte, escrita por el profesor de historia contemporánea, Javier Tebar con el título “Volver al trabajo, volver al sindicato”  contiene poderosas preguntas como ¿Adiós a la clase obrera? ¿Qué final del trabajo? o ¿Condenados a vivir en el mundo que vivimos?  Son preguntas que nos ayudan a poder afirmar: Compañeros y compañeras, no tengamos miedo de lo nuevo. De nosotros depende.



martes, 20 de junio de 2017

Raimon, el PSUC y el Partido Comunista Italiano




Los responsables de la revista Pasos a la izquierda me pidieron un artículo sobre Raimon, el cantautor de Xàtiva, para el próximo número que está a punto de aparecer. Ya está mandado. En dicho trabajo me proponía introducir un testimonio personal, pero finalmente desistí porque no sabía cómo relacionarlo con el resto del artículo. Ahora, con la libertad que dan estos ejercicios de redacción, lo hago en este medio.


Corría el verano de 1975. Recibo un mandato de Gregorio López Raimundo: «A las 10 de la noche, te espero en Los 15». Rigurosa puntualidad y expectación por mi parte. Sigo a Gregorio a prudente distancia. Y veo que entra en un edificio. Me digo que es la casa de Raimon. Abre la puerta Annalisa. Entro en el comedor. Están Raimon, Gregorio, Miguel Núñez, una dama bellísima y un caballero elegante. La cara de la señora me suena de algo. Se hacen las presentaciones. Son Nilde Iotti y Renato Zangheri. O sea, la viuda de Palmiro Togliatti y el legendario alcalde comunista de Bolonia. Dos personalidades muy relevantes de la vida política italiana. Habían venido a Barcelona a recabar información «sobre la situación». No sólo del PSUC, sino también del conjunto de las fuerzas antifranquistas.  Y de eso platicamos durante la cena y la sobremesa.


Así era de generosa la familia Raimon – Annalisa (en la foto). Tal vez sorprenda a algún lector de hoy el uso de ese término, «generosa», en esta ocasión. Sépase que prestar la casa para una reunión anifranquista –y, más todavía, comunista--  implicaba duras condenas del tétrico Tribunal de Orden Público y años de cárcel. A nuestros amigos no le importó lo más mínimo. 


Los sesentones del PSOE



La edad media de los afiliados al PSOE es de sesenta años. Lo dice Enric Juliana en su artículo en La Vanguardia del lunes. Habrá que convenir que es una media un tanto elevada y, por lo pronto, un tantico preocupante. De no corregirse, el PSOE puede encontrarse con un problema no irrelevante, porque ese gremio inquietante de los demógrafos insiste en que cada año que pasa echamos en nuestras espaldas un bártulo de doce meses más. Primera consideración: el abrumador resultado de las primarias, que ha repuesto a Pedro Sánchez en la secretaría general, no ha sido la alocada decisión de una militancia inexperta. Segunda consideración: con todo, el PSOE debe prestar atención a la estructura de edad de sus militantes con la idea de invertir la tendencia.

No es posible, mi entender, un proyecto sin enmarcarlo en lo inmediato y en el futuro más o menos cercano. En ese trayecto la preocupación por el rejuvenecimiento de la organización parece decisiva, fundamental. Porque un partido de sesentones tiene muchos inconvenientes. Ya lo hemos dicho más arriba: los que se desprenden de las leyes que enseñan los demógrafos.


La pregunta es: ¿están al tanto de esas leyes el conjunto del asociacionismo español y europeo?


lunes, 19 de junio de 2017

Según Manuel Zaguirre



NO TENGÁIS MIEDO DE LO NUEVO, 
Trabajo y Sindicato en el capitalismo globalizado


Por Manuel Zaguirre*

Con ese título era obligado ir a la presentación que se celebró hace unos días en Barcelona. Había más alicientes, no obstante:

1)   Es coautor del libro José Luis López Bulla, al que trato amigablemente de “maestro”, que dirigió las potentes CCOO de Catalunya entre 1976 y 1995, uno de los eruditos del sindicalismo español equiparable a compañeros de tanto nivel como Sartorius o Zufiaur.

2) Todo lo que sea pensar, hablar, escribir, leer, escuchar, sobre el futuro del Trabajo y del Sindicalismo, con deliberada mayúscula, es hacerlo por y para garantizar un horizonte que merezca la alegría para la Humanidad. Bienvenida cualquier propuesta, especulación o provocación en esa dirección, pues generalmente hay un enorme déficit de ello en el Movimiento Sindical. Sin duda por eso, la OIT (Organización Internacional del Trabajo de la ONU), camino de su Centenario, ha abierto un debate de alcance universal sobre el futuro del Trabajo, impulsado por dos buenos amigos y excelentes sindicalistas: el británico Guy Ryder, director general, y el belga Luc Cortebeeck, presidente del consejo de administración.

2)   Volver a la sede de los antiguos sindicatos verticales del franquismo (hoy y desde hace mucho legítimamente ocupada por CCOO de Catalunya), exactamente cincuenta años después de que lo hiciera por primera vez como flamante miembro de un jurado de empresa legal, para asistir a la presentación de un libro sobre el futuro del trabajo y del sindicalismo … me parecía un aliciente añadido.

3)   El libro, muy legible por planteamiento, amenidad y extensión, sostiene que el sindicalismo “confederal y de clase” (“de clase y solidario” en la terminología de la USO), debe promover su propia autoreforma permanente, debe repensarse a sí mismo con una vocación histórica más de reconstrucción que de restauración. El debate y las políticas sindicales deben ir a las raíces y no limitarse a una mera mano de pintura a la fachada… López Bulla, como lo hacía yo, bebe y se baña sin pudor en las fuentes del sindicalismo italiano, de la CGIL más exactamente, uno de los más creativos y prospectivos, sino el que más, de Europa y del ancho mundo sindical. Un botón de muestra: hace ya más de treinta años yo participé en un congreso confederal de la CISL, la otra gran central italiana, bajo el lema “Capire il nuovo, guidare il cambiamento” …

Quisiera resaltar dos ideas-propuesta que me parecen de largo alcance: 1) El Pacto Social por la Innovación Tecnológica que, como bien insiste López Bulla, poco tiene que ver con la “concertación social” que hemos conocido, 2) En su larguísimo prólogo, Antonio Baylos, un emblema del Derecho del Trabajo en nuestro país, apuesta sin reservas por la Unidad del Sindicalismo Confederal, pues no será posible repensarlo y reconstruirlo en una refriega permanente de todos contra todos. Reproduzco literalmente lo esencial de la propuesta de López Bulla-Baylos: “La apuesta razonada del autor es la de superar la unidad de acción y avanzar hacia la unidad orgánica como “razón pragmática” del movimiento sindical… su propuesta no se detiene en la unidad entre UGT y CCOO, sino que se amplía a USO como sujeto concernido, al formar parte estas tres organizaciones confederales de las estructuras sindicales del sindicalismo europeo y mundial …”

López Bulla, por último, me dedicó el libro con una frase un tanto críptica cuyo significado dejo a criterio del avispado lector: “Al maestro Manolo Zaguirre, que tiene la piel de sindicalismo confederal”.

Léanlo, no importa bajo qué siglas deambulen o que lo hagan por libre …

*ExSecretario General de la USO. Militante PSC.
(Junio 2017)


domingo, 18 de junio de 2017

Toxo ha hablado en el Congreso del PSOE



Ignacio Fernández Toxo ha intervenido, como invitado, desde la tribuna de oradores en el Congreso del PSOE. Es la primera vez que sucede. Lo que, a mi entender, representa la normalización de las relaciones entre el principal partido de la izquierda y el sindicato Comisiones Obreras. Ciertamente, acierta Toxo cuando afirma que ello muestra que «algo ha cambiado en el país». Seguramente la prudencia del líder sindical evitó afirmar que algo había cambiado en el PSOE para que se diera esa invitación a hablar en el Congreso. Por de pronto, diremos que se ha producido una significativa novedad y una micro discontinuidad en las vidas paralelas de ambas organizaciones.

La intervención de Toxo (Álvarez también ha hablado desde la tribuna) no ha sido de mero protocolo. Le ha dado contenido hablando de las cosas de la izquierda y de la responsabilidad de sus partidos ante los problemas del conjunto de los asalariados y de la cuestión social. La invitación daba para ello y agradecer la hospitalidad debía ser correspondida con un discurso «con contenido». Por ejemplo, la exigencia a Sánchez de un discurso de "progreso, de cambio y de transformación; en ese empeño nos vais a encontrar". Claridad en la exposición, pues.

No hace falta decir que las palabras de Toxo surgen de la independencia del sindicato. La misma que se le presupone al PSOE. Ahora bien, podrían encerrar algo nuevo –y, todavía, más importante--  como, por ejemplo, la necesidad de compartir diversamente el mismo paradigma: progreso, cambio y transformación. Porque no hay, en mi opinión, regeneración posible de la vida política y de la sociedad sino es a través de ese triángulo. Más aún, o la necesaria auto reforma de los sujetos políticos y sociales se inscribe en ese triángulo o lo que se produce es agua de borrajas.


Compartir diversamente es un sintagma conveniente:  construir un itinerario similar (compartido) desde la personalidad diversa de cada cual. Cada uno con sus propias responsabilidades. Conforme mejor, mejor. 


sábado, 17 de junio de 2017

200 años de sindicalismo europeo




Primeras aclaraciones.


Antes de entrar en materia quiero aclarar algo que me parece de interés. No voy a hacer un desarrollo histórico del sindicalismo porque no tengo las herramientas académicas y porque, en realidad, tampoco es mi papel. Lo que me propongo en esta conversación es plantearos una serie de reflexiones sobre los momentos más llamativos que, a mi entender, se han dado en todo ese largo proceso del movimiento de los trabajadores y del sindicalismo, como sujeto organizado. Los momentos más llamativos serían esas situaciones de corrimientos tectónicos que, eso sí, han tenido una importancia considerable. Por poner, de momento, un ejemplo: la gran autorreforma que 
Joan Peiró, el gran dirigente anarcosindicalista catalán, se propuso y llevó a cabo trasladando la organización por oficios a las Federaciones de Industria. Este es un momento que, por su trascendencia, podríamos denominar tectónico.


Me propongo dividir esta conversación en dos grandes apartados. El primero trataría del siglo XIX, concretamente del sindicalismo europeo que prácticamente era el único realmente existente. La segunda parte versaría sobre la continuación de aquellos andares decimonónicos hasta nuestros días. Lo que no quiere decir que, en nuestra posterior conversación y debate, dediquemos –si os parece bien— un tiempo especial a las preocupaciones de hoy, de nuestros días, vale decir, al papel del sindicalismo en esta fase de innovación-reestructuración de toda la economía en el contexto de la globalización.


Una última aclaración previa: creo que los historiadores deberían revisar sus categorías de investigación sobre el movimiento obrero. Hasta la presente, salvo muy honrosas (aunque escasas) excepciones esta historiografía se ha caracterizado por analizar la vida y milagros de ese movimiento como si fuera una vida paralela a la de sus contrapartes; incluso las biografías de los grandes padres del movimiento de los trabajadores se han presentado, por lo general, escindidas de la biografía de sus oponentes, los patronos. Es como si el relato de la vida de Kasparov, el gran campeón del ajedrez, obviara la de sus contrincantes o no aludiera pormenorizadamente al desarrollo de tal o cual partida. Pues bien, a lo largo de mi intervención procuraré no caer en esa limitación. Pero el resultado no será todo lo bueno que sería menester. Mis limitaciones aparecerán en toda su crudeza, y ya de entrada pido benevolencia.



Primer tranco.



Lord Mansfield, presidente del Tribunal Supremo del Reino Unido, declaró en el último tercio del siglo XVIII que los sindicatos “son conspiraciones criminales inherentemente y sin necesidad de que sus miembros lleven a cabo ninguna acción ilegal”. La acusación de este magistrado, que será recurrente en toda la literatura liberal de la época, es que tales asociaciones intentan alterar el precio de las cosas, es decir, mejorar los salarios. Es el constructo jurídico que recorre el siglo XVIII, quedando sancionado por la Ley General de 1799, que prohibía taxativamente cualquier tipo de asociación, y que bajo diversas situaciones (de durísima represión) estuvo vigente en aquellas tierras hasta la década de 1870. Más allá de esta brutalidad, podemos sacar dos conclusiones. 1) Durante el siglo XVIII existen ya movimientos societarios en Inglaterra, asociaciones protosindicales de autodefensa, considerados como enemigos por parte de los poderes económicos y la coalescencia de éstos con la Magistratura. 2) La brutalidad de Lord Mansfield es el resultado de la derrota del Derecho de las corporaciones artesanas por el Derecho de las corporaciones mercantiles que, tras adquirir sólidamente el dominio de las relaciones económicas, desemboca en el territorio de las relaciones de producción, apoyadas con la fuerza coercitiva de los poderes públicos. De ahí que un lúcido 
Karl Polanyi afirmara: “en lugar de que la economía se incorpore a las relaciones sociales, éstas se incorporan al sistema económico” [La gran transformación, en Fondo de Cultura Económica, 2003]


Estamos hablando de una gigantesca mutación de época, especialmente referida a los procesos de innovación tecnológica, que es el baricentro del desarrollo industrial a gran escala. Sus hitos más significativos son: en el año 1764 se crea la primera máquina de hilar; en 1769 la hiladora impulsada por fuerza hidráulica; 1776 Máquina de vapor como propulsor del fuelle de altos hornos que fue definida posteriormente por Marx como el agente principal de la gran industria pues en un abrir y cerrar de ojos se aplica a todo tipo de industrias; en 1785 el primer telar mecánico. La aparición del ferrocarril mejora las comunicaciones y, perdón por el esquematismo, es a aquellas épocas lo que Internet es a la nuestra. Las consecuencias de todo ello fueron, grosso modo: un aumento espectacular de la producción y la productividad, mediante la aplicación de las constantes innovaciones al proceso productivo; el crecimiento incesante y auto sostenido de la economía que provocará el modelo capitalista basado en la plusvalía. Lo que se ve favorecido por la ausencia de controles y de organizaciones que hagan de contrapeso. La consecuencia en las clases trabajadoras es dramática: condiciones infrahumanas de trabajo y vida, amplias masas en desempleo. Un epifenómeno que se dio en llamar el pauperismo. De todo ello Engels dejó escrito, a sus veintidós años, uno de los textos más emblemáticos del siglo XIX: La situación de la clase obrera en Inglaterra. De todo ello dará cuenta, en el terreno de la novela, Charles Dickens.


En la segunda década del siglo XIX, tras el final de las guerras napoleónicas –una época de hambrunas y desempleo crónico— se produce un acontecimiento dramático en Saint Peter´s Field, Manchester, concretamente el 16 de julio de 1819: unas ochenta mil personas se manifiestan pacíficamente en exigencia de mejores condiciones de vida y una reforma de la ley electoral y del Parlamento. La caballería cargó, sables desnudos en mano, contra la multitud: murieron 15 trabajadores y fueron heridos gravemente varios centenares. El historiador Robert Pool lo llamó la Masacre de Peterloo en negra alusión a la batalla de Waterloo. Retengamos el vínculo que establecieron aquellas organizaciones convocantes entre, de un lado, mejoras económicas y condiciones de vida y, de otro, la reforma política. Digamos, pues, que es un punto de referencia a las grandes movilizaciones, más tarde hablaremos de ello, de los Cartistas.


Existe información abundante, muy en particular la que recopilaron Sindey y 
Beatrice Webb, que nos habla minuciosamente de los primeros andares de aquellas coaliciones de oficio y categoría a lo largo y ancho del Reino Unido. Y de las argucias de nuestros abuelos de aquellos tiempos: se reunían en la taberna (hous of call, que fue toda una institución del protosindicalismo británico) “para tomarse juntos una pinta de cerveza negra en una fiesta” y terminar hablando de sus problemas de todo tipo, según nos relata el mismísimo Adam Smith. Estas hous of call eran no sólo centros de organización sino también el lugar donde acudían los patronos para establecer las negociaciones, contratar a los trabajadores e incluso fundaciones benéficas y asistenciales.


Una gran parte de la historiografía insiste en el carácter localista de este asociacionismo. Ahora bien, vale la pena estar al tanto de todos los datos: si bien es cierto que el carácter local era lo que primaba, también es verdad que habían construido un sofisticado mecanismo de fondos de asistencia que atravesaba una considerable parte del Reino Unido. Este fondo común era un instrumento de solidaridad y socorro tanto a los miembros locales como a quienes de desplazaban a otros lugares en busca de trabajo, los “trabajadores errantes” (tramps): era la tramping society, estructurada por oficios, o –como diríamos en nuestros tiempos-- federaciones.


Junto a esos primeras sedes, las hous of call, donde nuestros abuelos estaban, por así decirlo, de prestado habían otras sedes –éstas de carácter estable— como la chapel (capilla) donde se reunían los tipógrafos. Era una organización informal presidida por un “padre”; sus miembros eran los brothers (hermanos) –nombre que todavía se utiliza para llamarse entre sí, de la misma manera que nosotros nos decimos “compañeros”. Se habrá notado el sentido religioso –no equivalente a clerical— de toda esa nomenclatura británica. Pero, a mi entender, ese sentido religioso, incluida la simbología de los estandartes y pendones por oficios era más bien una herencia de los gremios. Me permito un paréntesis y un salto en el tiempo: la historiadora norteamericana Temma Kaplan en su libro “Ciudad roja, periodo azul” (Península, 2003), referido a la Barcelona desde finales del siglo XIX hasta la guerra civil, dice notar una influencia religiosa en el itinerario de las manifestaciones obreras porque seguían el mismo recorrido que las procesiones de la Iglesia. Me permito ver las cosas de otra manera: si es lógico que el culto religioso hiciera sus liturgias públicas en el corazón de la city, no veo la razón de que el movimiento obrero se desplazara a la periferia, es de cajón que lo hacía en el centro de la ciudad como una exhibición de poder. Cierro el paréntesis.


De lo que hemos dicho hasta ahora se desprende ya el primer movimiento tectónico: el asociacionismo como elemento fundante de ese compromiso sindical desde hace doscientos años. Es un movimiento radicalmente nuevo que afilia a quienes voluntariamente se inscriben en él. Ya no se trata de movimientos compulsivos de composición genéricamente popular: es un corpus con vocación de estabilidad, trascendencia y sentido. Más todavía, el conflicto social que se origina es una disputa –de momento, tal vez, no suficientemente consciente-- de poderes para determinar los salarios y las condiciones de trabajo. Digamos, pues, que ese hecho societario nada tiene que ver con los viejos gremios, estructurados vertical y obligatoriamente, cuyos miembros son los dueños de los talleres. Es, por lo tanto, el primer hecho moderno del movimiento de los desposeídos. En resumidas cuentas, el asociacionismo y el ejercicio del conflicto social (no sólo ilegal sino perseguido sanguinariamente) es la expresión de la alteridad de aquellos primeros movimientos del que el sindicalismo confederal de nuestros días es su heredero.


Interesa traer a colación el carácter extrovertido de aquellos movimientos societarios de los trabajadores. Esto es, su relación con la cultura en sus más variadas expresiones: el teatro y los deportes, por ejemplo. Fundaron centenares de grupos teatrales de gran calidad, organizaron los primeros equipos de fútbol (algunos como el Arsenal, por ejemplo) y un sin fin de actividades. Vale la pena recordar la potente influencia manchesteriana en la ciudad de Terrassa como fruto de la presencia de los oficiales tejedores ingleses en esa ciudad catalana, que venían –digámoslo así— como monitores a nuestras fábricas textiles. Explica Tristam Hunt en su notable biografía de Friedrich Engels, El gentleman comunista (Anagrama, 2011), que me permito recomendar muy de veras, los actos culturales semanales en diversos clubs obreros de Manchester, llamada Algodonópolis en las crónicas de la época, con la presencia de importantes científicos de todas las disciplinas del saber. La expresión más sofisticadamente grandiosa fueron las Halls of Science, fundadas por los seguidores de Robert Owen, el socialista utópico. En una de ellas se reunían tres mil personas, tal como lo estáis oyendo, para escuchar a los oradores y, cada cual con su pinta de cerveza (siempre dicen los comentaristas que era negra) y, de paso, comentar las obras de los grandes poetas. Relata Engels que “a Byron y Shelley los leen exclusivamente las clases bajas; ninguna persona “respetable” podría, sin caer en el más tremendo descrédito tener en su escritorio las obras de Shelley”.


Es, por supuesto, un anticipo de lo que tendremos en España con la amplia red de ateneos obreros y masas corales, que organizaron nuestros abuelos catalanes anarcosindicalistas. Y de aquí podríamos sacar esta consideración: el buen uso social del tiempo libre, precisamente en aquellas épocas de extremada duración de los tiempos de trabajo. Dejo para otra ocasión algo que me inquieta: la colonización del tiempo libre, ahora entre nosotros, por la banalidad y la escasa relación colectiva de los trabajadores con la cultura.


No me detendré en la experiencia del ludismo. Fue, aunque muy estridente y contagiosa, de vida efímera, también en España que contó con dos sucesos: los incendios en Alcoi 1821 y en la fábrica Bonaplata de Barcelona, agosto de 1835. Hubo, también, otras acciones ludistas en Francia, Bélgica y Alemania pero, ya ha quedado dicho, tuvieron una vida fugaz. Se trató de una experiencia que no dejó huella en la acción del movimiento obrero y sindical. Cuestión diferente fue el cartismo.


La Asociación de Trabajadores de Londres, creada en 1836, fue la clave de bóveda de la gestación del movimiento cartista que, desde sus inicios, se procuró una eficaz política de alianzas, concitando el apoyo de algunos parlamentarios radicales. Creó el reputado periódico The Northern Star, que con una gran tirada, se convierte en la primera publicación del movimiento obrero organizado europeo y mundial. Les chansons de geste cuentan que quienes sabían leer se los leían a quienes no sabían. Lo que nos recuerda las posteriores andanzas de nuestro Anselmo Lorenzo por los cortijos andaluces. El movimiento cartista recupera, como hemos dicho antes, la experiencia que convocó a los manifestantes de Peterloo: el vínculo entre las reformas políticas y la mejora de las condiciones de trabajo y de vida. Fue un potente movimiento de masas en el sentido más lato de la palabra. Las reivindicaciones de signo político fueron, grosso modo, éstas:


Sufragio universal (a los hombres mayores de 21 años, cuerdos y sin antecedentes penales).
Voto secreto.
Sueldo anual para los diputados que posibilitase a los trabajadores el ejercicio de la política.
Reunión anual del parlamento, que aunque pudiera generar inestabilidad, evitaría el soborno.
La participación de los obreros en el Parlamento mediante la abolición del requisito de propiedad para asistir al mismo.
Establecimiento de circunscripciones iguales, que aseguren la misma representación al mismo número de votantes.


Estamos, como puede verse, ante unas exigencias maduras que indican que aquel movimiento heterogéneo del cartismo no sólo no es indiferente al cuadro político-institucional sino activo y beligerante. La influencia de esas gigantescas movilizaciones durante los diez años de efervescencia cartista: huelgas generales, gigantescas manifestaciones portando enormes cofres con las firmas de los trabajadores. Estamos hablando de una influencia de largo recorrido, a pesar de su derrota formal, no sólo en el Reino Unido y el resto de los países de su imperio sino también en el Continente. Derrota formal, digo. Porque acaba con el movimiento y con una parte de sus dirigentes encarcelados y deportados a Australia. Pero ello no impide que las secuelas de esa acción colectiva propicien en breve tiempo la promulgación de algunas leyes sociales (la jornada de diez horas, sobre el trabajo infantil, salud e higiene y la Ley inglesa de 1875, bajo el gobierno conservador (thory) de Disraelí que se consideró en su día como la afirmación de los valores democráticos frente a la opinión de los jueces tipo Mansfield. Esa ley sanciona que ni el sindicato ni el conflicto social eran ya “conspiraciones criminales”. La importancia de las disposiciones legales, en la década de los setenta, ha quedado expuesta por el historiador inglés G.F.H. Cole cuando afirma que “con todo fue el periodo más activo de todo el siglo XIX en lo referente a la legislación social” en su obra magna “Historia del pensamiento socialista”.




El incendio londinense y las puertas giratorias

Theresa May, la Dama de Hojalata, ha pedido que se abra una investigación por el terrible incendio de la Torre de Grenfell, que ha costado tantas víctimas. Ya veremos qué verdad institucional nos depara ese papeleo. Ahora bien, la May no necesita que la pongan al corriente, debe saber mucho más de lo que aparenta. Nosotros sabemos algo sobre el particular. Y tal como me informan se lo cuento yo a ustedes.

Hace dos años se gastaron 11 millones de libras esterlinas en la mejora y renovación de los rascacielos. El Secretario de Estado de la Vivienda era, en aquellos entonces, Gavin Barrell. ¿Quién es este caballero? El actual Jefe de Gabinete de la May. Como es sabido, el inmueble incendiado es municipal. Boris Johnson fue quien contrató aquella renovación. ¿Quién es este Johnson? El actual ministro de Asuntos Exteriores de la Dama de Hojalata. Buenas compañías tiene doña Theresa.

La información la proporciona Walter Maldonado, corresponsal de Metiendo bulla en Londres. Walter añade en su información que saque yo las conclusiones. Que un servidor se las traspasa a ustedes, pues al fin y al cabo ya somos un poco mayorcitos.



Radio Parapanda. Antonio Baylos en LAS ESPARTANAS, INTERVIÙ Y OTRA VICTORIA JUDICIAL DE LOS TRABAJADORES EN EL CONFLICTO DE COCA COLA: http://baylos.blogspot.com.es/2017/06/las-espartanas-interviu-y-otra-victoria.html