jueves, 28 de julio de 2016

Cuando el reformismo y el radicalismo pueden ir de la mano en el sindicato




Gaetano Sateriale*

En su última entrada en “Il Diario del Lavoro”, Riccardo Sanna nos estimula a repensar algunos términos típicos del debate político y sindical (reformismo, progresismo, radicalismo, liberalismo…) a la luz del qué hacer antes de optar por lo estático de la pertenencia (1). Todo ello en muchos campos: sindical, económico e institucional. He intentado mirar esa “provocación” como si fuera un espejo haciendo algunas consideraciones,  y me doy cuenta que he  simplificado mucho los conceptos.

1.-- ¿Es posible ser simultáneamente reformista y radical? Creo que sí. Que es posible y, en cierta fase, indispensable, especialmente en una organización de parte como lo es el sindicato. Recuerdo, en apoyo de esta tesis, las primeras reestructuraciones industriales de los años ochenta, tal vez el único ejemplo, aunque controvertido, de política industrial del país. En aquellos entonces se abría en el sindicato una clara bifurcación: o ser un sujeto activo (de tutela del trabajo) en los procesos de reorganización de las fábricas y sectores, negociar y firmar acuerdos, incluso haciendo sacrificios («Cortes en la sangre viva del sindicato», según la expresión de Sergio Garavini, defendiendo sus razones) o situarse en la oposición y sufrir, sin mancharse las manos, las decisiones de las empresas. El sindicato optó en general por el “reformismo”, negoció cierres de empresas, millares de jubilaciones anticipadas y movilidad. En cualquier caso fueron acuerdos rápidos (una especie de reformismo pasivo) para testimoniar la presencia del sindicato en vez de su efectiva capacidad de tutela. En otros casos fueron acuerdos en los que el sindicato consiguió introducir, con la tenaza y radicalidad necesarias (y con muchas horas de huelgas y ocupaciones) gérmenes de innovación y mejora incluso en la gestión de la crisis: nuevas inversiones, mejoras retributivas y de la organización del trabajo. 

2.--  Sin duda, en la crisis más grave de la posguerra (social, económica, política, institucional, …) hubo necesidad de más innovación y más “reformismo”. No bastaba sólo con defenderse. Pero ser reformistas no significa que todas las “reformas”  estén bien. Si se empobrece el trabajo, único recurso estratégico en la globalización, se comete un grueso error de política económica y social que debe ser combatido de manera explícita y radical. Si tras haberlo hecho, el Gobierno descubre que en el país existe un “problema social” hay que pensar que aquella cultura de la que el gobierno se jacta cada día no merece el adjetivo de “reformista”.

Paralelamente, si en las reformas institucionales y constitucionales llevadas a cabo, la “certeza del resultado electoral” y la “gobernabilidad” se han conseguido a través de la reducción del poder legislativo en Roma y de los poderes ejecutivos de las Regiones y Ayuntamientos italianos, yo diría que la reforma, así entendida, se orienta hacia el pasado. Divide y no refuerza la relación entre ciudadanos y representación política, de un lado, y, de otro lado, la capacidad del gobierno sobre los procesos económicos reales. Son reformas que van contra los principios de la participación y subsidiariedad, y para ello es necesario movilizar con un reformismo más radical y coherente.  

3.--  ¿Necesita hoy el sindicato más “reformismo”? Pienso que en esta fase es necesario tener más “visión”, más proyecto, más innovación, incluso más “utopía”. Es necesario interrogarse hacia dónde va el mundo, cómo se está transformando el trabajo, y cómo el sindicato debería ser más eficaz representando (contractualmente) las nuevas exigencias del trabajo y de la sociedad. Y por ahí podremos imaginar y proyectar el sindicato del 2020. Estamos en los inicios de la discusión, esperemos que continúe y se enriquezca.


* Gaetano Sateriale es Coordinador del Piano del Lavoro de la CGIL.






miércoles, 27 de julio de 2016

Javier Pérez Andújar ha provocado las iras del ayatolazgo



«El gesto de Ada Colau de nombrar a Javier Pérez Andújar pregonero de la Mercè le honra. Le honra por varias razones. En primer lugar por tener el valor de elegir a alguien tan poco políticamente correcto, que ya sabemos lo que quiere decir esto en Cataluña. En segundo lugar por dar la voz a alguien que forma parte de los Otros catalanes, que también sabemos lo que quiere decir. Javier tiene méritos y gracia más que suficiente para hacerlo. Aquí va mi pequeño homenaje a Javier Pérez Andújar». Nos lo dice Luis Roca Jusmet en su cuenta de facebook. Y yo le contesto: «Al que me sumo desde ahora mismo».

Me imagino la cara de sorpresa del dandi. Y el rostro de cartón piedra del letraherido de Pedralbes. Y el fastidio de Convergència Junior. Y la mala leche de las altas instancias gubernamentales. Un consejo: tomen bicarbonato. Y en esas estamos cuando empiezan a sonar tambores del ayatolato llamando al boicot al pregón de la Mercé. «Este Pérez Andújar no es de los nuestros», clamarán echando espumarajos de ratafía de bidón. Lo cual es tan cierto como que ello es un elogio a la figura de nuestro autor.

Hoy mismo la ubícua Rahola, desde las páginas de La Vanguardia, ha tocado el cornetín de órdenes llamando al Séptimo de Caballería al trote cochinero contra Pérez Andújar que se atreve a poner en solfa lo que ella dice representar. Es el primer clarín, pronto se sumará el beguinato a galope tendido. Pero no saben que el autor es duro de pelar y  se pasará por los sobacos cualquier tipo de intimidación. No pocos estaremos al lado de Javier. 

Mientras tanto  llega el día del Pregón, sostengo –al igual que el viejo Pereira— que nosotros y ustedes podríamos disfrutar de la ya amplia literatura de Pérez Andújar. Esta es una idea que se me ha ocurrido a pesar de las calores rifeñas que, con mucha mala educación, nos envía ese pendejo del Sol. Les aseguro que con ello, la lectura de los libros de don Javier, la temperatura corporal les bajará unos cuantos grados. Lo he comprobado. 





martes, 26 de julio de 2016

De momios y mamandurrias de alto nivel



Mi amigo Daniel Martín, el primero a la izquierda.



No son pocos los políticos españoles que, tras dejar el cargo, cobran vitalicia y suculentamente en metálico con su correspondiente intendencia y disponen de otras importantes sinecuras. Es lo que recientemente mi amigo Manuel Zaguirre ha calificado de «geriátrico de oro». Me gustaría saber cuál es el origen de tales privilegios y su justificación política. Contrariamente, en otros países de nuestro entorno,  los mismos que aquí cobran tales gabelas, en ellos no cobrarían ni un duro. También me gustaría saber la razón de ello, y el por qué de la diferencia de unos a otros lugares. Debe haber una explicación sobre el particular, que sería conveniente aclarar a la ciudadanía.

Reflexionando a botasillas diría irreflexivamente que allá es cosa de la ética calvinista y aquí podría ser una inercia de tiempos pasados, no corregida aunque sí aumentada. Ahora bien, ¿eso lo explica todo? Vaya usted a saber. Sea como fuere, tengo para mí que en un comportamiento recto no tiene cabida tanta prebenda indiscriminada. Por lo que se debería pasar a su demolición y derribo.

Sorprende por lo demás que, hasta la presente (que yo sepa), nadie le ha metido mano al asunto. Es más, da la impresión que silenciosamente se entiende como una situación definitivamente dada. Lo que todavía es peor. Ni siquiera las llamadas fuerzas emergentes han tenido tiempo de caer en el detalle. Lo que indica que el regeneracionismo empieza a ser ya una chuchería del espíritu o una pipirrana sin aceite y vinagre.

Así pues, planteo que, educada o a la manera de Eróstrato, todas esas disposiciones de la gran mamandurria sean pasadas a cuchillo o por el fuego.       



lunes, 25 de julio de 2016

De pelotilleros y otras cuestiones



"He oído decir que en Tebas está en vigor una ley que ordena a los artistas, tanto a pintores como a escultores, retratar favorecidos a sus modelos. La ley impone como multa una cantidad de mil dracmas para quienes los hayan pintado o esculpido desfavorablemente".  Esta información se la debemos a Claudio Eliano, y ha llegado a nosotros a través del Café de Ocata, el blog de culto del profesor Gregorio Luri (1). Ya tenemos, por tanto, una primera pista para desconfiar del parecido de las esculturas y retratos con las consideradas, con razón o sin ella, grandes figuras de la Historia. Pues cabe colegir que de Tebas se extendió a otros lugares hasta quedar ya sentada con mayor o menor rigor.

Primera conclusión: estaría, pues, fundada nuestra suspicacia cuando observemos determinada musculatura en las estatuas de famosos condottieros en las ciudades italianas, incluso la del mismísimo Cosme de Medici en Florencia; y no digamos hasta qué punto nos vemos obligados a desconfiar de los retratos que le hicieron a Carlos, que fue primero en España y quinto en Alemania, y al resto de su parentela. Posiblemente podemos hacer una excepción con Goya, porque era imposible mejorar sus caras bobaliconas, irresolutas que ya anunciaban futuras maneras de los que les siguieron. O porque Goya era de armas tomar.

Habrán observado que la legislación tebana, referida por Claudio Eliano, nada dice de cómo deben comportarse los hombres de letras, incluida la cofradía de los filósofos. Con lo que cabe proponer algunas suposiciones: o bien ese personal ya estaba en el ajo y, por ello, no hacía falta llamarles la atención o bien era imposible coaccionarles con este u otros atropellos legeferendarios. En todo caso, siempre se podía recurrir al fondo de reptiles, que acuñó Bismarck que estaba hasta la cruz de sus calzones en su conflicto con los partidarios de los Hannover: «utilizaré su dinero para perseguir a estos reptiles hasta sus propias cuevas», dijo con acento prusiano. Así nació el formalmente término fondo de reptiles, pero con toda probabilidad la práctica ya venía de antañazo. Por ejemplo, no creo que el excelso Virgilio hubiera puesto tanto entusiasmo a hacerle la pelotilla a Augusto sin que mediara algún que otro reptil por medio. Que el gran Virgilio fuera divino no empece que tuviera necesidades humanas.

No así Dante, el Enviado de Virgilio en la Tierra. Me apuesto lo que sea que nunca recibió un chavo de nadie. Por la siguiente razón: en la Divina Comedia no deja títere con cabeza. Ni a los poderes económicos, que ya empezaban tímidamente a globalizarse; ni al Papa, a quien llamó educada y literalmente «cloaca»; ni a los güelfos, ni a sus amigos los gibelinos. Dante era mucho Dante.

Sabemos que hoy no rige la vieja ley tebana, aunque quedan algunos rescoldos. Por ejemplo, el antes citado fondo de reptiles. Que, aunque se declina en singular, en realidad es tan plural como las especies de los invertebrados. Ahí están, viendo pasar el tiempo, esas cohortes de comentaristas, tertulianos y paniaguados de toda laya. Me permito un paréntesis: nunca entenderé la inútil saña que contra ellos se vierte en las llamadas redes sociales. Porque cada vez que alguien mienta la madre del tertuliano éste ve incrementado su caché. Podemos intuir que el insultado contabiliza las invectivas que recibe, los presenta a su benefactor y éste le paga el porcentaje correspondiente. Sabemos, además que hay una escala directamente proporcional al insulto: por llamarle traidor la minuta es de un x por ciento; si se le endilga lo de hijo de puta la comisión es del y por ciento, sabiendo en este caso que y es mayor que x. Con lo que el tertuliano hace su agosto a cuenta de los irascibles comentarios. Se cierra el paréntesis. 




domingo, 24 de julio de 2016

Solana, Almunia y los antiguos griegos



«Cuenta Claudio Eliano que un ateniense llamado Trasilo vivió una singular forma de locura. Un día abandonó Atenas y se instaló en el Pireo. Estaba convencido de que todos los barcos que entraban y salían del puerto eran suyos y se dedicaba a anotar sus nombres y su carga. Cuando uno regresaba cargado de productos extranjeros, Trasilo era el más feliz de los atenienses. Pasó muchos años viviendo de esta manera, hasta que un hermano suyo llegó de Sicilia y viendo su estado, lo llevó a un médico que lo liberó de su mal. Pero Trasilo a menudo se acordaba de cuando había perdido la cordura y en estos momentos se lamentaba diciendo que nunca había sido tan feliz como cuando vivía en el Pireo registrando el tráfico marítimo». Debo ese sucedido a un post del filósofo de Ocata, don Gregorio Luri: La locura de Trasilo. El problema es que la ciencia --a pesar de que ha adelantado una barbaridad, según el famoso don Hilarión--  como no ha registrado dicha dolencia, no dispone de la terapia para o bien mitigarla o bien erradicarla. De manera que este post quiere llamar la atención del histórico olvido de los galenos y de la enseñanza en las Facultades de Medicina.

 Nada más leer dicho post me ha dado la impresión –sin que en ello tenga nada que ver el profesor Luri--  que el «mal de Trasilo» está extendido en ciertos ex dirigentes políticos que hay pasean su soledad firmando manifiestos para acollonar al que, dentro de su partido, tiene mando en plaza. Pongamos que hablo de esa comitiva de ex, liderada por Solana y Almunia, «gloria y flagelo» del PSOE. Quienes por prescripción facultativa no dejan de incordiar a don Pedro Sánchez.


sábado, 23 de julio de 2016

Ciudadanos y el borboneo



«La palabra borbonear no figura en el diccionario de la RAE. Pero se utilizó mucho en España durante un tiempo dilatado, sobre todo para definir el ventajismo, la falta de visión de largo plazo, el regate corto, la manipulación de voluntades que caracterizó el reinado de un pícaro llamado Alfonso XIII, que lo practicaba con el objeto de “dominar absolutamente la política española”, según la feliz concisión de Javier Moreno Luzón en su biografía del rey.» Son palabras de Jorge Martínez Reverte. Aclarado, pues.

Si ustedes leen El País de ayer tendrán cumplida noticia de que Albert Rivera ha desempolvado la substancia del borboneo invitando a Felipe Sexto a intervenir directamente en los asuntos de la política. Concretamente le pedirá nada menos que convenza al PSOE que se abstenga en la sesión de investidura de Mariano Rajoy. Lo que representa, además de una supina ignorancia de los estragos que produjo la técnica del borboneo, una descomunal imprudencia política. Primera conclusión: Rivera desconoce la historia de España y, relacionado con ello o no, es un imprudente de tomo y lomo.

Y algo más: ¿cabe este caballero en la vega de los reformadores o es un producto de secano? En realidad, esa propuesta expresaría con cierta precisión hasta qué punto algunos intentos de regeneración de la política son una mandanga encuadernada en piel. No se puede ser renovador y, simultáneamente, proponer los viejos códigos que, durante años, encanallaron la vida política española. En definitiva, estimo que la renovación que propone Rivera es (con perdón) caca de la que cagó la vaca. O, por mejor decir, un anzuelo para que piquen, en este caso concreto, aquellas gentes de derechas que están hasta la cruz de los calzones del marianismo y sus atalajes. Así pues, la propuesta de borboneo de Rivera ha puesto al descubierto hasta qué punto la palabra regeneración se ha convertido en una «palabra enferma» tal como entendía ese concepto Alberto Moravia

Ahora bien, ¿qué buscaba Rivera al proponer su desatino veraniego? Aproximadamente lo siguiente: que el sexto Felipe le echara un capote. Comoquiera que ha repetido ad nauseam que no apoyaría la investidura de Rajoy debe justificar a sus parciales y votantes su abstención técnica en la segunda votación. Cosa que le crea no poca incomodidad. De ahí que busque el acompañamiento del PSOE, que podía propiciarle el Rey. Lo que podría llevarnos a ciertas consideraciones: primera, en las estanterías de Rivera no hay libros de historia, al menos de la más reciente; segunda, los proveedores de ocurrencias de Ciudadanos están más preocupados por lo del pokemon que en formarse debidamente; tercero, que el grupo dirigente de Ciudadanos está a la Luna de Valencia.

No nos imaginamos al sexto Felipe reincidiendo en los zascandileos de su bisabuelo, aquel Alfonso de triste memoria. Ni siquiera con estas calores saharianas. 


viernes, 22 de julio de 2016

«Charnego de mierda» y otras notas veraniegas


Compañeras y compañeros que son la sal de la Tierra



1.-- Un descerebrado de Vic, tiempo ha, le espetó en plena calle a Jordi Évole: "Háblame en catalán, charnego de mierda" (1). El vitriólico personaje iba bien trajeado y convenientemente corbateado. Pinta de ilustre mesócrata.

Razonemos: lo de charnego se ajusta a la realidad, el famoso periodista es charnego como más de la mitad de los habitantes de Cataluña. Pero ¿por qué «de mierda»? Lo decimos porque no hay constatación científica que vincule ser charnego y la mierda, ya sea esta fresca o pinchá en un palo. Ni, por supuesto, entre ser moro y la mierda. Ni tampoco entre ser independentista y un zurullo hecho y derecho. De tener razón el iracundo, habría que suponer que Cataluña sería la mitad de un enorme cagajón. Y todo indica que eso son maledicencias muy exageradas.

2.--  Paco Rodríguez de Lecea afirma que Quico Homs, portavoz de Convergència Junior, en el Congreso de los diputados es un xixarel.lo en http://vamosapollas.blogspot.com.es/2016/07/cabriolas-en-el-congreso.html. Nada que objetar. Ahora bien, yo estaría más cómodo en mi acuerdo con Paco si se añadiera a continuación que Homs es curt de gambals. Que podríamos traducir como hombre que tiene pocas luces. Lo que quizá sea preocupante en alguien que es presidente de un grupo parlamentario.

Este Homs es el manijero del pacto de su partido con el del beato Fernández Diaz. Un cambalache que sigue (a las horas que escribo) sin que se explique su por qué y sus contenidos. ¿Dónde está la aparente idiocia de Homs? En negar lo que es evidente, esto es: que han sido los diputados de su grupo quienes han vendido su primogenitura por un plato de monchetas (sin butifarra). Y, sobre todo, en pensar que colaría su explicación: que no ha sido su grupo parlamentario sino «diputados de su grupo parlamentario a título individual». Con lo que nos está diciendo implícitamente que su grupo parlamentario es (con perdón) el coño de la Bernarda: cada cual hace de su capa un sayo y él, el inefable Homs, pinta menos que la Tomasa en los títeres. Lo aue no queda claro es si este caballero se excusa por el comportamiento de sus colegas o hace de acusica.

3.— Ximo Puig ha declarado, tras el pacto que hemos citado, «que la derecha siempre se pone de acuerdo»: http://www.elboletin.com/nacional/137433/puig-pp-nacionalistas-derecha-acuerdo.html.  Lo cual, dicho por un dirigente socialista en esta coyuntura suena a un alfilerazo a sus amigos, conocidos y saludados, a ciertos cenáculos de su partido. Digamos, pues, que hasta Sergio y Estíbaliz ya sabían que la derecha tiene esa forma de ponerse siempre de acuerdo.

4.--  Dejaremos para otro día el comentario que merecen las declaraciones del capataz de Ciudadanos a El País de hoy mismo. El caballero Rivera ha hecho una invitación al vals del borboneo. Dice que le pedirá al sexto Felipe que convenza al PSOE para que se abstenga en la votación de investidura de Rajoy. O sea, que vuelva a las andanzas de su bisabuelo, el décimo tercero Alfonso. O Rivera es un indocumentado o, tal vez, las calores madrileñas le han sorbido la sesera.  Tertium non datur.




jueves, 21 de julio de 2016

El pacto de los socorros mutuos



Ahora se llama Partit Demócrata Català. Antes se hacía llamar Convergència Democràtica de Catalunya. Los convergentes fueron los cien mil hijos de Sant Jordi; los de ahora son, en parte, los hijos putativos de aquellos. Los de antes aprendieron a ser un partido bífido: un lenguaje en Cataluña, otro lenguaje una vez pasado el rio Ebro. Los de ahora mantienen tan versátiles estilos como los de sus progenitores: los días pares pactaron y apoyaron a las derechas carpetovetónicas en mil ocasiones y en los días nones perjuraron de ello con el sonoro bocinazo del «¡Desperta ferro!».  

Algunos comentaristas de labia palabrera o se han sorprendido o  han aparentado extrañeza por el gesto de Convergència Junior que ha dado esos famosos votos a diversos miembros de la Mesa del Congreso. O sancta simplicitas!   Hablando en plata: ¿dónde está la novedad? ¿Por qué extrañarse del pacto entre el Partido Apostólico y Convergència Junior? Con mayor o menor publicidad las derechas catalanas y las de “Madrit” siempre estuvieron prestas a entenderse cada vez que diluviaba en Cataluña. Lo hizo Aznar con el viejo Patriarca y su Enviado en la Tierra; ahora este enviado, Mas, ordena a su fiel escudero, el indecible Homs, que haga lo mismo con Rajoy. ¿Y por qué no iban a hacerlo si en Cataluña hace cierto tiempo que diluvia?

El diluvio arreció con el resultado de las elecciones generales de diciembre pasado: En Comú Podem, contra el pronóstico de los metereólogos de  Convergència, se la llevó por delante. Con tal fuerza que aumentaron las goteras en los viejos chambaos de Artur Mas y sus perdigueros. Por lo tanto, en la lógica tradicional de los convergentes, de viejo y nuevo cuño, había que pactar. Homs no podía ser menos que los anteriores dirigentes de la antigua casa.

Pactar para tener el grupo parlamentario. La pregunta inquietante que me hago es: ¿sólo eso? Por supuesto, tener grupo parlamentario no es irrelevante para Convergència Junior. No tenerlo significaría vagar como alma en pena en el Limbo del grupo mixto. Pero, aquí hay algo más. Aquí hay elementos colaterales que deambulan en torno al pacto. A saber, la situación jurídica en la que se encuentran dirigentes de la vieja y nueva Convergència, las sedes embargadas del partido y los trapos sucios que podría haber almacenado –ilegalmente, por supuesto--  el beato Fernández Díaz.   Aquí estaría esencialmente la madre del cordero.  

Lo aparentemente chocante es que nadie de la coalición gubernamental catalana, Catalunya pel Sí, especialmente algunos reputados almas de cántaro, han exclamado que hasta aquí hemos llegado. O volver a cantar: «No és això, companys, no és això».

Radio Parapanda.--  ¡¡ Que se atrevan !! ¡TODOS!  Escribe Isidor Boix.



miércoles, 20 de julio de 2016

La traición como obra maestra




Les supongo informados acerca de quién fue Joseph Fouché, uno de los grandes bribones de la historia de la política de todos los tiempos. Lo que no está tan claro es que todos conozcan los pormenores de dicho personaje. No importa, lo pueden subsanar con la lectura de la biografía que le dedicó Stefan Zweig. La tienen publicada en el Acantilado con una primorosa traducción de Carlos Fortea

A mediados de los años cincuenta empezó a funcionar una biblioteca municipal en Santa Fe, capital de la Vega de Granada. Atraído por la fama de Zweig –Momentos estelares de la humanidad  y otros libros— dí con la biografía de este Fouché de quien no sabía absolutamente nada. Lo leí ávidamente. Quedé sobrecogido de lo taimado que era este caballero, de su portentosa inteligencia y, de paso, intuí –sólo intuí—la importancia del poder. Nunca he olvidado ese libro y el tal personaje. Y, mira por dónde: el otro día mi hijo Helios me lo regala.

Esta biografía es una suculenta historia de política. La política del ministro del interior durante la Revolución francesa en sus diversas fases, del imperio de Napoleón y de la Restauración. No es la historia de un «traidor» sino, como hemos dicho, de la amoralidad del poder. De ahí su deslumbrante interés. Es, por tanto, lo más apropiado para que, con estas sofoquinas veraniegas, se lea de pitón a rabo. Se te pasará el tiempo volando. Ahí es nada ver a este hombre que miró impávido y trató de tú a tú a Robespierre, Napoleón y sus lebreles. O sea, el caballero que organizó más traiciones por metro cuadrado de que tengamos noticias.  Así que estoy seguro que una parte de la felicidad de ustedes durante este verano será una consecuencia de este, aparentemente desinteresado, consejo. Un servidor va por la mitad de la relectura del trepidante primer capítulo.


Finalmente, no lo tomen a petulancia, a mis quince años yo era quien sacaba más libros de la biblioteca santaferina. Ni siquiera el viejo maestro de escuela don José Viera. Honor a este maestro, los de mi generación le debemos no tener faltas de ortografía, las reglas de tres (simple y compuesta), los quebrados y que «los montes Pirineos nos separan de Francia». Nunca nos hizo cantar el Cara al Sol.  Y, sobre todo, nos pedía que leyéramos libros: «aunque fuera el Almanaque Zaragozano», nos decía.


martes, 19 de julio de 2016

La izquierda Centauro y la elección de Presidente del Congreso



La izquierda está enferma. Cierto, todavía no hay un parte médico que certifique de qué patología se trata, porque también el coro de doctores está dividido en aclararse según los síntomas que tiene el animal. Hay galenos que hablan de paralexia; otros indican que se trata de peristalsis. Puede ser, en todo caso, que la izquierda sea un centauro que no se decide en ir ni al médico ni al veterinario. Sea como fuere, la izquierda –en realidad nos estamos refiriendo a las izquierdas—prefiere instalarse en su patología (todavía por aclarar) que ir a tomar las aguas al balneario de Lanjarón.

¿Tanto costaba que los socialistas y los podemitas se pusieran de acuerdo para la elección del presidente del Congreso de los Diputados? Realmente, ¿cuáles han sido los impedimentos: motivos de alta política, sea esto lo que fuere, o mamandurrias de baja intendencia? Las izquierdas, no obstante, responderán, cada una por su lado, con su habitual cantinfleo y, todo lo más, a criticar la deriva de Ciudadanos. Pero qué Ciudadanos ni qué niño muerto. Aquí, Ciudadanos va a lo suyo, pero las izquierdas no saben qué es lo suyo. Y lo peor del asunto es que parece importarles una oblea investigarlo.

Digamos, pues, que Rajoy ha vuelto a derrotar a las izquierdas. Sí, ese Rajoy, considerado el más indocumentado de todos los políticos que en el mundo han sido, ese contumaz gandul que no se mueve ni para abanicarse. Y, sin embargo, sigue inutilizando a las izquierdas. Por la Virgen del Pasmo: ¿si fuera listo qué mayores descosidos nos haría? Dispensen, ¿no será que confundimos la inteligencia de ese hombre con la nuestra?

Radio Parapanda. Las infraestructuras y el nuevo gobierno. Escribe Manuel Gómez Acosta en: http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2016/07/infraestructuras-nuevo-gobierno-42734.php#.V4yloJEZvms.facebook


lunes, 18 de julio de 2016

¿Empoderamiento, dice usted?




Hay palabras que durante un cierto tiempo se usan a mansalva, vengan a cuento o no. Por lo general su uso tiene una biografía brevísima: unos pocos meses, y de pronto desaparece espectacularmente del léxico de aquellos que no se separaban de ella. Pongamos por caso que hablo de la palabra «empoderamiento». Hizo fortuna en un sector del mundo académico y, de ahí, pasó a los movimientos sociales, a algunos partidos de izquierda y, por supuesto, a Podemos. Como suele suceder se utilizó más que se entendió.

Sin embargo, desapareció de la noche a la mañana. O sea, al revés de aquella primavera machadiana que «ha venido y nadie sabe cómo ha sido». Me imagino que habrá sesudos lexicógrafos capaces de explicar el vértigo de ciertas palabras: aquellas que llegan de sopetón, se usan torrencialmente y, en un plis plas, se van con su uso a otra o ninguna parte. En el caso de la jerga política la explicación de ciertas breves biografías de las palabras está ligada, me imagino, a otros elementos que van más allá de la sociolinguïstica: a las coyunturas, a la importancia del sujeto que la utiliza o, tal vez, a la voluntad política y cultural de mantener y robustecer el concepto de la palabra en cuestión, en este caso particular «empoderamiento». Y se deja tirada cuando ya no conviene, sea por razones de sobrevenidad ´respetabilidad´ o por otras contingencias.

Por eso, un servidor podría decir que cuando aprendí a deletrearla me la hicieron desaparecer. De hecho, el único que la mantiene –y por lo general con tino --es mi amigo Paco Rodríguez de Lecea.  No es de extrañar porque Paco nunca usa la sintaxis en vano.


También la la palabra «fistro» ha desaparecido de las tabernas y las talabarterías; su potente impacto estuvo ligado a la vida pública del gran Chiquito de la Calzada. Pero el genial caricato malagueño no pretendió, que nosotros sepamos, darle un contenido político a sus palabros. Que es cosa bien diferente a los que exportaron lo del empoderamiento. Pero si ya apenas se usa empoderar –significante y significado--   algo preocupante podría estar pasando. Tal vez, el fracaso parcial del lenguaje de esa política que quiere ser nueva.  O, quién sabe, cuando se usaba y abusaba esa voz lo que se estaba lanzando era un anzuelo. Pero eso son suposiciones veraniegas de un servidor. 


domingo, 17 de julio de 2016

Rusia ha invadido Noruega




Rusia ha invadido militarmente Noruega. La Unión Europea se encoge de hombros y los Estados Unidos dicen llamarse Andana. Que nosotros sepamos los mass media de nuestro país no han dicho ni oxte ni moxte.

Calma, estamos en la ficción de una serie televisiva, Occupied, basada en una idea de Jo Nesbo. Y, como diría la famosa presentadora Mayra Gómez Kemp, «hasta aquí puedo leer» o, mejor dicho, escribir. El resto de la línea argumental ya lo encontrarán ustedes si es que tienen interés en la mentada serie.

Hace algunos años hubiéramos dicho que la idea de Nesbo era un disparate caballuno, un calentón tremendista con la idea de forrarse de dinero. Hoy día hemos de ser más precavidos y retirar cualquier imputación de sensacionalismo al guión televisivo. Tampoco sería sensato que empecemos a dar muestras de acollonamiento por lo que todavía es una metáfora. O, tal vez, una advertencia severa que nos manda Nesbo ante la degradación de la Unión Europea, de sus instituciones y las patologías sociales de nosotros, sus habitantes.

Digamos que las creencias de los europeos sobre las certidumbres que conllevaban sus instituciones fueron exageradas. Digamos, también, que son igualmente exageradas las opiniones que afirman la muerte de Europa. Sin embargo, no conviene echar en saco roto las alarmas que indican la aceleración de un proceso de entropía europeo. De una crisis trinitaria de gran envergadura: de proyecto, de liderazgo y moral.


Que no cunda el pánico, cierto. Pero ¡ojo, cocina!, Jo Nesbo tiene un material objetivo en el que inspirarse.


sábado, 16 de julio de 2016

¿Los empresarios no se renuevan?




La renovación –o comoquiera que se le llame— del sindicato parece estar en el orden del día. Nunca como en estas horas había habido una preocupación tan serie por ello. Ni nunca se había escrito tanto sobre el particular. Habrá, pues, que felicitarse. Por eso, quiero aprovechar nuevamente la ocasión para decir cuatro cosas que, en mi opinión, pueden tener un cierto interés. Lo haré en los trancos que vienen a continuación.

Primer tranco

Se ha dicho que la renovación –en realidad se ha hablado de repensamiento— debe tener su baricentro en los aspectos organizativos. No digo que no, pero me importa señalar dos matices. Uno, la formulación «repensar» tiene el inconveniente de que las cosas se queden repensadas y no llevadas a la práctica; si no se desea hablar de refundación, lo más atinado –estimo modestamente--  es hablar de renovación, un concepto que propone fisicidad o, si se prefiere, praxis, esto es: lo repensado hay que llevarlo a la práctica. Dos, sabemos que la cuestión organizativa no es una variable independiente del proyecto o programa. Para decirlo con claridad: lo organizativo es la prótesis que estructura la forma sindicato y su vinculación (interna y externa) con el conjunto asalariado. O, dicho de manera más campechana, lo organizativo es el instrumento que puede variar según los planteamientos prgramáticos. Por ejemplo, según qué políticas reivindicativas las cuestiones organizativas son unas u otras.

A partir de ese razonamiento estimo que el acento de la renovación debe ponerse en aquello que represente el vínculo más visible entre el sindicato y los trabajadores, a saber: la negociación colectiva con la puesta al día de sus contenidos.

Segundo tranco

Renovar el sindicalismo es fundamental, y en ello convenimos todos. Sin embargo, entiendo que es una condición necesaria, pero no suficiente para poner radicalmente al día el universo de las relaciones laborales.  Entendámonos: si el sindicato se renueva, que ya de por sí sería un avance, pero no lo hace el empresariado y sus organizaciones no habría renovación de las relaciones laborales. Por ejemplo, cuando se presenta una plataforma de convenio colectivo con unos contenidos novedosos –lo que representa un intento de concreta renovación--  el empresario responde con un sonoro vade retro, Satanás. En todo caso, en la medida que el sindicalismo se renueve la patronal tendrá más difícil mantener su inmovilismo.

Finalmente, meterse de lleno en la renovación del sindicato significa proceder constantemente a una verificación de lo que se está haciendo. Por ejemplo, ante cada momento de la negociación colectiva –especialmente los contenidos de las plataformas--  cabe preguntarse si ello se corresponde con la tan repetida renovación. O, por el contrario, se mantiene la rutina, ese hacer «hacer siempre lo mismo con los mismos resultados de siempre».

Tercer tranquillo

Por lo demás, tenemos unas patronales excesivamente cazurras. Porque sacrifican la innovación de los centros de trabajo al mantenimiento del poder en las estructuras de la CEOE. Y porque entienden que la renovación de las relaciones laborales les representaría un debilitamiento de su poder autoritario. Romper esas inercias no será fácil. Con lo que cualquier renovación de las relaciones laborales no será coser ni cantar, sino un proceso gradual: una acumulación de renovaciones concretas.



viernes, 15 de julio de 2016

El ambiguo «a día de hoy» del PSOE



Están lejos los tiempos alfonsinos de aquel célebre decreto «quien se mueva no sale en la foto». Ahora existe en el PSOE una barroca exhibición de desacuerdos entre sí y con relación al grupo dirigente central. Y, sin embargo, todos salen en la foto compitiendo en contrastes, matices y locuacidades diversas. De aquella servidumbre voluntaria (de la que hablaba Etienne de la Boetie) se ha pasado a lo que algunos definen, interesadamente, como un rico pluralismo, con la idea de tapar el deshilachamiento de los bajos del pantalón del partido.

El comité federal fijó la postura. Pero ello no equivalió al Roma locuta causa finita, que el filósofo de Parapanda, Juan de Dios Calero, tradujo campechanamente como Habló Blas, punto redondo. Inmediatamente después del «tres veces no a Rajoy», los Encomenderos del PSOE exhibieron, cada uno por su lado, su particular planteamiento con tan bruscos contrastes que era muy difícil encontrar una síntesis de apaciguamiento. Lo que está comportando que, a día de hoy –una frase que está teniendo diversas interpretaciones— no se sabe en qué quedará la posición oficial del grupo parlamentario socialista. De ahí que no son pocos los dirigentes locales que están al borde de un ataque de alferecía, de jamacuco o yuyu, que son aproximadamente sinónimos.

Le pregunto a un dirigente local que cómo van a quedar las cosas Me responde que ni Dios sabe a día de hoy el desenlace. Y con un arranque de valor me explica: «Lo que sí te puedo decir es que los diversos coros de los principales de cada lugar han ahogado la postura oficial del comité federal». Y me da a entender que es preferible una postura errónea a mil planteamientos acertados, aunque sean supuestamente acertados. Que mil respuestas equivalen a ninguna. Definitivamente, una parte de la crisis del partido –me cuenta con humor negro--  es que los dirigentes han cambiado la máxima neotestamentaria del «amaos los unos a los otros» por la de «daos de hostias los unos a los otros».

Otra cosa: en la foto está el maestro de sindicalistas Antoni Martí Bernasach, Antonet,  fundador de CC.OO. de Catalunya y padre noble de la izquierda de Mataró acompañado de unos jovenzuelos. Foto cortesía de Manolo Pozo. 



jueves, 14 de julio de 2016

La derrota de Ciudadanos




Me indican voces carentes de todo crédito que la voz funcionarial de Rajoy paralizó a Albert Rivera y su caballo camino de Damasco. Y como al primer secretario de organización del cristianismo le gritó el legendario «¿por qué me persigues?». Los murmuradores de doble filo atribuyen a tan inquietante interrogación el espectacular giro de Ciudadanos, la derecha menor. No parece creíble esta explicación. De ahí que nos veamos obligados a proponer otra hipótesis más mundana.

Primer acto

Albert Rivera se creyó como otros dioses menores que era el Enviado de la Renovación en la Tierra y que, por ello, los días de Rajoy estaban contados. Tras los resultados de las elecciones municipales y autonómicas puso en marcha una estrategia versátil: en determinados lugares propició los gobiernos de Anás; en otros facilitó las cosas a Caifás. Albert Rivera calculadamente Jano bifronte. Posteriormente en diciembre consigue unos resultados electorales cuantitativamente insuficientes aunque cualitativamente importantes. Animado por lo uno y lo otro su derecha menor arremete contra Rajoy al que, dice, no quiere ver en pintura. Y caracolea así: puedo pactar con el Partido popular, siempre y cuando se retire Rajoy y sus presuntos implicados. Si no lo hace, sabiendo de antemano que Sánchez no puede formar gobierno, hago un remedo de pacto con el PSOE como amenaza a Rajoy. No fue posible la investidura de nadie: Mariano no se presentó y Sánchez no alcanzó el necesario quórum.

Segundo acto

Tras la convocatoria de nuevas elecciones, la derecha menor pierde escaños. Rivera encaja el golpe con una aproximada elegancia, pero aparenta mantener la misma línea de comportamiento que en la primera campaña: Rajoy no es de fiar, el Partido Popular es una selva de podredumbre que nos lleva al despeñadero. Así que este caballero debe retirarse al ángulo oscuro del salón, allá donde el poeta dice que está el arpa.

Ahora bien, en un momento dado –la frase preferida por Cruyff--  Rivera toma nota de una novedad inquietante con relación a la fase anterior: Rajoy anuncia que se presenta a la investidura. La amenaza de nuevas elecciones está encima de la mesa. Pero en esta novedad hay algo más: Albert Rivera sabe que su izquierda menor ha sido derrotada por la competencia. Esto es, Mariano le ha doblado el pulso. Y más todavía, que los apoyos de ciertos poderes financieros le abandonan. Se ha impuesto la lógica del tanto tienes tanto vales. Así pues, Rivera no tiene más remedio que disfrazarse de meandro: del no pasamos a la abstención. Y se estructura la justificación del giro. Lo hacemos, convirtiendo la derrota en responsabilidad, en aras a la gobernabilidad. De una gobernabilidad entendida como virtud teologal, no como técnica laica.


En resumidas cuentas, es la derrota sufrida a manos de Mariano Rajoy lo que ha llevado a Ciudadanos a desdecirse de su posición. De aquí sacamos lo siguiente: una, no seas tan rotundo si no tienes la fuerza suficiente para mantenerte en tus trece, que es una variable dependiente de lo que dijo el famoso secretario florentino: «No se debe amenazar sin tener los medios de cumplir la amenaza», en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio; dos, Albert Rivera ha confundido Cataluña con el resto de España. En Cataluña lo políticamente naïf puede tener un determinado predicamento, fuera –además de inteligencia--  los colmillos retorcíos siempre estuvieron a la orden del día. Y Albert Rivera todavía tiene los dientes de leche. 

miércoles, 13 de julio de 2016

«Todos somos Messi». Quiá!



Primer tranquillo

Determinadas consignas, de tan sobadas que están, han entrado en una fase de decrepitud, vulgaridad y banalidad.  Este es el caso del «Messi somos todos», que ha puesto en circulación la junta directiva del FC Barcelona.

A este trompetazo consignista ha respondido Gestha, el sindicato de técnicos de Hacienda, con cara de pocos amigos con el llamativo título de Flaco favor a la pedagogía fiscal: http://www.gestha.es/index.php?seccion=actualidad&num=442  Muy poco que objetar, aunque ello ponga de los nervios a los devotos de la religión barcelonista, que en palabras de Manuel Vázquez Montalbán «es la única religión verdadera». Ahora bien, Gestha hubiera tenido mayor autoridad si hubiera dicho lo mismo respondiendo a la abogacía del Estado, que declaró en el caso Noos que «Hacienda no somos todos». Cierto, en determinadas entrevistas ante los medios, los responsables de dicho sindicato denunciaron severamente lo dicho por la abogacía del Estado. Pero no lo solemnizaron con un comunicado sobre el particular. Y ha sabemos desde antiguo que verba volant scripta manent. Que el filósofo de Parapanda, Juan de Dios Calero, tradujo elegantemente como «las palabras se las lleva el viento».

Segundo tranquillo

Está fuera de lugar que un servidor no es Messi. Pero ese no es el dato: el dato es que yo no quiero ser Messi, al menos ese Messi al que se refiere la nota del Barça.

Permítanme traerles a colación una anécdota de los primeros tiempos de Comisiones Obreras de Catalunya, ya convertido en sindicato tras la Asamblea de Barcelona de 1976 que hemos celebrado estos días. El entonces responsable de Prensa, Jorge González Aznar, que todavía usaba un nombre de guerra, Jaime Aznar,  propuso una resolución llamando a todos los trabajadores a pagar sus impuestos, vinculando esa obligación democrática a la construcción del Estado de bienestar. No hubo ninguna voz en contra; al contrario, comprendimos todos la buena oportunidad y el sentido pedagógico de la propuesta. Está claro que el padre de Messi no fue informado de nuestra decisión, y si lo fue se lo pasó por las rugosidades de su escroto. Papá Messi debió pensar que los dioses menores están exentos de sus obligaciones con Hacienda que sólo las responsabilidades de ello recaen en el Maestro armero. Que no sea el único no le exime en absoluto.

No quiero entrar en otras consideraciones: que si la sentencia contra los Messi tiene en ciertos apartados una intencionalidad sospechosamente espúrea, que es cosa evidente; que si hay un cúmulo de extrañas coincidencias en torno al Barça y otras cuestiones. Ahora bien, tengo para mí que –sin impugnar lo anterior— la campaña de la junta directiva del Barça es una cortina de humo para desviar la atención de su propia gestión económica y los desaguisados que ha provocado el fichaje de otro dios menor, Neymar. Cuyo papá tampoco es trigo limpio. Ambos progenitores son también el paradigma de aquellos holgazanes que crean escuela entre los papás que tesoneramente preparan a sus vástagos para que sean el báculo de su vejez.

Radio ParapandaCataluña, independencia en la penumbra: http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2016/07/cataluna-independencia-en-la-penumbra-42301.php#.V4LJqmZr4W4.facebook. Escribe Manuel Gómez Acosta.




martes, 12 de julio de 2016

Natalicio versus defunción




«Cuentan de un director de diario que presumía de no rectificar nunca una información en sus páginas porque era una manera de defender que el periódico jamás se equivocaba. Un día publicó una esquela de un empresario que estaba vivo. No fue un error sino una venganza de uno de sus empleados, que deseaba para el industrial el peor de los males. El empresario se presentó en el despacho del director pidiendo una rectificación,  pero este se negó en redondo apelando a la credibilidad del medio. La discusión fue surrealista, pero al final el responsable del diario se comprometió a arreglar el entuerto. Al día siguiente, el falso muerto apareció en la sección de natalicios, que era una manera de reconocerle que estaba vivo.» Quien explica este sucedido es Màrius Carol, director de La Vanguardia.


Sugiero no leer esta historia, sea verídica o ficticia, en clave chascarrillo. Debería interpretarse con toda la seriedad del mundo. Pues refleja algunas de las miserias de los medios de comunicación. Una de ellas, por ejemplo, es no dar el brazo a torcer cuando fehacientemente se ha probado que algunas informaciones son tan falsas como aquellos duros sevillanos de antañazo. Dicho lo cual, aprovecho la ocasión para volver a plantear algo que propuse tiempo ha: el Estatuto de los Lectores. Que se explica y justifica en http://alametiendo.blogspot.com.es/2012/02/el-estatuto-de-los-lectores-y-las.html


lunes, 11 de julio de 2016

La Asamblea de Barcelona, historia que no leyenda.





Homenaje a Mossen Bigordà


Al sindicato de Comisiones Obreras se le atribuyen tantas partidas de nacimiento que uno ya ha perdido la cuenta. Pasa lo mismo con las partidas de nacimiento del movimiento –la etapa anterior a la del sindicato. Todo esto naturalmente lleva de cabeza a la historiografía y permite que la cosa tome aires de canción de gesta en vez de acto histórico concreto. Menos mal que Julián Ariza ha puesto los puntos sobre las íes en su artículo que publicábamos ayer: La Asamblea de Barcelona: un poco de intrahistoria.

La importancia de la Asamblea de Barcelona, explicada por Ariza fue, en su momento (y ahora, por supuesto) tan relevante que dio pie a que no pocos cronistas, apoyados exclusivamente en fuentes orales, hicieran correr que en dicho acontecimiento se dio el paso cualitativo de pasar de movimiento a organización, esto es, a sindicato. A partir de esta leyenda, tan bienintencionada como errónea, se ha ido creyendo –o aparentando creer--  que la partida de nacimiento del sindicato se refiere a dicha asamblea.

En dicho acto se acordó muy mayoritariamente que se abriera un debate rápido proponiendo a todo el movimiento su reconversión en una organización sindical. Por supuesto, es el pistoletazo de salida, pero que todavía no equivale a nacimiento. Posteriormente en otoño de ese mismo año se produce históricamente el nacimiento y, por tanto, sus partidas de nacimiento en los ramos de la producción, nacionalidades y regiones.

Una curiosidad: Julián Ariza menciona el famoso bono de adhesión a CC.OO, que todavía no equivale a un carnet. Un bono de 25 pesetas. Me interesa explicar que dicho bono se imprimió en la ciudad de Arenys de Mar (Barcelona) en la imprenta de un pequeño empresario y rápidamente, a través de nuestros canales particulares, se distribuyó por toda España. El querido compañero Tito Márquez y un servidor tuvimos el honor de empaquetar los bonos y, como primera residencia, aquellos bultos estuvieron unos días en casa del querido Pedro León. Como curiosidad debo decir que dicho impresor nunca cobró por el material ni por su trabajo.


La rigurosa precisión de Ariza tiene el valor de darle a la partida de nacimiento una rigurosidad histórica y despojarla de inútiles leyendas. Las leyendas tienen un inconveniente: no se sabe qué hay de cierto en lo que se recita. No sabemos si Roldán estuvo en Roncesvalles o en Antequera, pero sí sabemos que Marcelino Camacho  presidió la asamblea de Barcelona. Lo que cuenta Julián es tan cierto que vale la pena traerlo a colación.


Comisiones Obreras, un mito lungo quarant'anni: http://www.rassegna.it/articoli/comisiones-obreras-un-mito-lungo-40-anni