martes, 29 de julio de 2014

EL SOCIALISMO HERÉTICO. Segunda parte




Nota editorial. Publicamos la segunda parte del capítulo «El socialismo herético» del libro La sinistra di Bruno Trentin. Recordamos que las anteriores entregas se publican correlativamente en http://theparapanda.blogspot.com


Iginio Ariemma


El nexo entre libertad humana y trabajo


El otro aspecto innovador de Bruno Trentin es el modo que concibe la libertad. No es casual que su última obra la titule Lo primero es la libertad. Incluso en esto es un cambio respecto al pensamiento común de la izquierda y del movimiento obrero, socialista y comunista, que siempre consideró que la igualdad tenía prioridad frente a la libertad, como tantas veces nos ha recordado Norberto Bobbio. La libertad para Trentin es autonomía, auto determinación, posibilidades de auto realización. Cuando se habla de libertad lo que está en el corazón de Bruno es la libertad en el trabajo. Porque el hombre se realiza con y  a través del trabajo. Para Bruno el trabajo es el derecho de los derechos, el garante fundamental de la libertad de la persona. Es evidente la diferencia con la doctrina liberal que concibe la propiedad como la matriz de la libertad. Pero también con respecto a la concepción que hace depender la liberación humana de la propiedad colectiva y de la primacía –diría Bruno— del estalinismo y del clasismo. La suya es una concepción antropológica del trabajo, es decir, un elemento típico de la condición humana. Ve incluso la centralidad económica como fundamento del desarrollo de la sociedad y de su democracia. Nunca hizo ninguna concesión al laxismo y a la ausencia del deber; es, por ello, una centralidad ética del trabajo, que no es ideológica. Trentin, por ejemplo, siempre fue contrario a la renta mínima garantizada y a otras formas de salario social. 

Esta manera de  concebir la persona y el trabajo tiene obviamente consecuencias también sobre la visión del socialismo.  El problema que se pone siempre es cómo eliminar del trabajo su condición de mercancía (mercificación) tan aplastante en el taylorismo; cómo transformarlo de fatiga, sacrificio e imposición en trabajo libre mediante la auto afirmación de la persona e incluso con gratificación por la obra bien hecha. Su pensamiento dominante es que no puede haber socialismo sin la humanización del trabajo. Es muy conocida su lucha contra la llamada organización científica del trabajo, cosa que hace continuamente. La ciudad del trabajo es una crítica del taylorismo sacando a la luz los retrasos y la pasividad de la izquierda comunista y socialdemócrata. La alienación del trabajo y la deshumanización misma no pueden combatirse solamente con la reducción del tiempo de trabajo y los aumentos salariales. Estos son resarcimientos o compensaciones, pero no es la libertad y la humanización en el trabajo. Con la organización científica del trabajo todo viene «vaciado», se convierte en un apéndice de la máquina y de la técnica. 

Bruno descubre la brutalidad del taylorismo tras la derrota de la FIOM en la FIAT en 1955, es cuando Di Vittorio lo envía a investigar los motivos de aquella derrota y verificar sobre el terreno la condición obrera y la relación con el sindicato.  Al decir de muchos –a partir de Aris Accornero, que entonces era obrero de la RIV de Turín--  Trentin fue el primero que estableció la hipótesis de intervenir y luchar sindicalmente no sólo por el salario sino en todos los aspectos de la relación de trabajo y por el control general de la organización productiva. Por eso escribe con Renzo Ciardini, entonces secretario de la Camera del Lavoro de Génova, a Palmiro Togliatti que en una intervención en el Comité central del partido había manifestado la prioridad de la batalla salarial en la lucha contra el capitalismo. La carta es del 2 de marzo de 1957.

En aquellos años, como se desprende de sus apuntes, el neocapitalismo es el objeto más frecuente de sus investigaciones. Incluso le pide –en vano--  a la secretaría de la CGIL trabajar a tiempo parcial para escribir sobre este tema un estudio más orgánico destinado a la publicación. De aquí se desprende su reflexión teórica y práctica que le llevará a ser uno los más competentes científicos sociales del capitalismo italiano y europeo –véanse las ponencias en el Istituto Gramsci de 1962 y 1965) y el protagonista teórico y práctico de los años setenta de los consejos de fábrica. Trentin toma nota del hundimiento histórico de la ideología consejista y, en su lugar, busca una nueva vía que considere los consejos no como poder autónomo  --y mucho menos como órganos del nuevo Estado de los consejos y del auto gobierno de los productores— sino como instrumentos y órganos de base del sindicato unitario, cuya tarea no es la gestión de la empresa, que Bruno considera utópica, sino el control de la organización del trabajo. Tanto por razones de libertad del trabajador como también de justicia social para que el sindicato no opere sólo al final del proceso productivo sino desde el principio cuando se forma la acumulación de la riqueza. Sin embargo, el consejo de fábrica debe, además, tener en cuenta las lógicas manageriales,  de la empresa, y el interés general, mesurando responsablemente la participación y el conflicto. También en esto consiste su «ser socialista» que piensa no sólo en el capitalismo de hoy sino en el socialismo de mañana.  Una sociedad donde el sindicato es totalmente libre y autónomo de cualquier poder, ya sea económico o, especialmente, político. Este es uno de los objetivos principales de la reforma de la sociedad civil. Trentin era más avanzado que el PCI en la crítica, frecuentemente áspera, al modelo soviético y al socialismo real de los países del Este, tanto apoyando el disenso abiertamente y a menudo de manera activa como sucedió cuando la revolución de terciopelo como, después, con Solidarnosc en Polonia.


El socialismo herético


¿Cómo definir la visión que tenía Trentin del socialismo? ¿Socialismo liberal? ¿Socialismo libertario? Hablando en Montecitorio de su relación con Foa yo también he utilizado este término porque en La ciudad del trabajo confiesa sentirse parte de la historia de la izquierda minoritaria y libertaria, que perdió la batalla frente el socialismo estatalista. Sin duda hay algo en Bruno de la herencia de Carlo Roselli y de Giustizia e Libertà y del azionismo, como en cierta medida hay en él reminiscencias de su adolescencia libertaria con sus primeras experiencias políticas anarquistas donde la libertad es la brújula de toda su vida. Por otra parte, me sorprendió su frase que he vuelto a leer en su diario de los últimos años donde escribe sobre la babel de los reformismos, sobre la marea del nuevo reformismo: «Es mejor la socialdemocracia».  Es verdad, no le gustaba el reformismo, tampoco la socialdemocracia por razones, si se quiere, históricas, basadas en su propia experiencia (la cesión ante el nazismo y el fascismo, la incertidumbre en la guerra civil de España), pero también porque tenía un oportunismo teórico que –como el comunismo histórico--  perpetuaba el primado del estalinismo y del clasismo.  Giannantonio Paladín ha definido la política de Silvio Trentin como «socialismo federalista». Seguramente Bruno heredó también este modo de concebir el socialismo y en modo no secundario, dado el fortísimo afecto que le ligaba a su padre.  Pero, en mi opinión, Bruno es menos jacobino que su padre, menos propenso a reconocer un papel decisivo de las élites en el proceso revolucionario y en la edificación del Estado federal. Por lo demás, ambos intervienen en contextos históricos muy diferentes. 

Sin embargo todas estas definiciones no agotan el sentido de su pensamiento. Creo que no se deja reducir a ninguna de ellas. Para mí, Bruno es un sindicalista intelectual y un científico social, que estudia permanentemente las transformaciones de la sociedad, la economía y la política. Es un científico empírico y no dogmático que no se limita a estudiar, sino que verifica, en la actividad práctica del sindicalismo, los resultados de su investigación.  Para ello tenía los instrumentos y la experiencia. A saber: conocimiento de los idiomas y del mundo, que había dado vueltas, muchos contactos y relaciones difusas en todos los países importantes, una gran experiencia no sólo sindical, también política e institucional, fue concejal en Roma, diputado nacional e europeo.      


La adhesión al PCI  


Por último. ¿Cómo se explica su pertenencia al PCI, que nunca abandonó, con su concepción del socialismo que es ciertamente original e incluso anómala? El suyo es, sin duda, un socialismo herético. Bruno se afilia al PCI en 1950. No era comunista cuando, en otoño de 1949, entró en el Departamento de estudios de la CGIL como investigador de la mano de Vittorio Foa. Pronto tuvo la suerte de participar en la extraordinaria batalla del Piano del Lavoro. Su primer artículo lo publica en Quarto Stato, la revista de Lelio Basso: es una recensión de Americanismo y fordismo, de Antonio Gramsci, recientemente publicado (4). Su maestro es Di Vittorio; los máximos dirigentes del PCI lo siguen con atención. En el archivo del PCI se ha encontrado una petición de Trentin de pasar a la sección económica del partido a causa de unos desacuerdos con Ruggero Amaduzzi, que dirigía el Departamento de estudios de la CGIL. Longo y Scoccimarro están de acuero, pero Di Vittorio la bloquea.  Pero la relación con el partido se ralentiza mucho tras lo de Hungría. Bruno era, entonces, el responsable de la célula del PCI en la sede central de Corso d´Italia, aunque no es elegido para el comité federal de Roma, cosa un tanto inexplicable. Trentin continúa colaborando con el Istituto Gramsci y con Politica ed economia, la revista que substituyó a Critica Economica de Antonio Pesenti del que fue estrecho colaborador. Un sector del partido le tiene una cierta desconfianza, pero eso no impide que le propongan como ponente en el importante seminario sobre las tendencias de capitalismo italiano y, antes (1960), ser elegido miembro del Comité central; en 1963 es elegido diputado al Parlamento, aunque dimitirá antes de final de la legislatura en función de las incompatibiliades sindicales.

También durante los años de su secretaría en la FIOM y la FML su relación con el partido tuvo sus altibajos. La tensión se manifiesta en muchas ocasiones: en el XI congreso, 1966, cuando se discute el primer centroizquierda se posiciona con Pietro Ingrao en la discusión muy vivaz sobre los consejos de fábrica y en la cuestión de Il Manifesto:   Bruno está en contra de la expulsión, aunque no comparte sus posiciones. Y, más en general,  Trentin es crítico con la política del partido, incapaz de dar una adecuada salida política a la lucha obrera. Trentin comparte la substancia política del compromiso histórico de Berlinguer, aunque lo considera excesivamente verticista y, por tanto, ineficaz y arriesgado. Tras el final del periodo de la solidaridad nacional se le propone –aunque no oficialmente--  dirigir el Departamento de economía del partido, pero no acepta. Aunque el partido fuera un extraño animal –jirafa o unicornio— para Trentin la CGIL estaba antes que el partido.

Incluso antes, en los ochenta y noventa en la secretaría del sindicato, disiente a menudo de las posiciones del partido. Pero nunca piensa en abandonarlo. Su relación fue siempre leal y de riguroso respeto de las reglas internas y sigue participando en sus debates y reuniones.  Su pensamiento es rigurosamente heterodoxo; él mismo se autodefine herético cuando recuerdfa los años 56 y 57 y su condena de la intervención soviética en Hungría. O, mejor dicho: uno de los heréticos de la CGIL (5).  Pero sigue en el partido como el resto de los herejes.

No hay en Trentin ningún tipo de aristocratismo ni tampoco narcisismo moral o intelectual. Sabe perfectamente por experiencia –especialmente la azionista, que la actividad política no puede agotarse en el testimonio sino que se concreta con las masas. No sólo para las masas, sino con las masas. Sigue en el partido también durante el giro de 1989 con la disolución del PCI. Afirma que el objetivo de la creación de ese nuevo partido de la izquierda es justo, pero que su procedimiento es equivocado, porque se debía partir de los contenidos y del proyecto de nueva sociedad, no a través de un cambio de nombre. Del giro (svolta) capta la ocasión para la superación de las corrientes en el interior del sindicato. Cuando deja la secretaría de la CGIL y, como deseaba, se dedica a científico social y en 1999 será elegido parlamentario europeo en las listas del PDS. 

Cuando un joven estudiante que estaba haciendo la tesis de licenciatura le pregunta si su padre, Silvio, tras la disolución del Partito d´Azione «se hubiera adherido al Partido comunista, si no hubiera muerto prematuramente», Bruno le responde: «Es muy difícil dar una respuesta. Ciertamente hubiera preferido entrar en el Partido socialista que al Partido republicano. Pero si lo hubiera hecho en el PCI sería con la idea de cambiarlo». Tal vez, con esta respuesta, Bruno pensaba en sí mismo (6).

Trentin buscó tenazmente un horizonte: la política de la izquierda no puede agotarse en el arte de la conquista y de la gestión del poder so pena de caer en el narcisismo político y, de ahí, al cinismo y el transformismo. La buena política es creación de libertades individuales y colectivas; es la utopía de la transformación de la vida diaria. Y sobre todo es el cimiento para reducir la distancia entre gobiernados y gobernantes. Como es sabido es lo que pensaba también Antonio Gramsci.  Cuando Bruno se acerca a los ochenta años intenta, en su diario personal, hacer un balance de sus ideas y de su propia vida. Es un balance amargo. Dice: «Siento que mi mensaje sobre la libertad en el trabajo, la posible auto realización de la persona no se ha abierto camino, y que la política ha tomado otro camino. Esto quiere decir “out”». Yo no creo que sea así. Al menos, lo espero. Pero depende de nosotros y, ante todo, de las jóvenes generaciones para que su mensaje no sea agua pasada.

Notas

4) Bruno Trentin La società degli alti salari, in Quarto Stato, junio de 1950
5) Bruno Trentin (con Adriano Guerra), Di Vittorio e l’ombra di Stalin. L’Ungheria, il PCI e l’autonomia del sindacato, Ediesse, Roma 1997.
6) Michele Traverso, tesi di laurea, Università di Genova, Scienze politiche, 2001- 2002


Traducción José Luis López Bulla

lunes, 28 de julio de 2014

SINDICATO EN LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA


Dolorosa nota editorial.--  El viernes pasado murió el maestro Carlo Bergonzi que, para un servidor, ha sido el tenor el siglo XX. Le llamábamos cariñosamente el Catedrático, de manera que sobran los argumentos para exaltar su voz. Lo que tal vez sea menos conocido es que siendo muy joven luchó activamente contra el fascismo; los nazis, precisamente por ello, le internaron en un campo de concentración. Honor y Gloria al maestro. Y, en su homenaje, van estas líneas.   

 

 

Como ya dije en «Mitificación de las luchas, infravaloración de las conquistas» estoy preparando un trabajo largo y tendido sobre la cuestión sindical. Aparecerá en este mismo blog dentro de unos meses. De momento ahí va otro anticipo que, una vez convenientemente adobado, formará parte de ese texto orgánico

 

Conviene leer atentamente el artículo Robots para la economía europea, firmado por Thiago Ferrer, aparecido en la sección Negocios del suplemento sepia de El País, de ayer domingo. Me imagino que, tras la lectura del mencionado artículo, los sindicalistas volverán a plantearse la relación entre estrategia sindical y la innovación tecnológica. Es un tema recurrente en estas páginas que, sin embargo, no acaba de cuajar en la conciencia real del sindicalismo confederal. Es cierto, figura en los documentos de las grandes solemnidades, pero a la hora de la verdad –esto es, cuando surgen las plataformas reivindicativas de los convenios colectivos de cualquier tipo--  se da un quiebro y el asunto queda para una próxima ocasión, que nunca acaba de llegar.


De la lectura del artículo sabemos que un cierto sector del empresariado más innovador, español y europeo, va a meterse de lleno en ese proceso de reestructuración e innovación. «No sólo para fabricar robots sino para integrarlos en la empresa». Y al mismo tiempo en dos direcciones: para integrarlos en sectores tan dispares como los agrícolas, los de servicios y los chirimbolos robotizados para el hogar. Por ejemplo, Marco Robotics es una empresa sevillana, cuyo producto estrella es un robot camarero. Lo que, indudablemente, pondrá los pelos de punta al sindicato de hostelería. [Cómo echarán la cerveza de barril esos chismes, es ya harina de otro costal].  

 

A mi juicio, es la hora de plantearse sin más dilación en algo que propuese en otros tiempos: El Pacto social por la innovación tecnológica, que –para no alargar más esta entradilla— indico que se encuentra en http://theparapanda.blogspot.com.es/2008/03/el-pacto-social-por-la-innovacion.html.

 



Radio Parapanda.





Paco Rodríguez de Lecea en: QUIENES SURCAN LA MAR MUDAN DE CIELO, NO DE ALMA y LIBERTAD Y DERECHO A LA INFORMACIÓN

 

Carlo Bergonzi http://www.youtube.com/watch?v=mr-iMo-zYCc. Aria de Il trovatore (Verdi)


 


domingo, 27 de julio de 2014

EL SOCIALISMO HERÉTICO. Primera parte.



Nota editorial. Publicamos la primera parte del capítulo «El socialismo herético» del libro La sinistra di Bruno Trentin. Recordamos que las anteriores entregas se publican correlativamente en http://theparapanda.blogspot.com


Iginio Ariemma


El socialismo herético


Bruno Trentin, entrevistado por Bruno Ugolini (L´Unità, 6 de junio de 2006), dos meses antes del trauma que le llevó a la muerte un año después, dijo: «… intento participar en este proceso unitario y, al mismo tiempo, morir siendo socialista». La referencia es al Partido democrático cuando se debatía su constitución, que se consideraba necesaria y urgente tras el resultado positivo de las elecciones que llevaron al segundo gobierno Prodi. Bruno se pronuncia en esta entrevista por la forma federal del nuevo partido para garantizar el pluralismo y la más amplia participación. Y sabiamente afirma: «Es un itinerario que necesita años de experiencias comunes tanto en el vértice como en la base para ser un factor de influencia entre culturas diversas». Sin embargo, el nacimiento del PD fue, ante todo, el resultado de un acuerdo entre los dos partidos fundadores. Mejor dicho, entre sus dos grupos dirigentes: un acuerdo rápido que no consiguió darle al partido una identidad clara ni reglas verdaderamente compartidas. Tampoco le dio cohesión y solidez al gobierno Prodi.

Pero, ¿qué intentaba decir Trentin al afirmar que «quería morir siendo socialista»?. ¿Qué entendía por socialismo? ¿Qué socialismo tenía en la cabeza? En su última obra, Lo primero es la libertad, publicada en 2005, se encuentra la respuesta. Allí se pregunta «qué queda del socialismo». No se pregunta qué es el socialismo sino qué queda de él, casi remarcando las ruinas y vestigios que ha dejado la experiencia comunista y el socialismo real, que ha atravesado el siglo XX. Y responde: «Cierto, el socialismo no es un modelo cerrado y reconocido al que ir mediante la acción política diaria. Sólo puede concebirse como una búsqueda ininterrumpida de la liberación de la persona y su capacidad de auto realización, introduciendo en la sociedad concreta elementos de socialismo: la igualdad de oportunidades, el welfare de la comunidad, el control de la organización del trabajo, la difusión del conocimiento como instrumento de libertad.. superando las contradicciones y los fallos del capitalismo y de la economía de mercado, haciendo de la persona –y no sólo de las clases— el perno de una convivencia civil» (1). Es, con toda seguridad, una concepción original del socialismo.

Sorprende, ante todo, la visión gradual, de proceso, reformista (si se quiere) de la vía al socialismo. No habla de superación del capitalismo tout court, sino de superación de los «fracasos» y de las «contradicciones» del capitalismo y de la economía de mercado; se diría que remarca,  de un lado, su contrariedad a las teorías del hundimiento y la crisis catastrófica del capitalismo  y, de otro lado, el proceso reformador que caracteriza la construcción de una nueva sociedad. El socialismo no es un sistema predeterminado, codificado. Es un proceso, un devenir, incluso una «búsqueda». Pero, al mismo tiempo, no es el sol del porvenir; es cosa de ahora, actual, y se edifica inmediatamente –desde la base, desde los fundamentos— a través de los elementos de socialismo, entendidos sobre todo como elementos de conciencia civil y social de masas. Emerge también su antideterminismo económico y social que va a contracorriente de una gran parte de la cultura comunista. El socialismo es elección de libertad y democracia antes que una necesidad. 

Por lo demás, hasta finales de los años cincuenta –especialmente tras la invasión soviética de Hungría de 1956, que condenó junto a Di Vittorio y la secretaría de la CGIL— todavía se consideraba (curioso oxímoron) un reformista-revolucionario. Igual que sus amigos Riccardo Lombardi y Antonio Giolitti, de los que estaba políticamente cercano. Su investigación tenía un objetivo central: no enviar a después de la conquista del poder la edificación del nuevo modelo de sociedad, sino encararla ahora. De ahí que Trentin critique  continuamente de manera áspera toda estrategia de transición en la cúpula del poder, que acaba siendo una coartada para el transformismo; de aquí también la búsqueda de reformas –las famosas reformas de estructura--  en el cuadro de una programación democrática que esté en condiciones de erradicar las bases del fascismo, siempre peligroso, incidiendo en el poder capitalista e introducir nuevas formas de democracia directa, especialmente  la democracia representativa y parlamentaria. En este sentido es esclarecedor el opúsculo de Antonio Giolitti, significativamente titulado Riforme e rivoluzione, publicado en abril de 1957 [Riforme e rivoluzione - Fondazione Italianieuropei, n. del t.]. Giolitti, antes de abandonar el PCI informó a Trentin de su decisión en una carta que no hemos encontrado. Bruno le respondió casi desesperadamente –esta carta encuentra en el archivo giolittiano— pidiéndole que se lo repensara, porque faltaría el principal punto de referencia  en el interior del PCI de los intentaban reformar el partido. Creo que la Hungría de 1956 es un parteaguas de la  concepción giolittiana del socialismo. Y no solamente desde el plano de la libertad y la democracia sino sobre el poder político. Que lo primero fuera la conquista del Estado era para él, de todos modos, un «catalizador» para la liberación de las clases populares.
  

Los elementos de socialismo


La igualdad de oportunidades es para Bruno el sistema de derechos humanos fundamentales y el modo concreto en que se manifiesta la solidaridad. Los derechos humanos son los vehículos para el ejercicio concreto y efectivo de la libertad. De hecho los llama libertades, en plural. Recuerdo perfectamente su furiosa irritación cuando en el interior del PDS se contrapusieron los derechos y la modernización, porque aquellos eran obstáculos a la modernidad y al cambio. Para Bruno los derechos humanos son el «patrimonio duradero del progreso» […] «las grandes y duraderas conquistas del movimiento obrero en su lucha por la igualdad». Y consideraba los derechos sociales –el trabajo, la seguridad, la salud, la enseñanza …-- no inferiores sino derechos de ciudadanía a la misma altura que los derechos civiles y políticos, porque (repito) son la base de la igualdad de oportunidades y de la igualdad.  El segundo lugar, el welfare de la comunidad, que es diferente al welfare estatal tradicional ya que lo determinante de aquel es la participación democrática y solidaria. En tercer lugar, el control de la organización del trabajo, que es uno de sus permanentes caballos de batalla, porque sin libertad en el trabajo no puede haber auto realización de la persona. Y, finalmente, el conocimiento como instrumento de libertad y presupuesto tanto de un trabajo libre como de la participación democrática.  Bruno apostaba por el derecho al saber y a la formación permanente a lo largo de toda la vida como la nueva frontera  de los derechos y la democracia.  El constitucionalista  Vittorio Angiolini, hablando de Trentin, dijo agudamente: «El socialismo de Trentin es el ejercicio diario de los derechos y de las libertades para vencer la resistencia de todo poder –incluso el democrático, tanto público como privado--  para perpetuarse y también frente a las propias contradicciones y la vocación de ponerle frenos a la libertad» […] «EI poder heterónomo, en tanto que democrático es un dato imprescindible del vivir socialmente, aunque siempre es visto como imperfecto, incompleto y sujeto a una tensión con la autoafirmación» (2).

En esta reconstrucción del pensamiento de Bruno parece que leemos a Primo Levi cuando en su gran libro I sommersi e i salvati escribe:  «El poder es como la droga … de él surge la dependencia y la necesidad  de dosis cada vez más fuertes; nace el rechazo de la realidad y el retorno a los sueños infantiles de omnipotencia».  Estoy de acuerdo con Vittorio Angiolini, que ha definido la visión «herética» de la democracia de Trentin porque son prevalentes –mejor dicho, dominantes--  la auto tutela individual y colectiva de la libertad y los derechos. Una democracia de base que se manifiesta en primer lugar en la sociedad civil, aunque Bruno nunca puso en discusión las reglas y procedimientos democráticos (el sufragio universal, la separación de poderes, el principio de mayoría, etc.) y el sistema político parlamentario. Pero este sistema es sólido para edificar una sociedad socialista libre si es fuerte y está enraizado en un sistema de auto tutelas en la base, en la sociedad civil, no limitada a los partidos políticos. El antídoto a la toxicidad del poder es su democratización y socialización, y comprende un principio que los comunistas, hasta el colapso de 1989, evitaron afrontar: la aceptación de la alternancia democrática entre derecha e izquierda (y viceversa), incluso tras la conquista del poder político.

El perno de la concepción trentiniana de socialismo es su primera parte de la definición, esto es: la búsqueda ininterrumpida de la liberación de la persona y su capacidad de auto realización. En mi opinión esta es la más innovadora. Ante todo, la concepción de la persona. Para Bruno la persona humana está antes que la clase y toda forma de colectividad, y así debe ser considerada. La persona es el individuo elevado a valor, porque tiene un proyecto de vida y auto afirmación. Es única e indivisible. Incluso por esta razón los derechos fundamentales son indivisibles.  En este sentido son evidentes la deuda de Trentin con el personalismo cristiano de Emmanuel Mounier y Jacques Maritain. Y su proximidad a Simone Weil. Pero no se puede ignorar que su padre, Silvio, sitúa la libertad de la persona en primer plano entre los cuatro principios fundamentales del esbozo de Constitución, dictados durante la guerra de Liberación, tanto la francesa como la italiana,  junto a la autonomía local y el federalismo  con el fin de corregir los peligros del estado monocrático y la economía colectivista. Podía ser útil una investigación sobre el itinerario que recorrió Bruno Trentin  para dar una prioridad a la persona en vez de a la clase.

Trentin, obviamente, no niega el concepto de «clase», pero nunca la vio como mera ideología, sino como objeto muy concreto de investigación  en su composición y en sus diferencias… En un escrito muy elaborado de 1956 (que hemos encontrado entre sus apuntes juveniles) critica esta visión ideológica en respuesta a un ensayo de Franco Rodano, publicado en Nuovi argomenti. Es significativo lo que Trentin escribe (1977) en la introducción de su libro Da sfruttati a produtorri que representa un poco el balance de sus años al frente de la FIOM y de la FML. «Es difícil substraerse a la sensación que, de manera recurrente, esta concepción de la clase obrera dirigente, como clase de productores … ha sido devaluada y superpuesta a los problemas específicos de la clase obrera italiana. Lo que ha llevado a que, junto a momentos de fecunda coincidencia, se hayan registrado también graves fisuras  ante los impulsos reales de la lucha de clase y del movimiento de masas …  Y la concepción del papel dirigente y hegemónico de la clase obrera y el proceso de transformación consciente del explotado en productor se presentan referidos únicamente en la acción que los trabajadores pueden desarrollar fuera del centro de trabajo y, por tanto, al margen de su condición específica de explotados (3).  

No creo necesario añadir ninguna apostilla: en su referencia crítica al pensamiento de Gramsci volverá con mayor amplitud en La ciudad del trabajo. La primacía de la persona ya está plenamente madura cuando se convierta en secretario general de la CGIL, y repiense el sindicato como sindicato del trabajador-persona, de los derechos, de la solidaridad y del programa-proyecto.  


Notas

2)  B. Trentin, Il futuro del sindacato dei diritti, cit., p. 48.
(3) B. Trentin. Da esfruttati a produttori. De Donato, 1977


Traducción José Luis López Bulla


sábado, 26 de julio de 2014

AL MARGEN






Escribe Don Lluis Casas


Ausente durante unas semanas de este medio prestigioso, a causa de una mezcla de falta de conectividad informática y de un placentero alejamiento del mundo urbano como remoto intercambio por unas obligadas funciones de auxiliar de clínica familiar, retomo mi auto exigencia comentarista a las puertas del verdadero veraneo playero.

En medio de un estío profundamente atormentado tanto por las acciones metereológicas imprevistas como por las humanas (sobre todo estas), en donde resalta el drama-holocausto palestino y el conflicto de guerra fría (aunque no tan fría) resurgido y sin citar las mil y una propiamente indígenas, pretendo comentarles un detalle sin importancia. Allá ustedes si siguen con la lectura.

De hecho, se trata de una cuestión al margen, como titularon aquel film, “Margin Call”, hace unos pocos años, a propósito del hábito de los supervisores contables de añadir en el margen de los documentos revisados algún comentario que pone en duda las cifras y las letras de lo auditado.

A menudo, ese “al margen” es realmente lo que significa, algo que aunque dudoso no tiene excesiva importancia económica, ni jurídica, y probablemente no ha perjudicado a nadie. Ese debería ser su utilidad y como tal hay que tratarlo. Son advertencias de mejora, detalles sobre hipotéticas malas interpretaciones o aplicados dudosos o simples divergencias de interpretación que no llevan a debacle alguna.

Como no siempre es así y la lectura estándar no tiene interés ninguno para la prensa depredadora o para las luchas por el poder, se ha puesto de moda en el ámbito público utilizar esos comentarios de los técnicos que realizan las auditorias (La Sindicatura de Comptes, el Tribunal de Cuentas, etc.) como confirmaciones de alta corrupción y de delito penal, sin más distingo, ni relativa valoración que el tipo de titular utilizado.

No es que esos necesarios instrumentos de control público hagan mal su trabajo, de eso no voy a tratar ahora, sino que simplemente lo que anota un técnico supervisor es llevado al público incluso en el caso que exista al final del documento explicación plausible del asunto o que, simplemente, sea efectivamente un tema menor.

Tampoco se trata de no hacer caso a esa revisión hecha pública, es un reflejo (insisto en reflejo) del modo de hacer del gestor público y una medida (que si apareciera en tiempo) sería acertadamente útil y rectificativa. Amén de la caza del malhechor o del chapucero si lo hubiere.

Un primer distingo entre lo grave y no marginal está en el hecho que si el revisor considera el asunto transgresor del interés público lo lleva a la fiscalía para su debido tratamiento. Si no es así, la cosa queda como advertencia y como plan de rectificación de futuro.

Otra característica curiosa y poco conocida voluntariamente por los medios es que se trata de documentos en donde cabe la opinión del supervisor sobre lo hecho por el ejecutor de la gestión. Cosa extremadamente importante al valorar lo que se dice y por que se dice. Esa opinión, que no hay que eliminar de modo alguno, si que debería tratarse con más cuidado y formar parte de anexos a tal efecto, en donde el debate entre unos y otros pueda resultar práctico, sin que nadie se siente acusado o se permita que lo acusen en base a ello.

En el mundo privado, como esas auditorias son más discretas y menos difundidas, no pasa lo mismo. Excepto, claro está, cuando la trampa es descomunal al estilo Bankia, ENO o la última española de alta tecnología, pero de alta chapuza. De hecho, las auditorias “privadas” son de una síntesis absoluta, si no hay más simplemente dicen que las cuentas reflejan la realidad, punto y hasta más ver.

El periodismo no suele llevar las cuentas de las auditorias privadas, inscritas en registros públicos, publicadas en memorias, etc. tal vez por que exigen dedicación y conocimiento. En cambio, en el mundo público todo esta hecho excepto el titular. Cómodo trabajo. Si no fuera así, y las privadas fueran al estilo de las públicas, seguramente la bolsa de valores sufriría de cardiopatías permanentes y crónicas.[1]

Les insto a que hagan un repaso mental o que revisen los papeles para que hagan una recopilación de esos asuntos, algunos, como el reciente en torno al Forum de las Culturas, aparecido 10 años después de finiquitado el objeto, cuando ninguno de los ejecutivos técnicos o políticos están en activo y que finalmente termina diciendo que no hay nada para aportar al fiscal. Bien leído es una muestra de todo lo dicho hasta ahora, incluyendo que la gestión no fue precisamente un logro de las enseñanzas de Esade (¿o si?).

La parte noble del comentario que les hago se refiere a que “eso” coincide a menudo con casos obvios de corrupción pública y privada que se arrastran por los siglos de los siglos, amén. Algunas veces terminan con la entrada y salida de cárceles, juzgados, comisarías y otros instrumentos publicitarios. Pero la confusión entre una cosa y la otra produce un mejunje vomitivo general que no es real y que entorpece la digestión, la comprensión y el buen gusto.

Incluso un compadre del que firma se ha visto atrapado en esas confusas manifestaciones “al margen” de un auditor público a propósito de unos transportes urbanos por un valor que no es ni el 10% del coste de las tramitaciones, averiguaciones, estudios y búsqueda de registros que ha habido lugar. El afectado ni siquiera utilizó esos medios en entredicho (5 años ha), pero se significó por su cargo. Ahí es nada. Todo por un comentario “al margen” que hacia referencia a algo que legalmente no era exigible. Es decir una interpretación por encima de la ley del auditor. De momento la prensa ha quedado ajena a ello y es posible que el asunto termine en paz y después gloria y a beneficio de abogados. De hecho la primera minuta fue mayor que el presunto daño, así de simple.

No se si será de su interés, pero lo cierto es que en este país por aquello que el legislador sabe de todo se ha aplicado una ley de hierro a la lucha contra la corrupción, pongamos imposible la gestión pública de los asuntos mediante controles y mecanismos burocráticos y solventado el problema.

Por lo visto, ese legislador que padecía una enfermedad de infantilismo tampoco se ha dado cuenta del mal resultado de la operación. Primero, la corrupción en términos significativos sigue en marcha, “malgré tout”, puesto que se cuece fuera de los procedimientos en las grandes contrataciones, concesiones y cambios urbanísticos. En cambio, la inadecuada gestión se ha ampliado por las exigencias sobre los gestores por establecer calendarios normales para cumplir con sus obligaciones. Y, hoy por hoy, ni siquiera un Einstein podría adecuar un calendario político a las normas de tramitación documental existentes. La derivada obligada es el trapicheo con los papeles, a veces de una inmaculada precisión y otras de una forma absolutamente torpe. En ningún caso bajo el influjo de que los recursos públicos vayan al bolsillo.

Hasta hoy, no he visto nunca auditorias de gestión, en donde se valore el cumplimiento de los objetivos, el coste de las operaciones y el resultado global en materia de gestión pública. Es decir, se ha hecho adecuadamente, a un coste “de mercado”, etc. Si veo día a día que se ha troceado en tres un contrato t que esto aparece en primera plana. Lo cual es cierto y no cumple las ordenanzas, pero nadie se pregunta que hubiera ocurrido si se cumplieran.

Yo les respondo con un caso vivido y sufrido: algo programado para empezar a funcionar en dos años hubiera tardado cinco y el coste se habría elevado un 40%.

¿Es eso lo que queremos de una administración pública?

Lluís Casas viéndolas pasar.


[1] La distinción entre auditorias públicas o privadas es una forma de expresión, los entendidos sabrán de que hablo, para el 100% de los humanos tal distingo no tiene importancia al efecto de lo que pretendo explicar.


Radio Parapanda. BRUNO Y VITTORIO y EMPEZAR DE NUEVO



jueves, 24 de julio de 2014

LA ORGINALIDAD DE PODEMOS Y UNA NOTA CRÍTICA



Nota. Antonio Baylos ante una placa conmemorativa de la enseñanza de Piero Sraffa en el Trinity College.


Tengo para mí que la originalidad de Podemos está en lo siguiente: es el resultado natural de una serie de  movimientos de masas –inicialmente descentralizados y sin jerarquías visibles— en torno a problemas cotidianos de gran envergadura, tales como la vivienda, la sanidad y la enseñanza, esto es, las vigas maestras del llamado Estado de bienestar. Todas ellas de gran repercusión nacional e internacional. Así pues, en la fisicidad de esas mareas se ha ido forjando gradual, aunque vertiginosamente, el fenómeno político de Podemos. Habrá que remontarse muy atrás para encontrar un precedente: del  cartismo inglés  y de las luchas sindicales nació en Labour Party.  Naturalmente con todas las diferencias de tiempo y espacio.

 

Este origen movimientista hace que Podemos sea un resultado natural de movilizaciones populares (algunas de ellas exitosas) y no sólo el fruto de un acuerdo por arriba de unas élites más o menos amplias. Ello le diferencia de la política al uso. Sus afiliados, por tanto, se sienten en cierta medida «padres constituyentes» del nuevo partido, pues quien más y quien menos se honra con su participación desde los primeros andares de las mareas y movimientos. Es por tanto una izquierda que no tiene en su origen  ninguna contaminación del «partido lassalleano», verticista y padre autoritario de su prole. Tal vez es «la cosa» que reclamaba mi amigo Javier Terriente en (1) En la izquierda. ¿Es necesario un nuevo sujeto político? y (y 2) En la izquierda. ¿Es necesario un nuevo sujeto político?.    

 

Sea como fuere soy del parecer que Podemos tiene una considerable preñez de la «izquierda libertaria» de la que con tanta insistencia se reclamaba Bruno Trentin. Oído cocina: la expresión y el concepto “libertario” tuvo en España muy mala prensa, pues su connotación fue distorsionada ad nauseam no sólo por las derechas de toda laya sino también por la izquierda socialista, socialdemócrata y comunista. Lo más amable que dijeron sobre esta izquierda libertaria fue que era una extravagancia. En todo caso, es cierto que en España esta izquierda no tuvo apenas relevancia política, ya que se mantuvo enclaustrada en ciertas expresiones del anarco-sindicalismo. De ahí que Podamos pueda ser la primera experiencia española de esa izquierda, que apenas si existió en nuestro país.

 

Sin embargo, la aparente extravagancia de Podemos radica en que no concibe la política en clave estatalista sino (según parece) orientada a intervenir en reforma de la sociedad civil. Lo que, en principio, la connota con unos ciertos toques  gramscianos. Esta es, a mi juicio, otra de las “anomalías” de Podemos una vez que la izquierda de toda la vida –no me gusta hablar de izquierda tradicional por el significado intencionadamente peyorativo que se le da a dicha expresión— ha dejado en el sótano a Gramsci y Trentin.

 

Dicho lo cual, séame permitido hacer dos observaciones en torno a Podemos que no tendrán la amabilidad de lo dicho anteriormente. Observo que esta formación tiene una visible auto referencialidad un tanto cargante y un cierto triunfalismo. De hecho ambas se inter relacionan. Hasta cierto punto son, por ahora, dos pecados veniales muy propios de de quienes de la noche a la mañana han dado un salto de proporciones formidables. Este es un engreimiento que conozco perfectamente, porque me lleva a los primeros andares de Comisiones Obreras ya en democracia. No pocos de nosotros –desde luego, yo no fui el último--  decíamos, y creíamos a pies juntillas, que nada se podía hacer si no habíamos puesto el sello. Lo nuestro fue una especie de acné juvenil que nos costó algunos sofocos; las generaciones posteriores que nos siguieron fueron más austeras…  

 

La auto referencialidad que expresa, sin decirlo explícitamente, que ellos y sólo ellos son la solución. Lo que es, a todas luces,  no sólo una exageración sino un error, cuya matriz esté posiblemente en el acendrado adanismo del movimiento 15 M.  El triunfalismo que, de no corregirse, podría llevar al traste a esta interesante (y necesaria) formación política. «Vamos a gobernar», insisten, aunque –a mi entender-- en una clave publicitaria. «Vamos a gobernar»: ¿en solitario, acompañados?

 

Nos felicitamos del nacimiento y de la parábola ascendente de Podemos. Ahora bien, deberían tener en cuenta lo que dejó famosamente escrito  Khalil Gibran: «En la cumbre de la montaña comienza la ascensión».

 

Radio Parapanda. MORIR POR LAS IDEAS por Paco Rodríguez de Lecea.


 

2) EL SOCIALISMO LIBERTARIO DE TRENTIN Y FOA



Nota editorial. Publicamos la segunda parte del capítulo «El socialismo libertario: Trentin y Foa» del libro La sinistra di Bruno Trentin. Recordamos que las anteriores entregas se publican correlativamente en http://theparapanda.blogspot.com


Iginio Ariemma


La reflexión de Foa en los años ochenta…


Al final de su vida Foa volvió con frecuencia a reflexionar sobre la experiencia sindical y, en especial, sobre el socialismo libertario. La Gerusalemme rimandata, este libro espléndido que tanto quería quizá el que más de los suyos, es una investigación historiográfica que tiene como temas de fondo los pilares de su cocepción del socialismo: la subjetividad obrera, su estratificación y sus contradicciones, los institutos democráticos en los centros de trabajo, el autogobierno, la política como resistencia y no sólo como mando. Y, sobre todo, la libertad del trabajo, no como ideología  sino como razón. Mejor dicho: como opción de vida.  Especialmente este libro que, en su mayor parte, está escrito –al menos en la versión definitiva—en los cuatro años de su silencio sobre los acontecimientos políticos y sindicales, le lleva otra vez a la idea de la centralidad obrera, a romper el tabú de las contradicciones principales entre capital y trabajo, a tener del trabajo una concepción más general sobre su estratificación, las diversidades de género y otras.  Años después, sobre la base de las «rupturas endógenas» de entonces, asumirá como fundamentos de la unificación del trabajo y de la búsqueda del nuevo sujeto social, conceptos como la atención a la diferencia, la valoración de las infinitas autonomías de la sociedad, la horizontalidad y circularidad de los procesos y de la organización con respecto a la verticalidad y la jerarquía, el gradualismo como «atenta consideración a los otros  como necesidad de su concurso a la acción». Le dará valor a la democracia representativa. La democracia directa sigue siendo importante, pero como función de respuesta y estimuladora para superar la fractura entre representante y representado y no de integración. Así habló en Passaggi: «No hay, no puede haber un modelo sistemático de democracia directa… El socialismo libertario no ha podido erigirse en sistema».

A partir de ahí algunos han inscrito al Foa más reciente en el casillero del liberalsocialismo. Me parece un poco reduccionista e incluso un tanto singular, porque el socialismo liberal fue una de las matrices de su formación y de su itinerario político. Creo, no obstante, que Andrea Ginzburg tiene razón cuando dice que, de ese modo, «se banaliza su búsqueda», que tiene elementos de originalidad y de individualidad que no pueden reducirse en ese esquema. Me refiero a su investigación tanto en su espléndida vejez como anteriormente.  Por lo demás, basta comparar las opiniones de Vittorio con su gran amigo Bindi, como le llamaban los amigos a Norberto Bobbio. ¿El socialismo libertario es una fórmula mustia? Foa no lo dice, simplemente se refugia en un pasaje muy rápido, pero –a pesar de su optimismo programático— no consigue ver en el siglo XXI el socialismo como perspectiva cercana, como horizonte de nuestra generación y, menos todavía, una inminente transformación de la sociedad fundada en una democracia de base. Queden, pues, la libertad y el trabajo. «Busco la autonomía del trabajo, porque en la vida busco la libertad». Así acaba su obra Il silenzio dei comunisti.


… y la de Trentin


¿Piensa lo mismo Bruno Trentin? Bruno también pone a discusión algunos conceptos como la centralidad de la clase obrera. El sindicato de los derechos y la solidaridad, en puertas de los años noventa cuando fue elegido secretario general de la CGIL,  es la superación del sindicato ideológico y de clase. En el centro coloca la persona-trabajador con su autonomía, individualidad y derechos, que son los caminos para ejercer universalmente la libertad de cada cual, empezando por el trabajo. En este sentido la misma concepción de la democracia tiene una torsión innovadora y, en cierta manera, herética. La democracia es condición y factor del progreso económico y civil; sin embargo, para ser tal debe tener como fundamento la autodeterminación, la autotutela individual y colectiva, organizada. La sociedad civil, organizada y reformada, es la base del buen funcionamiento y de la autonomía de las instituciones, de la soberanía popular. El sindicato es sujeto político, pero es parte integrante de la sociedad civil. En mi opinión, estas diferencias entre Foa y Trentin no se refieren solamente a su diverso papel y colocación. Tomemos las dos últimas obras de Bruno, La ciudad del trabajo (1997) y  Lo primero es la libertad (2004) –de éste decía que era su testamento político. La primera, a pesar de estar escrita doce años después, en muchos aspectos puede compararse a la Gerusalemme rimandata, porque es un intento de buscar una respuesta al fracaso de las grandes luchas de los años sesenta y setenta.

La respuesta es substancialmente idéntica a la de Foa: tanto la derrota de los años veinte como la de los setenta han estado determinadas por la concepción prevalente en el movimiento obrero –comunista y socialdemócrata--  del asalto al Estado, la conquista del poder político, pero no por la transformación de la sociedad, mediante un proceso desde abajo, cultural y subjetivo, que ayudara a los trabajadores a gobernarse ellos mismos. Bruno confiesa que ha llegado gradualmente a esa forma de pensar. Todavía, en los primeros años de la década de los sesenta, creía que para cambiar de modo duradero y radical la organización del trabajo y las condiciones de trabajo en la fábrica no se podía prescindir de la conquista del poder. De hecho, una parte consistente del libro está dedicada a la crítica de algunas tesis de Marx y Gramsci; es como si quisiera liberarse del pasado. El cambio le viene con la experiencia consejista y de la participación de masas, coral, que tuvo lugar por objetivos de gran novedad y calidad. En los dos libros hay una sintonía muy marcada tanto en la consideración de que la revolución es un proceso que transforma y mejora no solo la vida diaria, sino la conciencia de cada cual y de la comunidad de trabajadores como a la hora de concebir la política como la comadrona del autogobierno. Sin embargo, la conclusión es diferente: amarga e incluso más crítica en Vittorio; más abierta a la esperanza en Bruno.  La historia del movimiento de los trabajadores –es su mensaje--  ha estado siempre atravesada por la izquierda libertaria; una historia minoritaria, por eso el socialismo ha sido derrotado.  Si esta izquierda diferente no prevalece hoy, el riesgo –que ya es inminente--  es el de caer «en la segunda revolución pasiva», mucho más grave que la descrita por Gramsci en Americanismo y fordismo, que ha caracterizado los años de entreguerras. Sin embargo, existen las condiciones para pasar del trabajo abstracto al trabajo concreto que valore y libere a la persona-trabajador; y, de ahí, a la superación no sólo del fordismo en crisis, sino del taylorismo. Todo ello exige una profunda renovación de la izquierda sindical y política. 

«¿Qué queda del socialismo?», se pregunta Bruno en La libertad es lo primero.  Y responde: «Cierto, el socialismo ya no es un modelo de sociedad cerrado y conocido, al que tender con la acción política diaria.  Hay que concebirlo como una búsqueda ininterrumpida de la liberación de la persona y su capacidad de auto realización, introduciendo en la sociedad concreta . elementos de socialismo –la igualdad de oportunidades, el welfare de la comunidad, el control de la organización del trabajo, la difusión del conocimiento como instrumento de libertad…-- superando cotidianamente los las contradicciones y los fracasos  del capitalismo y la economía de mercado, haciendo que el perno de la convivencia civil sea la persona y no sólo de las clases (8). 

¿Por qué Trentin era comunista?  ¿En qué medida era un comunista diferente? Estas preguntas se las he oído a Vittorio pocos meses antes de que nos dejase. En Il cavallo e la torre  el tema –iba a decir el problema--  de los comunistas  está muy presente (9) Les dedica un parágrafo muy bello. Los comunistas son objeto de una permanente discusión. Como un espejo. Entran en escena muchos protagonistas: los comunistas de la cárcel, los comunistas del sindicato, menos «auténticos» que los del partido. Y Togliatti, cuya complejidad, con su inteligencia superior es la complejidad del PCI. Su contínuo alter ego es Giancarlo Pajetta, su compañero de pupitre en el instituto turinés Massimo D´Azeglio, que fue expulsado de todos los colegios del reino porque había prestado a dos compañeros de clase El talón de hierro de Jack London (¿lo habéis oido?).  Pajetta es un sectario, aunque a su manera; es el comunista que su idea siempre está mediada por el partido, pero es también el «ejemplo moral» que le pone en una crisis existencial cuando dice que los comunistas no lo influenciaban políticamente, sino que le transmitían «un ánimo moral». Carlo Ginzburg, en un espléndido diálogo, intenta sugerir una respuesta: es el realismo político de los comunistas. Y le achacará incluso una cierta «doblez», análoga a la de los comunistas o a causa de la influencia de éstos. Pero no es eso. Responde Foa: «Lo que he admirado de los comunistas y que me ha animado moralmente era lo que me faltaba, lo que yo advertía que me faltaba, esto es, la fe en una solución global, en un diseño general de la sociedad del futuro,  ligado al sufrimiento y a la esperanza de la vida cotidiana»               

¿Bruno Trentin era de esa manera? ¿Tenía esa fe? Hay dos momentos en Il cavallo e la torre, cuando habla de Bruno, que me siguen haciendo reflexionar. El primero explica la diferencia entre él y Bruno: «Yo prefiero no programar demasiado el futuro –escribe Foa--; prefiero proponer lo que me parece esencial y, después, chaque jour a sa peine, y si algo se estropea ya lo arreglaremos al momento. Bruno, sin embargo, se esforzaba en prever los obstáculos y poner las medidas para superarlos; él veía los obstáculos no como puros impedimentos sino como comportamientos de las personas, cuya participación era necesario pensar con anterioridad» (10).  Esto me impresionó por una razón que comparto: subraya el deseo de proyectualidad como carácter típico de Bruno, que no es abstracta y caprichosa, sino orientada al detalle, a lo concreto de los objetivos y el trayecto, hasta el momento que finaliza con la más amplia participación democrática. Bruno rechaza toda tentación al aventurerismo, incluso intelectual, y al pragmatismo elitista que viene de las teorías sobre la élite de Moscú; Bruno lo veía como cortinas de humo.  En el segundo momento que recuerdo,  Foa hace un gran elogio de Bruno y lo compara con Di Vittorio. «Di Vittorio militaba sinceramente en el Partido comunista, pero lo deseaba a su imagen y semejanza. En esto Trentin era muy parecido». Téngase en cuenta que poco antes había escrito que Di Vittorio tenía una doble militancia, que se traducía en una doble fidelidad: a la clase obrera, los trabajadores y al partido.  Este retrato de Trentin es perspicaz y auténtico. De una parte, la lealtad al Partido comunista que nunca le llevó a romper con la estructura, la forma y las reglas organizativas (desde los Quaderni rossi e Il Manifesto a Statu operaio, a diferencia de Foa),  ni a irse del partido como hicieron otros, Antonio Giolitti, por ejemplo,  con el que estaba en contacto y sintonía durante el año 1956. Pero, al mismo tiempo, siempre rechazó trabajos ejecutivos, incluso de gran relieve, en el grupo dirigente del partido. Por otra parte, quien ha trabajado con él ha conocido su espíritu de búsqueda absolutamente libre, su coherencia y tenacidad para sostener y defender sus ideas, incluso las más heterodoxas, pero también su disponibilidad a escuchar, al diálogo, a la mediación unitaria para favorecer la iniciativa. 

No creo que se pueda decir de Bruno lo que Italo Calvino, que abandonó el partido después de 1956: «Los comunistas éramos esquizofrénicos», refiriéndose a la política substancialmente reformista y a la fidelidad a la URSS. Seguramente Bruno no tenía esa fidelidad y tampoco era estalinista. Pero no hay duda que hay una contradicción entre ser comunista, incluso en el PCI con aquella complejidad y riqueza, y luchar por un socialismo no estatalista y libertario donde la libertad y la democracia de la sociedad civil son más importantes que el poder político.  Una contradicción o –por usar una expresión de Foa--  «una coexistencia de posiciones  diferentes en la misma persona» de difícil y atormentada convivencia.  Pero esta es la diversidad del comunismo de Bruno, su historia que es parte de la historia minoritaria de la izquierda libertaria como la reivindicó orgullosamente en La ciudad del trabajo. Y también es su fascinación, como lo comprendió Foa.  Sobre esto Foa encontraba la originalidad de Bruno, casi un signo de identidad que seguramente le venía de su doble patria: italiano de pura cepa, aunque nacido y formado hasta la madurez en Francia. 

Di Vittorio se pregunta: «¿Qué significa ser a la vez muy italiano y muy francés, como era Bruno?». No dan una respuesta, quería entender. No le basta una respuesta que se refiera al europeísmo naturaliter de Trentin. Foa estaba muy interesado en la experiencia de Bruno en Europa como europarlamentario y, antes, como sindicalista, que frecuentaba con mucha asiduidad las reuniones y encuentros de la Confederación Europea de Sindicatos; que tenía contactos y relaciones muy sólidos en todos los países, comprendido Estados Unidos.  Su europeísmo era diferente, dice en uno de sus últimos coloquios. Particularmente se refiere a la sintonía y amistad entre Trentin y Jacques Délors, a las ideas –frecuentemente maduradas entre ambos--  para hacer un diseño económico y político, pero sobre todo civil de la nueva Europa. La base fundamental de ello era el nexo entre trabajo y conocimiento como en parte sucedió en la conferencia de Lisboa, a la que Bruno colaboró con mucha pasión.  Un diseño que Foa y Trentin consideraban el camino de una nueva izquierda europea. De ella sentían, y se siente, la necesidad.    



Notas

7) V. Foa, M. Mafai, A. Reichlin, Il silenzio dei comunisti, Einaudi, Torino 2002.
8) Bruno Trentin, Lo primero es la libertad. [Hay traducción española en http://baticola.blogspot.com.es/2006/06/la-libertad-la-apuesta-del-conflicto.html de José Luis López Bulla]
9) Vittorio Foa, Il cavallo e la torre, cit., p. 226.
10)  Ibidem.



Traducción de José Luis López Bulla