sábado, 25 de abril de 2015

¿Explotará el Partido popular? Y una pizca de Ciudadanos




Algunos analistas vienen insistiendo en que parece probable que el Partido Popular, al igual que la fenecida Unión del Centro Democrático, acabe implosionando. Los motivos que aducen son: de un lado, las luchas intestinas que se desarrollan en ciertos grupos dirigentes y, de otro lado, la tendencia a perder en las próximas elecciones una parte considerable del apoyo de la ciudadanía.  O, mejor dicho: al revés. Entiendo que ésta es una hipótesis un tanto precipitada. De entrada, la similitud entre ambos partidos es solamente aparente. Por una parte, digámoslo castizamente: la Ucd no era un partido, sino una partida; de otra parte, la coyuntura es muy diferente.

UCD era un conjunto de retales que no acaban de configurar un traje. Fue una organización montada de prisa y corriendo desde los despachos de los gobernadores civiles por aquellos personajes políticos que Santiago Carrillo llamó evolucionistas, que de manera gradual fueron desprendiéndose del ropaje franquista. A las primeras de cambio, a pesar de haber ganado dos elecciones generales, la UCD de Adolfo Suárez entró abruptamente en barrena. Tras la apabullante victoria electoral del PSOE del otoño de 1982 el terreno ucedista se convierte en territorio Fraga.

Alianza Popular y después el Partido Popular van convirtiéndose gradualmente en alternativa de gobierno. Mucho le costó a Fraga, ciertamente. Pero la diferencia con relación a UCD fue consolidándse. Y, mutatis mutandi, el PP construyó una potente red  desde abajo mediante estructuras sólidas en las más importantes ciudades españolas. En ese sentido, la derecha submergida fue decisiva tras disfrazarse de noviembre para infundir menos sospechas. Los nuevos aires de la economía y del patrón neoliberal empujaban en la dirección de dar sostén al Partido Popular. En definitiva, se va conformando como un partido de masas mientras que la extinta UCD era un partido de personalidades.

Ciertamente, las cosas han cambiado no poco, y probablemente cambiarán mucho más en adelante. Pero ello no comporta que necesariamente se produzca la implosión que algunos dan por sentado, incluso si todo el proceso electoral de los próximos meses le es más adverso que lo que ellos mismos esperan. Por lo demás, el PP estará en puertas de la implosión –o de la explosión--  cuando no sea útil a los grandes capitales. De momento, pues, éstos le darán respaldo; eso sí, repartido con la nueva formación en auge, Ciudadanos.

Séame permitido indiciar una hipótesis que, por supuesto, está sujeta a revisión: Ciudadanos traerá muchos dolores de cabeza. Intentará que las capas medias, dañadas por las políticas de esa llamada austeridad, se desapeguen del resto de la ciudadanía que las ha combatido y procurará que vuelvan al redil de la sumisión a los grandes capitales. Será en ese terreno donde el partido de Albert Rivera vuelque sus esfuerzos lo que le llevará a una confrontación permanente con el Partido Popular por la hegemonía de las capas medias. Y simultáneamente se confrontará con las izquierdas con políticas tecnocráticas que tendrán mayor o menor virulencia en función de las nuevas relaciones de fuerza, dentro y fuera de las instituciones.   

Ahora bien, entiendo que el futuro de la derecha tiene mucho más interés que el futuro del PP e, incluso, de Ciudadanos. Pero hablar de este asunto todavía es precipitado.  Y si hablamos de vidas paralelas,  ¿qué harán las izquierdas ante esas novedades? Ustedes dispensen que les deje con la miel entre los labios: la luz del entendimiento –ya lo dijo García Lorca--  me hace ser muy comedido.



viernes, 24 de abril de 2015

El choque entre Atenas y Bruselas




Nota bene.  Ponemos a la atención de ustedes dos trabajos sobre Grecia. El primero, de Antonio Lettieri, lo encontrarán en este link:  Il rebus greco e la trappola dell’eurozona; el segundo es el que viene a continuación.  



El fracaso europeo, seis lecciones del choque entre Atenas y Bruselas fracaso


Por Enrico GRAZZINI

Las negociaciones entre el gobierno griego dirigido por Alexis Tsipras y el Eurogrupo, que reúne a los 19 países del euro a cuya cabeza está el gobierno de Berlín, continúan todavía y el resultado está todavía abierto; sin embargo, se pueden sacar ya algunas lecciones.
La primera lección es que Alemania está decidida como siempre, y más que nunca, a imponer su rígida austeridad, y no se desvía ni un centímetro de su política. Reclama todos sus créditos, concedidos irresponsablemente a los países en crisis, incluso a costa de liquidar al deudor. Pero la cuestión griega, sin embargo, es sobre todo  política. Si concediese crédito a la Grecia de Tsipras tendría que dejar de imponer a todos los países europeos su insensata política de austeridad: reducción acelerada de la deuda pública, recortes en el estado de bienestar y en los costes de trabajo, privatizaciones. La Europa de los ideales y de la cooperación, de la paz entre los pueblos está ya enterrada, existe solo una Unión Europea que se alinea con los bancos acreedores del norte en contra de los pueblos y la naciones deudoras del sur. Europa es ya solo una cuestión de créditos y de deudas. Un asunto de dinero. Incluso la piedad ha muerto.

La segunda lección es que ningún país europeo, ni siquiera los que tienen gobiernos de “izquierda”, como Italia y Francia, ha ayudado al gobierno socialista radical de Tsipras. España, Portugal y las demás naciones europeas han seguido sin más la línea alemana contra la Grecia de Tsipras, y han tratado incluso de endurecer aún más las condiciones teutonas. Lo han hecho para demostrar que la izquierda consecuente y radical no puede nunca vencer a la Europa bajo guía alemana, y para no tener que justificar ante sus pueblos las maniobras antipopulares y suicidas que están llevando a cabo. Para demostrar que, si fuerzas como Podemos alcanzasen el poder, no habría vías de escape, tendrían que continuar con la insensata austeridad o correrían el riesgo de ser expulsados de la Eurozona, incluso de la Unión Europea, y marginados de las instituciones y finanzas internacionales.
Grecia se ha encontrado completamente aislada frente a los otros 18 países del euro. ¡Hay que avergonzarse de esos gobiernos que no han osado rechistar ante el diktat de Merkel y Schauble contra Tsipras y el pueblo griego! Ningún gobierno, ni siquiera los que se declaran de izquierda, han tratado de imponer un giro a la Unión Europea aprovechando el hecho de que la trágica crisis griega marca el fracaso evidente de las políticas europeas. De hecho, Grecia tiene una deuda del 175% del PIB, frente al 130% que registraba al comienzo de la cura de austeridad. Matteo Renzi se ha mantenido en silencio, igual que el “gigante político” de Hollande. Ninguno ha tenido la valentía de enfrentarse a Merkel. Todos, al contrario, han garantizado su conformidad con las desquiciadas reglas de la austeridad a fin de complacer al gobierno alemán, al Banco central y a la UE. ¡Y pensábamos que el “frente unido” de Italia, Francia y España iban a refundar Europa! El centroizquierda y los socialistas europeos son cómplices de la política de Merkel, y sufren en silencio, o a lo máximo con algún débil lamento, la posible salida de Grecia del euro.

La tercera lección es que la UE está completamente subordinada a Alemania y que es necesario recuperar la autonomía nacional. Alemania no tiene miedo de enfrentarse con la Comisión europea para confirmar su supremacía en la UE. Es sabido que Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, es más blando que la Merkel en relación con Grecia. Quizás porque, si Grecia saliese del euro, la UE, y por tanto el mismo Juncker, serían mucho más débiles. Pero la Merkel prevalece netamente sobre Juncker. Así lo dice la revista alemanaSpiegel:
“Aunque Merkel es democristiana como lo era Kohl, ha roto con la línea (fuertemente europeísta) de Helmut Kohl. Para ella, Europa no es ya una cuestión de guerra y paz sino de euros y de céntimos de euro. Merkel utilizado la crisis del euro para reducir el poder de la Comisión europea y devolver poder a los estados nacionales. Desde este punto de vista, se la puede considerar como el De Gaulle (ex presidente francés que quería una Europa débil frente a la afirmación de la soberanía nacional) del siglo XXI”[1]
La gran estudiosa de la relaciones internacionales Susan Strange explicó que todas las organizaciones internacionales (como la ONU, por ejemplo), por su naturaleza, están siempre dominadas por uno o más gobiernos [2]. A la vista de nuestros propios “europeístas”, está claro que los organismos internacionales son siempre débiles frente a los gobiernos dominantes, simplemente porque dependen de ellos, tanto a nivel financiero como político. A nivel administrativo mandan los grandes tecnócratas seleccionados por los políticos de las naciones dominantes. Solo a nivel nacional existe la democracia: los ciudadanos, los electores pueden hacer oír sus voces, nombrar y controlar a sus representantes y mandarlos a casa si lo hacen mal. A nivel nacional pueden surgir formaciones como Syriza, Podemos o, en otros aspectos, el Movimiento 5 Estrellas. A nivel europeo, sin  embargo, no existen movimientos significativos. Domina la política alemana. La experiencia de Syriza en Grecia y de Podemos en España nos enseñan que las luchas son ante todo nacionales. El nacionalismo democrático no es por tanto retrógrado: es una vuelta al futuro. El estado democrático nacional no es una chatarra que haya que tirar como sugiere la ideología liberal de la globalización. La política se hace sobre todo a nivel nacional porque las sociedades son nacionales. A pesar de la ilusión de los Estados Unidos de Europa.
La cuarta lección es que no existe posibilidad alguna de rediscutir la deuda europea. Es bastante improbable que Alemania y el Eurogrupo concedan aplazamientos a Grecia que precisamente tiene una deuda de “solo” 320.000 millones. Una deuda que está, entre otras, en manos de instituciones públicas (UE, BCE, FMI), las cuales podrían fácilmente hacerla desaparecer en sus balances. La pequeña Grecia ya ni siquiera pide la reestructuración de la deuda. Si países como Italia, que tiene 2,3 billones de deuda en manos de bancas comerciales privadas, pidiesen una disolución de la deuda serían inmediatamente acosados por la UE y por la comunidad internacional. El camino marcado por Syriza y retomado por otras izquierdas alternativas —pedir una Conferencia europea para discutir las deudas intraeuropeas—  se muestra por tanto completamente equivocado. Alemania no discutirá nunca sobre los créditos que quiere recuperar. Antes renunciará al euro.

La quinta lección es que… es muy difícil salir del euro. Lo es para Grecia porque más del 70% de los electores no quiere salir, a pesar de que… más del 70% aprueba el modo aparentemente jactancioso con el que Tsipras ha dirigido las negociaciones con el Eurogrupo y la Troika. Es difícil salir del euro porque gran parte de los capitales ha huido al exterior; porque es difícil controlar la fuga de capitales. Porque el país se dividiría entre favorables y contrarios. Y porque el BCE, como ha dicho Mario Draghi a propósito del Quantitative Easing, “ha aislado la infección griega”. La caída de la prima de riesgo ligada a la relajación monetaria del BCE, a la compra de títulos europeos por valor de 60.000 millones al mes, demuestra que los mercados financieros, al menos por ahora, no ven con preocupación el Grexit. Mientras el BCE consiga garantizar “cuanto sea necesario” (whatever it takes) para sostener el euro, el euro permanecerá. Mientras a Alemania le convenga sostener el euro, el euro permanecerá. Salir del euro es muy difícil, pero permanecer así en el euro significa desangrarse.

La sexta lección es que probablemente Grecia tendrá que recurrir a una moneda paralela al euro para conseguir sobrevivir. Incluso lo recomienda el Financial Times: la moneda fiscal se ha convertido en necesaria para volver a dar oxígeno a la economía, para dar liquidez al sistema [3]. Si el BCE y la UE no dan euros a Grecia, el estado griego estará obligado a emitir una nueva moneda paralela, posiblemente garantizada por el pago fiscal. Ya escribió de esto hace un año el ministro Yanis Varoufakis en su blog: hace falta una nueva moneda estatal para Grecia. Otros en Italia, entre ellos Luciano Gallino,  van por el mismo camino (a pesar de que la moneda fiscal proyectada en Italia es distinta de las versiones griegas y, según quien esto escribe, más eficaz) [4]. El problema es que los bancos no conceden crédito a la economía real. El QE de Draghi da dinero a los bancos y a los estados, bombea los mercados financieros. En esta situación solo el estado puede y debe intervenir emitiendo títulos fiscales gratuitos con valor de moneda para volver a dar liquidez a la economía real, rentas a los trabajadores y a las familias. Y para cubrir las necesarias inversiones públicas. Una moneda fiscal (necesariamente) dentro del euro pero también más allá del euro. Esta parece ser la única vía de salida practicable tanto en Grecia como en Italia. Con una diferencia importante: en Grecia la emisión de una moneda fiscal paralela al euro es una maniobra desesperada y podría ser el preludio de la vuelta al dracma. En Italia, la moneda fiscal convertible en euros podría, al contrario, funcionar bien para la economía sin estar obligados a salir de la moneda única.
No se puede prever si Grecia será obligada por Alemania a abandonar el euro. Y si Tsipras deberá abandonar, al menos en gran parte, sus objetivos reformistas. No obstante, el problema de la deuda o el de la salida del euro siempre  será un problema para Grecia. Grecia es un país arruinado y la situación es trágica en el plano humanitario. Sin cambios radicales no se podrá recuperar (e Italia se halla en no mejores condiciones aunque, a diferencia de Grecia, no es todavía un país arruinado). El caso griego confirma, si es que hacía falta, que la política alemana (y a continuación la europea) se opone a cualquier intento de reforma de la eurozona y de la UE. La miope rigidez alemana y la de los tratados europeos anuncian catástrofes y el caos ruinoso del euro. Con esta UE y con este euro no se saldrá nunca del túnel de la crisis. Sería ridículo afirmar que todos los problemas de la eurozona pueden resolverse con la moneda fiscal pero esta parece ser la vía necesaria para desengancharse lo más posible de la hegemonía alemana, para retornar a la democracia, a la autonomía nacional, a la posibilidad de intervenir de manera democrática y finalmente expansiva en la política económica. La alternativa es solo la inacción, el ir tirando.
Notas
[1] Spiegel on line versión inglesa 14 marzo 2015 “Endgame: Power Struggle in Brussels and Berlin over Fate of Greece”
[2] Susan Strange, Chi governa l’economia mondiale? Crisi dello stato e dispersione del potere, Il Mulino.
[3] Wolfganf Munchau, Athens must stand firm against the eurozone’s failed policies, Financial Times, 15 febrero 2015.
[4] http://monetafiscale.it/: Per Una Moneta Fiscale Gratuita: Uscire Dall’austerità Senza Spaccare L’euro, Manifesto elaborato da: Biagio Bossone, Marco Cattaneo, Luciano Gallino, Enrico Grazzini, Stefano Sylos Labini
Enrico Grazzini es periodista económico y ensayista. Publica sus artículos en Micromega, Sbilanciamoci, Il Manifesto y otros medios. Este fue publicado el pasado 2 abril  2015 en Micromega. Traducido por Javier Aristu. Publicado inicialmente en el blog hermano https://encampoabierto.wordpress.com/2015/04/23/el-fracaso-europeo-seis-lecciones-del-choque-entre-atenas-y-bruselas/



jueves, 23 de abril de 2015

¿Qué sabemos de la historia del trabajo?



Regálate un libro. Cierto, no hay que esperar que venga el día de hoy, pero hacerlo hoy tiene su encanto. Un servidor, por ejemplo, me compraré La historia del capitalismo, de Jurgen Kocka, que publica la Editorial Crítica. Me lo ha recomendado el profesor Javier Tébar que conoce el paño. Ya hablaremos en su día de él una vez leído atentamente. De momento, como sugerencia para hoy, les diré lo que sigue.   

Hay libros que imprescindiblemente deberían ser estudiados a fondo por los sindicalistas, y si determinados políticos no me llaman entrometido, también deberían hacerlo ellos. Cuando hablo de «estudiar» me refiero a sentarse cómodamente, tomar papel y libreta, leer parsimoniosamente, nunca con esa displicente y pija técnica de hacerlo en diagonal.  Para no crear falsas ilusiones diré que se trata de una «historia intelectual del trabajo». Absténgase, pues, quienes consideren el trabajo como algo irrelevante o no ser la gran cuestión de nuestro tiempo. Huyan de ese libro aquellos que están implicados en atender los asuntos de la Torre del Homenaje, al margen de los que están abajo.

Aunque sólo fuera por el estudio del capítulo XVI (de los veintiuno que tiene el libro), Frederick W. Taylor y la organización del trabajo. Taylorismo y trabajo en la Unión.  Este capítulo cuenta con dos partes: el primero, que trata de los fundamentos del famoso ingeniero norteamericano; el segundo, de cómo se trasladó el sistema de organización taylorista al país de los soviets en los primeros tiempos de la revolución. Vamos al grano: el libro se titula Homo faber. Historia intelectual del trabajo (1675 – 1945), su autor es el profesor de la Universidad de Valencia Fernando Diez Rodríguez, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente. Está editado por Siglo XXI.

La importancia de este capítulo XVI viene dada porque, como hemos dicho en otras ocasiones, el taylorismo embaucó, cameló y hasta colonizó a las izquierdas sociales y políticas. No sería erróneo decir que todavía el ingeniero sigue poniendo el ajuar a entrambas izquierdas. De modo y manera parece obligado que quienes deseen formular un adecuado proyecto con el debido trayecto estudien calmosamente el libro que encarecidamente recomendamos.

La primera parte del capítulo XVI puede dar pie, entre otras cosas, para que el dirigente político y el sindical establezca la autoritaria relación entre «dirigentes» (el management científico) y «dirigidos» (el conjunto asalariado) que se establece en el centro de trabajo y su traslación a las organizaciones sociales y políticas. Que, entre otras cuestiones, ha agravado la separación entre la política y la ciudadanía.

La segunda parte ha sido para mí una revelación: los duros debates en el grupo dirigente soviético y en el mundo académico en torno a la aceptación o no (y en qué condiciones) del sistema Taylor en un país que, según Lenin, «debe cumplir en toda su amplitud aprender a trabajar». Por supuesto, ese era el objetivo confesado. Pero no pecaremos de maldicentes si añadiéramos que los jefes bolcheviques vieron con claridad que el carácter científico de la casa taylorista venía al dedo con el otro cientifismo: el partido, que discrecionalmente  –y sin contrapoderes de ningún tipo--  establece a qué hora debe salir el sol ya sea por Antequera o Vladivostok. Tanto autoritarismo, sin embargo, no les valió prever a qué hora se les ponía el Sol. 

En caso de que lo hayan leído, les propongo que se regalen lliá Ehrenburg: Gente, años, vida (Memorias 1891-1967. Sólo lo diré una vez: son palabras mayores. Ya me dirán. 


  

miércoles, 22 de abril de 2015

Ada Colau y Marcelino Camacho




Ada Colau tiene una cara suficientemente conocida entre la ciudadanía. Lleva años saliendo en los medios comunicando con pasión controlada y punto de vista fundamentado con una pizca de agradable picardía. Es, además, una cara que seduce no sólo a sus parciales. Y por encima de todo, incluso en la polémica más áspera, nunca pierde los papeles. Por eso me ha parecido que la inclusión de su rostro en la papeleta electoral es un ejemplo de innecesaria sobredimensión de su figura. Es innecesaria tanto estética como mediáticamente. Ada Colau no necesita ningún tipo de postizos.

Esa sobredimensión corre un peligro: su deslizamiento al culto a la personalidad con todos los riesgos que conlleva. El culto a la personalidad que, (cuando se da) es distinto a la estima y respeto a quien dirige, no es cosa que aparezca de improviso, sino como acumulación de detalles inducidos “por arriba” y gestos de admiración desatada y acrítica desde abajo. Que, en un principio, parecen incomodar al líder, pero que mutatis mutandi acaban por envolverlo: finalmente el líder acaba auto encumbrándose y auto legitimándose. El líder, pasado un tiempo, considera como cosa natural  que dicho «culto» le es debido.

Ada Colau debe estar vigilante, pues la macha hacia el ensalzamiento se produce, primero, de manera lábil y, después, vertiginosamente. Metafóricamente hablando: se pasa de la foto en la papeleta electoral a erigirse una estatua en vida. Ni de lo uno ni de lo otro tiene necesidad Ada Colau. Es más, me atrevería a decir que poner el acento en la participación, activa e inteligente, ciudadana se da de bruces con el tendencial culto a la personalidad que, como germen, denota la foto en la papeleta. Incluso podría decirse que a mayor culto a la personalidad, mayor es la distancia entre el personaje y sus ahinojados. 

Siempre sospeché que el culto a la personalidad no respondía a un afecto personal de la gente con su líder, sino de una especie de temor y admiración. Quien dirige, cuando es sentimentalmente querido, admirado y respetado, no acaba provocando el culto a la personalidad. Pondré un ejemplo que me es muy cercano: Marcelino Camacho.

Era imposible caminar con Marcelino por Barcelona, pues cada dos por tres se le acercaban no pocas personas  para saludarle e incluso “tocarle”. Era el afecto personificado, la admiración y el respeto. Era una curiosa cercanía de quienes nunca habían compartido proximidad física con él. Y es que Marcelino era fundamentalmente querido. Ni quería el culto a la personalidad ni le hubiera gustado. Recuérdenlo los asesores de la Colau y sépalo ella también.       

Dicho lo cual, me pregunto si no estoy sacando las cosas de quicio. O si con los años se me va acumulando, cada trienio que pasa, una arroba de pejiguería

martes, 21 de abril de 2015

La lista de los 705 y el afilador de cuchillos



Rato y sus amistades conforman la famosa Lista de los 705. Afortunadamente ya no es posible un cambalache que impida el conocimiento de quiénes figuran en ese Gotha financiero. No es posible, digo, porque hay demasiada gente que conoce tan abarrotado elenco. Así pues, el juego de cromos intercambiable en el mundo de la política, las asesorías de alto coturno, los grandes despachos de los picapleitos patrios y otras covachuelas, es  posible que no se dé. A lo sumo podría haber un pacto de no agresión corporativo para no tirarse los trastos a la cabeza o un juego minimalista de reproches con la idea de que la sangre no llegue al río.

Pero la lista la iremos conociendo, aunque sólo sea para gloria y prestigio de quienes la vayan publicando. A menos que todo acabe como el interrogante que Crispín formula, en el acto segundo de Los intereses creados (Jacinto Benavente): «Y ahora, Doctor, ese proceso, ¿habrá tierra bastante en la tierra para echarle encima?». Posiblemente hay «tierra en el mundo» para enterrar el asunto. No obstante, el problema es que hay demasiadas bocas que tapar y el silencio puede salir por el ojo de la cara. Esta sería una interpretación cínica del asunto. Sin embargo, hay un personal con la suficiente profesionalidad para no dejarse amordazar.

La Lista de los 705 tiene un personal demasiado sensible. Desde altas personalidades hasta mercachifles con dinero pueblan esa flora intestinal, esas venas abiertas de Celtiberia: togas y puñetas, entorchados de brigadier, birretes académicos, bastones de mando, ternes de la city, chiquilicuatros de aparente postín y gentes del bronce postmoderno. Una lista que pondrá de manifiesto el zoo en que se ha convertido España. ¿Cómo terminará todo ello? Ya veremos. De momento, es seguro que algunos estén ya fabricando los artificios jurídicos para sacarlos del atolladero.

Y mientras esto escribo, oigo el silbato del afilador de chuchillos, que ya no viene andando sino en moto, con su vieja musiquilla, ahora ampliada con su correspondiente altavoz.  No quiero que se me escape porque tengo algunas navajas melladas.    



lunes, 20 de abril de 2015

Sindicato, ¿estás al tanto de esto?



Nos hemos enterado de la huelga del personal de la Oficina Europea de Patentes (EPO en sus siglas en inglés) solamente a través del artículo de Miguel Ángel Noceda, publicado en las páginas sepia de El País, La ´oficina feliz´  se va a la huelga (1).  Si el inquieto lector gusta leerlo tendrá una información detallada de esta huelga y, sin lugar a dudas, coincidirá con un servidor en: la importancia de esta acción colectiva, las enseñanzas que depara y las reflexiones que proporciona al sindicalismo confederal. Es de esas movilizaciones que debería provocar ríos de tinta y comentarios al por mayor. Veremos si es así.

El EPO es el organismo del que dependen todas las patentes europeas, cuenta con unos siete mil empleados, de varias nacionalidades europeas, altamente cualificados y bien remunerados, que cobran de media 5.000 euros mensuales y cuentan con ventajas médicas y familiares. Que en una empresa de este tipo, cuyo objetivo entre otros es favorecer la investigación e innovación tecnológica, hubiera en su día un colectivo que se planteó fundar un sindicato es algo que rompe todos los tópicos al uso. Al sindicato mayoritario (SUEPO), según nos informa Noceda, está afiliado la mitad de la plantilla en los centros de trabajo de Munich, Berlin, La Haya y Viena. De donde podemos afirmar que la tasa de afiliación es elevada.

La dirección de la empresa nunca vio con buenos ojos el asociacionismo sindical. El hecho en sí ya era suficiente reproche a los nuevos aires. Les resultaba incomprensible que en esta Arcadia feliz estuviera presente un sindicato. Y empezaron las provocaciones: se tomaron medidas al margen y contra los empleados. El sindicato, así las cosas, denuncia a la empresa por: «haber cambiado las reglas y de hacer “imposible” contestar internamente una decisión. La retahíla de acusaciones que se han ido acumulando durante su mandato es muy larga y notable: rechazo a reconocer a los representantes de los sindicatos como legítimos interlocutores y propuesta de cambios en la estructura de los representantes de la plantilla; instalación de filtros para bloquear el correo interno; censura de las publicaciones internas; introducción de reglas para que un empleado pueda ser investigado sin necesidad de ser avisado previamente; cambio en las reglas para convocar huelgas, de manera que ahora requiere una petición al presidente firmada por al menos el 10% de los trabajadores y una participación mínima del 40% para que haya quorum.

» Además, los sindicatos acusan a la empresa de no haber permitido realizar una investigación sobre las causas del suicidio de un trabajador en su puesto de trabajo y de apartar a los miembros del staff que sugirieron una responsabilidad de la dirección en dicho suicidio. Y añaden que sistemáticamente rechaza seguir las recomendaciones del Comité Interno de Reclamaciones». La génesis y evolución de ese conflicto daría pié a investigar de qué manera se ha operado en ese colectivo el salto, en palabras de Pierre Bordieu, de «clase probable» a «clase movilizada».  Algo realmente apasionante.  

Entre otras muchas enseñanzas, esta experiencia nos dice que no hay territorio alguno que esté vedado al desarrollo de la acción colectiva que representa el sindicato. Que las altas categorías profesionales del mundo de la técnica y el conocimiento pueden ser sujetos que funden asociaciones sindicales y enfrentarse decididamente a sus contrapartes. Asociaciones sindicales, que como en este caso, son mayoritarias en el centro de trabajo y no meros grupúsculos. De donde –se le antoja a un servidor--  el sindicalismo confederal precisa una reflexión puesta al día del por qué de sus limitaciones en estos colectivos asalariados de alto estatus. ¿No es este, también, un elemento, y de primer orden, para el sindicato que dice querer refundarse?



domingo, 19 de abril de 2015

La importancia de llamarse Rodrigo





Comentaristas de signo diverso coinciden en que Rodrigo Rato fue un hombre poderoso. Así fue verdaderamente hasta por lo menos su vuelta a España tras haber dado su famosa espantá del Fondo Monetario Internacional, que nunca explicó. Ciertamente, todos los ministros de Economía y Hacienda lo han sido en mayor o menor medida.

 Pero la importancia de nuestro hombre parece adquiere una fisicidad especial, distinta a la de Fuentes Quintana, Boyer y Solbes, por ejemplo. Estos tuvieron el poder que se desprende de tan importante ministerio; Rodrigo lo fue por otras características, a saber, por la cesura que representa el ejercicio de su cargo y el itinerario que construyó.

Ha sido el influyente periodista barcelonés  Enric Juliana quien ha puesto el dedo en la llaga con su artículo Rato, el ingeniero del 'sistema España' (1). Sirva esta cita para alumbrar la siembra y la cosecha de la obra del famoso vicepresidente del gobierno Aznar: «Gran reorganizador de la nomenclatura económica española tras las privatizaciones de las empresas públicas llevadas a cabo a partir de 1996. Artífice de la liberalización del suelo impulsada por el PP y destacado promotor, en consecuencia, del gigantesco festín inmobiliario que caracterizó el despegue económico español a finales del siglo XX. Verdadero héroe de las clases medias madrileñas beneficiadas por la turbo-economía de esa época, un Madrid acomodado que hasta hace muy poco se refería a él con el apelativo de Rodrigo. Simplemente, Rodrigo. Símbolo de la eficiencia económica que se atribuía el PP en la dulce fase del “España va bien”.» (Fin de la cita)

Habría que aclarar, no obstante, que antes de  Rato ya se produjo una serie de privatizaciones y liberalizaciones. Pero es con él cuando todo ello adquiere un espesor y un diapasón cualitativos: las privatizaciones y liberalizaciones ya no tienen un carácter contingente. Se abre, pues, el camino a lo que Enric Juliana ha denominado el «sistema España». Ya no estamos ante un contagio neoliberal  de la periferia de la economía sino de la colonización de ésta por el neoliberalismo. Lo que se hizo tan silenciosa como eficazmente. Algo que, en su momento, no supimos ver. Como tampoco supimos ver hasta qué punto fue desarrollándose un archipiélago de clases ociosas, según las entendió  en su día Thornstein Veblen. Ni tampoco la gradual transformación y derrota del capitalismo schumpeteriano por obra del turbocapitalismo financiero. En esa situación son válidas las viejas distinciones de Schumpeter entre «emprendedor-inventor» y «emprendedor como inversor financiero», amén de la (también vieja y válida) de Veblen entre el «capitalismo innovador» y «capitalismo parasitario».

 

Esa novedad que provoca Rato –esto es, el “enraizamiento”, que diría Karl Polanyi, del neoliberalismo, que ya no es un contagio periférico del neoliberalismo en la economía--  es lo que tampoco han visto quienes señalan con el dedo a la Transición como responsable de todos los males y patologías que nos invaden y mortifican. Así las cosas, no tengo empaño en añadir que tales grupos y personas se confundieron, a mi juicio, de momento y etapa. Más todavía, ese «enraizamiento» es de tal magnitud que, en mayor o menor medida, se enrosca en las principales fuerzas políticas españolas a mediados de los años 90 y más tarde incluso en las fuerzas del nacionalismo catalán con Artur Mas  a la cabeza, que fue capaz de trasmigrar de Montserrat al Monte de Saint Pélérine.    

Naturalmente la tarea de Rodrigo no hubiera tenido tanta capilaridad si no hubiera estado acompañado por una potente tecnocracia cuyos centros de adoctrinamiento estaban en las escuelas de negocios, asesorías de alto copete y en departamentos universitarios así españoles como de allende y aquende los mares. Pero, al final –como dice el viejo dicho--  tanto fue el cántaro a la fuente que al final se hizo añicos. Y Rodrigo, simplemente Rodrigo, acabó como el gallo de Morón.




sábado, 18 de abril de 2015

La contumaz ilegalidad del Partido Popular



Les sugiero que lean atentamente el artículo que ha publicado el eminente jurista sevillano don Javier Pérez Royo en El País con fecha de hoy, Preguntas para el fiscal general (1).  A buen seguro que no quedarán defraudados.


Hace tiempo que vengo dándole vueltas al asunto que plantea Pérez Royo. Pues bien, todo lo que se me ocurría era considerado como una estridencia. Alguien, con fama de echao p´ alante llegó a echarme en cara que estaba planteando una especie de hágase justicia y explote el mundo.  O, lo que es lo mismo, que mi remedio era peor que la enfermedad. Y es que los autodidactas tenemos la tendencia de meternos en camisa de once varas y, ocasionalmente, fabricar disparates. Pero viene el profesor Pérez Royo, que tiene merecida fama de temperado, y restituye mi autoestima. Y no se anda con gaitas: «El partido que utilice medios tipificados como delito es ilegal y debería cancelarse su inscripción en el registro». ¿Se trata de una propuesta radical? Respuesta: es la coherencia de la lógica jurídica entre el quebranto de la ley y lo que establece la norma, en este caso, la Constitución y la mismísima Ley de Partidos políticos.

Ahora bien, resarcidas mis inquietudes por la doctrina Pérez Royo, me interesa tirar el hilo de ese descomunal ovillo. Bien está que se aplique la ley al Partido Popular, pero es preciso escarbar todavía más en ello. Si se demostraran las acusaciones del Juez Ruz acerca de la ilegalidad de la financiación del mencionado partido, ¿en qué situación quedan los resultados de las elecciones que, desde esa ilegalidad, dieron la victoria al partido? ¿podemos considerar legales la composición de los parlamentos, sus leyes y disposiciones de todo tipo? No hay duda que se trata de filosofía moral. Pero, ante todo y sobre todo, es una cuestión que vincula los medios ilegales utilizados para las diversas contiendas electorales y las disposiciones que, desde esa ilegalidad, se pusieron en marcha. Repito, es un problema moral y, sobre todo, de coherencia de la legalidad democrática, que ha sido conculcada ab initio. En esa tesitura todo lo que ha hecho el Partido popular es ilegal. Incluso si hubiera legislado que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos.




miércoles, 15 de abril de 2015

Repican las campanas en honor de la plantilla de Coca Cola



Siempre he sostenido que el sindicalismo se escribe en prosa. Ahora bien, hay momentos en que su acción colectiva es una canción de gesta. Es la que han escrito las personas en lucha de Coca Cola desde hace ya mucho tiempo. Al final –esperemos que sea el final--  la Justicia ha hablado dando la razón a los trabajadores y trabajadoras de la empresa. Lo que en un principio parecía una posibilidad se ha convertido en una certeza: era posible ganar. Y no a una empresa de tres al cuarto sino a una potente y altanera transnacional, una de las más importantes de la economía-mundo.

Me han impresionado los tres rasgos fundamentales de esta acción colectiva a lo largo de su itinerario: a) la unidad de los trabajadores, que b) llevó en su momento sus planteamientos a la ciudadanía, y c) la fecunda relación con los aparatos jurídicos del sindicato.  

Sin la unidad de la plantilla no se hubiera dado la reacción solidaria de la ciudadanía con el boicot a la coca cola, al menos en la extensa proporción en que se dio. Y sin la unidad de la plantilla ese eminente jurista que es don Enrique Lillo no hubiera tenido tanta fuerza.

Pregunto: ¿qué reflexiones serenas y de hondo calado merece el largo recorrido de esta movilización contra una de las transnacionales más potentes en estos tiempos de resistencia? ¿qué entusiasmo razonado puede provocar en los sindicalistas que, en estos últimos tiempos, han tenido que hacer de tripas corazón? ¿qué ánimos tienen ahora dichos sindicalistas que han visto cómo estar a la ofensiva frente a la fortaleza asediada de la transnacional ha conseguido una victoria de la que se hablará durante mucho tiempo?

Más preguntas: ¿será capaz el sindicato de metabolizar el resultado de esta acción colectiva, traduciéndolo en organizar una nueva confianza del conjunto asalariado que, hablando en plata, se refiera a un incremento de la afiliación? Una afiliación ligada a un acontecimiento concreto, de eficacia, de saber hacer, de conexión directa del sindicato con los trabajadores. Ya lo dijo en su día aquel sindicalista nonagenario, Vittorio Foa: «Para que los trabajadores tengan confianza en el sindicato, éste debe tener confianza en los trabajadores». Que podría ser el broche de esta canción de gesta.


Un recado particular a Enrique Lillo: no te precipites en saltarte a la torera las recomendaciones del médico. La victoria de los trabajadores no te autoriza a que te des el alta. Esa decisión no corresponde al mundo del derecho sino al de la medicina.     

La huelga de Movistar



La huelga de técnicos de Movistar ha sido seguida atentamente por Eddy Sánchez, que nos ha dejado un testimonio escrito del mayor interés (1). Se trata de una huelga que afecta a 2.000 trabajadores que, surgida en Madrid, se ha ido extendiendo a otras provincias y a diversas contratas de otros lugares. Eddy Sánchez nos informa de las durísimas condiciones de estos asalariados y del surgimiento de la acción colectiva. Vamos a poner el acento en esa palabra, «colectiva», pues no han sido pocos los que han teorizado la casi imposibilidad de que, en estos sectores y estos trabajadores, ejercieran un conflicto de tales características. Así es que esta acción colectiva es, también, la demostración de que las innumerables dificultades nunca deben ser el punto de llegada sino el punto de partida.

El artículo de Eddy Sánchez era necesario por varios motivos: primero, por la escasísima información que ha llegado al conjunto de los trabajadores del país y a la opinión pública; porque, siendo normal, que una empresa tan potente como Movistar no estuviera interesada en que su conflicto apareciera en los medios, no parece lógico que el sindicalismo confederal haya hablado con tanta parquedad en el interior de la organización, especialmente cuando dichos empleados cuentan con poca tradición sindical y, dadas sus condiciones salariales y de trabajo,  necesitan un amplio apoyo y difusión de su conflicto, de su acción –repetimos--  colectiva. Más todavía, cuando el protagonismo de lo político da poco pie para airear los conflictos sociales. Me atrevo a sugerir que, con o sin repensamiento, con o sin refundación sindical, la solidaridad es un instrumento de primer orden y, tal vez en este caso de Movistar, no está a la altura que merece. Si no fuera así, retiro lo dicho y pido disculpas.

Lo que todavía no sabemos es lo siguiente: ¿de qué manera concreta surge el conflicto, qué formas concretas va tomando, que instrumentos concretos de organización y coordinación se ponen en marcha? En síntesis, ¿cómo se va transformando el silencio en indignación y, de aquí, de qué modo se pasa a la organización? Es decir, necesitamos la biografía pormenorizada de este conflicto.   

(1) La huelga de técnicos de Movistar y la irrupción del nuevo asalariado urbano




martes, 14 de abril de 2015

El patriotismo de la austeridad según el Banco de España



«El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ha defendido este miércoles las políticas "rigurosas y prudentes" adoptadas por el Gobierno para corregir los desequilibrios de la economía española. Según el gobernador, "apartarse de un camino que nos lleve a situaciones imposibles e insostenibles no es austeridad, sino sentido común y, en un sentido muy real, patriotismo". Así se ha expresado Linde en su discurso de apertura de inauguración del 22º Encuentro del Sector Financiero organizado por Deloitte, ABC y Sociedad de Tasación».

Ya ve usted hasta qué punto la facundia inolvidable de Miguel Ángel Fernández Ordóñez se transmigra en el actual gobernador del Banco de España. Con una variante: se ha pasado de la farmacopea de MAFO a la teología de este Linde. Y de una manera altisonante se vincula positivamente las nefastas políticas económicas y sociales con el patriotismo. Con lo que, de un plumazo, Linde ha arrojado a los infiernos de la anti España a la inmensa agrupación de agraviados por la crisis económica. La novedad de la postura del Banco de España es que ya no exige medidas concretas a lo Mafo, sino que justifica ideológicamente el carácter de lo que, desde hace algunos años, se ha dado en llamar austeridad o austericidio.

Y lo cierto es que no salgo de mi asombro. Porque a lo largo de mi vida he conocido directamente diversas clases de patriotismo. No hablo de los que no he conocido.

El primero fue el patriotismo de «todo por la patria» que, según las latitudes, tenía (y mantiene), en algunos casos, una recurrente estética cañí y, en otros, se adoba con gotas de chanel número 5. Enfrentados entre sí estos dos patriotismos tienen, como se verá más adelante, algunos puntos importantes de interconexión.

El segundo patriotismo tiene un sello radicalmente distinto. Lo ha desarrollado Jürgen Habermas con la etiqueta de «patriotismo constitucional».  En apretada síntesis, se trata de lo siguiente: es una concepción participativa de la ciudadanía, volcada en la promoción del bien común. Por eso, la ciudadanía que hace suyo el patriotismo constitucional no se remite en primera instancia a una historia o a un origen étnico común, sino que se define por la adhesión a unos valores comunes de carácter democrático plasmado en la Constitución. En este sentido, es claro que estamos ante una concepción republicana que nada tiene que ver con el «todo por la patria» del patriotismo carpetovetónico ni con el chanel número 5 del patriotismo que legó Jordi Pujol a sus hijos y nietos políticos. Aunque el uno y el otro comparten con mayor o menor aproximación lo que Carl Scmitt, definió como el «nomos de la tierra».

Alguien debió de tomar nota de la peligrosidad que conlleva la expresión patriotismo constitucional con su continua práctica de la deliberación y acicate de los derechos de ciudadanía y decidió intervenir reescribiendo los conceptos de patriotismo, así del viejo con apariencia terne como el pujoliano. Y es cuando los escribas sentados del gobernador del Banco de España trasladan el nomos de la tierra al nomos del dinero. Comoquiera que el razonamiento tecnocrático no ha podido impedir el conflicto social, es preciso sacar a escena un nuevo simbolismo conformando un vínculo “sacral” entre austeridad (tal como se concibe desde hace unos años) y patriotismo. Quienes se opongan a ello no tienen salvación. Se trata, como puede verse,  de una visión que saca a la economía de su laicismo para darle un contenido teologal.

Lo novedoso de la formulación del gobernador Linde está en la vinculación directa entre austeridad y patriotismo. Ahora bien, ha mamado sus fuentes en el patriotismo de Artur Mas. Este caballero puso los pilares de la doctrina Linde. Y hasta cierto punto ha conseguido que una concreta multitud de agraviados por la austeridad hayan puesto en primer plano el patriotismo del nomos de la tierra en vez de la defensa de los derechos de ciudadanía, lesionados por recortes y pérdida de derechos.  


lunes, 13 de abril de 2015

Se acerca el Primero de Mayo



El Primero de Mayo está a la vuelta de la esquina. Me pregunto: ¿puede ser un momento de mayor movilización contra los efectos devastadores de la crisis? ¿puede ser un momento donde unitariamente se concrete, más todavía, en las calles y plazas de nuestro país la indignación organizada de millones de personas? ¿puede ser un momento en el que los partidos de izquierda compartan, desde su independencia, el mismo o similar cartapacio de reivindicaciones que los de la población asalariada? ¿puede ser un momento donde ese inmenso conjunto asalariado respalde activamente a los sindicatos? ¿puede ser un momento en el que el ejercicio de la movilización no quede circunscrito a las ciudades más importantes y se extienda a todos los pueblos donde hay un campanario?

El Primero de Mayo está a la vuelta de la esquina. ¿Puede ser un momento en el que los sindicatos diseñen formas nuevas multitudinarias de movilización que expresen que, en el terreno del conflicto social, también hay un proceso de renovación?

El Primero de Mayo está a la vuelta de la esquina. ¿Puede ser un momento en que los trabajadores de toda condición –sexo y edad, con o sin trabajo, jubilados y pensionistas sean conscientes de que hay que darle un giro potente, política y socialmente, al actual estado de cosas? ¿Puede ser un momento donde, al menos ese día, se aparque el pesimismo allá donde se encuentre?


Proponérselo es una primera condición para que pueda ser. 

domingo, 12 de abril de 2015

El embajador español en Grecia es un zascandil




 

Ruego encarecidamente que no se pierdan la lectura de (clica aquí) Generalizando sobre los catalanes. Su autor es mi viejo amigo Paco Rodríguez de Lecea, un catalán tan mestizo como un servidor: él criado en Madrid, un servidor nacido donde la Vega mira de tú a tú a la Alhambra. Paco Rodríguez irónico y elegante; un servidor, tras la lectura de esa generalización, hecho un basilisco. Reincido, no se pierdan el artículo de Paco Rodríguez.

 

Hablando en plata: al menos en este caso que se relata un embajador español puede ser un redomado mentecato. Y, así las cosas, nada impide que el susodicho mentecato pueda estar destinado en Grecia, un lugar donde el Ministerio del ramo debería ser cuidadoso con la gente que envía en su labor de representación del Estado. A menos que el gobierno español tenga interés en que las relaciones diplomáticas entre ambos estados sigan siendo, por decirlo con suavidad, más ásperas. Sí es así lo conveniente es enviar a mentecatos o zascandiles, mejor si lo son de marca pata negra. Pero entonces se opta porque el embajador sea un pirómano en vez de un hábil componedor que es lo exigible al cuerpo diplomático. Con un agravante en este caso: el mentado zascandil no sólo agrava las relaciones entre ambos estados sino que enreda más las cosas entre Cataluña y el gobierno español.

 

Comoquiera que Paco Rodríguez no habla si no tiene pruebas, a mí nada me impide que establezca una hipótesis –he dicho hipótesis, lo que significa que no es una certeza--  que me aproxime a la personalidad de ese deslenguado embajador: o bien no está en sus cabales o bien es un inmoderado en el consumo del celebérrimo retsina, un vino que si no estás al tanto se te sube a la cabeza en menos que canta un gallo. Si tal fuera, las primeras conclusiones serían éstas: conviene que en el cuerpo diplomático vigile a cuantos orates alberga y enviarlos al manicomio; en la segunda hipótesis, entiendo que algunas representaciones importantes en el exterior deberían estar vedadas a los borrachazos acreditados: es mejor que estropicios de esta guisa los hagan en el interior, por ejemplo, en la delegación del gobierno de alguna comunidad autónoma, y todo quedaría en casa.

 

Apostilla. Cuando Rajoy grito en cierta ocasión aquello de «viva el vino», no era cosa de llevarle la contraria. Naturalmente, con moderación. Nunca con ese seguidismo acrítico del embajador en Grecia con eso del bebercio (siempre que este sea el caso de tan chiquilicuatro exponente de nuestro cuerpo diplomático).   



Nota bene. Excúsenme quienes lean esta entradilla. Lo digo por el tono jocoso de la misma. Comprendan ustedes que si lo hubiera escrito en tono mayor el señor embajador no estaría en condiciones de entenderlo.