lunes, 16 de octubre de 2017

Cuando Puigdemont dijo llamarse Andana



Carles Puigdemont no ha respondido. Su contestación parece encuadrada en una situación normalizada. En la carta a Rajoy se limita a pedir «diálogo». Sin formular, además, sobre qué términos, aunque se debe entender que lo hace sobre la base de cómo conseguir la independencia de Cataluña. Comoquiera que debemos atribuirle conocimientos suficientes sobre la situación hay que convenir que quiere apechugar con la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución Española. En definitiva, el carácter dilatorio de la respuesta se debe, en mi opinión, a dos razones: 1) es un brindis a la galería europea –cancillerías, medios de comunicación y opinión pública--  que simpatiza con la idea del diálogo, sea esto lo que sea; 2) ganar tiempo para intentar convencer a la CUP de que no haga un marramiau.


En todo caso, la incertidumbre se mantiene. Una incertidumbre que podría ser gestionada por la política, pero no por la economía, cuyas razones son otras. Con lo que no sería de extrañar que desgraciadamente siga la fuga de empresas. Sea como fuere todavía no está vendido todo el pescado. Hay tiempo hasta el jueves: ya sea para seguir con el cocherito leré o para que Puigdemont responda sin requilorios a lo que se le ha preguntado. Lo dicho: «non los agüeros, los fechos sigamos».

Mientras tanto, Galicia,  Asturias  el norte de Portugal y una parte de León arden por los cuatro costados. Cataluña sigue con su ablativo absoluto. 


domingo, 15 de octubre de 2017

¿Qué dirá mañana Puigdemont?



Los ´argumentos´  del apostolado independentista de mayor calado han sido dos a lo largo de los últimos años. Uno, Europa nos recibirá con los brazos abiertos; dos, la independencia no tendrá costes. Cuantas veces se han repetido, otras tantas se han desmentido. Sin embargo, el desparpajo se ha ido manteniendo y, a estas alturas, es posible que alguna alma bendita siga creyéndolo.

1.-- Hace tiempo conversaba con un destacado independentista. Sostenía de manera militante que, una vez proclamada la independencia, Cataluña no tardaría ni cinco minutos en ingresar en la Unión Europea. «Lo ha dicho Romeva, que conoce el paño», afirmaba mi interlocutor con la misma fe que los santos padres de la Iglesia se citan los unos a los otros. Le objeté que antes había un paso previo: que Cataluña fuera independiente. Me miró perdonándome la vida: «Hombre de poca fe», exclamó, «eso es pan comido, las cancillerías europeas están con nosotros». Entendí que lo creía a pies juntillas. La fe es así de chocante.

Nadie con cara y ojos ha apoyado el proceso catalán. No obstante, se mantenía la mandanga. A pesar de que el divino Romeva seguía en sus trece se mantiene la mandanga. Los desmentidos de la Unión –y especialmente de quien manda realmente— se han multiplicado y reiterado. Aunque ahora se vuelve a otra martingala: si Rajoy aplica el 155 la Unión estará con nosotros. No han tomado nota de que, desde 1998, el Reino Unido ha suspendido cuatro veces la autonomía de Irlanda del Norte y nadie movió un dedo. 

2.--  La segunda mandanga: la independencia de Cataluña no tendrá costes. No lo sabemos, pero sí estamos al corriente de que la antesala a una (hipotética) independencia está costando lo suyo. De momento, el intangible de la división vertical en dos comunidades cada vez más antagónicas. Y, también de momento, la marcha de la razón social de casi seiscientas empresas y, entre ellas, algunas huídas de la sede fiscal. Las autoridades independentistas nunca creyeron –o fingieron no creer--  que eso sucedería. Incluso más, cuando empezaron los primeros movimientos de dio éxodo algunos testarudos le restaron importancia. Hoy Cataluña es altamente sospechosa de inestabilidad. Una triste fama ganada a pulso por el apostolado independentista. La política de campanario acostumbra a ser estúpidamente orgullosa. Y lo que es peor: ocurra lo que ocurra en la próxima semana esa malquerencia de los mercados a Cataluña se mantendrá. No valdrán las balandronadas de unos y las jaculatorias de otros. A eso nos ha llevado el choque entre los hunos y los hotros. Pero --¡oído, cocina--  sabemos, desde Joan Fuster, que «un fracaso no se improvisa nunca, sino que se construye».

3.--  Así las cosas, Puigdemont debe optar por la respuesta menos mala para la ciudadanía. Si opta por el enfrentamiento con el Estado perjudicará a todo el pueblo de Cataluña; si responde que no proclamó la independencia, cosa que formalmente es cierto, provocará un desaguisado mayúsculo, pero sólo en las élites del soberanismo. Que siempre tendrá el consuelo político de haber conducido una operación que ha llevado al independentismo a las cotas más altas de su historia. De ahí que Puigdemont debería leer adecuadamente lo que dejó dicho Platón hace ya muchos siglos: «el objetivo de la salud no son los médicos sino los pacientes». Es decir, el objetivo de la política no son los políticos sino la ciudadanía.

4.--  ¿Qué pasará mañana? Lo mejor es seguir el famoso consejo de don Juan de Mena, ilustre cordobés pre renacentista «Non los agüeros, los fechos sigamos». Laberinto de Fortuna.


sábado, 14 de octubre de 2017

El “procés” y el sindicalismo catalán






Joaquím González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL


Uno de los éxitos más determinante del discurso del independentismo en Catalunya ha sido el haber conseguido que también algunos sectores de la izquierda y del sindicalismo en Catalunya hayan hecho suyo la repetida  idea que  “Lo nacional y lo social van unidos”, como si fuera un axioma que significa que "no hay solución a los problemas sociales sin independencia". Así lo han venido repitiendo los principales líderes del movimiento independentista y así lo  expresa también, con meridiana claridad, el MANIFIESTO de Sindicalistes de CCOO per la Independència i la República Catalana cuando afirma  “la independència de Catalunya i la construcció de la República Catalana és l’única solució per aconseguir una societat méjusta, socialment progressista i lliure”. 

Es un mensaje potente y eficaz que se repite desde todos los sectores ideológicos, sean ultra liberales o antisistema, que apuestan por la independencia. Ha servido para arraigar la idea en gran parte de la sociedad catalana, de que la esencia de los problemas sociales que padecemos y su solución se explica principalmente partiendo de dónde se ejerce el gobierno.Y no por el ideario de las políticas que se aplican. Dicho de otra manera, nos dicen que lo esencial no es si el gobierno es de derechas o de izquierdas, progresista o conservador. Así, dicen, lo determinante es si gobierna desde la Plaza Sant Jaume o desde la Moncloa. 

Lo que explica, que durante estos últimos años el eje sobre el que ha girado la discusión y la movilización social en Catalunya, también por una parte de la izquierda catalana y de las organizaciones sindicales, haya sido el conflicto territorial, respondiendo a la idea de que “lo nacional primero y lo social después”. Y ha servido para reafirmar la tesis del nacionalismo  entre amplios sectores de la clase trabajadora: ”sin independencia, nuestros males no tienen remedio”.

Esta tesis ha permitido a la derecha nacionalista, que ha gobernado durante décadas Catalunya, diluir su responsabilidad de los déficits que padecemos en aquellas materias de las que ha tenido plena responsabilidad por estar transferida sus competencias. Entre ellos el grave déficit en la enseñanza, fruto de su política elitista que ha beneficiado a la enseñanza privada, o la grave degradación urbanística de nuestro territorio, resultado de una política catalana que durante años ha favorecido la especulación, o la deficiente atención a las personas dependientes, resultado de unas prioridades de las que ha estado ausente la protección a los colectivos más necesitados, o las elevadas tasas universitarias, los escasos recursos a la investigación, las listas de espera y el deterioro en la sanidad pública.

Constituye un grave error aceptar, desde una parte desde el sindicalismo y la izquierda, que"no hay solución a los problemas sociales sin independencia”. Es aceptar la falacia del enemigo externo común y afirmar que los déficits que padecemos nosotros (Catalunya) son a causa de ellos (España), en lugar de responsabilizar a las injustas políticas económicas y sociales que han compartido el Govern de Catalunya y el Gobierno de España y que provocan  un reparto injusto de la renta y la desigualdad de oportunidades.

Como lo es aceptar que las causas de nuestros déficits están provocados por los problemas territoriales y, por ello, insistir en que sólo desde la independencia será posible la solución de los problemas de los trabajadores y las trabajadoras catalanas.

Un error que debería evitar el sindicalismo catalán, y más en concreto CC.OO y UGT como más representativos y por ello más responsables y no caer en el el error de confundir como le sucedió  a aquel bizco que veía doble, que cuando iba paseando tranquilamente por la  dehesa vio “dos” toros bravos, salió corriendo y se acercó a “dos” árboles. Lo grave es que  se subió al que no era y le cogió el toro que sí que era.

Esperemos que el sindicalismo catalán evite cometer ese grave error, por el bien de los valores e intereses que representa, de subirse,o dejar que le suban, al árbol equivocado de la independencia para evitar que nos  pille el  toro verdadero que son los problemas sociales.


Vienen jornadas trascendentales que reclaman a las dos grandes organizaciones sindicales de Catalunya, CCOO y UGT, acierto y claridad en sus planteamientos y valentía para defender su autonomía.  

De fascistas y tuberculosos



Homenaje a Conxita Frasquet

De un tiempo a esta parte todo fifiriche que se precie usa la palabra fascista a troche y moche. Vale le mismo para un zurcido o un barrido. La dice gente con estudios o talabarteros diplomados. Desorden conceptual, por supuesto. Mi suegra mataronesa, Conxita Frasquet, era más juiciosa. Ella y su marido, Mingu Roig, venían de las filas del anarco sindicalismo y sufrieron en sus carnes el exilio y el destierro.

Recuerdo que, en cierta ocasión a mediados de los setenta, la brigadilla político-social fue a casa de mis suegros pensando que yo me encontraba allí. Conxita abre la puerta, los reconoce y se pone a gritar «¡tuberculosos, tuberculosos!». Y les cerró la puerta sin consideración alguna. No hubo que lamentar víctimas. Pasaron los días y, ya enterado del sucedido, le digo a mi suegra que qué es eso de tuberculosos, que son fascistas. Su respuesta fue rotunda: el fascismo se quita, la tuberculosis, no. Conxita no estaba enterada del avance de las ciencias. De ahí el sentido de su maldición bíblica. ¿Quién era yo para llevarle la contraria?

Ahora bien, los fifiriches de hoy en día tal vez saben la diferencia entre la tuberculosis y el fascismo. Pero usan el fascismo venga a cuento o no. De ahí que sea útil recordar la famosa controversia entre Palmiro Togliatti y Maurice Thorez, dos leones del comunismo: italiano el primero, francés el segundo. Que se desarrolló en la revista teórica Lo Stato operaio a principio de los años 30 del siglo pasado.

A raíz de una violenta carga policial contra los metalúrgicos en Paris, Thorez calificó aquello de esta manera: «C´ est le fascisme».  Togliatti le respondió sin vacilar: «No, es la lucha de clases; fascismo es lo que yo tengo en Italia». Thorez calló tras el cogotazo de su camarada. Y Togliatti le echó tierra al asunto para no darle cuatro cuartos al pregonero.


Primera sugerencia: gobiernen el lenguaje. De lo uno y lo otro se pueden sacar conclusiones diferentes. En cualquier caso, mi suegra Frasquet fue más lúcida. Ella conocía el fascismo de primera mano, no a través de un libro de baratillo. Ella lo sufrió, no se lo contaron. 


viernes, 13 de octubre de 2017

La derrota perfecta




Escribe Javier Terriente   

1-  Una Santa Alianza a la española

De repente, la Patria insomne, la eterna, la que nos ha legado la tradición remota que alcanza cuando menos a los Reyes Católicos, se ha puesto en marcha para la librar la gran batalla final contra el desafío soberanista. 

La ha resucitado Rajoy con su anti politicismo habitual y la ha estimulado Rivera, resucitado por un dogmatismo patriotero largamente aplaudido. A la cita ha acudido puntualmente Aznar y todos cuantos hicieron posible identificar la marca España con el latrocinio y el saqueo de bienes públicos de manera impune y sistemática.

No ha causado sorpresa que se hayan sumado los ex presidentes del gobierno del PP y del PSOE y su corte de corifeos de la época dorada, cuando España era el lugar perfecto para obtener dinero fácil por vías exentas de riesgo: privatizaciones a precio de saldo, pelotazos urbanísticos, puertas giratorias, corrupciones sistemáticas…

Tampoco que lo hagan presidentes/as  de comunidades autónomas que, tras más de 35 años de ingentes contribuciones económicas y financieras del Estado y de la UE para reducir las diferencias de renta y PIB con las comunidades más ricas de España y con Europa, mantienen a las suyas en los últimos lugares de los ranking de desarrollo en España.

Y, por fin, el PSOE ha decidido armarse de coraje y prescindir de una interlocución propia sumándose al Frente Patriótico. Quizá al descubrir la retirada de  apoyos en las viejas tierras de España, quizá por la insurrección de quienes no han renunciado al sueño de la Gran Coalición. A cambio, intentando paliar daños, una vaga promesa del PP de reforma de la Constitución ad calendas griegas.

Esta Sacrosanta Alianza ha encontrado en la gran banca y la gran empresa domiciliada en Catalunya un socio inestimable para convencer a Puigdemont  de que la visión de una Catalunya independiente puede convertirse en una pesadilla inalcanzable: la pela es la pela.

La estrategia de este nuevo bloque político, consiste en aferrarse una interpretación restrictiva y penalista de la Constitución y del Estado de Derecho.
La decisión del Consejo de Ministros de enviar un requerimiento al President para que responda en un plazo máximo de diez días si en la reunión extraordinaria del Parlament de 10 Octubre ha declarado la independencia, es, además de una pregunta capciosa, un paso en firme en la dirección de aplicar el art. 155.

La agenda del gobierno sigue inalterable: esgrimir cuestiones de legalidad y constitucionalidad, ignorando la decisión de Puigdemont de hacer un alto en el camino, y exigir su rendición incondicional. Esto sería tanto como pretender que el independentismo renuncie a su naturaleza original y se transmute en su contrario, prescindiendo de paso a su principal baza negociadora.
Con esta decisión, es dudoso que el PP busque una vía real de diálogo y no una derrota completa del adversario, lo que le permitiría satisfacer las demandas de un amplio espectro ultraconservador ante la eventualidad de elecciones anticipadas.
Y por otra parte, es probable que el independentismo tenga en el gobierno del PP al interlocutor perfecto para hacer del victimismo su verdadera razón de existencia. La derrota perfecta.

Golpe a golpe, el PP se ha ido apoderando de parcelas clave del Estado, diluyendo la separación de poderes en un sistema único,  y se ha aplicado en el empeño de vaciar de contenidos las instituciones locales y autonómicas. Ello ha permitido a Rajoy presentarse como el guardián de las esencias constitucionalesy del Estado de Derecho, y ocultar la gran ola de corrupciones y desigualdades extremas, que amenaza con sepultar conquistas históricas de los trabajadores y de los ciudadanos en general.
Casi tal cual, a lo que ocurre en el lado opuesto desde hace años. El resurgir del independentismo tiene mucho que ver con el interés de eludir las graves dificultades internas de la sociedad catalana en la construcción mítica de un Estado nacional- popular.
Pero, también, con las derrotas de la izquierda europea y española y la influencia contagiosa de una Europa en vías de disgregación, ante el avance de los nacionalismos de derecha y fascista. Brexit, Hungría, Polonia… 

2- En busca de la patria perdida

No cabe duda. En esta confrontación entre nacionalismos de signo inverso, el mejor aliado de Puigdemont no es otro que Rajoy. Y al contrario. Tanto por lo que expresan como por lo que encubren en común.
No hay leyes ni reglas capaces de someter las voces y la sentimentalidad de un pueblo en pos del paraíso, en su eterno combate de liberación contra el opresor, cuando fía la verdad de su empresa en la legitimidad de una historia revelada y en su condición de víctima perenne.
Mal asunto cuando un pueblo en marcha se envuelve en la retórica de la patria y la nación, en busca de un destino manifiesto inscrito en la noche de los tiempos.  Entonces, la legalidad carece de transcendencia, sea la constitucional o la del Estatut.

De ahí, que pese a todos los pronunciamientos del Estado, de los letrados de la Cámara catalana y del Consejo de Garantías Estatutarias, Junts pel Sí haya violentado sin complejos  tanto el Estado de Derecho como su propia legalidad, haciendo aprobar las leyes de Referéndum y de Transitoriedad con España, en virtud de un bien inabordable e inaprensible.
Jueces, fiscales, policías, funcionarios, aparatos de información y comunicación, desatados por el Estado español contra el pueblo elegido (nosotros), por un gobierno y una monarquía (ellos) de un país extranjero, en nombre de una Constitución foránea y de leyes extrañas, están abocadas a rebotar en la coraza independentista. No las reconozco, proclaman. Europa ha sido testigo de la violencia indiscriminada contra Catalunya:España nos oprime, nos hiere, España nos roba.
El escenario soñado: golpe de mano institucional y rebelión popular de los menestrales sin fortuna, abandonados por la nobleza de la industria y el dinero contra un Estado autoritario e impositivo. Ley y Orden para Catalunya.
De este modo, se resucitan las viejas gestas del mito fundacional y plebeyo, desde la ocupación de Catalunya por las tropas de Felipe V en 1714 al fusilamiento de Lluís Companys (1940). Una historia marcada por un bucle inacabable de rebeliones y derrotas, a la que se añade una gravísima afrenta reciente que avalaría la insumisión: las modificaciones al Estatuto de 2006 por el Tribunal Constitucional en 2010.

Recordar, en cambio, que estas no afectarían a la reforma del Estatuto de Andalucía en 2007, redactado en los mismos términos que el Estatuto catalán.
Ello no obstaculizó que Mas mantuviera una estrecha colaboración con el gobierno de Zapatero (abstención en la reforma del art. 135) y, posteriormente con Rajoy, mientras el Estado rompía puentes con Catalunya ante la indignación popular. Estaba en juego la gobernabilidad del Estado (¿?) y la supervivencia política del President al frente de la Generalitat.
Parece razonable, entonces, considerar que una de las principales causas del resurgir independentista, tan importante o más que la reforma del Estatut, fuera la plena sintonía de Mas con el gobierno de Rajoy en el plano de las privatizaciones, el empleo, etc. ¡Qué tiempo aquel, el de su llegada en helicóptero a un Parlament rodeado de jóvenes al grito de no nos representas!

¡Hay razones poco virtuosas, incluida la corrupción rampante de sus gobiernos, que el corazón entrelazado de la España nacional e independentista se niegan a reconocer!
El President Puigdemont ha cometido errores políticos de una magnitud irreparable para su causa, ¿o acaso, no?:
1) Reclamar la independencia con argumentos del siglo XIX (el populismo historicista y romántico) frente a un Estado organizado en modo siglo XXI.
 2) Impugnar un Estado cuya soberanía ha quedado subsumida, en gran medida, en una entidad supranacional, la UE, de la que depende en un altísimo grado (Tratado Constitución Europea).
 3) Obviar leyes fundamentales de la economía moderna, una de ellas la internacionalización y desterritorialización  del capital y de las fuerzas de la ciencia, la técnica y el trabajo.

Cientos de miles de personas habitualmente silenciosas tomaron el pasado 6 y 7 octubre las calles de Barcelona, Madrid y otras ciudades, reclamando en voz alta nuevas vías de diálogo.
Abrir un nuevo espacio de negociación sin condiciones previas, ya sería en sí mismo un objetivo deseable. De entrada, sin la aplicación del art. 155 y con la retirada definitiva de la declaración de independencia, al menos, en términos operativos.
Con una agenda económica, social y financiera que comprenda los intereses del conjunto de las CCAA.
Con la previsión de apertura de nuevas puertas constitucionales, jurídicas y políticas que faciliten un nuevo encaje de Catalunya en España de forma estable y duradera. ¿Será posible?  



jueves, 12 de octubre de 2017

Tres propuestas para salir del pantano catalán



Primero fueron Bank Caixa y el Banc de Sabadell las que trasladaron fuera de Cataluña sus sedes sociales. Les acompañaron empresas importantes en esa operación. Altos cargos de la Generalitat –entre ellos Junqueras--  respondieron aquello de «Sin novedad, señora Baronesa». Tras el chocante discurso de Puigdemont –declaro la independencia, pero la dejo en suspenso--  el rosario de empresas que emigran se amplia. Pongamos que hablo de la Editorial Planeta, Bimbo, Aguas de Barcelona, Axa y otras. Es decir, sigue la marcha de la alta nobleza empresarial. Estamos, pues, ante lo que antiguamente se llamaba un salto cualitativo. No verlo es estar en las Batuecas.

Ahora se agrava la cosa. Ya no se trata del traslado de las sedes sociales, sino de las sedes fiscales. Es el caso, entre otras, de Caixa Bank, Bank de Sabadell y Planeta. Un paso más. ¿Seguirán diciendo que es irrelevante? Vale la pena señalar que Puigdemont no pensó que algunas advertencias que venían muy de atrás –caso de Planeta, por ejemplo— se llevarían a cabo. Como, todo hay que decirlo, la alta nobleza de los capitales tampoco imaginó que se llegaría a estos extremos. Sin duda, de continuar en esta tensión la fuga de empresas puede ampliarse. Desgraciadamente. Es más, cualquier rumor lanzado por alguna cofradía de energúmenos podría empeorar las cosas, ya bastante deterioradas.

Estimo que en estas circunstancias sería de utilidad lo siguiente: a) una respuesta de compromiso por parte de Puigdemont al requerimiento que Rajoy le ha hecho; b) la apertura de un proceso de negociación entre ambos gobiernos, lo que debería comportar la suspensión del artículo 155; y c) un acuerdo empresarios y sindicatos que, de momento, frene el éxodo empresarial. Son, por supuesto, salidas imperfectas como todo lo atinente a la política. Pero representarían un punto de templanza.  Es mejor la imperfección que acogerse a los aromas terciarios de barrica.

Me permito un desahogo: no tenga reparos Puigdemont en perder a la CUP como acompañante. Soy del parecer que siempre habrá un alma caritativa que le eche una mano. 


miércoles, 11 de octubre de 2017

¿Se ha declarado la independencia?



El discurso de Puigdemont en el Parlament de Catalunya se podría calificar de política hermafrodita. De un lado, un planteamiento claramente independentista; y, de otro lado, un desenlace de demora del problema. Por una parte declara la independencia de Cataluña, de otra la deja en suspenso durante un impreciso ´cierto tiempo´, unas semanas. Así pues, de hecho, las cosas están más confusas que antes, aunque formalmente cabe una posibilidad de que ese cierto tiempo se aproveche.

Puigdemont se ha visto obligado a dejar en suspenso su declaración porque la presión que ha recibido desde ciertas instancias internacionales ha sido enorme, por lo que necesitaba hacer ese gesto estético y, también aunque en menor medida, por el agobio que le supone la marcha de las sedes sociales de importantes empresas a otras comunidades autónomas. Al mismo tiempo, Puigdemont podría estimar que, durante ese ´cierto tiempo´, unas semanicas, el Gobierno español diera un mal paso que restara aliados, políticos y mediáticos, al hombre de Pontevedra. Y credibilidad en la escena internacional, no es casual que esta suspensión de lo declarado coincida al pie de la letra con la propuesta torticera a la eslovena de su eurodiputado Tremosa.

Formalmente ese ´cierto tiempo´ --menos da una piedra--  abre alguna posibilidad de una negociación. Ahora bien, conviene darle valor a los conceptos. Una negociación ¿con qué contenidos y sobre qué? Puigdemont quiere negociar cómo se va Cataluña de España, no en qué condiciones quedarse.  La prueba más inmediata de ello está en que la declaración de independencia la justifica en los resultados del “referéndum”  del 1 de Octubre como fuente de legalidad y legitimación. Como genoma del nuevo Estado catalán. Pero suspende la declaración durante un tiempo, que ya ha indicado que no serán meses, sino tal vez semanas, como un gesto de buena voluntad. En todo caso, para compensar al apostolado militante, los diputados de Junts pel Sí firman una declaración de principios manteniendo los objetivos de la declaración unilateral de independencia (1).  

Las conclusiones de Puigdemont cayeron con una jarra de agua helada en la CUP. Cara de pocos amigos, no aplauden el discurso. Con lo que la CUP aprovechará, sin duda, ese ´cierto tiempo´ para promover movilizaciones, que mezclarán –cosas veredes--  al hombre de Pontevedra con el calzonazos de Puigdemont (Roma no paga traidores). En otras palabras, el alto voltaje seguirá instalado en Cataluña.

¿Negociación? Por supuesto. Negociación para que Puigdemont retire de manera definitiva su declaración de independencia. Y mientras se produce esa hipotética negociación el hombre de Pontevedra no debería poner en marcha ninguna medida que lo dificultara. Oiga, caballero, no joda usted la marrana. 


1)  http://www.lavanguardia.com/politica/20171010/431970027817/declaracion-de-independencia-catalunya.html


martes, 10 de octubre de 2017

Lo que tenga que sonar, sonará



Alea jacta est! O, lo que es lo mismo: se acabó el carbón, la suerte está echada. A eso de las siete de esta tarde sabremos a qué atenernos. Veremos si Puigdemont proclama, declara o aclara la independencia de Catauña o sobre Cataluña. Y un minuto más tarde sabremos qué hará el hombre de Pontevedra. De momento todo son cábalas y especulaciones en  las covachuelas y chiscones de Barcelona y Madrid. En todo caso, huele a azufre. Y, como decía el filósofo de Parapanda «lo que tenga que sonar, sonará».


Lo que no sabemos es si santa Rita de Casia, abogada de los imposibles, estará de guardia.


lunes, 9 de octubre de 2017

La manifestación de ayer de Barcelona



Sólo mi carácter entrometido me empuja a referirme a la manifestación de ayer en Barcelona. La seguí atentamente por televisión, saqué mis conclusiones provisionales y cuando me puse a escribir empezaron los problemas. Unos problemas que no tendrán los que tiran de twitter que, en un plis plas, redactan una nota de urgencia a golpe de significantes vacíos, que diría Íñigo Errejón. Mis dificultades crecían a la hora de explicarme los por qué de la masividad de la marcha.

No soy capaz de urdir una explicación aproximadamente convincente, al menos para mí mismo. Los que escriban una octavilla sobre el particular no tendrán ese problema. Pero sí entiendo que esa movilización es una novedad de la que alguien con seso deberá sacar conclusiones. Porque se trata de un fenómeno político y sociológico digno de reflexionar a calzón quitado.

El independentismo militante (los hunos) lo tratará como un fenómeno de importación; los del PP y Ciudadanos (los hotros) sacarán sus ideológicas conclusiones arrimando el ascua a sus sardinas particulares. Los hunos y los hotros venderán solamente una parte de la espuma de lo ocurrido ayer en Barcelona. El combate entre ellos sobre lo de ayer será a golpe de consigna. Twitter mediante.

Los hunos afirmarán que los centenares de miles de manifestantes era «gente de fuera»; como máximo unos pocos miles. Me arriesgo a perder conocidos y saludados si afirmo que la inmensísima mayoría era de aquí. Sé perfectamente que los trenes de Cercanías iban atestados de personas, que los metros de Badalona, Cornellá y Santa Coloma iban repletos. Los hunos también lo saben. Los hotros responderán a golpe de machamartillo. Los hunos dirán que aquello olía a Rajoy, pero obviarán por qué la cosa ha tenido tan elevado número de asistentes. En fin, pelotas fuera.

Que un servidor tenga dificultades para entender mejor la cosa, no impide que intuya que mayoritariamente no era gente de derechas, simplemente es un personal que ha decidido no avergonzarse de sentirse español, sea esto lo que fuere. Personas que, con toda probabilidad, es la primera vez que acuden a una manifestación política, pero que sí lo han hecho en combates de fábrica y vecinales. En resumidas cuentas, esa gente estaba ya antes. Una gente que necesita tener una patria. No son como yo, que lo único que necesito, de vez en cuando, es liarme un cigarrillo de caldogallina. Por prescripción facultativa. 







domingo, 8 de octubre de 2017

¿Por qué se van empresas de Cataluña?



Oriol Junqueras está tratando de restar importancia a la marcha de las sedes sociales de algunas firmas importantes de Cataluña hacia otros lugares.  Puro politiqueo. En mi opinión se trata de enviar una consigna a sus parciales, manteniendo el modelo de armar la tensión. ¿En qué cabeza cabe que pueda tener credibilidad que la marcha de los dos principales bancos catalanes, que la multinacional Gas Natural y ahora Aguas de Barcelona es algo irrelevante? Cabe en la mente del apostolado militante cuya necesidad es dar primeras respuestas simples para mantener un tinglado que no se esperaba una reacción empresarial de tanta contundencia. Lo primero, la consigna; después, ya veremos.

La marcha de estas firmas no es algo irrelevante. Lo de menor cuantía es las imposiciones fiscales de estas empresas en Cataluña. Lo de mayor diapasón es el mensaje que envían a los mercados y las agencias de rating. A saber, ojo con hacer operaciones en Cataluña, aquello es un pandemónium con graves repercusiones.

Observen ustedes que la estrategia de la marcha de las firmas no ha sido un pronto ni se está haciendo a estilo compadre. Cada día que pasa aparece una nueva firma que dice que está haciendo las maletas. Ahora se habla de Codorníu y Freixenet, de Catalana Ocidente y Abertis y otras. Digamos que están dosificando la operación.  Por lo que la respuesta de Junqueras --«no hay novedad, señora Baronesa»--  o es de pánfilos o de indocumentados. Es también una operación hablada con el Gobierno que, en menos que canta un gallo, ha dado facilidades para que el cambio de sede se haga por la vía rápida, o sea, sin necesidad de reunir al Consejo de Administración. O sea, estaban al corriente.

Algunos analistas se están preguntando por qué ha tardado tanto la gran empresa en reaccionar. Supongo que les era difícil creer que Puigdemont y Junqueras no llegarían a esos extremos. Así pues, sobrevaloraron la capacidad política de estos dos caballeros, de la misma manera que el hombre de Girona tampoco quiso creer que el empresariado pusiera rumbo más allá del Ebro.

El gran empresariado reaccionó cuando le pisaron el callo físicamente. Cuando vio que miles de impositores, fuera de Cataluña, empezaron a retirar miles y miles de euros de las entidades financieras catalanas y cuando bajaron los pedidos a empresas catalanas. En conclusión, son motivos económicos –de parné--  y no razones ideológicas. Lo que es suficientemente enseñado en primero de Lorenzo de Medici a los empresarios.  Y, según parece, no explicado en primero de Herder para Puigdemont y Junqueras.

No pierdan el tiempo llamándoles apátridas a los grandes empresarios. Algunos lo sabemos desde que nos lo avisó el barbudo de Tréveris.

Dejamos, pues, constancia de la indigencia política del govern de Catalunya y sus parroquianos. Y, mientras tanto, insistimos retóricamente: ¿quién paga este estropicio?   


¿Qué cómo salimos de este descomunal barullo? Lean detenidamente la resolución de la Comisión Ejecutiva Confederal de CC.OO en http://japariciotovar.blogspot.com.es/2017/10/una-llamada-la-sensatez-la-propuesta-de.html


sábado, 7 de octubre de 2017

El Opus Dei y el independentismo



1.-- «Cataluña no está lista para la independencia real». Lo ha dicho Artur Mas en el Financial Times.  Veamos: ha dicho “independencia real”. Lo que según el caballero comportaría una cierta diferencia entre independencia irreal, independencia estilo compadre y tantas variables como cada paladar pueda resistir. Importante y tardío este matiz artúrico que, sin embargo, no aclara por qué él y sus parciales han sometido a la ciudadanía a tan sonada precipitación con la truculenta Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Y menos aún despeja a qué tipo de independencia se convocaba el día 1 de Octubre. ¿O eran por su parte fuegos de artificio?

Propongo esta hipótesis: o Artur Mas es un aventurero de la política o es un completo indocumentado. Pero, a estas alturas, es muy difícil creer que el caballero de tan alto plumero desconocía la diferencia entre querer proclamar unilateralmente la independencia y ejercerla.

2.--  Oriol Junqueras hace dos días declaró al programa televisivo Al rojo vivo, que no cree que las firmas que han anunciado la marcha de las sedes sociales a otras latitudes lo hagan realmente. Horas más tarde zarpan a otros destinos Caixa Bank y el Banco de Sabadell. Se produce la decisión. Junqueras con voz tartajosa reacciona: «Bueno, pero no se va a Madrid, siguen en los Países Catalanes». Algo así como ciego yo, tuerto tú. Pero otra firma de las grandes, Gas Natural, hace las maletas y se va a… ¡Madrid!.  Retortijones a granel en las covachuelas de la Generalitat.

3.-- Los ideales del independentismo de Mas y Junqueras son legítimos, pero ambos han engañado a la ciudadanía aventurando que la operación era coser y cantar. Hasta el divino Romeva vendió el tinglado asegurando que, tras la independencia, la Unión Europea apoyaría al nuevo Estado en cinco minutos. Sancta simplicitas!  Ni siquiera el Papa Francisco apoya la operación. Por cierto, con esta decisión el Vicario de Cristo se ha ganado más inquina todavía del sector del Opus Dei, sacerdotalmente parroquiano militante del independentismo. Cuestión ésta que, hasta la presente, han guardado celosamente los estados mayores catalanes. Muy alargada es, por lo que parece, la sombra de Escrivá de Balaguer.


5.--  La pregunta inquietante: ¿quién paga ahora los costes de este descomunal camelo?


viernes, 6 de octubre de 2017

Mesura, profesor Bernardos



Se confirmó lo que se comentaba en los mentideros: Caixa Bank y el Banco de Sabadell hacen las maletas y se marchan a otras latitudes. Ahora los rumores apuntan a que harán tres cuartos de lo mismo Gas Natural y Abertis. Todas ellas son firmas de mucha envergadura. Pues bien, todavía ayer Oriol Junqueras cantinfleaba en el programa Al rojo vivo: no se irán de Cataluña. Puro apostolado.

Ciertamente, la marcha de estas grandes firmas es una pésima noticia. Ahora bien, conviene no perder la templanza ni los nervios.  Porque con esta crisis tan descomunal cualquier media verdad, rumor infundado o planteamiento frívolo puede acabar en un estropicio caballuno. Por ejemplo, ayer el conocido profesor Barnardos (que se está ganando a pulso ser llamado profesor Petardos) insistía en que puede haber un corralito en los bancos en Cataluña. Aconsejaba temerariamente que todos los impositores hicieran como él, a saber: abrir cuentas pantalla en bancos fuera de Cataluña. Incluso un analista tan temperado como Manel  Pérez hace hoy en La Vanguardia, un paralelismo entre el corralito griego y lo que puede ocurrir en Cataluña. 

La situación están tan tensa y confusa que todavía puede aumentar su voltaje con declaraciones de este jaez. Prohibido frivolizar, pues. En parte entiendo que este tipo de augurios –los de Petardos y Manel Pérez--  podrían ser algo así como «ya lo dije yo». Puro narcicismo. O, en el caso del redicho Petardos asegurarse de por vida su condición de tertuliano de cabecera.



jueves, 5 de octubre de 2017

Puigdemont dijo y no dijo



Comparecencia televisiva de Puigdemont. Cuidada y sobria escenografía. Al fondo, una puerta abierta que, tal vez, indica un guiño o, quizá, es un descuido de un portero indolente. Las líneas del discurso son: autojustificación de lo hecho, crítica contundente a las fuerzas policiales, rapapolvo al Jefe del Estado y silencio ante lo más esperado, no menciona la declaración unilateral de independencia. Esto último, sin género de dudas, es lo más llamativo e importante.

Puigdemont –entiende un servidor, que no se cae de un guindo--  ha rebajado la tensión. Seguimos ciertamente al borde del precipicio, pero no ha dado un paso adelante. En todo caso, señalo que horas antes había declarado ante un importante rotativo alemán que la proclamación unilateral de la independencia seguía su curso. “Horas antes”, he dicho. Pero en estos momentos ese tiempo es muy largo. Las horas son muy largas o se hacen muy largas.

Sea como fuere, Puigdemont no ha tensado la cuerda. Lo que implica hacer algunas cábalas: que en su partido las cosas no están tan claras o bien que han aparecido fuertes presiones para encontrar una salida negociada al conflicto, o tal vez porque la economía empieza a enviar algunas señales preocupantes. O por todo junto.

Formalmente Puigdemont se ha movido. Por un lado, sabe que la Unión Europea no le va a echar un capote públicamente; por el otro, debe tener algunas informaciones de la presión oficiosa de algunos mandatarios europeos que buscan una salida pactada al problema. El hombre de Pontevedra debe tomar nota de lo que ha dicho Puigdemont. De lo que ha silenciado –aunque sea momentáneamente--  el hombre de Girona. Y de los movimientos de las fuerzas políticas que están interesadas en iniciar un curso que apacigüe y relaje la tensión. Es más, si tuviera olfato este caballero caería en la cuenta que una parte de su propuesta –esto es, la mediación internacional--  se ha producido: indirectamente el Vaticano está detrás. Que los mitrados de Barcelona y Madrid se hayan lanzado a la mediación es cosa del Papa Francisco. Ingenuidad, no padre. Cuando uno está en puertas de los ochenta años no acostumbra a caerse de un guindo.

Seguimos en el precipicio. Conténganse los ánimos suicidas. Podemos estrellarnos y quedar con los sesos hechos fosfatina.


Tomo precauciones: escribo este post a las 10,44. Mientras tanto, me encomiendo a la sugerencia de Lucho Gatica que cantó aquello de Reloj, no marques las horas


miércoles, 4 de octubre de 2017

La declaración unilateral de independencia a la vista



Toda política tiene sus propias consecuencias. Y en no pocas ocasiones van en dirección opuesta a los deseos de quienes las ponen en marcha. Más todavía, los políticos acostumbran a ocultar a la ciudadanía los efectos de lo que diseñan. Este es el caso del conflicto, ahora ya monumental, entre los hunos y los hotros sobre la cuestión catalana, que –desde hace algún tiempo--  se ha convertido en un problema de toda España.

Pugdemont y sus masoveros se disponen a proclamar la declaración unilateral de independencia, llamada tecnocráticamente (diu); Rajoy y sus mesnaderos tienen ya preparado el papel de aplicación del artículo 155 de la Constitución. Todo indica que podría ser en cuestión de días. Tan caballuno conflicto parece tener un objetivo: la derrota del contrario. O sea, vita mea mors tua, que decían los antiguos romanos. En todo caso, olvidan los hunos y los otros que ninguna derrota es definitiva, y que incluso el vencedor en su aparente victoria acaba pegándose un tiro en el pie. Vamos, que nadie sale indemne de un conflicto de esta envergadura y naturaleza.

La declaración de independencia tendrá unas consecuencias que sus patrocinadores silencian a la ciudadanía; la aplicación del 155, como reacción, tendrá unos efectos que sus fautores también ocultan al personal. Digamos las cosas con austera severidad: Puigdemont no podrá controlar las consecuencias de su diu; y está por ver qué control tendrá Rajoy sobre la situación. Anomia pura. Y, a la larga, en Cataluña la gente acabará derrotada y dividida. Es una combinación explosiva –derrotada y dividida--  para la que, al menos Cataluña, no está preparada.

Lo peor del caso es que aquí, en Cataluña, al menos por ahora, no parece haber un sujeto colectivo que sea capaz de reunificar los retales de ese cajón de sastre. Así pues, todo indica que el lema de los hunos será «que salga el Sol por Antequera» y el de los hotros «que salga el Sol por Llavaneras». Que más allá del topónimo es lo mismo.


Ni un guiño por parte del sexto Felipe. Como diría mi amigo malagueño Salvador Marín arroz pelao sin una gamba.


martes, 3 de octubre de 2017

España es el enemigo, dicen.



Hay sectores del independentismo que tienen como objetivo el enfrentamiento de Cataluña con España. Digamos que es el independentismo de apostolado. Que, por lo general, está espoleado por los grupos dirigentes del independentismo político. Es el intento organizado de confundir a la opinión pública equiparando a España con su gobierno. O con los sectores ultras de la derechona o con los cenáculos de la izquierda que se disfraza de noviembre para no infundir sospechas. No es de ahora, cierto. Tampoco es de ahora que esto tiene su reciprocidad: los históricos y recientes despropósitos del independentismo son atribuidos a todos los catalanes por igual. El objetivo es, pues, que las brasas del rescoldo no se apaguen. Da votos a ambos lados del Ebro.

Y, sin embargo, la corriente de simpatía por Cataluña –en unos momentos más que en otros— nunca ha desaparecido. Tampoco ahora. No son pocas las ciudades que, fuera de Cataluña, han acompañado solidariamente el llamado derecho a decidir o ahora con manifestaciones de frontal oposición a la injustificada intervención de los cuerpos policiales durante el día 1 de Octubre. Decir que España está contra Cataluña no solo es una exageración a sabiendas y queriendas sino un arma interesada de confrontación política.

El problema es el Partido Popular y sus mesnadas de secano. El problema es la retroalimentación que, entienden, favorece a los hunos y a los hotros. O sea, las ganancias electorales que les depara ese enfrentamiento a través de los lenguajes. El problema es, también, los grupos dirigentes del independentismo de secano que, así mismo, quiere sacar –y saca dividendos--  de tanto disparate.

Permítaseme una evocación de tiempos antiguos. Los jóvenes comunistas de antaño teníamos un libro de culto: El único camino, de Dolores Ibárruri (Pasionaria). Ella era de familia minera. Nos contaba que los capataces en las minas azuzaban a los mineros navarros: los aragoneses sacan más carbón que vosotros. Y viceversa. Y aquellas almas de cántaro –jota va, jota viene--  se dejaban el lomo para demostrar quién estaba cargado de mayor virilidad y con atributos más potentes. Hasta que el sindicato minero empezó a poner un poco de orden, no sin fatigas y problemas. Con inteligencia y cojones.


lunes, 2 de octubre de 2017

La estrategia de la tensión



Comparto lo que, a vuela pluma y con carácter de urgencia, decía ayer Isidor Boix en su blog: http://iboix.blogspot.com.es/2017/10/recientementeme-he-pronunciado-en.html. Su propuesta tiene un defecto: es racional y llama a buscar una solución, salir de la estrategia de la tensión. Es inteligente y útil. Los romanos y los cartagineses quieren seguir en su reyerta hasta que no quede un alma en el campo de batalla. Eso es lo que se desprende de las declaraciones de ayer por la noche de Rajoy y Puigdemont. El huno y el hotro: «Más madera». Lo que provoca esta hipótesis: a los dos le conviene la estrategia de la tensión. O lo que es lo mismo: esto ya no va de política, sino (con perdón)  ¡por mis santos cojones!

La declaración de la huelga general fue declarada por la CUP en el mitin de clausura del independentismo, en el mismo acto donde se pronunció aquello de «Roma no paga traidores». Un completo sin sentido. Lo que es peor que afirmar que es un error. Un sin sentido porque esa épica no se orienta a solucionar un problema sino a envenenarlo todavía más. A darle mayor carga eléctrica. Que esa huelga proclamada no va exactamente contra la injustificada, torpe e inútil actuación de las fuerzas policiales lo demuestra el hecho de que fue convocada, como se ha dicho, dos días antes del 1 de Octubre. De donde se puede inferir lógicamente que su convocatoria estaba pensada para impedir que Puigdemont y sus heraldos dieran marcha atrás. Para que mantuvieran su mantenella y no enmendalla. 

Menos mal que nos queda la CS. de Comisiones Obreras y su resolución de ayer por la tarde, que sensatamente exige: «Instamos a encauzar la situación a escenarios de diálogo entre partidos y Gobiernos, negociación, deliberación y democracia son la vía. Habiéndose cumplido los peores augurios volvemos a reiterar el llamamiento a quienes tienen las máximas responsabilidades en ambos lados del conflicto a que desistan de adoptar nuevas medidas que puedan agudizar la confrontación. Hacemos un nuevo llamamiento a sustituir la estrategia de la tensión y el enfrentamiento por la del diálogo y la negociación.» (1). En resumidas cuentas: diálogo y negociación. Lo que equivale a una desautorización implícita tanto de la convocatoria de una huelga general como de la declaración unilateral de independencia. Así de claro. 

Digamos las cosas con claridad: sólo la Unión Europea puede forzar una negociación entre Rajoy y el govern de Catalunya. Sabemos de muy buena tinta que Alain Minc estaba trabajando en una posición conjunta de los gobiernos alemán y francés. El hombre de Pontevedra respondió que nanay. Y como aquellos atolondrados de moqueta parece que, metafóricamente, respondió con el castizo dicho de dejadme solo. Muy mala señal.

El problema está en que cuanto más tarde la Unión Europea en forzar esa situación, la salida será más complicada.