miércoles, 23 de julio de 2014

PODEMOS Y EL PARTIDO POPULAR



Los sistemáticos ataques del Partido popular y sus franquicias a Podemos, que no han hecho más que empezar, rayan en la locura. No pocos piensan que se trata de un error caballuno porque consiguen justamente lo contrario de lo que aparentemente persiguen: mayor entusiasmo en las filas de Podemos y nuevas adhesiones a esta organización. En efecto, una cosa es lo que dicen las encuestas, que auguran un ascenso –inquietante para algunos--  de Podemos, pero dichas encuestas indician un estado de opinión no irrelevante. Así las cosas, ¿qué interés tienen el Partido popular y sus franquicias en engordar a Podemos? Partamos, pues, de algunas hipótesis.

Aunque no está descartado que el Partido popular falle estrepitosamente en su reiterada campaña contra Podemos, no es concebible que sea tan rematadamente torpe y esté interesado en engordar a la nueva formación política. Debe haber gato encerrado. Y si el gato está de esa manera, tal vez sea oportuno indicar algunas hipótesis que expliquen la postura del Partido popular.

Rajoy y sus franquicias dan por sentado que Podemos puede dar el campanazo, consiguiendo atraer votos de los cuatro puntos cardinales de las izquierdas. De este modo –supondrían las derechas españolas--  las izquierdas verían mermadas su representación y representatividad. Pero este ascenso, por importante que fuese, no daría más izquierda en el Parlamento. Hablando en plata, la hipótesis de las derechas es que, en esa tesitura, ganarían las elecciones generales. Salvando las distancias entre estas elecciones generales y las municipales, por ahí deben ir los tiros del planteamiento de que en los ayuntamientos gobierne la lista más votada.

Quede meridianamente claro: no estoy insinuando, ni siquiera por asomo, de que haya un cambalache entre  Podemos y el Partido popular. Lo que estoy refiriendo atañe a la estrategia de la derecha española. Y, en ese sentido, poca cosa se le debe achacar a Podemos. A la que no se le puede pedir que templen su estilo para que cese la agresividad del Partido popular. Y, dicho sea de paso, tampoco sería buena cosa que el resto de las izquierdas –desde la moderación del PSOE hasta Izquierda Unida--  plagien la manera de ser de esta «izquierda libertaria» que representa Podemos. Utilizo la expresión «izquierda libertaria» en unos términos que recuerdan al maestro Bruno Trentin.

¿Qué hacer, pues? Doctores tiene la iglesia, que diría un devoto. Pero no somos partidarios de dar una larga cambiada. Primero, que toda la izquierda, también Podemos, sepa que el peligro real (y la hipótesis no descartable) es que si vence el Partido popular las políticas económicas y llamadas sociales seguirán su actual curso, sintiéndose relegitimadas las que han llevado a cabo en los últimos años. Más todavía, el Partido popular seguirá ocupando hasta el último resquicio del Estado. Segundo, las izquierdas nuevamente minoritarias donde se cuecen las habas seguirán siendo irrelevantes para proceder a los diversos desafíos que, con mayor o menor énfasis, proclaman. Dicho lo cual se corre el peligro de entrar en una especie de «imperfecta revolución pasiva», a saber: «la revolución pasiva, dice Gramsci, se produce a partir del bloqueo de una situación potencialmente revolucionaria, cuando ni las fuerzas de progreso ni las de la reacción consiguen hegemonizar el proceso. Una situación de este tipo suele desembocar en un acomodo, en una reconstitución de las clases sociales dentro de un nuevo orden capitalista», como nos recuerda Paco Rodríguez de Lecea en repetidas ocasiones. Hablo de «imperfecta» porque no estamos ante «una situación potencialmente revolucionaria», pero podría agudizarse el hecho de que la izquierda –peor aún si está dividida y derrotada nuevamente--  no pinte una oblea.

Hechas estas hipotéticas previsiones la izquierda debe partir honesta y realistamente de que ha sido derrotada, pero que tiene la voluntad de salir felizmente de ese hoyo. Para ello parece oportuno que la izquierda entierre la trágica postura de «mors tua vita mea». O sea, suba yo electoralmente a cambio de que te estrelles. Esto es el sorpasso inútil, que deja las cosas, como mínimo, igual que estaban. Igualmente parece conveniente que las izquierdas establezcan un «programa de mínimos común» frente (y contra) las derechas políticas y sus franquicias. Métase, pues, en el sótano el engreimiento de algunos, la pachorra de otros y las pocas luces del todos ellos. Y, sobre todo, recuerden lo que decía el clásico: «El objetivo de la medicina no son los médicos sino los pacientes», que –traducido a lo que nos interesa--  vendría a decir: la misión de la política no son los políticos sino la ciudadanía. Dispensen si chocheo, pero a mis ochenta años es una obligación tener algunas dosis de chochez.   

Radio Parapanda. LA DEMOCRACIA ES SUBVERSIVA y  LA POLÍTICA NO ES UN JUEGO DE ROL



martes, 22 de julio de 2014

1) EL SOCIALISMO LIBERTARIO DE TRENTIN Y FOA



Nota editorial. Publicamos la primera parte del capítulo «El socialismo libertario: Trentin y Foa» del libro La sinistra di Bruno Trentin. Recordamos que las anteriores entregas se publican correlativamente en http://theparapanda.blogspot.com




Iginio Ariemma



Vittorio Foa y Trentin se conocieron en Milán el primer día de la Liberación. Lo cuenta Vittorio en su autobiografía. Juntos redactaron el llamamiento a las brigadas de Giustizia e Libertà para la insurrección de Milán. Se inicia con la frase que tanto agradaba a Bruno: «La bandera roja ondea en Berlín».  Foa dice que Bruno estaba bajo la influencia de Leo Valiani. Casi seguramente es verdad: de hecho, Silvio Trentin, antes de morir en la clínica de Monastier, fue visitado por Valíani que entonces era el responsable del Partito d´Azione en la Alta Italia.  Silvio confió a Leo Valíani el cuidado de sus hijos y, particularmente, de Bruno que todavía no tenía dieciocho años. El padre murió el 12 de marzo de 1044. El nombre de partisano de Bruno era Leone, que intervino en la zona Prealpi del Véneto; después  del ataque de las tropas nazifascistas del verano y otoño fue a Milán y se convierte en uno de los más estrechos colaboradores de Valíani y del Comité nacional de Liberación.

Entre Foa y Trentin hay más de sesenta años de relaciones. Que, como es natural, han tenido altos y bajos, pero que siempre se caracterizaron por un grandísimo afecto y una recíproca estima. Hablar de amistad es, quizá, muy poco. Entre ellos había una diferencia de edad de dieciséis años. Bruno consideraba a Vittorio como si fuera su hermano mayor o, tal vez, algo más.  Le tenía una especie de devoción y una relación de protección. De Vittorio apreciaba su gran curiosidad intelectual, el espíritu de búsqueda y la capacidad de ir al núcleo de los problemas, sin conformismos y, sobre todo, interpelándose a sí mismo.  Al mismo tiempo, Vittorio valoraba la inteligencia de Bruno y su autonomía intelectual. Foa, todavía en el verano de 2006, antes de la caída de la bicicleta y de la parálisis de Bruno, lo entrevistó para ayudarlo a escribir su autobiografía. Foa quería comprender. Sobre dos temas era curioso: su relación con el PCI y el europeísmo; dos temas que señalaban especialmente la identidad de Bruno. Obviamente no puedo hacer un cuadro completo de las relaciones entre los dos, incluso porque ambos tuvieron «muchas vidas».  Ello exige una investigación amplia que deseo pueda desarrollarse en los próximos años. Me limito, pues, a indicar algunas líneas que espero puedan ser útiles a un trabajo futuro.


De la Resistencia  a los años cincuenta     


Foa y Trentin se frecuentaron con mucha asiduidad durante los dos años de vida del Partito d´Azione tras la liberación. Vittorio era uno de los secretarios del partido y diputado en la Constituyente; Bruno era dirigente del movimiento juvenil. Tras la disolución del partido en otoño de 1947 se presentaron dos opciones diversas: el primero se afilió al Partido socialista; el segundo estuvo en lista de espera, participando en la campaña electoral de 1948 apoyando el Frente democrático popular en contacto con la organización comunista de Treviso.  Bruno se licenció en la Universidad de Padua en octubre de 1949, bajo la tutoría de dos azionisti: Norberto Bobbio y Enrico Opocher. A finales de 1949 Foa es elegido vicesecretario general de la CGIL con el encargo de dirigir el Departamento de estudios. Así se inicia su colaboración con Giuseppe Di Vittorio, que tanta influencia tuvo con los dos. Ambos consideraban que Di Vittorio era el principal maestro que les enseñó que el sindicato es un sujeto no solamente social sino político, libre, autónomo, democrático, que no debe ser único sino unitario, ya que la unidad sindical es un valor en sí e incluso «un modo de analizar la realidad».  Gran maestro de sindicalistas; Foa dijo que Di Vittorio fue «su único maestro de política». Los movimientos del caballo vencedor que permiten superar el muro contra muro, en Il cavallo e la torre, son substancialmente los de Di Vittorio a partir del Piano del Lavoro, discutido y aprobado a finales de 1949: una experiencia que deja una impronta evidente en Foa y Trentin. Probablemente Bruno superó sus dudas y se afilió al PCI, tal vez en 1950, gracias a las enseñanzas y el ejemplo del gran sindicalista de la Puglia. No fue una adhesión fácil, ya que cortaba una larga tradición familiar como se desprende de su correspondencia en 1952 con Gaetano Salvemini sobre el caso Angelo Tasca (1).

Trentin y Foa, en los años cincuenta, recorrieron juntos mucho trecho. Empezando por la batalla interna sobre el llamado «retorno a la fábrica» tras la derrota de la FIOM en la FIAT en 1955.  Trentin siempre consideró que Foa fue uno de los principales artífices del giro que llevó a la CGIL a repensar la estrategia sindical, que ponía en el centro los problemas relativos a la condición y organización del trabajo. Y pour cause Di Vittorio hizo que Foa y Novella (otro protagonista de la batalla) fuesen elegidos nuevos secretarios de la FIOM. También Trentin, pero sin desarrollar ninguna función importante; de hecho, durante un par de meses –junto a los compañeros de la Camera del lavoro de Turín— hiciera una investigación sobre la condición de los trabajadores de la FIAT, que fue decisiva para convencer a Di Vittorio del cambio de estrategia. Fue muy intenso el debate en aquellos años, en el interior de la izquierda, sobre el progreso tecnológico y la modernización y sus efectos sobre la clase obrera. Foa y Trentin investigaron sobre estos problemas.  Ante todo rechazaron las tesis catastrofistas o simplemente inmovilistas del desarrollo capitalista con todas sus consecuencias: empobrecimiento creciente de los trabajadores, expansión del ejército de reserva, etc. En segundo lugar, contradiciendo la tesis de que el capitalismo italiano estaba atrasado –harapiento, se decía—e incapaz de producir la innovación y modernización del país. Efectivamente, el artículo de Foa, Il neocapitalismo é una realtà, de 1957, provocó polémicas. Pero todavía más lo fue la ponencia de Trentin sobre las doctrinas neocapitalistas en el seminario del Istituto Gramsci en 1962. La idea común de ambos, pero no solo de ellos, incluso de Antonio Giolitti y Silvio Leonardo, era que había que mirar dentro del progreso técnico, ver las contradicciones y los efectos en la condición de trabajo y, sobre todo, buscar un nuevo modelo de desarrollo y transformación de la sociedad.  Lo más relevante fue la ponencia escrita a dos manos en 1960 titulada «La CGIL frente a las transformaciones tecnológicas de la industria italiana» para el seminario internacional de estudio del progreso y la sociedad italiana, que organizó Franco Momigliano, otro azionista, con la participación de los investigadores italianos más importantes y de Georges Friedmann, que impresión a Bruno con sus razonamientos sobre la humanización del trabajo [Nota del Traductor. Esta ponencia fue publicada en el libro Los fraudes de la productividad, que editó Nova terra en 1968, que algunos sindicalistas de mi quinta la leímos a fondo. La guardo como oro en paño]. Trentin, en otra ponencia, insiste en la autonomía contractual del sindicato en la empresa frente a las transformaciones tecnológicas [También en el mencionado libro, editado por Nova terra, figura esta ponencia. N. del T.]. Paralelamente a la expansión del fordismo, otro tema de debate interno en la izquierda de aquellos años fue el de la democracia obrera y del control obrero.  

Es en aquellos años  cuando se refuerza el anti determinismo, ya muy acentuado, de Foa y Trentin.  En la primera fase de esta discusión, a decir verdad, los protagonistas son otros, no ellos: no sólo Raniero Panzieri y Lucio Libertini, que presentaron las famosas siete tesis sobre el control obrero (1958), sino también L´Unità turinesa que antes abrió sus páginas a un debate sobre los institutos de la democracia obrera, los delegados, la reducción del horario y las condiciones de trabajo, sobre todo en la FIAT. Cuando se habla de los años cincuenta no se puede, sin embargo, ignorar el acontecimiento de la revolución húngara (1956) y la represión soviética. La condena de la represión, común en Trentin, Foa y Di Vittorio (de toda la dirección de la CGIL) tuvo una gran importancia en la búsqueda de la relación entre democracia y socialismo. Particularmente entre democracia obrera y desde abajo y la que será definida como la vía estatalista al socialismo.          


La izquierda sindical y el sindicato de los consejos


«Fue durante el milagro económico –escribe Foa--, la gran expansión económico-productiva de 1959 a 1963 cuando alcanzó cierto relieve la tendencia que fue llamada ´obrerista´ a la que estuve muy ligado. Sus partidarios en el sindicato eran los de la ´izquierda sindical´, una corriente de opinión, que nunca estuvo organizada, transversal dentro de la CGIL, entre socialistas y comunistas, y entre los socialcomunistas de la CGIL y los católicos democráticos de la CSIL».  Añade Foa: «La izquierda sindical… veía en la organización de la fábrica capitalista el modelo autoritario de la organización estatal de la sociedad. Una organización de la fábrica fundada en la iniciativa y el modelo de los obreros y empleados debía  convertirse en el modelo de un socialismo renovado. No sólo el Parlamento, también la fábrica tenía que ser la referencia de una construcción socialista» (2). El líder reconocido de ésta área  era Foa. En cierto modo manifestaba lo que era «la inspiración más fuerte de su vida política: la construcción desde abajo de un orden nuevo, el control y el autogobierno» (3). Es evidente la deuda de este planteamiento con los debates del mundo turinés: de un lado, la experiencia ordinovista y gramsciana de 1919 – 1920; de otro lado, el jacobinismo de matriz gobettiano y de las teorías de las élites de Gaetano Mosca, decidídamente crítica de la democracia representativa.  La nueva élite es la clase obrera. Foa, ya en los años treinta, antes de ser detenido, había madurado y tenía una posición más elaborada. Justamente Trentin en La ciudad del trabajo anota que «el intento del colectivo turinés de Giustizia e Libertà, y de su portavoz Le voci di officina, cuyos máximos exponentes eran Leone Ginsburg, Carlo Levi y Vittorio Foa se coloca aproximadamente más allá de la versión gramsciana de los consejos y de las teorías de Gobetti», ya que proyectaba un «sistema de de autonomías articulado también en la sociedad civil» (4).  De hecho le sitúa entre sus antecesores, en aquella izquierda diversa de la que se siente parte. Bruno percibe en el proyecto de autogobierno de GL turinés la misma inspiración que llevó a su padre, Silvio, a formular un esbozo de Constitución italiana, de clara impronta federalista –tanto hacia arriba como hacia abajo--  que tiene como pilares el sistema de consejos de empresa y el sistema de las autonomías territoriales. Foa repensará el jacobinismo gobettiano a favor de un socialismo no estatalista. En sus obras Foa llama socialismo libertario a esta inspiración. Es una fórmula feliz en tanto que el término socialismo responsabililiza socialmente la libertad, enriquece y completa la libertad con la responsabilidad. Esta experiencia tuvo su momento álgido en el otoño caliente con sus originales connotaciones. El acento sobre la libertad del trabajo está muy marcado. De hecho, los puntos más visibles son: la centralidad de la fábrica y la contestación a la organización del trabajo taylorista y fordista; la consecuente centralidad de la clase obrera industrial; la construcción de una democracia obrera (los delegados, la asamblea, los consejos) que el sindicato –aunque con mucha fatiga— reforma en una estructura unitaria propia. Trentin no sólo es parte importante de esta experiencia (como universalmente se le ha reconocido) sino que se convierte en el teórico más escuchado y en el líder más autorizado.

Años después, reflexionando sobre aquel periodo, dirá Foa:  «La experiencia consejista italiana fue importante… Hubo un equívoco sobre los consejos. Están en mi memoria, vividos plenamente como democracia directa sólo hasta finales de los años sesenta cuando la unidad sindical de los trabajadores metalúrgicos,  en los tiempos de Bruno Trentin». Y continúa: «Sin embargo, los consejos de los años veinte no fueron una experiencia de democracia directa, y fueron interpretados bajo el conflicto en el interior del Partido socialista entre las corrientes comunista y socialdemócrata».  No sé si se refiere también a los británicos, sobre los que escribió la Gerusalemme rimandata, aunque sí ciertamente a los italianos, alemanes y rusos. En mi opinión, Foa tiene razón. 

Sobre los consejos, en aquellos tiempos hubo una diferencia entre Foa y Trentin. Bruno era decidídamente por  el sindicato de los consejos, esto es, que los delegados y los consejos de fábrica fuesen elegidos, a todos los efectos, a instancias de la base del nuevo sindicato unitario; Foa era más propenso  a dar mayor autonomía a los delegados para substraerlos de las tortuosas situaciones  y tácticas sindicales, dándoles un mayor título como sujetos de un nuevo movimiento de masas, entre lo sindical y lo político (5). No eran las tesis de Il Manifesto que veía en los consejos un sujeto revolucionario sino una vía intermedia. Por otra parte, Foa veía estos instrumentos mucho más proyectados al exterior de la fábrica que Trentin. En Vittorio estaba muy presente, en los años del otoño caliente, la exigencia de confrontarse y de encontrar una relación con las luchas sociales de los estudiantes y los grupos extremistas que surgieron de aquellas luchas. Aquellas confrontaciones  tenían para Foa un punto irrenuncialble: contrastar la línea pero no contraponerse al sindicato. De hecho, como recordaba en su autobiografía, en una asamblea llena de jóvenes contrarios a la línea sindical defendió a la CGIL de tal manera (se quedó en minoría) que hubo una ruptura entre él y el PSIUP turinés. Hasta tal punto que Pino Ferraris le consideró un «normalizador» y sepulturero de la tercera vía: con razón, admitirá después (6).

El ligamen entre Foa y la CGIL era muy fuerte. Su relación con los partidos en los que estuvo fue diferente: era unos instrumentos caducos. Con la excepción del Partito d´Azione. De ella dijo que fue una «inmersión» plena y total. Este ligamen con el sindicato la mantendrá siempre desde que se despidió de la CGIL (1970), a excepción del breve paréntesis, a mediados de los setenta, y sobre todo después del EUR: llegó a escribir que «rechazaba en línea de principio la autoridad de las centrales sindicales», casi invitando a disparar contra el cuartel general. Pero, como él mismo escribirá después, fueron años de una gran confusión personal. Con respecto a Trentin, que era muy crítico sobre la «ilusión dirigista» del centro izquierda, Foa era más radical, particularmente en los debates con el Partido socialista, su anterior partido, antes de la escisión. Por ejemplo, votó contra el Plan Pieraccini, mientras la secretaría de la CGIL se abstuvo, y fue contundente contra el ministro Brodolini y el Estatuto de los trabajadores. En la batalla sobre el sindicato de los consejos Trentin ganó porque su propuesta era más realista y clarificadora: tenía más en cuenta las relaciones de fuerza, las orientaciones y comportamientos internos en los sindicatos y en los partidos.  
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Notas

1) Lettera a Salvemini, in Bruno Trentin, tra il Partito d’Azione e il Partito Comunista, cit.
2) Vittorio Foa, Il cavallo e la torre, cit., p. 272.
3) Ivi, p. 56.
4) Bruno Trentin, La città del lavoro. Sinistra e crisi del fordismo, Feltrinelli, Milano, 1997, pp. 213-214.
5) Vittorio Foa e Federica Montevecchi, Le parole della politica, Einaudi, Torino, 2008, pp. 17-18. [Hay una traducción española on line http://ferinohizla.blogspot.com.es/. N. del T.]
6) Vittorio Foa. Il cavallo e la torre. Cit. Pp. 211 - 212

Traducción, José Luis López Bulla



lunes, 21 de julio de 2014

¿CUÁL ES LA META: LA REPÚBLICA O EL SOCIALISMO?



A propósito de un libro del diputado de IU Garzón han escrito diversos prestigiosos blogueros –Javier Aristu, Carlos Arenas y Paco Rodríguez de Lecea-- unos juiciosos artículos (1).  De todas esas observaciones habría que hablar largo y tendido. En todo caso, hay una cosa que comenta Carlos Arenas que no ha motivado comentario por parte de Javier ni de Paco. Se queja Carlos de que «… un miembro cualificado del PCE como Garzón haga de la “República” el objetivo estratégico de la izquierda ... en detrimento del “comunismo”». (El subrayado es mío).
Veamos, ya en su momento alzó la voz Bruno Trentin en relación al vacío estratégico del socialismo como norte del cuaderno de bitácora de la izquierda europea,   pero su voz clamó en el desierto: los herederos de las viejas cenizas del Partido comunista italiano no estaban por la labor. Y, en paralelo, la izquierda europea que, tres cuartos de lo mismo, galopaba al trote cochinero en dirección a ninguna parte.     
«Trentin nunca renunció a la perspectiva socialista. No le interesaba el nombre y tampoco, en ciertos casos, el instrumento. Le importaba la inspiración, el proceso y, sobre todo, el proyecto que debía tener como finalidad no el socialismo de Estado que inevitablemente deviene autoritario, antidemocrático, sino un socialismo desde abajo, de tipo libertario que pone en el centro el trabajo como primer factor la igual libertad, el desarrollo social y personal, la convivencia civil y democrática». Nos lo cuenta Iginio Ariemma en el libro La sinistra di Trentin en http://theparapanda.blogspot.com.es/2014/07/iginio-ariemma-iginio-ariemma-en-1999.html.  Da la impresión que, así las cosas, abandonada o difuminada la idea fuerte del socialismo, algunas fuerzas de izquierda necesitan una idea potente como elemento de substitución y han encontrado en «la cuestión republicana» su bálsamo de Fierabrás.  De ahí el toque de Carlos Arenas y su perplejidad.  
Las fuerzas de izquierda que siempre reclamaron el socialismo nos deben una explicación: ¿están ustedes por darle unas cuantas manos de pintura al sistema? Cuenten conmigo en el mientras tanto. No es poca cosa, en estos tiempos de la cólera (la expresión es de Paco Rodríguez de Lecea que nos invita a no confundir la cólera con el cólera), arreglar todo lo que se pueda la casa. Esta es una meta urgente, necesaria aunque insuficiente. Así pues, en el viaje hacia alguna parte ¿estas fuerzas de izquierda consideran cerrado el trayecto con la república o, tras esa parada y fonda, el trayecto sigue?  
Finalmente, haría bien que un avisado nos recordara que no hay incompatibilidad en los dos objetivos. Pero, entonces, ¿por qué se silencia el socialismo o se le obscurece o no se le mienta?   

(1) Referencia

 

 

ALBERTO GARZÓN, LA IZQUIERDA Y “LA TERCERA REPÚBLICA” [1]

ALBERTO GARZÓN, LA IZQUIERDA Y “LA TERCERA REPÚBLICA” [2]

ALBERTO GARZÓN, LA IZQUIERDA Y “LA TERCERA REPÚBLICA” [3]

UNA ALTERNATIVA REPUBLICANA

PLAN PARA UN AÑO SIN ELECCIONES  


Radio Parapanda.-- REVISITAR LA TRANSICIÓN

ATAQUES MEDIÁTICOS E INDEPENDENCIA JUDICIAL

domingo, 20 de julio de 2014

CAPITALISMO Y DEMOCRACIA



Sé de buena tinta que muy pocos sindicalistas leen las páginas sepia dominicales de El País. De manera que se pierden, entre otros, lo que escribe Antón Costas. Conozco desde hace muchos años a este catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona.  Es un hombre templado, sabio y poco amigo de extremismos con una flema inglesa que va en dirección opuesta al griterío tabernario de los establos de Augías de éstos nuestros tiempos. Antón Costas es, además, presidente del Círculo de Economía barcelonés por lo que puede ser mirado (injustificadamente, añado) desde ciertos sectores con una cierta sospecha. Lean, lean sus artículos, y verán de qué pie calza este profesor.

En el artículo de hoy, domingo, arranca con este incípit: «El capitalismo ha vuelto a entrar en línea de colisión con la democracia» (1). Y sigan con lectura parsimoniosa, porque todo es de regadío.  Si lo hace de esa manera establezco esta hipótesis: los sindicalistas pueden abordar de la mejor manera, primero, contener el descenso de la parábola del sindicalismo y, segundo, iniciar los primeros pespuntes de un  proyecto unitario de largo trayecto.     




Radio Parapanda.  DEMAGOGIA CIENTÍFICA y PLAN PARA UN AÑO SIN ELECCIONES de Paco Rodríguez de Leca. 

sábado, 19 de julio de 2014

EL EUROPEÍSMO «NATURAL» (DE BRUNO TRENTIN) EN LA PRUEBA DEL PARLAMENTO EUROPEO



Nota editorial. Publicamos el capítulo «El europeísmo ´natural´ en la prueba del Parlamento europeo» del libro La sinistra di Bruno Trentin. Recordamos que las anteriores entregas se publican correlativamente en http://theparapanda.blogspot.com. 



Iginio Ariemma





En 1999, cuando los Democratici di Sinistra le propusieron como candidato al Parlamento europeo, Trentin escribió en su diario: «Estoy muy inquieto y angustiado por la opción que he tomado aceptando la propuesta , después de muchas reservas … Ha prevalecido el sentimiento de dar testimonio…». Y prosigue: «Desconozco qué me depara este futuro nebuloso en una situación política (y humana) cada vez más viscosa y desmoralizante, tan orientada a los miserables juegos de poder y al seguidismo de las lepras modernista y neoliberal …  Vivir con serenidad se convierte en un esfuerzo duro de cada día igual que vencer la angustia y el desencanto. Quizás por ello he aceptado la apuesta del Parlamento europeo y de una campaña electoral que me aterroriza».

Sin embargo, el Parlamento europeo le apasionó y ganó la apuesta consigo mismo. Tenía 73 años.  Desde 1999 hasta 2004 estuve con él durante esos cinco años de gran intensidad de elaboración y combativa vitalidad. Sin embargo, no tenemos todos los diarios de estos años. Se los robaron en París durante un seminario, y junto a su enorme bolsa que siempre llevaba estaban los diarios de dos años: los de la campaña electoral y el del inicio de la legislatura hasta mayo de 2001. Le debían servir como apuntes para su intervención. Nunca los encontró. 

Cuatro son los temas que prevalecen en sus reflexiones en los últimos años: el trabajo y el conocimiento; el reformismo que abandona todo intento de cambio (su reformismo revolucionario) y se orienta hacia el transformismo político; la contradictoria aparición no de la socialdemocracia ahora ya al final, sino del socialismo liberal; el riesgo del reflujo del movimiento cooperativista y del sindicato mismo en la lógica capitalista.

Durante ese periodo he estado con Bruno, trabajando diariamente a su lado en la Comisión de Proyecto de los Democratici di Sinistra del que Trentin era presidente, elegido en el congreso de Pesaro en 2001 y yo su coordinador. Ahí pude conocer de manera más directa sus ideas y comportamientos aunque nos frecuentábamos desde hacía muchísimos años, al menos desde el otoño caliente turinés.  Bajo la dirección de Trentin la Comisión elaboró el Manifiesto por Europa, editado a principios de 2004. Pero, con gran amargura de Bruno Trentin, tuvieron poco eco en el partido, y sobre todo no crearon cohesión unitaria entre las corrientes y diversas orientaciones. 


El europeísmo federal «en la sangre»



Vittorio Foa, que conocía bien a Bruno desde los años de la guerra partisana, me invitó en uno de sus últimos coloquios a estudiar y profundizar en el europeísmo de Trentin, que según él, era original, a partir del modo con que concebía la unificación europea. Tiene razón Foa. El europeísmo de Trentin es, por así decirlo, natural si bien robustecido por su intensa experiencia de vida. Creo que cuando entró en el Parlamento europeo no se sentía un extraño. Tengamos en cuenta que frecuentaba Bruselas como miembro de la Confederación Europea de Sindicatos. Por otra parte llevaba en la sangre la cultura europeísta y federalista como confesaba cuando salía, raramente, de su antigua reserva. Su padre, Silvio-- y en general el ambiente de Giustizia e Libertà y el Partito d´Azione--  es seguramente uno de los federalistas europeos más grandes. Tanto es así que la Lega Nord se lo reconoce intentando suplantarlo. Es un federalismo original, que se diferencia del Manifesto de Ventotene, de Altiero Spinelli, porque va de abajo hacia arriba, es decir: de las autonomías del trabajo y territoriales y, de ahí, a los Estados nacionales y después a la Federación europea. Y porque es un federalismo no solamente institucional sino estructural, integral: un diseño de un orden nuevo económico y social que concilia la libertad individual con la socialización y planificación de la economía. […]  


jueves, 17 de julio de 2014

SARTORIUS Y FIDALGO EN SITIOS OPUESTOS



Circulan con gran aparato publicitario dos importantes manifiestos, firmados por personalidades, en torno a la manera de abordar la cosa catalana: el primero, con Vargas Llosa como firmante de envergadura; el segundo, que cuenta con otro de gran talla, como es el caso de Nicolás Sartorius. A Vargas le acompaña, entre otros, José María Fidalgo que, durante dos mandatos, fue secretario general de Comisiones Obreras;  a Sartorius le flanquea Rodolfo Benito, sindicalista con mando en plaza. Nada que reprochar a Fidalgo: lo que ha firmado ahora lo expresó públicamente en aquellos tiempos, tal vez hubiera sido deseable que su firma no hubiera aparecido junto a la de Federico Jiménez Losantos, pero el antiguo secretario general es muy dueño de tener un chocante concepto de la estética. 

Una interpretación de brocha gorda sería ésta: el manifiesto de Fidalgo apuesta por el inmovilismo del gobierno ante la cosa catalana; Sartorius, siempre fiel a sus criterios de buscar soluciones, invita al diálogo que, aunque difícil, siempre es más rentable, como hipótesis, que la certeza de la cerrazón a cal y canto. Uno representa el secano; el otro es el regadío.

Y entre los de regadío está Rodolfo Benito. De lo que me enorgullezco. Entiendo, por otra parte, que en un acto tan significativo Rodolfo ha hablado, formal o informalmente, con Ignacio Fernández Toxo. Por lo que, a partir de esta suposición plausible, establezco las siguientes observaciones: nada más natural que un miembro de la dirección del sindicato aparezca, personalmente o de manera indiciada por el grupo dirigente de Comisiones; más todavía, los contenidos del manifiesto 'Una España federal en una Europa Federal'  sintetizan una buena parte de la literatura, antigua y nueva, de Comisiones. Precisamente por ello sería pertinente un debate, partiendo de la dirección, que atravesara el conjunto de la organización. Porque no pocas cosas de las que habla el Manifiesto de regadío afectan a los problemas del conjunto asalariado español.

Radio Parapanda.--  HUMILLADOS Y OFENDIDOS. Habla Antonio Baylos desde el campus de Cambridge.   Y QUÉ TRANSICIÓN, QUÉ CONSENSO, QUÉ CONSTITUCIÓN por Paco Rodríguez de Lecea




miércoles, 16 de julio de 2014

SOBRE EL NUEVO SECRETARIO GENERAL DEL PSOE



Existe en algunos políticos una tendencia espasmódica a la profecía. Seguir los hechos, sacar de ellos sus pertinentes consecuencias no parece ser la siembra al uso, de manera que la posterior cosecha que se recoge es más propia de secano que de las tierras de regadío. En esta línea podríamos encajar las recientes declaraciones de un dirigente catalán que ha declarado bombásticamente: «Pedro Sánchez es una cara nueva que hará políticas viejas». Lo que, en verdad, parece ser más una profecía deseable que el sensato método de seguir los hechos. Por ejemplo, atreverse a decir: «Ya veremos, lo irán diciendo sus gestos, los hechos concretos».

Debo aclarar que a mis ochenta años es  difícil que me caiga de un guindo. Incluso me entran ganas de sospechar que dicha profecía pueda cumplirse. Pero eso tendría el vicio de caer en la apuesta profética. Cosa que me tengo prohibida por prescripción facultativa. Así es que lo mejor es aplicar el viejo consejo de aquel pre renancentista que aconsejaba a su almirante aquello de «non los agüeros, los fechos sigamos», según dejó en verso nuestro Juan de Mena en sus famosas Trescientas

El político catalán ha puesto los agüeros, el flamante secretario, todavía in pectore, nos ha dado dos hechos de no poca relevancia. Uno, ha reiterado que lo primero que hará el PSOE será «derogar la reforma laboral». Lo ha dicho el mismo día que el Tribunal Constitucional ha apretado nuevamente la tuerca. Dos, ha forzado a los eurodiputados socialistas españoles a votar en contra de Juncker en Europa. Dejemos que el escéptico al por mayor se encoja de hombros. Pero los que lo somos al por menor deberíamos decir: «Ahí, ahí te quiero ver, Sánchez». Y recordarle el juramento de Santa Gadea.

Más todavía, en lo atinente a la reforma laboral el escéptico al por menor debería plantear que, siendo importante el juramento de Sánchez, más lo es que toda la izquierda se implique cotidianamente, con hechos concretos –fuera y dentro del Parlamento--  en que, efectivamente, se derogue la reforma. Deteriorar el terreno para que el PSOE, si gobierna, no pueda derogarla, por acción u omisión, es apuntar aviesamente contra los derechos que llamamos sociales. 

En apretado resumen: no pedimos que se aplauda a Sánchez por sus recientes planteamientos. Mucho menos todavía el augurio de que va a incumplir su juramento. Por otra parte, el dirigente catalán debería colgar en una alcayata la temeraria sentencia de un dirigente comunista que en su día espetó a un grupo de intelectuales: «Camaradas, menos marxismo y más cojones». Manolo Vázquez Montalbán que lo oyó –y explicó a sus amigos--  pensaría para sus adentros que con esas alforjas no podía irse muy lejos.   


Radio Parapanda.--  http://baylos.blogspot.com.es/2014/07/humillados-y-ofendidos.html?spref=fb




martes, 15 de julio de 2014

Un Seat 600 a 140 pesetas. La transparencia y la participación una prioridad en las empresas



Joaquim González Muntadas
Director Ética Organizaciones SL

Pocas veces he oído explicar con tanta claridad pedagógica la dimensión y profundidad del cambio social, económico y cultural que ha modificado los comportamientos y costumbres individuales y colectivas, y que ha transformado los servicios, los productos y las formas de producirlos, como cuando escuché a Joan Majó, hace doce años, con ocasión de su conferencia en la Escuela de Verano de CCOO de Catalunya.

Para explicarlo, el conferenciante utilizó el ejemplo de su experiencia profesional cuando creó su primera empresa de ordenadores en Barcelona. Nos contó que en los años 80 el precio de un BIT para almacenar información era de un céntimo de dólar, mientras que en el año 2002, el coste aproximado era de una millonésima parte de dólar", o que "un ordenador IBM Mainframe, que costaba 10 millones de dólares en el año 1975, tenía la misma capacidad que su actual ordenador portátil, de menos de 2.000 dólares".

Para concluir comparó la evolución de la informática con el sector del automóvil con el siguiente ejemplo: "un Seat 600 cuyo precio en los años setenta era de 65.000 pesetas, en 2002 sería de 140 pesetas", y hoy, doce años después, seguro que no alcanzaría centésimas o milésimas de peseta.

Este cambio ha revolucionado la ecuación clásica de la economía sustentada sobre materia prima, mano de obra, energía y capital, todos ellos recursos limitados y no compartibles, a los que se ha añadido un factor nuevo e inmaterial: el conocimiento y la información. Un recurso, que al contrario de los anteriores, por ser ilimitado y compartible, cambia el sentido de la propiedad y, con ello, el derecho al acceso universal que ha sido la base que ha impulsado la globalización de los mercados y el cambio económico, social y cultural. Es la base que ha representado la desaparición de las distancias y las fronteras para todo aquello que pueda viajar en forma de bits, gratuita e instantáneamente, como sucede con el dinero y la información, también de difícil control.

La pregunta que cabe plantearse es si no habrá sido nuestra limitada capacidad para comprender este cambio una de las razones principales que explican las dificultades que padecen algunas de nuestras organizaciones, instituciones y empresas. No haber entendido, ni sabido o podido otorgar al conocimiento y a la información el valor que exige el cambio. No haber invertido en ello y haberdescuidado la formación, lo que debería ser la principal prioridad social de las administraciones públicas, de las empresas y también de  los trabajadores y las trabajadoras. Y no es precisamente un dato esperanzador que casi la mitad de las empresas españolas redujeran la inversión en formación durante el 2013, según la encuesta de Adecco Training,

La pregunta sigue siendo si algunos de nuestros problemas de hoy no son también el resultado del carácter y las formas de gestión individualistas -arrogantes, soberbias e incapaces de generar objetivos comunes entre sus miembros- que practican muchas de nuestras instituciones, organizaciones y empresas, justo lo contrario de lo que exige este cambio que reclama nuevas formas de comunicación, capacidad de compartir información, formación permanente y participación, que hagan sentir a sus miembros que el centro de la organización, de la empresa y de la sociedad son las personas.

Porque ahí está también el cambio pendiente en la mayoría de nuestras empresas y organizaciones, un cambio tan radical como el "Seat 600 a 140 pesetas". Un cambio que incorpore nuevas formas de comunicación, de aprendizaje y formación permanente, y también de implicación, porque ya hemos comprobado que la tecnología, y más las Nuevas Tecnologías Información Comunicación (NTIC), puede facilitar que las empresas sean más flexibles, pero siempre serán las personas a las que les corresponda cambiar las formas y valores.

Porque la Sociedad del Conocimiento en las empresas debería representar el triunfo de la inteligencia colectiva que precisa transparencia empresarial, con la información y prácticas de gestión que garanticen la participación de los trabajadores y trabajadores y sus representantes sindicales en la toma de decisiones, porque éstos son precisamente la principal fuente de creación de valor y los más interesados en el futuro de sus empresas.

Y por esto podemos ver que hoy una parte del sindicalismo europeo está situando como su principal prioridad reforzar la transparencia de las empresas y ampliar los derechos de información, participación en la gestión y en los beneficios  de la empresa,  aprovechando toda negociación para situar como principal contrapartida a todo sacrificio de los trabajadores la conquista de nuevos derechos de participación en los centros de trabajo, lo que la nueva realidad de muchas empresas exige y los avances tecnológicos facilitan.  

Radio Parapanda.  LA DIALÉCTICA DE LA SOLIDARIDAD
LA ENCRUCIJADA SINDICAL


lunes, 14 de julio de 2014

«NO SOMOS PERROS QUE LADRAN, SINO GALLOS QUE CANTAN»



Nota. Discurso de Eduardo Saborido en el entierro de Fernando Soto.   


           Así terminaba Fernando Soto un libro de recuerdos, “Odisea  en Re Menor“,  escrito en la cárcel de Carabanchel, en abril de 1975,  y que publicó 25 años después.

Fernando cantó, sin saber  cantar, durante 20 años, luchando contra la Dictadura franquista, clamando por las libertades y derechos democráticos fundamentales. Por ello sufrió toda la gama represiva de que es capaz una dictadura fascista: múltiples detenciones  en las comisarías y sus interrogatorios,  ejecutados por la nefasta BPS;   cárceles y condenas, dictadas por los jueces de instrucción de primera instancia y por el TOP;  destierro y multas  gubernativas;   despidos, decididos por los empresarios de entonces, y su inclusión en las “listas negras “,  para que  no pudiese conseguir un nuevo trabajo;   amenazas y vejaciones sin cuento…  Siempre acompañados por el miedo.

De todo ello, destaca  el conocido “ Proceso 1001 “ , en el que los magistrados del TOP, con su golpe de toga, impusieron  a la Coordinadora Nacional de CC.OO., la mayor condena de sus trece años de existencia, 162 años de cárcel para solo diez procesados,  uno de ellos Fernando, con más de 17 años de prisión.  Este proceso encabezado por Marcelino Camacho,  también tuvo como condenados a  otros dos sevillanos y andaluces, el que os habla y Paco Acosta. 

Sin embargo, Fernando se guardó su rabia acumulada y su posible odio, nunca mostró rencor ni ánimo de venganza  hacia sus opresores. Defendió  la Reconciliación y la Amnistía para todos,  sin distinción, lo tenía claro desde su ingreso en el PCE, allá por el año 1961: la Reconciliación entre todos los españoles, era el eje estratégico del camino hacia la conquista de  la Democracia en España, acordada por su C.C. en junio de 1956. Marcelino lo dijo con toda su razón y su sentimiento, al defender  la  Ley de Amnistía en el Parlamento el 14 de octubre  de 1977,  en nombre del  grupo  comunista dijo: “Pedimos una amnistía para todos, sin exclusión del lugar en que hubiere estado nadie… esta propuesta nuestra será sin duda, para mí el mejor recuerdo que guardaré toda mi vida de este Parlamento”.

Todo este difícil camino lo hemos recorrido juntos Fernando y yo, así que podéis imaginaros el trabajo que me cuesta contar o más que contar, cantar, esa gesta heroica de Fernando. Tan unidos hemos estado, que muchos compañeros al mencionarnos confundían nuestros nombres, Fernando Saborido por Eduardo Soto o viceversa. Tan es así que recientemente y estando en una comida de hermandad organizada por la Fundación “Memoria y Libertad”, una chavala me abordó diciéndome que se habían quedado esperándome en un acto realizado en no sé qué pueblo. Me quedé extrañado, no recordaba este incidente, con cara perpleja.  Pasado un rato volvió a abordarme y me dijo, perdona yo creía que tú eras Fernando.

¡Claro ¡ es que recordando la historia, ya estuvimos juntos aquel día de la primavera del 63 en que, recién elegidos enlaces sindicales en el sindicato Vertical, nos invitaron a un congreso que se celebraba en el teatro San Fernando, en el que se iba a hablar del proyecto del Canal Sevilla Bonanza, presidido por el Sr. Solís, ministro de los sindicatos de Franco. El teatro estaba lleno de falangistas, jerarcas del régimen y policías, nosotros ocupábamos si acaso 10 butacas. Íbamos dispuestos a abordar al ministro para reivindicarle que los locales sindicales oficiales sirvieran para reunirnos los recién elegidos. Terminaban los discursos y el propio Solís, el suyo. Fernando desde el patio de butacas, tenía que dirigirse a él en alta voz. Se iba Solís por el foro y Fernando no se levantaba, todos en tensión rodeados de fachas, que estaban pendientes de nosotros porque ya habíamos dado la nota no levantándonos a aplaudir cuando algún prócer de la dictadura hablaba. Hasta que al fin, Fernando se levantó, y sin al principio salirle la voz del cuerpo gritó: ¡Sr. Solís! No se enteró el ministro, se iba, Fernando repitió más alto: ¡Sr. Solís!, al fin se enteró y volvió sobre sus pasos al borde del escenario, preguntando quién le llamaba. Encabezados por Fernando nos fuimos el grupo de los 10, todos juntos rodeándolo, hacia el proscenio. ¡Sr. Solís, en el sindicato del metal de Sevilla no nos dejan reunirnos, queremos hablar de nuestros problemas y reivindicaciones y no nos dejan ¡  ¿ para qué entonces hemos salido elegidos por los trabajadores ¿ Solís contestó : “ ¡cómo es eso! “y mirando para el delegado provincial del sindicato vertical, Sr. Zarza, le conminó diciéndole: “que estos cargos sindicales elegidos se reúnan en el sindicato cada vez que lo necesiten” y dirigiéndose al público dijo con voz potente: “así quiero yo a los enlaces sindicales, y si vuelvo pasado un tiempo a Sevilla y han desistido de esta valiente actitud los colgaré de esa lámpara que hay en el techo” señalando con su mano una gran lámpara que colgaba del techo del teatro San Fernando. Cuando terminó el acto salimos todos de allí con las piernas temblando, rodeados por las miradas cargadas de odio de aquel gentío de azul oscuro. Al llegar a la calle suspiramos profundamente al vernos vivos.

Este osado acto de las incipientes CCOO,  nos abrió durante un período las puertas del sindicato vertical y de las reuniones inter-empresas para confeccionar  por primera vez, un programa reivindicativo común para el gremio del metal de Sevilla. 
Después de muchas vicisitudes en común, recientemente en un acto celebrado en el ayuntamiento de Sevilla, al que fuimos invitados por el Alcalde para homenajear a los tres sevillanos del 1001, poniéndoles nuestros nombres al recién inaugurado Centro Cívico construido sobre el solar de la antigua cárcel de Sevilla, Fernando rompiendo el protocolo se levantó y le dijo al Pleno: “el nombre de ese Centro Cívico no puede llamarse como habéis acordado, tan largo, con nombres y apellidos  completos de los tres, sino más sencillo y corto, poniendo solo “Los sindicalistas Soto, Saborido y Acosta”, inmediatamente el Alcalde con buena vista le dijo al secretario  que  cambiase el nombre.

Es decir, tras un periodo ininterrumpido de 51 años, seguíamos juntos y Fernando se portaba igual que entonces, con esa apostura y dignidad que lo caracterizaban. ¡ Qué valiente ¡

Sí, hemos sido más que hermanos. Empezamos siendo compañeros en la Hispano Aviación, después camaradas en el PCE,  al final, en muchas cosas, dos en uno.  Esta coincidencia ha sido posible, también, porque las familias de ambos, nuestras compañeras Mari y Carmelita y los hijos, han sido también entre ellos, amigos sin remedio. Hay que llegar a la conclusión conociendo a Fernando, que sin una compañera sacrificada y afín y sin unos hijos con un cariño hacia su padre sin límites, no hubiera sido posible su resistencia y continuidad. Como ejemplo de este aserto, recuerdo cuando la Guardia Civil nos conducía a él y a mí, en el verano del 75, de la cárcel de Carabanchel a la de Jaén, esposados en un furgón, y nos entró ganas de mear. Le pedimos permiso a la “pareja” y sin que nos quitaran las esposas, nos dirigimos hacia el wáter. Cuando fuimos a hacerlo, el pudor nos lo dificultaba, las manos tan juntas cogiéndonos el pito y el furgón dando vaivenes… Fernando, se paró,  me miró, miró las esposas que nos ataban a los dos, y dijo: ¿tú sabes que hoy es mi aniversario de boda?  Estábamos a 6 de agosto.

Hay que reseñar con fuerza, que tras la costosa conquista de la Libertad, legalización de los partidos y sindicatos democráticos y las primeras Elecciones libres, Fernando tuvo que ayudar, en primera fila,  a construir el edificio de la Democracia. Los Pactos de la Moncloa, el Estatuto de los Trabajadores, La ley de Libertad Sindical, las Elecciones locales, el Estado de las Autonomías y más principal que nada, La CONSTITUCIÓN. Fueron hitos principales del edificio. 

Otra vez, el ir y venir, de una punta a otra de España, reuniones y discusiones sin fin,  viajes, Pactos difíciles, entre fuerzas de signos distintos. Ya sin persecuciones policiales ni cárceles, pero otra vez sacrificando a la familia y perdiéndose en parte, el crecer de los hijos…
Paralelamente, congresos tras congresos, a todos los niveles, construyendo los partidos políticos y los sindicatos democráticos, casi sin saber, con un alto grado de inexperiencias en la materia. Desde las estructuras de la Dictadura y en gran medida, sin violencias destacadas, hicimos la TRANCISIÓN pacífica hacia la Democracia. Fernando aportó  su esfuerzo y experiencia, participando en la dirección de aquella vorágine, hacia la luz de la Libertad.

Transición y Constitución, consideradas entonces por muchos analistas, como modélicas en Europa, que han dado a España el mayor periodo de libertades e igualdad, nunca vivido en toda nuestra historia.
A grandes rasgos y resumido, este es el Legado que Fernando nos deja.
Sin embargo, hoy estos principios y logros, están siendo puestos en cuestión no sólo por la derecha en el poder, sino por movimientos y fuerzas, llamadas de izquierda, que quieren hacer profundas reformas constitucionales. Fernando me mostraba últimamente su preocupación por que se plantease arramplar con todo, sin tener claro con qué sustituirlo, ni las alianzas y consensos suficientes para conseguirlo.

Comentábamos y coincidíamos en que parecía como si no supiesen que en nuestra Constitución, por ejemplo, las libertades y derechos fundamentales,  están encriptados. Difícilmente modificables y  menos eliminables. En una profunda reforma, estas conquistas serian  puestas en cuestión. ¿ Tendríamos hoy, las mayorías necesarias para defenderlas?. Atacando y demonizando los piquetes de huelga, algunos jueces y fiscales, tratan hoy de recortar ese derecho fundamental, pero de manera torticera. Eso es anticonstitucional y ellos lo saben…

Sí, después de treinta y cinco años de Democracia, son necesarias algunas reformas, pero no olvidemos que la primera gran Reforma a acometer es resolver la crisis económica en favor de los trabajadores y para ello hay que rebajar, controlar, el poder de las grandes fortunas, en España y en Europa, que son los responsables de la crisis y los que siguen aumentando sus ganancias. Difícil tarea nos espera… Es verdad que hay que hacer algunos cambios en la Constitución y en las leyes ordinarias. Pero con cuidado, la Democracia en España es una bella flor, delicada, que hay que cuidar con esmero, nos diría Fernando. Ese es su Legado.  Yo Eduardo Soto, lo voy a seguir defendiendo con toda mi fuerza.

¡ Los trabajadores hoy,  sí  tenemos aún,  mucho que perder ¡

Sevilla, 10 de julio de 2014