martes, 9 de febrero de 2016

Aquella piedra de toque...




Antiguamente una de las expresiones más socorridas del dialecto político de las izquierdas era la «piedra de toque». La usábamos en su sentido metafórico, ya que en la realidad es una piedra que sirve para conocer la pureza del material con el que está hecha una pieza, por ejemplo el oro y la plata. Para los viejos y jóvenes, sin embargo, la piedra de toque era algo así como  la materialización de nuestro compromiso solidario con una causa general de absoluta referencia. Por ejemplo, nuestra actitud hacia la lucha del Vietnam era la «piedra de toque» del internacionalismo proletario. Hoy podríamos decir que la piedra de toque de las libertades democráticas es el compromiso militante con los 8 de Airbus y del derecho de huelga. Con el tiempo, sin embargo, se dejó de hablar de la piedra de toque, que ni siquiera fue substituida por algo pedagógicamente similar.

Todo ello viene a cuento por algo que no deja de ser chocante. Ustedes están suficientemente informados de la urticaria que los viejos galápagos del PSOE exhiben con tal que Pedro Sánchez no pacte con Podemos la formación de gobierno: esos «estúpidos viejos que quieren seguir manejando siempre la autoridad que han cedido» que dijera Goneril, una de las tres hijas del rey Lear, según dejó escrito el ilustre inglés.  

Pongamos que hablo de Emiliano García-Paje, presidente de la comunidad castellano-manchega, que fue investido gracias a los votos de Podemos. Queriendo o sin querer García-Paje, que visita con frecuencia el nido de los galápagos viejos, no sólo ha aprobado los presupuestos de la comunidad sino que hace un elogio del apoyo recibido de los podemitas. Lo ha hecho con lúcida necesidad: «Hoy damos un buen ejemplo en España de que se pueden cambiar las cosas de raíz sin romper nada». De donde, aplicando medio kilo de lógica formal, se puede inferir que ese «buen ejemplo» pro domo García--Paje es bueno para España. Es decir, así las cosas, ¿por qué no puede ser bueno en casa de Sánchez un acuerdo general de esas o parecidas características? Posiblemente porque la política y sus artificios están en función de otras contingencias que, en el caso de los viejos galápagos, son –lo diremos con educación--  inescrutables. Y de aquí estaríamos en condiciones de afirmar que la «piedra de toque» del presidente castellano-manchego solamente sería el riego y abono de su latifundio. Pero, entonces ya no es una piedra sino una china en el zapato.  

Parapanda Televisión.--  Con los 8 de Airbús. https://www.youtube.com/watch?v=7CT619daQZc&feature=youtu.be


lunes, 8 de febrero de 2016

A Ada Colau le falta un hervor



Mi padre me aconsejaba que «ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió». Tuvo que ser en la práctica cuando yo diera aproximada veracidad a esta sentencia que es muy socorrida en la Vega que baña el río Genil. Puede que no sea de validez universal, pero en esta ocasión parece ser tan cierto como una casa de payés. Oigo y leo que Ada Colau «considera incompatible negociar si se mantiene la huelga de Transportes Metropolitanos de Barcelona» (1). Incompatible es una expresión que, en iguales circunstancias, hemos oído por parte de autoridades de la mayoría de los partidos así en Barcelona como en Nueva Orleans. Pero nunca pensé que pudiera haberlo dicho la alcaldesa de Barcelona.

Mi estupefacción se explica porque Colau proviene de la acción colectiva de los movimientos sociales. Es decir, que no es un producto de laboratorio.  Y en buena medida la simpatía y el afecto que siempre le ha tenido este blog viene de ese origen. Digamos, pues, que –a pesar de estar uno cargado de años--  no acaba de estar curado de espanto. Por ello me he puesto a meditar detenidamente el por qué de ese ex abrupto, llegando a dos conclusiones no definitivas. Una, hasta la persona más insospechada le puede venir un pronto de autoritarismo. Otra, Colau podría ser –repito, podría ser— una aproximación  a esa izquierda social que no tiene la suficiente consideración con el ejercicio del derecho de huelga y uso, independiente de las contingencias políticas. Sus asesores, tres cuartos de lo mismo. Por último, en próximos días –si encuentro la necesaria templanza— volveré con más sosiego sobre el particular.



EL DERECHO DE HUELGA ATACADO





Art. 28.2 Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. (Constitución Española aprobada por el pueblo español el 6 de diciembre de 1978)

Escriben Eduardo Saborido, Nicolás Sartorius y Francisco Acosta, condenados en el proceso 1001



De esta forma tan escueta, fue suficiente para restablecer el Derecho de Huelga, para cerrar, tras cuarenta años, un capítulo oscuro de la historia de España, lleno de luchas y sacrificios de los trabajadores, de miles y miles de despidos, de listas negras, de exilios y de muertes. Por tener nuestra historia estos antecedentes, nos resulta muy extraño tener que enfrentarnos, de nuevo, a un intento serio de disminuir o anular este Derecho Fundamental.

El próximo 9 de febrero, comienza el juicio en los juzgados de Getafe (Madrid) contra 8 trabajadores y sindicalistas  de la empresa CASA-Airbus, procesados por participar en la Huelga General convocada por los Sindicatos más representativos, CCOO y UGT, reivindicando un cambio en la política social y laboral del Gobierno de turno. La petición fiscal es de más de 8 años de prisión para cada uno de ellos, es decir, 66 años en total. Por ello, se ha extendido entre los trabajadores la calificación de éste proceso como “el 1001 de la Democracia”.

No están muy descaminados los trabajadores de AIRBUS, pues la petición de condena es monstruosa para el posible delito del que se les acusa, como lo fue la petición de 162 años de cárcel para los del 1001, en 1972. También lo es el ataque a un derecho fundamental, el de Huelga, como entonces lo fue al de Asociación, por pertenecer a CCOO, de los incursos en el 1001. Igualmente lo es el acusar a un grupo de trabajadores sindicalistas como cabeza de turco y escarmiento para atemorizar al resto, como lo fue en el “proceso 1001”.

Sin embargo, hay una diferencia muy importante con el 1001: en aquella época quien gobernaba los destinos de España era una Dictadura fascista, hoy estamos en una Democracia consolidada tras 38 años de andadura. Entonces, ¿Por qué esta extraña y grave anomalía?

El fiscal basa su acusación, contra los 8 compañeros de Getafe, en el apartado 3 del artículo 315 del Código Penal vigente que dice literalmente:     “ Las mismas penas del apartado segundo se impondrán a los que, actuando en grupo o individualmente pero de acuerdo con otros, coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga.” Este apartado forma parte, como he mencionado, del artículo 315 referente a “Los delitos contra los derechos de los trabajadores” en el ejercicio de la libertad sindical y el derecho de huelga.

De la simple lectura de este apartado se colige que está pensado para proteger a los que se oponen a la huelga, tratando de impedir el efecto persuasivo de los piquetes informativos que actúan para convencer y extender la huelga a todos los trabajadores, sin cuyo concurso el Derecho de Huelga queda sin efecto.

Llegado aquí, es necesario aclarar  que este apartado es una rémora del Código penal aprobado en el año 1976, es decir, en plena Dictadura, para hacer frente a la llamada “galerna de huelgas” que se extendían por todo el país y en la que los trabajadores reivindicaban aumentos salariales,  la Amnistía y la Libertad.

Tras aprobarse la Constitución, el Tribunal  Constitucional emitió una sentencia ajustando dicho art. 315 a la carta magna, sin embargo, lo referente a las coacciones durante la huelga, no fueron analizadas y quedaron en el cono de sombra de los preceptos no cuestionados en su compatibilidad democrática. Es decir, al alto tribunal de entonces se le pasó…

Para colmo, también se quedó intacto en la reforma ampliada del código penal  realizada en el año 1995, llamado pomposamente el Código Penal de la Democracia. Por lo que  ha permanecido como un tigre dormido durante más de tres décadas y apenas utilizado en los procesos huelguísticos. Todo ha sido estallar la Crisis y encontrarse los gobiernos desbordados por el aumento de la conflictividad contra las medidas antisociales dictadas por ellos, cuando el susodicho apartado 3 ha sido sacado por jueces y fiscales del “cono de sombra” en que estaba sumido y han atacado en masa contra la huelga y los sindicalistas que la sostienen. Por ésta anomalía, más de 80 procesos están en curso y más de 300 sindicalistas, algunos ya condenados, están afectados.

También es evidente que perteneciendo los acusados a la plantilla CASA, caracterizada desde la lucha contra la Dictadura por formar parte de la vanguardia de las conquistas sociales en nuestro país, sean los que tengan las peticiones de condena más altas e injustas, siguiendo la senda del escarmiento antes aludido. Sin embargo, lo más grave de éste asunto  es que en ningún momento, que sepamos, se ha barajado por la autoridad que el Derecho de Huelga es un Derecho Fundamental de nuestra Constitución de 1978 y, por ello, está especialmente protegido. Es un derecho prevalente respecto a los derechos de Libertad de Empresa (art. 38), y de la Propiedad (art. 33), pues estos no son fundamentales.

La actuación de las fuerzas de seguridad, debiera ser la de proteger a los propios huelguistas y a los piquetes informativos pues al estar legalmente amparados son, a nuestro modesto entender, el sujeto del derecho protegido. Seguramente, si ésta fuese la actitud habitual empleada,  se eliminaría la tensión y procesos como el de AIRBUS, no hubiesen tenido lugar. Así lo hacen algunos empresarios y,  en el caso de CASA, la dirección de la factoría de Getafe se ha dirigido a la dirección de Airbus-Europa para mostrar su extrañeza y disconformidad con el procesamiento de los compañeros, pues su actuación sindical es ampliamente reconocida por los trabajadores.

Los trabajadores no huelguistas, más conocidos en la historia social como los ”esquiroles”, no debieran necesitar protección de la fuerza pública, sino en todo caso, una reconvención, si acaso  educada, pero una reconvención para que desistan de su actitud.  El verdadero piquete coercitivo es la mirada de los empresarios y, máxime, en una situación como la actual, de falta de trabajo.

Finalmente opinamos que el art. 315.3 es el que debe adaptarse a la Constitución y no al revés, pues usando el subterfugio de las jurisprudencias sucesivas quieren demoler, poco a poco, nada menos que un Derecho Fundamental de la Constitución contemplado en el art. 28, especialmente protegido por el art. 168 puesto que necesita para su modificación o  eliminación la aprobación de  2/3 de los diputados del Congreso y del Senado. Además, si se aprueba, habría que convocar elecciones generales, volver a aprobarlo en las nuevas Cortes por el 2/3 y si llegara el caso que se aprobase, habría que convocar un Referéndum del pueblo español.

Ante estos hechos, opinamos que sería un ejercicio de restitución moral  y jurídica, inteligente y justa por parte de la fiscalía y del tribunal, dejar simplemente sin efecto o absolver de todo delito, a los ocho compañeros procesados de CASA-AIRBUS.

José Alcázar, Tomás García, Enrique Gil, Rodolfo Malo, Jerónimo Martín, Raúl Hernández, Edgar Martín y Armando Barco, son plenamente merecedores de esa decisión y de ese honor.

De todas formas esta sería una medida transitoria y de urgente aplicación mientras se deroga ese nefasto apartado tres del artículo 315 del Código penal que, con toda seguridad, se debiera llevar a cabo en la primera reunión del Congreso de la Diputados, recién elegido.



domingo, 7 de febrero de 2016

Mónica Oltra, una dama temperada




Podemos debería comprar medio kilo de la cavalleria rusticana a Compromís. Traduzcan bien dicho sintagma: «cavalleria rusticana» quiere decir caballerosidad rústica. Esa es la agradable impresión que siempre me dan las apariciones públicas de Mónica Oltra y Joan Baldoví.  Con discreta energía y visible templanza. Justamente lo contrario de la indisimulada arrogancia de los principales dirigentes de Podemos. Tengo para mí que Compromís hace servir los oídos para escuchar atentamente, al contrario que Pablo Iglesias el Joven, que tiene preparada la respuesta antes de saber lo que va a decir su interlocutor, una respuesta tal vez nacida del ardor de estómago.  

Compromís le ha venido a decir a Podemos: «Nosotros vamos a seguir negociando la formación de gobierno». Una primera explicación (siempre provisional, por supuesto) es que Oltra, Baldoví y los suyos, que han sufrido más que nadie los efectos del Partido Popular, saben lo que significaría una reedición de dicho partido en el gobierno. Lo saben, y no librescamente. Lo saben políticamente que es cosa bien distinta de politológicamente.  Pero hay más, a mi entender: Compromís no parece confundir los principios con el método. Mientras que para Iglesias hasta el más mínimo detalle es un principio.

No seríamos justos si no dijéramos que Podemos ha ido soltando hojarasca en los últimos tiempos. No seríamos sinceros si olvidáramos que una cierta parte del acné juvenil ha ido perdiendo grosor en Iglesias. Pero ciertamente hay algo que permanece todavía: el miedo escénico en abordar eficazmente que puede entrar a formar parte del gobierno. Lo que lleva a Iglesias, según entiende un servidor, a enfocar la situación en clave politológica, que no política.


Sugerencia: Haría bien Iglesias en apuntarse a la Academia Oltra y recibir clases particulares de energía templada y visión de presente. Y a la hora del recreo leer al viejo Demóstenes que dijo, tal vez tartamudeando, en su discurso Sobre los asuntos del Quersoneso: «Sin embargo, si vais a continuar estando sentados, limitándoos en vuestro celo, a abuchear o aplaudir a los oradores, pero echándoos para atrás si algo es menester realizar, no veo qué discurso podrá ser capaz de salvar la ciudad sin que vosotros hagáis lo conveniente».  


sábado, 6 de febrero de 2016

La humanidad entera tiene la obligación de ser una Sociedad del Aprendizaje




Nota.— Con toda la intención del mundo traemos a este blog un importante trabajo del profesor Gabriel Jaraba; ya se sabe, este profesor es «gloria y flagelo de la izquierda».  

Escribe Gabriel Jaraba


La semana pasada recibimos a los alumnos del curso 2016 del Master Internacional en Comunicación y Educación, y de la presentación que hizo su director, José Manuel Pérez Tornero, he extraído algunos apuntes de lo que él propuso y con lo que estoy de acuerdo y trato de desarrollar. (Las frases entrecomilladas son suyas y lo que sigue, mis reflexiones).

“La humanidad entera tiene la obligación de ser una Sociedad del Aprendizaje”.

Una “sociedad de la información” o “sociedad de la comunicación”, así a secas, no tiene sentido alguno si lo que deseamos es que la humanidad progrese (suponiendo que deseemos el progreso de la humanidad).Solamente el aprendizaje como perspectiva del conjunto del género humano puede conducirnos a, por lo menos, que no es poco, el umbral de la supervivencia como especie. No el mero aprendizaje de competencias técnicas o habilidades profesionales sino la capacidad de interactuar con el medio –medio físico, medio social, medio cognitivo– para superar los retos que nos presentan los cambios que se dan en el medio. El hombre está sujeto a las leyes de la evolución, y la evolución se produce adaptándose al medio. El proceso adaptativo propio del ser humano es la cultura: la capacidad de dominar a la determinación natural y física por medio del conocimiento. Por tanto, o aprendes o desapareces.
“Tenemos que aprender a hacer; a hacer más, mejor y más rápido”.

Porque los cambios en el medio son más rápidos que en cualquier otra época anterior. El cambio climático se ha acelerado del mismo modo que la circulación de información disponible –y necesaria– es más rápida e intensa que nunca. Si seguimos el axioma de que “todo comunica, es imposible no comunicar” debemos decir que “todo el tiempo aprendemos, es imposible no aprender”. Sin embargo, los cambios rápidos e intensos que estamos viviendo han introducido una amplia gama de pseudoaprendizajes, que nos exigen adquirir pseudocompetencias y generan pseudoconocimiento. Esos pseudoaprendizajes se centran en las nuevas formas de entretenimiento pero también invaden las profesiones y sobre todo, crean un peculiar cinturón de hierro en torno al conocimiento,la profesionalidad y la educación, que mantienen fuera de ellos a importantes segmentos de las nuevas generaciones mediante una descomunal maniobra de distracción que les hace creer que se implican en algo relevante cuando no hacen más que girar en círculos. Así se mantienen y profundizan las desigualdades entre clases y se perpetúa el sistema de dominación.

“Es necesario caminar hacia una nueva gobernabilidad mundial y para ello es necesario que haya más escuelas. Faltan escuelas para la gente pobre, escuelas de élite las hay en todos los países. Y las que hay en los países pobres son sucedáneos. Las escuelas de los países pobres deben ser asequibles, incluso geográficamente, y deben acabar con el abandono escolar real; simplemente hay países que no escolarizan”.

Luchar contra la desigualdad de recursos cognitivos es prioritario en la lucha general contra todas las desigualdades económicas, de derechos y de género. La escuela no es un derecho más sino el pedestal imprescindible para que el resto de derechos pueda materializarse y las desigualdades generales reducirse o ser eliminadas. Sin igualdad en derechos cognitivos no hay igualdad social, pero tampoco fraternidad ni libertad: el ignorante no es libre y no puede serlo. Hoy día la ignorancia es inducida, y lo es de manera estructural a través de un sistema de opresión.

“En los países desarrollados las escuelas deben servir para el mundo, deben ser positivas y capaces de socializar a los alumnos en ese mundo que cambia con rapidez. No hay innovación sin tecnología, pero necesitamos sobre todo una tecnología crítica”.

Una vez oí decir a Joan Majó, cuando era ministro de industria, en una intervención ante un auditorio de profesionales de la televisión, que “la escuela forma personas para una sociedad que ya no existe”.n Consciente de ello, un sector de la escuela cree superar ese desequilibrio poniendo el acento en la formación tecnológica y otro sector piensa que  es necesario ponerlo en la potenciación de las facultades cognitivas, creativas y la inteligencia emocional. Todos están en lo cierto, pero mientras tanto, el sistema que fomenta las desigualdades para perpetuar la dominación sigue su camino: con un pragmatismo tan contundente como cínico, mantiene en la confusión a profesores, padres y alumnosretocando, cambiando y trastocando planes de estudios sin criterio alguno, de modo que solamente sobrevivan al caos los más dispuestos a enrolarse en formas de instrucción superior orientadas a la formación ce capitanes de empresa o ejecutores de su gestión. El sistema escolar de los países desarrollados, que aparentemente cumple con la tarea de formar integralmente a los ciudadanos, fomenta tanto o más la desigualdad que el de los subdesarrollados.

Y sin embargo, no hay marcha atrás en el camino de la tecnología. Las graves desigualdades de nuestro país motivadas por la falta de formaciónhan resurgido con el hundimiento de la construcción y los riesgos evidentes de nuestra economía de baja productividad. Pero necesitamos unatecnología crítica, es decir, una competencia tecnológica capaz de cuestionar las lógicas meramente instrumentales de la tecnología y los fines a los que pretenden servir. Una nueva constitución de las personas de conocimiento basada en las humanidades, concebidas estas no ya como el conocimiento de un repositorio de saberes de otros tiempos sino de un cuerpo de formaciones y reflexiones que permita ser capaz de conferir sentido a las acciones humanas, a considerar sus consecuencias y valorar juiciosamente sus motivaciones.  Solamente así se puede escapar del círculo de hierro de los falsos aprendizajes basados en el entretenimiento alienante, de la confusión del caos escolar inducido deliberadamente y de la baja calidad de la universidad empobrecida y burocratizada para hacer con ella lo que se está haciendo con la sanidad pública.

“Tenemos que enseñar a aprender a aprender. Debemos formar comunicadores multitarea que sean a la vez capaces de formar a la gente. Debemos conjurarnos en una tarea colectiva de aprendizaje que trabaje para una paz positiva y, a través de la interculturalidad, crear condiciones de entendimiento”.

Lo dijo el gran John Donne: “Ningún hombre es una isla” y las campanas están sonando ahora precisamente por nosotros. Se trata de una tarea descomunal de alcance mundial: combatir las desigualdades y la opresión mediante la educación, la formación y la promoción del pensamiento crítico a través de la comunicación y las oportunidades que ofrece para abrir caminos en medio de la interculturalidad. Ya no es asunto de maestritos, escuelitas o televisioncitas: se juega en esta partida el futuro de la humanidad misma.




viernes, 5 de febrero de 2016

¿Tú también, Toni Comín?




Estimado Monseñor Casaldáliga, perdonéle usted a este descarriado Conseller, aunque sepa lo que hace. Suyo, JLLB



Tu quoque Comín? El flamante consejero de Sanidad de la Generalitat de Catalunya ha venido a decir que para arreglar el problema de las listas de espera hay que aguardar a que Cataluña sea independiente (1). Digamos que es una indigesta píldora publicitaria militantemente de engañabobos. Ahora bien, los asesores de la Generalitat, gente que no quiere pillarse los dedos, alertan de que «la desconexión legal tardaría años» (2). No podemos asegurar que el consejero Antoni Comín pueda inferir conclusiones entre la duración de las listas de espera y los años que transcurran hacia una hipotética independencia de Cataluña. Porque este caballero tiene la sesera en otras consideraciones.

Antes de entrar en materia estamos en condiciones de afirmar lo siguiente: los rumores que corrían sobre la seriedad de este caballero eran exagerados; las hablillas que circulaban por los mentideros de Barcelona acerca de la capacidad de Antoni Comín de sentir realmente –retórica aparte— los problemas de la gente eran infundados.

A Antoni Comín se le supone una formación «de libro» lo suficientemente amplia en el terreno de las Humanidades --es filósofo licenciado e impartió clases en ESADE--  como para seguir creyendo en lo que siempre afirmó, según relatan sus amigos, esto es: en las enseñanzas de Emmanuel Mounier y sus discípulos, los personalistas. O en las enseñanzas de Monseñor Pere Casaldáliga. A saber, que la condición de las personas está por encima de las contingencias políticas. De manera que endosar a una hipotética independencia de Cataluña la resolución de tan graves problemas como las listas de espera es, además de una superlativa contravención del personalismo, una falta de respeto a la filosofía humanista y a la política cuando es noble. Es más, yo diría que su planteamiento es una expresión de lo más viejuno de la política demagógica y una justificación de su propia incapacidad para resolver los problemas más urgentes de su consejería; es, además, una hijuela de antañonas formulaciones, disimuladas con cinco duros de ideología: en el socialismo se resolverán tales y cuales problemas.

Ahora bien, mejor pensado es sobre todo una clara expresión de los famosos marranos españoles, vale decir, de quienes –tras dejar de ser judíos y abrazar el cristianismo--  ostentaban un exagerado fervor para no infundir sospechas: Torquemada era bien quisquilloso y por menos de un quítame allá esas pajas te dejaba frito como un calamar. En el caso que nos ocupa podemos decir que este Comín ha elevado la nota hasta un do de pecho, al menos, en dos ocasiones: la primera es la que estamos comentando sobre las lista de espera; la segunda, el entusiasta elogio que hizo de su antecesor en el negociado, Boi Ruiz,  al asegurar que  de él «ha recibido una buena herencia» (3).  Me pregunto también si este filósofo licenciado tenía necesidad de tan extraño e infundado ditirambo.

Definitivamente tiene razón George Steiner: «Las personas no tenemos raíces sino piernas. Sólo los árboles tienen raíces».





jueves, 4 de febrero de 2016

Pablo Iglesias ¿quiere estar en el Gobierno?



(Foto: Eduardo Saborido con los trabajadores de Airbus en la puerta del centro de trabajo: genio y figura) 


Posiblemente me pase de quisquilloso pero tengo la impresión de que Pablo Iglesias el Joven no desea –al menos por ahora— formar parte del gobierno, incluso del que preconiza. Y no me refiero tanto a las condiciones que pone sino a al tipo de lenguaje que utiliza hacia el hipotético socio, que es mayoritario. De una parte, hablando con claridad, no entiendo que algunas de sus exigencias provoquen estupefacción en las filas socialistas. Lo digo porque Bettino Craxi, con un modestísimo 9 por ciento de diputados, pudo ser en varias legislaturas italianas jefe de gobierno. Sí, efectivamente, el mismo que vestía y calzaba y era frecuentemente admirado por Felipe González. De otra parte, me da la impresión que el tipo de lenguaje que utiliza Iglesias –especialmente la reiterada referencia a las «bases socialistas» en contraposición al grupo dirigente— va en dirección contraria a lo que pretende conseguir. Lo diré con educación: es un lenguaje poco útil; yo diría ineficaz. Da  toda la impresión que su intencionada manera de hablar está buscando la excusa para la ruptura.

En otro orden de cosas que Pedro Sánchez quiere formar gobierno es indudable. Que le ha echado redaños a los viejos galápagos y, como dice Enric Juliana, al Eterno secretario general del PSOE, también. Hay quien afirma que Sánchez es un ambicioso, incluso lo dicen algunos desde sus propias filas. Lo que  me parece una estupidez porque niega que uno de los objetivos de la política --¿para qué vamos a engañarnos?— que es la ambición de poder. Es algo tan infantil que asombraría al mismísimo Maquiavelo, el famoso secretario florentino. Entiéndase, una ambición de poder que vincule noblemente los medios con los fines.

¿Está pensando Iglesias  que le es conveniente que el proceso de consultas fracase y  que acabe en una convocatoria de elecciones? ¿Quién sabe? Si la cosa fuera por ese derrotero le conviene retener esta conjetura: las llamadas confluencias de Podemos se presentarán de una manera distinta a como lo hicieron en las últimas elecciones con la idea de tener una visibilidad propia --y no en diferido-- y disponer inequívocamente de grupo parlamentario propio; Compromis ya le ha dado el primer aviso encuadrándose ahora en el Grupo Mixto.

Con lo que sucedería, así las cosas, que el Podemos, químicamente puro, aparecería minorizado. La sesera politológica de Iglesias, que tiene sus contrastes con la sesera política, debería meditar sobre este particular. Porque jugarse a los dados los resultados de unas nuevas elecciones es poco recomendable.

Podemos quiere reformas, no será un servidor quien le discuta ese deseo. Pero un deseo no equivale necesariamente a voluntad de reformas. Las reformas se hacen desde la voluntad, no desde un deseo de cambiar las cosas desde la oposición. Ahora, ciertamente con muchas dificultades, existe la posibilidad de hacerlas, sabiendo que –desde la derecha— estamos ante la certeza de que no se harán.  Porque posibilidad y certeza no son equivalentes.

En definitiva, a Pablo Iglesias le conviene retener la voz de Izquierda Unida: «Quien le ponga la zancadilla a Pedro Sánchez lo pagará». IU, efectivamente, sabe de qué está hablando cuando de esta manera directa se lo hace saber a Iglesias.

Y antes del punto final: por un lado, Iglesias debe abandonar la path dependence de su engreimiento; y, por otro lado, debe aclararse internamente si opta por un gobierno «pprogresista y de izquierdas» o por estar «amarrado al duro banco de la galera turquesca». Por supuesto, no a cualquier precio, siempre que se entienda esta frase no en clave retórica ni excusa alguna. 

miércoles, 3 de febrero de 2016

Querido sindicato: no seas remolón.



Primer tranquillo

Joaquím González nos hablaba ayer, en estas mismas páginas, de la realidad de la Industria 4.0. Y, por decirlo así, llamaba al sindicalismo a entremeterse en ese paradigma (1). Y, en un momento de punzante sinceridad, nos interpela con este zarandeo: «Por la historia, sabemos que los sindicatos no son organizaciones especialmente acostumbradas a abrir los brazos para recibir la innovación». Ya lo ven ustedes, ni se va por las ramas ni se anda con chiquitas. Habrá que decir que para eso están las amistades: para no callarse aquello que sienten, precisamente porque están concernidos hasta el colodrillo, para no ser aduladores agachados a la hora de señalar limitaciones, para proponer vías de superación cuando creen detectar rutinas o inercias.

Vamos a dejar sentado, porque hace falta, la importancia del sindicalismo desde sus primeros andares hasta nuestros días; vamos a repetir nuevamente su decisiva acción colectiva a la hora de promover reformas (no pocas de ellas de gran calado) en el universo de los derechos sociales, en los terrenos del Estado de bienestar y en la mejora de las condiciones de trabajo y para el trabajo del conjunto asalariado. Dicho de manera rotunda: sindicalismo ha sido un potente sujeto de reformas contra lo que aparecía como algo definitivamente dado. Pero ello no contradice la observación que nos envía Joaquim González: su histórica debilidad «para recibir la innovación tecnológica». No sólo en nuestro país, sino también en los cuatro puntos cardinales donde se producían los cambios. Tal vez, una explicación piadosa de tales atrasos fuera que la supeditación del sindicalismo a papá-partido comportara una limitación de su proyecto o, posiblemente, porque –como todas las cosas en esta vida--  no había llegado, todavía, al grado de madurez biológica  para caer en ello, en la mirada y puesta en marcha de un proyecto de cómo intervenir en esas nuevas capas tectónicas que aparecían (brusca o gradualmente) en los centros de trabajo. Ahora bien, sea ello una excusa (o no), lo cierto es que ya pasaron los tiempos de la subalternidad del sindicalismo hacia quien no era él mismo.

Conviene aclarar que ese renuencia a intervenir en los cambios que se iban produciendo llevó al sindicalismo, fatigado por su precariedad de proyecto, a aceptarlos acríticamente. Así ocurrió, por ejemplo, cuando admitió en mala hora –unas veces agachado, otras de pie--  el taylorismo y posteriormente sus diversas franquicias. Bruno Trentin lo ha puesto de manifiesto en sus escritos. Digamos, pues, que esta renuencia a intervenir en las mutaciones tecnológicas ha sido nuestro talón de Aquiles. Es decir, Aquiles--sindicato  en su fortaleza tenía un punto vulnerable.

Debe quedar meridianamente claro que, cuando hablamos de la necesaria e ineludible intervención del sindicato en las novedades que aparecen, no estamos hablando de su instalación acrítica en todo ello, sino  de –en ese nuevo paradigma tecnológico y organizacional--  intervenir con su propio proyecto autónomo y alternativo. So pena de convertirse gradualmente en una reserva india con su población de últimos mohicanos.

Es verdad que, después de Copérnico, el esquema de Ptolomeo  siguió produciendo importantes investigaciones en el campo de la astronomía, pero llegó un momento en que el coste de oportunidad se vuelve excesivamente oneroso. Y cuando Kepler rompió definitivamente con lo viejo del sistema  ptolemáico, aparentemente satisfactorio, cambiaron las cosas: ya no era posible seguir investigando sobre la base de que el Sol y los planetas giraban alrededor de la Tierra.

O sea, las rutinas de lo viejo todavía pueden traducirse en conquistas por la fuerza de la inercia. Pero gradualmente el sindicalismo va perdiendo impulso de propulsión, eficacia y capacidad reformadora. Porque el mantenimiento de viejos modelos, que sirvieron de encuadre de las antiguas prácticas sindicales, se ha ido con la música a otra parte. De ahí que Toxo dejara dicho que «no podemos seguir haciendo las mismas cosas de siempre para obtener los mismos resultados»: unas palabras insuficientemente escuchadas. 

Segundo tranquillo

Todos los partidos políticos en la actual coyuntura están hablando, con mayor o menor intencionalidad, con mayor o menor sinceridad, de que es el momento de las reformas. Y hasta es posible que se produzca una reforma del Estatuto de los Trabajadores. De nosotros depende también que eso no acabe en una mano de pintura. Ahora bien, un estatuto de esas características no es independiente de los cambios y transformaciones en curso. De ahí que su elaboración, con la importante intervención unitaria del sindicalismo, sea la conclusión de los derechos, poderes y controles que precisa el conjunto asalariado y el sujeto social  en el cuadro de la realidad. Que ya no es, por así decirlo, la cosmología del viejo Ptolomeo,  quienhay que agradecer las ecuaciones prestadas.



martes, 2 de febrero de 2016

Industria 4.0 y el sindicato del futuro



Joaquím González Muntadas
Director Ética Organizaciones SL


"La Industria 4.0 se va a introducir, más pronto que tarde de lo que nos imaginábamos. Los sindicatos deben estar preparados para el enorme impacto sobre el empleo, las condiciones de trabajo y los derechos de los trabajadores, y centrar su atención en lograr una transición justa". Jyrki Raina,  Secretario General de IndustiALL Global Unión.

Primero fue la máquina de vapor, luego la electricidad; en los años 70, la automatización, y las TIC en los noventa. Ahora ha empezado una cuarta ola, una nueva revolución industrial que transformará el qué, el quién, el cómo y el dónde se producen los bienes y servicios.

Hablamos de la Industria 4.0, concepto que fue acuñado en Alemania para describir la fábrica inteligente con todos sus procesos informatizados e interconectados por internet y se caracteriza por la incorporación masiva de robots autónomos, de análisis e integración  de los grandes datos de información de forma horizontal y vertical, y por la extensión del “Internet de las cosas”. Se refiere a la posibilidad de interactuar a través de la red mediante el uso de microprocesadores dentro de los objetos, reduciendo con ello el tiempo y las acciones humanas, y que ya vemos hoy en muchos procesos de la industria química, energética, alimentaria, del sector de la automoción o en la gestión del almacenamiento y la distribución. O muchos productos de consumo, como es el caso del refrigerador que de forma automática conecta directamente con el supermercado al quedarse sin existencias, etc.

Hablamos de un nuevo modelo de producción en el que las máquinas se relacionan entre sí desde una nueva conectividad, aportando mayor flexibilidad en los tiempos de reacción y permitiendo menos residuos y producciones en lotes más pequeños, casi "a medida"; y que por lo tanto representa un cambio profundo en la industria y en la producción, que modifica la naturaleza de las relaciones entre proveedores, fabricantes y clientes. Y al cambiar la relación entre el trabajador y la máquina, así como las condiciones de trabajo, cambian también las relaciones laborales.

La pregunta es cómo reaccionará e intervendrá el sindicalismo frente a este cambio y esta nueva realidad que empieza a estar presente en algunas empresas. Por el bien de los trabajadores y trabajadoras, esperemos que sea con iniciativa e interés. En esta línea estamos viendo buenos ejemplos en algunos países europeos, muy especialmente en Alemania, donde el sindicalismo ha situado esta cuestión en el centro de sus estudios, análisis, debates y propuestas para la acción sindical. Una actitud especialmente positiva -esperemos que cunda el ejemplo- ya que, por la historia, sabemos que los sindicatos no son organizaciones especialmente acostumbradas a abrir los brazos para recibir la innovación.

Más allá de reconocer las muchas y profundas dificultades que están sin resolver por parte del sindicalismo ya sea nacional, europeo y global, es esperanzador ver que desde los sectores más avanzados se producen hoy rigurosos trabajos y llamamientos para evitar el riesgo de inacción o reacción tardía frente a esta nueva Revolución Industrial. 

Ese sindicalismo, el más innovador, sabe que la Revolución Industrial 4.0 implicará una nueva reorganización en un mundo en el que probablemente algunos puestos de trabajo desaparecerán y otros nuevos emergerán, y habrá profundos cambios en los derechos y los deberes del trabajo dentro de la empresa. Sabe también que esta nueva tecnología traerá grandes beneficios para las empresas y en particular a las grandes  multinacionales al ofrecer un acceso instantáneo y actualizado de la información sobre la producción en las cadenas de suministro, al posibilitar la planificación y la respuesta más rápida a las tendencias comerciales. Un sindicalismo que con razón se pregunta dónde quedan los derechos de los trabajadores en esta “empresa inteligente” pues intuye los riesgos que se pueden derivar para sus derechos, ya que la nueva tecnología facilita una mayor capacidad de control y supervisión de la conducta y del rendimiento de los trabajadores.

Pero también es consciente de la oportunidad que puede representar la conquista de nuevos espacios de creatividad e innovación para la acción sindical y la negociación colectiva, en la construcción de soluciones que mejoren y humanicen el trabajo de las personas, nuevas fórmulas de reparto del trabajo; mayores competencias profesionales y mayores niveles de participación y más justo reparto de sus beneficios, evitando que la mistificación y la adoración a la tecnología devalúen el valor del trabajo y que el avance tecnológico solo sirva para destruir y precarizar el empleo, crear mayor desigualdad y hacer más ricos a los ricos. Esperemos que ahí, en la Industria 4.0 y la empresa del futuro estén también presente con fuerza los sindicatos para garantizar una transición justa. De su capacidad e iniciativa dependerá.



lunes, 1 de febrero de 2016

Adversus Corcuera y Leguina (por lo menos)




Seamos justos incluso con la gente que nos cae antipática. Seamos justos, pues, con José Luis Corcuera, que intentó entregar un documento a la dirección de su partido antes de empezar el sínodo federal del pasado sábado a favor de la llamada gran coalición. Es un pliego de firmas del Gotha socialista ya si mando en plaza. El PSOE se negó a recibir el papel, cosa que no compartimos en absoluto. A nadie se le puede excluir de sus derechos. Se empieza negando el pan y la sal a Corcuera y se acaba haciendo lo mismo a la gente del arroyo socialista.

Sólo un avisado comentarista, Enric Juliana, ha entrado seriamente en materia, significando por lo derecho la novedad de este documento, posiblemente redactado por Joaquín Leguina,  que es un hombre letraherido. El resto de los comentaristas y escribidores de gacetillas solamente han hablado de las referencias del documento al «carácter tóxico» de Podemos y a sus relaciones con el «chavismo» y otras pipirranas exóticas internacionales. La novedad, como decimos, ha pasado desapercibida. Nos referimos a la alusión del papel que la gran coalición en tanto que «democracia consociativa». Entiendo que no se trata de un desliz sino de algo puesto a cosica hecha.

Creo que es la primera vez que, desde las filas de un partido socialista, se reclama el término «democracia consociativa». No recuerdo que ninguna corriente de opinión y militancia de dicho partido hayan reivindicado o planteado explícitamente esa práctica política. El ladino de Bettino Craxi, que tanto la práctico, ni siquiera –que yo recuerde— habló de ello: su mano izquierda (si es que la tenía) siempre ignoró lo que hacía su derecha. Y viceversa.  

El consociativismo  siempre fue (y sigue siendo), dicho esquemática pero no erróneamente, el pacto entre élites del poder político y del dinero contra las clases populares organizadas en movimientos sociales y políticos. Italia fue el paradigma de ello, la Italia de la Democracia Cristiana especialmente y sus cacicazgos de toda suerte. Y de aquellas inmundicias se nutrió el gattopardismo y vino la decadencia cultural y política del país donde florecía el limonero.


La insólita novedad del documento es que un sector minoritario, aunque influyente, del PSOE se convierte en esos «aduladores agachados» de los que habla el Duque de Cornualles en la escena segunda del segundo acto del Ley Lear. Con lo que llegamos a una conclusión provisional: el PSOE no tiene un problema coyuntural sino estructural. Demasiados galápagos revolotean en su interior disfrazados de pluralismo ideológico.


domingo, 31 de enero de 2016

Contra El País, a propósito de Pedro Sánchez




Primer tranquillo

Quienes habían profetizado que la reunión del Comité federal del PSOE acabaría como el rosario de la Aurora con el apuñalamiento visigótico de Pedro Sánchez deberían ser más cautos en sus próximas predicciones. Lo que ha sucedido es justamente lo contrario: Sánchez, estando como están las cosas, no sólo ha ganado, de momento, la batalla sino que ha salido fortalecido. Incluso el estilo antipático de la editorial de El País de hoy lo reconoce indirectamente. Y contrariamente podemos afirmar que los adversarios de cabecera del secretario general salieron de la reunión visiblemente mohínos.  Es cierto que las conclusiones de este encuentro no despejan necesariamente las incógnitas para la formación de gobierno, pero en todo caso abren algunas hipótesis, al menos para explorar sus posibilidades. Y, especialmente, ofrecen una constatación: que el joven Sánchez no se arredra ante los movimientos del Gotha del partido.  Al tiempo que recuerdan a Felipe González la vigencia del antañón adagio: oiga, «cada maestrillo tiene su librillo».

Ya veremos en qué queda todo este asunto. Ahora bien, nos interesa valorar la novedad que ha aparecido en las conclusiones que Sánchez ha planteado: la militancia socialista dirá la suya sobre el contenido de los pactos (si los hay) y sus protagonistas. Que todavía el resultado de esa voz colectiva no sea vinculante –la decisión definitiva está en el comité federal--  no impugna la novedad de la propuesta de Sánchez. Pero el máximo organismo entre congresos se las verá y deseará para contaminar esa expresión de la militancia. Es, pues, insólito que el viejo partido haya abierto esa vía y creado ese precedente que anima a la militancia a desperezarse, a salir de «la servidumbre voluntaria» de la que nos habló el joven La Boétie.

Naturalmente, esta decisión es la que recorre lo ancho y largo de la crítica de El País. Que es tachada de aventurerismo y comparada con los hábitos de la CUP, sabiendo el editorialista hasta qué punto produce urticaria en los estómagos de la política instalada el estilo cupero.

En resumidas cuentas, poco importa si la propuesta de Sánchez es una jugarreta para descolocar a sus íntimos adversarios: si logra conseguir pactos (y con quienes) es un mandato inequívoco del pueblo socialista y, en la parte que le corresponde, Sánchez si consigue sus objetivos aparece fortalecido. En caso contrario –vale decir, si no logra lo que se propone--  él mismo se siente autorizado a interpretar por qué.   

Segundo tranquillo

Los grupos dirigentes han practicado el centralismo vertical, que algunos llamaron otrora «centralismo democrático», en clave de monopolio de qué debía hacer la militancia en cualquier contingencia. El nuevo signo de los tiempos ha puesto en entredicho esta dogmática, que ya ha empezado a hacer aguas. Ahora empieza a emerger un notable fastidio ante el centralismo vertical que reduce a los gobernados a mera prótesis de las diversas Torres del Homenaje. De ahí la siempre escasa literatura que sostenga y fomente los derechos individuales de cada afiliado. Lo que comporta que se ponga el acento en los aspectos ´represivos´ cuando el inscrito se aparta de la ortodoxia que crea el grupo dirigente y esté en precario el derecho de cada cual.


Entiendo que debe alargarse el diapasón de los derechos del militante, en tanto que tal. De ahí que, en base a este planteamiento, me hago venir interesadamente lo que sigue: ¿no ha llegado el momento que, ante todo convenio colectivo, se defina estatutariamente que es la afiliación la que debe pronunciarse sobre el particular? Máxime cuando algunas organizaciones sindicales europeas –por ejemplo, los metalúrgicos italianos de la FIOM--CGIL--  tienen reglado que los afectados por su convenio deben tomar la palabra. Vale.