viernes, 18 de abril de 2014

LA MEDALLA DE ORO DE LA POLICIA A MARÍA SANTÍSIMA



Desde las covachuelas de algunos ministerios se empeñan en hacer rematadamente el rídículo. La imagen de María Santísima del Amor de la Cofradía de Nuestro  Padre Jesús El Rico de Málaga ha recibido este Miércoles Santo la  Medalla de Oro al Mérito Policial con carácter honorífico, máxima  distinción de la Policía Nacional. Un acto que ha contado con la  presencia, entre otros, del secretario de Estado de Seguridad. Es todo un acto que parece evocar, entre otros, la famosa canción de Jean Ferrat,  Le sabre et le goupillon.  Que, en este caso, podríamos traducir como La porra y el hisopo. Toda una ceremonia que intenta reavivar el rescoldo, nunca apagado, del paganismo de garrafón que significan esas estatuas de vírgenes dolorosas como reclamo de sumisión a los poderes y, a la vez, a las exigencias del turismo de masas.

Por supuesto, es otra expresión de la deconstrucción de la Carta Magna que define el Estado como aconfesional y del resquicio que le da el tratamiento que aquella le da a la iglesia católica, apostólica y romana. O sea, la filigrana que escribieron los padres constituyentes en su día que permite freír una corbata y planchar un huevo. Pero, es simultáneamente, el nuevo itinerario de una política termidoriana y del más rancio nacional-catolicismo. O, si se prefiere, la vaiopinta cofradía de nuevas y viejas supersticiones: la mano dura contra derechos y libertades, la vela encendida a la tecnocracia y el cirio de rigor al santoral de los inquilinos de esa improbable urbanización que es el Paraíso.

Apostilla. Al cura de Roma, que habla urbi et orbi, le costará mucho trabajo negar que la nueva galardonada, María Santísima, no es utilizada para legitimar la porra contra quienes luchan en nuestro país contra esa vieja alianza.  



Radio Parapanda. UNA IGLESIA DESENTERRADA por Paco Rodríguez de Lecea



SILENCIO. NO HAY PALABRAS




Tal vez en otro momento. Ahora no tengo palabras.  

jueves, 17 de abril de 2014

¿ES HORA YA?, ¡YA LLEGARÁ!




Lluis Casas


Con un ligero esfuerzo tal vez logren recordar esas dos frases, que son, no lo duden, de “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, en una versión, creo recordar, radiofónica de comienzos de los cincuenta. Existen otras muchas variaciones del cuento, pero esa es la mía. Un cuento que unos dicen proviene del conjunto de “Las Mil y una noches” y otros lo atribuyen a un añadido occidental. En fin, sea como fuere, así me llegó.

No se porqué se me quedaron gravadas las dos frases.  El entonces un niño iletrado aun, o, como mucho, iniciático en esas lides, recuerda sesenta años después con claridad meridiana las voces surgidas del aparato de radio del comedor familiar. Unas voces que desde las tinas del presunto aceite preguntaban por la hora decisiva y otra voz en tono bajo de una muchacha respondía mediante una par de palabras rotundas que esperasen. Con ello conseguía mantener inmovilizados a la banda de la Gürtel del cuento.

Recordarlo hoy y escribírselo responde a varios motivos, el primero está relacionado con unas recientes lecturas absolutamente anómalas de entrada. Las cito antes de continuar para que vayan haciéndose una idea. Las dos primeras responden a dos novelas de un erudito americano, Christopher Morley, (aunque periodista) que las escribió entre los años 1917 y 1919, se trata de “La librería ambulante” y “La librería encantada”.
Los otros títulos, más abundantes, tienen menor recorrido temporal, aunque de novedades nada, puesto que se trata de relatos de un veterinario inglés allá en los años previos a la segunda guerra mundial. Se trata de James Herriot con sus “Historias de perros”, “Todas las criaturas grandes y pequeñas”, “Un veterinario en apuros” y “Un veterinario en la RAF”.

Todas ellas coinciden, al margen de distintas valoraciones estrictamente literarias, en que se componen de historias intensamente humanas. tanto que se acercan a la inocencia del cuento. Incluso en el caso del famoso veterinario (se hicieron Films y lograron éxitos espectaculares de tirada), el asunto no son realmente los animales que profesionalmente trata, sino sus propietarios y la Inglaterra rural de su época.

El americano compone un pequeño grupo de personajes que no se hasta que punto son simplemente invenciones, pero que le sirven para hablar de una vida discreta e inmensamente feliz alrededor de los libros. En ambos casos, su escribanía es fácil, accesible y extraordinariamente limpia, sin complejidades argumentales, ni recovecos útiles para los expertos literarios.

Para un lector no anglosajón y distante en el tiempo, hay que aceptar la personal ignorancia supina del mundo literario americano de principios del siglo veinte y un desconocimiento sólido y estructural del equivalente inglés de cualquier época. Dejado esto al margen, se puede disfrutar durante toda la lectura de unos textos que provocan una sonrisa permanente.

El veterinario, lejos de citas literarias, tiene contenidos sorprendentes para un urbanita que solo ha visto una vaca en los rebaños de Texas en el cinematógrafo. El que firma, debe añadir que solo se le ocurrió ya muy entrado en años que los animales padecían enfermedades y accidentes, puesto que hasta entonces eso de la gripe, de las molestias más o menos graves del estómago o del brazo escayolado le parecían algo total y exclusivamente humano. Los animales, tal vez por prescripción divina, eran ajenos a ello. Sujetos simplemente a los dientes de los depredadores o al rifle del cazador de búfalos.

Las dos primeras lecturas citadas están al alcance fácil de cualquiera, puesto que han sido editadas recientemente por Periférica. Las de Herriot, las he pillado en un fardo digital que me han facilitado, pero sé que existen algunos ejemplares aquí o allí. Deberán buscarlos.

No todo debe ser novela negra o gris, a pesar de los últimos ejemplares aparecidos de Philip Kerr o de Ben Pastor.

Debidamente ilustrados respecto al primer motivo del recuerdo del cuento de Alí Babá, paso a iluminarles con el segundo, también provinente del cuento, aunque de una clase totalmente distinta.

Por si ustedes no lo sabían, y, probablemente, ni siquiera lo sospechaban, tenemos una Constitución con patas. Es decir, independiente de sus autores y votantes. Es cosa ejemplar que un texto jurídico que tiene su verdadero valor en los pactos y acuerdos, se valga por si mismo y se independice, por así decirlo, como un adolescente de 40 años.

Ya habrán captado la sutileza con que hablo del debate del Congreso sobre la capacidad, posibilidad y permiso para votar en casa sobre nosotros mismos. Hay que estar alerta e ir precavido frente a una Constitución asaz sensible respecto a sus textos. Pero si no lo han percibido, no tienen más que pinchar en Internet en busca de la intervención del “Gran Coscubiela”, devorador de simples habladores sin substancia.

 A lo que íbamos, al menos yo. He quedado agradablemente sorprendido en mi interés por las cosas animadas, al leer que la Constitución nos impide votar. No conocía esa habilidad de la Constitución de hablar, manifestarse e, incluso opinar. Tenía entendido que esa clase de seres (que ahora sabemos pertenecen al mundo animado) se mantenían silentes y acomodados placenteramente en su propio texto. Atentos, sin más, a que los ciudadanos y los elegidos por ellos modificasen sus partes, las que fuere, a modo de actualización periódica. Cosa que agradecían en bien de su supervivencia, objetivo fundamental de todo ser genético. Pero, por lo visto, no es así. El pájaro constitucional (si es que es un pájaro, podría ser de la clase de las escolopendras) no solo trina, sino que nos comunica las buenas o malas nuevas para que nosotros, simples paramecios cumplamos lo afirmado y confirmado.De cambiar nada.

Conocer esto de sopetón, en una sola sesión del Congreso ha sido difícil de asimilar, e incluso de comprender. Gracias “Gran Coscubiela”, sin ti no hubiera sido posible. Me hubiera quedado, junto con otros varios millones, simplemente anonadado e incapaz de reacción ninguna. Como si me hubieran plastificado cual DNI y puesto el vulgar cartelito que reza: “objeto sin atributos, no tocar sin permiso del imperio (propietario exclusivo). En caso necesario dirigirse al cuartel de la Guardia Civil más próximo”.

Afortunadamente, como ya he dicho, alguien con las cosas de la cabeza y de la entre pierna bien puestas, ha impedido que con la flojera producida me dejara absorber por la irrealidad y terminara efectivamente cual “homo disecatus”.

En fin, a las puertas de la semana santa y previendo la huída de lectores, lo dejo aquí, a merced del buen hacer del gobernador civil.

Lluís Casas pasmado


Radio Parapanda. EL LIMONERO BAJO EL CEMENTO por Paco Rodríguez de Lecea



domingo, 13 de abril de 2014

EL ABOGADUCHO QUE YA APUNTABA MANERAS




Foto de la minicumbre de Pol de Marx



Don Manuel Alonso Olea ha sido uno, en otros tiempos,  de los juristas del trabajo más reconocidos de nuestro país. No pocos de los grandes operadores jurídicos españoles se forjaron en sus aulas. Sin ir más lejos, pongamos que hablo de don Joaquín Aparicio Tovar, activo militante de la nunca bien ponderada como se debe blogosfera de Parapanda: http://japariciotovar.blogspot.com.es/.

Corre por los mentideros del iuslaboralismo patrio el siguiente sucedido. En una reunión de trabajo se encontraban don Manuel (llamado por todos el Maestro), un jovencísimo Aparicio, un picapleitos bifronte y algunos más. En un momento dado, el picapleitos habló con cierto desparpajo: «Maestro, no digas esas cosas; peor todavía, no escribas esas cosas». (Las fuentes, rigurosamente consultadas, nos dicen que el tal sujeto tuteaba al Maestro).

El Maestro, respondió con extremada elegancia y en apariencia enigmática: «Lo digo y lo escribo, porque yo no llevo pleitos». Lo que fue interpretado por la mayoría de los devotos de don Manuel como una defensa del Derecho del Trabajo frente al rábula descortés que, tal vez, ya insinuaba el tránsito del iuslaboralismo al iusprivatismo.







viernes, 11 de abril de 2014

CRISIS POLÍTICA EN LA JUNTA DE ANDALUCÍA




No es irrelevante el conflicto entre el PSOE e Izquierda Unida en Andalucía. Sin restarle importancia podemos decir, no obstante, que desde las cavernas mediáticas se está engrandeciendo y azuzando para que la coalición que gobierna Andalucía se vaya a pique. De momento los portavoces de ambos partidos están buscando la manera de superar este bache, y –no hace falta decir— lo hacen con tacto y mesura. Más todavía, haciendo oídos sordos a quienes, desde sus propias filas, o bien cuchichean o bien con la voz alta, incitan a la ruptura.

Desde la lejanía geográfica y la cercanía de sentimientos (y de intereses) –sobre todo, desde la desinhibición de la edad provecta--  pregunto: ¿a quién le interesa la ruptura? ¿a quién le conviene la ruptura?

¿Le conviene a los sectores que, con mayor o menor, diapasón se sienten representados por una u otra formación? ¿a los que, en una u otra medida, se ven tutelados por la unidad de acción de gobierno de ambas formaciones políticas? Y, en sentido contrario: ¿es pura retórica afirmar que, si se diera dicha ruptura, no se frotarían las manos la potente alianza de las derechas políticas y económicas de ambos lados de Despeñaperros? Es más, séame concedida la siguiente hipótesis: si hubiese ruptura (más allá de quien aparezca como visiblemente mayor responsable) el castigo para las dos formaciones de gobierno sería igualmente contundente.

Siempre ha habido dificultades en los gobiernos de coalición. La política no se hace con avemarías, incluso cuando el gobierno es monocolor. Aunque sí parece ser cierto que, en no pocas ocasiones, las avemarías se orientan contra la política cuando se trata de los gobiernos de las izquierdas coaligadas.

En efecto, los motivos que han llevado a esta crisis no son cosa baladí. Pero una crisis no necesariamente conlleva una ruptura, máxime cuando sus costes serían de enorme calado. Así es que quítense de la cabeza la idea de aquel zoquete que se inventó aquella concepción del «fiat iustitia et pereat mundus», que es lo mismo que decir hágase justicia y que el mundo se vaya al carajo.   

Radio Parapanda. EL PECADO A LOS TRECE AÑOS

jueves, 10 de abril de 2014

ARMANDO LÓPEZ SALINAS Y LOS SINDICALISTAS



Ignasi Riera (a quien sus fans seguimos llamando cariñosamente Nani), junto a un grupo de intelectuales ha organizado un acto de homenaje a Armando López Salinas en Madrid el día 15, martes, de este mes (1). Pues bien, los organizadores de dicho evento (posiblemente bajo la irresistible presión de Nani Riera) me han invitado a participar. Les agradezco el detalle que yo interpreto como un gesto de buenas gentes madrileñas con nosotros, los que vivimos y trabajamos en Cataluña. El acto se celebrará en la sala de Blanquerna, a las 7 de la tarde.  

Como es natural mi intervención no puede separar la condición de dirigente comunista e intelectual de Armando López Salinas. Realmente nuestro hombre, sin abandonar su obra como escritor, dedicó su vida “al partido”, a la lucha por las libertades democráticas y a la consolidación de una democracia avanzada en España. Cosa que hizo hasta muy pocos días antes de su fallecimiento. Precisamente algo de eso me contó Luis Collado, un prestigioso jurista del trabajo el otro día en Albacete.

El amigo Collado me explicó que se encontraba cada dos por tres de Madrid en los actos que organiza la Fundación Primero de Mayo de Comisiones Obreras, que dirige Rodolfo Benito para hablar de la relación entre intelectuales y los nuevos problemas del trabajo que cambia. Y allí estaba Armando pegando la hebra, seguramente pensando en el largo tránsito que se ha operado desde aquella mina que tú relataste has el nuevo centro de trabajo. Decía Collado que Armando siempre le preguntaba por la juventud y los problemas del mundo del trabajo.

Esta anécdota me provoca una reflexión: creo que tendría gran interés que los sindicalistas (especialmente las nuevas generaciones) leyeran la novela más celebrada de López Salinas, La Mina,  una de las más significativas del realismo social español. Que ha sido  condenada al silencio y al olvido por la crítica literaria española, y lo ha sido porque molesta, ya que quiebra el relato de la Transición, cuyo relato se ha construido sobre el mito de que cuatro o cinco hombres hicieron posible el cambio hacia la democracia en nuestro país.

Tengo para mí que leer La Mina debería ser una asignatura en los cursos de formación de dirigentes sindicales. En no pocas ocasiones el estudio de importantes textos literarios ha sido más atractivo para la capacitación de los dirigentes sindicales que los pesados ladrillos retóricos que, con cierta frecuencia, se ofrecen.  Por otra parte, la novela nos ofrece, si se estudia con detenimiento, dos enseñanzas para el lector de nuestros días: de un lado, cómo estaban las cosas en aquellos tiempos de la dictadura y, de otra, el innegable avance que se operó con las conquistas de civilización en los centros de trabajo.

Más todavía, La Mina, con su relato (la fotografía de aquella situación) nos alerta: el ataque a las conquistas sociales –a sus «bienes democráticos»--   que se están llevando a cabo nos puede llevar a que durante un largo periodo se acentúe el carácter termidoriano de esta situación que atraviesa el centro de trabajo, la cultura y la política. Leer La Mina, es un modesto acto de interferencia contra esa situación y, especialmente, si se sacan las debidas conclusiones. Sin lugar a dudas, es además, un acto de reconocimiento de un hombre templado, de un intelectual militante, como lo fue Armando López Salinas.         

    (1) Intervendrán Jaime Ruiz, presidente de AMESDE
- Mirta Núñez Diaz-Balart, directora de La Cátedra de Memoria Histórica del Siglo XX. UCM.
- José Manuel Pérez Carrera, profesor de Literatura. AMESDE
- José Luis López Bulla, exsecretario General de CCOO de Cataluña 
- Victoria y Carlos López Balduque (sus hijos)
- Cristina Almeida, abogada. AMESDE
- Ignasi Riera, escritor y AMESDE
- Julio Diamante, director de cine. AMESDE
- Juan Trias, profesor de la UCM. AMESDE
- Carlos Berzosa, exrector de la UCM
- Marcos Ana, amigo y escritor

  

 

 Radio Parapanda.  Paco Rodríguez de Lecea  en SOBRE LA             SUMISIÓN      (y III)



domingo, 6 de abril de 2014

LA AGUIRRE O LA SANGRE AZUL EN DIFERIDO




Algunos se han tomado a chacota el sucedido madrileño cuya protagonista principal ha sido Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Bornos. Otros lo han mirado con ojos indignados por la actitud desparpajada de la condesa consorte. Nuestra teoría parte de otro enfoque que en nada contradice la indignación. Veamos.

No es que la condesa consorte sea irrespetuosa con la ley. De eso nada. El quid de la cuestión radica en que, para esta señorona, la ley (o las normas de cualquier tipo) rezan sólo y solamente para los plebeyos. La sangre azul, que en ella es en diferido, está por encima de las leyes y normas. Sólo vale para el vulgo. Y, a partir de esa concepción –tradicional en los altos estamentos--  parece construir el siguiente discurso: yo (es decir, la consorte) estoy por la aplicación irrestricta de la ley para el populacho y en contra de que se la apliquen a ella. Es la primacía del latifundio político y de la sangre de alto copete (en diferido o no)   frente a la sangre de garrafón: el ringorrango versus frente al común de los mortales que no lo tienen. Y, castiza como es esta Aguirre, se compara con los privilegios del Dom Perignon frente al humilde vino peleón.  


Radio ParapandaSOBRE LA SUMISIÓN (II)



sábado, 5 de abril de 2014

«MORIR POR LA PATRIA ES UNA VIRTUD CRISTIANA»


Nota editorial. Conversación en casa con el cura obrero Javier Sánchez del Campo



El Obispo de Santander se ha inscrito en esa carrera de jamelgos que se caracteriza por ver quién, con perdón, mea más largo. Hubo quien sentenció sobre los homosexuales (Cuenca); quien habló que los niños chicos son los que provocan que haya pederastas (Córdoba); quien tuvo acentos guerracivilistas recientemente (Madrid) y otros con no menos mugre. Es la cofradía pendenciera de Rouco y sus hermanos. Ahora se ha añadido el mitrado santanderino: «morir por la patria es una virtud cristiana». Es el teologúmeno que concluye con otra de sus bendiciones eclesiásticas: «la indisoluble unidad de España». Véase esta pieza en http://www.ara.cat/politica/unitat-espanya-bisbe-santander-esglesia_0_1113488896.html.

A mi entender, este mentecato está llamando a una bronca caballuna, vale decir, a que una legión de energúmenos, armados entre los dientes, entre en Barcelona y se líe a tiros contra la hipotética “resistencia armada catalana”. Por supuesto, los ensotanados estarían observando la jugada a mil kilómetros.  O, tal vez, estarían indicando que son necesarios somatenes en cada ciudad donde se celebren manifestaciones contra las políticas de austeridad, ya que –en su esclarecida opinión— quienes así lo hacen son “enemigos de la patria”. Comoquiera que, dentro de esas manifestaciones, siempre hay  gente con tirachinas, tal vez becarios del hisopo, que agrede a los policías reales, dichos becarios, siempre con «virtud cristiana»,  deberían morir en olor de martirologio.

Por lo demás, suena chocante el neopatriotismo de los ensotanados altos funcionarios de la iglesia. Han entrado, nuevamente, en el tradicional oxímoron de su historia: católico como sinónimo de universal no se compadece con la exacerbación espasmódica del campanario aldeano. A buen seguro que el famoso cura de Roma, que habla urbi et orbi, habrá fruncido el  ceño.  

Apostilla.— Para que no se diga:  yo también estoy dispuesto a dar mi vida por la patria; lo haré después de que todos los miembros de la Conferencia Episcopal Española lo hagan. Ni un segundo antes.   


Radio Parapanda.--   SOBRE LA SUMISIÓN (l), por Paco Rodríguez de Lecea



viernes, 4 de abril de 2014

Pídele cuentas al rey, pidámosle cuentas al rey




Escribe Helios López Roig


Uno de los episodios más difíciles para el PSOE fue la “Marcha Negra”, que tuvo su origen en la reconversión del sector de la minería por parte del gobierno “postsocialista” de Felipe González en 1992. Un año olímpico, cultural y expo-nencialmente deslumbrante acompañado con dosis de políticas estatales autoritarias. Esta forma de llevar el bastón de mando obligó cerrar diferentes pozos mineros con el consiguiente despido de sus trabajadores. Rápidamente se organizaron numerosas movilizaciones, algunas de ellas acabaron en cortes de carreteras, mano dura de las fuerzas antidisturbios contra los obreros, destrozos sobre todo en la zona de León que fue la más afectada. A todo ello se sumó el encierro – que duró 50 días – de ocho dirigentes sindicales en la mina del Pozo Calderón, exigiendo la devolución de todos los puestos de trabajo de sus compañeros.

La “Marcha Negra” fue organizada por los sindicatos mineros de Ponferrada y fue una marcha a pie de 500 trabajadores afectados por los recortes. Desde la localidad de Villablino (León) hasta el Ministerio de Industria en Madrid los mineros caminaron con mono de faena y casco. La convicción y la determinación del colectivo hizo que fuesen cosechando numerosos apoyos durante los días que duró una marcha que iniciaron el 8 de marzo – día internacional de la mujer trabajadora - y que terminó el 25 de marzo de 1992 con una gran manifestación en la capital que reunió a 15.000 personas.

Precisamente en esta movilización se basa la película “Pídele cuentas al rey” (1999), una tragicomedia social del director de cine José Antonio Quirós, que personaliza la acción en Fidel (Antonio Resines), un minero que acaba de ser despedido y que, amparándose en el punto 1 del artículo 35 de la Constitución Española que reconoce: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”, marcha con su familia desde Asturias hasta Madrid para hacérselo saber al Rey Juan Carlos I. En su camino se le irán uniendo un conjunto de personas que le apoyan en su causa.

La Corona es un órgano constitucional de nuestro Estado, la Presidencia de una República Democrática incuestionablemente también lo es. Pídele cuentas al rey, pidámosle cuentas al rey creo yo que puede formularse, elaborarse como una legítima demanda de los ciudadanos, de rendición exhaustiva de cuentas y resultados que el monarca de turno, como representante o símbolo de un órgano constitucional de un país democrático, debe estar obligado a trasladar a la ciudadanía. Los españoles tenemos el derecho a conocer y a verificar por completo y de forma permanente el estado de limpieza, resistencia, olor y transparencia del traje institucional unipersonal real-mente más caro de la democracia, no dejando tampoco de revisar ninguna costura o deshilachado. Así todo órgano constitucional está sometido a fiscalización y control democrático.

Por otro lado, los ciudadanos tenemos la capacidad de leer, dudar, averiguar, contrastar, comprobar y rebatir de forma libre e independiente cualquier argumento, idea, dato, hecho producido o cualquier hipótesis científica e histórica que se plantee o debata. En este sentido, segmentos de población importantes de este país han aceptado, compartido y estudiado una historia oficial que ha prestigiado el valor, el compromiso y el comportamiento impecablemente democrático de la Corona desde la transición hasta hoy. Actualmente la posición del PSOE aclara no albergar ninguna duda acerca de que el rey fue quien paró el intento golpista. La Corona, después de la muerte del dictador Francisco Franco en la cama, ha hecho siempre gala de asumir valores, ideas y actitudes “democráticas, leales y ejemplares” a su constitución, a su país. A los ciudadanos nos ha tocado verificar si los ideales que decía asumir y protagonizar dicha institución, vehiculados por los medios de comunicación públicos y privados, se han correspondido o no con el día a día de la realidad, si se han materializado o no de forma indudable con la existencia y la práctica de un currículum, de una trayectoria y de un ejercicio de “servicio público, democrático, leal, ejemplar y de prestigio”. Esta verificación ha sido distorsionada, oscurecida o ridiculizada con la finalidad de esconder, tapar y silenciar determinados hechos, favores, contraprestaciones y comportamientos por una determinada clase política, por unos determinados poderes fácticos muy bien anillados con la monarquía que han manejado hábilmente técnicas de propaganda para proteger y exaltar la figura del rey como una figura libre de polvo y paja pasara lo que pasara, hiciera lo que hiciera.

Después del famoso falso documental del periodista Jordi Évole sobre el 23-f, la fiesta del teniente coronel Antonio Tejero – hijo - en su cuartel militar, más tarde el fallecimiento de Adolfo Suárez, y luego entrevistada la periodista Pilar Urbano presentando públicamente su último libro se han reavivado especulaciones sobre el grado de conocimiento, participación e implicación del rey en el golpe de estado. En aras de la transparencia, es un primer paso que se signifiquen opciones políticas representadas en las instituciones que apoyen seriamente y hasta el final la petición de que se desclasifiquen los documentos sobre el armadazo-tejerazo. Que el sumario del 23-f se abra a la luz completamente. Ninguna pérdida, ocultamiento, destrucción y corte en cintas, conversaciones y grabaciones de imagen y sonido, ninguna amputación y tachadura en negro sobre el contenido de estos documentos. Cayo Lara pide que las conversaciones por teléfono que realizó el rey a los diferentes cuarteles de las regiones militares estén disponibles y se analicen. Paralelamente a esta presión política creo que seria conveniente y necesario organizar una gran Plataforma Ciudadana que promoviera una Iniciativa Legislativa Popular que recogiera firmas para que se abriera completamente el sumario judicial del 23-f y se desclasificara toda la información nacional e internacional secreta disponible al caso. Si se reabriera el sumario con valentía cabría la posibilidad de nuevas imputaciones, de nuevos  interrogatorios judiciales, de nuevos cargos y acusaciones. El golpe fue un acto ignominioso contra todo un pueblo. Querían resucitar a un nuevo Franco.


Radio Parapanda. DEFENSA (MATIZADA) DEL PARTIDO POLÍTICO (Paco Rodríguez de Lecea)



jueves, 3 de abril de 2014

GRUPOS DIRIGENTES, BASES DIRIGIDAS



En el blog hermano En campo abierto  aparece un interesante artículo donde se habla de las recientes elecciones municipales en Francia (1). El trabajo ha sido traducido, con pluma ducha, por Paco Rodríguez de Lecea. Por cierto, es una buena noticia que Paco haya abierto un blog :http://vamosapollas.blogspot.com.es/.

 

Sería cosa oportuna que los dirigentes de los partidos de izquierda y de los movimientos que forman parte de ese universo –pongamos que hablo también del sindicalismo--  lean el mencionado artículo con sosiego y, si pueden, saquen sus propias conclusiones. Ahora bien, comoquiera que existe abundante literatura sobre la «crisis de la izquierda», me parece conveniente sugerir lo que viene a continuación. 

 

La inmensa mayoría (por no decir la totalidad) de tales estudios se refiere a las políticas que practican (o dejan de practicar) los grupos dirigentes. Echo a faltar, sin embargo, una investigación de los niveles de consenso o seguidismo de las bases de dichas organizaciones, de los niveles de consentimiento de la militancia (si es que existe) en la vida política partidaria cotidiana. Y hasta de la existencia o no de una «servidumbre voluntaria».  O, por decirlo bruscamente, ¿hasta qué punto tiene vigencia la famosa advertencia de «quien se mueva no sale en la foto»?  Más todavía, ¿qué cautelas reales existen en dichas organizaciones para contrarrestar la natural tendencia de los grupos dirigentes a ejercer el poder de manera discrecional? ¿qué sentimiento de «querer participar tienen las bases  y de que su voz deba y tenga que ser participante?

 

Apostilla. Poco tengo que decir de la técnica de las primarias. Pero, tal como se están produciendo dichas prácticas, tengo para mí que podrían convertirse justamente en lo contrario de lo que se quiere evitar.

 

 (1) enhttp://encampoabierto.wordpress.com/2014/04/02/elecciones-municipales-en-francia-y-paises-bajos-una-advertencia-europea/

 

Radio Parapanda. LA IZQUIERDA Y EL PROBLEMA DEL ESTADO (Paco Rodríguez de Lecea)

 

ESPAÑA Y CATALUÑA, NECESITAMOS CARPINTEROS  (Quim González) 



martes, 1 de abril de 2014

EL REPENSAMIENTO DEL SINDICATO. Una conversación en Albacete




Posiblemente alguien pueda creer que, con la que está cayendo, es un lujo innecesario o una pérdida de tiempo reflexionar sobre el futuro del sindicalismo. Yo no lo veo así.  Entiendo que es imprescindible esa investigación porque, dada la velocidad de los cambios en todos los órdenes, hacen que cada día estemos “en el futuro”.  O, en otras palabras, averiguar como debería ser el sindicalismo futuro es darle utilidad a nuestra acción colectiva cotidiana, a la eficacia del  ahora mismo. O, si se prefiere: qué elementos “de futuro” podemos ir incluyendo en nuestra práctica de hoy.

Dos cosas me impulsan a meterme en ese estado de la averiguación de la cuestión sindical: de un lado, el llamamiento de Toxo a «repensar el sindicato»; de otro lado, lo que recientemente ha dejado dicho Antonio Baylos, esto es, «el sindicalismo se encuentra ante un situación complicada en el que se pretende por otra parte reducir al mínimo su influencia. Su poder contractual y de conflicto debe asimismo confrontarse con su práctica y sus experiencias e impulsar una transformación de las mismas en su acción colectiva». En base a ello he preparado para nuestra conversación de hoy unos apuntes sobre: el nuevo estadio donde debería insertarse la acción colectiva del sindicalismo confederal y el proyecto del sujeto social.  Que desde hace tiempo lo considero imprescindible y, especialmente, desde la última  reforma laboral  que tantos estragos está cometiendo.  



ROUCO, ESE HOMBRE

Rouco Varela representa lo más trágicamente negro de toda nuestra historia. Sus recientes intervenciones bajo palio así lo demuestran. El alto funcionario eclesiástico se ha liado a cristazos contra sus principales obsesiones: las de ayer y las de hoy.

Ahora bien, ¿qué encubren estas roucadas desde el púlpito? Lo diré sin pelos en la lengua: la exasperación del mitrado por lo que ya no puede hacer. A saber: la pérdida de importantes poderes que la iglesia monopolizaba históricamente; la competencia con otras creencias, algunas de ellas no menos fundamentalistas; la secularización de la sociedad; la contestación de ciertos sectores cristianos de base; y la indiferencia de una parte no irrelevante de la sociedad ante las cosas de la iglesia. Definitivamente, la iglesia de Rouco ya no es lo que era, y puede que nunca más vuelva a serlo.

Así las cosas, Rouco –ese hombre--  en vez de proponerse una serena reflexión sobre lo que le está sucediendo, tira por el camino del exorcismo de todo lo que (le parece) no huele a incienso y agua bendita. Lo hace desde su lengua esclerótica que se funda en la autorreferencialidad, en el dogma administrativo de Trento. Que ya no puede gestionar como antañazo.

Ni siquiera este caduco militante sirve ya para defender los intereses de los poderosos. Lo que viene a cuento de un viejo sucedido que me ocurrió hace muchísimos años. Una anciana señorona acostumbraba a decir: «Menos mal que tenemos a la iglesia que nos defiende de los Evangelios».

Apostilla. No descarto, además, que la posición montaraz de este mosén sea un esfuerzo para contraatacar los tímidos y tartamudeantes movimientos reformistas, aunque ya veremos en qué queda la cosa, que vienen (o parece que vienen) de ese cura de extremada mitezza, que intenta gobernar urbi et orbi.  Justamente lo contrario de este Rouco, el doctor Pedester.   
  


   

lunes, 31 de marzo de 2014

VOTAR A LOS 16 AÑOS



Nota editorial. Hobserven la hortografía del cabayero en cuestión: «Gracias por vuestro apollo …»



Escribe Helios López Roig


Hola, José Luis:

Si en los anteriores debates habéis considerado de forma seria, urgente, necesaria y saludable una profundización, ampliación y desarrollo de nuestra democracia, creo yo que seria justo y bueno para las Ciudades del Trabajo, del Saber, de la Democracia y del Bienestar que los ciudadanos jóvenes  de 16 años votaran en este país por varios motivos. 

Antes hagamos una mirada al exterior:

1. Fuera de Europa hay pocos países donde con 16 años se puede votar: Argentina, Brasil, Cuba, Ecuador, Nicaragua. En Sudán, Indonesia, Corea del Sur y Timor Oriental a los 17 y no contamos Irán que es a los 15. Sin embargo, ninguno de ellos se caracteriza por una larga tradición democrática y alguno de ellos ni la conoce aún.

2. En EE.UU, el derecho de voto para los ciudadanos es a los 21 años.

3. En Europa nos encontramos con Austria que lo aprobó en el 2007 y más tarde Chipre.

4. Hace unos años el entonces Primer Ministro británico, el laborista Tony Blair planteó tal posiblidad, pero no prosperó.

5. Hace tiempo que el Consejo de la Juventud de España recomienda votar a los 16.

6. En el último congreso del PSOE en Sevilla se debatió este tema.

7. Izquierda Unida hace años que lleva escrito ejercer este derecho en su programa electoral.

8. Las recientes primarias del PSC para la alcaldía en Barcelona han permitido votar a jóvenes de 16 años.

Mis motivos son:

1. Las sociedades europeas han avanzado mucho en el orden demográfico, social, económico, tecnológico, cultural y de estilos y valores de vida estas últimas tres décadas. 

2. Hay otro factor importante y es que la pirámide demográfica está cambiando. No hay tantos ciudadanos jóvenes de 16 a 18 años como antaño y estos aún no participan democráticamente en asuntos vitales y de su futuro como la reformas estructurales en materia laboral, del sistema educativo, de vivienda y otros temas, no menos importantes, que afectan y configuran su vida como las políticas de salud, deporte y cultura en general.

3. Un ciudadano joven de 16 años ya tiene pelos en el culo, un teléfono móvil y una cuenta de correo en internet. Quiero decir con eso que ya es un sujeto “sin inocencia” con una básica concepción del mundo, que interpreta las grandes leyes y fuerzas que lo determinan y lo mueven - por ejemplo la fuerza de la gravedad, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, las actitudes y los comportamientos humanos de los demás - y que ya está situado en el mercado de trabajo con su abanico de competencias básicas desarrolladas en o hasta el final de la formación secundaria. No entraré en detalles si este joven reparte pizzas con moto o si es auxiliar del auxiliar administrativo.

4. Como vemos este joven de 16 años está participando en la Ciudad del Trabajo, unas veces en negro, en gris o en blanco, de forma más o menos precaria y ayudando a sostener sus estudios, su futuro, su familia y el sistema de pensiones. Participa en la Ciudad del Saber y en la Ciudad del Bienestar y solamente le falta entrar en la puerta principal de la Ciudad de la Democracia. 

5. Hoy hay nuevas y más exigencias académicas, curriculares, competenciales y vitales para los ciudadanos jóvenes. Se da una contradicción y es que se promueve públicamente, en el terreno académico y político, una presión para ser un precoz emprendedor. ¡Aquí tenemos a un empresario de 16 años que no puede votar!. El discurso dominante del sistema actual es el de las elites autoritarias que imponen la visión que los recursos existentes son limitados. Para los poderosos la salvación está en uno mismo, en la responsabilidad de cada individuo, en el trabajo duro, exigiendo a los de a pie ser ciudadanos domesticados y contribuyentes ahogados. Pero nos ocultan y disfrazan el contenido de su discurso, de su peligroso núcleo de estafa, apropiación y expropiación antidemocrática e ilegítima. No nos dicen nada acerca de cómo se pueden y deben construir, desarrollar, ampliar y compartir nuevos y mejores trabajos, saberes, deberes, reglas, espacios, compromisos, solidaridades, tutelas, convivencias, bienes, derechos y libertades, de nuevas y mejores oportunidades y esperanzas colectivas en las cuatro Ciudades. Al joven de 16 a 18 años se le da el atractivo caramelo de ser emprendedor pero sigue siendo tratado como un sujeto pasivo y subalterno en los campos en que se interrelaciona.

6. El presente y la realidad más contundente es ya un ciudadano joven con información, que se ha manifestado indignado en múltiples ocasiones en las plazas y calles de nuestro país. Tiene voz propia y ahora está en legítimas y plenas condiciones de reclamar a las diferentes opciones políticas y a los poderes públicos que se le trate con dignidad e igualdad, como un ciudadano completo, no demediado, que le permita ejercer el derecho constitucional de voto.


sábado, 29 de marzo de 2014

¿CÓMO SE ENTRA A NEGOCIAR?




En este blog Quim González en Diálogo Social: ¿foto u oportunidad? y un servidor en ¿Hacia un pacto social? hemos dado unas opiniones de urgencia sobre el encuentro reciente entre el Gobierno (con Rajoy al frente), las organizaciones sindicales y las empresariales.  Vaya por delante por coincidencia con lo planteado por Quim González. Y como no se trata de repetir las consideraciones ya expuestas en los anteriores artículos entro de lleno en algo que me parece de gran interés.

 

Mi impresión es que se ha ido a las conversaciones sin una información previa a las estructuras. Esta forma de hacer las cosas, que no viene de ahora, no cuenta con mis simpatías. Porque lo que está en juego es el carácter participativo del sindicato Entre paréntesis: he dicho «participativo». Lo que me lleva a las siguientes consideraciones: ¿hasta dónde puede llegar el poder discrecional de los grupos dirigentes en el sindicato?, ¿qué relación hay entre participación y grupos dirigentes? No son pejiguerías, ni tiquismiquis.

Son interrogantes cuya respuesta delimitaría qué vínculo establece el grupo dirigente con sus propios afiliados y el conjunto de los trabajadores. La red de actos participativos, normados en los Estatutos, establecería una aproximada distinción entre sindicato-de-los-trabajadores y sindicato-para-los-trabajadores. O de o para.

 

Se podría contrarrestar mi preocupación mandándome el siguiente recado: «Oye, no es para tanto, ese encuentro con la patronal y el gobierno era solamente una exploración de las condiciones». Vale, pero –si fuera de esa manera— no era necesaria esa estética. En todo caso, comoquiera que apuesto (lo dije en el artículo que cito arriba) por acuerdos –no hace falta añadir que valgan la pena--  sería de conveniente recibo que la cosa se orientara en un camino participativo, digno de ese nombre: tanto en el inicio (los contenidos de la “plataforma”) como el resultado final. Un resultado final que debería liquidar el viejo estilo: para decir que no se firma basta la decisión de Pedro y Pablo, siendo uno y otro los jefes de fila  de las diversas cofradías políticas en el interior del sindicato.

 

No hace falta que diga que con más participación el conjunto del sindicato es más fuerte y, como hipótesis, más eficaz.  Y también los grupos dirigentes salen más fortalecidos y con una legitimación itinerante que consolida la legitimación de origen.

 

Apostilla. No leerían bien lo que digo quienes piensen que sólo me refiero a los grupos dirigentes confederales porque hay una opinión extendida que entiende que se puede reclamar participación a los de arriba haciendo de su capa un sayo cada cual en su parroquia. 

 

En resumidas cuentas,  el sindicato no es (o no debería ser) una pirámide sino lo que, en geometría, se conoce como un poliedro estrellado.

 


     Radio Parapanda.-- Carlos Arenas en http://encampoabierto.wordpress.com/2014/03/29/contra-el-estado-de-malestar/#more-3846


viernes, 28 de marzo de 2014

SOLIDARIDADES Y ESTADO SOCIAL. Javier Aristu y un servidor



Javier Aristu

       Entro de manera inmediata, no con la  reflexión que necesita una cabeza lenta como la mía, al debate sobre este asunto de la relación entre la crisis del Estado social (estado del bienestar, estado providencia, welfare) y la necesidad de configurar un marco nuevo de solidaridades sociales (*). José Luis López Bulla, con su habitual sagacidad,  me pilló en un renuncio cuando usé la fatídica palabra “expropiar” (despropiar dicen por el agro andaluz con esa imaginación carente de academicismo pero a veces certera) al hablar de la solidaridad nacional del estado. Vamos pues a precisar, de forma sucinta y escalonada, algunas variantes sobre este asunto.


1.                      Quizá el uso del término “expropiar” no sea adecuado, ciertamente. Lo ponía entre comillas para identificar cómo el estado, esa máquina portentosa de acumular fuerza y poder durante siglos, se hizo con la tarea de facilitar la vida y el trabajo de las gentes, asunto que hasta entonces pertenecía a la responsabilidad de cada individuo (supervivencia) o de las organizaciones sociales que se fueron construyendo a lo largo de la historia para salvar a los individuos. José Luis dice que eso es la  “constitucionalización” de los derechos, y me parece impecable. Con aquel otro término, tan querido a los campesinos y jornaleros de mi tierra, se da la impresión de que el estado secuestra, usurpa la fuerza de la solidaridad a las gentes.  Pero en cierto modo así ha sido también; el estado se ha caracterizado por ir absorbiendo cada vez más, desde el siglo XIX, tareas que hasta entonces o no existían o pertenecían al ámbito del individuo y de la sociedad (¿Hablamos de la URSS?). Todo Estado de algún modo capta energía social para solidificarla, fijarla, encerrarla en el marco de la coerción que él ejerce. Y eso significa que hay un doble o contradictorio proceso: al acumular esa energía el estado nos hace en parte más seguros y más libres porque consigue realizar los grandes objetivos de la realización humana de mejor y más potente manera: nuestra salud, nuestra educación, nuestra seguridad a lo largo de la vida —antes de trabajar, cuando trabajamos y después que pasamos la edad laboral— son mejor realizadas por los servicios del estado que por nosotros mismos. Eso es indudable. Pero a la vez, eso nos hace más dependientes del estado, somos más objetos de la atención del estado que sujetos autónomos que decidimos sobre nuestras vidas. En fin, el Estado liberal del XIX es un avance extraordinario en relación con el papel del individuo; el estado social de principios y mediados del siglo XX supone una revolución cuando asume la necesidad de proteger, velar y cuidar del ciudadano como trabajador y de sus circunstancias laborales. 

Nunca el hombre social había sido capaz de asegurar su vida con nada que no fuera su propia inteligencia y sagacidad; a partir de la creación del seguro de vida y seguro de trabajo (Bismarck, Beveridge) el Estado garantiza la seguridad de ese ciudadano trabajador hasta el final de su vida. Sin embargo, es evidente que si algo ha generado a lo largo de ese mismo proceso es una cada vez mayor fortaleza de los instrumentos del estado (antes los llamábamos “aparatos de estado”) que ya no están destinados a proteger sino cada vez más a vigilar, perseguir, controlar y reprimir al ciudadano.  


2.                       No creo que tengamos que tirar por la borda las conquistas del Estado social. ¡No estoy loco! Lo que sí digo es que debemos aprender de estos últimos treinta años para dar salida a la actual crisis de este estado del bienestar. Pierre Rosanvallon (La nueva cuestión social, 1995) nos dice que el Estado social ha pasado por tres tipos de crisis: una, la fiscal en los años 70 del pasado siglo, y aumentada en estos, cuando se produce un crecimiento del gasto y una reducción del ingreso de ese estado; otra, la ideológica, cuando ese Estado providencia —que Ken Loach retrata tan bien en su película El espíritu del 45—,  como empresario social es incapaz de resolver bien a partir de un momento (los años 80) los problemas de la solidaridad, haciéndose cada vez más opaco, más burocrático y más tecnocrático frente a sus propios acreedores, que son los ciudadanos. Desde mi punto de vista, esta crisis ideológica es palpable, terrible y fenomenal en la educación española—la experiencia andaluza en educación es significativa— aunque ahora no me puedo detener en esta decisiva cuestión. Finalmente, dice el pensador francés, hay en estos años de principios de siglo, y tras los acontecimientos económicos y geopolíticos ya conocidos, una tercera crisis de tipo filosófico caracterizada por “la desintegración de los principios organizadores de la solidaridad y el fracaso de la concepción tradicional de los derechos sociales para ofrecer un  marco satisfactorio en el cual pensar la situación de los excluidos”. 


Es decir, y como están ya constatando gente de la que nos podemos fiar (Sennet, Bauman, Sassen, Supiot, etc.), el mundo actual es un conjunto de desagregaciones, de desarticulaciones; cada vez más gente se queda fuera de los circuitos de protección y seguridad, cada vez más millones de personas, no ya en “el tercer  mundo” como antes sino precisamente en la desarrollada, integrada y organizada sociedad europea, están saliendo del sistema de seguridad, no tienen ningún tipo de protección y están “al pairo” en su discurrir vital. El capitalismo los usa y los tira, la antes sociedad solidaria (sindicato, mutua, partido, casa del pueblo, cooperativa de consumo) o no existe ya o no les da cobertura, y el estado benefactor y providencial literalmente los ha echado de sus listas (emigrantes, precarios, trabajadores en negro, mayores de edad, becarios y tantos más). Se trata de una crisis completa del sistema de solidaridad construido en el siglo XX y tenemos por tanto que levantar otro modelo que por un lado mantenga y haga prevalecer lo mejor de aquél pero por otro incorpore nuevos planteamientos y sea capaz de inventar a partir de la práctica de la lucha social. Como siempre ha sido.

3.                      Hay que ir, por tanto, a través de dos caminos que siendo paralelos son convergentes en su destino final. Por un lado la reforma, adaptación y mejora del Estado y de sus poderes y servicios que, en nuestro caso, solo puede ir de la mano de la democratización progresiva y expansiva así como de la integración europea. Ya ningún estado nacional podrá en nuestro continente resolver por sí solo el problema de la “solidaridad nacional”. Por otro, la creación, extensión y desarrollo de “círculos de solidaridad” social y civil (Supiot, L’Esprit de Philadelhie, 2010) que sustituyan, amplíen, mejoren o profundicen la labor del Estado. Esto yo lo tengo clarísimo aunque no sepa cómo articularlo en lo concreto: hay que dejar de ser simples “usuarios de servicios del estado” para desplegar nuestra dimensión como “ciudadanos autónomos” que, en solidaridad con los demás, formemos el auténtico poder de la democracia (we the people…) Como dice mi hipercitado Alain Supiot “la palabra «pobre», en distintas lenguas africanas, no designa eso que el banco Mundial entiende como tal (un ingreso inferior a dos dólares por día): «es pobre aquel que tiene pocas personas», quien no puede contar con la solidaridad del otro”. Y lo dejo aquí para que otros puedan intervenir en esta conversación.



De JLLB a Javier Aristu


Querido Javier, me siento cómodo con este nuevo artículo que nos presentas; Paco Rodríguez de Lecea y tú mismo sabéis que este viejo quisquilloso no lo dice por protocolo. Es más, pienso que has elevado el tono de nuestra conversación, lo que tampoco es cortesía por mi parte. Te agradezco que nos hayas aclarado (yo lo he reclamado vehementemente) que tu primera observación era el interés por relacionar «la crisis del Estado social (estado del bienestar, estado providencia, welfare) y la necesidad de configurar un marco nuevo de solidaridades sociales». En todo caso, para hacer gala de mis condiciones de cascarrabias, expondré algunas observaciones, en tono menor, a lo que has escrito.

1.--  Los tres (Paco Rodríguez, tú mismo y un servidor) sabemos perfectamente lo que Joaquín Aparicio recuerda a los desmemoriados: el Estado social no fue un regalo. Es algo que nos ha faltado explicar suficientemente, especialmente a las nuevas generaciones, que se ha encontrado con un importante acervo de bienes democráticos (siempre parciales, claro está) que no cayeron del cielo sino que fueron el resultado de importantes movilizaciones de nuestros antepasados y de las luchas –todo hay que decirlo— de los de nuestra quinta.

2.--  Dices (después de aclarar las comillas de expropiar  con la misma elegancia que Einstein introdujo su famosa constante cosmológica) que  «el estado se ha caracterizado por ir absorbiendo cada vez más, desde el siglo XIX, tareas que hasta entonces o no existían o pertenecían al ámbito del individuo y de la sociedad». Aquí vuelvo a arrugar la nariz. En todo caso, todavía no hemos valorado (me refiero a nosotros tres) el tránsito del Estado beneficiencia a los primeros andares de un aprendiz de Estado de bienestar, que nos recuerda Aparicio en su artículo sobre el particular (1). Más todavía, las «tareas» que iba «absorbiendo» el Estado fueron, también y especialmente, una consecuencia de las importantes luchas de nuestros tatarabuelos cartistas. Nuestro amigo Trentin caracterizó el Estado social como una «conquista de civilización». Convengamos, pues, que no se compadecen conceptos como conquista de civilización y, en este caso, expropiación, despropiación o desposesión. Por cierto, la gran mayoría de las leyes que se refirieron a mejoras sociales fueron dispuestas por gobiernos conservadores británicos. En casi el mismo orden de cosas, una gran parte de la literatura del abuelo de Tréveris plantea directamente al Estado la exigencia de leyes sobre la jornada laboral, el trabajo infantil, la salud e higiene en el centro de trabajo. Y hasta donde yo sé, aprendido en primero de Marcelino Camacho, Marx no era lassalleano. Por ello me atrevo a decir que el barbudo de Tréveris estaba planteado lo que hoy diríamos la «constitucionalización de los derechos». 

3.--  Dices, amigo Javier, (y dices bien)  «que debemos aprender de estos últimos treinta años para dar salida a la actual crisis de este estado del bienestar». Claro que sí. Si se me permite, no obstante, yo miraría más atrás. Habría que remontarse al difuso momento de la colonización que hizo el fordismo de la política de izquierdas y de los sindicatos. El libro de Trentin, La ciudad del trabajo, nos da pistas suficientes para ello (2). Y no abundo en ello porque tanto Paco Rodríguez como un servidor hemos escrito largo y tendido sobre ello.

Sería necio, no obstante, ignorar ciertas gangas del Estado social. Por ejemplo, su carácter centralista. También que la solidaridad que practicó fue, al decir de Trentin, una «solidaridad oculta», que no es lo mismo que la expropiación, despropiación o desposesión. La cosa tiene su importancia (me refiero a la solidaridad oculta) porque, en parte, fue causa y efecto de la aparición de redes clientelares que laceraban el Estado social. Pero, parafraseando a Richard Sennet, eso fue la «corrosión del carácter, del Estado social. Más todavía, lo que parcialmente provocó la crisis del Estado de bienestar.

Y sobre esta crisis quisiera meterme ahora en un jardín escabroso. Si el movimiento sindical iba consiguiendo nuevas conquistas sociales y no reformaba las fuentes de financiación es claro que la crisis estaba cantada. Si la vaca no tiene un prado verde de donde comer y los mortales (cada vez más) tienen que comer es claro que el generoso animal tenga cada vez menos leche. La metáfora puede ser pedestre pero es, a mi entender, suficientemente clara. O, lo que es lo mismo: si cada conquista social no va acompañada de reformas, nuestros familiares de las izquierdas (políticos y sociales) –y nosotros con ellos--  somos responsables también de la crisis del Estado social. Como dice un personaje del programa humorístico de TV3 «alguien tenía que decirlo».  En definitiva, querido amigo, nuestras críticas al neoliberalismo (global, rajoyano y de Artur Mas) y las movilizaciones que hay en su contra –en unos sitios más que en otras latitudes de Sefarad--  tendrían más rigor si los que no hemos hecho crecer la hierba para la vaca-welfare hubiéramos estado por la labor.

4.— Punto final. Se nos ha quedado en el tintero algo de gran interés: las experiencias de nuevas solidaridades que, aunque minoritarias, merecerían una reflexión (dentro de unos meses) por nuestra parte. Me refiero al banco del tiempo y a la economía de trueque (yo te hago un servicio gratuito a cambio de recibir una compensación no económica por otra persona o por la misma a la que he hecho ese “favor”). De manera que la difusión de este tipo de trabajo, todavía minoritarios, que nada tienen que ver con las mercancías, abre un nuevo horizonte completamente diverso del que tiene el mercado laboral, acercándose a las modalidades de cambio o trueque, donación. Pienso que podríamos haber sido más fructíferos si, desde el principio, hubiésemos caído en la cuenta de estas novedades, de estas solidaridades que, en cierta medida, se relacionan con las dificultades del Estado social.    

(*) Los documentos de referencia son: