miércoles, 22 de octubre de 2014

Conferencia-Mesas Redondas de la OCDE y la OIT sobre la Responsabilidad Empresarial en las cadenas globales de valor de la industria de la confección

Isidor Boix



Los pasados días 29 y 30 de septiembre asistí e intervine en el acto organizado por la OCDE y la OIT sobre la Responsabilidad Empresarial en las cadenas de producción y distribución de la industria de la moda.

Participaron 234 personas en representación de gobiernos (73), organizaciones internacionales (7), empresariales (18), sindicales (26), multinacionales (28), sociedad civil y ONGs (30), auditores y consultores (26), de la OIT(14) y de la OCDE (12).

Presentamos ponencias 48 personas, entre ellos los 4 representantes presentes de IndustriALL Global Union.

Los ejes de los debates fueron:

- Bangladesh
- El salario mínimo vital
- La libertad sindical
- La unilateralidad de los compromisos de RSE
- Iniciativas y carencias
- Posible papel de la OMC

Mi informe y comentarios sobre el evento se encuentran en:





lunes, 20 de octubre de 2014

LA VIDA ARREGLADA

Paco Rodríguez de Lecea


Al señor consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid no le importaría gran cosa dimitir porque ya tiene «la vida arreglada». Les aconsejo que saboreen la frase, que le den algunas vueltas en el paladar para extraer toda su sustancia. Es una frase que aflora a la superficie de los medios surgida desde los instintos más profundos de una casta.

Se puede decir lo mismo, con algo más de literatura. Madame de Pompadour, según cuentan las crónicas, se vio cierto día de 1757 abordada en el boudoir  por su amante el rey Luis XV de Francia. Venía el hombre desencajado: las tropas francesas acababan de ser derrotadas por las prusianas en Rossbach. «¿Qué va a ser de nosotros ahora?», gimió el monarca. Y la bella encogió los torneados hombros y dejó para la posteridad una frase inmortal: «Después de mí, el diluvio.» Hubo en efecto un diluvio, ha escrito un historiador: un diluvio de sangre.

También la inconsciencia, el descuido y la laxitud de criterio de las autoridades sanitarias han podido provocar un diluvio de sangre en la crisis del Ébola. Pero al consejero le trae al soslayo, porque él tiene «la vida arreglada». Que los demás se arreglen también, por su cuenta. Si se equivocan, en el pecado llevarán la penitencia. Incluidos quienes no han pecado, si el contagio se dispara a otros barrios, que siempre serán barrios populares y no exclusivos. Esa no es cuestión que quite el sueño a la Autoridad (a la Austeridad).

Algo parecido debieron de pensar en su momento los dirigentes de Caja Madrid. Los suscriptores de opciones preferentes, los hipotecados, los mindundis, que se apañen como buenamente puedan: yo ya tengo la vida arreglada, el retiro blindado. Y para mejor redondeo, también tengo una tarjeta black. «A mí plin», sería la traducción al castizo de su actitud. O dicho en latín: Fiat Bankia, pereat mundus. En eso estamos.




viernes, 17 de octubre de 2014

FEDERALISMO, SÍ

Por Javier ARISTU

Tengo que reconocer que no me hallo cómodo en los debates “identitarios”: me parecen, literalmente, una mejunje intelectual o, por ser más finos, un engañabobos. Ese tipo de marcos de discusión y acción —el de las identidades, señas nacionales, banderas, escudos, himnos y demás abalorios— ya sabemos que ha servido para, precisamente, ocultar o eliminar de las preocupaciones de la gente los verdaderos problemas que, creo que estaremos de acuerdo, son los que afectan a la vida material y diaria de la gente. No me seducen nada —nunca me sedujeron, para ser más exactos— los discursos que se basan en un pretendido expolio de una nación por otra; a decir verdad, sólo me han convencido los ejemplos históricos que mostraron, esto sí es verdad, la esclavitud que una elite nacional practicaba contra todo un pueblo: los de la India por el Reino Unido, por ejemplo, o los territorios bajo dominio colonial europeo en África (el Congo, emblemático), o el Vietnam francés… y tantos más que han pintado de sangre y sufrimiento la historia mundial de los siglos XIX y primera mitad del XX. Podríamos hablar en estos días de Gaza (Palestina, no lo olvidemos) y el sometimiento injusto y brutal al que la somete el estado de Israel. Son casos evidentes de un expolio integral del patrimonio, los recursos y la vida de un pueblo. Los que se refieren a los casos de Escocia, de Cataluña, como de otros territorios y sociedades europeas, son de otro tipo, nada que ver con el clásico capítulo de los “expolios de naciones”. Por cierto, si el lector quiere leer o escuchar (en inglés) un discurso histórico sobre la independencia de las naciones, vaya, oiga y lea el que Gordon Brown, antiguo premier británico, dio en Glasgow un día antes del referéndum escocés.

Pero decir esto no puede excusarnos de declarar un hecho: un porcentaje muy sólido e importante de la sociedad catalana (¿mayoría aritmética, minoría considerable, porcentaje decisivo?, es igual) apuesta en estos momentos por dos cosas: 1)  según los sondeos, desea someter a votación democrática entre todos los catalanes qué camino tomar en relación con España; 2) un porcentaje considerable estaría, al parecer, por el camino de la independencia. Y eso, en estos momentos, ya no puede ser dejado al debate político entre los partidos, en los ámbitos parlamentarios respectivos. Da la impresión de que hemos llegado a un momento en que habrá que votar o… habrá que votar. No se vislumbra otra alternativa posible que surja del diálogo interpartidario y que pueda eliminar del tablero de juego la opción de la decisión popular. Matizo: hay que recuperar el diálogo social y político —entre partidos españoles y entre estos y los partidos catalanes— pero sobre un terreno nuevo que solamente puede pasar a través de un replanteamiento del encaje de Cataluña en el estado, lo cual no es posible ya sino a través de un proceso de decisión popular donde vote todo el cuerpo electoral. En dos palabras: no sirve ya ni la camisa del estatuto catalán actual (enmendado y anulado en partes sustantivas por el TC en 2010), ni el traje de la actual Constitución con su modelo autonómico. Subrayo las palabras recientemente escritas por Javier Pérez Royo (El País, 4 de octubre): «España y Cataluña tienen que reconstituirse políticamente. Con el binomio Constitución/Estatuto, tal como están, ni España ni Cataluña pueden ser gobernadas. Se trata de una operación que únicamente puede ser realizada por órganos de naturaleza política legitimados democráticamente de manera directa, en la que no tiene cabida el Tribunal Constitucional». Sólo es posible atisbar una solución medianamente viable a través de un complicado, sinuoso, trabajoso pero indispensable proceso de modificación de la Constitución. Sabemos que el PP no está por la labor; sabemos que los partidos catalanes en su mayoría no quieren ni oír hablar de ese camino. Y sin  embargo ese es el único capaz de dotar de racionalidad y estabilidad al futuro del estado y, por ende, a la sociedad española en su conjunto. Modificación constitucional que supondrá necesariamente posterior decisión o refrendo del cuerpo electoral.

Me parece, en consecuencia, que los ciudadanos que no estamos ni con las posiciones de cerrazón del PP y del gobierno de Madrid ni con la dinámica encabezada por el gobierno de la Generalitat y sus aliados tenemos que decir y actuar con otros planteamientos y con otras cartas. Se me ocurren dos muy importantes para los próximos meses: extender y popularizar la opción de una España federal, que no esstrictu sensu la actual España de las Autonomías y donde una nueva planta constitucional será necesaria, y, en segundo lugar pero no menos importante, plantearse las próximas elecciones generales de 2015 o 2016 como elecciones decisivas donde se dé la mayoría parlamentaria en el Estado a aquellos partidos capaces de sacar adelante una nueva relación y actitud con Cataluña, planteando la recíproca a esta última. En relación con la primera existen ya dos iniciativas, una en Cataluña desde hace dos años, Federalistes d’Esquerres, y otra recién nacida en el conjunto de España, Una España federal en una Europa federal, que merece la pena conocer, extender, difundir y apoyar. Respecto de la segunda tarea, habrá que hacer los esfuerzos necesarios a fin de conseguir que las actuales fuerzas políticas que no se sienten ligadas al proyecto del PP y están por una superación positiva del actual bloqueo consigan una mayoría parlamentaria capaz de diluirlo. Difícil pero necesario.

En ambos procesos Andalucía es decisiva. Creo que, por eso, también en esta Comunidad autónoma hay que superar los tics de épocas pasadas y comenzar, desde ahí, una nueva ruta teniendo como horizonte el federal; lo cual significa replantearse las relaciones de Andalucía respecto a Cataluña (o cualquier otro territorio) no desde la óptica de la emulación, la comparación o la rivalidad sino desde la solidaridad y el respeto a la diferencia. Un modelo de estado federal significa, por supuesto, equidad de derechos y servicios, pero también señala el derecho a la diferencia que, es en cierto sentido, lo contrario a una igualdad de gemelos. A riesgo de ser incomprendido o malinterpretado: hay que superar el debate del art. 151, por el que Andalucía conquistó su derecho a una “Autonomía de primer rango”, como los catalanes, vascos y gallegos, para proyectar uno nuevo, el de ser avanzadilla de un nuevo discurso, el de la construcción federal, desde abajo, cooperativa, solidaria, capaz de construir un Estado resultado de la aportación de sus respectivos territorios y no, a la inversa, una Autonomía concesión de ese Estado centralista. Como escribía hace poco Ángel Duarte en este mismo blog: «Las limitaciones de un modelo autonómico en el que la capacidad de gestión y decisión de las regiones y nacionalidades –en rigor, muy elevada en términos comparativos- no se ha visto complementada por una paralela “conquista del Estado”, si se me permite la expresión, por parte de los territorios que la integran». Lo cual supone, especialmente, replantearnos nuestra forma de ser y estar como Comunidad autónoma, revisar las relaciones de clase implícitas en su interior, criticar de forma constructiva los procesos de hegemonía y de gobierno que han dirigido esta sociedad desde 1982. Es necesario, por tanto, acometer un doble proceso que por un lado sea capaz de cambiar las instituciones sociales, económicas y políticas que se fueron gestando desde los años 80 del pasado siglo (muy especialmente desde una letal confluencia de todos los gobiernos andaluces con los intereses de una incombustible casta económica y social andaluza) y que han producido los decepcionantes resultados actuales; y, por otro lado, que sitúe la superación del sistema autonómico actual hacia la construcción de un nuevo entramado territorial y social federal.

Son jornadas de años, de muchos años; pero que hay que empezar a caminar si Andalucía no quiere quedarse en la cuneta y, sobre todo, si quiere que catalanes y otros sigan perteneciendo al mismo proyecto.


miércoles, 15 de octubre de 2014

¿HA MUERTO EL INDEPENDENTISMO CATALÁN?



1.--  Tras la última martingala de Artur Mas –convertir el café de la consulta en pura achicoria--  la Sánchez Camacho, ubícua dirigente del PP catalán, ha declarado bombásticamente que «se ha acabado el independentismo en Cataluña». Es una visión administrativista desde los pies a la cabeza. Muestra, además, la incompetencia en el análisis político y temeridad de perspectiva: es un ideologismo puro y basto. Pero en el fondo es la consecuencia lógica de un partido cuya biografía en Cataluña ha ido acumulando errores de bulto desde sus primeros andares. Aunque, a decir verdad, ni siquiera el relamido López Rodó hubiera hecho tantos disparates.

De una cosa podemos estar seguros: el independentismo catalán sigue vivo y coleando; diríase  que  ha venido para quedarse, y como aquel Mac Mahon puede decir «Je suis, j´y reste». Cuestión diferente es en qué proporción y con qué diapasón política y sociológica. Que a un servidor no le plaza es lo de menos.

Lo más seguro es que la Sánchez Camacho sepa o intuya que no está en lo cierto, que lo dicho es agitación y propaganda pro domo sua; que sus palabras son solamente un spot publicitario de cine de barrio al estilo de «Omo lava más blanco». En definitva, esta señora es la expresión de la política enlatada de twuitter, vacua de contenidos y llena de cacorretórica. Pero, tal vez, es el resultado de la exasperación del muy precario consenso de su partido en Cataluña desde que Dios lo echó al mundo. Así las cosas, no es exagerado decir que dicho partido es perfectamente prescindible en Cataluña: sus planteamientos, por ejemplo en política económica, ya están, desde siempre, cubiertos por la derecha nacionalista catalana.

La Sánchez Camacho y sus parciales ni siquiera sacaron conclusiones –tampoco las fuerzas políticas de izquierda--  cuando Artur Mas, en la oposición, se echó en cuerpo y alma al dogma neoliberal en su famosa conferencia en la London School of Economics en tiempos del tripartito. Ni tampoco cuando Mas, ya presidente, argumentó la necesidad de privatizaciones y recortes poniendo al frente de los negociados a un conjunto de depredadores de los bienes públicos, más tempranamente que lo hiciera Mariano Rajoy. En todo caso, alguien debió advertir a la doña que se abría una fase de profunda indistinción en las políticas económicas y sociales y que, por lo tanto, era conveniente abrir un espacio de significación propia, especialmente en lo identitario. Se dio una situación que podríamos caracterizar de espina bífida: no diferencia en lo económico (más bien una cierta pugna sobre quien la tenía más larga) y exasperación en el terreno de los grandes símbolos.  

2.--  En este mismo blog se ha dicho en diversas ocasiones que eran tres las condiciones para que el proceso independentista tuviera una fuerte visibilidad: a) que el Gobierno catalán lo asumiera o aparentara que lo hacía; b) un considerable consenso de las fuerzas políticas catalanas; y c) un potente movimiento de masas --necesario y aproximadamente suficiente--  que empujara en la dirección del independentismo. En gran medida esas condiciones se han ido dando, favorecidas por la actitud cuartelaria del Partido popular y sus franquicias. Lo que ha conducido a una serie de movilizaciones que aparecen explícita y visiblemente organizadas, mientras que sus contrarios son un conjunto de tapas variadas que conforman un indigesto comistrajo.  Ahora bien, tras la martingala, las tres condiciones empieza a agrietarse.     


3.— Manel García Biel, con su estilo directo y sin remilgos, ha calificado la última mandanga como Artur Mas o el fraude a la consulta. Que nadie piense que García Biel es un català emprenyat. Es, ante todo, una persona que no tiene pelos en la lengua. Y habrá que convenir que tiene razón. Es un fraude porque prometió la consulta, no una consulta de tres al cuarto. Otras personas menos ásperas que Manel –pongamos que hablo de Josep Ramoneda, poco sospechoso de irascible—afirma que Mas ha entrado en un simulacro. Comoquiera que a un ochentón como un servidor se le exige temple, me limitaré a decir que la mandanga de Mas es un meandro que todavía no es definitivo. No está descartado que, en los próximos días, pueda sacarse otro conejo de la barretina.

No obstante, vale la pena decir que el meandro arturiano no es una victoria política del Partido Popular sino el resultado de decisiones administrativas. Pero la mandanga de Mas sí es una derrota política. Pero, de eso a considerar que «el independentismo catalán ha muerto» va un largo trecho: el estajanovismo de Mariano y sus hermanos es una garantía añadida para que siga creciendo o se estabilice.  

4.--  Mientras tanto, el mapa de la desgracia en Cataluña nos ha traído otra sinrazón, según Cáritas: Cataluña tiene 450.000 pisos vacíos, mientras que hay 230.000 familias sin vivienda. Mientras ocurre todo esto (y muchas más patologías), ¿a mí qué leche me importa la independencia, con o sin consulta, con o sin ese oxímoron de las elecciones plebiscitarias?

Apostilla.   Lo que de verdad me preocupa es el significado y los motivos de la foto de arriba, la situación de Katiana.      


martes, 14 de octubre de 2014

EL MERCADO DE TRABAJO NO ES EL PROBLEMA




Entrevista con Michel Aglietta

Pregunta. La comprensión del desempleo divide enormemente a los economistas. ¿Cómo se sitúa usted en este debate?

Aglietta. La teoría económica estándar considera el mercado de trabajo un mercado como los otros, con una oferta y una demanda que se equilibran por el precio, es decir, los salarios. En ese enfoque, toda la oferta de trabajo (dicho de otro modo, la masa de trabajadores que buscan ser empleados) es absorbida por la demanda de trabajo de las empresas. Si esto no es así, es que existe una disfunción en el mercado de trabajo, que la gente no está dispuesta a trabajar por el salario equivalente a su productividad, con el que las empresas estarían dispuestas a contratar. Lo que viene a decir que el desempleo es voluntario, al menos colectivamente.

Esta visión ignora completamente la naturaleza de la relación salarial. El salario no es el precio del trabajo sino el precio del alquiler de las capacidades de trabajo que los asalariados ponen a disposición de los empleadores. Ahora bien, el trabajo no es un bien mercantil; es una actividad ejercida en una relación de poder y de subordinación en el seno de una empresa. La relación es doblemente simétrica. Por una parte, los empleadores no conocen previamente la adecuación de las capacidades de sus candidatos a las necesidades de aquellos -por eso la contratación es un riesgo que el empleador trata de reducir a través de un proceso de selección. Por otro lado, los asalariados ´no controlan la intensidad efectiva del trabajo, ésta no está sujeta a contrato.

Se deduce que no existe mercado allí donde la oferta de las capacidades de trabajo y la demanda de trabajo por los empleadores se equilibran. La demanda de trabajo está determinada por la expectativa de la rentabilidad que las empresas sacan del uso de las fuerzas de trabajo, que depende principalmente de las ventas anticipadas de las empresas. El paro involuntario es por tanto la consecuencia de una demanda agregada insuficiente. Una disminución de salarios puede agravar la situación del empleo si el efecto negativo del descenso de la demanda sobre el mercado de productos, debido a la bajada de ingresos, lo carga sobre el efecto positivo del descenso del coste salarial para las empresas.

Pregunta. Si lo hemos seguido en ese razonamiento keynesiano, la cuestión central llega a ser entonces conocer lo que determina las expectativas de las empresas.

Respuesta. Efectivamente. Para entender la importancia de las expectativas es necesario tener presente que la lógica del capitalismo se despliega siempre en el tiempo: esta consiste en comprometer dinero para alquilar fuerzas de trabajo y comprar factores de producción a fin de vender productos que reportarán más dinero que el que ha sido invertido y permitir de esta forma la acumulación.

En la actual forma de capitalismo, dominada por las finanzas, las expectativas de las empresas se encuentran de alguna manera objetivadas en los mercados de activos a través de las cotizaciones de bolsa. Esto no ha sido siempre así. Durante la posguerra, los mercados financieros estaban poco desarrollados y las expectativas se fraguaban a través de negociaciones colectivas: las empresas se comprometían con los sindicatos con el fin de fijar contratos plurianuales de salarios. Al hacer esto, las empresas podían anticipar los ingresos futuros, por tanto las ventas esperadas. Esta forma de mediación social permitía hacer funcionar la economía conectando los salarios con la productividad y ha marcado el gran periodo de crecimiento de la posguerra.

Todo eso desapareció con la crisis inflacionista de los años 70. El capitalismo sufrió una mutación total: la finaciarización de la economía. Esto no concierne solo al sistema financiero; esta lógica penetra en toda la economía, haciendo de la empresa un actor financiero dedicado a la valorización de los ingresos de los accionistas. Los accionistas toman de esta forma el poder, en el sentido de que los incentivos que orientan la evolución de las empresas apuntan hacia el incremento del rendimiento de capital.

Esta evolución se ha traducido en una fuerte alza del coste del capital y, consecuentemente, en una fuerte presión a la baja del coste del trabajo. Para hacer esto, las empresas han transformado su forma de dirigir las mismas (la gobernanza), han reducido las inversiones productivas para recuperar sus acciones de manera que fomenten la rentabilidad financiera, han individualizado los salarios y han destruido las formas de mediación que permitían conectar la evolución de los salarios con la de la productividad: por eso el salario medio no ha progresado en términos reales desde hace ya más de veinte años en los países anglosajones.
Esta evolución de los salarios plantea sin embargo un serio problema de ventas: ¿cómo mantener el consumo cuando la mayoría de los asalariados tienen sus ingresos estancados? La solución vino del endeudamiento. Endeudándose, los hogares compran ellos también activos -principalmente inmobiliarios- que esperan verse revalorizar. Apostando por esta riqueza futura, disminuyen su tasa de ahorro y continúan consumiendo. Es así como el capitalismo financiero penetra en todos los comportamientos: convierte a los asalariados mismos en capitalistas  y hace del endeudamiento el motor de las ventas y, por tanto, del empleo.
Moralidad, para entender la evolución del empleo, no hace falta ver lo que ocurre en el mercado de trabajo sino lo más lejos posible de ese mercado, allá donde se mueve verdaderamente la economía, en el mercado de capital.

Pregunta. Cómo es el impacto de la globalización en este proceso?

Respuesta. La lógica del capital que acabo de describir no está circunscrita al interior de las naciones. La internacionalización de las finanzas comienza en la década de los 80 en los países industriales y se extiende al mundo entero tras el desplome de la URSS. Tiene un centro, los Estados Unidos, que emiten la moneda dominante y que necesitan endeudarse para mantener el pleno empleo.
Frente a ellos, países como China o la India se abren al comercio internacional. De esta forma el mercado de trabajo se expande de forma considerable hacia una masa de de trabajadores pagados con sueldos de subsistencia. Todo ocurre como si las empresas del mundo entero tuvieran la posibilidad de seleccionar la mano de obra sobre una base mucho más extensa. Una bicoca para el capitalismo financiero, que busca el coste de trabajo más bajo posible a fin de satisfacer sus exigencias de rendimiento.
Pero estos países no escenifican ya el juego de la liberalización financiera. China desarrolla una estrategia de industrialización impulsada por las exportaciones, controla su tasa de cambio y utiliza sus excedentes comerciales para comprar títulos americanos y amasar reservas de cambio en dólares. Hay que decir que la sucesión de crisis financieras en los países emergentes desde los años 90 ha mostrado los peligros de la extrema volatilidad de los flujos de capitales. También, tras la crisis asiática de 1997, los países emergentes reaccionaron constituyendo ellos también reservas de cambio a partir de sus excedentes comerciales.
De esta forma la lógica del endeudamiento llegó a ser global en la década del 2000. Por un lado, la economía americana ha funcionado como un pozo de consumo, impulsado por el endeudamiento, y ha acumulado los déficits exteriores; por otro lado, los países emergentes han acumulado los excedentes. La misma lógica se produjo dentro de la zona euro, entre los países deficitarios de la periferia y los del centro, excedentarios.
Pero este proceso es insostenible porque descansa sobre un endeudamiento creciente, fundado a su vez sobre la creencia en una valorización indefinida de los activos. Pues bien, «los árboles no llegan hasta el cielo». Llega siempre un momento en que este crecimiento se revela esencialmente imaginario. La crisis financiera es por tanto endógena: hay un momentum financiero que vuelve.

Pregunta. Y es el empleo el que se ha visto afectado…

Respuesta. Por supuesto, ya que una masa de  actores se encuentran real o potencialmente insolventes. Cuando todo el mundo necesita desendeudarse al mismo tiempo, nadie gasta y la demanda efectiva se debilita terriblemente. Todo ello crea un clima de pesimismo generalizado y permanente dado que el desendeudamiento es forzosamente prolongado, a la medida de los anteriores excesos. Y así se crea una situación de desempleo masivo.
Solo la demanda pública puede entonces formar un suelo sobre la demanda efectiva para tratar de distribuir el empleo. El problema de la zona euro es de desconocimiento de esta realidad.
Desde 2011, los países europeos persiguen políticas de austeridad en un periodo en que la economía privada no puede generar un nivel de demanda suficiente; no es sorprendente, por lo tanto, que la economía europea haya vuelto a caer en recesión. Alemania escapa a la misma porque no había conocido la burbuja inmobiliaria antes de la crisis y porque exporta bienes de equipo que demandan los países emergentes. Por lo demás, se ha creado un auténtico círculo vicioso: las empresas no invierten, la productividad se estanca, incluso baja. Además, el coste del trabajo es siempre demasiado alto con relación a la productividad, lo que lleva a una mayor austeridad. Cierto, se comienza a salir de la recesión pero hará falta tiempo antes que el empleo le siga: en el mejor de los casos, las empresas van a comenzar por restablecer su rentabilidad, después de cumplir su retraso de inversión. Sólo a partir de entonces comenzarán a contratar.

Pregunta. ¿Y todo comenzará como antes?

Respuesta. La cuestión consiste, en efecto, en saber cómo cambiar de régimen de crecimiento para salir de una crisis a la vez financiera, económica, social y ecológica. Pues bien, la recuperación  de la economía americana es la vuelta al pasado: se apoya sobre todo en la» reanimación del endeudamiento inmobiliario y sobre la bajada de los precios de los hidrocarburos, todo ello sobre el fondo de una polarización aún mayor de la riqueza. Los salarios han bajado de forma enorme en relación con los beneficios desde el comienzo de la crisis.
Para no tropezar con la falta de demanda, y, sin embargo, volver a entrar en la deriva del endeudamiento, es absolutamente necesario volver a conectar salario y productividad. Pero ello no se hará a través de la vuelta a anteriores formas de negociación colectiva. Hay que llegar a transformar la gobernanza de las empresas de manera que sus estrategias  no estén marcadas solamente por los mercados bursátiles, sino que tengan en cuenta los intereses de los asalariados, de los territorios, de la sociedad. Introducir más democracia en la empresa forma parte del proceso que dé pie a una nueva forma de regulación.
De manera más amplia, hay que considerar la redefinición de la noción de capital. Hoy, el capital está fuertemente asociado a un derecho de propiedad reconocido, individualizado y negociable. Es necesario poderlo definir de manera mucho más amplia, introduciendo en dicha definición las fuerzas productivas que no son objeto de los derechos de propiedad privada. El capital social total de la nación incorpora los recursos humanos pero también el «capital institucional», es decir, la calidad de las formas de organización y evidentemente el capital natural.
Un cambio de esta categoría en la contabilidad de las empresas y de las naciones descubriría la rentabilidad de las inversiones que hoy día están fuera del ámbito capitalista, al servicio de la calidad de los ecosistemas y de la inclusión social. Ello haría posible una nueva ola de innovaciones ya que ha sido siempre de esta manera que el capitalismo ha salido de una gran crisis.

Michel Aglietta es profesor emérito de ciencias económicas en la Universidad de París X Nanterre. Desempeña también las funciones de consejero científico en el Centro de Estudios Prospectivos y de Informaciones Internacionales (CEPII).
La entrevista apareció originalmente en Alternatives Economiques. Hors-Série,  1º Trimestre 2014.


[Traducción de Javier Aristu]  Pirateado del blog http://encampoabierto.wordpress.com/

lunes, 13 de octubre de 2014

GAETANO SATERIALE PONE VERDE AL PARTITO DEMOCRATICO ITALIANO Y A RENZI



Nota editorial. Esta es una exclusiva en lengua castellana que ha dado a este blog el compañero Gaetano Sateriale, de la dirección de la CGIL. Quien la lea verá qué similitudes existen con  las cosas españolas.  Agradecemos a Gaetano su tradicional gentileza con nosotros.


Metiendo bulla. Pongamos de inmediato las cosas en claro: ¿usted sigue siendo afiliado al Partito democratico?

Gaetano Sateriale. Sí, continúo siendo afiliado. Porque pienso que si hubiera habido más voces en el Pd habrían podido mitigar el pensamiento único dominante. Y que a nivel local hubiese más dialéctica interna, más espacios, más aire fresco que a nivel nacional.

Metiendo bulla. ¿Y sin embargo?

G.S.  Y sin embargo, me parece que el pensamiento único se ha adueñado también del partido en el territorio. Pero aquí he usado un término impropio. La verdad es que el partido, tal como estábamos acostumbrados a verlo en Emilia y Ferrara, ya no existe. Sus dirigentes, además, no parecen sentir esa ausencia. Incluso teorizan que los votos valen más que los afiliados. ¿Alguien se imagina haber oído una tontería de ese calibre hace diez años? Incluso la RAI distingue entre espectadores y los que pagan el canon televisivo; también las cooperativas saben la diferencia entre clientes y socios. Nosotros, no: twitter está en lugar de la relación con los afiliados…

Metiendo bulla.  ¿Usted propone volver al PCI o a los DS?

G.S. Claro que no. He creído en el nacimiento del Pd como otros muchos, imaginando la síntesis positiva de dos culturas sociales que eran antagonistas hasta ahora. Pero nunca habría imaginado que hubieran desaparecido las dos. Por otra parte, no propongo nada a nadie: siempre tengo la duda de que soy yo quien no comprende la innovación impuesta por el grupo dirigente renziano, de estar yo chapado a la antigua: ligado a la idea de que la política se debe encontrar todos los días relacionada con la sociedad y no una vez cada cinco años. Lo confieso: ya no tengo edad para volver al  Carosello…  A mí me interesa juzgar el producto y no el spot publicitario, y este grupo dirigente de publicistas me inspira desconfianza, incluso cuando salen en la televisión.


Metiendo bulla. Usted también usa frecuentemente el twitter, y a menudo le da pescozones al Gobierno.

G.S. Es cierto: esta mañana he escuchado las noticias y cuando la distancia entre las declaraciones del Gobierno y la realidad de todos los días me parece insoportable me desahogo en twitter. Una vez me respondió Renzi…

Metiendo bulla. ¿En qué sentido?

G.S.  Una vez Renzi dijo una cosa cierta (no comprendida todos los días): «La emergencia es trabajo y crecimiento, crecimiento y trabajo». Yo ironicé: «Exacto. ¿Está usted  un poquito afiliado a la CGIL?». A los cinco minutos me respondió: «Tranquilo, es un riesgo que no corremos ni yo ni la CGIL». Como si la CGIL fuese un ambiente insano del que hay que librarse. Esto lo dice a menudo.

Metiendo bulla. Me parece que usted no le tiene mucha simpatía al Presidente del Gobierno…

G.S. Yo tengo un viejo prejuicio sobre Renzi, y de ello soy consciente: estoy convencido desde siempre que es más valiente como comunicador que como estadista. Desde que era presidente de la provincia de Ferrara ya las soltaba tremendas. El problema es que el prejuicio se está reforzando en mi, en vez de lo contrario, como en el fondo lo esperaba. Esto me disgusta.
Hay diarios que le tachan de «gobierno extraparlamentario», que la distancia entre los anuncios  y los hechos va en aumento y que la velocidad, por sí sola, no basta sin una dirección: por referirme solo al Corriere Della Sera y que el artículo 18 [del Statuto dei lavoratori] es un espejismo (Scalfari).  Pero cuando lo entendieron se demostró que Renzi vende productos  que no existen en el extranjero: esto es un agravante que se volverá contra nosotros, no un atenuante.  

Metiendo bulla. Oiga, después de ese juicio, ¿por qué sigue todavía en el Pd?

G.S. La pregunta es legítima y la respuesta es simple: por afecto, por respeto a quienes creen y han creido;  por pereza, si lo quieres llamar así; por el miedo atávico de ser (como se decía antes)  un perro sin dueño. Desde luego, no por convicción, ni porque espere en breve una corrección de su grupo dirigente. Ya sea nacional o local.  No obstante, creo que la adhesión por sentido de pertenencia no tiene mucho valor, especialmente ahora cuando los afiliados no son considerados necesarios. Si yo estuviera más presente en Ferrara propondría una auto suspensión de los afiliados insatisfechos y así veríamos si alguien viene a pedirnos los motivos.   

Metiendo bulla. ¿Piensa usted que está naciendo una nueva casta política autoreferencial, aunque más joven que la anterior?

G.S. No. Yo pienso que en los vértices del Pd se ha instalado una capa de profesionales de la política de partido: jóvenes y menos jóvenes. Incluso bravos muchachos que trabajan con pasión, pero que están habituados a anteponer su éxito y su supervivencia al bien común. Sus ambiciones personales, sus cálculos en los programas de gobierno, la fidelidad al líder y a sus convicciones … me estoy pasando de retórica … gente que no conoce de cerda la sociedad que debería representar.   

Metiendo bulla. Disculpe, pero me parece que sus críticas son, sobre todo, formales: objeción al estilo, a los modos de ser, a las técnicas de comunicación, a la velocidad, a la innovación, quizás al hecho de que son jóvenes…  

G. S. ¡No son formales, ni biográficas! Renzi, en el encuentro con los sindicatos, ha propuesto hablar del segundo nivel de la negociación colectiva. De lo poco que dijo sospecho –sin temor a ser desmentido— que no sabía nada de lo que estaba diciendo. El Ministro Poletti dice que el Jobs Act extiende las tutelas a los jóvenes, pero ¿es tonto o lo parece?

Hoy mismo el FMI dice que Europa debe invertir en la demanda interna y Renzi propone desfiscalizar. Pero, ¿cree que en la construcción, si no hay demanda de viviendas, las empresas asumirán nuevos albañiles porque cuestan menos?  Dentro de un mes se vota en la Emilia Romagna, el candidato del Pd debería decir alguna cosa sobre que quiere hacer en la región, ¿o es un problema de fondo? Tenemos ya los candidatos locales, pero no les oigo explicar qué papel quieren darle a Ferrara en la Región … o es que me he distraído? ¿Quiere que sea más drástico?

Metiendo bulla. Dígame…

G.S. Pienso que está sucediendo un hecho extraordinario en Italia. Más allá de la forma y de la edad biográfica: por primera vez en más allá de un siglo no existe un partido de masas de inspiración, no digo ya socialista sino por lo menos laborista.  Esto me preocupa mucho porque no sé qué efectos puede producir en la sociedad y en la política italiana. Me parece que nadie piensa en ello, pero es así. No lo digo en defensa de la CGIL. Ojalá tuviésemos un dirigente laborista que convoca a los sindicatos, que se enfrenta a ellos y dice: «¡Para representar el trabajo más eficazmente tenéis que renovaros!».

Al contrario, asistimos al desprecio y a las declaraciones de ostentoso distanciamiento, incluso cultural. Ni siquiera la derecha tuvo un comportamiento  tan despreciativo. ¿Qué efectos tendrá la substitución del laborismo por el populismo? ¿Qué piensan los renzianos de la Emilia que estaban en el partido de Errani y Versan firmando los pactos territoriales con las fuerzas sociales?  

Metiendo bulla. ¿Puedo preguntarle por quién ha votado en las primarias del Pd en la Emilia?

G.S. No he votado. No tenía ningún motivo serio para optar por uno u otro de los candidatos de mi partido. Después de estas primarias, con poca participación, que dan un poder absoluto en el partido y en el gobierno a quien gana, la cosa no me gusta nada. No entiendo estar en un juego que parece democrático, sino que esta realidad produce un servilismo de los órganos dirigentes del Pd e incluso del Parlamento al “joven líder”. Entre participación y auto referencialidad en nombre del pueblo hay una gran diferencia.

Metiendo bulla. ¿Y en las próximas elecciones regionales?

G.S. Espero entender si habrán programas o al menos algunas ideas de qué hacer para relanzar la diversidad positiva de nuestra Región. En caso contrario no iré a votar. Afortunadamente mi relación de trabajo y mifuturo no depende de a quién voto o cómo me posiciono en el Pd. Soy libre de hacer las cosas de las que estoy convencido. Lo que debería ser normal en la izquierda y no un privilegio.

Metiendo bulla.  Usted ha venido a presentar, en nombre de la CGIL, a la Fiesta de la Internacional el Piano del lavoro: agenda juvenil, aquí en Ferrara ¿De qué se trata?   

GS. De que hay que arremangarse en los territorios para crear puestos de trabajo innovadores para y con los jóvenes. ¡No bastan los decretos! Ni siquiera delegar de manera vacía. Hay que partir de las necesidades del territorio e indicar las soluciones para intervenir aquí y ahora, utilizando las inteligencias juveniles, las Universidades, las empresas. Hay que financiar mejor el gasto.  No había nadie del Pd. Pero el sindicato dijo que Ferrara quiere formar parte de las primeras ciudades que lo intentan, también la región de la Emilia Romagna parece interesada. Hay que informar de todo esto a nuestros candidatos, que luego no nos vengan a proponer un Jobs local act.

Metiendo bulla. ¿No reconoce ningún mérito a Renzi y a su equipo?

G.S. Uno solo: haber mandado a casa a un grupo dirigente agotado: no por la edad sino por la cooptación y por sus posiciones. Pero de aquí a decir que están preparados y a la altura de llevar el país fuera de la más grave crisis de la posguerra es muy exagerado. 

Metiendo bulla. Muchas gracias, señor Sateriale. 


domingo, 12 de octubre de 2014

EL COLOR DE PODEMOS



(A modo de retales a disposición del sastre para que los enhebre)


A estas alturas nadie duda de que Podemos, en los próximos comicios, dará un aldabonazo. La cuestión en litigio es hasta dónde.  Sea como fuere se me ocurre una arriesgada explicación del predicamento que está teniendo esta nueva organización.  


1er retal.-- Una parte considerable del electorado de izquierdas y un amplio sector de la izquierda sumergida podrían entender que Podemos tiene una característica distintiva que no ven en otras organizaciones: su capacidad de intimidación. Es más, quienes así lo piensan perciben, además, que las fuerzas políticas –lo reconozcan o no--  se sienten intimidadas por Podemos. Que esa capacidad de intimidación ofrezca resultados políticos sostenibles es cosa que se irá viendo en el tiempo. Pero, en todo caso, lo que se avecina traerá muchos quebraderos de cabeza a las izquierdas tradicionales, incluida Izquierda Unida.

Por otra parte, percibo que Podemos tiene otro sello distintivo: ha sabido, como diría Gramsci, establecer «una  conexión sentimental con la gente». Lo que, en cierta medida, había ocurrido –durante muchos años—en el territorio de las izquierdas tradicionales. Y cuando se vio que el color rojo del «programa» se iba destiñendo, un considerable abanico del personal empezó a darle calabazas. Por supuesto, la conexión sentimental no es suficiente, pero es indudable que sin ella no hay aproximación entre dirigentes y dirigidos.

 

2º retal.--  Una segunda pista de la esperanza puesta en Podemos es que todas las izquierdas han visto impotentes que los grandes poderes han roto de manera unilateral las reglas del juego, desde el centro de trabajo hasta la sociedad en su conjunto, que se habían pactado de manera directa o implícitamente en torno al llamado Estado de Bienestar. No seríamos justos, sin embargo, si ignorásemos las grandes movilizaciones que se han hecho en España y Europa contra esa desforestación de derechos democráticos, especialmente desde el sindicalismo confederal y los movimientos sociales. En todo caso, tan importantes movilizaciones que, en algunos casos, han impedido algunos estropicios (todavía no suficientemente valorados y analizados) no han sido capaces, hasta el día de hoy, de romper la agresión al «ciclo largo» de conquistas que hablábamos en La parábola del sindicato. Así las cosas, una parte de la esperanza en la nueva organización puede arrancar ingenuamente de ese razonamiento: es una certeza que las izquierdas tradicionales no han sido capaces de frenar esta devastación; vamos a ver, si como hipótesis, Podemos puede levantar una nueva ilusión de que es posible romper el curso de las cosas. Lo que no es tanto un argumento a favor de Podemos como una desautorización de las izquierdas tradicionales.  O quizá sea la desmesurada ilusión que siempre se pone en aquellos movimientos o partidos que surgen como lo ha hecho Podemos: directamente proporcional a la desafección de lo que es considerado como viejo.

 

 

3er retal.-- Más claves: desde que surgió en la arena Podemos y su audiencia fue contabilizada matemáticamente no ha habido explicaciones creíbles desde el PSOE ni la Izquierda Plural. De una parte, los socialistas se atrincheraron en el cambio de fotogenia, siguiendo sus más repetidas costumbres; de otra parte, Izquierda Plural no ha ofrecido a sus parciales ni a su tradicional electorado cómo es posible que su incremento electoral en las europeas no estuviera a la altura de su compromiso contra la política de recortes y privatizaciones: ¿cómo es que su color rojo se ha visto interferido por el color de Podemos? Ahora bien, quizá la pregunta más inquietante sea ésta: ¿está Izquierda Plural en condiciones de dar esa respuesta? Francamente, lo ignoro.

 

Sin embargo, me parece que las izquierdas tradicionales no han valorado algo de cierta envergadura: Podemos es el resultado de unos movimientos sociales, alejados y –en no pocos casos—enfrentados a las izquierdas tradicionales. Y estas no escarbaron en ese torbellino que se iba gestando en la moderna ciudad del trabajo y del conocimiento. Ni siquiera la Izquierda Plural, que estaba cerca de todo ello, tuvo sensores para averiguar de qué iba la historia.  Hubo un momento, hace ya tiempo, que pudo hacerlo: en una movilización contra los desahucios Cayo Lara es recibido, con toda seguridad injustamente, al grito de «no nos representas».  A partir de ahí, nadie de sus allegados se le ocurrió dar una explicación de un recibimiento tan descortés.  

 

 


4º retal.--  No parece que el color de Podemos augure buenas relaciones con las izquierdas. De las declaraciones de los dirigentes de la nueva organización se desprende que hay algo más que la disputa por un espacio electoral determinado. Hay razones políticas de fondo, explicadas de manera laica, todavía no ideológica. Ya veremos en qué queda todo esto: aunque parezca sorprendente, tengo para mí que todavía es pronto para saber si entre unos y otros habrá conllevancia, comedimiento o vaya a saber usted qué.  Todavía estamos en el primer acto.  

ÉBOLA, LAS RESPONSABILIDADES POLÍTICAS





Por supuesto: hay que investigar a fondo la llamada cadena de errores que se han producido a lo largo de esta historia negra del ébola en España. Detallar esa biografía con sus responsables es imprescindible por razones obvias. Ahora bien, meterse de lleno en ese itinerario debe empezar por algo que todavía no se ha puesto de manifiesto suficientemente. A saber, la política de recortes que impuso despiadadamente el gobierno del Partido popular y, en el caso que nos ocupa, en Madrid. Aquí está la madre del cordero y eso es lo que temen Rajoy y Ana Mato, cuyo ministerio ha contribuido tanto a degradar.

La investigación de la cadena de errores técnicos corresponde a los expertos; la relación entre los recortes y el desastre sanitario es cosa de los políticos. Lo ideal sería que la primera investigación la hiciera un comité de sabios independiente y públicamente reconocido como tal. De la comisión política poco hay que esperar, habida cuenta de la mayoría absoluta del Partido popular en las cámaras. El primer truco que se sacarán de la bocamanga será convertirla en un grupo que verifique la mencionada carrera de errores. A continuación procederán a marear la perdiz hasta la náusea. Tal vez el Partido popular hará que dimita alguien --el menos relevante o el que sepa menos cosas de la vida y milagros de sus conmilitones--  para no infundir demasiadas sospechas. Sin lugar a dudas, quien sea cesado no tendrá problemas en el futuro: las puertas giratorias le aseguran el parné, pues siempre habrá una gran empresa que le devuelva los favores prestados.  


Radio Parapanda.--   http://hcarlosiiienlucha.wordpress.com/

sábado, 11 de octubre de 2014

LA MORAL DE AQUEL SINDICALISTA



Ya no tengo la memoria de antaño. Por eso me van a perdonar que no les indique la fuente de algo que leí hace ya bastantes años. El sucedido se refiere a Angel Pestaña, un histórico dirigente de la Confederación Nacional de Trabajo, CNT.

Cuando las fuerzas políticas antimonárquicas estaban preparando lo que después se llamó el Pacto de San Sebastián, un dirigente político catalán –tampoco recuerdo el nombre--  se puso en contacto con el dirigente anarcosindicalista Angel Pestaña para que asistiera a una reunión preparatoria en París, cuyo objetivo era preparar el advenimiento de la República. Pestaña le respondió que iría a título individual. A continuación cogió el dinero que los organizadores de la conspiración le dieron para el billete del tren, del hotel y los gastos que tuviera en París. Pestaña fue a París y, como se sabe, declinó formar parte de aquel comité. Y volvió a Barcelona.

Lo primero que hizo fue presentarse en el domicilio del dirigente catalán. Le informó de su postura en París y, a continuación, le entregó una lista de sus gastos: tanto por el tren (en tercera), tanto por la estancia (una modesta pensión) y el resto del dinero sobrante. Ni un cruasán, ni una cafelito, ni una copichuela…  El dirigente le dijo: «Pero, Angel, ¿acaso no se ha tomado usted en París un cafelito?». Pestaña, a quien se le llamaba por su poco garbo físico El Caballero de la triste figura, respondió: «Mire usted, lo que yo me pago en Barcelona con mi propio dinero, lo hago en todas las partes donde voy?».  


O tempora o mores.  Francamente, es probable que yo me hubiera tomado un calvados a cuenta del Pacto de San Sebastián.  

Radio Parapanda.--  Breve biografía de Ángel Pestaña y QUE VIVA TERESA ROMERO