viernes, 1 de julio de 2022

Un pacto de rentas

Hace meses en este mimo blog un servidor planteaba la necesidad de un pacto de rentas como un elemento más de la lucha contra los efectos de la pandemia. Y fue precisamente en Sevilla en una de las sedes de Comisiones Obreras, días después de la aprobación en el Parlamento de la reforma laboral, cuando me esforcé en explicar las razones que justificaban mi propuesta. Eduardo Saborido y Paquito Acosta con quienes compartí micrófono, son testigos de ello.  Se trataba sobre todo, de aprovechar el clima pactista que había llevado a la firma de la nueva reforma.

Hoy la situación ha empeorado: la guerra de Putin está provocando una crisis de envergadura; y comoquiera que no hay viso de ver la salida de la guerra, tenemos la inflación por las nubes: la de hoy más alta que la de ayer y menos que la de mañana. Las medidas del gobierno son oportunas, pero como no puede ser de otra manera sólo son paliativas. Así las cosas, parece necesario un potente artefacto sociopolítico capaz de hacer frente a ese cohete de la inflación.

Leo que la patronal catalana, Foment, presidida por Josep Sánchez Llibre, «urge al Gobierno a propiciar un gran pacto de rentas contra la crisis». Sea, como diría Carles Navales, sindicalista desde el calcañar hasta el colodrillo.

Un primer requisito de esa concertación sería que ´las partes´ --Gobierno, sindicatos y patronal--  compartieran el diagnóstico, porque si unos dicen pitos, otros flautas y los demás roscos de Loja no habrá negociación y si la hay resultaría un amasijo de incoherencias: pura chasca que diríamos en la Vega.

Pacto significa llegar a un acuerdo que deje claro qué ponen unos y qué ponen los demás. O lo que es lo mismo: si los trabajadores ponen su parte (preferentemente los salarios), las contrapartes deben de colocar encima de la mesa algo tan concreto para ellos como los salarios lo son para los trabajadores.

Quede claro: este artefacto, dada la gravedad  de la situación, tendría necesariamente un carácter defensivo. Porque, no hace falta decirlo, la cosa no pinta bien.  

 

Nota bene. Atención al post de Paco Rodríguez de Lecea en NO IMPORTA TANTO LA PORCIÓN COMO LA TARTA MISMA

 

martes, 28 de junio de 2022

El esperpento, enfermedad senil del independentismo


Lo peor de una derrota política –tanto si es electoral o de otra naturaleza--  no es el batacazo sino que, tras él, puede venir la división. Las travesías del desierto en división son muy ásperas. ¿Hace falta recurrir a ejemplos? Mejor no. Pero en los momentos actuales tenemos muy presente la enseñanza del fracaso del procés catalán. Tras su derrota sin paliativos lo peor es que sus restos se caracterizan por una división molecular  donde el adversario  de cada corpúsculo, ahora, ya no es tanto España como el resto de sus fracciones, grupos y similares. Hay que reconocer, empero, que ERC se salva de ese anárquico conglomerado, aunque de cuando en vez debe soltar alguna intemperancia para no infundir sospechas. En ese sentido, Rufián es alternativamente aprendiz de pirómano y bombero diplomado.

Junts –no se sabe para qué ni con quién—es la matrioska de los taifatos personales más significativos, cada cual con su aparente proyecto que ciertamente no tiene relación con un programa de todos esos que  formalmente están junts. Ejemplo más relevante: la behetría que gira alrededor del empresario sin obreros Joan Canadell, hoy diputado de Junts y ex presidente de la Cámara de Comercio de Catalunya.  Un personaje curioso: independentista a calzón quitado, pero un admirador que ce en deliquio ante la política fiscal  de Isabel Díaz Ayuso. Retiro lo de chocante, porque es completamente lógico y políticamente coherente.

Este caballero lideró en su momento el abordaje a la Cámara de Comercio. Ganó las elecciones y, desde ahí, es elegido diputado al Parlament y en su mucho tiempo libre organiza los aspavientos de la Assemblea Nacional de Catalunya. Ahora desde la rebotica de la Cámara ha hecho que ésta oficialmente vote una declaración de apoyo al llamado Consell de la República, que preside el holandés errante Puigdemont. O lo que es lo mismo, el anarco--empresariado independentista está chocheando. Precisamente en unos momentos de crisis económica y con la incertidumbre de futuro que ésta provoca.  

Pero, con todo, lo más llamativo es, a mi juicio, que el independentismo  en su travesía, derrotado y dividido, no tiene nada que decir ni para Cataluña ni para nada de nada de nada.

Ubi sunt los viejos capitanes de industria catalanes?

 Oigan, cambio de tercio: les sugiero a los amigos, conocidos y saludados el estudio (los codos encima de la mesa y el lápiz para subrayar) del libro  La burguesía catalana, de Manel Pérez. Ediciones Península. 

domingo, 26 de junio de 2022

Ciego yo, tuerto tú.


 

Tengo una ligera sospecha: todavía las izquierdas no han asumido, analizado y calibrado su estrepitosa derrota electoral en Andalucía. Algo así como aquel segundo Felipe que echó la culpa de la derrota naval «a los elementos». Siempre tuve la impresión que, a partir de aquella debacle, el imperio español empezó a tartamudear.

Cierto, un acontecimiento de esa envergadura merece un estudio pormenorizadamente microscópico para llegar a unas conclusiones eficaces y poder seguir adelante. Aún es pronto. Ahora bien, después de la derrota, una de las causas que la provocaron –las disputas entre los partidos que conforman el gobierno progresista y las peleas entre ciertas fuerzas de la izquierda de la izquierda—se mantienen como si nada hubiera pasado. Como si la derrota andaluza hubiera sido cosa de «los elementos». Dos asuntos de gran relieve han motivado, esta semana pasada, otro quilombo entre socialistas y podemitas en el gobierno. Que son: las medidas urgentes anticrisis y la renovación de los jueces. Que haya puntos de vista diferentes, incluso encontronazos es cosa normal y no necesariamente perjudicial. El problema es cuando por fas o por nefas se exhibe ese desacuerdo a bombo y platillo. Chocante: cuando están de acuerdo y consiguen un gran avance la actitud de ambos es de una prudencia austera, casi calvinista; las victorias apenas concitan la organización del entusiasmo social, pero cuando no hay acuerdo se infla el pecho y los hunos tiran los platos a la cabeza de los hotros.

A bote pronto podría parecer que están organizando la ruptura de las relaciones, pero eso conllevaría un temerario adelanto electoral, que podemitas –sobre todo— ni quieren ni les interesa. No exactamente por motivos políticos, sino por problemas de intendencia. Pero parece lógico, así las cosas, que conforme se vaya acercando a la fecha electoral las disputas entre los romanos y los cartagineses ampliarán su diapasón. Será un error caballuno, porque tal suma de bochinches será penalizado por el personal con la misma rotundidad que lo ha hecho en la Bética. «Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir», diría el excelso poeta de La Fuente.

Recapaciten y publiciten el acuerdo que ha motivado el reciente plan contra la crisis, que es pura prosa, canela fina: el impuesto especial a las eléctricas, incremento del 15 % de las pensiones no contributivas, reducción del abono del transporte público, el cheque de 200 euros para las rentas más bajas, etcétera. Esa es la chicha, lo otro –exhibir cuando y donde no hay acuerdo el propio careto— es no haber entendido el vuelco histórico andaluz.

Ya veremos porque hay gentes en las izquierdas, a babor y estribor, que han hecho suyo aquel dramático lema hobbesiano «Mors tua vita mea». Que, con permiso del maestro de traductores Paco Rodríguez de Lecea, mi versión campechana es «Ciego yo, tuerto tú».   

¡Viva Izavieja!

viernes, 24 de junio de 2022

La paradoja sanitaria catalana


Cataluña solo está superada por los Estados Unidos en lo atinente a la investigación en el terreno de la salud; sin embargo es el farolillo rojo en incorporar tales investigaciones a los pacientes. Monstruosa paradoja que hoy, muy de mañana, me ha puesto de los nervios. El doctor Aleix Prat, oncólogo, en la foto, es quien ha dado el grito de alarma. Más todavía, cuando la Agencia Europea de Medicamentos aprueba un fármaco innovador en España cuesta carros y carretas para que se ponga en marcha. De un lado, los problemas de la burocracia; de otro, el litigio permanente entre la Administración y las farmacéuticas. Mientras tanto, la voz de los pacientes clama en el desierto.

Una cosa es clara: en Cataluña, también en otras comunidades autónomas, hay un extraordinario plantel de investigadores de gran envergadura. Y sin embargo, el cáncer de mama no tiene el soporte suficiente para llevar a la práctica el resultado de las investigaciones e innovaciones.

No acabo de reponerme de la indignación cuando leo que el vicepresidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Puigneró, adscrito a Junts –Junts no se sabe cómo ni para qué--  embiste fraternalmente contra el President  Pere Aragonès  García reclamándole «Menos reuniones con Pedro Sánchez y más hacer perder votaciones al PSOE». De momento podemos inferir que la llegada a la dirección de Junts –no se sabe con quién ni para qué--  del moderado Jordi Turull, el Feijóo de Cataluña, no atempera los regüeldos al menos de este Puigneró.

Mucha paciencia tiene la ciudadanía.

 

P/S.---  Anoche, con un descenso enorme de los petardos y de la pólvora pude leer atentamente el artículo de Isidor Boix: https://isidorboix.wordpress.com/2022/06/23/andalucia-francia-chile-colombia-y-espana-un-mismo-problema-un-mismo-desafio-organizar-no-basta-sumar/?fbclid=IwAR2YwJhV8rRQlvSgP6ZMgdMFl9QDmFaTcLIQKQW35-4bWzXiBKfXGU94WSY  Sobre todo es refrescante. 

miércoles, 22 de junio de 2022

Pedro Sánchez y el pato cojo


 

 

Casi al final del recuento electoral del pasado domingo, cuando ya se sabía sobre chispa más o menos el resultado, uno de los tertulianos dijo en televisión que a Pedro Sánchez se le estaba poniendo la cara como de «pato cojo». Se trata de una expresión que en los EE.UU. se aplica a sus presidentes durante el segundo mandato. Es decir, cuando empiezan a ser irrelevantes. Pero vox tertulianorum non est vox Dei .

No cabe duda que esa afirmación tertulianesca --´pato cojo´, en este caso—es algo más que una afirmación gratuita, o podría ser, el inicio de una ristra de sermones con la idea de deteriorar la imagen del Presidente del gobierno progresista. Es, por tanto, la invitación a que una masa coral de plumíferos y currinches repartan por tierra, mar y aire que Sánchez e ya un pato cojo. He dicho que es una expresión gratuita y completamente falsa. Porque, justamente esta segunda legislatura ha tenido más realizaciones y más utilidad social que la primera. Al revés precisamente de la actitud del pato cojo sea norteamericano o de la península de Kamchactka.  A saber, Sánchez ha liderado un gobierno que, en medio de una tremenda tempestad (dura pandemia y los efectos directos e indirectos de la guerra de Putin), ha realizado avances en los terrenos de la economía, sociales y de los derechos civiles y inespecíficos. ¿Qué la  inflación está por las nubes?, cierto. En concreto, de ´pato cojo´ naíca de ná. Al menos, según la definición que los norteamericanos dan a ese ideolecto.

El mundillo del tertulianado también tiene que comer, de ahí que en algunas ocasiones haya reincidentes en el enredo y la socaliña. Más todavía, tales organizadores de la confusión (la mediática brigada Brancaleone) en realidad aspiran a ser la vanguardia del quinto poder.  Sin ir más lejos, un servidor –ya octogenario y octogeranio--  si pillara un micrófono tertulianil diría: «Justamente cuando el PP se hace con la mayoría parlamentaria de la región Bética, nacen los calostros de un nuevo conflicto en dicho partido, a saber, la vida sedicente moderada de Moreno Bonilla y la de Ayuso y sus retortijones ultras».  Me baso en los mismos presentimientos, generalmente ficticios, del lumpen tertulianado.

 

P/S.--- No pasen por alto el artículo de Joan Coscubiela, hoy en El País.  Vox Coscubiela vox utilitatis.   

¡Viva Izavieja!

martes, 21 de junio de 2022

¿Cambio de ciclo?


 

 

Esparta derrotó a Atenas el domingo pasado. Ha sido el resultado de una crónica demoscópica anunciada. El Peloponeso andaluz se ha saldado electoralmente con una derrota cuyas consecuencias  todavía no estamos en condiciones de vislumbrar. Con todo, soy del parecer que el batacazo caballuno de Atenas es una de las consecuencias del insistentemente denominado «cambio de ciclo».

Los gobiernos tienen la tendencia rutinaria a negar cualquier novedad, cambio o micro discontinuidad. La única inercia admitida es la que, según ellos, es la consecuencia de su acción de gobierno. El tancredismo sería la característica primordial de los gobiernos; Rajoy fue un ejemplo de la degradación del tancredismo. «Cambio de ciclo», insisten no poca gente en España. Pero todavía no conocemos detalladamente las moléculas de tan socorrido y contradictorio concepto. Contradictorio, en Francia y Colombia avanza la izquierda mientras que en la Hispania Ulterior los vándalos gobiernan las dos orillas del Betis, más tarde llamado Guadalquivir, tras otro cambio de ciclo.

El presidente Zapatero se pasó media legislatura sin reconocer que España había entrado en crisis tal como le advertía el ministro Solbes. Zapatero reaccionó tarde. No supo ver el cambio de situación y –Tancredo uno, Tancredo otro— Rajoy entró en mala hora en la Moncloa. Sánchez, tras el rejonazo del domingo, niega el cambio de ciclo. Su opción será resistir. Pero resistir no es gobernar, que implica estar a la ofensiva. Resistir es situarse detrás del parapeto. Y desde los parapetos no se crea hegemonía. Desde el burladero solo  se conservan las amistades que tienen la fe del carbonero.

Desde una lógica académicamente tradicional podremos ver que en este cambio de ciclo, que  viene de atrás, el gobierno progresista cuenta con eficaces realizaciones en los terrenos de la lucha contra la pandemia, la situación económica y de los derechos, tanto laborales como inespecíficos. Pero ese cambio de ciclo muestra  que contemporáneamente millones de ciudadanos de Atenas, votantes de toda la vida de Pericles, favorecidos por los éxitos del mismo Pericles, han confiado en Esparta. Ya lo probó en sus carnes sir Winston tras la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Cambio aparente de tercio: está cantado el conflicto en el interior del Partido Popular. El modelo Moreno Bonilla, espartano, entrará en colisión con la tribu de los longobardos de Lady Ayuso.   

P/S.---  ¿Podríamos hablar de ´cambio de ciclo´  en Seat tras el nuevo convenio coletivo?  

domingo, 19 de junio de 2022

Vox y Junts


Cuando el asfalto de las calles se disfraza de diciembre para atenuar los efectos  de esta calores saharianas; cuando la economía global puede conducirnos a una situación crítica; cuando la cesta de la compra araña nuestros bolsillos; cuando los incendios hacen su agosto ahora en Cataluña y otros lugares, un tal Sebastià Vergès, diputado por Junts –Junts no se sabe para qué--  aprieta sus esfínteres mentales y critica muy ásperamente la intervención del Ejército en la extinción de los incendios, del Ejército de «este Estado que nos expolia». Vergès, ingeniero de caminos. Donde se demuestra que resolver ecuaciones abelianas es compatible con estar ido de la cabeza. Sin embargo, habrá que intuir que si el incendio estuviera en puertas de la casa de este baladrón,  él mismo llamaría a todos los Ejércitos (empezando por el de España) incluido el Ejército de Salvación. Creo que no se trata de doble moral, sino de faltarle una gran ferretería en la cabeza. Hasta el mismísimo don Carlos Castilla del Pino (en la foto) tendría dificultades en curar a este pollo pera. Con todo, la reflexión es la siguiente: ¿cómo es posible que un personaje de estas hechuras haya llegado a ser diputado de Junts, de Junts no se sabe para qué? En parte --y muy caricaturescamente--  podemos decir que el fracaso del procés es debido a personajes de este calibre.

Disparates caballunos los dicen la mayoría de las fuerzas políticas. Pero esos disparates adquieren la cima en dos fuerzas políticas, aparentemente antagónicas: Vox y Junts, Junts no se sabe para qué. La diferencia es que los ultras carpetovetónicos elevan a categoría política las deposiciones mentales del lumpenariado, que no es lo mismo que el lumpen—proletariado, mientras que Junts es el último estertor de una idea y unos mimbres que tienen una fecha, ya escrita, de caducidad.

Ojo, pues, con Vox. Porque está estableciendo una conexión sentimental con ciertos estratos de la sociedad, muchos delos cuales viven en nuestro mismo bloque de pisos. Vox quiere ser una inmensa agrupación de agraviados. Olvídense de antecedentes históricos, que nos sirven a medias. Vea, observen y estudien ese fenómeno. Lo de Vergès, empero, es un caso a resolver por la medicina pública.

P/S.--  Dispensen que haya estado tanto tiempo haciendo rabona: tuve un accidente muy aparatoso que me ha dejado el brazo izquierdo casi inútil. Ya me estoy  recuperando.         

lunes, 9 de mayo de 2022

Yolanda Díez con Inma Nieto


 

 

Realismo: sólo por el hecho de evitar una confrontación electoral entre las fuerza que se auto consideran a la izquierda del PSOE ha valido la pena la compleja y azarosa confluencia de diversos partidos en Andalucía. Realismo: sólo por evitar los sopapos de la ley D´Hont, que castiga casi siempre al último de la clase, ha valido la pena el acuerdo andaluz. Que se haya hecho a trancas y barrancas parece que, en estos casos, es la normalidad. Con todo, ahora no es el momento de gimotear, ni hacer pucheros, sino de meterse en harina. Realismo: manos a la obra. Este realismo es el que, me parece a mí, preside la cabeza de cartel, Inma Nieto, en la coalición de la que estamos hablando, Por Andalucía. Ganar a la derecha significa un significativo avance de los socialistas y otro no menor de la coalición.

Ahora bien, la mayoría de los medios hablan, con mayor o menor, aproximación a los hechos que ´este es el proyecto de Yolanda Díez´. Y, de una a otra manera, El País, hoy, editorializa sobre dicha vinculación. De momento, Yolanda no dice ni oxte ni moxte. Pero, según las escasas referencias de la misma Díez, su proyecto  no va «de suma de partidos», y esta coalición lo es. Yolanda habla de otra cosa, que todavía está en el aire. Así pues, el apoyo de la vicepresidenta del gobierno a la coalición andaluza no debe confundirse con algo que sigue siendo un nasciturus.

jueves, 5 de mayo de 2022

Sindicalismo: palabras y hechos


 

Los hechos son los siguientes: los datos del mes de abril indican que por primera vez en la historia de España el empleo supera los veinte millones; también, esto lo da una importancia cualitativa, de las nuevas contrataciones 700.000 son fijos, esto es un 48,2 por ciento. Así pues, amalgama de cantidad y calidad. De manera que es obligado recordar las homilías jupiterinas de no pocos agoreros, licenciados de mostrador de chigre, subvencionados o motu proprio que insistieron en la falaz vulgata de que un incremento del salario mínimo implicaría la destrucción de puestos de trabajo. La patronal tampoco dio cuartelillo, uniéndose a las zahúrdas contrarias a la elevación del salario mínimo.

Antes había sonado el mismo discursillo, sobado desde la noche de los tiempos, toda reforma que demanden los sindicatos, apoyados por la izquierda, es así mismo, un freno a la creación de empleo. Comoquiera que la CEOE era parte integrante de dicha reforma, los puntapiés de las derechas –mesetarias y periféricas--  fueron más leves.

Digámoslo con contundencia: en esta nueva realidad –de importancia cualitativa y cuantitativa, repetimos intencionadamente— el sindicalismo confederal español ha estado a la altura de las responsabilidades que se le exigen. Se trata de una importancia que va más allá de la modesta capacidad de autovaloración del sindicalismo sobre la obra realizada en torno al empleo. Los datos de empleo del pasado mes de abril exigen  mayor pompa por parte del sindicato que sigue siendo demasiado austero ante sus conquistas y realizaciones.

En consecuencia, el sindicato podría decir que a pesar del chillerío de la política, de las propuestas de  inútil vuelo gallináceo de las derechas, en España hay una novedad: más y mejor empleo, a pesar de que la situación  económica tiene sus claroscuros. Decirlo, todavía más fuerte, porque hay quien todavía sostiene que no es cierto que el cuadrado de la hipotenusa es igual que la suma de los cuadrados de los catetos. La negación de este enunciado es, sobre chispa más o menos, lo que regüelda la señora Ayuso frente a Feijóo que ha olvidado el enunciado del famoso teorema.

«Facta non verba», dijo Virgilio. Vale. Pero es preferible decir «verba et facta», o sea, «palabras y hechos». Porque desde la palabra el sindicato construyó los hechos indiscutibles de la relación entre la reforma laboral y la creación de estos nuevos contratos de trabajo indefinidos. (Allá Virgilio con sus melindres).  


miércoles, 4 de mayo de 2022

Feijóo y Ayuso: del coro al caño y del caño al coro


(A la memoria de Juan Diego)

Mario Draghi, primer ministro italiano, ex presidente del Banco Central Europeo y ex director ejecutivo del Banco Mundial, ha hablado de manera contundente y sin concesiones a la platea, a los palcos y al gallinero.  Y ha manifestado: «Estamos ante una situación provisional a la que hay que enfrentarse con herramientas excepcionales». El caballero ha hablado, además, que subirá la carga fiscal de esos beneficios que púdicamente se llaman caídos del cielo. O sea, esas ganancias que se obtienen sin dar golpe. En concreto, el premier italiano subirá hasta el 25 % a los beneficios de las eléctricas. Juan Diego, que en paz descanse, diría: «¡Por sus santos cojones!».

De hecho Draghi aplica el sentido común y hace lo que parece obvio: en estas situaciones de crisis concéntricas no hay más remedio de sacar el dinero de allá donde está mayoritariamente. Y, más todavía, en el grupo de los beneficios caídos del cielo, aquellos que se obtienen gracias al sistema tributario.

El Partido Popular disiente de ese sentido común: La Ayuso y Feijóo, con sus respectivos espoliques, proponen justamente lo contrario. Lo que, además, se confronta con la actuales propuestas de la Unión Europea. De Ayuso a Feijóo y viceversa o, si se prefiere, del caño al coro y del coro al caño con políticas temerariamente populistas  que técnicamente provocarían mayores desigualdades y menor tutela del sistema de protección social.

Ciertamente ha habido cambios en el Partido Popular, pero sigue habiendo un hilo conductor con la época casadista: bicefalía en el liderazgo y, en consecuencia, en los mensajes. Aunque hay coincidencia en el populismo patológico y temerario: de un lado, el partido «callejero y pandillero» de los señoritos del barrio de Salamanca y, de otro lado, una retórica educada con la musicalidad de la lengua galaico-portuguesa que le sigue la corriente al chisperismo indocumentado. Vaya, que Ayuso regüelda y Feijóo susurra.

      

domingo, 1 de mayo de 2022

El síndrome de la banda de los cuatro


 

ERC, el partido más confuso de Occidente, comparte con el PP y con Vox la votación contraria a la reforma laboral en el Parlamento Español. Y todos ellos se asemejan a los post post post convergentes de Junts, que parece que lidera el hombre de Waterloo, en la misma historia. Digamos, en honor a la verdad, que no son idénticos –ni siquiera parecidos— los motivos  que han llevado a los hunos y a los hotros a fijar posición contra dicha reforma. Pero hay unos círculos concéntricos compartidos: Waterloo sopla, todavía con fuerza, al cogote de ERC, pidiéndole cuentas de quien mea más largo en la identidad independentista;  los de Feijóo, a su vez, sienten la halitosis de Vox, por lo que no pueden romper –al menos, todavía--  con la sombra de Pablo Casado, cuyos noes son alargados.

Lo más aparentemente chusco es que ERC ha quedado como una aljofifa. Incluso entre no pocos de su propia gente. Me explico: la Generalitat no ha tenido más remedio que convertir 938 contratos temporales  en contratos fijos. Mandato claro de la reforma laboral, que los cuatro de marras (PP, ERC, Junts y Vox) votaron en contra: cada cual con su excusa de mal pagador.  Así pues, los cerca de mil funcionarios catalanes  fijos no le deben a su gobierno esta nueva condición. Y para hablar con su propio lenguaje, se nos permitirá decir que se lo deben «a España», o –por más señas— al gobierno al que ERC quería tumbar. Son, por así decirlo, las chocantes consecuencias del síndrome de ERC y PP, que sienten que la bolsa viril está atenazada por Junts y Vox: el síndrome del escroto atrapado que atraviesa esta banda de los cuatro.  

Un síndrome que debe angustiar a Feijóo, cuyo predicamento en la Unión Europea está en servicios mínimos. Feijóo o el nuevo Buridán.

 

P/S.--- Comoquiera que Quim González ha escrito en su blog sobre este Primero de Mayo, que un servidor comparte de pitón a rabo, he decidido hacer el ejercicio de redacción que consta más arriba.

1º de Mayo, ¡viva el sindicalismo!  QG.  

 

 

viernes, 29 de abril de 2022

Pegasus


Según parece Feijóo no es capaz de romper el cordón umbilical de aquel Casado que saltó por los aires hace pocas semanas. Todo indica que es realmente difícil saltar del trampolín, desde el terraplanismo hacia esa piscina de la moderación centrista. O tal vez la explicación puede ser otra: Feijóo no sabe, no puede o no quiere decidir  centristamente. La larga mirada de la Ayuso es inquietante.

La cosa viene a cuento por una información que da hoy El País. El diputado Jaime de Olano defendió, ayer, la postura del grupo parlamentario popular «de rechazo a las medidas del gobierno contra la crisis sin saber cuál sería el voto final». Nadie le dijo al logógrafo de Olano si la cosa iba de abstención de votar en contra. De Rajoy a Feijóo y de éste al otro: del caño al coro y del coro al caño.

Por su parte, ERC no quiere perder la ocasión de ser el partido más confuso de Occidente. No es la primera vez que coincide voluntariosamente con las derechas de la taberna y la caverna. A lo largo de su biografía política, fuesen cuales fueren sus portavoces, han usado la coincidencia con las derechas bien como motivo de chantaje al gobierno de turno (incluidos, por tanto, los progresistas) o bien por pura coincidencia con dichas derechas. El pintoresco Rufián ha heredado esos códigos y lo hace con mucho gusto. Más todavía, PP, Vox y ERC no sólo coinciden en el voto, sino que lo hacen bajo la justificación de un problema que  nada tiene que ver con lo que se dilucida.  

Ciertamente, el caso Pegasus es, si se confirman lo que hasta ahora sólo son  rumores, algo de extrema gravedad. Si se confirman, digo. Pero, con ser grave, si se confirma, el voto contrario al menos de ERC, a quien penaliza fundamentalmente es a los destinatarios de las medidas del Real decreto ley. Con lo que Rufián y sus socaliñeros no han entendido a Platón que afirmaba que el objeto de la medicina no son los médicos sino la salud pública de la ciudadanía.

Jacques Attali habló en su día de las llamadas «zonas grises» de la democracia. Los servicios de inteligencia podrían estar en esas zonas. Cuando los controles enflaquecen y los códigos de los controlados se desgastan aparecen sin duda, al margen o bordeando extremadamente la ley, esos comportamientos ademocráticos y antidemocráticos. ¿Estamos ahora en esa situación? Yolanda Díaz ha dado en el clavo: lo primero es la investigación, ver sus conclusiones y, si corresponde, que el peso de la ley caiga inmisericorde contra los responsables.

Escena final: el PP no se abstuvo, votó in extremis en contra. Si hubiera mantenido la abstención la absurda negociación de ampliar los miembros de la Comisión de secretos oficiales no se habría producido. Consecuencias: la CUP tiene ahora su plaza en dicho organismo. ¿Quién en las cancillerías de los países más significativos nos va a tener en cuenta a la hora de pasar confidencias de Estado? Lo pagaremos caro.     

martes, 26 de abril de 2022

Pongamos que hablo de Yolanda Díaz


 

Están pasando cosas en el mundo que obligan a Yolanda a darnos, como mínimo, un anticipo de su proyecto. No es conveniente que nuestro personaje siga procastinando.  Tanta tardanza podría llevar a la depreciación de dicho proyecto y, por consiguiente, a la pérdida de una posible oportunidad. Sí, están pasando cosas, cosas muy significativas e importantes.

Sin ánimo de ser exhaustivo: la cruel guerra de Putin contra Ucrania; por tercera vez Le Pen ha conseguido estar en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, alcanzando ahora la importantísima cota de casi el 42 por ciento del electorado; la entrada de Vox en el parlamento de Castilla—León; la convocatoria de elecciones en Andalucía que pilla a las izquierdas con los meado en el vientre; las apreturas del gobierno de Pedro Sánchez; la inflación que parece desbocada… Mientras que en Hong Kong miles y miles de contenedores hacen en la siesta en el puerto, taponando los circuitos de distribución.

No estoy diciendo que Yolanda pueda resolver tan descomunal quilombo. Simplemente me limito a bosquejar en qué mundo estamos aquí y ahora. Y más concretamente: ese contexto poco halagüeño necesita cuantas señales de mejoría, por modestas que aparentemente sean de menester. Pero, además y por si fuera poco, estamos en otro momento en que las izquierdas parecen tener anorexia: la hecatombe de la izquierda tradicional en Francia, la patológica división entre los hijastros de Putin y el resto de la izquierda; la dimisión del candidato de la sedicente izquierda alternativa andaluza, el reputado profesor José Antonio Pérez Tapias, agobiado porque en las redes sociales los hijastros de Putin le pusieron como un pingo, porque defiendo el derecho de Ucrania a defenderse con sus armas y las que le lleguen solidariamente.

Cierto, si Yolanda presenta su proyecto –o, al menos, da un anticipo— no se arreglaría el mundo. Pero un modesto hálito de esperanza –una novedad positiva—aclararía algo. Con todo, si el proyecto se retrasara ad calendas graecas cundiría la sospecha de que el proyecto de Yolanda es ella misma.   

miércoles, 20 de abril de 2022

Consumatus est


 

Si el flamante presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, hubiera hecho lo que hacen sus correligionarios europeos más distinguidos, Vox no estaría en la Junta de Castilla – León. Pero Feijóo es de otra pasta; de hecho, los populares tienen una biografía muy diferente a la de los partidos de la derecha europea ilustrada.

La gran paradoja es que este caballero, Feijóo, ha permitido que un partido de colodrillo menguadamente democrático siente sus posaderas en el gobierno castellano—leonés. Digo paradoja porque se nos había presentado como el hombre de la renovación del partido de aquel Casado, ya lejano. Patarata. Se no vendió un dirigente, que se decía centrista. Patarata. Más todavía, Feijóo permite el disparate en puertas del ballotage francés. Un aliento indisimulado para Le Pen.

Feijóo como Jano bifronte: su mano derecha no sabe lo que hace la izquierda; abre el camino para que, por vez primera, la ultraderecha entre en un gobierno autonómico y, simultáneamente, no se presenta en la toma de posesión de su faraute. La cosa es grave. Pero –oído cocina--  más grave es que, según el CIS, el 56 por ciento del electorado del PP ve con buenos ojos el pacto con los de Vox. Ahí, ahí está el detalle.

domingo, 17 de abril de 2022

Los puntos sobre las íes: Galdós y Bauman


 

Primer tranco

 

Entendimos en su día qué nos quería decir Zygmnut Bauman cuando insistió en su formulación de «sociedad líquida». Sería desconsiderado para el lector explicar dicho concepto, así es que lo damos por sabido por nuestros amigos, conocidos y saludados. A partir del primer libro del sociólogo polaco—británico un buen número escritores usaron y abusaron de lo líquido.

 

Segundo tranco

 

Leo a don Benito Pérez Galdós. La caverna impidió con escritos y manifestaciones que el autor canario recibiera el Premio Nobel de Literatura. «Ciego yo, tuerto tú» afirma uno de los refranes más surrealistas de las tierras de secano.

Ahora estoy con La desheredada. Según don Leopoldo Alas, Clarín, es la novela más cervantina de don Benito. Y según todos los críticos es la primera novela realista española. Galdós químicamente puro; a quien no perdonan las cacoquimias derechas patrias. Pues bien, en la página 170 (Alianza Editorial, 1967) el autor nos dice que un personaje de la novela tiene «principios líquidos»: o sea, los que tienen una maravillosa adaptación a cualquier recipiente. Vive Dios que conocemos a unos cuantos salidos del arroyo o de presunta alta cuna.

 

Tercer tranco

Desde luego  los principios líquidos galdosianos no son exactamente lo mismo que la propuesta de Bauman, pero si entiendo que de dichos principios se camina tout court hacia la sociedad líquida.

¿Conocía el sociólogo la novela La deseheredada? No lo sabemos. Pero si no la conociera sería tan imperdonable como que Pablo Casado no hubiera abierto La cartuja de Parma.  

 

Cuarto tranco

 

Sepan ustedes que en esto de las ciencias y de las talabarterías varias hay mucho copión. Mucho descaro que a veces es inaudito. Por ejemplo, la celebérrima habanera de pan de higo que es la ópera Carmen (del desaprensivo Bizet) es una copia total de una comedia musical llamada El arreglito, del maestro Sebastián Iradier.  No he dicho plagio, ni imitación; e copia, copia integral. Véanlo y juzguen:
EL ARREGLITO. Habanera de SEBASTIÁN YRADIER  

 

Pues sí, el maestro Yradier se quedó sin la fama de Bizet, que nunca reconoció su copia-y-pega. Yradier se vengó componiendo la bellísima canción La paloma. Esa que, si viniera a tu ventana, hay que tratarla con cariño que es mi persona.

miércoles, 13 de abril de 2022

El FMI desautoriza a Feijóo


 

El Partido Popular es un trebejo político que quiere ser de derechas. Pero, en realidad, sus prácticas, le llevan más allá; le conducen velis nolis a las cercanías de la ultraderecha. El PP quiere ser homologado a sus cofrades europeos, como mínimo a los que conforman el euro grupo parlamentario. Los hechos, sin embargo, le llevan a una dirección opuesta. Su problema, a mi entender, es: no tienen un proyecto definido; un déficit, que viene de atrás de liderazgo; y una obsesión patológica con su hermanastro, Vox.  Para mayor inri, vuelven a salir a la superficie los problemas de la corrupción.

El PP –sin y con Feijóo, considerado, quién sabe por qué, el bálsamo de Fierabrás— cree haber encontrado un filón con su exigencia de la bajada «inmediata» de los impuestos.  Disparate mastodóntico precisamente en esta coyuntura. O no saben tamaña imprudencia o solamente es un berbiquí para ir erosionando al gobierno progresista. Con todo, si no lo saben han debido recibir el recado del Fondo Monetario Internacional  advirtiendo del peligro de competir para bajar los impuestos. Que es, más o menos, lo que sostienen los países europeos de mayor enjundia. Ahora bien, todos sabemos que se trata de una pegatina de papel de estraza que sólo se utiliza para después –véase Rajoy— no cumplirla.

Por lo demás, los andrajos políticos del PP le han llevado a encontrar una excusa para no renovar el Consejo General del Poder Judicial: si no hay bajada de impuestos, no se negocia la renovación del Consejo. Y digo yo: ¿qué tiene que ver el culo con las témporas? Hasta los toros de Guisando han mugido ante dicho disparate.

martes, 12 de abril de 2022

Feijóo: una de cal y cien de arena


 

 

La democracia es un sistema débil, siempre necesitado de ser defendido. No solo de ahora, sino de siempre: las guerras médicas y las del Peloponeso son un anticipo de los asaltos y abordajes, directos e indirectos, al sistema democrático.  Hoy uno de los instrumentos de defensa de la democracia es el «cordón sanitario». Por supuesto, no es el principal, pero es el que tenemos en danza en estos momentos. Por ejemplo, en la Francia de los eternos ballotages. Pero no vamos a hablar de nuestros vecinos, sino de nuestros inquilinos.

Feijóo es el principal responsable de que Vox vaya a formar parte del gobierno de Castilla – León, la tierra de Alvargonzález. Si manda en el partido, permitiendo el pacto para repartirse el pasto con Vox, está poniendo en marcha un laboratorio, pernicioso ahora en la región, y en lo que pueda venir en toda España; si no manda en el partido, estamos ante un Casado con la ambigua sonrisa de Rajoy. Es Casado con rostro humano. Pero es, además, el máximo responsable de las palabras de su vicario en Castilla – León: «el gobierno PP – Vox mejora la calidad democrática», dijo bombásticamente ese Mañueco. Más todavía, este Mañueco es, en el fondo, uno de los peores amanuenses del peor PP cuando acepta y aplaude las joyas de la corona de Vox: esa vergonzante ley de violencia intrafamiliar y la que substituye a la ley de Memoria histórica. De manera que esa partida de julepe la ha perdido Feijóo. Primera conclusión provisional: este caballero –de modales exquisitos, que no levanta la voz y que guarda la etiqueta, lo cual no lamentamos— está en las antípodas de aquella señora Merkel que no aceptó los votos, en un land, de los hijos de Putin.

Aviso: el Alcázar no se rinde.  

jueves, 7 de abril de 2022

Tu quoque, Feijóo?


 

No es oro todo lo que reluce; en todo caso puede que sea oro del que cagó el  moro. De momento lo que reluce de Alberto Núñez Feijóo es justamente lo contrario de lo que se nos había vendido. De hecho desde hace muchos años se procedió a una operación de cirugía estética para borrar aquella imagen inquietante navegando con amistades poco recomendables. Comoquiera que el tiempo lo cura todo –o eso se cree--  Feijóo fue creando, y le fueron creando, una imagen de moderado, tranquilo, no estridente. Una imagen un tanto balsámica si se la comparaba con la de sus colegas mesetarios. En definitiva, este Feijóo es el celebrado dirigente de este partido que en cada congreso se hace un lifting para ser y no ser el de antes.

Habrá que esperar un tanto para conocer el verdadero rostro de Feijóo. Sus palabras en la clausura del congreso indicaron que había una cesura entre él y el felizmente defenestrado Casado. Pero, si se me permite la expresión, Feijóo expuso un tratado de antropología política, de comportamientos. Lo que no es poco y entiendo que es  --o puede ser, si se mantiene--  mucho mejor que el griterío de las zahúrdas del joven Casado. Pero, el nuevo líder pepero no habló de política: ningún proyecto o programa, solo tapa variadas de antropología.

Y cuando habla de política se refugia en el vicio que dice erradicar: hace populismo, populismo con educación, con buenas maneras. Ha hablado insistentemente en la bajada de los impuestos. Justamente lo que ningún gobernante europeo de su propia vitola propone en estos momentos.

Más todavía, hace un populismo tan populista como la de los indocumentados. Propone: «Una bajada inmediata y temporal de los impuestos» como condición para apoyar las medidas del Gobierno. Y sorprendentemente lo justifica de este modo tan chusco: «Si todos los precios han subido un 10 %, nosotros tenemos que devolver a los ciudadanos una parte de esa subida a través de la bajada de los impuestos». Chusco y chusquero. Una gilipollescencia que me recuerda los viejos tiempos cuando argumentábamos que no hacer x miles de horas extras se correspondía con  tantos puestos de trabajo.

En suma populismo con buena educación y  totalmente indocumentado. Paciencia, pues.

martes, 5 de abril de 2022

Vigile esa lengua, Mister Biden


 

No es necesario, ni mucho menos es conveniente que Biden diga y reincida que Putin es un «criminal de guerra» y, como tal debe ser juzgado. Este ejercicio de redacción se dirige a reforzar la inconveniencia de tales declaraciones del presidente norteamaricano.

No es necesario porque quienes tienen las entendederas en forma saben que Putin es, en efecto, un criminal de guerra. No es conveniente porque dichas declaraciones en boca del primer mandatario americano entorpecen la posibilidad –digo la posibilidad--  de que haya un proceso serio de negociaciones de paz. Más todavía, porque el orgullo herido del ruso lo pagarán los países más cercanos, no los USA que están tan tranquilicos en la otra parte del mundo.

Hay quien dice que Biden empieza a chochear y quien manifiesta que es el poli bueno y su Secretario de Estado el poli malo. Yo tengo una sospecha –de momento es eso, una sospecha--  de que Biden habla así en clave interna. Su primer objetivo directo es Trump que tiene simpatizantes a porrillo de Putin. Pero esto no es una forma seria de derrotar a Trump, porque encrespa más los ánimos en Norteamérica.

En concreto, esa verdad –«Putin es un criminal de guerra»--  debería estarle vedada al presidente de los Estados Unidos. Con que la digan Obama y el resto de los presidentes vivos hay suficiente.  

 

P/S.--- Por cierto, se sugiere esta lectura: https://elblogdequim.wordpress.com/2022/04/05/amazon-nuestro-tiempo-ha-llegado-y-esta-vez-hemos-ganado-%ef%bf%bc/

lunes, 4 de abril de 2022

¿Con Feijóo, qué?


 

Alberto Núñez Feijóo ha sido elegido, casi a la búlgara, como presidente del Partido Popular. Con él cabe la posibilidad de una derecha distinta y no tan rancia como la que hemos tenido en España durante decenas de años. El tiempo dirá lo que vaya siendo esa derecha. Con todo, la celebración del Congreso de los populares merece un ejercicio de redacción que me han encargado unas amistades.

Pero, de momento, séame permitido algunas reflexiones preliminares. Entiendo que tanto los escribidores como los hablistas de los diversos medios se han precipitado calificando a Feijóo como el centrista perdido y hallado en el Templo. Que es diferente a aquel fifiriche de Casado, no hay duda. El problema está en que no sabemos, todavía, qué políticas –centristas o no— tiene en la cabeza el primer espada del PP. Porque un político centrista tiene que demostrar que lo es cuando propone políticas de ese jaez. El problema es que el congreso no ha definido ningún proyecto, programa o esbozo, ya que dadas las circunstancias, se había convocado sólo para escoger el nuevo grupo dirigente. Tal vez no podía ser de otra manera, sin embargo se ha de constatar que, así las cosas, Feijóo tiene manga ancha para hacer lo que crea oportuno. Entiéndase, un Feijóo encumbrado y quizá sobrevalorado en función de la inanidad del anterior dirigente del partido. En cualquier caso ese tipo de Congreso, centrado sólo en la dirección del partido, pasará factura andando el tiempo.  

Con todo, Feijóo tiene en su cuenta corriente algo asaz preocupante: permitió, siendo ya el premier in pectore, que Vox entrara en el gobierno de Castilla – León. No es peccata minuta. Con lo que ha abierto el precedente para que sus partidos regionales  negocien con Vox. Así, pues, en la olla de Feijóo hay garbanzos negros.

Ya se verá cómo pintan las cosas en el Partido Popular. Lo único que sabemos es lo que se le atribuye, con mayor o menor exageración, al hombre de Ourense. Un dirigente político que, de momento, ha preferido no dar, ni siquiera, un anticipo de su proyecto político en el discurso de clausura del congreso. Demasiadas precauciones.

El nuevo presidente del PP tiene un desafío: o hace como el asno de Buridán o se fija en personalidades como sir Winston, Alcide de Gasperi y otros por el estilo.  Para ello tiene que salir del bosque asilvestrado.

jueves, 31 de marzo de 2022

¿Qué hay de lo mío y los impuestos?


 

Parece que atravesamos una época en que el razonamiento político ha sido substituido por la consigna a palo seco; la consigna entendida como un avecrem donde se condensa un intento de programa, reducido a una astrosa aljofifa. Pongamos como ejemplo la recurrente consigna de «¡bajar los impuestos»!, auténtica vulgata de las derechas de taberna. Todo se reduce, si ustedes han caído en la cuenta, a un eructo retórico, que los interesadamente indocumentados elevan a dogma. Es un mocosuena—mocosuena que las derechas de taberna usan a destajo, que propalan venga o no a cuento. No es un caso exclusivamente español, pero es aquí donde adquiere mayor estridencia, mayor indocumentación.

A mi entender, la obsesión que la derecha tabernaria tiene por la bajada de los impuestos obedece a dos motivos: 1) que es lo único que se les ocurre, precarios como están de una política económica, digna de ese nombre; y 2) que ese latiguillo –bajar los impuestos--  tiene una relación directa con un inaceptable y tosco sentido común, que relaciona  menos impuestos con mayor poder adquisitivo. Lo que no quita que cada cual –individual o agremiado en cáfilas diversas--  pida a continuación al Estado «¿qué hay de lo mío»? Lo uno y lo otro es una inecuación irresoluble. Porque, entonces, ¿de dónde salen los dineros para financiar esto, lo otro y el qué hay de lo mío?

Se ha hablado de la personalidad de Feijóo como primer espada del Partido Popular, de su coruscante ´centrismo´. Exagerada publicidad. Es más, me da en la nariz que el nuevo tabernero ha incorporado a su barra de mostrador algunas tapas variadas de la caverna. Por ejemplo, cuando afirmó que el Gobierno se queda con los dineros de los impuestos. Feijóo afirma que está en contra de los populismos, pero él mismo los usa a la remanguillé. Vamos a ver qué hace la taberna cuando se voten en el Congreso el paquete de medidas del gobierno.