sábado 28 de enero de 2012

POPULISMOS EN EUROPA



Nota. Nuestro amigo Riccardo Terzi nos envía este texto en esclusiva para el blog. Se trata de su intervención en el debate sobre los populismos en Europa en el Forum della rivista de politiche sociali.



Riccardo Terzi


Tengo una cierta desconfianza con la palabra “populismo” porque me parece que está cargada de ambigüedad e indeterminación, y creo que es de escasa utilidad en el análisis de los procesos políticos.  Y, sin embargo, no se puede dejar de hablar de ella, dada la extraordinaria difusión que ha tenido en el debate político corriente y en la producción periodística; de modo que se trata en todo caso de valorar su contenido, su significado y sus implicaciones.  En el gran contenidor del populismo se se hacen entrar de nuevo fenómenos políticos muy diferentes, y también opuestos entre sí, por lo que se tiene la impresión de que se trata no de una explicación o interpretación de la realidad, sino de un fácil expediente al que se recurre cuando no hay ninguna explicación.  Populismo se convierte en todo aquello que se escapa de nuestras categorías interpretativas, todo lo que desafía nuestra racionalidad e irrumpe en nuestra realidad contemporánea con aquellos rasgos inquietantes de lo irracional o subversivo. 

Hay siempre  una connotación despreciativa que se acompaña a la definición de un fenómeno como el populista. En el análisis científico se substituye así el juicio ético-moral. El populismo es lo negativo que debe ser combatido, es el subfondo de violencia e intolerancia che vuelve a emerger en nuestras sociedades civilizadas, es la fuerza destructiva de los impulsos primarios que debe estar bajo el control de la razón. Por otra parte, cualquier definición del populismo implica como introducción un reconocimiento del concepto “pueblo”, aunque aquí nos encontramos en el universo de una pluralidad de significados e interpretaciones.

En primer lugar está el modelo de la democracia pleibiscitaria: en ella el pueblo se reconoce en su líder, sin mediaciones, sin instituciones intermedias, con una relación directa, con una investidura de confianza total que no soporta límites, reglas y garantías. En este modelo el protagonista no es el pueblo sino exclusivamente el jefe carismático en el que el pueblo se abandona. Más que populismo se trata de liderismo, de personalización de la política, de autoritarismo, porque todo el sistema político debe estar en función del ejercicio concentrado del poder sin los obstáculos y los retrasos de los procedimientos democráticos. En esta lógica, el obstáculo a abatir es todo el aparato de las instituciones de mediación y garantía para que resplandezca la figura del líder con toda su potencia, el único que está unido al pueblo en una simbiosis de tipo místico. Los ejemplos que ilustran esta situación son múltiples y recurrentes.  

Berlusconi, en Italia, intentó adoptar este modelo, pero eso se ha dado más en las intenciones y declaraciones verbales que en los hechos reales porque los contrapesos institucionales han continuando, bien o mal, funcionando. Sin embargo, no se trata de una innovación porque la historia ha estado repetidamente atravesada por experimentos de tipo autoritario y porque, también en nuestro mundo civilizado está la tendencia a la concentración y a la degeneración del poder, por lo que la obligación de las constituciones es construir un eficaz sistema de defensa. El berlusconismo no es más que un episorio de esta perenne dialéctica de la historia. Así pues, bajo este perfil no ha ocurrido nada nuevo, y el concepto de populismo no tiene otro valor más que el de registrar nuevamente hasta qué punto el mecanismo autoritario aparece siempre tras la retórica del pueblo.  Si hay un líder, un jefe, es porque el pueblo lo corona. Y el proceso siempre es ambivalente con una mezcla de poder arbitrario y consenso, de constricción y adhesión. Lo nuevo es la aparición de esta ideología autoritaria del poder en el corazón de Europa que parecía estar inmunizada de estas tentaciones. Pero Europa es ya un campo de batalla donde todo puede suceder.

En la democracia autoritaria el pueblo sólo existe como fuerza pasiva, como multitud indiferenciada, incapaz de una propia iniciativa, ý la política se reduce al mecanismo de identificación con la figura del líder. Naturalmente existen en la realidad diversos posibles grados de este fenómeno, así como puede ser extremadamente diferenciado el concreto contenido social de dicho modelo, que no es de por sí ni de derechas ni de izquierdas, sino solamente la dilatación extrema de la discrecionalidad del poder independientemente de su proyecto político.  Pero el resultado es, en todo caso, la pasividad de las masas, la negación de cualquier autonomía de la sociedad civil, ya que todo el poder de decisión está concentrado en un sólo punto, y toda la veleidad de autonomía asume un carácter subversivo.

El uso moderno de los medios de comunicación y de su potencia manipuladora introduce una variante que tiene sólo el valor de potenciar los instrumentos de control de la opinión pública sin determinar un cambio de la estructura de fondo del poder. Lo que cambia es sólo la disponibilidad de los instrumentos más penetrantes que siempre están puestos al servicio del poder, pero ahora esta situación se está modificando en parte con el paso de la televisión a las redes de Internet que es, por su naturaleza, abierta a una pluralidad de sujetos y ofrece un cuadro de informacines extremadamente vasto y diferenciado con escasas posibilidades de ser controlado preventivamente. Por ello no comparto el énfasis en la llamada democracia mediática o en la telecracia, porque en estas teorías se cambia la causa por el efecto.  No son los medios el lugar del poder, ellos son sólo  un instrumento, cuyo uso y efectos son dependientes de la estructura del poder: autoritarios si el poder es autoritario, abiertos y plurales si el poder está organizado sobre bases democráticas. 

Una segunda tipología del populismo se encuentra en todas aquellas representaciones políticas e ideológicas que conciben el pueblo como el único depositario de los valores positivos, como el custodio de la tradición, la sabiduría original, la identidad profunda de la nación en oposición a las élites, oligarquías, la casta de los políticos e intelectuales. En este caso, el uso del término populismo aparece como más apropiado porque sobre el pueblo recae el acento, siendo su ser el depositario de todo que merece ser salvaguardado.  Pero, ¿en esta segunda acepción qué es el pueblo? Sólo es un concepto abstracto, ideológico que prescinde de sus articulaciones internas, del pluralismo de sus intereses y de sus culturas, es la idealización de una comunidad originaria a la que se debe defender de todas las contaminaciones, de todo aquello que desde el exterior se la puede envenenar. 

En el caso de la Lega Nord, en Ialia como en otros muchos análogos movimientos xenófobos europeos, el cemento que contiene es el fundamentalismo étnico, la idea de una comunidad cerrada, centrada en sí misma que no admite ninguna interferencia del exterior, ninguna autoridad ni ninguna regulación de orden superior.  Se trata de un intento desesperado de resistencia y autodefensa frente al proceso de globalización que hace saltar todos los confines tradicionales y pone en movimiento una gigantesca mezcla de poderes, culturas y formas de vida. 

El problema del nuevo orden mundial, que se debe construir, de la relación entre lo global y lo local, entre lo que es común y debe permanecer distinto y autónomo es un problema real de grandisimo alcance. Pero es poco realista y regresiva la respuesta de estos movimientos comunitarios que tienden sólo a construir barreras, clausuras e intolerancias allí donde se trata, por el contrario, de dar una forma democrática y abierta a nuestra convivencia.

El resultado de esta operación tiene inevitablemente un carácter autoritario ya que la comunidad es un todo indiferenciado que no reconoce ninguna dialéctica interna, reproduciéndose así la delegación en un jefe carismátivco para que sea el exclusivo garante de la comunidad.  Por ello se hace posible una convergencia entre las dos formas políticas que, hasta aquí, hemos analizado entre el modelo plebiscitario y el comunitario, ya que ambos se injertan en una raíz común: en la crisis de la democracia política y en su estructura social individualizada. El mecanismo es el mismo: una masa atomizada y dispersa que encuentra su unidad aparente en una forma externa, en una autoridad, en un mito.  Y cuando estas dos tendencia consiguen dar vida a un bloque conservadofr se producen profundos efectos devastantes ya sea ora en el ordinamiento democrático ora en la  consciencia colectiva del país. Es lo que ha ocurrido en Italia en los últimos años. El fundamento de todas estas formas es la fragilidad individual en la época del individualismo difuso. Es una dialéctica que merece ser estudiada atentamente y que se refiere toda la relación entre lo individual y lo colectivo. 

El yo sólo se realiza en la relación con el otro, y tiene necesidad de un nosotros en el que pueda reconocerse. Sucede, así en los casos que hemos considerado hasta ahora, que el individualismo zozobra en su negación ya que confía en la figura carismática del jefe o en el mito de la comunidad étnica.  El nosotros, en este caso, no viene dado de una efectiva relación interpersonal sino de una proyección imaginaria, por un mito que subre en apariiencia la soledad impotente de la vida individual. En la fijación al mito se encuentra un sentido, una identidad aparente dentro de una representación de la realidad de tipo conflictual donde se encuentra la amenaza de un enemigo que estructura la existencia, un enemigo que puede tomar las formas más diversas (los poderes fuertes, los inmigrados, la burocracia, la magistratura, el fantasma del comunismo) y, en todo caso, es el deseo de un objetivo en el que descargar toda la agresividad de las pulsiones insatisfechas. Es el antiguo mecanismo del chivo expiatorio, me diante el cual se reconstruye el orden de la comunidad, según el estudio profundo de René Girard, que ha observado la última conexión entra la violencia y lo sagrado.  

Cuando se abaten sobre nuestras sociedades el viento de la crisis, la incertidumbre y la precaridad vuelven a tomar fuerza los antiguos rituales del sacrificio y se fabrica, así, la imagen de un enemigo, tanto si es real como imaginario. Y, como siempre ha sucedido, la violencia se desencadena sobre el objetivo más fácil y más débil.  Es lo que está tomando forma en Europa: la caza del extranjero, del musulmán, el enemigo que acecha nuestras tradiciones, nuestras raíces cristianas. Lo sagrado y la violencia vuelven a unirse.  Es finalmente un caso muy diferente de los que hemos analizado hasta ahora y está representado por aquellos movimientos de autonomía de la sociedad civil que se contraponen a la política institucionalizados y al sistema de partidos. Es todo un archipiélago de movimientos y asociaciones que encuentran en la red su principal instrumento de comunicación y organización, dando lugar también a algunas movilizaciones de masas así en Italia como en otros países. El perfil puede ser más o menos radical, pero en el fondo siempre está la idea de que sólo un movimiento de abajo, de auto organización social puede dar una respuesta a los problemas actuales del mundo globalizado, mientras la política tradicional, de derechos o de izquierdas, está empantanada y comprometida, es una pelota en nuestro tejado de la que debemos liberarnos. Tiene algo en común con los populismos que hemos descrito ya que también en este caso el objetivo polémico es todo el sistema institucional de la democracia representativa. Sin embargo, es de signo opueta el proceso cultural y psicológico de estos movimientos porque aquí estamos en presencia de un individualismo seguro de sí mismo, frecuentemente agresivo que no admite delegación. Que no reconoce autoridad y que no se refugia en el mito sino en su ilimitada autonomía.  Es un fenómeno que tiene, hoy por hoy, un alcance limitado y, sobre todo, una tendencia  fluctuante sin continuidad y carente de sólidas bases organizativas. El referente social es el de los estratos más desarraigados y aculturalizados, es lo que se ha definido como “la capa media reflexiva”, que tiene una vocación cosmopolita y una mirada abierta al mundo sin tener raíz alguna en ninguna identidad territorial concreta. Las afinidades son más aparentes que reales: son diversos los sujetos y diverso es sobre todo el universo cultural de referencia.   Pero es también un signo importante del estado de sufrimiento en el que se encuentran nuestras democracias, y quizá se encuentra aquí el lado más problemático de la situación que no puede ser encarado con una sumaria liquidación moralista. En este caso no se trata del retraso de un pueblo inmaduro, prisionero de sus impulsos primitivos y de sus mitos: es, más bien, la reclamación totalmente insatisfecha de una cualidad política diversa, y este fenómeno se manifiesta ante todo en las jóvenes generaciones cada vez más intolerantes  hacia los rituales de una política paralizante, hecha a golpe de retórica y sin soluciones concretas.  Puede ser alarmante el recelo antipolítico que se manifiesta en algunos caos; puede ser inquietante el crédito totalmente inmerecido de algunos personajes demasiado discutibles que se proponen como los moralizadores del sisetma. Pero aquí estamos ante un mundo real que nom puede ser disuelto con la letanía de las buenas intenciones.   

Como puede verse, el abanico del llamado populismo es extremadamente variado, y es legítimo preguntarse se tiene sentido usar la palabra para fenómenos tan diferentes.  Sería útil una definición más selectiva. De manera que debemos volver al significado de la palabra “pueblo”. Populismo no es cualquier idea que se refiere al pueblo sino la concepción que ve al pueblo como una unidad, como un todo indiferenciado, que es el depositario de los valores de la tradición, como raíz de nuestra identidad. En este sentido, esta representación se contrapone a todo lo que divide la unidad mística del pueblo: las clases sociales, los partidos, las diversas ideologías. Esta sería una definición más selectiva.  Así que debemos volver al significado de populismo y a la negación del pluralismo, de la dialéctica, del conflicto en nombre de una identidad originaria, de una pertenencia a la comunidad en la que cada cual tiene su papel prefijado, precisamente porque se trata sólo de conservar el  orden constituido. Se trata de la estabilidad y el orden contra la fuerza disgregante de las facciones de partido y el principio de autoridad, contra la disolución de las libertades individuales y el dominio de la moral oficial, contrfa toda forma de herejía y desviación.  El concepto de pueblo queda así distorsionado, y pierde toda la concreción de sus articulaciones internas. Deja de ser una estructura sociológica abierta, suceptible de las combinaciones más diferentes para convertirse en el objeto de una devoción, de una unión mística.   Queda sólo la pertenencia, esto es, el estar anclado a un dado objetivo, natural en el que se disuelve  toda capacidad de elección autónoma. 

Si usamos este criterio interpretativo el campo del populismo queda rigurosamente circunscrito, y en Italia sólo la Lega –aunque parcialmente— se corresponde a esta definición con la variante decisiva del cambio del culto comunitario de la dimensión nacional a la local, con la invención del mito de la Padania.  Pero, en realidad, también la Lega es un universo más movido y variado, con fuertes contradicciones internas como lo demuestran los recientes acontecimientos políticos, pudiendo mantener su fuerza expansiva sólo si consigue desprenderse de  sus orígenes, desarrollando una política más dinámica   y representar una mayor demanda social, no encerrándose en el localismo angosto y primitivo de los valles alpinos.  Pero lo que importa, más allá del academicismo, es es comprender el sentido general del proceso histórico en curso, y así podremos ver cómo la nebulosa del populismo, en sus más variadas significaciones, es sin embargo representativa de un cambio real que está atravesando nuestras sociedades más desarrolladas. No se trata sólo de ideología, de formas de consciencia, sino de algo que encuentra su fundamento y razón de ser en la realidad. 

Hay que partir del hecho que representa la creciente fragmentación social, tendente a disolver las tradicionales identidades colectivas, los bloques sociales, las pertenencias de clase para dar lugar a una estructura cada vez más fluida e indefinida en sus contornos. En ese proceso se arruina la relación enrte lo individual y lo colectivo, entre el yo y el nosotros,  y la sociedad entera se configura como una retícula estrechamente complicada de relaciones individuales sin un centro coordinador, sin una estructura consolidada. Sobre ese proceso se inserta la ideología neoliberal que reasume en la famosa afirmación de la señora Thatcher: no existe la sociedad sólo existen los individuos. Hoy, todos los fenómenos aludidos son el reflejo de este proceso social y diversos son los recorridos posibles sobre los que puede encaminarse una sociedad individualizada. 

En conclusión, el análisis del populismo se conecta a la estructura social y a sus transformaciones, confirmándose la tesis que considera la ideología como expresión de una concreta configuración histórico-social, y es sólo en este nivel que podemos determinar los cambios que invierten también las formas de la consciencia colectiva. Por eso me deja totalmente insatisfecho el modo la forma como se trata este problema ya que no se ve nunca el nexo entre la realidad y la representación. 

Las diversas ideologías que hemos considerado (el mito del líder, el mito de la comunidad,  la idealización de la sociedad civil) no son más que el velo, la apariencia; y dentro de ese velo se trata  de comprender la realidad efectiva de una estructura social que ha perdido su equilibrio, su cohesión, y que incluso por ello tiende a refugiarse en lo imaginario.  Si es así, lo que tiende a llamarse populismo no es una desviación sino el modo de ser y de auto representarse la sociedad actual; es el efecto de un cambio histórico que está en curso, no valiendo para nada las prédicas moralisrtas, las retóricas que se deslizan sobre la realidad sin conseguir modificarla.

Tomemos el caqso de la Lega Nord: un movimiento regresivo, tosco, antinacional. Sin embargo es totalmente ilusorio pensar que se puede contrarresta con el énfasis patriótico de la unidad nacional; así como es un intento poco realista y ridículo limar las asperezas, absorver el potencial subversivo en una visión más equilibrada, proponiendo una especie de leghismo temperado, que tiene sólo el efecto de una cesión en el terreno de los valores y los principios.  Es preciso combatirlo, pero no en abstracto; no con el mundo metafísico de las ideas sino con la materialidad concreta de los procesos sociales.

Por su parte, este proceso no es más que el producto de las opciones políticas, las orientaciones culturales, del salto de la hegemonía que se ha completado con la primacía del pensamiento liberal.  La “sociedad líquida”, de la que habla Bauman, no es un destino, no es la forma inevitable del mundo contemporáneo en esta época de la globalización. Es sólo el resultado de las relaciones de fuerza y de poder que se han determinado. Las variadas interpretaciones sociológicas captan sólo los efectos del proceso en curso y no abordan  las causas con lo que el problema acaba siendo sólo cómo hay que convivir con las actuales condiciones de incertidumbre y precariedad. En todo caso, es necesario ver –sin ilusiones consolatorias--  el curso real de las cosas, el proceso que está en movimiento y la existencia de potentes fuerzas objetivas que trabajan por una progresiva disolución del tejido social.

Este es el campo en el que nos encontramos para intervenir. Lo urgente que tenemos que afrontar es la reconstrucción de todo el tejido de la representación social que, en estos años, se ha deteriorado y deshilachado gravemente; que ha dejado teritorios enteros sin representación, sin identidad y, por ello, permeables a las ideologías individualistas y a las sugestiones autoritarias.

Sin un trabajo en profundidad en el campo social –en sus contradicciones y conflictos--, sin un programa sistemático que dé voz y organización a la multitud dispersa que se encuentra hoy como enfermera de los acontecimientos, sin poder reconocerse en ningún proyecto de cambio; sin una política que vuelva a poner en el centro la condición social de las personas, nos encontraremos frente a un destino ya escrito ya que una sociedad sin representación es totalmente incompatible con la democracia organizada.  Y, por otra parte, incluso por efecto de estos procesos sociales, la crisis de la democracia es un dato real que debe ser encarado abiertamente. 

¿Qué relación hay, ahora, entre el pueblo y la soberanía? ¿Ante quién responden los efectivos centros de decisión? No es sorprendente el resurgir de las pulsiones autoritarias; no deja de tener fundamento la difusión de la antipolítica, del recelo contra el sistema de partidos porque, efectivamente, aquí se ha abierto una gravísima fractura, y la democracia real peligra apareciendo como un asunto de las oligarquías, como un juego trucado sobre el que nuestra posibilidad de incidencia es casi nulo. Los dos procesos se alimentan el uno al otro: por un lado,  la ruptura de los lazos sociales, de las identidades colectivas y, por el otro, la involución de las instituciones democráticas. 

Es una crisis de sistema que debe ser afrontado en su globalidad. El populismo es sólo uno de los efectos secundarios de esta situación, el signo de la desbandado en que nos encontramos, el termómetro que registra nuestro estado febril. Pero es sobre las causas sobre las que debemos intervenir.  Este es el trabajo largo y fatigoso que la izquierda debe comenzar a poner en marcha. Pero si quiere correr tras las mariposas de lo post-moderno, de lo post-ideológico; si no sabe o no quiere hacer su cometido, entonces se convierte totalmente en superflua, y será justamente sometida a la lógica sin piedad de las relaciones de fuerza reales.   

La actual situación política, con la formación del gobierno Monti, puede tener paradójicamente un efecto providencial, porque finalmente han salido de la escena, al menos por ahora, las retóricas y las demagogias, las contorsiones de un bipolarismo destartalado, abriendo con toda su crudeza el vacío de la política y la necesidad de volverlo a llenar con contenidos y proyectos. En este sentido, puede tener voz sólo quien disponga de ideas y propuestas concretas. Vale por todos: para los partidos y para las organizaciones sociales.

Ya no hay para nadie posiciones ventajosas, representaciones preconstituidas porque todo está en discusión. Y al vez pueda ocurrir con una discusión más compacta y argumentada, más atenta a los contenidos incluso las sugestiones del populismo pierdan su fuerza, su peso en la consciencia colectiva.  En todo caso, el pasaje de Berlusconi a Monti es el tránsito del embrollo mediático a la sobriedad de los contenidos. Puede ser la ocasión paa poner la política con los pies en el suelo. Pero el tiempo para esta operación  de verdad y bonificación del discurso público es bastante estrecho y nada nos garantiza de un posible retorno, incluso más amenazante, de la oleada autoritaria en el que pueda romperse nuestro equilibrio democrático. Si fallara otra vez, el contragolpe podría ser devastador. Sería mucho compartir el análisis y concordar con las preguntas; si éstas son justas se puede esperar que lleguen también las respuestas.    


Forum della rivista delle politiche sociali, Roma 24 de Noviembre de 2011.
Versión castellana: Escuela de Traductores de Parapanda.

viernes 27 de enero de 2012

ALGO HUELE A ZORRUNO EN HISPANIA


... Y dios creó a Pacocamps a su imagen y semejanza. 





Don William Shakespeare definió para siempre las crisis políticas vinculadas a la corrupción, a la mentira y a la manipulación, incluido el asesinato y la boda, mediante el sensor olfativo que la evolución nos ha proporcionado: Algo huele mal en Dinamarca, dejó escrito. Aunque, según reputados filólogos, lo que decía el original es algo huele a podrido en Hispania.  Sea como fuere es una sentencia definitiva. La frase se ha repetido múltiples veces cambiando simplemente la referencia territorial, unas veces olía mal en los USA (las elecciones robadas a Al Gore, por ejemplo), otras en Francia o en la misma Inglaterra.

El presidente del consejo de administración de Parapanda (en otra hora llamado consejo de obreros y de campesinos) y yo mismo hemos olido efluvios nauseabundos no hace mucho aquí mismo, en el Principat. En múltiples textos ha quedado consignado el pestazo. Por lo tanto podemos afirmar que ese olor es internacional e intergeneracional, una hedionda versión de la historia que en ocasiones se acumula como la niebla cuando no hay viento.

Ese miasma, peor que el que produce el acido sulfhídrico (la famosa bomba fétida de nuestra infancia), se está extendiendo por toda la Hispania romana. A la vez que se celebra el juicio de la inquisición contra el juez Garzón, nos llega el resultado del sainete valenciano. Un jurado popular, ¡hay dios!, por cinco a cuatro decide que los trajes y todo lo que cuelga lo pagó el ángel de la guarda, dulce compañía, del eminente ex presidente de la Generalitat Valenciana. Y eso coincide con toda la información económica sobre el estado financiero de esa comunidad, una verdadera ruina que desprende una pestilencia insoportable.

Hay otros efluvios que nos llegan hasta nuestras narices, procedentes de los cuatro puntos cardinales, y la fetidez empieza a ser tal que se hace difícil respirar. Los vientos nos traen olores y hedores de Les Illes, en donde se dirime públicamente cuántos millones se embolsó un expresidente balear (con otras docenas de figurantes interesados). Nos llegan de los USA en donde un alto yerno prepara su retirada intentando evadir lo que pueda de lo que hizo. Nos llega de cada uno de los gobiernos federal o autonómico cuando preparan las tijeras de podar y los regalos a los amigos. Nos llega de la propia Diagonal, en donde la sede de la más insigne entidad financiera expulsa enormes cantidades de turbios tufos de manipulación de ahorros.

Pobre nariz nuestra que en vez de apreciar aromas, fragancias y esencias batalla a diario con pestes de redoblada fetidez.

En las últimas semanas el frívolo comentario de que esto es una mierda y más valdría vivir en otro sitio a salvo de tan magras reputaciones se ha escuchado a menudo, pero hoy ya en la primera hora, a la vez que el sonido del despertador el clamor es perceptible: mi mujer, el gasolinero, el chico del kiosco, los compañeros de trabajo, el camarero del desayuno y los manifestantes de TMB, todos entonaban los mismos versos. País de mierda.

Ya no es solo por la crisis y sus innumerables efectos sobre la economía familiar, sobre el trabajo, sobre la capacidad de sobrevivir, es el ambiente embreado, irrespirable, inaceptable, indigno que se trasluce en todos los medios de comunicación y a tantos niveles que ya no se distinguen las diferencias, aunque las haya.

Mientras tanto nos anuncian cadenas perpetuas, y yo me pregunto ¿para qué ladrón de gallinas?


Lluis Casas en el otorrinolaringólogo.

jueves 26 de enero de 2012

(y 3) DEL FORDISMO AL TURBOCAPITALISMO




Con esta entrada acaba la saga que ha tomado como pretexto la pieza teatral Quitt de Peter Hanke.   


Tercer tranco


Salir gradualmente de esta situación es tarea realmente difícil, pero no existe maldición determinista alguna que lo actual se perpetuará por los siglos de los siglos. La ética del turbocapitalismo no es algo definitivamente dado. La cuestión radica en la voluntad política en salir de esta fase participando en ese itinerario de largo recorrido el mayor número de coaligados, de buenas compañías en ese viaje. Hay que plantar cara al   mundo de las finanzas, “ese sistema que no tiene nombre ni cara, no será jamás candidato y no será elegido, y sin embargo, gobierna”, ha dicho François Hollande –no sabemos si desde la ética electoral o desde la ética de esa convicción--  en su reciente mitin en Le Bourget. Es más, ha prometido que para “controlar las finanzas” aprobará una nueva ley que obligará a los bancos “a separar sus negocios de especulación y crédito” y “prohibirá pura y simplemente los productos financieros sin relación con las necesidades de la economía real”. La norma establecerá un marco legal para las opciones por acciones y los bonus en los salarios de los directivos de las compañías financieras. Veamos como queda este Juramento de Santa Gadea: tiempo al tiempo. Ahora bien, algo similar, por ejemplo, podría acordarse en el próximo congreso del PSOE.

Este no es el momento para situar un proyecto alternativo porque desbordaríamos el carácter de este debate y, sobre todo, porque el tiempo de intervención no lo permite. Pero, a falta de ello, me parece conveniente proponer unos prerrequisitos para encarar con aproximada solvencia enfrentarse a lo que está sucediendo.

De un lado, estimo que las izquierdas deben abrir un nuevo capítulo y, de otro lado, también los movimientos sociales –empezando por el sindicalismo confederal--  reflexionar atentamente de qué manera encarar la situación.

A mi juicio, las izquierdas políticas deberían plantearse unos elementos mínimos de visible unidad de acción. No se está planteando el desdibujamiento de la identidad de unos y otros, sino simplemente la procura de un mínimo común denominador, verificado de tiempo en tiempo. Esto es, saber qué zonas de intersección, por mínimas que sean, comparten. Sin ir más lejos: a) en el terreno de la reforma de la política y su vinculación con la regeneración de la democracia, b) la revaloración social del trabajo.  Se trataría de un acercamiento de las izquierdas, enterrando la fatídica sentencia medieval mors tua vita mea.  Que traducido libremente viene a decir: tu derrota es mi triunfo. También, como se ha dicho, es el momento de los movimientos sociales como elementos de acción colectiva comprometida cotidianamente en la solución de una serie de problemas generales y particulares. Y, ¿por qué no?, es el momento de discernir hasta qué punto las izquierdas políticas y los movimientos pueden, a su vez, compartir diversamente una serie de planteamientos de regeneración de la democracia. 

Desde ahí, me permito indicar, sintéticamente, otro prerrequisito: que todo lo que se mueve en el escenario político y social salga definitavemente de su particular autarquía y ensimismamiento en el Estado-nación y ser –programática y organizativamente— sujeto activamente global. La actual personalidad de todo lo que se mueve es tendencialmente irrelevante para encarar los enormes desafíos de nuestros días.

Como diría aquel, tenemos un problema: el neoliberalismo tiene un proyecto no contingente, sino inmanente mientras que las izquierdas vamos a salto de mata. Si el sistema-business, según François Holland, es quien gobierna parece claro que los grandes perjudicados son quienes no están en la órbita, directamente o como clientes, de esa ética. La pregunta es: ¿es posible enfrentarse a esa situación en forma de desordenado tropel? Yo creo que no. Es más, yendo en tropel nos alejamos de la afirmación de Handke: los irresponsables están en vías de extinción, y nos acercaríamos desgraciadamente a lo que dijo Federico Caffé, a saber, los irresponsables tienen los siglos contados.    


Radio Parapanda.  UNA PRIMERA Y RÁPIDA LECTURA- PERSONAL- DE LOS ACUERDOS CCOO-UGT Y CEOE.

martes 24 de enero de 2012

SEGUNDA PARTE: DEL FORDISMO AL TURBOCAPITALISMO



El otro día publicábamos el primer ejercicio de redacción de una pequeña saga de trabajos acerca de la ética empresarial y el mundo de los trabajadores: DEL FORDISMO AL TURBOCAPITALISMO (1)  Prometimos su continuación, hela aquí.


Segundo tranco

La autolegitimación y autorreferencialidad del sistema explican la ruptura de los vínculos de la empresa con la sociedad. Una y otra han acentuado, todavía más, el carácter ademocrático de la empresa, que ha sido visto por un agudo Umberto Romagnoli de la siguiente manera: “ … en la empresa no existe la posibilidad de un cambio de roles, gobierno y oposición permanecen siempre fijos”. Y en ese clavo remacha Antonio Baylos: “poder sin alternativa, contrapoder que nunca puede substituirlo” [Derecho del trabajo, modelo para armar. Trotta, 1991] Hablando en plata: la ética empresarial se autolegitima y autorreferencia sin aceptar alternativa alguna. Excepto, claro está, la interferencia del ejercicio del conflicto social que pone en entredicho no el uso del poder empresarial sino el abuso.    


Hasta tal punto ha llegado dicha ruptura de los vínculos con la sociedad –una de sus expresiones más lacerantes es la corrupción generalizada-- se concreta en que el sistema es indiferente a sus propios fracasos, siempre justificados con la contundencia de una serie de nuevos lenguajes mixtificadores, toscos o sofisticados, que han sido copiados ad nauseam por la gramática política. Indiferente a sus propios fracasos, hemos dicho. Todas las recetas que ha ofrecido el neoliberalismo han llevado a considerables estropicios que dejaron países enteros en condiciones aún peores; y, sin embargo, se mantiene el mismo menú y el mismo argumentario. Lo más llamativo es que se sigue planteando la misma profilaxis que llevó a la crisis el año 2008. Aunque, aprovechando la ocasión, se apunta contra los derechos de una manera que parece desempolvar la famosa frase de Odilón Barrot: "La legalite nous tue". De ahí los intentos de laminación, por ejemplo, del Derecho del trabajo y su traslado al iusprivatismo. De ahí la intentona de desforestación del welfare (de sus poderes, controles y recursos) poniendo rumbo hacia el mundo de los negocios que se autolegitiman y autorreferencian. Barrot es, así las cosas, la panacea, el bálsamo de Fierabrás. Y para lo que nos ocupa, la ética del sistema-business.  Que insiste machaconamente en ampliar desbocadamente las privatizaciones hasta límites paroxísticos, por ejemplo.     

La ética capitalista se propuso, a partir de los años ochenta, no tanto influir en la política sino hacer de ella su exclusiva prótesis, es decir, un sujeto cooptado. Parodiando el viejo dicho escolástico la filosofía de la política se convirtió en la criada de la teología del sistema. Y para decirlo con cierta contundencia:  la política instalada ya no es el partido-amigo del sistema-business sino su (agradecido) correveidile. De manera que no es exagerado afirmar que, así las cosas, las democracias han sido puestas en crisis por el sistema capitalista en su actual expresión que son los (llamados pacatamente) mercados financieros, que Chomsky calificó como “la espuma de las multinacionales”.  Una crisis que no es contingente sino de largo recorrido. Que, además, es vista –como diría Bruno Trentin de manera educada— distraídamente por la izquierda política. En resumidas cuentas, no es una exageración afirmar que los mercados mandan y los gobiernos gestionan dichos dictados.

Por otra parte el sistema capitalista, que no sólo ha cooptado a la política, se mueve como Pedro por su casa en esos amplios territorios de la globalización, favorecido por la ausencia de instituciones políticas globales al tiempo que no respeta ni siquiera aquellos organismos en los que está formalmente representado como, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo. Así que, yendo por lo derecho: ya no estamos ante una ética local o nacional del capitalismo sino global. De una globalización esencialmente triádica, situada en los tres grandes núcleos que dominan la economía mundial: Norteamérica, Europa occidental y el Sudeste asiático. Lo que provoca una catastrófica ruptura del planeta entre esos tres focos cada vez más integrados y el resto de los países, especialmente los del África negra, cuyas poblaciones, de un lado, son cada vez más pobres, marginadas y excluidas; y, de otro lado, sojuzgadas por sus propias (macabras) élites locales en dependiente connivencia con los grandes capitales globales. Algo muy parecido a la descripción que se puede ver en 'El sueño de Celta',  la última novela de Mario Vargas Llosa.  De aquel universo, así en las metrópolis como en aquellas tierras de las que habla Vargas, salió la gigantesca acumulación de capital en el siglo XIX. De aquella ética que no aceptaba alternativas surgió el gran desmán, que hogaño quiere reeditarse plenamente.

Y hoy, igual que ayer, estamos ante la violencia del poder privado empresarial tal como ha sido visto por Antonio Baylos y Joaquín Pérez Rey en su ya famoso libro (1). Según Valeriano Gómez y Luís Martínez Noval  desde 2002 se han realizado siete millones de despidos,  el 60%, mediante despido exprés  en España (2). Lo que me lleva a insinuar algo que me ronda la cabeza de un tiempo a esta parte: el Estado ya no tiene el monopolio de la violencia. Hoy se trata de un duopolio: el del Estado y el del poder privado.    



(Continuará)



lunes 23 de enero de 2012

LOS RECORTES Y SU VERDADERO COSTE


Recordando a Fernando Medialdea. En la foto, su esposa: Maruja de Nou Barris




Tal vez el título no les atraiga, cosa que comprendo perfectamente, pero el asunto es de lo más interesante tanto desde el punto de vista político, como económico. Intentaré explicarme.

Toda acción humana (y física en general) genera un coste y, con cierta probabilidad, un beneficio. Podemos situarnos en términos energéticos y ahí la cosa está bastante clara, como vemos al poner la lavadora. Esto comporta un gasto eléctrico, de agua, de detergente, de desgaste de la ropa y de la máquina, un cierto tiempo de dedicación a ello y poco más, dado que al menos en el Mediterráneo la ropa se seca gracias a la acción solar y, de momento, nadie nos cobra por ello, ni el Sol, ni FECSA ENDESA. Obviamente también presenta beneficios, la limpieza, la desaparición de ciertos olores o colores adheridos a la ropa y otras cosas y circunstancias de ligero análisis.

En términos económicos se debería aplicar una técnica basada en comprobar el balance entre costes y beneficios para establecer exactamente la bondad o la malicia de la operación de lavado utilizando la estructura de precios o valores monetarios de cada acción.

Eso de los costes no es cualquier cosa, puesto que aparece casi siempre una larga procesión de acciones afectadas que deben integrarse o no en el balance. En realidad, ahí está el truco del almendruco: poner límite a la integración de los costes derivados. Con las centrales nucleares eso es más evidente que su propia existencia. En función de la cadena de costes y beneficios, una central puede resultar en extremo productiva o un malísimo negocio. Simplemente si olvidamos determinados riesgos y la durabilidad de estos en términos de millones de años.

Después de ese balance y en el supuesto que la técnica haya sido aplicada inteligente y honradamente, viene después determinar dónde han ido los costes y dónde los beneficios, es decir establecer ganadores y perdedores y ver los balances de cada grupo. Esta parte casi nunca se aplica, bajo la inocente afirmación de que si globalmente es positivo, el asunto está más que resuelto. Es la teoría del poderoso y la del ganador (en general es lo mismo). El sufridor de costes opina de muy distinto modo. Vean sino lo que piensan los expropiados de su vivienda cuando quedan desplazados de la caseta i l’hortet, para que se instale un horror comercial y viviendas de lujo. O, simplemente, la carretera de acceso a la pista invernal.

Con los recortes pasa casi lo mismo, es como esa teoría básica de la física: a toda acción corresponde una reacción. Si tenemos déficit presupuestario y hacemos recortes para librarnos de él, deberíamos empezar por analizar el coste y el beneficio del recorte y de su contrario, el aumento de ingresos fiscales. Cosa que no se ha hecho, al menos que aceptemos la comprobación histórica de que nunca el recorte mejora el problema. Pero eso responde al mundo de lógica y de la inteligencia evolutiva y no al de los intereses.

Sigamos. Establecido por real decreto que vamos a recortar, sería obvio que analizáramos la consecuencia de cada una de las acciones. Si el recorte comporta reducir la actividad económica, si supone incrementar el paro, si implica dejar a la intemperie a las familias, si la educación generará mayor fracaso escolar, o la salud empeorará y hará mas costosa la intervención posterior, si las alternativas a los recortes (privadas, claro está) son más baratas, tan equitativas o de parecida calidad, etc.

Todo ello puede con mayor o menor precisión definirse en términos económicos o al menos medibles aproximadamente. Los subsidios al desenpleo que implica el paro son más que evidentes, la reducción de la demanda por reducción de la renta también, y así todo, prácticamente todo. Incluso el coste de la vida (referida al recorte sanitario) es valorable y la preparación educativa o profesional, que reduce la productividad futura.

De modo y manera que, una vez establecido si es o no interesante el recorte, deberíamos entrar a hacer el balance de la distribución de sus costes y sus beneficios. Lógicamente si el empleado público es substituido por el empleado privado (que lleva sobre sus hombros un empresario, un consejo de administración y un margen de beneficio) la cosa no es tan simple como aparenta.

En mi vida laboral y no hace mucho tiempo, un equipo valoró de esta manera el balance de costes y beneficios entre la acción pública y la privada. La privada tenia costes mayores, un 30% más, pagaba menores sueldos y entregaba una calidad peor en el servicio. Además, la administración no se enteraba de nada. No digo que sea sí en todas las circunstancias y en todos los casos, pero es muy bueno ejercitar el balance de intereses para saber la verdad de las cosas.

Como pregunta retórica, a fuer que es incomprobable tal como estamos, les pregunto: ¿qué diría el balance coste - beneficio entre banca pública no especulativa y banca privada mandamás?

A ver, respóndanme y no me dejen solo.

Lluis Casas, como ven teniendo ensueños de racionalidad.


CON EL JUEZ GARZÓN


Causa bochorno a cualquier ciudadano mínimamente informado la persecución judicial a la que ha sido sometido el Juez Baltasar Garzón. La instrucción sumarial y los tres casos que se acumulan contra él son hechos bien conocidos que implican una clara decisión previa de incriminación del magistrado que se atrevió a investigar una de las tramas de corrupción más relevantes que afecta al PP, hoy partido que gobierna todos los segmentos de la administración pública estatal, de comunidad autónoma y local. Para mayor infamia, se ha convocado el próximo día 24 de enero, cuando se cumplen 35 años del asesinato de los abogados laboralistas en el despacho de Atocha, la apertura de juicio oral al juez Garzón acusado de prevaricar al ordenar investigar los crímenes del franquismo. Una coincidencia posiblemente buscada como forma de manifestar una vez más el desprecio hacia quienes fueron eliminados físicamente por los aparatos militares y policiales de la dictadura franquista. La Asociación Xustiza e Libertade de Galicia, ha hecho pública una nota sobre el juicio a Garzón que se publicará en los periódicos autonómicos. Martin Movilla la ha enviado a su corresponsal en Parapanda y nosotros lo publicamos con gran placer. Se llama "El derecho a investigar" y se coloca a continuación.



EL DERECHO A INVESTIGAR



El Derecho es un instrumento para resolver los problemas de convivencia de la ciudadanía. Son las normas que nos damos para regular los comportamientos en Sociedad.

En la abogacía sabemos hasta qué punto es necesario tener una "imaginación creativa", para buscar soluciones jurídicas a los problemas humanos que se nos presentan, a veces muy complejos y acuciantes.

Y el Derecho es, además, una herramienta útil, en la medida en que, con pleno respeto de unas reglas de juego -las normas procesales como garantía fundamental-, combinamos preceptos, acuñamos expresiones y vamos alumbrando, con mas o menos osadía, nuevos caminos.

Pero el cuerpo legal no debe petrificarse. La evolución natural del Derecho empieza por esos ensayos concretos que la abogacía presenta como pretensiones en los juzgados. Ya sea el derecho de los familiares a saber dónde están enterrados sus muertos, o a denunciar conductas corruptas, o a entregar en pago el piso por la hipoteca. La aspiración del ideal de Justicia es siempre el horizonte infinito.

Y, prosperen o no, puede caber recurso –siempre, en el caso de la Justicia Penal-. Y puede accederse, por consiguiente, a un Tribunal Superior colegiado, que estima o desestima, no siempre con unanimidad, esa demanda. Incluso formulando algún magistrado un "voto particular" discrepante con la opinión mayoritaria, que acata, pero contra la que argumenta razonadamente. Y esta discrepancia, que es la semilla de la evolución, nunca puede considerarse delito.

Si toleráremos que la discrepancia de los jueces se convirtiera en delito de prevaricación, estaríamos acabando con la independencia del poder judicial, y encerrándolos en la pobreza mental del pensamiento único. El cual, como aseguraba Saramago, deriva hacia el pensamiento cero, hacia el electroencefalograma plano.

Por todo eso, el triple procesamiento del juez díscolo no encaja en absoluto en la lógica, sino en la "envidia creativa". La vanidad no es un crimen, pero sí lo es, aunque moral, la envidia ciega, el mensaje emitido por los Magistrados de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo a la judicatura de instancia: que sepan que si se dedican a investigar la corrupción, les va a salir muy caro. Están resucitando la idea de una sociedad estamental: que hay una justicia para los ricos, para los que evaden capitales, para los que trafican con los dineros públicos, para con los poderosos y con poderosas defensas. Sin ser conscientes –queremos pensar- del daño que le están provocando a la credibilidad de la Institución.

Sólo queda por ver si les basta con haber humillado al Juez "estrella" sentándolo en el banquillo, o si se atreverán a condenarlo.

A sabiendas de que cualquier solución es mala para el Alto Tribunal, preferimos que la cordura campe nuevamente por la Sala de los Pasos Perdidos y se dicte una sentencia que reponga la legalidad en la actuación judicial y permita a los jueces de instrucción seguir investigando con independencia, sin miedo a ser denunciados por los delincuentes a los que persiguen.

Tenemos en juego el Estado de Derecho. Y también la esperanza.

domingo 22 de enero de 2012

DEL FORDISMO AL TURBOCAPITALISMO (1)


Pere Duran Farell 


Se inicia con esta entrada una saga de ejercicios de redacción que servirán de base para el debate sobre “La ética de los empresarios y el mundo del trabajo” que tendrá lugar el 15 de febrero con motivo de la representación de Quitt, los irresponsables están en vías de extinción,  la pieza teatral de Peter Handke en el Lliure de Barcelona.  

Primer tranco

Todos hemos oído hablar del vínculo que estableció Max Weber entre ética calvinista y ética empresarial.  Lo que no se ha dicho –o al menos yo no lo he sentido--  es que la ética calvinista es incompatible (y represora de la) tolerancia. Los objetivos del empresario (y más concretamente del capitalismo) fueron expresados sin protocolo alguno por Milton Friedman en su artículo en 1970 en el New York Times Magazine: “obtener los mayores beneficios posibles”. Por supuesto, no es la única personalidad que ha hablado en esos tonos; lo traemos a colación porque esa literatura aparece en un momento clave: cuando, según las apariencias, el sistema ha perdido mordiente.  Era aquella, todavía, una época de esplendor del fordismo, el sistema empresarial y de vida que connotó profundamente el siglo XX. Hoy –y para nuestra reflexión de hoy— vale la pena decir que el sistema fordista es ya tendencialmente pura chatarra. Y, en aras a la contundencia, podemos decir que la granempresa fordista ha pasado a mejor vida y, más todavía, ha sido derrotada –o, si lo prefieren, substituida— por los nuevos capitales especulativos. Ahora bien, esa derrota o substitución mantiene la tradicional ética empresarial: obtener los mayores beneficios posibles en esta fase de innovación-reestrcuturación de los grandes capitales en un mundo global cuyo objetivo, en mi opinión, es la generación de una nueva fase de acumulación capitalista.  

En todo caso sería conveniente observar los principales rasgos de la ética de la granempresa, que se han hecho más visibles en la última fase del fordismo, y que en buena medida se están consolidando en los tiempos de hoy. De un lado, se ha acentuado el proceso de autolegitimación de la empresa y, de otro lado, los capitales se han ido extraterritorializando. En cierto modo ambas cosas han conducido a unos capitales autistas. Esto es, sin ninguna vinculación al territorio y a la sociedad. Lejos están aquellos tiempos en que, por poner un ejemplo local, la burguesía catalana propició importantes aventuras culturales cuya expresión más llamativa fue la construcción del Palau de la Música.

La autolegitimación de la empresa ha conducido a la autorreferencialidad. Así pues, su ética no tiene vínculos y compatibilidades con la sociedad. Ella misma se corona como sistema en una especie de Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.  Por lo tanto, desde esa óptica, sobran los poderes y controles que, aunque siempre insuficientes, podrían condicionar y parcialmente interferir a la granempresa. Esta es una primera consideración con respecto a la fase anterior, el fordismo. En efecto, a lo largo del pasado siglo, el fordismo se vio abocado a ceder (siempre de mala gana y tolerándolo en clave de fastidio) una parte de su hegemonía gracias a las acciones de los movimientos sindicales y de las izquierdas, muy concretamente tras la segunda posguerra.  En ese contexto se produjeron significativas conquistas sociales en derechos (bienes democráticos, en acertada expresión de Gerardo Pisarello) y en espacios de intervención de las izquierdas sociales y políticas con la construcción itinerante del Estado del Bienestar (welfare state).

(Continuará en próximos días)

sábado 21 de enero de 2012

LA ÉTICA DE LOS EMPRESARIOS



Desde el 26 de Enero al 26 de Febrero se representará en el Teatre Lliure (Montjüic) Quitt, los irresponsables están en vias de extinción, la famosa obra del dramaturgo alemán  Peter Handke  (1).  Palabras mayores por muchas razones que, precisamente en estos momentos, le dan mayor alcance.  Se trata de una espeluznante reflexión sobre los mecanismos del capitalismo. Así las cosas, es de prever el llenazo diario. Ahora bien, teniendo en cuenta el aforo limitado de la sala podría ser que aquellas personas que acostumbran dejar siempre las cosas para un mañana indeterminado se les peguen las sábanas. Sería una pena que mis cofrades sindicalistas se perdieran la ocasión. Por cierto, parece ser que también en Madrid, pero no sé cuándo, se llevará a escena tan sugerente pieza. Desde luego quien no estará ausente será don Lluis Casas que se desplazará desde Parapanda para tan significada ocasión.    

Pues bien, con motivo de la representación en el Teatre Lliure  su sección de cultura ha organizado un debate sobre “La ética de los empresarios y el mundo del trabajo”. En dicho acto intervendremos  Raimundo Viejo (politólogo, autor de "La raó dels indingnats". Pòrtic.), Anton Costas (economista, ha publicado hace poco "La torre de la arrogancia) y un servidor de ustedes. Se supone que el moderador de esta discusión será Jaume V. Aroca, reputado periodista de La Vanguardia que ha sido el muñidor de los nombres antes citados.  Por cierto, le agradezco el detalle de acordarse de alguien que, como yo, hace tiempo que se cortó la coleta.


(1) Peter Handke fue poeta, dramaturgo, novelista, guionista y director de cine austriaco nacido en Griffen. Estudió Derecho en la Universidad de Graz de 1961 a 1965. Empezó escribiendo al mismo tiempo novelas, obras de teatro, poesía y prosa, con el ánimo de distanciarse de las convenciones literarias establecidas y de tomar contacto con la -Heile Natur-, o mundo interior, un concepto que él deriva de Goethe. A su obra se la considera representativa del estilo de la Neue Subjektivität (Nueva Subjetividad). En 1966, publicó su primera novela Los abejorros y estrenó tres obras de teatro, entre las que se encontraba Insultos al público, una controvertida obra de anti-teatro en la que cuatro actores discuten con el público. Su primera colección de poemas, El mundo interior del mundo exterior del mundo interior, apareció en 1969. A partir de su narración detectivesca El miedo del portero al penalty (1972), escribió en colaboración con Wim Wenders el guión para la película que este último dirigió; una colaboración que se repitió en el film Cielo sobre Berlín (1987). Realizó algunas películas como La mujer zurda (1977), a partir de un cuento suyo. Entre sus obras de teatro se encuentra Kaspar (1968), basada en la historia de Kaspar Hauser. Sus numerosas obras en diversos medios de comunicación han sido por igual elogiadas y severamente criticadas por su relación con la naturaleza y los efectos del lenguaje, su frecuente dependencia de elementos autobiográficos y su uso de técnicas poco convencionales. Entre sus novelas más recientes destacan, Cuando desear todavía era útil (1974), El chino del dolor (1983), La repetición (1986), El juego de las preguntas, La tarde de un escritor (1993) y El año que pasé en la bahía de nadie (1999).

viernes 20 de enero de 2012

SOBRE LAS AGENCIAS DE RATING



Anoche comentábamos en casa con unas amistades la intervención de la policía judicial milanesa en las oficinas de la Standard and Poor´s. En un momento dado –una expresión tan cara a Johann Cruyff— alguien se preguntó las razones de por qué los Estados eran, con mucha frecuencia, clientes de esta u otras agencias de calificación. Lo mejor, agregó, nuestro amigo era que ningún gobierno pagara, porque ya es asaz chocante que se pague para que, encima, te joroben; y, castizamente a la catalana, afirmó que eso era algo así como cornut i pagar el beure cuya traducción a la lengua castellana es mucho más contundente: carnudo y apaleado.

Aquello había que aclararlo, de manera que fui a mi biblioteca y allí en el salón del ángulo oscuro veíase el arpa, digo el libro: el libro de Claude Bébéar Acabarán con el capitalismo”, que ya hemos referido en otras ocasiones. Se recuerda que Claude Bébéar no es un votante de Joan Coscubiela, ni consta que haya repartido octavillas nunca en la puerta de la fábrica: es el presidente director general de la compañía AXA, una multinacional de tomo y lomo.

Les aclaré lo siguiente. Fijaros lo que explica este caballero a la pregunta: “¿Qué pasa si una empresa no recurre a una agencia de rating?”. Bébéar responde, sabiendo de qué va el paño: “Las agencias la calificarán de todos modos”. “¿Aunque no les paguen?”, insiste el curioso preguntón. Responde el que sabe: “Sí, siempre y cuando se trate de una gran empresa que emite el papel en los mercados. La califican aunque no pague. Pero entonces lo harán basándose en las informaciones públicas, mientras que si paga, la agencia puede dar su versión a las agencias…” Así pues, la extorsión está servida. 

Hasta el mismo Pepe, el belicoso futbolista, podría darse cuenta de que las agencias de calificación están extorsionando a mansalva.  Fue entonces cuando uno de los presentes me pidió prestado el libro de Claude Bébéar. Ni hablar, le contesté: antes sale el frigorífico de esta casa. Te vas a la librería,  lo compras, y tras su lectura sabrás tanto como un servidor.
       

jueves 19 de enero de 2012

EL CONFLICTO DE LOS MOSSOS D´ESQUADRA CONTRA LOS RECORTES




En días anteriores se ha reflexionado en este blog sobre el conflicto social (1). Una reciente experiencia, que comentaremos más adelante, me lleva a, primero, darle continuidad al debate y, segundo, abrir en este mismo cuaderno una especie de observatorio (así en minúscula) de aquellos conflictos que tengan una expresión novedosa. Me estoy refiriendo a la importante acción colectiva de los Mossos d´Esquadra (la policía autonómica catalana) que, junto a otros sectores, están plantando cara a las injustas medidas del Govern de Artur Mas: una movilización que, desde la modestia de estas páginas, concita toda nuestra simpatía y apoyo al igual que las del resto de los empleados de la Función Pública catalana.

Los sindicatos de los Mossos, de manera unitaria, han convocado importantes movilizaciones que están siendo seguidas masivamente por el conjunto de la plantilla en todas las dependencias territoriales. Desde las amplias manifestaciones y concentraciones ante el Parlament català hasta los encierros en sus respectivos cuartelillos. Digamos que, por el carácter del colectivo, estamos ante un conflicto cualitativamente importante: los garantes del Orden Público se enfrentan, así las cosas, a la misión que les ha sido encomendada. Un enfrentamiento pacífico que está dentro del más exquisito ordenamiento constitucional y estatutario. Sin ninguna reserva mental estamos con ellos. Ahora bien, nos parece conveniente echarles una mano a cómo, en determinados momentos, el ejercicio del conflicto de los Mossos de estos días ha podido erosionar su popularidad y prestigio. Esta es, como se verá, una serie de observaciones afectuosas.  

Además de las manifestaciones y encierros los Mossos han experimentado otras formas de acción: han amenazado con hablar en castellano, han exhibido la bandera española y, en repetidas ocasiones frente a Artur Mas, han cantado el pasodoble “Que viva España”, que dejara escrito Manolo Escobar (2). Sé de muy buena tinta que ni los sindicatos ni los Mossos tuvieron intención de menosprecio de la lengua castellana ni del símbolo de la bandera. Era una exhibición de retranca y, en el fondo, tal vez se trataba de una acusación subliminal al Govern catalán por su dependencia al Partido Popular. Sin embargo, la cosa merece mayor detenimiento.

No me parece muy acertada que digamos porque una parte de la población, ante determinadas cuestiones, es incapaz de percibir la retranca y la chacota cuando se trata de ciertos símbolos  que van más allá de su carácter constitucional. Los nacionalistas carolingios y los nacionalistas carpetovetónicos –de mucho, poco o regular sentimentalismo--  no entienden de cachondeo: se sienten zaheridos en todo su árbol genealógico. Con lo que esos fragmentos del conflicto social de los Mossos no sólo no concita respaldo sino que provoca aversión a las reivindicaciones de los Mossos. El conflicto social debe provocar el mayor número de adhesiones y simpatías posible, nunca resquicios que puedan evitarse. Este blog, que tiene un considerable sentido del humor, sí ha entendido esas formas de confrontación de los Mossos. Pero ha habido quienes, aprovechando que el Llobregat pasa por Cornellà, han arremetido contra esa protesta.

Me quedo con lo positivo: los sindicatos se han estrujado la imaginación y han buscado una originalidad sarcástica junto a formas tan convencionales como, por ejemplo, la manifestación de calle. Y, nuevamente con aprecio, un servidor recomendaría que los que han dado muestras de creatividad lo hagan en otra dirección: en aquella que puedan entender, incluso, el alma garrula de sectores nacionalistas carolingios o merovingios y de los grupos nacionalistas de la Meseta de pedregal.



(2)   Debe saberse que Manolo Escobar fue, en los inicios de su carrera artística, un amigo de Comisiones Obreras y, en más de una ocasión, el inolvidable compañero Tito Márquez recurrió al cantante, en su casa de Badalona, para pedir ayuda para los presos sindicalistas.  


Radio Parapanda.  “ODIO A LOS INDIFERENTES”, UNA RECOPILACIÓN DE ARTÍCULOS E INTERVENCIONES DE ANTONIO GRAMSCI