lunes, 23 de julio de 2018

Dos congresos antropófagos





Durante el pasado fin de semana los dos congresos –Partido Popular y PDeCat--  han perfeccionado la particular antropofagia de cada cual: el primero con la técnica de la pepitoria, el segundo con grumos de allioli. Eficaz actuación de los master chef con mando en plaza.

Dos congresos donde se ha concretado lo que estaba diseñado en las marmitas de los hunos y los hotros. O, como decía ayer, la convergencia de los contrarios. Coincidencias: la sombra alargada de José María Aznar y el holograma de Carles Puigdemont revoloteando por la platea. Ambos intentando que lo que pudo haber sido pueda ser. A saber, la vuelta al pasado. Aznar a la legislación de su puño y letra; el hombre de Berlín intentado que se materialice la declaración unilateral de independencia de Cataluña. El claro objeto del deseo de ambos trujimanes es: más madera. Así las cosas, arreglar las cosas sería cosa de morigerados, de políticos escasamente viriles, es montar a caballo a la mujeriega. Si podemos partirnos la cara ¿por qué vamos a perder el tiempo hablando? Es el arrebato como estilo y técnica. Política de secano

Dos congresos que se han referido al «pueblo». Pero no a su inteligencia almacenada. El pueblo que pone banderas en los balcones; el pueblo que clava cruces amarillas en la playa. Al pueblo de la servidumbre voluntaria de la que habló el joven Étienne de la Boétie.

Arrebato inducido y embrollo organizado por los  hunos y los hotros. Hay salida. Pero no desde el pesimismo al por mayor. Sólo al detall. Hay salida. Un lúcido y temperado Paco Rodríguez de Lecea enciende la linterna: «¿Qué puede hacer la izquierda en todo este maldito embrollo? Lo primero, tener los pies bien firmes en el suelo. No discutir sobre arrebatos, sobre castillos en el aire ni sobre pasos por las nubes. Las cuestiones de orden material, las cosas de comer, la fijeza de los puestos de trabajo, las condiciones y las dimensiones poliédricas de la vida; ese es nuestro campo de batalla. No más utopías que la utopía cotidiana. No más futuros etéreos, sino un futuro sólido y sostenible, básico, con equipamiento mínimo de serie. Si luego es posible tunearlo con ringorrangos federales o confederales, se hará. Todo es posible, pero no sirve de nada discutir sobre los ringorrangos cuando todavía no tenemos reparado el motor que necesitamos para que nos impulse hacia donde deseamos ir como colectivo» (1). 


domingo, 22 de julio de 2018

Casado y Puigdemont, convergencia de contrarios




No había terminado Pablo Casado su discurso de clausura del Congreso del PP cuando ya es recibido poco amistosamente por el secretario general de Ciudadanos. Dice Villegas: «Casado es más de lo mismo, más de ese viejo Partido Popular». Es un análisis de brocha gorda, muy propio de la vieja taberna carpetovetónica.

Villegas es hombre de pocos matices, la sutileza no figura entre sus pocas o muchas virtudes. Este caballero no ha visto –o simula no ver--  la discontinuidad del joven presidente del Partido Popular que está a punto de enviar al geriátrico a una buena parte de la dirección del partido, no sólo la del estado mayor sino también la de sus periferias. Villegas tampoco ha visto que Casado es una tuerca más hacia una derecha que no delegará sus responsabilidades en las togas ni otros aparatos del Estado. Pronto se verá si Casado es el Aznar Chico o –como casi siempre ha sucedido--  querrá ser él mismo sin hipotecas. Aún es pronto para saber qué niveles de tutía (el hollín de las chimeneas) aznariana tiene, o no, el hombre de Ávila. De su discurso en el Congreso no se desprende que sea «más de lo mismo». Es más derechista. Y más impaciente. Ciudadanos tiene de qué preocuparse. También la izquierda. 

Casado es el hombre que necesita Carles Puigdemont: la España de las «banderas en los balcones». La España de la cazalla frente a la ratafía. Uno y otro tienen sus respectivos partidos a punto de entrar en el ring. El hombre de Berlín, que destruye todo lo que toca, se ha hecho con las riendas de la neo Convergéncia. Su lema: fuera de Puigdemont no hay salvación. El camino del reinicio de la confrontación con España se ha iniciado. Miel sobre hojuelas para Pablo Casado. Puigdemont no ha perdonado la heterodoxia de sus diputados que votaron en Madrid la investidura de Pedro Sánchez; Pablo Casado, tampoco. Casado y Puigdemont o la convergencia de los contrarios. 


Apostilla. Disiento del maestro Enric Juliana. La derecha de Casado no es «cafetera». Yo le diría carajillera. 

sábado, 21 de julio de 2018

Pepe Mujica contra Daniel Ortega





“Me siento mal, porque conozco gente tan vieja como yo, porque recuerdo nombres y compañeros que dejaron la vida en Nicaragua, peleando por un sueño (…) y siento que algo que fue un sueño hace diez días, cae en autocracia”, ha dicho Pepe Mujica en el Senado de Uruguay.

Lo dicho: Nicaragua cae en la autocracia.

viernes, 20 de julio de 2018

La paradójica decisión del juez Llarena



Hay políticos independentistas poco avisados en Cataluña. Políticos que no están en la cárcel, se entiende. Son gentes que han celebrado ad libitum la derrota del magistrado Llarena, un juez que se ha empecinado en hacer justicia aunque se hunda el mundo. Son gentes que necesitan mártires para mantener la oriflama de un movimiento que se distingue por girar siempre sobre su mismo eje.

Llarena ha retirado la euro orden. ¿Albricias? Primera consideración provisional: Carles Puigdemont y sus seguidores podrán circular libremente por Europa, pero no podrán volver a casa. Puigdemont o el holandés errante. Ciertamente, se está mejor en Bruselas que en la cárcel. Pero el grupo que sigue en la cárcel verá hasta qué punto se complica su situación personal. A su vez, el juez campeador, creerá tener más argumentos para exhibir el riesgo de fuga de los encarcelados. Eso sí, el independentismo mantendrá la llama sagrada. De rebote, la situación política seguirá estacionaria.

Y hasta es posible que Llarena se ría para sus adentros.  

jueves, 19 de julio de 2018

El independentismo es un fangal




Según mis datos, el independentismo se está consolidando como una descomunal zahúrda. Hay, sin embargo, quien tiene información más precisa. Por ejemplo, la Musa de la televisión catalana que, en su prescindible columna de La Vanguardia de hoy, ha calificado al independentismo como un «fangal». No es cosa de llevarle la contraria.

Hasta el día de ayer, el fangal quedaba parcialmente disimulado por eufemismos, metáforas y otras figuras retóricas al uso. Con ciertos chispazos, cierto. Pero eran sólo arañazos que se trataban con mercromina. Ayer la cosa fue a mayores. En el fondo de la trifulca estaba, una vez más, Carles Puigdemunt, que todo lo que toca o le rodea acaba siendo un campo de Agramante. La cuestión es ésta: ¿debe ser substituido el hombre de Berlín como el resto de los diputados o no? Sus parciales, Junts per Cat, afirman que no. Esquerra Republicana de Catalunya responde que «no hay diputados de primera y de segunda», por lo que no se deben hacer distingos. A continuación viene la traca: los de Puigdemont acusan a ERC de romper el pacto que habían suscrito con los de Junqueras. Estos responden que no hubo tal. Y, como si estuvieran en el bar de la esquina, alzan la voz y llaman mentirosos –esta vez sin disimulo--  a los del hombre de Berlín. Es entonces cuando la musa de la televisión catalana habla de «fangal». Lo terrible del asunto es que, mientras se lanzan unos a otros las aparentes verdades del barquero el Parlament de Catalunya sigue bloqueado; ahora mismo su utilidad real es cero patatero.

La novedad ahora es el proceso de endiosamiento de Puigdemunt y la consolidación de un fenómeno que hace tiempo habíamos apuntado: la aparición del culto a la personalidad en Cataluña. Son componentes quasi religiosos de raíz agraria que se están trasladando a las urbes catalanas. Es el traslado de ciertos comportamientos de algunas sociedades antiguas a la sedicente postmodernidad de nuestros días.

La reyerta entre las dos fuerzas políticas del independentismo catalán alcanzó ayer su mayor grado de visibilidad. Pero no es una trifulca aislada sino la consumación de un trayecto confuso donde ERC siempre apareció como subalterna. Como una organización ancilar de las ensoñaciones del hombre de Berlín. Ayer dijo que no. Posiblemente los de Junqueras han caído en la cuenta de que la verdadera intención de Dios al crear el nuevo partido, Crida Nacional per la República, se orienta a comérseles vivos. O sea, que Puigdemont quiere quitarles el triángulo con su Ojo dentro.



miércoles, 18 de julio de 2018

El fútbol, industria global




Allá por los años treinta del siglo pasado –el «siglo breve», según Eric J. Hobsbawm--  alguien organizó una encuesta con la idea de intentar saber cómo sería el siglo XXI. Entre los participantes estaban dos intelectuales de gran prestigio en aquellos entonces, Unamuno y Marañón, y un famoso futbolista, el portero Ricardo Zamora. Los tres hicieron su correspondiente predicción. Unamuno: en el siglo XXI ya no habrá más guerras. Marañón: Habrá desaparecido el cáncer. Zamora, el legendario portero que, cuando yo era niño chico era un mito, afirmó sin darle mucha importancia a lo que decía: «En el siglo XXI el fútbol será una industria universal».  Clarividente. Sociólogo no diplomado. Lo que no pudo prever era el aprovechamiento del fútbol por la política y viceversa. De ello ha hablado recientemente Zlatko Dalic, el seleccionador de Croacia, subcampeona del mundo de fútbol, a propósito de su país (1). 

Ricardo Zamora figura en los anales sólo por dar nombre a un curioso movimiento de despeje con el codo, inventado por él, que nosotros conocíamos como zamorana.  Hay que decir que, debido a sus actuaciones, logros y trayectoria, fue incluido de manera póstuma por la FIFA en el salón de la fama del fútbol en el año 2012, siendo el segundo portero en ser reconocido tras Lev Yashin, el mítico cancerbero soviético a quien conocíamos como la Araña negra.

 

Lo que me parece irritante es que esa cofradía tan pendenciera como la de los sociólogos no reconozca el acierto de la predicción de Zamora. Seguramente le consideran un intruso, que se metió en camisa de once varas y no había pisado la Universidad.



martes, 17 de julio de 2018

Otro partido en Cataluña: pocos éramos y parió la abuela





Está naciendo la Crida Nacional  per la República. Ferran Mascarell, perejil de salsas diversas, hizo su presentación en el Ateneu de Barcelona. Es el nuevo partido de Carles Puigdemont, el hombre de Berlín. Primera conclusión provisional: este nasciturus es otra constatación del fracaso de las fuerzas políticas soberanistas. La nueva formación nace con el mismo estilo de ciertas fuerzas políticas italianas que, cuando no consiguen sus resultados, se transforman en otra cosa para olvidar el fracaso de lo que pudo haber sido y no fue. 

Andreu Claret ha analizado el nacimiento de la Crida Nacional per la República en su cuenta de Facebook. En Minicrónicas catalanas 99. Que, como en las anteriores, es una muestra de sagacidad y sutileza. Afirma el maestro Claret: «… la unidad para la República que supone esta Crida Nacional es la de la mitad de la sociedad. Ni eso. Constituye un paso más hacia la reconstitución de la antigua Convergéncia, apurando otra ficción: la del 1-O como el día en el que Catalunya se autodeterminó. Un ardid para alcanzar la hegemonía dentro del campo soberanista. Una opa a los compañeros de viaje del Procés para encarar con ventaja las próximas elecciones municipales».

Me permito, en todo caso, un matiz, casi una pejiguería: yo no creo que esta Crida sea “un paso más a la reconstitución de la antigua Convergéncia”. Entiendo que es una discontinuidad en toda la regla. Poco que ver con la antigua Convergéncia.

Durante los años de oro de Convergéncia, este partido fue pública y formalmente autonomista. Un partido «de orden». Accidentalista, además, en lo referente a la forma de Estado en España. Las relaciones de Pujol con la Monarquía siempre fueron excelentes. Un partido europeísta que, en las materias sociales y económicas, siempre se identificó dentro y fuera del Parlamento con las derechas españolas.

El nuevo partido del hombre de Berlín es otra cosa. Su objetivo es la independencia de Cataluña y su carácter está en consonancia con las formaciones nacional populistas que han emergido en Europa. Un partido que concretamente está a la derecha de Convergència.

Así las cosas, con este partido puede empezar la decadencia en Cataluña.  

lunes, 16 de julio de 2018

Elogio del sindicalismo castellano - manchego





Siempre tuve gran admiración por el sindicalismo castellano-manchego. Gente austera, práctica, que va al grano. Admiré su claridad de palabra, sus mensajes directos. Y, muy en especial, la enorme capacidad de organizar. El año pasado escribí en Metiendo bulla un artículo, El secreto de Comisiones Obreras de Albacete, a propósito de la problemática de los trabajadores migrantes del campo y de la impecable intervención del sindicalismo  y del éxito obtenido (1).

Ahora el sindicalismo castellano-manchego ha puesto en marcha una experiencia novedosa: una ‘Oficina Móvil’ de CCOO recorrerá a partir de mañana las explotaciones agrícolas de Castilla La Mancha para atender a los temporeros y controlar el cumplimiento de la normativa laboral durante las campañas agrícolas. Una oficina ambulante de tutela y organización. Tomen nota los historiadores. Y sobre todo el conjunto del sindicalismo confederal. La novedad estriba en que es el sindicato quien va, desde el inicio, a donde está el problema como sujeto preventivo. Por lo demás, consideremos, tras esta fecunda idea, que las formas organizativas no están definitivamente dadas. 





domingo, 15 de julio de 2018

Cándido Méndez no debería ser el presidente del Consejo Económico y Social





No hace falta decir que Cándido Méndez ha sido un sindicalista importante. Dirigió la UGT con mano ducha durante años y exhibió durante su mandato una constante acción unitaria con Comisiones Obreras. Cándido siempre fue una persona cercana, afable. Pragmático a fuer de realista. Cándido, hay que decirlo, ha dejado huella en el sindicalismo confederal español y europeo. No son elogios protocolarios, sino la constatación de una serie de hechos que figuran en la reciente historia del movimiento organizado de los trabajadores. Dicho lo cual, paso a tratar un asunto que está en los mentideros políticos y sindicales durante estos días.

Como todo el mundo sabe se está en puertas de una importante reforma del Consejo Económico y Social (CES). Buena falta hace, desde luego. Dice El País, sección Negocios de hoy domingo, con la firma de Miguel Ángel Noceda, que suena el nombre de Cándido Méndez para dirigir la institución. Yo diría que, en abstracto, Cándido tiene sobradas condiciones para ello. Ahora bien, soy del parecer que, en lo concreto, no es una idea feliz. La presidencia del CES debe ser una persona neutral en el mundo de las relaciones laborales, una figura al margen del conflicto social. Cándido ha sido siempre un hombre «de parte» durante toda su ya larga biografía. Uno de los nuestros. Pasar a sus años a ser una persona neutral no tiene sentido. Insisto: no se compadece con su largo y fecundo historial al servicio de los trabajadores. Sería una estética borrosa.

Por otra parte, si ponemos las luces largas en el futuro del Consejo, no erraríamos demasiado si hiciéramos el siguiente pronóstico: después del mandato de Cándido, que ya ha sentado un precedente, nadie podría objetar que le sucediera un destacado miembro de la patronal CEOE. Con lo que el carácter de la institución se iría convirtiendo, mutatis mutandi, en algo completamente discontinuo de lo que ha significado hasta nuestros días. No, definitivamente no, es la mejor idea.

Ustedes dispensen que haga de aguafiestas. 


 

sábado, 14 de julio de 2018

El Observatorio de la Afiliación sindical




Carlos Martínez trabaja en Caixa Bank, vive en Alcobendas, estudió Matemáticas y Relaciones Laborales en la UNED y es un destacado miembro de Comisiones Obreras. Carlos leyó mi entrada de ayer El último que se afilió al Sindicato. Desde Facebook me responde: «Buenas tardes, maestro. Esta semana se han incorporado jóvenes de nuevo a mi banco en Madrid, recepcionados por sindicalistas (jóvenes y entusiastas) de mi equipo se han afiliado a CCOO en su primera semana en el mundo del trabajo "de cuello blanco"; vente y te los presento. Un abrazo».

Gracias, Carlos. Primera conclusión provisional: hay quien se toma muy en serio la afiliación. De hecho, ésta ha sido una constante en esta entidad financiera. Carlos y “su equipo” continúan esa tradición. Con toda seguridad no es el único ejemplo. En todo caso, el mensaje de Carlos me ha dado pie a formular una propuesta: el Observatorio de la Afiliación.

Se trataría de un instrumento cuyo objetivo sería: a) servir de acicate a la tarea constante de la afiliación; b) dejar constancia de dónde y cómo se producen las nuevas incorporaciones al sindicato; c) proporcionar los datos, desagregados por centro de trabajo, sexo y edad, de los afiliados; d) sugerir nuevas estrategias de afiliación.  Y todo lo que encarte.

El Observatorio sería un instrumento incisivo, de cotidiano recordatorio del nivel de nuestra fuerza estable, de permanente señalación que el proyecto del sindicato no es sólo el programa a palo seco, sino el programa-que-se-organiza. Segunda conclusión provisional: afiliando, que es gerundio.  

viernes, 13 de julio de 2018

El último que se afilió al Sindicato





Me gustaría conocer a la última persona que se ha afiliado al Sindicato. Le invitaría a un cafetito y tendría el gusto de conocer las razones que le han llevado a tan importante decisión. Le diría que con su adhesión el Sindicato es hoy un poquito más fuerte.

Antonio Baylos en su blog de culto ha escrito largo y tendido las novedades positivas que ha aportado la reciente firma del AENC. Tres cuartos de lo mismo hemos hecho en este mismo blog sobre el particular. Una conclusión importante une dichos escritos: la necesidad de organizar que lo firmado se traslade al conjunto de la negociación colectiva. Y en eso están los sindicalistas, me dicen. En todo caso, parece necesario añadir algo de no menor importancia: organizar las conquistas debe llevar aparejado ocuparse del incremento de la afiliación. De ahí que la pregunta sea: ¿sabemos si, tras la firma del acuerdo, se han producido nuevas afiliaciones? Si somos exigentes con nosotros mismos deberíamos considerar que la bondad de un acuerdo también se debería medir por el nivel de adhesión estable, organizada, al sindicalismo. Precisamente como una garantía más –no la única— de que el mencionado acuerdo se cumpla. Se me dirá con razón que todavía es pronto. De acuerdo. Pero hago ver que las afiliaciones al sindicato se hacen en caliente. Y que precisamente es en las grandes ocasiones (y ésta lo es) donde se debe aprovechar la corriente de simpatía que provoca una conquista social para traducirla en pertenencia al sujeto social que  la ha conseguido.

Me excuso: son cosas sabidas, pero frecuentemente olvidadas.

jueves, 12 de julio de 2018

El Rey Emérito y la tal Corinna



Fernando Ónega pone en tela de juicio la cinta donde se narran los tejemanejes del rey emérito y su amante.  La protagonista es la ya famosa Corinna, acompañada por el capitoste Juan Villalonga, ex presidente de Telefónica, y el no menos célebre comisario Villarejo, perejil de diversas casquerías en mal estado. Metiendo bulla no tiene instrumentos para verificar si la grabación, que ha sido difundida por ese vertedero que es OK Diario,  es un montaje, ni tampoco si Ónega es, en este caso, el deshollinador que quita la tutía de las reales chimeneas.  Metiendo bulla tiene sus limitaciones. Lo que en todo caso sabemos es que el rey emérito fue un hombre de cremallera fácil con negocios que no olían a ámbar.

Tan sólo estamos en condiciones de indicar lo siguiente: existen industrias inquietantes de huelebraguetas conectadas al mundo del parné de alto copete vinculadas a ciertos miembros de los aparatos del Estado (Villarejo sería el emblema más conspicuo) que fabrican dossiers ad personam. Es una industria floreciente que se sustenta en el morbo de miles de lectores. Un negocio que se alimenta de centenares de documentos conscientemente traspapelados de comisarías y juzgados que se ponen en circulación por los digitales-vertedero. Son, en principio, empresas clandestinas.  De momento, son industrias florecientes.

Apostilla, la Audiencia Nacional deberá decidir antes de fin de año si abre una investigación sobre las grabaciones incautadas hace meses al comisario José Manuel Villarejo, entre ellas una que recoge una supuesta conversación entre el policía, ya jubilado, y Corinna zu Sayn-Wittgenstein, amiga del Rey emérito. Así pues, no se corten, señores Magistrados. Estamos en ascuas.

miércoles, 11 de julio de 2018

Luis Aguilé con Comisiones Obreras



El otro día publicamos en esta bitácora la relación de Manolo Escobar con Comisiones Obreras de Cataluña. Ha habido una sorpresa general, porque casi nadie estaba al tanto del asunto. Comoquiera que estas microhistorias no aparecen en los libros reproduzco la entradilla que hice el 25 de  junio de 2017. Luis Aguilé, el famoso cantante de la canción ligera, se jugó la piel cuando la detención de los compañeros de la dirección de CC.OO. en lo que se llamó el Proceso 1011.

Lean, lean.


Ayer hizo la friolera de cuarenta y cinco años (45) de la detención de la dirección de Comisiones Obreras (la Coordinadora General) con Marcelino Camacho a la cabeza. Sin duda fue una de las caídas más famosas en la lucha antifranquista. A los detenidos les llamamos Los Diez de Carabanchel. Los delegados catalanes nos escapamos por los pelos. Éramos Cipriano García, padre fundador de Comisiones Obreras, Armando Varo, dirigente de los trabajadores de Seat y un servidor.

Los antecedentes. El objetivo de aquella reunión era debatir un documento, Por la unidad del movimiento sindical,  que previamente teníamos los delegados. De hecho había sido publicado legalmente, semanas antes, en Cuadernos para el Diálogo con los eufemismos convenientes para burlar la censura. Lo firmaba N.S.A., que correspondía a Nicolás Sartorius Alvárez. Previamente nosotros, los catalanes, habíamos celebrado un importante encuentro de la CONC para llevar una opinión colectiva. Teníamos un matiz no irrelevante: nos parecía que, siendo justa la idea de discutir con UGT y USO la unidad del sindicalismo, no situaba con fuerza el papel de los trabajadores en los centros de trabajo y, muy en especial, el de sus representantes, los entonces enlaces sindicales y jurados de empresa. Esta era la novedad que queríamos aportar a la discusión. En los archivos de la CONC se encuentra un documento que elaboramos, que sirvió de base para nuestro debate.

Hicimos el viaje a Madrid en tren. Recuerdo que, asomados a la ventanilla, Cipriano señalaba las estrellas del firmamento y me decía sus nombres. Rememoraba naturalmente sus tiempos cuando, siendo niño, hacía de pastor en los campos de Ciudad Real.

Llegada a Madrid.  Cipriano conocía el lugar de la reunión: el convento de los Padres Oblatos, cerca de Pozuelo de Alarcón. Subimos al autobús. Vimos que el convento estaba tomado por los grises, la policía armada. Por lo que no nos bajamos y seguimos hasta el pueblo. La plaza estaba tomada también. Oímos a unos albañiles que comentaban que aquello se trataba de una redada para detener a unos traficantes de droga. Así es que, a la primera de cambio, tomamos el autobús rumbo a Madrid.

Nos dirigimos a casa del cuñado de Tranquilino Sánchez, dirigente de la Construcción. Creo recordar que se llamaba Sastrón y había estado en la cárcel de Burgos con Cipriano. Se presentó Tranqui y nos informó que Josefina Samper conocía ya la detención de su marido. Comimos. Sastrón nos llevó en su furgoneta a Guadalajara pues no era indicado que fuéramos a Atocha. Y vuelta a casa. Como Cipri conocía al dedillo todos los trenes regresamos a Barcelona dando más vueltas que un ventilador. Hicimos no sé cuántos trasbordos. En definitiva, burlamos a la policía.

Más tarde supinos que Vicente Llamazares, un destacado sindicalista de Artes Gráficas de Madrid, imprimía decenas de miles de octavillas (con Juana Muñoz Liceras) en el despacho de Luis Aguilé, denunciando las detenciones.  Luís Aguilé se hizo el longuis cuando vio lo que se estaba cocinando en su casa. Siempre se lo agradecí. Aguilé nunca presumió de ello.

Fue hace cuarenta y cinco años. El resto de la historia es suficientemente conocido. 

martes, 10 de julio de 2018

La botella de ratafía





Tras la reunión con Pedro Sánchez, Quim Torra declaró en conferencia de prensa que «hay un cambio de etapa». No concretó más, pero puede que sea indicativo de que algo se está moviendo. Por supuesto, muy lentamente, casi de manera imperceptible. De momento lo único visible es la zahúrda que han armado los hunos y los hotros. La caverna independentista ha tuiteado enérgica y originalmente la palabra enferma: traición. Y de ahí han pasado a la petición de dimisión del mismísimo Torra. La caverna carpetovetónica ha arremetido con furia similar contra Sánchez. En todo caso, los hunos y los hotros coinciden en el mismo objetivo: que no se arregle nada, que el conflicto no decaiga. Igualico, igualico que Carlos Quinto en guerra con el rey francés Francisco I. Decía Carlos: «Mi primo Francisco y yo queremos lo mismo: Milán».

Cierto, las posturas no han cambiado. Los planteamientos de cada cual, Sánchez y Torra, siguen invariables. Pero, ahora, aparece una discontinuidad sutil: de un lado, el hombre de Berlín no podrá publicitar en Europa que no hay diálogo entre Cataluña y España. Con lo que la internacionalización del conflicto tendrá que inventarse otra excusa; y, de otro lado, se ha evidenciado que Sánchez no es más de lo mismo de Rajoy. No son cosas irrelevantes.

Los problemas siguen siendo los mismos. Pero la situación ha variado un tantico. Supongo, aunque no se ha dicho, que se han abierto, aunque no del todo, algunas puertas y ventanas de ambas administraciones. Ciertamente, vendrán nuevos desplantes, y –por parte de algunos--  nuevas provocaciones. Los hunos y los hotros no pueden dimitir de retro alimentarse. Los de pasado el río Ebro porque la bronca representa un caladero de votos; y los de aquí porque saben que la pureza de las raíces carolingias tiene sus réditos. 

Así las cosas, este quilombo irá decreciendo en función de, como mínimo, dos variables: a) que en España la correlación de fuerzas favorezca a quienes quieren una solución frente  a los que desean que se incremente el problema; y b) que en el cuadro político catalán merme substancialmente el independentismo. En todo caso, algo está claro: la cosa durará lo suyo.

lunes, 9 de julio de 2018

Manolo Escobar y Comisiones Obreras




Hace días la estatua de Manolo Escobar (Badalona) apareció pintarrajeada de amarillo. No hubo reivindicación de la fechoría. Tenemos sospechas bien fundadas de la autoría; el color amarillo les delata. El 25 de Octubre de 2013 en este mismo blog hablamos del cantante, recién fallecido, y de su relación con las Comisiones Obreras de Badalona. Dijimos lo que viene a continuación


«Quiero dejar constancia de un hecho que, con toda seguridad, no estará en la biografía de Manolo Escobar, recientemente fallecido. No hace falta decir que este gran artista popular ha mandado en el universo de la copla durante muchísimos años. Ni tampoco es nuestro objetivo realzar sus dotes artísticas y su bonhomía personal. Lo que quiero añadir es algo que el gran público seguramente desconoce. Vamos allá.

En los primeros andares de Comisiones Obreras de Badalona, a mediados de los sesenta, se produjeron repetidas detenciones de destacados activistas. Me vienen a la memoria los nombres legendarios de Adonio González y Pepe Sánchez, entre otros. Era necesario, pues, una recogida de dineros en los centros de trabajo y en los barrios. Para eso estaban compañeros de la talla de Gabriel Tito Márquez y sus amistades.

Manolo Escobar era entonces un joven cantante que, después de hacer sus primeros pinitos en la barriada de La Salud y otros vecindarios, había grabado algún que otro disco que provocó un formidable impacto popular. Tito Márquez, junto a un amigo común, abordó varias veces al maestro en solicitud de ayuda solidaria. Manolo, explicaba nuestro Tito, sonriendo como siempre, les dijo con afabilidad campera: «Aquí estamos pa lo que haga falta». Y, consciente de su enorme fama popular remachó: «Decidme si hay que hacer algunas gestiones». Y siempre cayó un billete verde en solidaridad con los detenidos.

El respetable público debía conocer estas cosas».

Un catalán en la Moncloa





Solo nos queda «esperar y barajar” hasta que sepamos lo que ha sucedido en la entrevista entre Pedro Sánchez y Quim Torra. Los analistas de cachaza y parsimonia nos dicen que, en todo caso, ya es positivo que se vean las caras, aunque sea a cara de perro.  Los de hechuras impacientes nos recuerdan el viejo dicho: «Ir por es tontería». Los primeros disfrazarán la gallina de pavo real; los segundos dirán que sólo es un polluelo. Un servidor, pesimista al por menor en este caso, recurre a don Quijote en la Cueva de Montesinos: «esperar y barajar».

En todo caso este encuentro ha tenido formidables adversarios –más bien enemigos--  de aquí y allá el río Ebro. De allá: los que acusan a Sánchez de pagar una parte de la factura de la moción de censura al hombre de Pontevedra, hoy de Santa Pola.  Los de aquí: el sector ultra del independentismo que concibe el encuentro bien como una cesión a Madrit, bien como una traición a la causa.
El problema que tenemos es el siguiente: el independentismo político no ha hecho un análisis de la derrota del procés; el grupo dirigente del independentismo movimientista lo sospecha, pero sigue insistiendo en la continuidad del procés.  Una continuidad que se aguanta ahora sobre la base de gestos y declaraciones, dentro y fuera del Parlament, para darle cuartelillo al procés. De gestos inútiles que sólo sirven para mantener la llama sagrada. De oriflama profética.

Así las cosas, corregir el trayecto se hace materialmente casi imposible. El encuentro Sánchez – Torra se da en ese estado de confusión. En todo caso, vale la pena que caigamos en el siguiente detalle: esa aparente continuidad del procés tiene otra explicación. A saber, es una componente de la casquería electoral de las elecciones municipales que ya están a la vuelta de la esquina.

domingo, 8 de julio de 2018

Soraya y Casado, duelo a primera sangre




Del «pacto entre perdedores» se ha pasado a la Santa Alianza. O sea, los perdedores se han juramentado contra Soraya Saenz de Santamaría (a partir de ahora SSS).  Lo que antes –y frente a otros— se consideraba una maquinación se transforma, gracias al birlibirloque del subjetivismo interesado, en algo normal de la vida democrática. SSS, así las cosas, está que trina pues intuye que no ganará el Congreso de su partido, ni por lo tanto podrá ser cabecera de cartel frente a Pedro Sánchez o Albert Rivera. Y, peor todavía, sospecha que su íntima enemiga, Cospedal, patrocinará un duro ajuste de cuentas.

Pablo Casado hace responsable de los males de Cataluña a SSS. Y de  manera indirecta le atribuye todos los errores del grupo dirigente. Exageraciones. Y, diría más, su alianza con Cospedal desmiente que tales acusaciones son casquería electoral. El mensaje de Casado es: «Yo no estaba allí». Falso también, porque fue aupado por el hombre de Pontevedra –hoy de Santa Pola--  a donde se cocían las habas. Y en  cada reunión del comité ejecutivo nunca constó que tomara la palabra. Bueno, ni él ni nadie. Sea como fuere, los dardos de Casado –cabeza de «la coalición de perdedores»--  impugnan toda la política de Mariano Rajoy. Pero, como se ha dicho antes, él no estaba allí. En resumidas cuentas, un sector del Partido Popular empieza a ajustar las cuentas al hombre de Pontevedra. Con lo que podrían darse las condiciones para reivindicar a la bicha, esto es, José María Aznar. Casado ha iniciado en su campaña una sutil reivindicación de la figura de aquel.  Y es que en política se da con cierta frecuencia que algunos muertos gozan de buena salud.

Lo más seguro es que, desde las filas de SSS, salgan en los próximos días algunas flechas envenenadas contra Casado. En resumen, París bien vale un duelo a primera sangre.

sábado, 7 de julio de 2018

Sánchez y Torra frente a frente



El  lunes se ven las caras Pedro Sánchez y Quim Torra. Lunes 9 de Julio, festividad de san Audaz de Velino, mártir del Imperio Romano. Todo está preparado en la Moncloa: la tetera y cafetera con sus galletitas y el protocolo correspondiente. Todo está preparado también por los escribas sentados del Govern de Cataluña: la bronca previa, los tuiters de rigor y la moción del Parlament insistiendo en la matraca. Todo está preparado, pues.

Es una suerte que Quim Torra no sea presidente de ningún comité de empresa. Su técnica negociadora hubiera llevado a sus representados a la indigencia. Me explico: el pasado miércoles el Parlament, con los votos de los de Puigdemont, Junqueras y la CUP reitera la declaración del 15 de Noviembre de 2.015 en la que Catalunya declara iniciado su proceso de desconexión del Estado español y abierto el proceso constituyente, aquella en la que prometía desoír cuantas leyes y tribunales fuera preciso con tal de lograr la independencia de Catalunya. (1). O sea, en puertas de la reunión del lunes los pirómanos atizan más el fuego. La moción es presentada por la CUP y aceptada por los grupos parlamentarios de JxCat (Puigdemont) y Esquerra republicana de Catalunya. Es como si se fuera a la casa de los bomberos con yesca y pedernal con la idea de pegarle fuego al edificio.

La moción indica que la dirección real del itinerario político está en manos de la CUP y la estrepitosa derrota de ERC, que en días alternos combina el sedicente pragamatismo de Junqueras con la subalternidad al hombre de Berlín. Es una situación que sobrepasa lo estrafalario. ERC, Jano bifronte. Su portavoz resuelve justifica su posición: «Esto nos suena a antiguo, un gesto simbólico pero poco efectivo; aun así, lo aprobaremos porque somos republicanos desde hace 87 años». Un auténtico galimatías a la altura de los retruécanos del hombre de Pontevedra, hoy de Santa Pola.   

Victoria de la CUP que no quiere ni siquiera diálogo, sino ir de derrota en derrota hasta la catástrofe final.  El pantano se está convirtiendo en ciénaga.  

DOCUMENTO: Lee el texto íntegro de la resolución independentista aprobada por el Parlament



viernes, 6 de julio de 2018

Conversando con Joan Coscubiela




Andábamos hace tiempo tras las huellas de Joan Coscubiela. Su intervención en la sesión del Parlament de Catalunya de los días 6 y 7 de septiembre había despertado nuestro interés por dialogar con él sobre el conflicto en curso. Luego, la publicación de su libro Empantanados. Una alternativa federal al sóviet carlista (Península, 2018) ha sido la ocasión para organizar un encuentro entre él y Pasos a la Izquierda. Las opiniones vertidas en dicha publicación nos animaban aún más a dialogar con él sobre la situación en Catalunya y sobre la crisis social que, como se verá en la entrevista, él afirma no es ajena a los sucesos catalanes. Joan Coscubiela tiene una dilatada historia sindical y política en España y Cataluña. Abogado laboralista de profesión y sindicalista, ha sido secretario general de CC.OO de Catalunya (1995-2008). Posteriormente ha sido diputado en las Cortes españolas en la lista de ICV (2011-2015) y diputado en el Parlament de Catalunya bajo la lista de Catalunya Si Que Es Pot (2015-2017). La entrevista tuvo lugar en Barcelona el día 2 de mayo de este año 2018. Agradecemos a Javier Tébar y a Juanma García la infraestructura de la Fundació Cipriano García puesta a nuestra disposición para que se celebrara en las mejores condiciones.

Javier Aristu: Joan, si te parece vamos a dialogar a partir de tu libro, Empantanados, intentando, si es posible, ir más allá del periodismo de titulares y de la anécdota. Vamos a tratar de desentrañar contigo algunas de las claves que tú planteas en el libro en relación con el llamado «conflicto de Catalunya», que no es solo de Cataluña, así lo dices en algún pasaje, sino más bien de distribución territorial del poder, aunque puede que haya bastantes más cosas, como tú también apuntas. Pero antes de empezar, creo que debemos saludar de forma muy optimista la originalidad del planteamiento que haces a través de la metáfora de la Patrulla Nipona. Cualquiera que haya leído algo sobre la guerra del Pacífico sabe que hubo bastantes ‘patrullas niponas’ después de la Segunda Guerra y hubo algunas que no fueron patrullas sino incluso destacamentos. Hay anécdotas muy simpáticas sobre japoneses que cuando fueron recuperados veinte años después no se creían que habían perdido la guerra, lo cual les costó muchísimo a la hora de integrarse en la sociedad japonesa moderna. Su concepto del honor les decía que no se sentían derrotados, su código de honor no les permitía jamás entender que pudieran rendirse. ¿Te está pasando a ti algo de eso?

Joan Coscubiela: No, posiblemente porque pertenezco, como vosotros, a unas generaciones que hemos perdido todas las batallas para ganar una guerra importante. Y es que, desde que nacimos hasta ahora, al menos, la sociedad en la que vivimos es un poco mejor. Eso es una guerra importante. No es un avance irreversible, por supuesto, como no hay ninguno, pero estamos acostumbrados a perder muchas batallas. Por eso, los que estamos acostumbrados a perder muchas batallas no nos consideramos perdedores, pero no por el concepto de esa devoción al emperador, sino por la manera de ser, supongo.