viernes, 22 de mayo de 2015

La potencia de la rutina en estas elecciones

¿Qué aires de renovación han traído las fuerzas políticas emergentes en esta campaña electoral? Lamento decir que se han dejado llevar por la rutina y el convencionalismo del reciente tradicionalismo de las campañas al uso. Aunque tal vez yo no haya sabido percibirlo o debido a la puntillosa pejiguería de quienes somos demasiado exigentes. Lo diré por lo derecho: tanto Podemos como Ciudadanos, fuerzas emergentes que se reclaman del rupturismo de la política al uso, han caído en la misma prosopopeya de las más viejas del lugar. Esto ha sido visible en sus figuras más representativas como en los teloneros que les acompañaban. La retórica más común –regeneracionismo, renovación, nueva política --  no ha ido acompañada de las necesarias concreciones capaces de demostrar la novedad de esos teoremas. Así es que el voto necesariamente se orientará en base a percepciones y sentimientos.

Seguimos sin saber qué modelo de territorio plantean los emergentes, que planteamiento de desarrollo, que compatibilidades con el medio ambiente, qué meollo tiene la cosa. En su lugar han sobado las mismas invectivas y energumenismos que los de las viejas formaciones. En resumidas cuentas, lo aparentemente nuevo tiene la misma herrumbre que lo demostradamente viejo. De donde infiero que el hecho de provocar rupturas, concretar renovaciones (o refundaciones) es un hueso duro de roer. O, por decirlo con estilo campero, una cosa es predicar y otra dar trigo. Quizás porque la rutina tiene un enraizamiento muy poderoso, un potente mecanismo que provoca el pánico. Ya quedó fijado en mármol en el viejo refrán que nos viene de los tiempos de antañazo: más vale malo conocido que lo bueno por conocer. O tal vez porque cualquier renovación es vista como un salto en el vacío en vez de una posibilidad de avance. Sea como fuere, en los terrenos políticos y sociales parece evidenciarse que la rutina es más poderosa que la innovación. De ahí que las metáforas sacralizadas de antaño tengan más prevalencia que la necesaria investigación que necesitamos hogaño. Así las cosas, tengo la impresión de que se sigue poniendo el acento en el envoltorio que en el sabor del caramelo. Con lo que intuitivamente apunto que el currículum de la renovación ni siquiera ha empezado.  


Por lo demás, afirmar que el cuadrado de la ipecacuana es igual a la suma de los cuadrados de los catetos no es una innovación del teorema de Pitágoras sino un chascarrillo de tres al cuarto.          

jueves, 21 de mayo de 2015

La cuestión tecnológica, imbéciles


Sorprende el contumaz abandono a que está sometida en España la cuestión tecnológica.  Ni rastro de ella en los programas y discursos –en la plaza pública, en la prensa o en las tertulias televisivas— de las diversas candidaturas de este magmático proceso electoral en curso. Ni las derechas, ni las izquierdas, ni los centristas de chanel número 5 han planteado nada al respecto. ¿Siguen, pues, la sonada majadería del famoso rector de Salamanca: «que inventen ellos»?

Ninguna comunidad autónoma, excepto Euskadi, lo tiene en su agenda. Ninguna de ellas alcanza el aprobado en realizaciones concretas. El afamado rector puede estar medianamente satisfecho: algo ha conseguido. Conclusión provisional: estamos por debajo de países como Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Hungría y la República Checa.

España alcanzó, en 2008, una media del 1,35 % del producto interior bruto en I + D. Ahora hemos descendido al 1,24 % y nos alejamos del 2 % de la media de la Unión Europea. Somos el país donde el gasto público ha bajado más. Esta reducción se explica porque aquí se ha operado el recorte más drástico de la inversión pública en tecnología y desarrollo, alrededor de un 50 %. Y también porque la inversión privada está en la mitad de la europea. Unos y otros ponen el acento en los infrasalarios y en la precariedad. Conclusión: si en tiempos de Larra era llorar, investigar aquí es no parar de llorar. Séanme permitidos dos datos: un 14 por ciento de las personas sin techo son universitarios y el porcentaje de ciudadanos con estudios superiores en los albergues supera el 27 por ciento. Así lo afirman investigaciones de Pedro José Cabrera y Rosario Sánchez Morales. Por no hablar del éxodo de jóvenes investigadores al extranjero. 

¿Cuándo los gobiernos –central y autonómicos, excepto el vaso— se han preocupado y ocupado de de la cuestión tecnológica?  ¿Cuándo la oposición ha dicho esta boca es mía? ¿Cuándo los llamados agentes sociales han situado en lo concreto –en las cosas concretas, no retóricamente— tan relevante problema? Dispensen el exabruto: estamos como estamos por la inacción, la miopía y la idiocia de todos ellos.

Así las cosas, reitero mi propuesta: necesitamos un pacto por la innovación tecnológica. Y situar en el centro de la actividad política la innovación y el desarrollo. De ello he hablado en muchas ocasiones y no es cuestión de marear a nadie con su contenido pormenorizado. Sin ir más lejos puede verse en La parábola del sindicato (1).

Resumiendo: o nos ponemos al día o nos convertimos, con relación a Europa, en una chatarrería de Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio.  



(1)                                             http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/09/la-parabola-del-sindicato.html

miércoles, 20 de mayo de 2015

«O política o religión»: dos monjas en campaña electoral


Dos religiosas han sido llamadas a capítulo por el Alto Funcionariado de la Iglesia católica, apostólica y romana: Teresa Forcadas y Lucía Caram, dos monjas tan mediáticas como en su época lo fue Teresa de Jesús.  Sor Teresa es un torbellino anticapitalista hasta tal punto que algunas mitras, nacionales y extranjeras, han afirmado que es trostkysta. Sor Lucía es una fogosa publicista y comprometida activamente con las Bienaventuranzas del Sermón de la Montaña donde el de Nazaret dejó dicho lo que todo el mundo sabe. La primera no da cuartelillo ni al lucero del alba; la segunda es una amable versión urbana de Teresa de CalcutaLa Forcadas anticapitalista preocupaba en los dicasterios; también la Caram, a pesar de su ojeriza pública a la señora Ada Colau. Forcadas como expresión de la teología de la liberación; Caram con su activismo bipolar que enciende, por así decir, una vela a Dios y otra al Demonio a través de su compromiso de caridad con los pobres y no tiene empacho en apoyar la candidatura de Convergencia i Unió en la ciudad de Barcelona; eso sí, siguiendo el viejo dictado: que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha.  

Estaba cantado que, más tarde o más temprano, algún macho eclesiástico convocara a estas dos hembras de fuste para recordarles quién lleva los pantalones en la casa. Finalmente, la admonición ha sido clara: «o política o religión». Tres cuartos de lo mismo fue lo que le dijeron a Teresa de Jesús de una manera más agria: o campamento o convento. En ese lenguaje berroqueño no están permitidos los matices.

Sería absurdo afirmar que la Iglesia plantea en serio esto de «o política o religión», porque su historia es la intromisión en la política: unas veces de manera violenta, otras veces de forma ladina y marrullera. Hay excepciones en ello, que son sobradamente conocidas, también a lo largo de la historia. Pero esa relación de la iglesia con la política se ha hecho a través de la cruz de los pantalones, siempre ocultos por la sotana. 

De hecho, en tanto que organización vertical, reserva el monopolio de la opinión para su cúpula dirigente. De ahí su intolerancia contra cualquier forma de pensamiento, no sólo en materia religiosa sino civil. Y se muestra todavía con más encono cuando lo hace una mujer. O algo peor, un auténtico linchamiento como el que protagonizó el cardenal Cipriani (Lima) contra la monja Forcadas en agosto de hace dos años.  O, lo que es lo mismo, el anatema como ´argumento´. Me imagino la ira de ese mitrado al enterarse de que tan díscola religiosa se postula para presidir la Generalitat de Catalunya. 

Ya veremos cómo acaba todo eso si estas dos mujeres mantienen el tipo: los tiempos no están para bravatas de los señores ensotanados. Ninguna de las dos tienen pinta de arrugar el tipo. Forcadas lo tendrá más crudo; Caram tendrá, en todo caso, el apoyo de la derecha nacionalista y sus franquicias religiosas.


Apostilla. Rechazo, pues, ese dilema: o política o religión; y, en su lugar, propongo el siguiente: Carmena o revienta. Dicho lo cual me sumo a los apoyos al hada Ada Colau

martes, 19 de mayo de 2015

Sindicato: cada año que pasa es un año más viejo

1.-- Los demógrafos de las diversas corrientes académicas comparten una inquietante coincidencia: cada año que pasa somos un año más viejos; o, si se prefiere de una manera edulcorada, somos un año menos jóvenes.  Ahora bien, instalarse en esa evidencia empírica no conlleva sacar las oportunas conclusiones útiles para cualquier observador.

Enric Juliana, uno de los comentaristas políticos más perspicaces y temperados, en su crónica de hoy (La Vanguardia), pone de relieve una serie de datos de los comportamientos de los grupos de edad (juventud, madurez y senectud) en su orientación de voto para las próximas elecciones. Quien tenga interés en ello no tiene más que buscar la fuente.

2.--  No hace falta decir que el sindicalismo confederal tiene en su documentación anagráfica la estructura de los grupos etarios de sus dirigentes, representantes y afiliados. Pues bien, si partimos de que también a los sindicalistas les afecta esa inquietante ley de los demógrafos, convengamos fastidiosamente que cada año que pasa somos más veteranos. Hay una sonada excepción, la de mi amigo Luis Romero Huertes (en la foto) que desafía cualquier convencionalismo de los demógrafos. Cada vez que lo veo me parece que está hecho un chavalote. Luis Romero o la excepción de la regla.

¿Qué reflexiones provoca esta ley en la estructura de la edad en el sindicalismo confederal ya sea en sus diversos grupos dirigentes, en los representantes de centro de trabajo y en los afiliados? ¿Qué interpelación envía a la tan sobada (como necesaria y todavía no insinuada en sus formas concretas) refundación del sindicato? ¿Nos hemos instalado en la «eterna juventud» del que ya nos habló el viejo Heródoto? ¿O es que, tal vez, esa cofradía pendenciera de los sociólogos –hecha la salvedad de don Ramón Alós, el Enviado de Auguste Compte en la Tierra--  se ha sacado de la manga la ley del paso del tiempo? Por si las moscas, sugiero que se esté al tanto.   

lunes, 18 de mayo de 2015

Aceptaré la sanción que me imponga el sindicato

Esta mañana me he quedado de piedra. Me para un señor con pinta de sesentón por la calle. Me dice que tiene un problema con la Seguridad Social y me pide que le eche una mano. En un momento de la conversación me aclara que va a votar al Partido Popular en las elecciones municipales. A pesar de ello, me dice, que confía en un servidor  para que se arregle su contencioso. A continuación pongo mi cara más amable y, educadamente, le digo: «Verá, usted me ha tomado por san Francisco de Asís.  Me pide que le ayude y, a continuación, me informa que votará al Partido Popular. Hable con el maestro Armero o con Mariano Rajoy. Conmigo no cuente ni siquiera para mover el dedo meñique de mi mano izquierda». El sesentón se ofende e intenta teorizar que el sindicato está para ayudar a todos, voten lo que voten. Le respondo: hable usted con el sindicato y dé parte de mi falta de consideración. Y le di la espalda sin despedirme del sujeto de marras.


Lo curioso del caso es que no tengo mala conciencia por haber incumplido uno de los preceptos más serios del sindicato: echar una mano a quien tenga problemas. ¿Estaré relativizando algunas cosas? Puede ser, pero ya empiezo a estar jartico de algunos catamañanas. En todo caso, aceptaré la sanción que estatutariamente me imponga el sindicato.  

domingo, 17 de mayo de 2015

La huelga de los futbolistas


Que un servidor considere disparatado el auto de la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional –la suspensión “cautelar” de la huelga convocada por los futbolistas--  podría ser calificado como cosa de un conocido indocumentado. Que dos juristas de la talla de Antonio Baylos y Jaime Cabeza hayan mostrado su desagrado tiene ya otro cariz (1).  Así es que no es solamente un disparate sino algo inquietante. ¿O acaso no lo es que un derecho fundamental como la huelga, y más concretamente de esta huelga, sea objeto de dicha suspensión cautelar?  

La Sala Segunda de lo Social de la Audiencia Nacional ha sentado un grave precedente para otras huelgas de otros sectores. Pues no hace falta ser excesivamente lerdo para entender que los empresarios usarán y abusarán de este auto en exigencia de que cualquier huelga sea suspendida cautelarmente. Con lo que se estaría mareando de manera sostenida la perdiz del conflicto. Más todavía, un derecho fundamental como éste iría empequeñeciéndose hasta resultar inane. Y todo por arte y gracia de un auto que, queriendo o sin querer, deteriora no sólo el derecho del trabajo sino uno de los pilares de la democracia.

Permítanme un desahogo personal: posiblemente hay alguna relación entre este auto y el cursus honorum de algún miembro de la Sala. A mis ochenta años uno tiene derecho a ser aproximadamente un tanto malage.


sábado, 16 de mayo de 2015

Encuestas y elecciones



Las encuestas sirven, al parecer, para encabritar a los estados mayores de las fuerzas políticas que están en liza en estos y otros comicios. Así es que valen para que se eleve el diapasón de la contienda y, según cómo, para que los dicterios que se propinan los unos a los otros tengan mayor densidad de bilis. Una densidad que es inversamente proporcional a la calidad del proyecto programático que se exhibe. En todo caso, habrá que recordar que la encuesta que siempre acierta es el resultado del recuento de las papeletas.

Ahora bien, tengan el valor que tengan las encuestas están indicando una cosa: aunque al Partido Apostólico se le augura un sonado batacazo electoral, seguirá siendo el más votado en aquellos lugares emblemáticos donde la visibilidad del triunfo o la derrota adquirirá mayor o menor resonancia. Por lo demás, séame disculpado este innecesario recordatorio: si en esos lugares emblemáticos gana el Partido Apostólico es de cajón que no han ganado las izquierdas. Por lo que poner el acento en la enorme pérdida de apoyo electoral del Partido Apostólico, siendo otra verdad no menos evidente, no deja de ser un falsamente animoso consuelo de tontos.

Si seguimos con las obviedades llegaremos a la siguiente consideración: quien gana las elecciones no necesariamente está llamado a gobernar la ciudad o la comunidad autónoma. De ahí la desesperada carrera por alcanzar las mayorías absolutas en cada ámbito. Y, además, el marcaje férreo (aunque no especialmente áspero) entre las derechas: por un lado, el Partido Apostólico y, de otro lado, la derecha sonriente de Ciudadanos.

En el otro lado de la medalla están las diversas izquierdas. Nada que objetar a su no menor marcaje entre ellas. Tampoco es objetable que pugnen, cada cual por su lado, por alcanzar la preeminencia. El problema está en que: 1) nadie hace un guiño que puedan apreciar sus respectivos electorados en la dirección de que, tras las elecciones, se comprometerán a que no gobierne el Partido Apostólico; y 2) con lo que es posible que, tras los comicios, sean muy difíciles los pactos entre las izquierdas. O, en otras palabras, pactar está considerado por cada izquierda, excúsenme la vulgaridad, como una bajada de pantalones. O, peor todavía, el pánico a la expresión de Sartre de «ensuciarse las manos».

O, catastróficamente peor: la contumaz idea de cada izquierda, que se ha basado –salvo rarísimas excepciones--  en la vieja idea de «que tú te mueras es la condición para que yo viva» (mors tu avita mea). Pero eso puede tener un riesgo: que la muerte del otro vaya acompañada de la agonía de quien lo dice y lo practica. O sea, mors tua, mors mea. Con lo que se hace el famoso negocio de Roberto, el de las Cabras.


Pues bien, como diría Paco Rodríguez de Lecea para otros asuntos no menos importantes: «Ese vicio ya no produce réditos perceptibles», sino –esto ya es de mi cosecha— derrotas sólo paliadas por la fantasía tramposa de los grupos dirigentes.   

viernes, 15 de mayo de 2015

SOBRE LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO SOBRE EL ASUNTO COCA COLA




EL PROTAGONISMO DE LOS ESPARTANOS DE FUENLABRADA EN LA NULIDAD DEL DESPIDO COLECTIVO.

Enrique Lillo

La sentencia confirma la importante resolución judicial adoptada por la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional de fecha 12 de junio de 2014, Autos 79/2014, en la que se fallaba que: “Se declaraba la nulidad del despido colectivo recurrido y el derecho de los trabajadores afectados a la reincorporación a su puesto de trabajo, condenando solidariamente a las empresas demandadas a la inmediata readmisión de sus respectivos trabajadores despedidos con abono de los salarios dejados de percibir”.

El pronunciamiento confirmado por el Tribunal Supremo implica que la actuación legal que deberían observar las embotelladoras de Coca Cola condenadas, integrantes del grupo CCIP, es proceder cada una de ellas a reincorporar en sus respectivos puestos de trabajo a los despedidos y abonarles los salarios dejados de percibir, puesto que la sentencia del Tribunal Supremo confirma también lo que estableció la sentencia de la Audiencia Nacional, es decir el carácter de sentencia de condena y de obligación de readmisión inmediata y efectiva y abono de los salarios de tramitación.

Sobre este extremo de carácter de condena y ejecutivo de la sentencia de la Audiencia Nacional, la sentencia del Tribunal Supremo confirma que en este tipo de sentencias de despido colectivo en él que se declara la nulidad del mismo, resulta un requisito procesal de cumplimiento inexorable el que las empresas afectadas por la condena a la readmisión y al abono de los salarios de tramitación efectúen una consignación judicial del importe de los salarios de tramitación o presenten un aval bancario que responda por el importe de los citados salarios.

En este caso concreto, y dada la potencia financiera de las embotelladoras, éstas presentaron ante la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional presentaron un aval bancario por cuantía indeterminada y ejecutable en cualquier requerimiento.

La novedad jurídica que introduce la sentencia dictada del Tribunal Supremo consiste en que la misma desestima las revisiones de hecho planteadas por el grupo CCIP, donde se pretendía desvirtuar el contenido del informe de la Inspección de Trabajo sobre prácticas de sustitución de cargas de trabajo que deberían haber sido desempeñadas por los trabajadores de Casbega Fuenlabrada, y que ante la huelga masiva de los mismos no se hicieron, con lo cual las mercancías que debería haber producidos estos, fueron producidas por trabajadores en sustitución de huelguistas pertenecientes a otras embotelladoras y así se acredita que en la plataforma logística de CCIP en Madrid, denominada Ecoplataform la misma comenzó a surtirse desde mitad del mes de febrero con productos procedentes de otras embotelladoras de CCIP, de manera que en la semana del 14 de febrero habían entrado entre 5 y 6 trailers con mercancías procedentes de otras embotelladoras y el día 18 de febrero entraron 13 camiones, uno procedente de A Coruña y 6 procedentes de Sevilla y 6 de Burgos.

Asimismo, hay que tener en cuenta que estos hechos que se ponen de manifiesto en el acta de la Inspección de Trabajo y en el contenido de la sentencia recurrida de la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional la producción en la fabrica de Casbega en Fuenlabrada se detuvo completamente y antes de la fecha de 20 de febrero en que había previsiones de stock, concretamente en la semana del 14 de febrero ya habían entrado los 5 ó 6 trailers con productos elaborados en otras factorías del grupo CCIP en la plataforma logística de CCIP en Madrid.

Además hay que tener en cuenta también el hecho relevante de que el funcionamiento de las distintas embotelladoras y en la distribución de los productos elaborados se mantenía una regulación territorial especifica, de manera que aunque todos los embotelladores que se fusionaban eran competidores potenciales, realmente entre ellos no se producían ventas pasivas o de ventas no solicitadas procedentes de otros territorios (resolución de la Comisión Nacional de Competencia de 15 de febrero de 2013).

La sentencia señala literalmente: “También sabemos que el 18 de febrero entraron 13 camiones mas con productos fabricados en otras plantas, para hacer frente a esta rotura de stock en Madrid, consecuencia de la paralización de la producción en Fuenlabrada, de forma que esa ausencia de producción de la planta en huelga durante el periodo central de consultas fue sustituida por la fabricación de los productos elaborados en otras embotelladoras de CCIP que no abastecían nunca hasta entonces la zona centro” (pág. 53 y 54 de la STS).

Por ello, la cuestión jurídica que ha de resolverse entonces es si realmente esos hechos suponen una vulneración del derecho de huelga, contenido en el art. 28.2 de la CE y si además interfirieron de manera relevante en el proceso de negociación de la condiciones del despido colectivo que se debatía en la correspondiente comisión constituida al efecto de conformidad con lo previsto en el art. 51.3.

Por ello la clave jurídica del pleito es resuelto por la sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo comentada, al establecer que la respuesta sobre estas dos cuestiones ha de ser afirmativa, dado que la vulneración del derecho de huelga mediante las practicas de sustitución que se realizaban de los efectos de la huelga masiva de Casbega Fuenlabrada se produjo dentro del periodo de negociación del despido colectivo y, por lo tanto, incidió de manera directa y frontal en este periodo de negociación, hasta el punto de que la minimización o eliminación de los efectos nocivos que el desabastecimiento de productos había de producir con ocasión de esa huelga privo a su vez de cualquier eficacia o fuerza a la posición que en la mesa pudieran tener los representantes de los trabajadores durante el periodo de consultas, que han de realizarse, no se olvide, para analizar las posibilidades de evitar o reducir los despidos colectivos (art. 51.2 Estatuto de los Trabajadores y 2.2 de la Directiva 98/79).

El Tribunal Supremo avala la interpretación jurídica que la Audiencia Nacional realizó sobre el denominado esquirolaje y el alcance del art. 65.4 del Real Decreto Ley 17/77 de 4 de marzo, que dispone: “En tanto dure la huelga el empresario no podrá sustituir a los huelguistas por trabajadores que no estuvieran vinculados a la empresa al tiempo de ser comunicada la misma, salvo incumplimiento de las obligaciones contenidas en el apartado número 7 de este artículo”

Por ello la sentencia del Tribunal Supremo confirma las interpretaciones jurídicas de la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional.

Por lo tanto, aun cuando el despido colectivo es anterior al ejercicio de la huelga, puesto que esta se produce dentro del periodo de consultas, y no puede considerarse como represalia frente a la huelga, debe entenderse que las prácticas antihuelga realizadas por las empresas pretendían neutralizar y aminorar indebidamente los efectos perseguidos por la huelga, cuyos objetivos estaban estrechamente vinculados a la intención empresarial de llevar a cabo un despido colectivo, con lo cual la neutralización de los efectos del conflicto en el centro de trabajo de Fuenlabrada se llevo a cabo mediante una irrupción directa que implica una quiebra del necesario equilibrio en la negociación del periodo de consultas, privando a los trabajadores que los efectos de la huelga pudieran tener en ese proceso, que por tal motivo se vio evidentemente alterado por la actuación empresarial, de manera que el despido colectivo resultante se efectuó utilizando prácticas de vulneración de derechos fundamentales y, por lo tanto, por aplicación del 24.11 de la LRJS el despido es nulo, sin que resulte necesario entrar a conocer los restantes motivos de infracción legal denunciados por las empresas.

En definitiva el protagonismo de los trabajadores de Fuenlabrada secundando masivamente la huelga y toda la movilización inherente a la misma ha sido el factor decisión en la declaración de nulidad del despido colectivo que afecta a ellos y a otros de otras embotelladoras.


Enrique Lillo Pérez (Exclusiva para Metiendo bulla
Madrid, 14 de mayo de 2015.


jueves, 14 de mayo de 2015

Sobre el pacto salarial CEOE - Sindicatos

No han pasado ni veinticuatro horas de la firma del acuerdo salarial cuando la patronal empieza a relativizar y a desdecirse de lo firmado. «No es un acuerdo, se trata sólo de recomendaciones» tanto en lo atinente a la cláusula de revisión salarial como en la prolongación de los convenios (ultractividad). Nos preguntamos si Joan Rosell firma con la mano derecha lo que está empeñado en negar con la izquierda; nos preguntamos si este caballero tiene representatividad en las estructuras empresariales o bien ocupa un cargo, que no un liderazgo, por imperativo estatutario; nos preguntamos si las estructuras empresariales son tales o un tropel de corpúsculos cantonalistas; nos preguntamos si CEOE tiene un proyecto que no sea el de cada cual a lo suyo.  Así las cosas, es harto difícil que las relaciones industriales y  laborales puedan tener solvencia en vez de ir, como desde hace tiempo, a salto de mata.

Joan Rosell es formalmente un dirigente empresarial que carece de autoridad. O, rebajando el planteamiento, que no tiene la autoridad suficiente para transformar los taifatos en una organización diga de ese nombre. Rosell, cada vez que firma un acuerdo o una serie de recomendaciones, necesita recordar a sus agremiados que él es un tipo duro. Ahora ha vuelto a las andadas. Ayer mismo, Paco Rodríguez de Lecea –un antiguo sindicalista bregado en mil convenios--   nos recordaba en http://vamosapollas.blogspot.com.es/2015/05/privatizar-los-servicios-publicos.html la querencia del primer espada de la patronal hacia las privatizaciones a machamartillo tras la firma del acuerdo salarial. Que, halando en plata, son cinco duros de ideología que va a contrapié de lo que sucede en la vida real. Como, por ejemplo, el caso de las prótesis caducadas.

La santa Biblia de la información –es decir, La Vanguardia--  nos informa del caso de   la empresa de Reus, Traiber: unos tres mil pacientes podrían llevar en Cataluña una prótesis caducada de cadera o rodilla. Lo repito para quienes tienen el vicio pijo de leer en diagonal: tres mil prótesis caducadas. No es una denuncia de una octavilla de tres al cuarto; es La Vanguardia, a quien se le atribuye esta característica: lo que no se publica en ella, no existe.

Ciertamente, no estamos afirmando que Rosell esté interesado en inundar el país con prótesis caducadas. Estamos simplemente recordando sus propias palabras: «Tenemos las dos grandes partidas de gasto, que son la Sanidad y la Educación, que seguro que si estuviesen gestionadas por empresarios, con criterios empresariales, yo creo que podríamos sacar mucho más rendimiento y podríamos hacer cosas de mucha mejor manera  ¿Negará alguien que Traiber ha gestionado el asunto sin «criterios empresariales»?

Pero volvamos al asunto central. Siempre se dijo que los pactos o acuerdos –pacta sunt servanda--  eran extremadamente útiles para evitar una conflictividad que fuera innecesaria. Tras las palabras de los dirigentes empresariales, reconstruyendo el pacto salarial, emergerá la litigiosidad para que las llamadas recomendaciones no sean un cuento chino sino algo a cumplir a carta cabal.



miércoles, 13 de mayo de 2015

La banalidad de Ciudadanos

El primer dirigente de Ciudadanos --disfrazado de Peter Pan para no infundir demasiadas sospechas, se ha dirigido a Mariano Rajoy, camuflado de Antiguo Testamento para evitar las mismas sospechas--  ha puesto una singular condición para poder pactar, esto es, que el Partido Popular haga primarias. Naturalmente, lo mismo me da y me da lo mismo que pacten o no pacten e, incluso, que el PP haga o deje de hacer primarias. Pero una cosa es clara: Rivera empieza a competir a destajo con la política viejuna en decir patochadas. Lo que no tiene nada de particular, pues al fin y al cabo la patochada –forme parte de la infraestructura o de la base--  es algo que, aunque irregularmente, está repartido ampliamente en la corrala política.

Por lo demás, ¿qué relación existe entre las próximas elecciones –autonómicas y locales--  con que el Partido Popular haga o no haga primarias? Me temo que dicha relación ni siquiera tiene acomodo en el magín de Peter Pan. De igual manera que, en la mayoría de las fuerzas políticas, apenas si hay vínculo entre sus propuestas electorales y los próximos comicios, pues todo indica que tanto las propuestas como los principales oradores están en clave de elecciones generales. O sea, ninguna reflexión o indicación en torno a la ciudad y al territorio. Que ni siquiera aparecen como pretexto. Tres cuartos de lo mismo que cuando se celebran elecciones europeas: nada de lo que se dice guarda relación con el carácter central de lo que se está ventilando. Por supuesto, hay excepciones meritorias: Colau y Carmena –dos ancianas, según el pollo Rivera-- en Barcelona y Madrid, respectivamente. Y otras, aunque pocas.

En todo caso, algo parece claro en este rifirrafe entre Ciudadanos y el Partido Popular: la derecha tiene pocas cosas en la recámara en lo referente a la ciudad y el territorio. De ahí que sus interpelaciones mutuas sean una banasta de quisicosas, o –por mejor decir--  de chuminadas de tres al cuarto. Y que su pugna por una pretendida modernización sea pura cháchara. O gilipollescencias mediáticas.  


martes, 12 de mayo de 2015

CC.OO. y su primer intento de ingresar en la CES


El otro día me dejé involuntariamente en el tintero otra de las características de Cipriano García, uno de los padres más representativos del nuevo movimiento obrero catalán y fundador de Comisiones Obreras: su europeísmo. Me fastidia no haberlo dejado sentado en  http://lopezbulla.blogspot.com.es/2015/05/cipriano-garcia-padre-fundador-de.html.  

 

Cipriano García venía insistiendo, siendo el “responsable” de la Coordinadora General de CC.OO. de España tras la detención en Pozuelo de Marcelino Camacho y sus compañeros, en oficializar nuestra petición de ingreso en la Confederación Europea de Sindicatos, fundada en 1973. Cipriano era consciente de las dificultades: de un lado, UGT lo vetaba y, de otro lado, los dirigentes de la CES tampoco estaban por la labor, hecha la excepción de los sindicalistas italianos. Por otra parte, Cipri había resistido la enorme presión que nos hacía la Federación Sindical Mundial, conformada especialmente por las organizaciones sindicales de matriz comunista, para que ingresáramos en ella. Toda una paradoja en un personaje que había mamado el comunismo desde su primera juventud y, además, miembro de las direcciones del PSUC y del PCE.  

 

A principios de 1974 nos reunimos el secretariado de CC.OO. de Catalunya. Allí discutimos la propuesta de Cipriano: hacer una visita a la sede de la CES, en Bruselas, para pedir oficialmente el ingreso de Comisiones Obreras en el sindicato europeo. Dicho y hecho: la delegación la componíamos Tono Lucchetti y un servidor. Lucchetti pasó legalmente la frontera con su coche, un legendario Citröen dos caballos; un servidor en tren con un pasaporte más falso que Judas. En Bruselas nos entrevistamos con altos dirigentes de la CES que nos dieron largas; tan largas fueron que sólo se produjo el ingreso muchos años después, bajo el primer mandato de Antonio Gutiérrez.  

 

En realidad la mayoría de organizaciones europeas eran partidarias de nuestro ingreso en la CES. No así la DGB que, poderosamente influenciada por la UGT y recelosa de nuestro comunismo no tenía ningún interés en ello. Ni siquiera bastó la actitud positiva de las Trade Unions inglesas ni la influencia del sindicalismo italiano. Cipriano lo sabía, pero no podía dejar de intentar poner, nunca mejor dicho, una pica en Flandes.

 

Lo que siempre me resultó chocante es que en los libros y documentos de los grupos dirigentes confederales nunca se hizo mención a la idea de Cipriano García. Un servidor siempre insistió en ello, fracasé siempre en mi intento de que se le reconociera que el primer intento fue cosa de Cipriano.

 

Nota bene:  esta entrada tiene un doble interés. Por un lado, dejar sentado quién fue el pionero de la relación entre Comisiones Obreras y la CES; por otro lado, molestar a quienes se han empeñado en silenciarlo, sabiendo de antemano que, tal vez, seguirán dando la callada por respuesta.   

 


 

lunes, 11 de mayo de 2015

Raúl Castro y el Papa de Roma

Ya lo han visto ustedes: Raúl Castro, el viejo león del comunismo cubano hace muy buenas migas con el Papa de Roma. No tiene nada de extraño, podríamos decir, en un hombre cuyo pragmatismo es celebrado en el área de las relaciones internacionales. No hay una especial novedad en que Bergoglio le caiga bien a Raúl.

Los que empezamos a advertir algunas novedades importantes en los comportamientos de Francisco no caímos bien en algunos internautas que seguían viendo al Papa como un sepulcro blanqueado de la vieja iglesia católica, apóstólica y romana. Recuerdo que a mi amigo Gabriel Jaraba y a un servidor nos llamaron papanatas toda una serie de gentes de izquierda y, con más sarcasmos todavía, quienes ajustaban cuentas con su propio pasado de ex seminaristas. Fueron personas que ni siquiera movieron un dedo, y siguen sin hacerlo, para generar una relación de fuerzas favorable a Francisco frente a las poderosas cofradías –religiosas y laicas--  reaccionarias. El error de bulto de mis amistades sigue en pie. De manera que Francisco parece seguir (casi) solo ante el peligro.

A esto que viene Raúl y, sin encomendarse a Dios ni al Diablo, afirma tajantemente que si Francisco «continúa hablando así, les aseguro que volveré a rezar y  regresaré a la Iglesia». Lo ha declarado urbi et orbe, dejando sin habla a más de uno con o sin mando en plaza. Tras leer tan llamativas declaraciones he sospechado que padezco de paralexia. Nada de eso, vuelvo a la carga: Raúl dice lo que ha dicho. No hay vuelta de hoja.

¿Cuál es la clave de estas declaraciones? ¿Qué quiere dar a entender Raúl Castro con eso de «regresaré a la Iglesia»? ¿Quiere dar a entender que el compromiso y la talla moral de un hombre es capaz de hacer que el pensamiento “materialista” emigre a la inmanencia “idealista”? ¿Y si Francisco se cae por las escaleras y pasa a otro mundo –perdón, Dios no lo quiera--  volverá Raúl a las tradicionales certezas del materialismo? Entonces, intrigado, me pregunto qué relación existe entre la probidad regeneracionista de Bergoglio y lo que tiene en la cabeza este viejo león del marxismo? ¿O se trata de que Raúl está buscando otra respetabilidad histórica?

Me aventuro a esta hipótesis: Francisco seguirá su camino reformista, Rouco y sus hermanos continuarán maniobrando en su contra. Y ya veremos qué hace Raúl. Sea como fuere el menor de los Castro se ha pasado de rosca o su materialismo era cinco duros de ideología. Puede, por otra parte, que la hipótesis tenga algo que ver con la famosa apuesta de Pascal: «La razón es que, aún cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria eterna». Dicho en plata: Raúl o el pragmatismo. O sea, que este hombre tampoco se juega su futuro a los dados.

¿Sabe alguien si el primer Castro ha rugido desde su tumbona?



domingo, 10 de mayo de 2015

Una patología social



Una voz responsable y poco amiga de chismes me pone un ejemplo que ha vivido personalmente. Mientras me lo explica la voz le tiembla ligeramente porque está conteniendo a duras penas su indignación.

En el comedor de la escuela un chavea de diez años se dirige a la camarera y con voz pausada le exige: «Quítame ese moco del tenedor». La veterana camarera mira y remira el tenedor; no hay tal moco; el resto de los chiquillos de la misma mesa tampoco ven moco alguno. Ni siquiera un átomo de moco.

El arrapiezo insiste, ya con los ojos extraviados, en que hay un moco. Y sigue exigiendo a la camarera.  Esta, al final, le espeta que si hay un moco que lo quite él mismo. Es entonces cuando se produce una salida de tono asaz estrambótica y extrañamente autoritaria del mocoso: «Tú quitas ese moco, porque pa eso te pago». La camarera veterana se pone roja como una amapola. Y muerta de miedo –me dice mi informante—coge una servilletilla de papel y le quita un moco inexistente a un tenedor. El demediado chavea toma el tenedor y, ufano, saborea su triunfo.


Repito, esta es una historia verídica, tan real como irreal era el moco. En todo caso, empiezo a cavilar y soy incapaz de enhebrar una explicación al autoritarismo de ese sujetillo de diez años ni por supuesto, a los orígenes de dicha actitud. Sólo se me ocurre una explicación tan irrelevante como esta: una de tantas patologías sociales. Con todo, me avergüenzo de no poder sacarle más punta al lápiz. Lo único que se me viene a las mientes es que ese mocoso no llegue a concejal o alcalde. Que ni siquiera pueda ser jefe de escalera. A menos que se ponga de rodillas ante la veterana camarera y ante todos los que estuvieron ese día en el comedor le pida mil perdones. Esta es una condición necesaria y, tal vez, no suficiente.    

jueves, 7 de mayo de 2015

No subestimen a Esperanza Aguirre

Mucha gente tiene a la señora Condesa (consorte) de Bornos por una atolondrada trotaconventos.  Creen que es un personaje alocado que va a salto de mata, a golpe de prontos. No es este mi parecer, aunque tampoco diría que es lo contrario. Tengo para mí que, cuando improvisa, no dice más disparates que el resto de los dirigentes políticos. Es más, cuando afirma algo que suena a estridencia está buscando concienzudamente algo. No hay, por lo general, improvisación. Que todo ello huela a la valleinclanesca Corte de los Milagros ya es harina de otro costal.

Doña Esperanza Aguirre es consciente de su atractivo en algunos sectores de la población. De ahí su hábil manejo de solecismos políticos y otras figuras retóricas que, por lo general, suelen ser celebradas con alborozo por sus admiradores, que no son pocos. Nuestro Lope de Vega, hombre avisado donde los haya, ya dejó dicho algo que viene al pelo: «Forzoso es hablarle al vulgo en necio para darle gusto». Que este personal sea incapaz de resolver una regla de tres simple, también es harina de otro costal.

La Condesa consorte conoce ese paño y en él se mueve, desparpajadamente, a sus anchas. El resto de la llamada clase política ignora las costuras de ese personal. Así pues, ese vacío lo cubre esta Lady a sabiendas y queriendas. Y por lo que se ve con no poco predicamento. Es la atracción que tiene la llamada antipolítica en ciertos sectores populares.

Las declaraciones de esta Lady sobre Manuela Carmena --«Esa señora no es jueza, es del cuarto turno»--  intentan proponer otras claves. Primero, se dirigen a esa fracción del electorado de la derecha cañí, renuentes ahora a votar al Partido Popular; y 2) se dirigen a determinados sectores recelosos o poco amistosos del poder judicial. Es decir, hay que rebañar votos en esa olla podrida.  Rebañarlos hasta conseguir un pleno de todo ese universo que le es favorable.

Y, comoquiera que ese comistrajo de la Lady viene adobado con otros aderezos, la cuestión adquiere una importancia que se escapa ya del terreno de la llamada antipolítica. Añade la condesa consorte que Carmena «es abogada laboralista que estaba con los de Atocha, entonces miembros del Partido Comunista» (sic). Lo que evidentemente tiene una connotación de otro orden. No es sólo la obsesión berlusconiana contra «los jueces comunistas» para cubrir sus vergüenzas sino la advertencia de que –sin saber de dónde--  vuelven a escena los comunistas, disfrazados de otra cosa para no infundir sospechas.

Sugiero al amable lector que conecte con Antonio Baylos en http://baylos.blogspot.com.es/2015/05/esperanza-aguirre-el-cuarto-turno-los.html. De esta manera tendrá más elementos de reflexión sobre lo que, de ninguna de las maneras, es un pronto de esa “atolondrada Aguirre”. O la no menos suculenta de Paco Rodríguez de Lecea en http://vamosapollas.blogspot.com.es/2015/05/candidatos-o-furtivos.html.  


En suma, estamos ante un personaje convencionalmente grotesco, pero simultáneamente un potente adversario político. Su propensión a la mentira es, por lo demás, asumida como verdad por sus parciales, al tiempo que una poderosa mercancía para los medios de comunicación siempre a la búsqueda de que la tal Lady muerda a un perro.  Me permito una amable sugerencia: no la subestimen.  ¿Quieren que haga una lista de todos aquellos a quienes se ha subestimado? 


miércoles, 6 de mayo de 2015

Cipriano García, padre fundador de Comisiones Obreras

Nota bene.— Próximamente se conmemorará el veinte aniversario de la muerte de Cipriano García. CC.OO. de Catalunya prepara para el día 18 de este mes un acto de homenaje y recordatorio de su figura. A continuación expongo aquí el primer redactado de mi intervención en dicho acto. Es un borrador para amigos con la idea de perfilar mejor mi participación en tal acontecimiento.

José Luis López Bulla


Primer tranco


De la «clase probable» a la «clase movilizada»


La generación fundadora de Comisiones significó una gran transformación en los movimientos sociales europeos a mediados de los años sesenta. Esta transformación ha sido, a mi entender, la más importante del sindicalismo antes de las que se operaron tras el otoño caliente en Italia, en Inglaterra con la de los shop  stewards o en Polonia con Solidarnösc. Cipriano García fue una de las personas más representativas de aquella generación.

Los rasgos esenciales de aquella generación fueron los siguientes: a) puso en marcha un movimiento de trabajadores abierto en las empresas –esto es, no clandestino— en plena represión de la dictadura franquista, que aprovechó las posibilidades e instrumentos de aquella ´legalidad´  combinándola con formas paralegales y extralegales; b) el centro de decisión del conflicto era la asamblea de todos los trabajadores; c) esta unidad social de masas se correspondía con la naturaleza unitaria de aquella generación, que no hacía distingos políticos ni confesiones religiosas; d) en esa praxis unitaria está el germen de la búsqueda tendencial de la independencia sindical, no sin altibajos, de ese sujeto social nuevo, al que no dudamos en calificar de «acontecimiento».   

Digamos que estos rasgos esenciales no eran el resultado de unos planteamientos teóricos sino de una praxis asumida con naturalidad. Estos rasgos explican la génesis de aquel movimiento que se traduce en convertir la «clase probable» en «clase movilizada», una categoría de la que habló en su día Pierre Bordieu.  El secreto de aquel acontecimiento fue situar la acción colectiva en el centro de trabajo y estudio: el bidón, el andamio y el pupitre, como dije en cierta ocasión. Esa fue la ortopraxis de las nacientes comisiones obreras, así en minúsculas todavía. El comisionado era el dirigente real y formal, elegido participativamente en la asamblea. 

Los comunistas y el nuevo movimiento obrero

Que Cipriano García fuera un destacado dirigente del comunismo español, al igual que su querido compañero Ángel Rozas, nos vuelve a proponer la necesidad de revisitar las relaciones entre el PSUC, el PCE y Comisiones Obreras. En primer lugar, es obligado decir que la insurgencia de Comisiones fue el resultado de una práctica original, propia de los trabajadores en las principales empresas fordistas del país. En esos momentos, los dirigentes comunistas de ese movimiento de trabajadores tenían, por así decirlo, una doble  actividad: de un lado, en una organización clandestina, la Oposición Sindical Obrera, que –para decirlo coloquialmente--  eran cuatro y el cabo; de otro lado, en esas nacientes comisiones obreras. Las charlas con el maestro Ángel Rozas son un rico testimonio de esa militancia bífida.

Cipriano García --y aquella generación— entendieron, en un momento dado, que aquella «clase movilizada» ya no cabe en la Oposición Sindical Obrera que, por lo demás, poco o nada tenía que ver con aquel movimiento de trabajadores. La primera consideración es: supo romper con aquel cachivache, la OSO, y volcarse en el estímulo de lo nuevo, poniéndose a la cabeza de lo que tendencialmente era un movimiento unitario, de masas, y para ello debía ser abierto, no clandestino.

Nadie podrá reprochar al comunismo español que teorizara e, incluso, interviniera en lo que estaba sucediendo en esos primeros andares de aquel movimiento de trabajadores. Que le propusiera una teoría y le prestara lo mejor de su intendencia. Lo supieran o no estaba haciendo algo similar a lo que pusieron en marcha Giuseppe Di Vittorio en Italia años atrás en tiempos de la lucha contra Mussolini. Tampoco nadie podrá reprochar al PSUC que inspirase a Comisiones Obreras lo que en su día llamamos la cuestión nacional de Cataluña. Sin ningún género de dudas fue nuestro Cipri quien más y mejor se empeñó en ello, y quien más visiblemente se enfrentó a otras componentes de Comisiones Obreras que tenían una posición radicalmente contraria.

La historia antigua de Comisiones Obreras está marcada por diversas fases en las relaciones entre el partido y el sujeto Comisiones, que coinciden con la presencia activa de Cipriano García: 1) una fase inicial de tutela por parte del comunismo español, 2) un periodo de búsqueda de la independencia sindical, y 3) de la asunción plena de dicha independencia. Digamos, pues, que hay un primer Cipriano que ve, como cosa natural –y sin ni siquiera planteárselo--  esa relación de tutela y cordón umbilical; y, a la vez, un segundo Cipriano que va compartiendo la necesidad de, al principio, una resituación de ese problema y, después, una solución definitiva basada en la mutua independencia de ambos sujetos, el político y el social.
De hecho, podríamos decir que fueron los dirigentes sindicales de militancia comunista quienes más utilizaron su  influencia en el partido para romper aquella prótesis de la correa de transmisión. Digamos que tres cuartos de lo mismo ocurrió con líderes como Marcelino y Nicolás Sartorius, al igual que lo hicieran Di Vittorio, Lama y Trentin en Italia.

En todo caso, parece oportuno plantear lo siguiente: a medida que Comisiones Obreras avanza en su planteamiento de ser sindicato --algo relativamente tardío y nunca suficientemente claro hasta poco antes de la legalidad— va apareciendo con más claridad la necesidad de ser un sujeto independiente. Esa tendencial búsqueda de la independencia es, en buena medida, la consecuencia de observar que las ventajas aparentes de la dependencia del comunismo español son menores que la independencia. Lo que no representa desdoro alguno para el PSUC ni para el PCE. Lo que explicaría que la opción de UGT por escaparse del PSOE es mucho más tardía, también porque no es igual ser independiente de un partido menor que de una organización, en aquellos tiempos tan poderosa, como el PSOE.  

Cambiando de tercio, me interesa traer a colación algo referente a Cipriano del que se ha hablado poco. Un año antes de la famosa asamblea de Barcelona de Comisiones Obreras de toda España, en el verano de 1976, Cipriano fue insistiendo en la necesidad de proceder ordenada, pero rápidamente a la transformación de aquel movimiento de trabajadores en sindicato. UGT estaba apareciendo de manera abierta y la patronal se estaba estructurando: nosotros seguíamos deshojando la margarita. Tampoco lo hicimos en la asamblea de Barcelona que concluyó con gran ambigüedad. Lo tuvimos que hacer en el otoño de una manera casi vergonzante y un tanto administrativamente. Cipriano estaba que se le subían los demonios. Con toda la razón del mundo.

Por otra parte,  poco se ha hablado del impulso que dio personalmente al cambio generacional en la dirección del grupo dirigente. Con cincuenta años de edad nos empujó –más bien nos obligó-- a un grupo de veinteañeros a asumir la dirección de Comisiones Obreras de Cataluña. Nunca nos sentimos vigilados; es más, cuando le reclamábamos el consejo nos repetía: «volad, volad con vuestras alas».


Segundo tranco


La situación ha cambiado radicalmente desde, podríamos decir, los tiempos de Cipriano García.  Hoy, lo sabemos bien, nos encontramos en un paradigma radicalmente distinto: el de la reestructuración—innovación de los aparatos productivos y de servicios en el cuadro de esta globalización asimétrica, presidida por el capitalismo financiero. Nos parecen claros los objetivos: generar una nueva acumulación capitalista. Para lo cual le sobran los poderes,  controles y derechos, los sujetos críticos y todas las interferencias que suponen para lo anterior los sistemas públicos de protección. En suma, los elementos básicos de la democracia. De ahí que se esté consolidando el proceso de subordinación de la política a la economía y a los intereses de los grandes capitales especulativos, desapareciendo –al menos en nuestro país— los espacios de la autonomía de la política.  

Si todo ha cambiado (y ese cambio no ha hecho más que empezar) en el centro de trabajo, en la relación entre centro de trabajo y territorio vale la pena prestar algo más que atención a las palabras de Ignacio Fernández Toxo: «Si el sindicato no se reinventa se lo llevará el viento de la historia por delante». A decir verdad, un servidor nunca ha oído unas palabras tan valientes y certeras en el sindicato. Salvando las distancias ese llamamiento me recuerda lo que Cipriano hubiera dicho con relación a la Oposición Sindical Obrera: «Esto no pita». Dicho y hecho: se pusieron manos a la obra y arrimaron el hombro a la novedad de aquellas comisiones obreras que ellos mismos iban creando.

Ahora bien, hay una enemistad a esta gran operación que propone Toxo. Él mismo ha señalado: «No podemos seguir haciendo lo mismo para conseguir los mismos resultados». Unas palabras que podrían haber sido suscritas por la generación fundadora de Comisiones Obreras en aquellos tiempos lejanos. Entiendo, por otra parte, que lo que plantea Toxo no está  bien acompañado. Diré sin protocolo que apenas si se producen voces de apoyo concreto y con hechos concretos al planteamiento del secretario general de la Confederación. Por otra parte, me ha producido una cierta perplejidad lo manifestado por un dirigente confederal que ha afirmado que «el sindicato necesita un cambio de imagen». No es que sea, como lo es, una banalidad; es que un cambio de imagen no garantiza absolutamente nada. Como tampoco darle a la casa una mano de pintura. Así pues, es la hora de hincarle el diente a la propuesta de Toxo.

Para una pormenorización –tanto de los argumentos como de las propuestas concretas--  yo sugeriría lo que he expuesto en La parábola del sindicato (http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/09/la-parabola-del-sindicato.html) que, resumido al máximo, se concretaría en lo siguiente:

n        La conversión del sindicato en un sujeto «de clase y global»;
n        La asunción de que estamos en un nuevo paradigma del capitalismo al que hay que seguir combatiendo;
n        La adecuación de la representación en el centro de trabajo sobre la base de que el sindicato sea el sujeto principal;
n        El establecimiento de normas para ejercer la participación y, entre ellas, que cada convenio o acto contractual sea el resultado de prácticas referendarias;
n        El Código de autorregulación de la huelga en los sectores esenciales de la comunidad;
n        …  y las que se verá en el mencionado estudio de La parábola.

Sea como fuere, el caso es que cada tiempo que pase sin entrar de lleno en el planteamiento de Toxo es una considerable pérdida de tiempo. Y de poder sindical.