martes, 21 de febrero de 2017

El «esquirolaje tecnológico»

¿Han leido ustedes la entrada en el blog de Antonio Baylos sobre la sentencia de Tribunal Constitucional sobre el «esquirolaje tecnológico»? Ahí la tienen: http://baylos.blogspot.com.es/2017/02/esquirolaje-tecnologico-y-tc-habla.html. Imprescindible leer esta entrada.

«Esta sentencia, la 02/02/17  es tan importante como lamentable para los derechos fundamentales de los trabajadores». No lo dice una pancarta sindical sino don Carlos Hugo Preciado Domènech, Magistrado de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. Una sentencia que contradice los planteamientos anteriores del Tribunal Supremo. Lo que indudablemente complicará más el ejercicio del derecho de huelga en el centro de trabajo innovado.

Las nuevas complicaciones se sumarán a las que venimos observando desde 1977 cada vez que hemos reflexionado sobre las interferencias que el hecho tecnológico provoca en el ecocentro de trabajo. Vale decir que el sindicalismo ha sido bastante remolón sobre el particular. Sigue ejerciendo la huelga en el nuevo estadio de innovación y restructuración de los aparatos productivos como en la etapa anterior. La sentencia del Tribunal Constitucional llueve sobre mojado. De ahí que volvamos a la carga con nuestros planteamientos.

Decíamos ayer que «Históricamente el ejercicio del conflicto se ha caracterizado por un acontecimiento rotundo: si la persona dejaba de trabajar, la máquina se paralizaba por lo general; este detalle era el que provocaba la realización de la huelga. Hoy, en no pocos sectores, la ausencia de vínculo puntual entre el hombre y la máquina (esto es, que la persona deje de trabajar) no indica que la máquina se paralice. Más aún, gran parte de los conflictos se distinguen porque las personas hacen huelga (dejan de trabajar), pero las máquinas siguen su plena actividad. Podemos decir, pues, que la disidencia que representa el ejercicio del conflicto no tiene ya, en determinados escenarios, las mismas consecuencias que un antaño de no hace tanto tiempo. Esto es algo nuevo sobre el que, a nuestro juicio, vale la pena darle muchas vueltas a la cabeza. Parece lógico, pues, que el sujeto social se oriente en una dirección práctica de cómo exhibir la disidencia, promoviendo el mayor nivel de visibilidad del conflicto. En otras palabras, la visibilidad del conflicto tendría como objetivo sacar la disidencia del espacio de la privacidad para hacerla visiblemente pública. En suma, para una nueva praxis del conflicto, apuntamos los siguientes temas de reflexión: 1) el carácter y la prioridad de las reivindicaciones, tanto generales como aquéllas de las diversidades; 2) la utilización de la codeterminación; 3) los mecanismos de autocomposición del conflicto; 4) la utilización de las posibilidades reales que ofrecen las nuevas tecnologías para el ejercicio del conflicto; 5) nuevas formas de exhibición de la disidencia, dándole la mayor carga de visibilidad en cada momento.» Así lo decíamos el 5 de abril de 2015, como síntesis de nuestras observaciones desde 1977, en http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/09/la-parabola-del-sindicato.html.

De manera que mantener el viejo estilo cuando todo ha cambiado es un derroche de ineficacia. La sentencia del TC es otra llamada de atención. En suma, la combinación de la rutina  y esta sentencia pueden ser letales para el ejercicio del conflicto social. Digamos, pues, que  si se habla –y se está empeñado--  en el repensamiento del sindicato, ¿acaso hay que hacerse el distraído en torno el ejercicio del conflicto social? Doctores tiene la Iglesia.


lunes, 20 de febrero de 2017

Cataluña y sus posverdades


Enric Millo, delegado del Gobierno en Cataluña, declaró hace días a la televisión autonómica catalana que había «conversaciones discretas» entre Madrid y Barcelona. Para darle mayor verosimilitud lo acompañó con un sugerente lenguaje corporal como indicando a la audiencia ¿estás en lo que es. Y amplió lo dicho a un enigmático «a todos los niveles», sin precisar cuáles. ¿Posverdad?  Antes de que el susodicho Millo entrara en el coche oficial ya había respuesta de las autoridades autonómicas. De eso nada, respondieron. Aquí no hay conversaciones ni nada que se le parezca. ¿Posverdad? En todo caso, tenemos un problema: ¿qué ocurre cuando chocan dos posverdades, una que mira a babor y la otra a estribor? Todo un problemón, cuya forma de despejarlo no aparece en los tratados de lógica de Bertrand Rusell.  

Ahora bien, podemos abundar en el tema partiendo de las siguientes consideraciones: Millo siempre fue una persona reñida con decir la verdad. Pero también las autoridades autonómicas que han desmentido la noticia tampoco tienen buenas relaciones con la verdad. Así es que estamos ante un trilema: o ambos dicen la verdad o ambos mienten o, finalmente, hay uno que miente desparpajadamente. Ciertamente, sigue la complicación. Por lo que todavía no estamos en condiciones de saber quién es el que organiza esa chuminada de la posverdad. “Aproximadamente” quiere decir en este caso a estilo compadre.

De manera que debemos seguir con el escardillo y hurgar en los textos de lo que declaran Millo y sus detractores. De Millo no podemos decir nada más, tiró la piedra y escondió la mano. La indagación nos lleva, pues, a interpretar las declaraciones de otro posverdadero, Carles Puigdemont.  Lo haremos siguiendo, aproximadamente, el andamiaje de los juegos del lenguaje de  Ludwig Wittgenstein.  

El president vicario de la Generalitat de Catalunya ha declarado a los periodistas que «la oferta del Estado es como el Espíritu Santo, todo el mundo habla de él, pero nadie lo ha visto». Aquí, en esta frase está el problema. Todo indica que nadie ha visto al Espíritu Santo, y por lo que se ve tampoco los ex convergentes lo han visto. Sin embargo, son miles los independentistas que sí creen en la Blanca Paloma. Que siguen la máxima famosa de «Credo quia absurdum», que el filósofo de Parapanda tradujo como creo porque es absurdo. Mira por dónde no ver y creer al Espíritu Santo introduce algunas dudas acerca de la posverdad de Puigdemont. De esa chuminada de la posverdad.


Sugiero, en todo caso, que para detectar si se dicen posverdades, a partir de concejal para arriba deberían someterse a un polígrafo. Ante cada declaración o discurso. Costeado, naturalmente, por quien habla.     

domingo, 19 de febrero de 2017

Barcelona es mucho Barcelona. Por ejemplo, ayer

Barcelona sigue siendo mucho Barcelona. Ayer volvió a dar la talla. A las cuatro, a las cuatro en punto de la tarde no cabía un alfiler en el lugar indicado y sus alrededores.  Una marcha inacabable. Centenares de miles de personas camino de la mar mediterránea. Con una fuerte exigencia moral. Con una denuncia política de altos decibelios. Barcelona, archivo de solidaridad y casa de acogida.

La exigencia moral: que se rompan todos los obstáculos que impiden que los refugiados sean acogidos y puedan vivir con dignidad. La denuncia política a los países de la Unión Europea que lo impiden de facto. Por supuesto, también al gobierno de Mariano Rajoy. Eso fue ayer, nuevamente, Barcelona. La Barcelona de Salvador Seguí, Noi del Sucre y Joan Peiró; de Gregorio López Raimundo y Joan Reventós; de Franscesc Casares y Cipriano García; de Mossèn Vidal y  Manuel Vázquez Montalbán. Y de muchísimos más.


La manifestación barcelonesa sugiere unas reflexiones obligadas. De un lado, es la derrota estrepitosa de los intentos –unos sutiles, otros directos--  de convertir la solidaridad en un delito. Es decir, cuando los comportamientos de la aceptación del inmigrante son considerados como ilegítimos y, llegado el caso, previendo sanciones. De otro lado, la masiva reacción barcelonesa sugiere que la solidaridad sigue siendo un valor profundamente enraizado. Ciertamente, tampoco es irrelevante el volumen de sus adversarios y la crispación de quienes la combaten. Así están las cosas, pero de momento ahí está Barcelona y sus buenas gentes. De las que quieren abrirse al mundo y, sobre todo, a la problemática de los más desfavorecidos. No escondemos las dificultades, pero ahí hay mantillo para robustecer la solidaridad y mimbres para llevarla a cabo.


sábado, 18 de febrero de 2017

¿Todos somos iguales ante la Justicia? Anda ya

El dómine Cebra

Quienes dicen que «todos somos iguales ante la justicia» deberían tener más comedimiento. Esta es una frase cuyo contenido abstracto es quizá imbatible. Pero cuando se concreta en las cosas de la vida la cosa es mucho menos cierta. Es más, puede ser una falacia tranquilizante para las almas de cántaro. Porque los mecanismos concretos que intervienen en la concreción de la justicia son impepinablemente desiguales. Esto puede sonar a grupuscularmente anti sistema, pero es cierto. Muchos casos que se han dado en la historia lo avalan.

Ayer los espectadores del programa televisivo  8 al dia, que dirige, presenta, rueda, entrevista y responde Josep Cuní, el abogado defensor de la señora Cristina Borbón y Grecia, Pau Molins (bufete Roca i Junyent), nos informó que el rey Juan Carlos encargó personalmente a Miquel Roca la defensa de la infanta. (Quedamos agradecidos por la noticia, que nunca se había hecho pública). Naturalmente papá no se dirigió a un vulgar picapleitos de barriada. No le ocurrió lo mismo al padre de Alejandro Fernández, joven granadino, que sin antecedentes penales fue juzgado y sentenciado a 6 años de prisión por estafar cerca de 80 euros con una tarjeta falsa cuando tenía 18 años. Naturalmente, el padre de Alejandro, parado, no podía pagar a un abogado de altos pelendengues. De manera que no sabemos si la Justicia es ciega, pero –con toda seguridad--  tiene tortículis en no pocas ocasiones según quienes sean los encausados. Ni siquiera en la aplicación del indulto. La familia del joven Alejandro ha pedido el indulto. Este joven fue condenado varios años después de haber cometido el delito y ya haciendo una vida completamente honrada.  Hay más ejemplos.

En resumidas cuentas, la Justicia sigue teniendo importantes zonas grises. Pero, al igual que digo una cosa digo la otra: en muchas ocasiones los tribunales han actuado con una gran dignidad. En los terrenos sociales, económicos y de lucha contra la corrupción. No verlo también de esa manera sería injusto y erróneo. Sobran los ejemplos.



viernes, 17 de febrero de 2017

La Infanta tontuela

El dómine Cebra


Todavía queda mucho trecho para hablar de igualdad real de la mujer en comparación con los hombres en España. En todos los ámbitos: en el trabajo asalariado, en la dirección de las empresas, en la política… Tan cierto como decir que el rio Genil atraviesa lentamente la Vega de Granada. Incluso a pesar del salto de cualidad que, de un tiempo a esta parte, está teniendo la presencia de la mujer en la vida social, cultural y política española. Y la conquista (todavía insuficiente) de la mujer en los espacios de la sociedad. Una conquista fatigosa y, según cómo se mire, heroica.

No es este el caso de Cristina de Borbón y Grecia, que las  convenciones al uso la hacen ser infanta de España. Tras la sentencia del Tribunal que ha visto el llamado caso Nóo´s ha quedado como una tontuela e ignorantona. A pesar de su titulación como licenciada en Ciencias Políticas, según consta en los registros académicos. Nunca supo nada de las barrabasadas de su cónyuge. Sólo estaba allí: «del salón en el ángulo, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase la infanta». Que diría el poeta sevillano.  

Habrá que convenir que esta señora no es sociológicamente representativa de la mujer española, de lo que está siendo la mujer española. Es el pasado tontuelo. Es lo que definitivamente se está yendo. Esto es lo que sin decirlo ha manifestado la sentencia. 


jueves, 16 de febrero de 2017

EL BANCO DE… ¿ESPAÑA?


Lluis Casas

La interrogación añadida es una inicial respuesta prudente a una sospecha consistente.
El Banco de España con un estatuto que blinda su independencia “política” tiene unas obligaciones que se mueven en el ámbito monetario y financiero. Principalmente debe ocuparse de que el sistema bancario funcione adecuada y correctamente de acuerdo a las leyes, normativas y consideraciones técnicas financieras, entre las que se cuenta la honradez.

Esa cualidad inspectora es enormemente importante, tanto desde el punto de vista de las garantías necesarias que debe ofrecer un banco o equivalente, como de la estabilidad económica que puede desprenderse del funcionamiento financiero. La autonomía aludida pretende que el “poder” político e institucional no se inmiscuya en los deberes establecidos para el Banco. Se incluye en esa protección, el exigible aislamiento frente a los intereses del propio sector financiero.

Esa independencia, presupone desde mi punto de vista que el Banco de España no se inmiscuya, recíprocamente a su protección estatutaria, en asuntos de índole política e institucional, dado que es un organismo técnico. Estoy convencido que el Banco de España nunca ha sido consecuente con su estatuto y mucho menos con la reciprocidad señalada. La historia de consejos, y recomendaciones sobre política económica, social, etc. que el Banco, o mejor su presidente, hace periódicamente al país, a su gobierno y a sus instituciones es infinitamente larga. La recomendación última sobre la edad de jubilación y el sistema de pensiones no es más que una reiteración de lo ya dicho por el banco y/o su presidente desde hace años.

Hay que resaltar que las posiciones “técnicas” en las que se presuntamente se basan las “sabias” recomendaciones del Banco no son compartidas por todo el orbe ideológico. Hay en ellas una gran carga ideológica, política y de interés de clase evidente, cosa que convierte al Banco de España en objeto político estándar, por lo que debería modificar su estatuto y pasar por las Cortes, como mínimo.

Resulta curioso que, por otro lado, el Banco de España ha sido pillado in fraganti en el incumplimiento de sus obligaciones inspectoras y protectoras del buen funcionamiento financiero, es el caso de la salida de Bankia al mercado (a la bolsa). Caso excepcional pues ha sido la judicatura la que ha puesto en cuestión el funcionamiento del Banco a partir de ciertos informes técnicos internos que señalaban con acierto la verdadera situación de Bankia y el enorme riesgo de su salida al mercado de valores. El asunto es un misil nuclear sobre la actividad, la dirección y la honradez del Banco.

La acción judicial es en sí misma una enorme prueba del mal funcionamiento del Banco (dejó al lado el “paquete” de la Comisión nacional del Mercado de Valores, solo porque es menos dada a hacer recomendaciones). Simplemente con la confirmación de la existencia de los informes internos que señalaban los riesgos ciertos de la operación Bankia, el Banco de España debería revisarse y renovarse de arriba abajo.

Este hecho de tanta importancia, me lleva a recuperar las sospechas sobre el papel que ha jugado el Banco de España en la auto inmolación de las cajas de ahorro. Sabiendo que el banco supervisa in situ las cuentas y las normas de gestión bancarias, resulta sorprendente que los riesgos brutales que asumían las cajas en la burbuja inmobiliaria y sus variados sortilegios inversores y de apalancamiento, no fueran oportunamente puestos en evidencia y corregidos por la autoridad del Banco de España. La situación no era desconocida en absoluto para quien tuviera interés en esos asuntos, por lo que debería serlo mucho menos por quien estaba al cabo de la calle en la información detallada de cada caja.

Ese absurdo, un banco central que no se entera del gravísimo incendio bancario, no es creíble. El Banco de España lo sabía todo o casi todo. Y no hizo nada más que alentar (por acción u omisión) la profundización de los riesgos. El objetivo, pienso que está claro. La monopolización bancaria del país con la eliminación del 50% del sector en manos de las cajas (una especia de propiedad pública). Se consiguió un éxito absoluto, con unos costes brutales que el país (o un sector) pagará durante decenios.

No cito más que de pasada, como corolario, la falta de autoridad ejercida sobre los bancos y las cajas en asuntos de productos financieros, piensen en la crisis hipotecaria. Ha sido también en eso necesaria la intervención judicial, de los tribunales europeos esta vez. Una acción reiterada, puesto que ni el gobierno, ni el Banco de España se daban por aludidos.

Pienso que, si la revisión judicial de la salida a bolsa de Bankia se hace consistente, no sería absurdo ir pensando en que la acción del Banco de España antes de la crisis y después de la crisis fuese también revisada. He ahí un asunto verdaderamente importante respecto al equilibrio de poder entre la ciudadanía y los poderosos financieros.

Lluís Casas en plena iluminación.


miércoles, 15 de febrero de 2017

A Pablo y a Íñigo. Contra el olvido en la "nueva política". A las trabajadoras de la limpieza

Escribe, Carlos Espejo

No conozco ni a uno ni a otro. No soy de la generación de ninguno de los dos. No soy de su barrio ni estudié en la misma universidad que ellos. No soy del mismo “momento político”, si se puede decir así, que Iglesias y Errejón. No soy producto de la misma crisis, sino de crisis anteriores, que tambiém existieron. Soy de la generación del “baby boom”. Es decir, soy en buena medida producto de la dictardura, como diría Javier Pérez Andújar, y del corto siglo XX. Ni siquiera soy un seguidor ciego de la etiqueta de la “nueva política”, aunque estoy convencido de la necesidad de una “política nueva”.
Sin embargo, la experiencia, para la no que no sirven los adjetivos de “nueva” o “vieja”, me hace pensar que la enemistad suele tener su principal base en una amistad que se siente traicionada. Hay viejos dichos que dicen que el odio une más que el afecto. Es una forma de desgaste, estúpido, como otro cualquiera. Por esta razón, desde la “periferia” de todos los “centros” quiero decirles a "unos" y a "otros2 -porque la cuestión no se reduce a “Pablo e Íñigo”, con esa aparente confianza de personas conocidas con que se les suele presentar- que entierren los jamones de Bigas Lunas; que piensen en las consecuencias que la grasienta contumacia del garrotazo puede darnos a los que seguimos pensando que hay posibilidades -ni fáciles ni rápidas; por pasos más que por zancadas- de construir alternativas al estado actual de las cosas.

Sinceramente.

Firmado: El hijo de la trabajadora de la limpieza.  
Aclaración necesaria: digo “hijo de la trabajadora de la limpieza” y no de la “fregona”, como algunos se regodean en presentarse hoy, no sé si por inconsciencia o bien por simple broma estúpida, contribuyendo a que todas las madres dedicadas a esta actividad y ellos mismos pierdan eso que se conoce como dignidad obrera.


Rodrigo Rato y Fernández Ordóñez

Escribe, El dómine Cebra



En tiempos de antañazo vivieron literariamente Rinconete y Cortadillo, cacos al por menor, de la mano de don Miguel de Cervantes. En estos nuestros tiempos viven realmente –y han hecho de las suyas--  los epígonos de aquella pareja: Miguel Ángel Fernández Ordóñez, llamado tecnocráticamente MAFO por sus allegados, y Rodrigo Rato, que en los mentideros madrileños le conocen como Manos Ligeras. Cacos al por mayor.Si hubiera un escritor que relatase los Episodios Nacionales bis no haría ascos a escribir un episodio que hablara de MAFO y Manos Ligeras. Si Carlos Zanón va a sacar un nuevo Carvalho, no veo el inconveniente que otro escritor haga lo mismo con los viejos Episodios galdosianos. O la misma Corte de los Milagros.

MAFO (el hombre sigla), en su tiempo de gobernador del Banco de España, dedicó mayoritaria y celosamente su tiempo a sugerir las más drásticas políticas de recortes, disminución de los salarios y desestructuración del mercado laboral. Una actitud febril y paroxística, se diría. Manos Ligeras fue más directamente al grano, y con las técnicas más arteras –las que mamó desde que le salieron los dientes de leche— fue amasando caudales en el ejercicio de todos sus cargos. Ambos casos merecen un episodio nacional.

Manos Ligeras fue designado por Mariano Rajoy para que dirigiese la loca operación  de la fusión de unas cuantas cajas de ahorros desguazadas y dar a luz Bankia. MAFO estaba al tanto de las averías mayúsculas de dichas entidades financieras. Bankia declaró unos beneficios de 309 millones de euros, cuando en realidad tenía un descomunal agujero de 3000 millones. Pero el caballero  MAFO no podía intervenir –o no quiso--  porque el tiempo lo dedicaba a tronar contra los sindicatos y las reivindicaciones de los trabajadores. Tanta distracción voluntaria le llevó a intentar engañar a tirios y troyanos ocultando posteriormente la bancarrota de Bankia.  Sépase que algunos inspectores del Banco de España le avisaron con tiempo suficiente. Pero MAFO iba a lo suyo. Después vino lo que vino. Las preferentes, la bancarrota y el rescate financiero. Un forraje considerable para la Audiencia Nacional. MAFO está imputado, que ahora llaman investigado.


Ustedes sabrán dispensarme si me excedo en mis atribuciones: espero que la justicia estruje a estos dos tipos. 

martes, 14 de febrero de 2017

Mr. Donald Trump, son los robots y no los mexicanos

Joaquim González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL


"La próxima ola de dislocación económica no provendrá del extranjero. Nacerá del implacable ritmo de la automatización que convierte muchos buenos trabajos de clase media en obsoletos". Discurso de despedida 10 de enero 2017 Barack Obama.



El nuevo presidente de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump, repite cada día a los trabajadores y trabajadoras de las industrias de su país que él, con su política nacionalista y proteccionista, conseguirá recuperar el empleo que la globalización y la inmigración han “robado” a los trabajadores americanos.

Es indudable que la globalización, y con ella la deslocalización de empresas y producciones, es la causa de la pérdida de millones de empleos en EEUU y en Europa, en particular de los sectores más intensivos en mano de obra de las industrias manufactureras, debido a los cambios vividos en las últimas décadas, entre otros el comercio con China y los países asiáticos o México.

Pero también sabemos, así lo confirman la mayoría de los expertos, que tanto en EEUU como en Europa la causa más importante en estos últimos años de la destrucción de empleo ha sido la automatización. Y más lo será en el futuro. Nos lo recuerda el estudio del Center for Business and Economic Research de la Ball State University que indica que “en el pasado año, el principal factor en la desaparición de empleos  en EEUU fue la automatización en el 88% y la deslocalización el 12%” y lo confirma el economista laboral del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU) David Autor, quien afirma que "la automatización es un factor mucho más decisivo para la desaparición de puestos de trabajo en la industria manufacturera que la externalización o los acuerdos comerciales internacionales”.

Pero es más fácil y útil políticamente y, sobre todo, más rentable para los poderes económicos que representa Trump, buscar las razones del desempleo y la precarización del trabajo en enemigos externos, en este caso México o China, y con ello esconder el debate social sobre los riesgos y oportunidades que representa la automatización, la digitalización y la robótica. Por esto, como afirma  Thomas H Davenport  (Harvard Business Review en español 19-1 2017), “‘Trump no le prestó ninguna atención a la automatización durante la campaña electoral, ni tampoco tuitea nada sobre ello”.

Y así se elude del debate los efectos aún imprecisos de la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica, y sobre todo se presiona para que el mercado privado se implante sin ningún tipo de reglas ni políticas públicas que lo condicionen. Se pretende que miremos hacia otro lado sacando del foco político, social y mediático, la necesaria discusión, en la sociedad y en las empresas, de una transición justa para aquellos colectivos cuyos empleos van a ser desplazados por la revolución tecnológica que estamos viviendo.

Pero Trump lo sabe, como también lo saben esas otras figuras de todo el mundo que  como él sacan partido de la banalidad y la rabia, que azuzan los sentimientos nostálgicos y nacionalistas, que encuentran el apoyo de gente que se identifica como excluida del sistema, y señalan chivos expiatorios en los eslabones más débiles de la sociedad. Saben que no son los mexicanos quienes quitan el trabajo a esos americanos que le han votado como presidente de EEUU. Serán más bien los robots, y eso es más difícil de gestionar. Esos robots que su Secretario de Trabajo, Andrew Puzde, ha descrito como: “Ellos siempre son educados, nunca toman vacaciones, nunca llegan tarde, nunca tienen un desliz, ni una caída, nunca son causa de discriminación por razón de edad, sexo o raza”.

Un nacionalismo al que el movimiento sindical de EEUU y también las Federaciones Sindicales Internacionales deben dar respuesta, una respuesta contundente profundizando en la solidaridad, la cooperación y el internacionalismo. El sindicalismo, ahora más que nunca, está llamado a ser el principal muro que impida que progrese el rancio nacionalismo y sus políticas proteccionistas de cierre de fronteras como la solución a la crisis y al paro. Porque ni los mexicanos, ni los marroquíes, ni los turcos o los chinos son los que nos quitan el trabajo. 



lunes, 13 de febrero de 2017

Pablo Iglesias y Enrico Berlinguer

Pablo Iglesias el Joven necesita unos días de descaso. Seguro que su médico de cabecera se lo ha recomendado. Le esperan situaciones complicadas y es conveniente reparar fuerzas. Iglesias debería hacerle caso al doctor. Y durante ese tiempo de necesaria relajación debería leer la biografía de Enrico Berlinguer a cargo de Francesco Barbagallo (Carozzi, 2014). Barbagallo es un prestigioso historiador. Puntilloso donde los haya.

La biografía es un documentado estudio de la vida y milagros del dirigente comunista italiano. La parte de dicho libro que un servidor recomendaría a Iglesias es aquella que relata el juego de corrientes en el interior del PCI y en sus órganos de dirección. De la habilidad del veterano Luigi Longo y del joven Berlinguer en convivir y hacer convivir posiciones tan diversas como las de Amendola, Napolitano y Lama, de un lado, y las de Ingrao, Reichlin y Bassolino, de otro lado. Los primeros, considerados coloquialmente, di destra; los segundos, familiarmente tildados di sinistra. Como es natural en los congresos aparecían tales posiciones con el mayor diapasón. Al final de los congresos, Berlinguer cosía elegantemente los diversos retales como un sastre consumado. Fijaba la posición mayoritaria del partido con sobriedad, sin estridencias, e incorporaba la zona de razón de la minoría ingraiana no contradictoria con las posiciones de la mayoría. Síntesis constructiva. A continuación proponía que los minoritarios estuvieran en los órganos dirigentes en puestos relevantes. No era generosidad. Era política.

Iglesias, tras la asamblea ciudadana de Vistalegre 2, puede hacer dos cosas: o imponer una paz cartaginesa o actuar á la Berlinguer. Optar por lo primero sería un despilfarro de talentos. Que no sólo afectaría a las cabezas de los dirigentes purgados, sino a los sectores, no irrelevantes, que han apoyado sus tesis. Aplicar la sabiduría berlingueriana sería una muestra de saber hacer política.


Por lo demás, tengo el atrevimiento de esbozar una arriesgada hipótesis. A medida que pase el tiempo iremos viendo hasta qué punto Iglesias empezará a aplicar una considerable parte de los planteamientos que ha defendido Errejón. No sería la primera vez que, a lo largo de la historia, los vencedores formales en un congreso, cuando la necesidad se imponía, se apropiaban de las ideas propuestas por los derrotados. Es verdad, nunca lo reconocieron. Pero, ¿qué más da?, aquí no estamos hablando de estética sino de política. Y la política tiene esas paradojas. Queda dicha, pues, mi hipótesis. Ya lo recordaremos cuando se produzca. Y no pediremos derechos de autor. 


domingo, 12 de febrero de 2017

Después de Vistalegre 2 (Nota de urgencia)

La convención de Vistalegre 2 se ha saldado, ya lo saben ustedes, con una holgada victoria de Pablo Iglesias El Joven. Ahora bien, lejos del mundanal ruido de esa magna reunión, podemos decir que la representación de Íñigo Errejón no es irrelevante. Más todavía, que Errejón haya conseguido ser el tercer dirigente más votado indica que un muy amplio sector pablista no se ha dejado llevar por los nervios, y le ha votado. Son dos mensajes que la mayoría podemita haría bien en no echar en saco roto. Pasadas las calenturas previas a la convención es la hora del machihembrado y de un encofrado político. Sería un error si el sector mayoritario procediera a una paz cartaginesa.

Vale la pena hacer una lectura de Vistalegre 2 y compararla con su primera edición. Si quitamos la hojarasca de ambas diremos que, durante ese trayecto, el lenguaje de Podemos ha ido variando. Ciertamente, una parte importante del discurso mantiene grandes dosis de inútil retórica, pero hay variaciones no irrelevantes. Un observador tan atento como Isidor Boix nos lo indica: «Me ha sorprendido una afirmación, creo de Irene Montero, al subrayar la necesidad de una movilización social a la vez que una acción institucional, lo que comparto, afirmando la necesidad de la “movilización en la calle y las plazas, en los barrios, en las escuelas y hospitales”. Se olvidó de “las fábricas”. No es un tema secundario» (1). El veterano sindicalista se refiere obviamente a la relación entre acción institucional y movilización social. O si se prefiere, por extensión, a la formulación togliattiana de «partido de lucha y partido de gobierno».

Dos elementos me han llamado la atención tanto del proceso de Vistalegre 2 como de su realización. 1) La ausencia de análisis de los últimos resultados electorales y 2) la exacerbación del yoísmo y el culto a la personalidad del líder. Que, a mi juicio, han empañado un tantico tan importante asamblea.


Me imagino que la primera limitación se ha obviado porque se quería evitar una reflexión sobre la política de alianzas que, en el fondo, es uno de los problemas sobre el que oblicuamente ha girado el áspero debate entre las dos principales corrientes de Podemos. La segunda es el yoísmo. Yo, yo, yo. Muy pocas veces nosotros. Nunca he escuchado tanto uso y abuso del “yo” en un dirigente político. Es un latiguillo que usa desmedidamente Iglesias y que desluce sus esfuerzos por hablar de un proyecto «coral». Y una dirección «coral». Es más, ese yoísmo es una de las fuentes que exacerba esa tendencia tradicional –podemos decir incluso viejuna--  al culto a la personalidad. Que todos sabemos como acaba. En pesadillas que destruyen todo tipo de sueños. Y la estatua del idolatrado por los suelos. 

sábado, 11 de febrero de 2017

Tapas variadas: Cospedal y Trump

Primer tranquillo

El congreso del Partido Popular es una balsa de aceite. Tranquilidad. Incienso, oro y mirra al líder. Justamente lo contrario de Ok Ferraz y de la zahúrda podemita. Unidos o con apariencia de unidad frente al epifenómeno de las izquierdas, que están divididas en su interior y entre sí. El PP se ufana en proclamar esa unidad; las izquierdas exhiben –con eructos en do mayor--  su división, especialmente la propia. Los apostólicos saben que las encuestas les dicen que tiene el viento de popa. Los aparentemente laicos, sin embargo, chapotean.

Ahora bien, una corriente subterránea indica que en Casa Mariano no es oro todo lo que reluce. Y el poco oro que hay es del que cagó el moro. La «votación Cospedal» no es una votación cualquiera. Algunos congresistas  la han llamado «anti Cospedal». Sea o no así, ha representado una división en toda la regla: 238 votos a favor contra 203. Han ganado cuantitativamente los partidarios del laticargo (la acumulación de responsabilidades: presidenta del partido en Castilla la Mancha, secretaria general del Partido a nivel nacional y Ministra de Defensa). El laticargo ha ganado por los pelos. Primer aviso de la trama sorayista, que dejará huella en las neuronas de los apostólicos.

Segundo tranquillo

No es tan potente el brazo de Trump. Los rumores que venían de América del Norte eran demasiados exagerados. Seguirá haciendo y provocando desaguisados, pero recibirá también algunos cogotazos. Ya, a pocas semanas de su entronización en el Imperio, ha recibido dos considerables collejas. La primera ha venido de la mano del Tribunal de Apelación de San Francisco: su política anti inmigratoria no es de recibo. La segunda tiene como protagonista al premier chino: oiga, no cuela su política de las «dos Chinas», o sea, China no hay más que una y a usted lo encontramos en la calle. Trump no ha tenido más remedio que tragarse el sapo. Alguien tuvo que aconsejarle de que no le colgara el teléfono. China no es Australia. Muchos chinos en China, oiga.

Moraleja: Trump sigue siendo Trump, pero no es invencible. Lo dijimos en Contra Trump: http://lopezbulla.blogspot.com.es/2017/01/contra-trump.html

Radio Parapanda. Me dicen voces cercanas al Guadalquivir y también de la villa de Poldemarx que está en el horno el nuevo número de Pasos a la Izquierda, su revista amiga: http://pasosalaizquierda.com/ Será el número 8.



viernes, 10 de febrero de 2017

Toxo se lo está pensando

Ignacio Fernández Toxo es una persona templada. Tiene un estilo inconfundible que sacrifica la altisonancia en aras a la sobriedad del lenguaje. Digamos que con la misma naturalidad con que da los buenos días convoca una huelga. No cuenta en su capazo con perifollos. Pues bien, con esa misma sobriedad ha declarado a La Vanguardia que en "cuatro semanas" despejará la incógnita de si optará a seguir al frente del sindicato en el congreso confederal que se celebrará a finales de junio (1). Mesura, pues. Ciertamente, el asunto lo merece. No conviene precipitación alguna, ni improvisaciones. Es más, tal vez optar por volver a presentarse sea una decisión más compleja que hacerlo por primera vez.

Ahora bien, Toxo no puede demorar su respuesta. Cuatro semanas es tiempo suficiente para responder a tan importante cuestión. Importante para la organización y para él mismo personalmente. No es lo mismo pilotar un galeón que un chinchorro. En resumidas cuentas,   la incógnita debe despejarse en el tiempo señalado. Y no sólo por fidelidad a la palabra dada sino porque, de retrasar la cosa, estaría perjudicando el tiempo de publicidad de otras personas que optaran, si ese es el caso, al puente de mando del galeón.

Por otra parte, el secretario general considere que, si opta por volver a presentarse al cargo, a la mitad de su nuevo mandato estaría rondando los setenta años. Una edad considerable para el esfuerzo cotidiano que exige una responsabilidad de tanta envergadura, especialmente en los tiempos que corren. 

Por lo demás, Toxo puede presumir de que la organización se encuentra, desde hace mucho tiempo, en un  proceso de estabilidad. Lo que representa una anomalía (positiva en este caso) en el panorama de la izquierda. Lo que facilita cualquier opción que tome. De ahí que, sea lo que fuere, se hará en una situación de normalidad.     




jueves, 9 de febrero de 2017

¿Se trata de un juicio político?

1.--  Soy del parecer que el juicio contra Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau es un error caballuno. Más todavía, según reputados juristas no cuenta con la suficiente consistencia jurídica. Lógicamente habrá quien piense lo contrario, y como «hay gente pa tó» habrá quien sostenga lo contrario. En la primera hipótesis, si no hay materia para la condena el ridículo será superlativo. En el segundo caso, si se impone el lema fiat iustitia et pereat mundus (hágase justicia aunque el mundo estalle) serán condenados y la situación subirá muchos decibelios; más todavía, se fabricarán más secesionistas. A cascoporro.

2.--  Los 3 del 9 N han sostenido que se trata de un juicio político. Ahora bien, ellos mismos han actuado como si no lo fuera. No sólo no han hecho una defensa política sino que, sobre todo, han endosado sus responsabilidades hacia los voluntarios. Por supuesto, cada cual sube o baja las escaleras como cree conveniente. Quiero decir que los tres tienen su reconocido derecho a defenderse y ser defendidos en la clave que estimen más oportuna para sus intereses. Pero echarle las responsabilidades del 9 N a otros me parece mezquino, ayuno de ética y precario de estética. Y, sobre todo, incongruente. Daré más vueltas a la cabeza por si tengo que añadir «de consumada cobardía» cuando vuelva a escribir sobre el particular.

Ellos mismos –los 3 del 9 N— han dicho en más de una ocasión, y así lo repiten sus masoveros, que es un «juicio contra la democracia y las libertades». Si ello fuera así el coraje político de los encausados ha estado bajo mínimos. Se han comportado como si se tratara de un juicio de faltas. Y como acusicas de los demás. Artur Mas se ha portado como un pandillero de pacotilla. «Yo no he sido, a mí que me registren». Lo peor de todo es que el caballero ha mostrado su debilidad. Era previsible. Y diría más, es la consecuencia de un proceso loquinario. Sin pies, ni cabeza.


miércoles, 8 de febrero de 2017

Varoufakis y Podemos

VaRUFAKIS AVISA A PODEMOS: "NO PERMITAN QUE LA TROIKA LOS DIVIDA. SI LO CONSIGUE, LES DESTRUIRÁ"   (1).

Pero hasta donde todos sabemos no es la troika la que está metiendo cizaña en Podemos. Son las diversas banderías palaciegas las que dirigen una bronca de todos contra todos. Y precisamente en el peor momento de su corta biografía. Así pues, no es la troika la que intenta destruir a Podemos, sino ellos mismos los que se empecinan en avanzar hacia el despeñadero. Porque en esa trifulca ninguno de los bandos es inocente. Precisamente en un momento que no presagia nada bueno en la escena internacional, así en Norteamérica como en Europa. Posiblemente Varoufakis no está bien informado.

Podemos se dirige a Vistalegre 2. Y cada día que pasa el rayo que no cesa de la bronca aumenta sus decibelios. Por lo que nadie sabe cómo acabará la convención podemita. Ahora bien, sea como fuere el evento acabará o con un claro vencedor o en tablas o sin orden ni concierto. En la primera de las hipótesis la zahúrda seguirá a toda la geografía del partido. El ganador y sus discípulos intentarán una paz cartaginesa. Cartago será destruida.  Ríanse ustedes de anteriores escisiones de las izquierdas. Lo del PCE será una jaculatoria.

Hasta ahora se han dado no pocas explicaciones sobre la naturaleza de este descomunal bochinche. Una de las más juiciosas las dio ayer, precisamente en este mismo blog, un lúcido Javier Terriente.  En De Vistalegre 1 a Vistalegre 2 que, todo hay que decirlo, ha tenido unos niveles de ´audiencia´  muy elevados. Hoy, en La Vanguardia, Pablo Iglesias el Joven, ha declarado algo que añade más motivos de preocupación al análisis del primer dirigente de Podemos. Ha dicho: «Llevamos diciendo desde el 15 M que vivimos unos tiempos que recuerdan a la república de Weimar» (2). Es, a mi juicio, un planteamiento de un politólogo despistado, no de un político atinado. La hipótesis de ese recordar a Weimar puede ser atractiva, pero no por ello deja de ser desacertada.

Ahora bien, si Iglesias tuviera razón en ello, vale la pena decir que no ha aprendido nada de aquel momento histórico. La profunda división en el seno de la izquierda y la lucha fraticida en el interior de los partidos no es la mejor técnica para los tiempos que corren.

En definitiva, los problemas de Podemos vienen de muy atrás. De haber hecho un diseño político con tiralíneas y de un análisis francamente despistado. En todo caso, depende de ellos –solamente de ellos, y no de la troika--  la reorientación de todas las moléculas de Podemos. En caso contrario, la orientación política que se impondría sería que el último apague la luz.

Sergi Pàmies ha escrito recientemente algunas de sus vivencias en relación a las vicisitudes de la ruptura de los comunistas españoles: «Pero como alguna vez os habéis proclamado herederos del internacionalismo de izquierdas, os contaré una escena que tuve la desgracia de vivir demasiadas veces. Camaradas de combate y hermanos de compromiso unidos por una misma causa que, arrastrados por el tipo de obstáculos aparentemente insalvables que hoy os obligan a adoptar expresiones teatralmente mefistofélicas y rasputínicas, se acababan peleando a causa de un guion marxista-leninista o de cualquier otra chorrada.

»Quizás porque todos eran ateos, las peleas eran bíblicas y degeneraban en abismos dogmáticamente religiosos. De modo que los hermanos, camaradas y amigos dejaban de serlo por decreto orgánico y de repente sus hijos perdíamos el afecto de parte de la tribu. Y así, de escisión en escisión, de congreso en congreso, de coalición en coalición, hasta la derrota final. Pero, pasados los años, un camarada de los que inspiraron el compromiso común cuando todo empezaba fallecía. Era un camarada que no estaba lo bastante preparado para pertenecer a la élite elocuente y mediática pero sí para dar sustancia moral a las siglas. En estos funerales, los escindidos, los peleados, los hermanos de cárcel, huelga y exilio se reencontraban. Se reconocían en el dolor por la ausencia y si aún les quedaba algo de decencia, se abrazaban al salir del tanatorio, y como harán Errejón e Iglesias cuando coincidan en el funeral de uno de sus actuales hermanos de causa, se preguntaban: “¿Tú recuerdas por qué nos peleamos?”.
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martes, 7 de febrero de 2017

De Vistalegre 1 a Vistalegre 2

Javier Terriente

Avanzar en democracia,  recuperar derechos

Ninguna profesión, clase, categoría social, sexo, edad, nacionalidad o adscripción política ha quedado indemne de los recortes ni al margen de los  protestas. Guste o no, Podemos ha sabido reflejar, en mayor o menor medida, el sentir general de las asambleas del 15 M, las Mareas, la dramática precarización de las condiciones de vida y de trabajo, las reivindicaciones de los Afectados por las Hipotecas, del movimiento ecologista, feminista, de los inmigrantes, de los mayores, de las aspiraciones y sentimientos nacionales… dando por sentado que los derechos, todos, son igualmente importantes y representan un todo indivisible, desprovisto de cualquier orden jerárquico. Probablemente, este haya sido, hasta ahora, uno de sus mayores aciertos.

Está claro que hablar de derechos es nombrar lo irrenunciable de un Estado democrático, como reclamar más democracia es hacerlo en el sentido concreto de socializarla a través de un compromiso firme con la igualdad y la solidaridad; significa dar mayor sustancia a los sistemas formales de representación, a los parlamentos y asambleas locales, pero también impulsarla en los partidos políticos y sindicatos, las asociaciones vecinales, profesionales y cívicas, las empresas y centros de trabajo, el ejército y los cuerpos y fuerzas de seguridad; trasladarla a todos los ámbitos de la vida cotidiana, familiar y a las relaciones de pareja; democracia y derechos es, por supuesto, crear empleo y combatir la desigualdad, feminizar la vida en todas sus vertientes, implantar un sistema socialmente cohesionado y medioambientalmente sostenible; democracia y derechos es aplicar criterios de equidad impositiva, redistribución de la riqueza y  de lucha contra el fraude y el dinero negro; democracia y derechos es garantizar las políticas públicas y sociales y asumir la preservación y defensa de lo público; democracia y derechos es defender la laicidad del Estado y la independencia de la justicia; es la exigencia de transparencia empresarial y política y la lucha contra la corrupción; es reformar el sistema electoral…Estos son algunos desafíos.

El falso dilema, calle o instituciones

En determinados foros es frecuente oír que el problema de Podemos en los últimos tiempos ha sido su desplazamiento hacia la moderación (derechización), hasta el punto de elevarlo a la categoría de verdad revelada para justificar el fracaso de Unidos Podemos en las elecciones del 23 de mayo pasado. De este modo, se oculta que el retroceso electoral se debió entre otros factores a la decisión de comparecer en coalición electoral con IU estatal (error que hoy persiste), quebrantando una de las ideas fuerza del Podemos fundacional: primarla construcción de grandes mayorías sociales, amplias y diversas (transversalidad), sobre cualquier tipo de coalición vanguardista de izquierdas, que acabaría desplazándolo a los márgenes de la política. Esa supuesta moderación/derechización tiene un origen rechazable: Podemos ha abandonado la calle, alfa y omega de sus señas de identidad, traicionando sus raíces, sus premisas históricas surgidas del 15M. Bastaría, señalan, con volver a las fuentes del 15M para reencontrar la senda de la victoria. En correspondencia, la sublimación a la categoría de espacio bautismal de Podemos hace del 15M un lugar mítico de peregrinaje para los no iniciados, sólo interpretable por una nueva casta de sacerdotes que monopolizan la transmisión de sus esencias. Y desde esa más que discutible superioridad ético-política, nada mejor que golpear en la línea de flotación del Podemos actual, acusándolo de traicionar sus principios dogmáticos por y para refugiarse y aislarse en las instituciones. En consecuencia, la condición para recuperar la iniciativa y superar al PSOE (el sorpasso como finalidad primaria) es volver a la calle y relativizar la  dimensión institucional, invirtiendo los términos del problema. Nada que objetar, salvo que este es el camino seguro hacia la derrota en una sociedad moderna, cuyas transformaciones progresistas dependen de la plena democratización de los poderes e instituciones del Estado y de su permeabilidad a las nuevas y masivas demandas sociales. Por otra parte, la experiencia histórica señala que este tipo de argumentos suelen caracterizar a los partidos furiosamente antisistema, cuya influencia efectiva sobre la sociedad real, de la que se autoproclaman portavoces exclusivos, es prácticamente nula, cero. Surge así una pregunta retórica: ¿Qué sería de estas corrientes/ partidos sin el refugio de Podemos?

Probablemente, uno de los principales retos de Podemos sea intentar disolver las viejas dicotomías entre la sociedad civil y las instituciones, trasladando los problemas y aspiraciones de los movimientos y realidades sociales a  las actividades de los gobiernos locales, comunitarios, y materializándolas en decisiones; a la vez, Podemos debe experimentar formas y métodos que permitan socializar los mecanismos y métodos de funcionamiento de dichas instituciones. Pero esto es un proceso desigual y sin fin, no una foto fija permanente.

Sin duda, es una falsedad interesada situar las diferencias políticas en Podemos en virtud de ser más o menos “duros” o “blandos” con los poderosos, entre quienes buscan ser “temidos por mirarlos fijamente a los ojos” o “ser domesticados por ellos”. Parece como si la política se pudiera enlatar en una versión peliculera del famoso duelo en OK Corral. No hay duda de que esta forma de plantear el debate interno sería simplemente una puerilidad, si no fuese porque esconde algo mucho más serio: reducir el valor de las instituciones representativas y su carácter plural a la mínima expresión, negándoles la capacidad de construir espacios comunes de acuerdos y decisiones legislativas entre fuerzas distintas, que atiendan a las reclamaciones y exigencias de las grandes mayorías. Más allá de complacerse en una dudosa estética de la confrontación, una apuesta semejante corre el riesgo de reforzar el bloque antiPodemos en el interno del PSOE, entre sus electores y amplios sectores de ciudadanos, y provocar distanciamientos indeseables con otros posibles aliados sociales y territoriales. Y, por otro lado, al primar la conquista de la  hegemonía interna por encima de acuerdos que contrarresten las políticas del PP, facilitaría a la derecha la perspectiva de un mejor resultado en las urnas. Si el efecto deseado es el sorpasso, es dudoso que se alcance por esa vía, pero lo que si es cierto que ese es un camino seguro que facilitaría la exclusión de alternativas con vocación social mayoritaria; esto es, confirmaría la idea de que la estrategia de Podemos la dicta últimamente la vieja política de la eliminación de las disidencias y del “cuanto peor mejor” de la izquierda más sectaria. Un camino seguro hacia la marginalidad.

Superar los límites de la izquierda tradicional

Por encima de los procesos electorales, la cuestión de fondo es que las nuevas dinámicas económicas, políticas y sociales han puesto sobre la mesa la necesidad de un nuevo instrumento que trascienda los límites de la izquierda tradicional y establezca un diálogo estable y duradero con las grandes mayorías sociales. El compromiso decidido por una nueva hegemonía de los “sin poder”, permitiría, además de agrupar y convocar a colectivos diversos, dar pasos en la recuperación de la credibilidad de la política como un instrumento de representación y mediación social.

La opción de refugiarse en el gueto de los viejos esquemas de la izquierda dogmática, puede ser tentadora, pero resistirse a ello sin complejos será clave para aglutinar a todas las fuerzas y ciudadanos posibles en una gran plataforma de iguales, en condiciones de abrir un nuevo proceso de refundación democrática que alcance a la organización del Estado en todas sus modalidades. Ante sí, Podemos tiene dos grandes alternativas: (1) organizarse como una fuerza radicalmente democrática, a la vez que contribuye a la construcción una nueva mayoría social de progreso que impugne las relaciones económicas, políticas y estatales realmente existentes, o bien, (2) aspirar a transformarse en una versión 2.0 de la izquierda dogmática, metabolizando las líneas maestras de su proyecto político y sus hábitos de conducta. En el primer caso, esta nueva mayoría político-social sería la expresión plural de un amplísimo movimiento extraordinariamente complejo en el que Podemos cumpliría la misión de interpretar, desde dentro de ese movimiento y junto al resto de los interlocutores políticos, sociales y territoriales, nuevas metas, definir nuevos objetivos.

En el segundo, por el contrario, es evidente que una propuesta genérica de unidad estratégica con la izquierda dogmáticaestaría condenada a jugar en espacios políticos cada vez más reducidos, muy lejos de la necesaria suma de consensos democráticos mayoritarios para derrotar a la derecha. En este caso, el camino hacia la marginalidad y la insignificancia política estaría asegurado.

Sin duda, el objetivo es desalojar del poder al bunker conservador y articular nuevas redes de poderes democráticos; lo coherente es aspirar a una gran convergencia democrática transfronteriza capaz de aislar al núcleo duro de la derecha e infringir una derrota completa a las fuerzas del Viejo Orden. En conclusión, a nadie se le escapa que un frente de izquierdas, no en un sentido general ni de principios sino en las condiciones reales del aquí y ahora en que se encuentra la izquierda tradicional (al filo del extraparlamentarismo tras 30 años de existencia errática), además de tener un alcance restringido y un programa inasumible por las grandes mayorías, constituiría un adversario fácilmente abatible. La primera gran prueba, el retroceso de Unidos Podemos en las pasadas elecciones.

Desarrollar una democracia sin adjetivos

Hoy, la cuestión central frente a los avances ultraconservadores (y neofascistas) comunitarios y estadounidenses, vuelve a ser la defensa de la democracia sin adjetivos y su desarrollo en todos los campos, en cuya salvaguardia hay que interpelar a todos y a todas sin distinción. Millones de ciudadanos que formaron parte del bloque electoral de los vencedores (PP y PSOE) en el pasado inmediato han sido desplazados forzosa y masivamente al territorio de los vencidos, de los exiliados del sistema, de los derrotados de cualquier signo, víctimas por igual de las sucesivas lesiones de derechos. Tras cada derecho pulverizado hay centenares de miles de ciudadanos agrupando fuerzas en las Mareas, las asociaciones de afectados por las hipotecas, los movimientos vecinales, las organizaciones de pymes, de consumidores, los movimientos de mujeres, el mundo rural, los sindicatos, las asociaciones de profesionales y estudiantes... Por tanto, derechos, sí, sumados. Inseparables. Indivisibles. Inmediatos. Urgentes.

Por ello es muy importante identificar la principal contradicción a la que se enfrenta el país: una guerra brutal entre el nuevo capitalismo en reconstrucción a propósito de la crisis, y la exigencia de derechos completos y para todos/as, amputados por esta. Quiere esto decir que la perspectiva aquí y ahora, no es tanto prolongarla visión dogmática de una clase obrera como eje de una revolución social incubada en las trincheras domésticas, sino actualizar “1789”, esto es, construir un nuevo sujeto plural e “interclasista”, comprometido con el avance de una democracia con derechos e instituciones plenamente representativas. Porque es la democracia en todas sus formas la que anda en peligro, y son los derechos el verdadero objetivo a batir por las viejas fuerzas del sistema para implantar de forma duradera una sociedad hiperclasista, bipartidista y autoritaria. Un preludio del fascismo que ya habita a nuestro alrededor formando parte de la vida cotidiana de las clases populares, y que está abriendo nuevas vías de expresión en el discurso y las políticas del PP.

Refundar la organización para transformar el país

Podemos debe aspirar a consolidarse como una fuerza democrática orientada hacia las grandes mayorías sociales sin distinción, lo que lo situaría en las antípodas de aquellos partidos que relegan a funciones subalternas a los ciudadanos y a sus organizaciones sociales representativas. Pero, para ello, deberá refundar su modelo organizativo sobre bases diferentes (plural, inclusivo, participativo y feminista) desmontando la “maquinaria de guerra electoral” que justificó y alimentó el sentido providencial de una dirección autoritaria grupal, incuestionable, y promovió un microclima artificial que alumbró el nacimiento una nueva categoría de líderes carismáticos postmodernos. En tiempos de paz, la coartada de la premura de las sucesivas citas electorales tampoco parece un argumento suficiente.

Las carencias democráticas de este modelo de partido han sido reiterativas: la anulación de la necesaria supremacía del partido respecto al líder, cuyas prerrogativas unipersonales se sitúan por encima de la voluntad democrática de sus  miembros y organizaciones; la intolerancia hacia la pluralidad interna; la reducción de la participación política de los afiliados al refrendo de dirigentes y candidatos, previamente cooptados, y a las campañas electorales; la concentración del poder en un grupo reducido de dirigentes; la extrema subsidiaridad de los grupos parlamentarios respecto a las cúpulas políticas; la expansión de distintos modos de clientelismo político y prácticas internas indeseables; la formación de aparatos fieles a los líderes; en definitiva, una ley de hierro inexorable ha configurado una estructura vertical del poder, “de arriba a abajo”, a través de una trama de  delegados territoriales, interdependientes y jerarquizados, que alcanza a todos los escalones de la organización. El Manual teórico-práctico del Partido tradicional, en estado puro.Pero hay alternativas: Democratizar el poder, socializar las decisiones, normalizar y regularizar las discrepancias, diversificar las procedencias, feminizar las relaciones internas….