domingo, 1 de febrero de 2015

¿POR QUÉ LA IZQUIERDA NO SABE CONFLUIR UNITARIAMENTE CONTRA LA DERECHA?



Jean-Luc Mélenchon es copresidente del Partido de la Izquierda de Francia y eurodiputado de la coalición Frente de Izquierda. Ha sido entrevistado por eldiario.es; el texto íntegro se encuentra en: http://www.eldiario.es/politica/discuten-honesto-Grecia-pagaran-pueden_0_351365910.html

Debo decir que me ha llamado la atención la respuesta que JLM ha dado al periodista. Concretamente:

Pregunta.-- ¿Por qué cree que es tan difícil que la izquierda logre confluir para plantar cara a la derecha?

Respuesta.-- Porque somos gente inteligente, cultivada y fina. Los brutos no necesitan hablar, el más fuerte pega al otro y, ¡ya está, se acabó el proceso! Pero tenemos que comprendernos. Somos honestos. Tenemos que estar seguros de lo que vamos a hacer o no hacer. Es bueno que haya un tiempo para debatir de la manera más amplia posible porque después el acuerdo va a ser más fuerte.

Pues, vaya: mi gozo en un pozo; me quedo sin saber –ni siquiera aproximadamente--  «por qué es tan difícil que la izquierda  logre confluir para plantar cara a la derecha». Lo cierto es que no salgo de mi asombro ante la respuesta de  Mélenchon que, a lo largo de esta entrevista, parece estar incomodado y distante de todo lo que le pregunta el reportero. Hasta incluso da la sensación que tiene el corazón partío entre Garzón e Iglesias.  Lo único claro que saco de sus palabras es que «los brutos no necesitan hablar», que es algo que sabemos desde los tiempos de antañazo.

Entiendo que el dirigente francés ha desperdiciado una oportunidad de oro para decir la suya en torno a un problema de mucha enjundia que, por lo demás, inquieta a millones de personas que, al menos, en Europa  se interrogan sobre el particular. Esta respuesta –tan angelical como naïf, tan de kumbayá como de boy scout--  es perfectamente prescindible en la biografía de JLM.

Finalmente, no esperen de un servidor que, a mis ochenta años, sea capaz de responder con tino lo que un político bregado con el francés ha resuelto saliendo por los cerros de Úbeda.  Llámenme cascarrabias, pero yo a los míos –a «la gente inteligente, fina y cultivada»-- les pido un poquito más.

Radio Parapanda.--  IZQUIERDA SOCIAL, INSTRUCCIONES DE USO




«La izquierda social» de Maurizio Landini



In memoriam Lola


Maurizio Landini, secretario general de la FIOM-CGIL, ha sido entrevistado en la revista MicroMega: http://temi.repubblica.it/micromega-online/il-progetto-di-landini-%e2%80%9cbasta-con-i-partitini-sinistra-sociale-per-battere-renzi%e2%80%9d/. Sugiero su atenta lectura por la posible utilidad que le pueda deparar el mencionado texto. Así lo creímos un grupo de amistades que nos dimos cita en la  villa Palmieri, en Poldemarx, para comentarlo en la sobremesa.  

El climax de la discusión se produjo con las dos primeras intervenciones de Landini: «El modelo más interesante para la situación italiana es el español de Podemos [ … ] Hay que ir más allá de la izquierda clásica porque la histórica distinción ´derecha – izquierda´ corre el peligro de no referirse a las verdaderas condiciones de las personas, a sus necesidades materiales. Pienso que es necesario ir a una izquierda social».  

Todos convenimos que Landini está más autorizado que nosotros para saber si el modelo que necesita la izquierda italiana es Podemos y no Syriza.  La clave, en todo caso, está en la formulación que se hace de la superación de la «histórica distinción» entre izquierda y derecha  tan referida por el joven Pablo Iglesias y sus compañeros. No obstante, alguien puso énfasis en algo que a un servidor le parece de cajón: que la izquierda tradicional –española y europea--  no se refiera «a las verdaderas condiciones de las personas y a sus necesidades materiales», no lleva necesariamente a la conclusión definitiva de la eliminación de la categoría política de la izquierda; más bien, lo que exige es su profunda renovación, su cambio de metabolismo para ser más y mejor izquierda. Y quien así habló afirmó lo que sigue: Podemos todavía no lo ha argumentado su, pues repetir las cosas hasta el agotamiento no equivale a razonarlo con punto de vista fundamentado. Todo indica que estamos ante un constructo de Podemos en clave de catch-all party (partido atrapa-lo-todo), según dejó dicho Otto Kirchheimer hace ya algunas décadas. O sea, se rebaña por todos los sitios.

Más todavía, el mismo Landini concluye: «Pienso que es necesario ir a una izquierda social». Así pues, parece claro que le exijamos al dirigente sindical cómo se entiende, de un lado, la superación de la díada izquierda y derecha, y, de otro lado, que plantee  ir a una izquierda social. No parece coherente lo uno con lo otro.

Comoquiera que un servidor daba cabezazos afirmativos a lo que decía el crítico de Landini fui invitado a decir la mía. Me aclaro la voz con un sorbito de orujo, y digo lo que se refiere a continuación: Comparto lo que se ha dicho. Por otro lado, ¿qué quiere decir exactamente izquierda social? Empiezo a estar cansado de esa manía de acuñar frenéticamente categorías políticas que al final nos aturrullan a todos y nos meten en la confusión. Hace tiempo que estamos habituados a denominar izquierda social al conjunto de los movimientos sociales (entre ellos, los sindicatos); si ahora se introduce una nueva terminología en ese sentido –esto es, para la izquierda política--  llegará el desconcierto y no sabremos a qué santo debemos encomendarnos a la hora de hablar. La politología acabará siendo una jerga sólo inteligible para quien emite el mensaje. Por lo demás, el argumento que da nuestro amigo Maurizio para sostener su propuesta de izquierda social --«para derrotar a Renzi»-- me parece exclusivamente politicista e instrumental. Desde luego, muy alejado de lo que machaconamente plantea nuestro Bruno Trentin cuando provocativamente nos pregunta qué es lo primero: ¿la conquista del poder o la reforma de la sociedad? Que tantas veces hemos comentado.

La última parte de la conversación, ya casi anocheciendo –que los valencianos llaman a poqueta nit y los mallorquines s´hora baixa-, dos expresiones bellísimas--  se orientó a por qué Landini prefiere el modelo Podemos al de Syriza. Y dimos por plausibles las intuiciones –así lo dijo, intuiciones— de Tito Ferino: «Me parece, especulaciones aparte, que tiene su lógica. Landini ha constatado el fracaso de los partitini (los partidillos) en Italia. Todos ellos han nacido de desacuerdos y reyertas en los estados mayores y de continuas de escisiones de otros, y de esas escisiones han nacido otras escisiones, y así sucesivamente hasta convertirse aceleradamente en grupúsculos. Es la conocida secuencia de que más vale cabeza de ratón que cola de león. De ahí que Landini haya visto que la génesis de Podemos tiene otro carácter.  Que, en fondo y forma –guste o no guste--  es una ´anomalía´  en la biografía de los partidos. Como ha escrito recientemente nuestro Paco Rodríguez de Lecea: Podemos no es el resultado de una turbulencia pasajera; procede de una marea de fondo. Es una expresión, no la única aunque por el momento sí la más afortunada, de un amplio movimiento sociopolítico en trance de autoorganizarse a partir de los principios de la participación y el empoderamiento colectivos de una porción creciente de la población, que se siente humillada, ofendida y abusada.»  Tomando respiro, Tito Ferino añadió: «Esa anomalía también se ha hecho visible en la convocatoria y el seguimiento gigantesco de la manifestación madrileña de esta mañana que darán mucho que hablar».    

… Acabadas las provisiones, aunque no el debate, entendimos que era el momento de irse cada cual por donde había venido. Y así lo hicimos.  Las luces de la villa Palmieri se fueron apagando.

Radio Parapanda.— Se nos fue Lola, pero siempre estará en nuestra memoria

JUZGADLOS POR SUS PROPUESTAS, NO POR SUS CURRÍCULOS


 


sábado, 31 de enero de 2015

EL PSOE Y LA CADENA PERPETUA



Aunque no la comparto, puedo entender la lógica del bipartidismo, esa técnica o estilo, ya convertido en sistema, al que se han aferrado tesoneramente así el PSOE como el Partido Popular. En todo caso, soy del parecer que ambos partidos con (lo que me parecen) sus estridentes errores están haciendo suficientes méritos para que el bipartidismo se vaya con la música a otra parte.

Puedo entender, siguiendo sin compartirlo, la deriva de los socialistas españoles hacia el Limbo. Pero lo que pasa de castaño oscuro es su cabildeo con la derecha apostólica en torno a la cadena perpetua, disfrazada o no de lagarterana para no infundir sospechas, un salto atrás en el derecho.

No quiero ser un ciezo, pero la formación que lidera Pedro Sánchez ha dado un paso atrás –y no pequeño--  en su acervo de la defensa de los derechos civiles. Lo que le ha llevado, en este caso, a una indistinción con el Partido apostólico y sus franquicias. Así las cosas, parece lógico que nos interroguemos qué tipo de renovación es esa, que nos retrotrae en tiempos de antaño. Más todavía, una cosa de tanta envergadura ¿puede decidirse entre cuatro y el cabo? Y puestos a conocer la esencia de este aunto que comentamos, ¿qué han aconsejado los juristas, amigos y conocidos del PSOE, sobre el particular. ¿Y cuál ha sido su dogmática jurídica?  Es más, tengo para mí que con dicho acuerdo se desentienden incluso del republicanismo de Philip Pettit.


Nos preguntamos: ¿en qué beneficia a España y en qué al PSOE? Como decía el viejo calambur: entre la rosa y el clavel, su majestad escoja.  

Radio Parapanda.--  TTIP, UNA DEJACIÓN DE SOBERANÍA

viernes, 30 de enero de 2015

El valor del Congreso Sindical Constituyente; el mérito de un proceso

Por JLLB


Debate sindical*


Tal vez la propuesta más rompedora en el actual debate sindical sea la que ha formulado Isidor Boix: abrir la senda de un «Congreso sindical constituyente» en España. Para mayor abundamiento: http://lopezbulla.blogspot.com.es/2015/01/texto-integro-hacia-un-congreso.html

Voces amigas me preguntan si se trata de un remedo o imitación de la antigua propuesta que formulara CC.OO. durante un largo proceso que culmina en la legalización del sindicalismo español en 1977. Naturalmente es el propio Isidor quien está más autorizado para dar cumplida respuesta, ya que –en esta ocasión— es, por así decirlo, el padre de la criatura. Pero, estando a la espera de dicha respuesta, no quiero dejar escapar la ocasión de echar un cuarto a espadas sobre el particular.

Trataré de explicar qué diferencia hay entre esta propuesta y la de mediados de los años setenta; por qué vale la pena implicarse en ella; qué aportaría al movimiento de los trabajadores y a la sociedad española; y, finalmente, dónde y por qué pueden estar ciertas auspicias y, peor aún, determinadas enemistades.


Primer tranco.--  Vale la pena porque ya tenemos una experiencia acumulada en el terreno unitario sindical y también por lo chocante que resulta estar en el mismo hogar de la CES y del Sindicato mundial y aquí vivir en habitaciones separadas.  Digo que ahora tenemos una considerable experiencia acumulada en el terreno unitario, pero en aquellos viejos tiempos sólo contábamos con intuiciones y con el deseo de no reproducir las históricas reyertas sindicales. La idea fracasó. Es más, los primeros andares del sindicalismo en democracia fueron una disputa –a veces descarnadamente feroz— que auguraba lo peor. Sin embargo, las corrientes unitarias en el seno de CC.OO. y UGT ganaron la batalla y, aunque fatigosamente, se abrió paso a una consistente y prolongada unidad de acción.

Esa unidad de acción, incluso con sus meandros, se fue consolidando hasta la presente. Podemos decir, que salvo poquísimas excepciones nadie la impugna seriamente. Pues bien, esta experiencia acumulada ya no está concebida para evitar las viejas querellas históricas sino para afrontar los enormes desafíos de hogaño y de los tiempos venideros. Si, por lo demás, el sindicalismo debe ser un sujeto global –y no de campanario--  el sindicalismo no debería estar dividido localmente si está unido a nivel global. Es decir, el sintagma «global» y «local» exigiría, en plena concordancia, una organización unitaria. 


Segundo tranco.—  Por las anteriores razones, decimos que vale la pena constituir, a través de un proceso abierto y participativo  la central sindical unitaria española. Que, a mi juicio, debería ser la consecuencia de un patrocinio colectivo del conjunto del sindicalismo confederal, también por supuesto de los llamados sindicatos minoritarios.

¿Qué aportaría al movimiento de los trabajadores? La eficacia de un sujeto unitario, puesto al día, que ellos mismos también han creado participativamente desde los centros de trabajo.

¿Qué aportaría a la sociedad española? Si es un clamor amplísimo la exigencia de una regeneración democrática, no me cabe la menor duda que el proceso hacia el congreso –tal vez mediante experiencias piloto y aplicando el método de ensayo y error--  constituiría un importante acervo de propuestas de renovación del proyecto-trayecto del nuevo sindicalismo. Porque un proceso de regeneración política general no sería tal si las organizaciones sindicales siguen siendo como ahora. En ambos casos, no se trataría de un baldeo de la cubierta sino, expresamente, de un zafarrancho general de toda la nave.

Tercer tranco.— Este proyecto concita suspicacias y, tal vez, enemistades. En primer lugar, las que se derivan de los que se han familiarizado con la comodidad de lo conocido. De quienes se turban por las “interferencias” de las nuevas exigencias. Pero también de cosas tas reales como la vida misma. Me explico con dos anécdotas personales.

La primera: los jóvenes mataroneses de finales de mediados de los sesenta nos veíamos, en la Plaça de Santa Anna,  con los octogenarios de la gloriosa CNT, todos ellos amigos y compañeros de Joan Peiró i Belis, mejor dicho, sus alumnos. El viejo Jandru Vergés, trabajador de Can Gassol, nos decía que una de las resistencias que tuvo la propuesta de Peiró –transformar los sindicatos de oficio en federaciones de industria— fue  de carácter personal. Porque implicaba la desaparición de los grupos dirigentes de los sindicatos de camiseros, pantaloneros, del tinte … en aras a una estructura única federativa: centenares de dirigentes con mando en plaza se quedaban sin el bastón de mando. Jandro añadía: «Així és la vida, nois».

 

La segunda: a mediados de los ochenta cierto compañero del PSUC me dijo atribulado: «Me tienes que hacer un favor. Habla con Rafael Ribó para que, en el congreso del partido, no me saquen del comité central». Le pregunté qué más daba estar o no en tan distinguido organismo. Su respuesta fue directa y al grano: «Pues verás, salgo de casa siendo miembro del central y vuelvo sin serlo. ¿Qué diría mi mujer en ese caso?». Pongo por testigo a la que vive en la Carrera que no moví ni un dedo.

 

El lector verá qué relación tienen ambos sucedidos con la propuesta del congreso sindical constituyente.  Desde luego, a Jandru no le hubiera extrañado la desazón de mi amigo de los años ochenta. 

 

 

Cuarto tranco.--  No está descartado que –por unas u otras razones, por ejemplo, de intendencia-- se abra la posibilidad de fusionar Comisiones Obreras y Ugt. (Es claro que fusionar no es crear un proceso gradual que conduzca a un congreso constituyente).  Lo más seguro es que esa fusión se haría de prisa y corriendo, de manera administrativa. Los motivos que llevarían a tal operación, ya lo hemos dicho, serían meramente crematísticas. Ese proceso administrativista sería esencialmente un acuerdo de élites. Con lo que la participación, activa e inteligente, estaría de más. 

 

 

Quinto tranco.— Otras voces amigas, suficientemente experimentadas, me indican que «cualquier avance hacia la unidad se haga en caliente [ ….] como un banderín de enganche “suficiente”.»  Claro que sí. De ahí la insistencia que hemos puesto Isidor Boix y un servidor en que el proceso hacia el congreso sindical constituyente signifique una importante movilización de ideas y propuestas concretas en los centros de trabajo. Porque dicho congreso es, de por sí, un potente banderín de enganche para millones de asalariados.  

 

 

Noticia de última hora.— Nuestro amigo Bruno Ugolini nos hace llegar esta buena nova: el 9 de febrero próximo se celebrará en Roma un acto en torno a «la unidad sindical posible». Participarán reputados sindicalistas como Maurizio Landini, Giorgio Benvenuto, Raffaele Morese, Marco Bentivoglio y otros.  Una iniciativa de Koiné, una asociación fundada por antiguos dirigentes de la CSIL con posiciones unitarias.  Su web es  http://www.e-koine.com/

* Referencias anteriores de este debate


 

Isidor Boix / JLLB:  Hacia un Congreso Sindical Constituyente CONGRESO SINDICAL CONSTITUYENTE

Paco Rodríguez: SINDICATO, SOLIDARIDAD, VISIBILIDAD

Francisco J. Trillo:  Representando a los trabajadores: ¿qué trabajo, qué trabajadores?

Jaime Cerezo. ¿DÓNDE ESTÁ EL SINDICATO? RÉPLICA PARCIAL Y DESORDENADA

Antonio Baylos: NO VEMOS NI OIMOS A LOS SINDICATOS

Quim González:  No hay sindicato sin emoción de la militancia

Isidor Boix:  (2) DEBATE SINDICAL PARA SABER DÓNDE ESTAMOS, DE DÓNDE PARTIMOS

Javier Aristu:  El sindicato y el nuevo proyecto social

Paco Rodríguez: A VUELTAS CON LOS SINDICATOS

Ramón Alós: A PROPÓSITO DEL DESCONCIERTO DE LOS SINDICATOS

Soledad Gallego-Diaz: Ni se les ve ni se les oye

Paco Rodríguez:  HABLEMOS DE LA AFILIACIÓN SINDICAL

JLLB: SINDICATOS Y EL MONOPOLIO DE LA NEGOCIACIÓN

Magdalena Nogueira y otros: Sindicatos: De la concertación (social) al desconcierto (general)

Quim González: ¿TIENE CABIDA EL SINDICALISMO EN LA EMPRESA ABIERTA?

JLLB: LA PARÁBOLA DEL SINDICATO 


jueves, 29 de enero de 2015

TEXTO ÍNTEGRO. HACIA UN CONGRESO SINDICAL CONSTITUYENTE



Nota Editorial.--  La idea que ha propuesto Isidor Boix –ir hacia un Congreso sindical constituyente como proceso para conformar la unidad sindical orgánica--  ha motivado esta conversación. Como es natural, ambos tertulianos han coincidido en dar la palabra a quien la pida sobre este particular.

 

 

Debate sindical*

 

 

José Luis López Bulla.-- Querido Isidor, en tu primera intervención en el debate que nos traemos entre manos, Un interesante foro para el debate sindical, una invitación a la más amplia participación, planteas   «una posible iniciativa para “reinventar” el sindicato: un  proceso sindical constituyente con voluntad unitaria». Convendrás conmigo que son palabras mayores. Como sabes, la cuestión unitaria en el terreno sindical me interesa enormemente. Sobre ese particular he escrito mucho desde hace cinco o seis años. Debo reconocer que muy pocos son los que se han interesado. Las respuestas más amables que he recibido han sido: «Vale, de acuerdo, pero ahora no se dan las condiciones». Que es lo mismo –o casi lo mismo--  que decir: «Oye, déjanos en paz». Sin embargo, me cabe la sospecha que, un día u otro, ese tema acabará poniéndose en la agenda sindical. Y temo que se ponga de la peor manera posible: atropellada y administrativamente.

 

Me interesa mucho la formulación de «proceso sindical constituyente», porque expresa un camino, un itinerario gradual; y, al mismo tiempo, podría ser un antídoto que corrija hacer las cosas de sopetón. Y exclusivamente por arriba.  Te pregunto, viejo amigo, por qué precisamente ahora relanzas esa cuestión que, en otros tiempos, formulaste de manera tan tesonera como concienzuda.

 

Isidor Boix.--   Me permitirás empezar saludando de nuevo tu contribución al debate de ideas sobre sindicalismo. Un debate del que quizás lo más importante no sea tanto lo que algunos escribimos sino el eco que pueda tener, la reflexión que pueda provocar, sobre todo en los que aún no escriben, pero que siguen “metiendo bulla”, creo, con notable fidelidad.

Tienes razón en tu referencia a “otros tiempos” en lo que respecta a planteamientos sobre un proceso “constituyente sindical”. Fue en nuestra transición, que entiendo comenzó ya antes de la muerte del dictador, en la abierta descomposición del franquismo. Pero quiero empezar subrayando que existe en mi opinión una notable diferencia. Entonces se trataba de encauzar el gran dinamismo del movimiento de masas que protagonizaba la clase trabajadora en una permanente síntesis entre las reivindicaciones laborales inmediatas y la batalla por las libertades políticas como fundamental instrumento también para su conquista y desarrollo. Encauzar ese dinamismo creando el sindicato o los sindicatos. No sé si era un espejismo, pero algunos pensamos que era posible, aunque finalmente no lo fue, construir la unidad sindical a partir de esa importante movilización social.

Hoy entiendo que el proceso constituyente (no para la elaboración de una “constitución”, sino para “constituir” una organización) podría, debería, suponer la superación de las inercias de los actuales sindicatos. El punto de partida necesariamente han de ser las evidentes dificultades del sindicalismo español (y, en él, del catalán, aunque algunos parecen olvidarlo), del europeo y del global, para encontrar una propuesta eficaz tanto en la crisis como para salir de la misma. Y, al mismo tiempo, una vía para romper la también evidente desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones, en cuyo marco se desarrolla la de la clase trabajadora hacia el sindicalismo organizado.

Esta crisis y esta desconfianza han dado lugar a una muy amplia, y positiva, exigencia de “democracia” como expresión de una extendida voluntad de participar, de que se oigan las voces, las opiniones, las individuales y las colectivas, aunque a veces ello se traduzca en una notable confusión de propuestas, eslóganes e iniciativas.

Es en este contexto en el que creo que los tradicionales mecanismos congresuales (de elaboración de las tesis y de elección de las delegaciones en un proceso escalonado) no pueden ser el cauce adecuado para que se expresen estas “mareas” de fondo. Y como creo que el sindicalismo, con  éste u otro nombre, no puede morir en las actuales relaciones sociales, definidas por lo que el clásico denominaba la “venta de la fuerza del trabajo”, sigo pensando que los intereses colectivos (que existen a pesar de la heterogeneidad de los individuales) de la clase trabajadora precisan para su conquista de formas organizadas de expresión y de exigencia.

Esta necesidad genera las raíces del sindicalismo organizado y por ello las posibilidades hoy de desarrollar un proceso constituyente sindical. Sólo que para su materialización sería necesario su impulso por parte de una vanguardia que lo asuma con suficiente iniciativa y valentía, que lidere una especie de “revolución cultural” interna de modo que, sin renunciar a nuestra historia, los afiliados no sólo sean protagonistas formalmente, sino que se sientan efectivamente como tales.

En todo caso, se trata por mi parte de una cierta intuición que esta conversación que iniciamos espero me ayude a clarificar.

 

JLLB.--  Francamente, me parece una idea feliz. Entiendo que no se puede ir, mediante un proceso gradual, a la unidad sindical orgánica sin un mecanismo que la constituya. Esto es lo que, en mis escritos, siempre me ha faltado concretar. En todo caso, me parece que deberías aclarar a quién te diriges con la propuesta del congreso. ¿A los afiliados a los sindicatos o al conjunto de los asalariados, esto es, inscritos o no? Lo que, en todo caso, doy por sentado que tu propuesta se orienta al conjunto del sindicalismo –confederal, profesional, … -- que esté por la labor  ¿Voy bien? Para mi mejor comprensión de tu idea creo que deberías aclarar estas dos cuestiones. Más adelante, una vez aclarado ello, nos metemos –si te parece adecuado--  en mayores honduras.        



Isidor Boix.-- Sí, por ahí va el tema en mi opinión.

Pero antes una precisión. Considero dos cuestiones distintas, la de la unidad y la del proceso constituyente, aunque preferiblemente entrelazadas. Por eso hablé de “proceso constituyente con voluntad unitaria”, consciente de que su integración exigiría un acuerdo previo de ambas confederaciones, CCOO y UGT, para impulsarlo conjunta y coordinadamente. En mi opinión sería una buena manera de afrontar, para superarla, la actual crisis externa e interna de ambas, suscitando sin duda la incorporación de nueva savia, nuevas energías, nuevas fuerzas, al quehacer sindical.
Si no se diera una iniciativa conjunta, un solo sindicato podría también impulsar un proceso constituyente, autoconstituyente, en un proyecto que podría considerarse más bien como “refundación” (creo mejor fórmula que la de “reinvención” que recientemente utilicé), ya que difícilmente podría pretender construir, a partir de su sola iniciativa, el sindicato “unitario”, incluso en el supuesto de que proclamara tal voluntad. Sin embargo, en este caso, sí podría plantear su propuesta constituyente “con voluntad unitaria”, en la perspectiva de ampliar su propio espacio sindical.

En ambos casos se trataría efectivamente de abrir un proceso que sería, o culminaría, en un congreso. Pero con algunas variantes sobre los procedimientos tradicionales:
·         No habría unas “tesis” previas, pues éstas deberían ser más bien un resultado final. Sólo sería necesario un folio suscrito por los convocantes, señalando la decisión de organizar tal proceso constituyente (hacia la unidad o hacia la refundación) y apelando a la elaboración colectiva de los ejes de la nueva organización sindical. La positiva asunción de la historia de la/s organización/nes convocante/s no debería diluir el carácter de “nueva” de la que resultara de este proceso.
·         A tal “convocatoria” se le debería añadir una encuesta y un guión, a fin de estimular la discusión en cada colectivo convocado, para explicar su reciente experiencia sindical en la defensa del empleo, en la negociación colectiva, en las elecciones sindicales (como referencias para elaborar política sindical), así como sus propuestas respecto a la actividad inmediata y futura de la “nueva” organización sindical.
·         Cada colectivo elegiría a un reducido grupo de trabajo encargado de redactar las conclusiones, de administrar las aportaciones que luego se indican, así como de participar en la siguiente fase de discusión y elección. Los convocantes diseñarían un sencillo esquema para ello, de modo que las unidades de partida fueran cada una de las empresas grandes y las agrupaciones de medianas y pequeñas. Habría que explicitar que nos dirigimos tanto a trabajadores fijos como precarios, de la empresa principal y de sus contratas y subcontratas. Y con un procedimiento para la participación (sectorial y/o territorial) de los parados que se consideren trabajadores en busca de empleo.
·         En el Congreso fundacional se aprobaría un primer documento de conclusiones para arrancar la nueva etapa, y a la vez se elegiría a un órgano que elaboraría una propuesta de estatutos y programa de acción de la nueva organización, documentos que se someterían a los afiliados para aprobarlos en el siguiente congreso.
·         Se convocaría abiertamente a los trabajadores que desearan participar en la construcción de esta nueva organización, con la única obligación de aportar una cantidad (por ejemplo 5 ó 10 €uros por parte de los que tengan trabajo y de 1 €uro por parte de los parados) para el desarrollo de las fases posteriores. Más allá de futuros trámites administrativos se trataría de considerar a los participantes como afiliados a la nueva organización. 
·         Esta propuesta abierta comportaría un expreso llamamiento a participar a los y las votantes en las últimas, o potenciales en las próximas, elecciones sindicales del o de los sindicatos convocantes, entendiendo que constituyen el espacio sindical de partida del proceso constituyente.
Un planteamiento de este tipo creo que podría despertar y estimular en este momento, es decir en los próximos meses, importantes energías individuales y colectivas, rompiendo miedos, retomando la iniciativa.

López Bulla.— Creo, viejo amigo, que si como mínimo no están implicados directamente los dos sindicatos mayoritarios no habrá proceso. De ahí que veo casi imposible que una sola organización en solitario quiera abrir esa vía a la unidad. Me atrevo a decir, Isidor, que en el caso de que un sindicato quisiera tirar por la calle de en medio –arguyendo que el otro no quiere--,  cosecharía un fracaso estrepitoso. Más todavía, ello tendría repercusiones negativas en la actual unidad de acción. Quien quiera que tirara por la calle de en medio sería acusado de hegemonismo y de no sé cuántas cosas más. Y lo tendría merecido.
De todas formas, soy consciente de que hoy, por decirlo de manera suave, la unidad sindical orgánica produce más urticarias que entusiasmo. Es como si los grupos dirigentes se hubieran acostumbrado a seguir viviendo en casas separadas. Y prima más el aparente confort de lo conocido que la incertidumbre de la búsqueda de algo nuevo. No obstante, no conozco a nadie que impugne –al menos públicamente— la unidad sindical. Lo que nos da alas a los que somos partidarios de abrir ese proceso. Comparto contigo la forma sencilla del proceso partiendo de un documento breve, aunque substancioso. Por lo demás, me parece que sería de mayor utilidad que todo ello no fuera patrimonio exclusivo de los sindicatos mayoritarios, aunque es obvio que tienen mayor responsabilidad cuantitativa.
No me resisto a ponerte en conocimiento de que nuestro amigo Gabriel Jaraba, siempre tan atento a las cuestiones unitarias de los sindicatos, nos manda esta observación: «En una sociedad de la imagen que valora en extremo los signos y señales que emiten los agentes sociales (véase como el Papa Francisco se ha abierto camino como papa a base de ellos) la unidad orgánica de la clase trabajadora sería un impacto enorme. A tener en cuenta que esa unidad es inédita en la historia de España y de Cataluña, donde nacieron CNT, UGT, CGT, USO y, si se me apura, la concepción moderna de CCOO. ¿No sería eso un acontecimiento extraordinario y positivo? Incluso las organizaciones más pequeñas que no se integrasen tendrían que plantearse la posibilidad o argumentar muy bien su autonomía, lo que llevaría, por cierto, a reflexionar a la central mayoritaria sobre las cualidades de su dinamismo y capacidad de combate (pienso en CGT).»


Lópèz Bulla.-- Por lo demás, te pregunto: Querido Isidor, ¿qué nos hemos dejado en el tintero?


Isidor Boix.- Pues por mi parte sólo quiero añadir algunos apuntes a tus últimas observaciones para que se entienda de qué estamos hablando.
Estoy de acuerdo contigo en lo negativo, y por lo demás imposible, que podría resultar que un sólo sindicato pretendiera abrir un proceso constituyente unitario. No creo que ninguno se lo plantee en estos términos. Coincidiendo en que para un proceso unitario sería imprescindible la participación de los dos sindicatos mayoritarios y deseable también la de los minoritarios. Lo que quise señalar es que si no hay tal proceso conjunto creo que sería interesante que esta reflexión se planteara también desde uno sólo. Para su “refundación”. Estoy pensando en CCOO como el mejor situado precisamente por nuestras raíces y nuestra historia, y ello sin pretensiones de ocupar el actual espacio de otros, por lo que me refería a pensar en el propio espacio electoral sindical. Significaría plantearse la activa participación de los actuales afiliados así como de los actuales votantes, incluso de los espacios hoy sindicalmente vacíos, y para ello, pienso que se trataría de impulsar un proceso sindical nuevo, distinto, “constituyente”, o reconstituyente.
Porque comparto tu consideración sobre el enorme impacto que tendría la unidad sindical y la afirmación de Gabriel Jaraba de que conseguirla sería un “acontecimiento extraordinario y positivo”, comparto también tu recomendada prudencia.
Pero dicen que soñar es gratis. Y por otra parte la reflexión sobre cómo dar la voz y la capacidad de decisión a los trabajadores para “constituir” la unidad sindical, o, más modestamente, para “refundar” alguno de los sindicatos existentes, quizás pueda ser de alguna utilidad.
Y de nuevo gracias por tu aportación a la expansión de ideas, sugerencias y propuestas desde “Metiendo bulla”, contribuyendo a un cierto culto a la utopía que, sin idolatría, quizás puede ser revitalizador en momentos como los actuales.  

López Bulla.--  En fin, Isidor, por nosotros que no quede.


* Referencias anteriores de este debate

 

Paco Rodríguez: SINDICATO, SOLIDARIDAD, VISIBILIDAD

Francisco J. Trillo:  Representando a los trabajadores: ¿qué trabajo, qué trabajadores?

Jaime Cerezo. ¿DÓNDE ESTÁ EL SINDICATO? RÉPLICA PARCIAL Y DESORDENADA

Antonio Baylos: NO VEMOS NI OIMOS A LOS SINDICATOS

Quim González:  No hay sindicato sin emoción de la militancia

Isidor Boix:  (2) DEBATE SINDICAL PARA SABER DÓNDE ESTAMOS, DE DÓNDE PARTIMOS

Javier Aristu:  El sindicato y el nuevo proyecto social

Paco Rodríguez: A VUELTAS CON LOS SINDICATOS

Ramón Alós: A PROPÓSITO DEL DESCONCIERTO DE LOS SINDICATOS

Soledad Gallego-Diaz: Ni se les ve ni se les oye

Paco Rodríguez:  HABLEMOS DE LA AFILIACIÓN SINDICAL

JLLB: SINDICATOS Y EL MONOPOLIO DE LA NEGOCIACIÓN

Magdalena Nogueira y otros: Sindicatos: De la concertación (social) al desconcierto (general)

Quim González: ¿TIENE CABIDA EL SINDICALISMO EN LA EMPRESA ABIERTA?

JLLB: LA PARÁBOLA DEL SINDICATO 

Riccardo Terzi, José Luis López Bulla y otros, Sindicato y política: un debate en 2014