jueves, 25 de mayo de 2017

Contra el trabajo precario...

REACCIONAR FRENTE AL TRABAJO DESIGUAL, PRECARIO, MAL PAGADO

Antonio Baylos

Ya nadie hablaba de la necesidad de derogar la reforma laboral del 2012 porque el panorama político se había cerrado al cambio y no aparecía ni siquiera probable un voto conjunto de las fuerzas de centro izquierda e izquierda que, aunque no consiguiera la mayoría requerida, si diera una señal de una posible alternativa de gobierno en el inmediato futuro. Por el contrario, se sucedían “mayorías de política de Estado” como gustan subrayar los comentaristas políticos al uso, que marcaban un perímetro de exclusión y condenaban a Unidos Podemos y las confluencias a un papel irrelevante en la determinación de la actividad legislativa. El espacio laboral podía ser un espacio de encuentro sólo en aspectos relativamente periféricos, como ha sucedido en la semana pasada mediante el voto conjunto a favor de la proposición de ley para la derogación del delito de coacciones laborales. Sin embargo, era más difícil encontrar un espacio común de propuesta en materia de regulación de relaciones laborales, el eje central de la reivindicación, esgrimida desde diciembre del 2015 a junio del 2016, sobre la derogación de la reforma laboral del 2012. Ahora se abre una posibilidad, porque la victoria de Pedro Sánchez – The Revenant – parece indicar que el PSOE entablará una oposición muy firme contra el PP y que estará más abierto a coincidencias temáticas sobre los grandes temas que nuclean el debate democrático con Unidos Podemos. Al menos este es el pronóstico que están haciendo todos sus enemigos, tanto en el interior del PSOE como, de manera muy llamativa, el conjunto de oligopolios mediáticos que comentan el resultado de las primarias.

La tesis que se mantiene en estas notas es que el reto mayor de este momento político es la reforma laboral. Ya sabemos que el gobierno no quiere bajo ningún concepto modificar ni un solo párrafo de estas leyes. Y el modelo de recambio no está diseñado con seguridad en lo que actualmente son las propuestas del PSOE, aunque tampoco es clara salvo en la negativa a los preceptos del 2010 y 2012, la posición de Unidos Podemos. Con un origen en el período electoral en el que parecía posible el cambio político, en un espacio indeterminado de los agentes económicos y sociales y la presencia de académicos universitarios, se ha fraguado un texto de reforma moderada de la legislación de la austeridad que se conoce como Informe FIDE, aunque su virtualidad para la orientación política del centro izquierda y centro derecha es por el momento improbable, y se desconoce cual podrá ser el modelo en el que los asesores del secretario general electo están diseñando .

Hay no obstante puntos sólidos en los que apoyarse para orientar la revisión de la regulación del trabajo y los derechos que de él derivan. Quizá el texto más relevante todavía hoy que podría suministrar una pauta de regulación diferente se encuentra en el documento que aprobó el Consejo Confederal de CCOO en octubre del 2015  sobre un modelo democrático de relaciones laborales, y que puede leerse en este enlace Por un modelo más democrático de relaciones laborales . Es un documento que, aunque no es tan conocido,  puede confrontarse perfectamente con otros textos que están circulando en Europa como fórmulas de regulación de las relaciones colectivas e individuales de trabajo, tanto en Italia con la Cata de Derechos Universales del trabajo como en Francia con la nueva propuesta de Código del Trabajo o en Inglaterra con el Manifiesto por un Derecho del Trabajo.

El caso es que la situación es francamente mala y es preciso actuar sobre la misma. La degradación salarial es tremenda y generalizada, y de ese hecho se da cuenta en todas las estadísticas de las que se dispone. En efecto, los salarios son el eje de las políticas que enfrentan al capital y al trabajo, de forma que el ajuste económico en España se ha hecho a la vez desde el empleo -despidos, desempleo de masa- y desde la degradación salarial, la situación salarial de las mujeres debe ser un referente central para la acción sindical. Hay que tener en cuenta que el modelo español consiste en retribuir el trabajo lo mínimo posible como criterio general con el objeto de conseguir una rápida recomposición del beneficio empresarial; que se empuja al no cualificado a que se instale en el espacio de lo sumergido y no declarado; que, en consecuencia, aumentan las zonas deslaboralizadas que liberan al empleador de las contribuciones a la Seguridad Social; que el trabajo de los jóvenes, con un mayor componente cognitivo, destaca por estar especialmente penalizado; que el empleo público contribuye desde el 2010 a alimentar también la zona de atraso salarial y de reducción de empleo. En ese panorama, la brecha salarial entre mujeres y hombres es especialmente significativa y a su reducción debe dedicarse un sobre esfuerzo de las estructuras sindicales. El sindicalismo confederal está empeñado actualmente en conseguir un acuerdo con la CEOE-CEPYME que fije una banda salarial entre el 1,8 y el 3% que permita la recuperación mínima de los salarios, conscientes de que la pérdida de la capacidad adquisitiva de los trabajadores y trabajadoras desde el 2010 es un hecho irreversible, pero intentando que la subida del IPC, que aumentó la tasa interanual hasta el 2,6%, no actúe además de forma regresiva sobre empleados públicos, pensionistas y parados.

En efecto, los recortes sociales y la devaluación salarial han llevado a conseguir que España sea un país en el que existe una amplia desigualdad social. La desigualdad es una consecuencia fundamental de este modelo..

La desigualdad tiene que ver con las diferencias de renta, la devaluación salarial y, naturalmente, la precariedad en el empleo que genera salarios irregulares y bajos. Es un dato que ya conocíamos también a través del  Informe 'Perspectivas sociales y del Empleo en el Mundo. Tendencias 2016'. "La creación de empleo sigue sin resolver uno de los grandes problemas en la economía española, a saber, la dualidad del mercado de trabajo español ya que la tasa de temporalidad interanual sube del 24,6 % en el tercer trimestre de 2014 al 26,2% en el mismo trimestre de 2015", de manera que "uno de los principales problemas del mercado laboral español es que en muchos casos con contratos cortos, a veces empleos temporales de una semana. En junio se supo que uno de cada cuatro contratos que se firmaba dura una semana o menos".  El hecho de trabajar no exime de la pobreza. La precarización de las condiciones laborales ha elevado del 14,2 al 14,8% el porcentaje de trabajadores pobres, y la tasa de pobreza entre las personas en paro se sitúa en el 44,8%, según datos del informe anual Análisis y perspectivas 2016 de la Fundación Foessa de Cáritas, dedicado en esta edición a la expulsión social y recuperación económica, que constata además un aumento del 9% del riesgo de pobreza desde el inicio de la crisis. El informe de la OIT antes citado alerta también del elevado número de familias en riesgo de situarse por debajo del umbral de pobreza, una cifra que aumenta inexorablemente: del 27,3% de la población en 2013 al 29,2% en 2014.

Decir precariedad  en España es referirse a dos elementos centrales en el plan institucional, la rotación que ofrecen los contratos temporales como forma de empleo prácticamente única para trabajadores jóvenes y mujeres, y la propagación del tiempo parcial no voluntario como única fórmula de empleo femenino y juvenil. Es evidente que este es un espacio sobre el que el sindicalismo tiene que concentrar sus esfuerzos, unido a la regulación del mecanismo de dislocación empresarial de las contratas y subcontratas junto a otros fenómenos relativamente nuevos como las llamadas empresas multiservicios. La apertura que ha supuesto la incidencia en nuestro país de la jurisprudencia del TJUE debería permitir iniciar una fuerte campaña por la remodelación de la contratación temporal que abata la precariedad y la rotación acelerada de contratos, junto a la consideración del tiempo parcial como un fenómeno esencialmente voluntario y vigilado para evitar la utilización abusiva de una figura que además coincide prácticamente con categorías vulnerables como mujeres y jóvenes  e induce por tanto a consideraciones sobre la discriminación indirecta que esta figura lleva consigo.


Pero al margen de este combate continuo contra la precariedad y la desigualdad que lleva a cabo el sindicato, la posibilidad de una intervención normativa que altere de forma sustancial la ordenación de las relaciones laborales, vuelve a ser en estos momentos una cuestión clave. Volveremos sobre el tema en otras ocasiones, pero la urgencia del modelo laboral que tienen que diseñar las fuerzas del cambio político frente al que se ha instalado en nuestro país a partir de los gobiernos del PP desde noviembre del 2011 en adelante, es una cuestión urgente. Pero también posible y necesaria.




miércoles, 24 de mayo de 2017

La madre de todas las estafas


El barbero de Sevilla sin Fígaro. El Príncipe de Dinamarca sin Hamlet. Una estafa de tomo y lomo. Rossini y Shakespeare decapitados a cosa hecha. O, lo que es lo mismo, una moción de censura al presidente del Gobierno sin Mariano Rajoy. La madre de todas las estafas.

Hace algún tiempo algunos letraheridos me llamaron la atención por haber osado decir que el hombre de Pontevedra se iba deslizando a marchas forzadas hacia el bonapartismo. Incluso llegaron a tirarme de las orejas porque dije que estábamos entrando en una democracia demediada. Desgraciadamente, los hechos concretos –y no las quisicosas academicistas--  están demostrando que un servidor no meaba fuera de tiesto. No tuve mala puntería. Repito, por desgracia.

De un tiempo a esta parte se han sucedido una serie de acontecimientos que muestran que se incrementa el bonapartismo y se degrada, todavía más, la democracia en nuestro país. El carácter y las prácticas del Partido Popular son la expresión más contundente de esta corrosión. Los últimos acontecimientos lo han corroborado: el Gobierno y sus capataces se han pasado por la cruz de los pantalones la reprobación del ministro de Justicia y la cúpula de la Fiscalía. Actitudes de extrema gravedad y, peor todavía, las argumentaciones que les acompañaron. A Hans Kelsen se le hubieran puesto los pelos de punta. Y posiblemente a sir Winston le hubiera parecido que eso traspasa desvergonzadamente la política de derechas.

Algún que otro manijero del Partido Popular ha calificado de «payasada» la presentación de la moción de censura. Por menos motivo el indecible de Hernández Mancha le presentó una censura a Felipe González y, éste, a su vez,  hizo tres cuartos de lo mismo con Adolfo Suárez. Ninguna de las dos, dicho sea de paso, tenían posibilidades de prosperar. Vale decir que ni Suárez ni González calificaron dicha figura parlamentaria como una payasada. Se apretaron los machos y dieron la cara.

Pero el hombre de Pontevedra no sólo no da la cara sino que aparenta tomárselo a chacota y anuncia retrecheramente que hará mutis por el foro. Sabe perfectamente que, incluso quienes no apoyen la moción de censura de Podemos, lo pondrán verde. Que también los que critiquen a Pablo Iglesias el Joven lo crucificarán. Que hasta el versátil Albert Rivera, haciendo mangas y capirotes, aprovechará la ocasión para sacarle los colores. El hombre de Pontevedra, así las cosas, estima que Fígaro sobra en El barbero de Sevilla. Que a Shakespeare se le fue la mano introduciendo a Hamlet en El Príncipe de Dinamarca. Y algo más: que la estabilidad del gobierno español será observada sospechosamente por las cancillerías europeas. Ahora bien, Rajoy sabe que los periódicos del Movimiento, viejos y nuevos, le reirán las gracias. Para eso, se diría, está el saco de reptiles.


Una sospecha: el hombre de Pontevedra no sólo lee Marca, también Arriba


martes, 23 de mayo de 2017

Contra El País

Mucho está dando que hablar la editorial de ayer de El País (1). Hay que decir que el diario se ha superado a sí mismo. Y desempolvado aquella violenta literatura de la prensa decimonónica que se estilaba con frecuencia en Madrid. En aquella época que no pocos periodistas mojaban la pluma en cazalla de garrafa y no en los tinteros.

El objetivo explícito de este panfleto –en el peor sentido de su expresión--  es el ataque al hombre. Es el conocido argumento ad hominem. La falacia que destila quien escribe con el cerebro en poder de las uvas. El editorialista ha roto a mi juicio los códigos de la ética periodística. Ha hecho trizas el estilo de una prensa juiciosa tal como postulaba, hace ya muchos años, su declaración fundacional. Ha aparecido como un hooligang rabioso. Es, en definitiva, la conclusión de un proceso de airado sectarismo contra lo que no se orienta en la dirección que dictamina. No me extraña la caída de sus ventas y su crisis financiera.

Cuando leí dicho editorial pensé, estupefacto, que reaccionaba de esa manera porque sus alegatos habían sido desobedecidos activamente por decenas de miles de votantes socialistas. Lo sigo creyendo. Sin embargo, un comentario del maestro Gabriel Jaraba, «gloria y flagelo del periodismo» me pone sobre aviso: con ese editorial El País está marcando rumbo, orientación. O sea, la constatación de que el diario sigue empeñado en marcar políticamente la pauta de la política española.  Políticamente, no periodísticamente. Eso es lo que está detrás de su atrabiliaria sintaxis.

En resumidas cuentas, El País se disfraza de Mariscal Mac Mahon diciendo al Gotha socialista «Je suis, j´y reste». O sea, yo sigo. No lo ha entendido así el tosco Corcuera que ha devuelto al PSOE el carnet y el rosario de su madre. No, los viejos galápagos, que nunca mueren, no están huérfanos.

               
                 1.   http://elpais.com/elpais/2017/05/21/opinion/1495402685_402133.html?id_externo_rsoc=FB_CC




lunes, 22 de mayo de 2017

Pedro El Deseado


Pedro El Deseado ha vuelto a Ferraz por la puerta grande. La mancha de la mora con otra verde se quita. Ha cruzado la línea de la mayoría absoluta y coloreado muy mayoritariamente de sanchismo el mapa socialista español. Han sido derrotados el Gotha, los dioses menores y los guardias de corps que llevaron a los altares a Susana Díaz. Hay que decir que contra todo pronóstico. Sólo conozco a una persona que me aseguró que Sánchez ganaría la contienda, Javier Aristu. Me dio la impresión que no hablaba desde la cueva de Delfos sino con punto de vista fundamentado. Pero no me convenció. Mea culpa. Al final, Aristu tuvo razón. 

Las dos primeras reacciones a la victoria del Deseado, por orden de aparición en la pantalla fueron las del hombre de Pontevedra y la de la señora Díaz. El primero, en un tosco alarde de malafoyá granaína, tira de twiter y felicita al Real Madrid por su trigésima segunda Liga; Díaz, en su primera comparecencia tras la derrota, hace unas declaraciones que bondadosamente se puede calificar de extrañas: no cita por su nombre al vencedor y sólo agradece los votos que ha cosechado en Andalucía. Corteses las felicitaciones de Pablo Iglesias el Joven y de Albert Rivera.

Esta es la tercera vez que el aparato socialista fracasa en su intento de poner sus hechuras al frente del partido. Le pasó con Borrell frente a Almuncia y con Zapatero versus Bono. Pero nunca con tanta envergadura como ahora con Sánchez frente a Susana. Los aparatos ya no son lo que eran. Las brujas de Macbeth están oxidadas. Aunque no sabemos si definitivamente.

Dos han sido los ejes de la victoria de Sánchez: el «no es no» y el papel de la militancia. Insuficientes para generar un proyecto de renovación del partido, pero suficientemente clarificadores para clarificar parcialmente el papel del PSOE en la presente coyuntura. El «no es no» como metáfora de posición ante la derecha y la cuestión militante como elemento de oxigenación del partido y renovación parcial del carácter vétero lassalleano de la socialdemocracia. Ahora bien, soy del parecer que hay más claves: los votantes de estas primarias estaban hasta la cruz de los leotardos de que los podemitas les mojaran la oreja y que el Gotha sindical, desde el Olimpo, hiciera (algo más) que mangas y capirotes en la organización. La militancia, por lo que se ve, está intentado sacarse de encima su tradicional condición de terminal burocrática, de aquella servidumbre voluntaria de la que habló lúcidamente Étienne de la Boétie. En suma, parece que han contestado su asignación como figurantes de cartón piedra de un antiguo péplum.

Lo que no sabemos es hasta qué punto el Gotha, los dioses menores y los guardias de corps reaccionarán ante esta victoria tan apabullante. Porque los viejos caimanes nunca mueren. Ni están solos.

Y en lo que se refiere a Pedro Sánchez vale la pena recordarle la idea de Maquiavelo: « quien introduce innovaciones tiene como enemigos a todos los que se benefician del ordenamiento antiguo, y como tímidos defensores a todos los que se beneficiarían del nuevo».  Vale.


domingo, 21 de mayo de 2017

Versión heterodoxa de las «primarias» del PSOE

Corro el riesgo de ser considerado un extravagante si digo que el principal problema de los socialistas españoles no es el que se ha ventilado en el proceso de las llamadas primarias que finalizará esta noche. No digo que sea irrelevante la elección de la persona que ocupe la primera cátedra del partido. Es importante, por supuesto. Pero no es lo principal. Esta idea que confunde lo principal con lo importante es propia de la política vieja, engalanada con la aparente modernidad de las primarias. Es, sobre todo, la confusión entre renovación y recambio. El recambio puede ser una condición necesaria pero, por sí sola, es insuficiente.

Ciertamente, hemos visto hasta qué punto decenas de miles de afiliados al PSOE se han movilizado –tal vez como nunca lo habían hecho en su reciente historia--  para elegir a su secretario general. Y creado una tensión interna inédita, trufada en no pocas ocasiones de un trigo poco limpio. Un proceso más propio de fideísmos.  . El fideísmo es cualquiera de los varios sistemas de creencias que sostienen sobre variados argumentos que la razón es irrelevante a la fe, sea ésta religiosa o de otra naturaleza. Porque una determinada visión política puede derivar –como ha ocurrido muchas veces--  en religión. De hecho la fe es un vínculo que puede relacionar la religión y la política. Y siempre que se ha dado ha ido en detrimento de la razón política.

La crisis del PSOE, como la de la socialdemocracia europea, viene de lejos. El famoso Ok Ferraz del 1 de Octubre del año pasado no es el origen de la crisis, sino una consecuencia de errores y limitaciones, que nunca se quisieron ver. Es más difícil que un rico entre en el Reino de los Cielos que un equipo dirigente político reconozca sus errores. (Hecha la excepción de la congregación laica que preside la Madre Superiora de las Hermanitas de Andorra).

Sin embargo, los estrategas de cada uno de los contendientes (Díaz, Sánchez y López) han enfocado el litigio como si la crisis del partido tuviera un origen inmediato. Claro, con el mandato y beneplácito del tridente. Todos ellos han hurtado a «la militancia» ese dato: que la cosa viene de muy atrás. Así pues, este proceso de primarias ha tenido ese déficit de explicación. La conclusión implícita es: tras la elección de la jefatura empieza la remontada. Lo que no es posible sin hacer un análisis de las patologías del PSOE, sin proponer un proyecto, digno de ese nombre.

Ahora bien, un proyecto, con su trayecto gradual, no puede construirse sin su correspondiente referencia en torno a la reciente historia del partido. Y en este caso a sus lagunas y distracciones. Que son, grosso modo, en esta visión heterodoxa las siguientes:

1.--  El PSOE y la socialdemocracia europea presumieron siempre de que la implosión del modelo soviético no le afectaba, que sólo era cosa del comunismo. Con lo que vieron cómo entraban en barrena los partidos comunistas europeos, pero no se percataron de que también ellos mismos empezaban su parábola descendente.

2.--  Los principales dirigentes del PSOE se contagiaron de la sospechosa magia de la tercera vía que escribieron y llevaron a la práctica Tony Blair y Gerard Schröeder. Siguió bajando la parábola socialista en España y Europa.

3.--  El PSOE jamás de los jamases analizó el divorcio entre el partido y “su” sindicato, UGT. Que una relación histórica de este calibre no motivara ninguna averiguación de su por qué fue algo escandaloso. Ni siquiera que de aquel vínculo se pasara a algo meramente protocolario. Tres cuartos de lo mismo podemos decir de lo que ocurre en el Viejo continente sobre este particular.

4.--  Tampoco prestaron atención a la irrupción del movimiento de los Indignados y su posterior transformación en el partido de Podemos.  Cuando quisieron dar una explicación sobre ello fue de la mano de Susana Díaz con esta descomunal grosería: “Muchos de los que se indignaron –el 15M- pensaban que iban a poder tener su casita en la playa y que iban a conseguir que sus chavales fueran a la universidad y, además, tuvieran un master”.  Un intento grotesco de  darle una explicación a la situación en la que se encuentra el PSOE y por qué los jóvenes han dejado de votarle. 

5.— Por último, pero no menos importante, tres grandes cuestiones que someramente son las siguientes: a) el partido no ha dicho absolutamente nada sobre la gigantesca innovación y reestructuración de los aparatos productivos, la crisis económica y la cuestión social.

Así las cosas, ¿cómo no iba a entrar en barrena el viejo partido? Y si además nada de ello se quiso ver –o no se supo ver— el solipsismo socialista estaba cantado. El estilo de las primarias, también. Pronto veremos el resultado.

P/S. Sinceramente deseamos que el doctor don Alejandro Otero (en la foto) atienda al paciente.


sábado, 20 de mayo de 2017

«La criminalización del derecho de huelga»


Importante artículo el de Antonio Baylos, La criminalización del derecho de huelga (1). No descubrimos el mediterráneo si afirmamos que el profesor conoce el paño. Su tesis doctoral y la abundante investigación sobre el particular lo avalan. En todo caso, dicho artículo que comparto me sugiere algunas reflexiones, en primer lugar, sobre el tema y, en segundo lugar, sobre su ejercicio en estos nuestros tiempos. Sobre ambos convendría que el sindicalismo se parara un momento y meditase pormenorizadamente.

Una observación previa: no considero atinado el eslogan, tan recurrente en los últimos tiempos, de «la huelga no es un delito». Es una definición en negativo que da toda la impresión de que se está a la defensiva. En vez de poner énfasis en lo positivo –esto es, la huelga es un derecho constitucional--  se opta por lo que no es. Es, por otra parte, un error mediático que se ha ido generalizando no se sabe muy bien por qué. Más todavía, cuando existe ciertamente un ataque en toda la regla contra el derecho de huelga, es de pánfilos afirmar que no es un delito. Dicho lo cual podemos pasar a la segunda reflexión.

El ataque al derecho y al ejercicio de la huelga muestra el rotundo fracaso de los repetidos intentos de cooptar al sindicalismo para que acompañe acríticamente las políticas contra la condición asalariada. Podemos convenir que los intentos de nuestras contrapartes fueron históricamente así: primero un ataque al sindicalismo y sus instrumentos; después vino el intento de convertirlo en un sujeto técnico como agente de la llamada paz social. Ahora, el neoliberalismo y sus diversas familias intenta combinar lo primero y lo segundo: el palo y la zanahoria. De un lado, la criminalización de la huelga y conseguir que sea mero compadre de los cambios y transformaciones que están en curso.

La segunda observación se refiere al  ejercicio del derecho de huelga, a las formas prácticas que necesitan una profunda renovación. Porque si bien las nuevas y novísimas tecnologías pueden ser un instrumento de apoyo a su ejercicio, no es menos cierto que, en otros casos, lo interfieren. La antigua expresión de «huelga de brazos caídos» --si no se trabaja, las máquinas se paralizan--  ya no es cierta. O no tan cierta como antaño. Haces huelga, pero las máquinas siguen funcionando a todo meter. Lo que provoca que, de una vez por todas, se proceda a nuevas formas de ejercicio del conflicto. En caso contrario, se irá provocando un desfase entre los objetivos del ejercicio de huelga  y su eficacia real.

Permítanme una referencia personal. Precisamente en No tengáis miedo de lo nuevo; trabajo y sindicato en el capitalismo globalizado, en su Tranco sexto, abundo en esta cuestión. Estará en las librerías el día 5 de junio próximo. Con Javier Tébar y Antonio Baylos. Editado por Plataforma editorial.  


viernes, 19 de mayo de 2017

Enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido


Parece que la última trinchera del Partido Popular empieza a estar en apuros. Nos referimos a Cristina Cifuentes. La UCO –o sea, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil--  la ha señalado en sendos informes. Hay sobrados indicios de que no es oro todo lo que reluce, por decirlo de una manera suave. O, si lo prefieren, el oro del que presume Cifuentes es del que cagó el moro. Consecuencias: el hombre de Pontevedra, con más apuros todavía, ordena el cierre de filas con un alegato que va dirigido sin disimulo a la (todavía) potente bandería del partido que, sumida en la charca, dispara contra la última trinchera, contra su propia conmilitona, doña Cristina. Cosas del fuego amigo que, cada vez más, es enemigo. Ya lo dijo el canciller Adenauer: «Hay enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido». Y Andreotti lo remató con palabras similares.

La reacción del Partido Popular sigue la senda más de lo mismo. Con una novedad que ya Cifuentes había señalado: un ataque en toda la regla a la mismísima Guardia Civil. Exactamente así: ¿quién se cree que es la UCO para apuntar contra la virginidad de Cristina?  Entiéndase: la virginidad de quien no tiene la mano tiznada.

Y como es de rigor en estos casos, la defensa de Cifuentes es el ataque. A la otrora inatacable Benemérita. La pura Cristina arremete contra la metodología de la UCO a la hora de hacer sus informes. Dice: la UCO no puede indiciar qué son delitos y qué debe proponer al Juez instructor. ¿Ignorancia sobrevenida? No, padre. Se trata de una burda operación de deslegitimación de la UCO, de sus formas de investigación y una acusación a la falta de independencia de la Unidad. El mismo estilo que el de sus mentores. En todo caso, son unas maniobras inútiles. El Magistrado Joaquim Bosch lo ha dejado claro: el informe de la UCO es impecable, hace y dice lo que le corresponde. Así las cosas, lejos están los tiempos de aquella «guardia civil caminera». Lo sabe perfectamente el hombre de Pontevedra y lo teme esta Cristina Cifuentes, cuya pureza está siendo puesta en entredicho. En conclusión, el Partido apostólico va perdiendo asideros a marchas forzadas. Por su mala cabeza.


P/S. En la foto el cabo Colomera, el terror de las tierras de Granada, de su vega y del secano. 


jueves, 18 de mayo de 2017

Nada menos que la «guerra democrática»


El exdiputado del PDECAT en el Congreso, Francesc Homs, ha asegurado que "hemos declarado la guerra democrática a España" durante un almuerzo-debate junto al economista Guillem Lopez Casasnovas en el Born Centro de Cultura y Memoria de Barcelona. El también ex consejero de la Presidencia ha añadido que "tenemos la oportunidad de ganarla" (1). Me hago cruces con la estrambótica verborrea de este caballero. Siempre tuvo una querencia al lenguaje naïf pero en esta ocasión se ha superado con creces. Hasta tal punto que da la impresión que quiere competir con los ideolectos del hombre de Pontevedra.

Resulta que Homs y los suyos han declarado la «guerra», que por más señas es «democrática», a España. Un sintagma esperpéntico, que haría sonrojar hasta un picapleitos de tres al cuarto. En todo caso, la hipotética guerra declarada no impide los cabildeos entre el grupo parlamentario de la vieja Convergència y el PP: yo te saco las castañas del fuego de la estiba y, a cambio, tú te llamas Andana en lo relativo al caso Palau.

Ahora bien, que lo dicho sea una gilipollescencia (lo de la guerra democrática) no necesariamente impide que le dediquemos algunas reflexiones. Por ejemplo, Homs reclama que hablen de él. Necesita que se le tenga en cuenta en el quién es quién en todo el procés, incluidos sus meandros. Así pues, como fiel masovero le hace otro servicio al amo. Debe intentar tapar mediáticamente, dentro de lo posible, la espectacular trifulca entre la mayoría parlamentaria de Junts pel Sí, que vuelve a enfrentar al partido de Mas con Esquerra Republicana de Catalunya por el asunto Palau.

En todo caso, esto de la guerra democrática no es irrelevante porque puede inducir a interpretaciones por parte de algunos lobeznos del secesionismo. Que, hartos de componendas, acabarían organizando una particular kale borroca a mayor gloria de Cataluña.  


miércoles, 17 de mayo de 2017

Reprobada la cúpula de la Justicia

El Congreso de los Diputados reprobó ayer al Ministro de Justicia, Rafael Catalá. El caballero, un par de minutos más tarde, declaró que no dimite. El hombre de Pontevedra tampoco lo cesa. También el Congreso exigió la destitución de la extraña pareja: la de Maza que ejerce dudosamente de Fiscal general del Estado y la de Moix que simula actuar como Fiscal anticorrupción.

No me dejan otra explicación que la siguiente: el Gobierno los necesita para seguir protegiendo, dentro de lo que pueda, al partido que está abierto en canal con ese enorme archipiélago de la corrupción. Dentro de lo que pueda que, cada vez más, es poca cosa. Porque el Gobierno dispone de menos cortafuegos que nunca.

Que no sea cesado el Ministro --y que no dimita-- sólo tiene un nombre: es un escándalo. Especialmente cuando se trata de un ministerio tan sensible como es el de Justicia. Que el gobierno sea reincidente (ocurrió lo mismo con la reprobación del beato Fernández Díaz)  expresaría la sospechosa relación del Partido Popular con la democracia. Así pues, no debe calificarse todo ello de error sino de opción política, ya consolidada. De un quehacer para intentar taponar las vías de agua de ayer, hoy y –se supone— las que todavía no han aparecido. Son tantas vías que no es descabellado pensar que dicho partido es irreformable.

Lo extremadamente chocante es el carácter pétreo del Partido Popular. Nadie rechista, nadie dice, al menos públicamente aquello de «hasta aquí hemos llegado». Posiblemente se tema la supervivencia política personal de quien o quienes podrían hacerlo. O, no se puede descartar, a la vigencia de la práctica de la omertà, el tenebroso código de honor siciliano. Ahora bien, bien podría ser que el problema fundamental no está tanto en los diversos masoveros que todavía podrían alzar la voz, sino en el carácter del partido. Y, según se mire, en el carácter de los llamados «partidos de notables». Que están gobernados por una férrea estructura verticalista que gestiona la existencia de diversas banderías a las que se deja hacer siempre y cuando no impugnen la autoridad sagrada del premier.

Ustedes dispensen pero, así las cosas, la reforma de la democracia es un cuento chino si no se aborda prioritariamente la reforma de los partidos políticos. 


Delenda est Carthago

martes, 16 de mayo de 2017

LA EXTERNALIZACIÓN Y SUS EFECTOS SOBRE LA FRAGMENTACIÓN DEL MERCADO DE TRABAJO



MIQUEL ÀNGEL FALGUERA BARÓ
Magistrado especialista Tribunal Superior Justicia de Cataluña

1.  LA PROGRESIVA DERIVA REGRESIVA DE LAS CONDICIONES LABORALES (EN ESPECIAL, RETRIBUTIVAS)

Hace años que se escucha el término “dualidad” en referencia al mercado de trabajo. Aunque es cierto que desde hace años existe una peligrosa fragmentación de las condiciones contractuales, con esa noción un determinado pensamiento económico –hegemónico, aunque en progresivo declive, pese a su constante implantación en el iuslaboralismo – pretende evidenciar la existencia de dos colectivos de asalariados: los trabajadores fijos con empleo estatal –que se califican como “sobreprotegidos”- y los temporales, con menores derechos laborales en la práctica –aunque no, más allá de la duración del contrato, en el plano jurídico-. Y esa tesitura se aboga por la aplicación de la tabla rasa “a la baja”;  esto es: la extensión de las peores condiciones contractuales de los temporales a los indefinidos, Ahí está la famosa propuesta del denominado “contrato único” como paradigma. 

Es evidente a estas alturas que esas propuestas no son más que mera ideología. En el fondo, no se postula otra cosa que la subindicación salarial y la degradación universal de las condiciones de trabajo, como instrumento para avanzar en la peligrosa deriva de la distribución negativa de rentas a la que estamos asistiendo en los últimos años.  Es en ese marco en que cabe situar las reformas laborales de 2012 y 2013 (con notorios antecedentes que a veces se olvidan), en tanto que éstas han significado –con el beneplácito del TC- un evidente empeoramiento del régimen contractual de las personas asalariadas, al promover una reducción de indemnizaciones extintivas, el incremento de las competencias unilaterales de los empleadores y una notoria capidisminución de los poderes de los trabajadores en la empresa y de las atribuciones de la negociación colectiva.
Se afirma por algunos que en la actual tesitura sólo es posible la denominada “devaluación interna” a fin de ganar competitividad y, por tanto, crear empleo. Y a dichos efectos se aportan como prueba las recientes estadísticas de desempleo. En definitiva, se nos dice y reitera hasta la saciedad, más vale empleo mal retribuido pero creciente, que empleo de calidad, pero escaso. Repito que es ése un discurso ideológico: su lógica de fondo sería aceptable si esa degradación de ingresos fuera universal y compensada. Porque las estadísticas también ponen en evidencia otra cosa: que la porción de rentas de empleadores y rentistas no para de crecer, mientras que la de los asalariados va a la baja (aunque estos siguen siendo, con muchos, los que más contribuyen al  erario público). El discurso neoliberal aparentemente igualitarista y distributivo limita sus propuestas reduccionistas a los asalariados, pero no acepta su generalización entre los más privilegiados (lo que se justifica con el mantra de “la desigualdad crea riqueza”… cuya falsedad puede comprender hasta un niño).

No deja de ser sintomático que el partido gobernante que tanto se envuelve en la bandera de la Constitución –aunque sus padres fundadores no la votaron- se olvide de uno de los primeros mandatos inscritos en el frontispicio de nuestra Carta Magna (art. 9.2): “corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social” (aunque tampoco es extraño en el partido que facilitó –y lo sigue haciendo- la liberalización del suelo, pese al contenido del artículo 47 CE).

Ahí está el fenómeno de los denominados “trabajadores con empleo pobres”, una tendencia que se está extendiendo especialmente entre las jóvenes generaciones (con evidentes dificultades para acceder a necesidades tan básicas como una vivienda). La ruptura del mandato constitucional no puede ser más evidente. 

Pero concurre un efecto adicional que nos afecta también a los juristas: progresivamente el Derecho –con su bagaje cultural más que bimilenario- se ve ominosamente sometido a los designios de la “ciencia” (sic) económica, con apenas dos siglos de historia. A veces uno tiene la impresión que su actuación como juez –y aplicando determinadas hermenéuticas jurisprudenciales y constitucionales- se asemeja más a una especie de componedor del conflicto social en función de la situación económica o la productividad, que como garante de los derechos constitucionales. Poco a poco, en forma silenciosa, el derecho a la propiedad y el derecho a la libre empresa, pese a su mera condición de “principios rectores” han ido alcanzando en la práctica jurídica el estatus de derecho fundamental privilegiado, incluso de eficacia inmediata privilegiada sobre aquellos otros que, en el plano formal, sí tienen la condición de derechos fundamentales “puros”.


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lunes, 15 de mayo de 2017

A propósito del ciberataque ...



... y la organización que lo posibilita


Pedro López Provencio


En estos días, el ciberataque que han sufrido muchas instituciones y empresas de los cinco continentes es muy grave. Dicen. Y la amenaza de los hackers está desatada. Y, al parecer, exigen el pago del chantaje en bitcoins. Esa moneda digital que resulta más difícil de rastrear que las otras y, en consecuencia, protege la identidad de los poseedores espurios. Denominados piratas informáticos en este caso. Al igual que con las monedas de otros piratas, financieros, evasores, corruptos y otros criminales de distinto pelaje. Que también pueden apropiarse de lo indebido utilizando esa y cualquiera otras monedas más o menos virtuales. Usando los paraísos fiscales y otros bancos más o menos cercanos. Siempre propicios a captar nuevos ingresos y fuentes de financiación.

Paralizado parte del sistema, por la encriptación ajena de los algoritmos y de los datos propios, se hace imposible su utilización. Se envía a los trabajadores a su casa. Claro, no tienen nada que hacer. Su trabajo consiste en seguir las instrucciones que les proporciona la máquina y, a veces, coadyuvar a su alienado funcionamiento.  Al revés de no hace mucho, que las máquinas seguían las instrucciones de los trabajadores. Se va culminando la separación entre la acción laboral y el pensamiento inteligente. Separación que se establece con mayor precisión. Taylor en todo su esplendor. Con los complementos de Ford y Toyota.

El martes pasado, día 9, impelido por Javier Tébar en su ingente labor por desasnarnos, fui al speaker’s corner de CCOO. A escuchar al profesor Hiroaki Watanabe. Nos habló sobre la lucha por la revitalización de los sindicatos japoneses y la organización de los trabajadores después de la desregulación del mercado laboral. Entendí, por una parte, que allí no existía tal lucha. Los sindicatos japoneses de empresa están para que ésta permanezca, hacerla más productiva, conseguir más carga de trabajo, que no se deslocalice y que se incrementen los beneficios. Con la esperanza, supongo, de conservar el empleo y de que “algo les caiga”. Uff, no sé por qué se me vienen a la cabeza algunas empresas del automóvil de por aquí.

Por otra parte entendí que, a pesar de las grandes diferencias culturales, históricas, psico-laborales y sociales, la evolución, de los sistemas de contratación laboral, ha seguido pautas similares. Desde la década de los 70. En Japón como en Alemania, Italia, Estados Unidos, España, han sido calcadas. La anterior contratación laboral, fija e indefinida habitual, ha pasado a ser generalmente temporal y precaria. La autorización para la creación y funcionamiento de empresas prestamistas se han dado en las mismas épocas. Y la frecuencia en la contratación de empresas auxiliares también. Éstas ya fabrican subconjuntos del producto y aportan los trabajadores que entran en la fábrica principal para montar su parte en el conjunto acabado. Todo ello ha proliferado al mismo compás.

Después de 50 años de trabajo ininterrumpido en empresas privadas e instituciones públicas, no se me ocurre nada importante que suceda en su seno por casualidad. Cuando en los años 60 trabajaba como Oficial mecánico ajustador, el empresario necesitaba conservar a los profesionales y demás trabajadores. En sus conocimientos y experiencia se sustentaba principalmente la producción, la organización del trabajo y la supervivencia de la empresa. De ahí pagar buenos complementos por antigüedad. De ahí la contratación laboral fija e indefinida. Eso ha cambiado. El trabajador se consolida ahora como simple apéndice del sistema. Del que se requiere el conocimiento mínimo necesario para accionar el puesto de trabajo en el que se le coloca. Conocimiento que le puede suministrar la empresa en un plis plas. Porque base para adquirirlo suelen tener de sobras. Se requiere especialmente que sea sumiso y obediente y, a ser posible, asustado e individualista. Hay empresas de selección de personal que se dicen especialistas en observar la mirada. Ha de aceptar venir cuando se le llame e irse cuando se le diga. Sus conocimientos y experiencia cuentan muy poco. O nada. De ahí la contratación precaria y temporal.

No hay duda de que es muy necesario que los sindicalistas se ocupen de que se cumplan los derechos consolidados de los trabajadores. Y que les ayuden en todas aquellas dificultades que les pueda ocasionar su relación laboral subordinada. Que les faciliten y aporten los servicios de gestoría administrativa y de asesoría y de defensa legal letrada. Y acudan, cuando convenga, a la Inspección de Trabajo y a la Jurisdicción Social. Que deberían actuar de oficio cuando correspondiese. Y atender, además, a la evolución salarial, la renta garantizada y la jubilación. Y a los servicios sociales y demás percepciones indirectas.

Pero un Sindicato que se proclame de clase y sociopolítico debería tener el firme propósito de discutirle al empresariado la organización del trabajo e intervenir en el control de gestión de las empresas. Para conseguir más derechos y evitar que se pierdan los conquistados o consuetudinarios. Seguro que no será fácil. Lo he vivido desde los dos lados de la mesa de negociación y sé de las contradicciones y dificultades que hay por ambas partes. Pero en un momento en que se avanza en una nueva revolución industrial me parece imprescindible que el Sindicato actúe y trate de condicionar su evolución. Para que los trabajadores sean el factor principal de todo proceso de trabajo.

Es evidente que esto no se va a poder acometer con éxito aisladamente en un solo país. Es una labor sindical internacional. Pero, como todo, no se plantea de golpe al unísono en todo el mundo. Por algún lugar se empieza y por otros se sigue. Y alguna labor se está haciendo ya con empresas multinacionales y deslocalizadas.

El desempleo y el malempleo actual ha sido provocado, en gran medida, por la crisis y la deslocalización desordenada de empresas. Que, en vez de redistribuir la producción para mejorar las condiciones de vida por todo el mundo, y evitar la emigración forzosa, lo hacen en exclusiva para reducir costes. Y obtener mayores beneficios privados. Explotando a los trabajadores de allí como ya no lo pueden hacer con los de aquí. Aunque haya retrocesos evidentes.

También se evapora la esperanza y se ausenta la posibilidad de realización personal mediante la participación en un trabajo creativo y socialmente útil. Pues la actual organización del trabajo persigue todo lo contrario. Lo que posibilita que los trabajadores encuentren una luz en los profetas de la extrema derecha, que tratan de consolarles ofreciéndoles falsos culpables, como los emigrantes o los sindicatos o la ausencia de fronteras. O que se pueda creer en mágicas soluciones como la secesión, la independencia, o el derecho a decidir. O burdas distracciones como los referéndums para “decidirlo todo”. Aquí como en la Gran Bretaña.

En un mundo en el que el poder que proporciona el conocimiento y la información se lo reservan a unos pocos. Legales o ilegales. Propietarios o usurpadores. Se puede hacer tambalear el sistema con relativamente pocos medios. Y poner en mayor peligro a la generalidad de las personas. Como se está viendo en estos días.

Para atajar esos peligros el saber se ha de extender y distribuir. Para que de los problemas reales que padecen los trabajadores, con y sin empleo, no que sea la ultra derecha xenófoba y facistoide la que obtenga ventaja, de la precariedad, el paro, la falta de horizontes y utopías necesarias para caminar. Es necesario cambiar los condicionantes que impone la actual forma de organizar el trabajo.

            

domingo, 14 de mayo de 2017

¿Escisión en el PSOE si…?

Hemos oído decir a Susana Díaz que habría que preguntarle a Miquel Iceta si es neutral en la contienda que se traen entre manos los socialistas españoles. En verdad que se trata de algo chocante. Y extraña. Porque exige al dirigente catalán una actitud contraria a la de los exuberantes apoyos del Gotha socialista. Me malicio que la Díaz no ha sacado las pertinentes conclusiones de su sonada derrota en Cataluña en la fase de la recogida de avales. La responsabilidad de ello no está en el déficit de proyecto de la señora candidata –parece decir--  sino en una actividad oculta de Iceta que, clandestinamente o casi, induce a inclinar la balanza a favor de Pedro Sánchez.

Pero hay algo más. Díaz está dejando caer una interpretación de su primer fracaso en este trayecto para la secretaría general de su partido: si sale derrotada definitivamente la culpa es «de los catalanes». Abro paréntesis: en este aspecto Díaz me recuerda, en cierta medida, a mi madre adoptiva, la tita Pilar, que pensaba, allá por los años cincuenta, que los catalanes no tienen temor de Dios, ignorando ella que la familia Pujol es de misa diaria, y que no se puede ser «madre superiora» sin tener los requisitos necesarios como los de la fe, la esperanza y la caridad. En todo caso, la tita Pilar nunca confundió el misal con el parné. Cierro paréntesis. 

La culpa sería de los catalanes. Estimulando así un anticatalanismo, no por chusquero menos peligroso que el más agresivo de los que, es un poner, estimula el Partido Popular y sus terminales burocráticas. Preocupante.

Como igualmente preocupante es lo que están susurrando algunos viejos santones del socialismo. Esto es, si gana Sánchez estaría cantada la escisión en el PSOE. Un amplio reportaje de El País –de hoy domingo— lo insinúa sin reparo. Con lo que se ha dado un nuevo salto, más bien pirueta, en la amenaza. Primero fue: si gana Sánchez seremos irrelevantes. Ahora es un gancho en el mentón del electorado socialista: ojo con lo que se hace que nos vamos unos cuantos a otros lugares. ¿Amagan con dar? Todavía no lo sabemos, porque aún no se ha producido la gran votación, cuyo resultado sigue siendo incierto.


Pero sí podemos dar una referencia significativa. En un momento dado, Ernest Maragall organizó unos cenáculos tras perder fuelle el maragallismo con la idea de fundar un nuevo partido. Trabajo le costó, pero al final creó un nuevo grupúsculo, que le sirvió para negociar con Esquerra Republicana de Catalunya.    Ahí empezó la desbandada. Y en tan grande polvareda perdieron a don Beltrán.



sábado, 13 de mayo de 2017

El esplendor de la antigua Atenas y el nacionalismo excluyente

La cosa viene de muy antiguo. Me refiero al importante tema de la relación entre movimientos migratorios y progreso de los lugares de acogida. Tan antiguo que ya Tucídides (460 – 399 antes de nuestra era) deja constancia de ello en su afamada Historia de la Guerra del Peloponeso (1). Como es sabido, Tucídides es el primero en preguntarse por el método específico del historiador con el fin de distinguir entre causas auténticas y meros pretextos. No era esto lo que precisamente distinguía a Heródoto que según algunos maliciosos daba con frecuencia gato por liebre.

De la mano de Luciano Canfora he vuelto a visitar a Tucídides. Su libro Esportare la libertà (Mondadore, 2007) se inicia con un ensayo, La libertà per i greci, en torno al largo y duro conflicto entre Atenas y Esparta en la gran guerra del Peloponeso. Y como un libro siempre llama a otro, sentí la necesidad de meterme a fondo en la casa de Tucídides. Los jubilados tenemos todo el mundo por delante para dedicarlo a la lectura y a cualquier otra actividad gratificante.

No han pasado ni cinco minutos de lectura cuando el viejo historiador (en el libro Primero, nota 2) nos llama la atención con lo siguiente:

«… Cuando los hombres de mayor influencia eran expulsados de otra región de Grecia por la guerra o por una revuelta interna se refugiaban en Atenas por considerarla un lugar estable, y haciéndose al punto ciudadanos contribuyeron desde antiguo a engrandecer la ciudad». 

El historiador está hablando de un tiempo muy anterior, en siglos, a la Guerra del Peloponeso (431 --  404 antes de nuestra era).

Así pues, la palabra documentada de Tucídides nos indica hasta qué punto los diversos movimientos migratorios enriquecieron Atenas en todos los sentidos. Digamos, por lo tanto, que somos herederos también de la aportación que tales movimientos migratorios hicieron. Palabra de Tucídides.

¿Hemos aprendido lo suficiente de ello? No, aprovechamos la aportación científica, literaria, artística de aquellos nuevos atenienses pero vuelve a Europa el odio al migrante, que impulsa o gestiona una parte de la política instalada. Vuelve el mito, que ha adquirido carta de naturaleza. Vuelve el nacionalismo excluyente, disfrazado de «todo por la patria». Garrulamente.