jueves, 26 de octubre de 2017

Cataluña a un centímetro del despeñadero



Ayer escribía que cuando parecía abrirse una puerta en la olla hirviente de Cataluña, el hombre de Pontevedra se sacó de la bocamanga nuevas exigencias. Desde La Moncloa se sigue construyendo el error. La cosa, entonces, volvió a plantearse en torno al fuero o el huevo. Una cansina historia de la que están sacando partido las farmacéuticas y los boticarios: el consumo de ansiolíticos se ha incrementado. Ahora, Puigdemont se ha negado imprudentemente a acudir a la sesión del Senado. También desde el Palau de la Generalitat se mantiene la construcción del error. Todo parece que pintan bastos. Desde las covachuelas institucionales y los chiscones áulicos de la Generalitat el mensaje es «declaración unilateral de independencia y república catalana». Disparate caballuno.

Simón Sánchez Montero siempre nos enseñó que, en los más duros trances, era necesario no perder nunca la calma, ni la esperanza. De ahí que me diga que una posibilidad, por remota y complicada que sea, siempre es una posibilidad. ¿Posibilidad de qué? De, por lo menos, pararnos a un centímetro del despeñadero. Oigan, aquí todo el mundo –perdón, los hunos y los hotros—han demostrado que tienen redaños, aunque exactamente no se sepa qué ventajas prácticas tiene eso. Pero, ¿de qué sirve tener redaños si te despeñas por el precipicio? Poco consuelo sería responder que para entrar en el santoral de los mártires. Eso, sin tener en cuenta que la gloria del santoral sería el infierno del personal de a pie. Una gloria de la que sacarían beneficio los traficantes de reliquias.  

Hacer política quiere decir, en este caso, no dar las cosas por perdidas. ¿Ingenuidad? No, sentido de la responsabilidad. Ganas de vivir. De ahí que el tiempo, muy escaso, sea aprovechado para encontrar soluciones imperfectas. Esperar virguerías sí sería de pánfilos. Paren, pues, el reloj. Busquen la manera de evitar la caída sin red en el despeñadero.

Una salida airosa podría ser la siguiente: 1) convocatoria de elecciones autonómicas en Cataluña y retirada de la aplicación del artículo 155, 2) puesta en libertad de Sánchez y Cuixart, 3) reposo absoluto de la Fiscalía General del Estado, y 4) retirada gradual de las fuerzas de Orden Público de Cataluña que vinieron cuando el 1 de Octubre. Cierto, es una salida imperfecta. Pero que abre la posibilidad –que no la certeza--  de pararnos a un centímetro del despeñadero. Sin red, ni paracaídas.

Ahora bien, si se quiere el hundimiento ¡vayamos todos por la senda del despeñadero y salga el Sol por Matadepera o por Trebujena! Que en eso tampoco habrá consenso. Será lo que buscan los colmillos retorcíos de los hunos y los hotros. Ambos, eso sí, exhibiendo el viejo lema: «tu muerte es mi vida». Que siempre acabó con la vida de los más.

Pstscriptum.  Hagan caso a Unai Sordo.




miércoles, 25 de octubre de 2017

¿El Partido Popular no tiene quien le corrija?

Cuando parecía que la tensión catalana podría rebajarse y se abría un camino con la convocatoria de elecciones autonómicas, el Gobierno del PP endurece sus exigencias.  Ahora le pide además a  Carles Puigdemont un acto de contrición perfecta so pena que el elefante del  155 entre en la cacharrería catalana. De momento consigue que el PSOE no le acompañe en estas nuevas exigencias.  Primer aviso indirecto del PSOE: acompañar a los grupos parlamentarios que han pedido (y conseguido) la reprobación de los ministros Zoido y Dastis. Y ya van cuatro los que tienen el dudoso honor de ser reprobados.

Vamos a explorar los motivos que podría tener en la sesera el hombre de Pontevedra para las nuevas exigencias. De un lado, la destrucción total del independentismo por los siglos de los siglos. De otro lado, desviar la atención del nuevo golpe de la Fiscalía al Partido Popular sobre el caso Gutthel; es decir, tapar mediáticamente los efectos de tan sonado caso con nuevas exigencias a Puigdemont.

No habrá liquidación total de Cartago. La escatología independentista ha alcanzado los niveles más altos de su historia; ya no es un planteamiento de minorías, sino de masas. Que perdurará más allá de las contingencias y de los vaivenes de las fuerzas políticas que las representan. Que eso no sea deseable es ya harina de otro costal. Por lo que me aventuro a establecer esta hipótesis: la solución imperfecta del problema no será una negociación sino un itinerario permanente de negociaciones. El independentismo puede ser derrotado, pero su rescoldo será de muy largo respiro. Cuando eso se entienda en las fuerzas políticas no independentistas se habrá dado un paso adelante.

Un itinerario de negociaciones permanentes exige, sin embargo, una nueva dirección política e institucional en España, entendida ésta como unos nuevos grupos dirigentes en todos los partidos políticos. Exige una nueva derecha que sea capaz de ajustarse las cuentas y tomar nota de sus fracasos. Y, por supuesto, unas izquierdas no travestidas.

Mientras tanto, sigue la incertidumbre en Cataluña. Siguen las empresas su éxodo hacia otras latitudes, que es cosa cierta. Pero también la presión de la prensa –en unos casos no documentada con rigor--  sobre el deterioro económico de Cataluña. Y siguen las noticias sobre Seat. El primer espada de la firma, Luca de Meo, ha tenido que salir al paso, dando una de cal y otra de arena. Ha dicho, no nos vamos por ahora, solamente haremos las maletas en caso de inseguridad jurídica e inestabilidad política. Calma por ahora, pero aviso a navegantes. Lo que propicia que la factoría esté en coplas.


Y, mientras tanto, sigue la ebullición las fuerzas políticas independentistas catalanas, excepto la CUP, que imitan al reciente Congreso del Partido Comunista Chino elevando a los altares y a la eternidad a su primer dirigente, Xi Jinping, «por unanimidad y a mano alzada», siguiendo las bellas y viejas tradiciones. Tendremos que substituir, a partir de ahora, la expresión bonapartismo por xinpingismo.  


martes, 24 de octubre de 2017

Cataluña: aquella huelga «de país» en su obscura confusión



Hay que aclarar las cosas. Y pronto. Porque podría estar  en juego la autonomía e independencia del sindicato con relación al ejercicio del conflicto. El asunto, pues, no es irrelevante.

Tras la rechazable intervención de las fuerzas de Orden Público durante el día 1 de Octubre, la Taula per la Democràcia (sindicatos, organizaciones empresariales de las pymes y entidades soberanistas) convocaron lo que se dio en llamar una aturada de país. O, para entendernos, paros y huelgas como respuesta a aquella intervención policial. Algunos arrugamos la nariz al no entender el extraño unitarismo de aquella convocatoria donde, juntos y revueltos, andaban las organizaciones empresariales (pymes, hemos dicho) y los sindicatos. Hubo quien la calificó de huelga subvencionada. Aunque habrá que añadir que dicha subvención no afectaba al sector privado.

¿Por qué subvencionada? Porque el Departament d´Economia, que rige Oriol Junqueras,  dejó sentado que no descontaría de la nóminas el día de huelga. Lo que no afectaba a la empresa privada. Así las cosas, se producía una división de las consecuencias del conflicto entre quienes no se verían afectados y quienes verían que se les descontaba el día de huelga.

Ayer, sin embargo, desde el mismísimo Departament d´Economia se informaba que el día de huelga sería descontado a los funcionarios de la Generalitat. Oh, cielos: de la huelga subvencionada se pasa, en menos que canta un gallo, a meterle la tijera a los huelguistas. Eso sí, comoquiera que Junqueras ha reiterado ad nauseam que «som bona gent», el descuento será en cómodos plazos.

Naturalmente, tras ese gesto caritativo de la escatología independentista, los sindicatos reaccionan airadamente: la convocatoria se decidió en el Govern catalá sin consultarnos previamente. Lo que provoca la respuesta de los masoveros de Junqueras: «No todo lo que se aprueba en el govern se publica en el Diari Oficial de la Generalitat». Que es cosa sabida por los mortales, aunque recientemente ha sido descubierta por algunos.

Es lo que tiene ese extraño constructo de «huelgas patrióticas» que, en esta ocasión, se ha caracterizado porque alguien disfraza el lock out de noviembre para no infundir sospechas. Que alguien desde la Torre del Homenaje convoca, pero el pueblo llano pone los efectivos. Y finalmente se produce el castizo «si te he visto, no me acuerdo». En resumidas cuentas, aquella   huelga «de país» en su obscura confusión.


Post scriptum. El sábado pasado Helios López Roig me regaló un libro muy sugerente según él: En pos del Milenio (Editorial Pepitas de Calabaza) de Norman Cohn. En su amable dedicatoria puede leerse «aquí tienes algunas pistas de lo que nos está pasando ahora». Veremos, me digo para mis adentros. HLR tiene buen olfato. 


lunes, 23 de octubre de 2017

Elecciones y que salga el Sol por Figueras



El sábado pasado, con el 155 camino de Cataluña, se desarrolló una imponente manifestación de masas en Barcelona.  Quiero decir, otra oceánica manifestación. De hecho Barcelona es, desde hace unos meses, un potente archivo de manifestantes. Así pues, se mantiene la ebullición. La Guardia Urbana con sus algoritmos de recuento, más o menos interesados, cifró la asistencia en unas 450.000  personas. No es moco de pavo, diría un castizo. Y tendría razón.

Ahora bien, esta manifestación no ha tenido –ateniéndonos siempre al recuento de la Guardia Urbana--  el consenso de masas que contaron las anteriores. Más todavía, dado el añadido de que se convocaba contra el artículo 155, hay que convenir que ha estado muy por debajo de las expectativas que suscitaba el objetivo de la protesta como lo esperado por los organizadores. Muy por debajo quiere decir: la participación ha estado a la mitad de las anteriores. Por supuesto, es una «mitad» enorme. Por lo que sería necio que el hombre de Pontevedra sacara conclusiones precipitadas, pero igualmente sería de estúpidos que Puigdemont y su colegio cardenalicio no tuvieran en cuenta que el sábado no fue lo esperado. Baño de masas, sí. Pero fue la mitad de los anteriores baños. En resumen, ese día hubo un reflujo. Las interpretaciones pueden servirse según el paladar de los hunos y las papilas gustativas de los hotros. No obstante, el dato es el dato y, según el famoso gallego, el conceto es el conceto.

Sería temerario hablar, tras el sábado pasado, de un cambio de ciclo. Pero más imprudente es no aproximarse al dato. Sólo cabe, de momento, al menos en nuestro caso, plantear interrogantes. ¿A qué obedece que tan masiva manifestación solo concitara la mitad de la adhesión  de las anteriores? ¿Es un cansancio lógico, que observa que la cosa no avanza como se les ha hecho creer? ¿Hasta qué punto empieza a calar y, sobre todo, preocupar en ciertos sectores la marcha de las sedes sociales (y en algunos casos muy relevantes la sede fiscal) de importantes empresas, que ya superan las mil firmas? ¿Se trata de una advertencia –o algo por el estilo--  en la dirección de “oiga, arregle usted el problema y no me endose su falta de responsabilidad”. Doctores tiene la iglesia para analizar el asunto. Por mi parte sería abusivo decir que una gran parte de esa «mitad» podría decirle a Puigdemont: «Pero, hombre de Dios, ¿qué trabajo le cuesta a usted convocar elecciones y que salga el Sol por Figueras?».



domingo, 22 de octubre de 2017

Y ahora ¿qué? Tras el 155 ¿qué?




El diario El País titula desparpajadamente: “El Gobierno restaura el orden constitucional en Cataluña”. Vale, pero ¿y lo otro? Lo otro es la convivencia, la estabilidad, el orden cívico? Mucho me temo que, desgraciadamente, la aplicación del 155 –de máximos--  será más desestabilizador, si cabe. Posiblemente la reacción del independentismo paroxístico será más virulenta. Eso no le importa al diario. Una cosa es predicar y otra, bien diferente, las consecuencias de la homilía. En pobres palabras, seguirá el ball de bastons en la calle y, presumiblemente, en la gran mayoría de los recovecos de la administración intervenida.

De momento, la aplicación del 155 redimensiona las relaciones entre fuerzas políticas que han estado entre Pinto y Valdomoro. Pongamos que hablo de los Comunes que darán su apoyo al independentismo; pongamos que me refiero al Partido Nacionalista Vasco que hará tres cuartos de lo mismo; pongamos que me refiero a otro cierre de filas en el interior del independentismo. En resumidas cuentas, el carácter intimidatorio del 155 tendrá unas consecuencias concretas poco amables para quienes lo han puesto en marcha. Frente al lema de los hunos (“A mi, Sabino, que los arroyo”) estará la reacción de los hotros (Perdidos por perdidos, al río). Y entre Sabino y el río continuará la bronca. A saber, no sería de extrañar que aparecieran nuevas convocatorias de aturades de país (huelgas patrióticas), ahora no subvencionadas. Y tampoco sería de extrañar que la casa sindical  recibiera más presiones, internas y externas, para sumarse a una huelga general.

¿Qué salida, dice usted? La que propone un, a veces, volcánico Jordi Ribó i Flos. Este veterano sindicalista, en algunas ocasiones capaz de ponerle bridas a su fogosidad formal, recomienda, quizá comiéndose la uñas, lo siguiente: que Puigdemont, que todavía tiene tiempo hasta la sesión del Senado, disuelva el  Parlament de Catalunya y convoque elecciones autonómicas.  Realismo sobriamente expresado. Es, por supuesto, una solución imperfecta para un presente y un medio plazo imperfectos. Desde mi chamizo sostengo la propuesta del anciano sindicalista.

Naturalmente es una propuesta que tiene una virtud (también imperfecta): que el tiempo ofrezca una solución menos imperfecta. Eso sí, tiene un inconveniente, a saber, que las cosas vayan arreglándose. Porque si entra el elefante en la cacharrería los estropicios serán considerables. Cosa que es sabida desde, por lo menos, el cabo de Creus hasta el de Trafalgar.


Jordi Ribó, genio volcánico y figura ponderada. Las hechuras de aquel sabio sindicalista de la empresa Tagra, Manuel Sousa, en ocasiones volcánico también y, simultáneamente, contractualista  que enseñaba que con las cosas de comer no se juega. 


sábado, 21 de octubre de 2017

Cataluña: tres tapas variadas



Primera tapa

¿Se sabe de algún Pujol o de alguna Ferrusola que ayer retirara de las entidades financieras catalanas los 155 euros que exigían las entidades soberanistas en protesta por la marcha de aquellas hacia otras latitudes? ¿Se tiene noticia de si algún consejero de la Generalitat, de algún dirigente político de los partidos independentistas ha seguido la convocatoria? Sería bueno estar al tanto de estas cosas. Lo que sabemos es que el conseller Santi Vila –un nicodemita de pro--  ha tildado la convocatoria de irresponsable. Por supuesto, la pela és la pela.  También conocemos que la Agrupación de Banca de Comisiones Obreras ha puesto verde a las asociaciones convocantes. Naturalmente, con los puestos de trabajo no se juega.

Hasta la presente cada acción que convocaban las entidades soberanistas catalanas era cuantificadas por ellas mismas. Es de esperar que hagan lo propio tras la reciente convocatoria de la retirada de las entidades bancarias de 155 euros.  Ha sido un resbalón de padre y muy señor mío. Un disparate en puertas de la aplicación del artículo 155. Más de uno habrá pensado en que con quién nos jugamos los cuartos.

Segunda tapa

El gobierno pone en marcha el artículo 155. Y ahora ¿qué? Seguirá el desequilibrio de debilidades. Puigdemont y sus firuletes nunca pensaron que el hombre de Pontevedra llegaría tan lejos. Creyeron que el procés sería un itinerario rectilíneo hasta la república final. Tampoco Rajoy y sus capataces pensaron en que las cosas llegaran tan lejos. Los que están hablando secretamente –los hay, digan lo que digan los hunos y los hotros--  o no lo advirtieron o dejaron que las cosas se pudrieran adrede.

Tercera tapa


De momento tomen nota de esta noticia que da El Periódico en el día de hoy: http://www.elperiodico.com/es/politica/20171020/encuesta-cataluna-6368599.  No lo tomen al pie de la letra: simplemente es la espuma de algo que empieza a moverse.  Lo dicho: la pela és la pela.  Más todavía, según los hedonistas, “salud y pesetas, lo demás son puñetas”.


viernes, 20 de octubre de 2017

Europa y el independentismo catalán



«¿Dónde estás, Europa?», gritaban miles de manifestantes independentistas a la par que reclamaban la libertad de Sánchez y Cuixart. En el partido de fútbol entre el Barcelona y el Olympiakos otros tantos pitaban el himno de la Champion league. Ni la consigna fue improvisada ni tampoco la pitada. De ello se encarga Mister Twitter y sus hechuras.

El sector paroxístico del independentismo reacciona de ese modo a la reiterada negativa de la Unión Europea de apoyar el procés catalán. Y el govern no tiene quien le escriba. Ha aparecido, pues, el primer indicio de anti europeísmo en las filas del independentismo. Que ve, perplejo, que desde esas instancias  nadie les echará un capote. Ni de seda, ni de percal. Es una reacción chocante que, sin embargo, todavía no se dirige a pedir explicaciones a la mastodóntica estafa que han dirigido Puigdemont y el divino Romeva.   Cierto, no han sido los únicos, pero sí los más significativos.

En el almacén de las consignas siempre figuró que la Unión Europea estaba con las aspiraciones del «pueblo de Cataluña», que una vez resuelta la independencia se ingresaba en la Unión en un abrir y cerrar de ojos. Así hablaban los santos padres de la iglesia independentista, y así debía ser creído. Roma locuta causa finita. Y, a tenor del ¿dónde estás, Europa?  y la pitada en el estadio, todo indica que miles de almas de cántaro se creyeron a pies juntillas que lo de Europa era coser y cantar. Es lo que tiene la granítica fe del carbonero. En todo caso es realmente sorprendente hasta qué punto una patraña de tanta dimensión ha sido creída –o ha necesitado ser creída--  por amplios sectores de la ciudadanía. 

Puigdemont y Romeva, llegado un momento, supieron que la Unión Europea no estaba por esa labor. Y si en algún periodo lo creyeron la capacidad política de ambos personajes podría ser bastante precaria. Ahora les será difícil salir del atasco.

Si ese sentimiento anti europeísta  se  consolida –peor, si se extiende más--  nos encontraríamos ante un cambio de metabolismo con relación a Europa. Ese ¿dónde estás, Europa? se podría ir transformando en una acusación de traición y de inquina. Sería el resultado de la patraña que, a queriendas y sabiendas, se ha organizado desde las  covachuelas oficiales de la Generalitat y los chiscones subvencionados.

De la traición a la inquina a Europa, Y de ahí al aislamiento. La única salida para el independentismo sería, así las cosas, reanudar las viejas relaciones de algunos de algún que otro partido político con la Lega del Nord y los partidos anti europeístas. Con el contagio que ello supondría.


No quiero ni pensar en los efectos que ello podría tener en el sindicalismo con el cuestionamiento de la Confederación Europea de Sindicatos. Ojo con meterse en ese berenjenal: las vegas catalanas se podrían convertir en secanos. Y no digo más. 


jueves, 19 de octubre de 2017

De Puigdemont a Mariano Rajoy



La segunda respuesta de Carles Puigdemont al Gobierno español no es lo que esperaba Mariano Rajoy. Sin embargo, aclara algo de gran importancia: no se ha declarado la independencia porque el Parlament de Catalunya «no la votó». Es, si se quiere, una respuesta imperfecta como todo lo que existe en la política. Es imperfecta, pero no ambigua. No se votó la independencia. Que esto pueda tranquilizar o no a los hunos y a los hotros es harina de otro costal. Pero ninguno de los dos grupos puede esperar una salida sobre la base de un camino de perfección.

Tras esta respuesta imperfecta Mariano Rajoy debería pensarse muy mucho la aplicación del artículo 155. Es más, nunca tendrá respuestas perfectas. Digamos que, por ejemplo, si preguntara cuántas son 5 por 5 debería darse moderadamente satisfecho si la respuesta fuera 5 al cuadrado, aunque esperara la sencillez de 25. En caso contrario estaría dando alas a los sectores más paroxísticos del independentismo militante. Es más, la aplicación de tal artículo podría tener unas consecuencias de mayor confusión y más gravedad. La pelota, pues, está en los dos tejados. Y, a pesar de los agüeros, todavía hay tiempo. Tiempo para seguir buscando soluciones imperfectas para ambos.

Un avisado filósofo, Gregorio Luri, parece llamar la atención indirectamente a los hunos y a los hotros. Esta es mi interpretación subjetiva de su post No siempre lo peor es cierto.  En esta obra, don Pedro Calderón de la Barca presenta este sugerente diálogo:

 

Carlos.  «Porque / me temo que en cualquier suceso / siempre es cierto lo peor». Le responde una temperada Leonor: «Pues en mi inocencia espero / que ha de haber suceso en que /  no siempre lo cierto es lo peor».

 

Sugerencia. En esta batalla no ganará quien mee más largo, sino quien contenga mejor el pipí (Juan de Dios Calero, Encofrador diplomado de la ciudad de Parapanda).




miércoles, 18 de octubre de 2017

La valentía del sindicato confederal


1.--  No son los agüeros. Son los hechos los que parecen indicar que puede estallar el polvorín. A estas alturas, no decir las cosas con claridad en aras a evitar el alarmismo es una enorme irresponsabilidad. No son los agüeros, sino los hechos. Unos hechos que los capataces de los hunos y los capataces de los hotros se enpeñan en agravar.

Los hechos: más de 700 empresas han trasladado su sede –social o fiscal— fuera de Cataluña en diez días; descenso del turismo en Cataluña previéndose que caiga la actividad y pérdidas de 1.800 millones de euros; los grandes fondos de  inversión de la City londinense avisan machaconamente de que pueden alterar sus previsiones de inversión; el tiburón Moody´s alerta de que la situación crea incertidumbre para el ráting de España. No son jaculatorias. No son agüeros, son hechos.

La cosa puede complicarse. Lo peor es que los capataces no han medido –o no han querido medir--  las consecuencias de esta descomposición. Tampoco los masoveros; estos menos que aquellos. Mañana, sin ir más lejos, puede darse un salto de cualidad en el zafarrancho de combate. Si Puigdemont aprieta todavía más el acelerador, con centenares de miles de personas en la calle, puede armarse la de Dios es Cristo. Los masoveros, en vez de pensar en que han llevado el soberanismo a la cota más alta de su historia, parecen entender que la derrota es un paso necesario para acumular más fuerzas. La Unión Europea, el último baluarte en que cifraban sus esperanzas, inducidos por políticos irresponsables, sigue dándoles la espalda. Ahora miles de manifestantes han gritado por primera vez: «¿Dónde estás, Europa?». Que podría convertirse de la noche a la mañana en resentimiento. Y de ahí al solipsismo catalán.

2.--  La Confederación Sindical de Comisiones Obreras ha enviado señales de cordura en sus dos últimos comunicados sobre la situación catalana. Negociación y que el Govern Catalá no se meta en el camino de la unilateralidad. Es como si viera venir la explosión de la santa bárbara y sus consecuencias. El grupo dirigente confederal del sindicato parece verlas venir.

Acabe como acabe la crisis catalana, que ya es crisis de Estado, Los trabajadores pedirán explicaciones a los sindicatos por su actitud ante esa crisis. Entonces no valdrán los acuerdos congresuales ni otras autorreferencias. Valdrán las consecuencias de todo ese  entuerto. Los trabajadores pedirán explicaciones y se preguntarán si están inscritos en un sindicato o en un político-socio- sindicato. Lo peor de toda esta historia no es salir derrotados, sino derrotados y divididos.


Por lo demás, recuerden la máxima de Tito Livio: «La guerra se alimenta de la guerra». 

martes, 17 de octubre de 2017

¡Qué inmenso error!




La jueza Lamela, de la Audiencia Nacional, ha enviado a prisión sin fianza a Cuixart y Sánchez, presidentes del Omnium y ANC respectivamente. Más gasolina al polvorín. Tal vez es lo que esperaba el núcleo duro del independentismo catalán que ahora cuenta con dos víctimas de postín.

Con esta estúpida decisión judicial –fiat iustitia et pereat mundus— la situación política, social y económica se envenenará todavía más.  No sólo de Cataluña sino de toda España. Don Bartolo de Sassoferrato se hubiera llevado las manos a la cabeza. Pues cuando se opta por hacer justicia aunque estalle el mundo sus resultados son devastadores.

Me pregunto si hay alguna instancia que, acogiéndose a los artificios del Derecho, pueda corregir este disparate caballuno, disfrazado de toga y puñetas.  De momento hago mías las palabras de un juicioso Manuel Zaguirre en su muro de facebook: «Espero y deseo que este caso por presunta sedición se instale en el ámbito judicial catalán que le es propio, pues hay opiniones jurídicas bien fundadas de que la Audiencia Nacional no es el ámbito propio». De momento es obligado pedir la libertad de ambos caballeros. Sea.



lunes, 16 de octubre de 2017

Cuando Puigdemont dijo llamarse Andana



Carles Puigdemont no ha respondido. Su contestación parece encuadrada en una situación normalizada. En la carta a Rajoy se limita a pedir «diálogo». Sin formular, además, sobre qué términos, aunque se debe entender que lo hace sobre la base de cómo conseguir la independencia de Cataluña. Comoquiera que debemos atribuirle conocimientos suficientes sobre la situación hay que convenir que quiere apechugar con la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución Española. En definitiva, el carácter dilatorio de la respuesta se debe, en mi opinión, a dos razones: 1) es un brindis a la galería europea –cancillerías, medios de comunicación y opinión pública--  que simpatiza con la idea del diálogo, sea esto lo que sea; 2) ganar tiempo para intentar convencer a la CUP de que no haga un marramiau.


En todo caso, la incertidumbre se mantiene. Una incertidumbre que podría ser gestionada por la política, pero no por la economía, cuyas razones son otras. Con lo que no sería de extrañar que desgraciadamente siga la fuga de empresas. Sea como fuere todavía no está vendido todo el pescado. Hay tiempo hasta el jueves: ya sea para seguir con el cocherito leré o para que Puigdemont responda sin requilorios a lo que se le ha preguntado. Lo dicho: «non los agüeros, los fechos sigamos».

Mientras tanto, Galicia,  Asturias  el norte de Portugal y una parte de León arden por los cuatro costados. Cataluña sigue con su ablativo absoluto. 


domingo, 15 de octubre de 2017

¿Qué dirá mañana Puigdemont?



Los ´argumentos´  del apostolado independentista de mayor calado han sido dos a lo largo de los últimos años. Uno, Europa nos recibirá con los brazos abiertos; dos, la independencia no tendrá costes. Cuantas veces se han repetido, otras tantas se han desmentido. Sin embargo, el desparpajo se ha ido manteniendo y, a estas alturas, es posible que alguna alma bendita siga creyéndolo.

1.-- Hace tiempo conversaba con un destacado independentista. Sostenía de manera militante que, una vez proclamada la independencia, Cataluña no tardaría ni cinco minutos en ingresar en la Unión Europea. «Lo ha dicho Romeva, que conoce el paño», afirmaba mi interlocutor con la misma fe que los santos padres de la Iglesia se citan los unos a los otros. Le objeté que antes había un paso previo: que Cataluña fuera independiente. Me miró perdonándome la vida: «Hombre de poca fe», exclamó, «eso es pan comido, las cancillerías europeas están con nosotros». Entendí que lo creía a pies juntillas. La fe es así de chocante.

Nadie con cara y ojos ha apoyado el proceso catalán. No obstante, se mantenía la mandanga. A pesar de que el divino Romeva seguía en sus trece se mantiene la mandanga. Los desmentidos de la Unión –y especialmente de quien manda realmente— se han multiplicado y reiterado. Aunque ahora se vuelve a otra martingala: si Rajoy aplica el 155 la Unión estará con nosotros. No han tomado nota de que, desde 1998, el Reino Unido ha suspendido cuatro veces la autonomía de Irlanda del Norte y nadie movió un dedo. 

2.--  La segunda mandanga: la independencia de Cataluña no tendrá costes. No lo sabemos, pero sí estamos al corriente de que la antesala a una (hipotética) independencia está costando lo suyo. De momento, el intangible de la división vertical en dos comunidades cada vez más antagónicas. Y, también de momento, la marcha de la razón social de casi seiscientas empresas y, entre ellas, algunas huídas de la sede fiscal. Las autoridades independentistas nunca creyeron –o fingieron no creer--  que eso sucedería. Incluso más, cuando empezaron los primeros movimientos de dio éxodo algunos testarudos le restaron importancia. Hoy Cataluña es altamente sospechosa de inestabilidad. Una triste fama ganada a pulso por el apostolado independentista. La política de campanario acostumbra a ser estúpidamente orgullosa. Y lo que es peor: ocurra lo que ocurra en la próxima semana esa malquerencia de los mercados a Cataluña se mantendrá. No valdrán las balandronadas de unos y las jaculatorias de otros. A eso nos ha llevado el choque entre los hunos y los hotros. Pero --¡oído, cocina--  sabemos, desde Joan Fuster, que «un fracaso no se improvisa nunca, sino que se construye».

3.--  Así las cosas, Puigdemont debe optar por la respuesta menos mala para la ciudadanía. Si opta por el enfrentamiento con el Estado perjudicará a todo el pueblo de Cataluña; si responde que no proclamó la independencia, cosa que formalmente es cierto, provocará un desaguisado mayúsculo, pero sólo en las élites del soberanismo. Que siempre tendrá el consuelo político de haber conducido una operación que ha llevado al independentismo a las cotas más altas de su historia. De ahí que Puigdemont debería leer adecuadamente lo que dejó dicho Platón hace ya muchos siglos: «el objetivo de la salud no son los médicos sino los pacientes». Es decir, el objetivo de la política no son los políticos sino la ciudadanía.

4.--  ¿Qué pasará mañana? Lo mejor es seguir el famoso consejo de don Juan de Mena, ilustre cordobés pre renacentista «Non los agüeros, los fechos sigamos». Laberinto de Fortuna.


sábado, 14 de octubre de 2017

De fascistas y tuberculosos



Homenaje a Conxita Frasquet

De un tiempo a esta parte todo fifiriche que se precie usa la palabra fascista a troche y moche. Vale le mismo para un zurcido o un barrido. La dice gente con estudios o talabarteros diplomados. Desorden conceptual, por supuesto. Mi suegra mataronesa, Conxita Frasquet, era más juiciosa. Ella y su marido, Mingu Roig, venían de las filas del anarco sindicalismo y sufrieron en sus carnes el exilio y el destierro.

Recuerdo que, en cierta ocasión a mediados de los setenta, la brigadilla político-social fue a casa de mis suegros pensando que yo me encontraba allí. Conxita abre la puerta, los reconoce y se pone a gritar «¡tuberculosos, tuberculosos!». Y les cerró la puerta sin consideración alguna. No hubo que lamentar víctimas. Pasaron los días y, ya enterado del sucedido, le digo a mi suegra que qué es eso de tuberculosos, que son fascistas. Su respuesta fue rotunda: el fascismo se quita, la tuberculosis, no. Conxita no estaba enterada del avance de las ciencias. De ahí el sentido de su maldición bíblica. ¿Quién era yo para llevarle la contraria?

Ahora bien, los fifiriches de hoy en día tal vez saben la diferencia entre la tuberculosis y el fascismo. Pero usan el fascismo venga a cuento o no. De ahí que sea útil recordar la famosa controversia entre Palmiro Togliatti y Maurice Thorez, dos leones del comunismo: italiano el primero, francés el segundo. Que se desarrolló en la revista teórica Lo Stato operaio a principio de los años 30 del siglo pasado.

A raíz de una violenta carga policial contra los metalúrgicos en Paris, Thorez calificó aquello de esta manera: «C´ est le fascisme».  Togliatti le respondió sin vacilar: «No, es la lucha de clases; fascismo es lo que yo tengo en Italia». Thorez calló tras el cogotazo de su camarada. Y Togliatti le echó tierra al asunto para no darle cuatro cuartos al pregonero.


Primera sugerencia: gobiernen el lenguaje. De lo uno y lo otro se pueden sacar conclusiones diferentes. En cualquier caso, mi suegra Frasquet fue más lúcida. Ella conocía el fascismo de primera mano, no a través de un libro de baratillo. Ella lo sufrió, no se lo contaron. 


viernes, 13 de octubre de 2017

La derrota perfecta




Escribe Javier Terriente   

1-  Una Santa Alianza a la española

De repente, la Patria insomne, la eterna, la que nos ha legado la tradición remota que alcanza cuando menos a los Reyes Católicos, se ha puesto en marcha para la librar la gran batalla final contra el desafío soberanista. 

La ha resucitado Rajoy con su anti politicismo habitual y la ha estimulado Rivera, resucitado por un dogmatismo patriotero largamente aplaudido. A la cita ha acudido puntualmente Aznar y todos cuantos hicieron posible identificar la marca España con el latrocinio y el saqueo de bienes públicos de manera impune y sistemática.

No ha causado sorpresa que se hayan sumado los ex presidentes del gobierno del PP y del PSOE y su corte de corifeos de la época dorada, cuando España era el lugar perfecto para obtener dinero fácil por vías exentas de riesgo: privatizaciones a precio de saldo, pelotazos urbanísticos, puertas giratorias, corrupciones sistemáticas…

Tampoco que lo hagan presidentes/as  de comunidades autónomas que, tras más de 35 años de ingentes contribuciones económicas y financieras del Estado y de la UE para reducir las diferencias de renta y PIB con las comunidades más ricas de España y con Europa, mantienen a las suyas en los últimos lugares de los ranking de desarrollo en España.

Y, por fin, el PSOE ha decidido armarse de coraje y prescindir de una interlocución propia sumándose al Frente Patriótico. Quizá al descubrir la retirada de  apoyos en las viejas tierras de España, quizá por la insurrección de quienes no han renunciado al sueño de la Gran Coalición. A cambio, intentando paliar daños, una vaga promesa del PP de reforma de la Constitución ad calendas griegas.

Esta Sacrosanta Alianza ha encontrado en la gran banca y la gran empresa domiciliada en Catalunya un socio inestimable para convencer a Puigdemont  de que la visión de una Catalunya independiente puede convertirse en una pesadilla inalcanzable: la pela es la pela.

La estrategia de este nuevo bloque político, consiste en aferrarse una interpretación restrictiva y penalista de la Constitución y del Estado de Derecho.
La decisión del Consejo de Ministros de enviar un requerimiento al President para que responda en un plazo máximo de diez días si en la reunión extraordinaria del Parlament de 10 Octubre ha declarado la independencia, es, además de una pregunta capciosa, un paso en firme en la dirección de aplicar el art. 155.

La agenda del gobierno sigue inalterable: esgrimir cuestiones de legalidad y constitucionalidad, ignorando la decisión de Puigdemont de hacer un alto en el camino, y exigir su rendición incondicional. Esto sería tanto como pretender que el independentismo renuncie a su naturaleza original y se transmute en su contrario, prescindiendo de paso a su principal baza negociadora.
Con esta decisión, es dudoso que el PP busque una vía real de diálogo y no una derrota completa del adversario, lo que le permitiría satisfacer las demandas de un amplio espectro ultraconservador ante la eventualidad de elecciones anticipadas.
Y por otra parte, es probable que el independentismo tenga en el gobierno del PP al interlocutor perfecto para hacer del victimismo su verdadera razón de existencia. La derrota perfecta.

Golpe a golpe, el PP se ha ido apoderando de parcelas clave del Estado, diluyendo la separación de poderes en un sistema único,  y se ha aplicado en el empeño de vaciar de contenidos las instituciones locales y autonómicas. Ello ha permitido a Rajoy presentarse como el guardián de las esencias constitucionalesy del Estado de Derecho, y ocultar la gran ola de corrupciones y desigualdades extremas, que amenaza con sepultar conquistas históricas de los trabajadores y de los ciudadanos en general.
Casi tal cual, a lo que ocurre en el lado opuesto desde hace años. El resurgir del independentismo tiene mucho que ver con el interés de eludir las graves dificultades internas de la sociedad catalana en la construcción mítica de un Estado nacional- popular.
Pero, también, con las derrotas de la izquierda europea y española y la influencia contagiosa de una Europa en vías de disgregación, ante el avance de los nacionalismos de derecha y fascista. Brexit, Hungría, Polonia… 

2- En busca de la patria perdida

No cabe duda. En esta confrontación entre nacionalismos de signo inverso, el mejor aliado de Puigdemont no es otro que Rajoy. Y al contrario. Tanto por lo que expresan como por lo que encubren en común.
No hay leyes ni reglas capaces de someter las voces y la sentimentalidad de un pueblo en pos del paraíso, en su eterno combate de liberación contra el opresor, cuando fía la verdad de su empresa en la legitimidad de una historia revelada y en su condición de víctima perenne.
Mal asunto cuando un pueblo en marcha se envuelve en la retórica de la patria y la nación, en busca de un destino manifiesto inscrito en la noche de los tiempos.  Entonces, la legalidad carece de transcendencia, sea la constitucional o la del Estatut.

De ahí, que pese a todos los pronunciamientos del Estado, de los letrados de la Cámara catalana y del Consejo de Garantías Estatutarias, Junts pel Sí haya violentado sin complejos  tanto el Estado de Derecho como su propia legalidad, haciendo aprobar las leyes de Referéndum y de Transitoriedad con España, en virtud de un bien inabordable e inaprensible.
Jueces, fiscales, policías, funcionarios, aparatos de información y comunicación, desatados por el Estado español contra el pueblo elegido (nosotros), por un gobierno y una monarquía (ellos) de un país extranjero, en nombre de una Constitución foránea y de leyes extrañas, están abocadas a rebotar en la coraza independentista. No las reconozco, proclaman. Europa ha sido testigo de la violencia indiscriminada contra Catalunya:España nos oprime, nos hiere, España nos roba.
El escenario soñado: golpe de mano institucional y rebelión popular de los menestrales sin fortuna, abandonados por la nobleza de la industria y el dinero contra un Estado autoritario e impositivo. Ley y Orden para Catalunya.
De este modo, se resucitan las viejas gestas del mito fundacional y plebeyo, desde la ocupación de Catalunya por las tropas de Felipe V en 1714 al fusilamiento de Lluís Companys (1940). Una historia marcada por un bucle inacabable de rebeliones y derrotas, a la que se añade una gravísima afrenta reciente que avalaría la insumisión: las modificaciones al Estatuto de 2006 por el Tribunal Constitucional en 2010.

Recordar, en cambio, que estas no afectarían a la reforma del Estatuto de Andalucía en 2007, redactado en los mismos términos que el Estatuto catalán.
Ello no obstaculizó que Mas mantuviera una estrecha colaboración con el gobierno de Zapatero (abstención en la reforma del art. 135) y, posteriormente con Rajoy, mientras el Estado rompía puentes con Catalunya ante la indignación popular. Estaba en juego la gobernabilidad del Estado (¿?) y la supervivencia política del President al frente de la Generalitat.
Parece razonable, entonces, considerar que una de las principales causas del resurgir independentista, tan importante o más que la reforma del Estatut, fuera la plena sintonía de Mas con el gobierno de Rajoy en el plano de las privatizaciones, el empleo, etc. ¡Qué tiempo aquel, el de su llegada en helicóptero a un Parlament rodeado de jóvenes al grito de no nos representas!

¡Hay razones poco virtuosas, incluida la corrupción rampante de sus gobiernos, que el corazón entrelazado de la España nacional e independentista se niegan a reconocer!
El President Puigdemont ha cometido errores políticos de una magnitud irreparable para su causa, ¿o acaso, no?:
1) Reclamar la independencia con argumentos del siglo XIX (el populismo historicista y romántico) frente a un Estado organizado en modo siglo XXI.
 2) Impugnar un Estado cuya soberanía ha quedado subsumida, en gran medida, en una entidad supranacional, la UE, de la que depende en un altísimo grado (Tratado Constitución Europea).
 3) Obviar leyes fundamentales de la economía moderna, una de ellas la internacionalización y desterritorialización  del capital y de las fuerzas de la ciencia, la técnica y el trabajo.

Cientos de miles de personas habitualmente silenciosas tomaron el pasado 6 y 7 octubre las calles de Barcelona, Madrid y otras ciudades, reclamando en voz alta nuevas vías de diálogo.
Abrir un nuevo espacio de negociación sin condiciones previas, ya sería en sí mismo un objetivo deseable. De entrada, sin la aplicación del art. 155 y con la retirada definitiva de la declaración de independencia, al menos, en términos operativos.
Con una agenda económica, social y financiera que comprenda los intereses del conjunto de las CCAA.
Con la previsión de apertura de nuevas puertas constitucionales, jurídicas y políticas que faciliten un nuevo encaje de Catalunya en España de forma estable y duradera. ¿Será posible?  



jueves, 12 de octubre de 2017

Tres propuestas para salir del pantano catalán



Primero fueron Bank Caixa y el Banc de Sabadell las que trasladaron fuera de Cataluña sus sedes sociales. Les acompañaron empresas importantes en esa operación. Altos cargos de la Generalitat –entre ellos Junqueras--  respondieron aquello de «Sin novedad, señora Baronesa». Tras el chocante discurso de Puigdemont –declaro la independencia, pero la dejo en suspenso--  el rosario de empresas que emigran se amplia. Pongamos que hablo de la Editorial Planeta, Bimbo, Aguas de Barcelona, Axa y otras. Es decir, sigue la marcha de la alta nobleza empresarial. Estamos, pues, ante lo que antiguamente se llamaba un salto cualitativo. No verlo es estar en las Batuecas.

Ahora se agrava la cosa. Ya no se trata del traslado de las sedes sociales, sino de las sedes fiscales. Es el caso, entre otras, de Caixa Bank, Bank de Sabadell y Planeta. Un paso más. ¿Seguirán diciendo que es irrelevante? Vale la pena señalar que Puigdemont no pensó que algunas advertencias que venían muy de atrás –caso de Planeta, por ejemplo— se llevarían a cabo. Como, todo hay que decirlo, la alta nobleza de los capitales tampoco imaginó que se llegaría a estos extremos. Sin duda, de continuar en esta tensión la fuga de empresas puede ampliarse. Desgraciadamente. Es más, cualquier rumor lanzado por alguna cofradía de energúmenos podría empeorar las cosas, ya bastante deterioradas.

Estimo que en estas circunstancias sería de utilidad lo siguiente: a) una respuesta de compromiso por parte de Puigdemont al requerimiento que Rajoy le ha hecho; b) la apertura de un proceso de negociación entre ambos gobiernos, lo que debería comportar la suspensión del artículo 155; y c) un acuerdo empresarios y sindicatos que, de momento, frene el éxodo empresarial. Son, por supuesto, salidas imperfectas como todo lo atinente a la política. Pero representarían un punto de templanza.  Es mejor la imperfección que acogerse a los aromas terciarios de barrica.

Me permito un desahogo: no tenga reparos Puigdemont en perder a la CUP como acompañante. Soy del parecer que siempre habrá un alma caritativa que le eche una mano. 


miércoles, 11 de octubre de 2017

¿Se ha declarado la independencia?



El discurso de Puigdemont en el Parlament de Catalunya se podría calificar de política hermafrodita. De un lado, un planteamiento claramente independentista; y, de otro lado, un desenlace de demora del problema. Por una parte declara la independencia de Cataluña, de otra la deja en suspenso durante un impreciso ´cierto tiempo´, unas semanas. Así pues, de hecho, las cosas están más confusas que antes, aunque formalmente cabe una posibilidad de que ese cierto tiempo se aproveche.

Puigdemont se ha visto obligado a dejar en suspenso su declaración porque la presión que ha recibido desde ciertas instancias internacionales ha sido enorme, por lo que necesitaba hacer ese gesto estético y, también aunque en menor medida, por el agobio que le supone la marcha de las sedes sociales de importantes empresas a otras comunidades autónomas. Al mismo tiempo, Puigdemont podría estimar que, durante ese ´cierto tiempo´, unas semanicas, el Gobierno español diera un mal paso que restara aliados, políticos y mediáticos, al hombre de Pontevedra. Y credibilidad en la escena internacional, no es casual que esta suspensión de lo declarado coincida al pie de la letra con la propuesta torticera a la eslovena de su eurodiputado Tremosa.

Formalmente ese ´cierto tiempo´ --menos da una piedra--  abre alguna posibilidad de una negociación. Ahora bien, conviene darle valor a los conceptos. Una negociación ¿con qué contenidos y sobre qué? Puigdemont quiere negociar cómo se va Cataluña de España, no en qué condiciones quedarse.  La prueba más inmediata de ello está en que la declaración de independencia la justifica en los resultados del “referéndum”  del 1 de Octubre como fuente de legalidad y legitimación. Como genoma del nuevo Estado catalán. Pero suspende la declaración durante un tiempo, que ya ha indicado que no serán meses, sino tal vez semanas, como un gesto de buena voluntad. En todo caso, para compensar al apostolado militante, los diputados de Junts pel Sí firman una declaración de principios manteniendo los objetivos de la declaración unilateral de independencia (1).  

Las conclusiones de Puigdemont cayeron con una jarra de agua helada en la CUP. Cara de pocos amigos, no aplauden el discurso. Con lo que la CUP aprovechará, sin duda, ese ´cierto tiempo´ para promover movilizaciones, que mezclarán –cosas veredes--  al hombre de Pontevedra con el calzonazos de Puigdemont (Roma no paga traidores). En otras palabras, el alto voltaje seguirá instalado en Cataluña.

¿Negociación? Por supuesto. Negociación para que Puigdemont retire de manera definitiva su declaración de independencia. Y mientras se produce esa hipotética negociación el hombre de Pontevedra no debería poner en marcha ninguna medida que lo dificultara. Oiga, caballero, no joda usted la marrana. 


1)  http://www.lavanguardia.com/politica/20171010/431970027817/declaracion-de-independencia-catalunya.html


martes, 10 de octubre de 2017

Lo que tenga que sonar, sonará



Alea jacta est! O, lo que es lo mismo: se acabó el carbón, la suerte está echada. A eso de las siete de esta tarde sabremos a qué atenernos. Veremos si Puigdemont proclama, declara o aclara la independencia de Catauña o sobre Cataluña. Y un minuto más tarde sabremos qué hará el hombre de Pontevedra. De momento todo son cábalas y especulaciones en  las covachuelas y chiscones de Barcelona y Madrid. En todo caso, huele a azufre. Y, como decía el filósofo de Parapanda «lo que tenga que sonar, sonará».


Lo que no sabemos es si santa Rita de Casia, abogada de los imposibles, estará de guardia.


lunes, 9 de octubre de 2017

La manifestación de ayer de Barcelona



Sólo mi carácter entrometido me empuja a referirme a la manifestación de ayer en Barcelona. La seguí atentamente por televisión, saqué mis conclusiones provisionales y cuando me puse a escribir empezaron los problemas. Unos problemas que no tendrán los que tiran de twitter que, en un plis plas, redactan una nota de urgencia a golpe de significantes vacíos, que diría Íñigo Errejón. Mis dificultades crecían a la hora de explicarme los por qué de la masividad de la marcha.

No soy capaz de urdir una explicación aproximadamente convincente, al menos para mí mismo. Los que escriban una octavilla sobre el particular no tendrán ese problema. Pero sí entiendo que esa movilización es una novedad de la que alguien con seso deberá sacar conclusiones. Porque se trata de un fenómeno político y sociológico digno de reflexionar a calzón quitado.

El independentismo militante (los hunos) lo tratará como un fenómeno de importación; los del PP y Ciudadanos (los hotros) sacarán sus ideológicas conclusiones arrimando el ascua a sus sardinas particulares. Los hunos y los hotros venderán solamente una parte de la espuma de lo ocurrido ayer en Barcelona. El combate entre ellos sobre lo de ayer será a golpe de consigna. Twitter mediante.

Los hunos afirmarán que los centenares de miles de manifestantes era «gente de fuera»; como máximo unos pocos miles. Me arriesgo a perder conocidos y saludados si afirmo que la inmensísima mayoría era de aquí. Sé perfectamente que los trenes de Cercanías iban atestados de personas, que los metros de Badalona, Cornellá y Santa Coloma iban repletos. Los hunos también lo saben. Los hotros responderán a golpe de machamartillo. Los hunos dirán que aquello olía a Rajoy, pero obviarán por qué la cosa ha tenido tan elevado número de asistentes. En fin, pelotas fuera.

Que un servidor tenga dificultades para entender mejor la cosa, no impide que intuya que mayoritariamente no era gente de derechas, simplemente es un personal que ha decidido no avergonzarse de sentirse español, sea esto lo que fuere. Personas que, con toda probabilidad, es la primera vez que acuden a una manifestación política, pero que sí lo han hecho en combates de fábrica y vecinales. En resumidas cuentas, esa gente estaba ya antes. Una gente que necesita tener una patria. No son como yo, que lo único que necesito, de vez en cuando, es liarme un cigarrillo de caldogallina. Por prescripción facultativa.