martes, 16 de octubre de 2018

Oigan: no jodan la marrana




Los Presupuestos generales del Estado ya están en Bruselas. Los altos funcionarios de la Unión se disponen a mirarlos con lupa. Son gentes quisquillosas que parecen regirse por el famoso teorema, atribuido a Pitágoras: «la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa», siempre que se esté hablando de un triángulo rectángulo. Habrá que confiar en que la ministra Calviño, antigua colega del gremio eurócrata, les haga ver  que la política tiene sus propios códigos, distintos de los del análisis matemático. Así pues, el espíritu de los presupuestos queda encomendado al buen hacer de Calviño y sus amistades europeas. A su vez, el Aznar chico dice que se desplazará a Bruselas para conseguir lo contrario. Casado se ha empeñado en no «permitir» nada. El lenguaraz Rivera lo tiene más difícil: allí le recordarán que en 2008 su partido pedía un salario mínimo de 1.037 euros. Rivera debe tomar rabillos de pasas.

Así pues, Bruselas tiene la palabra. O la Europa de su autodestrucción, que encarna el polo Salvini—Le Pen  y sus socios de Centroeuropa o la que apuntan tendencialmente Sánchez—Iglesias. Quede claro: no es la Europa socialdemócrata, sino la de la reconstrucción política, social y económica de la Unión. Que, dados los tiempos que corren, no es poca cosa. Es nada más y nada menos que el cambio de tendencia, la superación gradual de la crisis del 2008 y sus dramáticos efectos. Tanto en lo relativo a la condición material de las clases trabajadores como en lo político, con los efectos devastadores del populacherismo político y de los nacionalismos irasciblemente desagregadores.

Por eso no sorprende la coincidencia entre el hombre de Waterloo y sus intimas enemistades españolas. A saber, triturar los Presupuestos lo entienden --Puigdemont y asociados más Casado y Rivera—no sólo para precipitar  la caída de Sánchez sino para que Europa siga siendo, en parte, el Patio de Monipodio que es hoy. De ahí que el sindicalismo no puede ser rutinariamente expectante. Si estos Presupuestos sirven para avanzar no hay vuelta de hoja.  De manera que no jodamos la marrana.

Atención:  «la ‘marrana’ a la que alude la expresión, al contrario de lo que algunas personas puedan pensar, no se refiere a la hembra del marrano (cerdo) sino al eje de la rueda de la noria (teniendo en cuenta que esa noria no es la que nos encontramos en una feria o parque de atracciones, sino el artilugio compuesto de dos ruedas engranadas con la que, mediante recipientes, se subía el agua de los pozos)». Así lo afirma Alfred López, un abnegado estudioso de los ideolectos patrios. Mi tía Angela Bulla, monja de la Compañía de María, la utilizaba con frecuencia provocando que sus colegas se pusieran coloradas. Sancta simplicitas!



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