lunes, 8 de abril de 2019

Puigdemont y sus ojalateros




Alguien se despachó ayer a gusto. «Cataluña no se puede dirigir desde Waterloo». Alguien nombró  la bicha en las mismísimas páginas de La Vanguardia conversando con Enric Juliana. Se trata de Marta Pascal, ex coordinadora general del PDeCAT, que fue derribada del cargo precisamente desde Waterloo. Con lo que podemos hacer dos consideraciones: a) desde Waterloo no se puede gobernar Cataluña, y b) pero se pueden quitar y poner dirigentes políticos al gusto de Carles Puigdemont.

Más todavía, la Pascal dejó dicho por inferencia que Quim Torra es un mandao, y que así lo considera un determinado sector del independentismo político. La bicha al cuadrado. La Pascal siguió sin cortarse y aprovechó la ocasión. Insinuó que no descartaba la creación de un nuevo partido independentista. Consideración provisional: para la Pascal los partidos que hay no son útiles para la consecución de la vía gradual que ella preconiza para ir a la independencia. Lo que podría enlazar con los rumores que circulan por los lavaderos políticos: Artur Mas –afirman--  está sopesando volver a la escena, posiblemente en febrero del año que viene. Waterloo y sus ojalateros son, por todo ello, un irascible manojo de nervios. Paréntesis: los carlistas se mofaban de sus generales que acompañaban al Pretendiente, fuera del campo de batalla, con el mote de ojalateros (sic).

El hombre de Waterloo reacciona de manera fulminante a las palabras de la Pascal. Se siente ofendido porque el puntapié de la dama va dirigido a lo más profundo del legitimismo personal que dice encarnar. Y porque el partido en el que se apoya no es útil, según Pascal, a la causa de la independencia. Waterloo, de manera agria, por video conferencia, recrimina a quien derribó afeándole que «pasee su dolor por los periódicos», una frase que suena al peor Espronceda. Tengo para mí, además, que la respuesta de Waterloo va dirigida también –y sobre todo--  a Artur Mas. Ojo con lo que haces, no resucites.

No son dimes y diretes sino la expresión de un agotamiento político. De un ciclo que, a decir verdad, no sabemos si se acaba o se transforma en algo todavía más extraño. En todo caso podemos intuir que la lucha por el reparto de la Túnica Sagrada entra en otra dimensión. Ya no silenciosamente sino de manera bronca, a la carpetovetónica manera.


Nota. Origen de la expresión ojalatero  https://es.wikipedia.org/wiki/Ojalatero

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