miércoles, 4 de enero de 2017

No sólo fue Trillo, también Aznar: aquel Yak -- 42



Federico Trillo es el responsable político de la tragedia del Yak – 42 en el que 62 militares perdieron la vida en 2003 cuando regresaban de Afganistán. Trillo era perfectamente conocedor del alto riesgo para la seguridad de tales aviones, que ya eran material de chatarrero: subcontrató de manera indiscriminada, permitió al subcontratado para que abaratara al  máximo los costes del servicio y le permitió  agazaparse para eludir sus responsabilidades. Por extensión, José María Aznar, entonces presidente del gobierno, tiene también la parte que le toca. Más todavía, ese Trillo es igualmente responsable de la concatenación de disparates que se sucedieron  tras el accidente: la anárquica y disparatada identificación de las víctimas, téngase en cuenta que las pruebas de ADN realizadas meses después a instancias de los familiares --y gracias al cambio en la titularidad del ministerio de Defensa tras las elecciones de marzo de 2004-- demostraron que las identidades de (al menos) treinta de los cadáveres enterrados eran falsas; la negativa a que los familiares pudieran estar al corriente de lo sucedido y un conjunto de truculencias que claman al cielo y la tierra. También Aznar es responsable de todo ello. Y, por no dejarnos nada en el tintero, añadamos que Mariano Rajoy formaba parte de aquel gobierno.

El Consejo de Estado ha emitido su informe sobre aquella tragedia, señalando severamente las responsabilidades de ese Trillo. El hombre de Pontevedra ha declarado, impasible el ademán, que «no conoce el informe», y que cree que eso ha fue substanciado en los Juzgados. Que «es cosa del pasado». Es cosa del pasado, han repetido desvergonzada y trileramente, sus monaguillos. Y Trillo, en su baldaquino londinense, ni siquiera dice que él se llama Andana.

¿Conocemos algún gobierno --y de qué país-- que dejara pasar por alto tan ignominioso asunto? ¿Que no obligara a Trillo a, por lo menos, dimitir de su condición de embajador? ¿Conocemos algún gobierno –y de qué país--  que, tras el informe del Consejo de Estado, ni siquiera moviera un dedo? ¿Conocemos algún gobierno –y de qué país--  tan insensible al dolor de los familiares de las víctimas? Ni siquiera se ha inmutado el hombre de Pontevedra cuando don Francisco Cardona corrige al periodista de la SER. Aclara: «No perdí a mi hijo, me lo mataron».

A todos los mataron.  


Un juez archivó la causa. Tras lo dicho por el Consejo de Estado, perdonen mi ignorancia: ¿se puede reabrir el caso?