martes, 24 de enero de 2017

Aznar, ese lúgubre reincidente.



El hombre de las Azores lleva unos días muy ajetreado. Con dos comparecencias públicas en poco menos de un par de semanas parece desmentir a propios y extraños que estaba amortizado. Ayer volvió a las andadas para volver a sentar cátedra sobre las dolencias existenciales de España. Tan obsesiva contumacia me permite proponer esta hipótesis. Queda dicho, hipótesis.

No parece, pues, que el caballero tenga como único objetivo participar en la lucha de ideas y esparcir el maná de la casquería ideológica a los creyentes y a los gentiles. Aquí hay algo más. Es la reacción visceral de quien se siente ninguneado y, según cómo, agredido  por los suyos. Por ejemplo, la verdad aznariana del Yak 42 fue puesta en entredicho por el Alto Rajoyato y los parches sor Virginia sobre la cuestión catalana han puesto al hombre de las Azores al borde de un ataque de meninges. Era obligada, pues, la reacción del caballero.  Es su guerra de trincheras.  

La reacción de quien atisba el signo de los tiempos que vienen de Norteamérica con ese Trump encima del pódium. De quien cree que en un corrimiento más explícito todavía de la ultra derecha en Europa. El hombre de las Azores piensa que puede tener otra oportunidad en la guía del país.

Aznar no tiene programa político. Por ahora. Lo suyo es España, hundir a Cataluña y bajar los impuestos. Lo suficiente para introducir en ese triángulo equilátero unas cuantas variables. Un proyecto de garrafón, pero rociado con muchos billetes, billetes, billetes verdes. El hombre rubio de la Casa Blanca no será tacaño. Y, a partir de ahí, iniciará su operación Reconquista.

Se ha dicho antes: se trata de una hipótesis. Pero, equivocada o no, es posible. En todo caso, ahí la dejo como modesto aviso para navegantes incautos. Especialmente para pilotos de cabotaje.


Nota bene. Como es natural, la foto que preside esta entradilla nada tiene que ver con lo que se dice. Es simplemente un recordatorio de notable interés.