lunes, 9 de enero de 2017

¿Acabará siendo el Tribunal Constitucional el recadero del Partido Popular?



Voces todavía oficiosas informan que don Andrés Ollero suena para presidir el Tribunal Constitucional.  De manera que el Partido Apostólico, tieso que tieso, reincide en colocar en la cúspide de tan alto tribunal a otro de los suyos. A Francisco Pérez de los Cobos, que accedió al primer puesto de esa magistratura todavía con el carnet del PP en la mano, le puede suceder Ollero. Que fue diputado por dicho partido en sucesivas legislaturas y portavoz en algunas comisiones. Una personalidad de fuertes convicciones tridentinas en materias religiosas y de derechos civiles. Un conspicuo militante del Opus Dei. Recordemos que en julio de 2012 el Congreso de los Diputados designó a Andrés Ollero como Magistrado del Tribunal Constitucional, y que dicho nombramiento suscitó una viva polémica. Don Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho constitucional de la Universidad de Sevilla, escribió un artículo en El País afirmando  que la previa actuación política del nuevo Magistrado habría de ser un motivo de incompatibilidad (1). El PP, impasible el ademán, se dispone ahora a rematar la faena. Las nieblas de Brumario se espesan todavía más.

No estamos, sólo ni principalmente, ante la politización de la justicia, sino ante la extensión y consolidación del Partido Popular en los aparatos más sensibles del Estado. Ante un Estado, cuyo gobierno coopta la cúpula del Tribunal Constitucional pro domo sua.  Montesquieu en el féretro. No «ya atado y bien atado», sino amarrado con fuertes sogas para que no se mueva el aire. No queremos creer que sea parte de un acuerdo entre Hernando & Hernando. Todavía queremos atribuir a uno de ellos medio kilo de dignidad. Pero no ponemos ni el dedo meñique en el fuego.

A partir de ahora se recrudecerá el sermonario del Partido Popular loando a Ollero. Justificando el derecho de este caballero a presidir el TC. Veremos a sus jóvenes capitanes seguir esas muletillas. Y oiremos cómo farfulla Ciudadanos, que se quería comer el mundo de la regeneración, diciendo «no me llames Dolores, llámame Lola». 

Díganme alma de cántaro si reclamo un posicionamiento de toda la oposición contra tamaña desmesura; un posicionamiento que, de manera eficaz, impida el nombramiento de Ollero como presidente de tan importante magistratura. En caso contrario lo pagarán en sus propias carnes.