viernes, 6 de enero de 2017

Caso Trillo: o regeneración o el precipicio de la degradación



Primer tranco

Federico Trillo merece una total reprobación. Sin paliativos. Sólo sus amigotes de francachela política le justifican o ponen paños calientes a su actuación antes, durante y después del asunto del Yak-42. Hemos hablado de ello en http://lopezbulla.blogspot.com.es/2017/01/no-solo-fue-trillo-tambien-aznar-aquel.html. Y, como Pereira, sostenemos lo dicho. Ahora bien, tras las martingalas de Mariano Rajoy y sus alabarderos sobre el particular, me parece conveniente introducir algunas variaciones (en el sentido musical del término) sobre lo dicho.

El Consejo de Estado ha emitido un informe sobre el caso Trillo. La condena es tan severa como tremendo fue el comportamiento del entonces Ministro de Defensa. Que dicho personaje reaccione de la manera que lo ha hecho entra dentro de la lógica de esas personas sin honor ni vergüenza alguna. Trillo es ansí. Sin embargo, ahora el problema principal lo tiene el Gobierno. Que tal vez no quiere reaccionar honorablemente porque Trillo conoce todas las vísceras del PP y, capataz de sus problemas con la Justicia, sabe que puede tirar de la manta e, incluso, llevársela. O sea, el hombre de Pontevedra sabe que Trillo sabe hasta dónde llega la inmundicia de la cofradía.

Segundo tranco

Tenemos un problema. Los altísimos niveles de corrupción y degradación de la vida política española están concretando un panorama de, digamos, normalización. Y más singularmente en el Partido Popular. Estos escándalos se dan en un contexto asimétrico: la opinión pública y determinados medios de información los miran con absoluta severidad, pero la vida política no acaba de censurarlos con la contundencia y eficacia que merecen. Y menos ahora, pues temen que, tras la recuperación en Mayo de la facultad del presidente de disolver las Cámaras, el hombre de Pontevedra vuelva a convocar elecciones generales.

Más todavía, el potencial que suscitó hace ya un tiempo la exigencia de la regeneración de la vida política ha desaparecido. ¿Dónde está esa demanda que enarbolaron, tiempo ha, los dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos? En el fondo del mar, matarilerilerón. El primero está sumido en sus distracciones internas; el segundo, temeroso de que una buena parte de su electorado vuelva a la casa paterna o a sus domicilios particulares.

Y no obstante el caso Trillo y la cómplice amabilidad del Partido Popular vuelven a poner en primera página la regeneración de la vida política e institucional. Sin ella, España seguirá siendo un terreno enfangado.

Tercer tranco

El Parlamento no puede mirar para otro lado. La oposición no puede mirar a otro lado. Nadie que tenga honor puede mirar a otro lado. So pena, todos ellos, de ser una algofifa. Tampoco ese Trillo, tire o no tire de la manta, puede ser un servidor público. De ninguna de las maneras debe acceder al Cuerpo de Letrados del Consejo de Estado. Se dice que el hombre de Pontevedra obligó a Juan Manuel Soria a renunciar a su reingreso en la Administración Pública. Sea verdad o no, el caso es que estábamos en un proceso electoral y a Rajoy no le convenía otro escándalo añadido. Ahora, Rajoy está en el baldaquino de la presidencia del gobierno y la contingencia política es otra. Pero, entonces, hemos de convenir que la regeneración política está al albur de las contingencias. Y don Mariano, siempre pendiente de los marramiaus del hombre de las Azores.

O la regeneración política e institucional o el precipicio de la degradación. 

Cuarto tranco

Hubo alguien en tiempos antiguos que dejó escrito: «Hágase justicia aunque se hunda el mundo» (Fiat iustitia et pereat mundus). El gran jurista catalán Francesc Casares –socialista, reputado iuslaboralista, hombre bueno— contradijo dicho aforismo, y nos enseñaba que: "No hay que aplicar la ley aunque el mundo se hunda, sino que hay que aplicarla para que el mundo no se hunda". Casares, padre noble de la izquierda.