lunes, 12 de octubre de 2020

El Papa Francisco tiene el carné de la III Internacional


 

Las derechas españolas tienen un problema añadido al de su estancamiento político: la interferencia que supone el mensaje de Francisco  en su reciente encíclica (clica aquí) Fratelli tutti  del 3 de octubre pasado.  Realmente es un documento de gran trascendencia, posiblemente el de mayor calado de los últimos cien años. Está en las antípodas de la política de Trump y de las escuelas de pensamiento neoliberales. Las reacciones de las derechas españolas están siendo de una violencia espeluznante: Francisco es acusado de comunista bolivariano y, poco más o menos, con carné de la Tercera Internacional.

Con todo el Papa tiene un problema: los cristianos progresistas no acaban de fiarse de él. Le acusan de tener un pasado poco claro con relación a la dictadura argentina. Y esa acusación, según parece, no piensan levantarla por los siglos de los siglos. De manera que lo chocante es que las derechas le tachan de ser el Anticristo y las almas de cántaro de ciertos sectores cristianos progresistas piensan que Fratelli tutti no vale la pena de ser defendida y propagada militantemente. Manda carallo: la debilidad de Francisco viene de los suyos.

 

Post scriptum.---  Oído, cocina cristiana: «Lo primero es antes», predicó siempre don Venancio Sacristán.

 

Nota bene.--- Por si se te ha escapado https://www.vidanuevadigital.com/documento/texto-integro-de-la-enciclica-fratelli-tutti-del-papa-francisco-pdf/

 

domingo, 11 de octubre de 2020

¿Quién controla al Consejo General del Poder Judicial?


 

Montserrat Fina Barberá

 

El poder legislativo, que emana de la voluntad democrática de la ciudadanía, elige y controla al Gobierno y, por tanto, al poder ejecutivo. Y ambos poderes son controlados por el poder judicial y constitucional. Esas son las reglas de las democracias modernas que fijó el camarada Montesquieu que rigen en todas las democracias avanzadas.

Pero eso nos lleva a una pregunta inevitable: ¿quién controla a los jueces? En nuestro modelo constitucional la respuesta es clara: el Consejo General de Poder Judicial (CGPJ) elegido por el poder legislativo. ¿Se cierra así el círculo? No, porqué cabe otra pregunta (como en la canción Círculos Viciosos de Sabina, aunque en realidad su autor fue ese magnífico cronopio de Chicho Sánchez Ferlosio): ¿quién controla al Consejo General del Poder Judicial? La respuesta es: nadie, salvo que sus resoluciones no se adecúen a legalidad en cuyo caso sí puede intervenir la sala de lo contencioso-administrativa del Tribunal Supremo. Sin embargo hay un mazo de decisiones de enorme trascendencia práctica que no tiene una relevancia de legalidad: nombramientos en el Tribunal Supremo –siempre que se guarden ciertas formas, aunque no exentas de discrecionalidad-, de presidentes de Tribunales Superiores de Justicia y otros órganos judiciales dónde no rige la antigüedad en la carrera (el escalafón), determinación de cuándo existe o no interferencia en la independencia judicial, iniciación de actividades disciplinarias, concreción de los contenidos formativos del personal judicial, designación de jueces que ejercen refuerzos en determinadas plazas judiciales y de quiénes ocupan las anheladas y bien retribuidas plazas de coordinación con otros países, etc.

De esta forma, en la práctica el CGPJ se ha constituido en una especie de poder autónomo dentro del Estado. Y como la experiencia pone en evidencia, por el intercambio de cromos entre los partidos mayoritarios,  no se eligen a las personas más capacitadas o con más competencias de gestión, sino a los más leales a cada organización política o a una ideología.

Se podría decir que algo así ocurre con el Tribunal Constitucional (con similar mecanismo de elección de magistrados y magistradas), que no tiene contrapesos. Pero eso no es exactamente así: ahí está el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (o en el derecho comunitario, el TJUE), que le ha sacado en múltiples ocasiones los colores. Pero no hay nada equiparable con el sistema de Gobierno de los jueces.

No hay “moción de censura” contra el CGPJ ni mecanismos de control externo de sus decisiones –salvo, como se ha dicho, por ilegalidad-. Es más, mientras que el Gobierno o las Cortes Generales tienen limitadas por ley sus atribuciones decisorias cuando están en funciones, no ocurre así con el CGPJ que, pese a haber finalizado su mandato hace dos años, sigue designando cargos judiciales, nombrando a presidentes de Tribunales Superiores de Justicia y otros órganos judiciales y, en especial, a la cúpula de los jueces, es decir, a los magistrados y magistradas del Tribunal Supremo.

Ese núcleo de poder autónomo en el seno del Estado se convierte, por tanto, en un cogollo ajeno al control democrático de la sociedad. De ahí que quién controla el CGPJ tiene en su mano el control del Estado por la puerta de atrás. ¿Entienden ahora por qué el PP es tan reticente a cumplir el mandato constitucional de renovación? No es nuevo: ya ocurrió en el 2006, tras el fin del Gobierno del PP de Aznar.

Llevo muchos años como abogada y sé por experiencia que nuestro sistema judicial no funciona como debiera. Las razones son múltiples. En primer lugar: tenemos un modelo judicial carente de medios humanos y materiales. Nuestras ratios de jueces y juezas por número de habitante son ridículas en comparación con otros países europeos. Y nuestras oficinas judiciales están desprovistas de los más elementales medios e instrumentos tecnológicos y de personal necesarios para hacer efectivo el derecho a la tutela judicial efectiva de la ciudadanía. Visiten ustedes cualquier juzgado y podrán comprobar la precariedad de medios con los que se trabaja. Y con ello no denigro la actividad que llevan a cabo la inmensa mayoría de personas que ejercen el poder judicial y el resto del personal adscrito. Sé que muchos de ellos y ellas superan con creces su jornada laboral y sus obligaciones. Comparen los medios con que cuenta, por ejemplo, la Agencia Tributaria. Sin duda que esa falta de instrumentos podría ser soslayada con mayores caudales públicos. Me dirán que en estos momentos no está ahora el horno para bollos. Pero es que tampoco en las épocas de “vacas gordas” nadie pone en funcionamiento el horno…

Pero el problema más preocupante es el de la conformación de la jurisprudencia que corresponde al Tribunal Supremo. Con el actual modelo se nombra una cúpula judicial –el Tribunal Supremo-- dónde lo que se prima no es el conocimiento jurídico sino la sumisión al dicktat político del partido que, indirectamente con la mediación del CGPJ, les ha designado.  La práctica pone en evidencia como los y las elegidos/as para ocupar las plazas del Tribunal Supremo (como ocurre con el Tribunal Constitucional) no responden en muchas ocasiones –no siempre- a los mejores currículos y conocimientos profesionales sino a su proximidad a las tesis y estrategias de los partidos. Y eso empobrece la jurisprudencia y nos lleva a resoluciones esperpénticas, contrarias a la lógica jurídica.

Y eso no ocurre sólo en el Tribunal Supremo: si un juez o jueza de un órgano judicial “inferior” quiere promocionar ya sabe que no se valorará tanto su acerbo doctrinal, su carrera o sus conocimientos, sino salir en los papeles dando apoyo a las tesis de los poderes o su asistencia a determinados actos, comidas (véase los comensales que compartieron mesa con Villarejo), etc. Y con eso no estoy atacando a la mayoría de las personas que ejercen su función jurisdiccional, que se sacrifican calladamente en su día a día.

A una conclusión similar cabría llegar respecto al Tribunal Constitucional. Comparen ustedes las resoluciones dictadas hasta la década de los noventa con las actuales. Con eso está todo dicho.

De esta forma se ha ido conformando una especie de “mazacote” en el poder judicial conformado por personas que ejercen la jurisdicción cercanas  a los poderes políticos (tanto del PP como del PSOE), pero también de los poderes económicos –y con contactos mediáticos-. Y, se me olvidaba, algo similar está ocurriendo con el Ministerio Fiscal. Y ello por no hablar de la inefable Audiencia Nacional, creada antes de la Constitución para sustituir al Tribunal de Orden Público (que, a su vez, sustituyó al Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo) y que no tiene ningún reflejo en otros ordenamientos de tipo federal, como Alemania o los Estados Unidos. O de unos cuerpos policiales –que a diferencia del ejército no fueron depurados en la Transición-, que son también policía judicial, que durante bastantes años han actuado al margen de los jueces al albur de meros intereses políticos. ¿Les suena eso de la “policía patriótica”?

Todo ello está degradando hasta la náusea no sólo el gobierno de los jueces, sino también, especialmente, los límites del ejercicio de la función jurisdiccional. Quién se aparta no sale en la foto y ve cercenada cualquier aspiración de promoción. Eso, en el mejor de los casos, no sea que si se aparta mucho se le suspenda o se le expulse de la carrera judicial por cohecho. Que se lo pregunte a Baltasar Garzón.

Ese mazacote decidió hace tiempo superar el papel meramente jurisdiccional e inmiscuirse en funciones “parapolíticas” convirtiéndose en una especie de control extrajudicial de cuestiones que superaban la judicial. Se forzó la ley para analizar aspectos que no eran meramente jurídicos. Quizás cabría buscarse el origen en las políticas antiterroristas de los años noventa (también aquí algo habría que preguntarle a Garzón), aunque en ese caso el Tribunal Europeo de Derechos Humanos amparó esas prácticas por una mera lógica humana fácilmente comprensible: quién vulnera el más elemental derecho fundamental a la vida no puede invocar en su favor el resto de derechos fundamentales. Pero esa excepción comprensible se fue luego generalizando: Atutxa, Ibarretxe, medios de comunicación nacionalista vascos…  Aunque el TEDH ha condenado a España por esas extralimitaciones la tentación ha resultado ya imparable; se ha extendido como una mancha de aceite en todo aquello que se apartaba de la lectura restringida en determinadas instancias de la Constitución.  Cualquier jurista que no esté infectado por el ruido que nos rodea intuye que buena parte de pronunciamientos puede ser fácilmente criticados en el futuro por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Sin embargo, al mazacote conformado le resulta indiferente. Eso ocurrirá de aquí unos años, cuando muchos de ellos no estén sus cargos –probablemente porque consideran que habrán ascendido a otros grados superiores- y que, en todo caso, ello no tendrán responsabilidad patrimonial alguna y podrán seguir medrando.

El discurso iliberal –Enric Juliana dixit-- se ha instaurado así en un núcleo de poder esencial del Estado español. Y lo que es más grave: sin control de ningún tipo. Es más, todo ello está siendo jaleado por determinados medios de comunicación –y evidentes intereses de determinados intereses económicos-.

Tengo la impresión que los golpes de estado ya no se dan últimamente con el ejército en la calle, sino tensionando el “deep state” (la denominada “Brigada Aranzadi) y determinados medios de comunicación. Véase Brasil o Bolivia como ejemplo.

Todo vale contra un gobierno progresista, no sea que se toquen los privilegios de los más favorecidos. Pero, como decía Venancio Sacristán –y cada día nos lo recuerda este blog-- lo primero es antes. Y lo primero es denunciar el uso ilegítimo de los poderes del Estado para desvirtuar la democracia en favor de unos pocos.

Hungría y los fondos europeos de recuperación


 


Enric Juliana 
nos alerta hoy de las posibles complicaciones de los fondos europeos para la recuperación. La posición del gobierno húngaro es preocupante: «Viktor Orban no acepta que el pleno respeto al artículo 2 del Tratado de la Unión, donde se fijan los principios fundamentales de una democracia liberal europea, pueda condicionar la percepción de los fondos». Se corre, por ello, el peligro de que Orban bloquee el asunto. No le faltarán apoyos al húngaro, tanto europeos como norteamericanos. Estamos avisados, pues. Sugiero que el avisado lector lea detenidamente el artículo que referimos (1).

Ahora bien, una cosa me parece clara: ni se pueden aceptar chantajes de ese calibre a la espina dorsal de la Unión Europea, ni se debe tolerar ninguna zancadilla a los fondos de recuperación. Si «lo primero es antes», póngase en marcha una intensa actividad diplomática en múltiples direcciones. Después, la zanahoria; y si la mollera de Orban se empecina en su chamizo, no habrá más remedio que el palo. Pero cada cosa en su tiempo y los nabos en adviento, un refrán sabio que, siendo yo niño chico, escuchaba cada dos por tres en mi casa santaferina.

 

Con todo, la atenta lectura del artículo de Juliana me ha llevado a tiempos de antaño. A principios de la década de los noventa, Marcelino Camacho me envió a Budapest para asistir al primer congreso de los sindicatos húngaros tras la caída del Muro de Berlín. Lo cierto es que jamás he vivido un momento tan extraño. El congreso no analiza qué ha ocurrido en los últimos cuarenta años de ´socialismo real´ y por qué la cosa se ha ido a freír espárragos; ni tampoco señala qué metas se fija a continuación. Se discute sólo y solamente el reparto del patrimonio de los sindicatos del anterior régimen, que es inmenso. Se aprueban los estatutos, y se elige la dirección. La dirección es la misma que la de antes, salvo alguna mano de pintura. Por ejemplo, la presidencia recae en una mujer que no estaba afiliada al sindicato. Salió elegida por los pelos. Según supe después era la única persona que le daba cierto lustre de democracia a la nueva dirección.

Me dije para mis adentros que esta gente no era de los míos. Y así se lo dije a Marcelino.

Hungría, nunca «me llenaron de luz tus canciones», que compuso el maestro Serrano en Alma de Dios.

 

1)           https://www.lavanguardia.com/politica/20201011/483987867849/hungria-orban-recuperacion-ue-fondo.html

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», según enseñaba don Venancio Sacristán. Los congresistas húngaros no le hicieron caso.


sábado, 10 de octubre de 2020

Madrid podría irse a pique (Barcelona ya lo está)


 

Madrid está en un momento muy especial, se diría que en un parteaguas. Puede continuar su marcha y consolidar su liderazgo económico en la piel de toro o iniciar una lenta caminata –siguiendo el rumbo catalán--  hacia el declive. Si quiere lo primero debería cambiar de guía política e institucional, pero de momento no parece clara esa posibilidad.

Madrid puede despeñarse. Los avances siempre son graduales y, a veces, imperceptibles. Cuesta arriba siempre es fatigoso; en cambio, su contrario suele ser abrupto y de la noche a la mañana. Madrid tiene ahora todas las trazas de parecerse a Cataluña: un gobierno confuso de la derecha, incapaz de gestionar ordenadamente la cosa pública, que además empieza a dar signos de división; un gobierno vicario –unos de Casado;  otros de Waterloo; una oposición fragmentada y escasamente lúcida. 

El gobierno de Madrid es un desbarajuste caballuno. Lo peor del caso –me permito esta conjetura--  es que la actitud levantisca de Ayuso, además de ser una consecuencia de su vicariato, es la expresión de una total incompetencia técnica ante los problemas de la crisis sanitaria.  Peor todavía, al escoger el terreno del zafarrancho contra el gobierno no sólo mide mal el terreno, sino que le puede llevar al aislamiento incluso de aquellas comunidades gobernadas por el Partido Popular. De momento, ni siquiera tiene el apoyo del empresariado madrileño que –cautelosamente silencioso—sigue el ejemplo de sus colegas catalanes que dejaron hacer, sin levantar la voz ni las cejas, los desafueros del independentismo.

Madrid que, en las últimas semanas, ha perdido predicamento internacional compitiendo –también en eso— con Barcelona a ver quién es menos atractivo.

«Madrid, castillo famoso» podría iniciar el camino de convertirse en un chozo: y «viendo el chozo se ve el jabalero».

Madrid y Barcelona camino de la decadencia. Alguien tendrá que coger el testigo.

 

Es, viene diciendo desde hace tiempo Enric Juliana, el «momento valenciano». Un gobierno serio y, por lo que se ve, eficaz; una oposición que aprieta, pero no ahoga; y unos agentes sociales que están al tanto.

 

Post scriptum.--- «El momento valenciano» parece inspirarse en la máxima de don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes». 

    

viernes, 9 de octubre de 2020

Pablo Iglesias, un poco de formalidad


 

Ni está el horno para bollos, ni el momento político está para imprudencias. Dispensen mi falta de modales: Pablo Iglesias el Joven tiene, a veces, momentos de irreflexión. Algunos opinamos que el vicepresidente segundo va a piñón fijo sin tener en cuenta si el parte meteorológico anuncia calma chicha o fuerte marejada. O como si su agenda no supiera si entorpece el proyecto político o qué. En concreto: a estas alturas –y en esta situación--  debería saber que la inoportunidad no sólo le puede acarrear perjuicios sino a todo el Gobierno progresista del qué es un miembro destacado.

Por lo que justificar el plantón de Colau y las autoridades independentistas al Jefe del Estado es un disparate. Esta exhibición de republicanismo de feria es, en esta coyuntura, contraproducente. Porque el problema no es, aquí y ahora mismo, si monarquía o república, sino la estabilidad y el sosiego para que el gobierno progresista siga el itinerario del nuevo ciclo de derechos de ciudadanía social, que está en curso. Perturbar este momento es hacerle el juego a los nuevos obstáculos tradicionales: las derechas políticas, la caverna mediática y la célula Carl Schmitt –togas negras y puñetas en encaje. Si se mantienen las intemperancias de los nuestros el gobierno puede caer. Mateo 10.36: «Y los enemigos del hombre serán los de su casa».

Tenga seguro Pablo Iglesias que si sigue con su obstinación está cantada la posibilidad de ruptura de la coalición y la puesta en marcha de otra distinta. Entonces se alzarán miles de voces clamando ¡traición! Vale, ¿y qué? Porque, así las cosas, con otros socios en el gobierno se encallan las reformas progresistas que son necesarias. Yo no les acompañaré en ese griterío. Y, hablando en plata, entonces vayan a reclamar al maestro armero.  

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes». Lo enseña don Vicente Sacristán.

jueves, 8 de octubre de 2020

ES UN MOMENTO PARA EXPRESAR EL APOYO CIUDADANO AL GOBIERNO DE ESPAÑA


 

Estos días se está manifestando un brutal ataque de las derechas de este país al Gobierno Progresista frente al que es necesaria una amplia respuesta ciudadana.

Que la mayor agresividad de las derechas se produzca en este momento no es casual, constituye en realidad una provocadora respuesta a las iniciativas que se están tomando frente a la pandemia, por la recuperación económica con unos Presupuestos que la impulsen, para la ampliación de los derechos ciudadanos, frente a lo que está apareciendo de los bajos fondos de cuando gobernaba el PP.

Es necesario por ello que se exprese de múltiples formas la mayoritaria voluntad ciudadana de avanzar en este difícil momento en todos los frentes abiertos: sanitario, económico y de derechos individuales y colectivos. Con todas las formas posibles. Y apoyando las iniciativas que se tomen por parte del propio Gobierno y los partidos de la coalición, desde las que deberían tomarse por parte de todas las organizaciones que apoyaron la investidura, y por las organizaciones sociales.

¡¡ Y QUE SE COMENTE, SE DISCUTA Y SE TOMEN DECISIONES EN TODOS LOS ÁMBITOS, EN TODOS LOS COLECTIVOS !!

Barcelona, 8 de octubre de 2020

 

En nombre de la Plataforma de Catalunya de Apoyo al Programa de Gobierno Progresista, firman sus Promotores:

Gabriel Abascal, Margarita Arboix, José Luis Atienza, Josep Barceló, Isidor Boix, Joan Botella, Mercè Claramunt, Alfredo Clemente, María Comín, Palmira García, Silvestre Gilaberte, Manuel Gómez Acosta, Quim González Muntadas, Salvi Jacomet, José Luis López Bulla, Pedro López Provencio, Raimon Obiols, Marià Pere, Lluis Rabell, Josep Mª Rañé, Jordi Ribó, Víctor Ríos y Josep Mª Rodríguez Rovira.

Yo apoyo


 

No podemos seguir en silencio. Hay que cambiar de registro. Los millones de personas que sostenemos el Gobierno progresista debemos darle fisicidad a nuestro apoyo. Las redes sociales son un buen medio, pero –en este caso— no son suficientes. Yo apoyo al Gobierno, y creo que se debe hacer algo sostenido y consistente. 

El Gobierno se enfrenta a la crisis e intenta dar soluciones; la oposición –así las derechas mesetarias como las independentistas— no puede imposibilitar las  medidas gubernamentales, pero estorba todo lo que puede. Al plan de recuperación la derecha, que siendo una es trina, responde con un boceto de desestabilización; al plan de progreso responden con un intento de vuelta hacia el atrás de ninguna parte. Es la derecha del caos que incluso sacaría de sus casillas al mismísimo Cánovas del Castillo. 

Hay que hacer algo sostenido y consistente.

 

Las derechas piensan de esta manera: la pandemia pasará tarde o temprano. Si esa salida la lidera Pedro Sánchez tenemos progresismo durante mucho tiempo; de la crisis económica también se saldrá, si quien dirige ese itinerario es el actual gobierno nuestra caminata por el desierto será fatigosamente larga. Más todavía, siguen diciendo las derechas: mientras tanto se va consolidando el ciclo de generación de nuevos derechos de ciudadanía social. Y, en vez de serenarse, la cabeza les da vueltas vertiginosas. «Sostenella y no enmedalla», que Guillem de Castro puso en boca de uno de los personajes den Las mocedades del Cid. Es la derecha bronquista que intenta que le haga la faena la (demediada) cofradía de los éforos de la célula Carl Schmitt, que ya tiene caducado el código de barras.   

Hay que hacer algo sostenido y consistente.

 

Pero ¿qué hacer en estos tiempos de pandemia? No es fácil, justo es reconocerlo. Pero darse un tiempo debatiendo en las redes el qué hacer –esto es, de qué manera darle visibilidad al apoyo-- ya es una proto-movilización. Y, como casi siempre ha sucedido, de una discusión podría salir ese algo que se debería hacer.

Esta es una sugerencia que hago a las diversas plataformas de apoyo al gobierno progresista.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», docet don Venancio Sacristán.

 

miércoles, 7 de octubre de 2020

Nuestra fiscalidad es coja


 

No recuerdo haber coincidido nunca –en determinados asuntos importantes, se entiende--  con Emiliano García-Paje, presidente de Castilla-La Mancha. No lo digo como exhibición de desacuerdo sino como uno de mis muchos pecadillos veniales. Hoy he leído sus declaraciones en El País y –me alegro— comparto lo que dice (1). Yo celebro mis coincidencias con quien sea. En esta ocasión, la sincronía es tanto en el diagnóstico como en la solución. Raimón Obiols diría con salero: «tanto en la problemática como en la solucionática». Obiols, una de las mentes más brillantes de la izquierda española.

Don Emiliano parte de la siguiente exposición: hay una competencia fiscal desleal entre autonomías; una frívola e indebida competencia que se traduce en privilegios fiscales. No es coherente que reclamemos convergencia y cohesión fiscal en Europa y aquí compitan unas autonomías contra otras.

Hay, por lo demás, situaciones estridentes que claman al cielo: Madrid elimina en la práctica sucesiones y donaciones con una bonificación del 99 por ciento, y es la única autonomía donde no se paga el patrimonio. Madrid, jardín fical. Francamente, eso es can Pixa. Por lo que García—Page propone una ley de armonización fiscal, que establezca unos parámetros homologables entre todas las autonomías. De acuerdo.

 

Tarde o temprano saldremos de la crisis. Pero no todos saldremos al mismo tiempo y en idénticas condiciones. Cuando corresponda, el gobierno deberá perfeccionar los mecanismos de compensación inter territorial para amortiguar los desniveles de los efectos de la crisis. Tiempo habrá para ello.

Ahora bien, es ineludible hacer una profunda investigación de los resultados de la arquitectura institucional de la España autonómica. Observar sus innegables avances y analizar sus disfunciones, especialmente en los momentos críticos. Demasiados burgos podridos y no pocos garbanzos negros. Hay que coger el microscopio y ver todos los detalles. Un trabajo de acupuntura. No se puede plantear alegremente la España federal si antes no se hace un balance pormenorizado de la España autonómica. Y tanto si se opta por la corrección de las hipotéticas anomalías de la España autonómica como si se decide el modelo federal, la cuestión fiscal no puede ser un perifollo ni –menos todavía--  el mecanismo que, pretendiendo justificar la arquitectura (autonómica o federalista), penalice a Maracena y beneficie a Sabadell. Porque, aparte de la injusticia que ello supone, provocaría una división interna en el conjunto asalariado en primera derivada y una alianza entre los trabajadores de una zona junto a su respectiva burguesía contra los asalariados y patrones más favorecidos. (Oiga, he dicho ´burguesías´. ¿Se extraña? ¿Quiere que diga ´emprendedores´? Es que me troncho de risa.

 

Post scriptum.--- Derriban la estatua de Hume en la Universidad de Edimburgo. Don Venancio Sacristán tal vez hubiera dicho: «Lo primero es antes».

   

1)            https://elpais.com/espana/2020-10-06/garcia-page-hay-que-impedir-la-competencia-fiscal-desleal-entre-autonomias.html

martes, 6 de octubre de 2020

Casado está hecho unos zorros


 

Pablo Casado está rodeado de adversidades por todas las partes menos por una que le acerca al precipicio.  Es la península Casado. La circundan los accidentes político--geográficos siguientes: las salpicaduras del caso Kitchen; el caos de Isabelita Calamidad, histrionisa de grado medio; el chapaleo de Cayetana, que sigue pinchando el muñeco—vudú; sus disensiones internas, por ejemplo, con su organización en Castilla—León; la tensión con Ciudadanos en Madrid;  y su  incapacidad para impedir que Vox vaya engordando a su costa. Y más todavía, la alferecía que, de un lado, le provoca ver que Pedro Sánchez no sólo sigue en pie sino que se le va escapando en las encuestas y, de otro, la conversión de la CEOE al  (sobrevenido) laicismo de los sucesivos pactos sociales que, para mayor escarnio, están protagonizados por una ministra comunista, hija de comunistas, prima de comunistas, tía de comunistas…  

Pablo Casado y sus lazarillos disparan con pólvora mojada. Algunos dirigentes del PP empiezan a sospechar que no se trata de un error, sino de que Casado no está a la altura. Es decir, la existencia de una desproporción entre la complejidad de los problemas y la poquedad de Casado y su equipo: aquella célula de las Nuevas Generaciones subió demasiado rápido en el escalafón.

En suma, Casado casaseno va dando tumbos y, en pleno desconcierto, ahora la toma con la presidenta del Congreso, Meritxell Batet,  acusada de «tolerar los insultos a Felipe Sexto». Aspavientos de salón con la mostaza de ABC. Desconcierto caballuno: expulsa a Cayetana como vocera parlamentaria–hace correr el bulo--  para disfrazarse de centrista, pero quien le sale al quite es el hombre de las Azores.

La península Casado puede tener su derrota en el río Guadalete. «Si dicen quién de los dos / la mayor culpa ha tenido / digan los hombres: la Cava, / y las mujeres: Rodrigo».

 

Post scriptum.--- Que Renata Tebaldi cantara Los Campanilleros era una broma que hice correr cuando tenía quince años. Carles Navales se lo dijo a la Niña, que puso unos ojos como platos. Yo todavía no conocía la advertencia de don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

lunes, 5 de octubre de 2020

Respetad a la ciencia, sí pero …


 

Un respeto a la ciencia. Que podría ser similar –o sea, no igual--  al respeto a los científicos. Eso es ´antes´ que lo ´primero´. Lo ´primero´ es después. Lo que viene a cuento por el documento que un buen número de entidades científicas han puesto recientemente en circulación con motivo de la pandemia y el conflicto político que ha provocado en Madrid. Un respeto, pues.

Ahora bien, debo decir --precavidamente y con pies de plomo--  que dicho documento me es profundamente antipático. Mis cautelas: que ese papel me sea antipático no se traduce en que los científicos no sean de mi agrado. Es sólo y solamente el papel.  Que, como en todas las cofradías incluso las más pendencieras, es el resultado de concesiones y cabildeos para conseguir el milagroso mejunje del consenso. Como es en este caso: un ejemplo de indulgente equidistancia.   

No me gusta el documento. Es más, le atribuyo un aire de vulgaridad, inapropiado para la seriedad y la gravedad del momento. Vulgaridad y, peor todavía, un airecillo de altanería con relación a los políticos que podría alimentar las querencias hacia el populismo. Que los políticos se merezcan la crítica más áspera no quiere decir que desde la ciencia  –mejor dicho, desde los científicos— se arroje gasolina al problema. Por otra parte, le he echado codos al asunto y, leyendo parsimoniosamente el papel, observo que nada se concreta en el qué hacer. O tal vez mis pitarras me lo han impedido. Es un papel que podría haberse recordado que la ciencia y los científicos también se han equivocado. Bien les valdría a los redactores del documento tener en cuenta la frase de Voltaire: «Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás».

Un respeto a la ciencia. Por lo que también los científicos deben ser respetuosos con la ciencia. No se crean como algunos jueces españoles –los de la célula Carl Schmitt— que se han erigido clandestinamente en que España no sea ni roja ni rota.

Definitivamente, un respeto a la ciencia.

 

Post scriptum.--- Dijo don Santiago Ramón y Cajal: «Nada me inspira más veneración y asombro que un anciano que sabe cambiar de opinión». Afirmó don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

 

domingo, 4 de octubre de 2020

«Madrid, castillo famoso», ayer; hoy, capital europea del caos


 

Spoiler arriesgado: Pablo Casado puede fracasar estrepitosamente. La situación de Madrid le puede llevar al ostracismo. Esta es una situación límite que se suma a la pésima gestión de ´fichajes´ políticos que sólo demostraron ser faralaes de la política cañí: Cayetana es el emblema más ilustrativo hasta que Isabel Díaz Ayuso le disputó el primer poyete en ese ránking. Madrid –ayer «capital de la Gloria», hoy ciudadela europea de la pandemia»-- puede enviar al PP a hacer puñetas.

El PP no sólo es incapaz de controlar la pandemia sino que, con su incompetencia, provoca que el virus siga haciendo de las suyas. No sólo eso; hay más: se enfrenta al Gobierno de Pedro Sánchez para aparentar que la tiene más larga. Con lo que, hasta la  presente, está generando mayor inestabilidad del gobierno de la comunidad autónoma con el (relativo) alejamiento de Ciudadanos. Ese apartamiento del gobierno de España viene acompañado de una incipiente división entre las comunidades autónomas gobernadas por el PP como se ha demostrado en la reunión de la comisión interterritorial de Sanidad: Castilla—León vota a favor de las propuestas de Salvador Illa, Murcia se abstiene aunque posteriormente –tal vez llamada a capítulo por Génova, 13--  fuera del tiempo, es decir, en el vestuario, vota en contra.  

Ningún gobierno madrileño ha hecho tantos disparates como el de Ayuso. Ni siquiera la pintoresca Esperanza Aguirre. Cabe decir que las costuras de Pablo Casado no podrán aguantar tanto desmadre, tanta incompetencia.

Así las cosas, Madrid puede perder las ventajas de su espectacular avance en los últimos tiempos. Jordi Amat, siempre atento a las novedades, lo explica en su artículo de hoy en La Vanguardia, ´Vente pá Madrid´ (1). La novedad que propone Amat es la siguiente: «Madrid se ha ido gracias a la política, pero no solo. Es una cuestión de dinero y de talento y cada vez lo será más porque en la economía del conocimiento –que es la economía del mejor futuro– una cosa y la otra van de la mano. Más datos. El 21% de los empleos calificados de España se concentran en Madrid. No es extraño, por tanto, que la capital imante inteligencia de todo el país. Por eso una quinta parte de las personas que allí trabajan residían antes en otra comunidad. Así se vacían, ante todo, las Castillas. Por eso mismo el porcentaje de población con estudios universitarios en Madrid (un 40,9%) es sustancialmente superior al de la media española (30,8%). A efectos prácticos: si eres un universitario prometedor, indefectiblemente, es muy probable que tu meta sea instalarte en la capital porque es allí donde están los centros de investigación punteros y mejor financiados por la administración central (como el CSIC o el Instituto de Salud Carlos III).» Es algo que, desde hace tiempo, el ingeniero Manuel Gónmez Acosta viene explicando a tirios y troyanos.

En principio podemos sacar una primera conclusión: hasta la presente ha existido una cierta autonomía entre la incompetencia de las autoridades de la región, que en todo caso construyeron un jardín fiscal de la región, y la economía. Pero ha aparecido una variable tremenda: la pandemia, que se ha sumado a la incompetencia política y al enfrentamiento con el gobierno central. De momento las fuerzas vivas de la economía lanzan tímidas observaciones, que Ayuso no quiere escuchar: ´Unidad, pacto … ´. Hasta que se den cuenta de que, hablando en plata, Ayuso les está jodiendo la marrana. Y podrían lanzar dardos envenenados contra ella que, por elevación, irían contra Casado casaseno. ¿Se dará por aludido el hombre de las Azores?

Todavía me acuerdo de cuando echaron en el Cine de Benítez la famosa película ´Más dura será la caída´.

 

Post scriptum.--- La conjetura de Collatz, conocida también como conjetura 3n+1 sigue sin demostrarse. En cambio, don Venancio Sacristán ha evidenciado la eficacia de quienes practican que «lo primero es antes».

1)            https://www.lavanguardia.com/opinion/20201004/483841097764/vente-pa-madrid.html

sábado, 3 de octubre de 2020

La lengua atropellada del Consejero de Sanidad







Mario Moreno Caninflas construyó un metalenguaje. En Santa Fe, capital de la Vega de Granada, nos desternillábamos de risa cuando le oíamos hablar, en el cine de Benítez,  de una manera tan fantásticamente disparatada. Los niños éramos de Cantinflas y los mayores seguían fieles a un cómico argentino, Luis Sandrini, que se hizo famoso por las caras tan absurdas que ponía, aunque nunca se le entendió nada. Nadie habló como Cantinflas en el cine, ni tampoco fuera de pantalla. Bigote Arrocet se quedó en un mediocre imitador del mejicano.

Nadie, pues, como Cantinflas hasta que, llegado un momento, Dolores Cospedal –el ´de´ es un añadido postizo--  se lió la lengua a la cabeza creando una estrambótica sintaxis donde el «salario diferido» de Bárcenas, el contable mayor del Partido Popular, era simultáneamente sujeto, verbo y todos los predicados gramaticales existentes e inexistentes. Una obra maestra de la confusión y del despelote el lenguaje de la Cospedal. Pero ¡ca! No llegó a desbancar a Cantinflas. Cantinflas era mucho Cantinflas.

Recuerdo que, en plena campaña contra el ingreso de España en la OTAN, el gran Avel·lí Artis—Gener, Tisner,  me contó que los de tv3 le pidieron que hiciera la traducción al catalán de las películas de Cantinflas y que les ayudara a buscar un actor que las doblara a dicha lengua. Tisner se negó en redondo a tamaña grotesquez. El lenguaje de Cantinflas no se traduce ni se dobla ni siquiera al sánscrito.

Ahora, recientemente, ha aparecido un candidato a disputarle embrollo sintáctico a Cantinflas. Es consejero de Sanidad por el lote andaluz de Ciudadanos y se llama Jesús Aguirre, famoso por su caótica gestión del asunto de la carne mechá.  Así habló este caballero: 



Don Luis Miranda Podadera se hubiera llevado las manos a la cabeza viendo a este hombre con carrera destrozar todas las convenciones de la lengua de Nebrija. Me malicio que la explicación es que Aguirre no sabe de qué está hablando. Vamos, que es un completo ignorante, a pesar de ser licenciado en Medicina.  

Por lo demás, se debe descartar que este Aguirre siguiera las enseñanzas de aquel cínico ilustrado que enseñaba lo siguiente: «Las notas de prensa, breves y confusas». En resumen, ni Cantinflas ni Marcelino Morata: pura ignorancia profesional y, sobre todo, no saber qué decisión político-administrativa debe tomar.  

 

Post scriptum.--- «No hables de lo que no entiendas», decía el maestro Juan de Dios Calero en Parapanda. Que lleva inexorablemente al dicho de don Vicente Sacristán, mecánico ajustador y filósofo: «Lo primero es antes».  

 

 

viernes, 2 de octubre de 2020

Cataluña y Madrid, espejos aproximados


 Desde hace tiempo vengo constatando similitudes entre los gobernantes de las dos comunidades autónomas que se reclaman de la mayor importancia en España: Cataluña y Madrid. Son jóvenes nacionalistas –unos de mar, otros de montaña— que han hecho de la política un peligroso juego de pizpirigañas, que está conduciendo a una peligrosa situación a la ciudadanía, incluido el conjunto de la española. Niñatos de papá que en la Vega de Granada llamábamos bitongos. Que han hecho de la insolencia y del desacato institucional una arriesgada seña de identidad. Ayer Torra; hoy Ayuso.

Son gobiernos bipartitos con la derecha en los dos lugares y con unos partidos –Esquerra Republicana de Catalunya y Ciudadanos— que recuerdan a la rosa de Alejandría, que se disfrazan de progresistas para no infundir sospechas; que aparentan ser pragmáticos y simulan lo que podríamos llamar equidistancia clasista: siempre en el medio. En la derecha, dos personajes, Torra y Ayuso, que podrían ser una avanzada aproximación a los líderes de la misma  dehesa global.  

Ese Torra que durante su mandato no ha osado proclamar la independencia de Cataluña, a pesar de los requerimientos del independentismo movimientista, pero que en su discurso de despedida llamó a su sucesor a que declare la independencia. Se ha dicho que ese caballerete es más un agitador que un gobernante, pero nadie ha caído en la cuenta que, además y sobre todo, podría ser un vivales. Esa Ayuso a quien se le atribuye una actitud numantina, con una cierta educación monjil –el cardenal Tarancón, mientras liaba un cigarrillo caldogallina,  las llamaba «esas putillas»-- ha desobedecido los acuerdos del plenario de la comisión interestatal de sanidad. Parecido aparente a las posturas de Torra, que le han llevado a la inhabilitación. Pero exactamente las cosas no han ido por  ahí.

Explica Enric Juliana en su artículo de hoy en La Vanguardia lo que sigue: «El acuerdo estaba prácticamente cerrado la noche del martes, pero las ansias de Ignacio Aguado por aparecer como el rosto amable y negociador del gobierno regional madrileño le condujeron a filtrar los puntos pactados con el ministro Salvador Illa…   Miguel Ángel Rodríguez difícilmente podía permitir que el vicepresidente de Ciudadanos capitalizase el armisticio» (1).

Así las cosas, el espejo madrileño adquiere mayor gravedad: son los «celos mal reprimidos» entre los partidos del gobierno de la ciudad—estado la madre de que la pandemia acentúe su caos en Madrid; de igual manera, la confrontación sistemática entre los socios del gobierno catalán es la responsable de la mediocridad de Cataluña en España y en los cuatro puntos cardinales de la rosa de los vientos. Más todavía, también Madrid se incorpora a ese desprestigio global. Una emulación a ver quién conduce el asunto al infierno con más velocidad.

 

1)           https://www.lavanguardia.com/politica/20201002/483785226494/el-metodo-federal.html

 

Post scriptum.--- En las matemáticas, el triángulo de Pascal es una representación de los coeficientes binomiales ordenados en forma de triángulo. Así es, dicen los que saben. Como igualmente los que saben afirman, con don Venancio Sacristán, que «Lo primero es antes». 

 

jueves, 1 de octubre de 2020

Madrid, espejos contrapuestos: gallo rojo y gallo negro


 

Un espejo cóncavo y otro convexo, ambos en durísima disputa: la lucha de antaño contra hogaño. Las dos Españas machadianas que, como los gallos rojo y negro, están frente a frente.

La España cóncava, que se resiste a dejar de ser la de Frascuelo y la de los obstáculos tradicionales que decían los progresistas del siglo XIX, pretende eliminar del imaginario colectivo la memoria de Largo Caballero y de Indalecio Prieto, dos exponentes diversos de la compleja historia del PSOE.

No se entiende esa postura –borrar del callejero madrileño las señeras figuras del socialismo español-- si no es gracias a la irascible presión de Vox. Chocante esta subsidiariedad de los de Pablo Casado hacia Vox, pues están cargando infantilmente la romana para que Abascal  llene de votos sus alforjas. Casado, Ayuso y el alcalde Martínez tienen todavía los dientes de leche frente a los colmillos retorcíos de los de Vox.

Felipe González, siempre presto a darle movimiento a la húmeda, debería llamarle la atención a las derechas; tiene cierto predicamento en esos sectores y, tal vez, podría conseguir que se mantuvieran en el callejero los nombres de Largo Caballero y el de don Inda. González ha dicho no sé cuántas veces que él «es socialista a fuer de liberal», una frase que repitió Prieto. González le debe mucho a Prieto. Fue quien intentó pactar la salida del franquismo mediante la monarquía juanista. Más, todavía el de Sevilla le debe al bilbaíno su anticomunismo gástrico. 

La otra España: la que fatigosamente se abre paso   –a veces a trompicones--  para dar una salida a este momento «de justa perfecta tormenta de todas las crisis». La que, mientras resiste los embates de los herederos de aquellos persas patrios, prepara un nuevo ciclo de derechos de ciudadanía social. Por eso están exasperados en la calle Génova: porque es posible que ese nuevo itinerario inicie su recorrido, y porque las líneas tendenciales que muestran las encuestas siguen dando más apoyos populares a Pedro Sánchez,  mientras que la recogida de la derecha es una cosecha de jaramagos.

Hay que rebajar la tensión. Algunos deberían tomar tila a discreción. Pongamos que hablo de ese pintoresco diputado que es Gabriel Rufián, que para tapar sus vergüenzas suelta esta perla que, a buen seguro, habrá sido celebrada por los puticlubs de carretera: «Vox tiene aquí [en el Parlamento] desgraciadamente 52 diputados, pero en total tiene 53, porque tiene uno en la Zarzuela». No es pico de oro, sino de hojalata. No es izquierda es zocata.

 

Post scriptum.---  La constante de Planck sostiene que E =  hf.  Nunca lo pusimos en duda. Planck intuía que «lo primero es antes», docet don Venancio Sacristán, Hijo Meritísimo de Chinchón.