jueves, 26 de agosto de 2021

Jueces provaricadores (sic)


 

El Tribunal Supremo ha quedado a la altura del betún como una aljofifa. El Alto Tribunal  ha sido rotundamente desautorizado por el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Las cosas de palacio, también en aquellas latitudes de Naciones Unidas, van despacio, pero al final la festividad de san Martín también le llega a la justicia española.

Es el desgraciadamente célebre caso Baltasar Garzón. Que fue juzgado (y condenado a 11 años de inhabilitación) sin garantías por un tribunal que no era competente, ni independiente, ni imparcial. Así lo sentencia el Tribunal de la ONU. Que exige, además, borrar los antecedentes penales de Garzón y su debida compensación económica.

El Tribunal Supremo está en coplas. No han hecho el ridículo sino una opción consciente, premeditada a la caza de un juez ímprobo. La democracia española tiene un problema con estos jueces, empeñados en que se quiten los candados del sepulcro del Cid.

Esa sala del TS merece en más amplio y enérgico reproche social. Para estas situaciones propongo un neopalabro: provaricación. He dicho provaricación: aquel que dicta una sentencia sabiendo que va contra la ley y lo hace a sabiendas y queriendas. O sea, no confundan provaricación con prevaricación. Aunque son de la misma familia. 

 

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