sábado, 3 de abril de 2021

Salvador Illa y Josep Ramoneda


 

Cantaba Loquillo en aquella afamada canción que «Nada permanece,  todo se desvanece». Y así –con todas las precauciones que se quiera--  parece haberlo entendido Esquerra Republicana de Catalunya, que se está esforzando en abandonar el primer puesto del ránking de los partidos más confusos de Europa. En esta misma semana ha enviado dos señales no irrelevantes: 1) rechaza estar en el llamado Consell nacional per la república, el extraño chirimbolo de los de Waterloo, y 2) no habrá pacto de actuación conjunta en el Parlamento español con los de Puigdemont. Estos son los datos semanasanteros más relevantes. Naturalmente, la cosa puede cambiar –incluso a peor—pero la letra de Loquillo seguiría teniendo sentido.

 

«Nada permanece, todo se desvanece». Hasta el incombustible Jaume—Alonso Cuevillas (hasta no hace mucho Jaime), miembro de la Mesa del Parlament por Waterloo, hombre de un pasado –lo diremos caritativamente— asaz borrascoso ha declarado que la Mesa no debe admitir propuestas contra la monarquía ni a favor de la autodeterminación. Naturalmente, este Cuevillas sabe cómo se la gastan los tribunales y tiene referencias de las condiciones de vida de la cangrí. Realismo de viejo rábula.

«Nada permanece, todo se desvanece» es un concepto que tiene su enjundia, y según algunos muy leídos hunde sus raíces en Heráclito, el filósofo llorón, con adornos retóricos del Barbudo. Sin embargo, Josep Ramoneda –el filósofo licenciado--  parece contradecir al de Éfeso y al de Tréveris. Está en su derecho y forma parte de los códigos de la temeridad. Ramoneda escribe hoy en El País un artículo ¿A dónde va Illa? (1).

Al filósofo licenciado le ha sorprendido que «Salvador Illa, en el doble debate de la fallida investidura de Pere Aragonès, haya trufado sus intervenciones con algunas parrafadas en castellano». Lo que le ha significado una piedra de escándalo. Porque siempre los de la ceba habían considerado que el castellano era algo indeseable –política, cultural y socialmente— en el Parlament. En resumen, echar una «parrafada» en castellano, la lengua materna de la mitad de los habitantes de Cataluña, es –a juicio de Josep Ramoneda--  un inconveniente que impide a los socialistas catalanes pensar autónomamente. Que yo recuerde, cuando Cipriano García  y Justiniano Martínez hablaban en el parlament en castellano íntegramente no comprometían la personalidad del PSUC.

Para el filósofo licenciado, sin embargo, nada se desvanece, todo permanece. Justo lo contrario de don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes», que es una impugnación en toda la regla a los pensadores del tiempo.

 

1)        https://elpais.com/espana/catalunya/2021-04-03/a-donde-va-illa.html

No hay comentarios: