martes, 8 de diciembre de 2020

Casado es él y sus circunstancias


 

 

Pablo Casado es él y las circunstancias que ignora. No son irrelevantes: desconoce que la sociedad fordista, que tanto ha infectado la política, es ya pura herrumbre; no  está al tanto de las consecuencias de la desaparición del bipartidismo. Y, por supuesto, es incapaz de tomar nota de la acelerada desagregación del independentismo catalán, dividido y confrontado entre sí. Más todavía,  Casado no ha sacado conclusiones de la derrota, política y policial, del terrorismo etarra, porque la rendición de la banda  no se hizo bajo gobierno del PP.

Casado tampoco se ha enterado de que el cura Bergoglio –el hombre de las suelas agujereadas— es realmente inquietante. Y lo peor del desbarajuste del almacén de los errores: Casado pensó y dijo públicamente que Vox era la consecuencia del tancredismo de Mariano Rajoy. Los votantes de Abascal volverían al redil pepero en pocos días. Sin embargo, las campanas no tocaron a gloria: Vox creció y se multiplicó  con Casado, con el llamado  exageradamente ´nuevo PP´. Muchos errores y demasiado importantes.

De hecho, Casado es hijo de la rigidez dogmáticamente ideologicista de Aznar, que es Él y las circunstancias que impone. Fue una joven promesa que, con una biografía universitaria todavía opaca, hizo el trívium y el quadrivium en las aulas de la FAES y el postgrado en los  platós de las tertulias televisivas. O sea, dos lugares donde impera la magia de la palabra huera y la negación sistemática de lo que dice o propone el interlocutor. Por lo que la formación intelectual de este caballero es la negación, la trapacería verbal, la técnica de los rábulas patrios.

Casado es deudor de las grandes verdades inventadas que han afirmado que España sólo se diferencia de Dios en que tuvo principio: la fundó Túbal, quinto hijo de Jafet –y, por tanto, nieto de Noé--  al grito legendario de «España es Madrid y Madrid es España».  Y, a pesar de esas garantías, afirma que «España se rompe». Seguramente es una ruptura astillada que viene desde los tiempos de la batalla de Guadalete, en justo castigo divino por lo inescrupuloso de los amoríos adúlteros del rey Rodrigo. Aunque hay romances que afirman que «Si  dicen quién de los dos / la mayor culpa ha tenido / digan los hombres la Cava, / y las mujeres, Rodrigo». Un primer apunte de la división de las dos Españas.

Grandes almacenes Casado S.L, errores a granel y detall. Afirmó que, una vez caído Rajoy, el gobierno de Pedro Sánchez tenía los meses contados. No ocurrió, ni tampoco hubo explicación casadiana del por qué. Después dijo con el desparpajo de su acné juvenil que la pandemia acabaría con el gobierno. Tampoco sucedió. Ni menos todavía ha dado explicaciones de su desacierto. De manera que podemos insinuar lo siguiente: los errores de Rajoy fueron el resultado de la indolencia de su colodrillo, pero los de Casado son el fruto del atolondramiento de quien tiene sus neuronas permanentemente en barbecho.

¿Mejor para España? No, padre. Porque esos grandes almacenes son una rémora o –mejor dicho--  una distorsión. Grandes almacenes o el resultado de la pertinaz sequía de una derecha ilustrada. O Ciudadanos toma nota de todo ello o quedará como una chuchería de la política. O como acompañante ancilar de Casado, graníticamente inamovible como los Toros de Guisando.

 

Post scriptum.---  Don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

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