martes, 15 de octubre de 2019

El trampantojo de las movilizaciones de ayer


La reacción contra la sentencia ha sido como se esperaba: una movilización fulminante, dirigida desde diversos centros operativos, orientada a la paralización de lugares estratégicos de las comunicaciones en Cataluña. Son una serie de reacciones que difícilmente encajan en lo que se denomina «desobediencia civil». Primero, porque no son movilizaciones pasivas sino justamente lo contrario; segundo, porque este ejercicio concreto ha tenido componentes de sabotaje inutilizando algunos tramos de vías férreas; tercero, porque ha dificultado la libre circulación de personas que se disponían a viajar en avión, tren, metro o carretera. Todo ello edulcorado con un publicitado ´a pacifismo limpio´. Como es natural, las sonrisas no figuraban en los rostros de quienes tomaron las estaciones y el aeropuerto.

Sostengo –con más cabezonería que Pereira--  que el objetivo de estas movilizaciones no es la solidaridad con los juzgados por el Tribunal Supremo. La solidaridad es una excusa. El objetivo es el desbordamiento de la legalidad con la intención de crear un clima de ingobernabilidad. De ahí que saque esta drástica conclusión: lo de ayer fue una descomunal engañifa. Más todavía, es un trampantojo cuya finalidad es quitarle a la política su protagonismo. En resumidas cuentas, la presión de ayer es una expresión más de la pugna –no ya latente, sino aflorada--  entre las diversas congregaciones del independentismo político: la que propugna una metodología política o la partidaria del embolica que fa fort, es decir, la que fabrica una nueva chanson de geste,  para que –tras su derrota--  los goliardos del mañana tengan algo que llevarse a la boca.

Ahora bien, ante asuntos de esta importancia, la chiquillería debemos callar y dar la palabra a las personas mayores. Por lo que reproducimos lo que Isidor Boix ha dejado dicho en su mural de Facebook:

«UNA OPINIÓN en caliente y que pretende no ser calenturienta:

»Apoyo, coincido, que les hayan condenado. Violar la constitución por parte de responsables institucionales es ciertamente muy grave. No soy juez, ni abogado, sólo licenciado en derecho, pero sí, y sobre todo, ciudadano que quiere ejercer sus derechos. Entiendo que lo hecho por los dirigentes independentistas con responsabilidades institucionales seguramente no llega ni a sedición, probablemente “conspiración para la sedición”, o “sedición en grado de tentativa” (es decir fracasada), y no sé si malversación (hay que probarlo), pero lo que sin duda han cometido (y poco tipificado) es un abuso de su función, irresponsabilidad e incompetencia, una estafa a todos los ciudadanos (lo que les han votado y los que no) por su prolongado desgobierno y su empeño en llevar a un callejón sin salida a sus correligionarios, enfrentando entre sí a la ciudadanía catalana. Ahora, a recomponer la situación. Las próximas elecciones generales pueden ser un útil instrumento. Si acertamos». 

Y, en otro lugar:

« Amig@s, es cierto que un análisis de la sentencia permite muchas críticas mejor o peor argumentadas. Algunas las comparto. Y, por ejemplo, estoy también de acuerdo en que los Jordis no tienen responsabilidad “institucional”, y que el 1-O y el 23-F son evidentemente muy distintos, aunque ambos graves por su impacto (también distinto) en la vida colectiva. Pero siendo importantes estas distinciones, no son para mí lo esencial ahora, sino la enorme responsabilidad política, más que penal, del independentismo. Si se tratara de “presos políticos” (por ideología u opinión política) el primero que hoy debería estar encarcelado es el actual President de la Generalitat y también bastantes de sus ministros. El ultranacionalismo, el independentismo, son para mí reaccionarios, muy reaccionarios, más impulsarlos, y más aún desde las instituciones de gobierno. Las barbaridades de estos y otros días sobre la actual situación y el franquismo sólo pueden formularlas l@s muy ignorantes, que no han vivido la dictadura y menos la lucha por las libertades, o no se lo han contado. Ojala seamos capaces de encontrar el camino para desatascar esta situación».

Por cierto, sugiero que lean ustedes la resolución, Ante la Sentencia, que han hecho público los  federalistas Comunes. Véase: https://comunsfederalistes.com/2019/10/14/davant-la-sentencia/

lunes, 14 de octubre de 2019

Después de las movilizaciones, ¿qué?


Ya conocen ustedes la sentencia contra los dirigentes independentistas. Las movilizaciones en su contra han empezado. No sabemos cuánto ni cómo durarán. Sea como fuere, es más necesario que nunca que las cabezas estén su sitio.

El independentismo necesita cabezas sobrevenidamente sensatas. Con la suficiente sesera como para plantearse toda una serie de cuestiones para no llevar a Cataluña (y sus alrededores) a un estropicio de larga duración. Sensatez que requiere los suficientes redaños para ir a contra corriente. Depende cómo se reaccione contra la sentencia del Tribunal Supremo las cosas tendrán uno u otro cariz.

Vale la pena traer a colación la reciente autocrítica de Artur Mas cuando afirmó que «había subestimado el poder del Estado». Realmente chocante: el cabecilla de un movimiento que desconoce el poder del adversario. Eso le pasó al fraile Savonarola, su «hoguera de las vanidades» acabó siendo minúscula candela contra los Médicis y su retórica macabra fue sólo ceniza frente a la mano larga del valenciano Alejandro VI. Mala cabeza la del iracundo predicador. Mala cabeza la de Artur Mas que confundió un chinchorro con un trasatlántico.

Ya han empezado las movilizaciones contra la sentencia. Normal dadas las circunstancias. Pero, de igual manera, debería ser normal que alguien con mando en plaza se plantara y acompañara a Francesc—Marc Álvaro con su reciente pregunta: «Después de las manifestaciones, ¿qué?». Álvaro es un periodista, que se debate entre Escila y Caribdis, y que con inusitado arrojo afirma que «no habrá nada parecido al momentum que mencionaba Torra». Y añade que tales manifestaciones «no durarán siempre». Aunque podría haber dicho que durarán hasta la derrota final. Es más, su duración e intensidad estarán en función de cómo sean tratadas desde Madrid.

Lo que digo no debe entenderse como observaciones para prevenir al independentismo. Simplemente mi interés está en que, de momento, no dañe irreparablemente a Cataluña, que equivale a decir a sus clases populares y a España.  Pero esto es pedir peras al olmo, por lo menos al independentismo, sector Louis Vuitton.  



domingo, 13 de octubre de 2019

Desobediencia institucional y desobediencia civil




Algunos están poniendo sordina a lo de la «desobediencia institucional». Es posible que hayan caído en la cuenta de aquella enseñanza de los Médicis: «El Estado no se gobierna con padrenuestros». Hasta un atolondrado como Quim Torra es capaz de comprender que una cosa es la represión que le puede caer y otra, bien distinta, la que puede afectar a los ciudadanos corrientes y molientes. De ahí que no tenga empacho en mantener la desobediencia civil  y archivar la institucional. En todo caso  debería explicar por qué incumple el mandato del Parlament que llamaba también a la desobediencia institucional frente a la sentencia del Tribunal Supremo.

En mi opinión, el vicario de Waterloo lo hace porque, como es natural, tiene canguelo a las consecuencias de su decisión. Lo que humanamente es comprensible, pero no lo es tanto no querer entender que la desobediencia civil puede arrastrar consecuencias a quienes la ejerzan. Más todavía, la obscenidad de Torra es caballuna ya que se desentiende de las cautelas y protecciones de aquellos que puedan ser encausados por la desobediencia civil. El lema de la orden de los frailes «ora et labora», repartido así: rezando el prior y el resto de la cofradía manejando azadón y almocafre. O lo que es lo mismo: Torra, capitán Araña. 

sábado, 12 de octubre de 2019

El Abad Cantera y el vicario Torra, dos almas gemelas





En este país hay un exceso  de gente farruca, de echaos p´alante. Pueden encontrarse en los sitios más diversos: mostradores de taberna, altos cargos nombrados a dedo, gobernantes de comunidades autónomas e, incluso, gentes con sotanas de no importa qué orden mendicante. De entre este elenco se distinguen dos faroleros: Santiago Cantera, Abad del Valle de los Caídos, y Quim Torra, sobradamente conocido así en el cielo como en la tierra. Uno, de juveniles andares falangistas; otro, de primeros calostros para-carlistones. Ambos son el exponente del macizo de la raza. Grotescamente obcecados y aplaudidos –el huno y el hotro--  por una patulea de aduladores agachados.

Nuestros dos personajes sacan pecho y frente a los requerimientos de la autoridad competente el primero afirma que «no autorizará» y el segundo «que no tolerará». Pero el fraile Cantera ha perdido mucho poder desde que no luce tonsura en su cabeza. Y tres cuartos de lo mismo se puede decir de Mosén Torra, que no ejerce los poderes autonómicos porque está en la República, pero no puede usar los poderes republicanos porque la república solo existe en su atolondrado magín.

Dos personajes que hinchan el pecho y ni siquiera tienen aire.  Violetas imperiales ya chuchurrías; ratafía a granel.

viernes, 11 de octubre de 2019

Mossos y Policia Nacional; misiles soviéticos y bombas yanquis




A la hora de repartir estopa los Mossos tampoco son mancos. Cuando sus porras caen sobre los hombros o en las cabezas de los resistentes el remedio, por lo general, no es ni la mercromina ni el agua del Carmen. Se recomienda ir a Urgencias con premura. La leña que reparten estos agentes está a la altura de la de sus primos hermanos, los agentes de la Policía Nacional. No obstante, para unos (los sectores adictos a la ratafía) los Mossos están tocados por la gracia de la Moreneta y sus porras solamente son meras apariencias; para otros (el amplio club de la cazalla carpetovetónica) la Policía Nacional se limita a cumplir, con proporción y mesura, la organización del trabajo que se le tiene encomendada judicialmente. Ahora bien, el diputado Gabriel Rufián, que está haciendo notables esfuerzos para alcanzar la beatificación en vida, ha puesto los puntos encima de las íes con motivo de la intervención de la policía autonómica en diversos desahucios en Barcelona. Rufián, por lo que se ve, ha colgado los hábitos de frailecillo franciscano por los de respetable padre dominico.

Habla Rufián: «No hay nada que diferencie a un Mosso reventando la puerta de una familia por un desahucio a un Policía Nacional reventando la puerta de un colegio electoral por una urna. No hay patria que valga si trata así a su gente». De la más pura escuela dominica, fracción heterodoxa de Fray Luis de Granada, que fue atosigado por los hijos de Torquemada.  

A Rufián le ha salido pastueñamente una tal Miriam Nogueras, de la orden conventual de los post post post convergentes. Esta señora le ha echado en cara a Rufián que sus palabras son «puro cálculo electoral, que es inmoral e injusto». Otro motivo de discordia entre los de Junqueras y los de Torra, abnegado correveidile de Waterloo. De mantenerse ese litigio llegará el momento en que no coincidirán ni siquiera en que los ángulos internos de un triángulo suman 180 grados. En todo caso, el otrora tonante diputado Gabriel Rufián ha dejado esculpido algo que le seguirá toda su vida: «No hay patria que valga si trata así a su gente». Que un servidor descubrió cuando le salieron los primeros dientes de leche. Por lo demás, Rufián ha destruido el concepto de mosso igual a bendito de Dios y policía nacional como equivalente de mesnadero de Atila. (Perdón, me viene a la memoria cuando en la izquierda rocosa se consideraba que los misiles soviéticos era «de clase», mientras que los yanquis eran «imperialistas»).

Pues bien, así como la cabra siempre tira al monte, el charnego sensato –sector Tiffanys o sector Somorrostro--  siempre tira a la concordia discorde.



jueves, 10 de octubre de 2019

Las deposiciones de Toni Comín



Toni Comín –noctívago hasta la madrugada y  contumaz pijo diurno, curiosa mezcla de niño bitongo y niño litri--  ha hecho unas declaraciones a El Periódico que casan perfectamente con ese simbolismo vacío del que habló hace pocos días Oriol Junqueras (1).  Comín, doctor spin del hombre de Waterloo, ha recorrido la mayoría de las fuerzas políticas catalanas hasta encontrar la verdad revelada de la única religión verdadera: el soberanismo milenarista, ya que fuera de él no hay salvación.

Este caballerete niega que en España exista democracia. Por lo que arremete contra el Estado que –autoritario, según Comín--  permite que sus deposiciones aparezcan en el rotativo barcelonés. Explicación: la fe está por encima de todo. Y, como dijo un antepasado del mozo, cree «porque es absurdo».

Deposición principal: hay que provocar el «desgaste económico del Estado». Y, para ello, llama indirectamente a una huelga nacional indefinida. Contra ella el Estado no puede nada, ya que no tiene instrumentos para reprimir e impedir que millones de personas se nieguen a ir al trabajo. Comín, que se ha criado bajo los pechos de ESADE, debe creer firmemente que la realización de esa quimera no afectaría en nada a Cataluña; pero si en algo pudiera molestar, la independencia requiere esos sacrificios. No se olvide que los antiguos ascetas se ganaban el cielo propinándose fuertes latigazos con el cíngulo redentor. Pero nuestro hombre no es exactamente un asceta sino un místico, porque los vergajazos se los pegan los demás. Él seguiría cerca de Waterloo a qué quieres, cuerpo.

En resumidas cuentas, este caballero es una demostración palpable de hasta qué punto la fe, según qué circunstancias, puede hacer estragos en el colodrillo.  Por no hablar del hombre de Waterloo, su jefe, que ha comparado recientemente la Unión Europea con Corea del Norte. Loco de atar.


miércoles, 9 de octubre de 2019

Errejón en Barcelona


Errejón ya tiene cabeza de cartel por la circunscripción de Barcelona. Dicen que sudó la gota gorda para conseguir los cinco mil avales para montar candidatura. Me tengo por persona regularmente informada y, pese a ello, no conozco al primer espada de Errejón en Cataluña. La prensa informa que es politólogo, pero un servidor nunca ha tenido el gusto de leerle ya sea en los medios de postín, en los menos afamados o en las hojas parroquiales. Hasta hace pocos días el candidato militaba en Comunistes de Catalunya y se nos informa que en las pasadas elecciones municipales iba en coalición con la CUP. A eso le llamaremos educadamente versatilidad.

Al candidato se le tiene por soberanista. Errejón ha pensado que, con ese palmarés, es la mejor baza para enfrentarse a Jaume Asens,  no menos soberanista.

O la opción de este candidato ha sido dictada por ir a contra reloj o ha sido pensada y decidida meticulosamente. En todo caso, sorprende que un partido nuevo, que se dice de la nueva izquierda y de la nueva política, recurra a la antigualla del nacionalismo. Más todavía, Errejón –forzado o no por las circunstancias--  no escarba en la izquierda sumergida no nacionalista  para competir (digámoslo claro) con los Comunes, soberanistas de día y rojos a la luz de la Luna. Tal vez ignore que el censo demográfico de la izquierda mendicante tiene sus límites. A decir verdad el prudente Errejón no era inmune a las salidas de banco de su hermano mayor. Errejón no tiene el reloj en hora.

martes, 8 de octubre de 2019

Moción de censura: pura farfolla




Albert Rivera actúa por encima de sus posibilidades. Que siempre le fueron exageradamente atribuidas en sus repentinos meandros políticos. Albert Rivera o el constante viaje del coro al caño y del caño al coro. El itinerario pertinazmente escorado a estribor desde la primera brillantina hasta la penúltima caspa. Albert Rivera que fue publicitariamente socialdemócrata hasta situarse de manera beligerante en la España de sol y moscas. No busquen ideología en su zurrón, es puro cálculo de mercado electoral. Que, durante un tiempo, le fue rentable dada la poquedad política de la derecha de toda la vida. Ahora Rivera vive sin vivir en él, el mercado electoral le da la espalda: la derecha española o es de aguardiente cazalla o no lo es.

Albert Rivera tiene el viento de proa. Corre el peligro de volver a la desnudez de sus primeros pasos. Nervios y pánico a granel. Las campanas le doblan a mortichuelo. Necesita un algo para que su facundia se mueva cual engañabobos diplomado. Coge la probeta: una pizca de calisay, cuarto y mitad de anacolutos, se agita y ¡zas! moción de censura en el Parlament de Catalunya. Es decir, el experimento que no hicieron durante años, siendo la primera fuerza en la Cámara catalana. Nunca presentaron una moción de censura porque –siempre lo dijeron--  «no salían los números». Que es un argumento rotundo y suficiente.

Ahora tampoco salen las cuentas. Sin embargo, el facundo Rivera ordena la moción de censura ahora. Ahora, en tiempos de su parábola decadente y en puertas de elecciones. Hablando claro: no es un error, sino una opción política que, como tal, debe ser tratada. Es irrelevante que sea electoralista u oportunista. Pero sí es significativo considerar que dicha opción es perfectamente inútil. Sépase que en política lo que es intencionadamente ineficaz es fuego fatuo. O pura farfolla. Que es lo peor que le puede pasar a esta moción de censura. Que no fortalece, ni debilita al vicario de Waterloo, sino que le entra por un oído y le sale por el otro. Con este vodevil, Ciudadanos ha querido disparar, especialmente, contra los socialistas. Hubo momentos en que la tonalidad  más agresiva de su verbosidad  iba más dirigida a Iceta que a los aparentemente censurados. 

Ahora bien, no todo son desgracias para los de Rivera: Ciudadanos ha conseguido ir en coalición a las próximas elecciones con UPyD, que deja temporalmente su condición de pecio para aparentar que flota en la superficie. Ya saben ustedes, el  partido de la, en otros tiempos famosa Rosa Díez, ahora en las mesnadas de la derecha de toda la vida. Digamos que son las viruelas de la vejez.



lunes, 7 de octubre de 2019

Junqueras y Puigdemont: dos gallos frente a frente



1.--  En el corral de Cataluña hay dos gallos frente a frente. Dos kikirikíes distintos: el primero aparentemente moderado, el segundo rotundamente espasmódico. Son Oriol Junqueras y el emigrado de Waterloo. El versátil periodista Francesc—Marc Álvaro ve la cosa de la siguiente manera. «El independentismo está dividido en dos visiones estratégicas que son imposibles de casar, los que piensan institucionalmente y los que no lo hacen porque están atrapados en un relato, que se basa en dos mitos: el ´desbordamiento democrático´ y el ´bloqueo de Estado´. Para los que leen en diagonal: la división es estratégica y es imposible de casar. En efecto, no casa intentar hacer política y recitar el mito del conde Arnau. 

2.--  En puertas de la sentencia del Tribunal Supremo se ha producido uno de los enfrentamientos más sonoros entre los dos gallos del corral con motivo de las movilizaciones contra dicha sentencia. De un lado, el gallo Junqueras exige evitar el «simbolismo vacío» de la desobediencia civil e institucional. Un planteamiento apoyado por el PNV: «Tanta épica no nos lleva a ningún sitio», que es la voz de la experiencia, de quien ha pasado mil sofocaciones. De otro lado, el de Waterloo y sus cleruquías, organizando la intemerata, empeñados en caminar de victoria en victoria hasta su derrota final. Concretamente, dos estrategias «imposibles de casar». Atención, no ha dicho «difíciles» de casar. Es decir, lo que dejó escrito aquel filósofo de cafetín: lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.  De ahí que nos permitamos el siguiente discernimiento: la riña entre los dos gallos, así las cosas, se mantendrá, bien hasta que no quede pluma alguna en el gallinero, o  bien con la derrota de uno de los dos. De una derrota tan sin paliativos que liquide definitivamente al contrario o lo convierta en material arqueológico.

4.--  Curiosidad: ¿qué interesa más a los poderes contra independentistas, la derrota del gallo Puigdemont o la del gallo Junqueras? Lo digo porque esa pregunta ha estado en el limbo durante todo el procés. Hasta tal punto que la inútil política de las fuerzas contra independentistas ha propiciado que los suplentes de los encarcelados y recientemente juzgados haya radicalizado, todavía más, el problema, convirtiendo aquella comedia -«íbamos de farol», afirmó la consejera Clara Ponsati--  en una tragedia sofoclea.



domingo, 6 de octubre de 2019

ERC, «barco sin timonel en la tempestad»




Sugiero que se cierre el bar del Parlament cuando sus señorías están debatiendo en el pleno. No es aconsejable tener la cabeza en poder de las uvas cuando se deciden cosas importantes o no. Sin ir más lejos, como ya hemos comentado, el Parlament acordó la «desobediencia civil e institucional» contra el Estado. Lo sorprendente es que, pasadas cuarenta y ocho horas, se arriaron los cartelillos y pancartillas que colgaban de no pocos edificios oficiales.

Más todavía, tómese nota de las palabras de Oriol Junqueras (La Vanguardia, hoy): «El Estado ya ha demostrado que puede poner en riesgo las instituciones catalanas. No puede volver a pasar, hay un bien a preservar, son los ciudadanos y las instituciones». Es el «simbolismo vacío» de la desobediencia que aprobaron sus Señorías –incluidos los diputados de Esquerra Republicana de Catalunya-- al parecer después de comer.

La sobria respuesta de Junqueras demuestra su inquietud ante lo que parece considerar retórica vacua. Pero, al mismo tiempo, nos sugiere una pregunta inquietante: ¿qué autoridad política tiene Junqueras en el partido del que es presidente? ¿cuál es la posición oficial del partido ante el asunto de la desobediencia?  ¿por qué el grupo parlamentario dice pitos y Junqueras afirma que flautas? Tal vez la respuesta esté en el canto sexto (Purgatorio) de La  Divina Comedia, donde Dante dice que Italia es un «barco sin timonel» (nave senza nocchiere). De donde se podría desprender que ERC no tiene quien la gobierne. 

Geométricamente hablando es preciso rectificar al viejo Euclides: los triángulos pueden ser equiláteros, isósceles, escalenos y esquerrorrepublicanodecatalunya; en los Elementos sólo se mencionan los tres primeros.  



sábado, 5 de octubre de 2019

La Cataluña de mañana



La Cataluña de mañana –más concretamente «La Catalunya de demá»--  es un nuevo foro político que según los mentideros barceloneses reúne a personalidades de probada moderación, provinentes de diversas fuerzas políticas, especialmente de las astillas del árbol convergente. Impugnan el procés y, a algunos de ellos les ha costado ser descabalgados de las listas electorales y de los órganos de dirección del Gotha independentista. Pongamos que hablo de Marta Pascal, Carles Campuzano y Jordi Xuclà entre las figuras más conocidas. Es el grupo que se reunió hace unos días en el Monasterio de Poblet.

Son independentistas, para entendernos del sector Poco a Poco, o sea, sin estridencias, hasta tal punto que se me antoja que no harían ascos a negociar con Madrid. Para ellos, la independencia de Cataluña al baño María sería una opción estratégica. De ahí esa referencia respetable al «mañana», a la Catalunya de demà.

Ocurre, sin embargo, que en política las referencias al «mañana»  en ocasiones pueden medirse en siglos como, por ejemplo, Juan de Dios Calero, sabio santaferino que tranquilizó en una reunión a unos impacientes afirmando que «el capitalismo tiene los siglos contados». Quiero decir que esta orden monástica catalana debería darnos un anticipo, esto es, qué hacer en esta situación. Hic et nunc. Y sobre todo deberían asimilar lo que, en cierta ocasión, Sófocles puso en boca de Edipo: «El que no tiene temor ante los hechos tampoco tiene miedo ante la palabra». Donde la palabra –léase la bicha— es «traición». O, lo que es lo mismo, traicionar el monopolio que de Cataluña vienen haciendo el convulso emigrado  de Waterloo y sus franquicias en el interior.

Esto fue lo que les dije, aprovechando un descuido, a los queridos amigos que compartimos mesa y mantel ayer. Los del retrato.    



viernes, 4 de octubre de 2019

La palabra «traición» en Cataluña


Que un obrero vote a la derecha es lastimoso, pero esa forma de votar se ha repetido tantas veces que ya no sorprende a nadie. El viejo aforismo «obrero naturaliter socialista» fue siempre un ensueño. O más bien un mito más romántico que otra cosa. Pero que un dirigente independentista pudiera hacer toneladas de daño a su movimiento ya no es tan normal. No es que un servidor lamente el daño que se le pueda inferir al nacionalismo, máxime si lo produce un mandamás de su cofradía, el problema es que ese trastorno acaba desparramándose por el conjunto de la sociedad. Lo que nos lleva a que el atasco en que se encuentra el independentismo político es, también, consecuencia de la grotesquez intelectual de sus líderes políticos. (Vale la pena añadir que en eso hay una indistinción entre esos dirigentes y los de las derechas de secano. Sin ir más lejos, parece haber una competición entre Carles Puigdemont e Isabel Díaz Ayuso en ver quién pone más sórdida estridencia en sus manifestaciones públicas).

La incompetencia del hombre de Waterloo llega a extremos insólitos. A este emigrado político se le está poniendo una inquietante cara de exiliado barojiano, sector carlista. Entiendo que sería recomendable que aprovechara el tiempo leyendo la Antígona, de Sófocles, y pusiera atención a las palabras de Tiresias: «La obstinación, ciertamente, incurre en insensatez». Una incompetencia que le lleva a un recurrente enfrentamiento con sus, en teoría, amistades naturales, los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco, una organización que supo librarse de aquel atolondrado lehendakari que ya nadie recuerda. Incompetencia del pertinaz emigrado cuando, hablando del artículo 155, declaró que «en Euskadi nunca se aplicó esta medida con casi mil muertos de la banda terrorista Eta». El gobierno vasco ha reaccionado sin miramientos y, estando hasta el colodrillo de este personaje, le llama «impertinente». Una reacción todavía no demasiado áspera dadas las circunstancias. Un PNV que se desembarazó, como hemos dicho, de aquel Ibarretxe, pero que ahora ve que su espíritu se traslada a las covachuelas de la Generalitat.


En Euskadi fue posible la derrota del independentismo que encarnaba el sector radical del PNV. Sin embargo, no sabemos si el grupo dirigente del secesionismo carlistón de Cataluña será derrotado por sus sectores moderados. Desde luego, tengo para mí que, mientras la palabra «traición» tenga resonancias bíblicas, no será posible la salida gradual del pantano.



jueves, 3 de octubre de 2019

¿Errejón por Barcelona?




Errejón tiene todo el derecho del mundo a presentarse por donde quiera y pueda, lo que incluye naturalmente la circunscripción de Barcelona. Por eso no es de recibo que alguien le haya hecho llegar que si presenta candidatura en Barcelona será considerado, poco más o menos, como un casus belli. La prensa atribuye esa amenaza a los Comunes. Soy del parecer que eso no cuadra con el talante remilgadamente libertario de esa organización. En suma, más parece una deposición de Radio Macuto.

Creo que Errejón tiene mucha vida política por delante, siempre y cuando mantenga esa actitud reposada, que nada tiene que ver con algunos de sus viejos amigos –hoy íntimamente adversarios--  espasmódicos unos, populacheros otros. Y, sobre todo, tendrá más vida si es consciente de que la palabra dada (especialmente si se ha hecho urbi et orbi) es un valor en sí mismo en los sectores de la izquierda digna y dignificada.

Errejón hizo su juramento de Santa Gadea: no se presentaría en aquellas circunscripciones donde pudiera  quebrantar a las izquierdas. Un servidor, con la retranca que da el paso del tiempo, me dije, confiado, «ya se verá». Sin embargo, hay quien se empeña en dar la razón al viejo refrán: cuando el río suena agua o piedras lleva. Con todo, nótese que las campañas electorales y la lucha política, por lo menos desde los tiempos de Pericles, es también una áspera contienda de bulos con o sin fundamento.

En todo caso, poca agua lleva el río Errejón en Barcelona. Se dice que podría apoyarse en el grupo que le acompañó en el ruidoso Vistalegre 2 y en el sector federalista de los comunes. Pero si el joven político echa cuentas podrá llegar a la siguiente conclusión: sus amigos barceloneses más directos eran escasos y el sector federalista –tan lúcido como inapetente de acción política práctica--  ha hecho voto de obediencia a la cúspide. Podrían votar a Íñigo de pensamiento, pero de obra irá a la Madre Superiora. En suma, Errejón no tiene necesidad de que, mientras viva, sea recordado por la cal viva que significa la ruptura de la palabra dada.

Por lo tanto, hay que apechugar con la palabra dada. Lo que ocurre por haber olvidado a Napoleón: «El mejor método para cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás».

miércoles, 2 de octubre de 2019

Ese 1 de Octubre en Cataluña




Barcelona: 18.000 personas en la manifestación que conmemora el 1 de Octubre de hace dos años. Es el recuento de la Policía Municipal. El sector ratafía del independentismo ha recurrido la cifra al VAR y ya se verá qué sanciona. En todo caso es una acción de baja intensidad. Hay quien justifica esa flojera de remos con el argumento de que se precisa modular los esfuerzos. Puede ser, pero tiene la pinta de ser una excusa ingeniosa.

Pero también hay –incluso desde las filas del secesionismo--  quien considera que esa mengua de la movilización es fruto de la inquietud que han causado las recientes detenciones y su relación con la química orgánica. Son sectores que no quieren verse envueltos con aprendices del sabotaje. Por otra parte, también hay quien entiende que la cosa, no solo no avanza sino que retrocede. Un retroceso que es debido a que la utopía, que se ha vendido, es pura filfa. O, por mejor decir, es una caco utopía.  

Descenso, de momento, de la movilización, que está acompañado por una retórica tan petulante como altisonante. Es para partirse de risa: llamamientos a la desobediencia civil e institucional pero –por si las moscas--  Torra descuelga el letrerillo de la balconada del Palau, tal como le había exigido el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. Y tres cuartos de lo mismo: la aguerrida CUP quita la pancartilla del Ayuntamiento de Berga. La retórica made in Waterloo se queda en bravuconadas.

Descenso de la movilización, de momento. Y simultáneamente está la aparición de algo tan chocante como las marchas de antorchas independentistas: una estética que comparten con organizaciones y movimientos que, antaño y hogaño, se nos antojan algo más que inquietantes.

Descenso de la movilización, por ahora. Pero potencia verbal para disimular la parábola: «Vamos a la República sin excusas». Sin excusas, ha dicho ese atolondrado lugarteniente del hombre de Waterloo. ¿Las ha habido hasta ahora? ¿Quién las ha puesto? Las reclamaciones deben dirigirse al maestro armero.



martes, 1 de octubre de 2019

1 - 0, las cosas no están como hace dos años


«Dos años del 1 – 0. Y dos años después las cosas siguen como estaban», nos dice Fernando Ónega en su artículo de hoy en La Vanguardia. Me permito discrepar del reputado periodista. En mi opinión, mucho han cambiado las cosas desde aquellos entonces. Hace dos años el independentismo catalán quiso ponerse el mundo por barretina. Hoy se encuentra ante la constatación de su más evidente fracaso, dentro y fuera de Cataluña, en medio de una confusa decadencia: su proyecto –pura caco utopía— es un conjunto de retales dispersos con poca posibilidad de remiendo. El independentismo, hoy, es una colosal zahúrda.

No estamos igual que hace dos años: los post post post convergentes son un conjunto de astillas del viejo y fornido árbol pujolista. No pocos de sus antiguos dirigentes buscan un nuevo cobijo político ya sea en los claustros del Monasterio de Poblet, ya sea en los aledaños de entidades financieras.

No estamos igual que hace dos años: Esquerra Republicana de Catalunya y las  doce tribus de Waterloo han llevado su conflicto a unas cotas que no se preveían en aquella época.

No estamos igual que hace dos años: in aquel tiempo la «revolución de las sonrisas» era una metáfora brillante que podía disfrazar sus burgos podridos. Hoy la acción contestataria está mayormente en manos de las diversas columnas del Ejército de Salvación: los Comités de Defensa de la República con sus diversos negociados de agitación y acción directa, la Assemblea Nacional Catalana, Tsunami democràtic y otros chiringuitos que se estructuran en torno a los cabecillas de las diversas facciones del independentismo, sección café de caracolillo.

Así las cosas, no de extrañar que su intento de proyecto se fuera convirtiendo, a la chita callando, en pura resistencia anárquica. Que se extiende desde la clerigalla de campanario hasta los que, por pura curiosidad intelectual, buscan la relación entre la química orgánica y la retórica de la Cataluña, «rica i plena».

Definitivamente, no estamos igual que hace dos años. Aunque la cruz sigue siendo pesada. Pero hoy ya sabemos –parafraseando a Marx--  que «entre la filosofía (independentista, añadimos) y el estudio del mundo real media la misma relación que entre la masturbación y el amor sexual».  Cachondo el barbudo de Tréveris.



lunes, 30 de septiembre de 2019

Cataluña: “El mundo nos mira y no pasa nada”



El independentismo catalán es un movimiento casi pacífico. Es muy mayoritariamente no violento, pero en su seno hace tiempo que se han instalado diversos somatenes que ya se han tirado al monte. Esa iglesia es pacífica pero algunos de sus campanarios insinúan lo contrario. Es la consecuencia lógica del fracaso del procés, tanto en Cataluña como en el mundo. Lo ha dejado claro Francesc-Marc Álvaro hoy en La Vanguardia: “El mundo nos mira y no pasa nada”.

Quienes han llevado a Cataluña este callejón sin salida son los responsables de la aparición de ese minúsculo, aunque estridente, ejército de salvación, que abandonan la palabra y la pluma por la goma 2. Digámoslo sin tapujos: son la congregación de Waterloo y sus franquicias en la Plaça de Sant Jaume. Vale decir: Carles Puigdemont y Quim Torra. Ahora, mientras no se aclare la cosa, ambos personajes podrían entrar en el terreno de la hipótesis de tener relaciones poco recomendables con el ejército de salvación. Uno de sus miembros, detenido recientemente, ha declarado ante el juez García Castellón que Puigdemont y Torra estaban al tanto de la operación del ejército de salvación. La intermediaria, siempre según el declarante, era la hermana de Puigdemont, Lady Waterloo. Grave aprieto para ese triángulo escaleno.

La mejor manera para, por lo menos, salir del paso sería: aclarar esa situación y condenar sin paliativos al ejército de salvación. En caso contrario, se está mandando un mensaje claro: apoyo explícito a la violencia y, por lo tanto, recabando apoyos para la misma y, además, asumiendo que todas las formas de conseguir la independencia son igualmente legítimas. Con lo que gradualmente el movimiento iría asumiendo, cada vez más, una mezcla de kale borroka, goma 2 y alguna avemaría para no excesivas sospechas. Desde Hamlet se nos avisa: “La locura en los grandes no debe dejar de vigilarse”. Así lo tradujo José María Valverde.

Están avisados.


domingo, 29 de septiembre de 2019

La CUP en Madrid, castillo famoso



La CUP ha decidido participar en las próximas elecciones generales. Se trata, por un lado, de una corrección en regla de sus planteamientos tradicionales y, de otro lado, expresa algo chocante. Chocante, aunque quizá lo más apropiado sería decir estrambótico.

La CUP, no obstante, tiene la misma paradoja que el resto de las diversas congregaciones independentistas. Justamente el otro día presentaron una resolución en el Parlament en la que se llamaba a la «desobediencia civil e institucional», aprobada con los votos del resto de los grupos secesionistas. Así, pues, ¿casa el llamamiento a la desobediencia civil e institucional con la participación en las elecciones del Estado al que se dirige dicha desobediencia? Estrambótico. Por lo demás, no menor sorpresa causa el objetivo que esta congregación se ha planteado en los próximos comicios. Nada menos que «impedir la gobernabilidad  del Estado». Sorprende porque teníamos entendido que una organización que se autocalifica de anticapitalista debería aspirar a otros objetivo más radicales. Pero, por otra parte, levantamos acta del candor de la CUP, que entiende que el enfrentamiento con el Estado se hace rezando padrenuestros independentistas.

Con todo, la decisión de presentarse a las elecciones, que le habrá sentado como un tiro al resto del independentismo (especialmente a los post post post  convergentes, sector Armani), si logran representación en el Parlamento, puede provocar novedades en la CUP. De entrada, si se quitan las legañas de los ojos, sabrán qué es, exactamente, el Estado, que no tiene nada de libresco. Y –me apuesto lo que sea--  a que la participación en Madrid les acarreará matices, contrastes y enfrentamientos en el grupo dirigente de la formación llamada anticapitalista. Porque en Madrid hay que hacer política o aparentarlo. Quedarse en la salmodia de las jaculatorias provoca bien el ridículo, bien la irrelevancia. 

Por lo demás, obtenga o no representación parlamentaria algo positivo tendrá la decisión de la CUP: mayor división del independentismo y un incremento del consumo de agua de Carabaña en la orden mendicante de Waterloo.



sábado, 28 de septiembre de 2019

Parlament y declive industrial de Cataluña




Las diversas escuderías parlamentarias han vuelto a confundir el culo de la política con las témporas de la propaganda. Esa barahúnda les ha llevado a llamarse los unos a los otros con desigual acierto mil perrerías. Las diversas escuderías han hecho de ese desconcierto su forma de ser  (modus essendi) y su profesión (modus vivendi). Ahora bien, la palma se la lleva el empecinamiento de las cofradías independentistas, que entiende que «la merda de la montanya no fa pudor».

Bronca en el Parlament, decenas de miles de jóvenes catalanes se manifiestan junto a millones de colegas de todo el mundo contra el cambio climático. Broncas en el Parlament, mientras que el producto industrial bruto catalán lleva tres trimestres consecutivos con caídas sucesivas. Broncas en el Parlament simultáneamente a que, entre enero y agosto de hogaño, se han producido miles  de despidos: un 89 por ciento más que en aquel fatídico 2008. Las diversas escuderías parlamentarias están disfrutando de los regüeldos que se dirigen mutuamente. Competición de escupitajos.

General Cable, Bimbo, Amplifón, TE Connectivy, Zurich más 104 procedimientos de extinción de empleo en lo que va de año. Son nombres y situaciones que aparecen como exóticos a las diversas escuderías parlamentarias.

Hace tiempo, tal vez en un descuido  del inquilino de Waterloo, se firmó el Pacto por la Industria. Fue llamado pomposamente «Nacional», una manera de no decir autárquico. Fue un pacto de campanario. Un parche de Sor Virginia. Sus resultados están a la vista. Ni siquiera ha concitado una humilde verificación. Tal vez siguiendo el viejo dicho: lo que tu mano derecha firme que no lo controle tu mano izquierda.

Aviso solemne. Mientras el Parlament se instala en el quilombo, hay quien prepara a la chita callando la llamada Ley Aragonés. Su objetivo es poner patas arriba los servicios públicos.  Recuerden: el conseller Santi Vila, ahora en las filas de los arrepentidos, manifestó desparpajadamente que habían utilizado a los sindicatos con el procés como tapadera de los recortes y ataques a los servicios públicos. Ojo, pues, con esa Ley Aragonés, el Enviado de Junqueras en la Tierra.



viernes, 27 de septiembre de 2019

La desvergüenza del Parlament de Catalunya



El Parlament de Catalunya se ha convertido en un garito. Hasta el viejo Teatro Circo Chino  de Manolita Chen, tal como lo recuerdo, me parece un lugar más serio y respetable que esa casona del Parque de la  Ciuadadela que ya se ha convertido en el templo del escupitajo. Emblema de la degradación política de Cataluña.

Tras la decisión del juez García Castellón de procesar a los detenidos en Sabadell, la mayoría del Parlament (vale decir, las diversas cofradías independentistas) aprueba una resolución en la que se afirma «la legitimidad de la desobediencia  civil e institucional como instrumentos de defensa de los derechos civiles, políticos y sociales».  Se entiende que dicha desobediencia se dirige contra el Estado español. Desvergüenza a la enésima potencia. Porque se llama a un acto sin ofrecer protección de ninguna clase a quienes lo hagan. El Parlament de Catalunya se convierte en un obsceno Capitán Araña, que embarcaba  a la gente y se quedaba en tierra. Sus Señorías, además, incitan a la desobediencia desde el mullido confort de la inmunidad parlamentaria. El primer activista es ese Quim Torra, el bien pagao. Lo dicho: Manolita Chen era más seria, que por lo menos se ganaba el jornal con el sudor de su frente.  

He oído por ahí que, tras el Ok Corral de ayer en el Parlament, volvemos a las andadas de aquel setiembre de 2017, cuando el inquilino de Waterloo proclamó y desproclamó la república catalana. No, no estamos igual. En primer lugar, lo que ocurrió ayer es la constatación del fracaso de aquel setiembre desgraciadamente famoso. Aunque, no seamos cicateros, por lo menos en aquella ocasión había un proyecto –ciertamente loquinario, pero proyecto--, mientras que lo de ahora es ir a trancas y barrancas. Más todavía, lo más relevante de lo de ahora es ir a remolque de los aciertos o desaciertos de «Madrid». Oido, cocina: ese es el dato, todo es reacción, no proyecto. En ese desconcierto vuelve a ponerse a la cabeza del desatino el vecindario post post post convergente. Cuyo lema –con destino a los frigios de Esquerra Republicana de Catalunya—lo acuñó Tisifonte, un personaje del Fausto (Goethe): «El que cambia no debe seguir vivo». Así lo tradujo el llorado José María Valverde

Última hora.--  Se confirma  lo que anunciábamos ayer: los post post post convergentes y Dante Fachín están en conversaciones para las generales. Extraña relación entre Armani y los manteros. O, si se prefiere, el hospitalario bazar de Marta Ferrusola y Evita Perón


jueves, 26 de septiembre de 2019

Quim Torra o cuando el sabotaje es cosa de «ciudadanos comprometidos»


Quim Torra pone su ideología por encima de la Ley. Esta visión extremadamente autoritaria tiene unas arcaizantes raíces religiosas. Es decir, el independentismo en la visión de Waterloo y adláteres  casa perfectamente con los teologúmenos (verdades enunciadas contenidas en la divina revelación) dogmáticos de todas las iglesias de ayer, hoy y quién sabe si de mañana. Esa divina revelación es la que hace decir a Torra que los recientemente detenidos en Sabadell son «ciudadanos comprometidos».

Hace tiempo que venimos comentando que en el movimiento independentista se hospeda una serie de grupúsculos que han dejado de practicar la «revolución de las sonrisas» y las formas de no-violencia. Aunque  minoritarios todavía, no son infrecuentes los gritos de reivindicación de Terra Lliure, la ETA chica de Cataluña, en las manifestaciones organizadas por diversos grupúsculos.  A ellos se dirigió ese Torra: «apreteu, apreteu». Resultado: donde manda patrón, no manda marinero».

Nueve son los detenidos de Sabadell. La policía les ha encontrado material explosivo; algunos de ellos han reconocido en Comisaría que no pretendían organizar actos de terrorismo sino de «sabotaje». Conocida la noticia de las detenciones empezaron las reacciones de apoyo a los detenidos. Como hemos dicho, Torra no sólo les apoyó sino que institucionalmente los legitimó. Legitimó también el material explosivo y sus hipotéticas consecuencias si se hubieran llevado a cabo dichos sabotajes.

Debo dejar claro que no tengo los conocimientos jurídicos para dilucidar si los detenidos preparaban una campaña de terrorismo o de sabotaje. Lo que sí parece de cajón es que el material encontrado no se compadece con las «sonrisas», ni con el pacifismo que se le atribuye a todo el movimiento independentista. Recalco, a todo. El cuerpo pacífico de ese movimiento hace tiempo que tiene algunos garbanzos negros no irrelevantes. Garbanzos con dinamita.

Lo nuevo ahora es que hay un sector determinado que comprende, justifica y simpatiza con, de momento, la preparación de sabotajes, y que pone por encima de la Ley la ideología del independentismo. La ideología como deformación mental de la realidad. Lo más nuevo es que, desde el Gobierno de Torra, se les incita a que «aprieten» y, tras ello, a premiarles con la distinción de ciudadanos comprometidos. Unos planteamientos que provienen de la descomposición del árbol post convergente.

Cataluña se ha convertido en una enorme zahúrda. La descomposición es tal que está a punto de aparecer un nuevo putiferio político: las conversaciones entre Artur Mas y aquel funambulista de Dante Fachín para ver si se concreta una alianza política. Sería un revoltillo entre Corrientes 348 y La Santa Espina.  

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Sugerencia a las izquierdas




Aunque pueda parecerlo no me he caído del guindo. Lo digo porque entiendo que todavía hay una posibilidad de que las fuerzas de izquierda hagan una campaña electoral (cada cual la suya, lógicamente) constructiva, sin sangre. Mejor dicho, esa posibilidad hay que trabajarla mediante la luz del entendimiento. Insisto, no me he caído del guindo. Para trabajar esa posibilidad sería conveniente prestar atención a las palabras que Sófocles pone en boca del Corifeo en su famosa tragedia Ayax: «Las palabras duras, aunque estén cargadas de razón, muerden». Digamos, pues, que si se desprecia tan sabio consejo la campaña electoral entre las tres izquierdas puede convertirse en el campo de Agramante: Ciego tú, tuerto yo. Olvídense, sobre todo, de la tradicional formulación «mors tua, vita mea», que siempre presidió las relaciones de las gentes de babor.

Las tres izquierdas: el PSOE, Unidas Podemos y las candidaturas de Íñigo Errejón, que entran en tromba en la campaña tras los protocolos con Compromís y la Chunta Aragonesista. Si estas organizaciones entran a degüello entre ellas nadie saldrá beneficiado. Esta enseñanza de la historia es tan contundente como siempre fueron prestos a olvidarla. Con lo que pasa a primer plano lo que pide el cuerpo por encima de lo aconsejable. Pero, ya se sabe, en las izquierdas no es infrecuente que la razón que viene de la cabeza se vea interferida por la sinrazón de la bilis. La bilis como linfa nutriente de la izquierda: comerse los higadillos los unos a los otros.   

Una «campaña electoral constructiva», hemos señalado más arriba. En la que cada cual ponga énfasis en su proyecto. Reparen las tres morillas de Jaén –Axa, Fátima y Marién--  en la ausencia de proyecto de la izquierda ante la crisis de 2008. Una crisis potente que abrió en canal a las izquierdas. Pues bien, están apareciendo indicios de que vienen mal dadas para la economía. De ahí que las izquierdas –ahora suficientemente avisadas— compitan entre sí (y contra las derechas de caspa y brillantina) con programas creíbles, factibles, para prevenir la crisis. Desde la isla mayor del archipiélago de la izquierda a las menores. Sigan, pues, el proverbio de los antiguos albañiles de la Vega de Granada: «Las piedras grandes sin las pequeñas no forman nada sólido».

Propuesta heterodoxa: que las tres izquierdas hagan una declaración conjunta de arranque de la campaña electoral llamando a combatir la abstención. Y, a continuación, cada uno por su lado.  Cierto, es una propuesta heterodoxa, pero infinitamente mejor que, tras las elecciones, la competición fuera dar lanzadas a moro muerto.

martes, 24 de septiembre de 2019

Xavi Hernández o Catar bien vale una misa




Xavi Hernández tiene una rareza anatómica: sus neuronas están justo al lado del calcañar. Tal vez por ello se ha distinguido como uno de los futbolistas más competentes desde los tiempos de Samitier: clave de bóveda de la Roja y maestro del cartabón en el mundial de Sudáfrica. Y hasta aquí puedo leer.

Xavi Hernández acabó su brillantísima etapa en el fútbol español y, ejerciendo su derecho, emigró a Catar en patera de oro a seguir amasando parné. En tan fértiles tierras su cerebro fue desplazándose de su lugar habitual a, como hemos dicho, el calcañar. De la prudencia que siempre ostentó pasó a la exhibición de una retórica siempre elogiosa a Catar y sus autoridades. «La gente es feliz y está encantada con la familia real», afirmó sin ruborizarse recién llegado. Catar bien vale una misa.

Tan afamado centrocampista ha declarado, días pasados, que   "No vivo en un país democrático, pero creo que el sistema de aquí funciona mejor que el de allí [España]", ha declarado al diario 'Ara' cuando le preguntaron si ejercerá su derecho al voto en las elecciones generales de noviembre. "Tendré que votar, claro. Quiero lo mejor para mi futuro y el de mis hijos. Y lamentablemente veo que España no funciona de la mejor manera".

Hernández nos debe una explicación: ¿qué es lo que funciona mejor en Catar que en España: el sistema sanitario, la enseñanza, o qué? Por de pronto el sistema español le permite votar, cosa que el futbolista anuncia que hará en noviembre, algo que nadie ejerce en Catar. Suerte de  sus habilidades en el fútbol. En caso contrario hubiera pasado de la Adoración nocturna a engrosar  los CDR, sector moqueta. En resumidas cuentas, el mejor centrocampista desde los tiempos de Panizo, es un patán diplomado.

P/s.--  Mi padre era el único santaferino que hablaba bien de Panizo. Los demás le criticaban porque retrasaba el balón cuando no tenía a nadie por delante a quien pasarle la pelota. Cuando se vio en el No-do a los brasileños en el mundial de Suecia mi padre, ufano, les dijo a sus amistades: ¿Lo veis, juegan igual que Panizo?