jueves, 7 de julio de 2016

... y le llaman refundación


(Una brevería)

Hay palabras que de tanto repetirlas sin ton ni son, se han convertido en enfermas. Hace tiempo que Alberto Moravia nos dijo algo al respecto. Pongamos que hablo de la voz «refundación» tan manoseada en los últimos tiempos. Ni siquiera Convergència democrática de Catalunya ha querido resistirse a magrearla: el próximo domingo se celebrará su congreso llamado de refundación. Nuestra intuición nos dice que el objetivo principal de ese acontecimiento es el de romper definitivamente con el cordón umbilical que todavía le une a su padre fundador, el viejo patriarca Jordi Pujol.  Ahora bien, no hay que confundir la refundación con darle a la casa una mano de pintura. Es como si a un nonagenario achacoso le pusiéramos un percing en la nariz y unos cuantos tatuajes y diéramos por bueno que el vejancón se ha refundado y puesto al día.

Tenemos las ponencias de ese congreso. Ni siquiera un balance que llevarse a la boca; tampoco un rendimiento de cuentas de los motivos de su parábola descendente. Y lo que es peor: no hay justificación de las razones que llevan a CDC a proceder a su refundación, sea esto lo que fuera. Lo que, no obstante, cuenta más es quién estará en el puente de mando. Ninguna sorpresa: el capitán Artur Mas, primer responsable de los meandros, de la gestión política y financiera de su partido, será el viejo-nuevo adalid de  la vieja-nueva formación. Lo que tiene su propia lógica: comoquiera que no es una refundación sino una mano de pintura, ¿a santo de qué vamos a cambiar al capitán? Lo que se debe hacer es la substitución de los grumetes y del cocinero. Y, por supuesto, cambiarle de nombre al bajel bergantín para no infundir excesivas sospechas. Ya no será El Temido. Ni tendrá sus famosos «diez cañones por banda».


En resumidas cuentas,  ese significante tan apetitoso de la refundación es, así las cosas, pura filfa. Es un acto de atrición para seguir haciendo casi lo mismo pero con un percing en la nariz.  Como ustedes comprenderán me importa un bledo lo que le ocurra  a Artur Mas y sus costaleros. Pero no le llamen refundación. Tal vez lo más apropiado fuera refundición.