domingo, 24 de julio de 2016

Solana, Almunia y los antiguos griegos



«Cuenta Claudio Eliano que un ateniense llamado Trasilo vivió una singular forma de locura. Un día abandonó Atenas y se instaló en el Pireo. Estaba convencido de que todos los barcos que entraban y salían del puerto eran suyos y se dedicaba a anotar sus nombres y su carga. Cuando uno regresaba cargado de productos extranjeros, Trasilo era el más feliz de los atenienses. Pasó muchos años viviendo de esta manera, hasta que un hermano suyo llegó de Sicilia y viendo su estado, lo llevó a un médico que lo liberó de su mal. Pero Trasilo a menudo se acordaba de cuando había perdido la cordura y en estos momentos se lamentaba diciendo que nunca había sido tan feliz como cuando vivía en el Pireo registrando el tráfico marítimo». Debo ese sucedido a un post del filósofo de Ocata, don Gregorio Luri: La locura de Trasilo. El problema es que la ciencia --a pesar de que ha adelantado una barbaridad, según el famoso don Hilarión--  como no ha registrado dicha dolencia, no dispone de la terapia para o bien mitigarla o bien erradicarla. De manera que este post quiere llamar la atención del histórico olvido de los galenos y de la enseñanza en las Facultades de Medicina.

 Nada más leer dicho post me ha dado la impresión –sin que en ello tenga nada que ver el profesor Luri--  que el «mal de Trasilo» está extendido en ciertos ex dirigentes políticos que hay pasean su soledad firmando manifiestos para acollonar al que, dentro de su partido, tiene mando en plaza. Pongamos que hablo de esa comitiva de ex, liderada por Solana y Almunia, «gloria y flagelo» del PSOE. Quienes por prescripción facultativa no dejan de incordiar a don Pedro Sánchez.