domingo, 3 de julio de 2016

Un tesoro submergido de Comisiones Obreras



La Gaceta Sindical es una revista magnífica. Yo diría que supera en mucho a la mayoría de revistas de este tipo –de «reflexión y debate»--  de que disponen los sindicatos nacionales europeos. Acuso recibo de este nuevo envío a sus responsables, el que corresponde al número 26 del mes de junio. Tras echarle un primer vistazo, con la promesa de meterme de lleno en sus páginas, me vienen a la mente algunas consideraciones.

Por lo general, este número (Incertidumbres y retos del escenario mundial) es también un interesante almacén que cuenta con las aportaciones de sindicalistas y científicos sociales. Como siempre. Sus textos, por lo general, se aproximan suficientemente al objetivo de este monográfico. Que, por su calidad, me recuerda a otra revista, que podríamos calificar como su pareja de hecho: la Revista de Derecho Social.   La primera, dirigida por Jorge Aragón; la segunda, de la mano de Antonio Baylos.

Ignoro cuántos sindicalistas están suscritos a la GS, cuántos la leen, cuántos la publicitan dentro y fuera de los centros de trabajo y estudio. En todo caso, hay algo que me inquieta: no veo referencias a la revista y sus contenidos en los discursos y artículos de los dirigentes sindicales. Es como si GS sirviera solamente para diletantes o para, con perdón, hacer bonito. Con lo que parece desaprovechada la utilidad de la revista y el vínculo que propone de diálogo e investigación entre los sindicalistas y los investigadores sociales. Se diría que se tiene poco en cuenta este tesoro, que no acaba de aflorar en el sindicalismo confederal. Por lo demás, se me antoja necesario lanzar este dardo: los datos indican que la media del nivel de estudios de los sindicalistas es muy elevado, comoquiera que este dato es inobjetable, ¿por qué el nivel de los suscritos a esta revista es tan bajo? ¿A qué se debe esta desproporción? Lo ignoro. Pero sí estoy en condiciones de afirmar que un proyecto de refundación del sindicato pasa también por revalorizar nuestra revista.

Apostilla: me entran ganas de echar mano del viejo altavoz de hojalata y pregonarla a los cuatro vientos. Y, de paso, preguntar severamente: ¿por qué se desperdicia este almacén de conocimientos? Sepan, además, que –de no hacerlo--  estáis provocando un gasto enorme, que está financiado por vuestras cuotas.