sábado, 16 de julio de 2016

¿Los empresarios no se renuevan?




La renovación –o comoquiera que se le llame— del sindicato parece estar en el orden del día. Nunca como en estas horas había habido una preocupación tan serie por ello. Ni nunca se había escrito tanto sobre el particular. Habrá, pues, que felicitarse. Por eso, quiero aprovechar nuevamente la ocasión para decir cuatro cosas que, en mi opinión, pueden tener un cierto interés. Lo haré en los trancos que vienen a continuación.

Primer tranco

Se ha dicho que la renovación –en realidad se ha hablado de repensamiento— debe tener su baricentro en los aspectos organizativos. No digo que no, pero me importa señalar dos matices. Uno, la formulación «repensar» tiene el inconveniente de que las cosas se queden repensadas y no llevadas a la práctica; si no se desea hablar de refundación, lo más atinado –estimo modestamente--  es hablar de renovación, un concepto que propone fisicidad o, si se prefiere, praxis, esto es: lo repensado hay que llevarlo a la práctica. Dos, sabemos que la cuestión organizativa no es una variable independiente del proyecto o programa. Para decirlo con claridad: lo organizativo es la prótesis que estructura la forma sindicato y su vinculación (interna y externa) con el conjunto asalariado. O, dicho de manera más campechana, lo organizativo es el instrumento que puede variar según los planteamientos prgramáticos. Por ejemplo, según qué políticas reivindicativas las cuestiones organizativas son unas u otras.

A partir de ese razonamiento estimo que el acento de la renovación debe ponerse en aquello que represente el vínculo más visible entre el sindicato y los trabajadores, a saber: la negociación colectiva con la puesta al día de sus contenidos.

Segundo tranco

Renovar el sindicalismo es fundamental, y en ello convenimos todos. Sin embargo, entiendo que es una condición necesaria, pero no suficiente para poner radicalmente al día el universo de las relaciones laborales.  Entendámonos: si el sindicato se renueva, que ya de por sí sería un avance, pero no lo hace el empresariado y sus organizaciones no habría renovación de las relaciones laborales. Por ejemplo, cuando se presenta una plataforma de convenio colectivo con unos contenidos novedosos –lo que representa un intento de concreta renovación--  el empresario responde con un sonoro vade retro, Satanás. En todo caso, en la medida que el sindicalismo se renueve la patronal tendrá más difícil mantener su inmovilismo.

Finalmente, meterse de lleno en la renovación del sindicato significa proceder constantemente a una verificación de lo que se está haciendo. Por ejemplo, ante cada momento de la negociación colectiva –especialmente los contenidos de las plataformas--  cabe preguntarse si ello se corresponde con la tan repetida renovación. O, por el contrario, se mantiene la rutina, ese hacer «hacer siempre lo mismo con los mismos resultados de siempre».

Tercer tranquillo

Por lo demás, tenemos unas patronales excesivamente cazurras. Porque sacrifican la innovación de los centros de trabajo al mantenimiento del poder en las estructuras de la CEOE. Y porque entienden que la renovación de las relaciones laborales les representaría un debilitamiento de su poder autoritario. Romper esas inercias no será fácil. Con lo que cualquier renovación de las relaciones laborales no será coser ni cantar, sino un proceso gradual: una acumulación de renovaciones concretas.