miércoles, 13 de enero de 2021

La oposición temible


 

Benjamín Disraeli (1804 – 1881) tenía en la cabeza todo el Imperio británico y a la reina Victoria en el bolsillo. En cierta ocasión, se dice, afirmó: «Ningún gobierno puede mantenerse sólido mucho tiempo sin una oposición temible». Por favor, lea la sentencia dos veces y considere que no hay ninguna errata. Mi admirado Lluis Foix la recoge hoy en su artículo en La Vanguardia ´Patriotas y traidores´.

Dos consideraciones no relevantes: 1) ¿cuánto es «mucho tiempo», según el destacado líder tory, para medir las relaciones gobierno – oposición?; y 2) ¿qué debe entenderse por una «oposición temible»? Disraelí, considerado el mejor orador de su tiempo, no lo aclaró o si lo hizo no ha llegado a nosotros. Dio cane.

Antes de meterme en harina me aventuro a improvisar lo siguiente: entiendo que, durante los años que llevamos de alternancia democrática, nunca la oposición ha estado a la altura. Lo hago extensivo a todas las oposiciones que han sido. Es más, los opositores mediocres no lo fueron tanto como gobernantes. Posiblemente la oposición más temperada fue la de Rubalcaba. Dicho lo cual volvemos al baúl de los recuerdos, la frase de Benjamín Disraelí.

Si el que fuera premier del Reino Unido tuviera razón, el gobierno de Pedro Sánchez tiene o bien una larguísima vida, porque la oposición es temible, o bien está al cabo de la calle porque la oposición es farfolla. Tertium non datur, a menos que el viejo inglés no tuviera razón.

Con todo, sí estamos en condiciones de proponer lo siguiente: la actual oposición española no es ´temible´. Aunque, a decir verdad, no sabemos qué relación existe entre no ser temible y la duración del gobierno. La oposición es solamente vociferante y gesticuladora. Pero debajo de ese rebozo, naíca de ná. De ahí que su naturaleza, vista con detenimiento, no es intimidante sino provocadora de hilaridad. Hasta el grotesco extremo de haber recurrido a la gélida Filomena para intentar exhibir musculatura linguïstica. Hilaridad, pues. Eso es así, me parece, una vez pasado el Ebro famoso. Aquí en la Marca Hispánica la oposición tampoco es intimidante sino holgazana y dispersa.

De todas formas, Disraelí fue un tipo un tantico misterioso. Otra frase suya nos provoca una cierta extrañeza: ««Cuando necesito leer un libro, lo escribo». Con lo que caigo en deliquio porque, habiendo leído La Divina Comedia, en realidad era yo mismo el autor.

 

Post scriptum.---  Don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes». Apúntate esa, Disraelí.

martes, 12 de enero de 2021

El «día a día» del maestro Gabilondo


 

Blanco White, Larra, Carmen de Burgos Colombine, Chaves Nogales, Julio Camba, Haro Tecglen, Margarita Landi,  María Antonia Iglesias, Vázquez Montalbán, Enric Juliana. Con Iñaki Gabilondo. Este no es el equipo titular del Alcoyano CF; es una selección de grandes periodistas españoles –una antología subjetiva, ciertamente--  de tiempos, estilos y pensamientos diversos. En ese equipo, como pueden ver, está el maestro Iñaki Gabilondo.

Ayer nos dijo el maestro que dejaba sus charlas del «Día a día» en la radio.  A continuación se desataron los comentarios en las llamadas redes sociales, los mostradores de las tabernas antiguas y las barberías unisex. Cada cual con su dogma sobrevenido intentaba pontificar las razones de una decisión de ese calibre. Que si el peso de los años, que si el nuevo giro de El País hacia el secano, que si la abuela fuma… Todos simulan tener algo así como un hilo directo con Gabilondo para aparentar estar en el ajo de los motivos del medio adiós del maestro. Medio adiós: Gabilondo continuará sus colaboraciones, ahora ya semanales.

Gabilondo –no hace falta decirlo— es un profesional respetado. Incluso quienes cuentan con una lengua revoltosamente vacua le tienen en alta consideración por su palabra temperada con punto de vista fundamentado. Gabilondo o «el conceto es el conceto», que nos dejó dicho Manquiña.  

Y, como cada vez que un grande cuelga o parece que cuelga los hábitos, han salido los vocacionalmente huérfanos a exhibir su sobrevenida soledad.  Es como si dijeran «qué será de nosotros», como si todo dependiera de quien nos ha dejado.  (Que no es el caso de Gabilondo). Son los huérfanos que necesitan que alguien piense por ellos; los huérfanos del abandono voluntario que es el primer paso de la servidumbre voluntaria. Son los huérfanos que, de luto permanente, no ven que a quienes nos han dejado (no es el caso, repito, de Gabilondo) le sigue otra generación u otra alineación del Alcoyano CF.

Cierto, Gabilondo se ha ido parcialmente, pero sigue en la brecha una nueva leva de brillantes periodistas que se va forjando en estos tiempos convulsos que, en cualquier caso, son nuestros tiempos.  Me dirán que también hay farfolla; también la hubo en todos los tiempos.

 

Post scriptum.---  Don Venancio Sacristán, mecánico y filósofo de alto coturno, enseñaba, cuando encartaba, que «Lo primero es último».


lunes, 11 de enero de 2021

Un apunte sobre la participación política


 

Un sector de la izquierda se ha pasado media vida en la Tierra y la otra media en el Cielo reclamando la participación de la gente en las grandes solemnidades de los momentos electorales. Así debía ser y así se hizo. Lo cierto es que los resultados de tales llamamientos no siempre fueron los deseados. Es más, salvo en ocasiones de mucho relieve, sería apropiado hablar de la parábola descendente de la participación.

En las recientes elecciones presidenciales de los Estados Unidos se ha dado, como nunca había ocurrido antes, un índice de participación de masas muy elevado. A mi juicio la novedad de esa participación ha sido la siguiente: de un lado, los setenta millones de votos a Trump eran una alternativa en negativo a lo existente; de otro lado, una parte consistente de la enorme cantidad de sufragios que han dado la victoria a Biden Harris se dirigía fundamentalmente a impedir la reelección del Hombre bronca y no tanto a apoyar a la pareja elegida. Es decir, setenta millones de votos a una alternativa indeseable o participación en negativo, y más de setenta y cinco millones de sufragios a una opción de resistencia.

El problema ahora es dar con la tecla para que la «alternativa indeseable» se diluya gradualmente, al tiempo que la opción de resistencia se va transformando en un proceso de consolidación y desarrollo de la democracia.  Todo podría depender de, primero, el camino que va a escoger el Partido Republicano y, segundo, de la lectura que haga el Partido Demócrata de todo lo que ha ocurrido.

Los republicanos pueden decir, y no se equivocarían demasiado, que ha sido precisamente la atracción por la terrible ideología de Trump, y su mendaz campaña, la que le ha llevado a estar a punto de ganar las elecciones. Pero las conclusiones de esa manera de leer las cosas podría tener unas consecuencias devastadoras sobre el país y el mismo partido. Por otra parte, los demócratas podrían pensar que siempre habrá en aquel gran país los suficientes anticuerpos para impedir cualquier disparate de Trump o su porquero. Harían mal. Nada está asegurado en los Estados Unidos en una u otra dirección. Entre otras cosas, porque  –me juego lo que quieran— todavía sabemos muy poco de lo que ha ocurrido allí tanto en los últimos cuatro años como en la noche del Siete de Enero. Y todo eso deja un rescoldo. Habrá que seguir mirando con el rabillo del ojo lo que pase en aquellas latitudes.

En todo caso, queda pendiente una aproximación al fenómeno de las masas cautivadas que, también aquí en la Marca Hispánica, salvadas las distancias, cual muchedumbres medievales, siguen al Líder con la misma fe de aquellos cruzados del «Dios lo quiere». He intentado comprender la cosa y he vuelto a estudiar Los orígenes del fundamentalismo, de Karen Armstrong (Tusquets, 2004). De momento poco he sacado en claro.

Post scriptum.--- «Lo primero es antes». Les recuerdo que así hablaba también don Venancio Sacristán.

domingo, 10 de enero de 2021

Revisitando a Pérez Galdós


 

No diría que sin la pandemia hubiéramos tenido un «año Galdós» más lucido. Eso ya forma parte de un contra--inventario, aunque tenemos la experiencia de algunos aniversarios no menos importantes que han pasado sin pena ni gloria. Sea como fuere, el caso es que Pérez Galdós ha caminado de puntillas por el año 2020. Ni siquiera el gremio del periodismo le ha recordado, habida cuenta de que don Benito es una de las glorias de la profesión.

Desearía recomendar a mis amigos, conocidos y saludados la lectura de las obras del autor de los Episodios Nacionales. Y, al mismo tiempo, subrayar con brocha gorda alguno de los rasgos más relevantes del escritor.

Primero.— Es portentosa la coralidad del conjunto de la obra galdosiana: miles de personajes, claramente identificados, que forman tramas diversas que, en ocasiones, encuentran continuidad en otras novelas.

Segundo.— Me parece que Galdós, junto a don Juan Valera y Leopoldo Alas,  tienen el léxico más rico y preciso de la literatura en lengua castellana. De hecho, soy del parecer que los novelistas del siglo Diecinueve –incluso los considerados menores— han manejado la lengua mejor que todos los que vinieron después, incluidos los patológicamente sufridores del Noventa y Ocho, entre cuyas virtudes estuvo ver lo que se caía, pero nunca lo que iba emergiendo.  Mi padre me dejó en herencia muy poca simpatía por los noventayochistas, a los que llamó la Generación Chuchurría.

Tercero.— Galdós indicia un estilo que es utilizado en estos tiempos por novelistas como Éric Vuillard,  Laurent Binet, Antonio Scurati y nuestra Almudena Grandes.  Es decir, rigor histórico en lo esencial, rodeado de una trama plausible, cuya intención no es el adorno sino describir el contexto de una época. Galdós, sobre todo, contagia a estos escritores con un enorme respeto al lector, que sabe diferenciar lo que es verídico de aquello que le rodea.  De ahí que, de un lado, los Episodios Nacionales sean una enciclopedia que enseña una parte importantísima de la historia de España del Diecinueve y, de otro lado, el resto de su novelística sea un potente libro de texto de antropología de cómo éramos en aquellos tiempos.

Ya lo dijo, tiempo hace, Paco Rodríguez: «Para entender los vaivenes y los remolinos de la sociedad y de la política española a lo largo del siglo XIX, es posible seguir dos caminos: el primero es estudiar las síntesis históricas escritas por profesionales competentes en el periodo; el segundo, seguramente más largo pero también mucho más ameno, leer las novelas de Benito Pérez Galdós, de cuya desaparición se cumple este año un siglo» (1).  

Punto final. Nuestro autor comparte la gloria, junto a Leon Tolstoy, de no haber recibido el Premio Nobel de Literatura. Ignoro por qué la Academia se hizo el sueco con el autor ruso. Pero sí sabemos que, desde lo más bajo de los casinos de la ciudad y el campo hasta las estancias más altas de los palacios, hubo un movimiento para impedir que don Benito recibiera el Nobel. Los abuelos de las zafias derechas españolas ya iban señalando el camino. Al final la cosa se saldó con la concesión de ese  galardón a un mediocre –diré mejor, mediocrérrimo— autor teatral, un tal José Echegaray que era ministro. De este caballero nadie se acuerda, así en la Tierra como en el Cielo.

Lean, lean a don Benito. Y luego me cuentan.

 

1)           http://vamosapollas.blogspot.com/2020/01/un-amor-de-galdos.html

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», enseñaba don Venancio Sacristán.

sábado, 9 de enero de 2021

14 de Febrero, una campaña electoral chusca


 

Dos novedades: Salvador Illa provoca un significativo brinco que recogen las encuestas con solo una validez coyuntural y expresan los humores en un momento dado; la Junta Electoral Central envía a Waterloo al cesto de los extraparlamentarios y reconocer los derechos de la marca Junts al PDECat. Poco le importa a Puigdemont: tiene sus escribas agachados en Tv3.

Por lo demás, en Cataluña asistimos a dos situaciones chuscamente paralelas: de un lado, las elecciones autonómicas están anunciadas para el día 14 de Febrero; de otro lado, desde las covachuelas de un sector del independentismo se lanzan globos sonda insinuando que, dada la gravedad de la pandemia, no estaría de más que los comicios se retrasasen sine die. (Rafael Ribó tuvo que ver en esta historia). Los movimientos para retrasar las elecciones son insistentes hasta el punto que el presidente de la patronal catalana Foment, Sánchez Llibre, ha pedido que se celebren en la fecha convenida.

Es un secreto a voces que Waterloo no las tiene todas consigo e intenta retrasar la fecha hasta el momento que entienda que le conviene más. Ya veremos, aunque la voz autorizada de Jordi Pedret Grenzer nos dice: «Demasiado globo sonda en los últimos días. No existe amparo constitucional ni estatutario posible para un aplazamiento, a mi entender».

Sea como fuere el caso es que nos encontramos ya en plena contienda, tras las constatación de la inexistencia de facto de periodos institucionales de campaña electoral. Vivimos, así pues, en permanente campaña. Y en esta ocasión con unos contenidos realmente chuscos, que la irrupción de Salvador Illa ha potenciado. Es una candidatura inquietante para el resto de las fuerzas políticas tanto de babor como de estribor, independentistas y asimilados, y ese bloque que morigeradamente se llama constitucionalista. Jugada maestra en todo caso. De hecho, Illa ha seguido el alegato de Miquel Iceta: «Hic salta hic Illa». Iceta, antiguamente considerado perejil de todas las salsas, se ha configurado como un master chef de alto coturno.

Lo chusco del tifón Illa es que ha puesto a Waterloo y a Esquerra Republicana de Catalunya en función suya. Waterloo afirma que «las elecciones son cosa de dos: de ellos mismos y de Illa. ERC responde: de ninguna de las maneras, la cosa está entre Aragonès e Illa. Don Salvador calla, y sobre ese particular no dice ni oxte ni moxte. Nosotros, llevándole la contraria a los todólogos diplomados, decimos que, de momento, sólo sabemos que puede pasar cualquier cosa. Primera consideración: Illa ha hecho que los socialistas catalanes se levanten de la chaise longue y, además, sus más directos rivales giren a su alrededor.

Campaña chusca, decimos. Que es la conclusión de todo el itinerario de confrontación en el seno del independentismo, un Ok Corral de la máxima intensidad. El lema de ambas fuerzas independentistas, sin embargo, es el mismo: «Mors tua vita mea», que don Luis el Dormío, del curato santaferino de los años cincuenta, habría traducido así: «Ciego tú, tuerto yo». (El mote le vino porque cuando oficiaba una misa podía durar el doble ante la desesperación de los parroquianos). 

Campaña chusca, insistimos. Después de un truculento juego de martingalas, el hombre de Waterloo encabeza la lista de los post post post convergentes, el llamado partido Junts. Quien, no obstante, rehúsa aspirar a ser candidato a la presidencia de la Generalitat. El testigo lo ha pasado a doña Laura Borràs, que tiene sus problemillas con la Justicia.  Por lo que se ve, esto es una inexcusable seña de identidad de los descendientes del Patriarca. Ahora bien, lo chusco en este caso alcanza un sofisticado encaje de bolillos de Camariñas, sede pontificial española de esos miriñaques. El siguiente de la lista es el gasolinero Canadell, durante un cierto tiempo el obediente eco de Trump en Cataluña. Que chuscamente ha hablado así: Yo puedo ser el próximo presidente de la Generalitat, porque la Borràs tiene sus problemas con la Justicia. Es una lista que, en todo caso, es el refugio de los practicantes de esa retórica circular: atosigan a la ciudadanía con mentiras a granel y cuando sus feligreses las creen, todo eso es considerado como una prueba irrefutable de la veracidad de lo propalado. Lo mismo que el Hombre bronca norteamericano.

Una última sugerencia: Illa no hace milagros, sino política. La mejor manera de celebrar una encuesta es tomar nota, sólo tomar nota; y, a continuación, seguir con lo puesto. Mejorando cada paso, ciertamente.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», podría haber dicho don Venancio Sacristán tras leer la encuesta que hemos comentado. Pero solo es un suponer.


viernes, 8 de enero de 2021

Sin teléfono móvil: su drama global


 

Donald Trump le ha abandonado hasta el desodorante. Su móvil ya no le servirá de mucho. Sus cuentas en los diversos chirimbolos tecnológicos –con unos noventa millones de ´audiencia´--  han sido bloqueadas. Han tardado demasiado.

Si Quevedo dijo de Góngora que «era un hombre a una nariz pegado», Trump ha sido un tipo a un móvil adosado. No parece que a lo largo de la historia haya habido un personaje con la mano tan ocupada como el que ya no es presidente de los Estados Unidos. Tal vez el único, don Bartolo de Sassoferrato del que se dice que siempre aguantaba sus bártulos con ambas manos. Por supuesto, no tiene nada que ver el ilustre jurista de las Marcas con el hombre bronca. Diríamos que, de momento, Trump –ese hombre--  está aislado del continente. Por descontado, alguien le prestará su chisme para comunicarse, pero las recientes experiencias indican que no pocos de sus paniaguados le han ido dejando. Es decir, cuando se está de capa caída, nadie tiene cubiertos la cabeza, el tronco y las extremidades. Es lo que ocurre cuando se está, como es el caso, «solo, fané y descangayado». Primera consideración: las grandes compañías han creado un precedente de gran importancia al cerrar las cuentas del que todavía es el presidente de los Estados Unidos. Es una manera contundente de acusarle de propalar mentiras a destajo. Segunda consideración: cuando en estos y otros casos similares se abre la veda, más de un trapacero estajanovista puede verse afectado.

De momento –sólo de momento--  se ha roto el canal más importante del subversivismo, cuyo epicentro estaba en la mismísima Casa Blanca. Tendrán que renovar el Estado mayor. Pero la experiencia indica que, por lo general, tras la derrota la parábola empieza a decaer. Y lo que tal vez sea más concluyente: las compañías multinacionales y los grandes capitales norteamericanos ya han tenido bastante con la grotesca comedia de este Trump. Por lo que más de uno de ellos hará exclamado «Delenda est Trump».

Y todo eso ¿qué tiene que ver con nosotros? Fácil, el día 14 de febrero –a pesar de las prescindibles exigencias de don Rafael Ribó— se celebrarán elecciones autonómicas.

Un trumpismo de espardenya se ha instalado en las candidaturas del hombre de Waterloo. La mentira subvencionada y el subversivismo de campanario son sus notas predominantes. Los dos primeros de la lista son la Borràs y el Canadell. O sea, la Trotaconventos y Monipodio. El segundo, en un alarde (in)solidario con su cabeza de lista, ha declarado: ´Yo puedo ser presidente de la Generalitat si procesan a la Borràs´. (Mi padre llamaría a eso ´No me ayudes, compadre´). Este caballerete no se ha recatado durante un  largo tiempo de loar al hombre bronca norteamericano. De tal palo, tal astilla. Una curiosidad: las fuerzas centrífugas que Waterloo ha propiciado en la política catalana han llegado al extremo de instalarse, también, en su propia candidatura: la mayoría de sus miembros van cada uno a lo suyo y contra los demás. Refrán: ´de lo que se come se cría´.

Si el fenómeno Trump llama a investigar qué ha pasado en su país para que se haya dado esa situación que conocemos, el resultado de las elecciones del 14 de febrero nos obligará a buscar por todos los recovecos e intersticios de la sociedad catalana los movimientos de nuestras placas tectónicas. Todólogos de alto copete tenemos para acometer dicha tarea.

De interés: mire, estudie y saque conclusiones del Manifiesto que le indicamos https://isidorboix.wordpress.com/2021/01/06/las-elecciones-al-parlament-de-catalunya-y-el-gobierno-de-coalicion-progresista-de-espana/

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes». Enseña don Venancio Sacristán.  Y no olviden que, en sus comentarios, reza también la máxima de «Lo bueno, si breve, dos veces bueno», aunque Gracián no lo dijera así exactamente.      

 


jueves, 7 de enero de 2021

Meditaciones desde mi ambulancia (y 39)


 

«Finis coronat opus» que, traducido por el viejo sacristán del curato santaferino, vendría a decir ´se acabó lo que se daba´. Es decir, se han acabado los viajes diarios tras haber agotado las sesiones de tratamiento radioterápico. Los profesionales sanitarios y los conductores de la ambulancia se han portado de maravilla. Cum laude.

La alegría de ser el último viaje queda oscurecida por los acontecimientos de Washington. El Hombre—bronca desde el arengario incita a sus seguidores a asaltar el Capitolio. Ya han visto ustedes las imágenes y sus consecuencias. Finalmente, Biden y Harris han sido proclamados presidente y vicepresidente de los Estados Unidos. Sospechamos, en todo caso, que Trump --ese hombre—no ha dicho todavía la última palabra.

Con todo, las imágenes de ayer son la quintaesencia  de lo que antaño se conocía como la «propaganda por el hecho», de profundas resonancias terroristas. Digamos, pues, que las imágenes son el mensaje global que Trump envía al mundo entero. Son la síntesis de su itinerario político: la mentira y la negación violenta de la legitimidad democrática. Son los dos ejes del subversivismo que se ha enviado desde la Casa Blanca. En España ha tenido sus seguidores bien aposentados en la política doméstica. Me imagino que han visto en esas escenas sólo un contratiempo, no una insurrección contra la democracia; sólo una chapuza que debería haber estado en mejores manos. A Mola eso no le hubiera pasado.

Finalmente, una leve insinuación: aquellos politólogos de oídas –también los hay diplomados-- que hablan de populismos de izquierdas y populismos de derechas deberían hacérselo mirar. Populismo sólo hay uno, y a tí te encontré en la calle.

Séame permitida la malafoyá santaferina: algunos comentaristas deberían hacer un esfuerzo por no repetir lo que se ha escrito. Sean originales, leñe.

La ambulancia me deja en casa. He hecho un cálculo a ojo: por lo menos he recorrido entre pitos y flautas cerca de cuatro mil quilómetros. Mi último pensamiento se dirige a los pacientes de La Seu y lugares similares que, diariamente, tienen que soportar muchas horas de viaje. Aprovechen que vienen elecciones y vuelvan a sacar el problema al cielo abierto.

 

Post scriptum.---  Don Venancio Sacristán tiene en los labios, cuando conviene, esta máxima: «Lo primero es antes».

miércoles, 6 de enero de 2021

Yo acuso


 

Me avergüenzo de no haber tratado nunca sobre las muy precarias condiciones de los miles y miles y miles de ancianos que están aparcados en lo que impropiamente llamamos residencias. Ni siquiera cuando leí que la mitad de los fallecidos por el coronavirus han sido, hasta ahora, esas personas aparcadas. Mea culpa. Tuvo que ser la repetida experiencia de mis viajes en ambulancia al hospital de can Ruti, que expliqué ayer, cuando tomé conciencia real del problema (1). Real, no retórica.

Hoy el principal problema que tenemos es la malísima situación de las condiciones de vida de nuestros ancianos en esos establecimientos, algunos de ellos auténticos camaranchones. Es, además, un problema moral.

Me niego a creer que el gobierno de la Generalitat no tiene suficiente información sobre el particular; es imposible que nuestros alcaldes no sepan qué está ocurriendo en su municipio. Y, sin embargo, todo ello está sumergido como la parte oculta del iceberg. Sólo salta la cosa a la intemperie cuando  ocurre alguna estridencia que los medios consideran significativa. Pero una cosa se puede dar por sentado: nadie es responsable de la cosa. Se pone en marcha el ventilador burocrático de la des responsabilización para echarle la culpa a otra administración. Los hunos siempre le echan la culpa a los hotros.

No recuerdo que en ningún programa electoral apareciera la cuestión de las residencias de ancianos. Tampoco recuerdo que el Parlament de Catalunya abordara el problema y tomara cartas en el asunto. A pesar de lo mucho que este país debe a nuestros ancianos.

Ellos, en sus días mozos, fueron la pieza angular de la reconstrucción económica y social. Fueron los brazos del Plan de Estabilización de 1959, que levantaron la industria y los servicios. Ellos quitaron el fortísimo olor a zotal que recorría el territorio de punta a punta. No pocos de ellos se organizaron en los movimientos sociales y democráticos construyendo islas de libertad camino del archipiélago democrático de 1977.

Precisamente porque son los invisibles, porque no tienen voz (ni siquiera alquilada), porque carecen de representación –social y política— no son tenidos en cuenta. Lloran, eso sí, pero no maman.

Tenemos una cuestión moral que está pendiente de resolver. De empezar a resolver, quiero decir.

Se precisa un plan global, algo así como una operación de rastreo para que las autoridades competentes tengan los datos reales de cómo está el problema. Un plan minucioso, casi de acupuntura, con objetivos in itínere. Con sus plazos de verificación.

Señores del governet catalán: si todo el tiempo que han tenido en plan OK Corral entre ustedes lo hubieran dedicado a la cosa, no estaríamos hablando de tanta tragedia.

Me digo eso que no sólo ocurre en Cataluña. Peor todavía, pues.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», decía alguna que otra vez cuando venía a cuento, don Venancio Sacristán.

 

1)            Meditaciones desde mi ambulancia (38)

martes, 5 de enero de 2021

Meditaciones desde mi ambulancia (38)


 

 

Nuestros ancianos, en no pocas ocasiones,  sobreviven en las residencias. Tantas cuantas veces –que han sido pocas— se ha alzado la voz denunciando esa situación los poderes públicos (así en general) dicen que toman nota, juran y perjuran que ´se tomarán medidas´ para, a continuación, seguir en la desidia y molicie. En estos viajes en ambulancia, este es el penúltimo, he tenido ocasión de percibir fragmentos de esa dolorosa situación.

Me dice el joven conductor de la ambulancia que ya ha pasado por la residencia para avisar que tengan a punto a G* para dentro de media hora para llevarlo a can Ruti. G* es un anciano muy débil que va en silla de ruedas. Nos dirigimos, pues, a recogerlo. La residencia (privada) está justico al lado de un polígono industrial, tal vez con la humorada de que sus residentes no pierdan la memoria de muchos años de trabajo en lugares similares.

G*  no está a punto. Nadie nos abre la puerta. Es la tercera vez que nos sucede esto. Finalmente sale un sujeto malcarado, despeinado y con una bata que simula ser blanca, y de otra persona, y los ojos llenos todavía de legañas. Una manera activa, se diría, de estar de guardia. Nos dice que debemos esperar al menos una hora para que G* esté a punto.

Desidia, abulia, des responsabilización. Este es un ejemplo, tal vez insignificante para algunos, de cómo se cuida a nuestros ancianos en esos contenedores que son algunas residencias.

Leo que la mitad de los fallecidos por el coronavirus son ancianos que estaban en residencias. Mañana, cuando se me pase el enorme enfado que tengo, hablaremos del asunto. De momento dejamos atrás el polígono industrial, ya casi destartalado. ¡Vaya suerte que tuvieron los ancianos al no ser su territorio el escogido para el rave de Llinars del Vallès!

Leo en la pantallica del móvil que «los empleados de Google crean su propio sindicato». Todo un acontecimiento en la post post post moderna Silicon Valley. Me imagino la sorpresa de los analistas de garrafón que proclamaron la muerte del sindicato porque iba desapareciendo el obrero industrial, el de la «pobreza laboriosa» que refería el maestro Umberto Romagnoli.  Ahí tienen al sindicato con una declaración de intenciones que explica que abordarán no sólo los salarios y las condiciones laborales sino también la discriminación y el acoso sexual. Primera conclusión provisional: la caída de las catedrales fordistas no lleva aparejado la desaparición del sindicalismo. Ojo, siempre y cuando esté al tanto de los cambios y transformaciones que están en marcha. Así pues, hay que estar al tanto, no sea que nos pase lo mismo que a Raül Romeva.

Lo primero, quiero ver a Romeva fuera de la cárcel. Lo segundo, sus declaraciones recientes son una joya: «No se puede construir la República catalana con sólo el apoyo de la mitad de la población». Para que luego digan que el fracaso del procés no obra milagros. Sí, es el mismo Romeva que luciendo el capote de paseo de su experiencia de europarlamentario (de Iniciativa per Catalunya) afirmó, jocundo, que tras la declaración de independencia de Cataluña la Unión Europea le daría el ingreso en «cinc minuts». Digamos que el caballero estaba bien informado de los humos europeos. Lo que no sabemos es si tal despropósito lo dijo motu proprio o era el peaje para entrar en Esquerra Republicana de Catalunya y sus atalajes. Esperemos, pues, sus Memorias, que no leeremos.

 

Post scriptum.---  «Que llueva, pero que llueva parejo», reclamaba don Salvador, del curato de Santa Fe. Pero --¿dónde va a parar?--  no tiene ni punto de comparación con «Lo primero es antes», que enseñaba don Venancio Sacristán.

lunes, 4 de enero de 2021

Meditaciones desde mi ambulancia (37)


 

Después del fin de semana largo no hay más remedio que volver a la ambulancia. Vamos con tiempo suficiente. A la altura de Arenys de Mar, la Synera de Salvador Espriu,  caigo en la cuenta de que, tras la finalización del rave de Llinars del Vallès, los residuos humanos de dicho fiestorro pernoctaron, en la playa de Arenys, camino de sus madrigueras en Francia, Bélgica y Alemania.

Sabemos de buenísima tinta que la cosa se estaba organizando desde hace tres meses. Nadie captó la operación; fallaron los sensores –si es que los hay--  de las autoridades gubernativas catalanas para conocer e impedir el macro jolgorio. La prensa, además, informa que no menos de 800 personas entraron y salieron durante los días que duró el rave. 800 haraganes entrando y sacando lo peor de sí mismos de aquella catedral fabril que, con las reconversiones sucesivas, se fue a pique. Sólo los vecinos alertaron a las autoridades de aquel despimporren.

La Consejería del Ramo de la Generalitat se enteró cuando ya estaban en plena diversión. A pesar, como se ha dicho, de que se estuvo preparando durante tres meses. Me llena de inquietud que los servicios de seguridad hayan estado en la inopia. Me estoy refiriendo a la lidership de los Mossos de l´Esquadra. Una de las posibles explicaciones de dicha desidia sea que todas las consejerías –y también la del ramo— llevan muchos meses en plena trifulca como expresión de la bronca política por el reparto de la túnica sagrada entre Waterloo y ERC. Y por si faltaba poco la cosa se ha agravado porque, tras la vuelta al puente de mando del mayor Trapero, se han reorganizado todas las piezas del mecano independentista de Interior. Con todo, hay algo más de fondo, a saber: la falta de profesionalidad al mantener un estilo rígidamente burocrático al margen de las variantes que introducía la pandemia. Se ha dirigido al Cuerpo como si estuviéramos en una situación de normalidad.

La orientación del independentismo en exhibir buena gestión como reclamo electoral para la fecha de san Valentín ha sufrido un serio revés. Lo que presume Waterloo se lo tira por tierra ERC. Y viceversa.

Oído cocina: no es cierto que la brillantísima periodista, eminentísima profesional, distinguidísima presentadora Leticia Sabater estuviera presente en el rave de Llinars. No, ella se encontraba en otro rave, organizado en su chalet, en la Nochevieja, tan glamurosamente ilegal como el de Llinars.

 

Post scriptum.--- Don Venancio Sacristán afirmaba que «Lo primero es antes».

domingo, 3 de enero de 2021

La televisión en tiempos de pandemia


 

 

Me permito puntuar con un cero patatero a los responsables de programación de las televisiones. Lo hago extensivo a las estrellas de los programas de entretenimiento. Este cero inmisericorde se explica por el carácter de los programas durante estos tiempos del coronavirus. Me llamarán subjetivista, pero en mi opinión, en esa situación excepcionalmente dolorosa –angustia, sufrimiento y luto --  se ha mantenido el mismo tipo de televisión que en épocas normales. Ese medio no ha jugado un papel de agradable distracción durante el largo año pasado. Peor todavía, el tipo de información que se ha dado, así en los programas como en los telenoticias, ha sido monotemático, reiterativo y angustioso. No ha fomentado nunca el sosiego sino la intranquilidad. Una situación que se ha encanallado, todavía más, con la aparición de la llamada tercera ola. 

Chocante. A ningún responsable se le ha ocurrido que a una situación tan excepcional correspondía una programación y unos programas radicalmente diferentes. Esto es, una programación amable, no digo banal. Cero patatero a todas las cadenas.

Ninguno de los ejecutivos de esos medios vieron en su momento que una parte considerable de la sociedad, en un momento dado, empezaba a cambiar el paso: su comportamiento disciplinado, –uso de las mascarillas, distancia social y otras normas aceptadas--  fue dando paso a la desresponsabilización: calles y plazas atestadas de gente, terrazas amogollonadas de personal, fiestas particulares a todo meter. Las autoridades gubernativas no han atajado ese seísmo.  Una situación que se ha hecho más estúpidamente festiva con el surgimiento de la llamada tercera ola del virus.

El caso de Llinars del Vallès no es el único, pero si el más llamativo. Algunos centenares de personas españoles, belgas, franceses y alemanes –no sólo jóvenes, algunos barrigones cerveceros de cuarentones impresentables hemos visto--  se dieron cita en una casona abandonada de dicha localidad para pasarlo en grande, noche y día, todo el tiempo que el cuerpo aguantase. Aquello ha acabado por aburrimiento. Las explicaciones que la autoridad gubernativa de la Generalitat ha dado no son consistentes.

Voces autorizadas habrá que intenten dar una explicación a este fenómeno que relatamos. Yo me quedo en la superficie, en la constatación de lo que está sucediendo. Voces de simulada autoridad querrán explicarlo y ya veremos si aciertan. Y finalmente habrá también voces zotes que hablarán por hablar en artículos periodísticos, libros y tesis doctorales. Nosotros, seguiremos el cómodo consejo de «en boca cerrada no entran moscas».

Con todo, no dejaré de decir que el comportamiento de la oposición política ha ayudado al desmadre del personal. Y como no se me caen los anillos quiero señalar la importancia del artículo de Mario Vargas Llosa en El País de hoy. Un palo en el colodrillo a Pablo Casado y a la Conferencia episcopal española. Quien tuvo, retuvo: El derecho a morir.

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes», enseña don Venancio Sacristán.


sábado, 2 de enero de 2021

El Concierto: la libertad y la igualdad


 

A lo largo de tantos años la televisión ha convertido el concierto de Año Nuevo en un espectáculo, en el que el público era otra componente más, casi a la altura del director. Ricachones del mundo entero se daban cita en Viena para aparentar, no pocos de ellos, que están por la cultura. Este año las butacas –entre 3.000 y 6.000 euros por entrada--  estaban vacías. No importa, el reloj patrocinador y los derechos televisivos corren con todo. Sólo la orquesta y el maestro Riccardo Muti, llenando la pantalla.

Algunos han manifestado la extrañeza ante la sala vacía. Yo diría que es la rareza ante esa forzada igualdad a la que nos ha sometido obligatoriamente el virus. Igualdad entre,  los que no han podido asistir pudiendo económicamente, y los que nunca han presenciado, por aquello del parné, el concierto in situ. Ellos y nosotros teníamos la libertad abstracta de ir al concierto, pero nosotros no podíamos estar concretamente en el acontecimiento. Libres y desiguales. Esta es una inecuación cuyas incógnitas seguimos sin saber despejar.

La pandemia, por así decir, nos ha igualado. Atención, no hay nada que agradecerle al bicho. Con todo, ha dejado constancia de ese pasmo: el público, visto por algunos como parte del atrezzo, no existía. Suerte de Riccardo Muti.

Soberbio el maestro. Llenó el ambiente con las dos piezas de Franz von Suppé, especialmente ´Poeta y aldeano´. Y me alegro de decir que la interpretación del Danubio azul estuvo a la altura del mejor Karajan. Muti es mucho Muti. Su discurso lo evidenció: una potente exigencia a los gobernantes para que atiendan la cultura. Además, un hombre progresista que en el 2011 se enfrentó a Berlusconi en el teatro de la Opera de Roma.  

Permítaseme un desahogo personal. Los valses de los Strauss y las piezas de von Suppé eran lo más celebrado de los conciertos que la Banda Municipal de Santa Fe --los domingos veraniegos por la noche en la Plaza, atestada de gente-- que dirigía el afamado maestro Salvador El Pájaro, tío de mi prima Carmela. Con Paquito Orozco, pariente de mi tía Victoria,   de primer saxo, a modo de metafórico concertino; Chuchuruchu, un clarinetista de primera; y el brillante trompeta (no recuerdo su nombre), que era el hijo de mi vecina Sebastiana de la calle del Sol, que cuando tocaba un solo se nos paraba a todos el aliento. Algo tenía que salirnos bien en aquellos años tan duros.

 

Post scriptum.---  Años duros también para don Venancio Sacristán. Durante esa época aprendió que «Lo primero es antes». 

viernes, 1 de enero de 2021

Enérgumenos catalanes e italianos


 

 

Dos historias paralelas con una obsesión caballuna: el odio al otro; con un estilo visceral: la agresión violenta; con el mismo artefacto: las llamadas redes sociales. Dos espejos frente a frente, uno cóncavo y otro convexo: un sector de la sociedad italiana, minoritario pero inquietante, y un cacho no irrelevante del quintacolumnismo independentista catalán. Este es un rescoldo que 2020 endosa al recién estrenado 2021.

La enfermera romana Claudia Alvernini es la primera persona a la que le ponen la vacuna.  La señora, precavida, cierra sus cuentas en las redes, porque se las ve venir. Pero los ciber agitadores con antifaz abren cuentas pirata a su nombre y decenas de miles le llaman a la Alvernini de todo. En la Italia, «el país donde reluce el limonero», que dijo el poeta que no conocía los limones de la huerta del Segura. Espejo cóncavo.

La primera persona que en Cataluña recibe la vacuna es una anciana. Se llama Josefa Pérez, 89 años. Esa cáfila quintacolumnista razonó así: «Pérez, luego no es de aquí. Lo más seguro es que no hable catalán».  Y empieza una zahúrda de miles de tuits de protesta. Sólo les faltó decir: ´Catalonia first´.  Espejo convexo. Oído cocina, esta gente votará en masa el 14 de febrero contra Josefa García.

Los espejos cóncavos y convexos han aflorado desde sus respectivos escondites a las superficies italiana y catalana. Eran unas placas tectónicas que no conocíamos. Ahora los medio conocemos porque una parte de ellos está sumergida cobardemente en las catacumbas de las redes sociales. Cuando sea demasiado tarde alguien llegará a la conclusión de que eso no puede quedar en la impunidad libertaria de las redes. Ahí lo dejo.

Se avecina la hora del Concierto –así en mayúsculas.  Cojo el reclinatorio, y en mi biblioteca, franquicia de la Sala de Viena, espero que aparezca el maestro Riccardo Mutti.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», docet don Venancio Sacristán, también tiene validez para hogaño.