domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Estáis dormidos o qué?



Cuatro. Han sido cuatro los cardenales que han puesto su pica en Flandes y en el Vaticano. No están todos los que son, pero son todos los que están. Da toda la impresión que han tardado demasiado en quitarse el antifaz, pero ya sabe: las cosas de todos los Palacios suelen ser lentas, pero bien seguras.

La Banda de los Cuatro escribió una carta a Francisco pidiéndole explicaciones por el giro que ha impregnado el Papa al catolicismo así en material teologal como de usos y costumbres. Ahora bien, ¿esta carta tenía como único –y, sobre todo, principal--  destinatario a Bergoglio. No, padre. La carta tiene un claro objetivo: decirle a todos los mitrados de alta y baja graduación eso de «aquí estamos nosotros». La carta es una contra encíclica. Por eso –y sólo por eso--  la banda de los cuatro la ha hecho pública. Esta es la novedad. Como igualmente es novedad la dogmática de su texto: este cura argentino ha llegado demasiado lejos y, de seguir así como sospechamos, nos va a dejar a todos al cabo de la calle. Por lo tanto, aquí estamos nosotros, los custodios de todos los sagrarios de ayer, hoy y mañana.

La Banda de los Cuatro se dirige, como ariete de denuncia, contra el Papa y sus seguidores. De momento, mediante la denuncia y, ya lo iremos viendo, apelando a la organización de todas las sacristías habidas y por haber. Saben que les ayudará el clima de reaccionarismo que –de manera asfixiante--  recorre Europa. Y ahora más con el hombre rubio en la Casa Blanca.

Por el contrario, tengo la impresión de que Francisco tiene pocas amistades en los sitios estratégicos de los diversos puentes de mando de las iglesias nacionales. Y tampoco parece que el catolicismo de base esté movilizado explícitamente a favor de una profunda renovación de su Iglesia. Es como si, expectantes, se acogieran a la funesta idea de «esperar y ver», ustedes ya me entienden.

Voces sosegadas aconsejarán que no es para tanto, que el agua bendita no llegará al río Genil, que pasa por Santa Fe, capital de la Vega de Granada. Pero nosotros, lo agnósticos,  no tenemos la pazguata paciencia de aquel Job que –por serlo--  las pasó moradas.


No lo olviden, la banda de los cuatro y sus franquicias son como aquel Bonifacio VIII que se quitó de en medio aquel alma de cántaro de Celestino V, un frailecillo a quien sólo apoyaba cuatro y el cabo.