martes, 11 de agosto de 2020

Casado y Torra: dos iguales para hoy

 

Pablo Casado y Quim Torra, dos ejemplares de la zoología del cuñadismo político, siguen sin respiro haciendo de las suyas. Es el incordio militante de dos personajillos del retablo de maese Pedro que golpea a centenares de miles de ciudadanos. Que sepan que un servidor les está relativamente agradecido a ambos porque tanta martingala me distrae de la severidad de mi próstata. Lo que no quita que me solidarice con todos los agraviados por las intencionadas extravagancias de esta pareja tan insólita. 

Casado casaseno ha tenido una ocurrencia: elevar al Tribunal de lo Contencioso—Administrativo su temor a que su partido «sea ilegalizado». Torra, no queriendo ser menos que el Aznar chico, arremete contra los letrados del Parlament de Catalunya: por desobediencia a él, la desobediencia personificada. Ni en la vieja Bodega Bohemia de Barcelona se vería algo tan esperpéntico, ni en los antiguos caricatos se hubieran ideado unos chascarrillos de esta grotesquez. 

Los estudiantes de segundo de Ciencias Políticas podrían pensar que ambos personajes son la expresión de hasta qué punto ha llegado la ignorancia a la vida política. Y los post graduados, con más fundamento, podrían decir que Casado y Torra están prácticamente como cabras. Puede ser lo primero; tal vez es lo segundo. Pero, cerca de mis ochenta años, un servidor –sin descartar la una o la otra, ni ambas simultáneamente--  entiende que las auténticas intenciones son las de encabronar, todavía más, el patio de vecindones de carne y hueso y, de paso, excitar la hibris de las llamadas redes sociales que todavía no se han repuesto de la caballerosidad de las relaciones entre Guardiola y Zidane. Con una imagen amable que desafía las históricas relaciones entre los romanos y los cartagineses. La única pega de dicha foto es que a ambos les faltaba –llaménme puntilloso-- la preceptiva mascarilla. 

Primera derivada en apretada síntesis: Casado y Torra actúan a sabiendas y queriendas. Sus martingalas a destajo expresan, eso sí, la decadencia de una concreta actividad política. Y, arriesgándome un tantico, diré que es consubstancial al que no es capaz de remontar el vuelo. O sea, la señal del fracasado.  Segunda derivada: el nacionalismo –sea el de cazalla o  el de ratafía, ambas a granel--  comparte técnicas, que es cosa sabida desde los tiempos de María Castaña.   

Post scriptum.--- Un grupo no pequeño de energúmenos que se dicen  ´de izquierdas´  arremeten contra Pepe Sacristán porque ha dicho algo que les avergüenza. El actor es hijo del señor Venancio, metalúrgico y filósofo, que afirmó: «Lo primero es antes». Dichosa la rama que al tronco sale.


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