jueves, 2 de agosto de 2018

Ernest Maragall, a la vejez viruelas.


Ayer después de muchísimos años se reunieron en Madrid delegaciones de los gobiernos central y autonómico. Los analistas serios coinciden en que se ha dado un paso adelante. Se mire por donde se mire es un respiro. Más vale hablar que soltarse eructos en la cara del contrario. Los comentaristas de las diversas cavernas carpetovetónicas hablan con una insensatez programada que el Gobierno de Pedro Sánchez está cediendo al separatismo catalán. Es la zahúrda de la manipulación. Mientras tanto, las cabañuelas políticas se resisten a ofrecer predicciones solventes.

Menos da una piedra, afirmamos nosotros desde nuestro escepticismo al por menor. Pero es mejor hablar que partirse la cara. Ahora bien, para nuestro paladar la reunión ha servido para que los independentistas afirmen que el Gobierno sigue en sus trece; el Gobierno, a su vez,  ha afirmado que se reafirma en sus posiciones, pero al menos se ha abierto una vía de diálogo. El hombre de Waterloo se mantiene en su lógica circular –tirando de la noria con aspavientos--  cantando como Chanquete, en este verano azul, el legendario No nos moverán; Pedro Sánchez intenta trabajosamente dar un paso adelante. No está descartada la yenka. En todo caso, tampoco las cabañuelas predicen dónde está el punto asintótico de ambas rectas. La solución, si la hay, será cuando una línea esté extenuada.

Sorprende que un político a la antigua usanza como Ernest Maragall, jefe de la delegación catalana, forjado en mil cabildeos saliera «decepcionado»  de la reunión. ¿Pensaba acaso que se iba a traer a Barcelona la fiambrera de la autodeterminación? Son poco recomendables las viruelas de la vejez. Puro espejismo. O bien, don Ernest viajó a Madrid a recibir el no por respuesta para engordar el memorial de agravios. Sí, el mismo Ernest que llevó de cabeza a la cofradía de los enseñantes en aquellos tiempos lejanos del tripartito.

Escepticismo al por menor. Pero una cosa me parece clara: el Gobierno está marcando la agenda. El hombre de Waterloo, está inquieto. Ya no sabe cómo justificar que hay diálogo. Lo que siempre ha querido reventar.  De ahí que pìense en empezar de nuevo.  

Apostilla.— La foto de arriba es del archivo personal de don Damià Oliveres Torres.   

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