domingo, 21 de octubre de 2018

Albert Rivera insumiso


Francamente, yo pensaba que era un bulo, un fake que dicen ahora los que exhiben una mano de pintura de modernez. Sin embargo, es tan verdad como cierto es el teorema de Euclides: los números primos son infinitos. Ya digo, me pareció un bulo cuando lo vi en ese patio de vecindones que son las llamadas redes sociales. El Periódico acredita que, en efecto, el doctorando Albert Rivera se negó a pasar el control de seguridad del aeropuerto de Barcelona. Abajo tienen ustedes la referencia.

No sólo se niega sino que, además, provoca un sonado altercado entre sus guardaespaldas y la policía del aeropuerto. Este caballerete parece considerar que sólo y solamente los que tienen la piel oscura, visten chilaba, lucen rastas en la cabeza, miran de reojo u otras extravagancias han de pasar por el aro de la norma. Albert Rivera o la ley del embudo.  Un dirigente político que se pasa la norma por la cruz de los pantalones. Me imagino qué hubiera pasado si un coletudo Pablo Iglesias, siempre a medio afeitar,  hubiera hecho lo mismo.  Rivera habría sacado todo el arsenal de las invectivas de la España cañí. 



sábado, 20 de octubre de 2018

Lesmes, mozo de espadas de la Banca




El Tribunal Supremo –o mejor dicho, su presidente, Carlos Lesmes--  ha paralizado la sentencia que emitió el jueves una Sala del mismo Supremo. En síntesis, es la sentencia que obliga a las entidades financieras, y no a los clientes, a pagar el impuesto sobre actos públicos documentados en las escrituras públicas de préstamos con garantía hipotecaria. ¡Qué poco dura la alegría en la casa del pobre! En menos de veinticuatro horas se le da la vuelta a la tortilla. Algo insólito tanto por la meteórica rapidez de la actuación como por el método. El velocista Lesmes ha echado un borrón en la biografía del Alto Tribunal.

 

Son muchas las preguntas que nos asaltan. Pero hay una de la mayor enjundia: «¿Quién manda en el Estado de Derecho, la justicia o los mercados?». Si fuera un servidor –viejo cascarrabias--  quien la formulara, el piquete de la caspa y brillantina me tildaría de demagogo. Pero ha sido Fernando Ónega, un periodista del que no consta militancia en organizaciones izquierdistas, quien lo pregunta en La Vanguardia de hoy. Lesmes, en la cima de su subalternidad, ha optado por seguirle, perinde ac cadverer, la corriente a los banqueros. Es más, debió sentirse tranquilizado cuando oyó a Mariano Rajoy que exclamó a los  postres de un banquete en su honor (ayer en Santa Pola): «Me gustan los banqueros». El hombre de Pontevedra es un estómago agradecido. A los banqueros y al propio Lesmes. Pero hay algo más, Rajoy está mandando un mensaje a los doctorandos de su partido: Ojo con meterse con Lesmes. O, tal vez, la cosa se quede en la traducción del viejo refrán latino: In vino veritas. O las dos cosas a la vez.  




viernes, 19 de octubre de 2018

Algunos independentistas de gatillo fácil




Algunos seguidores del independentismo catalán empiezan a estar horrorizados por ciertas declaraciones de algunos de sus dirigentes políticos. Algunos dudan de su verosimilitud, otros piensan que se trata de intoxicaciones. La última vez que ha sucedido fue ayer en las llamadas redes sociales. Coloco en Facebook mi entrada El independentismo necesita muertos y aparecen comentarios de algunas almas de cántaro afirmando que son fakes, noticias falsas. No dan crédito.  Las palabras de Agustí Colominas son tan tenebrosas que parecen venir de otro hemisferio.  «Sin muertos la independencia de Cataluña tardará más», afirmó jupiterinamente. «Fake» replican quienes se resisten a creerlo. Y sin embargo es tan verdad que incluso un diputado tan volcánico como Rufián le llamó al orden. Es más, aquella prensa poco dada a tremendismos lo recogió al pie de la letra.

 

Tampoco es un fake lo que afirma el diputado Antoni Castellá que pasó de la caritativa democracia cristiana al procés en un abrir y cerrar de ojos.  De las sonrisas a las pompas fúnebres: «Probablemente, si no estuviéramos en el marco de la UE, tendrían tentaciones de fusilarlos también, exactamente como pasó con Companys. Como no pueden hacerlo, están en la prisión». Es un estilo político que comparte este caballero con ese sector de la política española que huele a chotuno. Ciertamente, es increíble, pero así están las cosas, y a tal nivel de degradación han llegado algunos dirigentes: unos, que quieren blanquear un pasado poco nacionalista; otros, que no teniendo padre ni madre –ni perrito que les ladre--  quieren hacerse notar. Castellá forma tiene ambas características.

 

No está mal que no se lo crean esas almas de cántaro. Eso indica que hay un sector de independentistas que no admite que sus dirigentes lleguen a un nivel de refriega verbal tan enfermizo.

 

Punto final: un servidor cree que son necesarias dos medidas urgentes con relación a Colominas y Castellá. Un juez debería, en el caso del primero, ordenar una orden de alejamiento de cualquier armería. En el caso del segundo, bastaría con dejarle sin postre los domingos y fiestas de guardar.  

 

 


jueves, 18 de octubre de 2018

El independentismo necesita muertos




«Sin muertos la independencia de Cataluña tardará más», ha declarado Agustí Colominas, uno de los principales ideólogos del hombre de Waterloo y de su Enviado en la Tierra, Quim Torra. (La prensa barcelonesa lo explica detalladamente) Toda una exhibición de tenebrismo. Como es natural nadie de sus conocidos y saludados le ha pedido explicaciones. Desde el palacete de Waterloo no se ha dicho ni oxte ni moxte.

Este Colominas tiene una biografía repleta de altos cargos institucionales así en la vieja Convergència como en la Generalitat, y precisamente ahora es uno de los hombres fuertes para organizar la enésima transubstanciación del viejo partido de Jordi Pujol, la Crida Nacional per la República.  En resumidas cuentas, el caballero ha ido saltando del coro al caño y del caño al coro. Realmente la política de empleo de la Generalitat es, según para quién, asaz generosa.

Colominas es de los que tienen prisa. Y, tomando nota de que la revolución de las sonrisas ha sido un fiasco, se desliza ahora hacia las pompas fúnebres. Aunque bien mirado no es nada nuevo la fascinación que la muerte –junto a los correajes y las botas altas-- ha tenido en diversos movimientos sociales y políticos del siglo XX. En el caso de este Colominas parece ser que es algo sobrevenido.

La muerte como elemento de reconducción de un proceso que ha ido a salto de mata. De un procés radicalmente fracasado, que ahora necesita muertos. Naturalmente este Colominas no será quien se inmole, lo suyo es dirigir desde la sala de máquinas de las covachuelas del Palau. A lo máximo que llegará este personaje es a ser el novio de esas muertes.

Él, profesor de Historia, sabe que los muertos los ponen los de siempre. De modo que, no hace falta insistir en demasía. La invitación de Colominas es el resultado de la exasperación de ciertos sectores del independentismo por los resultados de una caminata hacia ninguna parte. Pero hay algo más: es una invitación en regla a que ciertos sectores proclives a tener menos prisa se dejen de pamplinas y componendas.

Conclusión provisional: la Crida de Puigdemont arraca con un tenebroso genoma, la necesidad de un muerto. Pero que lo pongan los de siempre. Con la estética de Gabriele d´Annunzio.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Ronaldinho devoto de Bolsonaro





Ronaldinho, ídolo global de multitudes, ha hecho pública su adhesión a Bolsonaro, el candidato de la ultra-ultraderecha para la presidencia de Brasil. O el futbolista no ha tenido tiempo suficiente para informarse o es, a raíz de sus declaraciones, gaznápiramente devoto de tan tétrico personaje. 

Así las cosas, alguien –nos consta--  decidió llevar la cuestión a la junta directiva del FC Barcelona, dado que Ronaldinho es «embajador internacional del club, un extraño perifollo que puede estallarle al club en sus mismas posaderas.  La decisión de la junta directiva ha estado a la altura de su ínfima poquedad. «Nos preocupa la imagen del club … Vamos a observar detenidamente la evolución del caso». Es el estilo relamidamente gaseoso del presidente. Por cierto, qué quiere decir exactamente el caso? ¿El caso de quién? Para distanciarse una miaja la junta añade que «las ideas de Bolsonaro no concuerdan con los valores del club». Lo sospechábamos, ciertamente. Aunque el refinamiento de «no concuerdan» nos parece un argumento inane, muy por debajo de lo exigible. Pollas en vinagre. 

La junta directiva debe cesar inmediatamente a Ronaldinho del cargo de embajador internacional. Ni siquiera nos molestaremos en argumentarlo. El esfuerzo de encontrar los motivos para ello lo dejamos en manos de la junta. Mientras tanto abandono mi relación sentimental con el club. El Barça ha dejado de ser la única religión verdadera.   

martes, 16 de octubre de 2018

Oigan: no jodan la marrana




Los Presupuestos generales del Estado ya están en Bruselas. Los altos funcionarios de la Unión se disponen a mirarlos con lupa. Son gentes quisquillosas que parecen regirse por el famoso teorema, atribuido a Pitágoras: «la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa», siempre que se esté hablando de un triángulo rectángulo. Habrá que confiar en que la ministra Calviño, antigua colega del gremio eurócrata, les haga ver  que la política tiene sus propios códigos, distintos de los del análisis matemático. Así pues, el espíritu de los presupuestos queda encomendado al buen hacer de Calviño y sus amistades europeas. A su vez, el Aznar chico dice que se desplazará a Bruselas para conseguir lo contrario. Casado se ha empeñado en no «permitir» nada. El lenguaraz Rivera lo tiene más difícil: allí le recordarán que en 2008 su partido pedía un salario mínimo de 1.037 euros. Rivera debe tomar rabillos de pasas.

Así pues, Bruselas tiene la palabra. O la Europa de su autodestrucción, que encarna el polo Salvini—Le Pen  y sus socios de Centroeuropa o la que apuntan tendencialmente Sánchez—Iglesias. Quede claro: no es la Europa socialdemócrata, sino la de la reconstrucción política, social y económica de la Unión. Que, dados los tiempos que corren, no es poca cosa. Es nada más y nada menos que el cambio de tendencia, la superación gradual de la crisis del 2008 y sus dramáticos efectos. Tanto en lo relativo a la condición material de las clases trabajadores como en lo político, con los efectos devastadores del populacherismo político y de los nacionalismos irasciblemente desagregadores.

Por eso no sorprende la coincidencia entre el hombre de Waterloo y sus intimas enemistades españolas. A saber, triturar los Presupuestos lo entienden --Puigdemont y asociados más Casado y Rivera—no sólo para precipitar  la caída de Sánchez sino para que Europa siga siendo, en parte, el Patio de Monipodio que es hoy. De ahí que el sindicalismo no puede ser rutinariamente expectante. Si estos Presupuestos sirven para avanzar no hay vuelta de hoja.  De manera que no jodamos la marrana.

Atención:  «la ‘marrana’ a la que alude la expresión, al contrario de lo que algunas personas puedan pensar, no se refiere a la hembra del marrano (cerdo) sino al eje de la rueda de la noria (teniendo en cuenta que esa noria no es la que nos encontramos en una feria o parque de atracciones, sino el artilugio compuesto de dos ruedas engranadas con la que, mediante recipientes, se subía el agua de los pozos)». Así lo afirma Alfred López, un abnegado estudioso de los ideolectos patrios. Mi tía Angela Bulla, monja de la Compañía de María, la utilizaba con frecuencia provocando que sus colegas se pusieran coloradas. Sancta simplicitas!



lunes, 15 de octubre de 2018

La calumnia, según Pablo Casado




Las derechas carpetovetónicas han sido siempre un potente artefacto para fabricar independentistas. En ese estilo estajanovista ha destacado siempre el Partido Popular. Pablo Casado, el Aznar Chico, sigue disciplinadamente sus pasos. En estos momentos, agobiado por la competencia de Albert Rivera y de ese pintoresco personaje que lidera Vox, amplia virilmente su diapasón. Lo ensancha hasta el paroxismo de manera tan peligrosa como insensata. Lo alarga usando la calumnia como ejercicio de la política por otros medios. Como el aria de La calunnia que Rossini musicó tan eficazmente en su Barbero de Sevilla. (Anteayer se conmemoró el 150 aniversario de la muerte del músico de Pesaro).

Hemos oído a Casado afirmar que «somos un narco Estado». Nadie le ha llamado a la cordura. Ahora quiere desbordar a sus competidores, pero la experiencia indica que las aguas le desbordarán a él. Véase el dato alemán: la derecha bávara fue escorándose cada vez más a posiciones ultras que finalmente -ayer sin ir más lejos- una parte considerable de su electorado decidió cobijarse en la extrema derecha. Batacazo electoral de una formación política que ha perdido la mayoría absoluta que detentaba en Baviera desde los tiempos de Carlomagno.

En todo caso, lo realmente preocupante de la verborragia política de Casado es el abono que representa, la creación de un humus en el subsuelo de la sociedad. Casado –como anteayer Aznar y ayer Rajoy--  es el acicate que manufactura independentistas y, ahora, ultras a granel. Es la táctica desesperada que pretende evitar que sus competidores le soplen en el cogote, pero que finalmente podrá ser su requiescat in pace.

Todo indica que el extremismo de Casado puede ampliarse. Y también la de sus competidores. España ya no será, según ellos, un narco estado, sino un Estado fallido. En fin, la intemerata. Por un puñado de votos se dice lo que sea. De unos votos que, según los bávaros, pueden ir a otro chambao.

Esquerra Republicana de Catalunya y el condominio convergente en el Parlamento español deben reflexionar con punto de vista fundamentado. Ponerle la proa a los presupuestos generales del Estado podría tener consecuencias temerarias. No sólo en España sino también en Europa.



domingo, 14 de octubre de 2018

Lo que no sabían ustedes





El Tribunal Constitucional nos debe una explicación, y más en concreto el que fuera su presidente, Francisco Pérez de los Cobos. Este es un país en que por unas u otras cosas todo se acaba sabiendo. Eso sí, tarde. Pero que, a pesar de ello, más de uno queda con su culo al aire.

Lola García ha publicado un libro, El naufragio (Península) que en un mes va por la tercera edición. Es el naufragio de la quimera catalana del independentismo. Es un libro más que recomendable si se quiere estar al tanto de los meandros catalanes.

La autora nos explica, en la página 72, que en tiempos de Pérez de los Cobos al frente del Tribunal Constitucional se produjo un encuentro  bastante chocante: se reunió con Artur Mas, presidente de la Generalitat,  con la idea  de «acercar posiciones». Quienes conocen a Pérez de los Cobos saben perfectamente que este caballero es incapaz de tomar una decisión de ese calibre sin consultarlo con el hombre de Pontevedra, presidente del Gobierno. Curiosidades: el secreto del encuentro fue guardado con siete sellos. Más viajó a Madrid en coche y el encuentro se celebró en un convento de monjas. La madre superiora era amiga de la secretaria personal del presidente del TC y todavía no ha abierto los labios. Más todavía, tras la publicación del libro ni Pérez de los Cobos ni Rajoy han desmentido la noticia. Artur Mas tampoco.

Imagínense ustedes que se produzca una cosa similar bajo el mandato de un presidente socialista –de Pedro Sánchez, sin ir más lejos. Las derechas carpetovetónicas habrían puesto el grito en el cielo y exigido tumultuosamente por enésima vez la dimisión de Sánchez. La ley del embudo. En Granada Elvira, en Sevilla doña Elvira. Doble palabra, doble moral y doble contabilidad.  

Nota bene. En la foto tienen ustedes un fragmento del plano de Madrid con los conventos de monjas. En uno de ellos se produjo la reunión clandestina.


sábado, 13 de octubre de 2018

¡Alerta, compañeros y compañeras!



A propósito de unos pronunciamientos sindicales sobre la contratación en terceros países de trabajadores para el campo


Escribe Isidor Boix

 A principios de este mes he visto en la página web de nuestra Federación de CCOO-Industria dos notas[1] que, con matices no idénticos, abordan la contratación en terceros países de trabajadores para el campo. “Sobre” o “contra” tal contratación, para mí una cuestión pendiente, importante sin duda, sobre todo en su traducción en la práctica sindical. Una nota es un planteamiento más general, otra se plantea en relación con Almería, una provincia con el 22,54% de paro y para la que, se nos informa, la organización patronal COAG propone traer un contingente de 4.000 personas de otros países (“en origen”).

Suscribo plenamente la denuncia que en ellas se hace de las precarias condiciones de trabajo en el campo y la exigencia de condiciones de trabajo dignas. También la exigencia de que se siga el procedimiento legal, que se cumpla con plena transparencia la legislación laboral y de inmigración (independientemente de las evidentes mejoras que precisa) para tal contratación.

Pero me preocupa mucho el apunte en ellas sobre la contratación “en origen”, sobre todo la afirmación de que “antes” de recurrir a tal contratación hay que “estimular el empleo de la población autóctona”. Me recuerda demasiado los planteamientos que estamos viendo en diversos países de “primero los nuestros”, de los que tenemos ya aquí algunas expresiones en algunos ámbitos de la vida colectiva social y política. Me recuerda también una dramática experiencia sindical, desgraciadamente no la única, en las refinerías inglesas de Lindsay, donde surgió el grito, que incluso hizo suyo el primer ministro Gordon Brown, de “empleo británico para trabajadores británicos”, y que llevó a graves enfrentamientos entre trabajadores británicos y otros italianos contratados por la empresa de refino.

Nuestro planteamiento sindical puede alentar actitudes xenófobas entre nuestros compañeros, entre los trabajadores del campo, los de las zonas afectadas, pues parece señalar una alternativa, y confrontación, en el empleo: “o ellos o nosotros”, o “nosotros primero”. Y alentar las afirmaciones de que “nos quitan …”. Es decir, podría llevar, entiendo que llevaría, a considerar que la primera confrontación que se plantea es entre dos grupos de trabajadores.    

Creo que hay que plantear el problema de otra forma. Pues existe ciertamente un problema, un  problema de empleo y de condiciones de trabajo. Un mismo problema, aunque afecte de formas no idénticas, para los trabajadores autóctonos y para los contratados en origen. Y, si se trata de un mismo problema, deberíamos encontrar una misma respuesta, que uniera a los dos grupos de trabajadores, que sumara fuerzas.

Y me atrevo a hacer alguna sugerencia.

El eje debería ser la igualdad de derechos de TODOS los trabajadores. Sin esperar a que la legislación (española y europea) lo recogiera, aunque hay que reivindicarlo también, debería plantearse como objetivo sindical prioritario que el convenio sectorial (subrayo lo de sectorial) de aplicación lo estableciera con claridad. Que concretara que las condiciones de salario, jornada, salud y seguridad, no discriminación, prevención de todas las formas de acoso, …, fueran de directa e igual aplicación a todos los trabajadores, independientemente de sus formas de contratación, con expresa inclusión de los trabajadores contratados “en origen”[2] en la aplicación de la igualdad efectiva. Y que tal contratación, así como las condiciones de trabajo de los así contratados, se hiciera con absoluta transparencia y, para ello, sometida al conocimiento de los representantes de los trabajadores autóctonos y de los contratados en origen. La igualdad de derechos, su plena y efectiva aplicación, insisto, es la mejor garantía para la necesaria igualdad de todas las condiciones de trabajo.

Tal iniciativa debería ir acompañada de una más estrecha coordinación con el sindicalismo de los países “de origen” para su participación en la iniciativa y propuestas sindicales, para que aportaran la necesaria perspectiva, su propia perspectiva, desde tales países. Y también para hacer extensivo el conocimiento de los planteamientos sindicales, sus resultados y las reivindicaciones pendientes, a los trabajadores así contratados, para que éstos supieran de sus condiciones de trabajo convencionales y legales, y de la acción sindical en marcha. Para lograr la imprescindible coordinación de la permanente acción sindical orientada a asegurar su adecuado y mejor cumplimiento, y para incorporarlos a esta acción sindical, así como a su periódica renegociación.

Ha sido ésta la primera ocasión en que ha llegado a mi conocimiento este tipo de problemática sindical. Probablemente no sea la primera en que objetivamente se plantea, pero es evidente que no se han producido hasta ahora en España demasiados síntomas de este evidente riesgo, y epidemia, de la xenofobia como epidemia en los países del Norte geográfico y social. Pero si entendemos el riesgo que deriva de los planteamientos del “nosotros antes”, y desarrollamos la necesaria iniciativa sindical al respecto, mejor nos irá, allí y en todas partes, pues se trata de una enfermedad muy contagiosa.

En resumen, hay que evitar todas las propuestas que llevan a situar a unos trabajadores “contra” otros, o “antes” que otros. Hay que conseguir la necesaria unidad contra las formas de explotación del trabajo en el campo, para una mejora solidaria de las condiciones de vida y de trabajo de todos.






[2] Salvando todas las distancias, sería útil recordar la evolución en la negociación colectiva y en la legislación de la equiparación salarial y de condiciones de los trabajadores de las ETT
Zona de los archivos adjuntos


Referencia:

viernes, 12 de octubre de 2018

Un acuerdo «muy positivo»




Que una organización tan exigente como Podemos califique el acuerdo alcanzado entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sobre los Presupuestos generales del Estado como «muy positivo» indica la magnitud y bondad del pacto. Ahora se trata de ampliar el consenso para que el Parlamento los apruebe. No será fácil porque ya ha empezado el vuelo del moscardón. De diversos moscardones. Dejamos a parte a las derechas carpetovetónicas que todo lo que huela a contenido social les da ataque de alferecía.

Este es el primer acuerdo que sobre esa naturaleza se ha subscrito en la España democrática. La novedad es que se trata de una obra de las izquierdas. Y novedad es que Podemos no posponga las realizaciones hasta gobernar. El PSOE y Podemos entran, así,  en un territorio de unidad de acción sobre el que hasta el momento eran reticentes. No hemos sido pocos los que hemos peleado por ello. Esperemos que dure. Porque los contenidos concretos, que es lo fundamental, son francamente «muy positivos». Palabra de Pablo Iglesias. E igualmente positiva puede ser la referida unidad de acción. Ahora bien, los moscardones han empezado a revolotear. Los grupos parlamentarios de Esquerra republicana de Cataluña y el condominio convergente ya han puesto sus condiciones: o caja o faja. O Sánchez les promete el oro y el moro de la autodeterminación o que no cuenten con ellos. Mal asunto.

Mal asunto para las clases populares y, por supuesto, para las menos favorecidas de Cataluña. O sea, ambos grupos están organizando un tapón del que saldrá perjudicada la sociedad catalana. El mito por encima de las cosas de comer. Creo que es el momento de que el sindicalismo confederal catalán les llame la atención con energía y claridad. El sindicalismo no puede escabullirse de ello. No basta con que le chille a las derechas carpetovetónicas, debe hacerlo sin ambages, sobre todo a la actitud consorciada de Esquerra y el condominio convergente en esta gran cuestión de los Presupuestos donde está en juego la condición material de los trabajadores y sus familias.

Por cierto, esta es una buena noticia también para Europa.

jueves, 11 de octubre de 2018

Catalunya en Comú o la rosa de Alejandría




«Todo seguirá igual al margen de las votaciones en el Parlament», ha declarado la portavoz del Govern que lidera vicariamente Quim Torra.  Su nombre es Elsa Artadi. O sea, ya puede decir el Parlament que la longitud de la circunferencia resulta de multiplicar su diámetro por  π que el govern dirá y hará lo contrario. Si entiendo bien, tras la ruptura de la mayoría independentista, la unidad del equipo de Torra se basaría en actuar al margen del Parlament. La unidad del govern, se entiende, no gestionando las cosas de la vida sino para mantener su cacofónica agitprop.

Y, en esas, Catalunya en Comú lanza una oferta chocante. Le cedo la palabra a Paco Rodríguez de Lecea:

« No lo entiendo. Si la prensa diaria no miente, las portavoces de Catalunya en Comú en el Parlament catalán, Jessica Albiach y Elisenda Alamany, han ofrecido al tambaleante Govern de Quim Torra apoyar su proyecto de presupuestos con el fin de “contribuir a la estabilidad”. Lo han hecho en el momento en el que Torra ha quedado en minoría en tres votaciones simbólicas del Parlament. Simbólicas, todo hay que decirlo, porque desde la intemerata no ha habido una sola propuesta del Govern vicario que no girara en torno a cuestiones de este tipo, sin trascendencia para las cosas de comer.

» ¿De qué estabilidad hablamos entonces, de la del unilateralismo a palo seco? ¿Y por qué hay que salvaguardarla? ¿Qué rara virtud, que yo desconozco, tiene la estabilidad por la estabilidad, el apoyo a la permanencia precaria de una política construida sobre el fake, la benevolente luz verde a una tozuda negativa a rectificar?

» Si la clave está en los apuros de la alcaldesa Colau para conseguir pasar los presupuestos de Barcelona, ese objetivo apenas tiene recorrido. La batalla de las municipales va a ser despiadada y el unilateralismo solo apoyará las cuentas de la Casa Gran a cambio de una previa rendición incondicional de la alcaldesa a la “causa”. Porque no son la independencia ni la república los objetivos reales de este juego de tronos, sino el poder descarnado por el poder. Y la ciudad de Barcelona es en este sentido el bocado más exquisito que queda por repartir.


… » No entiendo, sobre todo, que las Comuns ofrezcan un pacto de estabilidad a la incoherencia y a la inconsistencia, cuando nada ni nadie les obligaba a hacerlo». (Fin de la cita). 

Yo tampoco lo entiendo. No entiendo el misterio de esta rosa de Alejandría: o «colorada de noche y blanca de día», que reza el dicho popular, o «rosa amarilla», según la cantó Manolo García.   






miércoles, 10 de octubre de 2018

¿Cuándo se jodió Cataluña, Puigdemont?




Hace un año Puigdemont parecía que se iba a comer el mundo. Hoy está tendencialmente sólo, fané y descangayado. Los recientes acontecimientos políticos de Cataluña deberían sugerirle una serie de meditaciones en el confort del palacete de Waterloo. Porque en una semana el independentismo ha entrado en una crisis que tal vez sea definitiva.

La ruptura de la mayoría independentista en el Parlament no es cualquier cosa. No era una mayoría férrea, sino de hojalata. De ahí saco la siguiente conclusión provisional: el independentismo está en una situación peor que hace un año y con un horizonte menos esperanzador para sus intereses.

Soy del siguiente parecer: la cosa empezó a hacer aguas cuando Puigdemunt tomó las de Villadiego y, sin despedirse de nadie, puso sus reales en Bélgica. Ahí arranca la parábola descendente del independentismo. Ahí empieza la gran crisis del independentismo. Y es a partir de ese momento cuando surgen toda una serie de cuestiones que avalan lo que decimos.

A saber, la división entre la política y los movimientos que le daban soporte. Poco a poco se va transformando la ola de las sonrisas en muecas generalizadas. Surge el subsuelo –esto es, el escuadrismo--  como comisario político de los meandros del independentismo político de quien desconfía profundamente. O sea, los cdr como elemento exigente de que se cumpla todo aquello que irresponsablemente se le ha prometido al pueblo de Cataluña. Se trata de un subsuelo que combina las acciones ilegales con las posibilidades legales o alegales.

Se dice que durante este periodo de un año el gobierno Torra no ha gobernado, ni el Parlament ha tenido protagonismo alguno. Muy cierto. Pero habría que añadir lo siguiente: el gobierno no ha gobernado por dos razones: primera, porque no sabe y, por ello, se dedica a lo que entiende, esto es, a las tareas de agitprop; segunda, porque ha pospuesto las tareas de gobierno a la conquista de la independencia.  Recuerden las constantes referencias: este problema se resolverá cuando tengamos la república. Cuyo ejemplo más extremo lo protagonizó el encargado del negociado de Sanidad, el conceller Comín: «las listas de espera se resolverán cuando seamos Estado». Obscena demagogia.

martes, 9 de octubre de 2018

Palabra de Unai Sordo





Unai Sordo es entrevistado por El Periódico. Sus respuestas, sobrias, son atinadas. En una de ellas da a entender que el gobierno debe dar prioridad a las políticas sociales y no tanto a las territoriales. Es la contestación clásica de la izquierda social. Que, en líneas generales, comparto.

Ahora bien, no se trataría, a mi juicio, tanto de contraponer (Unai no lo ha hecho) lo social con lo territorial, sino de: clarificar que lo social tiene –o debería tener--  su aplicación en el territorio, esto es, se concreta en un lugar físico y que lo convencionalmente territorial debe tener un fuerte contenido social. Me excuso por el aparente juego de palabras. Lo es igualmente válido para las políticas contractuales que protagoniza el sindicalismo confederal.




lunes, 8 de octubre de 2018

Este burdel




«¡Ay sierva Italia, del dolor hotel,
nave sin piloto en  gran tempestad, 
ya no más Señora ejemplar, sino burdel!»


Así habló Dante en el cántico sexto (Purgatorio) de la Divina Comedia. Si cambian «Italia» por «Cataluña» verán el paralelismo. Por desgracia.



domingo, 7 de octubre de 2018

Ultimátums de chichinabo




En Cataluña tenemos un nuevo deporte: el lanzamiento de ultimátums. De manera que no se es nadie si no lanzas un desafío de ese tenor. Es posible que se generalice y se sirva a granel.

Del palacete de Waterloo llegó la orden taxativa que Torra, perinde ac cadaver, cumplió como manda la férrea disciplina de los hijos de Ignacio de Loyola. Hay que dar un ultimátum a Pedro Sánchez. O caja o faja. El desafío duró lo que duró. Un ultimátum insólito.

Lo nuevo es que dicha técnica ha hecho fortuna: los comités de defensa de la República, el subsuelo del independentismo, plagia la idea. Pero con una variante, no menos insólita: le dan el ultimátum a Torra para que se decida a proclamar la república. Torra, el alguacil alguacilado.

El nuevo deporte sigue su camino con la Assemblea Nacional Catalana. Lanza su ultimátum al gobierno catalán: o elaboras una estrategia convincente o te vas a enterar. Lógico, porque la ACN llevaba cierto tiempo al baño María y estaba viendo que el subsuelo le iba comiendo el terreno. O sea, la proustiana búsqueda del tiempo perdido se ensaya sobre la base de lanzar ultimátums.

No parece que ninguno de estos sujetos haya leído a maese Nicolás Maquiavelo. El ilustre secretario dejó dicho dijo aproximadamente que si amenazas debes estar seguro que la llevarás hasta las últimas consecuencias. Estos ultimátums son amenazas de chichinabo. Es algo así como el «te vas a enterar» de mostrador de taberna. En cualquier caso, es insólito en el tradicional escenario político de Cataluña. Aquí, por lo general, nunca se amenazaba, sólo se insinuaba con acentos florentinos.

Cataluña o la proliferación de lo insólito. Como inusual ha sido la manifestación de miles de Mossos de l´Esquadra ayer sábado en Barcelona. Todo un enfrentamiento al presidente vicario de la Generalitat exigiendo respeto y dignidad. Insólito. Y para mayor estupor de las autoridades catalanas: cuando la manifestación pasa por la Vía Layetana aplaude a los policías nacionales.

Ante tanto trajín me permito invocar la famosa aria de La forza del destino (Verdi) que inmortalizó Montserrat Caballé: “Pace, pace o Dio mio”. https://www.youtube.com/watch?v=XSwmrvGiz4Q. La voz de la Caballé fue agradablemente insólita. Ahora se sienta a la diestra de Dios madre: Maria Callas. 


sábado, 6 de octubre de 2018

El PP no tiene quien le escriba en Cataluña




La derecha carpetovetónica no tiene remedio en Cataluña. Afortunadamente. He perdido el número y el nombre de primeros  espadas que han estado al frente del Partido Popular en Cataluña. Todos han durado el sueño de una noche de verano. Ahora le toca el turno al áspero Albiol que pasará a otro conmilitón la vara de mando del partido. Más todavía, todos los defenestrados han salido por la puerta de atrás.

No se trata de mala suerte, es el resultado de múltiples factores que hacen de esta bronca organización una anomalía en Cataluña. Como mínimo estos pueden ser las razones de tal irrelevancia:

n  La posición histórica de las derechas catalanas de matriz centralista de enfrentamiento rijoso con la cuestión catalana.
n  Lo que le ha impedido un análisis político de la sociedad.
n  La ausencia de líderes sociales en las capas tectónicas catalanas: ningún movimiento ha contado nunca con personalidades inscritas en el partido. Eran y son líderes de mesas, no de masas.

Por otra parte el espacio político, potencialmente orgánico, del Partido Popular ya estaba cubierto por la derecha granconvergente de Jordi Pujol. A estas alturas vale la pena recordar que considerable número de alcaldes franquistas se pasaron al pujolismo en las primeras elecciones municipales. Tales alcaldes se acostaron franquistas y se levantaron de buena mañana en el regazo del Patriarca. Buen olfato el de aquellos galápagos.

La derecha catalana siempre se sintió cómoda con las políticas económicas de Convergència. El resultado de las primeras elecciones generales con la victoria de socialistas y comunistas les espantó. Pujol  era la garantía de que aquello no fuera a más. Un Pujol que siempre pareció un aval para que el parné siguiera en las manos de los de siempre. 

Ahora, desde la derecha, le ha salido otro competidor (aparte de Ciudadanos): es el grupo llamado Lliures que lidera un personaje tan versátil como Teixidó  que cursó estudios primarios en la Liga Comunista Revolucionaria, se graduó en el Centro Democrático y Social (de Adolfo Suaréz) y se licenció en Convergència. Lliures, digo, se llama, y es el ajuntamiento de una cierta agrupación de agraviados del independentismo.

No sería, pues, extraño que el nuevo dirigente del PP dure tanto como sus predecesores. Pero eso ya se verá.