sábado, 15 de octubre de 2016

Pablo Iglesias y la huelga general




Pablo Iglesias el Joven no debe jugar con algo tan serio como una huelga general (1). Es más, debería sacar lecciones de lo intempestivo de algunas de sus frecuentes intemperancias. Y también necesita templar esa puñetera manía de decirles a los demás lo que deben hacer. Por lo demás, empieza a ser harto molesto el tono imperativo de sus exigencias.

Una huelga general no es una broma, ni debe salir de un pronto. Más todavía, una huelga –sea general o en cualquiera de sus formas--  no es algo contingente al servicio de la política. Menos todavía de unos intereses partidistas, aunque estos sean legítimos. Por lo demás, si Podemos quiere ser una organización de masas, debería evitar el contagio sobrevenido o no de la concepción libresca de los grupúsculos. Vale.  


1 comentario:

Carola Moreno dijo...

Algunos políticos parecen venir con un defecto de fábrica: no llevan incorporado el filtro entre la ocurrencia mental y la boca. ¿Cuántos votos le han costado a Pablo Manuel aquellas gracias de los "pitufos" y los "cenizos"? ¿Una huelga general convocada por un profesor convertido en político? Allá por los años cincuenta del siglo pasado se hablaba bastante de aquello de "la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura", y convendría que Pablo repasara un poco todo aquello.