jueves, 30 de junio de 2016

Podemos, un poco de calma




Nota.-- «Esta tarde hemos estado con nuestro compañero Eduardo Saborido, que recibía el Premio Plácido Fernández Viagas 2016, que otorga la Asociación Derecho y Democracia. Por una vida dedicada a luchar por las libertades y la justicia, por una sociedad igualitaria y solidaria, por una sociedad para todos. Gracias, Eduardo, por tu compromiso, por tu valor, por tu lucha. Gracias por abrir camino». Me tiendo bulla se adhiere a este homenaje al maestro.


Sin lugar a dudas, Podemos ha sufrido una derrota electoral sin paliativos. Este batacazo no sólo afecta al grupo dirigente sino al conjunto de este singular partido político. Con este ejercicio de redacción nos proponemos apuntar algunas consideraciones con la poco pretenciosa idea de serenar los ánimos que, al parecer, pueden salirse de madre. En todo caso, adelanto mi tesis: a pesar de este fracaso, Podemos está suficientemente bien colocada en el tablero político. De ahí que octogenariamente les diga a mis conocidos y saludados podemitas lo que viene a continuación.

En primer lugar, no desdeñen la vieja observación del filósofo de Parapanda, Juan de Dios Calero, a saber: «lo peor no es tanto la derrota sino salir de ella divididos». Y acompáñenla con la exigencia que propone el filósofo de Ocata, Gregorio Luri: «Quien no esté dispuesto a convivir con la decepción, que no se meta a político». Es decir, si a las primeras de cambio se pasa a substituirse la búsqueda de los motivos de la derrota por un ajuste de cuentas está cantada la división y, de ahí –en menos que canta un gallo--  el paso siguiente es la escisión o la ruptura en astillas. Y, también, si en estas primeras de cambio no aprendes a convivir con la decepción es que has errado el camino, entonces lo mejor es que te metas a tertuliano de garrafón.

Siguiendo a ambos maestros de acreditada y moderada escuela relativista proponemos el siguiente razonamiento. 1) Podemos, ya lo hemos dicho, ha sufrido una dura patada en las espinillas, 2) pero, a partir de ahora mismo, hemos de observar su colocación en la esfera política.

Sin intentar templar gaitas me interesa plantear esta observación: la derrota aparece engrandecida por las expectativas que Podemos se auto impuso que, hasta el último momento, creyó e hizo creer a sus parciales: ganar las elecciones y, de paso, el adelantamiento al PSOE (el sorpasso, que el grupo dirigente nunca formuló en campaña, pero que no desmintió con claridad). Ahora, a toro pasado, sabemos que ello era un subjetivismo aliñado con una cierta dosis de infantilismo. Dicho lo cual, vale la pena preguntarse –especialmente los dirigentes de esa formación a todos los niveles--  si setenta y un escaños en el Parlamento es cuantitativamente un resultado a despreciar. A mi entender, dicho con sobriedad, respondo: No. Ninguna fuerza política a la izquierda del PSOE consiguió tan importante resultado en los años de democracia. Más todavía: con setenta y un diputados Podemos puede dar mucho juego. Y lo dará más todavía si se ata bien a ciertos milenaristas y fraticelli del grupo parlamentario. Así pues, despreciar ese resultado, porque se podía haber sacado el oro y el moro, o es de mentecatos o de gente que ha perdido el oremus. Desde luego, para hacer política holgada en el Parlamento y en la calle.

Me tomo el atrevimiento –aunque sólo sea porque he votado a una de sus confluencias-- de seguir haciendo algunas sugerencias de acompañamiento a lo anteriormente dicho: pasado el tiempo de convivencia con la decepción, que espero sea breve, Podemos debe ir dejando el lastre de su consolidado narcisismo, de ese aire de perdonavidas que le distingue, especialmente a algunos de sus dirigentes más reconocidos.

En resumidas cuentas, Podemos podría estar en mejores condiciones si supiera entender que, tras la valoración de sus resultados, con las fuerzas reales que tiene en las instituciones puede tener mucho juego. Mucho juego, digo. Con la condición de que abandone el vicio de la competición cainita con el PSOE. Lo que no contradice la competición leal con los socialistas y su correspondiente emulación. Mantener el  «ciego tú, tuerto yo», lo hemos visto nuevamente, se ha convertido en inútil y, más todavía, en contraproducente. Continuar en esa práctica demostraría que el baricentro de su política está en el escroto y no en las neuronas.

Por supuesto, cabe la posibilidad de que un servidor esté chocheando, pero les aseguro que padecer cierto tipo de acné es peor, mucho peor.

Radio Parapanda. http://elcafedeocata.blogspot.com.es/2016/06/analisis-de-lo-ayer-llegando-atocha.html, escribe Gregorio Luri. De Juan de Dios Calero no se conservan escritos, sólo  tradición oral.