martes, 24 de marzo de 2020

Keynes, échanos una mano




Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena y de Keynes cuando vienen mal dadas. De lo primero ni entro ni salgo, allá cada cual con sus creencias o increencias. De lo segundo hay que hablar un tantico.

Cuando las cosas van a la gran dumón (para unos cuantos, la verdad sea dicha) Keynes es una antigualla, algo que en el mejor de los casos se soporta con fastidio. Cuando el paisaje económico se llena de toxicidad algunos empiezan a invocar a don John Maynard Keynes como mi tía Pilar, que cuando tenía problemas, se dirigía suplicante al Santo Cristo del Paño que se venera en Moclín, castillo famoso. Y hasta los más reacios, en momentos de peligro, no tienen otra opción que acudir a su mano de santo: la de Keynes, naturalmente. Hasta ese galifardeu de Trump no ha tenido más remedio que echar mano de don John, solo una pizca para no infundir sospechas. Y de forma torticera: dando dinero  a las empresas sin exigir ningún compromiso, como ya han denunciado los demócratas.

En concreto, Keynes como solución a lo que la negativa a Keynes ha provocado. No es cosa chocante.  Es --llamadme antiguo— lucha de clases.

Llamadme antiguo porque algo de esto dejó sentado Maquiavelo: «Yo digo que quienes condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma, y que se fijan más en los ruidos y gritos que nacían de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeron. En toda República  hay dos espíritus contrapuestos, el de los grandes y el del pueblo, y todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunión de ambos». Textual de “Los discursos sobre la primera década de Tito Livio”.  ¿Antiguo? No, clásico. Que no es lo mismo.

lunes, 23 de marzo de 2020

La Internacional y El Gatopardo



Primer domingo de confinamiento: tarde de cine.

Tengo unos escasos conocimientos de cine. La primera vez que dije que no me gustaba Bergman al ver que mis contertulios se escandalizaron me puse más colorado que una amapola. Incluso se sintieron avergonzados cuando les dije que donde se pusiera Calabuig se quitara El séptimo sello. Cada vez que he comentado estos asuntos con Pere Portabella me miraba poniendo los ojos como acentos circunflejos. Me callé por compañerismo que sus películas tampoco me gustaban.

Sería bastante larga la lista de los considerados santones del cine que no me dicen gran cosa o que, incluso, me aburren. Ahora he aprendido a no ponerme colorado cuando digo estas cosas. Al fin y al cabo cada cual tiene los gustos y preferencias que le convienen. Por ejemplo, leí que Baroja (no uno de sus personajes) decía que la Alhambra le parecía un ambigú. Se lo comenté a mi padre adoptivo; al maestro confitero Ceferino Isla, no le extrañó porque consideraba a los del 98 como una cofradía de chuchurríos. Pues bien, si Baroja se toma esas licencias estéticas no veo la razón para avergonzarme de mis opiniones sobre Bergman y otros cineastas. Lo digo porque ayer –Primer domingo de confinamiento--  decidimos ver algunas películas que teníamos almacenadas. Cine que no nos procurara complicaciones. Cine amable. Y sin ninguna discusión quedamos en revisitar El Gatopardo. La única pena es que no teníamos el reclinatorio para verla como corresponde. Yo no sé nada de cine, ya lo he dicho. Pero considero que Visconti es el Dante redivivo.  «Amor che nulla amato amar perdona» y la escena del baile entre Lancaster y la Cardinale. Bailan el príncipe de Salina y la nieta de Peppe Mmerda: el pacto entre la aristocracia declinante y la burguesía terrateniente en ascenso. Con eso tengo vitaminas espirituales contra el coronavirus durante, al menos, una semana.  Paréntesis: durante la película –cerca de tres horas--  me lavé las manos cuatro veces con la duración prescrita: la primera estrofa y el estribillo de la Internacional. Creo que es justo que todo el mundo sepa que el autor de la letra es Eugène Pottier y la música es de Pierre Degeyter. El primero, francés; el segundo, belga. 

Canto la primera estrofa de la Internacional como tiempo prescrito –la durée— para que el lavado de manos sea eficaz contra el virus. Y, dicho con Johan Cruyff, «en un momento dado» caigo en la cuenta de la licencia que se tomó el traductor castellano: «el género humano es la Internacional»; el original francés dice: «L’Internationale sera le genre humain». El autor escribe como objetivo: que la Internacional será el género humano. El traductor español se lía la manta a la cabeza y afirma que ya «es». Sería cosa que un gramático, el profesor Javier Aristu, y un historiador, Javier Tébar, aclararan a qué es debido esa corrección de objetivos. Ni qué decir que es exigible que un poeta y músico como Jordi Ribó i Flos tercie en el asunto. Mis preguntas: ¿son exigencias de la métrica? ¿es la licencia del traduttore traditore? ¿O, finalmente, es una diferencia en el «análisis concreto de la situación concreta» del que éramos talabarteros los marxistas chusqueros, los marxistas licenciados y los marxistas cajón de sastre?  

En algo debe uno matar el tiempo en este primer domingo de confinamiento. 

domingo, 22 de marzo de 2020

Comisiones Obreras y el Seat 600



Pineda de Marx no tiene quien la pasee. Por cierto,  en el Archivo municipal de esta ciudad figura un legajo de cartas cruzadas entre un empresario textil con fama de filántropo e ilustrado y el Barbudo de Tréveris. Por eso yo le he añadido una x al mar de Pineda. Me malicio que el Moro siga de parranda tras leer unas declaraciones de  Slavoj Žižek: el coronavirus es un golpe mortal al capitalismo. Un marxista putativo pone en entredicho al Padre Superior: el capitalismo cae de una manera que no tuvieron en cuenta Berstein, Trostky, Anselmo Lorenzo, Gramsci, ni Jordi Ribó i Flos. Cae por la pandemia que ha provocado ese bichuchico. Son las cosas de Zizek.

Suerte que he leído algo más potente y apasionante: «Comisiones Obreras sería la más genuina construcción social del pueblo español durante el franquismo. El primer gran sujeto opuesto a la dictadura que no lleva el sello de la República y de los tiempos anteriores. Comisiones Obreras es una realidad tan nueva como el Seat 600». Lo escribe Enric Juliana en su reciente libro “Aquí no hem vingut a estudiar” que aparecerá en castellano el próximo mes de septiembre. En pocas ocasiones se habrá dicho nada más sobriamente certero. Y con tanta potencia como esa vinculación entre los primeros andares de Comisiones Obreras y el Seat 600. El relato de CC.OO. tiene una ventaja: las mitificaciones de las fuentes orales, cuando se dan voluntariamente o sin querer, están vigiladas por la historiografía que severamente les llama la atención. Comisiones Obreras no necesita de cantares de gesta: en París no estaba doña Alda / la esposa de don Roldán. Sino Ángel Rozas, exiliado, cabeza pública de  la Delegación exterior.  Por eso me pone de los nervios que cuando hablo de estas cosas algunos amigos de mi quinta les entra un ataque de alferecía. Algo así como nosotros estamos a favor de nuestro mito y en contra de los que cultivan, es un poner, los nacionalistas. Menos mal que tenemos historiadores como Javier Tébar que no escribe una línea sin haber contrastado la cosa por activa, pasiva y perifrástica. Rara avis.

Ayer hablaba con Javier Aristu acerca de Stefan Zweig. Recuerdo que con quince años compré su Fouché en la librería Padre Suárez, allá en Granada. A mi padre también le entusiasmó su lectura. Y me contó un asunto medio familiar. El padre de mi tío Rafael Ruiz Caballero (este había militado, durante la República, en el partido de Martínez Barrios) fue alcalde de Cónchar, un pueblo que está allá en Sierra Nevada. Lo curioso del asunto es que ejerció el cargo antes del  golpe de Primo de Rivera, con la Dictablanda, con la República y durante los primeros años de Franco. Mi padre decidió llamarle el Fouché chico. Con el tiempo, Stefan Zweig fue pasando a un injusto olvido, tal vez porque no era bien visto por ninguno de los dos bloques en discordia. Recuerdo que en cierta ocasión hablé bien de Zweig y un celoso militante de aquel PSUC, con fama de tolerante y liberal, me miró con cara de ´pomes agres´.

Contra todo pronóstico veo menos televisión que nunca. Me aburren con tanto dato y tanta matraca informativa del coronavirus. Y especialmente me molesta el estilo de esos creadores de agobio: Farreras es el agitador por excelencia. Es la antítesis de la moderación gestual. Estas cadenas televisivas están en su salsa. El estilo de los programas estridentes se ha trasladado a las crónicas de esta pandemia. El círculo podría ser este: de la violenta verborragia de los comentaristas de fútbol se pasó al altavoz del sectarismo de la política, y –de ahí--  ha sacado lecciones para comentar estridentemente los avatares de la crisis del coronavirus.


sábado, 21 de marzo de 2020

La ciudad silenciosa y ´vacía´


Ayer me lavé las manos prácticamente cada hora. Esta es una micro novedad de mis costumbres. Esta mañana –ahora son las nueve y media— también he mantenido la frecuencia. Miedo o cautela, no sabría decir. Alguien me dijo que, para ser eficazmente preventivo, el lavado de manos debe durar por lo menos quince segundos. Aproximadamente –me dijo-- lo que dura cantar la primera estrofa de la Internacional con el estribillo. Mi padre hubiera recomendado la duración de los cinco primeros versos de Los campanilleros, que inmortalizó la Niña de la Puebla. (En cierta ocasión la Niña nos tumbó a Carles Navales y a mí mismo bebiendo güisqui, una noche en Cornellá).

Me pareció curioso que el tiempo de la recomendación no lo planteara medido por un reloj. Mi amigo hizo referencia al canto de la Internacional, cuando los trabajadores se la entonaban y se la sabían de corrido. Una recomendación que me hizo volver a mi niñez cuando mi madre adoptiva decía que el tiempo necesario para hacer los huevos duros era el rezo de cinco credos. El tiempo medido en términos sagrados. Para mi amigo la Internacional también es cosa sagrada.

Sagrada es también la relación entre la feligresía del independentismo cátaro con su presidente, ese Torra no incalificable sino abundosamente descalificable.  Esta es una corrección que me digo sobre la personalidad de este caballero. Del que ya podemos atribuirle la paternidad un síndrome. El síndrome de Torra: mentir espasmódica y descaradamente  sin importarle las consecuencias cuando se demuestra la falsedad de sus palabras. Sus declaraciones a la BBC merecerían que se le abriera expediente de incapacitación mental. En Santa Fe diríamos mentir a cosica hecha.

De momento no acierto a entender por qué algunos comentan este confinamiento con la angustia que ellos comparan con la de los habitantes de Orán, según relata Albert Camus en La peste. Y menos entiendo todavía la coz que Vargas Llosa le propina al francés: «es una novela mediocre». Los premios Nobel de Literatura, por lo que se ve, son una cofradía un tantico pendenciera.

En fin, Pineda de Marx sigue silenciosamente ´vacía´. Tan sólo se rompe el silencio a las ocho –a las ocho en punto— de la tarde, ya anochecida. Las palmas en robusto homenaje a los profesionales de la sanidad.

Punto final. Agradezco a Enric Juliana su regalo, que --¡vaya puntería!--  llegó el día de mi onomástica, san José. Es su último libro: “Aquí no hem vingut a estudiar”. Un homenaje a los presos políticos comunistas del Penal de Burgos.


viernes, 20 de marzo de 2020

Para lo que me queda dentro, me cago en el convento





Analizar los vaivenes del independentismo –especialmente los referidos a su sector cátaro--  tiene el inconveniente de que chocan con la fidelidad de miles de feligreses, que se sienten ofendidos con el mismo efecto sensible de determinados grupos del Islam. Los católicos son más tolerantes por las razones que sean. Cualquier reflexión sobre Waterloo tiene el mismo recibimiento que los versos satánicos. Nosotros somos inasequibles al desaliento. Con nuestros (casi) ochenta años  bien podemos recurrir al medieval dicho: «Para lo que me queda dentro, me cago en el convento». Sea, pues: vamos al tajo.

¿Cómo calificar a este Quim Torra? No me refiero a su capacidad política sino a su estado mental. Que escriba a los líderes europeos echando pestes de las medidas del gobierno español es puro disparate. Pero encaja dentro de los parámetros políticos de esta orden espiritual de Waterloo. Es sumamente criticable, pero al menos sus monaguillos pueden argüir que se trata de una valoración política. No lo compartimos, por supuesto. Ahora bien, lo que ya no tiene nombre es que tan locuaz persona declare a la BBC que en España no hay medidas de confinamiento y que sólo en Cataluña se está llevando a cabo. Torra en estado de delirio. Por lo que me pregunto si tan redicho personaje está en sus cabales. Y, como acompañamiento, me digo que cómo es que sus seguidores caen en deliquio cada vez que este mentecato miente. Miente ya sea a conciencia  o involuntariamente. Más todavía, ningún covachuelo del Palau le ha sugerido que gobierne la lengua con un poco de tino.

Cosa bien distinta es la opinión política del consejero Buch, que ha afirmado que el despliegue de los militares de la Unidad Militar de Emergencias sólo debe hacerse en las comunidades autónomas sin autogobierno. Se trata, por supuesto, de (aparentemente) una majadería. Pero lleva una profunda intencionalidad política: los militares españoles no tienen cabida en Cataluña. No sea que se ganen el reconocimiento de amplios sectores. En Cataluña se sigue la recomendación de un viejo amigo: «Pocos pelos y bien peinados». Pues bien, Torra monja y Buch fraile: «amor de monja y pedo de fraile, todo es aire».

P/S.  Pongámonos en la peor de las hipótesis. Imaginen ustedes que me pilla el coronavirus. ¿Me voy ir al otro mundo si decirle cuatro cosas (educadamente, por cierto) bien dichas al diligente Torra? Sea, pues, para lo que me queda dentro, me cago en el convento. 
   


jueves, 19 de marzo de 2020

El caprichito de Zapatero




El Partido Popular dijo en su día que la creación de la Unidad Militar de Emergencias era «un capricho de Zapatero» y lo tildó de despilfarro. La cuestión era –y sigue siendo— oponerse e intentar ridiculizar todo lo que venga de la izquierda. Las pintorescas derechas que tenemos en España, tanto la carpetovetónica como la independendista, son capaces de oponerse a Pitágoras negando que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos (en un triángulo rectángulo, se entiende). El PP, asesorado por vete a ver quién, se escandalizó por considerar que su intervención en las emergencias era un desdoro para el ringorrango de las fuerzas armadas. Sin embargo, la razón fundamental del Partido Popular oponiéndose a la creación de este cuerpo era otra, de matriz ideológica: hay que preservar el aislamiento entre las fuerzas armadas y el pueblo, muy en especial cuando el origen social de los militares es más bien popular. El ejército –según las derechas--  debe estar encerrado en su particular torre de marfil.

No pocas han sido las intervenciones de este cuerpo militar especializado, siendo las más recientes durante los temporales que asolaron hace meses media España. Y ahora la labor que están haciendo en esta difícil y dramática crisis vírica. Por las noches hemos salido a los balcones y terrazas a aplaudir a los profesionales de la sanidad. En mi caso, yo mismo me he acordado de la UME.

Disculpen que sea un desmemoriado: no recuerdo que ningún archimandrita del Partido apostólico haya pedido disculpas por lo del caprichito.

P/S.---  Mientras escribía este ejercicio de redacción me he acordado de Vicente Cazcarra, zaragozano, miembro de la dirección del PCE que, en la clandestinidad, llevaba las ´relaciones´ con los militares. Vicente nos dejó en 1998. [En la foto Vicente Cazcarra]

miércoles, 18 de marzo de 2020

Waterloo se ha tirado definitivamente al monte




1.--- El procés ha dejado de tener un significado específico para ser solamente una mera etiqueta. Una etiqueta minimalista para no infundir sospechas de que se está políticamente sin tener nada que llevarse a la boca. Inició su andadura con unos apreciables rasgos unitarios que se mantuvieron mientras los post convergentes disponían de la mayor representación política. Pero el atolondramiento político ha sido tal que el partido que pusiera en marcha el Patriarca, Convergència democrática de Catalunya, ha visto que sus paredes maestras se iban desconchando y lo que fue un latifundio se ha convertido en minifundios abigarrados con sus correspondientes cabezas de ratón al frente. Por no hablar de las relaciones entre Waterloo y ERC.   

El procés es la historia de una parábola descendente cada vez más confusa: ha sido un itinerario recorrido a trampicones, especialmente hasta que ERC revisó su línea de conducta y dejó de lado la declaración unilateral de independencia. Paradójicamente los de Junqueras fueron al principio los que más leña atizaron en esa dirección: «las 155 monedas de plata», que espetó Rufián a Carles Puigdemont. Por lo demás, el procés ofrece un balance raquítico de la gestión del gobierno autonómico. De las competencias de la Generalitat se han ocupado los incompetentes de sus responsables. La palma se la ha llevado Quim Torra que ha demostrado ser más un agitador que un hombre de gobierno. 

2.---  Partimos, pues, de la siguiente conclusión: el procès ha fracasado; se diría que él mismo ha sido el principal agente de su derrota. Hoy se encuentra sin brújula y al albur de las contingencias que vayan surgiendo. En ellas se inscribiría el procès entendido –ya lo hemos dicho-- como mera etiqueta. «Sóla, fané y desangayada», que escribió y puso música el maestro Enrique Santos Discépolo.  El independentismo (sector cátaro) no tiene en estos momentos nada substancial que decir, es solo un sujeto auto referencial. En el fondo Waterloo y sus franquicias han sorprendido por su poquedad política, teniendo como línea de comportamiento el más sobado victimismo que –tal como se expresa--  reconoce indirectamente que son incapaces ´de salirse con la suya´. Esta incapacidad que ha llevado en algunas ocasiones a ´renegar´ del momento culminante del procés con aquel «íbamos de farol» como un intento de ocultar el fracaso.

Waterloo se ha convertido en un disco rayado, en una fábriqueta de lanzar arengas, via twitter, para uso y disfrute de la feligresía. El «de Madrid al Cielo» --moralmente abyecto--   es ante todo una consigna y, fundamentalmente, intenta recordar al movimiento cátaro que se está en guerra. En guerra –se dirán por lo bajinis— no caben los tiquismiquis. En suma, no se trata de humor negro, sino de un elemento de la batalla.

Waterloo, en esta dramática coyuntura  de la crisis del coronavirus, ha puesto en marcha la estrategia de la tensión, la confrontación a degüello.  Waterloo lo ordena y Torra se viste de insurgente, haciendo una interpretación torticera: el Estado de alarma es una modalidad del artículo 155. Se invaden las competencias de la Generalitat y temen que, en esta ocasión, la medida sea aplaudida ampliamente. Es más, Waterloo parece percibir que ese consenso social –también en Cataluña-- con las medidas del Gobierno representa una desafección al procés, versión cátara. A lo que queda de ello, en nuestra opinión. Por lo tanto, hay que reaccionar contra ese consenso social para, de un lado, mantener la llama sagrada de la purificación cátara y, de otro lado, el cada vez más ancho litigio con Esquerra Republicana de Catalunya.

3.---  Waterloo ha sobrepasado todos los límites. Los límites que marcan esta dramática situación y los que se desprenden de la Mesa del Diálogo. Su postura, además de inconcebible, está sirviendo de acicate para que sus feligreses más espasmódicos inunden las redes sociales con infundios de toda laya. De ahí que podemos llegar a una primera conclusión: Waterloo está dinamitando el diálogo. Por lo que toda hipótesis de que Waterloo pueda ser de utilidad tiene escasísimo fundamento. La derrota de Waterloo –léase bien lo que estoy diciendo— es una condición necesaria, incluso para evitar la decadencia de Cataluña.

4.--- Sostenemos por enésima vez que el procés ha fracasado. La reflexión se hace necesaria para todos los sujetos políticos y sociales. Meditar largo y tendido sobre ello me parece obligado. No quiero señalar a nadie, pero entiendo que ciertos sectores de la izquierda deberían revisar su vinculación, directa o indirecta, con el procesismo en general y con lo que académicamente se ha dado en llamar «cuestión nacional», una Vulgata que ha hecho estragos en el movimiento organizado de los trabajadores.

martes, 17 de marzo de 2020

Domènec Benet o sus 100 apellidos catalanes




Domenèc Benet es librero jubilado de la librería La Llopa, de Calella. Militó en el PSUC hasta 1982. Preocupado porque la gente viva lo mejor posible. Participó en la creación de Federalistes d’Esquerres, y colabora con ASEC. Entrevista publicada en El Triangle.

El Triangle.-- En el abigarrado jardín de las revueltas, presentes y pretéritas ¿No constituye el procés un capítulo más bien exótico?

Domènec Benet.-- No es un cosa rara en la historia de Cataluña y del catalanismo político, lo que me parece distinto es su final porqué estamos en una época distinta. Desde la Guerra dels Segadors, el asedio de 1714, la Solidaritat Catalana, els Fets d’Octubre de 1934,… en Cataluña se han vivido momentos de procés, de “rauxa”, de grandes euforias, como las que tan bien describe Chaves Nogales en sus crónicas sobre la Cataluña de marzo del 36, incluyendo la explosión de fervor popular que acompañó el regreso de Companys desde el penal del Puerto de Santa María. A mi entender la diferencia está en que todas éstas explosiones de “rauxa” se resolvieron por las malas y de golpe, y ahora afortunadamente no es así. Pero, de la misma forma que hoy no es admisible tapar por la fuerza ninguna aspiración, tampoco es aceptable que se quiera imponer una sociedad monocolor. Cataluña es plural, muy plural y, a pesar de los impacientes que solo distinguen el negro y el blanco, tenemos que convivir en la escala de grises. Por esto los “procesistas” podrán seguir tanto como quieran y puedan, pero también por esto los que estamos en contra no nos callaremos y exigiremos el respeto de nuestros derechos. Habrá procés en tanto no aprendamos a convivir y aguantarnos los unos y los otros.

E. T.--- ¿Además del cambio en las formas de hacer política, la no violencia, digamos armada, en el procés, no responde quizá también a que las clases que lo hegemonizan tienen bastante que perder con las luchas, a diferencia de aquel proletariado del que hablaba Marx, que no tenía más que perder que sus cadenas?

D. B.-- También, también. Una de las razones de que el procés no va más allá es por esto, porque hay mucho que perder. Albert Soler retrata muy bien a los “opulentos oprimidos” de los barrios ricos de Girona, o a aquella señora que estaba dispuesta a sacrificarse a partir de los 2.000 euros mensuales, menos no, que una tiene sus necesidades. Lo que más me ha sorprendido ha sido la inconsciencia de gente a la que se supone racionalidad en sus decisiones. Un conocido mío, empresario, con carrera y varios negocios, me comentaba en verano de 2017 que ya sabía que lo que se iba a hacer no podía salir bien pero que se tenía que hacer por dignidad. No tuve ocasión de hablar con él después de aquel infausto otoño, pero colegas suyos se quejaban amargamente del descenso de las ventas al resto de España o de la falta de demanda de viajes del IMSERSO a Cataluña. Seguramente no se habían enterado de que la dignidad tenía un precio.

E. T.-- ¿No es también algo raro que desde el poder político o instrumentalizándolo se organice una lucha precisamente por el poder? ¿Por más poder? 

D.B.-- Porque el poder del que se dispone siempre es limitado. La “Solidaritat Catalana” de principios del siglo XX disputa el poder al caciquismo. Companys, en el 34, disputa el poder al gobierno de derechas de la República. La política siempre es una disputa de poderes pero aquí, de vez en cuando, se dispara la “rauxa”. Una forma de disputar el poder por la vía rápida. Y que aquí acostumbra a acabar en frustración y sin poder.

E.T.-- Todo esto, en un contexto cada vez más global…

D.B.-- Efectivamente, la globalización hace un mundo más abierto, que nos conozcamos más, que todo sea más fluido. Pero claro, esto provoca que también se difuminen los puntos de referencia y que una parte de la sociedad se aferre a su particularismo. De ahí sacan su fuerza el Brexit, el “trumpismo” y gran parte del “procesimo”.

E.T.-- Entre las muchas razones que se esgrimen como detonante del procés, ¿Con cuál nos quedamos?

D.B.-- Como cualquier hecho complejo, no hay una sola causa que explique el procés. Jaume Reixach pone mucho énfasis en la necesidad de tapar las corruptelas de la familia Pujol. Desde el catalanismo se señala la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto. Y muchos nos inclinamos por el gran peso que tuvo la crisis económica, como reconoció en su momento el entonces consejero de empresa Santi Vila. Lo de la sentencia del TC como detonante es lo que me parece más falaz. Debemos tener presente que después de esta sentencia, en 2010, el gobierno de CiU en Cataluña se apoya en gran medida en el PP y el gobierno del PP en Madrid en los votos de CiU. Puestos a señalar un detonante, me parece más relevante el día que Mas tuvo que acceder al Parlament en helicóptero por el bloqueo de los indignados que protestaban por el coste de la crisis. Ahí es dónde creo que decide encender la mecha. Pero no olvidemos que la mecha se había empezado a tender con el Tripartito.

E.T.-- Algo a lo cual, la izquierda no es ajena…

D.B.-- Y que desde la izquierda tenemos que reconocer. Siempre me ha parecido básico reconocer lo que hacemos mal los nuestros, los “buenos”. Porque los “malos” ya sabemos que lo son. Ya sabemos que hacen las cosas mal, por eso son los “malos”, pero los “buenos” muchas veces, demasiadas, también hacemos las cosas “mal” y si no lo reconocemos, las seguiremos haciendo mal.
El Tripartito cometió muchos errores, el principal abrir el melón del Estatut. Un proceso que pocos deseaban, que nadie controlaba y que sirvió para desencadenar una batalla por la hegemonía entre los partidos nacionalistas. A ver quien tenía el catalanismo más largo. Una guerra abierta por el poder que aún dura hoy en día. Todos sabemos cómo acabó la aventura del Estatut pero muy pocos desde la izquierda han reconocido el error. Sigue siendo habitual para cierta izquierda que a las ineludibles críticas a la aventura “procesista” se deba añadir la equivalente crítica al PP, a Ciutadans o a Vox. Una izquierda que ha hecho de comparsa en demasiadas ocasiones sirviendo de coartada para justificar una supuesta transversalidad del procés. Las imágenes de Herrera al lado de Mas cuando convoca el 9N o de muchos comunes votando el 1O, recuerdan el papel que jugó Javier Madrazo y Ezker Batua, de muleta de Ibarretxe, con la consiguiente desaparición de esta izquierda en el País Vasco.
En este sentido, hay que destacar el positivo papel que jugó la aparición de Federalistes d’Esquerres cómo punto de referencia para la izquierda, en un momento en que había un PSC titubeante y una Iniciativa ausente.

ET.-- ¿Entre las muchas razones del caldo de cultivo del procés, no está también la codicia, entendida como derivada contante y sonante del poder? ¿Algo así como un nacionalismo de bolsillo, que se lo disputan amos y subalternos?

D.B.-- Es una cuestión de números: 30, 300, 3.000, 30.000. Hay unos 30 altos cargos de primer nivel (consejeros, directores de entes públicos, síndicos,…), con sueldos que sobrepasaban los 100.000 euros anuales. Unos 300 (subsecretarios, directores generales, embajadores,..), con sueldos de entre 50 y 80.000 euros. Después, unos 3.000 (jefes, encargados, responsables de sección,…), con sueldos entre 30 y 50.000 euros, y, finalmente unos 30.000 funcionarios fieles a la causa. Lo que se están disputando ahora Esquerra y Convergencia son los 30, 300, 3.000 y 30.000. Y esto no es conflicto de clases. El conflicto está en quien tiene el poder de nombrar a quien.

E.T.-- ¿El catalanismo, que vuelve a repicarse desde muy diversos campanarios, no es un espacio idealizado que sirve lo mismo para un roto que para un descosido?

D.B.-- El catalanismo político ha tenido su momento de hegemonía, pero ésta ya ha pasado. Otra cosa es que desaparezca. El catalanismo no deja de ser en el fondo un sentimiento de identificación que ha tenido intensidades distintas en distintos momentos políticos. En la transición fue útil para sellar el pacto de no agresión entre el nacionalismo y el movimiento obrero. La clase obrera, mayoritariamente castellano parlante, aceptaba unos elementos básicos del catalanismo (lengua, cultura, símbolos,…) y el nacionalismo renunciaba a la ruptura con España.

Durante 40 años el nacionalismo se ha aprovechado de la tregua para ir sentando las bases de la construcción nacional de Cataluña. Pero calcularon mal y entre la crisis, las prisas y la incompetencia de muchos, enseñaron las cartas antes de tiempo. Una vez visto el “farol” se acaba la partida. Hay sectores que quieren recomponer aquel catalanismo. Seguro que conseguirán una cierta audiencia, se habla de unos 250 o 300.000 votos, Muy lejos de lo que fue el catalanismo político. Y muy lejos de volver a interpelar a los que pensamos que de las patrias cada vez menos, incluso de la futbolística, que es de la que más cuesta quitarse.




lunes, 16 de marzo de 2020

El acuerdo implícito entre Casado y Torra


La derecha carpetovetónica y la derecha catalana de Waterloo tienen un acuerdo implícito: mantener la confrontación contra el Gobierno en estos momentos de emergencia contra el coronavirus. Casado y Torra creen que una tregua sería perjudicial para sus intereses. Los dos han tomado nota de la unidad social, de la confraternización y solidaridad que se ha dado estas noches en las que miles de vecinos han salido a los balcones a aplaudir a los profesionales de la sanidad.  Torra ha visto esas movilizaciones en Cataluña, algunas de ellas cargadas de un profundo simbolismo: miles de vecinos, por ejemplo, en Mollet del Vallès, cantando el Bella Ciao desde las terrazas y balcones.  Eso no cuadra con Waterloo que considera indigesta cualquier conciencia de comunidad extraña (y, peor todavía, contraria) al soberanismo. No cuadra –decimos--  porque necesita recordar que estos son tiempos de confrontación a degüello: lo de la mesa de diálogo es un cuento chino de Esquerra Republicana de Catalunya. Por lo que el independentismo cátaro –el resto es pura filfa--  debe mantener sus esencias. De ahí el mandato de Waterloo al laborioso Torra para que, cimarrón diplomado, ataque las medidas contra el coronavirus «por invadir las competencias de la Generalitat». Y, en un sostenido arranque de indecencia, plantea la necesidad de una huelga general.

En efecto, Waterloo quiere mantener la confrontación a toda costa. Es más, el atolondrado narcisismo de Puigdemont le lleva a creer que esta es no una sino la oportunidad para sacar el procés del barbecho. Y para ello todo vale, incluso la burla de la situación difícil que atraviesa Madrid. La señora del «íbamos de farol» escribe en su twitter «De Madrid al cielo» que Puigdemont se apresura a compartir. Su objetivo es organizar la burla. Hace abstracción –intencionadamente, no lo duden--  de que desde Igualada también se puede ir al cielo. Eso sí, bajo el palio crepuscular de la estelada. Ha provocado una indignación masiva, aunque yo me lo tomo como la expresión alocada de su  fracaso personal y colectivo.

Repetimos, es evidente el acuerdo implícito de las dos derechas (la carpetovetónica y la de Waterloo). Casado afirmando indecentemente que «Sánchez propaga el virus» y Torra con su definitiva pérdida del oremus. En suma, el pacto de los lobos. 


domingo, 15 de marzo de 2020

Hay mucho sabihondo suelto



España es un país de sabelotodos, sabihondos y enteradillos. Ya lo éramos cuando en «tiempos de los apostóles vinieron los barbáros que se comían los pajáros que estaban en los arbóles». Por favor, pronúnciese como indican las tildes. Aquí prolifera el saber chusquero desde la petulancia del autodidacta hasta la soberbia del titulado. En cierta medida lo estamos viendo con la crisis del coronavirus. Hojalateros y académicos de la Lengua, cabos furrieles de Infantería de Marina y físicos cuánticos, y así hasta las mil y una profesiones opinan con los saberes del maestro Liende, que de todo sabe y nada entiende.  Paréntesis: en mis viejos tiempos llamábamos a un sindicalista el Tío Matices por su desmedido afán de apostillar: ni siquiera el teorema de Pitágoras se salvó de su ímpetu de realzar. O sea, que de esta crisis y de sus soluciones sabemos todos. Mucho más que los conocimientos que todos llevamos dentro como seleccionadores de fútbol. Y no digamos los periodistas: unos, herederos de Guy Talese; otros, alumnos del reportero Tribulete, que siguen el viejo refrán: «Ido el conejo cada uno da el consejo».

Tengo a Lola García por una profesional sería, poca amiga de estridencias. Sin embargo, correr en demasía y no verificar lo que se escribe le ha llevado a escribir algo chocante: «Visto por el retrovisor, las medidas [anunciadas ayer por el presidente del Gobierno] llegan tarde. Por eso hay una pandemia». Veamos: la premisa (´las medias llegan tarde´) es tan subjetiva como si yo dijera lo contrario. Pues bien, de su particular subjetivismo Lola García saca una conclusión que es, ciertamente, científica, a saber: hay pandemia. ´Extraño razonamiento, que ha aparecido hoy en La Vanguardia.  Seamos serios. 

En conclusión, hay gente que se confunde –unos de manera intencionada para sacar tajo, otros por mero afán estético--  de momento y de etapa. Recuerdo que, siendo yo niño chico, presencié un incendio: todos estábamos llevando calderos de agua y ayudando a los bomberos. Pero unos cuantos –de hecho, cuatro y el cabo— sin hacer absolutamente nada comentaban y pontificaban que «los bomberos habían llegado tarde».   

Sugerencia: Guárdense de la sabiduría de los psicópatas.

sábado, 14 de marzo de 2020

Aznar y sor Patrocinio en esta crisis




«Más vale honra sin barcos que barcos sin honra». Los viejos libros de texto de antañazo atribuían esta frase al almirante de mares abiertos Méndez Núñez que sufrió una estrepitosa derrota en Callao. Lo contrario podría haber dicho el contralmirante de bajura  José María Aznar: «Más vale deshonra sin virus que virus con honra». Justamente el mismo que, en un arranque de peristalsis neuronal, dejó sentado que a él nadie le ordenaba el límite de velocidad ni marcaba la cantidad de vino a la hora de conducir. Lo contrario sería estar –según el Aznar Chico-- «atrapado por la ciencia». Un concepto que hubiera hecho llevarse las manos a la cabeza al bueno de Max Weber.

Aznar y familia, en plena crisis del coronavirus y con recomendaciones clarísimas, deja Madrid --´su casa´-- y pone rumbo a Marbella. Seguramente ha calculado que el índice de probabilidades del contagio es menor cabe el Mediterráneo. A él nadie le sugiere, indica u ordena qué debe hacerse. Y si hay un imprudente que lo hace, este caballerete se lo pasa por la cruz de los pantalones. «España y yo somos así, señora», según nos dijo teatralmente aquel felizmente olvidado Eduardo Marquina, que sentenció que en Flandes nunca se había puesto el Sol.

Parecía difícil que el hombre de las Azores no se superara a sí mismo. Lo ha hecho en esta ocasión. Él y sor Patrocinio ya están tan ricamente en Marbella mirando el mar «bajo el palio sonrosado de la luz crepuscular».

En la cara opuesta son ya no pocos los ejemplos que la ciudadanía está dando de solidaridad y responsabilidad: médicos jubilados que se reincorporan para echar una mano, estudiantes de medicina que se ponen a las órdenes de las autoridades sanitarias, jóvenes estudiantes que se ofrecen de canguros para cuidar niños. Y –dejadme exhibir con orgullo--  lo siguiente: los liberados sindicales de CC.OO. de Menorca, Federación de Sanidad, se ponen a las órdenes de la Dirección General de la Salud para lo que sea menester. Algo incomprensible para los Aznar.  







viernes, 13 de marzo de 2020

El coronavirus de Cataluña «es especial»


La Consellera de Sanidad de Cataluña ha demostrado que se podía empeorar la gestión de aquel Toni Comín que incomprensiblemente –incluso para los suyos--  estuvo al frente de ese Departamento. Se llama Alba Vergés: economista e ingeniera técnica en informática de gestión, aunque fuera de estas disciplinas es una atolondrada analfabeta. Independentista adscrita al sector llamado pragmático, aunque en el caso de esta señora llamarla de esa manera podría ser una obra de caridad. Pues bien, comoquiera que aquel Comín dejó muy alto el listón de las estupideces, la Vergés recoge, autodesafiada, el guante y declara que el brote del coronavirus en Cataluña «es especial al del resto del país». Es decir, existe un bicho vírico específicamente catalán con su sueño soberanista que pugna por separarse del bicho global. Quede claro: Comín queda sobrepasado y, con aproximada seguridad, es el primero en lamentarlo.

Ahora bien, algo se nos antoja que las declaraciones de Vergés son un intento de acoplarse a las orientaciones de Pablo Casado que se lamenta de que Pedro Sánchez «se está parapetando en la ciencia». Pablo Casado, del que sabemos que tuvo una magnífica relación con los libros intonsos.

El independentismo no tiene suficiente con su mitología medieval. Ahora propone una especie de puesta al día: hasta los virus pueden ser específica, gloriosa y tenazmente soberanistas. También a ellos se les niega el derecho a decidir. La ciencia -–siguiendo la doctrina de Casado— sólo es la criada de la política.  

jueves, 12 de marzo de 2020

Con el doctor Simón estamos en buenas manos




1.--- Las tres derechas apuntan sus esfínteres políticos contra el Gobierno; la prensa carroñera hace tres cuartos de lo mismo con sus mediáticas deposiciones. Matasanos tienen estos ultras que escupen contra la gestión del Gobierno sobre la crisis del coronavirus. Nunca en Europa, cuando las derechas eran derechas y no vulgares salteadores de caminos, hubo un comportamiento así en momentos de drama colectivo. De nada sirve llamar a la calma y responsabilidad de la ciudadanía si la Caverna se comporta de la manera que estamos viendo. Da la impresión que está frustrada porque las autoridades están gestionando la crisis con tacto y eficiencia. Estas críticas de las tres derechas han arreciado tras hacerse público que el director de la Organización Mundial de la Salud aplaude a Pedro Sánchez y «considera a España como ejemplo de lucha contra el coronavirus» (1). Las tres derechas hubieran preferido que las cosas hubieran ido en dirección contraria. O sea, el caos y el sálvese quien pueda.

2.--- Casi todo el mundo está poniendo mucho de su parte en la prevención y lucha contra la pandemia. (La excepción es irrelevante: son esos alumnos del maestro Ciruela --que no sabía leer y puso escuela-- que en las redes exhiben sus conocimientos de virología. Son pocos pelos y mal peinados). Dos preguntas me parecen pertinentes cuando la gestión de la crisis implica que una gran parte de la población va a pasar dificultades materiales y de todo tipo. A saber, ¿qué está dispuesta a dar la sanidad privada en esta situación? Y ¿qué le es exigible?

3.---  Vale la pena traer a colación a nuestro viejo amigo Claudio Eliano (170 – 235), nacido en Preneste en tiempos del emperador Séptimo Severo. En su libro Historias curiosas nos relata: «Un día cayó enfermo Aristóteles y el médico le prestó cierto remedio. Aristóteles le dijo “No cuides de mí como de un boyero o un labrador; explícame primero la causa; sólo así me encontrarás dispuesto a obedecerte”. Le aconsejaba que no administrara nada sin conocer la causa».

Es lo que hace el doctor don Fernando Simón, el sabio tranquilo. Estamos en buenas manos. Cierre la boca el lego en la materia.


miércoles, 11 de marzo de 2020

Las ocurrencias de la CEOE y otras por el estilo


La CEOE parece estar reñida con el pensamiento lógico. Ha razonado con este estilo: «Era de noche y, sin embargo, llovía». Da la impresión que lo suyo es un almacén de anacolutos y paralogismos al por mayor y al detall. Que sea de noche no impide ni favorece que llueva, como bien sabía nuestro padre Noé –enólogo y naviero-- en sus buenos tiempos. Lo traemos a colación por las primeras ocurrencias que ha puesto Antonio Garamendi, presidente de la CEOE para luchar contra la pandemia del coronavirus.

Garamendi plantea: que no se toque la reforma laboral, que se fomenten políticas de aligeramiento de las plantillas, facilidades para los expedientes de regulación de empleo y una bajada de tributos. Era de noche y, sin embargo, llovía. Sánchez Llibre, presidente del empresariado catalán, se ha apuntado con entusiasmo.

Cualquier estudiante de primero de Filosofía se llevaría las manos a la cabeza ante el vínculo que Garamendi establece entre no tocar la reforma laboral y la lucha contra el coronavirus; también cualquier cabo furriel de Infantería de Marina se quedaría pasmado ante tan estrafalaria manera de razonar. Y, aprovechando que el rio Genil pasa por Santa Fe, la ciudad cuatriarcada,  volver a los tiempos de la motosierra. Aunque seguramente el estudiante y el furriel caerían en la cuenta de que se lanzan estas ocurrencias a ver si cuelan.

A ver si cuelan. Y es que hay gente que necesita creer lo que le echen. Los terraplanistas son un ejemplo de ello. Lo son los hipotéticamente infectados por el subjefe del partido tres veces ultra: la culpa del contagio no la tiene el contagiador sino Pedro Sánchez que no impidió el acto. Lo son también quienes creen a pies juntillas que Colón, Cervantes, Shakespeare y Leonardo da Vinci son catalanes, tal como se dijo en un documental que subvencionó Tv3% con 184.000 euros. Sin embargo, hasta los indios misquitos saben que esa ocurrencia (los 184.000) euros era una comisión para cualquier entidad patriótica.

P/S.---  Créanse, sin embargo, que ayer compré el libro “M. El hijo del siglo”, de Antonio Scurati (Alfaguara). Me lo recomendaron los profesores Javier Aristu y Javier Tébar.

martes, 10 de marzo de 2020

Inés Arrimadas y Paul Newman




El mismo empeño de Paul Newman en comerse cincuenta huevos duros en “La leyenda del indomable” lo pone Inés Arrimadas en hacer que su partido se empequeñezca todavía más. Ahora Ciudadanos es un minifundio con voluntad expresa de convertirse en una maceta. Lo decimos, naturalmente, tras los resultados de su último encuentro donde se han medido las dos candidaturas para dirigir el partido. Los resultados han sido claros: Arrimadas alcanza el 77 por ciento frente al 22 de su contrincante, Francisco Igea.  

En primer lugar, los resultados indican que el partido opta por la línea continuista, patológicamente subalterna del Partido Popular. En segundo lugar, la voluntad férrea de doña Inés de no incorporar a ningún crítico a los órganos de dirección: quien se fue a Sevilla perdió su silla. Lo que podría representar: primero,  que no se cambiará un ápice de lo hecho hasta la presente; y, segundo, donde manda patrón no lo hace el marinero, lo que es un descomunal despilfarro en una organización que se esfuerza denodadamente en no levantar cabeza.

El problema que nos preocupa es el siguiente: así las cosas, no parece posible que alguien ocupe el espacio de la derecha ilustrada. Arrimadas, desgraciadamente, no lo quiere ser. Tal vez porque entienda que sus imaginarios caladeros electorales están en la competencia con el PP y Vox. Lo que indicaría que esta señora no está en sus cabales. En conclusión, Ciudadanos consolida, desde su pequeñez, a la derecha granítica como los toros de Guisando; berroqueña desde las uñas de los pies hasta el colodrillo.

A nosotros solo nos queda respetar el derecho a la eutanasia de Ciudadanos. Siempre le quedará a doña Inés un huequecito en algún lugar de postín.

lunes, 9 de marzo de 2020

Ayer: Sinfonía de la Mujer (en sol mayor, opus 2020)




Ayer España se vistió de lila. Oceánicas manifestaciones en toda la geografía, mayoritariamente de mujeres. La meteorología, bondadosa, ayudó. El movimiento feminista a lo grande. Es consciente que ha venido para quedarse. Y ser fecundo. Con una potente preñez de futuro. Un movimiento inteligente que ha sabido camelar a doña Correlación de Fuerzas.

Fue un gozo ver el estilo de estas demostraciones: alegría y bullicio, brincos y movimientos de caderas mientras corean los eslóganes más imaginativos; miradas de regocijo de las abuelas a las nietas, que siguen el áspero camino que iniciaron ellas hace mucho tiempo. Estilo propio, marca de la casa. Y el sentido de la responsabilidad de aquellas mujeres que saben que están creando el proyecto alternativo más importante desde que nació el movimiento obrero.

España se vistió ayer de lila. No fue una exageración lo que ayer dijeron, por ejemplo, en Granada: «Este movimiento transformará el mundo». En la Granada de Mariana Pineda.

P/S.--- La foto es un fragmento de la manifestación granadina de ayer.  

domingo, 8 de marzo de 2020

La torpeza de la CEOE, la estupidez de algunos sindicalistas



Sorprende la reacción de la CEOE ante las medidas urgentes que ha puesto en marcha el Ministerio de Trabajo contra el coronavirus. No menos sorprende que algunos dirigentes sindicales le hayan seguido la corriente a Antonio Garamendi: esas medidas no se han negociado con ellos, han denunciado. La reacción de las autoridades ha sido ponderada y con exquisita educación: no se trata de normas nuevas sino de una compilación de lo publicado hasta ahora en materia de salud; medidas de choque que urgentemente había que poner en marcha.

Se supone que tanto la CEOE como esos refitoleros dirigentes sindicales sabían que no estaban ante una novación normativa y sin embargo sacaron imprudentemente la lengua a pasear: la CEOE porque sigue la enseñanza de «al enemigo ni agua»; esos sindicalistas porque, tal vez, quieran exhibir una teórica independencia de juicio. Mala fe de los primeros; verborrea de los segundos.

La decisión del Ministerio ha sido justa y eficaz. La reacción del presidente de la patronal ha sido torpe, extremadamente torpe.


sábado, 7 de marzo de 2020

Rahola, musa y vestal de Waterloo




El independentismo cátaro fue a Perpiñán «a lo suyo»: a exhibir musculatura a favor del hombre de Waterloo, torpedear la mesa de diálogo, amedrentar y condenar a Esquerra Republicana de Catalunya y, oblicuamente, iniciar la campaña electoral para las autonómicas. Era, por tanto, un acto intencionado de división del independentismo. En fondo y forma el lema del acontecimiento sería: no hay más independentismo que el cátaro y Puigdemont su profeta. El resto del archipiélago ha tomado nota: de un lado, el llamado Grupo de Poblet (Marta Pascal, Carles Campuzano y otros), una de las ramas del «olmo viejo hendido por el rayo» de vieja estirpe pujoliana, se apresura a fundar un nuevo partido; de otro lado, se ha dado un conflicto aparentemente inocuo en la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales entre los representantes de Waterloo y los de ERC. De hecho, no hay espacio público donde no se manifieste, con mayor o menor diapasón, el litigio entre las dos grandes facciones del independentismo.

En TV3 las picas están levantadas. ERC protesta porque en el espacio televisivo de Pilar  Rahola –de la mismísima Pilar Rahola— lo que se dice «es más una Editorial que un espacio de opinión». O sea, la otrora Musa de todo el independentismo se ha convertido en Vestal del Sumo Pontífice Puigdemont. Lo que toca Waterloo se rompe como rota está la imagen de esta Rahola, ayer de todos y hoy de la mitad de la mitad de los catalanes. Rahola, azucarillos en un vaso de agua al lado de una copa de aguardiente.