viernes, 11 de octubre de 2019

Mossos y Policia Nacional; misiles soviéticos y bombas yanquis




A la hora de repartir estopa los Mossos tampoco son mancos. Cuando sus porras caen sobre los hombros o en las cabezas de los resistentes el remedio, por lo general, no es ni la mercromina ni el agua del Carmen. Se recomienda ir a Urgencias con premura. La leña que reparten estos agentes está a la altura de la de sus primos hermanos, los agentes de la Policía Nacional. No obstante, para unos (los sectores adictos a la ratafía) los Mossos están tocados por la gracia de la Moreneta y sus porras solamente son meras apariencias; para otros (el amplio club de la cazalla carpetovetónica) la Policía Nacional se limita a cumplir, con proporción y mesura, la organización del trabajo que se le tiene encomendada judicialmente. Ahora bien, el diputado Gabriel Rufián, que está haciendo notables esfuerzos para alcanzar la beatificación en vida, ha puesto los puntos encima de las íes con motivo de la intervención de la policía autonómica en diversos desahucios en Barcelona. Rufián, por lo que se ve, ha colgado los hábitos de frailecillo franciscano por los de respetable padre dominico.

Habla Rufián: «No hay nada que diferencie a un Mosso reventando la puerta de una familia por un desahucio a un Policía Nacional reventando la puerta de un colegio electoral por una urna. No hay patria que valga si trata así a su gente». De la más pura escuela dominica, fracción heterodoxa de Fray Luis de Granada, que fue atosigado por los hijos de Torquemada.  

A Rufián le ha salido pastueñamente una tal Miriam Nogueras, de la orden conventual de los post post post convergentes. Esta señora le ha echado en cara a Rufián que sus palabras son «puro cálculo electoral, que es inmoral e injusto». Otro motivo de discordia entre los de Junqueras y los de Torra, abnegado correveidile de Waterloo. De mantenerse ese litigio llegará el momento en que no coincidirán ni siquiera en que los ángulos internos de un triángulo suman 180 grados. En todo caso, el otrora tonante diputado Gabriel Rufián ha dejado esculpido algo que le seguirá toda su vida: «No hay patria que valga si trata así a su gente». Que un servidor descubrió cuando le salieron los primeros dientes de leche. Por lo demás, Rufián ha destruido el concepto de mosso igual a bendito de Dios y policía nacional como equivalente de mesnadero de Atila. (Perdón, me viene a la memoria cuando en la izquierda rocosa se consideraba que los misiles soviéticos era «de clase», mientras que los yanquis eran «imperialistas»).

Pues bien, así como la cabra siempre tira al monte, el charnego sensato –sector Tiffanys o sector Somorrostro--  siempre tira a la concordia discorde.



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