sábado, 8 de septiembre de 2018

La sanidad catalana se está oxidando





La sanidad pública catalana fue la joya de la Corona. Ahora, tras diez años tormentosos, amenaza con convertirse en pura chatarra. Suerte de sus profesionales que siguen siendo lo que siempre fueron, un auténtico tesoro.

Una década ha bastado para lo que podemos calificar una involución en toda la regla. El gasto ha bajado un preocupante 28 por ciento. Concretamente: 3.328 millones de euros. Durante el mismo periodo Baleares ha incrementado el porcentaje en un 12,3 por ciento, Navarra en un 7,45 y Cantabria en 3,3. Cataluña, con una sanidad que fue punto de referencia en Occidente, ocupa el lugar décimo quinto de las comunidades autónomas españolas. Cada año un peldaño menos.

La decadencia empezó cuando Artur Mas volvió a la presidencia de la Generalitat. Su política de recortes; las políticas del conceller Boi Ruiz favorables a la sanidad privada y la inepcia de Toni Comín, que ni siquiera sus correligionarios entendieron por qué llevaba el negociado de la Sanidad explican la parábola descendente. Abrumado el versátil Comín por los problemas acumulados se encogió de hombros y aseguró que con la independencia de Cataluña se acabaría el problema. Los gobiernos de Puigdemont y Torra han empeorado más las cosas. La excusa del 155 no cuela, la cosa viene de muy atrás. Es lo que pasa cuando los agitadores de baratillo están donde están.

La joya de la Corona o lo que pudo haber sido y no fue. Menos mal que tenemos a los profesionales de la Sanidad que nos defienden de tales dirigentes políticos.

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