sábado, 16 de junio de 2018

Las razones de una huelga



El Convenio de Hostelería de la provincia de Málaga está en crisis. La patronal ha roto el preacuerdo que tenía con los sindicatos. La reacción de éstos ha sido clara: convocatoria de huelga. Vale la pena fijarse en el detalle central de dicha convocatoria: la solidaridad con aquellos colectivos pertenecientes a las categorías externalizadas. Una reacción valiente de la clase trabajadora malagueña. De donde se infiere que se precipitaron quienes hablaron del abandono de la solidaridad en el movimiento de los trabajadores.

Unai Sordo informa y se compromete:

«Se rompe el preacuerdo en el convenio de Hostelería de Málaga. La patronal se desdice del compromiso de aplicar el convenio a las categorías externalizadas. Apoyo a las compañeras. Luz roja para el Gobierno: HAY QUE CAMBIAR LA LEY.

»Queremos garantizar que a camareras de piso y personal de recepción-administración, restauración,  bares y cocina, se les garantice la aplicación del convenio de Hostelería y no otros inferiores mediante la externalización a peores convenios.

 »Se acerca la huelga a la hostelería de Málaga. La actual regulación de la subcontratación y la preferencia aplicativa de convenio de empresa en los salarios es una apuesta por la pobreza laboral y la competencia desleal».

viernes, 15 de junio de 2018

Esa izquierda nacionalista cursi y sentimental




Escribe El Dómine Cobra 


No es la crisis de la izquierda, es la izquierda cursi y sentimental. Esto es lo que da de sí el manifiesto Adelante Andalucía, que han dado a conocer recientemente Podemos e Izquierda Unida de dicha Comunidad autónoma (1). Un documento que parece un remedo del costumbrismo de los Álvarez Quintero y del melindroso Francisco Villaespesa. Literatura de exaltación del campanario. Un plagio ñoño del nacionalismo catalán (sector Juegos florales). Una mezcla de licor Calisay y de la carne de membrillo de Puente Genil.  Ni siquiera un pespunte de «programa, programa, programa», que llevarse a la boca. Es la izquierda bohemia. Digamos que una cosa es tener labia y otra, bien distinta, ofrecer un programa. La izquierda nacionalista andaluza en ciernes –cursi y sentimental--  tiene labia, pero no programa.

¿Por qué me preocupa este manifiesto? Porque lo que empieza de manera extravagante puede acabar rematadamente mal. De ahí que me parezcan certeros los avisos de Javier Aristu y Paco Rodríguez de Lecea sobre el particular. El primero en https://encampoabierto.com/2018/06/12/andalucismo-siglo-xxi/; el segundo en http://vamosapollas.blogspot.com/2018/06/retorica-farisea.html 

En fin, digamos –parafraseando a Federico García Lorca--  la izquierda vino a la fragua con su polisón de nardos; el niño la mira, mira; el niño la está mirando.  

    1)      https://adelanteandalucia.org/





jueves, 14 de junio de 2018

Al PP no le sienta bien la dimisión de Huerta





Díganme ustedes cuándo se ha resuelto una crisis ministerial tan rápida y eficazmente. En todo caso, el dato es que en horas veinticuatro un ministro dimite y se acepta su dimisión. Màxim Huerta se va por donde ha venido. Le distingue su gesto, pero no los argumentos que ha dado en su comparecencia ante los medios. «Lo hacían todos…», ha declarado. Por ahí, no.

La oposición está afectada, especialmente el pendenciero portavoz del PP, Rafael Hernando. No esperaba la dimisión ni tampoco la deseaba. Quería que Huerta se aferrara al butacón y Sánchez se lo permitiera. Al fin y al cabo, ese es el Libro de Estilo al uso. De esa manera, dispondría de carnaza para la guerrilla política. Hernando, al igual que Cospedal («Hay que proteger a los nuestros») ha sido fabricado con los mimbres viejunos que se estilaban en el patio de Monipodio. Este Hernando no ha sabido percibir que algo está cambiando, aunque todavía no sepamos su diapasón. El fracaso del portavoz-jabalí parece evidente: esperaba que se asentara la idea de que todas las gallinas cluecas protegen a sus polluelos. Ahora le toca seguir la máxima de la cueva de Montesinos: «esperar y barajar». Mientras tanto, tendrá que aguardar nuevos informes de las empresas huelebraguetas para ir a la caza de todos los demás, menos de los suyos.

miércoles, 13 de junio de 2018

Josep Borrell propone que ...




Un sector del independentismo teme a Josep Borrell más que a una vara verde. Borrell es la bicha. Una de las siete plagas de Egipto. Algunos en apoyo de esa campaña ad hominem han afirmado «que tiene problemas familiares», un argumento que ha puesto en circulación Josep Bargalló, una persona que creíamos con más cuajo. Tal vez sean los peajes que se deben pagar para alcanzar el merecimiento de estar al frente de una Consejería. Quien no tenga un problema familiar que tire el primer pedrusco. Es preciso ser más comedido porque hasta la Sagrada Familia –Jesús, José y María— tuvo un problema familiar y nadie se ha escandalizado.

De Josep Borrell se difunden y propalan las palabras más ásperas y su acendrado jacobinismo. Sin embargo, por razones evidentes se ha silenciado algo de gran importancia que ha propuesto el flamante Ministro de Asuntos Exteriores. Algo que podría ser un intento de aproximación a resolver el gran pleito. Borrell ha propuesto dar salida a las partes del Estatut d´ Autonomia que se cepilló en mala hora el Tribunal Constitucional. Se trata de un planteamiento de gran calado. Y que da para mucho. Tiene, eso sí, un inconveniente: la animadversión de los hunos y los hotros. Los hunos del «o caixa o faixa» y los hotros de la vieja copla «España no hay más que una». La propuesta de Borrell exige la técnica de la política, que se confronta, primero, con la «voluntad de destrucción  y el dogmatismo de hierro» del torrismo y, segundo, con el numantinismo resistencial de la caspa y la brillantina del nacionalismo carpetovetónico. En resumen, la ojeriza de los colmillos retorcíos de allende y aquende el rio Ebro.

Ahora bien, la propuesta podría tener la simpatía de quienes están hasta la cruz de los leotardos de un conflicto que, de no remediarse, puede llevarnos al agotamiento, a la poquedad. Por eso el sector milenarista del independentismo –doble moral y doble contabilidad--  oculta adrede esta parte del discurso de Borrell.

martes, 12 de junio de 2018

Cataluña: «voluntad de destrucción y dogmatismo de hierro»


Nos lo dice Andreu Claret: «Cuando empezaba la llamada a ocupar trincheras, Torra despachó los titubeos políticos de Hurtado con un "no quiso involucrarse", una actitud que atribuye, lean bien, al hecho de que "la política catalana exigía y exige una voluntad de destrucción y un dogmatismo de hierro, sentimientos por los cuales (Hurtado) tenía una repugnancia profunda".» (1) La política catalana lo exigía y, según el presidente vicario, lo sigue exigiendo.

La abundante literatura –periodística y tuitera—de Torra tiene ese itinerario. Este fragmento es, también, la consagración de lo estrafalario, de lo que ha llevado a Cataluña en algunas ocasiones a sonoras derrotas. Voluntad de destrucción y dogmatismo de hierro. Es la rauxa elevada a la enésima potencia, que ponía de los nervios a Jaume Vicens Vives.

En todo caso, vale la pena hacer notar que el planteamiento de Torra es desgraciadamente coherente: la voluntad de destrucción aparece vinculada al dogmatismo. Que son las claves centrales del pensamiento del torrismo. No fue casual que el hombre de Berlín lo nombrase su Enviado en la Tierra. El torrismo como fase violenta del independentismo es la Vulgata de lo que ha dejado de ser política para convertirse en teología tenebrosa, sustentada por la fe del carbonero. Un extraño comistrajo que aúna las más perniciosas patologías políticas que en el mundo han sido.

Por lo demás, lo dramático de todo ello es que esta Vulgata es la que se está imponiendo ideológicamente en el independentismo catalán: un bodrio de tapas variadas de neoliberalismo, opusdeísmo, legitimismo y otros retales menores.  Camino de la decadencia, si no se remedia. 



Federico, Nobel de Literatura


Escribe Rafael Rodríguez Alconchel

“Federico no necesita un Nobel, es el Nobel quien necesita a Federico”. (Pilar del Río, presidenta de la Fundación Saramago).

El pasado 8 de Junio tuvo lugar en Granada, en la emblemática plaza de Mariana Pineda, la heroína granadina que murió ejecutada por defender la democracia y la libertad en la época absolutista de Fernando VII un acontecimiento singular. Cuando a Mariana le ofrecieron el indulto a cambio de delatar a sus compañeros dijo: ”Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios”. Federico escribió sobre ella en su obra Mariana Pineda. Romance popular en tres estampas”.

Un acto que inicia el camino para solicitar el premio Nobel para nuestro poeta más universal, Federico García Lorca. Una iniciativa que, encabezada por el exmagistrado Baltasar Garzón y Pilar del Río, presidenta de la Fundación Saramago y la Fundación García Márquez, ha recabado el apoyo de centenares de personalidades de diversa índole, entre los que destacan las alcaldesas de Madrid y Barcelona, Mayor Zaragoza, que fuera rector de la UGR y director de la UNESCO, actores como José Sacristán, el biógrafo del poeta Iam Gibson, alcaldes de Víznar, Alfacar, Fuente Vaqueros y Granada y una larga lista de personas representativas de la cultura, partidos políticos y organizaciones.

Este año, por primera vez desde 1949, no se entregará el premio Nobel de Literatura, debido al escándalo de acoso y abusos sexuales en el entorno de la Academia Sueca, que ha cometido grandes errores. La concesión del galardón al poeta de Fuente Vaqueros a título póstumo en el año 2019 sería una manera de arreglar el desaguisado y honrar la memoria de Federico y tantos masacrados por el régimen fascista. El premio Nobel ganaría mucho si inscribe a Lorca entre sus galardonados como una forma de “reparar la injusticia” y recuperar la memoria. Federico, un poeta de muerte imposible, quien, aunque el fascismo lo intentó, resucitó en las escuelas y bibliotecas. Como él mismo escribiera: “Quiero dormir un rato, un rato, un minuto, un siglo. Pero que todo el mundo sepa que no he muerto”.

A pesar del régimen español de la época, en 1956 el poeta onubense Juan Ramón Jiménez obtuvo el premio Nobel de Literatura, aunque Gullbert, uno de los portavoces del galardón sueco, reconocía que la obra del galardonado no tenía el “calor vital” de Federico García Lorca, pero no podemos premiarlo porque ya no está físicamente entre nosotros. El interesante comentario ha salido a la luz tras ser desclasificados los documentos y deliberaciones del premio de la Academia sueca. A pesar de esta norma, ya hubo intentos de grupos de intelectuales españoles que en plena Transición presentaron el nombre de Federico para el Nobel. Los conocidos actos de homenaje al poeta, el llamado “Cinco a las cinco” en Junio de 1976 acordonado por la Guardia Civil en Fuente Vaqueros, fueron los detonantes que impulsaron a un buen número de asociaciones y colectivos a pedir el premio de la Academia sueca para el autor de Poeta en Nueva York.

Queda claro a través  de su obra el compromiso de Federico con la igualdad en una época y un país dominados por el patriarcado, el clero y la reacción, así como su “voz libre de demócrata enamorado de su pueblo y de todos los marginados de la tierra”.

En su discurso de Septiembre de 1931 con motivo de la inauguración de una biblioteca pública en su pueblo natal, decía Federico: “Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura, porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz”.

Espero y deseo que esta iniciativa tome fuerza y podamos celebrar en el año próximo la concesión de este merecido galardón para nuestro Federico García Lorca, poeta y dramaturgo universal. Porque como alguien ha dicho, si se perdiera, de pronto, toda la obra de Federico, se lograría restablecer a través de la memoria popular. Razón ésta más que suficiente para que le dieran el premio Nobel.

Santa Fe, 11 de Junio de 2018



lunes, 11 de junio de 2018

Sánchez y Torra hablaron por teléfono





Vamos a dejarnos de pollas en vinagre yendo al corazón del problema, intentando no marear a la pobre perdiz. Pedro Sánchez y Torra han hablado por teléfono. Hablando se puede propiciar que la gente se entienda, aunque en este caso conviene ser prudente. Hablar o –si se quiere dialogar--  es, en principio, mejor que tirarse los trastos a la cabeza, aunque desgraciadamente ambas cosas puedan simultanearse.

La situación es, aproximadamente, la siguiente: Torra quiere hablar –o dialogar--  para ver cómo Cataluña se sale de España; Sánchez quiere hablar –o dialogar--  con la idea de que Cataluña se quede en España. La cosa se puede adornar con perifollos, pero a fin de cuentas esa es la cuestión. En todo caso, esa disparidad de objetivos tiene difícil arreglo en la teoría de conflictos. Ahora bien, algo se ha avanzado: los componentes de la timba del póker optan por hablar, ya sea con la boca pequeña o grande. A su vez, Sánchez pone encima de la mesa una serie de propuestas que Torra –o quien tenga realmente el bastón de mando--  deberá considerar. Enrocarse tiene sus límites y puede llevar a doña Correlación de Fuerzas a dar un giro a sus movimientos.

Hablando hay posibilidad de salida. Sin hablar hay certeza de irresolución del problema. Ya saben ustedes la diferencia entre posibilidad y certeza. Haciendo política podría haber salida; tirando exclusivamente de la Brigada Aranzadi es de cajón que se seguirá en el empantanamiento. Torra, pues, necesita que le hagan ver esa diferencia. Sánchez ha tomado buena nota de ello y ya veremos cómo le va. En todo caso, el problema es: Sánchez tiene mando en plazo, mientras que Torra no sabemos hasta dónde llega el calibre de su delegación. En todo caso, a Torra le es exigible rebajar la tensión social –una de las micro soluciones que propone Joan Coscubiela— siguiendo los pasos del diputado Joan Tardà: "Cuesta entender que quienes abuchean a la diputada Arrimadas o boicotean un acto en la universidad no se den cuenta del daño que hacen al independentismo, apareciendo como gente semejante a los que nos insultan y agreden por ser independentistas». Joan Tardá --volcánico los lunes, lúcido los martes--  da una lección de política a Torra y al hombre de Berlín, que no dice ni oxte ni moxte sobre el particular.

Con todo hemos de señalar que dialogar para ver cómo se sale es simular que se habla. Recuerda aquellos diálogos para besugos del humorista Armando Matías Guíu en la revista DDT: «Buenos días», decía uno; «Manzanas traigo», le respondía el interlocutor.

¿Una aproximación a la salida al conflicto? Cambiar la relación de fuerzas así en Cataluña como en España. Que pasaría por el debilitamiento de las derechas en Madrid y del independentismo en Cataluña. Ahora bien, siempre quedará en barbecho un segmento independentista, cuyo músculo nunca duerme. Vale. 

En la foto el Colectivo Mechinales en su reunión del pasado sábado en Parapanda.

domingo, 10 de junio de 2018

El póker y el famoso 21 de Octubre catalán




Confundir la velocidad con el tocino comporta graves consecuencias, sobre todo cuando en política se tiene mando en plaza. Clara Ponsati, ex Consejera de Enseñanza del Govern de Puigdemont, nos echa un cable sobre una de estas confusiones.

Ponsati es una académica prestigiosa. Economista y profesora en algunas instituciones universitarias norteamericanas y escocesas. Tiene un palmarés envidiable. Ahora bien, en política no brilla con tanta intensidad. Forma parte de ese batallón del talento que, cuando entran en política, resbalan a tumba abierta. Veamos lo que nos dice desde su residencia escocesa donde se encuentra tras ponerse a salvo de la Justicia. Lo hace en el digital L´ Unilateral, órgano de la (fantasmagórica) República catalana: «Jugamos al póker contra el Gobierno español, íbamos de farol» (1). Ponsati estaba en el puente de mando aquel famoso 21 de Octubre, por lo tanto sabe de qué habla. 

Un sucinto análisis del texto ponsatiano nos lleva, prima facie, a estas consideraciones: el desafío del 21 de Octubre fue una intentona a ver qué pasa. Ella lo dice: un farol. Ahora bien, se puede echar un farol al Gobierno, pero hacerlo al Estado, y en un asunto de esta envergadura, es aventurerismo puro y duro. Pensaron que el Estado iba a responder rezando padrenuestros. Hasta los tahúres del Mississipi son más precavidos. Por otra parte, sorprende que tan docta académica acompañe la primera parte del razonamiento de esta manera: «El partidismo ha llevado a la derrota al independentismo».

Que no, Ponsati, que no. Usted ha situado la premisa mayor en el farol. Y cualquier lego en el póker sabe las consecuencias de un farol. Usted razona como aquel garrulo que afirmaba que «era de noche y, sin embargo, llovía». A esa discordancia se le llama anacoluto. Por lo que la raíz del problema no está, en principio, en la división partidista sino en echarle un farol al Estado. O sea, en confundir el hecho de gobernar con una timba. A menos que se considere la timba como el arte de la política por otros medios.  Prueben, pues, con la brisca que es menos arriesgada.  


sábado, 9 de junio de 2018

Albert Rivera está triste, ¿qué tendrá Albert Rivera?




Albert Rivera lleva unos días callado. Por lo que se ve tiene motivos para ello. Y en general estamos observando que Ciudadanos no está tan en forma como presumía. Los recientes acontecimientos les han pillado con la mente en blanco. Albert Rivera está triste como la princesa de Rubén Darío; ¿qué tendrá Albert Rivera?

Nuestro hombre, colmado de agasajos demoscópicos, pensó que los números no eran favorables  a los socialistas. Por lo que confundió la aritmética con la política. Y no supo ver que la moción de censura de Pedro Sánchez tenía una carga de profundidad más densa que su rutinario enfrentamiento contra Rajoy.  Primera conclusión provisional: a Rivera le falta un hervor. Por eso su discurso en la sesión parlamentaria se fue apagando hasta quedar silente. Segunda conclusión, también provisional: no conviene caer en los brazos de doña Correlación de Fuerzas, porque a la primera de cambio te deja tirado en la cuneta.

Fracaso sin paliativos de Rivera. Su insistencia en el gobierno Frankenstein ha quedado en agua de borrajas y desmentida por los hechos. Ha salido un gobierno Hipatia. O sea, el resultado de lo que Rivera no entendió --y menospreció--  el famoso 8 de Marzo. Y las machaconas gachas  de Rivera de que Sánchez empezaba hipotecado por los pactos con los independentistas y populistas han sido puestas en evidencia. A este caballero le pierde su cataluñitis, una patología –política y antropológica— que exhibe los días pares y los nones. La cataluñitis da dividendos, ciertamente, pero sólo con ella no se va a ninguna parte. La cataluñitis es sólo y solamente gasolina. 

Rivera debe aprender de la ágil versatilidad de El País, que «en horas veinticuatro pasó de las musas al teatro». Su editorial podría ayudarle a adquirir cuajo (1).



viernes, 8 de junio de 2018

Magdalena Valerio, Ministra de Trabajo




La nueva ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, ha afirmado este jueves que “hay que hacer un replanteamiento total de la reforma laboral” que hizo el Gobierno del PP en 2012 porque se debe recuperar el poder de la negociación colectiva y apostar por mejores salarios e igualdad retributiva (1). Sea.

Conviene precisar, no obstante, qué se debe entender por el sintagma «replanteamiento total». O, por mejor decir, qué es exactamente, en este caso y para este asunto, un replanteamiento total. De esta manera podríamos evitar futuros equívocos y que cada cual mareara su propia perdiz.

Voces amigas de los círculos académicos de Castilla – La Mancha me dicen que Magdalena Valerio es una mujer muy preparada, profundamente de izquierdas desde sus tiempos de joven estudiante de Derecho, dialogante y muy firme en sus convicciones. Mis amigos no tardaron ni un minuto en felicitarla tras ser nombrada Ministra, y ella les respondió en un abrir y cerrar de ojos. La primera decisión: recuperar el nombre de «Trabajo» para el ministerio. Buena señal. 


jueves, 7 de junio de 2018

El Gobierno Frankenstein y las mujeres




Escribe El Dómine Cobra

Gobierno Frankenstein auguraron algunos. Ahora, los mismos se refugian en el prudente tópico de «hay que esperar a ver qué dan de sí». Fueron los mismos que no previeron el desenlace de la moción de censura. Tampoco previeron que Frankenstein no estaba en los cálculos de Pedro Sánchez. Las derechas de la caspa y la brillantina erraron estrepitosamente. Tampoco pareció estar muy fino el hombre de Berlín que siempre, a golpe de tuiter, habló de la España irreformable, decimonónica, casi en la entrada del Tercer Mundo. Aunque yo me malicio de que esta afirmación sólo es una consigna para ser retuiteada, propalada por los tertulianos en la inefable TV3  y pregonada en las sacristías de Cataluña.

El hombre de Berlín y sus franquicias no quieren quitarse las legañas de los ojos. Uno de los mensajes que difunden es que a España le huelen los pies, los sobacos y la entrepierna. Y, a partir de ahí, han construido otra leyenda: ellos son la modernidad frente a la España de Max Estrella con aquel Madrid oliendo a orines. El belicoso general Cabrera y su legitimismo es la modernidad. El nacionalcatolicismo, preferentemente encapsulado en el Opus Dei, es la modernidad. El matonismo del somatén es la modernidad. Es solamente agitación y propaganda.

La modernidad es Michelle Bachelet que dijo en su momento: "Cuando una mujer entra en la política cambia la mujer, pero cuando muchas mujeres entran en la política, cambia la política". Este es el signo de los tiempos. Me dicen que por ello brindaron ayer  Roser, Jaume Puig, Carmen Ortega y José Luis López Bulla en Parapanda. Esta sí es la modernidad. La modernidad del movimiento de las mujeres, que tuvo su punto de inflexión y de aviso el pasado 8 de Marzo. Sobre todo de aviso. En todo caso podemos establecer esta hipótesis: el inútil monopolio masculino de la política se ha quebrado y está en su fase terminal. Las mujeres han roto el espinazo de ese monopolio. No, este gobierno no es de Frankenstein sino de Hipatia.

miércoles, 6 de junio de 2018

Aznar en su quinta columna




José María Aznar habló sin tapujos el mismo día que su heredero hacía las maletas. El sentido central de su discurso fue auto proponerse como un nuevo «cirujano de hierro». Todo lo que se ha hecho hasta ahora en los grandes conflictos que atraviesan el país –piensa con altanería-- es pura homeopatía. Cirujano de hierro con la idea de reunificar las derechas españolas. Esta es la operación a medio plazo, que seguramente ha incomodado a los de Albert Rivera.

Ahora bien, el objetivo inmediato es intervenir en el post rajoyismo y, concretamente, en el proceso que va a conducir al congreso extraordinario del Partido Popular. O sea, según Aznar, todo lo que se aparte de su conducción política es un placebo. La paradoja, en todo caso, es la tronada concepción de que la unidad se hace rompiendo lo que hay. Y lo hace en el momento más delicado de la biografía del PP, del que sigue siendo presidente de honor. Delicado porque se están lamiendo las heridas del desalojo de la Moncloa y porque ya se ha abierto la carrera de sacos de la sucesión.

Pocos apoyos tendrá el hombre de las Azores en los grupos dirigentes del partido. Pero no sabemos qué influencia tiene en el cuerpo difuso de la organización. Sea como fuere las consecuencias en la vida política española serán evidentes: un incremento del ardor guerrero del Partido Popular que aumentará su agresividad contra el gobierno de Pedro Sánchez y un endurecimiento de su línea política como demostración de energía viril, sea esto lo que fuere. El PP no estará para pactos de Estado ni para obras menores. No hay que dejar quintacolumnistas a las espaldas, y el aznarismo es quinta columna pura y dura. Conclusión provisional: ni siquiera asomarán la cabeza los tímidos y escasos evolucionistas, que esperarán a que escampe.

No parece que la resurrección de Aznar convenga a los de Rivera. El proyecto de Ciudadanos no pasa por la unificación que propone el hombre de las Azores, sino por la fagocitación del electorado del PP. Pero con este Rivera nunca se sabe. No obstante, todo indica que la irrupción de Aznar en la escena puede encantar al independentismo (sector machamartillo). Es la intemerata. Porque Aznar es la garantía de la guerra sin cuartel, el despedazamiento mutuo del que ni siquiera se libre el apuntador.

Punto y aparte.  Dejo constancia en mi diario de la muerte de tres amigos, sindicalistas de raza: Emilio Huerta, a quien llamábamos cariñosamente Triqui, asturiano, Giacinto Militello y Pierre Carniti, italianos. Estoy de luto.



martes, 5 de junio de 2018

Borrell, el hombre tranquilo




No es cierto que no haya puntos de acuerdo entre el independentismo más atrabiliario y el Partido Popular. Unos y otros tienen una coincidencia: la furibunda animadversión a Josep Borrell, el hombre tranquilo. De un lado, Carles Puigdemunt, tras hacerse público el nombramiento de la cartera de Asuntos Exteriores, la acusa de difundir el odio, que solamente es una consigna; por no hablar del Guadiana Carod-Rovira, que le acusa de tenerse «auto odio», ningún psicobolche  bonaerense hubiera llegado a tanto con tan chocante diagnóstico. De otro lado, algunos iracundos de la cofradía marianista le han puesto ya la proa.

Lo cierto es que Borrell es la bicha para los creyentes del independentismo (sector machamartillo), porque desmontó, con los datos en la mano, toda la extravagante leyenda del «España nos roba». Un constructo tomado como préstamo del populismo italiano: «Roma ladrona». Borrell es, además, el mal sueño de las derechas españolas desde que hizo añicos en un famoso debate televisivo a Rodrigo Rato cuando este parecía que se iba a comer el mundo.

El España nos roba ha tenido dos fuertes enemistades: uno, la rigurosa exposición de Borrell con un potente aparato estadístico; otro, las actividades financieras pro domo sua de Jordi Pujol y sus allegados. Tras Borrell el dicho fue puesto en sordina.

Borrell o el hombre tranquilo. Temido por sus saberes académicos, pero nunca querido. Porte aristocrático, talante  circunspecto. Él no está en política para ser querido, ni se comporta como un político pachanga al uso. De manera que es un hueso duro de roer.  

El nombramiento de Borrell como Ministro de Asuntos Exteriores es un acierto.

lunes, 4 de junio de 2018

Cataluña y algunas cosas europeas




Primer tranco

Póngase en marcha todo el almacén de la política para solucionar, gradualmente, el problema catalán; un problema que, como Jano, tiene dos caras.  La cara doméstica del conflicto entre catalanes y el del independentismo con el Estado. Este es el desafío que tiene delante el presidente Pedro Sánchez. Hacer política quiere decir, en este caso, que unos y otros aprovechen los tímidos, pero reales, resquicios que se dan aquí y allá del río Ebro: en Madrid, el cambio de gobierno, una condición necesaria aunque no suficiente para una enmienda  a la totalidad del guión; en Cataluña la aparición de un disenso, ya público, en el interior de las fuerzas políticas soberanistas. Nadie tiene las manos libres: de un lado, Sánchez se verá sometido a un bronco fuego cruzado por parte de los hunos y los hotros, esto es, viejos y nuevos ultras de la derecha, amén de los zigzags de los independentistas; a su vez estos últimos alternarán momentos de confusión y cierto realismo. En todo caso, podemos establecer esta hipótesis: las cosas se despejarán en la medida que ganen en Madrid y Barcelona las fuerzas que quieran resolver la papeleta, vale decir, que nos vayan sacando del empantanamiento. Y para ser más exactos: la derrota de las ultramontanas derechas españolas y el fundamentalismo legitimista del hombre de Berlín y sus franquicias.

Segundo tranco

Ahora bien, la política doméstica, siendo necesaria, no lo es todo. El contexto europeo es un descomunal embrollo que no ayuda a buscar salidas al problema. La alocada situación que ha provocado el brexit, la ola de populismos y las situaciones de algunos países de Centro Europa y Polonia se amotinan contra una salida racional de nuestro problema. No es que el hombre de Berlín esté consiguiendo internacionalizar el conflicto catalán, sino que ese zafarrancho le favorece. También es justo decir que no pocas políticas de la Unión Europea dan pie a la existencia de esa situación caótica.  Pedro Sánchez deberá tener en cuenta ese puzzle del patio de vecinos europeo. Y para mayor abundamiento del mosaico europeo recomiendo la lectura del artículo de Javier Aristu https://encampoabierto.com/2018/05/29/el-sur-de-europa/#more-6545

Mientras tanto los que deberían defender en primera instancia a Matías Carnero, presidente de UGT de Catalunya, siguen callados y disfrazados de mayo para no infundir sospechas.


domingo, 3 de junio de 2018

Matones multiusos




La octavilla de los llamados Comités de Defensa de la República contra el acto que ha convocado un grupo de dirigentes sindicales para mañana lunes dará mucho que hablar. Nos hemos referido a él en nuestra entrada de ayer,  Los CDR contra los trabajadores (1). Mantenemos lo dicho. Y proponemos nuevas consideraciones sobre el particular.

 

Primero.— El sindicalismo confederal catalán debe rechazar de plano la acusación abrupta de los CDR contra una serie de destacados miembros, a quienes se les ha calificado de fascistas. Más concretamente, UGT de Cataluña debe responder inequívocamente pues tan descerebrada acusación se ha vertido contra su Presidente, Matías Carnero. Carnero es, además, el presidente del Comité de empresa de SEAT Martorell. A decir verdad, no se entendería que el sindicalismo tuviera un prudente silencio sobre ello. No es sólo la dignidad del cargo de presidente lo que ha sido injuriado sino el carácter del sindicalismo confederal. Por cierto, el hombre de Berlín y sus franquicias siguen en estado silente. En esta ocasión la mano compulsiva de Puigdemont está de dedos caídos en tuiter.

 

Segundo.— Los CDR son la organización explícita de los allegados al hombre de Berlín que tiene bula para llevar a la práctica lo que todavía no pueden hacer dichos círculos. Los vicarios de Berlín hacen clandestinamente, con la mano izquierda, lo que todavía no se atreven hacer con la mano derecha y a la luz pública. Por ejemplo, el matonismo, que intenta amedrentar con violencia a organizaciones y sindicalistas de larga tradición democrática. Me imagino el sufrimiento personal de mi amigo Manolo Zaguirre que fue, durante muchos años, primera figura del sindicalismo de la Unión Sindical Obrera, decisivo en la construcción de la Central Sindical Mundial, otro de los oradores del acto de mañana en las Cotxeres de Sants. Y del resto de compañeros y amigos. 

 

La acción de los CDR es la eliminación de la política mediante los métodos violentos del escuadrismo, las camisas amarillas. Que, con esa octavilla, elevan la puntería contra el sector del independentismo, considerado pragmático –ERC y el PDeCat— dirigiendo la palabra «fascismo» a troche y moche a los extraños y «traición» a una considerable fracción del independentismo.

 

Ahora bien, ¿a quién se traiciona? Por supuesto a Cataluña. A la Cataluña fantasmal de los círculos de Berlín y sus franquicias. Ellos decidieron ponerle la proa a la investidura de Pedro Sánchez. Fracasaron. Se opusieron porque les valía más la certeza del empantanamiento con Rajoy que la hipótesis –ha leído usted hipótesis--  de un gradual desbloqueo de la situación. Prefieren Cataluña como casus belli a la Cataluña de decirse «buenos días» con naturalidad. Que sería una de las micro soluciones de  Coscubiela.

 

En resumidas cuentas, matonismo multiusos.


(1)https://lopezbulla.blogspot.com/2018/06/los-cdr-contra-los-trabajadores.html

 




sábado, 2 de junio de 2018

Los CDR contra los trabajadores





¿Quiénes son esos fascistas a los que se refiere esta octavilla firmada por los Comités de Defensa de la República? ¿Cuál es el atrevimiento de los oradores? 

Matías Carnero, Presidente de UGT de Catalunya; Manuel Zaguirre, ex secretario general de USO; Isabel López Chamosa, exdiputada por el PSC; Francesc Castellana y Manuel Gómez Acosta ex dirigentes de Comisiones Obreras de Catalunya y otros. Que tienen la osadía de utilizar el instrumento pacífico de la palabra para explicar su posición ante el doble conflicto catalán: en el interior de Cataluña y entre ésta y el Estado español.

Estos son los tristemente célebres de los CDR que, ahora, están iracundos contra las fuerzas políticas –el PDeCat y Esquerra Republicana de Catalunya— por haber investido como presidente del Gobierno a Pedro Sánchez. Traición le llaman. Entiendo el mensaje. Claro, va contra los organizadores del acto, a quienes se les injuria violentamente. Pero fundamentalmente se orienta a llamar la atención a las fuerzas políticas catalanas que se alejan del hombre de Berlín y sus franquicias. Es como si les dijeran: «estamos dispuestos a todo». Es lo que tiene no saber digerir una derrota en toda la regla.


O las fuerzas políticas independentistas, incluido el gobierno de Torra, desautorizan a los CDR o serán consideradas como compañeros de pupitre.   


Tras la moción de censura: «No los agüeros, los hechos sigamos»


La Moción de Censura dejará una serie de secuelas: la durísima confrontación entre las derechas españolas (PP y Ciudadanos) y el tipo de relaciones entre el PP y los jueces.  Cierto, el tiempo parece que lo cura todo –o casi todo--, pero la enorme tensión de ambas situaciones dará mucho que hablar.

1.--   Hubo momentos, durante el debate, en que el compulsivo portavoz del PP situaba a los de Rivera como si fueran el enemigo principal, y viceversa. Los diez cañones por banda de ambos veleros bergantines disparaban a la línea de flotación del contrario con más estridencia que al candidato. Con lo que, por así decirlo, se institucionaliza un conflicto en tono mayor. Demoscópicamente tiene las de perder el hombre de Pontevedra. Pero en los cielos no hay nada escrito, que nosotros sepamos. Será una lucha –es una mera hipótesis--  no en búsqueda del centro perdido sino una rebatiña para hacerse con el rescoldo de la derecha más montaraz. Esencialmente la pugna podría ser por la cooptación de la derecha ultramontana, no por la derecha ilustrada.

2.--  La Moción de Censura ha consolidado en el PP su particular cultura de agitación contra aquellos sectores de la Justicia que cumplen con su obligación. Se ha hecho desde el mismo Gobierno de Rajoy y se ha llevado al infinito por el portavoz del PP en la moción. Es algo más que una ruptura de protocolos. Es la antidemocrática reacción contra la ruptura de la impunidad. Dejará secuelas probablemente, incluso en el sector moderado de la judicatura.


3.--  Ayer, a la hora del café mañanero, un especialista en malos agüeros me dijo en la barra de la taberna, cuando todo el pescado estaba vendido: «Verás cómo reacciona la Bolsa y la Deuda. Nos van a dejar espeluchaos».  Mi respuesta fue un préstamo de Juan de Mena, el poeta cordobés pre renacentista: «Non los agüeros, los fechos sigamos». Ha ocurrido justamente lo contrario.   Los fechos, los fechos sigamos. 

viernes, 1 de junio de 2018

¿Con Pedro Sánchez, qué?




Pedro Sánchez deberá hacer encaje de bolillos. Y sobre todo tiene que hacer política; no hay política con mayúsculas ni con minúsculas, hay simplemente política. La manera tan particular que ha tenido de desalojar al hombre de Pontevedra y la incómoda relación de fuerzas parlamentarias obligan a tirar de los mejores textos políticos de la historia para efectivamente dirigir atinadamente la guía del país. Con sus prioridades, sabiendo que cien prioridades equivalen a ninguna, tal como enseñaba el sabio de Parapanda, Juan de Dios Calero. Cierto, ahí está la cuestión catalana, viendo pasar el tiempo como la Puerta de Alcalá. Manos a la obra, pues. Vuelta a la política de las fuerzas catalanas. Seguir jugando al escondite –poniéndose la Brigada Aranzadi por montera o mantener la cerrazón del hombre de Berlín--  seguirá siendo contraproducente.

Claro, Pedro Sánchez continuará siendo presionado, ahora más que nunca, por los caídos por Dios y por Rajoy; por esa orden monástica post moderna de Ciudadanos; y tal vez por los del colmillo retorcío del propio PSOE, un sector minoritario, pero capaz de establecer relaciones trasversales contra Ferraz. Y, todo hay que decirlo, por las mismas fuerzas políticas que han apoyado la moción de censura. Para unos y otros la política es también el artificio de la venganza, sírvase esta fría o como un tizón ardiente.

Tome nota el presidente Sánchez de algo tan necesario como lo de ampliar los aliados: en el Parlamento todo está el pescado vendido. En las calles y plazas están los grandes caladeros de simpatías y de hipotético apoyo. Parar, mandar y templar. En la calle se expresan los grandes problemas, viejos y nuevos, de la sociedad, en primer lugar la gran batalla de época de los pensionistas y jubilados. Decimos ´de época´ porque están vinculadas la dignidad y de las pensiones y su sostenibilidad. En la calle está al rojo vivo eso que llaman la «cuestión social». O lo que es lo mismo: la condición concreta de vida y trabajo de las personas de carne y hueso. Por ahí debería navegar el presidente Sánchez. Ahora bien, para que ello ocurra me parece que su partido debería estar en la calle, convirtiéndose en el gran sensor de los problemas. Es el cambio de metabolismo que le exigimos al PSOE y al conjunto de la izquierda de nuestro país.


La patria ombligo de Quim Torra


Escribe Joaquim González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL


"Si somos catalanes es que no podemos ser otra cosa, si somos unos que forman la patria catalana es que no podemos ser parte de otra. Ante la patria toca elegir: tierra, bandera, lengua, historia, formas de vida, humor” Estas rotundas y contundentes frases son parte de un artículo de Quim Torra  publicado en El Món el 8 de septiembre de 2015 con el título Tornar a l’origen: la pàtria dels catalans. 

Rápidamente, después de leer estas frases escritas y firmadas por el actual President de la Generalitat, una de las más inquietantes de su abundante producción, me ha venido  a la memoria un artículo , éste muy distinto, de Joan Subirats, publicado hace ya dos décadas, el 28 julio 1998 en la edición impresa de El País(  artículo que fotocopié y  guardé como una referencia para  recordar por su interesante contenido)   en el que , apuntaba  los riesgos que corren aquellas comunidades que subliman sus elementos diferenciales a costa de reinventarse tradiciones e historias, que si bien pueden dar seguridades a muchos de sus miembros, al final acaban por crear espejismos que no suelen conducir  a un buen final. 

Pero lo que más me interesó de aquel artículo fue la referencia a la conocida metáfora del “viejo aparador” de Ernest Gellner , que al filósofo y antropólogo social,  británico de origen checo, le sirvió para argumentar que las naciones y las patrias no son unidades míticas naturales dadas, sino que,  muy al contrario, son más bien la cristalización de nuevas unidades culturales posibilitadas por la actual sociedad industrial abierta, global y cambiante.   

La metáfora de Gellner compara esa vieja “patria ombligo”, de puros y buenos catalanes, a la que aspira  Quim Torra, con aquellos viejos muebles- aparador, de inmensas dimensiones, de una sola pieza, que no se abandonaban en toda la vida y que servían para todas circunstancias. Aquel armatoste que ocupaba todo el espacio disponible, como la patria de Quim Torra,   donde no caben más identidades y en la que sólo se puede ser catalán y nada más que catalán.

Pero en las sociedades globales actuales, como nos dice la metáfora, la mayoría de las personas somos más comparables a esos muebles modulares, más modernos, que nos vamos armando de diversas identidades e influencias. Más parecidos a esos muebles a los que se les pueden ir sumando piezas y renovando. Más parecidos a un mueble adaptable que a los viejos aparadores que ofrecían la solidez y seguridad de ese patriotismo tradicionalista y conservador que nos propone Quim Torra para Catalunya.

Pero por suerte, muchos catalanes, creo que la gran mayoría, no queremos conformarnos con una sóla identidad cuando podemos disfrutar de varias enriquecidas y complementarias,  porque estamos más cerca del “hombre molecular” que expresa la metáfora de Gellner. La mayoría de los catalanes y catalanas son más parecidos a mi amiga con “ocho apellidos catalanes”, que se siente catalana hasta la medula, mucho más barcelonesa, que en Madrid se siente como en su casa, que el Rioja es su vino  preferido, que cada miércoles va a la academia de baile de sevillanas y que le emocionará tanto si la Selección de Fútbol española gana el Mundial, como cuando el Barça ganó la Champions Ligue.

Porque, por suerte, la mayoría de los catalanes y catalanas estamos  muy lejos  de la “patria ombligo” a la que nos convoca el President de la Generalitat de Catalunya, que entiende que sólo cabe una única interpretación de la identidad, en este caso, la catalana, cuando nos dice : “si somos unos que forman la patria catalana es que no podemos ser parte de otra” que es una síntesis fiel del pensamiento del nacionalismo conservador y tradicionalista,. Una corriente que hoy, por desgracia,  vemos como se  expresa en diferentes formas y colores en tantos lugares de Europa y América.