martes, 6 de septiembre de 2016

La huelga general de electores


Me parece que al profesor Santos Juliá se le fue la mano un tantico al escribir su artículo de ayer en El País, Huelga general de electores   (1). Llámenme tiquismiquis pero siempre he creído que es exigible a los intelectuales dejarse llevar lo menos posible por los nervios y, en concreto, ser más temperados. Y aunque no está escrito en parte alguna es recomendable escribir debajo de un ventilador cuando las calores africanas aprietan desconsideradamente; en caso contrario –por ejemplo, escribir en un cafetín sin ventilador ni aire acondicionado--  surgen artículos periodísticos de rancia estirpe garbancera. Lo mismo le pasó, aunque en contadas ocasiones, a Brahms: con toda seguridad alguna de sus piezas las compuso lejos del ventilador.

Creo que el artículo peca de pamphletaire. El caso es que no le falta razón a su línea argumental, pero la pierde con el uso estajanovista de sus adjetivos y los desmadejados ecos galdosianos que le acompañan. Muy del agrado, por cierto, de los nuevos y viejos enragés de los cuatro puntos cardinales de la piel de toro. Muy del gusto también del nuevo nihilismo de algunos de nuestros intelectuales. Porque, desde una pluma ilustre y, con frecuencia ilustrada, da una extraña hospitalidad al ideolecto de secano de que «todos los políticos son iguales». Y que en el caso de todo el itinerario que señala, desde la primera María Cristina hasta nuestros días, todos los políticos son hermanos siameses. Lo que contradice el resto de la obra académica de don Santos, seguramente hecha debajo de un ventilador. 

En todo caso, lo que me parece insufrible es el colofón del irritado artículo del profesor Juliá: (nuestros políticos) «solo merecen que los electores, con razón irritados, decidamos declararnos en huelga general, a ver qué hacen». Le ha faltado decir qué haríamos los electores al día siguiente de esa fantasiosa huelga general.

Ahora bien, sólo por un momento situémonos en la hipótesis de que una agrupación de damnificados ha convocado una huelga general de electores y que esa huelga ha paralizado el país. Así las cosas, ¿qué hacer? Don Santos podría explicarnos que, en las mentes de no pocos huelguistas, reaparecería la imagen del «cirujano de hierro».  Que esta vez no llevaría los entorchados de brigadier, sino los negros maletines de una troika, versión heavy metal.

No don Santos, un servidor organizaría un piquete de esquiroles contra esa huelga.