martes, 27 de septiembre de 2016

Contra la tortura y la impunidad



El escenario de esta exposición, de la que es comisario Javier Tébar, es la ciudad de Barcelona. Muestra la práctica de la tortura experimentada a dependencias estatales y ejercida por funcionarios del Estado durante los años sesenta y setenta del pasado siglo XX.

El franquismo siempre equiparó el orden público y la defensa del orden político-social con la represión. La violencia represiva organizada por el Estado fue un fenómeno estructural en la naturaleza de la dictadura desde sus orígenes en la Guerra Civil, que perduró durante su etapa final e incluso durante los años de la transición a la democracia en España.

La práctica de la tortura, que fue una expresión más de esa violencia, nunca fue legal; pero tampoco nunca fue tipificada como delito ni existió un contexto legal que permitiera su investigación o prevención. Su uso frecuente por parte de los funcionarios policiales, en particular de los miembros de las Brigadas Regionales de Información policiales, constituidas como la policía política del régimen, tuvo un carácter sistemático, habitual y puesto en práctica de manera impune en las detenciones de los miembros de la oposición política y sindical. Eran actuaciones inscritas en el terreno del orden gubernativo.

Uno de los pocos que publicó un artículo recordando aspectos de aquel pasado incómodo fue Manuel Vázquez Montalbán. En 1985, con motivo de la muerte de uno de los perpetradores de esas torturas, el escritor publicaría un artículo en el que reflexionaba sobre aquella desaparición de escena de protagonistas que forman parte de la historia de la infamia:


Tampoco sus víctimas hicimos nada por enfocarles con el reflector. La Reforma había absuelto a los dueños de los Creix, ¿hubiera sido justo perseguir a los criados? Martín Villa me dijo en cierta ocasión que la oposición se atrevía a pedirle las cabezas de la policía política, pero no las de militares e intelectuales cómplices de un mismo estado de cosas. Al fin y al cabo algunos militares se habían prestado a oficiantes de represiones jurídicas y un buen puñado de intelectuales, pusieron aquella barbarie en endecasílabos. Pero no utilizaron las manos para romper el alma y el cuerpo de los reconstructores de la razón: anarquistas, comunistas, socialistas, nacionalistas que conservarán mientras vivan en su memoria el recuerdo de todos los profesionales de la humillación” (Manuel Vázquez Montalbán, “Los Creix”, El País, 28-3-1985).


Los principales protagonistas del relato coral que presenta esta exposición, producida por El Born Centro de Cultura y Memoria, son aquellas mujeres y aquellos hombres que fueron objeto de una vulneración de sus derechos humanos por negarse a aceptar la condición de súbditos, porque aspiraron a los derechos de ciudadanía y las libertades democráticas y lucharon para conseguirlos. Su mensaje es nítido y es el momento de atenderlos, de creerles, porque lo que fundamentalmente piden la mayor parte de estas personas que fueron víctimas de la violencia institucional franquista es que no se les niegue que "esto les pasó".