jueves, 12 de mayo de 2016

Todos los partidos son responsables (de lo que sea)





Por lo general, la mayoría de los medios de comunicación tienen la piel excesivamente fina. Cada crítica que reciben –o incluso cualquier observación— es tolerada en clave de fastidio y, según cómo, suele ser recibida como un ataque a la libertad de prensa. Una libertad de prensa asimétrica a la libertad de opinión de quien matiza, se confronta e, incluso, ataca democráticamente lo dicho por el medio. Ahora se ha puesto de moda una nueva gilipollescencia: se considera bolivariano a quien intenta sonrojar a tal o cual medio. De hecho da la impresión que los únicos sujetos que gozarían de la libertad de expresión son los mass media. Pero hace tiempo que vamos viendo que no es oro todo lo que reluce, más bien es oro del que cagó el moro.

Por ejemplo, en las informaciones periodísticas y radiofónicas de hoy se reincide en que, a tenor del desacuerdo entre los partidos políticos, «todos» los partidos son responsables de la falta de acuerdo. Este fue, como es sabido, el latiguillo retórico contra la ausencia de pacto para formar gobierno tras las elecciones generales de diciembre. Y, de manera redundante, también se abusó de ese argumentillo cuando no se llegaba a un acuerdo en distintos procesos de negociación de los pudorosamente llamados agentes sociales. «Todos son responsables» que ya se ha convertido en un fetiche de los libros de estilo de las redacciones, en una Vulgata obligada y obligatoria.

Sin embargo, un servidor advierte que hay gato encerrado en ese mantra. Porque esconde, a sabiendas y queriendas, la responsabilidad –de quien sea--  en la ausencia de pacto o en la dinamita que se ha puesto –por quien sea--  para que no se produzca el acuerdo. No obstante, nos vamos percatando de igual manera que ese «de quien sea y por quien sea» no es inocente. Es decir, la responsabilidad de la política instalada queda subsumida en ese «todos los partidos». Y de aquí se refuerza la garrula tradición nihilista de que todos son iguales, los tristemente famosos perros que son iguales pero que se diferencian solo por sus collares. Otro concepto científicamente falso, porque no es igual un fiero bóxer que un chihuahua.  

Definitivamente, hay responsables al por mayor y otros, tal vez, al por menor