lunes, 16 de mayo de 2016

Gobierno en la sombra




El PSOE presentó ayer en Barcelona, a pesar de ser el día de San Isidro (labrador), su gobierno en la sombra.   Poco importa que ello no forme parte de las tradiciones españolas. Es más, si se bien se mira, esta novedad puede tener una parte positiva de cara al electorado: el compromiso electoral de dicho partido no queda concentrado en las bondades, reales o aparentes del líder, sino en un equipo. Si esta es o no la intención de Pedro Sánchez es cosa que desconocemos como igualmente tampoco estamos en condiciones de suponer que es simplemente una operación mediática o algo de mayor calado. Que ello forma parte de la campaña electoral es algo tan obvio como legítimo. En todo caso, el formulario del Partido Apostólico no ha tardado en calificarlo como «gobierno en la penumbra» que expresaría su incomodidad por el golpe recibido.

En teoría este gobierno en la sombra, si es coherente con su responsabilidad durante la campaña, podría añadir ciertas dosis de responsabilidad. Por la sencilla razón que su función no es la de acompañar las banalidades, clichés, retruécanos y demás palabrerío de quienes tienen la boca caliente en los púlpitos de la campaña; su función, como indica el sintagma ´gobierno en la sombra´, es la de precisar funcionalmente las medidas de gobierno, concretas, con la menor densidad posible de perifollos.

Pero a nadie se le ha podido escapar lo siguiente: podría ser un mensaje implícito de que: a) este es el futuro gobierno, si ganan las elecciones, y b) lo que indica que el PSOE no piensa, al menos ahora, establecer un pacto de gobierno, ni con Anás ni Caifás. Lo que dado el indicio que nos dan las encuestas no parece probable. De ahí que, tras el resultado electoral, podemos establecer la (poco arriesgada) hipótesis de que esta segunda vuelta tiene los visos de ser tan agobiantemente incierta como la primera.

En resumidas cuentas, lo que en teoría parece ser una novedad positiva, el gobierno en la sombra, se convierte en una potente señal que, a cosica hecha, se ha puesto para avisar que no hay pactos.  No obstante, hasta donde todos sabemos, nada hay definitivamente escrito en las estrellas. Ni siquiera los barones y baronesas tienen el vicio de la omnipotencia.