miércoles, 16 de mayo de 2018

El tuiter escondido de Quim Torra




Satisfacción en ciertas cancillerías europeas por la publicación de los tuiters del presidente a medias de la Generalitat de Catalunya. Celebración por todo lo alto en las escuderías xenófobas. La frase común es «este Torra es de los nuestros». Es la internacionalización de un pensamiento que, aunque minoritario, siempre estuvo en ciertos recovecos de la vida política y cultural de Cataluña. Y simultáneamente estupor al por mayor en los gobiernos de la Unión, en los medios de comunicación y en las opiniones públicas. Es como si se dijeran que con eso no contaban. El acto de atrición de Torra, desmarcándose de sí mismo, es algo ya visto.

Quienes con toda la razón del mundo le han sacado los colores al presidente a medias han denunciado el carácter directamente xenófobo de los tuiters. Las derechas políticas han golpeado el esófago de Torra. Pero nadie ha sacado otro famoso tuiter que, provisionalmente, dormía en los archivos ciberespaciales. Es éste: «Aquesta colla de ximples dels indignats ens porta directamente al cinqué món». Que traducido literalmente afirma que «estos tontos de los indignados nos llevan al quinto mundo». Un tuiter clasista.

La historia es la siguiente: la aparición del movimiento de los indignados provocó en Cataluña una fuerte conmoción. Los estados mayores del independentismo tomaron nota de que los indignados utilizaban indistintamente las lenguas catalanas y castellanas en sus intervenciones; que nunca usaron las claves del nacionalismo y que, por así decirlo, aquello no tenía visos de ser domesticado como lo estaba siendo una parte de la izquierda y algunos movimientos. Los indignados eran otra cosa, que interfería un proyecto todavía no explícitamente indicado de transformar el nacionalismo en independentismo tout court.  Los estados mayores tomaron nota, además, de que aquel movimiento tampoco era subalterno de las izquierdas acomodaticias. Por lo tanto, era el momento de proponer un relato rupturista para taparlo todo. Que convenía al gran convergente, acosado por el fango de la corrupción y de los recortes en las políticas sociales. En ese contexto aparece el tuiter del presidente a medias. Los indignados son unos tontos (ximples) que nos llevan al quinto mundo, es decir, a lo que no es Cataluña.

Llamo la atención a que, desde las derechas, nadie ha hablado de ello. Normal. Lo tienen archivado a la espera de que puedan utilizarlo cuando Quim Torra siente la cabeza. (De esto y otras cuestiones hablaré en Mataró el martes, día 22, cuando la tarde languidece y renacen las sombras) 



martes, 15 de mayo de 2018

Quim Torra o vuelve la burra al trigo




Escribe El dómine Cobra

«Vuelve la burra al trigo». Esta es una frase que la usamos en referencia al animal que regresa una y otra vez al campo de trigo y lo destroza por muchos desvelos que ponga el dueño del animal en que éste no incurra en la misma acción, pues en su terquedad no aprende ni aprenderá. Ni por pienso estoy llamándole burra al vicario del hombre de Berlín, simplemente utilizo un conocido y viejo refrán, que se resiste al paso de los tiempos y sus transformaciones. Ahora bien, no tengo empacho en reconocer que Quim Torra vuelve al trigo. Y en esa vuelta al cereal ha sido elegido presidente de la Generalitat. Presidente demediado y provisional tras el dedazo de Carles Puigdemont.

Torra que es considerado por algunos analistas como un intelectual. No seré yo quien les contradiga, naturalmente. Pero ello debería conllevar una redefinición del vocablo para que no se convierta en terminacho. Si debe ser considerado como intelectual porque ha escrito centenares de páginas, no veo –por simple analogía--  que debamos oponernos a distinguir á don Marcial Lafuente Estefanía, prolífico autor de novelas del Oeste en los años cincuenta, con la misma consideración. Francamente, no veo por ningún sitio atributo alguno que distinga a este caballero como intelectual. Al menos en lo referente a una tradición que nos viene de Julien Benda. Intelectual o no tengo por cierto que Torra bebe sus fuentes en Cesare Lombroso y Louis-Ferdinand  Celline. Italiano el primero, francés el segundo. Dos ultramontanos de mucho cuidado: etnicistas y xenófobos hasta el cielo de la boca. De hecho toda la abundante literatura tuitera de Torra es una recreación de la retórica lombroso-celiniana. Aunque, para mayor abundamiento, hemos de señalar que no es el único ni el primero que ha bebido de esos calostros en Cataluña. En resumidas cuentas, si este Torra es un intelectual, lo es por delegación de aquellos dos personajes. Pues bien, este es el personaje que ha sido elegido por la mayoría independentista del Parlament. Con la abstención de la CUP. Ya se sabe: los caminos de la revolución son inescrutables.

Cuesta poco pedir perdón. De ahí que Torra lo haya hecho tres veces, a propósito de sus tuiters, en la sesión de investidura. No obstante, pedir perdón no deja de ser una treta retórica. Es algo así como aligerar el zurrón para seguir pecando, según deja sentado la teología del confesionario. Pero Lombroso y Céline siguen vivos y coleando en el colodrillo de Torra.

Torra va ahora camino de Berlín para entrevistarse con el Holandés Errante. A rendirle pleitesía y recibir sus bendiciones patriarcales. Por lo que entiendo que quienes han llamado intelectual a Torra o han exagerado o dicho cometido ha sufrido una degradación, que pudiera ser,  desde los tiempos de Benda.

Apostilla.  ¿Quién paga los gastos del viaje Barcelona – Berlín – Barcelona?

domingo, 13 de mayo de 2018

El alocado discurso de Quim Torra




El candidato a la presidencia de la Generalitat, (im)puesto por el hombre de Berlín, ha presentado su discurso de investidura. Responde al nombre de pluma de Quim Torra y ha sido recibido con diversos calificativos: el Masovero (Joan Coscubiela) y el Vicario (Enric Juliana), que responden a la perfección de la vinculación de este caballero con el hombre de Berlín.

Tras el dedazo de Puigdemont, el candidato concede una entrevista a Tv3. En un momento dado nuestro hombre, al que sus parciales le atribuyen una potente capacidad intelectual, se suelta el pelo y bombásticamente afirma que «Cataluña tiene una grave crisis humanitaria». La militante audiencia televisiva lo cree a pies juntillas. Orgasmo mental. No es un tuitter fabricado por unos dedos espasmódicos, es la voz de quien se ha preparado antes de entrar en el plató. Posiblemente algunos de nuestros intelectuales del movimiento amarillo habrán exclamado que ya era hora de dejar las cosas meridianamente claras. Crisis humanitaria. Que no fue una improvisación lo demuestra el hecho de que tal formulación, crisis humanitaria, volvió a repetirla en el discurso de investidura. Ahora con más proyección, toda vez que determinados canales retransmitieron dicha sesión. Estupor en toda España y parte del extranjero. Cataluña ya no es, según el candidato, el país donde se atan los perros con longaniza.

Y como Cataluña sufre una crisis humanitaria es preciso, según el candidato, ponerse manos a la obra para  abrir –no dijo cómo--  un proceso constituyente republicano. Puigdemont en estado gaseoso. Los problemas reales de la gente de carne y hueso se solucionan con proclamas simbólicas, con espejismos milenaristas. Todo queda pendiente a unas hipotéticas calendas graecas de la independencia. Diarrea a granel.

Algunos comentaristas atribuyen el locuelo discurso a una búsqueda compulsiva del voto favorable de la CUP. No tal, el caballero dice lo que piensa. Es la hechura del hombre de Berlín.

El candidato Torra insistió ad nauseam en el mismo proyecto que distinguió los momentos más álgidos del procés. Alejado años luz del posibilismo del candidato Turull, que se disfrazó de noviembre para no infundir sospechas. Torra o la reedición de Puigdemont –el «puto amo», según afirmó la musa del independentismo--  en estado gaseoso. Ahora bien, si este Torra propone reiniciar el itinerario del procés es porque, en pura lógica ha fracasado. Un fracaso real, que no simbólico.

Ya lo saben ustedes: los votos de la CUP impidieron que saliera investido el candidato. Han empezado las apuestas sobre qué hará esta formación el próximo lunes. Los cuperos consideran que el caballero es más de derechas que John Wayne. Mañana lo sabremos.



sábado, 12 de mayo de 2018

Resistencia y alternativa




Reproducimos las intervenciones del acto de presentación del libro de Javier Aristu El oficio de la resistencia. Por orden de aparición en la escena hablan José Luis López Bulla, Nuria López, Javier Pacheco y el autor.

Clique aquí:


viernes, 11 de mayo de 2018

Cataluña de Anás a Caifás




Ciertas convenciones democráticas se han degradado en Cataluña. Primero fue Artur Mas que decidió orientar su dedo índice en dirección a Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat.  Ayer mismo el hombre de Berlín repite el gesto y señala como candidato a Quim Torra. Comoquiera que no cuentan ni el partido, ni el grupo parlamentario el Ausente ni siquiera respeta las formas. Es el Enviado de Macià en la Tierra y cree tener la potestad para ello y lo que encarte. Más todavía, la designación le atribuye facultades en precario: presidente del «gobierno interior», vale decir: desde el cabo de Creus hasta Sant Carles de la Ràpita. Sólo con funciones vicarias. La presidencia mundial seguirá en manos del Ausente. Torra, así las cosas, sería en delegado del gobierno de la República catalana en el exilio. O lo que es lo mismo: cualquier decisión político-administrativa estará bajo sospecha: ¿viene de Berlín o de las covachuelas del Palau de la Generalitat? Naturalmente, este Torra respondería que sarna con gusto no pica.

Artur Mas decidió que su candidato fuera uno de sus fieles seguidores. El Ausente ha hecho tres cuartos de lo mismo. Ha buscado en su escudería y, finalmente, decidido que un hombre sin gestión política y de gestión conocidas fuera el hereu. Ni siquiera ha tenido en sus manos el bastón de mando de una alcaldía.   

Cierto, los hechos dirán. Pronto sabremos si este maestrillo tiene su propio librillo o qué. ...No sería justo que presumamos fatalmente que todo está cantado en Cataluña. Es verdad que de la biografía de Torra –me resisto a llamarle familiarmente Quim--  se desprende que será «más de lo mismo», pero no sería prudente darlo como definitivamente dado. Hay experiencias numerosas que cuentan que no pocos designados asesinaron al padre y mentor. En todo caso siempre le perseguirá toda una serie de twitters exhibiendo un supremacismo de la más pura escuela lombrosiana. 




jueves, 10 de mayo de 2018

De la astucia de Puigdemont y otras cosas




Escribe El dómine Cobra

Los escribas sentados recibieron, en su día, el encargo de loar a Artur Mas y darle el sobrenombre de el Astuto. Los fondos de reptiles fueron naturalmente generosos con tales exageraciones. Más tarde, a Artur depuesto, astuto puesto. Los fondos de culebras empezaron a subvencionar a los mismos escribas que cambiaron el destinatario: el nuevo Ulises, camino de Itaca, pasaba a Carles Puigdemont. De la astucia del primero tenemos información de cómo acabó. La del segundo va camino de lo mismo.

Mi amigo Paco Rodríguez de Lecea ha tratado --permítaseme decir aquí «con jolgorio»-- el asunto de la astucia vinculado directamente al Ausente. Lo hace en su post Tiempo muerto, antológico escrito que hará sin duda las delicias de los militantes de la retranca santaferina, que allí llamamos malafoyá (1). Hela aquí:

«No guardo memoria clara de quiénes fueron los protagonistas, ni de las circunstancias exactas en las que se produjeron los hechos, de modo que les ruego que no atiendan a los pormenores sino a la sustancia del acontecimiento en sí. Se trata de un entrenador de baloncesto que, a falta de digamos siete segundos para el bocinazo final del partido, y perdiendo su equipo por más de treinta puntos, pidió a la mesa un tiempo muerto. ¿Para arreglar qué? ¿Para dar vuelta de qué modo al resultado? El tiempo muerto, sin embargo, estaba dentro de las atribuciones reglamentarias del coach, y la mesa lo concedió. El técnico rival pilló un mosqueo de cuidado y se negó a estrechar la mano del perdedor cuando, agotados sin mayores incidencias los siete segundos que faltaban, los jugadores de ambos equipos tomaron por fin el camino de las duchas».

¿Un entrenador astuto? Yo diría que un mandanguilla, simplemente un mandanguilla.



miércoles, 9 de mayo de 2018

LOS TRABAJADORES EN CATALUÑA: RETROCESO Y SUBORDINACION



Escribe Juan Ignacio Marín

Mi amigo Rafael Pillado me pregunta sobre la situación de los trabajadores en la Cataluña de ahora. Lo primero que se me ocurre decir es que están desaparecidos. No es que no se les vea, porque siguen trabajando –los que pueden y en las condiciones que pueden-, sino que están oscurecidos como clase. Parece como si sus problemas hubieran dejado de existir y la realidad es que sus intereses como asalariados no cuentan en una sociedad alienada. Intentaré explicar por qué.

Ya se sabe que la amenaza más importante a los derechos de los trabajadores es, en particular desde la última crisis, el desmantelamiento del Estado social, esencial en el modelo de convivencia europeo. La embestida neoconservadora por la privatización de la sanidad, la educación o el sistema de seguridad social pretende además que la relativa seguridad conquistada por los trabajadores desaparezca, y, tras ella, su capacidad reivindicativa.

A menudo se oculta que el concepto de democracia política como se conoce hoy es obra de la acción de los trabajadores desde hace más de un siglo: democracia es sinónimo de igualdad. Cuando la izquierda comprendió que el objetivo de los trabajadores no era la destrucción del Estado, sino su democratización para convertirlo en instrumento de redistribución, había ganado una batalla histórica. Tras muchos años de luchas y organización política y sindical, los trabajadores habían conseguido hacer valer su peso como clase. Se había impuesto una visión del Estado como garante de la seguridad de los más débiles. La Constitución de 1931 fue el primer paso en España y, tras la larga noche del franquismo, se consiguió definitivamente en la Constitución de 1978. Los que vivimos aquella época sabemos, aunque ahora esté tan de moda denostar nuestra democracia, el papel que jugó la clase obrera organizada en la transición. Las libertades políticas y sindicales han permitido a lo largo de cuarenta años el mayor periodo de progreso en las condiciones de vida y de trabajo en toda nuestra historia. Hemos construido también en España un espacio de libertad y de democracia que nadie nos ha regalado y que compite sin problemas con las democracias más desarrolladas del mundo. El segundo paso decisivo para la consolidación de nuestro modelo de convivencia se produjo con nuestra integración europea. A pesar de todas las contradicciones, de todos los retrocesos, Europa sigue siendo –al menos por ahora- un ámbito privilegiado de democracia en el contexto del mundo actual.  

Nadie vea en lo que digo ningún atisbo de triunfalismo. Ni todo está bien, ni estamos a salvo de retrocesos. Sólo trato de combatir un vicio muy arraigado en la izquierda, que las derechas siempre celebran, como es la infravaloración sistemática de nuestros avances, con la suicida y ahistórica manía de querer comenzar siempre de cero, como si las generaciones anteriores estuvieran equivocadas por definición.  

La crisis engendra miedo entre los más débiles. La amenaza del paro, la precarización y el cuarteamiento de la clase son sus consecuencias conocidas. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo. Sabemos que las tendencias conservadoras se agudizan y que el individualismo crece. Pero también sabemos que nuestra arma es la insistencia en la solidaridad de clase, en la defensa de los valores colectivos y en el rearme sindical y político, a pesar de todas las dificultades. Pero cuando se confunde, como ahora, la acción (o inacción) política de un gobierno de la derecha con el sistema o con el Estado, las consecuencias son desastrosas para los trabajadores, que somos los más interesados en su defensa.

Lo cierto es que el conservadurismo va ganado la batalla. Se impone la huida del derecho del trabajo, el trasvase de las rentas de los trabajadores a las del capital, la involución en el respeto de dos de los derechos básicos de los trabajadores: el de negociación colectiva, dejando inermes a los trabajadores, y el de huelga con las nuevas amenazas punitivas del código penal. La izquierda política no es capaz de hacer frente a esta ofensiva. Primero, por su inconcebible división en el diagnóstico de lo esencial, que debería ser la recuperación de la presencia y la fuerza organizada de los trabajadores para recuperar su peso como clase en la sociedad. Segundo, por la incomprensible deriva de una parte de esa izquierda que sustenta la idea de que nuestra democracia es herencia directa del franquismo. O no saben lo que fue o se equivocan profundamente: la principal tarea hoy de la izquierda española –y europea- debería ser la defensa de nuestro Estado social y democrático de derecho, que tanta lucha y esfuerzo costó conseguir. Socavarlo, contribuyendo a esa especie de que España es una democracia fallida o poco menos, solo favorece a la derecha económica y política más ultramontana, interesada en todo lo que huela a deterioro del Estado.

Si en el conjunto de España las políticas desarrolladas durante la crisis han supuesto un retroceso de las condiciones de vida y trabajo y de las organizaciones obreras, en Cataluña han tenido más éxito que en ningún otro lugar. El proceso secesionista tiene su origen en la necesidad de la burguesía catalana de perpetuarse en el poder en el momento en que en Cataluña se ponían en práctica los más brutales recortes sociales como continuación de la para entonces consolidada deriva privatizadora de la enseñanza y la sanidad pública. Cataluña es, de lejos, la comunidad autónoma con la administración más corrupta durante decenios. Si Artur Mas, el adalid de los recortes y máximo dirigente de los convergentes, no quería entrar de nuevo en el Parlament bajando de un helicóptero quería hacer olvidar los estragos del 3%, tenía que agitar un espantajo: “España nos roba” y si somos independientes viviremos estupendamente sin el lastre de los españoles. No es de extrañar que la burguesía catalana, con gran tradición de brutalidad con los trabajadores – la misma que les perseguía a tiros en los años veinte y que se aprovechó como ninguna otra con las ventajas del franquismo- se pusiera inmediatamente manos a la obra. Y que el miedo de las clases medias catalanas a las consecuencias de la crisis, bien agitado por la propaganda institucional, hiciera el resto del trabajo. La agitación de los más bajos instintos supremacistas e insolidarios siempre es rentable para las derechas en momentos de crisis.

De manera paulatina pero constante, el objetivo ha sido el desgaste y la demolición del Estado para construir un enemigo externo. La provocación continua, el doble lenguaje y la insistencia en la diferencia (naturalmente, la superioridad frente a todo lo español) han sido el mensaje avasallador en una sociedad, al principio perpleja y después, en una parte, beligerante. La grosera sustitución de la perspectiva de clase por la nacional durante seis largos años ha permitido llenar de bruma las relaciones sociales en Cataluña. Esta pseudo-revolución de ricos contra pobres ha conseguido desviar la atención de los verdaderos problemas. Porque no se trata sólo de los “pobres” españoles, sino sobre todo de una acción política calculada y perseverante contra los trabajadores catalanes, hasta el punto de que su voz ha quedado callada, sus problemas inéditos y sus organizaciones de clase mareadas en un papel subsidiario de los intereses de las clases dominantes. No se olvide que la emancipación no puede ir nunca de la mano de la insolidaridad y que democracia es incompatible con desigualdad.

No ha bastado con el golpe antidemocrático de septiembre, aprobando vergonzosamente en el Parlament la derogación del Estatuto de Autonomía y la Constitución, instituyendo el nombramiento de los jueces por el Gobierno –estos que hablan de la separación de poderes-o despojando de la ciudadanía a más de la mitad de los catalanes al erigirse en interpretes únicos de la voluntad popular. La organización desde el poder público de las llamadas “huelgas de país” no es sino la versión más reaccionaria y caricaturesca de una noble acción obrera que tanto costó constitucionalizar. Cuando se asiste a la llamada de todos los órganos de la Administración pública a que los funcionarios dejen de trabajar sin perder su sueldo, como un acto patriótico, es difícil identificar la acción con una huelga.  

La resistencia, tras las últimas elecciones, a admitir que la independencia ilegítima y antidemocráticamente proclamada fue un absoluto fracaso político, jurídico y de reconocimiento internacional, conduce ahora a la consolidación de la división y el enfrentamiento social. El victimismo se recrudece para intentar que quienes a sabiendas rompieron el orden democrático no asuman su responsabilidad. Las continuas invocaciones totalizadoras al conjunto del “pueblo de Cataluña”, los repetidos intentos de uniformización de la sociedad en el altar de la patria, sólo pretenden enmascarar un nuevo bonapartismo del que su principal víctima son, como siempre, las clases trabajadoras. El nuevo culto al líder, ahora en la persona de un aventurero como Puigdemont, junto con la asfixiante intimidación del disidente, produce escalofríos en quienes conservamos la memoria.

Y estos son los que van diciendo que España no es un país democrático. Han engañado a muchos y tienen a su favor el desastre de gobierno del Partido Popular que todos padecemos. Confundir un gobierno de derechas, por muy inútil que sea, con un Estado democrático puede ser un buen argumento de propaganda que, si se repite muchas veces puede llegar a ser creído. Creer que por invocar la república (su furor de apropiación no tiene límites) son herederos de los valores republicanos, -basados, estos sí, en los derechos de los ciudadanos y no de los territorios, y en el respeto, la igualdad y la solidaridad-  puede contentar a los que se han creído la mentira de que la guerra del 36 la libró España contra Cataluña y no las clases trabajadoras de toda España contra la reacción y el fascismo, presentes -y bien presentes- también en Cataluña. Pensar que la división de los trabajadores en una Europa constantemente amenazada en su modelo de democracia social es un buen negocio, puede ser compartido por gentes como la Liga Norte, la ultraderecha europea o los conservadores del Brexit. Pero que la izquierda caiga en esas trampas no sólo es inconcebible, sino que constituiría una grave traición a la clase que dice defender. Sustituir el avance democrático en la igualdad por el debate identitario ha sido -y es aún- la mayor victoria en años de la derecha económica y política catalana sobre los trabajadores. ¿Seguiremos así o nos caeremos del guindo alguna vez?  


martes, 8 de mayo de 2018

Puigdemont y la Moreneta



Observen ustedes detenidamente esta foto. Decoración austera tal vez para desviar la atención del lector y, en nuestro caso, mirón. Encuentro en Berlín entre el Empecinado Chico y el representante de Òmnium.

Llama la atención la cuidadosa escenificación del evento: un sillón do sienta sus reales el Empecinado Chico y un sofá multiusos para Marcel Mauri. Hasta aquí lo evidente. Pero el sagaz mirón cae en la cuenta de que el sillón es más alto que el sofá. Es lo que corresponde al rancio protocolo monarquizante, que siempre fue extraño en Cataluña. El sofá y su eventual inquilino muestran no sólo la diferencia de ringorrango sino la sumisión de la servidumbre voluntaria. Nunca vimos a Companys ni a Maciá en tan chocante postura. Otra consecuencia, quizá, de la observación del profesor Andreu Mayayo: Puigdemont es la caricatura de Companys.

Y sigan mirando: la Moreneta –“la fe del poble català”--  a medio camino entre ambos personajes. Eso sí, despojada de todo ornato, cual si fuera un lar pagano de los viejos romanos. La Moreneta dejando constancia del histórico encuentro berlinés. Mensaje a la transversalidad de los creyentes catalanes –sean o no del movimiento amarillo— dando fe de que el relato tiene ahora su continuidad por otros medios.


Ya lo advertí ayer: un servidor tampoco se resiste a usar estos dos vocablos --´transversalidad´ y ´relato´ en la pipirrana actual. Dos vocablos que ha se han convertido en lo que Unamuno llamaba voquibles. 



lunes, 7 de mayo de 2018

La transversalidad ese vocablo multiusos


De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda una palabra en los ambientes políticos. Es la transversalidad. Se trata de un vocablo –Unamuno lo llamaría voquible--  usado de una manera tan recurrente que todos simulan entender, a pesar de que se utiliza lo mismo para un barrido que para un cosido. La transversalidad que compite con otra palabra para figurar en el primer puesto del pódium: relato, pero de ésta  hablaremos en otra ocasión.

Hay sindicalistas que usan a destajo la palabra de marras, siendo recurrente su uso a la hora de argumentar unos u otros planteamientos. Es como si un argumento no tuviera credibilidad ni fuerza expositiva si no fuera acompañada de tan rotunda palabreja. Pongamos que hablo de los razonamientos que se dieron por parte de los sindicatos catalanes para participar en la manifestación convocada por las entidades soberanistas: “acompañamos a las organizaciones convocantes de la manifestación, porque se trataba de un acto transversal”. Pero que sea un acto transversal no quita ni añade argumentación ni a favor ni en contra a la hora de decidir si se acompaña la mencionada movilización.

En todo caso, la relación machacona entre acto trasversal y justificación del acompañamiento hace suponer que transversal, en ese caso, es sinónimo de pluralismo político. Pero todo pluralismo político tiene sus límites. O si se prefiere, la transversalidad no es ilimitada. Porque todo acto plural no es completamente transversal. La prueba del nueve indica que más de la mitad de la población catalana no es independentista. Con lo que el argumento sindical no tiene consistencia. Más todavía, el pluralismo político –o la transversalidad--  no es lo determinante en la relación entre el sindicalismo confederal y las fuerzas políticas y otros movimientos y en la acción que promueve el sindicato. Lo determinante del sindicato es su propio pluralismo social: de sexos, intergeneracionales, de oficios, de situaciones en el trabajo, territoriales. Este, este pluralismo.

Otro día hablaremos de lo que también se abusa a discreción, a saber, el relato.



domingo, 6 de mayo de 2018

En el Parlament se juega al escondite inglés



Carles Puigdemont ha vuelto a las andadas. Otra vez se postula para recibir la investidura por vía telemática. La sesión del Parlament será el próximo día 12. En todo caso ha tenido la picardía de poner esa fecha, porque espera que tanto el gobierno de España como el Tribunal Constitucional les tumbe la jugarreta. De eso se trata, de acumular agravios y, después, que el Sol salga por Llavaneras.


1.--  El pasado viernes hubo nueva sesión del Parlament de Catalunya. Y volvió a repetirse el bochornoso espectáculo de un encuentro donde los diputados amarillos impusieron el rodillo y se aprobó  en lectura única –o sea, aquí te pillo y aquí te mano--  un ley que permite investir al Ausente. Todas las convenciones, usos y costumbres del debate parlamentario hechas trizas por una serie de diputados (y diputadas) que se distinguen por jugar al escondite inglés.

No es, a decir verdad, un embrollo. Ni tan siquiera estamos ahora empantanados. No es un embrollo sino la banalización de la vida parlamentaria por una serie de personas ociosas mediante la técnica del perro del hortelano. Ya no es tampoco la política de los amarillos, es un divertimento a mayor gloria del Ausente. Sombras chinesca. La fase ya no es la denunciada por Joan Coscubiela, esto es, el empantanamiento. Ahora es la putrefacción como fase superior del empantanamiento.

Llevamos demasiados meses  donde los ociosos dicen que están buscando un candidato perdido a la presidencia de la Generalitat y todavía no hallado en el templo. Ya se ha perdido la cuenta. La última, Elsa Artadi, la Enviada de von Hayek en la Tierra, ha dicho a sus compañeros de pupitre que no puede asumir el papel simbólico que le asigna el Ausente. O sea, o César o nada. ¿Era lo que buscaba el caprichoso Puigdemont?

2.--  Ya no me parece sorprendente la subalternidad de las fuerzas parlamentarias amarillas hacia el Ausente. Es el sometimiento activo, pasivo y perifrástico de los neoconvergentes y de Esquerra Republicana de Catalunya hacia el cesarismo de campanario. Como consecuencia de una derrota mayúscula del procés, que les ha dejado sin plumas y sin cacareo. La voz, la única voz es la del Ausente.  Una voz que no sería exagerado afirmar que hace tiempo que perdió el oremus. Que peligrosamente se desliza hacia el autoritarismo. Y sin embargo, en el interior de los neoconvergentes hay movimientos de hartazgo y un cierto intento de salir de tan descomunal embrollo.

Días pasados se celebró en Rubí una cena con un centenar de asistentes con la idea de manifestar el desacuerdo con la indefinición del grupo dirigente del PDCat, el partido heredero de Convergencia.  Figuras tan representativas como Xavier Trías, ex alcalde de Barcelona, se encontraban allí. No solo se manifestó hartazgo, también el encuentro olía a protesta. De todas formas, nadie amenazó con romper la baraja. El miedo a sentirse señalado por el movimiento amarillo es superior a cualquier otra consideración. Los neoconvergentes tienen miedo de saltar hechos pedazos; los de Junqueras están en un permanente quiero y no puedo que les paraliza. Y la oposición va dando tumbos del coro al caño y del caño al coro. 


3.--  Dígase lo que se quiera, pero en Cataluña no se hace política. Simplemente se chicolea. Allí los niños juegan al escondite.


sábado, 5 de mayo de 2018

Cuando Trumpp se fue de putas



Mister Trumpp ha tardado en reconocer que es un putañero (whoring). Primero dijo que no, ahora dice que sí, pero que los servicios prestados por la señorita en cuestión no los pagó con los fondos de su campaña electoral. En todo caso, digamos que mintió en su día. De lo dicho ahora nada sabemos. O sea, ignoramos si el caballero se alivió pagando con los dineros de la campaña o de su humilde peculio particular. Sea como fuere la sordidez del asunto es manifiesta.

Mister Trump sigue en este caso una cierta tradición de aquellos presidentes norteamericanos que han sido flojos de bragueta. No es necesario nombrarlos. En cambio, el caballero introduce una variante que, según parece, no estaba en sus predecesores: tirar de la chequera personal o de los fondos de la campaña electoral.

Parto de esta consideración: la vida personal de Trumpp me es indiferente. Si es realmente un putero es cosa suya y del tipo de acuerdos que haya llegado con su esposa. Más todavía, hubo un tiempo que en Europa estas cosas no se tenían en cuenta. Cierto, nadie hubiera podido imaginar que, pongamos por caso, sir Winston, el general De Gaulle, Adenauer o Alcide de Gasperi tuvieran esas debilidades. A decir verdad, tuvieron una fama de santos varones y nada se ha dicho en su contra. Pero en los Estados Unidos de Norteamérica esos movimientos de sábanas siempre se vigilaron con el mismo celo que el fraile Savonarola imprimiera a su vida pública. Puritanismo a destajo y al por mayor. Por ejemplo, el que se relata en la magnífica película Tempestad sobre Washington. Lo que importa en este caso, al menos para nosotros, es que Trumpp mintió. Mintió y, además, acusó a la prensa de propalar infundios.  Ahora, por fin, es un putero confeso.

Así pues, Mister Trumpp o la doble moral y la doble contabilidad. En todo caso, la actitud de este putañero deja las mentirijillas de Cristina Cifuentes con un cierto sabor aldeano. Porque la trascendencia global de la bragueta del americano no tiene ni punto de comparación con las trolas de la dama madrileña. Lo del putero es Hollywood; lo de Cifuentes es cine de barrio. 


No me olvido de un tal Agramunt, senador de bragueta suvbencionada. Pero he de recordar que hablamos de sus cosas hace unos días.



viernes, 4 de mayo de 2018

“Caos total” y “turbas enfervorizadas”



Boceto para un análisis con fundamento 



La situación política española es una descomunal zahúrda de casi todos contra casi todos. Para terminar de embrollarla han aparecido, de repente y sin aviso previo, el conflicto entre, de un lado, el Poder judicial y el Gobierno y, de otro, entre el primero y buena parte de esa sociedad civil que ha impugnado severamente la ya tristemente célebre  sentencia del juicio de La Manada.

Mar de conflictos. Conflicto áspero entre los pensionistas y el Gobierno; el conflicto catalán sigue vivo, agotando el tiempo para formar gobierno en la Generalitat de Catalunya; la situación de profunda náusea en el gobierno de la Comunidad autónoma de Madrid; las disensiones en el Ejecutivo con ministros como Montoro y Catalá que bailan al son de su propia comba. La convención sevillana del Partido Popular –“para el rearme ideológico y político de los de Rajoy”--  ha terminado en un estridente gatillazo.  Un periodista tan temperado como Enric Juliana, que escribe con pie de rey, afirma en La Vanguardia que estamos ante un “caos total”. Todos sabemos que Juliana tiene sensores en los cuatro puntos cardinales del chamizo institucional y político de la piel de toro. Un caos total, que tiende a entrar en el terreno de la anomia. En cualquier país tan descomunal batahola habría provocado la convocatoria de elecciones generales. Sin embargo, Mariano se aferra tozudamente a conjugar el verbo resistir. Un auténtico especialista en organizar el pudrimiento de la situación.

En estos momentos lo más sensible es el conflicto entre el poder judicial y el ejecutivo. Rafael Catalá ha roto imprudentemente una de las reglas de oro del equilibrio de poderes: enjuiciar la sentencia del juicio de La Manada y arremeter contra el magistrado que emitió un voto particular. Así las cosas, tiene sentido esta pregunta: ¿va por libre el caballero, responde al interés de todo el gobierno o sólo a una fracción del mismo? Lo más plausible es que el ministro, reprobado en su día por el Parlamento, haya visto la oportunidad de no desentonar –una vez al año no hace daño-- con las importantes manifestaciones de masas contra la sentencia y el asco generalizado al magistrado ´singular´. Es evidente que Catalá se ha subido a la cresta de la ola usando todos los artificios que requiere el nacional-populismo. Las repercusiones de la confrontación entre ambos poderes pueden ser enormes.


Por lo demás, de las entrañas del Poder Judicial surge una mirada despectiva hacia esa enorme parte de la sociedad que ha impugnado la sentencia. “Es una turba enfervorecida”, ha declarado enfáticamente el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Navarra, de cuyo nombre no quiero acordarme. Una extraña turba, todo hay que decirlo, que va desde doña Ana Botín hasta la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Es chocante que tan sofisticado jurista se haya amparado en un insulto de estas características, probablemente el más áspero que haya hecho un Magistrado en los últimos cuarenta años contra la sociedad. Será difícil olvidarlo. Un magistrado, no diremos singular, pero sí muy particular. Tan particular que ha usado el mismo lenguaje que los togados de los tribunales militares franquistas y el de Orden Público: la sombra de Mariscal de Gante es alargada. Y es que hay ciertos sectores en la judicatura que sienten que su jurisdicción es un coto vedado a cualquier tipo de observaciones; peor todavía, de crítica. En conclusión, la judicatura necesita un profundo baldeo de cubierta. 

jueves, 3 de mayo de 2018

Nada debemos a ETA



Nada debemos a ETA. Una organización que ha asesinado a muchos centenares de personas en nombre de la patria vasca. Entre ellas a un amigo mío, José Luis López de Lacalle,  miembro fundador de Comisiones Obreras a quien queríamos por su inteligencia y coraje. Vasco por los cuatro costados (1).

Nada debemos a ETA. Que hoy duda entre ´disolverse´ o ´desmovilizarse´. Habrá que rebuscar a destajo entre los libros de Historia qué fracaso es comparable al de la banda etarra. Porque, si queremos decir las cosas con claridad y sin las metáforas de la leyenda, hemos de considerar que ETA ha fracasado sin paliativos.

ETA fue una interferencia en la lucha contra la Dictadura. ETA fue completamente innecesaria ya en democracia. Más todavía, puso –con sus asesinatos, extorsiones y violencia a granel--  todas las zancadillas a los primeros andares de la Libertad en España y, después, a la consolidación de la misma. Todo ello en nombre de una idea violenta que sólo estaba en la macabra inteligencia de sus componentes y en los cinco duros de su ideología marxista-leninista (línea metralleta). ETA o el fracaso desde la cuna hasta el cumplimiento de sus sesenta años.

Disuelta o desmovilizada, algunos de los exponentes de la banda abrirán el proceso de la relectura de la biografía. Empezará la construcción del mito. Y cada asesinato lo convertirán en un cantar de gesta. Y hasta es posible que intenten hacernos ver que les debemos algo.



1) En la foto José Luis López de Lacalle - Wikipedia, la enciclopedia libre



martes, 1 de mayo de 2018

1º de Mayo del “Nosotros te creemos, hermana”



Reflexión de urgencia


El rechazo de la trístemente célebre sentencia contra La Manada ha estado bien presente en la celebración de este Primero de Mayo. No podía ser de otra manera. El sindicalismo que se reclama de los derechos ha hablado alto y claro en perfecta sintonía con las movilizaciones de los días anteriores a lo largo de toda la geografía española. Han sido unas movilizaciones de calor humano y solidaridad con la víctima, una joven de 18 años. Este 1º de Mayo la movilización ha tenido, además, un alto nivel de compromiso contra la violencia de género, por la igualdad y contra todo tipo de trabas que la impiden. Esta ha sido la novedad del día de hoy.

La sombra del pasado 8 de Marzo es alargada, y más que lo será. Se ha fertilizado, todavía más, el humus igualitarista de amplísimas capas de la sociedad, y la decidida intervención del sindicalismo confederal ha dado un salto de cualidad en este 1º de Mayo. Un dato es enormemente esperanzador: tras los últimos congresos sindicales las mujeres han liderado una renovación en los grupos dirigentes.



Máster en Ciencias de la Corrupción




Hubo tiempos en que la corrupción tenía ciertos visos de distinción y arte. Todo lo contrario de la cutrería de los actuales. Lean lo que se  informa desde el Café de Ocata y comparen. Vean la diferencia entre el chanel número 5 de un antiguo Ministro de Hacienda y el zotal de algunos de nuestros dirigentes.


“Cuenta Domingo Cirici Ventalló en sus Sátiras políticas (1916) que el gobernador de una provincia con playa y casino fue a Madrid a negociar un asunto con el ministro de Hacienda.

- Buen verano pasará usted; en cambio, yo tengo que permanecer aquí atado por mis obligaciones de gobierno... -dijo el ministro.
- Si algo se le ofrece a usted -cometió la imprudencia de preguntar el gobernador.

El ministro tras meditarlo un poco, sacó de su cartera un billete de mil pesetas -¡de mil pesetas de las de principios del siglo XX!-, las puso en manos del gobernador, y añadió con la mayor tranquilidad:
- Hombre, voy a ocasionarle una pequeña molestia. Yo tengo una debilidad por la ruleta, y, además, me hacen mucha falta 7.000 duros. Cuando tenga un momento, envíe al Casino una persona de su confianza con el encargo de que juegue este billete de pleno al número 15. Es una obsesión, pero yo estoy seguro de que saldrá el número 15. Inmediatamente me hace usted girar el dinero, y no dude de mi reconocimiento...
- Tendré verdadero gusto en cumplir su encargo -contestó el gobernador, algo perplejo.
- ¡Oh! Ya sé que es usted muy amable, y tengo la seguridad de que saldrá el número 15 -replicó el ministro mientras acompañaba al gobernador hasta la puerta de su despacho oficial.

Tres días después, el ministro de Hacienda recibió una carta del gobernador con un cheque de 7.000 duros.
-          Ha sido usted muy afortunado; salió el número 15.“


Una obra maestra del timo patrio. 

lunes, 30 de abril de 2018

La sentencia de Pamplona y lo sospechosamente picajoso de las asociaciones de Jueces

Las asociaciones  profesionales de los jueces  han manifestado que la reacción de masas contra la sentencia del juicio de La Manada ha sido ´desproporcionada´. No ha faltado quien ha elevado el tiro y calificado dicha reacción como ´exacerbada´. Lesmes, presidente del Consejo Superior del Poder Judicial, se ha permitido este sermón: ´Las críticas a la sentencia del Tribunal pueden comprometer gravemente el sistema de Justicia´. Lesmes no tiene buena puntería con el tiesto.

¿Desroorcionada? Acudo a la autoridad de la Docta para saber a qué atenerme: ´que no tiene la proporción conveniente o necesaria´. En todo caso, según lo entiendo, no se indica cuándo la proporción es por defecto o por exceso. Sea como fuere, dicha definición de la Docta es la canónica, estando por encima de la de cualquier letraherido, sea jurista, ingeniero de caminos o talabartero diplomado. En pura lógica, llegamos a la siguiente conclusión: las mentadas asociaciones deberían aceptar una reacción ´proporcionada´ contra dicha sentencia. El problema a dirimir es qué diapasón tiene lo que es, o debe entenderse como proporcionado para el sofisticado paladar de Sus Señorías. No sea que el uso de tan repetido término, desproporcionado, sea un recurrente disfraz para no infundir la sospecha de que no aceptan ningún tipo de reacción que les saque los colores de la cara. Lo que no entraría en los cánones de lo políticamente exquisito. Extraño comportamiento –de corporation, se diría--  el de las asociaciones de jueces y magistrados.

Estos colectivos, usando equívocamente el término ´desproporcionado´, parecen entender que forman parte de un terreno vedado a la crítica, y que –cuando la censura es tan masiva--  saltan las alarmas. Sólo sería admisible la provinente de los allegados al ilustre gremio. Ha sido una censura espectacularmente de masas. En un gran número de ciudades españolas y en algunas capitales importantes de Europa. Esta es la primera vez que se produce un acontecimiento de esta envergadura. Y, tal vez, marque el inicio de un nuevo tipo de relaciones entre la sociedad y los tribunales de Justicia.

Mal trabajo el del tribunal de Pamplona y, por ello, la reacción de masas se justifica. Reseñamos, además, que la sociedad no ha impugnado el sistema de justicia sino la incomprensible sentencia de un tribunal que se ha pasado la lógica formal por la cruz de los leotardos. Eso sí, se ha despellejado con moderación al juez del jolgorio, un fiel exponente de las cavernas más antañonas de la España de las pesadillas.  Oiga, una sentencia que recuerda aquel juicio de tiempos relativamente antiguos.   Hela aquí.

El automóvil del Conde de Romanones atropelló y mató a un peatón en el Paseo de Recoletos. Cuentan que Romanones mandó detener a su chófer diciendo: "Que se haga justicia como si yo no fuese yo"

Se creó una comisión de investigación que decidió indemnizar al conde por los desperfectos que el atropellado ocasionó en su coche. Ex ante Pamplona.


domingo, 29 de abril de 2018

Las medallas de Zoido, las bombas de Losantos y la bragueta financiada del senador Agramunt




Zoido, pintoresco Ministro de Interior, no es un hombre de mundo. El radiofonista Jiménez Losantos tampoco. El uno y el otro se han dirigido a las amistades alemanas y recibido unas estrepitosas calabazas.  Digamos, pues, que no corren buenos tiempos, allende nuestras fronteras, en la España cañí que ellos representan. Hasta donde nosotros tenemos información no han estallado las bombas que el radiofonista parecía haber organizado en unas cuantas cervecerías bávaras como protesta por la decisión del Tribunal del land de Schleswig-Holstein de no entregar a Puigdemont a las autoridades españolas. Son las cosas de Federico, tan patológicamente irascible como mermado cerebralmente. Que nosotros sepamos ni el diligente ministro de Justicia, ni la Fiscalía han pedido explicaciones ni abierto expediente  al radiofonista. Lo que debe haber sorprendido en tierras nibelungas. A nosotros no nos ha sorprendido.

Lo dicho: Zoido no es hombre de mundo, ni parece tener información certera de cómo se las gastan en aquel land alemán. Nuestro celebrado ministro de Interior se ha dirigido a las autoridades de aquel territorio pidiendo los nombres de los agentes de la policía que detuvieron al ex president de la Generalitat para condecorarles. Las ocurrencias de Zoido. La respuesta fue tan austera como contundente: ´No ha lugar, sólo cumplieron con su deber´. Que tiene mucha miga. Zoido debió pensar como el famoso torero que ´hay gente pa tó´.

En efecto, hay gente para condecorar estajanovístamente a las diez mil vírgenes del Cielo; hay gente para premiar fraudulentamente la galbana y la vagancia con ristras de másters a destajo; hay gente para liquidar el meritoriado a favor de la ignorancia diplomada. Hay gente pa tó. Según parece en Schleswig-Holstein tienen otra opinión de las cosas. La ética luterana frente a los oropeles paganos de las virgencicas de nuestros ministros de Interior. La España cañí que se resiste, provocando la hilaridad en las cancillerías europeas, frente a la España solidaria, del mundo de los derechos, que ha salido a las calles y plazas masivamente contra La Manada y ciertas togas de pesadilla.

En resumidas cuentas, la España oficial es vista en Europa con perplejidad y sigue dando que hablar. La España oficial que ya no reserva su sordidez a la piel de toro, ahora se empeña en exportar másters de corrupción al Viejo Continente. Es lo que ha hecho el senador valenciano Pedro Agramunt, presuntamente putañero, hombre de bragueta financiada por las sentinas institucionales de Azerbeiyán. La sombra del ciprés sigue siendo alargada.

viernes, 27 de abril de 2018

Cuando cantaba la clase obrera...




Escribe El Dómine Cobra

Durante un centenar largo de años el movimiento de los trabajadores cantó sus propias canciones de gesta y de oficio, baladas e himnos y lo que encartara en un momento dado. Era, sin duda, una expresión más de la forja de la identidad. Cantaban los anarquistas catalanes e italianos, cantaban los franceses y los wooblyes norteamericanos. Cantaban los cartistas ingleses recordando a sus héroes de la Masacre de Peterloo, y cantó todo quisque que, en los cuatro puntos cardinales, llevara mono azul, boina y otras prendas de vestir del proletariado ascendente.  Cantaban los revolucionarios, cantaban los reformistas y cantaban los que no eran ni lo uno ni lo otro. Todo ese caudal fue disolviéndose, sus partituras  están desparramadas y, seguramente, cubiertas de polvo. Todo ello, patrimonio inmaterial de las clases subalternas, corre el peligro de desaparecer, comido por los ratones de los que hablara Marx.

Alguien se ha decidido a evitarlo. Se llama Jordi Ribó i Flos. Un sindicalista inquietante, hoy jubilado, de Comisiones Obreras de Catalunya. Hay quien le cree el Enviado de Sugar Blue en la Tierra. Sea como fuere, nuestro hombre se ha propuesto fundar una Coral con la idea de dar conciertos y recuperar el tesoro musical de las canciones de gesta proletarias. La Coral, nos dicen certeras averiguaciones, se llamaría Un roig encés. O sea, sin disimulos y a cara descubierta. Sin subvenciones de Anás o Caifás. Eso sí, pasando la gorra para cubrir los gastillos. Con un lema que parece indicar que la izquierda que no canta está chuchurría, camino de estar ´sola, fané y descangayada´.

Un Roig encés puede recuperar un buen cacho de la memoria colectiva. Gracias a Jordi Ribó i Flos –sindicalista que alterna el vinagre del conflicto con el aceite del pacto. Con voz de bajo profundo, a medio  camino de Boris Christoff y Nicolai Ghiaurov.