viernes, 3 de marzo de 2017

Bonapartismo catalán

A la mayoría parlamentaria de Cataluña no le salen los números. Ni tampoco sabe cómo transformar la hojalata del procés en el oro de la (hipotética) independencia. Por eso aprovecha la ocasión de los juicios a sus dirigentes y  allegados en peligrosas prácticas de alquimia política. Ahora, inspirados en la truculencia de la reforma exprés que en su día practicaron el PSOE de Zapatero y el PP de Mariano Rajoy, intentan cambiar el Reglamento del Parlament de Catalunya. En plena legislatura. Eso no lo hacía ni Guruceta. Quieren oficializar una declaración de independencia eliminando todos los requisitos del debate y utilizar lo que se llama «lectura única», esto es, sin plazos previos, sin discusión, sin enmiendas. La independencia a palo seco.

Enric Juliana, nunca dado a estridencias, ha calificado esta martingala como bonapartismo. Y ha hablado de Directorio.  Así es, en efecto. Bonapartismo puro y duro. Con un añadido por mi parte: tan estridente superchería no es, principalmente, una reacción a la intransigencia del gobierno español. Es un intento artificioso de reaccionar contra la cadena de juicios que se están celebrando, en Madrid y Barcelona, contra los jerarcas catalanes y lo que pueda salir a flote en el juicio del caso Palau (Millet y compadres): el desvío de importantes masas de dinero hacia la vieja Convergència. «El juicio a la gran cloaca catalana», que ha dicho Enric Fernández en El Periódico. Una situación que ha roto parcialmente el constructo de «España nos roba». De ahí que dicha idea ha acabado concretándose en que también nos roban desde dentro de casa. Y sin contemplaciones.

Y algo más. Esta alquimia parlamentaria se orienta a esta amenaza: como toquéis a uno de los nuestros se acabó el carbón. Nadie mejor que el dicharachero de Quico Homs en explicitarlo: si me condenan se rompe la relación con el Estado. Un pirómano fatuo donde los haya. Un bravucón de moqueta. No obstante, hay algo más inquietante todavía: el fin de todo ello está enfangado por unos medios de corrupción, económica y política. Por separado y juntas entre sí. Igualico que el difunto de su agüelico.

Mientras tanto, Junqueras pone delicadamente sus manos en los hombros de Soraya. Si fuera Adamo los pondría en su cintura.