martes, 14 de marzo de 2017

Artur Mas, inhabilitado

Ya conocen la noticia: Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau han sido inhabilitados. Mi primera sugerencia es: ¡fuera máscaras! ¡fuera caretas!

Las máscaras se han utilizado desde la antigüedad con propósitos ceremoniales y prácticos. Ahora también. Por supuesto, la política es muy dada al uso de las máscaras y caretas. La idea es taparse total o parcialmente la cara. Tras la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, Artur Mas y sus allegados deben desprenderse del mencionado disfraz. Digámoslo con crudeza: han conseguido lo que querían. Lamentarse ahora por ello es pura hipocresía escénica. El independentismo orgánico necesitaba una sanción de ese calibre para seguir acumulando fuerzas. Y acumular más agravios al por mayor. El movimiento tiene poca fuerza desde la racionalidad, necesita apelar al sentimentalismo más primario y desordenado.

Fuera máscaras, pues. Han conseguido otro objetivo. Fuera caretas porque, tras ella, se ocultaba la cara risueña de Esquerra Republicana de Catalunya viendo cómo su oponente-amigo tiene las cosas más difíciles para competir en la guía del país. Y fuera caretas en el Partido Demócrata de Catalunya, la heredera de la vieja Convergència, porque ya no necesita que Artur Mas «dé un paso al lado». Los unos y los otros le deben eso al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. Lo que no quita que se aproveche la ocasión para subir más el voltaje de la tensión.


Ahora el objetivo puede ser elevar la electricidad con la idea temeraria de que el Gobierno de Rajoy –o a quien le corresponda  ese disparate— declare la supresión de la Autonomía de Catalunya o alguna medida similar. Presiones no le faltarán desde sus propios círculos concéntricos. Esperemos que ese dislate no llegue. Pero, ténganlo por seguro: aquí se va a formar algo inédito. Para lo que nadie está preparado. 

Me alegraré si me equivoco.