jueves, 29 de octubre de 2015

La «cuestión catalana» y el sindicalismo confederal




Por lo general, los sindicatos reaccionan con rapidez ante los acontecimientos importantes que ocurren en la vida social y política española.  No hace falta decir, por sabido, que esa diligencia acostumbra a tener un punto de vista fundamentado. Añadamos, además, que tales reacciones son unitarias. Digamos, pues, que también en esos aspectos declarativos existe una aproximación en el análisis y las propuestas de solución. Sin embargo, llama poderosamente la atención el vacío del sindicalismo confederal en relación a la «cuestión catalana». Que no es un asunto baladí, supongo.

 

Que el sindicalismo confederal está silente ante ello, desde hace mucho tiempo, no es una impresión, sino la constatación de un hecho constatable. Cosa que contrasta tanto con la importancia de la cuestión como por la continuada práctica de pronunciarse sobre otros acontecimientos, incluso de menor importancia.

 

No hace muchas horas que la lista de Mas y la CUP han echado (algo más que) un cuarto de espadas. No hace falta repetir el documento que han presentado conjuntamente en el Parlament de Catalunya. ¿Habrá que minimizar su importancia y la discontinuidad que representa? Sin embargo, todavía el sindicalismo confederal no ha abierto la boca. De una u otra forma, previsible o no, es la continuidad de un proceso que viene de muy atrás.

 

Deseo recordar a los máximos responsables de Comisiones Obreras que, en la clausura del último congreso de Fiteqa  (Madrid, 31 de Enero de 2013 en el Círculo de Bellas Artes), departí con Ignacio Fernández Toxo, en presencia de algunos dirigentes sindicales catalanes, sugiriéndoles  que, tal como se iban sucediendo las cosas en Cataluña, me parecía necesario que hablasen al fondo sobre el particular, porque, de una u otra forma, todo ello tendría repercusiones en el sindicato. Ignoro qué caso hicieron a mi modesta sugerencia. Todo me indica que o no concedieron importancia a lo que ocurría o que no percibían los efectos que el procés  pudiera tener en la organización y, por extensión, al conjunto de los afiliados de ambas orillas del Ebro. O puede que hayan hablado sobre el particular pero cuyas conclusiones no conocemos.

 

El documento de la «desconexión catalana» tiene los votos necesarios y suficientes para ser aprobado en el Parlament de Catalunya. Entiendo, modestamente, que es un disparate, no por la forma sino por el fondo de la cuestión. Y no quiero poner ningún adjetivo porque mi argumentación sobre el particular ha quedado fijada en este mismo blog en sucesivas ocasiones, y concretamente en los últimos días. A partir de ahí, de esos modestos razonamientos, planteo: ¿qué piensan decir –y, sobre todo, hacer-- las organizaciones, española y catalana, de Comisiones Obreras? Más todavía, la desconexión que puede ser aprobada por el Parlament ¿será seguida por los sindicalistas catalanes? Salta a la vista que no son inquietudes existencialistas sino algo que afecta al sindicalismo que hemos conocido. Por lo demás, salta a la vista que la decisión que se tome, ¿será fruto sólo de una decisión en las alturas o de un proceso participativo?  

  


 

1 comentario:

Ricardo caro lopez dijo...

En primer lugar, le doy las gracias por compartir sus opiniones con todo aquel que,
como yo, puedo o quiero leerle en este medio. Soy un seguidor de su Blog desde hace
meses y, le felicito. Pone usted mucha luz, ante tanta penumbra, en el devenir del
sindicalismo de clase en nuestro País. El sistema organizativo de los trabajadores
ha sido y es un tema capital. La defensa de los intereses que los representados
"delegan" a sus representantes, los sindicatos, debiera ser objeto de debate amplio.
De abajo hacia arriba y, analizado en profundidad. Debate, merecedor de foros,
reuniones y si me apura, tratamiento congresual. El silencio, seguidismo, la inacción y/o, no hacer nada frente a este "desafío" debilita la capacidad de defensa de todo el sindicalismo de clase. Recuerdo el enorme esfuerzo que tuvo que
hacer CC.OO. para ser admitida en la Confederación Sindical Europea. Fue un reto y,
solo conseguido con ilusión y, con la estrategia correcta de saber que junto con
mas trabajadores, se defenderían mejor los intereses de estos ante el nuevo marco.
Ni comparto ni entiendo a la dirección de la CONC. Tampoco la de la CS de CC.OO. de
España. Los problemas, si los hay, se hablan. Ocultarlos los hace mayores, viejos y, hasta irresolubles. Termino con el mensaje claro y, por triplicado, que hace
unas semanas nos decía usted, Antonio Gutiérrez y Saborido: Ante el futuro, siempre
nos ira mejor a los trabajadores estar unidos. Que no "dispersos", o algo así.