miércoles, 4 de junio de 2014

EL TRAYECTO REPUBLICANO



1.-- Quienes se opongan --por activa, pasiva o perifrástica— a la apertura de un proceso de reforma que conduzca a un referéndum sobre la forma de Estado en España (esto es, o monarquía o república) lo van a tener crudo. Tal negativa será un acicate para que la opción republicana incremente su fuerza. Y, por supuesto, cada garrotazo que den las fuerzas de orden público provocará las iras contra el Gobierno y fundamentalmente se traducirá en una exigencia más de referéndum. Será, sobre chispa más o menos, algo parecido a lo que viene ocurriendo en Cataluña desde hace ya un cierto tiempo que a más eructos contra la consulta más independentistas crea. 

Posiblemente todo ello afectará al grupo de partidos que se nieguen a la convocatoria del mentado referéndum. De ello no se escaparía tampoco a los cimbrios del PSOE, que corre el riesgo de aparecer definitivamente como el partido de lo viejo, del continuismo por mor de mantener la “respetabilidad” de las élites. 

Ahora bien, para que la opción republicana aumente --de manera necesaria, pero sobre todo suficiente-- es preciso que las fuerzas políticas partidarias de ello (todavía muy minoritarias) no se contenten con lo que explícitamente aparece como tal. Todavía no hay millones de balcones con la bandera tricolor. O lo que es lo mismo: la consciencia real, que se explicita en la calle, está todavía lejos de la consciencia posible de exigencia del referéndum. De ahí que sea exigible que el «proyecto republicano» esté acompañado de un «trayecto» que haga aflorar el republicanismo sociológico con el explícitamente político. Con pasos precisos: non multa sed multum; cuya traducción libérrima sería: no muchas cosas (peor si son embarulladas) sino las óptimas. Y, como diría aquel famoso viejo engreído: «No tengo prisa en que me deis la razón; ya lo iréis viendo»   

2.— Con el acceso al quiosco del sexto Felipe se entra (no en la segunda transición, como han afirmado algunos) en el Continuismo en un momento en que el bipartidismo está gripado. En todo caso, los problemas sociales siguen en pie. Nada que objetar a que los movimientos sociales participen en el «trayecto» republicano. Sin embargo, la razón esencial de su existencia –y no digamos del sindicalismo--  es la intervención en los problemas concretos de la gente de carne y huesos.   
    
Delenda est monarchia. Sin embargo, cada cual debe apechar con sus responsabilidades inmediatas: las que les llevan al conflicto social. Tal vez sobre lo que voy a decir, pero el conjunto asalariado juzgará al sindicalismo por la defensa de sus intereses, no por su aportación al trayecto republicano. Pido excusas: resolver el gravísimo problema de los trabajadores de Panrico, es sólo un ejemplo, es más urgente que el trayecto republicano u de similar naturaleza.

Radio Parapanda. EL REY DESNUDO (MONÓLOGO DE HUMOR). Escribe Paco Rodríguez de Lecea. 

2 comentarios:

Javier Velasco dijo...

Admirado José Luis, al final, con lo de Panrico, parece que el texto se salva. Yo creo que es mejor proponer un trayecto con un proyecto que esté basado en un diagnóstico riguroso sobre la enfermedad real del Capitalismo y, después, proponer un proyecto utópico útil, que dé pautas al trayecto. Esto es un trabajo descomunal, que necesita unas energías muy concentradas y vigorosas. No creo que, de momento, se puedan distraer en un objetivo republicano aunque sea deslumbrante. No aporta más que confusión y dispersión. No caigamos en la Miseria de la Filosofía. Si la República es necesaria para ese proyecto, adelante, si no, aunque se movilicen por la República, como lo hacen por Cataluña, no dejará de ser eso, Miseria de la Filosofía. Un abrazo

Pepe Luis López Bulla dijo...

Querido Javier, cuenta conmigo. A mis ochenta años aun me acuerdo de algunas cosas, y hasta es posible que me proponga una autorefundación de mí mismo. Saludos octogenarios.