domingo, 25 de noviembre de 2018

Antes morir que pactar



Es la izquierda empedernidamente virginal. «Ni muerta pactaré con Susana», clamó jupiterinamente  Teresa Rodríguez, de Adelante Andalucía,  en un mitin electoral. O es un calentón de boca o forma parte de los recursos teatrales de todas las campañas que en el mundo han sido. Si es un calentón podríamos disculparlo ya que las incontinencias fisiológicas suelen acabar en este tipo de deposiciones. Si es un recurso caco retórico la cosa da que pensar porque el tropo parece insinuar una cierta relación entre el acto de negociar y la muerte. En ambos casos, sea uno o lo otro, podríamos estar en la versión andaluza del izquierdismo como enfermedad infantil del que hablara Lenin en sus buenos tiempos.

No queremos que Rodríguez se muera, tanto si pacta como si no pacta. Aunque habría que añadir que la eutanasia debería estar legalizada en España. Queremos que Rodríguez viva, que viva una vida útil a sus representados. Es más, deseamos que se haga mayor como parece que va siendo Pablo Iglesias, el Joven. Con todo, lo más preocupante es que sus discursos carecen de fondo. Puro twitter. Por eso un avezado Eduardo Benjumea exige en su cuenta de Facebook que «en la campaña se escuche más a Antonio Maíllo, coordinador de Izquierda Unida». Por lo menos –añadiría un servidor--  su verbo es más vitalista. Y parece saber que mentar a la muerte siempre –y por extensión en una campaña electoral--  es un mal fario.

Rodríguez necesita ciertas lecturas. Así, a bote pronto, le recomendaría el libro donde Pablo Iglesias y Enric Juliana conversan sobre lo divino y humano. Me refiero a Nudo España. De él podría sacar la siguiente conclusión: cuando el significante es no pactar se corre el peligro de la irrelevancia.

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