sábado, 13 de abril de 2019

¿Quién corta el bacalao en Cataluña?





Cuatro dirigentes independentistas de adscripción post convergente, actualmente presos, que están siendo juzgados por el Tribunal Supremo, han abierto la campaña electoral de su formación política con un importante artículo colectivo en La Vanguardia.  Hubiéramos deseado que lo hicieran en libertad, coram populo, pero así están las cosas. Hablamos de los cabezas de lista Jordi Sánchez, Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn. El artículo se titula “Por el desbloqueo sin cheques en blanco” (1). 

El artículo tiene, como mandan los cánones, una entrada que despierta el mayor interés. Sea.  «Digámoslo claro de entrada: acabar con el bloqueo de la política española que todo lo paraliza es nuestro objetivo y la razón principal para encabezar las listas del 29 de Abril». Es un íncipit atrayente. Nos barruntamos que el primer redactor es Jordi Sánchez que, en otras ocasiones, se ha expresado de esa manera.

Políticamente tiene su lógica: cualquier oferta política tiene su condición, a saber, que no hay cheques en blanco. O, lo que es lo mismo, que debe negociarse. Ahí es donde el artículo pierde gas, toda vez que no aparece concreción alguna de la cantidad y cualidad del cheque. A saber, qué y cómo negociar. En todo caso, también es lógico que en campaña electoral los silencios sean considerados como parte de lo que se intenta decir. No dar cuatro cuartos al pregonero está dentro del libro de estilo de la sintaxis electoral. Estos cuatro dirigentes independentistas deben cubrir, al menos, dos frentes para guardarse las espaldas. De un lado, la mano que aprieta desde Esquerra Republicana de Catalunya; de otro lado, la mano que ahoga desde Waterloo, que es la más influyente.

Veamos, lo que se quiere decir --«acabar con el bloqueo de la política española»--  choca abruptamente con Waterloo y sus amigos, conocidos y saludados. Porque la relación morganática entre Puigdemont y Torra va en otra dirección. No se trata de una presunción sino de lo que ambos personajes han venido declarando, tras su fracaso al no poder impedir que saliera adelante la moción de censura a Mariano Rajoy. Y, más todavía, tras la eliminación de las listas electorales de quienes la facilitaron. Es la mano que ahoga cualquier posibilidad de apaño para desbloquear el problema. En definitiva, hasta que, desde las filas post convergentes, no se diga «hasta aquí hemos llegado» no se podrá indiciar un itinerario que provoque una discontinuidad cierta.

Mientras tanto, se hablará con el lenguaje del abanico. Es una colección de signos muy sugerentes.  Por ejemplo, cubrirse los ojos con el abanico abierto, significa "Te quiero". Pero si se cubre el rostro indica "Cuidado, nos vigilan”. Mientras se siga hablando de esta guisa por parte de los cuatro se mantendrá este grotesco sarao.  En todo caso, sépase que el lenguaje del abanico no tiene nada que ver con lo de cortar el bacalao. Con todo, no seremos nosotros quienes neguemos la importancia del artículo y de las novedades que contiene. 


viernes, 12 de abril de 2019

Toni Comín, el excursionista mutante


Toni Comín es un empecinado excursionista.  De muy mozuelo aparentó militar en los jóvenes de Iniciativa per Catalunya; no mucho más tarde fue fichado para Ciutadans pel Canvi, la plataforma que construyó Pasqual Maragall; a continuación ingresó en el Partit dels Socialistes de Catalunya y con posterioridad da el salto a Esquerra Republicana de Catalunya. Ataviado con chirucas y anorak nuestro joven Comín va buscando la estrella Polar cada vez más a estribor. Chocante este viaje iniciático que oscila desde los planteamientos de la ética de la liberación universal a la teología de campanario nacionalista.

Nuestro personaje, no obstante, entiende que su excusión está incompleta: queda suficiente itinerario para ensayar nuevas adhesiones. Y, mutatis mutandi, vuelve a soltar amarras y viaja de nuevo. Esta vez al grupo que lidera el hombre de Waterloo.

De sus primeros pasos favorables a la cuestión social, línea franciscana, ha transitado desparpajadamente a abrazar la compañía de un totum revolutum de libertarianos (no confundir con libertarios), neoliberales, poujadistes y otras hierbas del etno populismo catalán. De los fraticelli  de Ubertino da Casale a convivir con los apóstoles de Hayek.


¿Cambio de ideas en esta inquieta cabeza excursionista? Puede ser. Pero hay algo que denota la mutación política de este caballero. Cada giro ha estado presidido por su inclusión en una lista electoral con posibilidades de salir elegido. Ahora, el hombre de Waterloo le ha puesto el dedazo y le unge en las listas de las europeas. Con lo que el viejo dicho santaferino de «dame pan y dime tonto» podría –digo podría, en condicional— acercarse a esa situación tan versátil.  

jueves, 11 de abril de 2019

Suárez Illana: «de la obscuridad a las tinieblas»


1.-- «Nunca segundas partes fueron buenas», dijo don Miguel, el de Lepanto. Sólo se equivocó en las segundas partes del Quijote y El Padrino. Son dos excepciones que confirman la sentencia cervantina. De donde me permito deducir que la segunda parte del presidente Suárez ha resultado ser un fiasco de tomo y lomo, cosa que no lamento. Esta es una segunda parte que está provocando hilaridad y, según cómo, ciertos síntomas de trastorno. Primero fue su jaleo mental sobre los neandertales, adobado con una inexistente ley del aborto de Nueva York. En otra ocasión acusó a un competidor del partido más que ultra de «ser poco español y poco amante de los toros, porque nunca había toreado ni estoqueado un toro en la plaza». Una afirmación que seguramente habrá provocado cierta inquietud en el PP ya que no consta que Casado nunca se haya vestido de luces. Se cuenta que en los pasillos de la sede pepera  hay quien --benévolamente, aunque con cierta mandanga-- dice que «son las cosas de Adolfito».  (Tal vez sea un agraviado, que no ha conseguido acomodo en las candidaturas)

Pero, atención, Suárez II más recientemente ha dejado de lado el costumbrismo paleontológico y se ha lanzado a hablar de política. «Sin Franco no hubiera habido democracia», ha declarado (1). Lagarto, lagarto. Este caballero nos quiere decir algo. Por lo que me barrunto lo que sigue: de un lado, Suárez II está intentando blanquear una parte de la biografía de su padre y, de otro lado, intenta salir al paso del acaparamiento que sus competidores ultras hacen del Dictador. De paso, cumple el guión del eslogan de su partido: Franco como «valor seguro» para ese contingente montaraz de su electorado. «De la obscuridad a las tinieblas».

El caballero puede ser aproximadamente un zote, pero cabe la posibilidad que se lo haya apuntado el escribidor de guardia. El segundo Adolfo es, en parte, un fragmento del signo de los tiempos.

2.--  Un fragmento del signo de los tiempos es la llamada política de fichajes que en este proceso electoral se está practicando destajo. El segundo Suárez es una de las más pintorescas expresiones. Su título es solo el apellido. En teoría dicha práctica diría que los partidos se abren a la sociedad. Pero, visto lo visto, también podría expresar la poquedad de representación de tales partidos. Visto lo visto quiere decir que tales fichajes en el mercado de la primavera se han traducido en un grupo de personas de lo más variopinto, algunas de las cuales no desentonarían en el patio de Monipodio famoso. Son auténticos almacenes de anacolutos y solecismos. Es posible que un día de estos, alguien de esos fichados sorprenda al auditorio declarando que «era de noche y, sin embargo, llovía».  O cualquiera de los dichos del sin par Arévalo, Príncipe de las Gasolineras, caricato imperecedero. Flor y nata de la España cañí.

1) https://www.losreplicantes.com/articulos/suarez-illana-sin-franco-no-hubiera-existido-democracia/


miércoles, 10 de abril de 2019

El error de Ada Colau


Ada Colau estuvo desacertada al no acudir ayer al debate de los candidatos a la alcaldía de Barcelona. Peor aún, tampoco argumentó su ausencia. Por lo que sus seguidores –inscritos, simpatizantes y demás--  no están en las mejores condiciones para argumentar qué razones tuvo Colau para dicho plantón.

Las elecciones municipales no son la pedrea del proceso electoral en marcha. Y menos las de Barcelona. También  tienen una importancia política de gran envergadura. Por muchas razones: la dimensión a todos los niveles de esta gran ciudad, por la propia situación política e institucional de Cataluña; por las perspectivas que sus resultados deparen en el cuadro político catalán y español. Y otras muchas razones que, por sabidas o intuidas, me ahorro. Por ejemplo, qué aportará la candidatura Colau a las llamadas confluencias que giran alrededor de Podemos. Así pues, el debate de ayer era importante para los munícipes del Cap i casal de Cataluña. Por supuesto, también por los temas que se iban a discutir: la seguridad ciudadana, los servicios de protección social, las infraestructuras… Con lo que no acudir a la cita fue una temeridad manifiesta. Y, al mismo tiempo, daba pie a que los mentideros políticos sacaran la lengua a pasear con razón o sin ella. A partir de ahora, los adversarios de Colau sacarán la espingarda a relucir afeándole el gesto. Colau les ha dado pie gratuitamente para ello.

Colau, así pues, no ha sido atenta con la ciudadanía y ha dejado con el culo al aire a su electorado. Es más, ha perdido la oportunidad de confrontar sus realizaciones con las propuestas de sus contrincantes. Porque sus realizaciones han sido eso, realizaciones. Mientras que las promesas son como la primavera de Antonio Machado: «la primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido». Ni cómo será.




martes, 9 de abril de 2019

Casado, ese joven atolondrado




Pablo Casado es un saco de nervios. Irascible y grotescamente faltón, aunque esencialmente mentiroso. Congénitamente embustero. Y todavía no ha empezado oficialmente la campaña. ¿Habrá tila en el mundo para tranquilizar a este joven atribulado, que está al borde de la histeria? Desde luego, a este joven atolondrado no le faltan motivos para su desazón.

Se encuentra azotado por los embates que le vienen de barlovento y de sotavento. Es una áspera competencia que no sabe gestionar. Por otra parte, no cesan las hablillas en el interior de su partido, viendo que el gobernalle de la nave no responde. No es solamente la agrupación de agraviados que ha dejado atrás tras el relevo de Mariano. Es un malestar difuso que considera que la exhibición de bravuconadas, más propia de un spaghetti western, no conduce a ganar las elecciones.  Lo dicho: Casado anda desnortado.  Es de imaginar la intranquilidad de este pollo pera cada vez que repasa las encuestas. Para gestionar esa situación hay que tener los colmillos retorcíos, y este Casado tiene todavía los dientes de leche.

Ahora, obsesionado por las glorias de la España cañí, y no queriendo ser menos que los aires de barlovento y sotavento, ha cometido un error: plantear la devolución de competencias de las autonomías al Estado central. Lo que, sin duda, ha provocado el enojo de los barones de su cuerda.  Casado está planteando que los poderes de sus barones queden reducidos a ser la terminal burocrática de La Moncloa. El joven atolondrado no ha caído en la cuenta del infantil dicho: «santa Rita, Rita, lo que se da no se quita».

Vale, algunos dirán que ´allá ellos´, allá Casado con sus incontinencias peristálticas. Claro, allá ellos. Sin embargo, esa técnica está dejando un poso de irascibilidad general. Pase lo que pase en las próximas elecciones esa tónica seguirá, aflorada o en barbecho: es la pugna secular entre la España de secano y la España de regadío.   ¡Que nos proteja Santa María de los Buenos Libros!



lunes, 8 de abril de 2019

Puigdemont y sus ojalateros




Alguien se despachó ayer a gusto. «Cataluña no se puede dirigir desde Waterloo». Alguien nombró  la bicha en las mismísimas páginas de La Vanguardia conversando con Enric Juliana. Se trata de Marta Pascal, ex coordinadora general del PDeCAT, que fue derribada del cargo precisamente desde Waterloo. Con lo que podemos hacer dos consideraciones: a) desde Waterloo no se puede gobernar Cataluña, y b) pero se pueden quitar y poner dirigentes políticos al gusto de Carles Puigdemont.

Más todavía, la Pascal dejó dicho por inferencia que Quim Torra es un mandao, y que así lo considera un determinado sector del independentismo político. La bicha al cuadrado. La Pascal siguió sin cortarse y aprovechó la ocasión. Insinuó que no descartaba la creación de un nuevo partido independentista. Consideración provisional: para la Pascal los partidos que hay no son útiles para la consecución de la vía gradual que ella preconiza para ir a la independencia. Lo que podría enlazar con los rumores que circulan por los lavaderos políticos: Artur Mas –afirman--  está sopesando volver a la escena, posiblemente en febrero del año que viene. Waterloo y sus ojalateros son, por todo ello, un irascible manojo de nervios. Paréntesis: los carlistas se mofaban de sus generales que acompañaban al Pretendiente, fuera del campo de batalla, con el mote de ojalateros (sic).

El hombre de Waterloo reacciona de manera fulminante a las palabras de la Pascal. Se siente ofendido porque el puntapié de la dama va dirigido a lo más profundo del legitimismo personal que dice encarnar. Y porque el partido en el que se apoya no es útil, según Pascal, a la causa de la independencia. Waterloo, de manera agria, por video conferencia, recrimina a quien derribó afeándole que «pasee su dolor por los periódicos», una frase que suena al peor Espronceda. Tengo para mí, además, que la respuesta de Waterloo va dirigida también –y sobre todo--  a Artur Mas. Ojo con lo que haces, no resucites.

No son dimes y diretes sino la expresión de un agotamiento político. De un ciclo que, a decir verdad, no sabemos si se acaba o se transforma en algo todavía más extraño. En todo caso podemos intuir que la lucha por el reparto de la Túnica Sagrada entra en otra dimensión. Ya no silenciosamente sino de manera bronca, a la carpetovetónica manera.


Nota. Origen de la expresión ojalatero  https://es.wikipedia.org/wiki/Ojalatero

domingo, 7 de abril de 2019

Cataluña: vacío parlamentario y vacío de gobierno



En infinidad de ocasiones tanto Carles Puigdemont como Quim Torra han justificado algunas de sus decisiones como aplicación de lo aprobado en el Parlament de Catalunya. De momento pasaremos por alto el hecho de que «lo aprobado» estuviera al margen y en contra de la ley. Sólo de momento.

Pues bien, la última sesión de la Cámara catalana dio como resultado una desaprobación de la actividad del gobierno catalán y, muy concretamente, de su presidente. A Torra  se le conmina a someterse a una moción de confianza o a que convoque elecciones. La propuesta partió del grupo parlamentario socialista.

La balanza osciló hacia la oposición tras el cambio anunciado de la CUP, que abandonó el hemiciclo por «considerar que la legislatura estaba agotada». Así las cosas, al reprobado ni siquiera le queda la excusa de que la responsable de la votación sea la Justicia, que impide el voto presencial de los encarcelados. Es la CUP quien, como ya se ha dicho, tampoco le ha votado a favor.  Pero el pintoresco presidente de la Generalitat de  Catalunya no entiende que debe obedecer ahora al Parlament.  La lógica política de ese caballero  –digámoslo educadamente--  es particular. Se acepta cuando conviene y ni se acata ni se aplica cuando no interesa. Es la poquedad moral de un agitador de mercadillo.  Aunque bien mirado, dada la inestabilidad parlamentaria Torra había prefabricado su coartada: él «es el pueblo». Y,  se acoge al famoso Grandola, vila morena, «o povo é quem mais ordena». El bonapartismo se ha disfrazado de oclocracia para no infundir sospechas.

Así se ha rematado el año de Torra en el puente de mando del chinchorro. Un año de crisis crónica y cronificada. Un gobierno que no gobierna, ni gestiona; un Parlament que ha acumulado martingalas a destajo y ninguna utilidad para la población.  Un año ominoso. En el que la política ha sido reemplazada por la gesticulación y el caos. Ni siquiera hay mayoría parlamentaria que sustente a Torre y sus delirios de grandeur de bidonville. Un delirio tan grotesco como el que lleva a ese Torra a crear un cuerpo especial para su propia protección, eso es, su Guardia Mora.

Vacío institucional. De momento no parece que haya ganas de salir de esta vacuidad. Es el contagio de la concepción de Rajoy: resistir hasta que las ranas críen pelo. Un doble vacío institucional (de gobierno y parlamentario) que puede durar ad nauseam. Puede durar desautorizando el dicho de que la naturaleza aborrece el vacío. Porque el vacío se ha convertido en un elemento constituyente de la vida política catalana contradiciendo  el principio aristotélico del horror vacui.

sábado, 6 de abril de 2019

El conflicto como energía electoral y la movilización del sentido común




Nota. Publicamos la intervención de José Luis Atienza en las “Jornadas Diálogo Cataluña – Andalucía” en la sesión de ayer por la tarde. Atienza es una de las cabezas visibles del sector Federalista de los Comunes. 


José Luis ATIENZA

Son tiempos revueltos, de revolución del catalanismo del peix al cove, hemos pasado del pájaro en mano al ciento volando del populismo unilateral, y del pensamiento neoliberal mesetario al populismo nacional de extrema derecha. Catalunya-España, vuelven las grandes palabras y los grandes principios, que siempre anuncian tormenta. Patria, libertad, democracia y derechos, los unos en digital, los otros en analógico, derecho a la autodeterminación - derecho a un estado unitario, democracia 1 de Octubre - democracia 155 vitalicio, más libertad de expresión - más libertad y menos Estado, la senyera estelada-la bandera con el toro. Saltarse la Constitución para tener una Catalunya sin España, o tapiarla para conseguir una España sin autonomías.  

El diálogo en la actual meteorología política y electoral es un objetivo muy difícil. Para darse un diálogo constructivo sería necesario tener una verdad compartida. Hay “verdades” entrecomilladas particulares enfrentadas entre sí, que ponen cualquier verdad en tela de juicio. A la verdad le acostumbra a pasar en política como a la alegría, que va por barrios, aunque en el conflicto catalán se le llame relato.  Relatos contrapuestos que confrontan lecturas que se parecen como la noche al día, que han hecho perder al conjunto de la sociedad catalana y española una parte de las verdades compartidas que dan cohesión colectiva a una comunidad.

Eso se hace evidente en los titulares de los periódicos del juicio que, con raras excepciones, son como partes de guerra de bandos distintos, como propaganda bélica de naciones enfrentadas, como la pelea a garrotazos de Goya en tipografía. Las verdades no brillan, están en zona de sombra y se enturbian con la luz del juicio.

Sin embargo a ratos se transparenta una verdad incómoda.  Una verdad que podría reconciliarnos con una realidad donde todos nos sintamos vencedores y también vencidos.
No obstante, seamos conscientes, esa verdad, precisamente por ser pacificadora, no cotiza en bolsa. Vivimos tiempo en que la prudencia es cobardía y traición, y la imprudencia patriotismo, banderas en balcones y renta electoral.

El conflicto es el alimento goloso del voto. Como explicaba Enric Juliana en Sevilla se ha encontrado un nuevo yacimiento de petróleo electoral, el fracking de consensos y derechos, de anticonstitucionalismo explícito independentista y de contrarreforma implícita del bloque nacional de derechas, puesto que sus autodenominados constitucionalistas quieren atar, amordazar y momificar la constitución. 

La transformación del bipartidismo imperfecto en pentapartidismo inestable nos instala en el electoralismo permanente, en el gobierno y en la oposición. Únicamente una erosión perceptible de las fuerzas políticas que extraen rentas electorales del conflicto favorecerá el diálogo. Mientras tanto, se trata de mantener nuestros diálogos Andalucía Catalunya, y viceversa, como puente permanente abierto a la circulación de las ideas y a la movilización del sentido común. Una movilización imprescindible en España en general y en Catalunya en particular porque el conflicto se está llevando por delante el catalanismo transversal que teñía todo el arco parlamentario y los consensos sociales que nos cohesionaban como país.

Un amigo tiene un hermano discapacitado que va a un centro especial, donde una compañera castellanoparlante que le hablaba siempre en catalán ahora le habla en castellano. ¿Por qué no me hablas en catalán?, le preguntó. Porque yo no soy independentista, le respondió.


jueves, 4 de abril de 2019

¿Quién fue Miguel Núñez?



Adiós Miguel. Miguel Núñez, mi jefe, mi maestro, mi amigo


Escribe Isidor Boix


Miguel Núñez ha muerto. Su intensa vida ha terminado. La sensación de su pérdida me trae muchos recuerdos de nuestra relación en los 40 años transcurridos desde el día, creo que era en el otoño de 1968, que le conocí en una placita de Barcelona, al poco de salir Miguel del penal de Burgos. Es decir al inicio de otra etapa suya en libertad en la calle, en un acto abierto de oposición al franquismo cuyos contenidos exactos no recuerdo. Al poco empezó una relación regular cuando ya se convirtió mi jefe como “responsable político” del Comité de Barcelona del PSUC.


Las palabras “jefe”, “maestro” y “amigo” pueden ciertamente resumir los años transcurridos desde entonces. No deja de presentarse sin embargo alguna laguna, una importante de varios años, desde 1976 hasta pasado 1990, cuando se recuperó nuestra relación como consecuencia de un curioso azar, ya que nos encontramos casualmente en un corto periodo por dos veces en el metro de Madrid por el que circulan permanentemente decenas de miles de personas.


Situar a Miguel Núñez al frente del Comité de Barcelona suponía en 1968 una apuesta arriesgada, no sólo por su vulnerabilidad, ya que acababa de salir del penal, sino también por el aparente alejamiento de la vida diaria de una ciudad como Barcelona que suponían sus largos años de presidio. Pero Barcelona, el Partido de Barcelona, necesitaba un importante impulso. Y voy a seguir utilizando la expresión “el Partido”, una forma de decir y pensar que era el único que merecía tal consideración, con todo el germen de totalitarismo que ello encerraba, porque eso era entonces para nosotros y para muchos otros, durante esos años intensamente vividos con Miguel.


Mi impresión y mis recuerdos de los años 60 apuntan a una sucesión importante de movilizaciones sociales, esencialmente obreras y estudiantiles, pero con poca capacidad de dirección política, con poca autoridad, desde el órgano de dirección del Partido. Con vacilaciones desde el Comité de Barcelona, y quizás desde el Comité Ejecutivo, ante el lógico y en sí mismo positivo debate interno que provocaban estas mismas movilizaciones. Necesitábamos alguien que le diera impulso, iniciativa, confianza, coherencia, y esto tenía que hacerlo ahora Miguel desde la dirección del PSUC a la que acababa de incorporarse. Y lo hizo.


Lo hizo en una situación más difícil de lo previsto, ya que, a los pocos meses, el decretado Estado de Excepción, con orden “de busca y captura” contra él, añadía, si cabe, más dificultades a esta tarea. Y Miguel la emprendió con algo que le ha caracterizado siempre, hasta la última vez que hablamos, hace pocos días. Con alegría, con optimismo.


Una alegría y un optimismo que no procedían de la ignorancia de la realidad, sino de la certeza de que en cualquier situación es posible encontrar un camino, una forma, de abordar esta realidad, con la voluntad, y la posibilidad, de contribuir a hacer la vida mejor. Mejorar la vida de todos, pero conscientes de que es también una forma de hacer mejor nuestra vida, la de cada uno de los protagonistas de esa tarea, de poder estar satisfechos con la forma que decidimos vivirla. Una alegría y un optimismo que por su propia racionalidad son fáciles de transmitir. Creo además que éste ha sido una de las claves de su capacidad de comunicación, de convencimiento, de liderazgo. Seguramente también de superar momentos personales menos alegres. Y no me refiero a las detenciones, torturas, cárceles, sino a lo que a veces puede ser peor, y son las miserias de los nuestros, de lo nuestro, de los colectivos, del propio “Partido” en primer lugar, particularmente cuando éste expresa también de forma colectiva las miserias individuales.


En 1968 empezaron los intensos años de una estrecha relación entre nosotros dos, que van desde el Estado de Excepción del 69 hasta la transición. Años en los que vivimos juntos en el status de “orden de busca y captura” y juntos en la reconstrucción del Partido en Barcelona, desarticulado tras la detención de más de 100 camaradas ese año 69, y con desconocidos hilos sueltos que la brigada “político-social” de la policía había sin duda dejado. Unos años en los que empezó siendo mi jefe, para convertirse poco a poco en mi maestro y acabar siendo mi amigo. Un jefe como he tenido pocos, ya que el respeto se lo ganaba sin autoritarismo, como consecuencia de su capacidad para orientar más que mandar, para escuchar antes de opinar, pero sin rehuir su responsabilidad al mando de la organización. Una relación que aparentemente se rompió en 1976. Sobre el intermedio de no tan buenos recuerdos iniciado ese año diré algo luego.


En estos años, del 69 al 76, que en su transcurso y ahora en su recuerdo me parecen muchos más por su intensidad, se acumularon tantas experiencias políticas y personales que siguen constituyendo para mí la etapa más feliz de mi vida. Y en ellos la figura de Miguel juega un papel esencial. Quizás se ejemplarizan en lo que era nuestro trabajo en relación con SEAT, pieza clave del trabajo del Partido hacia el movimiento obrero del momento y creo que una de las más importantes en la movilización democrática de la sociedad barcelonesa y catalana. A mí me correspondía el seguimiento día a día, con Silvestre Gilaberte, con “Asamblea Obrera” (el órgano de las comisiones obreras de la fábrica), en mi responsabilidad como secretario de organización de Barcelona y/o del movimiento obrero de Catalunya, desde el Comité de Barcelona y el Secretariado del PSUC. Pero las reuniones clave, las que daban el impulso decisivo, eran las una o dos reuniones anuales del colectivo de dirigentes obreros de la fábrica con el “camarada Saltor” (su nombre de Partido, “de guerra”, con el que ellos le conocían). Eran auténticas reuniones “de Partido”, aunque no siempre estaba clara la formalización como “afiliados” al Partido de los asistentes. Porque se trataba del encuentro de los principales dirigentes obreros “con” el Partido, conscientes de que así era, con las correspondientes normas de seguridad a tal efecto. A ellas acudían personas que no iban a las reuniones extralegales de Comisiones Obreras, evidentemente con menor carga penal ante el riesgo de una detención, pero que para ellos eran reuniones de menor importancia, que les aportaban menos para su actividad de dirigentes obreros en los talleres de la fábrica, por lo que el riesgo no les compensaba. Se trataba de reuniones en las que Miguel nos explicaba la significación de la lucha de SEAT en el contexto político, en la lucha contra el franquismo, por la mejora de las condiciones de trabajo, por la dignidad de las personas, de la clase trabajadora. Y nos explicaba también su importancia, su incidencia, sus repercusiones … Era una forma periódica de cargar las pilas en una etapa en la que cada año, creo que no faltó en ninguno, los trabajadores de SEAT hacían una huelga importante, con despedidos, con detenidos, pero también con victorias en las condiciones de trabajo, en la readmisión de despedidos, en el importante apoyo solidario (personal, jurídico y económico) a los represaliados, con fuertes indemnizaciones para los que quedaban en la calle.


Fue también una etapa en la que teníamos la sensación, y creo que no nos equivocábamos, que la ciudad, la ciudadanía, vivía al día las decisiones que tomábamos en el Partido, sentía una comunicación casi permanente a través de mil canales, poros, a través de las más diversas estructuras y formas de organización social, legales o extralegales, a las que llegaban con fluidez los criterios y propuestas del Partido. Una etapa en la que frecuentemente, a través de la organización del Partido llegábamos a los conflictos sociales, a los procesos de movilización obrera en primer lugar, antes muchas veces que las formas de coordinación de los mismos movimientos sociales.

Con Miguel aprendí también entonces, en la práctica, normas de clandestinidad mucho más rigurosas que las practicadas antes. Y a no tener “miedo”, sino precaución, apoyándonos en la sociedad, cada vez más protectora frente al régimen y a la policía franquista.


Un hito importante de estos años, de complicidad con Miguel, fue la negociación para la incorporación de “Bandera Roja” al Partido. Él y yo constituíamos la “comisión negociadora” por parte del PSUC, con Jordi Solé Tura y Jordi Borja por parte de BR. Cuando habíamos concluido los términos políticos y organizativos de su incorporación, lo llevamos al Comité Ejecutivo, donde los más recalcitrantes consideraban que eran propuestas que BR iba a rechazar, lo que permitiría que no se produjera la incorporación colectiva, sino de uno en uno y eligiendo nosotros cuáles sí y cuáles no. Miguel y yo sabíamos que no sería así, que su respuesta iba a ser positiva, pero no lo explicamos para no dificultar una difícil decisión en el Comité Ejecutivo del PSUC y propiciar la posición favorable de los que en realidad estaban en contra.


De esta etapa no recuerdo ninguna discrepancia significativa con Miguel hasta 1975, cuando la discusión en el Comité de Barcelona sobre la posibilidad de convocar o impulsar una “huelga general” en Barcelona (era la etapa de la consigna de la “Huelga General Política”) a partir de las movilizaciones obreras. Mi propuesta de plantearnos esta acción a partir de las acciones obreras en SEAT, HISPANO OLOIVETTI, HARRY WALKER, MAQUINISTA, … chocaba con las reticencias (incomprensiones, creía yo) del Comité Ejecutivo, de Gregorio y del Guti esencialmente. Y chocaba ciertamente también con las propias dificultades que habíamos comprobado en la larga e intermitente huelga en SEAT de diciembre del 74 y enero del 75, cuando la salida a la calle desde la fábrica de miles de trabajadores, unos 10.000, que recorrían Zona Franca para acabar en Plaza Catalunya y las Ramblas en manifestaciones que duraban varias horas, cuando con esta importante y combativa movilización obrera no habíamos conseguido que los piquetes, los grupos que iban organizando y orientando al grueso de trabajadores, entraran en las numerosas fábricas de Zona Franca para pararlas y llevar a sus trabajadores a la huelga y en manifestación hacia el centro de la ciudad.


La discusión en el Comité de Barcelona no fue fácil y recuerdo que propuse que se votara, lo que sucedía por primera, y última vez, al menos en lo que yo recuerdo. Gané, frente al planteamiento de Miguel, la votación, creo que por poco, y sin que en la práctica sirviera para nada, ya que al poco enlazó con la sentencia de Magistratura del Trabajo dando por buenos los 500 despidos de la reciente huelga, lo que derivó en la discusión en el Comité Ejecutivo en julio de 1975 sobre la experiencia del último periodo de la movilización de SEAT y el análisis absolutamente mayoritario (con sólo mi voto en contra) de que se había tratado de una orientación “aventurera” y que el Comité del PSUC de SEAT debía publicar un número especial de su boletín “El Comunista” con la correspondiente “autocrítica”. Ante mi negativa a obedecer esta decisión, Miguel se comprometió a preparar él este número, pero nunca llegó a publicarse. Este episodio marca ya el comienzo de una etapa de distanciamiento personal que culmina en la reunión del Comité Ejecutivo de la primavera de 1976 en la que se toma la decisión de separarme formalmente de toda responsabilidad en el Partido (por aventurerismo en SEAT, por indisciplina, y por desviación de derechas –y “liquidacionista”- en relación con Comisiones Obreras y el debate sobre la unidad sindical). Con la separación del CE y del Secretariado se decidió también “congelar” mi participación en el Comité Central, aunque de hecho en los últimos meses se me había ya separado de toda actividad práctica, lo que sin embargo no había impedido que el Comité Ejecutivo diera el visto bueno a la propuesta del Comité del PSUC de la Universidad para que interviniera en nombre de la dirección del Partido en el primer mitin público del PSUC que se realizó en diciembre de 1975, en los sótanos del Hospital barcelonés de San Pablo, con asistencia de unos 1.000 estudiantes.


La actitud de Miguel en este episodio, con su firme defensa de los principios del “centralismo democrático” y la indiscutible autoridad del Secretario General, me retrotrajo en varias ocasiones al recuerdo de lo que me había parecido uno de sus principales traumas personales, tal como había tenido ocasión de percibir en las ocasiones que venía a comer con Tomasa a mi domicilio de mayor duración en la etapa de clandestinidad, el viejo chalet cedido, precisamente a instancias de Miguel, por Ricardo Bofill en las antiguas viviendas de los técnicos de la fábrica de cemento de Sant Just en cuyo espacio Bofill empezaba a construir el “Walden 7”. En torno a las paellas que me enseñó a cocinar Nati, la que había sido nodriza de Ricardo, Miguel exteriorizaba siempre, y de mil maneras, el dolor no curado que le había provocado la confrontación no buscada con Santiago Carrillo. Una confrontación que resultó de la actuación suya en el penal de Burgos cuando, junto con Pere Ardiaca y Ramón Ormazabal, tomaron una iniciativa política cuyo principal pecado fue no haberla consultado antes con la dirección del PCE. Mi impresión entonces fue que Miguel decidió no volver a pecar nunca más, al menos de este pecado que parecía el más “capital” de todos, es decir aceptar siempre la autoridad del Secretario General.


Debo sin embargo incorporar aquí mi posterior impresión, ya en Madrid en los años 90 del siglo pasado, y es que finalmente Miguel se curó, recuperó su alegría y optimismo, su confianza en las personas, individuales y colectivas, aunque no fueran el Secretario General.


Rota la iglesia, superado el dogma y la sensación de pecado, ya no se necesitaban catecismos ni sumos sacerdotes, y Miguel había superado este lastre en su vida. Ya no tenía ningún miedo a que se le calificara como “no comunista”. Porque siguió viviendo, trabajando, encontrando en el mundo mucho tiempo y espacio para contribuir a romper barreras, cadenas, tabúes. Y así llegó a sus últimos días, consciente de que se acababan, pero también de que podían durar uno o algunos más, y, por ello, merecían ser vividos, alegre, optimista.


Quiero terminar estas notas de despedida con las mismas con que terminé una presentación de su libro “La revolución y el deseo”:

Este libro me sugiere tres consideraciones.

Por una parte, estoy convencido de que todos estaremos de acuerdo en que su vida ha sido dura, y quizás éste sea un adjetivo suave, insuficiente, pero su libro no expresa un lamento, sino la justa y muy legítima satisfacción de haberla vivido.


Miguel nos ha aportado mucho, no sólo a los que con él hemos coincidido, sino a todos. Su vida, su acción, ha sido una importante contribución a la lucha de nuestro pueblo por la libertad, y por darle a la libertad un contenido. Pero su libro no supone en absoluto una factura. No nos dice que le debamos nada. Por ello se merece un mayor agradecimiento.

Miguel ha tenido una vida muy llena, una vida de la que se siente, con todo el derecho, satisfecho. Pero su libro no es un recuerdo nostálgico, de reivindicación del pasado frente al presente, sino de recuperación del pasado para poder construir mejor el presente y el futuro.

Por todo ello, para terminar, Miguel quiero darte las gracias. Gracias por tu libro, pero sobre todo gracias por tu vida, por tu vida en pasado, en presente y en futuro.

Muchas gracias, Miguel.



Isidor Boix - 13 de noviembre de 2008




miércoles, 3 de abril de 2019

El etno populismo de Carles Puigdemont




A Carles Puigdemont, como al perro flaco, todo se le vuelven pulgas. El hombre de Waterloo ha acusado a la Mesa del Parlament de Catalunya de vulnerar sus derechos. Entendámonos, no es el Estado autoritario quien, en esta ocasión, se le pone de frente sino el mismísimo Parlament. El enfrentamiento viene tras el dictamen de los letrados de la Cámara catalana donde se razona que el ausente, mientras siga en esa condición, no puede votar. Los letrados no hacen otra cosa que aplicar lo que decidió en su momento el Tribunal Constitucional.

La insolencia de don Carles es manifiesta. Es, en primer lugar, una reiterada indisciplina contra el TC, que alcanza su más grotesca  expresión en este enfrentamiento interno. Nos parece entender la clave de ese litigio. Es la siguiente: el hombre de Waterloo, como el conjunto de los movimientos etno—populistas de los que forma parte, cree que la democracia es sólo y solamente la expresión popular a palo seco. Siempre y cuando dicha expresión concuerde con su opinión y voluntad. Desprecia, pues, las normas y procedimientos de la democracia. No es el único. En todo caso es preocupante que nadie de sus amigos, conocidos y saludados le haya hecho entender dicha cuestión. Desde luego, su pintoresco abogado defensor –ese caballero del que hablamos hace días en ¿Quién es el abogado de Carles Puigdemont?--  está por indicarle esa lección básica de la democracia. Ahora bien, rebañando en el interior de esa cultura etno—populista caemos en la cuenta de que la explicación la dio recientemente Quim Torra cuando se auto legitimó diciéndole a sus íntimos amigos, los llamados comités de defensa de la república, que «yo soy el pueblo». No es una cuestión de narcisismo sino de concepción política. Yo –o sea, El— soy el único intérprete de lo que le hago creer y decir al pueblo. El pueblo como siervo voluntario, se entiende. Es el campo abonado para el caudillismo.

Una sugerencia para el hombre de Waterloo: aproveche su activa holganza y estudie las obras del maestro Norberto Bobbio. Le hace falta.

martes, 2 de abril de 2019

El sindicalismo, en el diálogo de las Jornadas entre catalanes y andaluces




Primer tranco

Este fin de semana se celebrarán en Barcelona las segundas jornadas de diálogo entre Cataluña y Andalucía. O, por mejor decir, entre una serie de personas que tienen interés en debatir toda una serie de problemas que afectan a España desde el prisma de catalanes y andaluces. La primera ronda se celebró en Sevilla. Antes y ahora dichos encuentros tienen una paternidad reconocida, los profesores Javier Aristu y Javier Tébar. Sevillano el primero, barcelonés el segundo. Los objetivos de tales conversaciones están expuestos en esta declaración de intenciones https://lopezbulla.blogspot.com/2019/03/blog-post.html?fbclid=IwAR3vYRrQNsIyEc49pyNUSuFGnvOsrVpdv_2f2YAbfdtJOXizMyBQpxZi5zU

Sonroja que ningún partido político haya tenido una idea similar. Ha tenido que ser la pareja Aristu – Tébar quienes cayeran en la cuenta de la necesidad de dialogar sobre ese particular en estos tiempos de la cólera política. En este caso entre el dicho y el hecho no ha habido trecho: se pusieron manos a la obra y en un santiamén consiguieron importantes adhesiones del mundo académico, periodístico y sindical. Gentes con ánimo de contaminarse de ideas y propuestas. La sociedad civil activa tiene esas palpitaciones que, por lo general, no abundan en la arena política; de un  mundillo político que parece tener más a gala la invectiva que la argumentación con punto de vista fundamentado.

Lluvia fina es lo que, a mi entender, se pretende con estos coloquios. Lluvia fina de regadío. No el irredento pedregal en que se está convirtiendo la acción política irasciblemente partidaria. La lluvia fina de quienes quieren escucharse a través de una participación que se pretende activa e inteligente. Lluvia fina que propone soluciones imperfectas para unos presentes imperfectos.

Segundo tranco

Son unas jornadas que rehúyen la visión aldeana, de campanario. Que piensan en los grandes escenarios de la globalización y la interdependencia. En primer lugar, el actualmente borrascoso escenario europeo. Dos sindicalistas –Javier Pacheco y Joan Carles Gallego--  llaman la atención sobre la arena europea: «Sin entender Europa como una comunidad político-institucional y económica, social y cultural, difícilmente podemos abordar el debate territorial en el estado. Las viejas fronteras hace tiempo que han dejado de ser muros conceptuales infranqueables, ahora nos toca construir nuevas propuestas a los viejos conflictos territoriales, y también sociales, que anidan en nuestro país». Bien dicho. Se diría que, desde ese universo del sindicalismo confederal, no hay miedo a lo nuevo. 

Tercer tranco

Los dos sindicalistas catalanes han ligado en su artículo los problemas españoles con la realidad europea. Es una fuerte sugerencia al sindicalismo y a la política de nuestro país. Es como si dijeran que al declive de las viejas instituciones nacionales no se ha correspondido con nuevas y sólidas instituciones europeas. De ahí que haya una ligazón patológica  entre el moderno etno-populismo y el neo-nacionalismo, así en Europa como en España, sea causa y efecto de las crisis europeas. Con lo que, desde esa mirada –desde la mirada de Pacheco y Gallego--  haya indicios de que el sindicalismo catalán y el andaluz pueden aportar en estas jornadas nuevas sugerencias al sindicalismo español y  –si se tercia--  al europeo. A condición de que vaya acompañado con unos instrumentos que le hagan ser «sindicato europeo» en esencia, presencia y potencia.

lunes, 1 de abril de 2019

Indiferencia y fatalidad: dos pesos muertos de la historia


Javier Tébar Hurtado

Hace ya unos años, durante una mañana soleada y bochornosa, tomaba un café y conversaba con Ángel Abad Silvestre en una avenida que delimita el Puerto de Barcelona, y que hoy es una costura trasera y reciente en la historia del barrio de la Barceloneta. Ángel –uno de los padres fundadores de Comisiones Obreras--  es una esas figuras de la lucha por la democracia y por su construcción concreta desde diferentes campos (político, sindical, cultural, periodístico, formativo y editorial) de las que este país desmemoriado suele echar en el olvido con chocante facilidad. Pero, tal vez, su mejor presentación, según recuerdo ahora que contó, es la que hiciera de sí mismo allá por los años sesenta, antes de ser detenido durante el estado de excepción del que se han cumplido recientemente 50 años, e iniciar un periplo presidiario en que estuvo acompañado por su mujer, Pilar, y por su hijo. En aquellos años fue el filósofo marxista Manuel Sacristán quien le recibió en su casa, junto con otros compañeros, durante una entrevista propia de la clandestinidad de entonces y le preguntó a Abad qué sabía hacer en relación a la política: “Soy analista de las condiciones objetivas”, contestó Ángel con indisimulado desparpajo. 

Desde entonces suelo recordar esta frase, pero también otra que deslizó durante nuestra conversación veraniega y que, siendo obvia, no deja de tener un fondo que con frecuencia revolotea cuando uno quiere analizar las “condiciones objetivas” de la situación en las que vivimos hoy. Abad me comentó: cuando uno mira, como ahora hacemos tu y yo desde esta terraza, el paso de los semáforos, el tránsito y los códigos que las personas interpretan y entienden – ¡No pasar, si está en rojo, claro…!-, ceder la acera, saludarse con unos buenos días, te das cuenta que, según y cómo, lo previsible sería todo lo contrario: pasar en rojo, gruñir al otro, interponerse en el paso y soltar toda la mala hostia que uno puede tener. Entendí que me hablaba de qué frágil pueden ser aquellas convenciones de las que la sociedad se dota para organizarse y funcionar, casi siempre en un equilibrio inestable.

Rememoro aquella escena porque hoy se extiende una percepción en las sociedades europeas y, con sus particularidades, en la española de fragilidad y desorientación respecto a cómo organizarse y funcionar, a qué códigos e interpretaciones comunes nos acogemos a la hora de actuar. Esta es una sensación sobre la que en reiteradas ocasiones se nos dice que nos sitúa ante una crisis de época, pero también ante un aldabonazo respecto a la posibilidad de imaginar un futuro distinto al presente. De incapacidad, supuestamente, para hacerlo. De imposibilidad de ofrecer un horizonte de alternativa global al mundo al que, según algunos discursos, estamos condenados a habitar. En algunos momentos esta sensación se expresa a través de una cierta actitud de indiferencia que, en palabras de Antonio Gramsci, constituye el peso muerto de la historia. De ahí que, más allá de propuestas y reformas concretas y necesarias seamos capaces de revertir un “estado de ánimo”. La capacidad de construir e imaginar un horizonte distinto y posible.

Este rechazo de la indiferencia y del fatalismo es lo que mueve una iniciativa como los Diálogos Andalucía y Cataluña, cuya segunda edición tendrá lugar los próximos días 5 y 6 de abril, en el Palau Macaya. Esta es una iniciativa organizada por intelectuales, profesionales, miembros de diferentes organizaciones de la sociedad civil tanto catalana como andaluza, contando con el apoyo de asociaciones culturales, grupos de reflexión y del mundo sindical, patronal y universitario.
Lo que ha guiado esta iniciativa es el compromiso ético y civil, ético-civil, de un grupo de personas para las que la indiferencia es un lastre que soltar. Les ha movido no tener miedo al debate razonado y tratar de reunir a las voces que van sumándose a un diálogo nuevo cuyo fin, como es lógico, sería contribuir hasta donde se pueda a hacer posible un clima necesario que facilite las vías de negociación, pacto y acuerdo. Este tipo de iniciativas hoy pueden constituir pequeñas utopías, los “pequeños grandes cambios” que parecen imprescindibles y que en nuestra opinión son urgentes. Desde luego, lo son en el mundo y me refiero al mundo globalizado en el que vivimos. La indiferencia y la fatalidad son dos pesos muertos de la historia a combatir. No podrá hacerse desde un optimismo sin sustancia, desde luego. Si la fórmula puede darla una combinación adecuada de optimismo necesario y cierto grado de escepticismo obligado, de lo que seguro que requerirá es de analistas de las “condiciones objetivas”.

Referencias https://www.eldiario.es/tribunaabierta/voces-nuevo-dialogo_6_883021710.html por Javier Pacheco y Joan C. Gallergo


domingo, 31 de marzo de 2019

Llamazares y Garzón, peor que un error




El partido de Gaspar Llamazares y Baltasar Garzón, Actúa, también se presenta en Cataluña. Lo apadrina mi viejo y admirado amigo Carlos Jiménez Villarejo, compañero de todas las batallas democráticas de antaño  y de algunas hogaño. No me parece una buena idea. Es más, creo que es contraproducente para la izquierda. Sólo el respeto a Villarejo me impide decir disparatada.

En diciembre pasado me manifesté contrario a la creación del nuevo partido (1). Llamazares y Garzón, sin embargo, manifestaron que el objetivo de Actúa era «aglutinar a los descontentos de la izquierda». Una idea que considero narcisista y redentorista. Y, séame permitido añadir: provoca confusión y desagregación de los votos –pocos o muchos-- de las izquierdas. Es posible que la pasión política de los tres (Llamazares, Garzón y Carlos Jiménez Villarejo) les lleve a no caer en ese detalle. Sin embargo, esa pasión se ha convertido en una patología de todos aquellos que forman parte de una determinada agrupación de agraviados. Tengo para mí que, no obstante, el caudal de luchas democráticas de los tres no se ha traducido en sabiduría política.

Ahora, Actúa, aterriza en Cataluña. Precisamente en unos momentos en que lo urgente es orientar el consenso electoral hacia las formaciones de izquierda. Cosa que sabe perfectamente Jiménez Villarejo, que lo ha recomendado desde siempre. Por lo demás, no dejo de pensar en algo que me veo obligado a decir: estos tres compañeros han perdido la oportunidad de envejecer sin sobresaltos excesivos. Lo mejor hubiera sido que Actúa continuara siendo un movimiento «al servicio de la izquierda». Trabajando para tender puentes y facilitar entendimientos. Proponiendo ideas y debates. Haciendo aflorar la izquierda sumergida.   Han optado por lo contrario: por el despilfarro. 

(1)          

sábado, 30 de marzo de 2019

Torra: los hay con jeta


Afirman los medios que Quim Torra ha enviado una carta al gobierno español exigiendo un anticipo de la recaudación prevista en 2019 ante la falta de presupuestos de la Generalitat. Comoquiera que este proceder no tiene una definición adecuada por parte de la politología, diré que este cabllerete es un jeta. A veces, algunos términos considerados vulgares tienen más precisión terminológica que los académicos. Pero, como en este caso, no me parece que existan en la politología esa definición usaré prudentemente la expresión mencionada: jeta. En todo caso, nada impediría que en el Sacromonte granadino le llamen jeró.

Corresponde ahora demostrar que ese Torra tiene jeta o jeró. En su momento ordena a sus diputados en el Congreso que tumben las cuentas públicas del Estado y ahora, recurriendo a la lastimica de que la Generalitat no tiene desde hace años sus presupuestos aprobados, tiende la mano diestra exigiendo el aguinaldo mientras que con la otra le pone de chupa de dómine al por mayor. A ver si cuela. Especialmente porque, en estos tiempos electorales, necesita acumular lo que considera agravios a Cataluña.


Yo le daría el anticipo. Con la condición de que Torra se sometiera a una auditoria que analizara la cualidad y calidad de las cuentas de la Generalitat y el rigor de las mismas.  Porque parece evidente que el independentismo ha olvidado la tradicional cultura fenicia abrazando una economía de francachela. 

viernes, 29 de marzo de 2019

Consejos electorales para los candidatos. Gratis et amore.




La campaña electoral no ha empezado oficialmente todavía. Pero oficialmente ha empezado el chillerío. Sin lugar a dudas subirá el diapasón. Por los decibelios que consiga cada orador se podrá intuir qué relación inversamente proporcional tendrán sus resultados. Una primera advertencia: esta campaña la ganará quien hable más bajito. Quien con voz queda insinúe sus propuestas. Es muy posible que el electorado se lo agradezca.

Segunda advertencia: quien diga más gilipollescencias será penalizado. Dos de ellas ya han sido puestas de manifiesto. La primera es obra del hijo del Duque. La chocante relación entre el hombre de Neandertal y el aborto, de un lado, y, de otro, su referencia a la Ley de Salud del estado de Nueva York  han evidenciado el barullo mental de este candidato. No sólo su capacitación política sino también su indocta preparación cultural. Aunque seguramente lo más relevante es la demostración de que la «política de fichajes» --al menos en este caso--  es lo más cercano a la caca de la vaca.

Tercera advertencia: quien descoloque a su electorado, ya sea actual o potencial, se arriesga a provocar desconcierto como primer paso de huida hacia otros caladeros. Pongamos que hablo de Miquel Iceta, un político curtido y frecuentemente ponderado, pero que en las grandes solemnidades le pierde la estética. Sus recientes declaraciones sobre los porcentajes ideales para celebrar un referéndum en Cataluña es un ejemplo de cómo no se debe pisar charcos en los procesos electorales. Porque, además, te arriesgas a que el primo de Zumosol te corrija y quedes un tantico averiado. Es aconsejable, pues, que Iceta en plena campaña electoral deje de hablar de la conjetura de Goldbach: «todo número mayor que 2 puede escribirse como la suma de dos números primos». Quien ha intentado demostrarla ha fracasado.

Cuarta advertencia: quien quiera hacer las cosas de manera prudente –es una sugerencia a las izquierdas--  debe seguir el manual de Quinto Tulio, hermano menor de Cicerón: «De petitione consulatus». Un poco rancio, porque algo ha llovido desde entonces. Pero que, como mínimo, alerta contra las gilipollescencias en tiempos electorales.