lunes, 8 de noviembre de 2010

EL AGOTADO MODELO DE CONCERTACIÓN SOCIAL


Este blog publicó el otro día la importante intervención de Quim González en la clausura del Comité Federal de Fiteqa-CC.OO: DESPUÉS DE LA HUELGA DEL 29, ¿QUÉ? HABLA QUIM GONZÁLEZ Lo hicimos por la anomalía que representa una intervención que es, a todas luces, clarificadora desde su mirada crítica. Con una crítica, a su vez, muy constructiva. Se diría que lo que realmente hace Quim es formalizar lo que desparpajadamente se dice en corrillos informales, pero que pudorosamente se calla en la solemnidad de las reuniones. De hecho esta es la tradición, hasta donde la memoria me alcanza, de los químicos y textiles. La novedad, en esta ocasión, es que afortunadamente le han dado cuatro cuartos al pregonero, esto es, la han publicado en la web federativa. De ahí la sacamos y, en el argot del medio, la pirateamos. De paso, nos permitimos la imprudencia impertinente de comentar la jugosa intervención del secretario general de los fitecos.


Primero. Pienso que la exigencia que se plantea en el informe de trasladar la visión panorámica de la huelga del 29 de septiembre a una observación microscópica –esto es, sector por sector y lugar por lugar— no es solo una exigencia de verificación formal sino un método obligado de rendirnos cuentas a nosotros mismos. O lo que es lo mismo: la mirada al por mayor o granel debe conducirnos a la observación al detalle. Precisamente porque la movilización fue importante estamos obligados a relatar lo que el ponente califica, junto a los aciertos, como cardos, y yo mismo definí como burgos podridos. Concretamente lo dije en
¿DÓNDE HA HABIDO GARBANZOS NEGROS? Más todavía, incluso desde la mirada panorámica parece obligado que reflexionemos en torno a lo que un servidor apuntaba en una de las “entradas” en este blog pocos días después del día 29 de septiembre: Convengamos –según los datos que tenemos todos en el armario de la realidad-- que en esta huelga los sectores industriales, que ya cuantitativamente son minoritarios por su demografía como por los niveles de afiliación al sindicalismo confederal, han sido los que han corrido con el peso mayoritario del desarrollo de la huelga. Los sectores terciarios, que ya son mayoría en número de asalariados y en índices de afiliación, han tenido una participación muy, muy desigual: de gran importancia en los transportes y medios de comunicación, y en el resto –salvo excepciones— ha conocido un gran número de garbanzos negros. Seamos claros: esta fue una asincronía que viene de hace algunos años y que –precisamente por no tenerla en cuenta-- se ha repetido clamorosamente en la huelga del 29 de septiembre. Este es un asunto de extrema importancia porque se refiere al carácter y amplitud del conflicto social, especialmente cuando adquiere dimensiones generales.


Segundo. Puesto a seguir hilando fino, Quim González afirma: “creo que la huelga general se mide en los centros de trabajo, se mide con las empresas vacías y no con las calles vacías”. Sorprendentemente, esta afirmación que parece tener una cierta dosis de heterodoxia es, fundamentalmente, la más brillante tradición de la acción sindical del siglo XX cuando se va conquistando, gradualmente, derechos de ciudadanía en el centro de trabajo. Esta es nuestra memoria colectiva y así lo ha dejado escrito la investigadora norteamericana Beverly Silver. Que ha estudiado en Las fuerzas del trabajo (Akal, 2005) las formas de lucha de los trabajadores, en sus rasgos generales, a lo largo de todolos siglos XIX y XX. En aquellos tiempos lejanos los obreros en la manufactura expresaban su acción colectiva no tanto dentro de la fábrica sino en el exterior: la organización del trabajo no ofrecía, todavía, instrumentos particularmente ventajosos para la lucha, de ataque al poder del patrón, hecha la excepción de la huelga; de ahí que la movilización obrera tendiera a basarse en las relaciones sociales del y en el territorio: un ámbito social externo a la fábrica.

Ocurre, sin embargo, que sin saber exactamente porqué el enfoque sindical, en esta cuestión, se ha ido deslizando a la panorámica mediática que, con razón o sin ella, han impuesto los medios de comunicación. Que los medios tengan esa visión es algo que les afecta (o debería afectar) a ellos y solo a ellos. Pero no al sujeto social convocante, director y “gestor” de la acción colectiva que es la huelga o el conflicto social.


Pienso que Quim González acierta, con la ortoxia del siglo XX. Porque, si se me permite la altisonancia, la vis histórica del sindicalismo surge del y en el centro de trabajo, y es ahí donde se ejerce principalmente (aunque no únicamente) el conflicto social que es la huelga, sea general o sectorial. Luego la valoración de ese conflicto no puede ser otro que “la fábrica vacía” o, para mayor precisión, el centro de trabajo en huelga. Comparado con ello, las calles vacías son un perifollo. En resumidas cuentas, la madre del cordero está en el centro de trabajo, y ese –y no otro— el rasero de cómo valorar la huelga. Ni siquiera lo es la manifestación multitudinaria que, aunque importantísima, no puede suplir la vis histórica del sindicalismo. Entiéndase bien, no estoy contraponiendo la huelga en el centro de trabajo a la manifestación multitudinaria; estoy citando prelaciones.


Tercero. En un momento determinado Quim González nombra la bicha. Viene a recordar que nuestra debilidad está en la empresa: “Nuestro déficit está en cómo influimos en la humanización de las condiciones de trabajo, en la seguridad del puesto de trabajo, en la cualificación y la organización del trabajo, en como somos parte activa y principal de la transformación que viven las empresas centralizando funciones, descentralizando decisiones, etc… Nuestro déficit esta en arañar derechos colectivos e individuales para los trabajadores y trabajadoras, en avanzar en la participación de éstos y de sus sindicatos en la marcha de la empresa: es en estos aspectos en los que tenemos, sin duda, muchos más déficits de propuesta, iniciativa, debate y reflexión sindical, que en los relativos a las políticas públicas”. Son cosas sabidas desde hace mucho tiempo; es más, yo diría que esta es otra de las gangas que los sindicalistas de mi quinta dejamos a los que nos sucedieron. Pero que las nuevas generaciones han corregido muy levemente.


Pienso que la tradicional debilidad del sindicalismo en el centro de trabajo responde dos elementos que se condicionan mutuamente. De un lado, la desubicación del sujeto social con relación a las gigantescas mutaciones de época que vienen de hace unas décadas; de otro lado, el envejecido modelo de representación en el centro de trabajo que representa ese ilustre anciano que es el comité de empresa. Estos dos grandes problemas –sobre los que vengo insistiendo desde hace mucho tiempo-- explicarían porqué nuestro sindicalismo confederal no está suficientemente ancorado en el centro de trabajo, esto es, el déficit de su vis histórica.


Cuarto. Si la generación fundadora de Comisiones Obreras –en tiempos de dura represión y ausencia de libertades-- provocó una radical discontinuidad con “lo viejo”, los actuales grupos dirigentes deberían hacer lo propio, esto es, poner las bases de un cambio profundo. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que no es posible mantener el anclaje cultural que todavía se tiene en las culturas y prácticas del fordismo, ya que este sistema es ya pura chatarrería. En ese anclaje me parece que radican todos los problemas que tenemos. Para decirlo en palabras rotundas: debemos ser el sindicalismo que, en el actual estadio de la sociedad informacional, exprese su personalidad de sujeto-conflicto. De ahí que piense que el tipo de concertación con nuestras contrapartes, que se ha ejercido hasta la presente, esté definitivamente agotado. Agotado en sus contenidos que siguen estando en sintonía con el fordismo y no en el nuevo estadio de la innovación-reestructuración. La salida que propongo la he expuesto en
DESPUÉS DEL FORDISMO, ¿QUÉ? Ello me ahorra insistir en el tema.


Con todo, algo me queda por aclarar. El actual modelo de concertación prima el carácter legislativo sobre el contractual propiamente dicho. En ese modelo hemos crecido y –queriendo o sin querer— hemos participado de un abundoso contagio legislativo de nuestras relaciones laborales. Que, además, siempre acaba con la confrontación entre el movimiento de los trabajadores (con el sindicalismo a la cabeza) y la representación popular que representa el Parlamento. Eso es lo que ha ocurrido bajo los diversos gobiernos de no importa qué color aparentan sus banderas.


Pues bien, si este modelo está definitivamente agotado, parece claro que hemos de reinventar uno nuevo. Que no tenga como baricentro un elemento puntual, aunque no lo excluya. Sino un itinerario de largo recorrido, es decir, la negociación permanente en torno a la gran cuestión de la innovación tecnológica. Y el engarce de esta con los grandes temas del Estado de bienestar, estableciendo los vínculos y compatibilidades con la cuestión medioambiental.


Radio Parapanda. Conclusiones XIX Encuentro de Expertos Latinoamericanos de Relaciones Laborales

viernes, 5 de noviembre de 2010

LA LARGA MIRADA DE MARCELINO CAMACHO


La muerte de ese gran dirigente sindical que fuera Marcelino Camacho propone una serie de reflexiones sobre su decisiva y original aportación al movimiento organizado de los trabajadores. Sin duda, Marcelino representó una profunda discontinuidad en la historia del movimiento sindical español, una cesura muy original con relación a la práctica de las organizaciones tradicionales UGT y CNT. Digamos, además, que el nombre de Marcelino tiene una similar significación en dicha historia como en sus momentos fundacionales lo tuvieron Pablo Iglesias y Anselmo Lorenzo. Tan disciplinadamente estudioso, tan pedagogo de multitudes y tan austero en su comportamiento como ellos. Y, de la misma manera que Iglesias y Lorenzo, Camacho vio las novedades de su época con su larga mirada.

Nuestro hombre vio lo siguiente: … “[...] A la capital administrativa ha sucedido el Madrid industrial; hoy son millares de obreras, que con sus batas blancas o azules, pasan por Atocha camino de Standard, Telefunken o Phillips hacia las máquinas-herramienta y las cadenas de montaje”. Así lo escribió en un importante artículo "El fetichismo y la realidad", Cuadernos para el diálogo (Junio de 1964). Aparentemente esta descripción camachiana podría ser interpretada como un relato costumbrista. Pero tiene mucha más miga. Es la percepción de un paisaje socioeconómico que ha desplazado definitivamente lo anterior: por la calle --de la fábrica hasta casa-- el mono azul de un tipo de trabajo asalariado ha emergido y de esa visibilidad antropológica Marcelino saca sus conclusiones sociopolíticas y culturales. Los talleres de modistillas han sido substituidos por las grandes empresas matalúrgicas: la artesanía ha sido licenciada y, en su lugar, surge un fordismo que, aunque muy particular, representa un nuevo paradigma. Ese es el trasfondo del artículo de Marcelino en la revista "Cuadernos para el Diálogo".

Es, a principios de los años sesenta, cuando nuestro hombre –en plena Dictadura franquista— plantea que la acción colectiva no debe ser clandestina para cumplir sus objetivos de mejorar la condición de trabajo y vida del conjunto asalariado. Lo que supone, a su vez, la puesta en marcha de un movimiento abierto y reivindicativo, basado en la unidad social de los trabajadores. Pilar básico de la propuesta es la independencia y autonomía sindicales cuya base es la democracia deliberativa en el taller y la oficina: la asamblea, expresión real de lo que podríamos denominar democracia próxima, elemento central de la independencia yn autonomía del nuevo sindicalismo que estaba en sus primeros andares. Todo ello dicho en unos momentos de intensa negación y persecución de todas las libertades suponen una radical heterodoxia en los planteamientos teóricos y prácticos de la lucha contra la Dictadura. Esta aportación camachiana no es el resultado de una abstracción sino de su concreta experiencia como trabajador de la empresa madrileña Perkins. Salvando las distancias de todo tipo, se diría que los planteamientos camachianos entroncan con algunas aportaciones de gente de tanta solvencia como Joan Peiró (especialmente el de la etapa contra el general Primo de Rivera) y Giuseppe Di Vittorio en lucha clandestina contra Mussolini. Camacho comparte con ellos lo siguiente: considera que el objeto de los sindicalistas no es exactamente el sindicato sino los trabajadores de carne y hueso, el amor apasionado por la formación intelectual y el estudio y la relación caliente con las personas.


Ya en aquellos tiempos –esto es, a principios de los sesenta— Marcelino era una persona querida y respetada: una condición que le acompañará toda su vida. En realidad, en mi larga vida como sindicalista, nunca he conocido una persona de la vida pública que haya concitado ese respeto y afecto de masas como vi en Marcelino. Acompañarle por la calle era un todo un baño de saludos y abrazos, incluso (y especialmente) de aquellas gentes, de cualquier edad, que se paraban a darle la mano, a “tocarle”. Era, por así decirlo, la metáfora de la democracia próxima. Recuerdo un sucedido en Lleida: estábamos comiendo en un restaurante; estábamos separados por una mampara de una familia numerosa que estaba celebrando la primera comunión de uno niño. El padre del jovencito vino y le pidió a Marcelino que fuera a tomarse una copita. Dicho y hecho, después le pide que diga unas palabritas. Pues bien, habla Marcelino durante dos minutos (¡una proeza en él!) y le dice al chaval que aproveche el tiempo, que estudie y sea muy formal. La gente aplaudió como si aquello fuera una magna asamblea de la SEAT o cosa por el estilo.


Así era Marcelino. Una persona de la que dijo un viejo sindicalista mataronés: “En Marselinu es com jo, però que en sap mes”. Sólo desde esa naturalidad podía poner en marcha esa discontinuidad histórica que se llama Comisiones Obreras. Un hombre que, a pesar de los larguísimos periodos de prisión, siempre tuvo la sonrisa de par en par. Un hombre que gestó un gran movimiento, que lo vio crecer y crecer … Un hombre del que nuestro Manuel Vázquez Montalbán dijo : "Asistiremos a la autoconstrucción de un dirigente obrero, que luchó como peón de la Historia en la Guerra Civil, y que, a partir de la derrota personal y de clase, se movió como un héroe griego positivo, en la lucha contra el destino programado por los vencedores, personal y coralmente.... Toda su vida será un trabajador que considera que el mundo no está bien hecho. Es decir, que no está hecho a la medida de los débiles".



Radio Parapanda. Homenaje a Marcelino: REVISITANDO LOS ORIGENES DE COMISIONES OBRERAS

domingo, 24 de octubre de 2010

DEMOCRACIA SINDICAL


… y en Roma no cabía ni un alfiler; ni siquiera en el entierro de Julio César, con ser Julio César, hubo tal gentío. Lo ha dejado escrito un atónito Paolo Flores d’ Arcais en http://temi.repubblica.it/micromega-online/la-piazza-fiom-cosa-viene-dopo/ Se trata de la oceánica manifestación que la Federación sindical metalúrgica –la legendaria FIOM-- de la Cgil convocó para el pasado día 16 de octubre que atestó la capital italiana.


Un día de estos es posible que traduzcamos el discurso que pronunció Maurizio Landini; mientras tanto, en la conexión anterior puede encontrarse el texto del secretario general de los metalúrgicos de la Fiom. En todo caso, comentaremos brevemente una de las propuestas más relevantes que hizo el dirigente sindical. Él la llamó “democracia contractual”. Y, en síntesis, se trata de algo que en no pocas ocasiones hemos abordado en este mismo blog: antes de firmarse un convenio (Landini estaba hablando de los de ámbito de todo el territorio italiano) su texto debe someterse a referéndum vinculante al conjunto de los trabajadores afectados. Es más, Landini propone que haya una ley que contemple dicha cuestión.


Dejando aparte dicha invasión legislativa en el campo de las relaciones contractuales (que no me gusta en este caso) la propuesta de Landini tiene importantes precedentes en su país. Incluso en el terreno confederal como, por ejemplo, el referéndum de la reforma del welfare en tiempos del segundo gobierno Prodi. En definitiva, la propuesta de Landini no tiene nada que ver con esa tendencia, que ha consolidado la CSIL, de firmar lo que le pongan encima de la mesa. Porque, repetimos, esa técnica viene de hace muchos años. Tiene que ver, y mucho, con la participación activa e inteligente de los trabajadores en las cuestiones que les afectan directísimamente.


El sindicalismo federativo español ganaría mucho si, además de usar el referéndum puntualmente en algunos centros de trabajo (aunque solamente cuando hay motivos de fricción entre los sindicatos), lo tuviera como seña de identidad, claramente explicitado en norma estatutaria con los requisitos formales para su ejercicio. Dicho lo cual, dejo un apunte para desarrollarlo cuando tenga las ideas un poco más claras: si se negocia con las contrapartes la rforma de la negociación colectiva, parece claro que, en el interior de tu propia organización, debes proponerte la correspondiente autorreforma.



Radio Parapanda. HUELGAS EN FRANCIA: ALGUNAS ANOTACIONES DESDE ESPAÑA

miércoles, 20 de octubre de 2010

LOS ESTADOS GENERALES SINDICALES DE EUROPA

Llevamos unas semanas de amplias movilizaciones sindicales en toda Europa, tal vez sin precedentes en muchos, muchos años. Vistas en su conjunto parece evidente que, sin asomo de exageración, el sindicalismo confederal está ejerciendo sus responsabilidades. Me quito, pues, el sombrero ante las direcciones de las organizaciones sindicales de cada país.


Y, desde ese homenaje sin matices, me parece evidente que a lo que está en movimiento es preciso, urgentemente, darle una coherencia europea. Esto es, una declaración de intenciones para ahora mismo, aquí en Europa. Por eso me atrevería a plantear que la CES convoque algo así en como los Estados Generales del sindicalismo europeo. Es decir, una gran convención de lo más granado de sus dirigentes. El objetivo: debatir a tumba abierta qué alternativa a corto y medio plazo se da a la actual situación y a todas esas movilizaciones que, al menos en apariencia, no parecen explícitamente vinculadas entre sí y a un proyecto general, también a corto y medio plazo.


Lo nuevo de estas movilizaciones es, dicho a bote pronto, la coincidencia en el tiempo, la masividad de la participación y la unidad social de masas. Como dato relevante está la unidad de acción sindical en Francia… Ahora bien, como se ha dicho más arriba, entiendo que les falta una coordinación explicitada frente a un conjunto de políticas algo más que apalabradas de los gobiernos de cada país. Por supuesto, les Etats generaux syndicales es una metáfora. Pero algo habrá que hacer… Doctores tiene la Iglesia.




Radio Parapanda. http://blog.comfia.net/responsabilidad-social/blog/2010/10/19/transparencia-y-memorias-de-sostenibilidad



martes, 19 de octubre de 2010

MENOS MAL QUE TENEMOS A LA CGIL QUE NOS DEFIENDE DEL PARTITO DEMOCRATICO


Antonio Labriola habló, en tiempos de María Castaña, de la “incongruencia italiana”: el hecho dramático de que en su país, cuando aparecen indicios de renovación, surge con fuerza manifiesta su profundo espesor reaccionario. Lo sorprendente es que el mismísimo Partito democratico parece haber consolidado su particular “incongruencia política”: un partido que surge para renovar la democracia italiana, la política –según manifestaron precipitadamente los D´Alema, Fassino y Veltroni-- acaba creando su particular costra de volver al siglo XIX. Hacemos referencia, naturalmente, a nuestra entrada de ayer en este blog.


Menos mal que en Italia existe doña Cgil. Que, como es sabido, ha convocado
MOVILIZACIONES EN ITALIA: HACIA LA HUELGA GENERAL. Esta gran dama, doña Cgil, no sólo tiene que combatir las medidas patronales y las políticas de Berlusconi III, debe protegerse también del Pd, ese Caballero de Gracia, todo un viejales que “no es de derechas, ni de izquierdas”, según declaró Walter Veltroni, consolidando ya su desubicación política.


Pues bien, todo ello me trae a la memoria las opiniones de una ricachona de la Vega de Granada que decía: “Oye, menos mal que tenemos a la Iglesia que nos defiende de los Evangelios”. Contrariamente, en Italia --a pesar de todos los pesares-- parece que se siente: "Menos mal que tenemos a la Cgil que nos defiende del partito democratico". Otra dimensión de la "incongruencia italiana".





lunes, 18 de octubre de 2010

AMABLE POLÉMICA CON ÁLVAREZ DEL CUVILLO SOBRE LOS COMITÉS DE EMPRESA


El pasado viernes hacía unas reflexiones en torno a SOBRE LOS PIQUETES. Casi de pasada volví a plantear el tema de la representación de los trabajadores en el centro de trabajo y concretamente la, a mi juicio, obsolescencia de los comités de empresa. Esta es una cuestión sobre la que llevo polemizando desde hace un montón de años; de hecho con el único que me falta discutir es con el Lucero del Alba. En esta ocasión ha vuelto a incidir en esa conversación el profesor Antonio Álvarez del Cuvillo, un prestigioso iuslaboralista gaditano, cuyo blog “Tiempos interesantes” (está disponible en el apartado de Conexiones intempestivas) es de obligado estudio para sindicalistas y operadores jurídicos, ejecutivos de ringorrango y encofradores sociales. Comoquiera que los comentarios de nuestro amigo no pueden estar en las entretelas de este blog, los saco al aparador. Concretamente expone


Antonio Álvarez del Cuvillo: Querido José Luis, El problema más importante de lo que propones con la representación unitaria es la dependencia de la trayectoria. No se trata de ver cuál es el modelo mejor en abstracto, sino de analizar qué se hace con lo que hay.En este momento, con sus luces y sus sombras es una institución muy consolidada. Si se la hace desaparecer confiando en una nueva forma de representación sindical al hilo de una eventual reorganización es muy probable que se elimine lo que existe para que no sea sustituida por nada. A lo mejor digo una burrada, pensando en alto y sin saber. ¿Y si se dejara como está la representación unitaria pero cambiaran las reglas de representatividad? Me parece que actualmente, queramos o no, lo que se incentiva es que los sindicatos consigan representantes formalmente a su nombre antes que otra cosa. Así, en muchos sitios, sobre todo en empresas pequeñas, el contacto con los delegados puede ser muy pequeño y la cosa está poco articulada. Tener muchos afiliados siempre es bueno, pero no se ve de manera muy directa el estímulo. (Fin del comentario)


Lo importante de esta observación del profesor Álvarez del Cuvillo está en: “¿Y si se dejara como está la representación unitaria pero cambiaran las reglas de la representatividad?”. Por mi parte, se me ocurre lo siguiente: 1) si el problema fuera “qué se hace con lo que se tiene”, nuestros amigos italianos nunca hubieran cambiado el viejo modelo de las comisiones internas por el de los consejos de fábrica; 2) para un servidor el problema fundamental no recae en que el comité de empresa sea un sujeto distorsionador de la afiliación sindical (¿para qué afiliarme si dispongo del comité?) sino a que dicho instrumento, por su propio carácter, está desubicado del paradigma de la globalización. Ese es el problema que yo veo.


Por supuesto, coincido con Antonio en que “no se trata de ver cuál es el modelo mejor en abstracto”, de manera que todo cambio debería hacerse en función de las grandes transformaciones que se están operando en el centro de trabajo y en la organización del trabajo: concretos ambos. Una serie de profundas transformaciones que, con cierta frecuencia, nos pillan con estos pelos.


Radio Parapanda. Datos y comparativa sobre afiliación y representación sindical en Europa, concretamente en http://www.1mayo.ccoo.es/nova/NNws_ShwNewDup?codigo=3537&cod_primaria=1167&cod_secundaria=1167

domingo, 17 de octubre de 2010

ASINCRONÍA EN EL 29 DE SEPTIEMBRE



Sobre la importante movilización del día 29 de septiembre conviene seguir haciendo algunas reflexiones. Comoquiera que dicha acción colectiva fue exitosa, se está en condiciones de hace una meditación serena, tranquila. Pues bien, quitémonos los pelos de la lengua para hablar sin muchos tapujos.


Convengamos –según los datos que tenemos todos en el armario de la realidad-- que en esta huelga los sectores industriales, que ya cuantitativamente son minoritarios por su demografía como por los niveles de afiliación al sindicalismo confederal, han sido los que han corrido con el peso mayoritario del desarrollo de la huelga. Los sectores terciarios, que ya son mayoría en número de asalariados y en índices de afiliación, han tenido una participación muy, muy desigual: de gran importancia en los transportes y medios de comunicación, y en el resto –salvo excepciones—ha habido un gran número de garbanzos negros (1).


Más todavía: podemos decir que los sectores tradicionales han sido los que han participado mayoritariamente en esta acción, mientras que los emergentes o bien se han ido por la tangente o se han disfrazado de noviembre para no infundir sospechas. Oído cocina, no hago ningún reproche a nadie. Lo que sí afirmo es que estas sincronías no pueden estar al margen del análisis de la biografía del conflicto del 29 de septiembre.



(1) Según datos que aparecen en el importante estudio “La diversitat en el sindicat. Trets demogràfics i ocupacionals, valors i participació de l’ afiliació a CCOO de Catalunya” (Ceres, 2009), las cosas están como sigue en lo atinente a la distribución de la afiliación según los sectores de la actividad: agrario, 1,1%; industria, 33,2; construcción, 3,9; servicios, 61,9. Esa investigación estuvo a cargo de Pere Jódar, Ramón Alós, Sergi Vidal, Luis Ortiz y Daniel Garrell
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Radio Parapanda. Sobre los piquetes. Comentarios al artículo homónimo de López Bulla, escribe SOT-UGT en un blog excelente.

viernes, 15 de octubre de 2010

SOBRE LOS PIQUETES



Dejé escrito en el Primer Congreso de Comisiones Obreras de Catalunya (Mayo de 1978) lo que me propongo desarrollar a continuación. Quien quiera comprobarlo no tiene más que ir a “las fuentes”: los documentos congresuales aparecieron publicados por la Editorial Crítica, 1978. He vuelto a leerlo y, en lo que atiene a las presentes reflexiones, no veo nada que corregir, aunque sí mucho que ampliar.


1.-- Entro abruptamente en la cuestión sin ningún tipo de perifollos: existe una relación inversamente proporcional entre los piquetes y la fuerza organizativa estable del sindicalismo, esto es: a mayor necesidad de piquetes menos fuerte –y, por lo tanto, más débil-- es la organización. Así pues, el piquete es la constatación de un problema organizativo que viene muy de atrás, que sigue sin resolver. Eso sí, el piquete tiene un pálpito romántico que poco tiene que ver con lo prosaico galdosiano del hecho de organizar, de tener una considerable fuerza estable que no precisa de instrumentos fugaces para la consecución de los objetivos que se propone. Ese pálpito romántico es el substituto de lo que distingue ontológicamente al sindicalismo a saber: que es una organización. Dígase, así pues, que el piquete es la expresión de la debilidad del sindicalismo. Es más, puestos a no dejarnos ya nada en el tintero: el piquete es también la expresión de los revoltés, no de los revolutionaires.


La investigadora norteamericana Beverly Silver ha estudiado en Le forze del lavoro. Movimienti operai ed globalizzacione dal 1870 (Mondadori, 2008) las formas de lucha de los trabajadores, en sus rasgos generales, a lo largo de todo ese itinerario. En aquellos tiempos lejanos los obreros en la manufactura expresaban su acción colectiva no tanto dentro de la fábrica sino en el exterior: la organización del trabajo no ofrecía, todavía, instrumentos particularmente ventajosos para la lucha, de ataque al poder del patrón, hecha la excepción de la huelga; de ahí que la movilización obrera tendiera a basarse en las relaciones sociales del y en el territorio: un ámbito social externo a la fábrica. El piquete de masas era el instrumento acorde con esa situación. Ahora bien, tras la consecución de importantes conquistas de poderes e instrumentos (no pocos de ellos con rango institucional) el sindicalismo confederal sigue utilizando, cuando es débil en el terreno organizativo, una técnica, digamos, decimonónica.


No fue lo que ocurrió, por ejemplo, el famoso 14 de diciembre de 1988, al menos en Catalunya, donde los piquetes se contaron con la mitad de los dedos de la mano. No había necesidad de ello, aunque no por la fuerza cuantitativa del sindicalismo (me refiero a la afiliación, considerablemente menor que la actual) sino por la asunción anómala --no quedó nadie sin adherirse a la acción-- que el conjunto asalariado y la ciudadanía hicieron de los objetivos de la protesta. De aquí que surja otro elemento: también la necesidad de piquetes es inversamente proporcional; cuanto menos es asumido el objetivo de la convocatoria más necesidad se tiene de instrumentos fugaces (piquetes) para realizar la presión. Pero, por lo general, existe una fuerte relación entre organización estable con amplia capilaridad social y la asunción que de un proyecto que motiva el conflicto social hace el conjunto o amplias capas de la ciudadanía. Con lo que volvemos al problema del nivel cuantitativo y cualitativo de la afiliación al sindicalismo. O sea, al vínculo estable, no al episodio fugaz de seguir la orientación del instrumento, también fugaz, que es el piquete.


Conviene reflexionar sobre el histórico descuido que sigue teniendo el sindicalismo confederal español acerca de la organización, del trabajo fisiológico, cotidiano de organizar. Un descuido que, además, viene de forma redundante a través de ese instrumento que es el comité de empresa, que ni es sindicato ni es organización. Una y otra carencia es el campo abonado para que, ante cada conflicto, tenga que recurrirse al piquete que, curiosamente, disfrazamos como informativo para no infundir sospechas. Porque, hablemos claro, si el piquete debe informar es que el sindicato no ha informado previamente; y si el piquete debe recordar es que no se ha hecho un trabajo, organizado sistemáticamente en ese centro y territorio, antes del día D.


2.-- Uno de los elementos que lógicamente provoca la santa ira de los sindicalistas es el feroz ataque que, desde diversos ángulos, se dirige contra el conflicto social y los sujetos que lo convocan. Por supuesto, cuestión diversa es la opinión crítica que, respetando las reglas democráticas y los usos de la discusión tolerante, se hacen contra el propio conflicto social y los sindicatos. Una y otra son cosas distintas, pero lo cierto es que ambas son infinitamente más poderosas mediáticamente que el espacio que se le ofrece al sindicalismo confederal. Pues bien, precisamente por ello –justamente porque ante cada convocatoria se repite esa cacofonía-- es necesario que el sindicalismo entienda que no dispone de otro instrumento mediático que el nivel cuantitativo y cualitativo de su afiliación estable, no del instrumento compulsivo del piquete. O lo que es lo mismo: los piquetes televisivos, radiofónicos y demás nunca podrán ser contrarrestados por los mecanismos fugaces que, en cada solemnidad, ponemos en funcionamiento, los piquetes.


3.-- Conclusión provisional: cuando encarte y me llamen volveré a salir de piquete. Pero seguiré escribiendo que desde ahora mismo hasta ese momento en algo nos hemos descuidado en los terrenos organizativos.




Radio Parapanda. Según Baylos hay que PENSAR PARA OTRO, PENSAR COMO SE DEBE

miércoles, 13 de octubre de 2010

CONSIGNAS ZARRAPASTROSAS



Me ha sorprendido desagradablemene el lema que –viniendo de la Confederación Europea de Sindicatos— han hecho suyo alguna que otra organización en las recientes movilizaciones. Pongamos, por ejemplo, que hablo de la CGIL. La verdad es que me quedé patitieso cuando en diversos medios ví que el lema (parola d´ordine) era “non all’ austerità”. Y, perplejo, no tuve empacho en pensar que hay no poca confusión en ciertos grupos dirigentes sobre cuestiones de gran calado.

A estos grupos dirigentes (europeo e italiano) les ruego encarecidamente que lean lo que en relación al problema dejó dicho un personaje del que tal vez tengan lejanas noticias. Lo dijo en
Austerità y se llamaba Enrico Berlinguer. Y, como estamos hablando de cosas de mayúscula envergadura, recomiendo al personal que hay en lengua castellana un librito llamado “Enrico Berlinguer. Austeridad”, primorosamente traducido por Alberto Nicolás, editado por Cuadernos Materiales, 1978. Hoy ese libro está descatalogado, pero en los aires juncales de Internet es posible encontrar alguna versión castellana de la intervención de Berlinguer.


Pues bien, en apretada síntesis podemos decir que Berlinguer razonaba de la siguiente manera: 1) el desarrollo, tal como están las cosas, choca ya abruptamente con el paradigma medioambiental; 2) es necesaria una política de austeridad que afronte los grandes despilfarros, el inmoderado consumismo. Ahora bien –añadía Berlinguer—“la política de austeridad no es la igualación a la baja ni tiene nada que ver con una recreación de la pobreza”. Y sobre todo afirmaba: es necesario un nuevo modelo de producción y de qué producir.


Los grupos dirigentes de la CES y de la CGIL deberían leer parsimoniosamente que “la política de austeridad no es la igualación a la baja y no tiene nada que ver con una recreación de la pobreza”. Que intencionadamente repito para corregir los defectos (si los hubiera o hubiese) de paralexia. Más todavía, la austeridad no tiene nada que ver con el empobrecimiento; antes al contrario, es la antítesis del despilfarro organizado. Es, ciertamente, la antítesis del fomento de la estructura de consumo típica que potencia un consumo privado individual basado en necesidades artificiales y modos cada vez más sofisticados, pero no más útiles de satisfacerlas, manteniendo a niveles lo más precarios posibles los consumos colectivos, al tiempo que comporta la existencia de ingentes gastos improductivos.


Por lo tanto, la austeridad es una política alternativa que se orienta en otra dirección de los actuales modelos de producción y de qué producir; de los consumos y, por lo tanto, del uso social de las conquistas: un tema que abordé en
EL USO SOCIAL DE LAS CONQUISTAS SINDICALES (1). Además, ambas cuestiones tiene un potente vínculo con la defensa y promoción del paradigma medioambiental. De donde, nuevamente, se infiere al carácter transformador de cómo concebía las cosas nuestro amigo Berlinguer. O sea, lo contrario de lo que parecen pensar quienes han puesto en marcha tan estúpida como reaccionaria consigna de no a la austeridad. Porque no han caído en la cuenta de que no es, no es, no es (tres veces no es) una política de nivelación tendencial hacia la indigencia, ni se propone objetivos de mera supervivencia de un sistema económico y social que ha entrado en crisis.


En definitiva, como diría Peter Glotz en su Manifiesto por una nueva izquierda europea, “hay que superar el concepto cuantitativo de progreso y substituirlo por un concepto cualitativo; debe, pues, reconstruir socialmente y ecológicamente el concepto de progreso”. La austeridad berlingueriana es la mejor hipótesis para tan fundamental objetivo. Por ello, granadinamente hablando, recomiendo a los grupos dirigentes de la CES y la CGIL que se dejen de pollas que el agua está muy fría. Que como todo el mundo sabe no es una falta de respeto sino un adecuado consejo gastronómico. Y, comoquiera que estamos hablando de una política alternativa, quiere decirse que la austeridad no es algo contingente, sino de muy, muy, muy largo recorrido.




martes, 5 de octubre de 2010

¿LOS ANTI SISTEMA EN LA HUELGA GENERAL ?



El sindicalismo confederal no ha denunciado a quienes, a sabiendas y queriendas, organizaron el día de la huelga general una serie de altercados en Barcelona que, ni directa ni indirectamente, tienen nada que ver ni con las reivindicaciones de los sindicatos ni con la movilización propiamente dicha.


Lo diré sin pelos en la lengua: esa partida de noctívagos no son compañeros equivocados. Son gentes que desprecian el sindicalismo, calificado como reformista, el viejo anatema de antañazo. Son una partida gótica que presume de carbonarios frente a la acción colectiva de las masas en movimiento. Pero no sólo hay actitudes despreciativas, hay ataque concreto: cada vez que hay una gran movilización, surgen de las tinieblas para reventar el gran gesto. Un gran gesto que no debe destacar por la pedagogía que encierra; lo que debe destacarse es la fogata del contenedor de la basura y la cara con antifaz ocultando la piedra en la mano. Lo que debe quedar, según esos esquemas, que vienen –como sus derrotas-- de tiempos añejos es el redentorismo de esa pretendida vanguardia reducida: el grupo de los “pocos pelos y bien peinaos”.


Como la sancta simplicitas está muy repartida, todavía hay gente que opina que son buena gente, un poco exaltados, esto es, compañeros que se equivocan. ¿Habrá que recordar el turbio historial del hombre que fue jueves? Por cierto, recuerdo a un anti sistema en mis años mozos: nos decía de todo, reformistas, revisionistas, vendeobreros … Hoy, luciendo pelo canoso y barba blanca, barrigón abultado y papada reluciente, es alto dirigente de la derecha nacionalista catalana y, desde tiempo hace, luce su palmito por las bancadas del Parlament de Catalunya.
Un curioso diputado que dejó la rosa de fuego por el caviar beluga. Ni antes creía en los sindicatos (por reformistas), ni ahora tampoco (por lo que sea).



La marcha en apoyo a la Huelga General en España. (Reportaje de Carlos Mejia. Desde Perú. Solidaridad con los trabajadores españoles)

lunes, 4 de octubre de 2010

MÁS Y MÁS AFILIACIONES AL SINDICALISMO




Me enseñaron mis mayores, en tiempos de María Castiñeira, que las grandes ocasiones eran momentos propicios para incrementar la fuerza organizativa. Es decir, usando términos coloquiales: para hacer más afiliados. Sería conveniente –si es que los clásicos daban en la tecla— saber si se ha dado un aumento de los inscritos en el sindicalismo confederal. En resumidas cuentas, ¿cuántas personas que estaban en la acción del 29 de septiembre, adheridas esporádicamente a la “familia sindical”, decidieron estabilizar esa relación?


Premisa: si el sindicalismo ha valorado la acción del 29 ¿no sería lógico hacer un apretujón y buscar más, más, más adhesiones estables, más, más, más afiliados?
Conclusión: pues no faltaba más.



domingo, 3 de octubre de 2010

EL PARTE METEOROLÓGICO POST HUELGA



Nuevamente los dirigentes sindicales tienen una gran responsabilidad: la que se desprende de saber en qué rumbo deben poner el timón del trasatlántico, tras la mar arbolada del 29 de septiembre. Es lo que se conoce como la administración del conflicto.


Ahora bien, para administrar el conflicto es preciso conocer con precisión milimétrica sus dimensiones. Sin el conocimiento pormenorizado del parte meteorológico no será posible saber qué rumbo poner. Digamos las cosas con claridad: el honor del sindicalismo confederal se ha salvado y la autoestima está en un lugar de alta decencia. Por eso, es preciso saber a ciencia cierta –y no de oído-- las dimensiones reales de la huelga, y desde esas cotas qué línea de conducta se desprende.


No sería bueno que todo el mundo se amparara en que ha habido mar arbolada para ocultar la placidez de sus aguas particulares. Quienes han tenido calma chicha deben explicarse.

viernes, 1 de octubre de 2010

¿DÓNDE HA HABIDO GARBANZOS NEGROS?



El diapasón que la huelga ha tenido merece una profunda reflexión por parte de los convocantes. Por eso, de manera serena y con la alegría del (duro) deber cumplido, es bueno verificar lo que se ha hecho durante estos últimos tres meses y su colofón: el 29 de septiembre. Y, sobre todo, desde la consideración de que los muertos que matan algunos gozan de buena salud.

Una movilización de este calibre bien merece entrar a fondo en todos sus pormenores. Y con el mismo tesón que valoramos y nos felicitamos por el éxito, vale la pena entrar, de igual manera, allá donde ha habido dificultades, garbanzos negros e incluso burgos podridos. Porque, como en las cosas de la vida, de todo hay y ha habido en botica. Posiblemente alguien piense que un análisis que incluya esas gangas podría desvalorizar la huelga general. En absoluto. Precisamente cuando las cosas van bien es cuando se puede ir más al fondo de los problemas. Y han ido bien. Seamos claros, en aquellos sectores donde hubo dificultades en anteriores ocasiones (y no se verificó sus motivos) se ha repetido la historia.







miércoles, 29 de septiembre de 2010

... Y LA HUELGA GENERAL SE HIZO



El pescado está vendido: la huelga general se está haciendo; las notas que vienen a continuación son unas primeras reflexiones de urgencia. Tienen como objetivo servir de aproximado guión para un trabajo posterior más pormenorizado. Estas anotaciones van en la siguiente dirección: 1) la huelga general ha sido una contundente enmienda a la totalidad tanto de la reforma laboral como de las políticas económicas que se han puesto en marcha; 2) el sindicalismo confederal debe hacer una oferta capaz de propiciar una salida a esta situación; 3) todos los sujetos que, en mayor o menor medida, son corresponsables de la gran movilización deberían propiciar un foro de diálogo habitual; 4) tras la jornada europea del día 29 de septiembre, la Confederación Europea de Sindicatos está en condiciones de recuperar el protagonismo.



1.-- Las organizaciones sindicales convocantes de la huelga general han conseguido sus objetivos, y quienes dieron su apoyo –que no fueron pocos-- comparten la distinción de haber participado en una movilización democrática impulsada por la razón crítica. Estamos ahora, pues, en condiciones de afirmar sobriamente que el rechazo a la reforma laboral y al paquete de medidas gubernamentales es visiblemente masivo. Es, por supuesto, una desautorización en toda la regla de la intransigencia patronal. La huelga general ha sido una enmienda social a la totalidad. Con lo que dicha movilización es, además, una sonora desautorización de quienes, dentro y fuera del Parlamento, aparentando criticar las medidas, les dieron un apoyo vergonzante. Entre ellos, destaca el papel de los nacionalistas catalanes, maestros en hacer la puta i la Ramoneta, que –desde tiempos antiguos-- lanzan la piedra y esconden la mano. En todo caso, la desautorización más contundente ha ido a parar a Zapatero, un político con una credibilidad, como lo ha demostrado la movilización, bajo mínimos.


2.— Al sindicalismo confederal le toca ahora administrar la movilización. Porque el éxito de estas confrontaciones tiene una condición necesaria que es el nivel de la presión propiamente dicha y una condición suficiente, esto es, la gestión política de dicha movilización. Así parece apuntar Isidor Boix en su
Para "La Factoría - 100 ideas para después de la huelga" cuando afirma: “Y, si como estoy convencido, nos interesa salir de la crisis (sin esperar sentados ver pasar el cadáver del sistema social en el que vivimos y luchamos), tendremos que considerar dos temas: 1) qué aportación podemos hacer, seguramente en términos de sacrificios-concesiones, y 2) qué contrapartidas-reivindicaciones tenemos que formular, seguramente en términos de poder colectivo-sindical y de política económica, para gobernar esta salida y para intentar contribuir a evitar su futura repetición”.


Me atrevo a interpretar estas palabras de la manera siguiente: que nadie, en el campo sindical, se emborrache con el importante resultado de esta movilización, porque los problemas siguen, exactamente igual que el día anterior. Aunque con un matiz no irrelevante: esas políticas han sido desautorizadas y, por supuesto, ha quedado demostrado que el sujeto convocante ha sido relegitimado.


En todo caso, soy del parecer que es urgente salir de este anciano paradigma que representa el carácter de esta tipología de reformas laborales. Que, además de inútiles conducen a una confrontación estéril. Por eso creo que –ahora más que ayer-- se requiere un pacto social por la innovación tecnológica.


3.-- Con toda seguridad podemos presumir que nuevamente el sindicalismo confederal español ha actuado de una manera altamente unitaria. Nunca, como en esta ocasión, se han producido tantos actos conjuntos de Comisiones Obreras y Ugt. Yendo por lo derecho: la movilización sindical ha dado la impresión que estaba dirigida por el sindicato. Siendo el sindicato la conjunción de ambas organizaciones. Este conglomerado unitario explicaría, además, la potente relación de el sindicato con esa miríada de organizaciones sociales que han apoyado la huelga de manera activa. De ahí que una consecuencia tranquila de todo ello sería: 1) ampliar los niveles unitarios entre Comisiones Obreras y Ugt, y 2) establecer un foro habitual de diálogo entre el sindicato y ese amplio universo de organizaciones sociales.


4.-- Tiempo habrá de hacer una reflexión sobre la jornada del 29 de septiembre en Europa. En todo caso, a bote pronto podemos decir que la Confederación Europea de Sindicatos ha salido fortalecida, y es hora de que tome nota de ello.


Radio Parapanda (al servicio de la huelga general). ELOGIO DE LA HUELGA GENERAL

lunes, 27 de septiembre de 2010

LA VANGUARDIA DE LA HUELGA GENERAL


Homenaje a Antonio Gutiérrez. (Fotos del Archivo de Personalidades Díscolas de Parapanda)


En efecto, los periodistas gráficos realizan la huelga un día antes de la convocatoria. Mañana, 28 de septiembre, ese gran colectivo irá a la acción. Así el gran día no hay periódicos en los kioscos. De ahí que, en gran medida, esa forma de actuar marca lo que vendrá después. Así pasó, como es natural, el famoso 14 de diciembre de 1988: los periodistas fueron la vanguardia de la gran huelga.


En aquella ocasión, Manuel Estapé (hijo de
Fabián Estapé, el gran economista catalán) nos llamó a mi primo Justo Domínguez, secretario general de Ugt de Catalunya, y a un servidor para que interviniéramos en la magna asamblea que los trabajadores del rotativo La Vanguardia iban a realizar dos días antes de la acción. Allí fuimos, en pleno centro de Barcelona. Nos recibió Joan Tapia, el director del rotativo. Nos dijo que el Conde de Godó, propietario del periódico, tenía interés en hablar previamente con nosotros y nos estaba esperando. Subimos al despacho, y de forma desabrida –de hecho, ni nos dijo buenas noches— nos espetó a bocajarro: “No conseguiréis vuestros objetivos, el personal votará en contra de la huelga”. Justo y yo, siguiendo las normas de la más exquisita educación, saludamos: “Buenas noches, Conde. ¿Qué se le ofrece?. Ganaremos la votación y, antes de irnos, pasaremos a informarle del resultado”.


Centenares de trabajadores nos esperaban. Era la primera vez que se veía una cosa así en el periódico. Estapé nos pasó la palabra, hablamos y –ante el estupor del comité de empresa— dijimos que nosotros éramos el sujeto convocante y que, por tanto, las modalidades de la votación las poníamos Justo y un servidor, o sea: “Voto secreto”. Se organizó la votación y el posterior escrutinio: tan sólo unos quince o veinte votaron en contra; el resto –centenares— lo hicieron a favor. Estapé parecía levitar, nosotros aparentábamos una tranquilidad enorme, a pesar de que éramos un manojo de nervios. A las tantas de la noche nos presentamos en el despacho del conde: ni siquiera tuvo la delicadeza de esperarnos, noblesse oblige. Este caballero, al parecer, había cogido un berrinche de padre y muy señor mío. Y entonces maquinó una maniobra…


No podía consentir que apareciera que La Vanguardia iría a la huelga. El pollo pera Godó mandó imprimir cincuenta ejemplares (ahora no me acuerdo dónde, tal vez en Perpignan) para distribuirlos a las autoridades barcelonesas. Como cabe suponer hizo el ridículo.


Cuando le conté al profesor Estapé la gran aventura de su hijo se le caía la baba. Y, en vez de citar a Schumpeter –del que fue su gran traductor e introductor en España— se quitó el habano de la boca y con voz aguardentosa dijo: “Quins collons que té el meu fill”, que no traducimos porque estamos en horario infantil.


jueves, 23 de septiembre de 2010

"LOS JURISTAS NO HABLAMOS DE DINEROS, HABLAMOS DE DERECHOS"



Nota editorial. Intervención del Magistrado don Miquel Ángel Falguera i Baró en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona ayer. Acto de apoyo a la huelga general del 29 S. La versión castellana (el discurso fue pronunciado en catalán) que se ofrece la ha realizado la Escuela de Traductores de Parapanda.




Miquel A. Falguera i Baró (Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya)



Permítanme que en este acto tan importante reflexione como un simple jurista. Y, permítanme también que recuerde que los juristas no hablamos de dineros sino de derechos. Que nuestra razón de ser no pasa por el incremento de las riquezas sino por el avance de la civilidad.


Tengo la impresión de que vivimos unos tiempos tan inciertos que es necesario recordar obviedades. Como, por ejemplo, recuerar el sentido de las palabras. Así, habrá que recordar que, en contra de lo que se nos quiere hacer creer, la democracia no sólo es sinónimo de libertad sino que es algo más. Está claro que no hay democracia sin libertad. Pero la democracia es también igualdad. Y la democracia es también la fraternidad –es decir, el derecho de todos los hombres y todas las mujeres a desarrollarse como personas a partir del reconocimiento social de unos mínimos de subsistencia. O, como afirmaban los padres constituyentes norteamericanos: el derecho a la felicidad.


Nadie puede ser libre si no tiene la posibilidad de desarrollar todas sus potencialidades como ser humano. De aquí que Aristóteles caracterizara la democracia como “el gobierno de los hombres pobres libres” a diferencia de la oligarquía, “el gobierno de los hombres ricos libres”. De estos conceptos simples surgieron las ideas centrales de la Ilustración, de la que somos hijos.


Y habrá que recordar también –porque se olvida a menudo— que los actuales marcos constitucionales de los países occidentales no aparecieron de la nada, sino que son fruto del inmenso esfuerzo de las personas pobres, más o menos libres, a lo largo de dos siglos. Que son la consecuencia de la lucha, la sangre y el padecimiento de la pobreza laboriosa. Después que dos generaciones de trabajadores europeos y norteamericanos dejasen la vida en los campos de batalla en las dos guerras mundiales se consiguió un pacto social trascendetal que comportó nuevas reglas de reparto de la tarta de la riqueza (que, ciertamente, obviaba la realidad de los países menos desarrollados), recuperando un modelo social que había sido minimamente diseñado por las constituciones de Weimar y Querétaro.


A pesar de ello, hace un cuarto de siglo –a raíz de la aparición de lo que se conoce como neoliberalismo—las condiciones contractuales han cambiado. Y de esta manera los valores constituciones se han visto pervertidos. Aunque nadie lo diga, los textos de nuestras cartas magnas han quedado en papel mojado, en simples declaraciones sin contenido.


A lo largo de estos años, los juristas hemos visto, estupefactos, hasta qué punto las conquistas de civilización eran puestas en solfa; cómo el Derecho tenía que someterse a la economía.


Muchas veces asistimos a discursos oficiales que cuestionan la igualdad y la fraternidad por “antiguas” y reivindican una supuesta “sociedad del riesgo”, que comporta la instauración del neodarwinismo social. Ahora somos más desiguales que hace unas décadas. En otras palabras, los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Y no sólo en escalas de los países opulentos, también a nivel mundial como constata la OIT. Discursos y políticas que reclaman “menos Estado” y “menos regulación”, es decir, el abandono de la intervención de la sociedad como colectivo en las relaciones privadas, de tal manera que los más poderosos acaben imponiendo sus interesos.


En ese marco los juristas hemos asistido, boquiabiertos, a la negación de que la propiedad tiene una finalidad social, tao y como afirman la mayor parte de los textos constitucionales occidentales. Y, así, el triunfo a la vida parece pasar por el simple enriquecimiento y no por la autoemancipación individual y colectiva del ser humano y la mejora de nuestras sociedades. Un enriquecimiento a cualquier precio y a costa de los demás: la caída del concepto de ciudadanía social en favor del individualismo descarnado.


Hemos asistido a la negación de los derechos y valores colectivos a favor del individualismo en contra de lo que afirman las Constituciones. Cada vez son más frecuentes las políticas, declaraciones y normas que cuestionan a los sindicatos, la negociación colectiva o el derecho de huelga. En estos precisos momentos tenemos claros ejemplos. Se nos dice –y se nos quiere hacer creer-- que estas instituciones colectivas, conquistadas por históricas luchas desiguales, impiden el crecimiento económico.


Se ha recortado la solidaridad social a través de una política fiscal regresiva. Y ello ha comportado el incremento de la desigualdad, en derechos básicos, como el derecho a la enseñanza, el derecho a la vivienda, el derecho a la tutela judicial efectiva, los derechos de conciliación de la vida laboral y efectiva o las situaciones de dependencia. El sistema de Seguridad social –la gran conquista de la pobreza laboriosa y el máximo exponente de la fraternidad social-- también es negado, porque se nos dice que afecta a la economía y nos hace incapaces de afrontar los riesgos de encarar los riesgos de las sociedades modernas. Constantemente aparecen estudios –directa o indirectamente pagados por entidades financieras-- que indican la imposibilidad de pervivencia del actual model de previsión social, con gran resonancia en los medios de comunicación que ocultan las pérdidas elevadas de los sistemas privados de previsión. Entrentanto, nuestras pensiones se van reduciendo y se endurecen los requisitos de acceso a ellas.


Con la excusa del empleo –excusa que la práctica ha demostrado ser falsa-- llevamos venticinco años de recortes de los derechos de los trabajadores ante los empresarios. Y asistimos a la regulación de mayores facilidades para el despido y a graves limitaciones de su posterior control judicial.


Asistimos a un uso abusivo de la mano de obra extranjera en un interesado diseño de leva de un auténtico ejército industrial de reserva que abarata los costes salariales. Y, en paralelo, asistimos también al incremento preocupante de discursos xenófobos y con actualciones de los gobiernos de los países ricos que incumplen los tratados internacionales.


Con estas políticas contrarias a la igualdad y a la fragternidad somos cada vez menos libres. Porque asistimos a unos moemntos en que los votos de los hombres pobres libres no sirven de nada para delimitar las grandes políticas sociales y económicas. Estas políticas se diseñan en organismos y corporaciones trasnacionales que no han sido votadas por nadie ni nadie las votará. Y somos menos libres porque toda voz mínimamente crítica no sólo es omitida sino quemada inquisitorialmente en la plaza pública.


La actual crisis no es imputable a los trabajadores y a los pobres hombres libres sino a estas políticas neoliberales. No deja de ser sorprendente que, poco después del inicio de la crisis, voces destacadas empezaran a hablar de reformar el sistema, de regular la economía. Fue una idea efímera. Una vez que los hombres libres pagaron de su bolsillo los excesos financieros, la conclusión de los poderosos fue que estas políticas suicides tenían que incrementarse. Dijeron que eran los pensionistas, los empleados públicos y las personas dependientes quienes debían pagar las consecuencias. Que la solución a la crisis era menos igualdad y menos fraternidad. Que había que continuar recortando los derechos de los trabajadores y los sindicatos. Han omitido que la causa de la actual situación no es la igualdad sino precisamente los recordes de los derechos constitucionales de las personas.


Por eso, mi asociación profesional, Jueces para la Democracia, ha decidido dar público soporte a la huelga general del próximo 29 de septiembre. Porque esencialmente nosotros somos juristas y nuestra pasión es el Derecho. Alguien podría dudar y pensar que los motivos de la huelga en nada nos afectan, que son cosa de los trabajadores y los sindicatos. Quien así piense se equivoca. Lo que nos jugamos ese día es mucho más que el redactado de unas leyes. Lo que nos juzgamos es si nuestro futuro lo decidirán nuestros votos o las organizaciones financieras internacionales. Lo que nos jugamos es si optamos por la democracia o por la oligarquía.



Radio Parapanda. Anxo Guerreiro en http://www.namentras.org/index.php?option=com_content&view=article&id=63%3Aartigo-geluco&catid=13%3Aartigos

miércoles, 15 de septiembre de 2010

RECORTE DE PENSIONES Y NEOBONAPARTISMO





Es posible que el partido de Zapatero no esté en condiciones de aconsejar adecuadamente a este hombre tan montaraz. Sumidos como están sus dirigentes periféricos en los atolondrados procesos de elecciones primarias (Madrid, País Valencià) o la soterrada lucha para la confección de las listas electorales en Catalunya –con el Ministro de Trabajo chicoleando en vez de atender su negociado--, lo cierto es que nadie cae en la cuenta de que el presidente del gobierno está entrando en una fase de neobonapartismo acelerado. En esta nueva circunstancia, la principal responsabilidad está en el partido: nadie hasta la presente ha sugerido a Zapatero que no se dirija tan rápidamente al precipicio. Que Zapatero es un echao p´alante, era cosa sabida por los diversos linajes socialistas. Pero esa llamativa condición es la que está concretando: 1) un conjunto de medidas antisociales de gran calado; 2) una indistinción macroscópica entre estas disposiciones y las tradicionales medidas que las respectivas derechas han preconizado y, en ciertos lugares, han puesto en marcha. Por ejemplo, lo que está ocurriendo con las pensiones de nuestros jubilados y ancianos.


¿En qué cabeza, medianamente sensata, cabe que incluso las fuerzas de la derecha exijan repetidamente en el Parlamento que no se recorten las pensiones para el próximo año y, tras ganar las sucesivas votaciones, el Gobierno (Corbacho, candidato a las elecciones catalanas es el responsable del negociado) se niega a reconsiderar la medida? Y, más todavía, el mismo gobierno ha utilizado una figura de casquería jurídica para evitar que la oposición le cuele una propuesta contraria a la congelación de las pensiones. Casquería jurídica, decimos, como un elemento más de ese neobonapartismo del que hablábamos. Una situación chocante, mientras que dirigentes periféricos socialistas acumulan callos en el dedo índice de tanto darle al sms con leyendas encontradas: “vota Trini”, “vota Tomás”.


Ahora bien, el dato distintivo no es tanto la aparición del neobonapartismo como el espectacular (y veloz) cambio de metabolismo de las ideas de Rodríguez Zapatero, esto es, en la rápida adopción, como propias, de ideas ajenas sin reflexión mediante. Entiéndase, ideas ajenas que venían de la acera de enfrente.


Radio Parapanda. Lean, lean LA MANIA DE LOS RANKINGS, LAS MENTIRAS Y JUSTIFICACIONES DE LO INJUSTIFICABLE (A propósito de la reforma) Es un trabajo de don Joaquín Aparicio.


sábado, 11 de septiembre de 2010

VETERANOS SINDICALISTAS DICEN QUE ...



El Gobierno, en contradicción con sus promesas electorales y sus declaraciones de no proceder a recortes de derechos sociales, ha adoptado una serie de medidas que entendemos lesivas para los trabajadores y otros colectivos sociales, así como para la recuperación de nuestra economía.


Somos conscientes de que nuestro país atraviesa una profunda crisis. La percepción que tenemos es que durante demasiado tiempo se ha producido un visible desajuste entre la gravedad de la situación y las medidas adoptadas para enfrentarla. La responsabilidad, en este aspecto, aunque no única, recae en el Gobierno, cuyo retraso en reaccionar ha sido grave. Tanto es así, que con la crisis ya declarada, el Gobierno adoptó una serie de medidas fiscales temerarias- eliminación del impuesto del Patrimonio, deducción de 400 euros y otras- que han agravado el déficit, mermado la capacidad inversora del Estado y su propio margen de maniobra ante la crisis. De otro lado, si bien es cierto que la crisis financiera y sus efectos tienen dimensión internacional y origen en los EE.UU, no es menos cierto que nuestra crisis inmobiliaria y de modelo productivo estaba pronosticada desde hace años, sin que se adoptaran medidas enérgicas para corregir una deriva que, al final, nos ha llevado a esos más de 4 millones de parados. Crisis inmobiliaria que tuvo su origen en gobiernos de la derecha pero que nadie quiso o pudo atajar a tiempo.


Ha sido necesaria la presión de las instituciones de la UE y otras, ante la puesta en cuestión de la solvencia de nuestro país por los mercados financieros, para que se precipitaran aquí medidas drásticas- y nos tememos que improvisadas- todas ellas, de momento, en perjuicio de los sectores populares y, en consecuencia, desequilibradas. Al impulso de tales decisiones se ha subordinado totalmente la reducción del paro a la reducción del déficit, siempre desde el recorte del gasto y la inversión, sin afectar para nada a los que más tienen y aumentando el IVA, que pagan por igual los pudientes que las rentas modestas. Déficit que, sin duda, hay que combatir pero sin sacrificar la recuperación de la economía y, sobre todo, de manera equitativa. El problema de España no es que se gasta demasiado sino que se recauda demasiado poco, pues tenemos una presión fiscal 7 puntos por debajo de la media europea y 11 con relación a los países más avanzados. Si sacrificamos la inversión y el consumo corremos el riesgo de estar años sin crecer lo suficiente y la situación de desempleo se agravará aún más. No podemos olvidar que la peor situación es aquella en que se realizan drásticos ajustes fiscales al tiempo que no llega el crédito del sistema financiero. En este sentido, sorprende el que un Gobierno como el actual haya decidido hacer este tipo de ajuste porque, en nuestra opinión, hay otras opciones menos traumáticas frente a la crisis y, desde luego, más equitativas.


Dicho lo anterior, es preciso destacar que las medidas tomadas tanto en España como en los demás países de la UE se inscribirían en una lógica que, de no combatirse, conducirían a la idea de que para competir en los mercados globales Europa tiene que recortar su Estado de Bienestar. Tal idea no es nueva y se presenta con fuerza cada vez que hay una crisis económica, cuando se pretende presentar como criterios de la ciencia económica lo que no es más que vieja ideología conservadora de sobrada insolvencia. Lo peligroso de un periodo como el actual es que en él concurren la hegemonía política de la derecha en casi toda Europa y la falta de un proyecto claro de la izquierda, lo que hace temer que esta vez los recortes pueden ser, si no lo evitamos, además de profundos de difícil arreglo. Y especialmente delicado en el caso de España donde contamos con una derecha que no sólo no ha hecho nada para salir de la crisis sino que acentuaría el carácter anti-social de las medidas.


Sabemos que, precisamente para salvar el estado del Bienestar, es necesario introducirle reformas. En Europa y en España hay que aumentar la productividad, reformar la empresa, modernizar el aparato productivo. Pero todo esto no se hará en contra de los que tienen que aplicar las reformas, ¿alguien cree que se puede aumentar la productividad de una economía basada en la innovación, reduciendo salarios y recortando derechos sociales?. Queremos llamar la atención de que además de ser radicalmente injusto que la crisis la paguen los que no han tenido ninguna responsabilidad en ella, mientras que aquellos que la han tenido toda solo reciben ayudas y subvenciones, es absurdo pretender mantener el modelo social europeo sin una fiscalidad suficiente que grave a las rentas, beneficios y capitales más altos. Las gravosas deudas de hoy son las insuficiencias fiscales de ayer.


Siguiendo en el campo de las reformas ahí está, como ejemplo, lo que se ha venido haciendo desde mediados de los años 90 con la puesta en marcha del Pacto de Toledo sobre las pensiones, que era un ejemplo de sensatez. Lo rechazable ahora, es que se tomen unilateralmente medidas desproporcionadas y que se rompan marcos de diálogo y participación de los agentes sociales, como ha ocurrido con una decisión tan torpe políticamente como injusta socialmente, esto es, la congelación de las pensiones para el 2011. Congelación que no contribuye para nada a reducir el déficit, cuenta con la oposición de la mayoría del Parlamento y deja en manos de la derecha una baza importante.


Respecto de la reforma laboral, tras la experiencia de más de sesenta modificaciones del Estatuto de los Trabajadores, algunas tan profundas como las de 1984, 1994 y 2002, su virtualidad ha sido y será prácticamente nula para la generación de empleo pues, de entrada, facilita y abarata los despidos, aumenta el poder de disposición de las empresas sobre la mano de obra, debilita a los sindicatos y hace retroceder el papel del Estado en su función de tutelar las condiciones de vida y de trabajo. El mercado de trabajo es consecuencia del modelo productivo y no al revés. Mientras éste no cambie aquel no se estabilizará.


No es casual que, en este contexto se haya recrudecido, en abundantes plataformas de opinión, la campaña de desprestigio de los sindicatos. Al fin y al cabo son la principal fuerza social que, a pesar de todo, sigue teniendo capacidad para oponerse a estas medidas tan desequilibradas. Sobre los sindicatos recae, a fin de cuentas, buena parte de la responsabilidad de mejorar el modelo social europeo y contribuir a equilibrar la política que emana de las instituciones de la UE. Convendría que las fuerzas progresistas no olvidaran que sólo desde la movilización social a nivel europeo la izquierda retomara el pulso y la capacidad de llevar adelante un proyecto más justo socialmente y económicamente más eficaz. No nos estamos jugando un ajuste para paliar el endeudamiento de un país sino evitar un retroceso histórico de conquistas y derechos de los ciudadanos europeos. No se trata de permanecer estáticos sino de reformar para mejorar y salir de la crisis.


Desde la conciencia de que esto es así, en la convicción de que puede corregirse tal deriva y con la experiencia de que para conseguirlo es necesaria la movilización social, quienes suscribimos este documento -- personas que asumimos, en su día, responsabilidades en la lucha de las CC.OO. y UGT durante la dictadura franquista, en el tránsito pacífico a la democracia y en el devenir del movimiento sindical durante el periodo democrático-- hacemos un llamamiento a trabajadores y ciudadanos para que participen en las movilizaciones acordadas en unidad por los sindicatos y en la huelga general del día 29 de septiembre. Acción que persigue el objetivo de hacer rectificar la política económica del Gobierno, lesiva para los derechos de los trabajadores, haciéndola coincidir con la jornada de movilizaciones a escala europea convocada por los sindicatos de la CES, pues es en ese espacio, donde se libra la gran tarea de salir de la crisis y mejorar el estado del bienestar. Nos jugamos todos mucho.



Nicolás Redondo, Julián Ariza, Antón Saracíbar, Nicolás Sartorius, José María Zufiaur, José Luís López Bulla, José María Romero, Eduardo Saborido, Miguel Ángel Ordóñez, Rafael Pillado, Suso Mosquera, Tomás Tueros, Carlos Trevilla y Antonio Montalbán.


Madrid, 7 de septiembre de 2010


(Tomado del blog de Joaquín Aparicio, Desde mi cátedra)

jueves, 9 de septiembre de 2010

EL ANTICIPO DE LA HUELGA GENERAL


Apoyado en el quicio de mi casa, hoy día, he seguido atentamente la gran asamblea de representantes sindicales que se ha celebrado esta mañana en Madrid para, agrupados familiarmente, dar un anticipo escénico de la huelga general del 29 de septiembre. El canal de televisión de la CNN ha retransmitido el acto en directo. Comoquiera que se ven los toros mucho mejor desde la barrera, he llegado a las siguientes conclusiones, siempre provisionales hasta que no me demuestren lo contrario. Que son:


Primero. El afecto y respeto de los dirigentes sindicales, que voy a llamar periféricos, hacia Toxo y Cándido no tiene nada que ver con los resabios del cuadro político “de provincias” hacia el grupo dirigente capitalino. Lo que, dígase con claridad, es la expresión de algo más importante: la vinculación sociopolítica de los trabajadores españoles entre-sí.


Segundo. Me hubiera gustado que nuestro amigo
Tony Judt hubiera estado presente en esta gran asamblea. Hubiera visto la vibración de la izquierda social española que responde razonada y enérgicamente lo que se disfraza de noviembre para no infundir sospechas. Y, además, habría constatado la enorme distancia –cultural, ideal, política y sentimental-- entre la izquierda social y aquella que, por inercia, se sigue denominando izquierda política. Una inercia que puede ser corregida, naturalmente.


Y, apoyado en el quicio de mi casa, hoy día, he tomado nota de los dos grandes discursos, el de Cándido y el de Ignacio. Que –en esta ocasión, por razones bien fundadas—han sido dirigidos a los sectores más humildes del conjunto asalariado. Bien hecho, queridos amigos. Ahora bien, tengo para mí que, antes de la huelga general, se precisa ese discurso que, con toda seguridad, tenéis en vuestra cabeza: el que está dirigido a las tipologías medio-altas del conjunto asalariado. Para decirles: contra vosotros va, especialmente, la cosa; no os penséis que esta contrarreforma laboral está pensada, especialmente, para el trabajador de manos callosas: sois vosotros, vosotros la diana. No me digáis que no habéis caído en el asunto…


Post scriptum Los viejos rockeros (de los que hablamos el otro día) finalizan el manifiesto así: “hacemos un llamamiento a trabajadores y ciudadanos para que participen en las movilizaciones acordadas en unidad por los sindicatos y en la huelga general del día 29 de septiembre. Acción que persigue el objetivo de hacer rectificar la política económica del Gobierno, lesiva para los derechos de los trabajadores, haciéndola coincidir con la jornada de movilizaciones a escala europea convocada por los sindicatos de la CES, pues es en ese espacio, donde se libra la gran tarea de salir de la crisis y mejorar el estado del bienestar. Nos jugamos todos mucho”. Y, al igual que en tiempos antiguos, dan la cara: Nicolás Redondo, Julián Ariza, Antón Saracíbar, Nicolás Sartorius, José María Zufiaur, José Luís López Bulla, José María Romero, Eduardo Saborido, Miguel Ángel Ordóñez, Rafael Pillado, Suso Mosquera, Antonio Montalbán.


Radio Parapanda. Quienes nos han pedido el documento citado sepan que está recogido en el blog de don Joaquín Aparicio en: LLAMAMIENTO DE VETERANOS SINDICALISTAS POR LA HUELGA GENERAL

sábado, 4 de septiembre de 2010

CUMPLIENDO LAS CONSIGNAS


He recibido consignas precisas de Josep Maria Romero. Me pide que popularice al máximo las iniciativas que se han puesto en marcha de cara a la huelga general del 29 de septiembre en Catalunya. Cosa que hago en los links que vienen a continuación. El primero es el manifiesto de las universidades catalanas y la noticia de que el 22 de setiembre se hace en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, a las 12 horas, un acto de cara a la huelga.


http://manifestuniversitatscatalanes.blogspot.com/


En el segundo link se informa de diversas iniciativas: conciertos de jazz y un festival en las Cotxeres de Sants el día 17 de setiembre, también orientado a la preparación de la huelga. Aquí tienes la referencia:


http://culturaperlavagageneral.blogspot.com/


Tan sólo falta la adhesión de los antitaurinos.



jueves, 2 de septiembre de 2010

¿PARA CUÁNDO LA UNIDAD SINDICAL?




Luciano Lama acostumbraba a decir que “la unidad sindical se hace y la división se teoriza”. Es posible que esta afirmación pueda aparecer como un tanto voluntarista, pero al menos tiene la virtud de exponer con lúcida sencillez una parte del problema.

Me propongo reflexionar sobre la necesidad de construir la unidad sindical orgánica en nuestro país, protagonizada obviamente por los dos grandes sindicatos. Para ello quisiera exponer el argumento central: las actuales generaciones de sindicalistas han vivido más tiempo en un consolidado proceso de unidad de acción que en momentos de confrontación o desunión. Si esto no es un argumento, que venga Dios y lo vea.


Añádase que los actuales dirigentes tampoco han presenciado las duras asperezas que vivimos los sindicalistas de mis tiempos. En algunos de aquellos entonces, los momentos de unidad eran la excepción: la división era un dato fisiológico. Algunos dirán que ahora también ha habido más de un momento de tensión. Por supuesto, pero ese momento u otros no son fisiológicos sino de higos a brevas.


Por otra parte, tiene su importancia que Comisiones Obreras y UGT sean miembros tanto de la Confederación Europea de Sindicatos como el Sindicato Mundial. ¿Qué lógica tiene vivir en la misma casa europea y estar separados en estos pagos?


Finalmente nos encontramos con que las razones ideológicas o políticas que motivaron las confrontaciones de antaño ya no existen. Así las cosas, ¿a santo de qué la familia sigue separada?


Como puede verse, no estamos ante la unidad sindical, concebida en clave de mitologema sino en base a la práctica real de la convivencia concreta –por supuesto, compleja-- de millares de sindicalistas dentro y fuera de los centros de trabajo. De esas generaciones que no vivieron el dramatismo de aquel lacerante “Mientes, Marcelino”, “Te equivocas, Nicolás” en aquel debate televisivo, en 1978, que pudo ver media humanidad. Afortunadamente, las cosas han cambiado.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

AQUELLOS DÍAS ANTES DE LA HUELGA



Pere Portabella.

Tuve la ocasión de cenar nada menos que con Giorgio Napolitano, actual presidente de la República italiana, en Barcelona dos días antes de la famosa huelga del 14 de diciembre de 1988. Fue en el Hotel Calderón; los asistentes (invitados por Rafael Ribó) éramos el propio Napolitano, Pere Portabella, mi compañero Quim González, dirigente de los químicos y textiles de Comisiones Obreras, un servidor y –atención al parche-- Josep Borrell, a la sazón Secretario de Estado de Hacienda. La presencia de Napolitano y Borrell se debía a una invitación de Rafael Ribó a unas jornadas de algo que ahora no logro recordar.


A media cena me espeta Borrell y, ni corto ni perezoso, dice: “Venga, explícale a Napolitano las razones de la huelga que se os ha ocurrido convocar”. Cosa que hice educadamente. Es más, no puse ningún adjetivo y, cosa rara en mí, expliqué las cosas con más sobriedad que Sthendal. Acabo y, para sorpresa de Borrell, Napolitano (considerado siempre un moderado) responde: È giusto. A Borrell se le pusieron los ojos como acentos circunflejos.


Como yo jugaba con ventaja, al final de la cena, propuse ir a una tabernilla (de esas postmodernas) que están casi al lado del Hotel. Sabía que estaban allí los periodistas. Llegó nuestra comitiva: sin Borrell, pero con Napolitano. La cofradía nos explicó que había aprobado en asamblea la huelga y que, desde ese momento, las redacciones estaban paralizadas.

martes, 31 de agosto de 2010

LA BATALLA DE LA IMAGEN DEL 29 S




Ya falta menos para el 29 de septiembre. De hecho, el “día” está a la vuelta de la esquina. De ahí que me atreva a plantear unas reflexiones que, aunque sabidas, no está de más traerlas a colación.


La batalla de la imagen se gana o se pierde durante las primeras horas de la madrugada. Es decir, que cuando sea la del alba informadores y agencianos, opinantes y sacamuelas estarán dale que te pego, en unos casos repitiendo consignas subvencionadas y en otros disfrazándose de noviembre para no infundir sospechas. En esos momentos, el sindicalismo confederal –o, por mejor decir, el amplísimo movimiento creado-- debe ganar la batalla de la imagen. Porque, durante todo el día, se repetirán las noticias que se han dado por la madrugada. En resumidas cuentas, la batalla mediática no se va ganando minuto a minuto, sino al alba, al alba.

domingo, 1 de agosto de 2010

UNA SUGERENCIA A LOS SINDICATOS EUROPEOS


["Suso" Cechi d´Amico]




El otro día hacíamos una sugerencia a la Confederación Europea de Sindicatos, concretamente en EL SINDICATO EUROPEO Y LA REFORMA LABORAL ESPAÑOLA. Mi viejo amigo Francisco Prado Alberdi –de manera precavidamente lúcida-- me dice: “No te van hacer ni puñetero caso”. Lo más seguro es que tenga razón. Pero eso no cambia que la propuesta, moderada y factible, tenga fundamento. De todas formas, intuyo que alguien con sentido común la propondrá do corresponde y, de esa manera, avivará el seso parcialmente dormido de los dirigentes del sindicato europeo. Por lo demás, tengo la intención de seguir inquietando cariñosamente al Gotha sindical con ciertas sugerencias no menos factibles. Pero antes, es preciso hacer una consideración: la mejor manera de que los compañeros del sindicato europeo se avengan a tan fundadas razones es que los sindicatos nacionales establezcan el protocolo que se reclama en la propuesta mencionada. De momento podrían empezar a ponerlo en marcha unos cuantos.


Y sigo molestando con otra propuesta. Que se basa en una experiencia que me contó, tiempo ha, mi amigo Quim González, primer espada de la Federación de los Químicos y Textiles españoles de Comisiones Obreras, esto es, de FITEQA. Me dijo que una delegación de los químicos españoles había visitado Italia: eran tiempos de Sergio Cofferati (con Gaetano Sateriale, su mano derecha) al frente de los químicos de la CGIL. Quim González había sido invitado a participar en una negociación colectiva de ámbito italiano, formado parte de la delegación italiana. Que no tuviera una posterior continuidad no impide la bondad de la experiencia. Cierto, que tampoco me hagan “ni puñetero caso”, tampoco cambia las cosas, simplemente mantiene todo un secarral de viejas experiencias.


Pues bien, ¿no sería enriquecedor abundar gradualmente en esa experiencia? Porque se trataría de una ampliación de los horizontes sindicales. Intuyo que serían muchas las ventajas de establecer esa práctica, y no veo ningún elemento perturbador o negativo en ello.