jueves, 7 de abril de 2016

Trabajo y futuro de la democracia. A propósito de Errejón




Ayer mismo un servidor metía baza sobre unas declaraciones que hizo Íñigo Errejón acerca de los elementos constituyentes del «sujeto político», sea este animal vertebrado o invertebrado, macho, hembra o hermafrodita (1). Comoquiera que el dirigente de Podemos no menciona el «trabajo» en su condensada formulación (cosa normal en twitter) llamamos a la puerta de Nadia Urbinati para introducir algunos elementos que ayer nos dejamos involuntariamente en el tintero. Se refieren a la relación entre trabajo y democracia que es, sobre chispa más o menos, el vínculo entre el trabajo y el sujeto político. Un tema que está olvidado por las fuerzas políticas tradicionales y en clamorosa precariedad en las llamadas emergentes. Dice la Urbinati:  

«… Este escenario ha cambiado radicalmente con la mundialización de los mercados y por consiguiente el trabajo está volviendo a ser, poco a poco,  simplemente fatiga, y disociado de los derechos y de la emancipación política. Reconstruir una cultura reformadora deberá comportar la recomposición del vínculo entre trabajo y derechos con el objetivo de que mucha gente no sea presa de captura de la propaganda nacionalista; para que las perspectivas de vida que ofrecen las democracias sean comparablemente mejores a las que prometen las sirenas xenófobas. Y para que la política vuelva a aprehender el trabajo que se juega el futuro de la democracia» (2).

Nuestra intención es voluntariosamente intencionada: llamar la atención al sujeto político del famoso primum vivere que representa el trabajo y, por ello, fijar las raíces de la política, especialmente la emergente.